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UNIVERSIDAD INCA GARCILASO DE LA VEGA

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN, TURISMO Y


HOTELERÍA
Escuela de Turismo y Hotelería
CARRERA DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN

PRODUCCIÓN DE MEDIOS INFORMATIVOS AUDIOVISUALES

PRÁCTICA 2

NOMBRE DEL ALUMNO(A): WENDY MARIA AMANZO PINZAS


Fecha:20 mayo.

Presentar en formato PDF, en un mínimo de 3 hojas, Arial de 11 puntos, con 5


referencias bibliográficas:
1.- Presentar un ejemplo de un Programa de Tv informativo sobre temas
de ciencia o divulgación de la ciencia nacional o internacional (México,
España, Chile, un otros). 5p.

Órbita Laika ha terminado su segunda temporada en La 2, de Televisión Española.


ADN Max ha desaparecido de Discovery MAX y Cosmos sigue su emisión sin pena ni
gloria en Neox, de Antena 3. Ninguno de los tres programas ha sido un éxito de crítica
ni de público.

¿Qué es un éxito en televisión?

Se considera así a cualquier programa con datos de audiencia superiores a la media


de la cadena. A más porcentaje de audiencia, más rating, más éxito. Estadísticamente,
significa que más gente ha visto el programa, que es “más popular”. Este éxito
medido cuantitativamente no garantiza la calidad del producto. No pondré ejemplos,
pero todos sabemos de programas de televisión espantosos que cuantitativamente
son un éxito.

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Existe otro tipo de éxito televisivo: un formato de televisión de calidad. Un producto
meditado, pensado, repensado y realizado con un estándar de calidad muy alto. Un
formato, la mayoría de las veces original, que se crea de la nada para cubrir un hueco
que no se había sabido cómo llenar. Me refiero a un espacio vacío en la comunicación
que muy probablemente nadie hasta entonces había visto y pensado en cubrir, o que
se había cubierto de manera ineficaz.

Lamentablemente, un programa de calidad no siempre garantiza un éxito de


audiencia. Digo lamentablemente porque, como la televisión se rige por una fe en la
medición de audiencias, la falta de un respaldo cuantitativo puede comprometer, y de
hecho compromete, la continuidad de programas de muy alta calidad.

Los programas de ciencia no han tenido un respaldo de audiencia y tampoco, a pesar


de las buenas intenciones, han sido formatos logrados. ¿Por qué no ha funcionado la
ciencia en televisión?

En mi opinión, como espectadora no científica y como profesional de la televisión,


diversos factores.

El primero y más importante es que nos enfrentamos a un mundo nuevo e


inexplorado, un “hueco” como el que describía anteriormente. Tras años y años de
desarrollarse apartada del gran público, la ciencia ha saltado a los medios de
comunicación por pura necesidad vital. Ante el peligro de enfrentarse a su
desaparición en medio de la más absoluta indiferencia por parte de la sociedad, la
ciencia y los científicos optaron (con buen criterio) por salir de sus guaridas, y
laboratorios para comunicar su trabajo y la importancia del mismo para la sociedad.
Han salido de su espacio y han comenzado a presentarse en los medios. Ha sido una
estrategia de invasión que va teniendo gradualmente su impacto en la sociedad;
difícil de cuantificar, como ya expliqué en otro post.

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La televisión es el último territorio que la ciencia ha intentado explorar. Existe, como
dije, un hueco, un espacio televisivo para la divulgación, pero el problema es que no
sabemos cómo hacerla. Hasta ahora hemos tenido intentos bien intencionados,
trabajados y entusiastas; pero fallidos. No importa: para tener éxito primero hay que
intentarlo… y fracasar muchas veces. Pero antes de reintentarlo hay que analizar qué
ha fallado.

El lenguaje televisivo ha cambiado con el tiempo. Marshal Mcluhan teorizó que la


irrupción de nuevos medios de comunicación altera el statu quo de la sociedad y de
los medios ya existentes, permitiendo nuevas formas de comunicación. Internet
reinventa culturalmente a la humanidad y nos obliga, y permite, a interactuar de
manera distinta, cambiando el uso de los medios que ya teníamos.

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En los años 60, 70 y 80, grandes series documentales sobre ciencia fueron un éxito
televisivo, tanto en cantidad como en calidad. Un científico con porte, pero no
necesariamente atractivo, hacia calmadas y premiosas presentaciones de la materia
que, después, una voz en off explicaba pormenorizadamente. Un formato novedoso
entonces, que sin embargo hoy le resulta lento y fatigoso al espectador.

