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Los intelectuales del mundo y LA NACION

"Seguimos viviendo en la Edad Media", dice Jacques Le Goff


Fue una etapa brillante, dice el historiador

Noticias de Cultura: Miércoles 12 de octubre de 2005 | Publicado en edición impresa 

PARIS.– Discípulos y colegas llaman al francés Jacques Le Goff “el ogro historiador”. Es una referencia al desaparecido Marc
Bloch, cofundador de l’Ecole des Annales, quien afirmaba que un buen historiador “se parece al ogro de la leyenda: allí donde
huele carne humana, sabe que está su presa”.
De un ogro, Jacques Le Goff tiene la estatura y el apetito. También tiene una insaciable curiosidad que lo llevó a
transformarse en una referencia mundial sobre la historia de la Edad Media, período al cual el hombre contemporáneo le
debe muchas de sus conquistas, dice.
A los 82 años, Jacques Le Goff sigue trabajando, a pesar de la profunda tristeza que le provocó la reciente muerte de su
esposa –después de casi 60 años de vida en común– y de una caída que desde 2003 lo mantiene recluido en su
departamento de París.
Con cualquiera de sus libros –tantos que podrían formar una biblioteca– todo lector se siente inteligente y erudito.
Aún más que sus condiscípulos George Duby, Emmanuel Le Roy Ladurie y François Furet, Le Goff recurrió a todas las
disciplinas para estudiar la vida cotidiana, las mentalidades y los sueños de la Edad Media: antropología, etnología,
arqueología, psicología? Sus obras mezclan conocimiento y perspectivas. Con ellas es posible introducirse en un medioevo
fascinante, donde se estudiaba y se enseñaba a Aristóteles, Averroes y Avicenas, las ciudades comenzaban a forjarse una idea
de la belleza y los burgueses financiaban catedrales que inspirarían a Gropius, Gaudi y Niemeyer. En esa Edad Media
masculina, la mujer era respetada, las prostitutas, bien tratadas y hasta desposadas, y solía suceder que las jovencitas
aprendieran a leer y a escribir.
-Los historiadores no consiguen ponerse de acuerdo sobre la cronología de la Edad Media. ¿Cuál es la correcta, a su juicio?
-Es verdad que no todos los historiadores coinciden en esa cronología. Para mí, la primera de sus etapas comienza en el siglo
IV y termina en el VIII. Es el período de las invasiones, de la instalación de los bárbaros en el antiguo imperio romano
occidental y de la expansión del cristianismo. Déjeme subrayar que Europa debe su cultura a la Iglesia. Sobre todo, a San
Jerónimo, cuya traducción latina de la Biblia se impuso durante todo el medioevo, y a San Agustín, el más grande de los
profesores de la época.
-Usted, gran anticlerical, jamás deja de destacar el papel de la Iglesia en los mayores logros de la Edad Media.
-¡Pero no es necesario ser un ferviente creyente para hablar bien de la Iglesia! También soy un convencido partidario del
laicismo: principio admirable, establecido por el mismo Jesús cuando dijo: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de
Dios". Pero, volviendo a la cronología, la segunda etapa está delimitada por el período carolingio, del siglo VIII al X.
-El imperio de Carlomagno fue, para muchos, el primer intento verdadero de construcción europea?
-Falso. En realidad se trató del primer intento abortado de construcción europea. Un intento pervertido por la visión
"nacionalista" de Carlomagno y su patriotismo franco. En vez de mirar al futuro, Carlomagno miraba hacia atrás, hacia el
imperio romano. La Europa de Carlos V, de Napoleón y de Hitler fueron también proyectos antieuropeos. Ninguno de ellos
buscaba la unidad continental en la diversidad. Todos perseguían un sueño imperial.
-Usted escribió que a partir del año 1000 apareció una Europa soñada y potencial, en la cual el mundo monástico tendría
un papel social y cultural fundamental.
-Así es. Una nueva Europa llena de promesas, con la entrada del mundo eslavo en la cristiandad y la recuperación de la
península hispánica, que estaba en manos de los musulmanes. Al desarrollo económico, factor de progreso, se asoció una
intensa energía colectiva, religiosa y psicológica, así como un importante movimiento de paz promovido por la Iglesia. El
mundo feudal occidental se puso en marcha entre los siglos XI y XII. Esa fue la Europa de la tierra, de la agricultura y de los
campesinos. La vida se organizaba entre la señoría, el pueblo y la parroquia. Pero también entraron en escena las órdenes
religiosas militares, debido a las Cruzadas y a las peregrinaciones que transformarían la imagen de la cristiandad. Entre los
siglos XIII y XV, fue el turno de una Europa suntuosa de las universidades y las catedrales góticas.
-En todo caso, para usted, la Edad Media fue todo lo contrario del oscurantismo.
-Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los
románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de
que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe,
apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del
individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el
libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.
-Pero la Revolución Francesa fue en 1789. ¿No se considera que la Edad Media terminó con la llegada del Renacimiento, en
el siglo XV?
-Para comprender verdaderamente el pasado, es necesario tener en cuenta que los hechos son sólo la espuma de la historia.
Lo importante son los procesos subyacentes. Para mí, el humanismo no esperó la llegada del Renacimiento: ya existía en la
Edad Media. Como existían también los principios que generaron la Revolución Francesa. Y hasta la Revolución Industrial. La
verdad es que nuestras sociedades hiperdesarrolladas siguen estando profundamente influidas por estructuras nacidas en el
medioevo.
-¿Por ejemplo?
-Tomemos el ejemplo de la conciencia. En 1215, el IV Concilio de Latran tomó decisiones que marcaron para siempre la
evolución de nuestras sociedades. Entre ellas, instituyó la confesión obligatoria. Lo que después se llamó "examen de
conciencia" contribuyó a liberar la palabra, pero también la ficción. Hasta ese momento, los parroquianos se reunían y
confesaban públicamente que habían robado, matado o engañado a su mujer. Ahora se trataba de contar su vida espiritual,
en secreto, a un sacerdote. Tanto para mí como para el filósofo Michel Foucault, ese momento fue esencial para el desarrollo
de la introspección, que es una característica de la sociedad occidental. No hace falta que le haga notar que bastaría con
hacer girar un confesionario para que se transformara en el diván de un psicoanalista.
-Usted habla de emancipación de la mujer en la Edad Media. ¿Pero aquella no fue una época de profunda misoginia?
-Eso dicen y, naturalmente, hay que poner las cosas en perspectiva. Yo sostengo, sin embargo, que se trató de una época de
promoción de la mujer. Un ejemplo bastaría: el culto a la Virgen María. ¿Qué es lo que el cristianismo medieval inventó,
entre otras cosas? La Santísima Trinidad, que, como los Tres Mosqueteros, eran, en realidad, cuatro: Dios, Jesús, el Espíritu
Santo y María, madre de Dios. Convengamos en que no se puede pedir mucho más a una religión que fue capaz de dar
estatus divino a una mujer. Pero también está el matrimonio: en 1215, la Iglesia exigió el consentimiento de la mujer, así
como el del hombre, para unirlos en matrimonio. El hombre medieval no era tan misógino como se pretende.
-La invención del purgatorio, a mediados del siglo XII, parece haber sido también uno de los momentos clave para el
desarrollo de nuestras sociedades actuales.
-Así es. Curiosamente, lo que comenzó como un intento suplementario de control por parte de la Iglesia, concluyó
permitiendo el desarrollo de la economía occidental tal como la practicamos en nuestros días.
-¿Cómo es eso?
-La invención del purgatorio se produjo en el momento de transición entre una Edad Media relativamente libre y un
