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Literatura del Siglo XIX

Segunda evaluación parcial 2016


(Unidades III y IV)

Comisión de prácticos: Viernes 11-13Hs.


Profesor: Jerónimo Ledesma
Alumna: Marina Alejandra Mamone
DNI: 29775691
Consignas:
Unidad III: 6. Catherine no es la única mujer relevante de Cumbres
Borrascosas. Tomando en cuenta lo que Gilbert y Gubar consideran la
imagen más nociva de la sociedad patriarcal (la mujer como “ángel de la
casa”), considere el papel de las mujeres en relación con el ideal de la
familia burguesa.
Unidad IV: 3. “…Con los pies cruzados ante sí parecía un Buda
predicando, vestido a la europea y sin la flor de loto en la mano”, se dice de
Marlow al comienzo de El corazón de las tinieblas. A partir de esta cita,
desarrolle una lectura sobre la serie de la idolatría (la fascinación, la
creencia, la devoción) en la novela de Conrad.
Catherine no es la única mujer relevante de Cumbres Borrascosas. Tomando en
cuenta lo que Gilbert y Gubar consideran la imagen más nociva de la sociedad
patriarcal (la mujer como “ángel de la casa”), considere el papel de las mujeres en
relación con el ideal de la familia burguesa.
Tomando la imagen de “ángel de la casa” propuesta por Sandra Gilbert y Susan Gubar,
se intentará dar cuenta de cómo ese rol es representado por los personajes femeninos de
Cumbres Borrascosas y de qué manera se manifiesta la complejidad y la desarticulación
de la figura ideal de la mujer en la familia burguesa, en la construcción de los mismos.

Para Gilbert y Gubar (1998), el personaje de Frances “es una joven modelo, (…) se
parece mucho más al modelo de finales del siglo XVII del ángel de la casa” (Gilbert y
Gubar, p.276) Pero se trata, en realidad, de una joven sin apellido ni dote que no
representa un buen partido para Hindley quien había mantenido oculto aquel
matrimonio. Frances no representa un “ángel de la casa” en cuanto a su trato con los
niños, no es capaz de generar “calor de hogar” para los pequeños, ni preocuparse por
ellos. Mientras se dedica a los arrumacos con su esposo, deja que los niños sufran el frío
o los maltrata tirándoles del pelo. Nelly, en cambio, sabe cuáles son sus deberes y la
importancia del cuidado de los niños y objeta sobre Frances: “Se metió en su cuarto y
me hizo quedar allí con ella sabiendo que tenía que vestir a los niños” (Brontë, 2004,
p.57)

El personaje de Isabella, también representa en un comienzo “un modelo de la joven


dama estereotípica que la educación patriarcal debe producir” (Gilbert y Gubar, p.294)
Pero, aunque comienza como un modelo de dama aprobado por la sociedad, termina
alejándose hacia un fatal destino a partir de su unión con Heathcliff. Una vez casada, su
esposo y el lugar que habitan, van teniendo un efecto perturbador en ella, la van
convirtiendo en lo opuesto a un ángel del hogar hasta llegar a ser una suerte de
pordiosera llena de sentimientos de odio y rencor. Nelly observa el triste estado del
lugar y objeta: “Tengo que reconocer que yo, de haber estado en el lugar de la señorita,
por lo menos habría barrido la chimenea y limpiado el polvo de las mesas con un paño.
Pero ya formaba ella misma parte del ambiente de abandono que invadía todo su
entorno.” (Brontë, p.178). Isabella no puede ser un ángel y el matrimonio la precipita
hacia la ruina.

