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Una mirada al pensamiento económico

Fernando Untoja Ch.


Introducción general

Es importante señalar el lugar de la historia del pensamiento económico en el


seno de la economía política y también en el ámbito de la enseñanza universitaria;
pues en los últimos decenios se ha modificado notablemente la manera de enfocar,
presentar autores y corrientes. Se constata un interés por la Historia del
pensamiento económico, pues la historia como disciplina juega un papel
importante en la vida de las instituciones, es más, la historia de las doctrinas está
presente en actividades empresariales; por eso aparecen revistas especializadas y a
un ritmo acelerado con nuevos “manuales” que van más allá de los glosadores.
Cierto la historia del pensamiento económico ha renovado sus métodos de
investigación e instrumentos de análisis. Es en esta dirección que el trabajo de
lectura y los seminarios impartidos en el transcurso de estos años, propone, no una
exposición detallada de autores con una cronología, sino más bien una iniciación a
la lectura de un cierto número de grandes autores o de grandes corrientes de
pensamiento.
Es necesario recordar que existen nuevos textos sobre Historia del
pensamiento económico bien documentados y con una erudición insuperable. Para
proceder a una lectura de autores y corrientes es exigencia precisar en sentido
estricto, que la historia de la teoría económica comienza con autores del siglo XVIII,
tales como Boisguilbert o Cantillón o con autores de la segunda mitad del siglo
XVIII, tales como François Quesnay o Adam Smith; autores que se ocupan de la
elaboración de conceptos, instrumentos de análisis (circuito económico, por
ejemplo). Por eso con justa razón se sostiene que la Economía Política como ciencia
comienza en el siglo XVIII. Pero es bueno remarcar que el autor del término
economía política es Antonio Montchrestien que publica en 1616 el Tratado de
economía Política.
Pero un enfoque de la historia de la teoría económica en el sentido amplio
permite también tomar en cuenta las reflexiones sobre la vida económica,
desarrolladas desde la antigüedad hasta nuestros días; también las reflexiones
sobre la vida económica en las diferentes épocas y sociedades no están ausentes en
la elaboración de las teorías. Nuestra preocupación es: ¿qué métodos existen para
leer o qué actitud se toma frente a autores y escuelas en la Historia del
pensamiento económico?
Para nuestro propósito distinguimos dos enfoques: Un primer enfoque para
tratar textos y autores, consiste en poner en evidencia la noción de una
continuidad, es decir una sucesión de progreso más o menos regular en el
transcurso del tiempo. Se trata aquí de un enfoque cumulativo de la ciencia
económica.
Esta progresión puede ser tratada de manera más o menos lineal según los
historiadores (J. Schumpeter, M. Blaug) desembocando así, en la escuela dominante
del siglo XX (la neo-clásica). Podemos remarcar que este procedimiento es
retrospectivo, pues trata de legitimar teorías modernas a través de teorías antiguas.
En ese sentido existen varias maneras de trabajar en esta vía. Una primera, apunta
a buscar “precursores “. Se trata aquí de un procedimiento calificado de
genealógico, que consiste en prestar conceptos modernos a autores antiguos. Por
ejemplo, se puede hacer de F. Quesnay un precursor del análisis input-output de W
Leòntief; existe entonces una representación del “Tableau économique” bajo la
forma de una matriz input-output (Cf. A Philips)1.
Pero este procedimiento, o forma de hacer la historia de las ciencias ha sido
contestado por Canguilhem (Etudes d’histoire et de philosophie des sciences 1968),
quien cuestiona y alerta contra esta concepción positivista de la historia de las ciencias.
El “precursor” habría establecido para sus sucesores una carta del saber en sus grandes
líneas, que estos no tendrían más que precisar. En efecto este procedimiento consiste en
extraer el precursor de su cuadro cultural para insertarlo más tarde en otro.
Cierto, rechazar el término “precursor”, no debe impedir trabajar sobre las
filiaciones históricas de teorías, repetir permanencias de proyectos e intenciones en los
economistas. Hoy los historiadores del pensamiento económico tienden a desconfiar de
la palabra “precursor” y prefieren a veces hablar de predecesor, pues este término tiene
una connotación más “neutra”.
Una segunda manera consiste en articular, un saber antiguo con un análisis
moderno; se lee un autor antiguo con un filtro de lectura moderna. Por ejemplo, se lee
Turgot o Condillac a la luz de la teoría marginalista del valor. Los dos enfoques evocados
son de alguna forma anacrónicos; las lecturas que ellas hacen, comportan un aspecto de
“tribunal”; pues se trata de distinguir la verdad del error en los autores antiguos,
además, la perspectiva resueltamente retrospectiva, desconecta el discurso económico
de la evolución global de sociedades.
Opuesto de este primer grupo de lecturas, existe un segundo grupo de enfoques
