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UNIVERSIDAD NACIONAL “JORGE BASADRE GROHMANN” FACULTAD DE

CIENCIAS JURÍDICAS Y EMPRESARIALES ESCUELA PROFESIONAL DE


DERECHO

DELITOS CONTRA LA VIDA, EL CUERPO Y LA SALUD ART. 106,


107, 108, 108-A, 108-B, 108-C, 108-D

MAG. HUGO MORA ARCE


CAPITULO I.

HOMICIDIO SIMPLE ARTÍCULO 106.

“El que mata a otro será reprimido con pena privativa de libertad no
menor de seis ni mayor de veinte años”

I. GENERALIDADES.

El homicidio es uno de los delitos más comunes que se cometen en las

sociedades y que consiste en que alguien le causa la muerte a otro individuo a

través de diversas modalidades. Por caso es que la palabra se suele usar como

sinónimo de conceptos como crimen y asesinato.

En tanto, el homicidio simple se concreta cuando una persona, con dolo e

intención, pone fin a la vida de otra, pero no existen circunstancias alrededor

de ese crimen que la ley considere para ya sea atenuar o agravar la figura, es

decir, el homicidio simple se caracteriza porque hay una intención de matar a

otro. Por esto mismo se lo considerará como homicidio simple. Uno de los

ejemplos más comunes que podemos citar es cuando un ladrón mata a un

cómplice en medio de una huida.

Para calificar el delito de homicidio simple resulta irrelevante determinar la

modalidad empleada por el agente, así como los medios utilizados (revólver,

cuchillo, golpe de puño, etc.) para consumar el hecho punible. Se trata de

aquella clase de delitos que en doctrina se denominan "tipos resultativos o

tipos prohibitivos de causar", en los cuales la ley se limita solo a prohibir la

producción de un resultado sin determinar la clase del comportamiento típico.

Son tipos de injusto que no especifican el modo, forma o circunstancias de

ejecución, se limitan a exigir la producción de un resultado sin indicar cómo

o de qué modo debe arribarse a dicho resultado. (Romero)


Lo único que se exige es la idoneidad del medio para originar el resultado

dañoso. No obstante, las formas, circunstancias y medios empleados devienen

en importantes al momento de imponer la pena al homicida por la autoridad

jurisdiccional competente. De ese modo, lo entiende la Suprema Corte al

exponer en la Ejecutoria Suprema del 16 de julio de 1999 que: "en el delito de

homicidio, la conducta se agrava en función al móvil, a la conexión con otro

delito, por el modo de ejecución o por el medio empleado, elementos que dotan

a la figura básica de un plus de antijuridicidad, que justifican la imposición de

una pena mayor teniendo en cuenta, además la nocividad social del ataque al

bien jurídico protegido". (Peña Cabrera, 1992)

El artículo 106 constituye el tipo básico del homicidio de donde se derivan

otras figuras delictivas que han adquirido autonomía legislativa y sustantiva

propia a haber sido reguladas en forma específica y con determinadas

características (asesinato u homicidio calificado, parricidio, infanticidio, etc.).

II. BIEN JURIDICO PROTEGIDO.

Se pretende tutelar la vida humana independiente, entendida desde la

perspectiva natural y biológica. Esto es, se pretende proteger la vida de la

persona, la misma que comprende según nuestra sistemática desde el

momento del parto hasta la muerte de aquella.

Para nuestro sistema jurídico vigente, la condición, cualidad o calidad del

titular del bien jurídico "vida" no interesa para catalogar como homicidio

simple a una conducta dolosa dirigida a aniquilarla. Aquel puede ser un genio,

un idiota, la miss Perú, un deforme, un enfermo, un recién nacido, un

anciano, un orate, etc. igual, el hecho punible aparece y se sanciona

drásticamente debido a que la vida humana independiente es el bien

jurídico que a la sociedad jurídicamente organizada le interesa proteger en

forma rigurosa de cualquier ataque extraño.


A fin de evitar confusiones, es de precisar que cuestiones diferentes son el bien

jurídico y el objeto material sobre el cual recae la acción del agente. En efecto,

en el homicidio simple, el bien jurídico es la vida humana independiente, en

tanto que el objeto material del ilícito es la persona humana naturalmente con

vida contra la que se dirige el ataque y se produce el resultado letal. (Portillas

Contreras, 1990)

III. TIPICIDAD OBJETIVA.

La conducta típica del homicidio simple se concretiza al privar de la vida a otra

persona, esta conducta puede ser tanto por acción o por omisión impropia,

ante cuyo supuesto deberá existir una norma imperativa como el deber de

prestar socorro, entonces nos encontraremos frente a esta figura delictiva

cuando el bombero que acude a sofocar un incendio se percata que en uno de

los ambientes de la vivienda siniestrada se encuentra atrapado su ex jefe

quien días antes lo despidió arbitrariamente de su trabajo y dolosamente no lo

auxilia para que éste muera asfixiado. Lo relevante en este supuesto es que el

agente se encuentre en posición de garante frente a la víctima, es decir, que se

encuentre con el deber jurídico de actuar para evitar el resultado dañoso no

querido por el orden jurídico.

En el homicidio simple resulta indiferente y hasta irrelevante determinar la

modalidad empleada por el agente, así como los medios utilizados (revólver,

cuchillo, golpe de puño, etc.,) siempre y cuando no configuren otro tipo

delictivo como el asesinato, si el medio empleado es por ejemplo el veneno, la

explosión o el fuego, etc. Para consumar el hecho punible. Nos encontramos

entonces frente a delitos de "tipos resultativos o tipos prohibitivos decausar",

en los cuales la ley se limita solo a prohibir la producción de un resultado sin

determinar la clase del comportamiento típico. Son tipos de injusto que no

especifican el modo, forma o circunstancias de ejecución, se limitan a exigir la


producción de un resultado sin indicar cómo o de qué modo debe arribarse a

dicho resultado.

El artículo 106, constituye el tipo básico del homicidio de donde se derivan

otras figuras delictivas que han adquirido autonomía legislativa y sustantiva al

haber sido regulada en forma específica y con determinadas características

(asesinato u homicidio calificado, parricidio, infanticidio, etc.).

IV. SUJETO ACTIVO.

El tipo legal de homicidio simple indica de manera indeterminada al sujeto

activo, agente o autor, al comenzar su redacción señalando "el que". De ese

modo, se desprende o interpreta q e autor del homicidio básico puede ser

cualquier persona natural. Constituye un derecho común, pues para ser

sujeto activo no se necesita reunir alguna condición o cualidad especial, ya sea

que actúe por sí mismo o valiéndose de terceros, de medios mecánicos o

animales. En los casos de omisión impropia, el sujeto activo solo puede ser

quien está en posición de garante respecto del bien jurídico lesionado. Si en el

caso concreto no puede determinarse que el sujeto tenía la posición de garante

sobre el fallecido, resultará imposible atribuirle el resultado letal a título de

omisión. (Sanchez Gomez Vera Trelles, 2002)

V. SUJETO PASIVO.

Al prescribir el tipo penal la expresión " a otro" se entiende que sujeto pasivo

puede ser también cualquier persona natural y con vida desde el momentodel

parto hasta su muerte debidamente determinada -alegamos desde el momento

del parto por las consideraciones que expondremos más adelante, cuando

desarrollemos la figura delictiva del infanticidio-. Claro está, se exceptúa a los

ascendientes, descendientes, cónyuges o concubinas del agente, quienes solo

son sujetos pasivos del delito de parricidio.

El sujeto pasivo tiene que ser una persona con vida. El que procura la muerte
de un cadáver creyéndole vivo, de ningún modo puede ser imputado el hecho

ilícito de homicidio simple.

VI. TIPICIDAD SUBJETIVA.

Recurriendo a la técnica del numerus apertus para los delitos dolosos, para la

configuración del homicidio simple se requiere la concurrencia del dolo en el

actuar del agente. El dolo exige el conocimiento y voluntad de realizar las

circunstancias del tipo objetivo; es decir, el sujeto activo, debe actuar con

conocimiento de dar muerte a su víctima y querer hacerlo.

Es posible excluir el dolo por la concurrencia del error de tipo vencible o

invencible, en el caso de concurrencia del error de tipo vencible se excluye el

dolo tratando el acto como culposo.

Es admisible el dolo directo, dolo indirecto y el dolo eventual. El dolo directo

presupone el gobierno de la voluntad. En él, las consecuencias que el agente

se ha representado mentalmente fueron voluntariamente buscadas y queridas.

El autor quiere matar, emplea el medio elegido y mata.

VII. CONSUMACIÓN.

Entendemos que existe consumación de un hecho punible cuando el sujeto

activo da total cumplimiento a los elementos constitutivos descritos en el tipo

penal. En ese sentido, el homicidio simple alcanza su consumación cuando el

agente, actuando dolosamente, ha puesto fin a la vida del sujeto pasivo. Esto

es, haya agotado el verbo matar.

Aun cuando el tipo penal se refiere en forma singular al agente, es

perfectamente posible la participación de varios sujetos en la comisión del

hecho criminal. En estos casos, aplicando la teoría del dominio del hecho se

diferenciará entre autores y partícipes (ya sean en nivel primario o

secundario). Para ello se tendrá en consideración lo prescrito en los artículos

23, 24 y 25 del CP.


CAPITULO II.

PARRICIDIO ARTICULO 107

“El que, a sabiendas, mata a su ascendiente, descendiente, natural o

adoptivo, o a una persona con quien sostiene o haya sostenido una

relación conyugal o de convivencia, será reprimido con pena privativa

de libertad no menor de quince años.

La pena privativa de libertad será no menor de veinticinco años, cuando

concurra cualquiera de las circunstancias agravantes previstas en los

numerales 1, 2, 3 y 4 del artículo 108°. En caso de que el agente tenga

hijos con la víctima, además será reprimido con la pena de

inhabilitación prevista en el inciso 5 del artículo 36°.”

I. GENERALIDADES.

Uno de los crímenes más execrables que existen en el ordenamiento jurídico

Peruano es el parricidio. La legislación sustantiva no ha hecho sino recoger la

realidad de ese delito que desde tiempos antiguos ha marcado profundamente

el espíritu humano. A través del artículo 107 del código Penal peruano se

describe el delito de parricidio, en un sentido amplio o general, que incurre el

parricidio propiamente dicho, matricidio, filicidio, conyugicidio, uxoricidio, con

el añadido del homicidio en agravio del concubino, ya sea en relación vigente o

pasada. Asimismo los delitos en mención son reprimidos actualmente con

pena privativa de la libertad no menor de quince años en su forma básica y no

menor de veinticinco años en su forma agravada por circunstancias de

asesinato. (SALINAS SICCHA, 2015)

Mediante Ley 29819, publicada en el Diario Oficial “El Peruano” con fecha 27
de diciembre de 2011, se añadió el denominado feminicidio que

normativamente se presentó en ese entonces como una modalidad del

parricidio, cuando la víctima del delito de parricidio es o ha sido la cónyuge o

la conviviente del autor o estuvo ligada al mismo por una relación análoga. Por

su parte el artículo 109 del mismo cuerpo de leyes establece una atenuante

referida a circunstancias de emoción violenta, lo cual acarrea una pena no

menor de cinco ni mayor de diez años para el parricida.

