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Obra de la Sociedad de San Pablo

14º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

5 DE JULIO

SEMANARIO DE INSTRUCCIÓN LITURGICA


"Yo estaré con ustedes todos
los días, hasta el fin del
mundo"
(MT 28,16-20)

Grupo Editorial San Pablo pone su confianza en


Dios nuestro señor, estamos seguros que él nos
acompañará hoy y siempre, y queremos que tú
también sientas su presencia y te sientas
acompañado por él y por nosotros, por eso,
hemos preparado para ti esta versión especial de
nuestro semanario "El Domingo", para decirte
que estamos siempre cerca de ti y nos unimos en
oración, rogando a nuestro Señor Jesucristo por
toda la humanidad para que su fe sea creciente y
podamos, en estos tiempos difíciles, dar
testimonio de esperanza y solidaridad.

-Al servicio de la Verdad en la Caridad-


¡Prohibída su reproducción total o parcial!
R E F L E X I Ó N I N I C I A L

-Mi yugo es suave y mi carga ligera-


“Vengan a mí todos los que están cansados”, dijo
Jesús a todos aquellos que estaban fatigados por las
‘cargas’ cotidianas de la vida, por las angustias, las
preocupaciones, las tenciones de todos los días, el
estrés. “Vengan a mí los que están abrumados”, los
que sienten que ya no pueden más; quienes al llegar
la noche piensan que la vida no tiene sentido ni razón
de ser. “Vengan a mí” todos aquellos que caminan
con desgana, sumidos en la monotonía y la rutina;
todos los que han perdido ‘el sabor’ de la vida, que
se han conformado y no quieren seguir adelante;
todos aquellos que, al mirarse, sólo ven limitaciones,
culpas y errores, vacío y podredumbre. “Vengan a mí”
todos los que caminan con amarguras, cansados por
vivir en medio del odio y la soberbia, sumergidos en
el dolor y el sufrimiento propiciado por el desamor y
el olvido. “Vengan a mí” todos aquellos que sólo
lloran, que definen su vida por sus lágrimas, por sus
tristezas… “Vengan a mí”, dijo Jesús, “y yo los haré
descansar”, “porque mi yugo es suave y mi carga
ligera”.
“Vengan a mí” para descansar. Encontrarse con
Jesús no es encontrar más cargas. Hay quienes
piensan que estar frente a Dios en la oración es
volver a revivir las viejas heridas del pasado y las
del presente. Que estar con Dios implica lastimarse o
flagelarse. Hay quienes salen de la oración más
heridos que sanados, porque además de sus dolores
piensan que Dios los señala y se goza en el dolor.
Nada más contrario a la presencia de Dios. Dios es
paz, Dios es armonía.
La invitación de Jesús es que nos dejemos amar por
él. Dejar de lado todo aquello que no hace bien al
alma, y encontrar en Dios la serenidad y la quietud.
Porque Dios es un Dios de amor que quiere el bien de
la hija y del hijo que ama. Jesús nos repite lo que
dijo un día a sus discípulos: ¡Vengan a mí para
encontrar descanso!

P. Reyes Muñoz Tónix, SchP


C E L E B R A C I Ó N E U C A R Í S T I C A

XIV Domingo del Tiempo Ordinario


Monición                          
Hermanos, unidos en la fe nos congregamos hoy para celebrar el misterio de la
Redención. Con alegría recibamos el mensaje de salvación que nuestro Padre nos
da para luego anunciarlo a quienes no lo conocen. Bienvenidos a esta celebración.

Ritos iniciales
Antífona de entrada (Cfr. Sal 47, 10-11)
Meditamos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Tu alabanza llega
hasta los confines de la tierra como tu fama. Tu diestra está llena de justicia.

Acto penitencial
Sacerdote: Hermanos, para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos ante Dios nuestros pecados (Silencio).

Sacerdote: Tú que has sido enviado para sanar a los contritos de corazón: Señor,
ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

Sacerdote: Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.

Sacerdote: Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por
nosotros: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

Sacerdote: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros


pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu
inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te
damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo
único, Jesucristo; Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el
pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad
de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Señor Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo reconstruiste el mundo
derrumbado, concede a tus fieles una santa alegría para que, a quienes rescataste
de la esclavitud del pecado, nos hagas disfrutar del gozo que no tiene fin. Por
nuestro Señor Jesucristo...

Liturgia de la Palabra
Monición
Alégrate, es la palabra con que el profeta Zacarías anuncia un Mesías sencillo
y humilde que será el constructor de la paz. Escuchemos.