que se califica a veces de “relativistas”. Estos rechazan el progreso continuo, cumulativo
del saber económico. Se busca identificar los momentos de ruptura en la Historia del
pensamiento económico y la pluralidad de vías exploradas, las bifurcaciones etc. Las
teorías destronadas sobreviven y reaparecen; se rechaza en admitir la superioridad
absoluta de una escuela sobre otra; se trata también de situar los autores en el contexto
económico, social y cultural de su época. Aquí existen varias maneras de trabajar en
esta dirección.
Una primera manera de trabajar en este segundo grupo de enfoques consiste,
apoyarse en el concepto de paradigma (Thomas Kuhn; La estructura de revoluciones
científicas 1962). Kuhn sostiene que la actividad multiforme de investigadores en una
determinada época desemboca en la constitución de un paradigma, que va a recibir la
adhesión de la comunidad científica. Formada de hipótesis teóricas, de leyes y técnicas
son adoptadas por una comunidad científica durante un lapso de tiempo más o menos
largo (ejemplo: el paradigma de Aristóteles, de Copérnico, el paradigma de Newton).
1
Francois Quesnay, Tableu économique
En una situación de ciencia normal, los investigadores desarrollan el paradigma;
pero ante las dificultades que surgen, una situación de crisis se instala poco a poco; los
investigadores se apegan entonces a sus teorías a pesar de las dificultades encontradas.
La crisis de paradigma se resolverá con la emergencia de un nuevo paradigma que va
ganar la adhesión progresiva de la comunidad. Y se tiene el momento de la revolución
científica. En efecto los que sostienen paradigmas rivales viven en mundos diferentes y
no existe demostración lógica de superioridad de un paradigma sobre otra.
Se ha tratado de aplicar la teoría de paradigmas a la Historia del pensamiento
económico en una perspectiva relativista. Por eso se distingue el paradigma
mercantilista, el paradigma clásico. Este procedimiento sin embargo plantea ciertos
problemas. Por ejemplo. ¿El paradigma mercantilista es verdaderamente identificable?
Además, en economía, la dominación de un paradigma no tiene un carácter tan nítido
como en las ciencias de la naturaleza. Se puede notar una coexistencia de varios
paradigmas que se enfrentan.
Otro procedimiento a carácter epistemológico es la estructuralista de Michel
Foucault (Les Mots et les Choses 1966), este autor opone la edad “clásica”, y la edad
“moderna”. La edad clásica (siglos XVII y XVIII), no es aquella de los economistas
clásicos, sino de mercantilistas hasta los fisiócratas. Es imposible todavía hablar de
economía política, pues la producción de conceptos no existe; es decir no hay
producción en el orden del saber; los autores de la época no se ocupan más que la
circulación de la riqueza (Cf. E.F. Heckscher; Mercantilismo)
En cambio, en la edad moderna (finales del XVII y comienzos del XVIII) se asiste al
comienzo de la economía política con Smith y Ricardo: la producción existe por fin en el
orden del saber, así la teoría del valor trabajo presenta toda una “caja de herramientas”.
Una segunda manera, en este enfoque o grupo de enfoque en Historia del
pensamiento económico se refiere a los análisis en términos de sociología del
conocimiento. Por ejemplo, se apoya sobre los trabajos del sociólogo Georges Gurvitch,
o sobre los trabajos del economista institucionalista americano Wesley Clair Mitchel.
Este enfoque se interesa a los marcos sociales del conocimiento, al contexto económico,
política-social e intelectual de la redacción de textos económicos. Es necesario
identificar el espíritu del tiempo. Es necesario también tomar en cuenta la biografía de
los autores. Este trabajo exige una pluridisciplinario y transdisciplinario.
Se busca particularmente establecer relaciones entre las ideas económicas y el
contexto económico y social, se trata de poner en correspondencia las mutaciones en el
discurso económico con las mutaciones de la sociedad. El Tableau Économique está
relacionado o amarrado a la cuestión del trigo, muy controvertido en Francia a
mediados del siglo XVIII y también con la tentativa de liberalizar el mercado de los
granos. El tema de la división del trabajo de Smith está relacionado con la revolución
industrial. La repartición del producto global en Ricardo relacionada a la cuestión del
Corn Laws en Inglaterra.
Se estables también relaciones entre las ideas económicas y el contexto
intelectual. Así desde la antigüedad hasta el siglo XVIII, las ideas económicas son
difícilmente separables de la filosofía, de la política y de la moral. Las ideas de un autor
deben ser confrontadas a la de sus contemporáneos.
Un estudio de la teoría económica cualquiera sea el periodo, pensamos debe ser
emprendida trabajando sobre obras de referencia en Historia del pensamiento
económico y también los manuales de base. Pero ese procedimiento está lejos de ser
satisfactorio. Insistimos en la necesidad de leer los autores-texto si es posible original
evitando así, los filtros de lectura propuestos por manuales.