medioevo extremadamente rígido. En el siglo XII comenzó a instalarse la noción de cristiandad, que permitiría avanzar, pero
también excluir y perseguir: a los herejes, los judíos, los homosexuales, los leprosos, los locos... Pero, como siempre sucedió
en la Edad Media, cada vez que se hacían sentir las rigideces de la época los hombres conseguían inventar la forma de
atenuarlas. Así, la invención de un espacio intermedio entre el cielo y el infierno, entre la condena eterna y la salvación,
permitió a Occidente salir del maniqueísmo del bien y del mal absolutos. Podríamos decir también que, inventando el
purgatorio, los hombres medievales se apoderaron del más allá, que hasta entonces estaba exclusivamente en manos de
Dios. Ahora era la Iglesia la que decía qué categorías de pecadores podrían pagar sus culpas en ese espacio intermedio y
lograr la salvación. Una toma de poder que, por ejemplo, permitiría a los usureros escapar al infierno y hacer avanzar la
economía. También serían salvados de este modo los fornicadores.
-Pero hasta la aparición del sistema bancario reglamentado, en el siglo XVIII, tanto la Iglesia como las monarquías
sobrevivieron gracias a los usureros. ¿Por qué condenarlos al infierno?
-Porque así lo establecían las escrituras, como en la mayoría de las religiones. En el universo cristiano medieval, la usura era
un doble robo: contra el prójimo, a quien el usurero despojaba de parte de su bien, pero, sobre todo, contra Dios, porque el
interés de un préstamo sólo es posible a través del tiempo. Y como el tiempo en el medioevo sólo pertenecía a Dios, comprar
tiempo era robarle a Dios. Sin embargo, el usurero fue indispensable a partir del siglo XI, con el renacimiento de la economía
monetaria. La sed de dinero era tan grande que hubo que recurrir a los prestamistas. Entonces la escolástica logró hallarles
justificaciones. Surgió así el concepto de mecenas. También se aceptó que prestar dinero era un riesgo y que era normal que
engendrara un beneficio. En todo caso, y sólo para los prestamistas considerados "de buena fe", el purgatorio resultó un
buen negocio.
-La Edad Media también inventó el concepto de guerra justa, vigente hasta nuestros días, como lo demostraron los
debates en la ONU sobre la guerra en Irak. Curioso, ya que el cristianismo es portador de un ideal de paz. Hasta se podría
decir que es antimilitarista.
-Es verdad. Ordenándole a Pedro que enfundara su espada, Cristo dijo: "Quien a hierro mate, a hierro morirá". Los primeros
grandes teóricos cristianos latinos eran pacifistas. Pero todo cambió a partir del siglo IV, cuando el cristianismo se transformó
en religión de Estado.
-En otras palabras, los cristianos se vieron obligados a cristianizar la guerra.
-En esa tarea tendrá un papel fundamental San Agustín, el gran pedagogo cristiano. Para él, la guerra es una consecuencia del
pecado original. Como éste existirá hasta el fin de los tiempos, la guerra también existirá por siempre. San Agustín propuso,
entonces, imponer límites a esa guerra. En vez de erradicarla, decidió confinarla, someterla a reglas. La primera de esas
reglas es que sólo es legítima la guerra declarada por una persona autorizada por Dios. En la Edad Media, era el príncipe. Hoy
es el Estado, el poder público. La segunda regla es que una guerra es justa sólo cuando no persigue la conquista. En otras
palabras: las armas sólo se toman en defensa propia o para reparar una injusticia. Esas reglas siguen perfectamente vigentes
en nuestros días.
-¿Se podría decir que el hombre medieval trataba de preservar la cristiandad de todo aquello que amenazaba su
equilibrio?
-Constantemente. Déjeme evocar como ejemplo el que para mí fue el aspecto más negativo de la época: la condena absoluta
del placer sexual, simbolizado por el llamado "pecado de la carne". La alta Edad Media asumió las prohibiciones del Antiguo
Testamento. Desde entonces, el cuerpo fue diabolizado, a pesar de algunas excepciones, como Santo Tomás de Aquino, para
quien era lícito el placer en el acto amoroso. Frente a la opresión moral, la sociedad medieval reaccionó con la risa, la
comedia y la ironía. El universo medieval fue un mundo de música y de cantos, promovió el órgano e inventó la polifonía.
-Hace un momento hizo referencia a los fornicadores que tuvieron un lugar en el purgatorio. ¿Cómo fue esto posible en
una época de tanta represión sexual?
-Hay una anécdota que ilustra perfectamente la dualidad medieval. El rey Luis IX de Francia, que después sería canonizado
como San Luis, tenía una vitalidad sexual desbordante. En los períodos en que las relaciones carnales eran lícitas (fuera de las
fiestas religiosas), el monarca no se contentaba con reunirse con su esposa por las noches. También lo hacía durante el día.
Esto irritaba mucho a su madre, Blanca de Castilla, que en cuanto se enteraba de que su hijo estaba con la reina intentaba
introducirse en la habitación para poner fin a sus efusiones. Luis IX decidió entonces poner un guardián ante su puerta, que
debía prevenirlo y darle tiempo de disimular su desenfreno. Ese hombre lleno de ardor tuvo once hijos y cuando partió a la
Cruzada, en 1248, llevó a su mujer, a fin de no privarse de sus placeres sexuales. ¡No imaginará usted que la Iglesia podía
enviar a San Luis a arder en el fuego eterno del infierno!
-¿También podríamos decir que la Edad Media inventó el concepto de Occidente?
-La palabra "Occidente" no me gusta. Pronunciada por los occidentales, tiene un contenido de soberbia para el resto del
planeta.
-Pero entonces, ¿cómo definir, por ejemplo, a América, heredera de Europa?
-América ha dejado de ser la heredera de Europa. Lo fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando tanto Estados
Unidos como el resto del continente dejaron de tener al hombre como centro de sus preocupaciones.
-Usted es un apasionado estudioso de la imaginación colectiva de la Edad Media. ¿Por qué eso es tan importante?
-Felizmente, las nuevas generaciones de historiadores siguen cada vez más esa tendencia. La imaginación colectiva se
construye y se nutre de leyendas, de mitos. Se la podría definir como el sistema de sueños de una sociedad, de una
civilización. Un sistema capaz de transformar la realidad en apasionadas imágenes mentales. Y esto es fundamental para
comprender los procesos históricos. La historia se hace con hombres de carne y hueso, con sus sueños, sus creencias y sus
necesidades cotidianas.
-¿Y cómo era esa imaginación medieval?
-Estaba constituida por un mundo sin fronteras entre lo real y lo fantástico, entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo
terrenal y lo celestial, entre la realidad y la fantasía. Si bien los cimientos medievales de Europa subsistieron, sus héroes y
leyendas fueron olvidados durante el Siglo de las Luces. El romanticismo los resucitó, cantando las leyendas doradas de la
Edad Media. Hoy asistimos a un segundo renacimiento gracias a dos inventos del siglo XX: el cine y las historietas. El
medioevo vuelve a estar de moda con "Harry Potter", "La guerra de las galaxias" y los videojuegos. En realidad, la Edad Media
tiene una gran deuda con Hollywood. Y viceversa. Pensé alguna vez que provocaría un escándalo afirmando que el medioevo
se había prolongado hasta la Revolución Industrial. La verdad es que ha llegado hasta nuestros días.
-¿Se podría decir entonces que seguimos viviendo en la Edad Media?
-Sí. Pero esto quiere decir todo lo contrario de que estamos en una época de hordas salvajes, ignorantes e incultas,
sumergidos en pleno oscurantismo. Estamos en la Edad Media porque de ella heredamos la ciudad, las universidades,
nuestros sistemas de pensamiento, el amor por el conocimiento y la cortesía. Aunque, pensándolo bien, esto último bien
podría estar en vías de extinción.
Por Luisa Corradini
Para LA NACION

