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LIBRO 11 447

D i s c u r s o f ú n e b r e d e P e r i c l e s 268

« L a m ayor parte de quienes h an to m ad o aq u í la p ala- 35


b ra en otras ocasion es han elogia d o a q uien in tro d u jo este
discu rso 269 en la cere m o n ia tra d ic io n a l; según ellos resu l
ta oport u n o p ro n u n ciarlo en las h o n ras fú n ebres de los
que h an caído en la gu erra. E n mi op in ió n , sin em bargo,
sería su ficien te que a ho m bres ci yo v a lor se ha m a n ifes
tado en actos tam bién se les trib u tara n los honores m e
diante actos, tal co m o h oy m ism o estáis presen cian do en
estos fu n erales d ispuestos por el E st a d o ; así el crédito de
los m éritos de m uch os no p eligraría al depen der de las
p alab ras m ás o m enos elocuen tes de u n o solo 270. Es d ifí- 2
cil, en efec to, pro n u n ciar las p alab ras ad ecu ad as en un
m om en to en que la valo ra c ió n de la r e a li d a d 271 apen as se
establece con segu rid ad: el oyen te que con oce bien los he-

268 Uno de los elogios fúnebres más famosos de toda la literatura.


En él se une el recuerdo de los soldados muertos en el campo de batalla
y el elogio de los ideales de un Estado por los que aquellos combatieron
y dieron su vida, recuerdo y elogio magistralmente enlazados y expre-
sados.
269 No se sabe quién fue. Según P l u t a r c o (Publicóla 9, 11), se tra-
taría de Solón. Pero tal vez es una costumbre que se introdujo a partir
de las Guerras Médicas (cf. D ío n is io d e H a l i c a r n a s o , V 17, 4; D io d o -
r o , XI 33, 3).
270 El discurso, magnífica pieza oratoria, se inicia mediante una
oposición retórica clásica: palabra frente a acción, la realidad de los
actos frente a su valoración en las palabras.
271 hë dókesis tés alétheías. La palabra dókesis es una palabra que-
rida por Tucídides, pero rara en otros prosistas.
448 GUERRA DEL PELOPONESO

chos y está bien d isp uesto 272 p e nsará posiblem en te q u e la


exposició n queda por d e b ajo de sus deseos y de su co n o
cim ien to de la realidad 273; por el co n t rario, el q ue n o los
con oce p o r p rop ia experien cia, si oye algú n elogio q ue esté
por encim a de sus p rop ias fu er z as, creerá, p o r en vid ia,
que son exageracio n es. P o rq u e ios elogios que se p ro n u n
cian acerca de otros sólo resultan tolerab les en la m ed id a
en que c a d a u no cree q ue él m ism o es cap a z de realiz ar
las m ism as accion es que oye elogiar 274; pero an te lo que
v a m ás allá, los ho m bres ensegu ida sienten e n vid ia 275 y
3 no lo creen. E n fin , p uesto que los an tiguos ap ro b aro n

que esto fu era así, es p reciso q ue yo , sigu ien do la cost u m


bre, trate de acertar en la m ed id a de lo posib le con el
deseo y la op in ión de cad a u n o de voso tros.
36 C o m e n z aré, an te to d o , por n uestros an tep asad os. E s
justo a la vez que ad ec u ad o en u n a ocasión co m o ésta
tribu tarles el h o m en aje del recu erdo. E llos h ab itaro n siem-

272 Hacia los muertos.


273 Los «deseos» y el «conocimiento de la realidad» responden ai
«conoce bien los hechos y está bien dispuesto» de antes, en construcción
quiástica.
274 Cf. Sa l u s t i o , Catilina 3, 2, una reminiscencia de este pasaje de
Tucídides.
275 Según J. Th. K a k r i d i s , Hermëneutikà Schólia stàn Epitáphio
toû Thoukydídou, págs. 4-9, este pasaje indicaría que Tucídides estaría
pensando en la generación particularmente envidiosa del 404 a. C., gene-
ración que no comprendía el talento de Pericias y el valor de los ideales
de la civilización ateniense y que, por tanto, tendría poco que ver con
lo realmente dicho por Pericles al principio de la guerra. Pero probable-
mente no es necesario llegar a esta conclusión; las disquisiciones de este
tipo y el gusto por la antítesis y la generalización son típicas de la So-
fística de la que Tucídides es deudor. Es un pasaje perfectamente expli-
cable en el 431-430, época en la que, por otra parte, ya se daba la
«envidia» de quienes se oponían a la política de Pericles.
LIBRO II 449