I.- ¿Sirve para algo la Historia del Pensamiento Económico?

“No history of ideas, we're economists", recuerda Mark Blaug (2001), la historia
del pensamiento económico es una pérdida de tiempo inútil cuando nosotros tenemos
tanto para hacer con la teoría económica moderna decía Stiglitz (¿“D’oes Economics
have a useful past?” in HOPE 1969). Se puede multiplicar los chistes a propósito de este
inútil paseo en el cementerio, ese refugio para los discapacitados de la formalización. La
crítica la menos dura es que el procedimiento histórico entretiene en su seno, peligrosos
contestatarios. Sobre todo, aquellos que oponen un enfoque relativista (en el tiempo y
en el espacio) al absolutismo de la teoría.
El reconocimiento de la HPE es casi cíclico, En algunos países se busca retirar la
HPE del llamado pensum en las carreras de Economía. En Bolivia por ejemplo flota
“ideas” para retirar o remplazar por tópicos económicos, todo esto evidentemente en
nombre de la técnica, de lo práctico de lo útil y servible.
Por eso son raros, los foros o coloquios sobre la ciencia económica y menos sobre
la HPE. Si alguna vez se aborda estos temas se le consagra un lugar muy reducido a la
HPE en la ciencia económica; a pesar de que la producción histórica es importante a
nivel internacional, muchos estudiantes influenciados por “corrientes” marginalistas,
han dejado los temas teóricos para quedarse en simples “glosadores” como indica Jean
Cartelier (Cf. Excedente y Reproducción). A nivel internacional la Historia del
Pensamiento Económico es muy importante, porque presenta nuevas perspectivas para
comprender la construcción de las teorías bajo enfoques epistemológicos
contemporáneos. Y, por tanto, todo el mundo sabe que se perdona menos una
enormidad histórica en un economista que un error (normal) en sus cálculos inductivos.

¿Entonces qué utilidad tiene la HPE? La HPE permite según Blaug, comprender la
teoría como un encaminamiento discontinuo con retornos hacia atrás y
recomposiciones permanentes. Por ejemplo, sin Pigou no hay Keynes y sin Keynes no
hay Friedman. Fuera de la HPE como comprender que el monetarismo niegue la
moneda. O como comprender el trabajo de Michel Aglietta sobre la constitución de la
moneda en el sistema capitalista. Schumpeter ve utilidades: "una ventaja pedagógica de
nuevas ideas y de perspectivas sobre las vías del espíritu humano”. Se puede ver en la
HPE una caja de herramientas donde se encuentra clasificado los economistas, o la
expresión de elección de una sociedad muy jerarquizada (Pierce) o todavía un “mercado
de ideas” (Anderson et Tollison, 1986) más o menos perfecto...
El hecho de suponer conflictos en la ciencia económica nos lleva a adjuntar
consideraciones doctrinales y políticas. Esta perspectiva es importante para admitir la
diversidad del pensamiento y hacer aceptar obras heterogenias donde el historiador
debe separar lo científico y lo ideológico. La HPE, hace que todo investigador sea
modesto; y que un descubrimiento genial había sido ya anticipado antes (en el caso de
Arrow 1951, dos siglos antes). Esta perspectiva histórica permite situar mejor su
reflexión y sus descubrimientos, evitando en nombre del rechazo de citar la simple re-
copia de grandes autores.

Los riesgos en la Historia del Pensamiento Económico. El primer riesgo viene del
hecho de que los economistas no están formados a los métodos históricos. De Ahí
resulta el re-copiado de segunda mano sin investigación en los archivos y fuentes. Se
encuentra a menudo anacronismos en la búsqueda a los "precursores" y a los
“terminadores” en la construcción de las escuelas. Lo peor es: sea la mezcla de géneros
(critica de las ideas por su bibliografía fácil) o el hecho de extirpar una idea de su
contexto para generalizar a toda la obra del autor.
Existe un riesgo de racionalización a posteriori, haciendo desfilar las ideas en
orden; las obras, las más célebres como de Ricardo 1817; o Keynes 1936; son
remarcablemente des-ordenados. A esto Milton Friedman llama los bloqueos de las
instituciones frente al progreso. "La historia de la ciencia y de las técnicas ha mostrado
muchas veces que es, el marginal, el que piensa dando vueltas, descubre un nuevo
punto de vista, inventa, revela una vía original, y cuestiona los errores admitidas desde
mucho tiempo”.

II.- Los métodos de la Historia del pensamiento Económico

Una obra que consideramos muy importante es La metodologie économique de


Mark Blaug, (Économique; Paris); esta obra trata del problema del método en general
en economía y no problemas de método histórico en los economistas. La historia del
pensamiento tiene por tarea revelar la línea ideal de desarrollo de la ciencia económica;
aquella por ejemplo que conduce a la plusvalía de Marx, al «Análisis Económico» de
Schumpeter o todavía a la “Teoría Económica Moderna” de Blaug. Una historia
específica del pensamiento económico no aparece más que al final del siglo XVIII con los
primeros ensayos de Dupont De Nemours, Morellet, Ganilh en Francia; G. A. Will en
Alemania, Blugiesnki en Rusia. El primer tratado donde se desarrolla una periodización
efectiva es el de Mc. Culloch, 1824; son distinguidas cinco épocas del “pensamiento
económico” y después de la época preliminar del pensamiento antiguo. Estas son
consagradas, sucesivamente a los mercantilistas, a los fisiócratas, a Hume y Smith, a los
continuadores Malthus, Ricardo, Storch etc. y a los reformadores sociales (Saint Simón).
Sin embargo, la historia del pensamiento Económico, una vez creado, procederá a
subdivisiones numerosas y complejas (tales las subdivisiones de Luigi Cossa). No se hará
más que retomar las clasificaciones anteriores operadas por la economía política. Desde
este punto de vista, los historiadores retoman sin discutir, la idea que los fisiócratas se
hacen de su propia historia (escrito sobre todo por Dupont De Nemours) y la doble
secuencia-tipo creado por Adam Smith, la de los mercantilistas y " l'Ecole Française".