El artículo 107 del código penal exige al autor una determinada vinculación

subjetiva con la frase “a sabiendas” para el perfeccionamiento del delito. Tiene

que haber una intención y conciencia de acabar con la vida de la víctima con

la cual se mantiene un vínculo filial o legal, para que estos se configuren con

una pena privativa de libertad no menor de quince años, no menor de

veinticinco años o con la atenuante anteriormente referida. Queda aquí claro

que para la comisión del delito de parricidio no solo se requiere el dolo de

matar o acabar la vida de una persona, sino que se debe tener conocimiento

que se acaba con la vida de ascendiente, descendiente, cónyuge, conviviente

conforme está prescrito en el artículo 107 del Código Penal Peruano.

II. BIEN JURIDICO PROTEGIDO.

Es "la vida humana independiente “comprendida desde el parto hasta la

muerte natural de la persona humana. Los tipos de homicidios en razón del

parentesco o relación son tipos agravados. Protegen, por tanto, además del

bien que ya es objeto de tutela en el tipo fundamental de homicidio doloroso

consumado, otro bien, el cual legitima la punibilidad agravada. En otras

palabras: Son dos los bienes tutelados: la vida humana y la fe y/o la seguridad

fundadas en la confianza derivada de la relación entre ascendiente y

descendiente. (Abanto Vasquez, 2004).

III. TIPICIDAD OBJETIVA.


El parricidio se configura cuando el agente o sujeto activo da muerte a su

ascendiente o descendente natural o adoptivo, o a su cónyuge o concubino,

conociendo que tiene tales cualidades respecto de su víctima.

Al respecto (Siccha.R., 2008)en su libro denominado “Derecho Penal- parte

especial” refiere que:

“El parricidio se configura cuando el agente en pleno conocimiento de sus

vínculos consanguíneos o jurídicos con su víctima, dolosamente le da muerte.

Siendo irrelevante típicamente los medios y formas empleadas, más solo

tendrán importancia al momento de individualizar la pena.”

Con este concepto, ya se puede dislumbrar o evidenciar un concepto que

contempla al delito de parricidio como un delito de infracción de deber, al

señalar dicho autor que es irrelevante típicamente los medios y forma, y esto

se debe a que tácitamente reconoce la existencia de un deber especial por

parte del sujeto activo, quien está obligado a promover y establecer el fomento

de un mundo en común con los agentes descritos en el artículo 107 del CP.

El conocimiento del vínculo de parentesco consanguíneo o jurídico por parte

del sujeto pasivo constituye un elemento fundamental de este delito, tal

circunstancia hace a la conducta delictiva independiente, autónoma y

diferenciable del delito de homicidio simple.

Sin embargo, cierta parte de la doctrina considera que se trata de un delito

derivado del homicidio simple; no obstante, en nuestro sistema jurídico penal

está justificado plenamente la existencia independiente de la figura del

parricidio, por las especiales circunstancias que conforman el tipo objetivo y

subjetivo; más aún si actualmente se desarrolla la teoría de infracción del

deber, en donde se considera al delito de parricidio como un delito de

infracción del deber al igual que los delitos contra la administración pública

cometidos por funcionarios o servidores públicos, delitos cuya autonomía no


se discuten. Siendo el fundamento para considerar al delito de parricidio que

el deber que tienen los sujetos cualificados, se desprende de la institución

patria potestad, familia y matrimonio.

El comportamiento típico consiste en matar, tal conducta admite tanto la

acción como la omisión, respecto a lo último, es el caso, por ejemplo, de una

madre que deja de alimentar a su pequeño hijo, teniendo como resultado de

ello la muerte del mismo. En este caso cuando la relación parental

fundamenta una posición de garante y existe una equiparación entre la

omisión y la realización de un tipo penal mediante un hacer el agente deberá

responderá por el delito de parricidio; o en el caso de un padre, quien trabaja

como salvavidas en la piscina en donde se ahoga su hijo, al cual no salva, aun

cuando pudo y debió hacerlo. (Villavicencio Terreros, Derecho penal 1er

edición, 2009)

IV. TIPICIDAD SUBJETIVA.

Es un delito intencional, está dado por el dolo, con sus correspondientes

elementos volitivos y cognoscitivos. El delito de parricidio requiere

necesariamente del dolo. Pero dicho dolo no solo requiere el conocimiento y

voluntad de matar a otro, puesto que para que se configure el delito de

parricidio es necesario que el autor tenga conocimiento de que la persona que

mata es su cónyuge, hijo, padre o conviviente; esto es debe tener conocimiento

de la relación parental.

El tipo legal exige al autor una determinada vinculación subjetiva con la frase

“a sabiendas” para el perfeccionamiento jurídico de la figura. La conducta

típica subjetiva posee el significado de precisar un mayor desvalor jurídico,

pues el desconocimiento de la existencia del vínculo impediría la debida

adecuación a estos delitos. No debe confundirse el elemento subjetivo del tipo

con la culpabilidad, porque podría por ejemplo, darse el caso de un sujeto


mate a sabiendas a su padre sin que por ello sea culpable al haber cometido el

hecho. Al respecto el autor (Villavicencio Terreros, Derecho penal 1er edición ,

2009), refiere que:

El hecho punible del parricidio se realiza con dolo directo así como dolo

eventual, este se presenta cuando el sujeto activo, conociendo la relación

parental con el sujeto pasivo, se representa el resultado letal como posible y lo

acepta.

La expresión a sabiendas utilizada por el legislador en el momento histórico de

legislar el tipo penal del artículo 107 está dirigida a exigir que el agente actúe

conociendo perfectamente la relación parental con su víctima. Si se verifica

que no conoció tal circunstancia, el parricidio desaparece por más dolo

eventual o directo con el que haya actuado. Basta que el sujeto activo

conociendo la relación parental que le une con el sujeto pasivo se representa

seriamente el resultado letal y lo acepte o se conforme con ello para estar

frente al dolo eventual.

V. SUJETO ACTIVO.

Solo está limitado a quien ostenta las cualidades de parentesco consanguíneo,

jurídico o sentimental con el sujeto pasivo de la acción, siendo sujetos activos:

- En línea ascendente: el padre, abuelo, bisabuelo, etc.

- En línea descendente, el hijo, el nieto, el bisnieto, etc. También tiene dicha

cualidad el cónyuge, concubina o conviviente. Asimismo, "si es un extraño el

partícipe no podrá ser considerado como parricida, el vínculo de parentesco

entre víctima y agraviado es una circunstancia o calidad personal que afecta la

penalidad y solo puede agravarla en relación al titular de dicho vínculo"

El sujeto pasivo se encuentra limitado a determinadas personas que ostentan

cualidades especiales que le une con el sujeto activo; por lo que, la situación

de la víctima no puede ser cualquier persona, sino aquéllas que tienen relación
parental (únicamente pueden ser los ascendientes y descendientes en línea

recta) O sentimental con su victimario, e incluso está incluida como víctima

aquella persona que en el pasado tuvo una relación de cónyuge o convivencia

con éste.

VI. SUJETO PASIVO.

Igual como ocurre en cuanto al sujeto activo, la situación de víctima en el

injusto penal de parricidio también se encuentra limitado para determinadas

personas que ostentan cualidades especiales que le une con el agente. Sujeto

pasivo no puede ser cualquier persona, sino aquellas que tienen relación

parental o sentimental con su verdugo. Incluso, en este último supuesto, está

incluida como víctima, aquella persona que en el pasado tuvo una relación

sentimental-sexual con el verdugo. En ese sentido, del tipo penal se desprende

que víctima del delito de parricidio únicamente pueden ser los ascendientes y

descendientes en línea recta del parricida.

También su cónyuge y el hijo adoptivo de acuerdo con el artículo 377 del

Código Civil y, finalmente, actual o pasado, el concubino, conviviente, pareja,

novio, enamorado, amiga íntima, etc., del sujeto activo.

(BRAMONT-ARIS TORRES Luis Alberto y GARCIA CANTIZANO, Maria del

Carmen, 1998) Antes de la modificatoria de diciembre de 2011, en forma

acertada señalaban que en cuanto a la relación parental surgida mediante el

matrimonio, habría que tener presente las reglas del Código Civil. La mera

separación de cuerpos no elimina la existencia del delito de parricidio. Sin

embargo, con la modificatoria producida al contenido del tipo penal 107 del

CP, se precisa que así exista declaración de nulidad del matrimonio o el

divorcio se haya producido, o la relación sentimental haya concluido, igual se

tipificará como parricidio el homicidio cometido por uno de ellos en agravio del
otro.

Por lo demás, resulta obvio que según el propio texto del tipo penal no se

configura el injusto penal de parricidio cuando el agente es hermano tío,

primo, suegro, yerno, nuera, etc., de su víctima.

VII. FEMINICIDIO.

El último párrafo del artículo 107 del Código Penal, luego de la modificación

introducida por la Ley N° 29819 de diciembre de 2011, prescribe que: "si la

víctima del delito de parricidio es o ha sido la cónyuge o la con• viviente del

autor, o estuvo ligada a él por una relación análoga, el delito tendrá el nombre

de feminicidio".

El feminicidio es definido como el crimen contra las mujeres por razones de

género. Es un acto que no responde a una coyuntura específica, pues se

desarrolla tanto en tiempos de paz como en tiempos de conflicto armado y las

mujeres víctimas no poseen un perfil único de rango de edad ni de condición

socioeconómica. Los autores de estos crímenes tampoco tienen calidades

específicas, pues pueden ser personas con quienes la víctima mantiene un

vínculo afectivo, amical o social, como por ejemplo familiares, parejas,

enamorados, novios, convivientes, cónyuges, ex convivientes, ex cónyuges o

amigos. También pueden ser personas conocidas, como vecinos, compañeros

de trabajo y de estudio; de igual forma, desconocidos para la víctima.

Asimismo, los homicidios pueden ser realizados de manera individual o

colectiva, e incluso por mafias organizadas.

VIII. ¿QUÉ RELACIÓN JURÍDICA SE DA ENTRE EL DELITO DE PARRICIDIO Y

EL ASESINATO?

En el concurso ideal de delitos existe dificultad para determinar la eventual

concurrencia sobre una conducta de una doble calificación, subsumible tanto

en el parricidio como en el asesinato, debido a que el comportamiento posee


las características propias de ambos tipos.

En el concurso ideal ninguna de las figuras delictivas es suficiente por sí sola

para abarcar todos los aspectos de desvalor de la conducta. La calificación del

parricidio no es suficiente porque no capta los elementos del asesinato y este

tampoco basta, pues no abarca el parentesco presente en el parricidio.

En definitiva, puede plantarse una calificación por parricidio en concurso ideal

con el asesinato sobre la base de la aplicación de una o más circunstancias

concurrentes en la ejecución del hecho.

CAPITULO III.

HOMICIDIO CALIFICADO-ASESINATO ARTICULO 108

“Homicidio calificado Será reprimido con pena privativa de libertad no

menor de quince años el que mate a otro concurriendo cualquiera de las

circunstancias siguientes:

1. Por ferocidad, codicia, lucro o por placer.

2. Para facilitar u ocultar otro delito.

3. Con gran crueldad o alevosía.

4. Por fuego, explosión o cualquier otro medio


capaz de poner en peligro la vida o salud de otras personas”

I. CUESTION PREVIA

El homicidio calificado o asesinato es quizá la figura delictiva más aberrante

de nuestro Código Penal que cuando se verifica en la realidad, muchas veces

uno no entiende hasta dónde puede llegar el ser humano en la destrucción de

su prójimo.

