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Fojas: 53
            En  Mendoza,  a dos días del mes de junio del año dos mil cinco reunida la  Sala
Primera de la Excma. Suprema Corte de Justicia, tomó en consideración para dictar sen-tencia
definitiva la causa n°  82.225 caratulada: “Sánchez, Daniel Gabino y Ots. en j° 14.440 Sánchez,
Daniel G. y Ots. c/ Poder Ejecutivo de la Provincia de Mendoza s/ Amparo s/ Inc. Cas”.
            Conforme lo decretado a fs. 52 se deja constancia del orden de estudio efectuado en la
causa para el tratamiento de las cuestiones por el Tribunal: primera: Dra. Aída Kemelmajer de
Carlucci; segundo: Dr. Fernando Romano,  tercero: Dr. Alejandro Pérez Hualde.
            ANTECEDENTES:
            A fs. 12/21 vta. el abogado José Luis Spadaro, por los recurrentes Daniel Gabino
Sánchez, María Teresa Mellado y Ramón Wenceslao Martínez, deduce recursos extra-
ordinarios de inconstitucionalidad y casación en contra de la decisión dictada por la Cuarta 
Cámara Civil de Apelaciones a fs. 155/158 vta. de los autos n° 28.762 caratula-dos “Sánchez,
Daniel Gabino y Ots. c/ Poder Ejec. de la Prov. de Mza. p/ Amparo”.
            A fs. 29 se rechaza el recurso de inconstitucionalidad, se admite formalmente el de
casación, y se ordena correr traslado a la parte contraria quien a fs. 34/37 contesta y solicita  su
rechazo con costas.
            A fs. 49/50 obra el dictamen del Sr. Procurador General quien, por las razones que
expone, aconseja el  rechazo del recurso deducido.
            A fs. 51 se llama al acuerdo para sentencia y a fs. 52 se deja constancia del orden de
estudio en la causa por parte de los señores Ministros del Tribunal.
            De conformidad con lo establecido en el art. 160 de la Constitución de la Provin-cia,
esta Sala se plantea las siguientes cuestiones a resolver:
            PRIMERA CUESTIÓN. ¿Es procedente el recurso  interpuesto?
            SEGUNDA CUESTIÓN: En su caso,  ¿qué solución corresponde?
            TERCERA CUESTIÓN: Costas.
            A LA  PRIMERA CUESTIÓN LA DRA. AÍDA KEMELMAJER DE CAR-LUCCI dijo:
            I. PLATAFORMA FÁCTICA.
            Los hechos relevantes para la resolución de este recurso son, sintéticamente, los
siguientes.
            1. El 11/8/2004, en autos n° 147.440 originarios del 2° Juzgado en lo Civil, los Sres.
Daniel Gabino Sánchez, María Teresa Mellado y Ramón W. Martínez iniciaron acción de
amparo contra el Gobierno de la Provincia de Mendoza. Perseguían que el tribunal declare nulo
e inaplicable todo acto y/o disposición que arbitrariamente retenga sumas correspondientes a
sus sueldos; peticionaron se ordenase a la demandada abste-nerse de realizar cualquier otro
descuento pagando los haberes conforme liquidación a julio de 2001; sostuvieron que no les
era aplicable la ley 6978 ni la resolución 379/92 de la H. Cámara de Diputados de la Provincia
por lo que los descuentos eran ilegítimos e inconstitucionales. Afirmaron que dado que el daño
se viene realizando “de tracto suce-sivo” afectando a los amparistas, no cabe establecer plazo
de interposición del amparo ya que el daño se produce automáticamente cada mes con la
liquidación de los pertinen-tes salarios, y esto acaece desde la aplicación de la ley 6978
publicada en el B.O. el 7/2/2002. Dijeron ser empleados de planta permanente de la H. Cámara
de Diputados de la Provincia; que tienen entre 15 y 20 años de antigüedad; que sus haberes se
liquidaron hasta enero de 2002 a través de la resolución 379/92 de la H. Cámara de Diputados;
que la ley 6978 dispuso rebajar los sueldos de los funcionarios políticos, calidad que ellos no
tienen por lo que no corresponde el descuento que viene realizándose.
            2. A fs. 62 se corrió traslado de la demanda.
            3. A fs. 92/96 el Gobierno de la Provincia se opuso al progreso de la demanda. Sostuvo
que la acción había sido deducida extemporáneamente; citó precedentes doctri-nales y
jurisprudenciales.
