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INSTITUTO DE EDUCACIÓN Y ENTRENAMIENTO

ALCANCE VICTORIA

VETI

Curso: Teología sistemática II


Trimestre: Verano 2020
Instructor: David Casas
Tarea: #3 Resumen de la tercera clase

LA DOCTRINA DEL ESPÍRITU SANTO

Realizado por:

José Belisario

Caracas, agosto 2020


INTRODUCCIÓN

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, es decir, es uno con Dios el

Padre y su hijo Jesucristo. Aunque con frecuencia se le nombra en tercer lugar, es

significativo dejar claro que el Espíritu Santo no es menos importante que el Padre y que el

Hijo. Tiene un papel fundamental que jugar en la Triada unitaria maravillosa conformada

por Dios-Jesucristo-Espíritu Santo. Él es quien nos guía a toda verdad, es nuestro

consolador, maestro, auxiliar, abogado defensor y es sobre todo, nuestro amigo.

Cuando Dios creó el universo ya el Espíritu Santo existía desde su fundación,

paseándose sobre la faz de la tierra y obrando como el brazo ejecutor de Dios. Él es santo

porque proviene y es uno con el Dios Santo y poderoso, y tiene todos los atributos de Dios,

con lo cual se le coloca en el mismo nivel de dignidad que Dios y Jesucristo, lo que

significa que es eterno, omnipotente, omnipresente y omnisciente.

En tiempos del Antiguo Testamento la manifestación del Espíritu Santo estuvo

limitada solamente al pueblo de Israel y con ello a algunas personas conforme a la voluntad

de Dios. Antes del día de Pentecostés su presencia y su poder no podían ser derramados

pues era necesario que Jesucristo, su predecesor, tuviera que morir a toda carne y ser

ascendido en gloria a la diestra del Padre, para que luego enviara al otro consolador, al

Espíritu Santo. Pero en la actualidad, gracias a la muerte de Jesús y su resurrección

podemos gozar de su presencia y su poder en nuestras vidas.

En este corto ensayo estaremos hablando acerca de ¿quién es la persona del Espíritu

Santo?, sus atributos y su participación en la Divina Trinidad.


LA NATURALEZA DEL ESPÍRITU SANTO

Cuando hablamos del Espíritu Santo nos estamos refiriendo a la tercera persona de

la Trinidad. Pero para saber más de esta divinidad veamos algunos nombres por los cuales

se conoce:

El Espíritu de Dios: ¿Qué elementos vinculan al Espíritu Santo con Dios el Padre?

Vemos que desde el mismo momento de la creación ya el Espíritu Santo estaba vinculado

con Dios en la medida en que fungía como su operador, como su brazo ejecutor, como su

“poder ejecutivo”.

- El Espíritu Santo es divino: Esto es, que goza de los mismos atributos y se le

coloca en un mismo nivel de dignidad con el Padre y el Hijo, lo que significa que es eterno,

omnipotente, omnisciente y omnipresente. Además se le atribuyen operaciones divinas

como: la creación, regeneración y resurrección.

- El Espíritu Santo es una persona: Aunque opera de forma impersonal cuando se le

asocia con el aliento de vida, la unción que inviste, el fuego que quema, el agua de vida,

estas son formas de ejecución de su poder. Pero como persona tiene intelecto, voluntad,

intercede, habla, ordena, testifica. Con base en esos atributos de la personalidad se le puede

contristar, esto quiere decir que como persona tiene sentimientos, ya que solo se puede

contrista a una persona en la medida en que se afectan sus emociones. Entendemos

entonces, que cuando nos referimos a su personalidad no quiere decir necesariamente que

requiere de un cuerpo físico, sino que puede significar que posee inteligencia, sentimientos

y voluntad.
- El Espíritu Santo es una personalidad separada y distinta de Dios el Padre: Si

bien el Espíritu Santo procede de Dios y es enviado por Dios, tiene funciones específicas

distintas de Dios. No obstante esta particularidad, no es independiente de Dios, pues

juntamente con el Hijo conforman una Triada de unidad y unicidad, vale decir una divina y

maravillosa Trinidad.

El Espíritu de Cristo: Desde el punto de vista espiritual y de la divinidad, hay un

solo Espíritu Santo con la misma esencia del Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo. Ahora

bien, el Espíritu Santo tiene varios nombres que describen sus diversos ministerios. Se le

llama el espíritu de Cristo porque: 1) Fue enviado en el nombre de Cristo. 2) Él es el

Espíritu que envió Cristo. 3) Su misión esencial es la de glorificar a Cristo. 4) A través del

Espíritu Santo, Cristo está presente en la iglesia y en los creyentes. En síntesis, el Espíritu

Santo ha venido para ocupar el lugar de Cristo.