pre esta t i e r r a 276 y , en el sucederse de las gen eracion es,


nos la han transm itido libre h asta n uestros días gracias a
su v a lo r. Y si ellos son d ignos de elogio, to d av ía lo son 2
más n uestros p adres 277, pues al legado q ue h abían recib i
do consigu ieron a ñ a d ir, no sin esfuerzo 278, el im perio que
poseem os, d ejá n d o n os así a n uestra ge n eración u n a h eren
cia in crem en tada. N oso t ros, en fin , los ho m bres que a h o ra 3
m ism o aú n estam os en plen a m ad u rez 279, hemos acrecen
tado to d av ía m ás la poten cia de este im perio y hem os
p rep arad o n uestra ciu dad en to d os los aspectos, tan to p ara
la gu erra co m o p a r a la paz , de fo r m a que sea co m p leta
men te au tosu ficien te. Respec to a todo eso, pasaré p o r alto 4
las gestas m ilitares q ue nos han perm itido ad q u irir c a d a
u n o de n uestros d o m in ios, o las ocasion es en que n osotros
o n uestros padres hem os rec h az ado con ard or al en em igo,
b árb aro o griego, en sus ataq u es. N o q u iero exten derm e
an te un au d itorio perfecta m en te en terado. E x p lic a ré, en
ca m b io, an tes de p asar al elogio de n uestros m uertos, qué
prin cip ios nos co n d u jero n a esta situ ació n de poder, y con
qué régimen p olítico y gracias a qué m odos de co m p or ta
m ien to este poder se h a h echo gra n d e. C o nsid ero q ue en
este m om en to no será in adec uad o h a b lar de este asu n to,
y q ue es conven ien te q ue to d a esta m uch ed u m bre de ciu
dad an os y ex tra n jeros lo escuche.

276 Los atenienses se consideraban autóctonos, lo que constituía pa-


ra ellos un motivo de orgullo. Cf. supra, 1 2, 5-6.
277 La generación de la época de las Guerras Médicas, del 490 al
465 a. C., generación que gracias a sus éxitos puso las bases del Imperio
ateniense.
«8 Cf. supra, I 70, 8, e infra, II 38; 39; 62, 3; 64, 3.
279 La generación de Pericles, que estaba en su madurez (de los 40
a los 60 ó 65 años) entre el 465 y eí 440 a. C. Fue la generación que
consolidó el imperio.
450 GUERRA DEL PELOPONESO

T en em os un régim en político que no em u la las leyes


de otros p u eb los, y m ás que im itadores de los dem ás, so
mos un m odelo a segu ir. Su n o m bre, debido a que el go
biern o no depende de u nos p ocos sino de la m ayoría 280,
es de m ocracia. E n lo que conciern e a los asu n tos p riva d os,
la igu ald a d , co n for m e a n uestras leyes, alcan z a a to d o el
m u n do, m ien tras que en la elección de los cargos p úblicos
no an tepon em os las raz on es de clase al m érito perso n al,
co n for m e al prestigio de q ue go z a c ad a c iu d ad a n o en su
ac t ivid ad ; y ta m p oco n ad ie, en ra z ón de su pob re z a, en
cu en tra obstácu los debido a la osc u rid ad de su co n d ició n
social si está en con dicion es de p restar un servicio a la
c i u d a d 281. E n n uestras relacion es con el E st a d o vivim os
co m o ciu d ad a n os libres y, del m ism o m o d o, en lo tocan te
a las m utuas sospechas p rop ias del tra to co tid ian o, n os
otros no sen tim os irritació n co n tra n uestro vecino si hace
algo que le gusta y no le d irigim os m irad as de rep roc h e,
q ue no supon en un p erju ic io, pero resu ltan d olorosas 282.
Si en n uestras relacion es p rivad as evitam os m olestarn os,
en la vid a p ú b lica, un respetuoso te m or es la p rin c ip al
causa de que no co m etam os in fracc io n es, p orq u e p resta
m os obed ien cia a quienes se suceden en el gob iern o y a
las leyes, y principalm en te a las q ue están establecidas pa~

280 O, según otros, «debido a que no se gobierna en interés de unos


pocos sino en el de la mayoría».
281 Cf. P l a t ó n , Menéxeno 238 c-d. Sobre este pasaje de Tucídides
y el del Menéxeno y su paralelismo, cf. I. L a b r i o l a , «Tucidide e Plato-
ne sulla democrazia ateniese», Quaderni di Storia 6 (1980), 207-229.
282 O «no le imponemos humillaciones, que no suponen un perjui-
cio, pero resultan dolorosas de ver». Oudé azémíous mén, iypëràs dé
téi ópsei achthédónas prostithémenoi. Se refiere a humillaciones, como
las miradas de reproche o el vacío dirigido al conciudadano, que no
■suponen un daño o un castigo, pero ofrecen un doloroso espectáculo.
LIBRO II 451

