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¿Cuándo y porque se presentó la masacre de las bananeras (1.928)?

«Esta huelga es el fruto del dolor de miles de trabajadores explotados y humillados día y noche
por la Compañía y sus agentes; esta huelga es la prueba que hacen los trabajadores para saber si
el gobierno nacional está con los hijos del país, en su clase proletaria, o contra ella y en beneficio
exclusivo del capitalismo norteamericano y sus sistemas imperialistas».

«Manifestó de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena», Ciénaga, noviembre 12 de 1928, El

Espectador, noviembre 19 de 1928, p. 2.

Entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928 y en los días subsiguientes se presentó la masacre de


los trabajadores bananeros, que laboraban para la compañía estadounidense United Fruit
Company, por parte de tropas del ejército colombiano.

La United Fruit Company llegó a Colombia a fines del siglo XIX y se implantó en la región
contigua a Santa Marta, una zona idónea para la producción de banano por sus
características ambientales, la fertilidad de sus tierras y su cercanía a la costa, lo cual
facilitaba la exportación del fruto. De la misma forma que en los otros países a donde se
había instalado, la UFCO desarrolló una economía de enclave, controlando todo lo que
encontraba a su paso y subordinando a los pequeños productores de banano. Estos no
desaparecieron, pero si quedaron sujetos a los designios de la empresa estadounidense, por
la apropiación de la tierra (incluyendo a los baldíos nacionales) y del agua, la
monopolización de la infraestructura de transportes y comunicaciones, la imposición de su
propio sistema de crédito, y porque era la única compradora de la producción local.

Los trabajadores de la compañía eran antiguos campesinos, colonos e indígenas que


formaron el primer contingente de asalariados. Mientras en 1906 había 15 mil jornaleros
dependientes de la UFCO, en 1928 eran 32 mil. Estos trabajadores desempeñaban diversas
actividades: encargados de sembrar y cuidar el banano en las plantaciones; estibadores del
muelle y del ferrocarril; coleros, que cargaban los racimos al borde de los campos; puyeros,
que cortaban la fruta; y carreros que la apilaban en paquetes que eran llevadas por las mulas
hacia los ramales del ferrocarril.

Aunque a la UFCO le interesaba desarrollar relaciones libres o semi-libres de trabajo con el


fin de romper los vínculos de campesinos y colonos con la tierra, no implementaba en
forma directa las formas salariales características del capitalismo. Para ello procedía a
vincular a contratistas y subcontratistas que enganchaban a los trabajadores, los cuales no
tenían ningún vínculo directo con la empresa. Dicha forma de vinculación laboral le
resultaba muy efectiva, porque dificultaba la organización de los trabajadores y creaba una
jerarquía de contratistas, capataces y productores directos. Como consecuencia, el salario
que recibían los trabajadores era exiguo, pues se diluía en una cadena de intermediarios.
Predominaba el salario a destajo, porque a los trabajadores no se les pagaba un sueldo fijo
sino de acuerdo a las tareas realizadas: a los corteros por la cantidad de guineos que
cortaran, a los estibadores por el número de bultos cargados. Además, no se pagaba en
dinero sino con vales, que era como una moneda interna que sólo se recibía en los
comisariatos de la empresa.

Las condiciones laborales, higiénicas y habitacionales de los trabajadores eran deplorables.


En el trabajo el jornalero no contaba con ningún tipo de protección para adelantar sus
labores, no había hospitales ni dispensarios médicos, sólo se atendía a los trabajadores
cuando estaban muriendo y si se enfermaban se les cobraba por la hospitalización. Los
trabajadores dormían en campamentos desvencijados, sobre esteras hechas con las hojas de
guineo, invadidas por chinches.

La Huelga De 1928

Las condiciones materiales descritas, junto con la emergencia en la costa atlántica


de variadas influencias ideológicas radicales y socialistas desde finales de la década de
1910, llevaron a los trabajadores a organizarse para exigir sus derechos. Las protestas
obreras se dieron en el enclave y en el ferrocarril, los dos epicentros de la actividad de la
UFCO. Luego de varios intentos organizativos en 1925 se formó la Unión Sindical de
Trabajadores del Magdalena (USTM) que aglutinaba a la inmensa mayoría del proletariado
bananero.

Antes de la USTM y de la huelga de 1928 se habían presentado varias huelgas


contra la United, desde cuando en 1910 los trabajadores del ferrocarril cesaron actividades
exigiendo el mismo trato y salario que los trabajadores extranjeros. En 1918 se presentó
una segunda huelga en la que participaron los trabajadores del ferrocarril y los de las
plantaciones de banano, solicitando aumento de salarios, pagos semanales y abolición de
los vales que los obligaban a comprar en los comisariatos. Ante tales solicitudes, la
gerencia de la UFCO afirmó que no podía solucionarlas ya que eso sólo lo podían hacer en
las oficinas centrales, en Boston, a donde se envió el pliego de peticiones, pero la empresa
nunca dio respuesta.

En noviembre de 1924 se efectuó una huelga general en la zona. En octubre los


trabajadores del ferrocarril y los bananeros presentaron pliegos, teniendo como peticiones
centrales el pago de horas extras a los cargadores o braceros del ferrocarril; un jornal
mínimo de $2 en las plantaciones y pago doble por trabajo dominical; eliminación del
sistema de contratistas; auxilio por enfermedad, indemnización por accidentes de trabajo y
pago de seguros de vida; jornada de 8 horas; campamentos higiénicos y servicio médico; e
indemnización por cesantía y despido. Esta huelga fue declarada ilegal, el sindicato fue
desconocido por la empresa, se contrataron esquiroles, fueron expulsados muchos
huelguistas y se llegó hasta el extremo de rebajar el salario de los trabajadores enganchados
por los contratistas.