1.- ¿Una re-lectura egocéntrica?


Los procedimientos taxonómicos de la «historia de la ciencia Económica» y el
razonamiento económico, son desde un cierto punto de vista propios a toda disciplina
intelectual: tomando a Althusser, se dirá del economista que él parte de conceptos
existentes (tiempo 1), los critica (tiempo 2) y desemboca (algunas veces) a nuevos
conceptos (tiempo 3). Si por suerte, este último es alcanzado, tratará de justificar
históricamente, haciendo converger arbitrariamente el pasado de su disciplina hacia el
presente que acaba de inscribir (tiempo 4).
Otros como Mc Culloch, Marx, Dühring, Keynes, Schumpeter por ejemplo no han
actuado de otra manera; solo escapan a este esquema aquellos que, en apariencia no
toman en cuenta más que del pensamiento inmediatamente anterior. A este título A.
Smith quien es deudor de la casi totalidad de sus ideas à sus predecesores, no necesita
ser confirmada ni citada. Todos sin embargo han contribuido a forjar y a hacer validar la
periodización clásica de la historia de la Ciencia Económica. Cuando Smith reagrupa a
sus predecesores en dos secuencias-tipos groseros, los “mercantilistas” y “los
economistas" (fisiócratas) nadie le contesta. Tampoco Marx que reutiliza este logro
dudoso modificándolo ligeramente para crear la doble secuencia-tipo de la «escuela
Clásica» inglesa y francesa.
En consecuencia, a la periodización «clásica» de la evolución de sociedades
corresponde ahora una periodización «clásica» de la historia del pensamiento
económico, donde los modos de pensamiento, definido, por improvisaciones de ideas
comunes, encadenándose mecánicamente, tal como los modos de producción.

Mercantilismo --> Fisiocracia--> Escuela clásica--> Neo clásica--> Keynes

La pregunta es cómo se efectúa este encadenamiento; ¿continuidad o revolución?


Algunos han avanzado la idea de ruptura epistemológica a propósito de Ricardo (Serge
Latouche, 1973) y de Marx (Althusser, 1966), o de cambios paradigmáticos à propósito
de los neo-clásicos (Bronfenbrenner, 1971) o todavía de Keynes (Coats, 1969). Esas
tentativas son en su mayoría poco convincentes, aferrándose a una “ciencia de ciencias”
de la cual el estatus queda por lo menos metafísico.
Para otros es la inversa, han intentado mostrar la permanencia de ideas fuerza por
ejemplo para los canonistas de Keynes (De Roover, 1955) o de fantasmas (Weisskopf,
1971) en la economía política. De todo esto, todo es simple, basta modular los
arquetipos de la economía política según el contexto histórico de cada secuencia-tipo.
Sin embargo, si existe similitud de razonamiento de una generación a otra, esta similitud
queda generalmente formal, situándose solo a nivel de palabras, la economía política
queda ante todo un discurso, respuesta relativa a un don dado relativo de un real
inmediato.
No pudiendo zanjar la cuestión de su modo de desarrollo, la economía política
prefiere encontrar términos medios intercalando comprender sus secuencias-tipos des
"precursores y “terminadores", modulando etiquetas (neo-mercantilistas, pseudo
fisiócratas, por ejemplo). En una tal anarquía metodológica, no es sorprendente que la
mayor parte de los trabajos de historia del pensamiento económico han sido empleados
para llenar las brechas, exhumando autores olvidados, desenterrando aquí o allí un
precursor desconocido, de una idea posterior a veces de varios siglos.
La mirada de los economistas sobre el pasado de sus disciplinas está en función de
los propios descubrimientos Esta relectura "egocéntrica" de la disciplina caracteriza
muchos autores y sobre todo los grandes: A. Smith (creando los mercantilistas y los
economistas fisiócratas), Marx (alabando la escuela clásica inglesa), Keynes (reduciendo
sus precursores en los “clásicos”), Schumpeter buscando el análisis económico, en
particular la abstracción generalizadora.
Esta manera de hacer del pasado el demiurgo de sus propios descubrimientos y
conformar los constituyentes históricos (hilo conductor, etapas, anticipaciones y
resurgimientos) no bastaría para caracterizar la historia del Pensamiento Económico.
Entonces esta historia no es más que una entre las otras y encontrara todos los dilemas
de este método. En tanto que historia de una ciencia, ella reencuentra el dilema clásico:
debe analizar su historia por un criterio científico... el cual no puede ser encontrado que
por medio de un análisis histórico previo a la práctica científica.

2.- Secuencias-tipo y método recurrente

La HPE no es real, ella es construcción a partir de materiales salidos del pasado.


