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UNLP Cammarano, Aylen

Facultad de Artes 81832/0


Identidad, Estado y Sociedad Diseño Multimedial
Profesora: Andrea Ruzzi

Peronismo, Resistencia y Revolución

A modo de introducción
El 16 de septiembre de 1955 se produjo el golpe que derroco al Presidente Juan
Domingo Perón, hecho histórico que ha sido abordado desde muy diversas perspectivas
innumerables veces.
Tras suceder el quiebre institucional, los militares pusieron en práctica una serie de
acciones destinadas a borrar de la sociedad toda señal del “régimen depuesto”. Poco
sirvieron las palabras “Ni vencedores ni vencidos”, ya que el gobierno de facto en su
accionar inmediato incluyo fusilamientos, persecuciones y proscripción política destinados
a todos los seguidores del líder apartado. La aparición del Decreto N° 4161 significo el punto
de partida del proceso de “desperonización”, de toda la sociedad. Así la sociedad se dividió,
aún más, entre peronistas y antiperonistas. Los primeros decidieron organizarse para luchar
por sus ideas y el regreso de su líder en el exilio y así nació la llamada “Resistencia
Peronista”.
En este ensayo, decidí enfocarme en analizar cómo se dio ese proceso de
desperonización y describir la génesis del movimiento de resistencia que enfrentaría al
poder de facto durante largo tiempo, como también decidí vincularlo con los aportes del
sociólogo Norberto Elías.
Desperonización y “des-civilización”
Norberto Elías, especialmente en su obra “El Proceso de la Civilización”, generó
ciertas claves interpretativas para comprender el mundo o, mejor dicho, su sociedad. Es
decir, explicó el sentido de ciertas transformaciones, que se van produciendo. Un ejemplo
de esto fue la idea de “proceso”, en donde Elías sostiene que una serie de cambios, que
incluyen las estructuras sociales y las configuraciones familiares, además de las
contradicciones entre los procesos de socialización y la construcción de subjetividad, entre
otras cuestiones, pueden visualizarse mejor y ser comprendidos si se los sitúa en un
horizonte de largo plazo. Según Elías esto se da en un contexto histórico, no existe en el
vacío, hay antecedentes y nunca se producen aislados. También agregó que acecha a
quien intenta entender los procesos, lo que denomina “malentendidos “, entre los que
distinguió dos, el “voluntarista” y el “naturalista”. Entendiéndose por el primero que el
cambio social producido se logra porque una serie de hombres lo planean conscientemente
y lo llevan a cabo. Estos hombres lógicamente estarían dotados de capacidades especiales
y por supuesto detentan poder. Contra este supuesto asegura que se construyó, el otro
malentendido, que consiste en sostener que los cambios sociales siguen leyes naturales, o
sea que ocurren sin intención ni voluntad de los seres humanos. Se darían así una serie de
etapas inevitables y predeterminadas en donde las cosas van ocurriendo. Pero cualquiera
de las dos formas de entender los cambios que se producen conduce a un reduccionismo.
Desde esta mirada, el proceso de “desperonización”, propuesto por los militares
triunfantes en 1955, puede considerarse como un momento de des-civilización. La
civilización es vista como un proceso que supone que tanto la conducta como las emociones
se van progresivamente controlando mientras se constituyen monopolios de la violencia y
se acrecienta la diferenciación social, la especialización funcional y la interdependencia.
Recurriendo al autor citado, se extiende con lo siguiente:
“Civilización y descivilización son el resultado contingente de la contraposición entre fuerzas
socialmente integradoras y desintegradoras. Esta contraposición, dinámica y cambiante,
determina que la civilización o la des-civilización no sean categorías estáticas, sino móviles;
que no sean esencialmente permanentes, sino transitorias. Teniendo esto presente y
abundando en ese sentido técnico propio de los conceptos sociológicos, lo opuesto a la
civilización no sería la barbarie- término de cariz valorativo negativo— sino la des-
civilización”.
Entonces cuando se habla de estos procesos se hace alusión a fuerzas que, desde
el punto de vista social, integran o desintegran, sin permanecer ni estáticas ni permanentes.
Desde allí se pensó que nuestra sociedad vivió un periodo claramente des-civilizatorio
donde miles de personas fueron víctimas de diferentes formas de violencia, generada desde