Exactamente cuatro años después, en octubre de 1928, se presentó otro pliego de


peticiones, muy similar al de 1924. Ese pliego tenía nueve puntos: establecimiento del
seguro colectivo para todos los empleados y obreros de la compañía; reglamentación sobre
accidentes de trabajo; dotación de habitaciones higiénicas y reconocimiento del descanso
dominical remunerado; aumento de salarios; eliminación de los comisariatos y libertad
comercial en la zona bananera; supresión del sistema de vales como forma de pago;
cancelación salarial cada semana y no por quincenas; cesación de contratos individuales y
creación de contratos colectivos; construcción de hospitales, dotados de instrumental
adecuado y de medicamentos, así como ampliación de los campamentos.

La UFCO en principio se negó a considerar las peticiones, lo cual llevó al sindicato


a decretar la huelga el 11 de noviembre de 1928 en la población de Sevilla, una decisión
aprobada de manera unánime por miles de trabajadores.

Desde un principio tanto la compañía como el gobierno colombiano consideraron


que esto no era una huelga sino un movimiento subversivo, capitaneado por «agitadores
comunistas». La zona bananera fue militarizada y el gobierno nacional envió al general
Carlos Cortes Vargas a ese lugar. El gerente de la UFCO, Thomas Bradshaw, afirmaba que
esa no era una huelga, «sino un movimiento claro y absolutamente subversivo, un motín o
asonada, una insinuación del levantamiento de las masas en la zona bananera, un
movimiento, en fin, que están dentro de los que caen bajo la sanción del Código Penal y
bajo el refreno de las autoridades».

El 25 de noviembre el Gerente de la UFCO respondió a las peticiones de los


trabajadores, aceptando algunos de los nueve puntos presentados: el mejoramiento en las
condiciones higiénicas de las habitaciones de los trabajadores y la construcción y dotación
de hospitales, la supresión de los pagos quincenales, el pago semanal, la cancelación del 50
por ciento del salario en dinero efectivo (suprimiendo en forma parcial los vales), y el
aumento diferencial de salarios para los trabajadores de las diversas localidades de la zona
bananera. Pero negaba las principales solicitudes como el seguro de trabajo, reparaciones
por accidente, el descanso dominical y la eliminación de los comisariatos.

Al mismo tiempo, el gobierno, el ejército y la UFCO empezaron a difundir el rumor


que los trabajadores no realizaban una huelga, sino que estaban preparando una
insurrección y se aprestaban a atacar a Santa Marta y los poblados de la región. Como
preparándose para una guerra y no para un conflicto laboral, en el ejército empezaron a ser
reemplazados los soldados locales por un contingente de soldados venidos del interior,
porque Cortes Vargas temía que aquéllos, por tener relaciones familiares o de amistad con
los huelguistas, pudieran «vacilar en caso de que tuvieran que asumir una actitud decisiva».

El 5 de diciembre fue implantado el Estado de Sitio y se designó a Carlos Cortes


Vargas como Jefe Civil y Militar, con la orden terminante de despejar las vías y movilizar
los trenes «haciendo uso de las armas si fuere necesario».

La Masacre

En la noche del 5 de diciembre se reunieron en la plaza de Ciénaga unos 4000


obreros, luego de que hubieran sido convocados por la Unión Sindical de Trabajadores del
Magdalena para organizar una manifestación en la que se pediría al gobierno que obligara a
la UFCO a negociar con los obreros en huelga. En el curso de ese día 5 se les informó que
tanto el Gerente de la empresa estadounidense como el Gobernador del Magdalena se
dirigían hacia la plaza para firmar el acuerdo con los trabajadores, pero al despuntar la tarde
se confirmó que ninguno de los aludidos vendría, por supuestas amenazas contra sus vidas.
Los obreros congregados en Ciénaga decidieron permanecer allí para dirigirse al otro día
hacia Santa Marta, capital del Departamento, a solicitar a las máximas autoridades locales
una respuesta a sus peticiones.

Mientras los obreros se encontraban reunidos en forma pacífica en Ciénaga, le llegó


a Cortes Vargas la declaración del Estado de Sitio y su designación como Jefe Civil y
Militar, a las 9 y 45 de la noche. Ese general reunió a sus soldados, muchos de los cuales
habían ingerido alcohol, les ordenó preparar las armas y se dirigió a la plaza central de
Ciénaga donde se encontraban los 4000 trabajadores, algunos de los cuales dormían
desprevenidamente en el suelo.

Entre las últimas horas de ese fatal 5 de diciembre y las primeras horas del 6 la
plaza de Ciénaga se llenó de espanto y de olor a muerte, porque Cortes Vargas dio la orden
de disparar contra la inerme población de obreros y sus familiares que allí se encontraba, la
cual sólo añoraba una solución positiva a sus peticiones, pero la única respuesta que recibió
fue el sonido tétrico de los fusiles del ejército colombiano.

En Ciénaga, cientos de trabajadores fueron asesinados a sangre fría, envueltos en la


bandera nacional. Los cadáveres que quedaron en la plaza y en los potreros de los
alrededores fueron recogidos y enterrados por el ejército. Tal seria la magnitud del aleve
ataque contra los trabajadores que, pocos días después, cuando el corresponsal de El
Espectador visitó la plaza de Ciénaga constató que «el destrozo producido por las balas de
fusil es realmente aterrador. Vi rieles en la estación de Ciénaga y pilares metálicos
literalmente atravesados por las balas».