Análisis: El reino de los cielos (Cruzadas)

 Ficha técnica de la película:


Título:
Año de estreno:
Productor - Director:
País de origen:

Luego debes responder a las siguientes premisas:


 Tema: Establece cuál el tema central y los temas secundarios que se presentan en la película.
 Contexto histórico:
a. ¿en qué año/s o proceso histórico se ubica la acción?
b. ¿en qué país/ países o regiones se desarrolla el film?
c. ¿cómo es la sociedad que se presenta?
d. ¿qué valores o visiones del mundo se observan?
e. ¿qué conceptos o temas de la Edad Media se reflejan en esta película?

 Argumento: Elabora una breve síntesis argumental señalando los principales conflictos y la forma en que estos
se resuelven.
 Personajes: Realiza una breve descripción de los personajes principales, teniendo en cuenta su situación
personal y social.
 Mensaje: ¿Cuál es el mensaje (hipótesis) que intenta transmitir el director de la película?
 Reflexión final: Elabora un comentario personal sobre la película.
La Edad Media. Prof. Lic. Alejandro D. Simone
LAS INVASIONES GERMANAS:

El Imperio Romano dividido en dos administrativamente, se convertirá lentamente en


dos zonas prácticamente independientes una de otra, como consecuencia de esa
independencia administrativa.
El Imperio Romano de Oriente logrará sobreponerse a la crisis vivida en el siglo III, y
concentrará su poder en la ciudad de Constantinopla, luego rebautizada: Bizancio. Lo
contrario ocurrió en el Imperio Romano de Occidente que comenzaba en Roma y se extendía
marcando el límite oriental por toda la península Itálica y el mar Mediterráneo hasta el norte
de África, hacia el sur, mientras que hacia el norte el límite se extendía por los actuales países
de Austria y Alemania, abarcando todas las tierras y los mares que se encuentran hacia el
oeste, hasta el Océano Atlántico. La crisis del siglo III se profundizó y agravó con la llegada de
nuevos pueblos que penetraron en Europa Occidental, como resultado de movimientos de
pueblos que comenzaron en el centro de Asia, a causa de un cambio climático, y por efecto
dominó llegaron a Europa. Estos pueblos son denominados bárbaros, por los romanos, que en
su lenguaje significaba extranjeros. Hoy los llamamos pueblos germanos, para diferenciarlos
de los latinos que habitaban en el Imperio Romano de Occidente.
Estos dos factores: la crisis administrativa y la invasión de los pueblos germanos,
acentuaron la crisis en todos los órdenes de la vida del Imperio Romano de Occidente, ya sea
en lo social, en lo cultural, en lo religioso, en lo filosófico, en lo económico, en lo militar y en lo
político, provocando que en el año 476 el emperador Rómulo Augusto abandone su cargo sin
que haya ningún sucesor que quiera reemplazarlo. De esta forma el Imperio Romano de
Occidente se desintegrará.
Los distintos pueblos germanos se establecieron en diferentes regiones del Imperio. Si
bien fueron muchos los pueblos que penetraron en el Imperio, los más pequeños fueron
asimilados por los pueblos más importantes, que dominaron las grandes regiones de Europa.
Es así que en la provincia romana de Hispania (España y Portugal) se asentaron los Visigodos,
en la región de la Galia (Francia, Bélgica y Holanda) se asentaron los Francos, en Dinamarca
se asentaron los Anglos, en Alemania y Austria los Sajones, en Inglaterra los Anglosajones, y
en la península Escandinava los Normandos. En la península Itálica se instalaron los
Ostrogodos en un primer momento, luego el sur fue conquistada por los Bizantinos, y más
tarde los Lombardos se asentarían al norte de la región; quizás razón por la cual esta región
siempre estuvo muy dividida en varios reinos y pueblos.
No existían límites, ni noción de Estado independiente, por eso también podemos
hablar de una Europa unida, con todas estas características, aunque dividida en regiones con
particularidades propias.
Todos estos pueblos poseían sus propias características, sin embargo todos adoptaron
la cultura romana, que fue el denominador común de todos ellos, eso se debió a la atracción
que produce el encuentro con una cultura más compleja que la suya, por la cual todos los
pueblos voluntariamente la adoptaron. Esto nos permite enumerar las características
comunes, que más allá de las características propias de cada pueblo, hicieron de Europa
durante toda la Edad Media una región homogénea.
Las características comunes eran:
1) Fe: Cristianismo
2) Lenguaje: Latín vulgar
3) Educación: Ideal caballeresco; Trivium (E.G.B.), Quadrivium (Polimodal), y Universidad.
4) Cuerpo Jurídico: Derecho Romano.
5) Reglamento Comercial: igual en toda Europa.

El primer problema que sufre Europa al inicio de la Edad Media fue la expansión del
arrianismo. Esta es la primer gran Herejía que debió enfrentar el cristianismo, y comenzó
antes de que se derrumbe el Imperio Romano de Occidente. Su gestor fue Arrio, persona que
negaba la divinidad de Cristo. Si bien el tema obligó a la reunión de dos Concilios (Concilio de
Nicea ó Niceno I en el año 325 y el Concilio de Constantinopla ó Constantinopolitano I en el
año 381) ambos condenaron de falsa la postura de Arrio. A pesar de todo Arrio y sus
seguidores continuaron manteniendo y extendiendo su error a muchas comunidades
cristianas.
Cuando ingresan los pueblos germanos, fueron convertidos al arrianismo, solo los
francos fueron convertidos directamente al cristianismo. Esta herejía duraría tres siglos, pero
finalmente desaparecerá cuando los pueblos germanos (visigodos, anglosajones, etc.)
abandonen el arrianismo para convertirse al cristianismo. Esto ocurrirá al finalizar el siglo VI,
y para esta época nos encontramos ya insertos en la Edad Media.

LA EDAD MEDIA:

La Edad Media la podemos dividir en tres fases:


1ra. Fase: Temprana Edad Media, del siglo V al siglo IX.
2da. Fase: Alta Edad Media, del siglo X al siglo XIII.
3ra. Fase: Baja Edad Media, del siglo XIV al siglo XV.

Sin embargo, hay una etapa de transición que abarca el final de la Edad Antigua, y el
principio de la Edad Media (es decir la primer parte de la Temprana Edad Media), ya que se
extiende del siglo III al siglo VI, y abarca todos los grandes cambios que se produjeron de una
Edad a otra, tomando la crisis del Imperio y las invasiones bárbaras. En esta etapa el hombre
reducirá su bagaje cultural a los hábitos necesarios para mantener su existencia en un
escenario rural. Es decir que encontramos a un campesino convertido en soldado para la
defensa de su tierra, familia y feudo (entiéndase comunidad), y aferrado a un culto religioso
(cristianismo), el cual sin embargo queda reducido a la mínima expresión, y muy cargado de
superstición. No obstante reconocemos en este hombre, el germen de las nuevas naciones
europeas, que comenzarán a tomar forma en la etapa de la Temprana Edad Media, del siglo
VII al IX, sobre la fase del mismo nombre. La Iglesia, jugará un papel fundamental sobre todos
los habitantes de Europa occidental, porque fue la encargada de salvaguardar en los
monasterios (en forma no intencional) la cultura clásica, que de otro modo en buena parte se
hubiera perdido, ya que en otra parte donde se conservó fue en el Imperio Bizantino, pero
sufrió transformaciones. En la etapa de la Temprana Edad Media, con Carlomagno, se inicia
un proceso de culturización, encargado a la iglesia, especialmente a los monjes ingleses, ya
que por su situación geográfica, fueron quienes sufrieron en menor proporción el caos
desatado en Europa occidental, y por lo tanto eran los mejores preparados culturalmente.
Esta cultura rescataba lo mejor del período clásico, pero asimilada en una visión cristiana a
través del pensamiento de San Agustín (Razón e Imperio al servicio de Dios). Es así que esta
nueva cultura se trasmite rápidamente del Clero al Señor y de estos al Campesino.
Organizándose luego la implementación de la educación desde los colegios parroquiales, y en
los cuales asisten el hijo del Señor y del Campesino indistintamente. De esta forma asistimos
al nacimiento de la Civilización Cristiana Occidental.
Pero este proceso se verá interrumpido con las segundas invasiones bárbaras hacia el
final de la fase de la Temprana Edad Media. Pasadas estas y ya sobre la Alta Edad Media, se
continuará este proceso de culturización donde lentamente se irá depurando y profundizando
los conocimientos y la relación Fe y Cultura, que culminarán con la formación de las
Universidades en medio de una sociedad organizada en forma equilibrada, cuya brújula los
conduce por el camino de la Fe.
Pero como toda civilización sujeta al mundo inmanente nace, se desarrolla y muere; la
Civilización Cristiana Occidental nació en la Temprana Edad Media, se desarrolló en la Alta
Edad Media, y en la Baja Edad Media comienza a morir para dar paso a una nueva
Civilización. Es por eso que en la Baja Edad Media, vemos claramente signos de corrosión en
esta Civilización.

TEMPRANA EDAD MEDIA:


