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EL PODER Y LAS RELACIONES

Las relaciones de poder son una multitud de interacciones, reguladas por


normas sociales, entre dos o más personas. Se piensa en el poder no como un
objeto que alguien posee y otros desposeen o que esté localizado en los
aparatos del Estado sino desde una perspectiva relacional con una trama más
compleja. Se desprende de la concepción jurídica del mismo, observando que
no son las instancias globales las que explican la dominación de la vida de las
personas sino que son las relaciones múltiples, mínimas, locales de la vida
cotidiana las que permiten el funcionamiento de los poderes macro sociales
sobre el Poder, sin que este haya sido su interés principal; su interés principal
era el sujeto, pero en el estudio de éste descifra que las relaciones sociales son
relaciones de poder. En su texto “El sujeto y el poder” define cómo las
relaciones de poder se encuentran implícitas en las relaciones sociales, a pesar
del desconocimiento que el sujeto tiene de estas. Por eso desde los conceptos
de este autor se evidencia que el encuentro de individuos en la sociedad son
relaciones de poder, quedando por sentado que, “El ejercicio del poder no es
simplemente el relacionamiento entre “jugadores” individuales o colectivos, es
un modo en que ciertas acciones modifican otras”.

Teniendo un poco de más claridad con las relaciones de poder, no se podrá


desconocer que la familia, siendo el primer grupo social de la sociedad, se
convierte en un espacio donde confluyen este tipo de relaciones. En la familia
se encuentran presentes las relaciones de poder todo el tiempo, desde la
construcción de normas que son establecidas para hijos e hijas, el trato mutuo,
el rol que cada uno desempeña dentro de la familia, el cómo se resuelven los
conflictos familiares, los tiempos que se manejan para el uso de ciertos
artículos o espacios de la casa, y hasta la escogencia del alimento para el
almuerzo, cena o desayuno. Se debe tener en cuenta que las relaciones de
poder en la familia y las decisiones que son resultado de las mismas,
repercuten directamente o indirectamente, en todos los miembros de la familia,
ya sea de manera positiva o negativa.

Por eso en el presente artículo, se compartirán recomendaciones para que las


familias tengan en cuenta las relaciones de poder que se dan cotidianamente
en el hogar y que afectan a todos los integrantes de la familia. El texto de
donde se tomaran las recomendaciones y en donde si es su interés puede
profundizar es, “Currículo para la formación de familias. Acompañamiento y
promoción del desarrollo de nuestros niños y niñas”, según Convenio 2530 de
2007 “Por la atención integral a la primera infancia en el Distrito Capital”.

Se hablara del cómo deben ser las relaciones de poder en la familia, con el
objetivo de mejorar sus relaciones, desde la participación de sus integrantes y
para la mejor formación de los niños y niñas en la toma de decisiones.

CARACTERÍSTICAS

Debe ser participativo: Todos los miembros de la familia de una u otra manera
deberían participar del poder, dar sus opiniones y ser tenidos en cuenta en las
decisiones y demás situaciones de la vida familiar.

Una situación común en la familia es que los padres y madres den normas y
reglas a sus hijos e hijas para su bienestar.

Aunque los padres y madres establezcan directrices, éstas deben ser claras y
posibles de cumplir por los hijos e hijas; que ellos entiendan las razones de
esas decisiones y las consecuencias que tiene no cumplirlas. En la medida de
lo posible, hijos e hijas deberían participar en su construcción y en recordar los
castigos por no cumplirlas.

Debe buscar lo mejor para todos y todas: El poder debe buscar el bienestar de
todos los miembros de nuestra familia. Siempre debemos tener presente esto
a la hora de ejercer el poder. ¿Se benefician todos? ¿Se afecta alguien? Esto
genera mejores ambientes que ayudan al desarrollo infantil.

Cuando alguno de los progenitores consigue un trabajo mejor remunerado en


otra ciudad o país, debe pensar también en aspectos como: ¿En que afectará a
mi cónyuge? ¿Se sentirá bien dejando sus amistades? ¿En que afectará a mis
hijos e hijas el cambio? ¿Se adaptarán a un nuevo sitio? ¿Podrán tener nuevos
amigos y amigas?

No se debe expresar con violencia: El poder no debe darse o imponerse a la


fuerza, ni con violencia física (un golpe, empujones, una palmada, etc.) o verbal
(groserías o expresiones que busquen agredir al otro), y menos que estas
acciones recaigan en los niños y niñas.

Un poder establecido de esta manera no ayuda al desarrollo y bienestar de


nuestros hijos e hijas y de paso afecta las relaciones de toda la familia. El
poder debe establecerse desde la razón, el diálogo, el cariño y la comprensión,
sopesando con todos los miembros las mejores decisiones.

Los golpes, las groserías y los gritos, aunque parecieran ser efectivos y
generar el respeto de los demás, son inadecuados y tienen el efecto contrario
pues crean miedo o más violencia en los otros miembros de la familia, e
impactan negativamente el desarrollo de nuestros hijos e hijas porque les crean
inseguridades. Cuando esté a punto de gritar, decir groserías o golpear, lo
mejor es retirase, contar hasta diez, respirar profundo y después sí conversar
con más tranquilidad, tratando de comprender al otro.