            4. A fs. 114/115 el juez de primera instancia rechazó la cautelar solicitada.
            5. A fs. 119/123 la jueza de primera instancia hizo lugar a la acción de amparo y ordenó
al Poder Ejecutivo el cese inmediato a las indebidas retenciones en los salarios de los
amparistas; además, lo emplazó para que en el plazo de dos días abonase las dife-rencias
indebidamente retenidas.
            6. Apeló la demandada.
            7. A fs.155/158 vta.  la Cuarta Cámara de Apelaciones hizo lugar al recurso, revocó la
sentencia en todas sus partes, y rechazó por extemporánea la acción de ampa-ro. Se fundó en
las siguientes razones:
            a) Según el art. 13 del decreto ley 2589/75 la acción de amparo debe articularse dentro
de los diez días a partir de la fecha en que el afectado tomó conocimiento del hecho, acto u
omisión que repute violatorio de sus derechos constitucionales. Este plazo constituye uno de
los presupuestos de admisibilidad de la acción.
            b) No se desconocen los precedentes citados por la jueza de primera instancia. Sin
embargo, esta Cámara tiene dicho que la acción de amparo importa para los jueces una
institución reglada, ya que su tramitación, sustanciación y procedencia se ajustan a las normas
contenidas en el decreto ley 2589/75; en consecuencia, cuando la ley prede-termina que es
conveniente al interés público un determinado plazo de caducidad para interponer la acción, el
juez no tiene otro camino que obedecer la ley, rechazando la demanda articulada
extemporáneamente, pues su conducta sobre el punto está predeter-minada por una regla de
derecho. El plazo previsto en el artículo citado es de caducidad, no siendo viable la acción
cuando el interesado ha sido negligente no interponiéndola en término, sin que pueda alegar
daño grave e irreparable por la remisión del examen de la cuestión a los procedimientos
ordinarios previstos para la sustanciación, cuando él ha sido remiso en iniciar la vía sumarísima
y excepcional del amparo.
            c) Al demandar, la actora señaló que “como el daño se viene realizando de tracto
sucesivo, afectando el derecho de los amparistas, no cabe establecer plazo para la inter-
posición del amparo”. Pareciera que en la remisión al art. 43 de la C.N. la actora preten-de
desconocer la vigencia de los plazos de caducidad previstos en la ley; esta Cámara ha
compartido las conclusiones a las que llegó la Segunda Cámara de Apelaciones en el caso
“Kobylansky c/ Dalvian” confirmado por la Suprema Corte de Mendoza.
            d) Aclarado este punto, corresponde remitirse a lo dispuesto por el art. 1 del de-creto
2589/75. El citado precedente de la Segunda Cámara se hace cargo de la situación que se
produce cuando el efecto de la conducta lesiva tiene la aptitud de renovarse pe-riódicamente,
verificándose tanto por acción como por omisión. En este caso, se dijo, se constatan
situaciones análogas a las que se presentan en los llamados delitos permanen-tes, donde lo
que permanece en el tiempo no es el mero efecto del delito sino el estado mismo de la
consumación, existiendo analogía con el delito continuado en el que media una pluralidad de
acciones realizadas con unidad de resolución y de lesión jurídica, ca-sos en los que media una
consumación del delito aunque tal consumación no sea instan-tánea, durable en el tiempo y
pueda existir no una sino una serie de conductas. El Dr. Marzari, preopinante en la causa
citada, recordó que mientras unos sostienen que en estos casos el plazo de caducidad no
obsta al amparo en la medida que con la acción interpuesta se enjuicia una ilegalidad o
arbitrariedad continuada, sin solución de conti-nuidad, otros distinguen que cuando se ha
producido una comunicación fehaciente de la voluntad de la administración respecto a una
prestación periódica, también se produce la caducidad de la acción transcurrido el plazo legal,
puesto que el interesado tiene el co-nocimiento completo y acabado de la situación, del
contenido de la voluntad estatal y de lo que irremediablemente sucederá en el futuro cuando se
cumplan las sucesivas presta-ciones o conductas exigibles. La excepción a la regla se produce
cuando se presenta un verdadero estado de incertidumbre que se reitera periódicamente,
como tantas veces se concreta el daño, lo que se verifica cuando no se ha dado a conocer la
voluntad estatal, careciendo el administrado de suficientes elementos de valoración para
establecer el alcance de la conducta omisiva, la cual se va reiterando en el tiempo en forma
periódica, constante y sucesiva. En tal supuesto, se considera que verificado este cúmulo de
cir-cunstancias es posible ejercer la acción de amparo en todo momento, mientras subsista la
afectación.