Cierto la Historia del Pensamiento Económico debe conformarse a la regla histórica
(respetar los límites impuestos por esos materiales, por ejemplo), pero la HPE agencia
los materiales en función del objeto a demostrar. La HPE es « ideal-tipo » (Max Weber) y
sus consecuencias son ideales típicos igualmente. Así los cortes o “secuencias tipos” de
la HPE son capaces de una infinidad de variaciones. Esta artificialidad de la historia es
reforzada por el método recurrente; pretender re-trazar (reconstruir) la historia,
metiéndonos en su evolución del /al presente es imposible.
No podemos más que partir del presente, es decir de la ciencia presente; por eso
los riesgos de etnocentrismo o de egocentrismo, de los cuales hemos empezado. Así en
los dos textos famosos (segundo post-facio a la edición alemana del Capital y la
Introducción de 1857 a la Critica de la Economía política alemana), Marx recuerda como
el pasado comprendido "cum grano salis" que del presente.
De ahí viene esa analogía celebre: "La anatomía del hombre es una llave para la
anatomía del mono. Las virtualidades que anuncian en las especies inferiores una forma
superior no pueden ser comprendidas que cuando la forma superior es ya conocida".
¿Es original ésta Concepción? La historia tiene por tarea convencional mostrar cómo el
pasado ha producido por etapas, el presente. Este procedimiento etnocéntrico es
clásico, tanto en los etnólogos como en los historiadores.
Marx releva esta objeción, pues su concepción de la sociedad burguesa es crítica…
“La precedente evolución histórica descansa, en general, sobre el hecho que la última
formación social considere las formas pasadas como tantas etapas hacia ella-misma y
que ella la concibe siempre, desde un punto de vista parcial. En efecto ella es capaz, rara
vez (y solamente en las condiciones bien determinadas), de hacer su propia critica".
(Marx, Ibíd., Pág. 260).
No quiere pues presentar «sucesión de categorías económicas en el orden de su
acción histórica» (Ibíd. Pág. 262), pero en un orden de sucesión determinado por el lugar
que ellas ocupan en el conjunto de la sociedad burguesa moderna. Al nivel de la
exposición, la historia tiene por finalidad de sostener las hipótesis que Marx efectúa a
propósito de estructuración capitalista. Pero es precisamente en 1857/1858 que Marx
des-ordena (cambia violentamente) su análisis del capitalismo. Por eso es necesario
disociar los textos históricos escritos antes y después de esta fecha.

3.- Epistemología y revoluciones ideológicas

Ese debate es en los hechos entre el absolutismo y el relativismo; la felicidad para


los escépticos griegos consiste en encontrar un equilibrio entre esos dos dogmas, pues
es examinar, investigar comprobar inspeccionar buscar (Kart Popper Sociedad Abierta,
Universo Abierto Pág. 144). El absolutismo ha llevado la delantera utilizando diferentes
«criterios» y rupturas epistemológicas. ¿Qué teorías económicas merecen figurar en la
historia de la disciplina? Esto significa "separar el buen grano de la ray-grass" (Blaug,
Méthodologie). ¿Es posible, para eso utilizar una ciencia de ciencias? Tal es la apuesta
de la epistemología, de encontrar un "criterio de demarcación" entre ciencia y no
ciencia.
La filosofía francesa de la segunda parte del siglo XX ha sido particularmente
fecunda en ese campo; se puede retener las contribuciones de Gastón Bachelard, Louis
Althusser o Michel Foucault. Los autores mencionados sostienen respectivamente la
idea de la "coupure épistémologique". Althusser, por la lectura selectiva trata de
distinguir la teórica de la no teórica en el pensamiento de Marx, y de aclarar
respectivamente el materialismo dialéctico y el materialismo histórico y su relación
recíproca.
Desde un cierto punto de vista la lectura Althusseriana ha tenido por mérito
precisar los límites del proyecto Marxiano, particularmente, cuando intenta exponer y
de resumir la relación entre materialismo dialectico y materialismo a través de los
métodos de la generalidad I (Pour Marx; Pág. 186), relación deducida por Althusser de l'
Introducción de 1857. Bibliografía revisar.
La ciencia “Generalidad II" transforma conceptos transmitidos por los autores
pasados (que forman la Generalidad I) en conocimiento científico (Generalidad III): “La
práctica teórica produce Generalidades III por el trabajo de la Generalidad II sobre la
Generalidad I" (Ibíd.) Pág. 188). Una tal definición aclara los límites del método de Marx,
sobre todo los límites de su relectura. También produce una definición de la relación
entre la ideología y la ciencia, más que contestable sobre la investigación de la "vraie
science", de una problemática que, desde Descartes, pasando por Husserl solo ha
desembocado sobre una respuesta metafísica.
En una concepción ideológica, es posible oponer el nivel del discurso (relativa
respuesta a cuestiones relativas en el tiempo y el espacio) a aquel de la ciencia (que
salta su tiempo). Esta distinción es más que contestable: la cuestión de sexo de los
Ángeles no hace parte de las cuestiones actuales, ella no es sin embargo constitutivo de
ciencia. La arqueología del saber de Michel Foucault no escapa a esta crítica buscando
mostrar como el saber o la « episteme » está constituida de discurso cerrado (por su
época) y de teorías que saltan su tiempo. Esta “ideología dominante” se encuentra con
Louis Dumont; (Homo aequalis, genèse et épanouissement de l'idéologie économique;
Paris; Gallimard 1977): Esta ideología (conjunto de ideas y valores comunes a una
sociedad) es inútil.
¿La revolución ideológica? (Cf. Los trabajos del historiador inglés Christopher Hill).
En tanto que representación social, la ideológica es el hecho de un grupo socio-
económico (una clase, una casta, una secta). La ideología puede limitarse a un mito, este
como la representación imaginaria heredada del funcionamiento del mundo, del
hombre de la sociedad. Una revolución ideológica significa que una representación
social se impone sobre una otra; ya sea explícitamente por el intermediario de un grupo
o implícitamente en la ausencia de toda conciencia. En ese último caso «las ideologías se
imponen a la mayoría de los hombres sin pasar por sus conciencias» o todavía los
hombres adoptan la posición de un grupo “en sí”.
Abordar las consecuencias de un desordenamiento de esas representaciones sobre
la "science" es un problema que desborda nuestro marco de estudio. Esto necesita una
discusión previa sobre las aplicaciones posibles de los criterios de ciencia que proponen
los epistemológicos (Bachelard, Kuhn, Lakatos, Popper) y del cual se deleitan los
economistas. La revolución ideológica en la institución científica es tal que las
representaciones emitidas en contradicción con el academicismo dominante devienen
soluciones reconocidas universalmente. Como también en política, se traduce por la
subversión, los complots, una toma del poder, ajuste de cuentas y eliminaciones.

