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"No pienso en arte cuando trabajo. Intento pensar en la vida".

Jean-Michel Basquiat

El hombre es el ser más complejo que existe y esto porque a lo largo de su

vida ha tenido que sortear situaciones incomprensibles y de difícil resolución. Su

constitución biológica y la variabilidad de su medio ambiente, han conllevado al

desarrollo y transformaciones fisiológicas y neurológicas con altos niveles de

complejidad. Esa complejidad abarca todas las esferas y ámbitos del hombre y de

ella no escapa nada incluso hasta el arte. Bajo esta concepción, la muerte se ha

vuelto cada vez más complicada, ya no es un simple acontecimiento, como lo

pensaban los antepasados neandertales, ahora es algo que se encuentra inserto

en la misma consciencia y constitución bio-ontológica del hombre

La vida del hombre, desde el instante en que se volvió consciente, ha

girado en torno a dos cuestiones: el mal, su inserción en la vida del hombre y la

muerte, incluso, hasta afirmar, como dice Heidegger, que el ser-es-para-la-muerte

(Heidegger 1987). En este sentido, se puede decir junto con Camus (1996), que,

todos los problemas fundamentales de la Filosofía y la Antropología se refieren a

la muerte. En este sentido, el arte como materialización de ideas no está exenta

de reflejar esa realidad y la filosofía del arte es consciente de ello. El siguiente

trabajo intenta dar algunos acercamientos sobre la vida y obra de Jan-Michel

Basquiat específicamente se analiza su obra “Cabalgando con la muerte” (1988)


para luego establecer una relación recíproca y necesaria entre la filosofía del arte,

la educación artística y los procesos educativos de enseñanza- aprendizaje.

Vida y obra

Jean-Michel Basquiat (Nueva York, 22 de diciembre de 1960 - id.; 12 de

agosto de 1988) también conocido como SAMO, fue un artista estadounidense de

ascendencia haitiana y puertorriqueña. Su padre era un contable haitiano de

respetable solvencia económica y su madre una diseñadora gráfica puertorriqueña

de gran prestigio en su profesión. Su ascendencia mezclaba dos de las etnias

tradicionalmente discriminadas en la sociedad estadounidense: la portorriqueña y

la haitiana. Su condición de afroamericano (“negro”, como él mismo decía) influyó

en su arte durante toda su breve y brillante carrera.

Tras el divorcio de sus padres el artista pasó por varias escuelas, algo que

marcó sin duda su infancia. Tras comenzar su educación en una escuela católica,

pasó después por hasta cinco colegios públicos hasta bien entrada la

adolescencia.

Su relación con el arte empieza a muy temprana edad; con tan solo seis

años, su madre le hizo “miembro junior” del Museo de Brooklin. Basquiat ya

dibujaba de forma compulsiva desde los tres años, bebiendo la inspiración de su

entorno: desde la televisión hasta los cómics, pasando por los coches, taxis y

autobuses que recorrían las calles. Toda esta vorágine de la cultura urbana se

reflejó en sus cuadros durante toda su vida, en forma de vibrantes líneas,

brochazos intensos, figuras recortadas en negro y expresiones faciales llevadas al


límite. Por otra parte, Jean-Michel fue arrollado por un coche y pasó una

temporada en el hospital: durante su convalecencia tuvo como compañero el

famoso manual Gray’s Anatomy (1958). La visualización de las ilustraciones

biológicas, mecánicas y anatómicas de la época tendrían una poderosa influencia

en su pintura posterior.

Con solo quince años Jean-Michel Basquiat consigue entrar en una famosa

escuela de arte para niños y adolescentes superdotados que no respondían bien a

la enseñanza tradicional: la City-As-School. Su estancia allí no dura mucho: en la

graduación de su amigo y compañero Al Díaz (que más tarde será fundamental en

su trayectoria artística), Basquiat vierte un cubo de crema de afeitar en la cabeza

del director, lo que causa su expulsión fulminante.