Primera lectura
Del libro del profeta Zacarías (Zac. 9, 9-10)
Esto dice el Señor: “Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de
júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y
victorioso, humilde y montado en un burrito.
Él hará desaparecer de la tierra de Efraín los carros de guerra, y
de Jerusalén, los caballos de combate. Romperá el arco del guerrero
y anunciará la paz a las naciones. Su poder se extenderá de mar a
mar y desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra”.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 144)
R. Acuérdate, Señor, de tu misericordia.

L. Dios y rey mío, yo te alabaré, bendeciré tu nombre siempre y


para siempre. Un día tras otro bendeciré tu nombre y no cesará mi
boca de alabarte. / R.

L. El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y


generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su
amor se extiende a todas sus creaturas. / R.

L. El Señor es siempre fiel a sus palabras, y lleno de bondad en sus


acciones. Da su apoyo el Señor al que tropieza y al agobiado alivia.
/ R.

L. Que te alaben, Señor, todas tus obras, y que todos tus fieles te
bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus
maravillas. / R.

Monición
La segunda lectura expresa una novedad fundada en la fuerza del Espíritu que
habita en nosotros, en Jesucristo hemos sido renovados, vivamos entonces
según el Espíritu del Resucitado. Escuchemos.

Segunda lectura
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (Rom 8, 9. 11-13)
Hermanos: Ustedes no viven conforme al desorden egoísta del
hombre, sino conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios
habita verdaderamente en ustedes. Quien no tiene el Espíritu de
Cristo, no es de Cristo. Si el Espíritu del Padre, que resucitó a
Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre,
que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a
sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en
ustedes.
Por lo tanto, hermanos, no estamos sujetos al desorden egoísta del
hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta.
Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos.
Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas
acciones, entonces vivirán. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio (Cfr. Mt 11, 25)
Aleluya, aleluya.

Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has


revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.

Aleluya, aleluya.

Monición
Jesús le agradece al Padre por haber revelado a los pequeños y humildes la
verdad sobre su persona y misión y haberla escondido a los sabios y entendidos.
Escuchemos.

Evangelio
Del santo Evangelio según san Mateo (Mt 11, 25-30)
Gloria a Ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Yo te alabo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre,
porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce
al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a
quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados por la
carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan
de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán
descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor Jesús.
Profesión de fe
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo
visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo
único de Dios, nacido del Padre antes de
todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma
naturaleza del Padre, por quien todo fue
hecho; que por nosotros, los hombres, y por
nuestra salvación bajó del cielo [en las
palabras que siguen, hasta “se hizo hombre”,
todos se inclinan], y por obra del Espíritu
Santo se encarnó de María, la Virgen, y se
hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer
día, según las Escrituras, y subió al cielo, y
está sentado a la derecha del Padre; y de
nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos
y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de
vida, que procede del Padre y del Hijo, que
con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los
profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa,
católica y apostólica. Confieso que hay un
solo bautismo para el perdón de los
pecados. Espero la resurrección de los
muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
Oración universal
Sacerdote: Hermanos, oremos al Señor para que atienda nuestras
súplicas, envíe su Espíritu y sus sagrados dones, de modo que
podamos anunciar su Evangelio con renovado espíritu y digámosle:
Te lo pedimos, Señor.

1. Oremos a Dios Padre por el Papa N. y por nuestro obispo N.,


para que el Señor les dé fuerza y sabiduría y puedan guiar
santamente a sus comunidades. Roguemos al Señor.

2. Oremos también por quienes trabajan por la paz del mundo, para
que el Señor los asista y puedan, con renovadas fuerzas, trabajar
por el bien de todos. Roguemos al Señor.

3. Oremos también por quienes trabajan por la paz del mundo, para
que el Señor los asista y puedan, con renovadas fuerzas, trabajar
por el bien de todos. Roguemos al Señor.

4. Oremos por los difuntos, para que el Señor, por su gran


misericordia, los reciba en su gloria y los coloque entre los santos.
Roguemos al Señor.

Intenciones de la Iglesia local.

Sacerdote: Señor Dios, escucha nuestras oraciones y ayúdanos a


ser auténticos discípulos de tu Hijo, pues sólo así podemos anunciar
con nuestro testimonio de vida la salvación que nos das. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Liturgia Eucarística

Sacerdote: Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de


ustedes, sea agradable a Dios Padre todopoderoso.

Todos: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza


y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa
Iglesia.

Oración sobre las ofrendas


La oblación que te ofrecemos, Señor, nos purifique, y nos haga
participar, de día en día, de la vida del reino glorioso. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Antífona de la comunión (Sal 33, 9)


Prueben y vean qué bueno es el Señor; dichoso quien se acoge a él.