Después del fusilamiento de Ciénaga se originó una cacería indiscriminada de los


trabajadores, considerados como una cuadrilla de malhechores, porque durante su huida le
prendieron fuego a algunas plantaciones de banano e intentaron organizarse contra los
criminales ataques del ejército. Este realizó sus acciones pasando por encima de las
autoridades civiles y judiciales, y persiguiendo abiertamente a todos aquellos que
discreparan de la acción militar. Cortes Vargas justificó la masacre porque era necesario
«sentar precedentes contra comunistas que amenazan la tranquilidad de la patria» y en
forma cínica dijo, en un libro que escribió sobre lo que él llamó los «sucesos de las
bananeras», que los muertos habían sido nueve, uno por cada punto del pliego de
peticiones. Este era un auténtico cinismo, ya que los muertos, sumados los de Ciénaga y los
de los alrededores, en las jornadas de la noche del 5 de diciembre y los días siguientes
fueron más de mil, como lo reconocía el representante de los Estados Unidos en Colombia,
en información interna enviado a su país.

Varias razones impidieron que se precisara el número de jornaleros asesinados:


como los trabajadores procedían de diversos lugares, no tenían familiares que los
reclamaran; una parte de las víctimas fue arrojada al mar, para que no fueran encontrados
los cadáveres; otros fueron obligados a cavar su propia tumba antes de ser asesinados y
enterrados en fosas comunes; en la zona se implantó una feroz censura de prensa que
impidió la investigación de los periodistas que estuvieran interesados en averiguar lo que
allí aconteció; se persiguió y acalló con saña a los dirigentes de la huelga, algunos de los
cuales fueron asesinados, como Erasmo Coronel, otros fueron encarcelados, como Alberto
Castrillón, y el principal de todos, Raúl Eduardo Mahecha, huyó escondido en bultos de
comida, mientras a su cabeza le ponía precio el ejército colombiano. Con todo ello quedó
en evidencia, como lo dijo Jorge Eliécer Gaitán, que «el suelo colombiano fue teñido de
sangre para complacer las arcas ambiciosas del oro americano» y dolorosamente «sabemos
que en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida y una
temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano». Noventa años después las cosas han
cambiado muy poco para los obreros bananeros de Colombia y en años recientes la
motosierra se empleó como instrumento de muerte y tortura al servicio de la Chiquita
Brands, heredera de la United Fruit Company, esparciendo, nuevamente, sangre obrera por
los suelos de este adolorido país, de la misma manera que en las luctuosas jornadas de
diciembre de 1928.
¿Que fue y porque se dio el Bogotazo?

El Bogotazo fue un estallido de violencia que tuvo lugar en la capital colombiana y


acabó extendiéndose a otras zonas del país. El motivo de estas revueltas fue el asesinato del
líder político liberal Jorge Eliécer Gaitán, candidato a la presidencia del gobierno.

Desde su misma proclamación como país independiente, Colombia había sufrido


varias guerras civiles protagonizadas por sus principales partidos: el Liberal y el
Conservador. Ambas fuerzas políticas habían ido alternándose en el poder, siempre en
medio de una gran tensión y con frecuentes enfrentamientos armados.

Las elecciones de 1946 supusieron la vuelta al poder de los conservadores, en parte


por la división interna en el Partido Liberal. Dentro de este existían dos corrientes
diferentes, una liderada por Alberto Lleras Camargo y la segunda por Gaitán, más a la
izquierda que el anterior.

Gaitán se preparó para las siguientes elecciones y consiguió el apoyo de las clases
más populares. Su asesinato en manos de Juan Roa Sierra provocó que sus partidarios en
Bogotá salieran a la calle de manera violenta. Aunque el gobierno logró reprimir a los que
protestaban, el Bogotazo se convirtió en el inicio del periodo conocido como La Violencia.

Antecedentes
Dos grandes partidos, el Liberal y el Conservador, habían dominado la vida política
colombiana desde el siglo XIX. El primero había nacido como representación de la clase
mercantil y proponía una organización descentralizada del país, la separación entre la
Iglesia y el Estado y un sistema económico de libre mercado.

Por su parte, el Partido Conservador estaba compuesto por las clases más
privilegiadas, así como por los terratenientes. Ideológicamente, eran partidarios del estado
centralizado y jerárquico, además de defender la participación de la Iglesia católica en la
vida política. Con el tiempo, comenzaron a aparecer corrientes internas en ambos partidos,
lo que multiplicó aún más las tensiones y los enfrentamientos.

Alternancia en el poder

Liberales y conservadores se habían ido alternando en el poder, con periodos


prolongados de gobierno en cada caso. Entre 1886 y 1930 se produjo la llamada
Hegemonía Conservadora, con un gobierno de ese signo. Durante esta etapa se produjo la
Guerra de los Mil Días que enfrentó a ambos bandos.

Varios factores, incluida la Masacre de las Bananeras, provocaron un cambio en


favor de los liberales ya en 1930. Ese año las elecciones fueron ganadas por Enrique Olaya,
quien buscó acabar con los enfrentamientos partidistas formando un gobierno con
miembros de los dos partidos.

Cuatro años más tarde, López Pumarejo se impuso en las elecciones y formó un
gobierno totalmente liberal. Ese fue el comienzo de la denominada Revolución en Marcha,
durante la que se aprobaron numerosas leyes que trataron de reformar la sociedad y
economía colombiana. A pesar de que los cambios no fueron radicales, los sectores más
conservadores se opusieron con fuerza.