Si bien se suele pensar que la obra de Jean-Michel Basquiat tiene su origen

en el grafiti que floreció en Nueva York en los años 70-80, lo cierto es que sus

trabajos de entonces no eran grafitis propiamente dichos. En 1972 y junto con su

amigo y compañero de escuela Al Díaz, ambos intervinieron edificios y muros del

Lower Manhattan bajo la firma SAMO, acrónico de Same Old Shit. A diferencia de

su coetáneo y también influyente artista Keith Haring, cuyo trabajo no se

entendería sin el grafiti, las obras que Basquiat realizó en la época son más bien

poesías gráficas con intención de epatar, romper y marcar territorio.

Si algo caracteriza a la obra de Jean-Michel Basquiat es, sin duda, su

inconformismo. Los primeros años 80, cuando empieza a despuntar, viven el

reinado del arte conceptual y del minimalismo estético en todas sus formas. El arte
es racional, la abstracción ha alcanzado su máxima medida y el concepto reina

por encima de la expresión. Basquiat se enfrenta a la tiranía de la intelectualidad

artística establecida, y atraído por el neo-expresionismo alemán de figuras como

Willem de Kooning comienza a realizar sus magnéticos lienzos.

La intensidad con la que Jean-Michel Basquiat creaba tenía un exacto

reflejo en su vida. Aficionado a las drogas y la vida nocturna desde su

adolescencia, aumentó progresivamente su consumo hasta desarrollar una fuerte

adicción por la heroína y la cocaína que provocó su temprana muerte en 1988, a la

edad de 27 años. Una muerte que truncó una trayectoria artística de enorme

intensidad, polémica y poderosa, cuya influencia en el arte posterior se mantiene

plenamente vigente en el siglo XXI.

Cabalgando con la muerte” (Jean-Michel Basquiat, 1988)


Pocos meses antes de su muerte a los 27 años de edad, Jean Michel

realizaba esta obra que siendo fiel a su estilo, se alejaba de muchas de sus señas

de identidad. Una imagen premonitoria de lo que sucedería el 12 de agosto de ese

año a causa de una sobredosis de heroína.

Quizás sea una de sus creaciones más sencillas. Dos figuras apenas

trazadas, sin intervención tipográfica ni añadidos a modo de collage. No aparecen

tampoco sus conocidas coronas ni sus característicos trazos angulosos. La gama

cromática es muy reducida. El negro para los contornos, el hombre que

suponemos es él aparece rellenado de manera imperfecta de granate, y el animal

sobre el que cabalga de blanco. Podríamos suponer que es un caballo por la

primera palabra del título o por la composición que nos evoca a reyes y

emperadores de siglos atrás. Podría ser incluso otro ser humano a cuatro patas,

de rodillas, dominado por quien está sentado sobre su espalda.

Pero sea quien sea, la calavera de su rostro, la toxicidad de su mirada deja

claro que esto no es un juego ni una pose. Lo que Basquiat nos muestra es un

camino de ida sin marcha atrás. No queda otra que seguir hasta diluirse,

derrumbarse, caer o estamparse fatalmente contra el final. La muerte no deja de

ser un fenómeno constitutivo de la realidad humana, aunque se banalice y se la

vea como el simple término de una vida, como una avería o una enfermedad, tal

como lo hacen las sociedades. La muerte se ha reducido a un hecho científico, un

simple dato positivo, sujeto a observación y experimentación. La muerte se

convierte en la representación de la máquina que no funciona, que esta averiada,


se convierte en el límite y falla de la producción y de la reproducción del ser

humano, de los sistemas sociales y de la gran maquinaria económica.

La muerte se presenta como biológica, pero también como cultural, es el

rasgo más humano. Los seres humanos son los únicos seres vivos en la Tierra

que reflexionan acerca de la muerte, y no sólo de la muerte, sino de la propia

muerte, es el siguiente paso que lleva a una nueva madurez, saber que se está

muriendo y que otros también se van a morir sobre todo cuando se trata de un ser

amado. Ningún animal tiene la capacidad de hacer consciente su propia muerte,

sólo muere, no existe la muerte para los animales así como tampoco existe el mal,

sino aquel instinto, que igual que nosotros, esta instaurado: el instinto de

supervivencia.

La muerte que nos da vida, nos hace conscientes de nuestra finitud, de

nuestro estado efímero y transitorio mantiene y delimita la existencia, la muerte

nos particulariza, sin ella no somos nada ni nadie. Otorga la principal característica

la de ser humano: la dignidad. En este sentido, toda subjetividad está atravesada

por la muerte, así como todas las limitaciones objetivas de la práctica del ser

humano.