Etapa de Transición:
Desde la crisis económica del siglo III D.C., la sociedad romana de occidente
experimentó una transformación radical, los ciudadanos se vieron ahogados bajo la presión de
los impuestos, por lo que se escapaban al campo, el Imperio intentando solucionar la crisis
optó por sujetar a la persona, y a su descendencia, en forma permanente al oficio que este
practicaba, sin posibilidad de cambio ni huida; es decir que la persona que era panadera, lo
sería para siempre al igual que sus hijos, nietos, etc., sin que ninguno de ellos puedan dejar
de ser panaderos, lo mismo sucedía con todos los trabajos u oficios, desde los agricultores
hasta con los funcionarios de gobierno. Además debían pagar impuestos muy elevados ya sea
con dinero o con el fruto de su trabajo, con lo cual todo lo que producían se lo llevaba el
gobierno, dejando a la persona en míseras condiciones y sin poderse superar.
Toda esta situación hizo que los pequeños propietarios, agricultores, que no podían
solventar los impuestos, antes de perder su tierra, se la entregaran a un propietario con
mayor poder, por medio de un pacto llamado “Feudo-Vasallático”. Por este pacto el campesino
poderoso, que será llamado “Señor Feudal” (o simplemente “Señor”) y el pequeño campesino,
que será llamado “Vasallo” (o simplemente “Campesino”), se convertían ambos en dueños de la
propiedad que anteriormente solo pertenecía al pequeño campesino. Las condiciones del Pacto
Feudo-Vasallático eran las siguientes: el Vasallo no podía ser echado de su propiedad, ni
tampoco su descendencia, ya que la tierra pasaba de padres a hijos, por lo cual seguían
viviendo y trabajando en su tierra; por otro lado se le daba al nuevo propietario una parte de
lo que producían, o si su parcela era muy pequeña, algunas veces por semana trabajaba la
tierra del Señor; en caso de conflicto formaban un ejército al mando del Señor para proteger
sus tierras y derechos; y de esta manera quedaban a salvo de la presión del Imperio; el Señor
solo podía entregar la tierra a otro Señor sin dividir las propiedades de los campesinos y
siempre que el nuevo Señor respete al pequeño propietario, mientras que este último no podía
ser expulsado de su tierra por el nuevo Señor; el vasallo tampoco podía venderla, solo podía
abandonarla, pero perdía así su propiedad; y por último el Señor era el responsable de la
administración de todas las tierras que recibía a través del Pacto, procurando el Bien Común
de sus Vasallos. El Pacto Feudo-Vasallático, se daba entre dos hombres libres (Señor y
Vasallo), que no perdían su libertad sino que sumaban deberes y derechos; se realizaba a
través de un rito en la capilla o parroquia del lugar llamado de “homenaje y beneficio”,
jurando respetarlo sobre las Sagradas Escrituras, y con un sacerdote u otra persona como
testigo.
Algo similar ocurrió con los habitantes de las ciudades, que a pesar de la prohibición
seguían huyendo al campo por no poder mantenerse frente a la presión vivida en la ciudad, y
le pedían a los Señores que les dieran protección a ellos y a sus familias; estos accedían a
cambio de que estas personas trabajasen un manso o porción de la tierra del Señor dada a su
administración, formase parte su ejército, o realizase alguna tarea especial en beneficio del
Feudo, mientras que el Señor le suministraba una vivienda y alimentación, además de las
necesidades básicas. Estos nuevos protegidos y servidores del Señor recibieron el nombre de
“siervos de la gleba” (siervos de la tierra), sin poder abandonar tanto él como su descendencia
la tierra o manso que le otorgaba su Señor. Por otro lado podían recuperar su libertad
pagando un tributo, pasando así de ser siervos a vasallos, como también el vasallo que no
cumplía con sus deberes podía perder su libertad convirtiéndose en siervo de la gleba. Un
vasallo tratado injustamente podía pedir ayuda a un señor superior a su señor, o incluso al
rey. El Señor no solo protegía a sus vasallos en caso de guerra, sino que los asistía a él y a su
familia en caso de enfermedad, muerte, o desgracia laboral.
Sin embargo, no debemos creer que esta situación tan bien planteada, estuvo exenta de
abusos y atropellos, porque caeríamos en un error; sin embargo el espíritu fuertemente
religioso arraigado en la mentalidad de esta sociedad, permitieron que, más allá de las
complicaciones que trae todo tipo de relación humana, sea conducida por un sentido
trascendental de justicia, que permitió de buen modo el desarrollo de la vida en los mil años
del medioevo.
Este proceso de cambio, que redujo a las grandes ciudades en pequeñas aldeas, y que
convirtió a Europa en una sociedad netamente rural, duró aproximadamente dos siglos. Y en
los últimos años al no poder los funcionarios cobrar a nadie los impuestos, y sin poder
responder frente al estado, también buscaron protección en los Señores, convirtiéndose en
siervos o vasallos, hasta que finalmente tras la muerte del último emperador no hubo quien
quiera sucederlo dándose el fin del Imperio Romano de Occidente.
Mientras ocurría todo este proceso comenzaron a producirse las invasiones bárbaras, el
Imperio sin poder hacerles frente, les permitió establecerse en sus territorios a cambio de que
aceptasen la autoridad del emperador y cuidaran las fronteras de la invasión de nuevos
pueblos. Estos pueblos al asentarse en el Imperio imitaron la nueva organización de la
sociedad. Así el rey tomó posesión de las grandes regiones, y si bien se quedaba con una
extensa porción de territorio bajo su directa administración y posesión, dividía la región entre
los Jefes más importantes del pueblo, convirtiéndose el rey en Señor sobre todos los Jefes que
pasaron a ser sus vasallos. A su vez estos importantes jefes se quedaron con una porción para
su directa administración y dividieron sus tierras con los jefes que tenían a su cargo, pasando
a tener estos doble condición, Señor sobre sus vasallos (los jefes a quien dividió su tierra) y
sobre sus propios siervos, y vasallo del rey. Los pequeños jefes hicieron lo propio con la gente
que tenían a cargo, y así sucesivamente hasta llegar al último eslabón, quien solo reunía la
condición de vasallo. Todos los reyes respondían a su vez al emperador. Esta situación de
asentamiento no se dio en forma armoniosa, sino que produjo en forma permanente y casi
constante desde el siglo III D.C. al VI D.C. conflictos con las poblaciones asentadas en esos
lugares, conduciendo a sangrientas batallas, cuyo final terminaba en la emigración o en un
pacto que se ajustaba al Feudo-Vasallático, favoreciendo a la autarquía y formación de una
población exclusivamente campesina-guerrera, perdiéndose, en toda la población los logros
culturales alcanzados.
Al desaparecer el Imperio Romano de Occidente, desaparecen sus instituciones
políticas. El único cuerpo organizado que quedó en pie fue la Iglesia, por otro lado el hombre
al carecer de autoridad a quien responder, confiaron en aquellos que representaban el Bien
Supremo, y esta figura la representaba el Papa; es por eso que al producirse el vacío de poder,
este poder recayó en la Iglesia, depositado por los hombres y reyes de ese momento. Es así
que la Iglesia se convertirá en la institución de mayor poder en Europa.
Si bien esta situación planteada se dio en la teoría, en la realidad, el rey aún carecía de
poder efectivo sobre sus vasallos, ya que para todos no era más que el mejor entre los jefes,
por lo cual su situación podía cambiar si dejara de serlo. Además dentro de su territorio había
Señores que no pertenecían a su pueblo sino que eran los Señores del viejo Imperio Romano
de Occidente, que no se sometían a su autoridad, reconociendo como autoridad política al
Papa, y al Obispo como su intermediario.
La sangre de los mártires regada en los primeros siglos del Imperio Romano, había
hecho germinar muchísimas conversiones, al punto de que al finalizar la vida del Imperio, la
mayoría de sus habitantes eran cristianos. Y es así que en el siglo III, muchos jóvenes con la
intensión de cultivar su fe, e inspirados en la frase que Jesús dijo a un joven: “Si quieres ser
perfecto, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, luego ven y sígueme”, deciden, cada cual
por su lado, despojarse de todo y retirarse a lugares desiertos (el Alto Egipto) para orar, hacer
trabajos manuales y penitencia en soledad, reduciendo al mínimo sus condiciones de vida.
Recibieron el nombre de Anacoretas o Ermitaños, porque vivían en humildísismas ermitas. Su
vida era nómade, y San Pacomio sería el primero en darles una regla de vida en comunidad.
En el siglo V, San Benito de Nursia, unifica todas las reglas ya existentes, originando una
nueva regla que les da estabilidad de lugar, fundando trece monasterios en Europa
Occidental, bajo el lema “Ora et labora” (Oración y trabajo). A este estilo de vida se lo comenzó
a llamar “Contemplativa”, y se ha comprobado que donde hay vida monacal (es decir vida
contemplativa de los monasterios) la vida de la Iglesia en ese lugar florece, donde no, se
marchita.

Etapa de la Temprana Edad Media (Siglo VII al Siglo IX):


