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INSTITUTO DE EDUCACIÓN Y ENTRENAMIENTO

ALCANCE VICTORIA

VETI

Curso: Teología sistemática II


Trimestre: Verano 2020
Instructor: David Casas
Tarea: #4 Resumen de la cuarta clase

Realizado por: José Belisario

LA DOCTRINA DEL ESPÍRITU SANTO

Caracas, agosto 2020


INTRODUCCIÓN

El Espíritu Santo tuvo una parte muy activa en la vida y obra del Señor Jesucristo.

Aún antes de que Jesús estuviera en persona en este mundo, la Biblia nos habla del

ministerio que el Espíritu Santo iba a tener sobre su vida. Todo lo que Jesucristo iba a hacer

como el Ungido de Dios iba a ser bajo el poder y total dependencia del Espíritu Santo.

En su nacimiento el Espíritu Santo fue la persona de la Trinidad encargada de

realizar el milagro de la concepción virginal en María la madre de Jesús.

Jesús fue ungido por el Espíritu Santo, esto marcó el inicio de su ministerio

fructífero sobre esta tierra. Una vez ungido con el Espíritu Santo el poder del Espíritu se

hizo públicamente manifiesto a través de él. El Espíritu Santo llenó la vida de Jesús y todo

lo que hizo y dijo fue el resultado de estar totalmente guiado por el Espíritu Santo.

Jesús recibió poder por el Espíritu Santo, es decir, todas las obras maravillosas que

hizo cuando mostró su poder sobre las fuerzas del mal, sobre la naturaleza, sobre la

enfermedad, sobre la muerte, etc. fueron hechas en total dependencia del poder del Espíritu.

Jesús enseñó en el poder del Espíritu Santo y lo que enseñó fue lo que Él mismo

recibió por instrucción del Espíritu Santo. El impacto de la enseñanza de Jesús se debía a

que enseñaba en el poder del Espíritu Santo.

Como podemos ver, el Espíritu Santo tuvo una participación muy activa en la vida

de nuestro Señor Jesucristo. Él recibió el Espíritu Santo y lo impartió conforme el mismo

Espíritu le ministraba. Una vez que es ascendido nos envió “otro consolador” para que

estuviera con nosotros y nos asistiera en nuestras angustias y necesidades.


EL ESPÍRITU SANTO EN CRISTO

La promesa de que el Espíritu Santo sería derramado sobre toda carne tuvo su

cumplimiento primeramente en Jesús, quien sería ungido por el Espíritu Santo para llevar a

cabo su ministerio terrenal. Desde el comienzo hasta el fin de su vida, Jesús estuvo

íntimamente relacionado con el Espíritu Santo. Veamos algunos aspectos de su ministerio:

A) Su nacimiento: La concepción sobrenatural y virginal de Jesús se describe como

un acto milagroso y divino producido por el Espíritu Santo. Lo que significa que Jesús

estaba en relación con el Espíritu de Dios desde el primer momento de su existencia

humana.

B) El bautismo: En su caminar diario, Jesús siempre mantuvo una relación íntima

con el Espíritu Santo que lo capacitó de plena conciencia de la morada de lo divino en él.

Así que, el Espíritu Santo descendió sobre Jesús, ungiéndolo para que fuera Profeta,

Sacerdote y Rey.

C) Su ministerio: Como hombre, Jesús fue tentado en múltiples ocasiones. Pero en

todo momento salió victorioso ante las acechanzas del mal. Su conciencia plena de que

sobre Él moraba el poder del Espíritu Santo lo llevó a cumplir a cabalidad su ministerio

terrenal.

D) La Crucifixión: El mismo Espíritu que vino sobre Jesús en el desierto para

resguardarlo de la tentación, fue el mismo Espíritu que estuvo con Él en los momentos más

aciagos en el camino hacia la cruz. El Espíritu Santo había penetrado en el espíritu humano

de Jesús y lo capacitó para sufrir la cruz, para ir hacia adelante a pesar de los obstáculos,

dolores y dificultades, y consumar la redención del mundo.