            e) Llevado este razonamiento (que se comparte) al caso de autos, se entiende que a
pesar de traducirse el pago de haberes por parte de la administración en prestaciones
sucesivas que se reiteran mensualmente, no ayuda el que los actores estaban en pleno
conocimiento del hecho lesivo que imputan a la administración desde la fecha en que se les
liquidaron los salarios con la retención que ahora impugnan, admitiendo que esto sucedió y
viene sucediendo desde febrero de 2002 por aplicación de la ley 6978, por lo que no existen
elementos que indiquen un posible cambio en la voluntad estatal ya ma-nifestada. No aparece
configurado un estado de incertidumbre en cabeza de los amparis-tas respecto de la conducta
de la administración. En consecuencia, desde que tomaron conocimiento del hecho comenzó a
correr el término para deducir la acción de amparo, que obviamente se encuentra vencida a la
fecha de interposición de la presente acción. En sentido coincidente se han pronunciado otros
tribunales.
            f) A todo evento, y aún en el supuesto de considerarse que los actores pudieron tener
derecho a promover el amparo cada vez que el acto lesivo se manifestara, inicián-dose desde
ese momento un nuevo cómputo del plazo de caducidad, de igual modo la acción está
planteada fuera de término. En efecto,  el último bono de sueldo de fs. 44 tiene fecha de pago
30/7/2004, y desde esa fecha hasta que se interpuso la acción de amparo el 11/8/2004
transcurrieron 12 días, venciendo los diez días corridos en las dos primeras hábiles del día 10,
lo que demuestra que a la fecha de la presentación el plazo estaba vencido.
            II. LOS MOTIVOS DE LA CASACIÓN DEDUCIDA.
            El recurrente denuncia errónea aplicación el decreto ley 2589/75, en razón de la
supremacía del art. 43 de la C.N.
            Argumenta del siguiente modo:
            1. La carta magna estableció un sistema que se basta así mismo, plenamente ope-
rativo.
            2. El recurrente no ignora que esta Sala se ha expedido en sentido contrario al que se
peticiona. En efecto, en sentencia “Kobylanski y Ot. c/ Dalvian” esta Sala ha sostenido que la
reforma constitucional ha dejado subsistente el plazo de diez días pre-visto por el art. 13 de la
ley 2589/75 y que el dies a-quo acaece cuando el afectado tomó conocimiento de ese hecho,
acto u omisión que se reputa violatorio de sus derechos constitucionales. Sin embargo, frente a
una ilegalidad manifiesta, que de ninguna mane-ra puede ser purgada, ese plazo no debe
impedir la acción de amparo.
            3. La decisión recurrida ha inaplicado el art. 43 de la C.N.; la doctrina es conteste en
que en caso de duda sobre el inicio del plazo de caducidad es conveniente atenerse a lo que
sea más propicio para el reclamante. El plazo de caducidad regulado por la ley excede la
materia puramente procesal, formando parte del ámbito propio de los presu-puestos de
admisión del amparo. El texto constitucional se basta así mismo; es operati-vo, y no tolera el
agregado de otros requisitos que tenían como presupuesto un régimen constitucional diferente.
En consecuencia, debe entenderse que el plazo previsto por la ley ha sido implícitamente
derogado, y de este modo la sentencia aplicó una norma que no correspondía. No debe
olvidarse el orden de prelación de las leyes; los jueces deben aplicar, en primer lugar, la C.N.;
si una acción de amparo es viable en su base, un recha-zo por extemporaneidad aplicando un
plazo de caducidad configura un agravio superla-tivo al art. 43 de la C.N. desde que no se
puede convalidar la ilegalidad y la arbitrariedad manifiesta.
            III. LOS PRECEDENTES DE ESTA SALA.
            1. Decisión del 11/4/2001 (LS 300-403 publicado en La Ley Gran Cuyo 2001-615 y
Foro de Cuyo 2001-244).
            En el precedente de epígrafe, el amparista planteó la inconstitucionalidad del plazo
previsto en la disposición local recién en la instancia extraordinaria. En definitiva, entendí que la
invocación de inconstitucionalidad de la ley local era extemporánea y que el plazo previsto en la
norma provincial era aplicable, por lo que no había arbitrariedad en la sentencia que había
rechazado el amparo por extemporáneo. Puse énfasis en que no se había invocado un
derecho de incidencia colectiva (por ej., derechos del ambiente, de los consumidores) ni
tampoco un derecho que impone tratamiento urgentísimo, como es el derecho a la salud.
