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Maria J. RodriguezShadow Identidad femenina, ANUP CMM Y Onert| Nuevo México Universidad Autonoma del Estado de México Coleccién: Ciencias Sociales Serie: Antropologia IDENTIDAD FEMENINA, ETNICIDAD Y TRABAJO EN NUEVO MEXICO Maria J. Rodriguez-Shadow “175° Aniversario de la Universidad Autonoma del Estado de México” 2003 rE — UNIVERSIDAD AUTONOMA DEL ESTADO DE MEXICO Dr. en Q. Rafael Lopez Castafiares Rector M. en A. Ed, Maricruz Moreno Zagal Secretaria de Docencia M. en A. P. José Martinez Vilchis Secretario Administrativo M. en C. Eduardo Gasca Pliego 1 Secretario de Rectoria M. en E, S$. Gustavo A. Segura Lazcano Coordinador General de Difusién Cultural Este libro fue positivamente dictaminado conforme a los lineamientos del Consejo General Editorial vigentes a partir de 2002. Ilustracién de portada: Sin titulo, acrilico sobre papel algodén, Antonio Fco. Guzman Vazquez Disefto de portada: Concepcién Contreras Martinez 1a. edicién 2003 @Marla J. Rodriguez-Shadow ©Derechos reservados Universidad Auténoma del Estado de México Ay, Insticuco Literario 100 Ote, Toluca, Estado de México. CP. 50000, México heeps//www.aemex.mx/ Impreso y hecho en México Printed and made in Mexico ISBN 968-835-831-2 {NDICE pitulo 1. Historia de Mora eros asentamientos..... ajO la hegemonia de los anglos siglo XX .... pitulo 2. La identidad femenina troduccién arcos analiticos y conceptos tedricos . identidad de las morefias La maternidad El matrimonio . presentaciones sociales .. La autoridad La virginidad . El divorcio ... Violencia doméstica cepcién de los cambios de la situacién femenina egtin las mujeres de Mora comentarios ... Enfoques teéricos para el estudio de la etnicidad Determinismo biolégico Enfoque culturalista Enfoque clasista .. Colonialismo interno Estudio de la identidad étnica: algunos puntos de vista . Términos usados por las estudiosas ......00.--++ La etnicidad como ideologfa 0 la ideologia como etnicidad .. El mito de la hispanidad Apreciacién de las particularidades entre los mexicanos y los anglosajones (imagen positiva de mexicanos) .......sssssseeeee 110 Percepcién de las diferencias entre los mexicanos y los norteamericanos (visién negativa de mexicanos) . El idioma espafiol en Nuevo México La importancia del lenguaje en la preservacién de la cultura El territorio Imagenes de la identidad étnica El estigma en las representaciones sociales Identidad étnica femenina en Mora Los autorreferentes Los matrimonios mixtos.... Percepcién de la discriminacién étnic Expresiones culturales de la identidad étnica femenina - 146 El espafiol local 146 Tradiciones culinarias w D5 Religién 157 Valores tradicionales .. 158 Misica.. - 160 GOMGH aH OS S55 Aca ssetaaerak one ohrecnee aac vvereteomen Asean 162 Capitulo 4. El papel de los procesos de trabajo en la construccién de la identidad femenina Introduccién..... Conceptos analiticos El trabajo femenino La contribucién femenina a la economia durante la primera mitad del sigho XX .....0..scessseesssesseeeeeenee 169 El acceso a los conocimientos y I@escolaridad femenina.ticiss scsceieayenteavestnesgealseattics cots - Participacién de las mujeres en el mercado de trabajo . Jomentarios eflexiones finales ecapitulacidn y consideraciones . BEEERUGLAS DIDO SPAlICAS vst; ausapvsSkeddeashssarsienvdeseanssaiicheds vail 205 PROLOGO toca la suerte de presentar a los lectores de este libro a la Dra. a J. Rodriguez-Shadow, muy estimada antropéloga del Instituto cional de Antropologia e Historia, a quien conoci hace més de dos as. Eran afios dificiles para la Escuela Nacional de Antropologia toria, y ella destacaba entre todos los alumnos que terminaban rea de Arqueologfa; activa, menuda, delgada, sumamente ama- . discreta, siempre sonriente y anotando en libreta especial todo lo acontecfa. Procuraba no olvidar ninguna cita, recado, acuerdo o Su primer titulo profesional fue de maestra normalista, que ejercid © muchos afios, pero que la preparé socialmente para entender a problemdtica que mas le ha interesado: la situacién de las mujeres sociedad contempordnea. 7 Obtuvo el titulo de arquedloga con la tesis La condicién social de la mujer mexicana (1984, mencién honorifica), que cristalizaba en par- sus verdaderas inquietudes: las luchas feministas. Toda su vida le blevé la supeditacién que la sociedad hacia de las mujeres, sin mds 6n que el hecho de que en el momento de la concepcidn los genes e habfan acomodado de tal manera que el producto seria una nifia en vez de un nifio. Nada le parecié mds injusto, y decidié hacer de su vida una I{nea recta en la lucha por la igualdad de género, utilizando azonamiento académico y la investigacién cientifica, apoydndose Ja Historia, la Antropologia y el conocimiento de los aportes de la ria feminista. Tal ha sido el propésito cumplido hasta ahora. La Arqueologfa, como especialidad de la Antropologfa, no le daba iciente material para su proyecto académico de vida, de modo que orienté sus estudios de maestria a la Antropologfa Social, titu- dose con una tesis mds definida: Identidad femenina, etnicidad y -culturas de trabajo en una comunidad mexicana de los Estados Unidos de \Norteamérica (1994, Universidad de las Américas-Puebla, men- n honorifica), cuyo cuerpo fundamental —después de afios de evisiones— forma esta obra. Continué profundizando en las Cien- Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México cias Antropoldgicas, de manera que presenté la tesis de doctorado E/ mundo femenino en Mora (2002, UNAM, mencién honorifica), texto que también ha sido objeto de su atencidn y que esperamos en breve ver publicado. Entreveradas en todos estos grados, ha realizado multiples investiga- ciones que la han hecho famosa por saber combinar con justicia y preci- sién su visidn politica y sus teorias cientificas. Largo serfa citar aqui su serie de articulos, ponencias y libros enfocados a discutir, entender clara- mente y comparar —con fenémenos semejantes de otros paises— la dindmica de las religiones populares y sus manifestaciones mds obvias, como son la peregrinacién, las mayordomias y las fiestas calendéricas. También ha trabajado con maestria el interjuego econdmico que da lu- gar a las conmemoraciones populares, y los roles que desempefian las diferentes clases sociales, los sexos, las razas y las edades. Su valiosa aportacién sobre fenémenos antropoldgicos en Estados Unidos es particularmente reconocida por que se ha enfocado en poblaciones de origen mexicano, que son las menos estudiadas por los cientificos norteamericanos. Sus conclusiones han sido contun- dentes, demostrando que ser mujer no es condenatorio en la socie- dad norteamericana, pero si eso se atina al hecho de ser latina, more- na y formar parte de grupos sociales que sf tienen discriminacién hacia el sexo, se provoca una reaccién secundaria en la poblacidn sajona que se traduce en actitudes sexistas y concluyen en la explotacién de las mujeres de origen mexicano. A todo ello se suma la disimulacién de la oportunidad sucial, educativa y politica. Maria ha reunido una biblioteca muy especializada sobre los pro- blemas femeninos en el mundo, por lo que no deja pasar oportuni- dad para traer del extranjero toda clase de literatura al respecto. Su espiritu deportivo la ha llevado a tener problemas de ligamentos, y sin embargo, a la vuelta de cada viaje se la ve cargando siempre enor- mes maletas —a veces mds grandes que ella— llenas de libros. A causa de que las oportunidades para plantear sus conocimientos y sus inquietudes son pocas, no deja pasar una sola reunién que enca- re el problema y le permita relacionarse con los especialistas de otros paises. Innumerables son los diplomados, becas, ponencias, exdme- nes profesionales, clases, resefias de libros, dictémenes de proyectos, articulos y libros en donde ella es destacada protagonista cuando la discusidén versa sobre el papel que las mujeres desempefian en la so- ciedad. ‘Marla J. Rodriguez Shadow Sirvan estas palabras para presentar a la autora del libro que se iene en mano. No es una improvisada ni una oportunista. Es una persona preocupada desde su infancia por tener una mirada critica el papel subordinado que desempefian las mujeres en las socie- des del pasado y del presente; lucha para la cual se ha preparado jempre y que lleva a cabo a través de estudios e investigaciones cien- ficamente comprobables. Beatriz Barba de Pita Chan INTRODUCCION En Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México, mi pro- posito es examinar la forma en la que se construye la identidad feme- nina a partir de dos dngulos de andlisis: la etnicidad y las culturas de trabajo en Mora, una comunidad rural ubicada en el norte de Nuevo México. He abordado esta tematica desde el enfoque de la Antropologfa de Género, campo de estudio que ha demostrado desde una perspectiva comparativa que las nociones de género son distintas en diferentes espacios sociales y épocas y que el género es en s{ mismo una cons- truccién simbdlica en la cual siempre se requiere especificacién den- tro de un contexto determinado, aludiendo al mismo tiempo a la forma en que lo femenino, la etnicidad y la pertenencia a una clase social se intersectan en contextos histéricos especfficos (Sanday, 1981; Cérdova et al, 1993; Andersen y Hill, 1992; Sanday y Gallagher, 1990; cfr, Moore, 1988: 192-193). Aqui planteo como central la respuesta a la cuestién: ;cudles son Jas practicas materiales y simbédlicas que permiten a las mujeres de Mora forjar una nocién de identidad en su dimensién de género, de “grupo étnico y de cultura de trabajo? Tradicionalmente la mayoria de las investigaciones antropoldgicas, desde la constitucién de este campo de estudio, se habfan enfocado en las actividades o percepciones masculinas de las actividades y ex- periencias de las mujeres. Sin embargo, las mujeres como sujeto de andlisis han ocupado la atencién de las y los antropdlogos desde hace nds de 40 afios. Los estudios pioneros llevados a cabo en diferentes -contextos culturales por Mead, Linton, Murdock, Evans-Pritchard, Malinowski y Lévi-Strauss muestran el interés que existe por desen- -trafiar los modos en los que diversas sociedades expresan las diferen- cias entre hombres y mujeres. Durante la década de los sesenta y ochenta del siglo XX se desarro- llaron muiltiples estudios en los que se critica el androcentrismo que -impetaba en los enfoques adoptados en los primeros trabajos y se inicia el andlisis del significado de las diferencias sexuales, entre estas 13 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México investigaciones se destacan las de Oakley (1973), Rosaldo y Lamphere (1974), Reiter (1975), Martin y Voorhies (1975), Kesler (1976), Ortner y Whitehead (1981), Leacock (1981), Friedl (1967, 1975) y Méndez (1988). Con la contribucién continua de varias estudiosas en esta tematica ha llegado a conformarse el campo que en la actualidad se denomina Antropologia de Género, que al tener como preocupacién central conocer el origen de la opresién femenina, ha profundizado en el problema de la construccién social del género y en particular en la identidad femenina. 2Cémo se construye la identidad femenina?, ;qué elementos la cons- tituyen?, gcémo se condiciona tal identidad?, ;qué modifica la condi- cién femenina?, ;qué significa la feminidad?, jen qué se funda la femi- nidad en tiempos y espacios diversos? Estas son algunas de las cuestio- nes més urgentes en las que los estudios recientes se enfocan con el Animo de llegar a un entendimiento sobre la forma en la que las socie- dades organizan las diferencias sexuales y la manera en la que se lleva a cabo el proceso de significacién de género (Ramos, 1991: 11). La importancia de este concepto en el campo de Ja Antropologia se basa en el hecho de evidenciar que las diferencias sexuales son el resultado de una construccién social que se extiende a multiples es- pacios, cuya dimensién simbélica encierra una enorme potenciali- dad, en relacién con el proceso de construccién de identidades. Asi- mismo, es un concepto que pone en el centro las relaciones de poder implicitas en la diferenciacién sexual (Lara, 1991). Para cubrir los propésitos que enuncio mas adelante he adoptado las premisas y el enfoque propuesto por la Antropologfa de Género (véase también Lagarde, 1990; Morgen, 1989; Andersen y Hill, 1992). 2Por qué la adopcidn de esta dptica y no la de la Antropologfa tradi- cional? Porque estoy de acuerdo con Lamas (1986:189-190) en que aquella «lo que basicamente aporta es una nueva manera de plantearse viejos pro- blemas. Los nuevos interrogantes y las diferentes interpretaciones que se generan no sélo ponen en cuestién muchos de los postulados sobre el ori- gen de la subordinacién femenina (y sus modalidades actuales), sino que replantean la forma de entender o visualizar cuestiones fundamentales de Ja organizacién social, econdmica, politica, como el sistema de parentesco Marfa J. Rodriguez Shadow _y matrimonio... permite delimitar con mayor claridad y precision cémo la diferencia cobra la dimensién de desigualdad. originalidad y la pertinencia de esta investigacién se relaciona con hecho de que en el drea en la que Ilevé a cabo el trabajo de campo ‘no ha sido conducido ningtin estudio antropoldgico que aborde las cuestiones aqui propuestas. Pienso que la relevancia de este trabajo ide en que el andlisis del proceso de constitucién de las identidades eninas en un contexto rural en el norte de Nuevo México permi- 4 una apreciacién mds cabal de los fenémenos relacionados con el ero como un aspecto fundamental de las relaciones sociales de poder, las dimensiones de la identidad étnica y del significado, asi como el valor del trabajo femenino. - Efectué el trabajo de campo durante un afio (junio de 1991, mayo de 1992) periodo en el cual levanté una encuesta y Ilevé a cabo entre- stas informales en las que recog{ una parte del material que se engloba el cuerpo de este trabajo. La encuesta levantada es del tipo “inten- cional”, que pertenece a la categoria de las no representativas; de acuer- ‘do con los expertos, ésta suele ser util al examinar subgrupos que son ficiles de estudiar mediante los estudios de cuota o probabilidad, aunque tiene la desventaja de que los resultados no pueden ser usados para hacer inferencias sobre la distribucién de las actitudes 0 conduc- de la poblacién total." Varios fueron los objetivos de esta investi gacién: 1. Identificar los contenidos y las expresiones de la identidad femenina. Examinar los elementos estructurales que inciden en la construc cién de la identidad étnica de las mujeres de Mora. Describir los tipos y grados de participacién femenina en la estruc- tura ocupacional, la divisién sexual y los procesos de trabajo y su impacto en la construccién de la identidad femenina. Para cumplir con los objetivos expuestos: a) Entrevisté a 38 mujeres de la comunidad con el propésito de obte- her informacién sobre las formas en las que ellas se ven a si mismas y 'Véase en Abramson (1987) las limitaciones de esta técnica. Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México el modo en el que se sittian en la sociedad global, tanto en relacién con su identidad étnica® como con el tipo de trabajo que realizan. b) Realicé varias entrevistas formales e informales con mujeres adul- tas para determinar la naturaleza de sus funciones y los deberes y responsabilidades que son asignados como pareja y en el interior dela unidad doméstica. ©) Participé en la vida social, festiva y ritual de la comunidad (obser- vacién-participacién). d) Llevé a cabo investigacién hemerogréfica en el State Records Center and Archives of New Mexico (Santa Fe) y el Records Center, de Highlands University (Las Vegas, NM) examinando censos y periédi- cos para analizar el contenido simbélico de los discursos periodisticos. Las premisas de las que parti fueron: 1. En la construccién de su identidad las mujeres de Mora reciben influencias de la cultura nacional dominante, de las tradiciones re- gionales, de las instituciones religiosas y politicas de la comunidad y de las representaciones culturales y las estructuras de significados aso- ciadas con el género femenino, su grupo étnico y el trabajo que des- empefian. 2. En el contenido y las representaciones relacionadas con la identi- dad de las morefias influyen el lugar que objetivamente ocupan en la esttatificacién social, el poder social que detentan, el trabajo que des- empefian, el grado de instruccidn, el estado civil, la edad y el acceso que tengan a los bienes materiales y simbélicos. 3. La construccién social de la identidad femenina en Mora sélo po- dra entenderse si la enmarcamos en la dindmica de un sistema social en tensién en la cual hay oposiciones, contradicciones y antagonis- mos de muy diversa indole. Por ende, la construccién de la identidad por las mujeres de Mora contendrd elementos contradictorios, in- coherencias y desniveles; en suma, serd fragmentaria, inconexa y prag- matica. 2 Debido al carécter especifico de los objetivos de mi investigacién sdlo. entrevisté a mujeres que hubieran nacido entre 1900 y 1970 (procuré obtener una muestta de todos fos estados civiles) y que fueran originarias de este condado, 16 Marfa J. Rodrfguez Shadow Los sistemas identitarios, en tanto que construccién ideoldgica y “conceptual, constituyen el resultado de un proceso histérico a través "del cual se han producido y reproducido elementos de contrastacién ‘diferenciada en la relacidn ellos/nosotros. En ese proceso histérico han funcionado determinados factores con distinta incidencia causal en telacién con las diversas dimensiones de la identidad: la etnicidad, ‘el género, la clase, cultura del trabajo, que son referentes ineludibles todo anidlisis de las identidades, precisamente por su capacidad estructurante de la realidad social. Junto a esos factores, pero ubsumidos en ellos, acttan otros elementos como el territorio, las stituciones politicas, las formas especificas de interaccién social, los istemas magico-religiosos y los rituales festivos, entre otros (Palenzuela Hernandez, 1993:132). _ En Antropologia, el concepto de identidad se ha ido construyen- 1o para tratar de explicar qué es lo que permite generar en los indi uos un sentimiento de pertenencia a una colectividad. La identidad hace referencia a un proceso social, en virtud del cual la conciencia de *yo/nosottos” surge por oposicidn o contraste con el “otro/ellos” y sO supone un movimiento que tiene como base el conjunto de las practicas sociales. En tanto que proceso, la identidad es entendida estructuradas culturalmente y organizadas desde un lugar social par- ticular que origina distintas dimensiones de identificacidn: de géne- 9, de etnicidad, de trabajo. Las identidades de género no son estaticas, sino fluctuantes y apare- como niveles particulares de estructuracién y reconocimiento de lertos grupos al interior de una gran comunidad identitaria. Enton- es, la identidad de los actores se conforma a partir de una primera gran ificacién genérica, de ese modo, las referencias y los contenidos ge- tics son hitos primarios de la conformacién de los sujetos y de su identidad. En torno de ellos se organizan y con ellos se conjugan otros ele- Mentos de la identidad como los derivados de la pertenencia real y Subjetiva a la clase social, al mundo (urbano 0 rural) y a una comuni- id étnica, nacional, lingiifstica, religiosa o politica. La identidad se Wutre también de la adscripcién a grupos definidos por el Ambito de teteses, por el tipo de actividad, edad, periodo del ciclo de vida y BES todo lo que agrupa o separa a los sujetos en Ja afinidad y la Citerencia” (Lagarde, 1990:773). Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México La identidad femenina, por tanto, no estd constituida por un con- junto particular de atributos ni por una ficcién simbdlica omnipre- sente ¢ invariable. Los atributos y las caracteristicas femeninas sdlo adquieren relevancia en el contexto en el que éstas se sittian. La iden- tidad femenina, al ser perfilada en un espacio colectivo y enmarcada en una red particular de relaciones econdémicas, institucionales, sim- bélicas y politicas, tendera a tener un cardcter cultural especifico. Las relaciones entre las categorfas de género, etnicidad y culturas de trabajo son relativas. Relativas en el sentido de que tales relaciones se establecen dentro de un determinado contexto histérico, un cédi- go cultural especifico y una practica discursiva concreta. Cuando hago referencia a la identidad femenina parto de la pre- misa de que ésta no surge del hecho mismo de ser mujer, sino de las determinaciones sociales que impone el hecho de serlo, es decir, de lo que significa ser obrera, campesina, artesana o intelectual, desde un lugar definido por su sexo, y al mismo tiempo, de lo que significa ser mujer desde un lugar social determinado por la pertenencia a un gru- po étnico especifico o realizar cierto tipo de trabajo (Lara, 1991; Abel y Nelson, 1990; véase también Gonzalez, 1994). Una de las categorfas de andlisis que empleo aqui es la de género. Originalmente el concepto de género fue elaborado para establecer la diferencia entre sexo bioldgico ¢ identidad genérica ya desde 1955 por Money y por Stoller en 1968. Posteriormente Rubin (1976) la empleé para aludir a una construccién social de lo masculino y lo femenino. Género, es entonces, el conjunto de cualidades econdmicas, socia- les, psicolégicas, politicas y culturales atribuidas a los sexos, las cuales constituyen a los actores sociales, mediante procesos sociales y cultu- rales, esto ¢s, tanto a los sujetos como a los grupos sociales. La distin- cidn entre sexo y género es necesaria para entender cémo se imbrican, através de un complejo proceso individual y social de adquisicidn del género, los rasgos definidos como femeninos. Al emplear esta categoria analitica no significa que se deje de reco- nocer las obvias diferencias bioldgicas que existen entre hombres y mujeres, lo que establece es que la manera en la que ambos son consi- derados, la valoracién social que reciben y la divisién sexual del trabajo, son construcciones sociales que van més alld de lo que las diferencias bioldgicas pudieran determinar (Lipsitz, 1993; Lagarde, 1990). Marfa J. Rodriguez -Shadow Existe suficiente evidencia emp(rica que apoya la afirmacién de jue el significado atribuido al concepto de género, concebido como a interpretacién simbélica de lo bioldgico, puede ser distinto de a cultura a otra y alo largo de la historia.’ En la sociedad mercantil idental, en la diferenciacién entre géneros, los dos sexos bioldgi- cos son caracterizados como opuestos y se le asigna a uno de ellos, el masculino, un mayor poder y prestigio. Entonces, el concepto de der se emplea en dos niveles, uno de ellos para analizar las relacio- “nes que se establecen entre los géneros en esta comunidad rural y en el examen de las relaciones de poder y asimetria presentes entre la comunidad de estudio y la sociedad global hegeménica. En el marco de este trabajo considero la identidad ¢tnica como ‘una construccién histérica que elaboran agentes sociales concretos para autodefinirse, en virtud tanto de influencias externas (Estado, lesia, escuela, medios de comunicacidn) como de factores internos ero, clase social, trabajo y religiosidad).* El factor clave en la pre- rvacion de la identidad étnica de un grupo subordinado reside en proceso de oposicién y conflicto “entre estas gentes y quienes rentan el control de las agencias estatales” (Spicer, 1971:797). EI nticleo de este sistema de identidad descansa en la idea 0 ima- en (real o inventada) de una experiencia histérica y cultural compar- tida, en Ja cual los eventos del pasado histérico grupal y la cultura son idos, recordados y (re)interpretados. Entonces, un sistema de iden- ad es un conjunto de significados compartidos representados y presados en ciertos simbolos. Al igual que otros aspectos de la cultura, esos simbolos estén suje- tos cambios pero, debido al grado en el que ellos contintian operan- do para definir limites y diferenciar a un grupo particular de otro, “Constituyen elementos clave para contribuir a la persistencia de un Ipo social especifico. En otras palabras, no es tanto el contenido mal o el origen de la cultura del grupo el que define su identidad, (0 es el significado social colectivamente asignado al complejo de 9s elementos culturales. Véase en Sanday (1981) una argumentacién en favor de las variaciones culturales de las Aciones de dominacién-subordinacién. “omunidad de estudio. Tdentidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México: Desde esta perspectiva, la identidad étnica de los grupos subordi- nados es un fendmeno dindmico, entendido éste no sélo en términos de inercia cultural o de un proceso interno del grupo mismo, sino como resultado de la interaccidn entre distintos grupos étnicos que se encuentran a sf mismos en competencia por recursos y/o por el con- trol de nichos ecoldgicos y territorios espectficos. La naturaleza de este proceso oposicional es complejo en su con- tenido y multifacético en sus expresiones. Sus manifestaciones se extienden a través de un espectro entero de conducta sociocultural (politica, econémica ¢ ideoldgica) y las estrategias empleadas en el proceso de oposicién pueden comprender desde la resistencia abierta hasta la acomodacién silenciosa y/o la asimilacién. La identidad de los actores no encierra una propiedad sustantiva, més bien posee un cardcter de contraste. Se define siempre tespecto de “los otros,” en este caso a los anglos, “los gringos”, como denomi- nan a la otredad en esta comunidad. Las mujeres, como se analizard en su momento, ven a los anglos (positiva o negativamente) y son vistas por éstos de manera especial y diferente en razén de su sexo. Las mujeres de Mora mantienen frente a los anglos una actitud y una posicién distintas a las de los varones del pueblo y pueden relacionar- se con los anglos de maneras particulares: pueden ser cortejadas, ca- sarse y proctear hijos con ellos. En esta investigacién he utilizado el concepto de cultura de traba- jo ya que éste permite examinar la forma en la que se concibe, organi- zay distribuye el trabajo, estudiar los problemas del significado de las labores desempefiadas por las mujeres, del lugar que éstas ocupan en su existencia y de cémo influye en los distintos ambitos de su vida social, asf como en la construccién de su identidad. Parto de la premisa de que los trabajos que las mujeres desarrollan en el Ambito domeéstico y los que realizan en la esfera mercantil que representan un ingreso, desempefian un papel de especial importan- cia en su autodefinicién, toda vez que las reas donde se llevan a cabo esos procesos de trabajo se constituyen en espacios simbélicos que les otorga o despoja de conocimientos y poderes que influyen en la con- formacién de identidades diferenciadas y dan sentido a su participa- cién en la sociedad. Mora, el lugar de estudio, se ubica en la vertiente oriental de la seccién de las Montafias Rocosas, conocida con el poético nombre de Sangre de Cristo. Esta considerado como uno de los valles mas bellos 20 Marfa J. Rodriguez -Shadow férciles de la zona nortefia de Nuevo México. Actualmente est4 com- puesto por una veintena de pueblitos, los cuales apenas si lograban eunir, en el afio 2000, un poco mis de 4 000 personas. El escaso desarrollo del condado resulta evidente si lo compara- os con su vecino, San Miguel, que se encuentra a escasos 50 kilé- metros. En Mora, a diferencia de San Miguel, las calles carecen de pavimento y drenaje, no hay centros deportivos, de diversiones 0 co- erciales, no cuenta con un periédico local ni el condado edita una revista de turismo. Mora, que tiene un patrén de asentamiento muy disperso, posee un sistema municipal de agua, servicio telefénico, energia eléctrica, una escuela elemental, una secundaria, un pequefio permercado, un banco, tres gasolineras, una oficina de correos, dos eterias, un restaurante, una iglesia dedicada a Santa Gertrudis, patrona local, y una pequefia clinica médica particular. Mora se halla localizado en el corazén del asentamiento mexicano del norte de Nuevo México y comparte muchos de los rasgos cultura es de la regidn, aunque no constituye una réplica de las comunidades situadas al oeste del drenaje del Rio Grande. Debido a una variedad de razones histéricas, ecoldgicas y socioldgicas, el condado de Mora “es visto como una variante local de las adaptaciones mexicano nortefias de Nuevo México. Actualmente, se considera que el Condado de Mora es uno de los ds pobres del estado de Nuevo México. Sin embargo, no siempre ue asi, en las postrimerias del siglo XIX y en las primeras décadas del xx, Mora participé intensamente en el comercio y produccién co- Mercial agropecuaria al suministrar esos productos al destacamento nilitar establecido en Fort Union y a otras comunidades del este de Nuevo México y la regién surefia de Colorado. _ Un gran ntimero de molinos de grano, la mayoria propiedad de iwlos, fue construido en el drea de Mora y miles de borregos fueron 3 tualmente pastoreados y embarcados desde el sector este del conda- do. En la segunda década del siglo xx la poblacién alcanzaba casi los 14 000 habitantes.> _ La visidn que se tiene de Mora en ese entonces es de un préspero entro regional basado en el comercio y la produccién agropecuaria ue experimenté un tremendo colapso econdémico después de las pri- eras décadas del siglo xx. Como resultado del deterioro ecoldgico, Pero de 1940 a 1980 la poblacién cayé de 10 981 a 4 205 (Knowlton, 1988:70). 