E) Su resurrección: Por medio del acto de la resurrección en la persona de

Jesucristo, el Espíritu Santo impartió vida a todos aquellos que reciben a Jesús como su

salvador personal. La resurrección representó la acción vivificante del Espíritu Santo quien

se convierte en dador de la vida por medio de su poder restaurador en Cristo. Por medio de

la resurrección de Jesús morimos para el mundo y vivimos para Cristo, pues hemos muerto

en la carne y regenerados en espíritu. Es decir, hemos pasado de muerte a vida.

F) La ascensión: Después de la ascensión de Jesús, el Espíritu Santo se transformó

en el Espíritu de Cristo en el sentido de ser impartido a otros. Es decir, el Espíritu vino a

habitar en Cristo no solamente para sus propias necesidades, sino para que él pudiera

impartirlo a todos los creyentes. Después de la ascensión, Jesús, haciendo uso de su

prerrogativa como Mesías derramó de su Espíritu sobre otros. De esta manera, todos los

que conforman el cuerpo de Cristo, como reino de sacerdotes, participan de la unción del

Espíritu Santo que desciende desde Cristo.

EL ESPIRITU SANTO EN LA VIDA DEL HOMBRE

En esta sección se describen las diversas operaciones del Espíritu Santo en relación

con el hombre:

- Convicción: El ser humano necesita ser convencido de la culpabilidad de su

pecado. Los hombres no comprenden realmente lo que es el pecado, la justicia o el juicio, y

por lo tanto necesitan que se les convenza de las verdades espirituales. Es por ello que el

alma y la mente oscurecidas no ven nada en las verdades espirituales hasta que no han sido

despertadas por el Espíritu Santo.


- El pecado de la incredulidad: Cuando Jesús se dio a conocer dentro del pueblo

judío estos no lo recibieron como el Mesías prometido. En consecuencia lo rechazaron

hasta el punto de crucificarlo. No creyeron que Él era Hijo de Dios, el enviado a librarlos

no del yugo romano, sino del yugo del pecado. La incredulidad ciega las mentes de los

hombres y sólo el Espíritu Santo puede revelar la fatalidad de este pecado.

- La justicia de Cristo: Sólo Jesucristo es justo. Pues Él pudo convencer a los judíos

y al mundo de su justicia. Es el Espíritu Santo de Cristo quien conduce al hombre a toda

justicia a través del perdón y la salvación en su nombre.

- El juicio de Satanás: La cruz constituyó una demostración de la verdad de que el

poder de Satanás sobre las vidas de los hombres había sido quebrantado y que había sido

decretada su destrucción. Por su muerte, Cristo ha liberado a todos los hombres del

dominio de Satanás. Es decir, Satanás no tiene derecho alguno de someter a los hombres a

esclavitud. Y es el Espíritu Santo quien convence a los hombres de que son verdaderamente

libres.

- La regeneración espiritual: Debido al pecado el hombre está alejado de Dios. Vive

y actúa como si este mundo no existiera porque está muerto espiritualmente hablando. Pero

cuando recibe a Cristo, el Espíritu Santo lo vivifica y comienza a vivir una nueva vida

espiritual regenerada, es una nueva criatura.

- La morada del Espíritu Santo: Esto significa que Él está presente en nuestras vidas,

manteniendo una relación personal constante con nosotros. Esta unión con Dios es

producida por la presencia continua de la Trinidad en nuestras vidas.


Cuando el hombre no conoce a Dios vive en una oscuridad espiritual, porque la

ausencia del Espíritu Santo en su vida no le permite conocer de las cosas que son del

Espíritu. Por lo tanto, no puede sujetarse a Dios por su propia voluntad. No puede adorar a

Jesús como su Señor. En su práctica diaria de vida no puede agradar a Dios. Debido a la

ausencia del Espíritu Santo en su vida, su carácter, no puede manifestar los frutos

espirituales. En cuanto a la fe, no puede recibir al Espíritu de verdad.

- La Santificación: Es un proceso que comienza desde el mismo momento que un

individuo acepta a Cristo como su salvador personal. La santificación es un proceso

progresivo de regeneración del creyente. Es la etapa de corrección de sus tendencias y

hábitos. Por medio de la santificación el Espíritu opera de manera progresiva, yendo "del

corazón a la superficie, del interior al exterior, de la raíz de la vida a las manifestaciones de

la vida, a las acciones y a las palabras”.