            Recordé que “el tema de la subsistencia de los plazos previstos en las leyes regu-
latorias del amparo después de la reforma constitucional ha dado lugar a opiniones en-
contradas, en la doctrina y en la jurisprudencia” y que “la respuesta afirmativa ha termi-nado
por prevaler en los tribunales federales. Dije que las discrepancias entre las diver-sas salas de
la Cámara Nacional Civil y Comercial Federal concluyeron con el plenario del 3/6/1999 recaído
in re Capizzano de Galdi c/ Instituto de Obra Social que, por seis votos contra uno resolvió:
“Luego de sancionada la reforma constitucional de 1994, mantiene su vigencia el art. 2 inc e)
de la ley 16.986” (LL 2000-C-345, con nota des-aprobatoria de Rivas, Adolfo, El plazo de
caducidad en el amparo; JA 2000-II-57, con nota aprobatoria de Sagüés, Néstor P., El plazo de
caducidad de la ley de amparo ante la reforma constitucional; en esta nota de encuentra
resumida la doctrina y jurisprudencia que sostiene una y otra posición, ED 183-231 y Doc. Jud.
2000-1-560). Otros tribunales del país se han pronunciado en el mismo sentido (Cám. Nac. Civ.
Sala F, 13/3/1998, Donatelli, c/Ciudad Autónoma de Bs. As., LL 1998-F-225; Cám. Fed.
Córdoba, 23/5/2000, Portal de Belén c/ Ministerio de Salud y Acción Social, Doc. Jud. 2000-0-
965), aún implícitamente, al decir que en el caso particular, el plazo no se había cumpli-do por
las especiales circunstancias del caso (Cám. Nac. Fed. Seg. Social, sala I, 2/11/1998, DT 1999-
B-1441, con nota de Pawlowski de Pose, La acción amparista pre-visional y el plazo de
caducidad) y sin perjuicio de señalar que en caso de duda sobre el momento a partir del cual el
plazo comienza a computarse debe estarse siempre en favor de la perdurabilidad del remedio
(Cám. Fed. Córdoba sala A, 288/5/1995, Freixas Artu-ro c/ A.P.S., con nota aprobatoria de
Barrera Buteler, El amparo: plazo de caducidad y normas incompletas, La Ley Córdoba, 1995-
484).
            Esta posición, expliqué, descansa en dos fundamentos claves:
            a) Afirmar la operatividad del art. 43 de la C.N. no implica sostener que la norma sea
“hermética”, autosuficiente, “alérgica a reglamentaciones razonables” (como expre-sivamente
dice Sagüés). Dicho de otro modo, la indiscutida operatividad de la norma no significa que no
deban acreditarse los presupuestos de admisibilidad reglados expresa-mente.
Consecuentemente, las disposiciones legales reglamentarias que contradicen los términos de
la Constitución Nacional (por ej., la prohibición de declarar la inconstitu-cionalidad de la norma
en el amparo) han quedado tácitamente derogadas, pero siguen vigentes las que no violentan
su texto.
            La norma nada dice sobre el plazo para demandar; en consecuencia, la ley proce-sal
que lo establece no contradice al texto constitucional que simplemente silencia la cuestión.
            b) La determinación de un plazo de caducidad no es contradictorio con la vía
constitucionalmente establecida; por el contrario, si existe urgencia (razón que justifica el
amparo) no es incongruente establecer un término para que el remedio se ejerza. Si el
afectado dilata la articulación, ello quiere decir a todas luces que no estaba apurado para
plantearlo. El legislador no está obligado a fijar un plazo, pero si lo prevé, la norma es
constitucional en tanto el plazo sea razonable.
            Algunos autores adhieren a esta posición sólo si se invoca un derecho subjetivo
personal, pero no si se invocan intereses colectivos, en cuyo caso no regiría el plazo (Ver, por
ej. Hernández, Héctor, Amparo contra paradójico medicamento mortífero, Doc. Jud. 2000-1-
525; un resumen de ulteriores decisiones y  trabajos doctrinales puede compulsarse en Casco,
Javier, Tres posturas sobre la no vigencia del plazo de caducidad en la ley de amparo nacional,
LL 2003-B-1400; por la no vigencia de los plazos también se ha pronunciado Fernández de la
Puente, Matías, Inadmisibilidad del plazo previsto por el art. 2 inc e de la ley 16.986 en relación
al art. 14 de la constitución de la Ciudad Autónoma de Bs. AS., LL 2001-E-43).