4) Karl Popper y el criterio lógico

Numerosos economistas en los años 1950/1960, a la cabeza de Milton Friedman,


han deducido sus métodos de los criterios de Karl Popper, quién había escrito la Lógica
del descubrimiento científico en 1935 y panfletos (Económica, 1944/1945), reagrupados
en una obra; La Miseria del historicismo, Plon, 1956, La sociedad abierta y sus enemigos
donde el ataca al totalitarismo y al historicismo.
Con él, se pone en movimiento el verificacionismo que había triunfado no solo en
medicina (Claude Bernard: l'hypothèse véritée) pero también en economía: la economía
es el lugar de verificación de la justeza de las predicaciones.
El verificacionismo tiene que ver con un método económico inductivo: el oficio
consiste así en partir de la constatación de eventos pasados y deducir eventos
probables. Los grandes teóricos del inductivismo son economistas tales como John
Stuart Mill con su System of Logic, o Stanley Jevons, John Maynard Keynes, Harrod. Este
método se complica en el curso de la aplicación. Nada garantiza que las proposiciones
de la economía sean testeables (sobre todo, lo que es del orden de la lógica deductiva).
En efecto el economista elabora hipótesis ligadas a la racionalidad que no son
«verificables»; Knight es muy claro sobre este punto, cuando opone el método
hipotético de los economistas a las pretensiones empíricas de los antropólogos y sobre
todo de Herskovits.
Según Knight, la economía no es susceptible de test empíricos cuando se trata de
un comportamiento racional. La ciencia económica no puede más que utilizar la
comprensión en el sentido Weberiano, utilizando tipos ideales: Las observaciones son
los resultados de interpretación; se encuentra la misma inspiración weberiana en
Machlup (1978): Methodology of economics and other sciences, New York, Academic
Press. Milton Friedman refuerza el cuestionamiento del “realismo” de las hipótesis de la
ciencia económica, subrayando que los postulados del razonamiento económico y las
hipótesis pueden ser falsos, pero lo importante es el valor predictivo de la ciencia
económica.
Poco importa el valor de las hipótesis, a condición de que las predicciones sean
justas; Friedman pone en valor un problema simple que Popper intenta interpretar por
criterio lógico aplicable a la «ciencia unificada»; criterio de una lógica fuerte; “por qué
queremos que la crítica sea severa” (Cf. a realist view of physics, logic and history" in "
Physics, logic and history, edit. Yourgrau, W. and Breck, Plenum, 1970). En los hechos la
lógica es un criterio de ciencia, pero no hace parte de la ciencia, pues es no revisable a la
luz de la experiencia.
Una simple tabla de verdad de implicación sirve de argumento; ella abusa del
célebre adagio: “ex falso sequitur quodlibet”, del falso yo puedo inferir lo que yo quiero.
Así, trasponiendo, una predicción verdadera puedo ocultar las premisas falsas, el
razonamiento (la implicación) siendo verdadero.
Yo no puedo entonces inferir de una conclusión verdadera (Q) que su antecedente
sea verdadero… es necesario utilizar otro procedimiento tal: Si Q es falso y que mi
razonamiento es verdadero (P-> Q), entonces P es falso. Este procedimiento es se llama
“modus tollendo tollens" (suprimiendo se suprime). Este criterio deviene un criterio de
"refutabilidad" [refutability] o todavía de «infirmabilité». ¿Pero refutabilidad en función
de qué? Popper ataca a las teorías económicas no refutables…a saber que no la son
refutables empíricamente.
No se puede testear las leyes históricas generales o todavía el totalismo
sociológico; las experimentaciones globales son difíciles. La historia debe, de todas
maneras, preocuparse de eventos reales, singulares o particulares. La historia es
selectiva, interpretable desde un punto de vista, pero sus interpretaciones no pueden
ser verificadas o desmentidas (invalidados) Este criterio está en el centro de la obra de
Blaug, así tanto la axiomática como la teoría de Marx o de Sraffa son criticadas y
rechazadas en nombre de este criterio. Pero si la infirmation (invalidación) es
«empírica» la ciencia económica hipotética no encuentra ahí su cuenta salvo a querer
reconvertirse en experimental.
El criterio lógico de Popper independientemente de su empirismo latente, es sobre
todo criticable por su carácter importado. Popper no ha hecho casi más que en las
ciencias periféricas a la lógica, pero nunca en lógica deductiva. En efecto, la lógica
moderna desde Frege, tiene que ver con puras tautologías y tiene un lado plural. Existen
así lógicas (modales, plurivalentes, debilitadas) y una pluralidad de cánones (Cf. Carnal)
que hace que la lógica sea difícilmente asimilable a una Epistemología.