Mirada desde la filosofía del arte y su relación en el proceso de

enseñanza-aprendizaje

Así como la filosofía es el amor a pensar, a la sabiduría, el arte es una

virtud de la inteligencia que se convierte en dominio de una acción que no es al

azar sino producto de la experiencia y por la aplicación de unos métodos. Esa


acción hace posible lo imposible y como lo entiende Aristóteles es un hábito de

producir cualquier cosa, acompañado de la razón. Así, el arte se concibe como

poseedor de la verdad por cuanto el artista es un intelectual que opera.

De esta manera se puede inferir que, si el arte es la materialización de una

idea, la idea del autor, la obra estará permeada por el estado anímico de este. Se

puede notar este sentimiento implícito en la obra de Basquiat donde refleja ese

sentimiento de vacío, de simplicidad y desesperanza profundo en la siente que su

vida está siendo perseguida por esa sombra inevitable que es la muerte. Además,

es un reflejo de su vida tan complicada y llena de contradicciones.

Así que es un camino de doble dirección: pensar el arte y, a su vez, el arte

pregunta sobre el hecho mismo del pensar. Además, el arte posibilita entrar en

contacto con un sentido que la teoría pura, la lógica no permite tanto. Por eso, por

ejemplo las obras de Basquiet y específicamente “Cabalgando con la muerte”

pueden ayudar a fijar y comprender diversos conceptos y cosmovisiones

filosóficas. Su preocupación por transmitir en su pintura la problemática de doble

pertenencia a minorías étnicas, la afroamericana y la latina, es elemento

recurrente de su narración pictórica. Es lo que el arte le aporta principalmente a la

educación: la capacidad de expandir la visión sobre el mundo, explorando todas

las posibilidades para una misma obra; así mismo, le da la valiosa coyuntura de

aceptar y valorar las opiniones de los otros.

Para fortuna de la educación, el arte es sensible de ser apendido. Es de

anotar que si bien muchos artistas nacen con una predisposición para plasmar a
través de sus creaciones de diversa naturaleza, sus sentimientos, también es

cierto que, es la experiencia, la imitación y la repetición son elementos

indispensables para adquirir destreza en la ejecución de una obra.

Deleuze afirma que la filosofía espera algo de la pintura, ahora bien, ¿qué

es eso que espera? Quizá sean sólo conceptos, quizá más preguntas o quizá

aguarde por nuevas problemáticas que sólo la pintura puede darle. De todas

formas. La pintura interesa a la filosofía, según Deleuze, en tanto que ésta puede

arrojar una serie de ideas desconocidas e inéditas además de proporcionarle, al

mismo tiempo, algunos conceptos nuevos. Se trata de considerar que existe una

lógica que es propia de la pintura.

Hay estudiantes que desde muy pronto tienen clara cuál es su vocación y

centran todo su esfuerzo únicamente en las asignaturas que consideran que

tienen un vínculo más directo con ella. En este caso, la única salida es discutir

acerca de qué relación existe entre pintura y los otros saberes y adaptar a su nivel

las ideas que nacen de esa reflexión para conseguir el objetivo: que los alumnos

estén motivados de tal forma que así aumenten su esfuerzo e implicación en el

aula y que todo ello les ayude en su proceso de aprendizaje de manera efectiva y

positiva. Y, lo más importante, que el cambio que efectúen no sea sólo

momentáneo, sino que tenga una continuidad a largo plazo.

Tal vez este breve trabajo se quede corto en decir que las escuelas deben

también fijar su mirada en el arte como una ventana a la sensibilidad, a la


compasión y a la empatía por las circunstancias por las que atraviesa el mundo de

hoy.

Bibliografía

Deleuze, G. (2008). Pintura: El Concepto de Diagrama. Buenos Aires: Cactus.

Brant, P., Allen, J. (producción) y Schnabel, J. (director). (1996). Basquiat.

[Película]. Estados Unidos: Miramax.

Ferreira, L. (2019). “Cabalgando con la muerte” (Jean-Michel Basquiat, 1988).

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_the_metropolis