            2. Otras decisiones que implican aceptar la vigencia del plazo de la ley local.
            Otras resoluciones de esta sala, entre ellas, la mencionada en la sentencia recu-rrida 
del 30/11/2000 (LS 298-353) presuponen que la reforma constitucional no ha de-rogado los
plazos para deducir la acción de amparo desde que, en todas ellas, lo discuti-ble era cómo se
computa el plazo previsto en la ley local; tal lo sucedido en la decisión del 14/10/2003 (LS 330-
12) y, especialmente, en sentencia del  20/9/2004 (LS 341-22, publicado en La Ley Gran Cuyo
2005-58; en ese caso, lo discutible era cómo se compu-ta el plazo de diez días, especialmente
si están en juego prestaciones urgentes vinculadas a la salud, por lo que se hizo una
interpretación flexible de la norma y se consideró que el amparo había sido expuesto en tiempo
propio).
            IV. LA JURISPRUDENCIA DE LA CORTE FEDERAL.
            Como regla, la Corte Federal admite la subsistencia de los plazos previstos en la
legislación procesal del amparo. Así surge, implícitamente, de aquellas decisiones que
sostienen que la norma que establece cómo se computa el punto de partida del plazo tiene
naturaleza procesal por lo que, aunque regida por una ley federal, su interpretación no autoriza
la intervención de la Corte por la vía excepcional del recurso extraordinario (6/6/1995, Club
Dream c/ Instituto Nacional de Cinematografía, Fallos 318-1154).
            Es verdad que en algunos casos ha hecho excepción a esta regla y ha abierto el
recurso extraordinario, pero ha sido en supuestos que he dejado expresamente a salvo en mis
anteriores decisiones, tales como la vulneración clara y manifiesta del derecho a la salud en
justiciables especialmente vulnerables) (Ver sentencia del 25/9/2001, LL 2002-E-375, con nota
de Vocos Conesa, Juan Martín, ¿Vigencia del plazo de caducidad para la acción de amparo? A
propósito de un fallo de la Corte Suprema de justicia de la Na-ción, LL 2002-E-375), o los
derechos de incidencia colectiva, como es el derecho al voto de los procesados (CSN 9/4/2002,
LL 2002-C-377).
            V. OTROS SUPERIORES TRIBUNALES DE PROVINCIA.
            Con el mismo criterio, y apoyado en el precedente Club Dream de la Corte Fede-ral, la
Corte Suprema de Santa Fe ha resuelto que el plazo de caducidad de la ley local mantiene su
vigencia aún después de la reforma constitucional de 1994 (24/3/2004, Aymar c/Municipalidad
de Frontera, Jurisprudencia Rosarina, 2004-2-76).
            VI. LA APLICACIÓN DE LA JURISPRUDENCIA RESEÑADA AL CASO A RESOLVER.
            No encuentro razones en el escrito de interposición del recurso ni en la jurispru-dencia
ulterior a la mencionada para apartarme de la solución de esta Sala antes reseña-da. En
efecto:
            a) La tesis del recurrente implica afirmar que las normas locales han devenido
inconstitucionales. Sabido es que la declaración de inconstitucionalidad es la última ra-tio, a la
que el tribunal debe recurrir sólo si no encuentra una interpretación que adecue el texto legal a
la norma constitucional.
            b) El remedio de la inconstitucionalidad no es procedente desde que, como he
explicado, la determinación de un plazo de caducidad es compatible con la vía constitu-
cionalmente establecida: si existe urgencia (razón que justifica el amparo) no es incon-gruente
establecer un término para que el remedio se ejerza. Si el afectado dilata la arti-culación, ello
quiere decir que no estaba apurado para plantearlo. El legislador no está obligado a fijar un
plazo, pero si lo prevé, la norma es constitucional en tanto el plazo sea razonable.