División en el Partido Liberal

La presidencia de López Pumarejo finalizó en 1938 tras un periodo de tensiones en


el interior del Partido Liberal. La falta de un líder que sustituyera al expresidente provocó
una lucha para hacerse con el control de la organización. Los dos sectores liberales en
disputa fueron el de los moderados, representante de las élites comerciales, y el radical,
liderado por Jorge Eliécer Gaitán, más a la izquierda y con gran popularidad entre las clases
más desfavorecidas.

Elecciones de 1946
Después de dos periodos presidenciales (1938 – 1942 y 1942 – 1946) ganados por
los liberales ante la falta de candidato conservador, las elecciones de 1946 se presentaban
mucho más complicadas para el partido. La causa principal era la cada vez mayor división
interna que presentaba. Así, había dos candidatos diferentes: el oficial, Gabriel Turbay, y el
disidente, Jorge Eliécer Gaitán.

Esta circunstancia permitió que los conservadores, encabezados por el moderado


Ospina Pérez, se alzaran con la presidencia. Ospina, no obstante, realizó un discurso que
llamaba a olvidar los enfrentamientos partidistas. El nuevo presidente nombró un gabinete
con liberales y conservadores, pero muy pronto comenzaron los enfrentamientos entre los
dos partidos. Estos enfrentamientos desembocaron en episodios de violencia y, para 1947,
habían fallecido 14 000 personas por su causa.

Elecciones legislativas del 16 de marzo 1947

El 16 de marzo de 1947 tuvieron lugar elecciones legislativas en Colombia. Los


partidarios de Gaitán se hicieron claramente con la victoria. El Partido Liberal, ante esto,
reconoció al político como jefe único del partido. Esa victoria y la creciente popularidad de
Gaitán lo convertían en el máximo favorito para ganar las elecciones de 1950.

Ruptura con el gobierno

El 18 de marzo de 1948, Gaitán decidió que los ministros liberales abandonaran el


gobierno de unidad nacional presidido por Ospina. El motivo fue la falta de respuesta
gubernamental ante los episodios de violencia que sufrían los simpatizantes de su partido.
La respuesta del gobierno, además de nombrar a Laureano Gómez, conservador, como
Ministro de Exteriores, fue vetar la presencia de Gaitán en la IX Conferencia Panamericana
que se inauguró en Bogotá el 30 de marzo.

Causas

Aunque el detonante de El Bogotazo fue el asesinato de Gaitán, los historiadores


afirman que existían condiciones previas que contribuyeron al estallido. Colombia tenía una
sociedad en la que la desigualdad económica y social era muy acusada. Además, las clases
populares consideraban que ninguno de los dos partidos se había preocupado de resolver
sus problemas.
Por ese motivo, un candidato como Gaitán, disidente dentro de su partido y
partidario de asuntos como la reforma agraria, encontró pronto un gran apoyo dentro de las
clases menos favorecidas. A la mejora de las condiciones sociales que Gaitán prometía hay
que unirle su gran carisma, capaz de que campesinos y trabajadores urbanos unieran sus
fuerzas para apoyarlo.
Muerte de Gaitán

El asesinato de Gaitán fue la causa más inmediata de que los habitantes de Bogotá
salieran a protestar violentamente a las calles. Se trató de un estallido protagonizado por la
clase obrera y que tenía como objetivo a la oligarquía. Prueba de la capacidad de
convocatoria de Gaitán son las 100 000 personas que acudieron a la manifestación que
convocó a comienzos de 1948. La protesta, denominada Marcha del Silencio, tenía como
objetivo protestar contra los episodios de violencia política que afectaba especialmente a
los liberales.

Hechos

La mañana del 9 de abril comenzó para Jorge Eliécer Gaitán con una reunión
desarrollada en su despacho. Al finalizar, él y el resto de sus compañeros de partido
decidieron salir a almorzar sobre la 1:00 p.m. Al salir del ascensor, Mendoza Neira, uno de
los acompañantes de Gaitán, lo tomó del brazo y ambos se adelantaron al resto de sus
compañeros. Nada más abrir la puerta del edificio, un individuo que después sería
identificado como Juan Roa Sierra disparó varias veces contra el líder liberal.

Según los cronistas, Gaitán fue alcanzado por tres balas, aunque no falleció en el
acto. El político logró llegar con vida a la Clínica Central, donde fue certificada su muerte.
Los testigos del tiroteo trataron de capturar al asesino, quien tuvo que ser protegido por la
policía para no ser linchado allí mismo. La tensión era tal, que los agentes debieron
introducirlo en una droguería cercana. Allí mismo le realizaron el primer interrogatorio,
pero lo único que obtuvieron fueron las palabras “¡Ay, Virgen santísima!”.

Reacción de la población

A pesar de los intentos de la policía por proteger a Roa Sierra, una multitud
consiguió entrar en la droguería. Allí golpearon al asesino hasta matarlo. Después, fueron
arrastrando el cadáver hasta llegar al Capitolio Nacional, en cuyas escalinatas abandonaron
el cuerpo.

Conforme la noticia se iba conociendo iban estallando disturbios por toda la ciudad.
El primer día casi toda la violencia se concentró en el centro de la capital, pero después fue
extendiéndose por el resto de los barrios. Por último, varias ciudades del país se sumaron a
las protestas. La petición común era la renuncia de Mariano Ospina.

Esos días se produjeron numerosos saqueos e incendios de iglesias, locales


comerciales y tranvías. En un primer momento, la policía y el ejército intentó calmar la
situación. Sin embargo, algunos miembros de esos cuerpos se unieron a las protestas y
ofrecieron armas a la población. Otros, en cambio, empezaron a disparar contra los
manifestantes. En solo una semana se contabilizaron 3 500 muertos en todo el país.
Finalmente, el gobierno logró aplastar la revuelta, no sin dificultad.