5.- Hacia el pragmatismo: Paradigmas y programas de investigación científica


En la «Estructura de revoluciones científicas», Kuhn (1973) toma la noción de
paradigma del lingüista Ferdinand De Saussure. Esta acepción lingüística, designa un
grupo dado de asociaciones ligadas a una palabra. En Thomas Kuhn el paradigma
deviene «la constelación de creencias, valores, técnicas etc.… compartida por los
miembros de una comunidad dada. Esta idea de una matriz disciplinaria, en un
momento dado, es bastante banal hasta muy vago (Blaug in HOPE, winter 1975).
El paradigma es histórico y da lugar a revoluciones catastróficas. Se encuentra la
idea precedente de una “ruptura”, corte paradigmático. Existe así una revolución
copernicana, luego newtoniana, y en fin relativista. En economía, numerosas
revoluciones pueden así dividir la historia del pensamiento económico: revolución neo-
clásica, revolución keynesiana (Coats, 1971; Alain Barrère) y la contra-revolución
keynesiana (Cf. Leijonufvud).
Pero la revolución paradigmática no es muy pertinente en economía donde las
continuidades, las recomposiciones, las generalizaciones en particular son corrientes.
Así la renovación de la economía ricardiana con Sraffa, el redescubrimiento de Walras
en las teorías contemporáneas del equilibrio, la particularización del desempleo
keynesiano etc. De donde la idea de que el paradigma puede concernir revoluciones
menores y de pequeñas comunidades; es ahí donde le programa de investigación de
Lakatos es más interesante.

El programa de investigación científica de Lakatos

Existen grapas de teorías interdependientes que conocen los «nudos» (núcleos)


resistentes y partes flexibles y en fin una heurística positiva (en tanto que capacidad de
adaptarse a la realidad). El desarrollo científico modifica esta estructura, degenerando
ciertas partes, recomponiendo otras; algunos programas de investigación pueden ser
progresivos, otros degenerantes. Lakatos señala que esta recomposición puede
efectuarse por particularización y generalización; lo que justamente interesa la ciencia
económica.

6.- El Pragmatismo de Dewey/Peirce, El anarquismo de Feyerabend

Una antropología con atención al medio científico muestra que la ciencia es un


modo de producción, también un desafió político, con su comité central, sus soportes
selectivos, sus modos de reconocimiento. Así la historia de la ciencia coincide con los
pensamientos reconocidos y las víctimas de la historia. Los modos de reconocimiento
han consagrado los clásicos ingleses, las escuelas neoclásicas o todavía Keynes etc.
A la inversa ciertos movimientos de pensamiento, por ejemplo, los socialismos
utópicos o las escuelas históricas han pasado la trampa de la historia. ¿Fueron
científicos? Se comprende la reacción de Feyerabend y la idea que la metodología
científica es violada a menudo, a tal punto que «cualquier cosa hará el negocio» lo
esencial es de denunciar la represión científica.
Sociología del conocimiento (relativismo) y psyco-crítico.

La historia del HPE puede considerar que la teoría no es más que el reflejo de la
realidad. Se encuentra la idea de una suma de discursos, respuestas relativas a
cuestiones inmediatas. Numerosas historias del HPE han tratado un tal procedimiento,
pero en general las historias “absolutistas” consagrados únicamente al progreso de la
ciencia (análisis y teoría) han triunfado (Cf. Schumpeter, Blaug, por ejemplo).
En el mismo orden, una vieja clasificación, a la manera de Gaetan Pirou, efectúa la
distinción difícil entre la teoría y doctrina. La doctrina seria manchado de valor al
opuesto de la teoría (objetiva). En el mismo orden de ideas, se podría diferenciar la
teoría positiva de la teoría normativa, à la imagen de la diferencia entre la teoría del
Public Choice (análisis positivamente económico del mercado político) de la teoría de lo
Social Choice (examinado la compatibilidad de normas a priori en la agregación de las
elecciones).
La psyco-critica es un dominio inagotable de la investigación, analizando en que el
pensamiento depende del comportamiento, como también de la vida íntima del
investigador. En ese campo con autores como Weisskopf en los USA, se interroga sobre
el papel de conversiones forzadas (Ricardo, Marx), de las enfermedades (les forúnculos
de Marx), de sus indisposiciones (el estreñimiento de los teóricos del ahorro), y también
sobre la obsesión castradora de las teorías de la plus- valía.

