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CONCEPTUALIZACION:

Las prestaciones de negociar y aconsejar que el abogado realiza en favor de su


cliente en el desempeño de su profesión constituyen una actividad
preferentemente intelectual, a través de la cual el letrado pone a disposición del
lego su conocimiento jurídico con el objeto de que éste pueda realizar su actividad,
generalmente económica, del mejor modo.
Se trata por tanto de una obligación de hacer en que predomina la inteligencia por
sobre el esfuerzo físico y que, por tanto, la relación entre el abogado y su cliente
se debe basar en la confianza plena de que el abogado defensor de la justicia
llevara su caso de manera idónea y transparente.

CARACTERISTICAS DE LA RELACION DEL ABOGADO y CLIENTE

A) No implica una obligación de resultados, sino una obligación de medios:


Efectivamente, el Abogado no está obligado a ganar el pleito, a conseguir el
resultado buscado por el cliente, sino a hacer todo lo que esté en su mano para
que lo consiga. El Abogado devenga sus honorarios por hacer bien su trabajo en
pro del cliente. Consecuentemente, ha de percibir sus honorarios con
independencia del resultado de la Sentencia, salvo pacto e contrario. En este
sentido, el buen Abogado no es tanto el que cosecha muchas Sentencias a su
favor, sino el que hace todo lo posible dentro de sus posibilidades legales, para
que la Sentencia sea dictada en favor de su cliente.

B) Respeto a la lex artis (reglas del oficio):


Se trata del exacto y cumplido conocimiento que ha de tener el Abogado de la
materia que trata de un determinado cliente. No es posible saber de todo, de todas
las ramas del Derecho. Por eso, cada vez más predomina la especialización, pero
sin el desconocimiento de las otras ramas del Derecho aunque sea someramente,
porque, en definitiva, todo está conectado entre sí.
C) Deber de información y consejo de mejor vía para la defensa de sus
intereses
El cliente ha de estar permanentemente informado de cómo marcha su asunto, de
las gestiones efectuadas, de los resultados parciales obtenidos, de las propuestas
realizadas por los contrarios, y…lo más importante, de las decisiones que sobre el
cliente haya adoptado un órgano judicial concreto (pensemos en la jurisdicción
penal, en la que las decisiones del Juzgado tienen relevancia económica y
personal). Este cambio constante de información refuerza la relación abogado-
cliente y aparta del horizonte malentendidos que pudieran enturbiar la misma,
porque refuerza en el cliente la idea de que alguien se está preocupando por sus
intereses. Por otro lado, la propuesta de qué vía de defensa se va a adoptar
también es positivo el comentarlo abiertamente, así como las razones por las que
se escoge una y no otra. Si el Abogado tiene claro el camino a tomar, el cliente
hará más tranquilo ese viaje. Un ejemplo concreto sobre este particular, es aquel
relativo a la adopción de una concreta acción civil de determinada cuantía frente a
un posible demandado, pues el cliente ha de ser consciente de que, en caso de
desestimación de su demanda, las costas pueden serle impuestas en la Sentencia
que desestime sus pretensiones, la cuantía de las mismas y la probabilidad de que
ello ocurra.

D) Fidelidad en la conducta del Abogado que se manifiesta en:


Deber de ejecución óptima del servicio contratado, que presupone la adecuada
preparación profesional y supone el cumplimiento correcto; de ello se desprende
que, si no se ejecuta o se hace incorrectamente, se produce el incumplimiento
total o el cumplimiento defectuoso de la obligación que corresponde al profesional.
Incumplimiento total o cumplimiento defectuoso que da lugar a la obligación de
resarcir los daños y perjuicios que en ellos traigan su causa.
OBLIGACIONES TIENE UN ABOGADO CON SU CLIENTE

- El abogado debe comunicarte su opinión profesional sobre el caso que le


plantees, su viabilidad, las posibilidades de éxito, las posibles
consecuencias y, de forma aproximada, los costes en los que incurrirías.
- Debe informarte, antes de iniciar su actuación o durante la misma, acerca
de todas aquellas situaciones que pueden afectar a su independencia,
como relaciones familiares o de amistad con la parte contraria.
- No debe aceptar un asunto para el que no esté capacitado en función de
sus conocimientos, pues ello iría en contra de tus intereses.
- No puede condicionar la devolución de la documentación que le hubieres
entregado al cobro de los honorarios que le adeudes.
- En los casos en los que el abogado renuncie a seguir representando tus
intereses, deberá realizar cuantos actos sean necesarios para preservar tus
derechos en un procedimiento.
- El abogado no puede aceptar la defensa de intereses contrapuestos a los
que esté defendiendo.
- El abogado debe ser independiente para garantizar que la defensa de los
intereses de su cliente se realice con objetividad.
Recuerda tener en cuenta todo lo anotado en este post de cara a la relación
profesional futura que mantengas con tu abogado.