II. TIPICIDAD OBJETIVA

El hecho punible denominado asesinato se configura cuando el sujeto activo


da muerte a su víctima concurriendo en su accionarlas circunstancias

debidamente previstas y enumeradas en su artículo 108 del Código Penal. No

obstante, se entiende que no es necesaria la concurrencia de dos o más de las

características descritas para perfeccionarse aquel ilícito penal, sino con la

sola verificación de una de ellas que aparece el delito.


Teniendo en cuenta que las circunstancias especiales que caracterizan al

asesinato se refieren a medios peligrosos o revelan una especial maldad o

peligrosidad en la personalidad del sujeto activo, podemos definirlo como la

acción de matar que realiza el agente sobre su víctima haciendo uso de medios

peligrosos o por efectos de perversidad, maldad o peligrosidad de su

personalidad.

2.1. Por ferocidad:

El asesinato por ferocidad se define como el realizado en absoluto desprecio y

desdén por la vida humana. En doctrina existe aceptación mayoritaria en

afirmar que en la realidad se presentan hasta dos modalidades que dan a

entender el actuar por ferocidad, a saber:

a) Cuando el sujeto activo concluye con la vida del sujeto pasivo sin motivo ni

móvil aparentemente explicable. El agente demuestra perversidad al actuar sin

tener un objetivo definido. Falta un móvil externo. Al final, cuando cualquier

persona, ya sea operador jurídico o común, pretenda encontrar una

explicación sobre los motivos y móviles que hicieron nacer en el agente la

intención de poner fin a la vida de una persona, incluso desconocida por

aquel, no puede encontrarlo razonablemente, sino recurriendo a pensar que

aquel sujeto muestra un desprecio por la vida humana. Nada le importa nile

inmuta. Le da igual matar a una persona que un animal.

b) Cuando el agente actúa con ferocidad brutal en la determinación del agente, es

decir, inhumanidad en el móvil. Vale hacer anotación de que no se trata de la

ferocidad brutal, cruel e inhumana en la ejecución del homicidio, pues este

vendría a constituir una modalidad más del asesinato como es matar con

crueldad, si no que la ferocidad se evidencia en la determinación del agente

para poner fin a la vida del sujeto pasivo. Aquí se trata de una ferocidad cruel
entendida desde un aspecto subjetivo.

2.2. Por codicia

Se verifica la circunstancia agravante cuando el agente da muerte a la víctima

guiado por un apetito exagerado y desmedido de la riqueza, sea que el

beneficio resulte grande o pequeño en el caso singular. Por ejemplo, mata por

codicia el heredero que apetece y anhela el patrimonio del pariente rico, cuya

existencia prolongada le obstaculiza el disfrute de su riqueza, y en

consecuencia toma la decisión de ocasionarle la muerte para disponer

inmediatamente de su enorme fortuna.

La codicia está referida a una característica espiritual del autor, es decir, a su

inclinación exagerada al lucro y riqueza. Admira y requiere la riqueza que sabe

bien no tiene. El concepto de codicia tiene como contenido material al apetito o

impulso exagerado e irrefrenable de bienes o riquezas por parte del autor de

homicidio calificado. El plus se verifica por el móvil de codicia que impulsa la

acción dolosa del agente para provocar la muerte de su víctima.

2.3. Por lucro:

Se configura el asesinato por lucro cuando el agente produce la muerte de su

víctima con el firme propósito y objetivo de obtener un provecho o ganancia

patrimonial. Esto es, el sujeto activo actúa porque recibió o recibirá en un

futuro, dinero de un tercero para poner fin a la vida de su víctima, o porque

espera obtener una ganancia o provecho económico con su actuar ilícito al

heredar los bienes del sujeto pasivo o cobrar un seguro de vida.

a) Cuando una persona, actuando por una compensación económica y a pedido

de un mandante, da muerte a su víctima. Aquí aparece el mandante y el

ejecutor, quien actúa guiado por la codicia. El pacto o acuerdo criminal el

precio o la promesa remunerativa deben ser efectivos, no presuntos o


esperados por el sicario. Sin duda, al mandan te o inductor, al tener desde el

inicio del acto homicida el dominio del hecho, se le aplicará la misma pena que

al sicario, pues ambos son autores del asesinato.

b) Cuando el sujeto activo guiado por la obtención de un beneficio patrimonial,

unilateralmente toma la decisión de cegar la vida de su víctima. Matar para

heredar, matar para cobrar un seguro de vida, matar al acreedor para que no

le siga cobrando la deuda, etc. A nuestro entender, es posible que al momento

de individualizar la pena, el juzgador se decida por una pena más alta a la que

correspondería de evidenciarse la primera modalidad. Ello debido que la

mayoría de las veces, la víctima tendrá vínculos sentimentales de parentesco

natural, jurídico o amicales con su verdugo, presentándose más reprochable la

conducta delictiva.

2.4Por placer:

Se configura cuando el asesino mata por el solo placer de hacerlo, es decir, el

agente experimenta una sensación agradable, un contento de ánimo o un

regocijo perverso al poner fin a la vida de su víctima. En esta modalidad, el

único motivo que mueve o motiva al agente es el deleite, complacencia o

satisfacción de dar muerte a la víctima ya sea por lujuria o vanidad. Aparece

un gozo inexplicable en el asesino al ocasionar la muerte de su ocasional

víctima. Nadie puede explicarse como una persona puede llegar a divertirse y

celebrar con regocijo el dar muerte a una persona, cuando lo normal y natural

es sentirse mortificado y arrepentido. Sin duda, el sujeto que llega a estos

extremos, no tiene frenos inhibitorios para respetar siquiera la vida de sus

congéneres y, por ende, se constituye en un peligro constante para cualquier

persona. Este tipo de sujetos presentan la mayor de las veces una

personalidad desviada que se expresa en una anomalía psíquica o enfermedad


mental que el juez al momento de calificar la pena a imponerle no puede dejar

de observar.

2.5Para facilitar otro delito:

Esta modalidad se configura cuando el sujeto activo pone fin a la vida de una

persona para facilitar o favorecer la comisión de otro delito independiente.

Fácilmente se identifica la existencia de un delito-medio (asesinato) y un

delito-fin (cualquier otro delito).

Con Roy Freyre, podemos sostener que aquí aparece el agente causando la

muerte de una persona (delito-medio) con el objeto de hacer viable otro hecho

delictuoso que puede ser de naturaleza idéntica al precedente o distinta

(delito- fin). De ese modo, el homicidio representa el medio para lograr o

consumar el delito fin. Por ello, la conexión es necesaria entre uno y otro

tramo entre lo que el autor hace (mata) y lo que persigue (el otro delito). Debe

existir conexidad subjetiva o ideológica que funciona como un eslabón que

une el homicidio c o n e l o t r o d e l i t o . Los dos hechos deben estar conectados

psicológicamente entre sí. Caso contrario, si no hay conexión entre el delito

precedente y el delito fin, se excluye esta modalidad homicida configurándose

un concurso de delitos.

Aquí no estamos ante un concurso real de delito como sostiene Castillo Alva,

sino frente a una sola conducta punible, el asesinato para facilitar la comisión

de otro delito. Hay conexión subjetiva entre el homicidio y el delito fin. En

suma, no es posible jurídicamente hacer una doble valoración, es decir, no es

posible atribuir al agente el delito de asesinato por el delito precedente y otro

delito por el delito-fin. La Suprema Corte en casos de la vida real ha dejado

establecido que este ilícito se caracteriza "por la muerte de una persona como

medio para hacer viable otro hecho delictuoso; así, en el caso de autos, los
encausados no han tenido reparos en sacrificar una vida humana con la

finalidad de satisfacer su apetito económico; que, asimismo, ha quedado

acreditado que la finalidad de los acusados en todo momento ha sido la de

apoderarse del dinero de la víctima, coligiéndose pues que el delito fin era el

robo; por ello el hecho criminoso no puede ser calificado al mismo tiempo como

robo agravado ya que se estaría incurriendo en una doble valoración de la

conducta incriminada, pues se trata de tipos penales excluyentes". En igual

sentido, en la Ejecutoria Suprema del 03 de noviembre de 1998 se expone que

este ilícito "se caracteriza por la muerte de una persona como medio para hacer

viable otro hecho delictuoso; siendo que en el caso de autos el acusado no ha

tenido reparos en sacrificar una vida humana para satisfacer su afán de

posesión económica, coligiéndose así que el delito fin era el robo".

2.6. Para ocultar otro delito:

En la realidad se configura esta modalidad homicida cuando el agente da

muerte a una persona con la finalidad o propósito de ocultar la comisión de

otro delito que le interesa no sea descubierto o esclarecido.

Roy Freyre señala que la calificante es válida tan solo en la hipótesis que

exista una conexión subjetiva en la comisión de ambos ilícitos penales: entre el

delito- precedente (que lesiona o compromete cualquier bien jurídico) y el

delito consecuente (que lesiona la vida misma). En ese sentido -continúa Roy-,

para que opere la calificante debe coexistir en la mente del autor, al momento

de perpetrarse el homicidio, tanto la decisión de matar como también el

propósito de que su comisión tenga por fin dificultar el esclarecimiento de un

delito ya cometido y de acaecimiento más o menos próximo. En tanto que

Bramont-Arias Torres/Garda Cantizano, indican que lo importante para

constituirse esta modalidad de asesinato es que la muerte se cause con la

concreta finalidad de ocultar el primer delito ya ejecutado por el sujeto. Por


ello, se exige, además del dolo de matar, una concreta finalidad cual ~s ocultar

otro delito. Por ejemplo, en el Ejecutoria Suprema del 26 de marzo de 1999 se

estableció que los hechos sub judice constituían homicidio para ocultar otro

delito debido que "cuando los referidos acusados se percataron que al parecer

el agraviado (...), había muerto, decidieron quitarle la vida a Emeterio Santos

Calvay, a fin de evitar que este los delatara".

2.7. Con gran crueldad:

Se configura esta circunstancia cuando el sujeto activo produce la muerte de

su víctima haciéndole sufrir en forma inexplicable e innecesaria.

En tal sentido, esta modalidad consiste en acrecentar deliberada e

inhumanamente el sufrimiento de la persona a la que se quiere exterminar,

causándole un dolor físico que es innecesario para la perpetración del

homicidio. En la Ejecutoria Suprema del 26 de marzo de 1999, se determinó

que los hechos instruidos constituyen homicidio con gran crueldad, debido

que los acusados causaron la muerte de los agraviados.

"para lo cual previamente los torturaron con fuertes golpes de puños, puntapiés,

culatazazos de fusil e incluso fueron sometidos a la 'técnica de la sumersión' con

la finalidad de lograr que éstos confesaran ser miembros de algún grupo

subversivo (...) que teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que los

acusadoshan acrecentado deliberada e inhumanamente el sufrimiento de los

agraviados, causándole un dolor que era innecesario para la perpetración de su

muerte, coligiéndose que los encausados por un lado han actuado con dolo

homicida y por otro con el propósito de hacer sufrir más a las víctimas".

En consecuencia, resulta indispensable la presencia de dos condiciones o

presupuestos importantes que caracterizan al asesinato con gran crueldad.