ra ay u d ar a los q ue su fre n in justicias 283 y a las que, au n


sin estar escritas 284, acarrean a quien las in fringe una ver
gü en z a p or todos reco n ocid a 283.
P o r otra p arte, co m o alivio de n uestras fa t igas, hemos 38
p roc u rad o a n uestro espíritu m uch ísim os esparcim ien tos.
T en em os ju egos y fiestas d u ran te to d o el a ñ o, y casas p ri
vad as con esplén d id as instalacion es, cuyo goce cotid ian o
a leja la t r ist e z a286. Y gracias a la im p orta n cia de n uestra 2
ciu dad todo tipo de p rod u c tos de to d a la T ierra 287 son
im portados, con lo que el d isfru te con q ue go z am os de
n uestros p rop ios p rod u c tos no nos resu lta m ás fa m iliar
que el ob ten ido con los de otros p ueb los.
En el sistema de prepararnos para la guerra también 39
nos distinguimos de nuestros adversarios en estos aspec-
to s288: nuestra ciudad está abierta a todo el mundo, y en
ningún caso recurrimos a las expulsiones de extranjeros289
para impedir que se llegue a una información u observa-

■ 283 Un conocido principio ateniense, uno de los elementos más de-


mocráticos de la legislación de Solón, según A r is t ó t e l e s , Constitución
de los atenienses 9, 4, Cf. P l u t a r c o , Solón 18, 3-8; principio adopta-
do por P l a t ó n , cf. República V 462d.
284 O «por no estar escritas», por su carácter de leyes no escritas.
, . . 285 E l respeto a las leyes no escritas o naturales evidencia el alto
sentido moral de un pueblo, sentido que se debilitará en el pueblo ate-
niense con ocasión de la peste (cf. infra, Il 53). Sobre estas leyes, cf.
S ó f o c l e s , Edipo Rey 863-870, y Antigona 450-461, Sobre las leyes no
escritas de la Antigona y del discurso fúnebre de Pericles, cf. el libro
de V. E h r e n b e r g , Sophocles and Pericles, Oxford, 1954, págs. 28-44.
286 Cf. P l a t ó n , República III 400d-401b.
287 Cf. P s e u d o - J e n o f o n t e , Constitución de los atenienses 2, 7;
H e r m i p o , en A t e n e o , I 27e-f; I s o c r a t e s , IV 42; 45, etc.
288 Las distinciones apuntan sobre todo a Esparta.
289 Cf. supra, I 144, 2, n. 935. Alusión a las xenélasfai, al arbitrio
de los éforos, tal como se practicaban en Esparta. Cf. P l a t ó n , Leyes
XII 950-953.
452 GUERRA DEL PELOPONESO

ción de algo q u e, de no m an ten erse en secreto 29°, p o d ría


resu ltar útil al enem igo que lo d escu briera. E st o es así
porq u e no co n fia m os tan to en los p rep ara t ivos y estra ta
gem as co m o en el v a lo r que sale de n osotros m ism os en
el m om en to de en trar en acción . Y en lo que se refiere
a los m étodos de ed u cació n , m ien tras q ue ellos, desde m u y
jóve n es, trata n de alcan z ar la for t ale z a v iril m edian te un
pen oso en tren am ien to, n oso tros, a pesar de n uestro estilo
de vid a m ás r e laja d o , no nos en fren ta m os con m enos va-
2 lor a peligros eq u iva le n t es291. H e aq u í u n a pru eb a: los la
cedem on ios no em pren den sus exped icion es co n tra n uestro
territorio sólo con sus p rop ias fu er z as, sino con todos sus
alia d os; n osotros, en ca m b io, m arc h a m os solos co n tra el
país de otros y , a pesar de co m b atir en t ierra ex tra n jera
con tra gentes que luchan p or su p a tria, de ord in ario nos
3 im pon em os sin d ific u lta d . N ingú n en em igo se h a en con
trad o to d av ía con todas n uestras fu erz as u n idas, p or coin
cidir n uestra ded icación a la ñ o t a con el envío p or t ierra
de n uestras trop as en n u m erosas m ision es; ellos, sin em
b argo, si llegan a trab a r co m b ate con u n a p arte, en caso
de conseguir su perar a algu n os de los n uestros, se jac t a n
de habern os rech az ado a todos, y, si son ven cidos, dicen
que han sido d erro tad os p or el co n ju n to de n uestras fuer-
4 z as. P e r o , en d efin itiva, si n oso tros estam os d isp uestos a