- El revestimiento de poder: Este hecho contempla los siguientes aspectos: el

carácter general, el carácter especial, la evidencia inicial, su aspecto continuo y la forma de

recibirlo.

- El carácter general: Describe la forma vigorizante y activa en que opera el Espíritu

Santo. Tiene las siguientes características:

1) El poder para servicio. Está afianzado en la promesa de que recibiríamos poder

una vez que el Espíritu Santo viniera sobre nosotros. En otras palabras, el Espíritu viene,

descansa y desciende sobre su pueblo, haciendo referencia al poder para el servicio

cristiano.
2) Relación íntima con Cristo: Es necesario que el enviado a predicar la Palabra de

Dios esté envestido del poder del Espíritu Santo para cumplir a cabalidad dicho propósito.

3) El recibimiento de la promesa del Espíritu Santo debe ir acompañada de algunas

manifestaciones sobrenaturales que certifiquen que el creyente realmente es nacido de

nuevo y posee el poder del Espíritu Santo.

4) El revestimiento del poder del Espíritu Santo viene enmarcado en lo que se

denomina el Bautismo por el Espíritu, el cual es administrado según la autoridad de Jesús y

en nombre de la Trinidad.

- El carácter especial: Una de las señales más comunes después de la conversión, es

que el creyente puede experimentar en su vida el recibimiento del poder del Espíritu Santo

a través del acto milagroso de hablar en lenguas desconocidas. Aunque puede suceder que

existan cristianos que conocen en forma experimental al Espíritu Santo en su poder

santificador y regenerador y no han hablado en otras lenguas. Se afirma también que

muchos cristianos han experimentado la unción del Espíritu, y han ganado almas para

Cristo, y sin embargo no han hablado en otras lenguas.

- La evidencia inicial: En la iglesia primitiva el hablar en lenguas era el don más

característico, popular y visible entre los cristianos. Al parecer fue el acontecimiento más

evidente del descenso del Espíritu Santo sobre los creyentes. El Espíritu era considerado

como un don especial que no siempre acompañó al bautismo y a la fe. Sin embargo, en

algunas ocasiones fue necesaria la imposición de manos sobre los creyentes para que

recibieran el don del Espíritu Santo. La creencia de la iglesia en el Espíritu Santo surgió a
raíz de haber experimentado ella su poder. Al principio, la manifestación más

extraordinaria era "el hablar en otras lenguas".

- Su aspecto continuo: Está referido al acto de “ser lleno del Espíritu”, y relacionado

a la idea del poder para servicio. Contempla tres aspectos:

A) El descenso inicial: Puede describirse como el acto del bautizo con el Espíritu

Santo de una persona por primera vez.

B) La condición habitual: Se refiere al estado continuo de estar “llenos del Espíritu

Santo”. Describe también la vida diaria de una persona espiritual.

C) El descenso del Espíritu o unciones para ocasiones especiales: Se refiere a

aquellos casos en los cuales el Espíritu Santo reviste al obrero para que opere en su nombre,

en algunos momentos en que el Espíritu requiere su manifestación especial para revelar su

propósito.

- La manera de su recepción: Se describen los aspectos para poder recibir el

bautismo del Espíritu Santo:

1) Una actitud acorde con la voluntad de Dios: Debemos estar prestos para discernir

el momento de su manifestación en nuestras vidas. Para ello tenemos que procurar la

llenura del Espíritu Santo.

2) Llevar una vida de oración: La comunión con Dios es fundamental para que los

dones espirituales se manifiesten en nuestras vidas. Por otro lado, debemos desear

fervientemente sus dones y esperar que Dios en su perfecta voluntad los conceda.
3) La unidad en la oración: El poder del Espíritu Santo se manifestó en Pentecostés

porque todos los que estaban reunidos, congregados, oraban “unánimes y unidos”. Es

fundamental la unidad de la iglesia en oración para que el Espíritu Santo sea manifestado

con gran poder y gloria.