21 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México la depresién, el cierre de los fuertes militares y la pérdida de las tierras comunales de pastoreo en favor del gobierno federal, mucha gente abandoné el 4rea y la poblacién decliné precipitadamente. Mas allé de estas generalidades, sin embargo, poco es lo que se sabe. Son muy escasos los estudios antropoldgicos que se han realizado en comunidades como Mora y atin son pocas las investigaciones de algtin tipo efectuadas en los pueblos del este de Sangre de Cristo. Casi todo el trabajo etnogrdfico se ha enfocado en la dindmica de las relaciones interétnicas y se ha llevado a cabo en los pueblos més aisla- dos, orientados a la autosubsistencia y que se localizan en el drenaje del Rio Grande y Chama (véase Nostrand, 1992; Kutsche 1979; Kutsche y Van Ness,1981; Leonard y Loomis, 1941). La poblacién rural del norte de Nuevo México ocupa una posi- cién subordinada dentro de un amplio sistema social dominado por los anglos. Desde la segunda mitad del siglo XIX, esas comunidades han estado sujetas a una larga explotacién econédmica, prejuicio étni- co, aislamiento, discriminacién laboral, subordinacién politica y des- valorizacién social. De todas maneras, a pesar de estas presiones o quiz4 mds correctamente como resultado de ellas ese grupo contintia autodefiniéndose como gente con una idiosincrasia propia. Como ya se sabe, el método que emplea todo cientifico para acer- carse a la realidad objeto de andlisis nunca es neutral o imparcial (Alonso, 1989 y 1990). En realidad, el método que eligen las y los investigadotes para analizar los fendmenos de su interés est condi- cionado por una determinada visién del mundo, no es algo neutro que forme parte y esté al servicio de una ciencia “imparcial”. Aunque sdlo sea brevemente, deseo expresar el porque eleg/ el tema que abordo aqui y el cémo del enfoque. Otra vez, como ya lo sefialé en un estudio que realicé con anterioridad (Rodriguez-Shadow, 2000a), cuando se investigaba y se escribia sobre “los aztecas” se hacia referencia sdlo a “lo importante”, esto es: la guerra, la filosofia, el arte, el sacerdocio, el comercio o la politica. En los andlisis de la sociedad azteca sdlo se estudiaba lo “relevante”: las actividades masculinas. ;Qué se decia de las mujeres?: casi nada, unas I{neas en este libro, unos parrafos en aquel otro y ya, eso era suficiente. ;Para qué gastar tiempo y tinta en estudiar lo superfluo? esa es la misma motivacién que me impulsé a escribir sobre las mujeres de esta area. Maria J. Redriguez -Shadow En términos generales Nostrand (1976, 1992), Moquin y Van ‘Doren (1971), Chavez (1986), Anaya y Lomeli (1989), Meier y Ri- yera (1972), Vigil (1980), Jenkins y Schroeder (1974), Knowlton (1961) y Lomelf, Sorell y Padilla (2002) quienes han documentado ‘Ja historia de los chicanos,° se han ocupado de estudiar a este grupo como si se tratara de una masa compacta, como si los actores sociales no tuvieran género, escatimando obstinadamente todo esfuerzo por al alizar el papel que el sector femenino ha desempefiado en la cons- truccién de esa historia. Hay pocas excepciones a esta regla, En mu- ‘chas ocasiones hasta Ilegan a omitir las diferencias clasistas que hay ‘eneste grupo.” Para muchos de los especialistas de esta regién del suroeste, las mujeres constituyen un asunto menor. Sus afanes se han enfocado en | examen de cuestiones especfficas: denunciar la explotacién de las riquezas naturales (de Buys, 1991; Meyer, 1984), escudrifiar los ar- ivos en los que se ventilan las disputas legales para reseftar el despo- jo de las tierras comunales (como Knowlton 1988; Westphall, 1983; ‘Chavez, 1986; Weber, 1976; Hall, 1984, 1991; Keleher, 1984 y bright, 1991, 1994, entre otros); indagar los pormenores de la con- ‘tienda entablada con los anglos por la preservacién étnica (Rosenbaum, 981; Mewzgar, 1974; Rodriguez, 2002, 1990, 1987); examinar su cultura (Arrieta, 2002; Leonard y Loomis, 1941; Knowlton, 1961); estudiar las relaciones comerciales tempranas (Moyano, 1976; Weber, 1982), analizar el desarrollo de la ganaderia en Nuevo México (Baxter, 1987; Eastman y Gray, 1987), las rebeliones armadas (Goodrich 1972), las pugnas politicas (Holmes, 1967; Larson 1968), la evolu- © El término “chicano” sélo lo usaré aqui para aludir a los nuevomexicanos que intervie- hen en actividades politicas. Muchos autores lo emplean para referirse a portortiquefios, ‘cubanos y otras nacionalidades de hispanoparlantes independientemente de su compor- famiento politico. Ese mismo problema se presenta con la voz hispano. Hay otros estu- diosos que nombran hispanos, latinos, manitos, mexicano-estadounidenses, mexican- ‘ameticans o “raza” alos miembros de los grupos que permanecieron en la regién conquis- tada por los norteamericanos después de la guerra de 1847. Hubo pocas excepciones a esta regla; una de ellas es Laumbach (1933:256) quien sostie- “RE que “Despite the similarity of some national characteristics, the type of life which the Poor and the rich led was vastly different”. Otra es Lufkin (1988:11) quien menciona que ‘fas casas de la gente rica en Santa Fe eran muy distintas y més confortables que las de Los Pobres; también Vigil (1980:106) quien distingue las viviendas de acuerdo con la clase Social, Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México cién de la arquitectura nuevomexicana (Lufkin 1988),° las herman- dades religiosas masculinas (Weigle, 1970, 1976; Chavez, 1954; Reagan, 1905), las asociaciones con fines productivos (Crawford, 1989), las instituciones religiosas (Medina 1962; Anonymous, 1946; Atkins, 1980), la disputa por el agua (Rivera 1998), las prdcticas y creencias religiosas (Chavez, 1979; Roybal, 1971; Walker, 1991; Salpointe, 1898), el arte religioso (Steele, 1982), el uso o la persisten- cia del lenguaje espafiol (Meléndez, 2002; Salado, 1990; Oczon, 1979), las biograffas de hombres destacados (Paredes, 1985; Alcon, 1990; Mares, 1989), las actividades agricolas (Gritznet, 1974) o la educacién bilingiie (San Miguel, 1987), pero nada dicen de cual ha sido el papel de las mujeres en esos aspectos de la cultura 0 su contri- bucién a la construccién y recreacién de su sociedad. Incluso los especialistas (por ejemplo Rodriguez 2002, 1990, 1987; Chavez 1986; Simmons, 1976) que han escrito historias del estado (como Reeve 1961; Beck, 1962; Simmons, 1988; Jenkins y Schroeder, 1974; Roberts y Roberts, 1988; Etulain, 1994; DeMark, 1994; Mann y Harvey, 1955), ensayos y monograffas (como Kutsche y Van Ness, 1981; Kutsche, 1979; Van Ness, 1979; Leonard y Loomis, 1941) 0 novelas (como Arellano, 1992) respecto a esta 4rea poco han dicho sobre las mujeres y sus actividades. Algunas académicas y militantes feministas han escrito sobre las mujeres, entre ellas pueden citarse a Blea (1992), Mirandé y Enriquez (1979), Moraga (1986), Del Castillo (1990), Moyano (1992), Segu- ta (1992, 1993), Pacheco (1991), Segura y Pesquera (1998), Casasa (1992), Dysart (1976) y Cérdoba (1993). Hay apenas un pufiado de investigadores varones que se han preocupado por estudiar ciertos aspectos de la condicién femenina, entre éstos estan Griswold del Castillo (1989) y AhIbort: (1990). ® Aunque Lufkin (1988) habla extensamente sobte los estilos arquitecténicos y los mate- Hales y las formas constructivas, no menciona que el trabajo de la construccién era una labor asignada a las mujeres. Foote (1985:25) sefiala que entre los indios pueblo la cons- truccién de las casas era un trabajo tradicional femenino y las mujeres mexicanas apren- dieron de ellas el arte de hacer las casas de adobe a la usanza de estos indios. Este estilo arquitecténico se siguié usando hasta poco antes de la Segunda Guerra Mundial; ahora a la gente le resulta més barato o mas cémodo comprar una casa preconstruida o si desea ampliar su casa de adobe sélo agregan un trdiler a su solar 24 Maria J. Rodriguez “Shadow Algunos escritoras/es ¢ historiadoras/es del suroeste, aunque no esatrollan estudios sobre la cuestién femenina a profundidad, cuan- do menos anuncian al lector que las mujeres existian y mencionaron go de cllas (verbigracia Scholes, 1976; Ludwig y Santibafiez, 1971; Gonzalez, 1969; Leon, 1977; Laumbach, 1933; Atkins, 1980; McWilliams, 1972; Maggoffin, 1926). Hay otras obras en las que se ‘examinan algunos aspectos especificos de las nuevomexicanas como Jensen, 1986; Jensen y Miller, 1986; Jenkins, 1983; Myres, 1982; Foote, 1985; Buxd, 1987; Gutiérrez, 1985, 1991; McDowell, 1982; Lacy, 1959; Elsasser et al., 1981; Lecompte, 1986; Rock, 1990; Jaramillo, 2000; Lamadrid, 1990; Martin, 1992; Deustch, 1987a, 1987b; Mendoza, 1971; Waters, 1987; Simmons, 1980.’ Otros investigadores que escribieron especificamente sobre Mora jeron escasas observaciones sobre las mujeres y sus actividades pro- ductivas o su papel como reproductoras de la cultura, entre ellos pue- den mencionarse a Alcon (1990), Rivera (1979), Chavez (1955), Vigil (1981), Knowlton (1988), Goodrich (1972), Bullock (1981), Hanoch (1967) y Arellano (1992).!° Pienso que este estudio, en el que se explora la forma como se entretejen los hilos de la identidad femenina con los de las culturas de trabajo y los sentimientos étnicos en Mora, permitird ilustrar la false- dad del determinismo bioldgico, corriente de pensamiento que expli- ca (justifica y legitima) las desigualdades sexuales, de raza y de rique- way poder aduciendo que estas asimetrfas estan “inscritas” en la natu- raleza humana, estableciendo de este modo que las jerarquias sociales estén determinadas biolégicamente, siendo por lo tanto inevitables e inmutables (Lewontin e¢ af, 1991). Con esta investigacién uno de los propdsitos implicitos es poner sobre la mesa la cuestidn: gpor qué Jo diferente es desigual? Creo que en efecto, los seres humanos, en ° Lo que eseribieron Mendoza (1971), Simmons (1980) y Waters (1987) son novelas. La de Waters, por ejemplo, describe, en términos generales, a la gente de Mora y en especial Ia vida de “Maria del Valle” ‘thiddle-age, shrewd, irascible, intui thera que de joven era “free in her love; then in the and then as an old woman, independent of both ‘state and church, and the leader of her whole community”. Su relato tiene un fuerte sabor de ficcién roméntica, por otra parte, las obras de Buss (1980) y Jaramillo (2000), que son iografias, presentan ese mismo problema, "La novela de Arellano (1992), ganadora de un premio y reconocimientos, trata sobre la historia del borrachin del pueblo, una especie de Pito Pérez nuevomexicano. oo Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México este caso las mujeres, no pueden estar desvinculadas de su propia biologia, pero tampoco estan encadenadas a ella."! En el marco de esta investigacién adopté la terminologia que a continuacién expongo, advirtiendo a los y las lectoras que ésta no es las mds aceptada por los académicos y menos por los grupos politicos que acttian como grupos de presidn en esta regidn. En torno al térmi- no que debe ser usado para hacer referencia a la colectividad que estudio existe poco consenso. Sin embargo, la que propongo ser til pata mis propésitos, a fin de diferenciar los grupos sociales a los que me refiero. Cuando haga uso de la palabra chicano(a), la haré para designar a los grupos de ascendencia hispana (0 de progenitores mexi- canos) que militan polfticamente para obtener reconocimiento de sus derechos legales. Cuando mencione a los y las mexicanas estaré hablando del grupo que es objeto de mi interés aqui, es decir, con este término hago refe- rencia a las personas de Mora, nuevomexicanas rurales que se autodesignan como mexicanas para diferenciarse de los “gringos”, que representan para ellas la “otredad,” sin que por ello quiera decir que son ciudadanas mexicanas 0 que se identifican con los mexicanos, gente nacida en la repiblica mexicana como quien esto escribe. Por supuesto que al usar el término “mexicano” 0 “mexican” para referirse a sf mis- mos no significa que no se consideren ciudadanos norteamericanos, simplemente usan esta palabra para hacer referencia a su cultura. En ocasiones, muy pocas, emplearé la palabra “mexicanos” para referirme a los nacidos en la republica mexicana; pero siempre que esté aludiendo a los ciudadanos de mi pais haré la aclaracién corres- pondiente. En todo caso, cuando la gente de Mora habla de un “mexi- cano” (oriundo de México) lo hacen sefialando su lugar de nacimien- to (por ejemplo: “mi prima esta casada con un mexicano de Guadalajara”). Cuando las personas de Mora que se han ido a estudiar, a trabajar 0 aresidir a un medio urbano (sea éste Albuquerque, Taos, Cheyenne o Santa Fe) tienen buen cuidado de abandonar el término “mexicano” como autorreferente, pues se podria interpretar que son “mojados” y prefieren usar el vocablo “taza,” “hispano” o “manito” para evitar ser confundidos con los mexicanos sean éstos residentes ilegales o no. En ' EI cjemplo més pedestre es que sélo las mujeres paren hijos, pero no todas las mujeres engendran, aunque tengan la capacidad biolégica para hacerlo, 26 Marfa J. Rodr{guez Shadow sunos casos, la gente de Mora “trasplantada” suele adoptar, si ha gstido a la universidad el autorreferente Spanish American o, si ha do politizada, usard la expresién “chicano”. “Me sirvo de la voz “gringo”? para aludir a la gente blanca, sgloparlante, generalmente —aunque no exclusivamente— protes- ‘ante y fuerefia. La he adoptado siguiendo la tradicién local. Por lo egular la gente de Mora la emplea dandole un sentido descriptivo, ero cuando desean expresarla en forma despreciativa sdlo modifican entonacién o hacen gestos faciales. La palabra “coyote” la empleo, de acuerdo con el uso local tam- bién, pata referir a las personas —hombres 0 mujeres— que son pro- -ducto de uniones de gringo y mexicana o de mexicano y gringa. - Debido a que durante la segunda mitad del siglo Xx, llegé a Mora gente procedente de Alemania, Austria, Polonia, Irlanda, Francia y otras partes de Norteamérica como Missouri, Nueva York y Filadelfia -persisten en la regién muchas familias con apellidos de esos lugares, embargo, como los inmigrantes se casaron con morefias y experi- mentaron un proceso de asimilacién, sus descendientes, pese a su ellido no-mexicano, se consideran a si mismos, por sus tradiciones turales e idioma, mexicanos. ~ He desarrollado en cinco apartados los puntos que consideré tele- tes; una seccién introductoria y cuatro capitulos. En el capitulo 1 stesento, a grandes pinceladas, una historia de Mora, despreocupan- lome de fechas y personajes, pero atenta a los grandes procesos eco- némicos y politicos que han conformado esta regién y que le dan un sabor cultural particular, esta seccién fue elaborada con base en revi- ‘sién bibliogrdfica y hemerogréfica. El capitulo 2 versa sobre la “Identidad femenina’. En él se destaca el examen de los elementos a partir de los cuales las morefias constru- yen su identidad genérica; para cubrir este propésito las entrevistas ‘tealizadas, asi como el examen de los cuestionarios aplicados, fueron de gran ayuda, ademas, concedf especial atencién a los discursos ela- rados por las mujeres en las prdcticas sociales y la interaccién coti- lana. Mi propdsito en este apartado es identificar los contenidos y expresiones locales de la identidad femenina analizando las repre- ™ Es necesario mencionar que aunque la gente de Mora usa otras palabras para referirse a “los anglos: “bolillo” y “gabacho,” aquf emplearé sélo la vor “gringo,” ya que es la més Identidad femenina, etnicidad y wabajo en Nuevo México sentaciones sociales y las practicas culturales que inciden en la cons- truccién de la misma. En el capitulo 3 abordo la identidad étnica femenina. El enfoque que empleo en el tratamiento de este tema est notoriamente influido por la nocién de que las identidades socioculturales no son creadas, sino productos de un proceso histérico particular de cada colectividad, cuyos miembros no son los autores, sino sus protagonistas, y a través del cual se van conformando los cimientos de dicha identidad. La perspectiva adoptada, como ya he referido antes, es la propues- ta por Spicer (1971), ya que desde aquélla la construccién de la iden- tidad étnica es vista como un proceso, esto es, se le enfoca desde sus Angulos de dinamismo y su articulacién compleja y contradictoria con otros elementos identitarios. Un aspecto que exploro a profundi- dad es el hecho de que las mujeres son, en primer lugar y antes que nada, las responsables de la socializacién de las genéraciones de re- nuevo y por Jo tanto las encargadas de llevar a cabo (consciente o inconscientemente) la reproduccién de esa misma identidad étnica que se suefia comunitaria. En el capitulo 4 examino el papel de los procesos de trabajo y por endea las culturas de trabajo en la construccidn de la identidad feme- nina. Abordo la discusién de los conceptos clave que han servido para ubicar a las mujeres. A través del andlisis de las labores femeni- nas, tanto en el dmbito de las actividades productivas como en la esfera de la reproduccién, espero poder proporcionar un panorama de la forma en que las mujeres se articulan a la economia local en el marco mas general de las relaciones sociales de produccién de la so- ciedad global. La primera parte de esta seccién la dedico a la tarea de reconstruir la historia laboral durante la primera mitad del siglo XX, que servird como un trasfonde histérico. En la segunda parte, que es la medular, trato la contribucidn eco- némica femenina durante la segunda mitad del siglo XX. En esta sec- cién me apoyé fundamentalmente en los cuestionarios aplicados a las mujeres de la comunidad en los que se tocan tépicos relacionados con la divisién sexual del trabajo, las distintas expresiones de las acti- vidades laborales referidas concretamente al trabajo realizado en el interior del hogar, las labores desempefiadas mediante el pago de un salario (como empleadas, secretarias, maestras y enfermeras) y el sig- nificado y las representaciones sociales en torno a ese trabajo. Maria J. Rodriguez. Shadow Bl andlisis de estos datos me permitié descubrir cémo funcionan y forman los elementos clave que configuran el contexto en el ¢ las mujeres efecttian su trabajo, asf como comprender el papel que -corresponde en la economia contemporanea, la forma en la que esas idades conforman una cultura de trabajo y la manera en la que ésta jde en la construccién de la identidad femenina. n la seccién de “Conclusiones” presento un resumen de la infor- cién que he ofrecido a lo largo de esta obra, con la intencién de se tenga una visidn de conjunto de lo tratado. En la seccién de eferencias bibliograficas” sélo menciono a los autores citados, noa Jos consultados, ya que de otra manera dicha seccién resultarfa inne- sesariamente voluminosa. Al final he incluido un indice de cuadros e ‘i eraciones para que las y los lectores ubiquen de manera répida la ormacién contenida en los mismos. CAPITULO 1 HISTORIA DE MORA ROS ASENTAMIENTOS ue no vaya a hablar de ello, debo mencionar que numerosos jpos indigenas (jicarillas, utes, apaches, comanches) ocuparon es- tierras como lugares de caza y campamentos estacionales desde uucho tiempo antes de la Ilegada de los colonos que ingresaban des- le la Nueva Espafia.’ No se sabe con certeza cual es el origen del nombre de este valle, en diferentes versiones en relacién con esto, de acuerdo con al- ‘gunos ese nombre lo recibié porque uno de los primeros colonos se ;pellidaba asf; en opinién de los benedictinos se debe a la fruta de ese arvey, 1955:171). ; Otra versién dice que el nombre proviene de la lengua francesa, uando algunos tramperos galos descubrieron un esqueleto humano 2 orilla del rio y Ilamaron al lugar Leau du Mort (Waters, 1987:18). te un documento oficial fechado en 1845 donde aparece como arcacién de la Demora y en 1867 esta registrado como Valle de ta Gertrudis de lo de Mora. Se supone que el primer europeo en visitar la regién en que Mora fund6 posteriormente fue Coronado, en su viaje de regreso desde is planicies al valle del Rio Grande en 1541. Hacia 1696, la regién fue visitada por Diego de Vargas, quien a la sazén andaba en persecu- cién de algunos indios pueblo hostiles (el término pueblo fue asigna- Por los espafioles para hacer una distincidn entre los indfgenas mo en este libro no analizaré los primeros asentamientos humanos en Nuevo México toaleer a Riley (1995), Dutton (1983) y Wormington (1973); como tampoco trataré Conflictos y la disputa por la tierra entre los espafioles y los indigenas que habitaban la én de Nuevo México desde tiempos inmemoriales suplico a las y los lectores que nsulten Forbes (1994), Spicer (1962) y Riley (1999), quienes elaboran espléndidos Véase en Coward (1999) el examen critico de las imagenes negativas que los i6dicos difundieron de los indigenas y que se imprimié en la mente de los norteame- Nos cuando éstos ocuparon sus tierras, Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México que ocupaban asentamientos permanentes y grupos indigenas néma- das) (Hanosh, 1967:12; Roberts y Roberts, 1988:58). Aunque los dirigentes de estas empresas expansionistas lanzadas por Espajia eran nativos de la peninsula, sus huestes estaban consti- tuidas por personas nacidas en México “generalmente de sangre mix- tay con una cultura que registraba, combinados, elementos indige- nas y espafioles. Estos pioneros ‘espafioles’ no eran ni espafioles ni indios, sino mexicanos” (Weber, 1976:16). Durante el siglo XVIII la regidn en la que se ubica Mora era atrave- sada por comerciantes indios y cazadores de bisontes. Pero como esta zona era frecuentada por los apaches, comanches, kiowas y utes, sdlo se usé como terreno de caza y para el aprovechamiento del pasto. Aunque gente de los pueblos del Rio Pecos pudieron haber pasta- do sus manadas de ovejas y ganado; y tramperos angloamericanos, francocanadienses* y francomisuarianos ¢ indios némadas penetra- ron en la regién hacia fines del siglo XVIII acampando junto a sus tiachuelos, fue en el siglo XIX cuando se inicié el establecimiento de algunos asentamientos permanentes. Desde 1818, los habitantes de Mora habjan solicitado a las autori- dades la creacién de la merced y el establecimiento de una iglesia. De este modo, Mora nacié como un raquitico asentamiento fronterizo de tancheros comunes y corrientes, la punta de lanza del mundo agricola que invadia tierras de los indios y las praderas del Este (Chavez, 1955). En 1820 con la apertura del Camino de Santa Fe se inicié en la regién una intensa demanda de pieles. Muchos tramperos de diversas nacionalidades Ilegaron al 4rea queriendo hacer fortuna mediante la venta de las preciadas pieles de castores, osos, venados, gatos montés y buifalos (Hanosh, 1967:15, 18, 26-27), Esta apertura comercial mativé a oleadas de norteamericanos de- seosos de aventura, hombres de negocios y comerciantes que llega- ron, sobre todo a la zona este de Mora. Para esta época el area ya tenia una poblacién de 300 personas. Al parecer la ocupacién inicial de la tierra carecia del respaldo gu- bernamental o de autoridad oficial y ciertamente la poblacién cargé con todos los peligros de vivir en los limites de la frontera, donde los 2 Entre ellos estaban Ceran St. Vrain, Jeseph Rouelle, Antonio Ledoux, Juan Bautista Brichal y Santiago Bone. Todos se asentaron en Moray se casaron con mujeres mexicanas, fundaron familias y sus descendientes atin viven en la regién. 32 Maria J. Rodriguez -Shadow es de los comanches y otros indios fueron los peligros mds apre- ntes. : : a Merced de Mora, condado cuya cabecera tiene el mismo nom- re, fue reconocida oficialmente por las autoridades mexicanas en El terreno original cubria una superficie de 334 ha y se otorgd familias, todas encabezadas por hombres, excepto una. 4s o menos con la forma de un cuadrado, la Merced de Mora 6 una Idgica ecolégico-econémica. Encuadraba toda la cuenca ior del Rfo Mora y sus tributarios e inclufa dentro de sus {mites un amplio rango de zonas altitudinales y de recursos que se extendian ela rica zona boscosa-maderera de la Sangre de Cristo en el oeste, por los angostos valles cultivables intermontanos de 2 500. msnm inaba en los pastos de las grandes Ilanuras, a la altura de 2 000 derechos de propiedad individual a las tierras de riego ubicadas jun- a los rfos, asi como derechos comunales sobre los recursos de las , praderas y bosques. de los grupos domésticos, Los colonos con familias més nume- sas 0 los lideres recibieron més tierra que los demas (Ebrigh, 1994). De este modo habia cierta desigualdad en la reparticin original e reflejd las diferencias sociodemograficas entre los colonos. Sin embargo, la desigualdad era minima. El 72% de los colonos recibie- ‘uede suponerse que casi todos los residentes permanentes del va- te recibieron parcelas en la reparticién, de manera que ninguna fami- lunque fuera pequefia, carecia de tierra. En fin, se puede concluir een el momento del establecimiento de esta comunidad fronteri- la distribucién de la tierra agricola no estaba muy concentrada y 33 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Aun pese a que desde el momento mismo de la reparticién origi- nal se sentaban las bases para la desigualdad, las disparidades sociopolfticas eran minimas. Esa relativa igualdad no perduré mu- cho; en la década siguiente ya se habfan producido importantes mo- dificaciones a la distribucién de la propiedad de la tierra. La evidencia de esto proviene del tiltimo censo mexicano llevado a cabo en 1845 en donde se anoté no sdlo el nombre, la edad y el sexo de cada individuo, sino también el monto de la riqueza de cada familia, Obviamente esta informacién es muy limitada y mds sugestiva que conclusiva, pero sf apunta hacia el desarrollo de un mayor grado de diferenciacién social en cuanto al acceso a la tierra agricola. Habia dos aspectos de este proceso: por un lado hay indicios de que existian familias que carecian totalmente de tierras agricolas, y por el otro, que hubo mayor concentracién de las parcelas agrfcolas en manos de una pequefia y modesta élite que se iba formando. La legalizacién de esta extensién tan vasta de terreno estaba moti- vada, al menos por dos razones: a) por el deseo del gobierno mexica- no de crear asentamientos que sirvieran de barrera contra la expan- sién norteamericana y b) por la necesidad de abrir la posibilidad de enriquecimiento rapido a través de la especulacién. Asf, resulta claro que esta gran cantidad de tierra abierta estarfa sujeta a fuertes presio- nes para su privatizacidn como resultado del crecimiento econdémico y demogrdfico (Westphal, 1983:56-57). La Merced de Mora estaba formada por tres regiones ecolégicamente distintivas: el érea central, la oriental y la del poniente. En el este de Mora se hallan las llanuras propias para agostaderos y el pastoreo de ganado vacuno y lanar, aqui se fundaron pueblos como Wagon Mound y Rainsville, donde la cra de ganado se convirtié en la actividad mds im- portante. La zona centro est4 dotada de tierras muy fértiles propias para el cultivo, entre los que se inclufan trigo, forraje, mafz, alfalfa, chfcharo, ayena y cebada, all{ se crearon diversas comunidades como Guadalupita, Loma Parda, La Cueva y Santa Gertrudis. En la regién del oeste se en- cuentran las faldas de la alta montafia, donde la industria maderera y la mineria resultaron los medios de ingresos, aqui se establecieron diversos pueblitos como Chacén, Agua Negra y San Antonio. Aunque este pequefio pueblo agricola estaba relativamente aisla- do, debido a las presiones de la floreciente economia capitalista de los Estados Unidos, se modificé la naturaleza de la integracién de la te- Maria J. Rodriguez Shadow dentro de la economia mundial. De un puesto fronterizo pobre- te articulado dentro de un estado en declive, Nuevo México fue wertido en una lejana pero mucho mejor conectada frontera de sociedad en plena expansién (Hall, 1984). Pese a que el entorno ofrece abundante madera para construir, las sas fueron hechas de adobe con el fin de brindar mayor proteccién - los ataques de los indios jicarilla, utes y comanches. Los restos de iguas habitaciones de adobe muestran que fueron construidas en patron cuadrado rodeando un patio, disefio que dificultaba el ata- e de los indios. Desde 1821, afio en el que México logré su independencia de afia, hasta 1847, Nuevo México formé parte del territorio de los dos Unidos Mexicanos. A este periodo, en la historiografia nor- americana se le llama Mexican era. La bonanza que caracterizé a la regién de Nuevo México desperté ‘odicia de los texanos, quienes después de haberse separado de éxico, alimentaban la esperanza de ampliar su territorio anexdndo- de Nuevo México. Asi, en 1841 el presidente de Texas organizé a expedicidn que a la postre resulté un fracaso. Posteriormente en 1843 un contingente de texanos tomé por asal- to al pequefio poblado de Mora matando a algunos residentes. Los morenos respondieron, logrando hacer huir a los atacantes y captu- rando a algunos, que enviaron como prisioneros a Santa Fe. Estos ntos, ocurridos hace mds de un siglo, se conservan intactos en la conciencia de los morefios, quienes se muestran mds hurafios y des- nfiados con los texanos, que con cualquier otro grupo de extranje- tos. Hacia 1845 Mora ya tenia 944 habitantes. JO LA HEGEMONIA DE LOS ANGLOS uando la guerra entre México y los Estados Unidos terminé, Mora ito. con Nuevo México quedé bajo la dominacién de este ultimo, fanto la poblacién mexicana como los indios pueblo quedaron des- ©ontentos, pues intufan que sus tierras y su cultura sufririan agresio- “Ss. Aunque la poblacién recién conquistada quedé adyertida de que tna sublevacién serfa castigada con la pena de muerte, se organizé a tebelién, entre los indios pueblo a la que se unieron, entre otros, MOrefios, Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Los insurgentes de Mora asesinaron a unos comerciantes norte- americanos que casualmente pernoctaban alli. Cuando se supo de la rebelidn, el ejército respondid con brutalidad, con la esperanza de que si tomaban medidas estrictas desalentarian otras insurrecciones (Hanosh, 1967:33, 35). E125 de febrero de 1847 una partida militar se dirigié a Mora para suprimir la revuelta y capturar a los asesinos. Como los morefios esta- ban preparados para recibir a los agresores resistieron yalientemente el ataque durante cinco dias, después de los cuales los militares, exas- perados porque su capitan perdié la vida, bombardearon el pueblo desde una colina cercana. La casa de corte, los archivos y otros valio- sos documentos fueron destruidos. La revuelta fue sofocada y algunos de los participantes, después de un juicio corto y parcial, fueron ¢jecutados por asesinato y traicion, todo ello a pesar de que las autoridades federales no habian otorgado atin la ciudadanfa a los nuevomexicanos (Jenkins y Schroeder, 1974:49). Una vez que Nuevo México pertenecié formalmente a los Estados Unidos, oleadas cada vez mayores de inmigrantes se adentraron a diversas regiones del territorio en busca de tierras y pieles.* Con la anexién de Mora a los Estados Unidos se incrementé el numero de inmigrantes. Gente de Francia, Irlanda y los Estados Uni- dos se establecieron alli y fundaron familias, como Joseph Rouelle, quien después de comprar algunos terrenos, en 1848, construyé un elegante hotel que incluia salones de juego, de baile y restaurante. En ese periodo era el tinico lugar de este tipo entre Taos y Las Vegas. Al principio, la clientela estaba compuesta por comerciantes de lana, tahures, buscadores de oro y mercaderes de todo tipo de articu- los. Hacia 1851, con la fundacién de Fort Union, 52 km al suroeste de Mora, el hotel también atrajo a oficiales y soldados que asistfan alli a beber, bailar y jugar (Hanosh, 1967:67). En respuesta a la demanda de un gran ntimero de soldados se fundaron pueblos, como Loma Parda, que funcionaron como centros de prostitucién (Oliva, 1993:261-434). Este lugar era localmente conocido como “Sodoma”. Pese a que en Mora hubo mucho descontento con la fundacién del Fuerte, su establecimiento cred algunas fuentes de trabajo tanto 4 Para tener una idea mds completa de este conflicto regional véase Keleher (1982). 5 Desde luego que Nuevo México no fue la tinica regién que estaba recibiendo inmigrantes. para una visién de conjunto sobre esta cuestin véase Luebke (1998). 36 Maria J. Rodriguez. Shadow ombres (venta de pastura, caballos, licor, productos agricolas) mo para mujeres (sirvientas, lavanderas, prostitutas). Entonces, la munidad proporcionaba a los inmigrantes y soldados: hospedaje, ersion, carreras de caballos y peleas de gallos. El ejército de los Estados Unidos manifestaba que eran dos los pjetivos para el establecimiento de Fort Union: ofrecer proteccién a poblacidn y a las rutas de comercio establecidas de los ataques de os indios.