afro n t ar los peligros con desp reoc u p ació n 292 m ás que con

290 El secreto se imponía con frecuencia en Esparta (cf. infra, IV


80, 4; V 68, 2).
291 Según unos: «iguales a aquellos a los que se enfrentan los lace-
demonios». Según otra interpretación: «proporcionados a nuestras fuer-
zas» ó «peligros en relación con nuestras fuerzas».
292 Cualidad considerada aquí en el buen sentido, pero que llegó
a ser un grave defecto del carácter ateniense, tal como denunció Demós-
tenes.
LIBRO II 453

un pen oso ad iestra m ie n to, y con un v a lo r q ue no procede


tan to de las leyes co m o de la p ro p ia n at u ralez a, ob ten e
m os un resu ltado fa v o r a b le: n osotros no nos afligi m os an
tes de tiem po p or las pen alidades fu t u ras y, llegado el
m om en to, no nos m ostram os m enos au d aces que los que
an dan con tin uam en te atorm en tán dose; y n uestra ciu dad es
d ign a de ad m iració n en estos y en otros aspectos.
A m a m os la belleza 293 con se n c ille z 294 y el saber sin re- 40
la jac ió n . N os servim os de la riq uez a m ás co m o op ort u n i
dad p ara la acció n q ue co m o p retexto p ara la va n aglo ria,
y en tre n osotros no es un m otivo de vergüen za p ara nadie
reco nocer su pob re z a, sino q ue lo es más bien no hacer
n ad a p or evitarla. L as m ism as person as 295 pueden dedi- 2

293 Philokaloümen, verbo que aparece aquí por primera vez en la


literatura griega. Designa el gusto por lo bello (tó philókalon) como acti-
tud vital. Aparece junto a philosophoúmeti, verbo ya utilizado por He-
r o d o t o (cf. I 30, 3) que indicaba el gusto por la ciencia y la cultura.

294 M et’ euteleías, que literalmente significa «con economía, con po-
co gasto». Algunos han objetado que esta «sencillez» no está de acuerdo
con el gusto por la belleza de ía época de Pericles, con las construccio-
nes de la Acrópolis, por ejemplo, cuyos mármoles, oro y marfiles no
eran precisamente económicos (cf. supra, II 13, 3-5). Pero probablemente
no se piensa aquí en el esplendor y en las construcciones de los últimos
años, sino en el estilo de vida y en la moderación y equilibrio atenien-
ses, con una literatura y unas manifestaciones artísticas capaces de evitar
los excesos.
295 Se ha visto en este pasaje (II 40, 1-2) una referencia a la oposi-
ción entre dos géneros de vida, la vita activa y la vita contemplativa,
que para Pericles, según cree Kakridis, se presentarían combinadas en
los atenienses (cf. J. T h . K a k r i d i s , «Der thukydideische Epitaphios: ein
stilisticher kommentar», Zetemata 26, Munich, 1961, pág. 51). Otros ven
una alusión a tres actividades o tipos de vida que se combinarían en
el carácter ateniense: la filosofía (philokaloûmen te gár... ka¡ philoso-
phoümen,..), la riqueza o actividad económica (pioútoi te chmmetha kai
(à pénesthai...), y la política (éni te toîs autoís oikeíon háma kai politi-
454 GUERRA DEL PELOPONESO

car a la vez su atención a sus asu n tos p artic u lares y a los


pú b licos, y gentes que se dedican a d iferen tes actividad es
tienen suficien te criterio respecto a los asu n tos públicos 296.
So m os, en efec to, los ú n icos que a q uien no to m a p arte
en estos asu n tos lo considera m os no un d esp reoc u p ad o,
sino un in ú til; y n osotros en p erso n a cu an do m enos da m os
n uestro ju ic io sobre los asu n tos, o los est u d ia m os p u n t u al
men te 297, p orq u e, en n uestra o p in ió n , no son las p a la
bras 298 lo que su pon e un p erju icio p a r a la acció n , sino el
no in for m arse por m edio de la p a la b r a an tes de proceder
a lo n ecesario m edian te la acció n 299. T a m b ié n nos d istin
gu im os en c u an to a que som os extraord in aria m e n te a u d a
ces a la vez que hacem os n uestros cálc u los sobre las acc io
nes que va m os a em pren der, m ien tras q ue a los otros la
ign ora n c ia les da co r a je , y el cálc u lo 30°, in decisión . Y es
justo que sean co nsid erados los m ás fuertes de espíritu