Primero, que el padecimiento, ya sea físico o psíquico, haya sido aumentado


deliberadamente por el agente, es decir, este debe actuar con la intención de

hacer sufrir a la víctima. Si llega a verificarse que en la elevada crueldad no

hay intención de acrecentar el sufrimiento de la víctima, no se concreta la

modalidad. Segundo, que el padecimiento sea innecesario y prescindible para

lograr la muerte de la Víctima, es decir, no era preciso ni imprescindible hacer

sufrir para lograr la muerte del que se quiere eliminar. El agente lo hace con

la sola intención de hacerlo padecer antes que se produzca la muerte,

demostrando con ello ensañamiento e insensibilidad ante el dolor humano.

2.8. Con alevosía:

Se presenta esta modalidad del asesinato cuando el agente actúa a traición,

vulnerando la gratitud y confianza (la bona fide) que le tiene su víctima y ala

vez, aprovechando la indefensión de esta al no advertir, ni siquiera sospechar,

el riesgo que corre su vida al brindar confianza a su verdugo creyéndole leal y

que muchas veces se presenta generoso. En otros términos, podemos definir la

alevosía como la muerte ocasionada de manera oculta a otro, asegurando su

ejecución libre de todo riesgo o peligro e imposibilitando intencionalmente la

defensa de la víctima.

De ese modo, para configurarse la alevosía se requiere la concurrencia de tres

elementos o condiciones fundamentales hasta el punto que, a falta de una de

ella, la alevosía no aparece: primero, ocultamiento del sujeto activo o de la

agresión misma (modo o forma de asegurar la ejecución del acto); segundo,

falta de riesgo del sujeto activo al momento de ejecutar su acción homicida y

tercero, estado de indefensión de la víctima. El ocultamiento del agente o de la

agresión misma se representa con el acecho o la emboscada. La falta de riesgo

supone una situación que ha sido procurada por el autor. El agente debe

haber buscado su propia seguridad personal antes de ejecutar la muerte de su

víctima. El agente busca actuar u obrar sobre seguro. Finalmente, el estado de


indefensión por parte de la víctima supone que el agente actúa aprovechando

un estado determinado de la víctima que no le permite defenderse de la

agresión. Aquí, el conocimiento y voluntad (dolo) de cometer el asesinato por

alevosía, no es elemento o condición de la alevosía. El dolo como elemento

objetivo del tipo se analiza después que se verifica los elementos

configuradores de la agravante de alevosía. Una cosa es alevosía que tiene sus

propios elementos y otra diferente, es el dolo que también tiene sus elementos

propios. Asimismo, debemos advertir que una cosa es saber cuándo hay

alevosía y cuándo se presenta como agravante en un asesinato. Para que se

configure la primera es necesario la concurrencia de los elementos anotados,

en tanto que para configurarse la agravante en estudio es necesario primero la

muerte de la víctima, luego la alevosía y acto seguido, la concurrencia del dolo

homicida del agente. A falta de uno de ellos la agravante no aparece.

2.9Por fuego

Se configura esta modalidad de asesinato cuando el agente de forma

intencional prende fuego al ambiente donde sabe se encuentra la persona a la

que ha decidido dar muerte, poniendo en peligro la vida o salud de otras

personas que allí se encuentren.

En ese sentido, en el tipo penal la frase "capaz de poner en peligro la vida o

salud de otras personas" orienta que esta modalidad de asesinato no se refiere

a dar muerte a la víctima prendiéndole fuego en forma directa o en un lugar en

que las circunstancias mismas hacen presumir que no pone en peligro a

nadie, pues allí aparecería otra modalidad del asesinato, como puede ser el

matar con crueldad (al respecto, hay unanimidad de criterio en la doctrina

peruana); sino por el contrario, se refiere que el uso del fuego, aparte de

buscar eliminar a la víctima, debe poner en peligro o riesgo la integridad de

otras personas. Esto es, aparece el asesinato cuando las circunstancias y el


lugar donde se ha prendido el fuego con la finalidad de poner fin a la vida del

sujeto pasivo, evidencian fácilmente que se pone en peligro la vida y la salud

de otras personas diferentes a la víctima. No se necesita que el fuego lesione la

vida o salud de terceras personas, es suficiente que el curso del acto homicida

origine un peligro concreto para aquellas.

2.10 Por explosión

Aquí, cabe hacer una distinción evidente entre el asesinato por el uso de un

medio explosivo, con la muerte que produce actos terroristas. Mientras que los

actos terroristas con el uso de explosivos solo buscan intimidar, alarmar o

crear zozobra en un grupo determinado de personas, si se produce la muerte

de alguna persona se configura una circunstancia agravante de la conducta

terrorista. En el asesinato por el uso de explosivos, el agente actúa con animus

necandi directo. Persigue la muerte de su víctima. Para lograr su objetivo no le

interesa poner en riesgo la vida y la salud de otras personas. Con ello se

demuestra su peligrosidad y se justifica la agravante. El agente planifica su

conducta homicida no importándole poner en peligro a otras personas con tal

de lograr su finalidad.

2.11 Otros medios capaces de poner en peligro la vida o la salud de otras

personas

Haciendo uso de la fórmula jurídica de numerus apertus, el legislador ha

dejado abierta la posibilidad para que el operador del derecho encuadre otras

circunstancias que la realidad presenta a la figura. Ello, mediante la

interpretación analógica, mas no por la figura de la analogía, pues esta no

tiene aplicación en el moderno derecho penal. Por ejemplo, puede presentarse

cuando el agente dolosamente, y sin importarle el peligro concreto que crea

para terceras personas, desvía las aguas de un río a fin que inunden la
vivienda de la persona que pretende dar muerte; o cuando por el derrumbe de

un edificio busca que su adversario en política pierda la vida, etc.

La fórmula de numerus apertus sirve para subsumir todos aquellos hechos en

los cuales el sujeto activo hace uso de medios que, por su misma naturaleza

destructiva, ponen en riesgo concreto la salud o la vida de otras personas

diferentes a la que se dirige intencionalmente la acción del agente. Roy Freyre,

comentado el código derogado de 1924, respecto de este punto, en forma clara

y contundente, señala que:

"el peligro colectivo debe ser previsible, no siendo necesario que se actualice o

que cause efectivamente los estragos temidos por su potencialidad catastrófica,

pues resulta suficiente con el riesgo corrido. Insistimos: basta que el curso

causal real sea eficaz para crear una situación de peligro, sin que sea

indispensable que culmine con daños a la vida o salud de personas distintas a

la víctima escogida, para que el hecho se subsuma en esta modalidad de

asesinato".

En conclusión, queda claro que la modalidad de asesinato no se configura por

la misma naturaleza catastrófica del medio o forma empleada por el agente,

sino por el hecho concreto que con el uso de aquellos medios destructivos para

dar muerte al sujeto pasivo se ha puesto en peligro real y concreto la vida y

salud de otras personas distintas a aquel. Esta situación se desprenderá del

lugar y tiempo en que fue utilizado el elemento catastrófico; así como por la

forma y circunstancias en que ocurrieron los hechos. Bramont Arias

Torres/Garda Cantizano, ponen un ejemplo que grafica lo que se pretende

explicar: si se pone dinamita para matar a una persona en un sitio

despoblado, no sería posible aplicar esta circunstancia. Ello, debido a que no

se cumple el elemento constitutivo del tipo, cual es la creación de peligro para


terceros.

2.12 Bien jurídico tutelado

La vida humana independiente. Como en todos los hechos punible s

homicidas, la vida es el interés social fundamental que el Estado pretende

proteger de manera rigurosa, Si confluyen algunas de las modalidades

enumeradas y analizadas, la pena es más alta, buscando con ello disuadir que

no se atente contra la vida de las personas.

2.13 Sujeto Activo

Agente o sujeto activo de la figura ilícita penal de asesinato puede ser

cualquier persona. No se requiere que aquel tenga alguna cualidad o condición

especial que le caracterice. El asesinato no se configura coma tal, por alguna

cualidad del autor, sino por ocasionar la muerte de una persona

materializando las modalidades que describe claramente el tipo penal. No

obstante, este tipo de delito está reservado para personas de condiciones

psíquicas especiales, cuando no anormales.

2.14 Sujeto Pasivo

Víctima también puede ser cualquier persona natural y con vida. El objeto que

resiste la acción homicida es necesariamente un ser humano con vida

independiente. De verificarse que la acción homicida circunstanciada se

produjo sobre un cuerpo cadavérico, el delito no aparece, así se constate el uso

de formas o medios perversos por el agente que demuestren peligrosidad para

el conglomerado social. Ello evidentemente se deriva de uno de los

presupuestos en los que se ampara el derecho penal moderno, cual es que los

hechos se sancionan por lo que significan en sí mismos y no por la

personalidad de su autor. Modernamente, se ha impuesto el derecho penal de


acto y no de autor.

III. TIPICIDAD SUBJETIVA

El asesinato es un delito netamente doloso, es imposible su comisión por

culpa o negligencia. El sujeto activo necesariamente debe tener conciencia y

voluntad de cegar o aniquilar la vida de su víctima haciendo uso de las formas

y desarrollando las circunstancias especificadas en el tipo penal.

en las modalidades por ferocidad, por lucro, por placer, para facilitar u ocultar

otro delito y con gran crueldad o alevosía, solo se admite el dolo directo. En

efecto, el agente debe querer cegar la vida de la víctima y, a la vez, ser

consiente de los fines, formas y medios a emplear para acceder a su objetivo.

El agente no actúa al azar, sino por el contrario, antes de actuar se representa

claramente el porqué, la forma, el tiempo y los medios a emplear para lograr

su propósito, ya sea para obtener un provecho patrimonial, para ocultar otro

delito, por crueldad, etc.

En cambio, en las modalidades previstas en el inciso 4 del artículo 108, esto

es, por el uso de fuego, explosión, veneno o cualquier otro medio, es

perfectamente admisible que aparte del dolo directo se presente el dolo

indirecto.

IV. ANTIJURICIDAD

Una vez que se ha determinado que en la conducta analizada concurren todos

los elementos objetivos y subjetivos que conforman la tipicidad de cualquiera

de las modalidades del asesinato previstos en el artículo 108 del Código Penal,

el operador jurídico pasará inmediatamente a analizar el segundo elemento o

nivel denominado antijuridicidad. Es decir, se determinará si la conducta es

contraria al ordenamiento jurídico o en su caso, concurre alguna causa de

justificación de las previstas y sancionadas en el artículo 20 del Código Penal.


De ese modo, el operador jurídico analizará si en el asesinato concreto

concurre la legítima defensa o el estado de necesidad justificante o el agente

actuó por una fuerza física irresistible o compelido por un miedo insuperable o

en cumplimiento de un deber.

Si se concluye que en el asesinato analizado concurre alguna causa de

justificación, la conducta será típica pero no antijurídica y, por tanto, será

irrelevante pasar a analizar el tercer elemento del delito conocido como

culpabilidad.

V. CULPABILIDAD

Si después de analizar la conducta típica del asesinato se llega a concluir que

no concurre alguna causa o circunstancia que lo justifique frente al

ordenamiento jurídico, el operador inmediatamente entrará a analizar si

aquella conducta homicida puede ser atribuida o imputable a su autor. En

consecuencia, analizará si la persona a quien se le atribuye la conducta típica

y antijurídica de asesinato es imputable penalmente, es decir, goza de

capacidad penal, para responder por su acto homicida. En este aspecto, por

ejemplo, tendrá que determinarse la edad biológica del asesino.