El personaje de Catherine II también es, en un comienzo, el ejemplo de ángel de la casa:


“(…) mientras que su madre fue una hija salvaje y desatenta, Catherine II promete
convertirse en una mujer victoriana ideal, cuyas virtudes se asocian en cierto sentido
con ser hermana, esposa y madre.” (Gilbert y Gubar, p.305) Pero aunque el personaje se
presenta como obediente y rebosante de atributos cristianos, el páramo de Cumbres
Borrascosas no ha dejado de tener un efecto perturbador en ella. Así lo demuestra la
percepción de Lockwood. Aun después de conocer la historia por boca de Nelly, sigue
opinando: “No me parece tan afable como la señora Dean se empeñó en presentármela.
Es una belleza, eso desde luego, pero no un ángel.” (Brontë, p.355). Nelly también
observa el notable cambio de Catherine II que la deja “extrañada” y “dolida” (Brontë,
p.368). Acostumbrada a un tipo de vida despiadado y violento, y a una compañía de la
misma naturaleza, Catherine II, se había transformado en una joven cruel y hasta
“malvada” (Brontë, p. 359) que se deleitaba en herir los sentimientos de Hareton.

El personaje de Nelly Dean es quizá el que más se asemeja al modelo de “ángel del
hogar”, a pesar de su condición de criada. En su juventud , Nelly “(…) ha evitado la
relación incestuosa/igualitaria con Hindley (…) ha escapado de la argolla nupcial del
matrimonio que destruye tanto a Isabella como a Catherine” (Gilbert y Gubar, p.297) y
también a Frances. Quizá, esta es la razón de su capacidad de supervivencia que le
permite continuar con su labor de “madre general” (Gilbert y Gubar, p.298) Aunque es
una críada, se incluye en los sistemas familiares (Earnshaw, Linton, Heathcliff), entabla
relaciones profundas pero no sanguíneas con sus “hermanos de leche” y se convierte en
la mano derecha de los amos a los que sirve. Su personaje funciona como “agente
censor del patriarcado” (Gilbert y Gubar, p. 298). Nelly es la madre y ama de casa
paradigmática que se encarga de velar por la educación, especialmente moral, de los
vástagos a su cargo. Recibe los halagos del patriarcado, ya que cumple con sus deberes
cabalmente. Intenta reformar a Heathcliff, inculca los buenos modales y aconseja a los
retoños femeninos seguir el camino del control de sus pasiones, fomenta la prudencia y
la moderación. Acepta su llamamiento con responsabilidad y lo llama “mi deber de fiel
servidora” (Brontë, p.156) También se comporta como una consejera y confesora de las
jóvenes ángeles en potencia que recurren a ella constantemente. Se trata de un personaje
que transmite las lecciones del cristianismo patriarcal; es un ejemplo de caridad, piedad,
sentido común y hasta posee la paciencia de un santo. Incluso posee el rasgo de la
cultura ya que no se trata de una criada común y corriente sino de una ávida lectora.
Preocupada por mantener a todos a salvo se convierte en unificadora y conciliadora,
llegando a ser el agente que promueve la unión de Catherine II y Hearton, logrando así
la continuación del sistema patriarcal.

El personaje de Nelly Dean es el que más se asemeja al modelo del “ángel de la casa”
trabajado por Gilbert y Gubar. Pero también se trata de un personaje con poder y cierta
autonomía dentro del hogar, ya que maneja el caudal de información proporcionado a
sus amos, reteniendo o disponiendo detalles, según ella lo considere efectivo para el
bienestar general. Otro ejemplo de su poder y autonomía está dado por su alianza con
Keneeth, el médico de la familia. Luego de los cuidados de Nelly, Heathcliff salió
adelante, y “(…) el médico aseguró que se debía en gran parte a mis cuidados, y me
ensalzó por ello” (Brontë, p.47). Dicho ejemplo ilustra las nuevas relaciones que
comienzan a entablarse entre la autoridad médica y la mujer relegando el papel del
hombre a un segundo plano y confiriendo a la mujer un nuevo poder en la esfera
doméstica (Donzelot, 1998).

