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Tenebrismo.

Es el nombre que la historiografía del arte da a este período de la pintura barroca en su


fase inicial, a comienzos del siglo XVII. Consiste en la realización de un violento contraste entre
sombras mediante una iluminación puntual y forzada.

La figura más representativa a nivel mundial de esta corriente fue Caravaggio.

Caravaggio fue un revolucionario tanto por su vida turbulenta como por su pintura, en la que planteó
una oposición consciente al Renacimiento y al manierismo. Siempre buscó, ante todo, la intensidad
efectista a través de vehementes contrastes de claroscuro que esculpen las figuras y los objetos, y
por medio de una presencia física de vigor incomparable. Al evitar cualquier vestigio de idealización y
hacer del realismo su bandera, pretendió ante todo que ninguna de sus obras dejara indiferente al
espectador.

Pero lo más llamativo en este pintor es, sin duda, el tratamiento de la luz. Caravaggio comenzó a
realizar un estudio lumínico en el que intervenía de manera fundamental la luz directa, real, la luz
que entra en los talleres de los pintores.

Tenebrismo es el nombre que la historiografía del arte da a un estilo o corriente de la pintura del
barroco correspondiente a su fase inicial, a comienzos del siglo XVII, cuyos principales exponentes
son el italiano Caravaggio y José de Ribera (el Españoleto, afincado en Nápoles). El tenebrismo se
caracteriza por el violento contraste de luces y sombras mediante una forzada iluminación (de forma
muy evidente cuando se hace llegar un foco de luz marcando una diagonal en la pared del fondo,
como la que proviene de un tragaluz en un sótano -es habitual referirse a este recurso como luz de
sótano o luz de bodega-1). La palabra proviene del latín tenĕbrae ("tinieblas").

Se ha llegado a identificar como una corriente específicamente propia de la escuela española o


tenebrismo español, que surgió a comienzos del siglo XVII como resultado del impacto del
caravaggismo en la tradición del uso de la técnica del claroscuro ya incorporada en la pintura
española y empleada profusamente en la segunda mitad del siglo XVI (Pedro de Campaña, El Greco,
Luca Cambiaso, Morales el divino, Navarrete el mudo, Juan de Roelas).2 De este conjunto de
pintores, que a veces reciben la equívoca denominación de luministas, hay quien considera ya
tenebristas a Sánchez Cotán o a Luis Tristán, a pesar de no haber recibido la influencia de Caravaggio;
pero el primer núcleo propiamente tenebrista es la escuela valenciana de Francisco Ribalta, con el
que entró en contacto Pedro de Orrente, que se había formado con El Greco y Tristán en Toledo y de
donde surgió Ribera (aunque la totalidad de su obra conocida se hizo en Nápoles). Menor
correspondencia con las convenciones tenebristas tuvo la escuela sevillana de Herrera el viejo y
Francisco Pacheco, de donde saldrían Zurbarán y Velázquez.

Los periodos siguientes al barroco tenebrista: el barroco pleno de mediados del siglo XVII y el barroco
triunfante o barroco decorativo de finales del XVII y comienzos del XVIII, no se caracterizan
particularmente por este recurso. Ya en el siglo XIX, el realismo pictórico recuperó los efectos
lumínicos tenebristas, tal como se ve en algunas obras de Léon Bonnat.