A esta etapa se la denomina políticamente como Paparocesarismo, lo cual significa que
el Papa tenía el poder político similar a un emperador sobre Europa, y se inicia con el Papado
de San Gregorio I Magno (590-604), quien termina de convertir a todos los pueblos de Europa
Occidental al cristianismo, recordar que muchos pueblos bárbaros se habían convertido
primero al arrianismo. Europa queda así constituida por una serie de reinos con límites
indefinidos, a su vez muy dividido en Señoríos autárquicos (es decir que los Señores poseen
una administración de subsistencia totalmente independiente de otro Señor o Rey, siendo el
Rey un Señor más, y su título se lo debe a ser considerado el mejor por sus pares). La
excepción a esta regla se da en la Península Ibérica, ya que el pueblo visigodo no conocerá el
sistema feudal (que es el sistema descripto hasta ahora). Así y todo como hemos visto toda
Europa Occidental poseerá características en común que la convierten en una región
homogénea, cuyos parámetros de cultura se ajustarán a los valores cristianos, cayendo en la
Iglesia el papel de guardián de la Moral y la Fe de estos pueblos.
Para comprender la realidad de la época, hay que entender que la cultura alcanzada en
el Imperio Romano quedó salvada en las bibliotecas, pero la realidad de este hombre se basó
en su fuerza para trabajar, su destreza militar para defenderse de algún invasor, y su
organismo para sobreponerse a las variaciones de la naturaleza. Con una cultura simple y de
subsistencia no encontramos más que una sociedad hosca, de pocos modales y que no hace
más que llevar al extremo todas sus creencias, cometiendo muchos errores. El clero no era la
excepción, ya que los nutría la misma sociedad, y a pesar de tener alguna formación teológica
y disciplinaria, la adaptaban a sus costumbres, lo cual no permitía grandes avances. Sin
embargo aunque a paso lento esta nueva sociedad comenzó a crecer culturalmente.
La filosofía que regirá el inconsciente colectivo de esta época será la creada por San
Agustín, quien tomando el pensamiento del filósofo griego Platón, desarrolla la “Teoría de las
dos espadas” en la cual plantea la convivencia ordenada de dos poderes: 1) el Espiritual bajo
la custodia del Papa, y 2) el Temporal bajo la custodia del Emperador. El Espiritual esta por
sobre el Temporal en asuntos de Fe y de Moral, sin embargo no interviene en el modo en que
el Temporal administra su poder siempre que no se violen estos dos aspectos; por otro lado el
Emperador es quien defiende a la Iglesia de ataques, persecuciones o infiltraciones
distorcionantes por parte de otras religiones o herejías. La finalidad de esto esta desarrollado
en otra gran obra de San Agustín llamada “Ciudad de Dios”. En esta une teorías de Platón
con exposiciones de San Pablo, y nos dice que hay dos ciudades a las que pertenece el
hombre, una es la ciudad temporal (la Tierra), donde el hombre la habita durante un tiempo
como prueba para construir, a la luz del Evangelio, su felicidad, la cual la alcanzará en forma
definitiva y absoluta en la ciudad celestial (el Paraíso). Bajo este contexto de pensamiento se
incluyen la teoría de las dos espadas y todos los acontecimientos vividos en el medioevo.
En el siglo VIII la Península Ibérica será invadida por los árabes, quienes penetran
hasta las puertas de Francia donde son detenidos en la batalla de Poitiers por los Francos,
con un ejército al mando de Carlos Martel, Mayordomo (ministro principal) de los reyes de la
dinastía Merovingia. Los árabes en el siglo anterior habían conquistado el norte de África y
casi todo Cercano Oriente a excepción del Asia Menor que quedó en manos el Imperio
Bizantino (muy reducido).
A mediados del siglo VIII se produce un cambio en la monarquía franca, el mayordomo
del rey de la dinastía Merovingia, (los mayordomos eran los que se encargaban de la
administración del reino, dado a que los merovingios se dedicaron a la holgazanería delegando
así su autoridad), le quita el trono y se corona rey. Era Pipino III, el Breve, (hijo de Carlos
Martel) quien fortifica su autoridad en todo el territorio Franco, defiende al Papa de la invasión
Lombarda, y se gana el reconocimiento del Sumo Pontífice, legitimándole su título de Rey. A
este lo sucederá su hijo Carlos, quien conquista todo los territorios de Europa Occidental (a
excepción de España, donde no se dirige), convirtiéndose en el Rey de todos los Señores
Feudales; y es Coronado Emperador por el Papa San León III, recibiendo el nombre de
Carlomagno. Europa realizaba su sueño después de tres siglos, volvía a ser gobernada por un
emperador, que imponía su autoridad por sobre todos los Señoríos, y sumiso a la voluntad del
Papa. Carlomagno se rodeará de buenos asesores, y se preocupará por su educación y educar
a los grandes Señores, logrando elevar en este estamento el nivel cultural. En esta época se
originó la denominada “Civilización Cristiana Occidental”.
Carlomagno dividió el Imperio en provincias o condados, al frente de cada una había un
Señor denominado Conde; en las zonas próximas a las fronteras los condados recibían el
nombre de ducados, y los Señores al frente del mismo eran llamados Duques; mientras que
los territorios fronterizos eran llamados marcas, y los Señores al frente de la misma
Marqueses. Todo el imperio era recorrido una vez al año por dos inspectores llamados missi
dominici, que observaban el cumplimiento de las órdenes del emperador. Dentro de cada
señorío existía la carrera de las armas, llamada Caballería. Los que deseaban seguirla,
ingresaban desde niños en calidad de “paje o criado”; a los 14 años se ascendía a “escudero”,
que lo habilitaba para cuidar las armas y acompañar al señor al combate; a los 20 años eran
investidos “caballeros” (en algunos lugares se los denominaba “barones”) en una ceremonia, y
formaba parte de la guardia del Señor. Como la época posterior a esta se caracterizó por los
continuos combates (muchas veces entre Señores), la iglesia intervino para frenar estas
contiendas, estableciendo la “tregua de Dios”, que era la prohibición de combatir en ciertas
épocas del año, en los fines de semana y en los días festivos. En tiempos de paz era frecuente
la organización de los torneos, donde se organizaban combates simulados, cacerías con
halcones y perros adiestrados, entre banquetes, actuación de trovadores (cantantes
populares), domadores de fieras, etc.
A la muerte de Carlomagno lo sucederá su hijo Ludovico Pío (Luís I el piadoso). Este
continuará la política de su padre, pero al morir deja el Imperio a sus tres hijos, quienes se
enfrentarán por lograr su hegemonía sobre el Imperio, hasta que finalmente se lo reparten en
el tratado de Verdum, a mediados del siglo IX, según el cual Carlos “el calvo” recibió Francia,
Luís “el germano” recibió Alemania y Austria, y Lotario recibió el título de emperador con las
tierras de Italia del Norte, Suiza y Países Bajos. La desmembración del Imperio Carolingio fue
un hecho consumado, y de esta división se gesta el origen de las futuras naciones europeas de
Europa Occidental.
En el año 800, además del Imperio Carolingio en Europa Occidental, encontramos el
Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, que ocupa la Península Balcánica en Europa
y el Asia Menor; y el Imperio Musulmán que ocupa el Cercano Oriente, la Península Arábiga,
Medio Oriente, toda la costa norte de África, y en Europa el sur de la Península Itálica y
prácticamente toda la Península Ibérica.
En los años sucesivos la lucha por el poder debilitarán las monarquías. Los Señores
recobrarán poder, aunque ahora con un mínimo de cultura y una identidad nacional. Sin
embargo dos hechos casi simultáneos harán que esta evolución cultural se vea detenida y
deteriorada; y el feudo aunque con identidad nacional vuelve a ser una región autárquica.
Estos hechos fueron: las invasiones normandas del norte que penetrarán por el océano, los
mares y los ríos; y las invasiones eslavas y húngaras que presionan por el este. Las primeras
serán esencialmente de robo y saqueo (aunque a veces también de conquista), mientras que
las del este se producen por un nuevo desplazamiento de pueblos y buscarán un lugar donde
asentarse.
Desde mitad del siglo IX a mitad del siglo X, el terror y el peligro se apoderaron de
Europa, el Señor lució sus habilidades como Caballero y el pueblo como nunca se convirtió en
un soldado campesino. Muchas regiones sufrieron hambre debido al saqueo de los
normandos, quienes fueron denominados Vikingos, y las buenas costumbres cristianas
conseguidas hasta ese momento entraron en un letargo.
Los eslavos y los húngaros serán rechazados y se asentarán en el centro y este europeo,
dando origen a las futuras naciones del centro y este de Europa. Los Normandos se
apoderaron de algunas regiones de Europa Occidental (noroeste de Francia, Inglaterra y sur
de Italia), aunque por breve lapso ya que las volverán a perder; entonces orientarán su
expansión hacia el Océano Atlántico conquistando las islas del Atlántico norte (Islandia,
Groenlandia, etc.), incluso se sabe que navegaron por las costas americanas.
A mediados del Siglo X todos los movimientos habían cesado, y el resultado final fue
que estos nuevos pueblos adoptaron la cultura de Europa Occidental y la religión Cristiana,
denominada hoy como “Civilización Cristiana Occidental”.

ALTA EDAD MEDIA:


El mundo de la Temprana Edad Media había sido rural, las ciudades se habían
convertido en aldeas, el título de rey no era más que honorífico, ya que el poder real se
concentraba en los Señores Feudales (que poseían un poder similar al de un príncipe, como
ya lo explicamos), el otro sector de poder lo constituía la Iglesia.
Alrededor del año 1.000, cuando la paz vuelve a Europa, se realizan una serie de
acontecimientos que van a producir cambios y dar un nuevo dinamismo a toda esta región.
Se van a producir mejoras técnicas en la agricultura, lo que permitirá un mejor
abastecimiento de los alimentos, generando un excedente para ser vendido. Esto a su vez
permite que ya no todos los hombres se dediquen a las tareas rurales, sino a otras actividades
complementarias que se desarrollan en la ciudad, por lo cual las ciudades comienzan a ser
pobladas nuevamente.
El hombre de la ciudad, al abandonar la protección del Señor Feudal, quedó librado a
su suerte, es por eso que comenzaron a unirse en corporaciones (grupos) para obtener
protección, por ejemplo la gente de una parroquia o de la devoción a algún Santo,
conformaron las Cofradías, cuyo fin era brindar asistencia o ayuda a los miembros que
pasasen algún percance, ya sea accidente de trabajo, enfermedad, quedar huérfanos o sin
marido, etc., como si fuese una mutual pero con carisma religioso realizándolo a través de la
caridad; estas funcionaban de la siguiente forma, sus miembros aportaban periódicamente
una suma de dinero o bienes para usarse cuando se necesite. Complementando las Cofradías,
aparecieron los Gremios, todos los trabajadores de un mismo oficio que, se unían para formar
a los jóvenes, controlar la calidad de los productos que salen al mercado, favorecer la
competencia, generar protección ante eventualidades o desgracias, asistir a los ancianos y
cuidar la dignidad de sus agremiados, para que no se provoquen estafas o enriquecimientos
ilícitos. No eran grupos cerrados, es decir cualquiera podía ingresar a una Cofradía o un
Gremio, y de esta forma los habitantes de las ciudades pudieron resguardar su suerte y la de
los suyos.
Para esta época surge un nuevo personaje llamado “mercader”, que es el comerciante,
y que intercambia por la venta, los productos entre ciudades, vinculándolas también con el
campo; dándole nuevamente vigor a la moneda, ya que durante todo el período de la
Temprana Edad Media, el uso de la moneda fue escaso, y como modo de intercambio se utilizó
el trueque (intercambio directo de productos, en proporciones similares).
En el ámbito espiritual la situación permite mantener con mayor rigidez la vida
monástica, que se había deformado con la segunda invasión bárbara (mediados del siglo VIII a
mediados del siglo IX), y no solo en los monasterios sino también en el clero general, con
prácticas como la Simonía (beneficiar con cargos eclesiásticos a parientes, o amigos, o a quien
los compre) y el Nicolaísmo (no respetar el voto del celibato). Es por eso que en un monasterio
de la ciudad de Francia, llamada Cluny comienza una renovación espiritual que se extenderá
por toda Europa, revitalizando al Catolicismo y mejorando la espiritualidad del hombre. La
renovación espiritual no se sujetó solo a los monasterios, sino que se extendió al resto de la
Iglesia.
En el ámbito social, las crónicas de la época nos cuentan que este hombre era
sumamente divertido y muy creativo, cuya vida estaba signada por la esperanza depositada en
la trascendencia. Su vida comunitaria estaba muy ligada a las celebraciones eclesiásticas (que
eran muy nutridas a lo largo del año), complementando en forma armoniosa y respetuosa las
partes solemnes con las más recreativas de cada celebración, y donde no se diferenciaban los
distintos estamentos. Por otro lado se llevaron a cabo grandes proyectos como los
arquitectónicos, con la construcción de grandes catedrales, edificios, palacios, etc., en los que
tardaron varias generaciones en terminarlos, pero su ideal trascendente no los desanimaba
por no poder disfrutar de los mismos, sino que por el contrario los alentaba a dejar una huella
imborrable de su civilización en beneficio de su comunidad y para la gloria de Dios.
Con respecto a la educación, el ideal que se mantiene es el caballeresco, es decir el del
caballero que se prepara para ir a la guerra para defender la fe, la cultura, a su pueblo, a los
pobres, a los minusválidos, a los huérfanos y a las mujeres; pero al no haber conflictos de
extrema seriedad, este hombre desarrolla su educación intelectual, agregando al Trivium y al
Quadrivium, la Universidad, donde se estudia la Ciencia a la luz de la Fe.
En el ámbito político, los reyes lentamente comienzan a hacer valer su título sobre los
demás señores feudales de su nación, conformándose las actuales naciones europeas. Este
proceso provocó encuentros y desencuentros entre ellos o con el Papa, sin duda el más famoso
fue el de Enrique IV (emperador del Sacro Imperio) con el Papa Gregorio VII en el siglo XI, en el
conflicto conocido como “la querella de las investiduras”, en el cual el emperador intentó
quedarse con determinado poder en la administración de la Iglesia, que le pertenecía al Papa.
Pero este como otros conflictos hallaron solución, debido a que debido a que el pensamiento
de San Agustín estaba muy arraigado en toda la gente de esta época.
Uno de los hechos más significativos será el Cisma de Oriente, en el año 1.054; cuando
el Obispo de Bizancio, inducido por el emperador bizantino, rechaza la autoridad del Papa y se
hace proclamar Patriarca (título similar al del Papa). Este hecho obedeció a las siguientes
razones: por un lado la relación entre el obispado de Bizancio y de Roma se venía desgastando
debido a interpretaciones menores, pero diferentes, de la práctica cristiana, donde la
influencia musulmana sobre Bizancio (por la proximidad) se hacía sentir; ejemplo de ello fue
la guerra de las imágenes dentro del imperio Bizantino en el siglo VIII, cuando se prohibe allí
la exhibición de imágenes religiosas (excepto la de Cristo) con la oposición de Roma, conflicto
que duró casi un siglo hasta que se las volvió a permitir. Pero por otro lado y casi
fundamental, fue que el Imperio Bizantino no se permitía estar sujeto a una autoridad en
materia religiosa, que no solo se encontrara fuera del Imperio, sino que además dentro de un
pequeño reino, y amenazado por la inestabilidad política de toda la región. A partir de esta
división la Iglesia Cristiana de Europa Occidental pasará a llamarse Iglesia Cristiana Católica
Apostólica Romana, mientras que en el Imperio Bizantino se llamará Iglesia Cristiana
Ortodoxa, diferenciándose así una de otra. A Bizancio esta división le dará identidad plena,
diferenciándola del resto de Europa, y sirviéndole a modo de fuerza, en el momento en que su
Imperio empezaba lentamente a desmoronarse. Sin embargo, esta división perdura hasta
nuestros días.
Entre el Siglo IX y el Siglo X, los turcos, pueblo venido del Asia Central, se hace con el
poder del Imperio Musulmán desplazando a los árabes. Este pueblo era netamente guerrero y
prohibió las peregrinaciones de los cristianos a los Santos Lugares (Palestina). Aprovechando
el momento de paz que se vivía en Europa, y la disposición de los ejércitos de las nacientes
naciones europeas, el Papa llama a estos ejércitos a liberar los Santos Lugares del poder
turco. A estas campañas se las llamó “Cruzadas”, por la cruz que tenían bordados en color
rojo los soldados en su pecho, identificándolos. Se organizaron nueve cruzadas a Palestina, y
solo la segunda tuvo verdadero éxito, realizada en el Siglo XI.
El Siglo XI fue uno de los siglos más importantes de la Edad Media, destacándose San
Bernardo de Claraval con su labor en la reforma de Císter, similar a la reforma de Cluny, y
con el auge de las Ordenes Caballerescas, en las que personas consagradas a Dios que van a
luchar para restituir los Santos Lugares y entregan su vida a cambio de los prisioneros
católicos laicos. Contrastando, en el Siglo XII vuelve a existir un relajamiento moral de las
costumbres cristianas acentuadas específicamente en las nacientes ciudades del norte de
Italia y del sur de Francia, allí surgieron herejías que ocasionaron importantes disturbios
contra la Iglesia y las Naciones, estas si aparecen con el fin de terminar con el relajamiento
moral de la época, culminaran tomando posturas equivocadas y hasta agresivas contra la
misma Iglesia que querían sanar. Una de ellas fue la de los valdenses, seguidores de Pedro
Valdo, que movidos por el ideal de pobreza pretendieron cambiar dogmas y sacramentos; pero
sin duda una de las más importantes fue la Albigense o de los Cátaros, donde el Gnosticismo
(una suerte de ateísmo) intentó infiltrarse dentro de la Iglesia y así destruirla, provocando
inclusive destrozos y masacres. Como respuesta de ello la Iglesia con el aval de las Naciones
pondrá en funcionamiento un organismo llamado el Tribunal de la Santa Inquisición, que
combatirá las herejías y pondrá a los herejes a disposición de los tribunales nacionales. Para
las Naciones era muy importante cuidar la pureza de la Fe Cristiana, dado a que cada cultura
se apoyaba en los valores del cristianismo, y la corrupción de los valores de la Fe, provocaría
como consecuencia una división en la Nación.
El Siglo XIII tendrá un nuevo impulso espiritual con el nacimiento de las Ordenes
Mendicantes, que son sacerdotes que viven en las ciudades, de la caridad de los hombres,
ayudando a la gente de ese lugar a llevar una correcta vida espiritual, destacándose San
Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. Estos movimientos permitieron un
saneamiento social en las costumbres morales, sobre todo en el ámbito de las ciudades, y en
el clero. Por otro lado este siglo también será el momento cumbre en la sabiduría en la
Universidad, con trabajos filosóficos y teológicos que aún hoy no han sido superados,
destacándose Santo Tomás de Aquino (dominico) y San Buenaventura (franciscano). El legado
del Siglo XIII, con reyes santos como San Luis de Francia, San Fernando de España, o Santa
Isabel de Hungría, son signos del esplendor de una época.
De esta forma la Alta Edad Media experimentó un desarrollo en todos los ámbitos del
hombre y la sociedad, sin ausencias de conflictos e inconvenientes, pero respetando una
organización simple y cimentada en los valores, donde los reyes tenían el poder temporal, la
Iglesia el poder espiritual, y una estructura social sin excluidos que se encaminó a un
desarrollo lento, firme, y equilibrado, resaltando así uno de los pasajes más dignos de la
historia.