Internet ha obligado a todos los medios, no solo a la televisión, a adaptarse a la


rapidez, a captar la atención en menos de 20 segundos y a utilizar un ritmo narrativo
menos pausado. Contra lo que algunos piensen, esto no es malo; sencillamente, hay
que aprender a manejarlo.

Y por ahora no sabemos hacerlo. Los intentos de hacer ciencia en televisión han
pasado por trasladar a la pequeña pantalla ideas, temas y personas que funcionan en
la red; y no funciona. Ocurre lo mismo con los famosos you tubers o las producciones
hechas para la red con millones de visitas online. En la televisión no funcionan. ¿Son
malas? No, sencillamente no se puede hacer Internet en la televisión, como no se
puede hacer televisión en la radio, ni radio en un periódico.

Cada medio tiene su lenguaje, ritmo y su experiencia para el público. Es distinto ir al


cine que ver una película en el sofá. El mensaje es el mismo, pero la experiencia
cambia. Tenemos que encontrar la manera de que la ciencia, el mensaje, se adapte al
lenguaje, el ritmo y la experiencia de la televisión.

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Para hacer un buen programa de
televisión hay que tener algunas ideas claras:

(1) Conocer el medio y acercarse a él con respeto, sin menospreciar el poder de la


televisión y su alcance. Es una posición elitista que solo perjudica a la divulgación
científica. La falta de respeto a la televisión se debe a la ignorancia. Nos creemos que
porque todos sabemos ver televisión, y decidir si algo nos gusta, todos (o casi)
podemos salir en pantalla o hacer un programa de televisión. Es una creencia
absurda: como pensar que los sabemos leer podemos escribir un buen libro.

(2) Preguntar a los profesionales del medio. Asistimos cada día a pequeñas “trifulcas”
entre científicos y periodistas a cuenta de quién debe divulgar, si el investigador o el
comunicador, pero todos creen que saben hacer televisión.

(3) Ser conscientes de las capacidades propias. Podemos ser fabulosos divulgadores
en la red, en otros medios, pero no servir para la pantalla de televisión. Sé de primera
mano que salir en televisión es muy atractivo, pero poner en pantalla, como caras de
la ciencia, a gente maravillosa en otra faceta, pero nefasta en televisión, repercute
muy negativamente en la campaña para que la ciencia sea atractiva para el público.
(Recordemos que un periodista con más de 30 años de experiencia en radio, un
referente en ese medio, fracasó como presentador de un informativo en televisión).

(4) Respetar al público del medio. Y hay que mostrarlo tanto en la intencionalidad del
proyecto como en la ejecución y la valoración de la repercusión del programa. Las
redes sociales han de manejarse con cuidado. Las expresiones irrespetuosas a los
televidentes que han decidido no seguir el programa dan una imagen muy negativa de
la ciencia. Nadie dice “Voy a dar una charla, los asistentes a charlas son idiotas”. ¿Por
qué se dice eso del público que ve televisión? En cuanto a la valoración de la calidad,
la repercusión y el éxito cualitativo del programa no lo deben hacer los científicos,
que tienden a estar muy sesgados en sus apreciaciones.

(5) Definir claramente qué publico se desea. ¿Nos dirigimos al gran público o
preferimos un programa para científicos? Probablemente un programa de ciencia
para el gran público no interese a los científicos, lo que no significa que no sea un
buen formato de televisión.

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(6) Tener expectativas realistas en cuanto a la repercusión cuantitativa. Conseguir
audiencias millonarias con la divulgación científica, o con cualquier programa
cultural, es casi imposible. La competencia es atroz, el modo de ver televisión ha
cambiado y todos intentamos encontrar la manera de manejar la nueva situación.
Hay que ser realista en cuanto a los posibles horarios de programación de nuestro
producto y el alcance que va a tener.

En cualquier caso, es un camino nuevo para la televisión y la ciencia: hay que probar
mil cosas y fracasar en unas cuantas; saber lo que no se ha hecho bien, lo que no
funciona; coordinar los esfuerzos de todos los implicados; dejar de lado
protagonismos; ser conscientes de lo que cada uno puede aportar y apostar por un
trabajo que sea un éxito cualitativo.

Creo sinceramente que con la ciencia se puede hacer grandes cosas en televisión.
Aprendamos cómo.

2.- Elaborar un esquema de Programa informativo para Tv o para redes


que informe sobre ciencia, tecnología de forma sencilla con lenguaje de
divulgación. Ponerle un nombre. 15p.