"La minoría de edad constituye una causa de inimputabilidad criminal, cuya

importancia normativa supone una presunción legal iure et de jure que incide en

una dimensión biológica de la persona, por lo que bastará la sola constatación

de que el sujeto no haya alcanzado la mayoría de edad para fundar la

exclusión de su responsabilidad penal".

Luego determinará si tenía conocimiento que su actuar homicida era

antijurídico, es decir, contrario a todo el ordenamiento jurídico. Pero, de modo

alguno no, se requiere un conocimiento puntual y específico, sino simplemente

un conocimiento paralelo a la esfera de un profano, o mejor, un conocimiento


que se desprende del sentido común que gozamos todas las personas

normales.

VI. PENALIDAD

Igual como ocurre con el parricidio, el legislador solo se ha limitado a señalar

el mínimo de la pena privativa de la libertad de quince años, mas no el

máximo. No obstante, recurriendo al contenido del artículo 29 de la parte

general del corpus juris penale, modificado por la Quinta Disposición Final del

Decreto Legislativo nº 895 del 23 de mayo de 1998, se verifica que el máximo

de pena para estos casos alcanza los 35 años. En consecuencia, en nuestro

actual sistema jurídico penal, un acusado de asesinato dependiendo de la

forma, circunstancias, medios empleados y su personalidad, se hará

merecedor a una pena privativa de libertad que oscila entre 15 y 35 años.

CAPITULO IV.

ASESINATO POR LA CONDICION PUBLICA DE LA VICTIMA

ARTÍCULO 108-A

“Homicidio Calificado por la Condición de la víctima El que mata a uno

de los altos funcionarios comprendidos en el artículo 39° de la

Constitución Política del Perú, a un miembro de la Policía Nacional, de

las Fuerzas Armadas, a un Magistrado del Poder Judicial o del

Ministerio Publico o a un Miembro del Tribunal Constitucional o a

cualquier autoridad elegida por mandato popular, en el ejercicio de sus

funciones o como consecuencia de ellas, será reprimido con pena

privativa de libertad no menor de 25 años ni mayor de 35 años”

I. CUESTION PREVIA

Siempre en la creencia errónea del legislador que el Derecho Penal es la


panacea de los problemas de inseguridad ciudadana, el 30 de junio de 2013 se

publicó en El Peruano la Ley Nº30054 que incorporó el artículo 108-A al

Código Penal.

Con ello se creó supuestamente un delito diferente, cuando realmente tal

hecho delictivo, ya estaba como circunstancia agravante del artículo 108 del

CP. En otros términos, lo que antes estaba como circunstancia agravante del

asesinato, ahora por voluntad propia e inexplicable del legislador, constituye

un nuevo delito. Considero que esta no es la mejor forma de legislar. Pues en

un Derecho Penal racional, una circunstancia agravante de la noche a la

mañana no puede constituirse en un nuevo delito.

II. TIPO PENAL

El delito de asesinato por la condición publica de la víctima se encuentra

tipificado en el artículo 108-A del Código Pena, cuyo contenido es el siguiente

‘’El que mata a un miembro de la Policía Nacional, de las Fuerzas Armadas, a

un magistrado del Poder Judicial o del Ministerio Publico o a un miembro del

Tribunal Constitucional o a cualquier autoridad elegida por mandato popular,

en el ejercicio de sus funciones o como consecuencia de ellas, será reprimido

con pena privativa de libertad no menor de veinte años.

III. HERMENEUTICA JURIDICA SI LA VICTIMA CUMPLE FUNCION PUBLICA

Por Ley Nº28878 del 17 de agosto de 2006, el legislador agregó otra

clasificación al artículo 108 del Código Penal, Según palabras del propio

presidente de la República, que promulgó aquella ley, esta tenía como

intención ‘’cortar todo desborde y exceso contra la autoridad’’, pues respeto a

la autoridad, ‘’no hay estado ni sociedad posible’’. Esto es, se pensaba, al igual

que ahora, que aumentando las penas se disuadía a las personas a que no

cometan asesinatos, cuando lo real y concreto es que la pena no cumple


aquella función.

IV. PENALIDAD

El acusado, luego del debido proceso, será sancionado con una pena privativa

de libertad no menor de 20 ni mayor de 35.


CAPITULO IV. FEMINICIDIO ARTÍCULO 108-B

Feminicidio. Será reprimido con pena privativa de libertad no menor de


quince años el que mata a una mujer por su condición de tal, en
cualquiera de los siguientes contextos:

1. Violencia familiar;

2. Coacción, hostigamiento o acoso


sexual;

3. Abuso de poder, confianza o de cualquier otra posición o relación que le


confiera autoridad al agente;

4. Cualquier forma de discriminación contra la mujer, independientemente


de que exista o haya existido una
relación conyugal o de convivencia con el agente.

La pena privativa de libertad será no menor de veinticinco años, cuando


concurra cualquiera de las siguientes circunstancias agravantes:

1. Si la víctima era menor de


edad;

2. Si la víctima se encontraba en estado


de gestación;

3. Si la víctima se encontraba bajo cuidado o responsabilidad del agente;


4. Si la víctima fue sometida previamente a violación sexual o actos de
mutilación;

5. Si al momento de cometerse el delito, la víctima padeciera cualquier


tipo de discapacidad;

6. Si la víctima fue sometida para fines de trata de personas;


7. Cuando hubiera concurrido cualquiera de las circunstancias agravantes
establecidas en el artículo
108°.

La pena será de cadena perpetua cuando concurran dos o más


circunstancias agravantes. En caso de que el agente tenga hijos con la
víctima, además será reprimido con la pena de inhabilitación prevista
en el inciso 5 del artículo 36°.

I. COMENTARIOS A LAS CIRCUNSTANCIAS AGRAVANTES DEL PRIMER

NIVEL

Llamamos circunstancias agravantes del primer nivel a las que tienen una
pena privativa de libertad no menor de quince años, siempre y cuando

concurran las siguientes circunstancias:

1.1. Violencia familiar

La violencia doméstica, violencia familiar o violencia intrafamiliar es todo

patrón de conducta asociado a una situación de ejercicio desigual de poder

que se manifiesta en el uso de la violencia física, psicológica, patrimonial y/o

económica o sexual. La violencia familiar incluye toda violencia ejercida por

uno o varios miembros de la familia contra otro u otros miembros de ella.

La muerte de la mujer, no importando su edad -aunque si es menor de edad se

aplicaría la agravante del segundo párrafo-, debe producirse en un

determinado contexto, que puede ser previo o durante, la acusación de la

violencia -física o psicológica- en el ámbito conyugal.

En otros rubros de delitos contra la vida, el cuerpo y la salud de nuestro texto

penal ya se observa la represión de figuras delictivas teniendo en cuenta la

violencia entre familiares; así véase el artículo 121 -B del C.P. -lesiones graves

por violencia familiar:

“El que causa a otro daño grave en el cuerpo o en la salud por violencia

familiar... y el artículo 122-B del C.P. -lesiones leves por violencia familiar: “El

que causa a otro daño en el cuerpo o en la salud por violencia familiar. En este

punto, para verificar el tema de violencia familiar previamente tendría que

existir denuncias presentadas ya sea verbal o por escrito- ante las autoridades

policiales, fiscales o judiciales competentes; en el sentido de que la mujer era

maltratada física y psicológicamente por su pareja.

1.2. Coacción, hostigamiento o acoso sexual

Por coacción se entiende la violencia física, psíquica o moral para obligar a

una persona a decir o hacer algo contra su voluntad.

En cambio, por hostigamiento se entiende como una conducta destinada a


perturbar o alterar. Hostigar es molestar a alguien o burlarse de él

insistentemente. En el sentido jurídico, es el comportamiento que se encuentra

amenazante o perturbador.

Por otro lado, se ha entendido que el acoso sexual es genéricamente la

manifestación de una serie de conductas compulsivas de solicitud de favores

sexuales con distintas formas de proceder dirigidas a un(a) receptor(a) contra

su consentimiento. Se puede aplicar a ambos sexos o personas del mismo

sexo. Tenemos que advertir que sobre todo la “coacción” y el “hostigamiento”

no tienen que darse dentro del contexto familiar, porque si no sería una

especie de violencia en el ámbito familiar, y se confundiría con el primer inciso

del artículo 108-A, anteriormente comentado. Por ejemplo, el jefe o gerente de

una empresa privada hostiliza permanentemente a su secretaria para que

acceda a tener relaciones sexuales, no obstante, ello, luego procede a matarla.

En este punto, la coacción, el hostigamiento o el acoso sexual deben realizarse

durante o previo a la producción de la muerte de la mujer. Aquí, tiene que

evidenciarse el flagelo de orden psicológico que padece previamente la víctima

en manos de su victimario; de todas maneras, nada de esto tiene sentido si es

que luego no se produce la muerte de la mujer.

1.3. Abuso de poder, confianza o de cualquiera otra posición o relación Que le

confiera autoridad al agente. En este punto, para la verificación de la

agravante, tiene que haber un abuso de poder, un abuso de confianza o

simplemente cualquiera otra posición o relación, que puede incluso ser una

relación laboral, que le confiera especial autoridad al sujeto activo.

Generalmente los abusos de poder, los abusos de confianza o cualquier otra

posición están en función con las relaciones parentales o consanguíneas entre

los sujetos involucrados. Así, por ejemplo, la sobrina que vive en el

departamento del su tío carnal por varios años, con lo cual existen entre ellos,
un cierto grado de confianza.

1.4. Cualquier forma de discriminación contra la mujer, independientemente

de que exista o haya existido una relación conyugal o de convivencia con

el agente. La discriminación contra la mujer, según el tipo penal en

comentario, puede ser de cualquier índole, es decir de tipo sexual, religioso,

laboral, etc., incluso independientemente de que haya existido o no una

relación matrimonial o convivencial.

Definitivamente con la presente agravante se quiebra el principio de

taxatividad y determinación de las normas penales. En todo caso, lo que se ha

pretendido poner en evidencia con mayor claridad es la vigencia del principio

de igualdad entre el hombre y la mujer.

II. COMENTARIOS A LAS CIRCUNSTANCIAS AGRAVANTES DEL SEGUNDO

NIVEL.

Llamamos circunstancias agravantes del segundo nivel por la pena privativa

de libertad que no será menor de veinticinco años, cuando concurra

cualquiera de las siguientes circunstancias agravantes:

2.1. Si la víctima era menor de edad. Aquí simplemente se tendrá que verificar la

edad de la víctima, es decir, que sea menor de edad, que tenga menos de 18

años de edad, y obviamente tiene que tratarse siempre de una mujer.

2.2. Si la víctima se encontraba en estado de gestación. Cuando el tipo penal

habla de “estado de gestación” en realidad aquí se produce un doble agravio

(delito de pluriofensividad): por una parte, a la vida de la mujer, y por otra, al

proceso de formación del feto humano; y como resulta obvio, resultará

indiferente el sexo o el género del feto, porque lo que aquí se protege en

realidad es la vida humana de la mujer en estado de gravidez.

La presente agravante típica se debe por la especial circunstancia que tenía la

víctima, o sea la mujer, al momento de producirse su deceso; quizá porque con


el estado de gestación o de gravidez que padece momentáneamente la mujer,

las posibilidades de aseguramiento del resultado típico -muerte- por parte del

sujeto activo, se acrecientan.