BAJA EDAD MEDIA:


La muerte de muchos Señores, como consecuencias no deseadas de las Cruzadas,
fortaleció el poder de los reyes sobre sus súbditos; por otro lado la mala interpretación de los
trabajos filosóficos, donde no se analizaban los trabajos originales, sino segundas o terceras
interpretaciones que desdibujaban el pensamiento original, generaron confusión intelectual; y
como si fuera poco la exaltación del comercio con la aparición de una nueva clase llamada
burguesía (comerciantes adinerados) con valores trastocados a los de la Fe Cristiana,
conquistaron el poder político de las ciudades, trayendo serios conflictos en todos los ámbitos
de la sociedad; de esta forma se fue rompiendo con el equilibrio social existente en la Alta
Edad Media.
El hecho más significativo ocurrió en Roma, dos familias burguesas comenzaron a
disputarse el poder de la ciudad, y la violencia llegó a tal grado que el Papa Clemente V
(francés), seducido por el rey Felipe IV “el hermoso” de Francia, decidió trasladar la Sede
Pontificia a Avignón (Francia). Durante este siglo se dará el Cesaropapismo (es decir que el
Papa en cuestiones políticas se someterá a la voluntad del rey). 70 años después, ya
solucionados los conflictos en Roma, el Papa Gregorio XI decide volver a su ciudad, pero
muere al poco tiempo. Ante la nueva elección papal Obispos y Cardenales franceses,
desconocen la autoridad del nuevo Papa, y eligen a otro Papa que se traslada a Avignón (hoy
reciben el nombre de antipapa), provocando lo que se conoce con el nombre de Cisma de
Occidente, con un Papa en Roma para Europa y otro en Avignón para los franceses y sus
aliados. Esta división durará 40 años, pero finalmente, todos reconocerán al Papa de Roma,
desapareciendo los Papas de Avignón y el Cisma de Occidente. Sin embargo, estos sucesos
desprestigiarán a la Iglesia ante los hombres y así lentamente fue perdiendo su rol
preponderante en la sociedad.
En el ámbito de la política, los reyes comienzan a concentrar todo el poder en sus
manos, buscando establecer los límites de sus estados con los estados vecinos,
conformándose así los diferentes estados nacionales europeos. De esta forma Europa va
dejando de ser una unidad política, aunque continúe siendo una unidad cultural. En el afán
de fijar los límites a sus estados, los reyes intentarán también extender sus territorios,
comenzando luchas entre sí; siendo el conflicto más importante el de la guerra de los 100
años entre Francia e Inglaterra, en el cual el último reino pretenderá tener territorios en el
continente, más exactamente en el suelo francés, sin poder conseguirlo. Como también
conflictos internos, donde las familias nobles de más prestigio intentarán alcanzar la Corona
de su Nación, como por ejemplo ocurrió en Inglaterra, con la guerra civil conocida como “de
las Dos Rosas”, donde la casa (familia noble) de York y la casa (familia noble) de Lancaster se
debaten la corona inglesa, al morir el rey sin dejar sucesor. El nombre se debe a que las casas
pretendientes poseían esta flor como emblema. Luego de 30 años de masacre, donde fueron
eliminados la mayoría de los nobles ingleses que combatían para uno u otro bando, culmino
en una alianza, donde Enrique Tudor (Lancaster), se caso con la princesa Isabel de York. Y así
con el nombre de Enrique VII gobernó Inglaterra.
En el ámbito social Europa sufrirá sequías seguidas por lluvias abundantes, y como
consecuencia la perdida de sus cosechas. Esta situación permitió la expansión de las pestes,
especialmente la peste negra, que llega a Europa en un barco proveniente de Crimea (Mar
Negro), matando un tercio de los habitantes del continente. Estos hechos generalizaron
hambre, miedo y por ende un importante desequilibrio social, los gremios se convirtieron en
círculos cerrados funcionando como castas; los campesinos se vieron afectados por el
aumento de sus tributos, frente a lo cual respondieron con revueltas que provocarán un
desmedro en la relación con los Señores Feudales, y por lo tanto fortalecerá la posición de los
Reyes.
De esta manera comienza muy lentamente a desmembrarse la Civilización Cristiana
Occidental.

EL ARTE MEDIEVAL:
En el siglo XI florece el “arte románico”, como herencia de la tradición romana, el cual se
extenderá hasta el siglo XIII. Como la paz llegada a Europa contrajo el aumento de la
población, el desarrollo económico, y la estabilidad política, donde se conformaron los nuevos
reinos europeos, este hombre pudo independizar una parte de su tiempo del arado y la
espada, y volcó su creatividad en este arte, orientándolo principalmente para alabar a Dios,
por el cual se construyeron principalmente muchas iglesias en todo el occidente europeo.
Sin embargo el arte propio del medioevo es el “gótico”, el cual surge con el auge de las
ciudades en el siglo XII, caracterizando las grandes Catedrales, Palacios, Edificios Municipales
y posteriormente las zonas comerciales, hasta comenzado el siglo XVI. Este arte nace en
Francia, pero pronto se expande por todo el continente, adquiriendo en cada región rasgos
propios, tanto en la arquitectura, como en la pintura y la escultura.
Pero sin duda las estrellas del arte gótico fueron las Catedrales, donde se aplicaron
nuevos métodos para la construcción que introdujeron diversos elementos como el arco ojival
y la bóveda ojival hicieron posible construir naves más altas y esbeltas, ganando importancia
el espacio interior; los vitreaux que sustituyeron los gruesos muros románicos,
proporcionando más luz interior; el deambulatorio que son los pasillos laterales que permitían
a los peregrinos visitar las reliquias de los santos sin interrumpir los oficios, etc.
La escultura gótica es naturalista y sus modelos reproducen hombres y mujeres con
realismo. Y lentamente comienza a imponerse la pintura sobre tablas, y ya no tanto sobre
muros.

EL IMPERIO BIZANTINO:

La parte Oriental del Imperio Romano fue mejor administrada, desde su capital
Constantinopla, donde residía el emperador que gobernaba esa parte del Imperio, saliendo
airosos de la crisis del siglo III D.C. y se desentendieron de la parte Occidental, manejándose
desde entonces como si fuera un imperio independiente. Y a tal punto fue así que cuando
llega de oriente la invasión de los pueblos germanos, y sabiendo que no les podían hacer
frente, los trasladaron a la parte occidental del Imperio, despreocupándose del problema.
En el año 527, Justiniano es nombrado emperador del Imperio Romano de Oriente o
Imperio Bizantino, como se lo comenzó a llamar desde que su capital Constantinopla fue
rebautizada con el nombre de Bizancio. En ese momento el Imperio comprendía la Península
Balcánica, Asia Menor, el Corredor Sirio-Palestino y Egipto. Justiniano creía que el mundo
cristiano debía recuperar su unidad y tener una única autoridad política: el emperador
bizantino. Antes de intentar ese objetivo, Justiniano emprendió la reforma del Imperio,
reorganizó la administración central y mejoró la recaudación de impuestos. Influido por las
monarquías orientales, creó un ceremonial en la corte, que tendía a sacralizar su persona, y
se convirtió en un monarca teocrático, con poderes políticos, militares y religiosos. Se
preocupó también por lograr la unidad legislativa del Imperio, apoyándose en la restauración
del Derecho romano, para lo cual, los juristas de su corte recopilaron las constituciones
imperiales y las disposiciones vigentes, eliminando lo que había caído en desuso. Reformado el
Imperio, Justiniano emprendió la reconquista del mundo cristiano. Sus tropas se apoderaron
del norte de África, de todas las islas del Mediterráneo, de la Península Itálica, y del sudeste
de la Península Ibérica. Sin embargo, poco después de la muerte de Justiniano, los bizantinos
perdieron los territorios conquistados en Europa Occidental, a excepción del sur de la
Península Itálica; pero en los siglos subsiguientes otros pueblos fueron ocupando territorios
imperiales, con la segunda invasión bárbara los eslavos, los avaros y los búlgaros, ocupan el
norte, mientras que por otro lado los árabes desde el siglo VII conquistan el corredor Sirio-
Palestino, Egipto, y el norte de África, y finalmente los turcos en el siglo X el Asia Menor.
Quedando reducido el Imperio a la Península Balcánica.
Aunque con una fuerte base helenística, la cultura bizantina recibió influencias de
elementos romanos, cristianos y orientales. En arquitectura sobresalieron por la belleza de
sus iglesias, las cúpulas son una característica de los edificios bizantinos, cuyos interiores
están decorados con mosaicos.
En la sociedad bizantina fueron frecuentes los enfrentamientos religiosos, que
recibieron el nombre de querellas religiosas. Una de las querellas más serias fue la crisis
iconoclasta (de las imágenes), que tuvo lugar en el siglo VIII, con el emperador León III. Este
decidido a reformar la vida religiosa del Imperio, reducir el poder de los monasterios, y
prohibió la veneración de las imágenes religiosas (íconos). Esta medida provocó una fuerte
reacción de muchos fieles y de los monasterios, que perdían una fuente de ingresos
importante. La crisis finaliza con la restitución de los íconos, a fin de ese siglo, con la
importante intervención del Pontificado Romano. Sin embargo detrás de estos enfrentamientos
estaban los obispos de Bizancio (llamados Patriarcas), que ambicionaban convertirse en jefes
de una iglesia nacional, separada de Roma. Por lo tanto la crisis iconoclasta marcó el
comienzo de una rivalidad creciente entre Roma y Bizancio que concluyó en el año 1.054,
cuando se produjo el Cisma de la Iglesia: la división de la cristiandad en católicos apostólicos
romanos (que obedecen a la Iglesia de Roma) y católicos ortodoxos griegos (que obedecen a la
Iglesia de Bizancio).
Las constantes invasiones fueron privando al Imperio Bizantino de regiones que
proveían al imperio de importantes materias primas, sin embargo, a pesar del debilitamiento
económico, el Imperio se mantuvo hasta 1453, cuando el Imperio Otomano (Turco) lo invade y
toma su capital, finalizando con el último resto del legendario Imperio Romano (de Oriente).