Días de revuelta

Las revueltas y la consiguiente represión se prolongaron durante tres días. Un grupo


de manifestantes, armados, acudieron al Capitolio Nacional y exigieron a Ospina que
renunciara a la presidencia. Otros grupos se limitaron a quemar todo lo que encontraban. Al
final, la ciudad quedó destrozada. En otras ciudades de Colombia se vivieron jornadas
similares. En muchas de ellas, la furia de la población se dirigió contra las sedes del Partido
Conservador.

Represión del gobierno

Como consecuencia del Bogotazo, el gobierno presidido por Ospina optó por
aumentar la represión. Entre las medidas tomadas destacaron la prohibición de reuniones
públicas y el despido de todos los gobernadores del Partido Liberal. Finalmente, el
Congreso fue clausurado.

Los liberales, en protesta por esas medidas, presentaron su dimisión de todos los
cargos que ocupaban, tanto nacionales como locales. Además, renunciaron a presentar un
candidato a las siguientes elecciones presidenciales. Esto dejó el camino libre para que el
conservador Laureano Gómez alcanzara el poder. Nada más ocupar la presidencia, el nuevo
mandatario tomó una serie de medidas represivas: reducción de las libertades civiles,
abolición de las leyes favorables a los trabajadores, prohibición de los sindicatos e
introducción de censura en la prensa.

La Violencia

El Bogotazo, de acuerdo a la opinión de casi todos los historiadores, marcó el


comienzo de una sangrienta etapa de la historia de Colombia: la Violencia. Este término
designó a una auténtica guerra civil, aunque no declarada, que causó entre 200 000 y 300
000 muertos.

Justo antes de las elecciones de 1949, los liberales planearon tomar el poder por la
fuerza. Sin embargo, sus líderes fueron tiroteados en la capital. La represión desatada por el
gobierno de Laureano Gómez provocó la aparición de numerosas guerrillas por todo el país,
tanto liberales como comunistas. La Violencia se prolongó hasta 1958, cuando los dos
partidos principales llegaron a un acuerdo para repartirse el poder: el Frente Nacional.

¿Que fue y porque se dieron las guerrillas?

La primera de ellas fue la violencia política, que desde el principio pretendió


transformarse en acción revolucionaria, por lo que primo el esfuerzo y la decisión política
de iniciar procesos de construcción de una fuerza militar distinta al Estado para combatirlo,
y disputarle por ende su preponderancia sobre la sociedad y eventualmente suplantarlo.

La segunda causa es de origen social, primando las luchas por la defensa de un


territorio y de una organización social particular que luego se convirtieron y adquirieron las
características de movimientos de autodefensas campesinas que fueron en principio una
respuesta militar a la acción del Estado. Se trató de claros intentos de unir la violencia
política con la comunitaria, o aquella en la cual se oponía una comunidad a un enemigo
calificado como opresor, buscando de esa manera transformarse en acción revolucionaria y
política. Todos estos movimientos tanto ideológicamente como en su accionar militar,
manifestaron una disposición política: el objetivo era suplantar al estado al régimen
político.
Por consiguiente, el origen de las guerrillas contemporáneas en Colombia se
atribuye entre otros aspectos, a la exclusión socioeconómica y a la falta de espacios para la
libre participación política. Entre las guerrillas más notorias de la segunda mitad del siglo
XX, se encuentran las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo
(FARC-EP), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Ejército Popular de Liberación
(EPL) que son considerados de primera generación y los de segunda generación como: el
Movimiento Diecinueve de Abril (M-19), el Movimiento Autodefensa Obrera (ADO), el
MIR-Patria Libre y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Cada movimiento
ha respondido a una concepción política, ideológica y militar reflejo de, toda la gama de
líneas en la que se ha encontrado dividida la izquierda colombiana. Cada uno de estos
movimientos nació en situaciones históricas y regionales particulares y adoptaron idearios
políticos diferenciados y formas particulares de operar. En los primeros años los
movimientos guerrilleros se presentaron como fruto de la frustración política y social.

 Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP)

Las FARC-EP se formó en 1964 como un grupo de autodefensa campesina, de ideología


marxista-leninista y cuya estrategia militar ha sido principalmente la lucha guerrillera. Los
orígenes de este grupo tienen lugar en la primera conferencia del Bloque Sur. Pedro
Antonio Marín Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo, integró las filas de las
autodefensas campesinas liberales en la década de 1950, en un territorio del corregimiento
de Gaitania (Departamento del Tolima) denominado República de Marquetalia. El objetivo
fue crear la guerrilla para representar a la población rural y para constituir un gobierno que
se dedicara a la redistribución del bienestar. En 1982, en la VII Conferencia en la región del
Guayabero (Meta) la guerrilla decidió añadir "Ejército del Pueblo (FARC-EP)" al nombre y
aclaran la concepción operacional táctica y estratégica.

A nivel geográfico este grupo armado ha sido más extenso en las regiones
sudorientales de la selva y en las llanuras de la base de la Cordillera de los Andes. En el año
2000 el movimiento controlaba casi el 40 por ciento del territorio colombiano, con cerca de
12.000 combatientes y en 2007 con 18.000 según las declaraciones de la organización. En
el año 2008, Tirofijo murió a causa de un infarto cardíaco y dejó en el mandato a Alfonso
Cano quien falleció en manos del Ejército en 2011. Actualmente Rodrigo Lodoño
Echeverri, conocido como Timochenko dirige el movimiento y cuenta con cerca de 8.000
integrantes.

 Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN)


El ELN nace en 1965 influenciada por la Revolución Cubana (1959) y la Teología
de la Liberación. Junto con las FARC-EP conforman el denominado foco insurreccional.
Históricamente, el surgimiento de este movimiento tiene que ver con la radicalización de la
lucha de clases a través de la violencia. Ese proceso se entrelaza con la necesidad de
sobrevivencia y la convicción de la imposibilidad de darle una salida por medio de otras
vías a la situación que vive el país. En la actualidad el jefe del ELN es Nicolás Rodríguez
Bautista alias “Gabino” y dispone de cerca de 3.000 combatientes y la base ideológica es
marxista-leninista. El ELN ha tenido presencia mayoritariamente en la zona del Catatumbo,
en la zona Norte de Santander, el sur del Departamento de Bolívar, los departamentos de
Arauca, Cesar, Antioquia, Cauca, Nariño, el Chocó y Valle del Cauca. El objetivo principal
de este grupo armado es la incidencia sobre poderes locales y regionales; portadores de la
propuesta de "doble poder" recogida de la experiencia en El Salvador. El ELN nace con la
influencia de la Revolución Cubana y otras luchas de tipo nacionalista.

 Ejército Popular de Liberación Nacional (EPL)

El Ejército Popular de Liberación Nacional se constituye en 1966 y a diferencia de


los anteriores su ideología es marxista-leninista-maoísta vinculado al Partido Comunista.
Este grupo pasó por un proceso de desmovilización de 2.000 combatientes en 1991. En la
actualidad opera una pequeña disidencia denominada Frente Libardo Mora Toro en el Norte
de Santander.

¿Que fue y porque se creó el M-19?

Movimiento 19 de abril (19 de abril de 1970). Este movimiento colombiano más


conocido como el M-19, se convirtió en una organización político-militar, patriótica, anti
oligárquica, antiimperialista, que cree en los cambios sociales del país, por medio de la
lucha de los obreros, campesinos y trabajadores en general. La intención de esta amplia
lucha es que todos los explotados puedan lograr la destrucción del actual estado
oligárquico, generando con ello, la liberación de la patria y la instauración del socialismo.
El M-19 fue conformado por miembros de la ANAPO, el partido de Rojas Pinilla, y del
Partido Comunista y las Farc. Su creación busca representar la frustración de las masas. Y
su objeto inicial es respaldar por medio de las armas la voluntad popular. En pocas
palabras, el M-19 se presentó como «el brazo armado del pueblo anapista». Luego, este
movimiento comenzó a argumentar que todos los explotados y marginados de Colombia
tenían la necesidad de conformar un grupo armado.
Las elecciones presidenciales de 1970 se realizaron en un clima tenso, por la
agitación social y política, para suceder al mandatario Carlos Lleras Restrepo. La
maquinaria liberal-conservadora, a nombre del Frente Nacional, había escogido a Misael
Pastrana Borrero; era el seguro ganador porque representaba al Gobierno. Pero llegaron
otros candidatos para dañar la fiesta: Gustavo Rojas Pinilla por la ANAPO; Belisario
Betancur, por una coalición de liberales y conservadores disidentes y Evaristo Sourdis, por
un ala del conservatismo. La ANAPO hizo una excelente campaña; los dirigentes lograron
despertar el fervor, el entusiasmo y la pasión, entre los sectores populares de aldeas,
veredas, pueblos y ciudades.

El movimiento Anapista se tomó el país, en medio del frenesí populista de la


“dialéctica de la yuca”. Los sectores tradicionales veían con horror la posibilidad del triunfo
de Rojas y el presidente Lleras Restrepo anotó que “el General recorre el país en compañía
de trúhanes con lenguaje de alcantarilla”. El 19 de abril, día de las elecciones, se veía llegar
el triunfo de Rojas. En horas de la tarde, cuando avanzaban los escrutinios éste ganaba por
más de cien mil votos; el pánico se apoderó de los sectores oficialistas. El ministro de
Gobierno, Carlos Augusto Noriega, ordenó que se suspendiera la transmisión de datos por
radio; la censura se impuso y el pueblo entendió que se estaba cocinando una conspiración.
Los colombianos se acostaron pensando que había ganado Rojas y se despertaron con el
triunfo de Pastrana.

El mismo Rojas no pensaba en la posibilidad de su victoria; solo el día de las


elecciones entendió el poderío de la ANAPO. Como consecuencia impulsó la creación de
una fuerza “capaz de hacerse respetar con las armas en la mano”. En esta coyuntura fueron
apareciendo los creadores del Movimiento 19 de abril: Jaime Bateman, Álvaro Fayad,
Carlos Pizarro, Iván Marino Ospina, Gustavo Arias, Lucho Otero, Israel Santamaría y
Carlos Toledo Plata, entre otros. La salida a la luz del movimiento estuvo precedida de una
ingeniosa y osada campaña publicitaria, en la gran prensa: “Contra las plagas y los
parásitos M-19”. El 17 de enero de 1974 un comando asaltó la Quinta de Bolívar, en
Bogotá, y se llevó una de las espadas del Libertador. Como respuesta explicaron que
“serviría como símbolo en la nueva lucha por la libertad que hemos emprendido”. Ese día
había salido el último aviso: “Hoy llega M-19”. Ni el general Rojas, ni su hija María
Eugenia, sospecharon la dimensión histórica que podía tomar este movimiento político.

Una Guerrilla Diferente.


