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Va x otro lado: verdad y posverdad

- Italo Calvino. Las ciudades invisibles. Tamara: no podemos saber cómo son las cosas en
realidad, todo lo que tenemos ante nosotros son signos de signos, es un discurso, un sistema
de lugares y funciones que determinan lo que las cosas significan. Esa estructura es una
proyección ideológica, subjetiva, pero que excede a cada uno de nosotres. Es una suerte de
construcción social. Cómo son las cosas atrás de esa construcción social, no lo sabemos. Esto
quiere decir que vemos y experimentamos la realidad a través de una mirada que esta de
alguna manera seteada, configurada, por el discurso ideológico que se proviene desde
diferentes lugares. Nuestra mirada proyecta una serie de significados sobre el mundo y ve esa
proyección.

- Podemos linkear la idea de este relato con una idea de pos-verdad. Hay muchas maneras de
definir la pos-verdad, pero está esa de Darío Z a la que vamos a apelar ahora, porque de algún
modo Darío Z es uno de los representantes más mediáticos de esta idea a nivel nacional
digamos. La idea es que la pos-verdad como régimen discursivo, por llamarla de algún modo,
obedece al hecho de que la realidad en sí misma no tiene forma y que en todo caso lo que
hacemos cuando nos relacionamos con la realidad es imponer sobre ella una determinado
orden que nosotres proyectamos, una estructura subjetiva. Podemos pensar ese sistema de
signos de la ciudad de Calvino como ese orden que proyectamos sobre la realidad, que no es
simplemente lo que yo quiero, o como a mí me sale ver las cosas, sino una estructura cultural,
socialmente, impuesta, que me excede como individuo. Que vivimos en tiempos de pos-
verdad significaría que ya no procede, ya no corre, ya no vale, digamos, apelar a una cierta
realidad objetiva para apoyar nuestros enunciados sobre la realidad, porque en todo caso
siempre hay una construcción forzosa de la realidad, que ejerce una violencia interpretativa
sobre ella, que le da una forma que en sí misma no tiene, y que se impone socialmente al
punto que es muy difícil sutraerse. En el fondo es una idea nietzscheana. Lo que se considera
verdad es aquella interpretación que tiene más fuerza para imponerse sobre las otras. Y en
todo caso, frente a una interpretación lo que hay que hacer es oponer otra, igual en su
condición de interpretación.

- En este contexto es que en los últimos 50 años del pensamiento de izquierda, por decirlo así,
se ha reivindicado el efecto liberador de la crítica entendida como des-naturalización. El éxito
de una interpretación sería presentarse como la realidad misma, es decir, que se naturalice
una determinada forma impuesta sobre las cosas. La crítica sería des-naturalizar, es decir,
mostrar que las cosas no son así, sino que se trata sólo de una forma política, ideológica,
culturalmente impuesta. Y en ese sentido, que se puede cambiar, que no tiene por qué ser así,
que el modo en que el mundo funciona es contingente, esto es, que puede ser de otro modo, y
no necesario, o sea, que no es necesariamente así como se nos aparecía.

- Anécdota con Lucrecia Martel. “La única diferencia entre la verdad y la mentira es que la
verdad cuenta con un ejército”. Eso es la pos-verdad, decir eso. “Mi cine no tiene nada que ver
con la verdad”. En el modo en que Martel se representa su propio quehacer cinematográfico lo
que ella hace en sus películas es simplemente mostrar que las cosas no son como parece que
son, que eso es una interpretación. Esto es, la tarea de la desnaturalización. Pero ella no
cuenta con la fuerza, con el ejército, para establecer otra interpretación.

- Hasta acá estamos de acuerdo y va todo bien, y nos reconfortamos en esta idea. Y parece que
mientras más decimos que la verdad no existe y que todo es interpretación más críticos y más
progres, y más picantes nos sentimos. Sin embargo, nos encontramos con lo siguiente.

- Hay dos casos bien actuales y urgentes que sin embargo llaman nuestra atención:
calentamiento global por un lado, y coronavirus por otro. Ante ambos casos, las reacciones de
quienes representan una de las posiciones más conservadoras en el abanico mundial,
consistieron en relativizar hasta el punto de la negación los peligros que representaba tanto
una como la otra cosa. (El hecho no menor de que las elecciones tanto de uno como de otro
estuvieron marcadas por la circulación descontrolada de fake news elaboradas a partir de la
manipulación de big data).

- Estos casos, no pueden más que por lo menos llevarnos a preguntar: ¿a quién le conviene
que no exista la verdad, que no haya una realidad objetiva a la que cual remitirse para apoyar
nuestros enunciados, que todo sea una cuestión de imposición?

- Si decimos que la diferencia entre la verdad y la mentira es que una tiene un ejército y la otra
no, cuando se trata además de cuestiones con respecto a las cuales hay ciertos datos objetivos
(las cifras del calentamiento global son contundentes, los números que arroja la política de no
cuarentena ante el problema del coronavirus también son contundentes, por seguir con estos
casos), ¿no estamos dándole de comer al enemigo? ¿No nos conviene disponer de una
definición de verdad, de la afirmación de la posibilidad de la verdad, de la objetividad del
conocimiento, para enfrentarnos a esos ejércitos?

- Efectivamente, en las luchas políticas siempre hay algo del orden de la verdad que se juega.
¿O estaríamos dispuestos a decir que simplemente se trata de manifestaciones de fuerza para
imponer otra interpretación de la realidad? Pongo ejemplos que tienen que ver con luchas
políticas que involucran el problema del daño ambiento. “Monsanto mata”, ¿es una
interpretación m es relativo, es tan relativo como Monsanto no mata? Otro ejemplo, ¿“el agua
vale más que el oro” no es una verdad? ¿No es verdad que la práctica de la megaminería que
envenena el agua? ¿O es una interpretación tan relativa, una afirmación tan relativa como que
la megaminería no envenena el agua?
Un ejemplo de otro orden: ¿no es verdad que un embrión no es lo mismo que un ser humano?
Recuerden la exposición a favor de la despenalización del aborto en el marco de las
exposiciones previas a la discusión en diputados de la interrupción voluntaria del embarazo.

- ¿No apelamos en estos casos a de enunciados de los cuales diríamos que son científicos,
respaldados en conocimiento científico, es decir en conocimiento objetivo de las cosas tal
como son independientemente del modo en que a nosotres se nos presenta, del modo en el
que nos la representamos? (La ciencia no es lo que se nombra a sí misma ciencia, es algo que
ocurre que cada vez que se conoce el modo en que algo es con independencia de nuestra
existencia y de nuestra percepción).
- Y sin embargo, apuesto a que si le preguntamos a alguna persona implicada en esas luchas,
en esa militancia, o que suscribe de algún modo a esas causas y se ha encontrado en
discusiones defendiendo estas luchas, si le preguntamos qué piensa acerca de la verdad, es
muy probable que nos diga, me animo a decir, que la verdad no existe, que la verdad es
relativa, que no es posible la objetividad en el conocimiento. ¿No es porque, a nivel ideológico,
estamos reproduciendo la ideología de la clase dominante?

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