4) El derramamiento del Espíritu Santo debe ser espontáneo: Es necesario darle

libertad al Espíritu para que Él se manifieste como quiera. El esfuerzo humano tendrá poca

incidencia, porque no depende de nosotros, depende de lo que el Espíritu quiera hacer.

5) El bautismo es un don: Puesto que el bautismo de poder es descrito como un don,

el creyente debe rogar ante el trono de la gracia por la promesa. Sabemos que el Espíritu

Santo habita en la iglesia, sin embargo, ello no debe de ser un obstáculo o impedimento

para que el creyente lo pida y lo busque personalmente.

6) La oración individual: La búsqueda del Espíritu Santo es individual. Nadie es

lleno por el Espíritu porque otro esté lleno. Cada quien debe procurar la búsqueda personal

y su intimidad con Dios.

7) La obediencia: No podemos procurar una llenura plena del Espíritu Santo sino

somos obedientes. No seremos usados por Él sino estamos atentos a sus órdenes y seguir

fielmente su voz.

- La Glorificación: La morada del Espíritu Santo en nuestras vidas representa el

comienzo de la vida eterna, la cual será consumada en la vida venidera.


- Comercial: El Espíritu Santo es descrito como las “arras” de nuestra herencia, la

fianza o la promesa de que nuestra liberación será completa. Es una entrega hecha por

adelantado, como garantía de que el resto será dado.

- Agrícola: El Espíritu Santo en los creyentes constituye los primeros frutos de la

gloriosa cosecha futura. Una vez convertidos, nos constituimos en ofrendas para Dios, y

producto del nuevo nacimiento damos frutos que ponemos al servicio de la obra de Cristo.

- Doméstica: El Espíritu Santo representa el dulce manjar que nos es dado por Dios

como un adelanto de lo que hemos de disfrutar en nuestra próxima vida eterna. Cristo lo

que ha hecho no es nada más que darnos un anticipo de lo que tiene reservado para nosotros

conforme a sus riquezas en gloria, y el Espíritu Santo es el aperitivo de la maravillosa cena

que vamos a disfrutar con nuestro Padre Celestial.

- Pecados contra el Espíritu Santo: Ser el templo y morada del Espíritu Santo

contempla grandes bendiciones para nuestras vidas: gozo, paz, amor, gloria, poder, entre

otras maravillas de su gloria. Pero también, implica grandes responsabilidades. Es nuestro

deber como recipientes de su Espíritu mantenernos limpios, pulcros para no contristar,

pagar o alejarlo de nosotros.


CONCLUSIÓN

Qué maravilloso y glorioso que aún en su muerte, Jesús no dejó de depender del

Espíritu Santo. Jesucristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio por el pecado del

hombre y lo hizo mediante su Espíritu Santo. Todos los eventos que acontecieron cuando

Cristo murió, fueron supervisados por el Padre y el Hijo tuvo el poder para soportarlos

dependiendo siempre del poder del Espíritu Santo.

Jesús resucitó de los muertos y su resurrección ocurrió en el poder del Espíritu

Santo. Y ese Espíritu mora en nosotros y algún día también nosotros resucitaremos en el

poder del Espíritu Santo.

La Biblia registra que el Espíritu Santo iba a estar sobre el Señor Jesucristo. En

cumplimiento de esta profecía, el Espíritu Santo engendró el cuerpo humano de Jesucristo

en el seno virginal de María. El Espíritu Santo se manifestó también en la vida de

Jesucristo, ungiéndolo, llenándolo, trayéndole gozo y otorgándole poder sobre Satanás y

sus demonios, sobre la naturaleza, sobre la enfermedad y sobre la muerte. Además, el

Espíritu Santo, estuvo en cada acción de la vida y muerte de Cristo, por eso la Biblia dice

que Jesús se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios mediante el Espíritu eterno.

Finalmente, el Espíritu Santo participó en la resurrección de Cristo. Con base en

todo lo antes visto podemos afirmar entonces que desde su nacimiento hasta su muerte y

resurrección, Jesucristo fue dirigido plenamente por el Espíritu Santo.

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