Comunión Espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el
Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de
mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, te pido
que vengas al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si ya os hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti.
Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, que nos has colmado con tantas gracias, concédenos
alcanzar los dones de la salvación y que nunca dejemos de
alabarte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración Final
-Pater noster-
Pater noster, qui es in
caelis, sanctificétur nomen
tuum; advéniat regnum tuum;
fiat volúntas tua, sicut in
caelo, et in terra.
Panem nostrum cotidiánum
da nobis hódie; et dimítte
nobis débita nostra, sicut et
nos dimíttimus debitóribus
nostris; et ne nos indúcas in
tentatiónem, sed líbera nos
a malo.
Amen.
2 ª S E M A N A D E L S A L T E R I O

-Tiempo Ordinario-

CALENDARIO LITÚRGICO
SEMANAL - SANTORAL - LECTURAS DE CADA DÍA

05 de Julio 06 de Julio
XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Sta. María Goretti

12ª 1L ed
c te
u r aJ u n i o 21 de Junio
XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Zac 9, 9-10 1ª Lectura
Os 2, 16. 17-18. 21-22
Salmo
144 Salmo
144
2ª Lectura
Rom 8, 9. 11-13 Evangelio
Mt 9, 18-26
Evangelio
Mt 11, 25-30

07 de Julio 08 de Julio
S. Panteno de Alejandría S. Adriano III

1ª Lectura 1ª Lectura
Os 8, 4-7. 11-13 Os 10, 1-3. 7-8. 12

Salmo Salmo
113 104

Evangelio Evangelio
Mt 9, 32-38 Mt 10, 1-7

09 de Julio 10 de Julio
Stos. Agustín Zhao Rong y comps. Stas. Anatolia y Victoria