el estado tomando a la fuerza y donde fueron desintegrados sus grupos de pertenencia.
Es evidente que nada de esto se produjo en el aire, sino que se dio en un contexto
histórico, en donde la unidad de los militares golpistas no duro nada, Lonardi fue desplazado
y el sector más antiperonista y opuesto a cualquier tipo de acuerdo con el sector vencido
ocupo el poder. Sin embargo, coincidían con la idea de “desperonizar” a la sociedad,
recurriendo a la prohibición de todo símbolo, costumbre, referencia y, si se hubiera podido,
al pensamiento, que tuviera que ver con el peronismo, sus líderes y referentes. Pensaban
que había que conducir y reducar las masas, que habían sido “engañadas” y que sin Perón
y sin los favores estatales, irían renegando de todo eso. Además, todo esto se proponían
de hacerlo mientras “ordenaban” social, política y económicamente a todo el país.
La autodenomina “Revolución Libertadora” coincidía con las tendencias políticas de
Occidente, y su lucha contra el comunismo y en lo económico al asociarse al FMI, aceptaba
la aplicación de políticas económicas ortodoxas, que luego rigieron durante muchísimos
años y llegaron a considerarse como las únicas posibles.
Obviamente el análisis realizado por los golpistas, fue simplista o unilateral o
realizado desde una especie de soberbia intelectual que desconoció, entre otras
cuestiones, la “identidad peronista” que muchos habían adquirido en los años anteriores y
que entre otras características incluía el sentirse “trabajador con derechos”. Esto los
enfrentaba a empresarios que pretendían disminuir su participación en el ingreso nacional,
elevar la productividad mediante un reordenamiento de las condiciones laborales,
restringiendo el poder sindical y por supuesto el alcanzado por los mismos trabajadores. En
síntesis, el obrero debía, para ellos, trabajar más, ganar menos, y hacerlo sin protestar, por
lo que ocurriera en las fábricas.
A los hombres de la “Revolución Libertadora”, no solo les resulto difícil imponer sus
ideas sobre la “desperonización” sino que los violentados por estas políticas, generaron la
“Resistencia peronista” para enfrentarlos. La resistencia constituyo una respuesta a la
represión y al hostigamiento de los obreros en sus sitios de trabajo, a lo que se sumó el
fusilamiento del General Valle, la matanza en los basurales de José León Suarez y la
persecución a los militantes peronistas. Esta implico muchas acciones que abarcaron desde
cuestiones sencillas como pronunciar los nombres prohibidos del “General” o “Evita” al
sacar un boleto, como pintar letreros o cantar la marcha peronista, participar en cuestiones
organizadas asistiendo a reuniones políticas. En definitiva, debe entenderse como
Resistencia a todas aquellas acciones insurreccionales, propagandísticas y de sabotaje que
caracterizaron el movimiento conformado por el comando clandestino de obreros. Sin
olvidar, que el nivel de violencia por parte de la oposición, hacía pensar que ya era dirigido
no solo a los peronistas, sino directamente a la clase trabajadora.
A modo de conclusión
La historia nacional muestra claramente como se ha vivido en medio de fuertes
tensiones entre grupos que defendieron la democracia y dentro de ella las conquistas
logradas y otros, que violaron sistemáticamente la constitución nacional, primer acuerdo
básico para la convivencia de esta sociedad, apoderándose del gobierno y sometiendo a la
sociedad a múltiples formas de violencia, que fueron respondidas de igual manera y con las
armas de las que pudieron disponer los desplazados. Es decir, se considera a estas etapas
de involución y violencia como parte de un proceso descivilizatorio en la concepción de
Norberto Elías.
Bibliografía

1. Norberto Elías (1939). “El proceso de civilización”

2. Mural.uv. El proceso de civilización, Norberto Elías.


http://mural.uv.es/juasajua/procesocivilizacion.htm
3. Gerchunoff, P. (2002). «De la bonanza peronista a la crisis de desarrollo», en Juan
Carlos Torre (direc.), Nueva Historia Argentina, Barcelona, Sudamericana, Tomo
VIII.

4. Baschetti, R. (2013). La violencia oligárquica antiperonista entre 1951 y 1964,


Buenos Aires, Corregidor.

5. Caraballo, L., Charlier, N., Garulli, L. Documentos de la historia argentina (1955-


1976). Buenos Aires, Eudeba, 1ª reimpresión 1999.

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