® Aparentemente otra motivacién no explicita era tener bajo jeilancia a los mexicanos que eran vistos por el gobierno norteame- no como renuentes a aceptar el cambio de soberanfa y a abando- sus costumbres, su lengua y su religién (Oliva, 1993:661). Existen evidencias de que en 1852 el gobierno desconfiaba de la Itad de los morefios, pues el ejército estadounidense secretamente daba cargamentos de armas a ciudadanos norteamericanos radica- -en Mora. El hotel de Rouelle fue escenario de muchos incidentes violencia. Se dice que las noches de los sdbados se distingufan del sto de la semana a causa de que los soldados asignados a Fort Union aban muchos alborotos. Muchas de las peleas eran por “lfos de ldas”. Un residente local contaba que las muchachas bailaban y flirteaban n los soldados anglos para provocar celos a sus novios mexicanos. ‘Entre 1851 y 1875 arribaron al drea numerosos inmigrantes euro- eos que se ganaban la vida como comerciantes. Los morefios se acos braron a escuchar apellidos tales como Schwarzkoff, Shoemaker, Sulsbacher, Weber, Olendorf, Mewger, Regensburg, Gandert, Cassidy, Mayer, Flymmerfeit, Hessmer y Kissinger, algunos de esos alemanes que yenfan a Estados Unidos huyendo de las guerras de Bismark cons- ‘tuyeron su hogar en Mora (Hanosh, 1967:38-45). La mayoria eran hombres de negocios’ ¢ inmigrantes judios,® re- trol de las ticrras que iban perdiendo ante el empuije de estos asentamientos (Hanosh, 1967:68, 76; Mann y Harvey, 1955:99). omo no deseo dejar la impresién de que todos los empresarios eran exclusivamente anjeros y que la élite local carecfa de iniciativa, invito alas y los lectores a que lean con Provecho a Calafate (1997) quien provee un detallado estudio de los mercaderes 4 tevisar la historia de este grupo en Nucvo México, véase Tobias (1992). 37 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México cantiles en Europa por varias generaciones (Jenkins y Schroeder, 1974:63). Algunos eran norteamericanos, destacando entre ellos Bransford (de Virginia) cuyo capital en 1860 era de 12 000 ddlares o Henry Green (de Chicago) con un capital calculado en 6 000 délares, Habjia, desde luego, inmigrantes procedentes de otros paises: Bél- gica ¢ Inglaterra. Resulta interesante sefialar que en esta época fueron pocas las mujeres extranjeras que se establecieron allf, generalmente quienes Ilegaban eran hombres jdvenes y solteros, la mayorfa de los cuales se casaron con mujeres de la regidn. Muchos historiadores alaban el espiritu democrdtico de estas pe- quefias comunidades agricolas con la creencia de que no existfan je- rarquias entre los géneros y los grupos sociales; una realidad bien dis- tinta puede vislumbrarse a través de un examen de la lista de contri- buyentes o de los censos. Las disparidades entre las clases sociales se ilustra con el hecho de que mientras un comerciante exitoso podfa acumular 12 000 ddlares anuales, un granjero podja reunir 900 délares y un pedn sdlo podia aspirar a tener 100. Para ilustrar el abismo econémico que en 1860 mediaba entre el grupo de adinerados extranjeros y la poblacién nativa, ofrezco las siguientes cifras: en Santa Gertrudis, el distrito nimero 1, habfa un total de 252 hogares de los cuales 14 correspondfan a no mexicanos, esto es sdlo 5.6% del total de los grupos domésticos. Sin embargo, el total del capital detentado por ellos era de 64 980 délares, es decir 46.2% de la riqueza producida. Como el efectivo en Mora siempre fue escaso, el comercio se daba principalmente en forma de trueque o crédito. Los grupos domésticos intercambiaban productos agricolas por articulos manufacturados. Los productores rancheros se sentian agradecidos con los comerciantes ya que les daban la oportunidad de obtener mercancfas que no podfan producir. Esta es la razén por la que nunca vieron a los comerciantes explotadores como lo que eran, sino como sus benefactores. Sin embargo, los comerciantes se beneficiaban con estas practicas. Por ejemplo, si la produccién de trigo de una familia era valuada al precio del mercado en tres centavos la libra, el comerciante podia otorgar un crédito de tres délares en mercancia, asumiendo que su produccidn serfa de 100 libras de trigo. En este intercambio el co- merciante obtenfa el costo de su mercancfa mds la ganancia, por lo Maria J. Rodriguez Shadow | comerciante usualmente terminaba pagando menos de los tres yOs por libra. ; 9 mismo ocurrfa cuando se trataba de lanas, pieles, cueros y ‘productos agricolas. Las mercancfas de Mora llegaban, por _rmediacion de los comerciantes que generalmente eran extranje- al Este o eran vendidas al gobierno de los Estados Unidos. Mu- fuentes citan las enormes ganancias obtenidas de esta manera nque desde su fundacién Mora formaba parte del Condado de en febrero de 1860, por medio de un acta de la Legislatura orial obtuvo su autonomia. Las l{neas entre este condado y San el en el Sur y Taos al Oeste, fueron subsecuentemente cambia- 0s, que podrfa resultar peligroso a causa de los ataques de los s. Para estas fechas el ntimero de habitantes aumenté a 5 566. facia 1861 con la invasién de las tropas confederadas durante la a civil, un contingente de morefios se unid.a los voluntarios de ado para repelerlas, enfrentandose en Glorieta Pass en la batalla nada The Gettysburg of the West. menudeo dan grandes ganancias. Esos comerciantes que invierten en luga- como Mora negociando con grano obtienen pingiies ganancias. Si ellos tienen un almacén general de abarrotes y mercancias y se establecen all{ pueden intercambiar sus mercancias por granos, pues los productores de Stano necesitan comprar. Una gran cantidad de esos comerciantes son ale- Manes, muchos de ellos viven bien y apropiadamente...En ese lugar reina a a gran prosperidad, confort y refinamiento...El puesto militar Fort Union... constituye un gran mercado que compra a precios altos. «Los indios molestan a los habitants de las porciones nortefias del conda- . La conducta de los utes y los apaches jicarilla dan un fuerte apoyo en or de que el gobierno haga las reservaciones... es en yano esperar que s indios que con su comportamiento salvaje, perezoso, vida barbara, Produzcan por sus propios medios, la comida, la indumentaria y abrigo Para satisfacer sus pocas y simples necesidades sin recurrir a la mendicidad al robo. Los jicarilla estan en unas condiciones miserables.. By) Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México En efecto, a mediados de 1860 casi 72% de la riqueza social era contro- lada por el 10% de la poblacidn. Las divisiones clasistas fueron tan pronunciadas que mientras el capital de un comerciante podfa ascen- der hasta los 6 000 délares, las unidades domésticas de los trabajadores agricolas que estaban encabezadas por un hombre apenas llegaba a los 94 délares, aun cuando constituian el 54% de la poblacién. Y aunque sélo 13% de las unidades domésticas estaban encabezadas poruna mujer, el monto de su riqueza no iba més alld de los 75. ddlares. Desde la fundacién del Fuerte y hasta 1870 se desarrollaron activi- dades mineras en el drea de Mora, ya que en el Rio de la Caza se descubrieron depésitos aluviales con oro que fueron explotados por los franceses. Mucha gente no encontré oro, pero descubrieron cobre en Guadalupica y El Coyote Creek. Estos centros mineros atrajeron muchos trabajadores, de modo que para 1870 la poblacién ascendfa a 8 056 personas, aunque en la siguiente década sélo se incrementé en 1 000 mas. Kit Carson, Troy Donahue, Vicente Romero y otros establecieron una compafifa de explotacidn de cobre que se llamé Kit Carson Mining Company cerca de Coyote, misma que funcioné por poco tiempo ya que el acceso a los mercados de este mineral eran remotos y costosos (Hanosh, 1967:68-69, 76, 94, 97). Debido a la construccién de los fuertes, en especial de Fort Union, después de la construccién del ferrocarril en Colorado en 1870 y especialmente después de su llegada a Nuevo México en 1879, el ejército vio que era mucho mds barato importar productos de Kansas y de otros lugares que comprarlos en Nuevo México. El resultado fue una dramatica reduccién para los productos locales, incluyendo hari- na, forraje, frijol y sal. Este declive continud hasta que todos los pues- tos militares fueron cerrados, excepto uno a principios de 1890 (Oli- va, 1993:555). Para 1890, cuando Mora contaba con una poblacidn de mas de 10 000 personas, en los cuatro periddicos que se editaban en el condado se notaba un intenso bombardeo para que adoptaran los festejos civiles y religiosos de los Estados Unidos, entre ellos la cele- bracién del 4 de julio. Por supuesto que los patrocinadores y los organizadores mds entusiastas de las mismas eran los miembros de la lite. En Mora, los periddicos elogiaban y apelaban a la benevo- Marta J. Rode{guez “Shadow de los metcaderes y politicos (John Doherty,’ Tom Walton y Roy) que eran los encargados de dar vida a la plaza durante esta memoracién."? ece que desde su inicio, quizd por el cardcter de su poblacién, ten{a una posicidn de debilidad frente a las otras entidades po- ticas puesto que hasta antes del descubrimiento de minas en Aztec y oreno, este condado se extendfa hasta el Rio Arkansas. Una perso- ase queja amargamente de que “se nos rebané a nosotros y al Con- o de Taos un pedazo para formar el estado de Colorado, luego orcién mas grande para formar Colfax County, dejando a Mora jlo un retazo de 96 km de ancho y 355 km de largo”. La extraordinaria produccién de trigo de los cultivadores y las vastas idacles obtenidas por los comerciantes dieron lugar a la instalacién cantidad de molinos de grano. Uno de los mds famosos es el de c. Vrain Mill (1850-1889),"! cuyo edificio, ahora en ruinas, se levanta do del Rio Mora, en el camino a Guadalupita. Otros fueron insta- Jados en La Cueva (por Vicente Romero), en Cleveland (por D. Cassidy), e loux (por Jacques Pendaries) y Sapello (Gritzner, 1974). unque las dreas cultivadas eran pequefias y raramente excedian 16 ha (un agricultor promedio cultivaba entre 2 y 4 ha de trigo), comunidad en su conjunto producfa tanto que merecié ser llama- el granero de Nuevo México”. comerciante y politico fue asesinados la recompensa de 2 000 délares por informes condujeran a la captura de sus asesinos se dio a conocer ampliamente en la prensa tal y local, véase La voz del pueblo, Las Vegas, 16 de diciembre de 1893. ‘Vease Fl.Eco de Mora, 24 de junio de 1890. presario, comerciante y terrateniente, La mayor parte de los productos forestales que Procesados en los molinos de St, Vrain eran vendidos a Fort Union, El también se 116 al negocio de las destilerias (1865), la produccién de cervera (1865-1872), aserraderos Yestablecié una tienda y un molino de granos en San Luis Colorado, donde vendia harina 08 Mineros. Ceran St. Vrain se casé con una nuevomexicana de nombre Felicitas, tuvo jos con nombre espafiol. Al parecer un poco antes de su muerte, aunque no se kcI8, estaba distanciado de su mujer, de manera que en su testamento slo se refiere a Como “la madre de mis hijos” determinando que la hija de ambos quedara bajo la Festodla de su hijo mayor, que para ese tiempo ya estaba casado, Felicitas que murié en se casé con Macario Gallegos que en un tiempo fue asesor del condado (Hanosh, 3, 85, 88). Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Una parte de la produccién de trigo y otros granos era llevada a los pueblos de Antén Chico y a los ranchitos adosados a la orilla del Rio Pecos; granos y productos forestales eran intercambiados por chile, vegetales y frutas. El trueque era ampliamente usado para poder ad- quirir vino y manzanas secas, alimento muy preciado durante el in- vierno (Hanosh, 1967:38-47). Pese a que los ranchos agricolas eran fuente de la riqueza en el oeste del condado, la riqueza principal en el este proventa de la erfa y engorda de ganado, sobre todo después de que las manadas de buifalo fueron diezmadas por aventureros y tramperos. El explosivo desarro- llo de la industria ganadera atrajo este lucrativo negocio, pero éste suftié hacia el final de la década de 1880 debido a la declinacién de los precios del ganado aunado a las severas sequias y a los inviernos rigurosos (Jenkins y Schroeder, 1974:56). Como por su pobreza los morefos no podfan disponer de efectivo para pagar fuerza de trabajo asalariada en sus ranchos, era comuin solicitar y obtener la ayuda de parientes y vecinos durante las tempo- radas de cosecha, la recoleccién de la lefia, el cuidado de las acequias, la escarda de la lana y otras tareas agricolas. Hanosh (1967:38-47) enfatiza el notable espiritu de cooperacién desarrollado por los morefios en estas dificiles condiciones fronterizas cuando los ataques de los indios némadas eran el pan de cada dia (New Mexican, abril 30, 1864). También habia gente descontenta que se quejaba de que “la condicién del condado es triste, ha sido destrozado [econémica- mente] por los lobos [demécratas] rapaces en piel de oveja”, e incluso se acusaba ptiblicamente a los alguaciles mayores de apropiarse de los dineros puiblicos (La Crénica de Mora, septiembre 5, 1889). Para 1890 una porcidn considerable de la Merced de Mora estaba bajo litigio pues Elkins y Butler habfan comprado de manera fraudu- lenta porciones inmensas; para estas fechas la poblacién mexicana habfa perdido el 80% de sus tierras, mismas que habfan sido garanti- zadas por el Tratado de Guadalupe (El Eco de Mora, julio 4, 1890). El despojo ocurrié a través de fraudes y componendas de aboga- dos, de este modo los mexicanos permanecieron en la tierra y trabaja- ron en los ranchos cuyos duefios fueron predominantemente anglos (Cormier, 1994:89), Esta es una de las razones por las que ya durante la primera década del siglo Xx, la mayorfa de los mexicanos trabaja- ban por un jornal en los ranchos. Maria J. Rodriguez -Shadow Pese a que la pobreza estaba muy extendida, Mora como pueblo, » su florecimiento econdmico en la ultima década del siglo xix. ynte ese periodo de bonanza Romero e Hijos, J. Regensberg, berg & Cia., Loewenstein, Strousse & Cia. vendian toda clase de rcanctas y se dedicaban a la compra de lana, cuetos y pieles, Félix ninez y Abeyta & Spiess posefan negocios de bienes raices (The ya Chronicle, septiembre 12, 1890). Charles Sandfort habfan es- blecido grandes tiendas en las que se vendfan abarrotes, ferreterfa, x, seda, productos del pais e importados. Frank Roy, vendia taso vestidos de verano a siete y medio centavos la yarda, zapatos, idos y sombreros, E] Dr. Pring comisionado en Fort Union abrié en Watrous una otica; los molineros trabajan intensamente para dar abasto a los pe- idos de harina, se continuaba con el cultivo de varios granos, entre que est4n la ayena y el maiz, Se vendfa la fanega de trigo a 12 les y laavena a 90 centavos “el cien de libra” (La Crénica de Mora, tiembre 5, 1989). americano tiene que tener su periddico y el dia ha llegado cuando el hogar mexicano es mds alegre y feliz a medida que sus facilidades para la Tectura se gratifican. Nuestro condado no es grande, pero es un campo hermoso, con una diversidad amplia de riquezas sin desarrollo, si sola- Mente tenemos a alguien que las haga conocer, el mineral que yace en lo ‘Profundo de nuestras eternas lomas y grandiosas montafias, desconocido in beneficio, se haran, por medio de las columnas del “Eco” familiares los capitalistas y al experimentado