Este grupo guerrillero irrumpió con mucho vigor en 1974, por su discurso
nacionalista y por su accionar político-militar, con eventos tipo Robín Hood; asaltaban
bancos y repartían mercados en los barrios más populares. Y empezaron a operar en las
ciudades con acciones espectaculares, similares a las de los Tupamaros, como una guerrilla
urbana. Con un discurso novedoso rompió con el esquema marxista tradicional y fue
permeando los grupos de izquierda y los intelectuales; se alejaron del pensamiento anapista
y se instalaron en la acción militar. Las operaciones heroicas, de película, multiplicaron el
prestigio del movimiento. En 1976 un comando secuestró y luego asesinó al presidente de
la CTC, José Raquel Mercado; cuando comenzaba el año 1979 otro comando, a través de
un túnel, irrumpió en la guarnición militar del Cantón Norte de Bogotá, y se apoderó de
más de 1.500 armas; luego, en febrero de 1980, otro grupo se tomó la embajada de
República Dominicana, en Bogotá, acción que aprovecharon para conseguir algunos
recursos económicos y para convocar al diálogo nacional.

El nuevo presidente, Belisario Betancur, ofreció la bandera de la paz, otorgó una


amnistía más amplia, se dio a la tarea de negociar una solución política del conflicto
armado y, en 1984, se firmaron acuerdos de tregua con las FARC, EPL, M-19 y ADO
(Autodefensa Obrera). Esta etapa tuvo un desenlace fatal por los trágicos sucesos ocurridos
en noviembre de 1985, cuando un comando del M-19 asaltó el Palacio de Justicia, en la
Plaza de Bolívar en Bogotá.

Pasó algún tiempo y el M-19 decidió que había llegado la hora para los diálogos de
paz. El 29 de mayo de 1988 un comando secuestró al dirigente conservador Álvaro Gómez
Hurtado, pero fue liberado casi dos meses después, sin ninguna exigencia. Ya se venía
abriendo paso la negociación política, propuesta aceptada por el presidente Virgilio Barco.
En el ambiente de la guerra que desató la mafia contra el Estado se instaló la Mesa de
Trabajo por la Paz y la Reconciliación Nacional. De este modo culminó la acción
guerrillera, el M-19 dejó las armas e inició una nueva etapa en la lucha política.

En ese momento Carlos Pizarro afirmó que había llegado la hora de las grandes
rectificaciones, las que se debían concretar por medio de una nueva Constitución. Un mes y
medio después de firmar el acuerdo, entre el presidente Barco y Pizarro, en la Casa de
Nariño, los enemigos del cambio asesinaron al líder guerrillero, para impedir que la paz se
concretara. El proceso avanzó y el 9 de diciembre de 1990 la Alianza Democrática M-19
alcanzó el 28% de los votos; fue la lista más votada y se realizó la Asamblea Nacional
Constituyente, con tres copresidentes que pensaban muy diferente (Antonio Navarro,
Álvaro Gómez y Horacio Serpa). Así se redactó la nueva Carta Política.
Algunos Actores de este Hecho

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qu e
se dio
la

Toma de la embajada de república dominicana por parte del M-19.?

La toma de la Embajada de República Dominicana se dio en febrero 27 de 1980


más conocida como “Operación Libertad y Democracia.” Con la mayoría de dirigentes
de cuadros en la cárcel, un comando del M-19 ocupó la sede de la Embajada de República
en Bogotá, para denunciar la crisis de Derechos Humanos en Colombia, y exigir la libertad
de 380 presis políticos, además de cincuenta millones de dólares. Ni el comando del M-19
ni el gobierno de Julio César Turbay cedían en su postura: "ni un preso, ni un peso" había
dicho el Presidente en consejo de ministros; y el comando del M-19 en la Embajada había
decretado que no se iba sin liberar a sus compañeros presos. La solución surgió desde la
clandestinidad cuando el jefe del M-19, Jaime Bateman, propuso trascender el hecho de la
toma, con una "propuesta de paz" de tres puntos para una salida negociada al problema de
la guerra en Colombia: amnistía para los presos, derogatoria del Estatuto de Seguridad, y la
realización de un Diálogo nacional en la ciudad de Panamá " para dialogar y buscar
caminos hacía la verdadera democracia en Colombia." Una comisión de Amnistía
Internacional validó las denuncias de detenciones arbitrarias y torturas; el Gobierno
Nacional permitió que otros gobiernos presentaran su concurso para la salida incólume de
los guerrilleros y los embajadores; el gobierno de Cuba se ofreció para recibir a los
miembros del comando guerrillero; y la presencia de la Comisión Latinoamérica de
Derechos Humanos de la OEA fue garante de la salida pactada. Al cabo de 60 días salieron
embajadores y secuestradores, sin un solo preso, en un avión rumbo a la Habana.

A partir de este momento el tema de la paz entró a la agenda pública, fue tema de
debates electorales y bandera de lucha del M-19 en lo que denominó sus "guerras por la
paz" con campañas militares, toma de pueblos y combates, interceptación de señales de
televisión para movilizar la propuesta, intensa de actividad diplomática fuera de Colombia
y acción política de los presos desde las cárceles que se constituyeron en reales sedes
políticas del movimiento.

En el marco anterior, ‘Emilia’, una integrante del grupo guerrillero que participó de
la toma, afirmaría años después que ese acto fue una respuesta a la represión de la protesta
social en Colombia, a la persecución a los intelectuales de izquierda y que el objetivo era
cuestionar el sentido de la democracia colombiana visibilizando ante el mundo lo que ellos
llamaban violaciones a los derechos humanos.

La vida quedó detenida durante 61 días para los guerrilleros y rehenes que allí se
encontraban y dependía de las negociaciones que se libraron durante varias horas en una
camioneta amarilla en la que representantes del gobierno y M-19 pactaron un acuerdo.
Carmenza Cardona Londoño, guerrillera conocida como ‘La Chiqui’ fue designada por el
grupo guerrillero para las negociaciones con el gobierno.

