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Presentación

La Junta de Estudios Históricos de Misiones, cumpliendo con uno de


los objetivos que alientan su accionar, cual es la investigación y
difusión de la historia regional, pone públicamente al alcance de la
comunidad e! relato de Pedro Lucas Torres sobre hechos que en su
momento conmocionaron el ambiente socio político de la región, y en
cuyo desarrollo tuvieron relevante actuación numerosos y
caracterizados vecinos misioneros, exponiendo espíritu de sacrificio,
absoluto desinterés y ferviente anhelo en la lucha por la recuperación
del orden institucional, quebrado por primera vez en nuestra historia
por el golpe militar del 6 de septiembre de 1930.
Sin entrar a juzgar la justificación política de aquellos hechos
relatados por el autor y activo participante, la Junta somete este
trabajo a la consideración de quienes se preocupan por conocer y
preservar nuestro acervo histórico regional. Queda claro también -y
parece obvio decirlo-que el lector no debe ver en este esfuerzo de
nuestra Entidad una adhesión a los conceptos que vierte el autor
sobre conducta y actitudes de algunos protagonistas. La institución
auspiciante se limita a transcribir literalmente el relato recibido del
señor Andrés Haddad, y el lector sacará en cada sus propias
conclusiones.
Asimismo, la Junta agradece el aporte material brindado por las
empresas y entidades que al final se mencionan, sin cuya cooperación
no hubiera sido factible imprimir este trabajo.

Posadas, Misiones, noviembre de 1994

Junta de Estudios Históricos de Misiones

Revoluciones Radicales
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Prefacio

Cuando en 1936 regresé del exilio, algunos amigos compañeros de


lucha, me pidieron que escribiera el relato de los acontecimientos
revolucionarios en los cuales habíamos participado. Misiones y
Corrientes, -mejor decir, la zona del Uruguay de ambas unidades
federativas- fueron el teatro de esos acontecimientos años antes.
Aquel pedido se renovó más de una vez. "Es necesario -decían los
amigos- dejar un testimonio escrito que aclare hechos desconocidos
para muchos y justifique nuestra actitud". Fuimos en aquella época
duramente censurados y ello fue motivo de amargura para más de
uno. En la vida del revolucionario no hay término medio: es héroe o
traidor. En el primer caso cuando triunfa, por barbaridades que
cometa; en el segundo cuando es derrotado, por decente que sea su
procedimiento. Nosotros fuimos derrotados y no pudimos escapar a la
regla. Me resistí al pedido de los compañeros. Me faltó competencia y
voluntad. En mi oficio de resero conductor de tropas, no quedaba
lugar y tiempo para veleidades de escritor. Además, ese relato tendría
que ser una especie de autobiografía, contraria a mi manera de
pensar.
Fui personaje central en aquella lucha, no por mérito personal, y sí por
circunstancias del momento. Explicaré: una encrucijada de la vida me
llevó a Río Grande del Sur en 1917. Por tradición y herencia estaba
vinculado a tierra y gentes riograndenses. Mis padres y abuelos,
nacidos en Río Grande, fueron aquí en Misiones donde pasaron la
casi totalidad de sus vidas, protectores abnegados de sus paisanos.
Estos, cuando me refugié en aquella tierra, retribuyeron con
dedicación en mi persona, las atenciones recibidas en mis
antepasados. A no ser el calificativo de "castellano" que nunca
dejaron de aplicarme, fui para ellos uno de los suyos en todo
momento. Allí uní mi destino al de la mujer que continúa siendo -a
pesar de no existir- mi compañera. Me incorporé de lleno a la vida de
Río Grande. Fui electo sin naturalizarme y voluntariamente participé
en movimientos armados los años 19- 23 y 24. La derrota
revolucionaria del año 24 me trajo de vuelta a la querencia nativa.
Aquí se refugiaron cientos de brasileños que fueron mis compañeros y
a algunos de los cuales traté de ser útil dentro de mis escasas
posibilidades. Esos exiliados volvieron a su tierra y participaron en la

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revolución de octubre de 1930 que triunfante llevó al poder al Dr.