minero y que pronto causard el que ‘Muestros cafiones inexplorados reverberardn a la mtisica del talache y la Pala. Para venir a ser présperos debemos darnos a conocer y para ser Conocidos necesitamos que la prensa “suene nuestra trompeta”. _, Fl capitalista invertird y experimentard cuando sepa que se halla “pin- ta’ en cada riachuelo que vierte de nuestras montafias. La prensa sola es 2 uilla de nuestro sucoso (sic) y efectuard el hecho, si se sostiene con Tiberalidad, de lo contrario simplemente seremos un cero entre paréntesis... _Elvalle de Mora ciertamente es el més rico y productive en cereales al BenESeAl)Rio\ Grande; todoel’afio'se exportan grandes\caniidades de ano de toda especie y atin son inagotables. Nuestra gente nunca sufre 43 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México por escasez de viveres para la vida. Todos son felices y contentos con las buenas circunstancias, los comerciantes siempre estan. sin descanso; los labradores en sus tareas diarias; el jornalero siempre halla ocupacién y sélo falta emigracién y capital para desarrollar las inmensas riquezas que ocultan las elevadas montafias hacia el poniente del condado, Deseamos y esperamos con ansias que los ferrocarriles atraviesen nuestros valles y traigan una emigracién industriosa con los suplementos necesarios para hacer del Condado de Mora el paraiso de Nuevo México. Pese al auge econdmico, no habja desaparecido el desprecio hacia los mexicanos pobres, Una persona que escribié un articulo en La Gace- ta de Mora (septiembre 12, 1890), critica severamente la constitucién que se estaba elaborando para cuando este territorio se convirtiera en estado, sefiala que hay una cldéusula que dice: “una vez que se hayan cumplido cinco afios del establecimiento del estado toda persona que desee votar (que cumpla con los requisitos de residencia y edad) no podrdé hacerlo si no sabe leer y escribir en inglés”. El articulista se opone a esta medida aduciendo que en los conda- dos de Mora y San Miguel no hay suficientes escuelas con maestros bilingiies como para establecer tal exigencia ni fondos para pagar a los profesores. Sefiala que “los mexicanos... pobres...” no podran ser ciudadanos pues sus recursos econdmicos resultaran insuficientes para enviar lejos a sus hijos a estudiar. Desde 1890, fecha en que se inicié la ereccién de un bello edificio que albergaria la County Court House hasta que un incendio lo des- truyé, el inmueble que costé en esa época 75 000 dédlares fue motivo de orgullo para los morefios y disputas entre los politicos (La Crénica de Mora, septiembre 19, 1890). Las pugnas entre los miembros de los partidos Demécrata y Republicano se debfa al hecho de que la admi- nistracién endeuds al condado para construirla, poniendo en entré- dicho su autonomia (El Eco de Mora, julio 1890). Debido a la oposicion de algunos ciudadanos a la construccidn de la obra, el juez de la Corte de Distrito mandé una orden al cuerpo de comisionados del Condado de Mora para que la detuviera. Pero Brunswick y Jacob Stearn, los encargados de su edificacién, prosi- guicron sus labores ya que éstos ganaron el pleito (La Crénica de Mora, septiembre 19, 1890). Maria J. Rodrlguez Shadow ante las primeras dos décadas del siglo Xx se produjo un creci- to demografico, agricola y comercial significative en Mora, ‘{nuando con la tendencia iniciada en 1880. Segin Hall 9:20), quien. denominé al periodo de 1880 a 1920 como de eralizacion dependiente, esta época se caracteriz6 por una fuer- rticulaci6n mercantil del condado con la economfa nacional y dial. 2 10 000 residentes en 1900, la poblacién alcanzé los 14 000 en 0. El ntimero de granjas se duplicé y el valor de las mismas se elevé 7000 000 en 1900 a casi $14 000 000 en 1920. La cosecha rebasd 5,000 ha con trigo, mafz y forraje como los cultivos principales. El nero de establecimientos comerciales, sin contar los bares y canti- se acerca alos 35 en 1880 hasta alcanzar 70 en 1912, estaciondndose se ntimero hasta principios de 1920." Mora obtuvo renombre como uno de los condados agricolas mas sortantes en Nuevo México y los miembros de la élite local tuvie- rominencia en la politica estatal. Acompafiando este desarrollo sondmico, mds inmigrantes llegaron desde los estados del Este y ropa para establecer granjas, ranchos y negocios. facia 1910 el porcentaje de no mexicanos en el condado habia lcanzado 13.5%, comparado con el 5.8% de la década anterior, La orfa de los inmigrantes evitaban el centro del asentamiento mexi- 0 y se establecfan en las porciones centrales y orientales del conda- Jos condados orientales de Wagon Mound, los anglos consti- en 1910 més del 30% de la poblacién, y en algunos distritos rientales, més alld de los limites originales de la Merced de Mora, representaban mds del 60% de los habitantes.'* En 1920, el crecimiento agrocomercial iniciado en la década de 8 ochenta del siglo XIX alcanzé su apogeo. El sistema cultural y eonémico creado a raiz del impulso del capitalismo mercantil ented un periodo de crisis, del cual nunca se recuperd. El primero en el ayasallamiento del sistema fue por supuesto el productor icano en pequefio, quien habfa estado bajo severas tensiones por rivatizacién de las tierras comunales y la progresiva dependencia 8ranos importados. nse Register Book, County Assessor's Office, Mora County Courthouse. so de Poblacién (1900, 1910, 1920). ey Identidad femenina, ethicidad y trabajo en Nuevo México De los 546 propietarios de los tes distritos orientales, Mora, Cleveland y Guadalupita, el tamafio promedio de las granjas era inj. camente de 4 ha y casi un cuarto de la poblacidn de los contribuyen- tes reportados no tenjan tierra en absoluto. Incapaces de reproducir 4 partir de los recursos locales, éstos y muchos otros residentes del con- dado se vieron forzados a ingresar como fuerza de trabajo estacional en minas, ranchos y lugares alejados como los campos de betabel en Colorado. En rdpida sucesién, la sequfa y la Depresién de 1929 produjo el colapso de todo el sistema. Este desenvolvimiento matcé el inicio de un nuevo periodo histérico, el cual ha sido etiquetado como “marginalidad periférica”, definido por un debilitamiento de los la- zos comerciales y productivos de Mora con los mercados del exterior, la conversién de Mora, de un centro de inmigracién a un drea de emigracién y de un creciente empobrecimiento. Esta crisis agraria, no afecté sdlo a Mora, por supuesto, sino a todo el Oeste. Entre 1920 y 1930 més de 2 000 personas se fueron del condado, las cosechas de grano decayeron 60% o mds y el nimero de granjas disminuyé a 600. En esa misma década el valor de la propie- dad en granjas se redujo notablemente, de $14 000 000 en 1920 a cerca de $5 000 000 en 1930, el sector comercial asimismo experi- menté una contraccién significativa, sdlo 31 de los 70 establecimien- tos existentes en 1920 todavia se manten(an abiertos para finales de la década. Debido a la disminucién de la inmigracién anglo, asf como de muchos de los que habjan llegado en los tiempos de bonanza, la pro- porcién de anglos encontrada en la lista de contribuyentes de 1927 se redujo ostensiblemente. En la parte oeste del condado se redujo a la mitad, de 7.7 a 3.5%, mientras que en el area del centro los propieta- rios anglos se redujeron de 27 a 17%, A pesar de que decliné el numero de anglos en los distritos centrales, no hubo cambios en la distribucién étnica de la tierra en esta 4rea. Como grupo, los anglos retuvieron el control del 75% de la tierra. En la porcién oeste de Mora, los datos que arroja el registro de impuestos muestran algunos cambios interesantes, Primero, alli hubo una importante modificacidn en la importancia relativa de la tierra y el cometcio en la composicidn de la riqueza en manos de los anglos. Maria J, Rodriguez «Shadow dato que debe ser recordado es que en 1900 la mayor parte de los ‘es de los anglos estuvo concentrada en el comercio mas que en la . es 1927, la relacin se revirtié: hacia esta fecha 55% de sus jones estaban centradas en bienes rafces y slo 19% estaban in- das en tiendas o en mercancfa. +e cambio demuestra no sdlo la declinacién en el comercio y el 0 de la élite agromercantil, sino también el notable incremento propiedad que los anglos mantenfan en las zonas boscosas del , desde su asentamiento a partir de la reparticién de la merced. e 1900 y 1927 el control de los anglos de la tierra en el Oeste casi plicé del 18 hasta el 34% del total. Como la crisis social y econémica de 1920 se extendié hasta 1930 ultivo de granos siguid disminuyendo, la bancarrota de los ran- os pequefios continus, muchos perdieron sus tierras y los nego- Jocales llegaron a tener pocos clientes. Los datos que provienen los registros de propiedad de 1940 muestran que el porcentaje de ‘opietarios anglos en el condado como un conjunto, permane- table en los niveles que se encontraba en 1927. in embargo, hubo cambios notables al interior de las subareas te, central y oriental que ilustran los impactos que la sequia y la resién tuvo sobre la geografia étnica del condado. Mas afectados in los distritos aridos del este, los cuales habfan contribuido en n medida a la bonanza de la vuelta del siglo a través del cultivo de ttigo de temporal y la produccién de ganado. tre 1927 y 1940 los propietarios de granjas y ranchos disminu- on de 418 a 362; el golpe mds duro fue para los propietarios mexi- os de las tierras marginales alejadas de los riachuclos. Mediante el bargo, la venta o el simple abandono, muchas de las tierras de esos jetos-rancheros mexicanos pasaron a manos de los anglos quie- Para 1940 constitufan mas del 40% de los propietarios de la tie- y detentaban el control del 90% de los terrenos. contraste, en los distritos centrales y del oeste, la presencia y Sntrol anglo de la tierra, permanecié estable o declind. Obviamente €presién mantuvo fuera de estas areas la injerencia anglo y la tasa tansferencia de la tierra de los mexicanos a los anglos se revirtié que fuera temporalmente. Una vez que la madera con valor comer- “ial fue cortada de los bosques del Este, los especuladores dividieron en- Hlos la tierra y la vendieron, ya a la gente local oa National Forest. 47 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Para resumir, en visperas de la Segunda Guerra Mundial la geogra- fia econémica y étnica de Mora estaba compuesta por tres distintas provincias. En el este los anglos alcanzaron r4pidamente el estatus de mayorta demografica estableciendo un control econémico sobre casj todas las tierras agricolas y el area dedicada al cultivo de pastizales, En el centro, ellos mismos constitufan una importante minorfa demogréfica y controlaban buena parte de los recursos y la riqueza del drea, de nuevo, detentaban el control de las mejores tierras agrico- las y de la pastura. En el oeste, fueron poco visibles en términos de- mogréficos pero atin alli ellos controlaban un monto considerable de la riqueza del drea, ésta se hallaba concentrada no tanto en las tierras agricolas y la pastura, sino en las tierras forestales localizadas en las faldas de la montafia Jicarita y en el comercio. En esta coyuntura, s6lo hicieron limitadas incursiones a las tierras del corazon de las co- munidades mexicanas, ya que cerca de las tres cuartas partes estaban bajo el control mexicano. Muy a menudo este tipo de pueblos ha sido estudiado como s tratara de comunidades aisladas y sin conexiones sociales, comercia- les o politicas con la sociedad dominante; pero como puede verse en este andlisis, esa apariencia puede resultar engafiosa, véanse los traba- jos de Klutche y Van Ness (1981), Nostrand (1976, 1992) y Leonard y Loomis (1941), entre otros. En muchas interpretaciones, los mexicanos rurales de finales del siglo XIX y principios del XX suelen ser caracterizados desde una pers- pectiva esencialista que los representa como una poblacién estatica que permanecié relativamente sin cambios desde la invasidn norte- americana hasta la Gran Depresién de 1929. Desde esta dptica, los aldeanos mexicanos contribuyeron al crecimiento econémico de Nuevo México yal proceso de acumulacién capitalista casi exclusiva mente como trabajadores migrantes y jornaleros estacionales, mas nO como productores de mercancfas dentro de sus propias comunida- des. Uno de los ejemplos mds extremos de esta interpretacidn se en- cuentra en la obra de Carlson (1990:83). Este especialista sefiala que “Con la creciente importancia de la economia de mercado, la mayo- ria de los propietarios hispanoamericanos... tenfan poco que ofrecet salvo ellos mismos como trabajadores no calificados”. - Por el contrario aqui sugiero que lo que los mexicanos “ofrecieron a la expansién capitalista y a la wansformacién agraria del norte de Nuevo México era mds que su trabajo asalariado no calificado. Su 48 Maria J. Rodriguez. Shadow eribucién” también incluyé la fuerza de trabajo incorporada en oductos de su tierra, asi como de la tierra misma. En otras pala- ‘opongo una reinterpretacién de la funcidn social de la socie- exicana a finales del siglo XIX. n lugar de una poblacién marginada que producfa para el nsumo y se encontraba pobremente articulada con la econo- lobal, planteo que desde tiempos muy tempranos la explota- l los mexicanos rurales, bien por el intercambio desigual, por dio del trabajo asalariado, o mediante la apropiacién de la tierra sa (un proceso que Marx Ilamé la acumulacién primitiva de ca- ), constituyeron elementos estratégicos que apoyaron y facilita- la expansién del capitalismo en la regién y el enriquecimiento de ase dominante de mercaderes y ganaderos. Mas que periférico y inal, la tierra y ¢l trabajo mexicano fueron centrales en la dind- ca social y las necesidades de la reproduccién capitalista de la fron- a decimonénica. Muchas regiones quedaron como enclaves culturales mexicanos, entre ellos. Actualmente las imagenes de la identificacidn étnica Vora est4n constituidas por determinadas fiestas, ciertos sfmbolos toriales y rituales civiles a través de los cuales se produce la expre- ién, reafirmacién y reproduccién del ethos de este grupo social. La dad étnica se expresa también en las prdcticas enraizadas en lo idiano, tales como patrones de conducta social y religiosa, tradi- ones culinarias, gustos musicales, lenguaje, valores tradicionales y itidos estéticos. hecho de que la cabecera del condado tenga la apariencia de lo Fantasma se debe a que la mayoria de los hijos ¢ hijas de Mora n salir a trabajar, pues aquf las tinicas fuentes de empleo son la clay la Casa de Corte. tualmente Mora carece de fuentes de trabajo significativas, sin ttia, dependiendo de los subsidios de los programas de Welfere. nos observadores se quejan de que ahora Mora parezca un “sleepy Puesto que Mora “once had people who were energetic, brave and D ad by the spirit of the great American frontier” (Hanosh, Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Figura 1. Ubicacién geogréfica del Condado de Mora, Nuevo México CAPITULO 2 LA IDENTIDAD FEMENINA funcion social de la mayor parte de la ciencia actual es evitar la creacién de esa sociedad (més justa] mediante la preservacion de los intereses dominantes, tanto de clase, como de género y raza. Lewontin, Rose y Kamin dice subordinacién de un sexo a otro dice también diferentes formas de piolencia que ejerce el sexo que domina sobre el otro. Violencia fisica (golpes, 4s), violencia psicolégica (insultos, desprecios, ideologias que denigran y zjan). Pero una permanente subordinactén también implica la existencia "de un determinado consentimiento de su dominacién por