Todos los “ángeles” analizados comportan ciertas características modélicas de la mujer


de la tradicional familia burguesa. Se trata de “ángeles de la casa” porque cumplen con
el rol esperado para la mujer. Pero, tanto en Frances, como en Isabella y Catherine II, se
produce una transformación que las aleja de ese modelo ideal, y nos muestra sus ruinas
(en el caso de Frances e Isabella). Catherine II es “salvada” del destino fatal por la
intervención de Nelly, pero no sabemos hasta qué punto se trata de una salvación, ya
que esa intervención garantiza la continuación de un modelo patriarcal, según Gilbert y
Gubar. El personaje de Nelly también representa una ruptura en cuanto al modelo
tradicional de familia burguesa tradicional. Su constitución es ambigua ya que comporta
los rasgos del “ángel de la casa”, pero en una forma particular; como agente censor del
patriarcado que no llega a casarse y que además posee cierto poder y autonomía sobre
los otros personajes. La novela pone en conflicto el orden tradicional.

Por lo tanto, se rompe con una figura idónea de mujer. Ningún personaje cumple
enteramente con una categoría “ideal”, lo que se relaciona con la complejidad en la
construcción del personaje femenino. La novela desarticula el modelo tradicional de
familia, al complejizar la construcción de los personajes femeninos.
“…Con los pies cruzados ante sí parecía un Buda predicando, vestido a la europea
y sin la flor de loto en la mano”, se dice de Marlow al comienzo de El corazón de
las tinieblas. A partir de esta cita, desarrolle una lectura sobre la serie de la
idolatría (la fascinación, la creencia, la devoción) en la novela de Conrad.

Tanto el personaje de Marlow como el de Kurtz, pueden ser identificados como ídolos.
Se intentará dar cuenta de cómo son representados en relación a la idolatría. Además se
mencionará la relación entre los ideales de la empresa de la conquista como posibles
ídolos, interpretados como una crítica, según lo planteado por Patrick Brantingler.

Marlow se asemeja a un ídolo que tiene que ser escuchado por sus oyentes. Para ello se
esfuerza en construir una narración que atraiga, que seduzca hasta el punto de ser
idolatrado. Lo logra a través del enigma, el suspenso, el tratamiento de lo ominoso y la
apelación a lo sobrenatural en su narración. Por ejemplo, recurre a imágenes sugestivas
cuando describe su viaje hacia el corazón de las tinieblas y expresa “la sensación de
haber puesto el pie en algún tenebroso círculo del infierno.” (Conrad, 1998, p.24)

El narrador inicial explica: “Para él la importancia de un relato no estaba dentro de la


nuez sino afuera, envolviendo la anécdota de la misma manera que el resplandor
circunda la luz (…)” (Conrad, p.10) y esto se evidencia en su esfuerzo por crear una
atmósfera resplandeciente en torno al relato de su viaje a África y especialmente en su
presentación de Kurtz. La descripción que realiza de Kurtz va dejando entrever su
creciente atención y anhelo de encontrarse con él:

“Lo importante era que se trataba de una criatura de grandes dotes, y que entre ellas, la que
destacaba, la que daba la sensación de una presencia real, era su capacidad para hablar, sus
palabras, sus dotes oratorias, su poder de hechizar, de iluminar, de exaltar, su palpitante
corriente de luz, o aquel falso fluir que surgía del corazón de unas tinieblas
impenetrables.”(Conrad, p.63)

Más adelante agrega: “Fuera lo que fuese, no era un ser común. Poseía el poder de
encantar o asustar a las almas (…)” (Conrad, p.67) La intensa fascinación que le
produce Kurtz lo lleva a querer llegar a la Estación Central lo más rápido posible.
Cuando finalmente se encuentra con Kurtz, cuya imagen ha ido agrandándose y
mitificándose durante el proceso, descubre que se trata de un personaje idolatrado por
los nativos, pero que parece haber caído en una locura bestial. Esa atracción que sienten
todos los personajes hacia Kurtz, que es lo que le ha convertido en un dios entre los
nativos y es tan fuerte que Marlow no puede mantenerse al margen. Para Brantingler
(2016), las víctimas negras y los idólatras de Kurtz son otros tantos recursos
melodramáticos que funcionan como evidencia del descenso y la caída. El viaje de
Marlow al corazón del continente africano se transforma así en un descenso a los
infiernos. Si El corazón de las tinieblas es un juego de luces y sombras, un viaje desde
la luminosa Londres a las tinieblas del centro de África, Kurtz representa el centro vivo
de esas tinieblas. El personaje adquiere unas dimensiones simbólicas relacionadas con
lo más oscuro de la condición humana.