Getulio Vargas. Ocuparon entonces cargos en la nueva administración
del país y de la provincia, algunos en situación destacada. De manera
que en 1931, Cuando en Misiones necesitamos armas para nuestro
movimiento revolucionario, mis antiguos compañeros riograndenses
estaban en excelentes condiciones de ayudarnos. Ninguno más
indicado que yo para obtener esa ayuda, que me fue concedida sin
regateos. Sin dinero que me resultaba escaso en extremo, sin
promesas que serían ridículas, conseguí en los departamentos
fronterizos principalmente San Borja, todo cuanto necesitábamos. Esa
fue la razón que automáticamente me llevó a ocupar un primer plano
en nuestra organización. En un relato no podría prescindir de estos
informes porque el lector quedaría con una impresión trunca de los
hechos.
Pasaron los años. Hace un par de meses recordábamos cosas
viejas con un compañero a quien me hermanó la lucha en común,
Mario Losada. Mario me refirió que en cierta oportunidad, un dirigente
radical que hoy ocupa alta posición en el país, manifestó su extrañeza
por el hecho de que no se hubiese escrito la historia de la
participación misionera en las revoluciones radicales.
Recordé entonces el pedido al que hice referencia al principio, el
"testimonio escrito" al decir de los amigos. Me armé de paciencia y
coraje, comencé a garabatear palabras, a ordenar frases y fue
brotando de la memoria este relato sencillo y verídico. Busqué al
mismo tiempo escapar, en la soledad de mis noches campesinas, a la
"saudades" torturantes de lo irremediable.
Estas páginas están incompletas. Nunca tomé anotaciones.
Tampoco guardo correspondencia. Olvidé fechas, y no tan solo días,
también meses. Compañeros a quienes pedí datos están poco menos
olvidados que yo. Pero lo esencial está aquí, y lo que aquí está, es
real.
Muchos compañeros no existen más, infelizmente. No pocos, por
causas diversas se incorporaron a partidos políticos extraños al
sentimiento radical. Otros, buscando nuevos horizontes se alejaron
del viejo terruño. Todos, principalmente los humildes, están presentes
en mi recuerdo, independientemente de lugar, posición o partido. Más
-aún- los que ya no existen. A la permanente evocación de mis

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padres, que fueron víctimas indirectas de los acontecimientos aquí


narrados, se une el recuerdo imborrable de amigos como Pedro
Sarraillé, Ciro San Martín, Bautista Leguía, Valentín Benítez, Mario
Herrera. Nuestras filas están raleando. Es el imperativo de la vida. Los
que
seguimos en la huella viviendo unos, durando otros no olvidaremos
estas patriadas que no volverán, a las que dimos con poca suerte y
mucho idealismo lo mejor de nuestros años mozos.
El tiempo borró detalles y también pasiones. El lector encontrará en
estas páginas un solo ataque personal. Me resultó imposible callar la
actitud en un mal compañero y la recuerdo con amargura. Esa
traición, que seguramente respondió a ideales contrarios a los
nuestros, trajo aparejada una serie de acontecimientos funestos para
nuestra causa, y anuló la participación misionera en el levantamiento
radical de Julio de 1931.
Este es un relato personal sin pretensiones de historia. Llega tarde,
bien lo sé, pero como en el viejo refrán "más vale tarde que nunca".

Pedro Lucas Torres


Año 1961

Revoluciones Radicales
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REVOLUCIONES RADICALES
Misiones - Santo Tomé