parte de los inados y la existencia de dispositivos sociales y psicolégicos para crear este consentimiento. Maurice Godelier ssidn perfecta es la que no es sentida por el que la sufre, aquella que es da alo largo de una sabia educactén, de tal forma que los mecanismos represion terminan por formar parte del propio individuo, obteniendo de aquélla sus propias satisfaeciones... Adriana Malvido CCION izar el concepto de identidad implica un esfuerzo por com- sas practicas simbdlicas mas como elementos relativos a una -relaciones sociales en movimiento que como rasgos descripti- viles, Ello abre la posibilidad de proponer una interpreta- atinada tanto de los mecanismos sociales a través de los recrea el orden cultural como de las contradicciones de di- 1CeSO. 8 estudiosos, al aproximarse al tema de las identidades, han usa- 'sas perspectivas analfticas y marcos tedricos: funcionalismo, ismo histérico y estructuralismo; Durkheim, por ejemplo, po (étnico) de pertenencia como fundamento de la identi- tentras que Parsons opina que: 51 Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México La identidad representa el sistema de significados que al poner en conyy- nicacién al individuo con el universo cultural de los valores y de los sfm_ bolos sociales compartidos, le permite dar sentido a la propia accién ante si mismoy ante los demds, realizar elecciones y dar coherencia ala propia biograffa (citado en Alberti, 1994:35). Por otro lado, la mayorfa de los marxistas considera que para el and lisis de la identidad es suficiente enfocarse en el estudio de las conttra- dicciones y en la lucha de clases. Lévi-Strauss (1981: 369) por su parte, prefiere “considerar que Ja identidad es una especie de fondo virtual al que nos es indispensable referirnos para explicar cierto nij- mero de cosas, pero sin que jamés tenga una existencia real”. En este capitulo no usaré ninguno de los enfoques anteriormente sefialados, sino que emplearé uno que ha sido propuesto por varias investigadoras entre las que estan Alberti (1994), Moreno (1991), Valenzuela (1992), Riquer (1992), Tarrés (1992) y Lagarde (1990), Esta ultima plantea que la identidad de los sujetos se conforma a partir de una primera gran clasificacién genérica. Alberti (1994:35) propone que la identidad seria el 0 los modelos dindmicos que servi- rfan para la organizacién de los significados. Subraya el elemento dind- mico de la identidad al sostener que ésta nunca puede considerarse adquirida de maneta definitiva. En eso concuerda con Valenzuela (1992), quien hace hincapi¢ en el hecho de que la identidad es un producto histérico, Las identidades se construyen y recomponen histéricamente y es necesario no perder de vista su cardcter de mutabilidad, su conno- tacién procesual, su configuracién a través del conflicto y la disputa social (Lagarde, 1990:773). b La identidad de los sujetos sociales posee tres componentes basi- cos; la identidad de género, la étnica y la de clase o profesional. ¥ aunque existen, como lo sefiala Moreno (199 1:602), otros contextos situacionales como la edad, la adscripcién a una ideologia religiosa °- politica, o a un grupo social local, sdlo la etnicidad, el género y los procesos de trabajo actian como principios estructurantes que fun- cionan en estrecha interrelacién. Moreno (1991) menciona que estos principios “no tienen una estructura real separada sino que configu- tan otros tantos modelos abstractos de referencia que est@® interconectados y que funcionan en el marco general de la cultura hegeménica dominante”. Maria J. Rodriguez Shadow ANALITICOS Y CONCEPTOS TEORICOS a elaboracidn de este capitulo me he apoyado fundamental- . en los planteamientos tedricos y los conceptos propuestos por ecialistas en diversas dreas del conocimiento: Lewontin, Rose y Pir (1991), Lipsitz (1993),' Tarrés (1992), Lagarde (1990), Alberti |, Riquer (1 992), Gonzalez (1994) y Moreno (1991). Genetista, neurobidloga, psicdéloga, socidloga, etndloga y spdlogas respectivamente. El abordaje de la problematica en la insertan las mujeres por las y los expertos sefialados, asf como westigaciones existentes sobre las mujeres se ha destacado “la alidad de su subordinacién, de su papel reproductor y la ex- yn de que es objeto en un mundo social donde los principios ulinos y femeninos acttian como ordenadores, de modo que el a los espacios, distribuye a los miembros, los separa o los retine erdo con estos criterios de superioridad e inferioridad a partir :22) sostiene asimismo que la inferioridad de las mu- 'y la superioridad de los hombres se expresan en las prdcticas es mds disimniles, en las normas, instituciones y leyes, en fin, en serie de programas y medidas que tiende a separarlos 0 agrupar- © acuerdo con las necesidades de la reproduccién de la sociedad. psitz (1993) propone que, en nuestra sociedad, la biologfa, la ay la psique individual interacttien con el contexto histérico 08 generales estoy muy de acuerdo con el andlisis tan agudo y ctltico que clasemedicra, aunque es completamente ciega a las diferencias clasistas y étnicas fen en el interiot de la sociedad norteamericana, y no establece distinciones entre Identidad femenina, eticidad y trabajo en Nuevo México para reproducir de manera sistematica la supremacfa masculina; y como lo he proclamado en otro lugar (Rodriguez-Shadow, 2000), [a pasividad, la sumisién y la opresién femeninas no son “naturales” sino que se originan en determinadas relaciones sociales, se funda. mentan en ciertas instituciones, ideologfas, enseftanzas y précticas especificas que generan esa situacién y su reproduccién. Lagarde (1990:18), por su parte, considera que la condicién de las mujeres es una creacién histérica, cuyo contenido es el conjunto de circunstancias, cualidades y caracteristicas esenciales que la definen como un ser cultural y genérico: ser de y para los otros. La condicién de las mujeres —recalca Lagarde— es histérica en tanto que es diferente a lo natural. Es opuesta a la llamada naturaleza femeni- na. Es opuesta al conjunto de cualidades y caracterfsticas atribuidas sexualmente a las mujeres... cuyo origen y dialéctica —segiin la ideologia patriarcal—escapan a la historia y pertenecen, para la mitad de la huma- nidad, a determinaciones bioldgicas, congénitas (Lagarde, 1990 cf, Goldberg, 1976). Género es, como ya lo sefialé en la “Introduccién”, una categoria analitica relevante en esta investigacién. Todas las relaciones implican poder y las de género no son la excepcidn, tal como lo ha sefialado Foucault (1991:33) y Lagarde (1990:43). Son los hombres los que detentan y ejercen el poder, lo que implica la posibilidad de que esta- blezcan, sobre la vida de otro, imposiciones por medio de la violencia real o simbélica, impuesta con hechos que obligan, circunscriben, prohiben o impiden. Quien detenta el poder somete y devaltia, impone hechos, ejerce el control, se arroga el derecho al castigo y a inculcar bienes materia~ les y simbdlicos. Desde esa posicién enjuicia, sentencia y perdona. Al hacerlo, acumula y reproduce poder (Lagarde, 1990). Por su parte, Alberti (1994:39) propone que los principios que conceptualizan el género serfan: la diferencia, la asimetria y la jerarquizacién. Indudablemente el andlisis de las relaciones de género alude a las relaciones de poder y por lo tanto a la subordinacion: ésta refiere a una relacién asimétrica, jerdrquica, que supone el ejercict? del dominio de uno de los actores de la relacidn sobre el otro median- te la aceptacién, pasiva o no, del dominado o el uso de la violencl# Marfa J. Rodriguez Shadow simbélica. En esta aceptacién el concepto de subordinacién qlos de sumisisn, dependencia, obediencia, sujecién y some- A . ‘ bordinacién femenina se vincula con el proceso de transfor- de las diferencias bioldgicas en factores de desigualdad social nacién de las mujeres. Como ya se sefialé, cuando el con- -o de subordinacidn se aplica a la relaci6n hombre-mujer remite a mmplejo proceso de construccién social y psicolégica que conci- énero femenino como inferior y por lo tanto como objeto de femenina. Ella afirma que ésta “es relativa a la posicidn que la ‘ocupe en determinados contextos de interaccién”. Puesto que osicién no es siempre la misma a lo largo del ciclo vital ni en tes niveles de las relaciones vitales (familiares, politicas, labo- 5), puede pensarse que el proceso de construccién de la identidad ;dmico y nunca deja de concretarse. mui se parte de la consideracién del poder como una relacién y ia entonces se refiere a la accién de oposicién (velada o abier- poder masculino, esto es, al uso de “las armas de la oprimida” den ir desde el uso (calculado) de las l4grimas, frigidez, crea- de sentimientos de culpa, chantaje emocional, negacidn al coi- egociacién y regateo hasta el conflicto abierto e incluso los gol- atin, si no hubiera resistencia no habria relaciones de poder drfamos que hablar sdlo de obediencia. onzalez (1994:148) y Lipsitz (1992) sefialan atinadamente que nace hombre o mujer sino que se llega a ser uno u otro a través Proceso de aprendizaje, mediante el cual las personas internalizan lodelos, valores y normas de conducta que su sociedad atribuye a x0. La identidad, entonces, se construiré como un doble proceso cultural y psicoldgico. 0 Identidad femenina, emicidad y trabajo en Nuevo México En torno a este punto Gonzalez (1994) puntualiza: Por una parte, el proceso involucra la creacién de cédigos que se conside. ran legitimos respecto a lo que hombres y mujeres deben ser —una mo. ral convencional que prescribe lo socialmente aceptable y que al mismo tiempo sanciona las modalidades negativas, estigmatizadas, de las con. ductas. El lado psicolégico del proceso consiste en la estructuracién de Ip identidad por asimilacién o introyeccién del modelo cultural, por medio de la relacidn con las figuras marerna y paterna en la infancia. Finalmente, considero que es importante establecer una distincidn entre dos conceptos que a veces se usar como sindénimos, pero que tienen connotaciones diferentes: opresién y explotacidn. Mientras que la primera se refiere al dominio que ejerce un grupo sobre otro con base en el sexo y que se expresa en relaciones sociales asimétricas y en una desigual distribucién de derechos y privilegios, la segunda serd la condicién que sufre todo grupo o persona basada en la extraccién de valor a partir de su produccién y trabajo. Cuando una institucién, empresa 0 persona se beneficia del traba- jo de otros se dice que los est4 explotando. Puede aseverarse, enton- ces, que todas las mujeres estén sometidas a la opresién en cuanto que son mujeres; aunque ésa sea una opresidn diferencial segtin la pertenencia de clase. No es lo mismo la opresién que padecen las burguesas que la que sufren las proletarias; ahora bien, puede decirse que sélo sufren explotacién aquellas personas, mujeres u hombres cuando una parte del valor de su trabajo es apropiado por otros. Las diferencias entre las mujeres derivadas de su posicién de clase, de su acceso a la tecnologfa, de su relacién con las distintas sabidu- rfas, de su entorno —rural o urbano—, son significativas al grado de constituir a partir de ellas grupos distintos: “el grupo de las mujeres sometidas a la doble opresién genérica y de clase, el de quienes sélo estan sujetas a opresién genérica, pero no de clase... el de las someti- das a la triple opresién de género, de clase y étnica...” (Lagarde, 1990:19; Segura, 1993). LA IDENTIDAD DE LAS MORENAS Dio Bleichmar (citada en Alberti, 1994:36) plantea que el proces? de laconstruccién de la identidad genética se da a partir de a) la asign® 56 Maria J. Rodriguez -Shadow nero, b) la identidad de género y c) el papel o funcién de Taasignacion se lleva a cabo en el momento del nacimiento, pariencia de los genitales. s personas que rodean al nifio se comportardn desde ese mo- ode acuerdo con la significacién que ese sexo tenga en su cultu- jdentidad de género la iré adquiriendo el nifio de acuerdo con -ma como lo tratan las personas cercanas, en especial la madre y e, hecho que moldeard el comportamiento especifico de la el nifio con base en lo que se espera que haga segtin su género. funcién de género serfa el conjunto de prescripciones para una cta dada, conjunto de expectativas acerca del comportamiento siado para cada sexo. Es la propuesta de un estereotipo ideal que sociedad define lo que es ser hombre y lo que es ser mujer, scribiendo las esferas, campos 0 espacios de accién de cada gé- mponiendo una divisién de las actividades que corresponden a la uno y asignando valores a los espacios y actividades masculinos emeninos. Las formas que adopta esta definicién se encuentran ladas a las formas de ejercicio del poder que se dan en Ia socie- ‘Gonzalez, 1993:149). ando pensamos en la forma en la que est4 organizada la socie- idental,? respecto a los géneros, nos percatamos de que se basa definicién de dos: el masculino y el femenino, y que ademds son yalorados de manera distinta, jerarquizada y asimétrica. garde (1990) propone que los componentes de la identidad fe- a son: maternidad, belleza, trabajo doméstico, ser para otros, dencia, fidelidad y el mundo de los afectos; a continuacién ex- © dos: la maternidad y el matrimonio. ternidad fg iedad mexicana y la estadounidense comparte la tradicién cultu- ideocris tiana, en la cual se establece una igualacién de sexo y géne- bin 1986), es decir, hembra humana con género femenino y mbargo, los antropélogos que se encargan de estudiar a la sociedad humana cn su MO, han descubierto que en muchos grupos humanos se reconocen hasta tres 0 Béheros distincos. Identidad femenina, ctnicidad y trabajo en Nuevo México macho humano con género masculino, alos que se les asigna ademég en razén de su aparato genital, procesos de trabajo, determinadas labores y espacios espectficos. Desde esa perspectiva, a los hombres les compete, pues, la produc. cién, y por ello, ser sujetos de las relaciones sociales que aquella con- lleva, ocupar los puestos ptiblicos, pugnar por su control, dominar la naturaleza, propiciar lo sobrenatural. En pocas palabras, a los hom- bres les corresponde, en funcién de su sexo, ser los sujetos deposita rios del poder politico, econdémico, social, religioso y los detentadores de la autoridad. Dentro de esta tradicién dominante la negacién del derecho a la diferencia y la conversién de ésta en desigualdad ha sido también el medio legitimador histéricamente mds utilizado para justificar la opre- sién y la explotacién. Es paradigmatic, en este sentido, que se le atribuyan a las mujeres determinadas caracteristicas que aparecen como inexorablemente vinculadas con su sexo biolégico, que apartan a és- tas de los Ambitos de poder y les limitan su desarrollo como personas (Moreno, 1991:602). En efecto, tal como lo sefiala Chodorow (1984:264), nuestra so- ciedad las define en primer lugar como esposas y madres; estos pape- les femeninos y sus funciones familiares, subrayan ademas especial- mente las relaciones y los aspectos afectivos de la vida familiar: ser madre y esposa se centra de modo creciente —aunque no exclusiva- mente— en funciones emocionales y psicoldgicas: el trabajo de las mujeres es trabajo emocional. En opinién de Gonzélez (1993:149), la feminidad se define fun- damentalmente por la funcién de la maternidad. Sobre las particula- tidades bioldgicas del cuerpo femenino se construyen representacio- nes, creencias, valores y relaciones sociales. 