Por otro lado, también hay una crítica al imperialismo y la empresa de la conquista. La
idolatría que provoca el personaje de Kurtz está relacionada con los ideales de la
conquista que se convierten en ídolos. Las ideas en la novela se van transformando en
ídolos. La misión de la empresa imperialista puede percibirse como un conjunto de
ilusiones que los personajes idolatran. “La conquista de la tierra (…) no es nada
agradable (…) lo único que la redime es la idea. Una idea que la respalda: no un
pretexto sentimental sino una idea; y una creencia generosa en esa idea, en algo que se
puede enarbolar, ante lo que uno puede postrarse y ofrecerse en sacrificio” (Conrad,
p.12) Se puede equiparar entonces la idolatría y la fascinación de los nativos a la de los
europeos. Según Brantingler (2016): “Si los “nativos” entre las tinieblas toman a Kurtz
como un ídolo, los europeos idolatran el marfil, el dinero, el poder y la reputación”. De
hecho, Marlow observa uno de estos ídolos, el marfil, como uno que obsesiona y
provoca devoción en los blancos que lo rodean. El marfil es un ídolo de los europeos
que ocupa un lugar central en sus plegarias: “La palabra marfil permanecía en el aire, en
los murmullos, en los suspiros. Me imagino que hasta en sus oraciones.”(Conrad, p.32)

Se realiza entonces una inversión a través de la cual los “ideales” se transforman en


“ídolos”. De esta manera: “Conrad retrata la moral en bancarrota del imperio al mostrar
que los motivos y las acciones de los europeos no son diferentes al fetichismo y
salvajismo africano.” (Brantingler, 2016, p. 9)

Kurtz representa la ambición de la empresa colonizadora disfrazada bajo la aureola de la


civilización. Es admirado por todos por su enorme capacidad y elocuencia. Sin
embargo, en el corazón de la jungla se ha dejado llevar por el salvajismo. El ansia de
marfil y el contacto con un mundo desconocido lo transforma en un ser brutal. Parece
haber enloquecido por el horror y se deja idolatrar por los nativos como si fuera una
divinidad. Posee una voz poderosa y elocuente, para Brantingler (2016) “es esta voz
“vacía”, tan retorcida y ambigua, tan capaz de engaño y de falsa propaganda, la que
habla desde el centro del “corazón de las tinieblas””. Esta misma voz representa la
mentira de la propaganda del imperialismo moderno, la novela invoca insistentemente
un idealismo que no parece contener.

Por lo tanto, la idolatría se relaciona con una construcción falsa, similar a un resplandor
que circunda la luz. Al acercarnos encontraremos dentro de la nuez, la voz “vacía” de
Kurtz. “Hay un tinte de muerte, un sabor de mortalidad en la mentira que es
exactamente lo que más odio y detesto del mundo, lo que quiero olvidar. Me hace sentir
desgraciado y enfermo, como la mordedura de algo corrupto.” (Conrad, p.37)

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BIBLIOGRAFÍA

Brantingler, Patrick, El corazón de las tinieblas, ¿Antimperialismo, racismo o


impresionismo? Trad. Daniel I Gómez. 2016.
Brontë, Emily, Cumbres Borrascosas. Barcelona. RBA. 2004.
Conrad, Joseph, El corazón de las tinieblas. Buenos Aires. Ediciones Colihue. Trad.
Sergio Pitol.1998
Donzelot, Jacques, La policía de las familias. Valencia. Editorial Pre-Textos. 1998.
Gilbert, Sandra y Gubar, Susan, “Buscando en el lado opuesto: La Biblia del Infierno de
Emily Brontë, en La loca del desván. La escritora y la imaginación literaria del
siglo XIX. Madrid. Ediciones Cátedra. 1998.

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