kón epiméleia kai hetérois...): una combinación tripartita similar, por


ejemplo, a la de ciencia, gloria y riqueza (philósophon, philónikon, phi-
¡okerdés) que encontramos en P l a t ó n (cf. República VIII 580d-581c).
Cf. J, S. R u s t e n , « T w o lives or three? Pericles on the athenian charac-
ter (Thucydides 2. 40. 1-2)», The Classical Quarterly n. s. 35 (1985),
14-19.
296 R econo cim ien to de la tsegoría, el d erech o a la p articip ació n p o -
lítica.
297 En el primer caso se refiere al conjunto de ciudadanos que en
la asamblea expresan su juicio mediante el voto; en el segundo alude
probablemente a quienes meditan y estudian las propuestas que luego
van a presentar.
298 En contraste con la escasa afición espartana a los discursos (cf.
supra, I 86).
299 La unión de la palabra y la acción era para los griegos, desde
el mismo H o m e r o (cf. Iliada IX 443), un objetivo digno de los mejores
afanes, a pesar de que no fuera alcanzado a menudo (cf. Iliada XIII
726-734).
Cf. supra, II 11, 7.
LIBRO II 455

q uien es, au n con ocie n d o p erfecta m en te las pen alidades y


los p laceres, no p or esto se ap arta n de los peligros. T a m - 4
bién en lo relativo a la gen erosidad so m os distin tos de la
m ayoría, pues nos ga n a m os los am igos no recibiendo fa
vores, sino h acién dolos. Y quien h a hecho el fa v o r es
tá en m ejores con diciones p a r a co nservar v ivo , m ediante
m uestras de ben evolen cia h ac ia aq uel a quien con ced ió el
fa v o r , el agradecim ien to que se le debe. E l que lo debe,
en ca m b io, se m uestra m ás ap aga d o , porq u e sabe que de
vuelve el fa v o r no con m iras a un agradecim ien to sino
p ara p agar u n a deu d a. So m os los ú n icos, ad em ás, que 5
p restam os n uestra ayu d a con fiad a m en te, no tan to por efec
tuar un cálcu lo de la con ven ien cia co m o p or la co n fia n z a
que n ace de la libertad.
Resu m ien do, afir m o q ue n uestra ciu dad es, en su con- 4 i
ju n to , un eje m p lo p ara G r e c i a 301, y que c ad a u no de
n uestros ciu dadanos in divid ualm en te puede, en mi op in ión ,
h acer ga la de u n a p erso n alid ad suficien tem en te cap acitad a
p a r a ded icarse a las m ás d iversas for m as de activid ad con
u n a gra c ia y h abilid ad ex traord in arias. Y q ue esto no es 2
alard e de p alab ras insp irado p or el m o m en to, sino la ver
dad de los h echos, lo in d ica el m ism o pod er de la ciu d ad,
poder que hemos ob ten ido gracias a estas p articu larid ad es
que he m en cion ad o. P o r q u e , en tre las ciudades act u ales, 3
la n uestra es la ú n ica q ue, p uesta a p ru eb a, se m uestra
su p erior a su fa m a, y la ú n ica q ue no suscita in dign ación
en el en em igo que la ataca, c u an do éste consid era las c u a
lidades de quienes son causa de sus m ales, ni, en sus sú b

301 Con frecuencia se da la traducción de que Atenas «es la escuela


de Grecia», traducción muy expresiva que recuerda aquei famoso epigra-
ma de Helládos Helias Athênai (Antología Palatina VU 45). Sin embar-
go, el término paídeusis como nombre de acción, no significa «escuela»,
sino «enseñanza, lección, ejemplo o modelo viviente».
456 GUERRA DEL PELOPONESO

d itos, el reproch e de ser gobern ados p o r hom bres in dig-


4 n os. Y d ad o q ue m ostra m os n uestro poder con p ruebas
i m porta n tes, y sin q ue nos falte n los testigos, serem os a d
m irados por n uestros con tem porán eos y p or las ge n eracio
nes fu t u ras, y no ten drem os n ingu n a necesidad ni de un
H o m ero q ue nos h aga el elogio ni de n ingú n poe ta que
deleite de m o m e n t o 302 con sus versos, au n que la verd ad
de los hechos d estruya sus su posicio n es sobre los m ism os;
nos b astará con h aber ob liga d o a to d o el m ar y a to d a
la T ie rra a ser accesibles a n uestra a u d ac ia, y con haber
d eja d o p or tod as partes m on u m en tos eternos en recuerdo
5 de m ales y b ie n es303. T a l es, pues, la ciu dad p or la que
estos ho m bres han lu c h a d o y han m u erto, opon ién dose
n oblem en te a que les fu era arreb a tad a, y es n at u ral que
todos los q ue q ueda m os estem os disp uestos a su fr ir p or
ella 304.
42 P o r esto precisam en te me he exten d ido en lo relativo
a la ciu dad, a fin de h aceros en tender q ue la luc h a no
tiene el m ism k sign ificad o p ara n oso tros y p ara aq uellos
que no d isfru tan de ve n tajas sim ilares a las n u estras, y,
al m ism o t ie m p o, a fin de esclarecer con pruebas el elo-
2 gio de aquellos en c u yo h o n or estoy a h o ra h ab la n d o. A sí