¿Que fue y porque se dio la toma del palacio de justicia?

La primera toma de ese fatídico 6 de noviembre de 1985 fue hecha en nombre de la


democracia, pues el ataque del M-19 se llamaba “Operación Antonio Nariño por los
Derechos del Hombre”. Esa agrupación planteaba presentar una “demanda armada” para
que la Corte Suprema juzgara al presidente Betancur por el incumplimiento de los acuerdos
de paz que el Gobierno y el grupo guerrillero habían firmado en agosto de 1984, conocido
como “Acuerdo de Tregua y Dialogo Nacional."
El miércoles 6 de noviembre de 1985 a las 11:30 de la mañana un comando del
movimiento 19 de abril, M-19, llevó a cabo la toma del Palacio de Justicia.

28 guerrilleros del Comando 'Iván Marino Ospina', bajo el mando de Luis Otero y
Andrés Almarales llevaron a cabo la operación “Antonio Nariño por los derechos del
hombre”, ingresaron a las instalaciones del edificio ubicado en el costado norte de la Plaza
de Bolívar en Bogotá y retuvieron a varias personas que en ese momento se encontraban al
interior del lugar.

La operación realizada por el M-19 buscaba hacer un juicio público al gobierno por
haber incumplido el cese al fuego con las organizaciones guerrilleras, sin embargo, durante
el transcurso de las siguientes 27 horas el país fue testigo de uno de los episodios más
oscuros de su reciente historia, que la Corte Penal Internacional ha considerado una
masacre.

La toma del palacio había sido anunciada. Los guerrilleros entraron por uno de los
sótanos, dispararon contra dos vigilantes e hirieron a un policía que se encontraba cerca,
rápidamente lograron el control del primer piso, se atrincheraron y empezaron a gritar
consignas. En las afueras del lugar la policía y el ejército se ubicaron en las edificaciones
cercanas.

El día de la toma, los guerrilleros entraron por uno de los sótanos, dispararon contra
dos vigilantes e hirieron a un policía que se encontraba cerca, así rápidamente lograron el
control del primer piso. En las afueras del lugar la policía y el ejército empezaban a
ubicarse en las edificaciones cercanas. Pasadas apenas unas horas ya había tanques
estacionados en los costados del edificio. Primero intentaron ingresar al sótano, donde se
libraron los primeros enfrentamientos. Después se dio la orden de que los tanques entraran
por el frente del edificio, lo que obligó a los guerrilleros a trasladarse a los pisos superiores
junto con los rehenes. La comunicación entre los rehenes, entre quienes estaban varios
magistrados y el presidente de la corte Reyes Echandía, y el gobierno no fue posible.

Los combates continuaron hasta entrada la noche. Los bomberos intentaron apagar
el fuego, pero su labor no dio frutos. Desde adentro del edificio los rehenes intentaban
apagar el incendio. Al final de la madrugada algunos retenidos fueron rescatados y
conducidos a instalaciones militares, como la Casa del Florero, lugar donde se ubicó el
comando del ejército, o al hospital militar.
En la mañana del 7 de noviembre al interior del Palacio continuaban las
explosiones, y se presume que para esa hora varios rehenes ya habían muerto. El saldo final
fue de 98 personas asesinadas y 11 personas desaparecidas. Algunos testimonios
registrados por periodistas como Alfredo Molano indican que ningún cadáver tenía disparos
de los fusiles de la guerrilla y la justicia ha comprobado que varias personas que aún hoy
permanecen desaparecidas salieron con vida de la edificación.

Hasta el momento permanecen 5 personas desaparecidas, mientras algunas otras han


sido plenamente identificadas, lo que constituye un paso en el camino del esclarecimiento
de los asesinatos de muchos trabajadores, visitantes e incluso magistrados. Los
desaparecidos son un testimonio de la barbarie con la que se llevó a cabo la retoma. Esa
misma noche al país se le obligó a ver un partido de fútbol por televisión nacional,
ocultando el asesinato de decenas de colombianos.

La Comisión de la Verdad, creada en el 2005 por ex-magistrados de la Corte


Constitucional, estableció como responsables del holocausto de Palacio al M-19, al
entonces presidente Belisario Betancur y al Ejército de Colombia.
Referencias

http://ecsbdefesa.com.br/defesa/fts/HGC.pdf

https://verdadabierta.com/el-origen-1953-1964/

http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2013/bastaYa/basta-ya-
colombia-memorias-de-guerra-y-dignidad-2016.pdf

https://www.cidob.org/publicaciones/documentacion/dossiers/dossier_proceso_de_paz_en_colo
mbia/dossier_proceso_de_paz_en_colombia/conflicto_en_colombia_antecedentes_historicos_y_
actores

https://historia-biografia.com/historia-del-movimiento-19-de-abril-m19/

http://www.eje21.com.co/2015/03/el-surgimiento-del-m-19/

https://hera.ugr.es/tesisugr/25958331.pdf

http://www.cedema.org/uploads/Bateman_esta_vivo.pdf

https://www.semana.com/nacion/conflicto-armado/articulo/hace-30-anos-m-19-tomo-
embajada/113618-3

https://rufianrevista.org/operacionlibertad/

http://archivobogota.secretariageneral.gov.co/tour360/toma-del-palacio-justicia

https://canaltrece.com.co/noticias/colombia-seguridad-redes-sociales-celular/

https://www.lifeder.com/bogotazo-causas-consecuencias/

https://rebelion.org/1928-masacre-en-la-zona-bananera-del-magdalena/