MALAS PRACTICAS LLEVADAS ACABO PÓR EL ABOGADO

Ahora bien, hay actuaciones que llevadas a cabo por el abogado pueden poner en
peligro la necesaria relación de confianza con el cliente.
1.- El no guardar el debido secreto profesional:
el Código Deontológico nos dice que: "el abogado no podrá acepar encargos
profesionales que impliquen actuaciones contra de un anterior cliente, cuando
exista el riesgo de que el secreto de las informaciones obtenidas en relación con el
antiguo cliente pueda ser violado, o que de ellas pudiera resultar beneficio para el
nuevo cliente". Veamos que tan solo "el riesgo" de que el secreto de las
informaciones de un anterior cliente pueda ser violado, ya es de por sí una
infracción sancionable como grave por los Colegios Profesionales a través de su
Comisión Deontológica.
2.-La falta de la debida diligencia:
Se trata de la realización extemporánea de acciones por causa imputable al
abogado, o cualquier actuación que procesalmente sea inviable de forma
indiscutible, en las que no cabe ampararse en los principios de libertad de
defensa.
3.- El "autocobro" de honorarios sin autorización del cliente.
Es el caso del abogado que aprovechando un cobro o cantidad de dinero
obtenida para su cliente, descuenta de ello sus honorarios directamente sin
conocimiento de su cliente. Hay que tener en cuenta de que no se trata de la
figura de la compensación
4.- Las faltas de respeto al cliente.
El abogado ha de cuidar el trato con el cliente, siendo consciente de que el cliente
pueda adolecer de la necesaria preparación para entender de los complicados
pasos judiciales que se le exponen.
5.- La reiterada desatención al cliente.
Consiste en la situación en la que al cliente le es imposible contactar con su
abogado, no ya telefónicamente, sino porque cada vez que acude al despacho se
le informa que se encuentra "reunido". Y las notas o avisos no sirven para que el
abogado le atienda. En esta situación, el cliente percibe una situación de tácito
rechazo que le da a entender que su asunto no es atendido o no hay interés en él.
Por ello, para evitar estos malentendidos que pueden darse aún en las mejores de
las relaciones abogado-cliente, es preciso trasladar a la otra parte las razones de
la desatención personal que pueden no tener nada que ver con el fondo del asunto
de que se trata.

Derechos y deberes del abogado


Con el cliente:

La relación del abogado con el cliente puede considerarse desde varios


puntos de vista: jurídico, sociológico y deontológico. Es especialmente desde este
último que salta a los ojos el carácter personal de la relación profesional a causa
del contacto humano que tiene lugar entre las partes, así como el hecho de que el
cliente se confía en su patrocinador debido sobre todo a la consideración de que
este tiene las dotes de capacidad de trabajo tanto técnica como moral. El abogado
por su parte debe estar dotado no solo de estas cualidades técnicas y morales
sino también de dotes de introspección psicológica a los efectos de aprehender los
aspectos más recónditos de la personalidad de su asistido. En esta relación es
indispensable un mutuo consentimiento entre las dos partes cliente – abogado que
debe lograrse con reciprocidad con vistas a conseguir la necesaria
compenetración inherente al éxito de la causa.

En la llamada exploración del cliente el abogado, como se deduce de la


deontología debe comportarse con la máxima limpieza, probidad y reserva.

Desde el punto de vista de la deontología puede afirmarse además la existencia


de un deber de fidelidad sobre todo porque en esa estrecha relación entre el
otorgamiento de la confianza del cliente al abogado y la dedicación de este con
respecto a su asistido en el marco de los deberes de probidad, reserva, corrección
e información.

También atendiendo al principio de interés el abogado debe atenerse a las tarifas


y a los criterios que estén fijados por la legislación que la regula. Es licito sin
embargo superar los mínimos de la tarifa si media un acuerdo con el cliente
exento de presiones o insistencias indecorosas.

Las relaciones ínter subjetivas entre el abogado y el cliente deben


caracterizase por la buena fe, un comportamiento caracterizado por este deber,
así como por los de corrección y dignidad cosiste en rechazar el encargo que
parezca superior a las propias fuerzas. Otro deber semejante es el de la
actualización científica, como prescriben las reglas de la deontología forense, el
abogado debe observar siempre comportamientos que no sean incompatibles con
el prestigio de la profesión, es evidente que para asistir exacta y diligentemente y
también escrupulosamente y en conciencia a su cliente el abogado no puede
ignorar la evolución legislativa, doctrinal y jurisprudencial pues en caso contrario
correría el riesgo de causar graves daños al cliente y ofendería su propio decoro y
el prestigio de la profesión.