2.3. Si la víctima se encontraba bajo cuidado o responsabilidad del Agente.

Para la verificación de la presente agravante tiene que comprobarse que la

víctima -una mujer- estaba o tenía una relación de cuidado o responsabilidad,

que no necesariamente tiene que haber una relación contractual por escrito,

sino simplemente que exista enfáticamente una relación táctica entre “autor” y

“víctima”.

En la mayoría de veces, en estos casos, la víctima por sí misma no tendría las

posibilidades de valerse -porque es menor de edad, porque es incapaz-, por eso

es que necesita estar al cuidado, o en su defecto de la responsabilidad del

sujeto activo, circunstancia que es aprovechada por este, para la comisión del

delito.

2.4. Si la víctima fue sometida previamente a violación sexual o actos de

mutilación. Para la aplicación de la presente agravante típica se tiene que

verificar tres cuestiones puntuales: en primer lugar, que exista la muerte de

una mujer; en segundo lugar, que exista la comisión del delito de violación

sexual o actos de mutilación física en el cuerpo de una mujer; y en tercer

lugar, que dichos actos de violación o de mutilación tienen que ser antes o

previamente a la producción de la muerte.

2.5. Si al momento de cometerse el delito, la víctima padeciera cualquier tipo

de discapacidad. Aquí la agravante típica precisa el momento en que debe

producirse la muerte de la mujer, en el sentido de que tiene que ser al

“momento” de dicha muerte, o antes ni mucho menos después; y que al

momento de producirse la muerte la víctima tiene que padecer una

discapacidad, la misma que puede ser física o mental.


La discapacidad o “incapacidad” es aquella condición bajo la cual ciertas

personas presentan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a

largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su

participación plena y efectiva en la sociedad, y en igualdad de condiciones con

las demás.

2.6. Si la víctima fue sometida para fines de trata de personas. En este punto

tenemos que mencionar que previo a la producción de la muerte de la mujer,

resultará indispensable la comprobación judicial que la víctima haya estado

inmersa en el tráfico ilícito de trata de personas. La trata de personas o

comercio de personas es el comercio ilegal de personas con propósitos de

esclavitud reproductiva, explotación sexual, trabajos forzados, extracción de

órganos, o cualquier forma moderna de esclavitud. Como es sabido la trata de

personas constituye una infracción penal, la misma que se encuentra

sancionada en el artículo 153, primer párrafo, del CP, en los siguientes

términos: “El que promueve, favorece, financia o facilita la captación,

transporte, traslado, acogida, receptación de otro, en el territorio de la

República o para su salida o entrada del país, recurriendo a: la violencia, la

amenaza u otras formas de coacción, la privación de libertad, el fraude, el

engaño, el abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, o la concesión

o recepción de pagos o beneficios, con fines de explotación, venta de niños,

para que ejerza la prostitución, someterlo a esclavitud sexual u otras formas

de explotación sexual, obligarlos a mendigar, a realizar trabajos o servicios

forzados, a la servidumbre, la esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud u

otras formas de explotación laboral, o extracción o tráfico de órganos o tejidos

humanos...”. Asimismo, el segundo párrafo del mismo articulado señala

conceptualmente lo siguiente: “La captación, transporte, traslado, acogida,

recepción o retención de niño, niña o adolescente con fines de explotación se


considera trata de personas incluso cuando no se recurra a ninguno de los

medios señalados en el párrafo anterior”.

Finalmente, tenemos que advertir que para la aplicación judicial de la presente


agravante del delito de Feminicidio, el concepto de Trata de Personas (descrito

en el artículo 153 del Código penal) tiene que estar relacionado siempre conel

género femenino.

2.7. Cuando hubiera concurrido cualquiera de las circunstancias agravantes

establecidas en el artículo 10821

Según el artículo 108 del Código Penal -delito de asesinato- se establece un

conjunto de circunstancias típicas agravantes que son: por ferocidad, por

lucro, por placer, para facilitar u ocultar otro delito, con gran crueldad o

alevosía, por fuego, explosión, veneno o por cualquier otro medio capaz de

poner en peligro la vida o salud de otras personas; o si la víctima es miembro

de la Policía Nacional del Perú o de las Fuerzas Armadas, Magistrado del Poder

Judicial o del Ministerio Público, en el cumplimiento de sus funciones. Por

ejemplo, cuando el varón mata a una mujer (enamorada) durmiendo durante

la noche en su habitación, con un cuchillo por la espalda; aquí existe un

Feminicidio cometido por alevosía, o en el caso de un temible sicario, que

recibe dinero de otra persona, para que mate a una mujer saliendo de su

trabajo; aquí existe un feminicidio cometido por lucro.

2.8. Si el agente tuviere hijos con la víctima

Recientemente, la Ley N° 30068, publicada el 18 de julio de 2013, ha

incorporado un último párrafo al artículo 108-B, en caso de que el agente

tenga hijos con la víctima, además será reprimido con la pena de

inhabilitación prevista en el inciso 5 del artículo 36.

El supuesto básico, para la aplicación de la sanción de inhabilitación de

derechos (art. 36, inc. 5: “incapacidad para el ejercicio de la patria potestad,

tutela o cúratela’’), es que el sujeto activo tenga descendencia conjuntamente

con la mujer-víctima, y que en realidad dicha mujer-víctima sería

lamentablemente la madre de los hijos del autor. Pero la idea del legislador
patrio es sancionar al padre, esto es, al autor del feminicidio, retirándole,

mediante sentencia condenatoria, la patria potestad y tenencia de los hijos, no

interesando la edad de ellos, ni mucho menos el número, ni la forma cómo lo

ha concebido a sus hijos (natural o adoptivo); basta que la acción delictiva se

haya producido previo -y no posterior- a la ejecución del evento delictivo.

Finalmente, la incorporación del último párrafo en el artículo 108-B del Código

penal responde también a la idea de salvaguardar los intereses de los hijos

que, ante una situación complicada y apremiante de los padres, la Ley penal

tiene que tomar una posición al respecto: proteger física y psicológicamente la

integridad de los hijos ante la incapacidad del padre de poder seguir ejerciendo

la patria potestad y tenencia de su hijo.

III. COMENTARIOS A LAS CIRCUNSTANCIAS AGRAVANTES DEL TERCER

NIVEL

Llamamos circunstancias agravantes del tercer nivel por la pena impuesta,

que ahora es de cadena perpetua, a las que se generan en el siguiente

supuesto.

3.1. La pena será de cadena perpetua cuando concurran dos o más

circunstancias agravantes

En efecto, se trata de la sanción penal más grave a imponerse, la cual es de

cadena perpetua (prevista en el artículo 29 del Código Penal), por el supuesto

de la concurrencia de circunstancias agravantes de dos o más circunstancias

típicas del mismo grado o de distinto grado contenido en el reciente artículo

108-A. Por ejemplo, el novio que mata a su novia adolescente que tiene 16

años de edad, al enterarse que la adolescente se encontraba en estado de

gestación; en este punto resultará irrelevante para efectos de la aplicación de

la agravante, si el sujeto activo es el padre o no. Otro ejemplo será aquel

empresario de una casa de citas de la ciudad, en la cual somete a varias


mujeres para fines obviamente de trata de personas. Luego de un tiempo,

dicho empresario abusar sexualmente de una de las mujeres; posteriormente,

después de recibir varios maltratos, la mujer lo denuncia ante las autoridades.

Ante esta situación, y en represalia, el empresario decide matar a dicha mujer.

CAPITULO VI.

EL SICARIATO ARTÍCULO 108-C

“El que mata a otro por orden, encargo o acuerdo, con el propósito de

obtener para sí o para otro un beneficio económico o de cualquier otra

índole, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de

veinticinco años y con inhabilitación

establecida en el numeral 6 del artículo 36°, según corresponda.”

I. ETIMOLOGÍA

Sicario es plural latino de sicarius. La daga o espada corta, que en latín es

sica, era usada por los asesinos porque podía ocultarse bien bajo los pliegues

de la túnica. Algunos cognados incluyen sicario (italiano) y sicário (portugués).

II. DEFINICIÓN

El sicariato es un delito en el cual se realizan asesinatos por encargos, por

gustos o conveniencia, en la mayoría casos de jóvenes. Actualmente está en

auge, y es un problema social que se encuentra en mayor parte en él

narcotráfico, en la venganza por distintas causas y en operacionalizarlo. Los

narcotraficantes se proveen utilizando delincuentes comunes y en el caso más

grave menores de edad. Según investigaciones se encuentra que el homicidio

sigue siendo la manera de muerte violenta más frecuente en países como

México, Venezuela, Ecuador y Colombia. Lo más preocupante es un gran

porcentaje de estos homicidios son cometidos por adolescentes de esta edad


han alcanzado niveles execrables, edades más asequibles al sicariato

comprendidas entre los 14 y 23 años. Los Encargados de este delito buscan

menores de edad por su condición jurídica.

III. INCORPORACIÓN AL CÓDIGO PENAL PERUANO (peruano, s.f.)

Mediante un decreto legislativo Nº 635 se incorpora en el código penal el delito

de sicariato que se publique y se cumpla, dando cuenta al congreso de la

república.

Las mismas penas se imponen a quien ordena, encarga, acuerda el sicariato o

actúa como intermediario.

Será reprimido con pena privativa de libertad de cadena perpetua si la

conducta descrita en el primer párrafo se realiza:

1. Valiéndose de un menor de edad o de otro inimputable para ejecutar la

conducta.

2. Para dar cumplimiento a la orden de una organización criminal.

3. Cuando en la ejecución intervienen dos o más personas.

4. Cuando las víctimas sean dos o más personas.

5. Cuando las víctimas estén comprendidas en los artículos 107° primer párrafo,

108°A y 108°-B primer párrafo.

6. Cuando se utilice armas de guerra.

IV. SITUACIÓN EN EL PERÚ (PERU, 2020)

Empuñan un arma, apuntan, disparan y huyen. El sicariato en el Perú es un

fenómeno reciente que ha cobrado atención por la crueldad del crimen y el

reclutamiento de menores de edad. En julio del 2015, el Gobierno promulgó el

decreto legislativo 1181, que incorporó el delito de sicariato al Código Penal. A

cuatro años de que el sicariato se haya convertido en un delito autónomo,


¿cuál es el diagnóstico preliminar sobre este fenómeno criminal en el Perú?

Según el Registro Nacional de Condenas (RNC) del Poder Judicial, desde el

2015 hasta setiembre del 2019, solo hay diez sentencias condenatorias por

sicariato en todo el país.

En este mismo periodo, y a nivel de investigaciones a cargo del Ministerio

Público, se encontró que en total existen 152 casos abiertos por este delito, de

los cuales 12 fueron judicializados. ¿Dónde están ubicadas estos casos

mayoritariamente?

Lima alberga la mayor parte de los casos, con 22 investigaciones abiertas. Le

siguen los distritos fiscales de Huaura (13), La Libertad (10), Piura (9), Tumbes

(7), Cajamarca (7) y Huánuco (7). RPP Noticias accedió a estos registros, a

través de una solicitud de Acceso a la Información.

¿Qué se sabe del sicariato en nuestro país?

Según Wilson Hernández, investigador adjunto del Grupo de Análisis para el

Desarrollo (GRADE) y columnista de RPP, el sicariato es “un fenómeno difícil

de captar en su entera dimensión” y lo poco que se sabe es “a partir de

quiénes están recluidos”.