EL IMPERIO MUSULMÁN:
La península Arábiga, situada entre el mar Rojo y el golfo Pérsico, al sudoeste de Asia,
es un desierto donde la agricultura es posible en algunos lugares de la costa y en los oasis del
interior. La mayor parte del territorio estaba habitado por tribus beduinas de origen semita,
los árabes; pueblo esencialmente nómade, dedicado al pastoreo de cabras y camellos, por lo
tanto existían pocas ciudades, las más importantes eran Medina y La Meca, dedicadas
principalmente al comercio.
Cada tribu tenía sus propios intereses y sus propias creencias, algunas eran fetichistas
y otras politeístas, pero la mayoría rendía culto a la “Piedra Negra” (probablemente un
meteorito), que se encontraba en el santuario de la Kaaba (Casa Cuadrada), en la ciudad de La
Meca. Según la tradición la piedra era blanca y se fue poniendo negra por los pecados de los
hombres.
En el año 570 D.C. nace en La Meca un hombre llamado Mahoma, que se dedicó desde
muy joven al comercio de caravanas, y había tomado contacto con las dos grandes religiones
monoteístas (Cristiana y Judía). En el año 609, una noche del mes de Ramadán, mientras se
hallaba en una gruta se le apareció el ángel Gabriel y le dictó el libro sagrado llamado Corán
(que significa: texto sagrado que se recita), a partir de entonces inició la prédica, entre los
árabes, sobre la existencia de un dios único llamado: Alá.
En un principio los habitantes de La Meca no aceptaron la prédica de Mahoma y
reaccionaron en su contra, por lo que en el año 622 se vio obligado a huir a la ciudad de
Medina. A este exilio se lo conoce con el nombre de Hégira, y marca el punto de partida de la
cronología del calendario lunar musulmán. En Medina es reconocido el liderazgo de Mahoma y
se organizaron como una comunidad autónoma. Allí Mahoma organizó la nueva religión que
fue llamada “Islam” (que significa: “Sumisión”), y una nueva forma de estado, en la cual él era
profeta, director, juez y jefe militar. La cultura que se genera a través de la organización de
este Estado Religioso recibe el nombre de “Musulmana” (que significa: “sometidos a la
voluntad de Dios”). En el año 630 Mahoma ocupa La Meca, y de esta forma incorpora el Islam
a todas las tribus árabes.
El Corán establece cinco obligaciones que todo musulmán debe cumplir:
- Acto de Fe: Toda persona que quiera seguir el Islam ha de creer y repetir la siguiente
sentencia: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es el Profeta de Dios”.
- Oración: Consiste en recitar versículos del Corán, aprendidos de memoria, mirando hacia La
Meca. Se ha de hacer cinco veces al día: al levantarse, a primera hora de la tarde, al final de la
tarde, al ponerse el sol y por la noche antes de acostarse.
- Ayuno: Todos deben hacerlo (excepto niños y enfermos) entre el alba y la puesta del sol,
durante el mes de Ramadán.
- Limosna: Dar limosna al pobre. Dedicar una parte de las ganancias para ayudar al
necesitado.
- Peregrinación: Todo musulmán ha de ir en peregrinación, por lo menos una vez en la vida, a
La Meca. Allí, vestidos con unas túnicas blancas, han de dar siete vueltas al santuario de la
Kaaba.
El Islam prohibe comer carne de cerdo, el alcohol, los juegos de azar y la reproducción
de la figura humana, para que no pueda se objeto de culto. Más allá de la muerte se
recompensa a los buenos con el paraíso y se castiga a los malos con el infierno. Creen en la
resurrección y el juicio final. Los musulmanes deben ser tolerantes con las otras religiones,
sobre todo con la cristiana y con la judía, pues dios había enviado antes que a él a los profetas
Abraham, Moisés y Jesús, pero Mahoma es el último y definitivo. El Islam no tiene sacerdotes,
pero si intérpretes de las escrituras, los “ulemas”, y los directores de oraciones, el “imán”.
En vida de Mahoma, el Islam comenzó a difundirse por toda Arabia y se convirtió en
elemento de unificación de las distintas tribus árabes, antes dispersas. A la muerte de
Mahoma, en el 632, se planteó el problema de la sucesión. Los sucesores fueron llamados
“califas”, que eran los jefes de todos los creyentes, por lo tanto líderes espirituales y jefes del
Imperio. En ese momento comienza la expansión del islamismo fuera de la península, que
llegó a crear un gran imperio. El instrumento más eficiente de la difusión del Islam fue la
“guerra santa”, que consiste tanto en la lucha del creyente consigo mismo para perseverar la
fe, como en la posibilidad de combatir con otros para defenderla y expandirla. De esta forma
en el año 656, el imperio ya se extendía por toda la península arábiga, la meseta del Irán
(Persia), y parte del Imperio Bizantino (el corredor Sirio-Palestino, Egipto y Libia). A la muerte
de Alí, yerno de Mahoma, en el año 657, el cuarto califa (llamados hasta aquí califas
ortodoxos), estalló un conflicto por la sucesión del califato que dividió el Islam en “sunnies”
(aceptan además del Corán la “Sunna”, libro que relata las vivencias de Mahoma y recopila las
sentencias pronunciadas por el profeta, son partidarios de los califas Omeyas) y “chiítas” (no
aceptan la Sunna, son partidarios de los califas Abásidas). Cada uno era partidario de un
sucesor de Mahoma. En el año 661 los Omeyas se apoderan del poder, produciendo un
cambio de dinastía. La nueva dinastía de califas provenía de Siria, por eso trasladó a Damasco
la capital del Imperio. En esa época, los musulmanes conquistaron Marruecos y en el año
711, comienza la conquista de la península Ibérica, extendiéndose hasta los Pirineos, donde
son detenidos por los francos.
En el año 745, estalló una rebelión en el este de Persia que dio lugar a otro cambio de
dinastía. Así llegaron al poder los Abásidas (ayudados por los chiítas), por lo que comenzó el
califato abásida en el año 750. La capital del imperio se trasladó a Bagdad, y comenzó así el
predominio oriental. Pero a pesar de la unidad religiosa, el imperio islámico era demasiado
extenso para que se mantuviera unido políticamente durante mucho tiempo, por lo que acabó
por desmembrarse. Los gobernadores de las provincias empezaron a acumular poder y se
fueron independizando. Ese fue el caso de Al-Andalus, que se declaró independiente y formó el
califato de Córdoba en el año 929 en la Península Ibérica, o el norte de África, que se dividió
en varios reinos. Esta situación facilitó para que en el siglo X, los turcos, que convertidos al
Islam, controlaran el imperio musulmán. El centro neurálgico del Imperio se mantuvo en
Persia hasta la invasión de los mongoles en el año 1258.
Los musulmanes controlaron las principales rutas comerciales del mar Mediterráneo y
del océano Índico. Este control les permitió comercializar especias de Asia Oriental, piedras
preciosas de la India, seda de la China, y oro y marfil del Sudán. Para efectuar las
transacciones comerciales crearon el cheque y la letra de cambio, y acuñaron una moneda
propia. La agricultura también alcanzó un notable desarrollo, introduciendo nuevas técnicas
de regadío. La lengua árabe se convirtió en la expresión universal de su civilización, ya que fue
adoptada en los territorios conquistados y sirvió como vehículo de unificación. Las obras más
importantes de los pensadores orientales y griegos se tradujeron al árabe, y sobre esa base,
los sabios musulmanes llevaron a cabo sus propias creaciones. El arte musulmán se centró
mayoritariamente, en el campo de la arquitectura, y entre sus edificios sobresalen: la
Mezquita (el templo), el Palacio y el Zoco (el mercado). La mezquita es el edificio musulmán por
excelencia, allí los musulmanes cumplen con la obligación de realizar oraciones comunitarias.

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