3 En una nota aparecida en La Jornada (28 enero, 1994) se informa que en la revise Science aparecié un articule publicado por el Dr. Rubén Gur de la Universidad de Pensilvania en el que afirma que el cerebro de las mujeres y los hombres son identicos: salyo en la esfera de las emociones. “La diferencia de los cerebros —afirma el cientifico— jenncras: explica por qué tna mujer puede hablar covidianamente de sus sentimienros, mien eae : « los que un hombre se esconde detrds de su diario sin comprenderla”. Es impropio que '° “cientificos” sean capaces de hacer tales afirmaciones, 58 Marfa J. Rodriguez Shadow configuracién cultural del género femenino, por razones amente naturales, biolégicas (en realidad por entrenamiento* dato social y ellas como buenas aprendices de los papeles que la d les asigna) serd la maternidad y todos los atributos sociales nstruyen a partir del hecho bioldgico de la gestacién y el Para las mujeres, pues, la reproduccién bioldgica y por exten- bién social: la esfera doméstica, el espacio privado, la no in- cién en la vida social extrafamiliar mas alld de lo estrictamente jo para desarrollar adecuadamente sus tareas socialmente ctivas (Moreno, 1991:620). El ejercicio maternal de las mu- —como dice Chodorow (1984:13)— uno de los pocos ele- universales y permanentes de la divisién sexual del trabajo. Con base en el género se estructura lo relacionado con el trabajo: sién realiza cada labor?; b) la naturaleza de cada tarea; c) organi- dela produccién, reproduccién, distribucién y consumo, y d) aloracién que se hace de esas actividades. El ejercicio maternal de mujeres es un rasgo definitorio y central de la organizacion sexual cial y estd implicado en la construccidn y reproduccién del domi- culino (Chodorow, 1984:21). El género es un principio basi- nizador de los procesos de trabajo que a su vez condicionan as otras practicas sociales (Alberti, 1994:39; Moreno, 1991:622; Nelson, 1990; Lewontin, Rose; Kamin, 1991:189). anifestado que la identidad de las mujeres hasta hoy ha sido la de , madres y amas de casa (Bartra, 1994:14; Gonzalez, 1993:150) sociedad occidental contempordnea ha generado espacios so- cautiverios” les llama Lagarde (1990), en los que las mujeres nelaustradas, uno de los cuales es el de las “madresposas”. © estoy en desacuerdo con Chodorow (1984:18) quien sostiene que: “la Kcccidn. del ejercicio de la maternidad... no se trata de un producto... del entrena- Social intencional”. Es bastante obvio que la sociedad “no deja a la naturaleza nO suo”; esto es hacer que las mujeres en raz6n de sus hormonas asuman sus funcio- iticas y maternales; por el conttario, la sociedad a través de un muy sabio y nte Entrenamiento, adoctrinamiento y adiestramiento impele a que las mujeres 10 papeles que la sociedad les ha asignado, Asimismo, discrepo con Serret (1992:6 46h Alberti, 1994:37) en que “la asignacién cultural de identidades de género no ‘de una ‘Voluntad de poder’ en el sentido de que exista una intencionalidad en Petsonas para construirlas valorativamente desiguales...” ao Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Aunque en apariencia el concepto de maternidad sdlo remite a periodo de embarazo y parto, constituye en realidad una relacién s9_ cial que trasciende el Ambito de la reproduccién bioldgica. Las muje- res, al tener un cuerpo dotado y apto para la procreacidn, poseen las. caracteristicas indispensables para la reproduccidn de la cultura a Ja cual pertenecen. Esta relacién social, en consecuencia, comprende: la socializacién de los nifios, su endoculturacién y cuidado, la realizacién de las tareas domésticas, la reposicién cotidiana de la fuerza de trabajo, apoyo emocional a los hijos y esposo, cuidado de enfermos, transmisién de los contenidos genéricos y entrenamiento en esas funciones, la con- formacién de las identidades genéricas y la wansmisién de la expe- riencia de las mujeres entre si (Castafieda, 1987:133). En torno a la cuestién de la maternidad estoy de acuerdo con Muldworf (1980:129) al sefialar que: | Cuando se dice que las mujeres llevan en su cuerpo, en su biologia, la posibilidad de ser madres y que ese lugar particular en el proceso de re- produccién de la especie les da toda su singularidad, no se dice nada que ] choque al sentido comtin. Pero no es la biologfa (ni la anatomia) la que provee el destino de la “feminidad”: es la manera como en una sociedad dada, gracias a las instituciones y a las ideologias que portan, son interiorizadas por los individuos esas relaciones de las mujeres con sus cuerpos y con sus funciones maternales. También coincido con Ela (1993:3) en que: A través de procesos permanentemente reforzados y reproducidos, a las mujeres se les adjudica una serie de atributos genéricos que van més all de lo que sus caracterfsticas biolégicas pudicran determinar. En estos att butos, definidores de la normatividad de su comportamiento, sé hincapié particularmente en la maternidad. Las modalidades en las que ésta se ejetce, asi como la manera en que se vincula con Ja identidad femenina, son productos culturales. Buxé (1987:25) asevera que las nuevomexicanas asumen una a dad fundamentada en los valores tradicionales de la ideologia cult® ral mexicana y afirma que: hace « Marfa J. Rodriguez -Shadow rabilizacién del sistema, la proteccién familiar, la escolarizacién y edios de comunicacién no promueven necesariamente la realiza- ic una identidad més propia ¢ independiente, sino que paradéji- te, la identidad de la mujer revierte a los cénones de feminidad y sentimientos de valer) de la ideologfa patriarcal. co, el moderno discurso étnico muy difundido entre las exicanas, que al vivir en las ciudades y adquirir una educa- yersitaria se denominan a si mismas chicanas o al menos hispa- ‘est permeado por el discurso feminista. Esto es algo muy lejano y -ibido ni sentido y mucho menos reivindicado por las mujeres a. Buxd (1987) cita un poema anénimo, escrito por una mu- ecido en la revista La Raza Habla: e es que siempre fuimos os, siempre de espiritu de cuerpo. ledad que siento ahorita no para mi, siempre me he éa ticon mis pensamientos, peranzas, mis sentimientos, cosas de que queria decirte pero nunca te prestaste. ere too macho, too strong to listen heartbeat. So I remained quiet-lost own self. Ok, your sons are grown and gone each to their own world-Lie there and be satisfied hey carry your name. Y AHORA QUE? mujer de Mora seria capaz de cuestionar de ese modo las les genéricas 0 su papel maternal, aunque si de manifestar sus Ones en esta forma especial de combinar las palabras en espafiol es en inglés. En efecto, en Mora es imposible encontrar una ‘que abiertamente se declare feminista o defensora siquiera de techos femeninos; lo que de manera incuestionable sf existe es €ncia ala dominacién masculina y una actitud cuestionadora més firme frente a la autoridad de los hombres. uchas sociedades, y particularmente en la que he estudiado © considera —y muchas de las mujeres entrevistadas as{ lo Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México ven—a la maternidad como la principal funcién de las mujeres, A continuacién examino algunos testimonios. 7 Una joven mujer, divorciada, madre de dos nifios, confiesa: “So muy feliz siendo mujer, pues la realizacién maxima en los seres hy manos es la maternidad. Las mamds son lo més importante para los hijos, ellos dependen completamente de una, eso me da mucha saris faccién y sentimientos de importancia”. Una joven soltera de 24 afios afirma: “ahora yo trabajo para vivir pero cuando me case quisiera que mi marido me mantuviera para poder quedarme en la casa, me gustaria tener cinco 0 siete nifios”, Una mujer de 37 afios, casada, empleada de la Casa de Corte, madre de un hijo de 16 aftos sostiene “la primera cosa en mi vida es mi hijo, el trabajo es secundario”. Una compaifiera de oficina de 39 afios, madre de dos adolescentes, explica: “mis hijas son lo mas im- portante de la vida, desearfa que el dinero que gana mi marido fuera suficiente para mantener la casa, pienso que ahorita mis hijas estén en una etapa de la vida que es muy peligrosa y planeo mi vida de manera que pueda pasar el mayor tiempo posible con ellas, me nece- sitan”. Otra de 39 afios, que trabaja también como secretaria en la Casa de Corte, madre de tres hijos, que se encuentra en este momento en proceso de separacién de su marido, opin: ‘Yo me voy de la casa, voy a irme a vivir a Las Vegas, no importa que tenga que arriar hasta acé para trabajar; mis hijos se van conmigo. Irin a la escuela en Las Vegas. Ellos son lo mds importante en mi vida, ellos me siguen a donde yo vaya. Podré quiz4 en el futuro tener otro compaficro. otro marido, ;quién sabe? los lazos con el esposo se rompen, con los hijos, jamés. Ellos seguirén siendo mis hijos aunque yo tenga ochenta afios”. Una soltera de 40 afios piensa que la maternidad es la funcidn mas importante en la vida de una mujer y sostiene “cuando me case ten" dré todos los hijos que Dios me dé”. Una casada de 40 afios, trabajadora, madre de dos hijos adultos que trabajan fuera del estado, proclama: “aunque yo ya vivo sola con mi marido y lo amo profundamente, estoy muy consciente que Y° me debo més a mis hijos, el esposo se cuida solo y mis hijos not aunque ya son adultos, si ellos me llaman diciendo que necesita? m 62 Marfa J. Rodriguez Shadow yo abandono todo para correr a su lado. Ese es mi deber y nplo con gusto”. 4 de 40 aiios, casada, madre de tres hijos, el mas pequefio de es tiene 10 afios observa: “el corazén de la casa es la mama y < importante para ella deben de ser sus hijos. Yo me quedé en la ‘cuidar a mis hijos hasta que el més chiquito tenfa un afio, luego regresar a trabajar. Es que los tiempos estén muy dificiles. Si wiere dar una educacién a los hijos hay que trabajar los dos. sberia de ser asi” trabajadora de 50 afios, madre de dos hijos adultos que ya no la casa, manifiesta que lo mds importante para ella siempre hijos, su marido ocupé un lugar secundario, “quizd eso se nunca nos llevamos bien”. Sefiala que, cuando sus hijos pendizaron ella empez6 a trabajar: nque un ingreso mds en la casa eta bueno, no era tanto la necesidad ndémica lo que me empujaba a trabajar, sino una necesidad interna de tirme necesitada y de salir de la casa que me asfixiaba. Cuando entré a ajar, a mi esposo no le gusté mucho la idea, pero se aguanté. Ahora a no estén mis hijos ni le veo chiste a mantenerme ligada a él, estoy ensando seriamente en separarme o incluso divorciarme de mi marido. Después de todo dentro de poco podré retirarme y mi maxima ilusién. eocupacién principal de una mujer debieran ser sus hijos; ahora, 0 ya hay tantos medios anticonceptivos las mujeres, en lugar de tener 05 los hijos que Dios les manda, sdlo tienen los que quieren. Yo estoy uerdo en que una sélo debe tener los hijos que pueda buenamente fener, pero las mujeres han abusado de esa libertad. Pero el hecho de =. Wha mujer nace para tener hijos no les da derechos a las mujeres as de tener hijos, eso es pecado, es contra nuestros principios reli- sa los que los mexicanos somos muy apegados. El marido sf es -ttante pues es, una vez que los hijos se van, el compafiero que se acon una hasta que la muerte nos separe, pero de todas maneras,. *hijos son lo primero de lo primero, nacieron de mis entrafias. Identidad femenina, etnicidad y trabajo en Nuevo México Una viuda de 73 afios —que sdlo tuvo tres hijos— comenta: la vida de las mujeres ¢s mejor ahora que antes, ya hay tantas cosas no tenet una familia grande y el avance de la medicina es tal que la vide de las mujeres es mas facilita. Por ejemplo, mi mamé tuvo 12 hijos (pero se le murieron cuatto durante la infancia); pero en la familia de mi abye._ lito (que se casé dos veces) y mi abuelita (que también se casé dos veces) hubo un total de veintisiete hermanos, eso es mucho. Yo tuve muchos problemas con mis embarazos, todos y cada uno de mis hijos nacieron con cesarea, por ello el médico me recomendé usar diafragma; sf lo use pero siempre tuve muchos sentimientos de culpa por ello. Sé que ahora la juventud es mds libre de pensamiento y de comportamiento, pero aho- ta hay mds peligros, yo aconsejo a mis nietos que usen condén... ta ya sabes... por lo del AIDS. En realidad, a mi me hubiera gustado tener una familia mds grande, mi hermana tiene nueve hijos, Dios prevé y es feliz dedicdndose a la casa y cuidando a sus hijos. Otra casada de 65 afios, afirma que sus padres tuvieron cinco hijas y cuatro hijos. Ella tiene cuatro hijas: una soltera y tres casadas, dos de ellas estén embarazadas, la otra tiene una nifia pequefia y se lamenta de que: “mi hija tiene que ir a Las Vegas a trabajar, pobrecita, en realidad ellos podrfan vivir con lo que él gana, pero la ambicién de tener més la hace trabajar; est4 mal pues su hija necesita a su madre cerca’. Ella indica que la maternidad debe ser lo mas importante para una mujer; su mama se dedicé enteramente a sus hijos y fue muy feliz, después ella pudo pasar bastante tiempo con sus hijas y las disfruto mucho y se me hizo muy livianito, pero veo que ahora a las mujeres se les hace cada vez més dificil cuidar a sus hijos. Actualmente una mujer que He un par de hijos se ahoga en un vaso de agua. Mi suegra, por ejemplo, cri duda cabe que los tiempos estan quince con la mano en la cintura. Ni ahora todo s¢ cambiando, las mujeres ya no aguantan tanto como antes; les hace dificil, de todo se quejan. Una mujer de 78 afios, retirada desde hace sicte aftos, viuda, declara: gustaban (ocho), cuando yo me cas¢ pensé que no iba a tener hijos, pues no me los nifios. Pero Dios me dio una leccién pues le dio muchos 64 Marla J. Rodrigues, -Shadow re que salia embarazada pensaba, tengo éste y ya... y volvia a salir + ravada... siempre terminaba aceptando al recién nacido; ahora ten- “4 i ntiseis nietos y los quiero mucho, no tengo tiempo de atenderlos a pues est{n muy aquerenciados conmigo. iuda de 78 afios, que tuvo tres hijos, declara que a una mujer no le pertenece: “una madre se debe enteramente a sus hijos. lo yo perdi a mi esposo no se me ocurrié volverme a casar, la des dura, pero una madre se debe a sus hijos... la madre es el de Ja casa. Esta sensacién de satisfaccién de construir a sus ys hijos a partir de su cuerpo es un privilegio tan grande y nadie ede quitar”. a entrevistada de 89 aftos piensa que la maternidad es la fun- importante de la mujer; ella considera que primero esta ser después esposa, pues los hijos siempre van a dar carifio, felici- dy compafiia; en cambio, el esposo “a veces abandona”, Ella tiene en tan alta estima la maternidad que afirma “aunque las que tienen hijos estando solteras estan en pecado” esta justi- a que “la mujer que no es madre no sabela felicidad de la que 4 perdiendo; hay algunas mujeres que jpobrecitas! no encuen- on quién casarse porque estan feitas, pero atin asf ellas deberfan u luchita —no para pescar un marido— pero si cuando menos un hijito que las acompafie en su vejez”. viuda de 83, especifica que “antes lo mds importante en la una mujer eran sus hijos, ahora ya no, como la vida esta tan len que salir a trabajar, y eso estd muy mal pues los hijos entrevistada de 85 afios, viuda, que tuvo 10 hijos, piensa que ue la madre es quien tiene los hijos, quien determina cudntos a tener una mujer es el esposo, ‘si él no se “sale” a tiempo ya estuvo que una quedé embarazada. Yo es mis hijos con mucho carifio, creo que las mujeres que por lemas ginecolégicos no tienen nifios, aunque sea deben adoptar unos 0s, pues la felicidad mds grande del mundo es que tu hijo te acaricie = Con sus manitas y te diga “mami, te amo”. Creo que debe ser terril i : c ible no rener hijos pues fuimos hechas por Dios para eso.