302 Cf. supra, I 22, 4.


303 Fracasos y éxitos, ya que los primeros también pueden ser glo-
riosos. Así podía considerarse, por ejemplo, la expedición ateniense a
Egipto {cf. supra, I 110), demostración del espíritu emprendedor y del
poderío de Atenas, y del valor de los hombres que participaron en la
expedición, valor que constituye un motivo de gloria aun en caso de
fracaso.
304 Después de celebrar las excelencias de Atenas, tras este magnífi-
co canto a los ideales de su ciudad, pasa, conforme al plan previsto (cf.
supra, II 36, 4), al elogio de los que han muerto por ella.Nada püede
resultar tan efectivo como la conexión del elogio de los méritos de los
caídos a la exaltación de la patria por la que se sacrificaron.
LIBRO II 457

p ues, lo prin cip al de este elogio ya está d icho, dado que


las excelencias p or las que he ensal z ado n uestra ciu dad son
el orn am en to que le han p roc u rad o las virtu des de estos
hom bres y de otros hom bres co m o ellos; y no son m uchos
los griegos, co m o es el caso de éstos, c u ya alab a n z a p u
d iera en co n trar correspo n d e n cia en sus ob ras. M e parece,
asim ism o, que el fin que éstos han ten ido es u n a d e m os
tración del valor de un h o m bre, bien co m o prim er in dicio,
bien com o co n fir m ac ió n fin al. P o rq u e incluso en el caso
de aq uellos que fu ero n in feriores en otros aspectos es j u s
to que se an tepo nga su b ra v u ra en la gu erra luch an do en
d efensa de su p a tria, pues b o rraro n el m al con el bien y
el servicio que prestaro n en be n eficio público com pensó
sobradam en te los p erju ic ios ocasio n ad os por su ac t u ació n
p riva d a. N ingu n o de estos hom bres se aco b ard ó p refirie n
do segu ir con el goce de sus riquez as ni trató de ap la z ar
el peligro con la esperan z a de su pobre z a, de que co n
segu iría librarse de ella y se h aría rico. A l co n trario,
consideran d o m ás deseable el castigo al ad versario que
aq u ellos bien es, y creyen do ad em ás q u e aq uél era el m ás
h erm oso de todos los peligros, decid ieron , hacién dole fre n
te, castigar a los en em igos y segu ir asp ira n d o a los bienes,
fia n d o a la esp eran z a lo in cierto del éx ito , p ero ju zga n d o
p referib le de hecho, an te la in m in encia del peligro, c o n fia r
en sí m ism os; y llegado el m o m en to, pensaron que era
m ás h erm oso resistir h asta la m uerte q ue ceder p a ra salvar
la vid a; evitaro n así la vergüen z a del reproc h e, afro n t aro n
la acció n a costa de su vid a, y en un instan te determ in ado
p or el destino, en u n m om en to cu lm in an te de gloria, que
no de m iedo, nos d ejaro n 305.

305 El color poético, con usos de palabras como eulogia, hÿmnësa


y /catastrophe, y el contenido tono patético de todo el capítulo concluyen
458 GUERRA DEL PELOPONESO

Así es como estos hombres se mostraron dignos de


nuestra ciudad; y es menester que ios que quedan hagan
votos por tener frente al enemigo una disposición que
apunte a un destino más seguro 306 sin consentir por ello
ninguna pérdida de audacia. No debéis considerar la utili-
dad de esta actitud —sobre la que cabrían largas explica-
ciones que vosotros ya conocéis— sólo a través de las pa-
labras de un orador que exponga todos los beneficios que
derivan de defenderse contra el enemigo; debéis contem-
plar, en cambio, el poder de la ciudad en la realidad de
cada día y convertiros en sus amantes 307, y cuando os pa-
rezca que es grande, debéis pensar que quienes consiguie-
ron este poder eran hombres audaces y conocedores de su
deber, que en sus acciones se comportaban con honor y
que, si alguna vez fracasaban en algún intento, no querían
por ello privar a la ciudad de su valor, sino que le ofre-
cían la contribución más hermosa. Daban su vida por la
comunidad recibiendo a cambio cada uno de ellos particu-
larmente el elogio que no envejece y la tumba más insig-
ne, que no es aquella en que yacen, sino aquella en la
que su gloria sobrevive para siempre en el recuerdo, en
cualquier tiempo en que surja la ocasión para recordarlos
tanto de palabra como de obra. Porque la Tierra entera308