CAPITULO I
Antecedentes

Durante la presidencia del Dr. Alvear, el radicalismo se dividió en dos


fracciones a las que el pueblo designó erróneamente con los términos:
personalista y anti-personalista. La primera permaneció leal al Dr.
Irigoyen, la segunda siguió la orientación del presidente Alvear. Esa
división tuvo en Misiones una repercusión muy limitada, consecuencia
de la pasividad y sometimiento político que sufría el pueblo misionero.
El radicalismo de la zona del Uruguay continuó firme en la vieja
tendencia partidaria, y ello significó el fracaso del antipersonalismo en
su intento divisionista. Creo poder decir lo mismo de la zona del
Paraná, con excepción de Posadas, donde el antipersonalismo,
amparado por los poderes públicos consiguió un limitado número de
adeptos. En esta ciudad la fracción personalista constituyó un comité
central que fue el orientador del partido en Misiones. En ese comité al
que en una mala hora le dieron el nombre de Diego Luis Molinari,
actuaron como dirigentes los señores Roberto Martí, Mario A. Herrera,
Sesostris Olmedo y Eugenio Ayrault.
El triunfo del Dr. Irigoyen en las elecciones presidenciales del año 28,
nos trajo a los radicales misioneros la esperanza de ver a nuestra
tierra, incorporada a la vida argentina. No sucedió así. En el segundo
y corto gobierno del Dr. Irigoyen, los errores fueron más que los
aciertos, y respecto a Misiones no me equivoco al decir que no se
registró acierto alguno. A pesar de esto se mantuvo nuestra fe
partidaria, en la creencia de que el radicalismo, partido netamente
popular, estaría más cerca de las aspiraciones misioneras. Las clases
conservadoras habían dejado marcas imborrables y funestas en la
vida de nuestra tierra. Así el radicalismo significaba una esperanza,
que infelizmente no pasó de tal.
La obra negativa del gobierno del Dr. Irigoyen produjo en las filas
partidarias una desorientación ostensible y decepcionante.

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Los dirigentes Radicales de mayor prestigio en el orden nacional


fueron impotentes para modificar los rumbos del gobierno. El
presidente, enfermo y viejo, estaba como secuestrado por un grupo
limitado de aprovechadores. Se presentó así la oportunidad esperada
por las clases conservadoras, que desde el año 16 soñaban con
volver a la administración pública. Se gritaba abiertamente la
revolución contra Irigoyen; y los hombres que lo rodeaban eran
espectadores pasivos y cobardes. Cito estos hechos sin comentarles
porque tienen relación con los acontecimientos que motivan este
relato. Ellos han sido olvidados parcial o totalmente en el transcurso
de treinta años, para los que fueron actores o espectadores. Para los
hombres nuevos son desconocidos. Quiero que el lector vaya
formando su punto de vista.

EL CUARTELAZO DEL AÑO 30


El día 7 de setiembre de 1930, bajo una fuerte lluvia, llegó a nuestro
rancho ubicado en los lindes de Apóstoles y San José, uno de los
primeros e inolvidables radicales de Misiones, Ciro San Martín. Me
trajo las noticias del cuartelazo del día anterior en Buenos Aires, la
caída del Dr. Irigoyen, la implantación de la dictadura al comando del
general Uriburu. "Vine me dijo para que vayamos a Posadas a
combinar con nuestros dirigentes la actitud que debemos asumir. El
radicalismo no puede cruzarse de brazos y dejar que se afirme esta
situación".
Estuve de acuerdo con el amigo, nos pusimos en marcha y antes de
la noche llegamos a destino. Fue San Martin primero de los radicales
misioneros en prever la necesidad de la lucha armada contra la
dictadura que iniciaba su funesta actuación.
En la pensión Puerto Rico encontramos al comisario de policía
Leandro Berón, antiguo compañero en las luchas electorales de las
zonas correntinas próximas a Misiones. Ayudábamos a los correntinos
(no podíamos votar en Misiones) en las campañas electorales
empadronando ciudadanos y transportándolos en días de elecciones.
Como San Martín le dijera la razón de nuestro viaje, Berón manifestó
su determinación de acompañar al partido en cualquier lucha que
emprendiera contra la dictadura, pidiéndonos que no lo dejáramos de
"afuera".
Nos dirigimos a la redacción de "El Territorio" cuyo director Sesostris
Olmedo, periodista de fibra, fue un luchador desinteresado, entusiasta
y eficaz que tuvo el viejo radicalismo misionero. Allí fueron llegando a