1ª Lectura 1ª Lectura
Os 11, 1-4. 8-9 Os 14, 2-10

Salmo Salmo
79 50

Evangelio Evangelio
Mt 10, 7-15 Mt 10, 16-23

11 de Julio
S. Benito, Abad

1ª Lectura
Is 6, 1-8

Salmo
92

Evangelio
Mt 10, 24-33
L A V O Z D E P A S T O R

-Reflexión por + Mons. Felipe Arizmendi Esquivel


Obispo Emérito de SCLC-

-CÓMO ORAR EN MOMENTOS CRITICOS-


VER
Hablo de esto no de memoria, sino por experiencia personal. El pasado fin de semana, fui
víctima indirecta de unos asaltantes armados que perseguían en vehículos a un pequeño
comerciante a quien querían robar. Coincidió que en ese momento yo transitaba con mi
familia por la misma carretera, y una bala atravesó el parabrisas de mi vehículo,
insertándose una parte de la bala en mi cuello, sin afectar, milagrosamente, cuerdas
bucales, más algunos vidrios en mi mano derecha. Después de reponernos de la
impactante impresión y de continuar nuestro camino hasta encontrar atención médica,
decidimos orar con el Rosario, que ofrecimos por los delincuentes y por sus víctimas. La
oración nos ha sostenido en paz y serenidad.
En mis largos años de presbítero, y sobre todo de obispo en Chiapas, hubo momentos muy
difíciles, no sólo por problemas sociales y políticos, sino sobre todo por conflictos
intraeclesiales, que son los que más duelen y preocupan. Si no hubiera sido por la oración
ante el Sagrario, en varias ocasiones habría “tirado la toalla”.
Hay personas que se han alejado de Dios y de la Iglesia, porque dicen que le pidieron a
Dios que no falleciera alguno de sus seres queridos, y falleció; suplicaron que no les
pasaran ciertos males, y les acontecieron; oraron por encontrar trabajo, y no lo hubo;
rezaron por pasar un examen, y lo reprobaron. Se imaginan que podemos manejar a Dios
según nuestros deseos, como si fuéramos tan sabios para saber qué es lo que más nos
conviene. A veces somos como los niños caprichosos que quieren un helado, sus padres
no se lo dan porque está enfermo de la garganta, y el hijo queda con el sentimiento de que
no lo quieren, siendo que no se lo dan precisamente porque lo aman.
Estamos bajo los efectos de la devastadora pandemia del COVID-19, y hemos orado
mucho para que ya pase y volvamos a la ansiada normalidad; pero pareciera que Dios no
nos hace caso. ¿Acaso es porque no tenemos suficiente fe? Jesús dijo que, si tuviéramos
fe, moveríamos montañas (cf Mt 17,20). Entonces, ¿qué nos falta? ¿Cómo orar? Algunos
se entretienen diciendo que se reza, pero no se ora. Entienden por rezar el recitar fórmulas,
como los salmos de la Liturgia de las Horas, el Rosario y otros rezos tradicionales. Dicen
que rezar no es orar, pues orar es hablarle a Dios con el corazón, sin necesidad de
fórmulas. En parte tienen razón, pero es cuestión de palabras. Si recitas con fe, con toda tu
alma y tus sentimientos el Padre nuestro, el Ave María, los salmos y otras fórmulas, estás
haciendo verdadera oración. No nos entretengamos en discusión por palabras. ¿Cómo orar,
entonces, sobre todo en momentos críticos?
PENSAR
Jesús oraba mucho, también con los salmos y con otras fórmulas bíblicas. Oraba en las
sinagogas y en las montañas; en todas partes. Lo hacía tan a gusto, que hasta su cara
resplandecía, como en el Tabor (cf Lc 9,29). Por ello, sus discípulos le pidieron que les
enseñara a orar. Fue entonces cuando nos enseñó el Padre nuestro, modelo de toda
oración (cf Mt 6,9-13; Lc 11,2-4). La primera parte no empieza pidiendo cosas, sino
poniendo toda la confianza en que Dios es nuestro Padre. Eso es lo primero: hablarle a
Dios como a un buen padre, a quien le puedes decir todo lo que quieras, pero partiendo de
esa confianza fundamental, experimentando que estás en sus brazos y en su corazón.
Es la actitud básica para una buena oración, como dice San Pablo: “No han recibido un
espíritu de esclavos, para caer de nuevo en el miedo, sino que recibieron el espíritu de
hijos adoptivos, gracias al cual llamamos a Dios ¡Abbá, Padre! Ese mismo Espíritu, junto
con el nuestro, da testimonio de que somos hijos de Dios” (Rom 8,15-16). ¿Cómo orar,
pues? Ante todo, experimenta en ti la plena confianza de que Dios te ama como un buen
Padre y le puedes decir todo cuanto está en tu corazón. Es la primera actitud para una
buena oración.
Después de esta experiencia básica, Jesús nos enseña a no empezar pidiendo cosas, sino
primero extasiarte en que tu Padre está en el cielo, en que su Nombre sea glorificado y
reconocido como lo más santo, en que su Reino es lo más importante y que reconocemos
su Voluntad como lo mejor para nosotros. Después de esta experiencia gozosa y
contemplativa, ya puedes pedir el pan de cada día, el perdón de tus pecados, la gracia de
no caer en las tentaciones y que te libere de todo mal, sobre todo del Malo. ¿Así haces tu
oración? ¿O te reduces a pedirle cosas a Dios? Empieza alabándole y reconociéndole
como tu papito querido; y luego dile cuanto quieras.
En algunos momentos bonitos, Jesús alaba a su Padre y le da gracias (cf Lc 10,21). Antes
de resucitar a Lázaro, dice: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que tú
siempre me escuchas” (Jn 11,41-42). Pero en el Huerto de los Olivos sufre mucho, hasta
sudar gruesas gotas de sangre, porque parece que su oración no es atendida (cf Lc 22,41-
44). En la cruz, orando con el salmo 22(21), le reclamaba a su Padre haberle abandonado
(cf Mt 27,46); sin embargo, muere recitando otro salmo, el 30(31), con esta confiada
expresión: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,46).
Por tanto, en los momentos críticos, dile a Dios Padre como Jesús: Si es posible, que no
nos pase esto y aquello; y pedirlo con insistencia, entre gemidos y lágrimas; pero siempre
expresarle como Jesús: “Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,41). O
como nos enseñó Jesús en el Padre nuestro: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo” (Mt 6,10). Es la actitud de la Virgen María ante las palabras de Dios por medio del
ángel:
“Aquí está la servidora del Señor. Que se haga en mí lo que tú dices” (Lc 1,38). Y
siguiendo el ejemplo de Jesús, procura siempre perdonar de corazón a quien te infiera
algún daño: “Padre, perdónalos; no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Es lo mismo que
decimos en el Padre nuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden” (Mt 6,12).
ACTUAR
Pide al Espíritu Santo que te enseñe a orar, pues nada podemos sin su ayuda (cf Rom
8,26), y abandónate en el corazón misericordioso de nuestro Padre, pidiéndole que todo
sea según Su voluntad (cf Mt 6,10) y que libre de todo mal a ti, a los tuyos y a todo el
mundo. Encontrarás paz, fortaleza, esperanza, ánimo para seguir adelante. Y conviene
que invoques la intercesión de nuestra Madre del cielo, así como la de tus santos de
devoción. Haz la prueba y verás cuán bueno es el Señor (cf Sal 34(33),9).

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