Otros comportamientos que hay obligación de seguir en las relaciones con


el cliente puesto de manifiesto con la deontología son los siguientes: a) efectuar la
entrevistas y reuniones con el cliente siempre en el despacho y no en lugares
públicos, b) repetir el intento de conciliación amigable de la cuestión tantas veces
como se presente la ocasión, c) limitarse a elegir los medios menos costosos y
mas rápidos para conseguir el fin deseado, d) no tener prisa en pactar honorarios
y e) no asumir al mismo tiempo otros encargos cuyo objeto parezca
manifiestamente contrario a los intereses de clientes adquiridos ya establemente.

Con los magistrados:

Los códigos de deontología forense afrontan el problema de estas


relaciones con reglas de carácter general que prescriben al abogado comportarse
con cortesía, respeto y espíritu de colaboración, prohibiendo toda adulación servil
y recomendando la exigencia de comportamientos análogos por parte del
magistrado.

En algunos códigos se prescribe que debe evitarse mantener relaciones de


familiaridad y confianza con el magistrado, con el fin de obtener favores o
preferencias o actitudes benévolas en los procedimientos en curso; se previene
que no debe empeñarse la palabra frente al juez sobre la verdad de los hechos
expuestos por el cliente, se prohíbe tratar directamente con el juez en ausencia del
colega adversario, a menos que existan justas razones para ello.
Se han puesto otras reglas de comportamiento del abogado en sus
relaciones con los jueces, tales como: a) no incitar al juez a que haga mal uso de
sus poderes, b) pedir dignamente encargos a la autoridad judicial, no como si se
pidiese limosna, sino como si se hiciere valer un derecho y c) no hacer reparar al
juez los errores en que haya caído cuando se tornan en ventajas para el cliente.

Así como el defensor debe saber controlarse en virtud al respeto debido al


magistrado, este último, a su vez, debe saber excusar las eventuales salidas de
tono del defensor, Carneluti afirma que el humanismo de los jueces no es menos
necesario que el de los abogados.

Consigo mismo:
Pese a su pertenencia desde su matriculación a un grupo profesional puede
el abogado ejercitar todos los derechos y libertades que corresponden a cada
ciudadano como el derecho a la libertad de expresión y opinión, el derecho a
crítica e incluso el libre desarrollo de su personalidad , debe sin embargo el
abogado mantener en todo momento su honor y dignidad tanto en su actividad
profesional como en su vida privada absteniéndose de toda conducta que pueda
redundar en descredito de la profesión a la que pertenece. Además, el abogado
deberá en todo momento conservar su independencia y su libertad en el desarrollo
de su actividad profesional obrando en el marco de sus deberes legales, sociales y
deontológicos.

Con los demás abogados:


Un abogado deberá tratar a sus compañeros con la máxima cortesía y
caballerosidad.

Las relaciones que se establecen entre los inscriptos en el registro tienen


relevancia desde un triple punto de vista: el jurídico, el sociológico, y el
deontológico, desde este ultimo los propios miembros del ente profesional deben
caracterizar sus comportamientos y por tanto sus relaciones reciprocas por los
principios deontológicos de corrección, colegialidad, lealtad y camaradería. En
virtud al principio de lealtad mencionado estarían prohibidas incluso las críticas
que presenten una versión inexacta de los hechos o que sean contrarias a la
buena fe y a la corrección profesional.

Dentro de este complejo cuadro, la deontología forense desempeña un


papel equilibrador: por un lado, permite al inscripto el ejercicio de los derechos y
libertades como ciudadano que se ha incluido voluntariamente en un grupo
profesional organizado; por otro lado, le exige los comportamientos solidarios que
son necesarios para la existencia y funcionalidad del grupo mismo y que se
traducen en deberes de colaboración.
CONCLUSIONES

En definitiva, el abogado siempre ha de considerar que, si bien su cliente sigue día


a día con su trabajo, su rutina, etc., si no hay frecuente toma de contacto entre
ellos, dado que el cliente ignora todo aquello que el abogado está haciendo por él,
puede tener la impresión de que ha sido ignorado en sus intereses confiados a
dicho letrado, Por ello la comunicación es importante porque ayuda a reforzar la
confianza que debe existir entre ellos.
Es aconsejable que el abogado pueda destinar un momento, como mucho, cada
mes para efectuar ante su cliente una rendición de cuentas y trabajos efectuados
en su favor y cada vez que esto sea necesario, de esta forma nos aseguraremos
de que la confianza sigue viva.

BIBLIOGRAFIA
revistasocialesyjuridicas.files.wordpress.com/2013/04/09-tl-01.pdf

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