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la espera de noticias varios compañeros, entre ellos Mario A. Herrera


y Eugenio Ayrault.
Esa noche, 7 al 8 de setiembre, sólo llegaron informes desfavorables:
la confirmación de la renuncia y prisión de Irigoyen, el sometimiento a
la dictadura de la totalidad de las guarniciones militares, medidas de
fuerza, estado de sitio, ley marcial, censura de prensa. Esto
significaba una interrupción inesperada y violenta en la vida
democrática y libre del pueblo argentino. Resultó larga y siniestra y
sus consecuencias se hacen sentir aún intensamente después de
treinta años. El año treinta comenzó el imperio de la arbitrariedad y
violencia que se prolongó por veinticinco años. Aún no desapareció
del todo.
Durante casi ochenta años, desde Caseros, la República no soportaba
el vejamen de verse atada, amordazada a la voluntad de un jefe y su
camarilla.
La radio no transmitió durante aquella noche una sola noticia que
pudiera traer esperanza de reacción inmediata. Don Mario Herrera
quizá para animar el ambiente opinó "que el radicalismo, pasado ese
momento de desorientación y sorpresa, estaría presente en la lucha
que fatalmente tendría que llegar contra la dictadura". "Para ese
entonces debemos ir preparándonos con reserva y fuerza de
voluntad".

EL CORONEL PILOTO

Vino a Misiones como delegado del dictador el coronel Enrique Piloto


con fama de hombre enérgico y duro. Justicia le sea hecha; no abusó
del poder que le concedía sin medida el estado de fuerza dominante
en el país. Misiones no soportó ningún vejamen desconocido en su
vida ciudadana. Los misioneros continuamos en la pasividad
conformista de añares y así el Coronel Piloto no necesitó apretar más
de lo que estaban nuestras coyuntas.
Desde las columnas de "El Territorio". Olmedo mantuvo una campaña
que lo convirtió en intérprete del sentimiento radical de Misiones. Fue
en todo momento, a pesar del estado de sitio y censura de prensa, un
opositor de la dictadura. Tuvo necesariamente que limitar su prédica,
pero "El Territorio" continuó siendo la voz de alerta del civismo de
Misiones.

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EL GOBERNADOR DOCTOR ACUÑA

El coronel Piloto fue nombrado jefe de policía en Buenos Aires. Lo


sustituyó el Dr. Carlos Acuña cuyo nombramiento despertó simpatías
en un gran sector de la población. Era el primer misionero que llegaba
a la gobernación de su tierra en cien años, y ello, unido a su anterior
actuación en la vida pública, a su cultura y dotes caballerescas, fue
toda una esperanza. Su gestión de gobernante, a pesar del tiempo
transcurrido no recibió aún el juicio imparcial y sereno que merece. El
Dr. Acuña gobernó en un período de intensa agitación revolucionaria
en la República. En la lucha armada el adversario se convierte en
enemigo. Acuña fue atacado con encono y en algunos casos
injustamente por los radicales misioneros.
Hasta Misiones llegaban con frecuencia creciente, rumores
revolucionarios que mantenían viva en las carnadas populares la mala
voluntad hacia la dictadura. El pueblo argentino comenzaba a
reaccionar y a medida que esa reacción se hacía evidente, la
represión oficial crecía en violencia.

JUNTA REVOLUCIONARIA RADICAL

Mi hermano César Torres, trajo de Posadas una buena noticia:


actuaba en Buenos Aires una junta revolucionaria y en aquella ciudad
se encontraba un delegado de dicha junta. El informante fue el
compañero Olmedo quien se encargó de concertar un encuentro entre
César y el delegado Vázquez. Este buscaba cooperación radical al
movimiento partidario que se gestaba en la República. César aconsejó
una gira de Vázquez y los dirigentes de Posadas a la zona del
Uruguay y quedó combinado que yo los acompañaría. César
desempeñaba la dirección de una escuela en las tierras de San Juan,
alejado entonces de rutas transitables. Ese viaje lo efectuamos días
después, el delegado Vázquez, Olmedo, Ayrault y yo.
El éxito fue completo. Los compañeros entrevistados, pocos para no
despertar sospechas que en verdad representaban al radicalismo de
la zona, prometieron una amplia cooperación. De inmediato Vázquez