Los investigadores consultados para este informe coinciden en señalar que la

particularidad del fenómeno del sicariato es que da sobre todo en la costa del

Perú, principalmente en la costa norte. Hernández Breña considera a la ciudad

de Trujillo como la “cuna del sicariato”.

“Mi impresión es que la mezcla del comercio y tránsito de la droga y la

mutación de serie de pandillas a grupos más organizados es lo que ha agitado

el ambiente”, indicó.

Aldo Pecho, antropólogo especialista en seguridad ciudadana del Instituto de


Defensa Legal (IDL), apunta que los sicarios son contactados a través de

organizaciones criminales o individuos que están inmersos en el mundo

criminal. “Siempre es necesario un intermediario porque evita el contacto

directo entre el que contrata y el victimario”, dijo y añadió que así se impide

identificar al autor intelectual del asesinato, en caso el sicario sea detenido por

las autoridades.

Cecilia Caparachin, antropóloga e investigadora en criminalidad, manifestó

que las organizaciones criminales cada vez usan con más frecuencia a

menores de edad. Si bien la especialista considera que el sicariato no está muy

extendido, en comparación con otros países, “sí preocupa por cómo se ha

venido sosteniendo en el tiempo y aunque sea poco a poco, ha venido

creciendo”.

¿Qué ocurre en Huaura y en el norte del país?

Barranca y Huaral son las ciudades de Lima Provincias con las mayores tasas

de homicidios, según los informes del Comité Estadístico Interinstitucional de

la Criminalidad (CEIC). La primera tiene una tasa de 45.8 víctimas por cada

100 mil habitantes, mientras que la segunda tiene 28.2 por cada 100 mil

habitantes. El promedio nacional es de 7.8. Ambas ciudades están muy por

encima de la valla que establece Organización Mundial de la Salud (OMS), la

cual considera que, a partir de una tasa de homicidios de 10 víctimas por cada

100 000 habitantes, el problema se constituye como una epidemia.

Caparachin Puente realizó una investigación en Barranca cuando fue

coordinadora del Observatorio Nacional de Política Criminal del Ministerio de

Justicia, para conocer la relación entre homicidios y sicariato.

“En Barranca, los homicidios están relacionados al sicariato, porque son las

bandas delictivas las que se están enfrentando. Cuando se empieza con la


tipificación, lo que nos contaban los fiscales es que ellos necesitan ciertas

pruebas para tipificar como sicariato, pero nadie quiere testificar. ¿Por qué?

Porque son bandas enemigas las que se están ‘ajustando cuentas’ por

venganza, por territorio. Si uno mata a otro, nadie del otro lado va a testificar”,

explicó.

El sicariato es un fenómeno que varía geográfica y socialmente. Mientras que

en el norte chico de Lima puede estar asociado a la guerra entre bandas, en

Trujillo tiene vinculación al cobro de cupos y la extorsión.

“En Trujillo empezaron robando autos, cuando esto ya no les era lucrativo

porque el mercado negro había sido intervenido, entonces robaban autos para

pedirle dinero a la persona asaltada y así puedan recuperar su vehículo. Es

así como va rotando. Una vez que ven que muchas personas pagaban para

recuperar su vehículo, [las organizaciones criminales] cobraban para no

robarles y para cuidar que otros no les roben”, contó Caparachin. “Si no

pagaba, ahí empieza el sicariato, el ‘ajustar’ con la amenaza a la persona”,

añadió.

Aldo Pecho sostiene que el sicariato llegó a Piura tras el desplazamiento de las

organizaciones criminales de Trujillo. En la misma línea de Caparachin, el

especialista del IDL afirma que el sicariato no solo ocurre por la pelea entre

bandas, sino también existen casos relacionados a la venganza económica,

política o el cobro de cupos.

“Los sicarios son multiusos. Son para todo tipo de amenaza de un grupo

organizado o una persona. Forman parte del abanico de posibilidades de

venganza, de rendición de cuenta. Son una especie de consultores del

HOMICIDIO”, SOSTUVO WILSON HERNÁNDEZ.

V. EL RETO DE LA TIPIFICACIÓN
Los antropólogos Pecho y Caparachin coincidieron en señalar que la

tipificación de sicariato como delito autónomo ha significado una confusión y

un reto para los fiscales y jueces al momento de interpretarlo, debido a que en

el Código Penal también figura el delito de homicidio por lucro (artículo 108-

1).

En el Código Penal, el delito de sicariato se define como aquel "que mata a otro

por orden, encargo o acuerdo, con el propósito de obtener para sí o para otro

un beneficio económico o de cualquier otra índole".

Antes de que el sicariato se vuelva un delito autónomo, era sancionado como

homicidio calificado por lucro, es decir donde el móvil del asesino es obtener

dinero u otro beneficio económico. Esta figura todavía subsiste hasta hoy en el

Código Penal.

Para la abogada penalista Karin Fernández, estos dos delitos castigan

conductas muy similares. “Ambas figuras penales regulan el uso de un tercero

para que ejecute una conducta”, dijo.

El homicidio por lucro se castiga con una pena no menor de 15 años, mientras

que el sicariato con una pena no menor de 25 años. Pese a que el delito se

volvió autónomo en el 2015, el Poder Judicial solo tiene vigentes diez

sentencias por este delito: 2015 (0), 2016 (1), 2017 (3), 2018 (1) y 2019 (5).

La abogada señaló que los jueces deberían utilizar criterios diferentes al

momento de evaluar ambos delitos, pese a su similitud. “Hay que tener en

cuenta que resulta un poco complicado marcar diferencias muy profundas, ya

que estamos ante una conducta similar: matar a alguien por encargo”, señaló.

“Los jueces hacen su mejor esfuerzo para aplicar el delito de sicariato, pese a

los inconvenientes. No tanto por los hechos, porque los hechos están y son
inamovibles. Es la norma cuya interpretación se presta a que los hechos

puedan calzar en una u otra figura legal”, manifestó Fernández.

¿Nuevas leyes y penas son la solución del problema?

Especialistas apuntan a la prevención. Aldo Pecho señala que los esfuerzos en

reducir las cifras de criminalidad vinculadas al sicarito deben enfocarse en la

prevención, en lugar de la penalización, cuyos resultados disuasivos son

menores.

“La intervención no tiene que ser netamente legislativa, sino preguntarnos qué

cosa llevó a estos chicos a usar armas para matar y no tener mayor

arrepentimiento. Ahí hay un tema de salud mental. Probablemente si nosotros

tenemos mejores estrategias para identificar a chicos en primaria con alguna

tendencia muy violenta se podría trabajar desde colegios con políticas públicas

más efectivas”, sostuvo Wilson Hernández.

En esa línea, Cecilia Caparachin señaló que, dentro de la criminología, hay

una vertiente de la teoría ecológica que señala que el entorno de los jóvenes o

niños tiene mucho que ver al momento de naturalizar actos delictivos.

“¿Si tú eres del distrito de El Porvenir [Trujillo] sí o sí te vas a convertir en

delincuente? Eso no es determinante, pero sí influye mucho. Entonces si

sabemos que las condiciones en la que viven los menores están facilitando su

ingreso al delito, las políticas públicas deben estar orientadas en la parte

preventiva, es decir, llevar presencia del Estado de calidad”, explicó la

especialista.

CAPITULO VII.

LA CONSPIRACIÓN Y EL OFRECIMIENTO PARA EL DELITO DE

SICARIATO
ARTÍCULO 108-D

"Será reprimido con pena privativa de libertad no menor de cinco ni

mayor de ocho años:

1. Quien participa en una conspiración para promover, favorecer o

facilitare un delito de sicariato.

2. Quien solicita u ofrece a otros, cometer el delito de sicariato o actúa

como intermediario.

La pena privativa de libertad será no menor de seis ni mayor de diez

años, si las conducías antes descritas se realizan con la intervención de

un menor de edad u otro inimputable".

I. TIPO PENAL

El Decreto Legislativo N 7 1181 también incorporó en nuestro texto punitivo el

artículo 108-D, que regula el supuesto delictivo de conspiración, así como el

supuesto de ofrecimiento de los servicios de sicariato en los términos antes

mencionados.

II. HERMENEÚTICA JURÍDICA

Consideramos que la formula legislativa del artículo 108-D incorporado al

Código Penal por el Decreto Legislativo N.° 1181, es una novedad y necesaria

en nuestro sistema jurídico penal para efectos de sancionar hechos previos al

homicidio por lucro o sueldo. En efecto, el sicariato es un delito que se realiza

como consecuencia de un hecho anterior, esto es, el acuerdo entre sicario y

contratante para dar muerte a determinadas personas, o también el

ofrecimiento privado o público que se realiza para cometer homicidio a cambio

de dinero u otra ventaja patrimonial indebida. Muchos de estos acuerdos u

ofrecimientos no llegan a materializarse por diferentes circunstancias: por no

llegar a ponerse de acuerdo en el precio, por desistimiento del sicario, por


desistimiento del contratante, por ponerse a buen recaudo la posible víctima,

por captura del sicario cuando iba al encuentro de su víctima, etc.

Estos actos siguiendo el iter criminis de los supuestos delictivos de sicariato

son conocidos por la doctrina como actos preparatorios del delito y, por tanto,

no serían objeto de sanción penal. Posición doctrinaria que se aceptaba sin

mayor discusión aun cuando son conductas donde se pone precio a la vida de

una persona, o se oferta los servicios de m atar a las personas como si fueran

simples animales irracionales. Estas conductas inexplicablemente eran

toleradas. H echo que por supuesto no podía continuar por el serio riesgo que

se pone aún bien jurídico penal de primer orden. De ahí que con la

incorporación del tipo penal 108-D al Código Penal, se viene a llenar un vacío

legal importante, toda vez que ahora tales hechos constituyen delito de

conspiración de sicariato, o según sea el caso, ofrecimiento de los servidos

para cometer homicidios a cambio de un sueldo.

El cuestionamiento que puede hacerse a esta norma penal es el hecho que

viene a sancionar penalmente típicos casos de actos preparatorios. Sin

embargo, en la doctrina se tiene claro que por regla general los actos

preparatorios son impunes, salvo que tales actos revistan una peligrosidad

objetiva particular como sucede con la conspiración, proposición o provocación

de determinados delitos. Si esto último sucede se presenta la excepción a la

impunidad 4e los actos preparatorios. El fundamento de las excepciones es la

peligrosidad Objetiva dé determinados actos dirigidos a consumar un delito

posterior, en la medida en que dicha peligrosidad se mantiene ya ex ante. En

nuestro Código Penal tenemos varios tipos penales construidos sobre la base

de actos preparatorios.

La sanción de determinados actos preparatorios radica en estimaciones


político criminales centradas fundamentalmente en la existencia de. un peligro

potencial implícito en estos actos para la seguridad de determinados bienes

jurídicos, los que en razón de su lata significancia penal y características

propias los hacen merecedores de m tela previa a la ejecución de los delitos,

produciéndose entonces una extensión de la tipicidad legalmente establecida,

que en la mayoría de códigos penales se dirigen principalmente a los delitos

políticos sociales y que en otros va más allá abarcando una protección

generalizada de los bienes jurídicos y de la vigencia de la norma. Y, en

consecuencia, cuando el derecho a la vida está en peligro, no hay argumento

razonable que se imponga en contra de la punibilidad de actos preparatorios.