El Consolador: La palabra “Consolador” viene del vocablo griego “paracletos”, que

traducido significa “uno llamado al lado de otro para el propósito de ayudarle en cualquier

forma”. Cuando estamos tristes, atribulados o desanimados, entonces viene el Espíritu

Santo a nuestras vidas como ayudador, defensor, abogado, auxiliar, maestro y consolador.

Una vez que nuestro señor Jesucristo muere nos envió “otro” consolador, es decir, el

Espíritu Santo vino como sucesor de Cristo que al mismo tiempo constituye su presencia.

El Espíritu Santo: Es el Espíritu de Dios, por eso es Santo y su obra primordial es

santificar. Por eso es que cuando recibimos a Cristo como salvador viene el Espíritu Santo

y nos santifica, nos limpia y nos aparta del pecado.


El Espíritu Santo de la promesa: Es llamado así porque su poder y su gracia

constituyen parte de las bendiciones prominentes prometidas en el Antiguo Testamento.

El Espíritu de verdad: Así como la misión del Espíritu Santo es revelar al Hijo, la

misión de Cristo fue revelar al Padre. Así como el Hijo no habló de sí mismo, sino de lo

que había recibido del Padre. Así tampoco el Espíritu habla de sí mismo, sino que declara

lo que oye de la Trinidad.

El Espíritu de gracia: El Espíritu Santo es el que nos proporciona el favor de Dios

para salvación. Ese favor es inmerecido pues estábamos sumidos en el pecado, pero fuimos

santificados por su gracia.

El Espíritu de vida: El Espíritu Santo es fuente de vida eterna y fuente de agua viva.

El que de Él toma nunca más tendrá sed espiritual. Tiene como función la preservación de

la vida espiritual.

El Espíritu de adopción: Cuando aceptamos a Cristo como nuestro salvador

personal somos llamados hijos de Dios, en ese sentido, somos adoptados como sus hijos y

somos participantes de su naturaleza divina.

ELEMENTOS QUE SIMBOLIZAN AL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es a menudo representado por símbolos que ilustran las diferentes

formas de manifestación de su poder y que describen sus diferentes formas de obrar. En

este sentido, el Espíritu Santo opera como: Fuego, Viento, Agua, Un sello, Aceite, Paloma.

La representación del Espíritu Santo como “fuego” ilustra su poder limpiador y

purificador. El fuego del Espíritu Santo quema toda impureza producida por la inmundicia
del pecado, santificando así nuestras vidas y quitando todo iniquidad. El “viento”

simboliza su labor regeneradora en la medida en que purifica e imparte vida. Su

representación como “agua” le atribuye una labor sobrenatural de fuente de vida que calma

la sed espiritual. Una vez que recibimos a Cristo como nuestro salvador personal, somos

marcados con “el sello” del Espíritu Santo simbolizando que somos de su propiedad y que

nada ni nadie, nos arrancará de sus manos. Como confirmación de esto el Él viene a morar

en nuestras vidas. En cuanto a su descripción como “aceite”, ilustra la unción espiritual que

nos fortalece, libera, sana, alivia y conforta el alma. Su representación como “paloma” lo

caracteriza como símbolo de ternura, amabilidad, inocencia, paz, pureza y paciencia.

EL ESPIRITU SANTO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

En el Antiguo Testamento se describen tres formas en que se revela el Espíritu

Santo, veamos: A) Como un Espíritu creador, por medio del cual todas las cosas fueron

creadas. B) Como un Espíritu dinámico o dador de poder. C) Como un Espíritu

regenerador, a través del cual la naturaleza humana es cambiada.

A) El Espíritu creador: Como parte de la Divina y gloriosa Trinidad de Dios, el

Espíritu Santo cumplió el rol de creador del cielo, la tierra, los mares y todo lo que en ellos

hay, compartiendo así la gloria de la creación emanada del Dios Padre. En este sentido, el

Espíritu Santo manifiesta su presencia a través de las leyes de la naturaleza, las cuales no

son sino las evidencias de su manifestación y operación poderosa.

B) El Espíritu dinámico: El Espíritu Creador hizo al hombre con el objeto de formar

una sociedad gobernada por Dios. Su operación dinámica creó dos clases de ministros: por
un lado, obreros de Dios, es decir, hombres de acción, organizadores, ejecutivos. Por otro

lado, portavoces de Dios, o sea profetas y maestros.