En toda relación hay una distribución de poder. Hay que tomar decisiones y en
muchas ocasiones las preferencias, deseos o necesidades no son las mismas.
Es en estos casos donde se manifiesta y, por eso, es tan importante.

El poder es un campo de disputa para muchas parejas. Los dos quieren una
posición de dominio sobre el otro, ya sea en uno o varios campos. Un deseo
que muchas veces no es consciente y que da lugar a una disputa que tampoco
lo es. Por otro lado, la relación de poder en la pareja influye en muchos
aspectos, como puede ser el reparto de responsabilidades, la intimidad o las
relaciones sexuales.

La tensión que puede generar la relación de poder en la pareja no es


necesariamente negativa. El problema aparece cuando las estrategias para
conquistar este poder son dañinas o cuando la persona que ha logrado ese
poder no lo emplea en beneficio del otro o de la propia relación.

Esto, que puede parecernos poco ético desde nuestra perspectiva moderna, no
es único de nuestra especie. Por el contrario, todos los miembros del reino
animal se relacionan entre sí a través de dinámicas de poder.
Las parejas son entidades dinámicas y se hallan por tanto en constante
proceso de intercambio mutuo. En todo contexto amoroso en particular, y social
en general, nos encontramos con elementos como la persuasión o la
dominación, que pueden ser indicadores de la pugna por este poder.

La distribución del poder en la pareja puede ser compleja. Es sensible a los


cambios, a las expectativas, junto a los deseos y las necesidades de cada uno.
Por otro lado, pasado un tiempo, suele alcanzar una estabilidad que sitúa a
cada miembro de la pareja en un lugar en el que se siente cómodo. Uno
termina tomando la voz cantante en unos momentos y otro en otros.

Por ejemplo, en una pareja, el hombre puede ser quien elija dónde van a ir de
vacaciones, mientras que será la mujer la que elija el tipo de alojamiento o las
vistas que harán. En las parejas más afianzadas, vemos de manera constante
este intercambio. En él se conjugan preferencias, pero también conocimiento.
Puede, por ejemplo, que la mujer tenga amigas que ya hayan visitado la zona y
cuente con referencias de lugares de interés.

Todo esto haría que distinguir quién es el que domina de los dos en la pareja
pueda llegar a ser muy complicado. Además, es importante comprender que el
hecho de que exista alguien que domine y alguien que se deje dominar no tiene
por qué ser malo; el problema surgiría cuando esta dinámica de poder se
vuelve disfuncional o cuando los medios para conseguir o mantener este poder
dañan al otro.

Por lo general, las relación de poder en la pareja tiende, dentro del cambio, a
conservar cierto equilibrio. Así, los miembros de la misma presentan tendencia
a regularse de manera espontánea, y las personas que se sientan más
cómodas dirigiendo en un determinado campo lo harán naturalmente. Así, el
conflicto solo aparecerá cuando coincida esa preferencia de dominio.

Así, en algunas ocasiones este equilibrio no se alcanza de forma espontánea.


A continuación veremos algunos casos en los que la relación de poder en la
pareja puede ser un gran foco de conflictos.

En algunas ocasiones, los dos miembros de una pareja están acostumbrados a


adoptar un rol de mando. Cuando esto ocurre, lo más normal es que se
produzcan una gran cantidad de discusiones: al necesitar las dos personas
llevar la razón y que el otro esté dispuesto a escuchar y hacer caso, sería muy
complicado para ambas ceder a la vez parte de su poder.

Si crees que estás viviendo una dinámica parecida a esta, una manera de
abordar la situación es trabajar activamente para comprender al otro. Para ello,
desarrollar habilidades, como la empatía, puede ser muy útil.

Cuando los dos miembros de la pareja no desean tener poder en la relación, se


puede llegar a sentir incomodidad e inadaptación, ya que ninguno es capaz de
tomar la iniciativa. De esta forma, serán bastantes las situaciones en la que
reine la inseguridad, un aspecto que puede llegar a desgastar si se mantienen
constante a lo largo del tiempo.

En muchos casos, la solución llega cuando ambos ponen en común sus


opiniones e intentan llegar a un acuerdo, como tomar la iniciativa de manera
alterna.

Pareja hablando frente a frente pare representar la toma de decisiones en la


pareja

A modo de reflexión sobre las relaciones de poder en la pareja

La relación de poder en la pareja normalmente se configura de manera


inconsciente y natural -cada uno adquiere más peso en aquellas decisiones
que tienen un mayor interés o conocimiento-.

La tensión que genera suele ser más importante en la época post-


enamoramiento: ese lugar en el que cada uno empieza a equilibrar la inversión
que hace en la pareja, cediendo menos y mostrando interés por mantener más
preferencias de las que había intentado defender hasta ese momento.

En caso de que sea una fuente inagotable de conflictos, será necesario que la
pareja se siente y acuerde de manera consciente y reflexiva el peso que va a
tener cada uno en determinadas decisiones, además de qué argumentos o
estrategias son o no válidos para conseguir un propósito. Por ejemplo, un
pareja puede decir que el chantaje emocional no es válido para conseguir que
el otro limpie la casa o «quiera» mantener relaciones sexuales.