Como ejemplo cabe citarse el delito de tráfico ilícito de drogas (artículo 296),

delito de asociación ilícita para delinquir {artículo 317), el delito de

conspiración para rebelión (artículo 349), el delito de tenencia ilegal de armas

(artículo 279). Y no necesariamente a consideraciones dogmáticas. Por estas

consideraciones ningún acto preparatorio puede ser sancionado, toda vez que

se aleja o adelanta a la efectiva lesividad objetiva del bien jurídico protegido.

De modo que la nueva fórmula legislativa prevista se construye a partir del

adelantamiento de las barrerás de protección jurídico-penal al bien jurídico

fundamental como es el derecho a la vida humana independiente. El objetivo

de esta forma de legislar es, sin duda, el de adelantar la intervención punitiva

antes de que el agente comience a ejecutar el hecho punible y, de esta manera,

evitar que se cree una situación que implique ya un daño irreparable al bien

jurídico. En el derecho penal moderno no es indispensable esperar que los

homicidas -dispuestos a pasar a la acción- inicien su comportamiento

delictivo para recién tratar de sancionar, es perfectamente razonable construir

fórmulas legislativas que generen el adelantamiento ius puniendi.

Siguiendo la técnica de los delitos de peligro, se tipifica el acuerdo de


voluntades entre dos o más personas destinado a acabar con la vida de otro

ser humano en el cual una de las partes (sicario) espera recibir una

contraprestación económica u otra ventaja. La conspiración significa un

concierto de voluntades y la resolución conjunta de cometer un delito

concreto; siendo necesario que no se comience la ejecución del delito pues

estaríamos ante una tentativa. El dolo del conspirador es único, destinado a

cometer el delito, por ello el tipo subjetivo es igual al tipo subjetivo del delito

consumado, por lo que abarca los elementos objetivos del tipo, los tipos

agravados y la autoría.

O en su caso, se, tipifica el simple hecho de solicitar u ofrecer los servicios de

asesinato a cambio de una ventaja patrimonial o de cualquier otra índole o el

agente actúa como intermediario de la solicitud u ofrecimiento.

Concluyendo, el delito de conspiración para m atar por sueldo se caracteriza

por adelantar la intervención del ius punimdi pero con la particularidad que

no solo pretende proteger (por lo menos no de modo inmediato) un bien

jurídico supraindividual, sino también se pretende proteger el bien jurídico de

mayor valor en el ordenamiento jurídico que no es otro que el derecho a la vida

humana independiente. Naturalmente, este proceder normativo supone el

alejamiento del paradigma de lesión de un bien jurídico supraindividual para

introducir, de modo proporcional a ese alejamiento, una perspectiva ya no

únicamente social o general, sino también individual). Se trata de un delito de

peligro, en tanto no exige para su consumación la producción de un resultado

lesivo (muerte de la víctima), sino su sola puesta en peligro mediante el

acuerdo entre dos o más personas para dar muerte a una persona

previamente escogida e individualizada. Es precisamente esta diferencia

estructural la que justifica la distinta pena conminada con relación al delito de

sicariato consumado. Esto es razonable porque la real lesión al bien jurídico


protegido tiene un mayor desvalor jurídico que la sola puesta en peligro.

En tal contexto haciendo hermenéutica jurídica del contenido del artículo 108-

D del Código Penal, se tiene que el delito de conspiración al sicariato se

perfecciona o verifica cuando el agente que persigue alguna ventaja se reúne

con otra u otras personas para conversar, pactar, acordar, planificar o ver la

forma de aniquilar o quitar la vida a otra u otras personas. La conducta de

conspirar del sujeto activo puede limitarse a promover, favorecer o facilitar el

homicidio a cambio de un sueldo o beneficio de cualquier naturaleza. La

participación en la conspiración para promover el delito de sicariato se

configura cuando el sujeto activo estimula, instiga, anima o induce que se

materialice la muerte de una determinada persona a cambio de un sueldo u

otra ventaja. En cambio, aparecen los actos de conspiración para favorecer el

delito de sicariato, cuando el agente se limita a auxiliar, servir, apoyar o am

parar la muerte de una persona a cambio de dinero u otra ventaja.

Por su parte, se perfecciona la conspiración para facilitar el delito de sicariato

cuando el sujeto activo se compromete a cooperar, ayudar, facilitar, secundar

o contribuir de cualquier forma a la comisión del asesinato por sueldo.

Por la estructura misma de la fórmula legislativa, se concluye que el delito de

conspiración se consumará antes que se dé inicio a los actos propios del delito

de sicariato. Esto es, si los actos de conspiración se materializan, esto es, se

da inicio el asesinato por lucro en perjuicio de la víctima a manos del/los

sicarios, el hecho ya no será calificado como delito de conspiración, sino será

calificado como delito de sicariato o asesinato por lucro o sueldo. Es claro que,

si se llega a consumar el delito, estaremos ante un sicariato consumado; en

cambio sí se dio inició al acto criminal sin llegar a quitarse la vida de la

víctima, estaremos frente a una tentativa del delito de sicariato. La conducta


delictiva de conspiración se agrava y, por tanto, el autor o autores merecerán

una mayor sanción punitiva cuando en la conspiración para promover,

favorecer o facilitar el sicariato se hace participar o intervenir a ton menor de

edad u otro inimputable. Esto es, se hace participar o intervenir a un menor

de 18 años de edad o, en su caso, se hace participar o intervenir a una

persona que tiene la condición de inimputable para nuestro sistema jurídico.

En cambio, la fórmula legislativa prevista en el inciso 2 del artículo 108-D del

Código Penal, sanciona los actos de solicitar u ofrecer a otras el cometer el

delito asesinato por sueldo. La misma sanción merecerá aquel que es

intermediario de las conductas de solicitar u ofrecer los servidos del o los

sicarios.

El delito se perfecciona en dos modalidades. Primero, cuando el agente cita,

concurre o se encuentra con el sicario o un intermediario de este último y le

solicita sus servicios de dar muerte a una persona, se entiende, debidamente;

individualizada. El agente que requiere los servicios de un sicario, puede

realizar personalmente la solicitud o también- por medio de un intermediario.

La segunda modalidad se perfecciona cuando el agente ofrece u oferta los

servidos de dar muerte a personas a cambio de un sueldo u otra ventaja. El

ofrecimiento puede m materializarse o viabilizarse por cualquier medio. En el

Perú, por ejemplo; se utiliza las redes sociales para ofrecer los servidos de

sicariato. Se entiende que el que ofrece puede ser el o los mismos sicarios o un

intermediario de él o ellos.

Ambas modalidades constituyen conductas de mera actividad, esto es, se

consuman en el mismo momento que el agente solicita los servidos del sicario^

o este último se limita a Ofrecer sus servidos de dar muerte a las personas a

cambio de un sueldo; Incluso no es necesario que la otra parte acepte- la so lid


tu d o acepte el ofrecimiento de los; servidos. Estas modalidades se

perfeccionan antes que se dé inicio a los actos: mismos de sicariato. Si en un

caso concreto, el sicario da inicio al asesinato por sueldo el hecho será

calificado por este delito.

La conducta delictiva de solicitar u ofrecer los servicios de sicariato se agrava

y, por tanto, el autor o autores merecerán una mayor sanción punitiva cuando

se hace participar o intervenir a un menor de edad (menor de 18 años de edad)

u otro inimputable.

III. PENALIDAD

Luego del debido proceso penal, el autor del delito de conspiración, así como el

olos autores del delito de solicitar u ofrecer los servicios de sicariato, serán

reprimidos con pena privativa de libertad no menor de cinco ni mayor de ocho

años. De concurrir la agravante, esto es, si en las conductas antes señaladas

se realizan con la intervención de un menor de edad u otro inimputable, el o

los autores serán sancionados con una pena privativa de libertad no menor de

seis ni mayor de diez años.

CONCLUSIONES.

1. Para nuestra dogmática penal el parricidio es un delito calificado respecto al

homicidio simple que es el tipo básico desde el cual se derivan diversos

subtipos. En nuestra disciplina entendemos por dogmática al conjunto de

puntos fundamentales que en materia penal resultan constituidos por la

legislación como fuente única. En ese contexto, el parricidio es una de las

modalidades del homicidio calificado, sin más problema que la carencia de

una designación expresa para el parricida. La exclusión del vínculo de

parentesco hace que la conducta del agente sea subsumida en el tipo básico.

El parentesco consanguíneo en línea recta y el vínculo por adopción


determinan la configuración del parricidio en sí, matricidio y filicidio, mientras

que el parentesco legal derivado del matrimonio, con el añadido de la

convivencia, hacen posible la estructuración del uxoricidio. Con esos

elementos tenemos el tipo objetivo.

2. Consideramos que el tipo penal de feminicidio vulnera el principio de igualdad

en tanto que la mujer no solo debe ser protegida por la ley penal, sino toda

persona que sea víctima de violencia; no se puede discriminar a los varones

que son víctimas de muerte por parte de una mujer, asimismo no se puede

justificar que las cifras sean el motivo suficiente para incorporar el delito de

feminicidio, aplicar ese razonamiento nos llevaría a decir (contrario sensu): si

las cifras fueran mayores respecto de la muerte de un hombre cometidas por

una mujer, motivaría a los legisladores a la creación del «Masculinicidio» o

«Machicidio», lo cual 28 resulta no solo inoportuno, sino también fuera de

amparo constitucional, pues se entiende que la muerte de una persona

independientemente de su género o sexo es considerada un crimen

jurídicamente reprochable. En efecto, otorgarle la especialidad de género a

quienes resulten víctimas o a quienes lo cometan, es a mi criterio

discriminatorio, ilegítimo y desigual.

3. Los crímenes de odio son muchas veces no reportados como se debería, pues

muchas víctimas optan por mantener silencio. Lo crímenes de odio violan

derechos civiles de las víctimas. Las víctimas pueden sufrir de miedo,

degradación y sentirse sin autodefensa. Los crímenes de odio tienen efectos

inmediatos en las víctimas y estos a largo plazo afectan a toda una

comunidad. Los crímenes de odio son expresiones violentas de discriminación.

La historia nos manifiesta diversos niveles de dicha manifestación y si bien la

existencia de los “delitos de odio” puede ser tan antigua como la humanidad,

su reconocimiento como delito específico no comienza sino hasta hace pocas


décadas, en diferentes ordenamientos legales.

4. Se puede decir que el Decreto Legislativo N° 1181, el cual incorpora los nuevos

agravantes, no busca sancionar un nuevo delito, puesto que el sicariato, se

encuentra regulado como homicidio calificado (asesinato) por la modalidad de

lucro; siendo esto así, al existir dos tipos penales que regulan una misma

conducta generaran un conflicto entre leyes penales; entonces el juez,

teniendo en cuenta el Principio de Favorabilidad o in dubio pro reo, aplicara la

norma que tenga menos sanción; es decir, sancionara como homicidio

calificado; es por ellos que estos dos tipos penales no pueden coexistir en un

mismo cuerpo legal. Así mismo, este Decreto legislativo ha mezclado dos

fórmulas jurídicas al querer sancionar los actos previos para la ejecución del

sicariato, siendo esta una agravante para el delito de asociación ilícita para

delinquir, creando una doble criminalización en el estadio previo. Sin embargo,

este aspecto no es parte de la investigación.

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