            c) Aún cuando se admitiese con el recurrente que la reforma constitucional ha
derogado el plazo previsto en la legislación procesal local que regula el amparo, el re-curso
sería improcedente. En efecto, como ha sostenido la Cámara Contencioso admi-nistrativo de la
Ciudad Autónoma de Bs. As., “afirmar la inaplicabilidad del plazo no implica que la acción
pueda ser promovida en cualquier momento, sin consideración al tiempo transcurrido desde la
toma de conocimiento del acto lesivo. Es que el propio texto constitucional, al contemplar como
presupuesto de procedencia de la acción la existencia de una lesión actual o inminente está
señalando que la facultad de ejercer esta acción no puede dilatarse sine die. Por esta razón, la
acción deberá ser rechazada si en su interposición se han excedido razonables pautas
temporales, siendo función de los jue-ces apreciar en cada caso la existencia o no de la aludida
circunstancia” (ED 192-272)
            En el caso, los amparistas interpusieron la demanda después de dos años y medio que
la administración venía aplicándoles una disminución remunerativa prevista en una norma que,
en opinión de los litigantes, no los rige. Se trata de un tiempo más que sufi-ciente para ser
calificado  dentro de la categoría de “plazo que excede razonables pautas temporales”. 
            d) Si bien las remuneraciones tienen naturaleza asistencial, no están en juego el
derecho a la salud ni derechos de incidencia colectiva como son los que abrieron las vías en el
Superior Tribunal de la Nación.
            VIII. ALCANCES O EFECTOS DE ESTA DECISIÓN.
            Obviamente, el rechazo de la vía elegida confirmado por esta decisión no impli-ca
juzgar otros hechos, como son la legitimidad o no de la conducta de la administra-ción, todo lo
cual podrá ser discutido en un juicio de conocimiento, cuestión que tam-bién pone
sensiblemente en crisis la definitividad de la sentencia recurrida.
            IX. CONCLUSIONES.
            Por todo lo expuesto, y si mi voto es compartido por mis distinguidos colegas de sala,
corresponde el rechazo del recurso deducido.
            Así voto.
            Sobre la misma cuestión el Dr. ROMANO, adhiere por sus fundamentos al voto que
antecede.
            A LA SEGUNDA CUESTIÓN LA DRA. AÍDA KEMELMAJER DE CARLUCCI, dijo:
            Corresponde omitir pronunciamiento sobre este punto, pues ha sido planteado para el
eventual caso de resolverse afirmativamente la cuestión anterior.
            Así voto.
            Sobre la misma cuestión el Dr. ROMANO, adhiere al voto que antecede.
            A LA TERCERA CUESTIÓN LA DRA. AÍDA KEMELMAJER DE CARLUCCI, dijo:
            Atento el resultado al que se arriba en el tratamiento de las cuestiones que ante-ceden,
corresponde imponer las costas a la parte recurrente que resulta vencida (Arts. 36-I y 148 del
C.P.C.).
            Así voto.
            Sobre la misma cuestión el Dr. ROMANO, adhiere al voto que antecede.
            Con lo que terminó el acto, procediéndose a dictar la sentencia que a continua-ción se
inserta:
            S E N T E N C I A:
            Mendoza, 02 de junio de 2005.
            Y VISTOS:
            Por el mérito que resulta del acuerdo precedente, la Sala Primera de la Excma.
Suprema Corte de Justicia fallando en definitiva,
            R E S U E L V E
            I. Rechazar el recurso de Casación deducido por los amparistas.
            II. Imponer las costas a cargo de los recurrentes vencidos (art. 36 I y 148 del CPC).
            III. Regular los honorarios por el recurso de Casación del siguiente modo: Dr. 
GABRIEL ORBELLI, en la suma de pesos SETECIENTOS VEINTE ($720); Dr. RI-CARDO
RUBÉN MARINO, en la suma de pesos DOSCIENTOS CUARENTA ($240); Dr.  PEDRO
GARCÍA ESPETXE, en la suma de pesos OCHENTA ($80) y  Dr.  JOSÉ LUIS SPADARO, en
la suma de pesos QUINIENTOS SESENTA ($560) (Art. 3, 15, 13  y 31 Ley 3641-Mod. Dec.
Ley 1304/75).
            IV.  Dar a la suma de pesos CUARENTA ($40), de la que da cuenta la boleta de
depósito obrante a fs. 25, el destino previsto por el Art. 47-IV-C.P.C.
            Notifíquese. Ofíciese.
ka
 
Se deja constancia que la presente resolución no es suscripta por el Dr. Alejandro PÉ-REZ
HUALDE, por encontrarse en uso de licencia (Art. 88 ap. III, C.P.C.). Secretaría, 02 de junio de
2005.