El Espíritu regenerador: El Espíritu Santo es descrito como asociado en la

transformación de la naturaleza del hombre y se hace referencia a su fuerza creadora del

carácter moral. Así, cuando un creyente peca su aspecto moral sale a relucir, y es allí

cuando el Espíritu Santo aparece para regenerarlo de su estado pecaminoso.

El derramamiento del Espíritu Santo: En el Antiguo Testamento el derramamiento

general del Espíritu Santo, como fuente de santidad, se menciona como algo del futuro, una

de las bendiciones del prometido reino de Dios. Tal derramamiento fue predicho por los

profetas, quienes predijeron que el Espíritu Santo sería derramado sobre el pueblo en una

medida sin precedentes, esto es, sobre toda clase y condición de hombre, sin distinción de

edad, sexo o posición.

El Espíritu Santo y su relación con la venida del Mesías: La profecía anunciaba

que el derramamiento del Espíritu Santo se cumpliría con la aparición del Mesías, sobre

quien reposaría el Espíritu de sabiduría, conocimiento y poder. Este sería el profeta perfecto

que llevaría al mundo las buenas nuevas de salvación. El derramamiento del Espíritu Santo

se convertiría en el acontecimiento más maravilloso de todos los tiempos y le tocaría al

Mesías impartir tan elevado don del Espíritu Santo.

Manifestaciones distintivas que caracterizan la obra del Espíritu Santo: Antes de

Pentecostés el Espíritu Santo no podía ser manifestado, pues Cristo aún no había sido

ascendido para ser glorificado. Veamos entonces algunas razones de esto:


A) Cristo no podía ser manifestado en Espíritu hasta que no cesare de vivir en la

carne. Es decir, no podía existir la presencia espiritual universal hasta que la preminencia

en la carne no hubiere sido retirada. Era necesario que Cristo fuera ascendido y exaltado a

la mano derecha de Dios para que el Espíritu Santo fuera derramado en forma general, y

reclamado en sentido universal para la humanidad, por el Cristo vivo y resucitado.

B) Durante el Antiguo Testamento podemos observar que el Espíritu Santo no tuvo

una manifestación universal, sino que fue impartido selectivamente a ciertos individuos

conforme a la voluntad de Dios (profetas, sacerdotes, reyes y otros obreros). Sin embargo,

hay que resaltar que en la actualidad el Espíritu Santo está dispuesto a investir a todo aquél

que se convierta y le busque de corazón.


CONCLUSIÓN

¡Es hermoso, precioso, maravilloso, glorioso y gratificante hablar de la persona del

Espíritu Santo! Son tantas las manifestaciones de sentimientos que emanan de nuestro

interior con tan solo leer y tratar el tema. El Espíritu Santo es el ser más sublime, la persona

más maravillosa que individuo alguno pueda conocer.

El Espíritu Santo es nuestro consolador en la tristeza, es nuestro auxiliar ante la

dificultad, es nuestro defensor ante la injusticia, es nuestro maestro en medio de la duda, es

nuestro gran amigo en la soledad, es el que llena nuestros corazones cuando nos sentimos

desesperanzados y vacíos. Y cuando nos sentimos que ya los problemas nos embargan,

entonces viene en nuestra ayuda y nos consuela. El Espíritu Santo es nuestro médico por

excelencia. Es el que nos proporciona el gozo, la felicidad, la esperanza, la fe, es quien le

da propósito a nuestras vidas. En síntesis, Él es nuestra esencia, es el principio y fin de

nuestra existencia. Sin Él, nada, pero nada podemos hacer sin equivocarnos.

El Espíritu Santo nos conoce tanto que sabe cuántos cabellos tenemos en nuestra

cabeza. Conoce nuestros pensamientos, lo que sentimos en nuestros corazones. Él conoce

cuando le buscamos desde los más íntimo de nuestro ser. Sabe lo que necesitamos antes que

le pidamos y suple conforme a las peticiones y necesidades de nuestros corazones.

Cuando no le conocía me emborrachaba con licor para calmar mis penas y aliviar

mi soledad, pero ahora sólo quiero embriagarme de su presencia y que sea Él quien

consuele mi corazón, me llene de su amor y me rodee de su gloria.

¡Espíritu Santo sólo quiero estar en tu presencia, que tu presencia nunca se aparte de

mi, y que yo nunca me aparte de ti! ¡Aleluya! ¡Vive Cristo glorificado!

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