con este expresivo final eufemístico: apëllàgësan, «se fueron», «nos de-
jaron».
306 Cf. S ó f o c l e s , Áyax 550-551.
307 Kath ’ hëméran theoménous kai erastás gignoménous autés, «el
amor a la patria conectado a la realidad de cada día». Se trata segura-
mente del amor a la ciudad, no a su poder, tal como parecen demostrar
otros pasajes de autores contemporáneos en los que se utiliza el sustanti-
vo erastes en el mismo sentido (cf. A r is t ó f a n e s , Acarnienses 143; Ca-
balleros 732, 1340-44; P l a t ó n , Alcibiades 132a).
308 Andrôn gàr epiphanón pasa ge táphos. El tono poético, las imá-
genes y las fórmulas marcan el estilo de este discurso.
LIBRO II 459

es la t u m ba de los hom bres ilustres, y no sólo en su p a


tria existe la in d icació n de la inscripción gra b a d a en las
estelas, sino q ue incluso en t ierra ex tra ñ a p ervive en cad a
p erso n a un recuerdo no escrito, un recu erdo que está m ás
en los sen tim ien tos que en la realid ad de u n a t u m ba. T ra- 4
tad , p ues, de em u lar a estos ho m bres, y estim an do que
la felic id ad se b asa en la libertad y la libertad en el c o
r a je , no m iréis con in quietud los peligros de la gu erra.
N o so n , en efec to, los d esgraciad os, p a r a quienes no existe 5
la esperan z a de bien algu n o, los q ue pueden desp reciar la
vid a con m ás ra z ó n , sin o aq u ellos q u e, al segu ir vivien d o,
corren ei riesgo de un ca m b io de for t u n a d esfavo rab le y
p ara q uien es, en caso de fr a c aso , las d iferen cias son e n or
m es309. Porq u e p a r a un ho m bre con p u n don or la degra- 6
d ación que aco m p a ñ a a la m ise r ia 310 resu lta m ás d o lo ro
sa que u n a m uerte que sobrevien e sin ser sen tida en la
plen itud de su v igo r y de la esp eran z a colectiva.
É st a es la razón p or la q ue a h o ra no me voy a d irigir 44
a los p ad res de estos ho m bres, q ue asistís a este ac to, con
lam en tacion es de co m p asió n , sin o con p alab ras de co n
s u e lo 311. Sab id o e s 312 q ue la v id a se v a hacien do a través

309 Cf. supra, II42, 1.


310 Kâkôsis tieneaquí probablemente, enrelación con elcontexto,
el sentido de «pérdida de fuerza, cambio de fortuna o desventura, mi-
seria». (Cf. A. W. G o m m e , op. cit. II, pág. 139). Para otros tiene sim-
plemente el valor habitual de «cobardía».
311 Cf. P l a t ó n , Menéxeno 247c-d.
312 El texto dice literalmente «ellossaben»refiriéndose al parecer
a los padres de los caídos que asisten al acto. Hay, pues, un paso brus-
co, de una segunda a una tercera persona que no resulta cómodo. Sobre
la estructura de esta consolado a los padres, cf. O. L o n g o , « L a conso-
lado ad parentes di Pericle (Tucidide II 44)», Rivista di Cultura classica
e medioevale 19 (1977), 451-479. Se establece una gradación en el con-
suelo.
460 GUERRA DEL PELOPONESO

de vicisitudes de diverso signo, y la dicha es de quienes


alcanzan la mayor nobleza con su muerte, como éstos
ahora, y con su dolor, como es vuestro caso, y de aque-
llos cuya vida fue medida para que la felicidad y el fin
de sus días coincidieran313. Me doy perfecta cuenta de que
es difícil convenceros tratándose de vuestros hijos cuyo re-
cuerdo os vendrá con frecuencia cuando asistáis a los mo-
mentos de dicha de los otros, momentos dichosos con los
que también vosotros os regocijabais un día; y el dolor
no procede de los bienes de los que uno se ve privado
sin haberlos experimentado, sino de aquel del que uno ha
sido desposeído una vez habituado a él. Pero es preciso
ser fuertes, siquiera por la esperanza de tener otros hijos,
los que todavía estáis en edad de engendrarlos; en la vida
privada los hijos que vendrán serán para algunos un moti-
vo de olvido de los que ya no están con nosotros, y la
ciudad saldrá beneficiada por dos razones: no perderá po-
blación y ganará en seguridad. Porque no es posible que
tomen decisiones justas y equitativas quienes no afrontan
el peligro exponiendo también a sus propios hijos, igual
que los demás. Y cuantos ya habéis pasado la edad, con-
siderad como una ganancia el hecho de haber sido dicho-
sos durante la mayor parte de vuestra vida, pensad que
la parte que os queda será breve 314, y consolaos con el
renombre de estos m uertos315. El amor a la gloria es, en
efecto, lo único que no envejece, y en la época improduc-

