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UNIVERSIDAD DE CIENCIAS
Y ARTES DE CHIAPAS
FACULTAD DE ARTES
LICENCIATURA EN ARTES VISUALES

HISTORIA Y TEORÍA DE LAS ARTES


VISUALES: MÉXICO PREHISPÁNICO

PROF. ROMINA CHANG MONTES

ENSAYO:

EL JAGUAR: ESENCIA MÍTICA

ALUMNA:
GÓMEZ ÁLVAREZ BÁRBARA BELÉN

TUXTLA GUTIÉRREZ, CHIAPAS


26 DE MARZO DE 2020.
EL JAGUAR:
ESENCIA MÍTICA

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EL JAGUAR: ESENCIA MÍTICA DE LA CULTURA CHIAPANECA
El jaguar es uno de los emblemas más importantes, no nada más de la cultura
maya, sino de todas las de Mesoamérica. Lo encontramos presente desde las
primeras representaciones plásticas de la cultura Olmeca hasta la actualidad:
en los cuentos, leyendas y tradiciones locales.

Gobernantes, guerreros y sacerdotes veneraban a este felino, no sólo por ser


el depredador más grande de América, sino por una serie de rasgos distintivos
relacionados con la naturaleza, particularmente el día y la noche. Se creía que
no sólo formaba parte del mito de la creación sino también que los reyes y
nobles descendían de él.

La doctora, María del Carmen Valverde Valdés, autora del libro “Balam: el
jaguar a través de los tiempos y los espacios del universo maya”, señala que el
jaguar es un felino nocturno y crepuscular, por eso está relacionado con la
noche, el inframundo y el sol nocturno, que es cuando el astro en su tránsito
por la bóveda celeste atraviesa el inframundo.

Su fuerza y cualidades son algunos motivos que facilitaron la incorporación del


jaguar como un ser sagrado en el universo simbólico de las culturas
mesoamericanas.

Desde la época prehispánica, en las culturas Mesoamericanas aparece


representado el jaguar como deidad, es decir que, para nahuas, olmecas y
mayas, este felino era considerado un dios, un símbolo sagrado. El dios Jaguar
será pues, dios de la Lluvia y del Maíz, que, a lo largo del tiempo para otras
culturas como la Teotihuacana, adoptará el nombre de Tlaloc (dios de la lluvia)
y este será de gran importancia, ya que, para cultura teotihuacana, el agua se
veía como una bendición de los dioses.

Esta deidad es representada desde la antigua Mesoamérica, en figurillas de


barro, figuras que tienen características de nuestros antepasados indígenas y
características de este majestuoso animal, tales como los ojos rasgados y sus
grandes colmillos.

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Para la cultura teotihuacana, el culto al jaguar se manifestó de forma magistral,
uno de sus mayores ejemplos es la escultura monolítica de la diosa jaguar,
Chalchiuhtlicue, compañera de Tlaloc, y diosa de lagos, lagunas y ríos. Torno a
esta cultura, se han descubierto máscaras, estas usadas para rituales y también
como amuleto funerario. Las máscaras eran parte de rituales y están
íntimamente ligadas con el culto a los muertos.

Algunos centros ceremoniales de Mesoamérica asociaban al jaguar con otros


animales como la serpiente, para realizar ofrendas en sus rituales. Otra
muestra de la importancia que representa el jaguar para la sociedad
prehispánica era la realización de sus prácticas mágico-religiosas.

El jaguar, al igual que la serpiente, son símbolos que entrelazan y relacionan al


hombre con la tierra, inframundo, la fertilidad y la vida. Era tal la importancia
del jaguar en el área maya que muchas ciudades precolombinas hacían alusión
al animal en sus edificios y su toponimia, tal es el caso Ek Balam (“jaguar negro”
o “estrella jaguar”, zona arqueológica maya en Yucatán) es una de las pocas
ciudades que conserva su nombre prehispánico, pero no es la única que hacía
alusión al felino.

En el libro El Jaguar en el Nuevo Milenio de Rodrigo A. Medellín, dice que “el


Jaguar (o conocido también por su nombre científico, pantera Onca) es muy
importante en el Estado de Chiapas. En la cultura Maya el jaguar era
denominado Balam o Chac y era símbolo de poder.” La gente que utilizaba
vestimenta de jaguar poseía autoridad en la sociedad, por lo general
representada en los códices. Existen mitos que dicen que el dios del Sol se
transformaba en jaguar para poder viajar durante la noche por el mundo de
los muertos. La piel moteada de este bello felino representa las estrellas. Así
también identifican al jaguar con el número nueve, simbólico número de los
sitios del inframundo. El dios felino es así “Señor de lo de abajo”. Es también
la tierra que, con sus fauces abiertas, devora al sol entre las extenuadas luces
del crepúsculo (Gamero, 1978).

Para los mayas extender una piel de jaguar es como extender el cielo de una
noche constelada. El tigre o jaguar que ha jugado un papel sumamente
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preponderante en muchas culturas tradicionales de Chiapas es uno de los
personajes principales en las danzas de varios grupos étnicos; como la del
Gigante, o danza del Calalá, que se lleva a cabo en el municipio de Suchiapa, el
jueves de Corpus Christi (Gamero, 1978).

A través de diversas manifestaciones culturales la memoria de la población


indígena es dominada por la poderosa figura del jaguar. Como lo señala en su
texto el Popol Vuh, “jaguares, son los antepasados comunes de todos aquellos
individuos asociados a las esferas del poder”. Los gobernantes necesitaban
distinguirse del resto de la población y para mostrar su origen felino
practicaron en sus descendientes la deformación craneana que evidencia su
cercanía al jaguar.

Si comparamos un cráneo de jaguar con uno humano que presente este tipo
de alteración, observamos la correspondencia y la gran semejanza que existe
entre ambos (ídem). Con este tipo de modificación, el individuo se
transformaba físicamente en felino, demostrando la directa relación con el
jaguar como ancestro y la pertenencia al linaje de los guerreros o de los
gobernantes.

Por la importancia que representa este felino en el estado de Chiapas, el


Museo Regional, situado en las inmediaciones del Teatro Emilio Rabasa de
Tuxtla Gutiérrez, mantiene abiertas las puertas de su sala de exposiciones
permanentes, donde alberga la muestra El jaguar prehispánico: huellas de lo
divino, para todo el público que desee disfrutar de la interesante recopilación
de piezas arqueológicas que representan al jaguar en diferentes formas.

A través de esta muestra puede constatarse la esencia mítica que el jaguar


manifiesta en objetos que acompañaban a los dignatarios en sus entierros;
algunas de sus representaciones aparecen en instrumentos musicales,
incensarios y sahumadores que, junto con las esculturas de piedra, utensilios,
recipientes, máscaras y figurillas olmecas, integran una importante colección
de vestigios arqueológicos del felino sagrado (otra de las cosas que el Autor
Rodrigo A. Medellín fomentó, es que el jaguar se consideraba como el felino
sagrado para culturas prehispánicas).
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BIBLIOGRAFÍA

Álvarez del Toro, M. (1991). Los mamiferos de Chiapas 2da edición.


Aranda, M. (1981). Rastros de los mamíferos silvestres de México.
Gamero. (1978). Mamíferos de mis tierras. D.C. Honduras: Talleres
litográficos de López y García.
Gendrop, P. (2004). Arte Prehispanico en Mesoamérica. México: Trillas.
p. (s.f.).

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