¿Una crítica lógica?

La lógica deductiva es una de las referencias valorizantes, las más utilizadas en el


discurso de los economistas, pues no remite a una distinción del verdadero y del falso.
Desde el punto de vista metodológico, significa formalización y verificación; en el orden
epistemológico, implica una esencia lógica fuera de lo real. La lógica crea ligazones
privilegiadas entre el conocimiento económico y lo real. Según F. Perroux (1969), si hay
una estructuración lógica de la actividad real en economía, una ciencia económica y
racional es posible. Del mismo modo según Suppes (1981), existen lugares tales como
los tribunales, el mercado, la investigación científica, del cual la lógica puede dar o
rendir cuentas.
Recíprocamente, si la ciencia económica está bien estructurada lógicamente,
determina forzosamente la esencia de lo real. En el conocimiento económico, es
necesario separar la teoría económica real de las descripciones económicas sin
racionalidad: la economía "clásica" de la economía "vulgar" a la manera de Marx (1867).
Al límite del absolutismo lógico (Wittgenstein), lo real ya no es necesario, pues él no es
más que la sombra de las construcciones gramaticales. La teoría económica es así
asimilada à la lógica por ejemplo en Keynes y sometida à la lógica por Popper (1945) con
su criterio de informabilidad.
Una lógica deductiva correcta es el previo a toda axiomática en economía. Según
Robert Blanché, un sistema axiomático es “la forma la más acabada que toma hoy una
teoría deductiva”. Lo axiomático remite pues a las formas deductivas de la teoría
económica y los testea según sus criterios propios. Por ejemplo, la navaja de Guillermo
de Occam convertida en el axioma de economía El moje franciscano y filósofo Guillaume
d'Ockham había ya enunciado en el siglo 15 el principio de que "las cosas esenciales no
deben ser multiplicados sin necesidad”.
Entonces es necesario pasar por la lógica deductiva disciplina poco practicada por
los economistas antes de llegar a la axiomática; si se quiere evitar reducir la axiomática
al hecho de plantear axiomas. Las aplicaciones de la lógica deductiva en teoría
económica son poco numerosas, esencialmente las teorías del valor (Sraffa, 1960;
Debreu, 1966) y sobre todo la teoría de la elección social, de la cual las primeras
expresiones (Arrow, 1951) utilizan la notación lógica. El colmo de esta aplicación es el
principio: "de lo que no se puede hablar (rigurosamente), es necesario callarlo»; (Ludwig
Wittgenstein, “última proposición del Tractacus Philosophicus").
Este texto de HPE relaciona las exigencias de la teoría económica contemporánea a
los problemas recientes. Por muchas razones la economía política de nuestro tiempo no
es otra que una "recomposición" (por generalización de descubrimientos antiguos) de
escuelas antiguas: de donde resulta el prefijo de "neo" (ricardianos, clásicos,
keynesianos, institucionalistas) en la designación de movimientos de pensamiento. Esta
constatación pragmática de una continuidad del pensamiento económico constituye el
método seguido a título principal en la enseñanza.
El campo tratado se descompone en cuatro ejes: producción, intercambio, los
sistemas/instituciones, política económica, a los cuales corresponden principalmente
cuatro pensamientos económicos: clásico, neoclásico, socio histórico, monetarista. El
pensamiento económico contemporáneo choca sobre una cuestión: ¿Por qué el hombre
no reacciona mecánicamente a las incitaciones de la política económica? Se observa un
hombre fragmentado (el homo economicus) en la microeconomía, un hombre
englobado en las categorías y los agregados de la macroeconomía.
Este hombre es excesivamente universal en la teoría económica pura más allá del
tiempo y de la historia, un hombre discriminado según su capacidad para desarrollarse
en la teoría del desarrollo. Se puede multiplicar las imágenes a menudo muy fáciles del
hombre “eclaté” por la ciencia económica, en particular aquellas desarrolladas por Karl
Polany (1944) y del que hace el prefacio de su obra Louis Dumont (1977) y de manera
general por la antropología contemporánea. Uno de los temas centrales de este texto
será entonces de establecer cómo los economistas tratan o evacuan la cuestión “que es
el hombre” … en relación con la política económica.
También reflexionar cómo el desarrollo del comercio obliga producir teoría hasta
lograr la constitución de la economía política. Es conocido que el comercio no siempre
fue un acto noble, los griegos despreciaban, en la edad media siegue siendo casi
proscrito, solo desde el siglo XII y XIII gana el estatus de actividad noble hasta
convertirse en un affaire de reyes y nobles en el siglo XVIII. Propiedad y comercio van
juntos pero el carácter de la propiedad va cambiando con el comercio hasta constituir la
lógica del Capital y llevarlo a este hasta el triunfo o la mundialización.

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