313 Conocido pensamiento griego. Cf. S ó f o c l e s , Edipo Rey 1528-


30; E u r í p i d e s , Troyanas 509-510; H e r ¿ d o t o , I 30-32.
314 Triste consuelo. Cf, E u r í p i d e s , Alcestis 649-650.
315 Cf. S ó f o c l e s , Antigona 703-704.
LIBRO II 461

tiva de la v id a lo que da m ayor sa t isfacc ió n no son las


ga n an cias, co m o dicen a lg u n o s316, sino los honores.
Y p ara v o so t r o s31V h ijos o h erm an os de estos c a íd os 45
que os encon tráis aq u í, veo que la luch a p ara estar a su
altu ra será ard u a, p orq u e todo el m u n do tiene la cost u m
bre de elogiar a quien y a no existe, y au n en el colm o
del v a lo r, d ifícilm en te se os co nsid erará no y a igu ales, sino
un p oco p or d eb ajo de ellos. L a e n vid ia de los v ivos, en
efecto, se en fren ta a lo que se les op o n e, pero lo que no
les su pon e n ingú n obstác u lo es resp etado con u n a b e n evo
len cia sin o p osic ió n 318. Y si es n ecesario que me refiera 2
a la virtu d fe m en in a, a p rop ósito de las que a h ora vivirá n
en la viu d ez, lo expresaré todo con un breve co nsejo: si
no os m ostráis in feriores a vu estra n at u rale z a, vu estra re
p u tación será gra n d e, y será gran de la de aq u ella cuyas
virtu des o defectos an den lo menos posible en boca de los
h o m b res3!9.

316 Simonides de Ceos, entre otros, según A r i s t ó f a n e s , Paz 697-699,


y P l u t a r c o , Moralia 786b.
317 Cf. P l a t ó n , Menéxeno 246d-247b.
318 Acerca de este pensamiento han sido recordados los versos de
H o r a c i o (Odas III 24, 31-32):

Virtutem incolumen odimus,


sublatam ex oculis quaerimus invidi.

Cf. E s q u il o , Prometeo 521, y Agamenón 382. Sobre la envidia, cf., asi-


mismo, supra, II 35, 2-3.
319 Se ha señalado la frialdad del consuelo a los familiares de los
caídos (del 44, 3 al 45) en contraste con el calor de las palabras pro-
nunciadas acerca de la grandeza de Atenas y de los ideales de su ciuda-
danía. Este hecho estaría de acuerdo con las noticias que tenemos sobre
el carácter de Pericles (cf. P l u t a r c o , Pericles 5 y 7). Sobre los concep-
tos de «honor» y «amor a la honra» (philotimia) y de «reputación»
(dóxa) y «vergüenza» (aidés) en la mujer que aquí se reflejan, cf. Ρ.
462 GUERRA DEL PELOPONESO

46 H e exp u esto, p ues, con mis p alab ras to d o lo que, de


acu erdo con la cost u m bre, ten ía p or conven ien te; en c u a n
to a los hechos, p or lo que respecta a los ho m bres a los
que dam os sep u ltu ra, ya han recib ido los honores fu n e
rarios, y por lo que respecta a sus h ijos, de a h o ra en
adelan te la ciu dad los m an ten drá a expensas p ú b l ic as 320
h asta la ad olescen cia, ofrecien d o así u n a útil coro n a, en
p rem io de tales j u e g o s321, a los m uertos y a los que q u e
d a n ; pues las ciu dades don de están establecidos los m ayo
res prem ios al va lo r son tam bién aq u ellas don de viven los
2 m ejores ciu d ad a n os. A h o r a , en fin , después de cu m plir
las lam en tacion es en h o n or de los parien tes respectivos,
retiraos 322.»

W «The funeral speech. A study of values», Greece and Rome


a l c o t ,
s. 2, 20 (1973), 111-121; J. G . P e r i s t î a n y (éd.), Honour and Shame,
the values o f Mediterranean Society ~ El concepto del honor en la so-
ciedad mediterránea [trad. J. M . G a r c í a d e l a M o r a ] , Barcelona, 1968.
320 Cf. P l a t ó n , Menéxeno 249b. Los hijos de los combatientes
muertos eran educados por el Estado hasta los 16 años.
321 Metáforas tomadas de los concursos atléticos.
322 Este mismo final formulario lo encontramos en el Menéxeno
(cf. 249c) de Platón.

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