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regresó a la capital con informes optimistas a la junta. Vázquez vino


enviado por el Dr. Juan B. Fleitas, a gestionar ¡a cooperación
revolucionaría en Misiones del señor Alvaro Lafuente. Este fue
durante el último gobierno del Dr. Irigoyen uno de los dueños de la
administración misionera. Hermano del coronel Alfredo Lafuente, jefe
de la casa militar de la presidencia y cuñado del teniente coronel
Greqorio Pomar edecán del presidente Irigoyen, esos lazos de
parentesco le crearon una situación de privilegio. Jefe de la defensa
agrícola dependía del Ministerio de Agricultura, ejercido por el Dr.
Fleitas, Fue el motivo de éste, pedir la cooperación de su viejo
colaborador. Vázquez fracasó en su gestión y buscó entonces otros
caminos. Estableció contacto con Olmedo y así con nosotros.
Con intervalo de pocos días estuvo nuevamente en Misiones trayendo
un informe animador de los preparativos revolucionarios en diversos
sectores del país. Trajo como principal incumbencia la formación de
una junta que se encargara de la acción en Misiones en nombre de la
Junta Central. Para ello era necesario reunir a los dirigentes
departamentales y con el fin de no despertar sospechas a las
autoridades, combinamos con César, invitar a un asado criollo con
motivo (pretexto apenas) del aniversario del natalicio de nuestro padre
Nicolás Torres. La reunión se efectuó en el paraje denominado "Corral
de las Tunas" en la propiedad Gentilini, donde yo era arrendatario.

EL TRIUNVIRATO MISIONERO

Muchos de los que estuvieron presentes ya no existen, pero dejaré


sus nombres en este relato, como un homenaje que bien merecen:
Nicolás Torres; Eugenio Ayrault; Bautista Leguía; Ciro San Martín:
Nicolás Lentini; Teociomiro Krieger; Salvador Lentini: Juan y Domingo
Montero: Valentín Benitez y Mario A. Herrera. Los que continuamos
viviendo César José Vázquez; Sesostris Olmedo; Andrés Haddad
Daniel Imas; Juan de Dios Benítéz; yo y mi hijo José Lucas.
Después de las informaciones del delegado, de arengas ligeras de los
dirigentes, elegimos por aclamación un triunvirato revolucionario:
Herrera; Ayrault y Olmedo. Estos designaron a su vez a los delegados
departamentales que fueron los siguientes: en Apóstoles, Leguía y
Benítez; en Concepción, San Martín; en San Ignacio, Haddad; en San
José, César Torres y yo en San Javier. El triunvirato actuaría
directamente en Posadas, y después de consultar a correligionarios
ausentes, designaría delegados en los restantes departamentos.

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PREPARATIVOS EN MISIONES
De inmediato comenzamos a trabajar. Dadas mis vinculaciones en
Río Grande me correspondió la principal tarea: obtener armas.
Efectué diversos viajes con ese fin, algunas veces acompañado por
Leguía. Leguía consiguió un permiso precario en la aduana de San
Javier para cruzar su automóvil a Río Grande. Ello facilitó nuestros
viajes en aquel estado.
Conseguimos pasar algunas armas a territorio misionero, depositando
otras en costa brasileña o islas del Uruguay, al cuidado de gente
amiga. Quedaban estratégicamente ubicadas en una zona donde yo
poseía antiguas amistades conseguidas en mis andanzas en una y
otra margen del río. No puedo dejar de decir modestia aparte que mi
éxito en Río Grande en la obtención de armas y municiones fue
superior a lo que esperara.

En la foto aparecen, entre otros, Sesostris Olmedo, Dr. Roberto Martí,


Eugenio Ayrault, Eugenio Rodríguez, César Torres, Luis Petit de
Meurville, Aníbal Lesner y Atilio De La Puente. Año 1928
En una década los riograndenses habían atravesado tres revoluciones
sangrientas. Tenían experiencia de las dificultades, sufrimientos,

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privaciones, desgarramientos sentimentales que sufre todo


revolucionario. Eso, unido a la hidalguía propia de la raza, hizo que
respondieran con extrema buena voluntad a mis pedidos. Los
riograndenses nos dieron armas, municiones, medios de movilidad y
cuando recurrimos al exilio, también el churrasco de los primeros días.
Se explica así, ya lo dije en el prólogo, la razón por la cual tuve un
lugar señalado en nuestra organización. Lejos está en mí sentir todo
intento de jactancia.
En la lucha armada se necesitan hombres decididos, armas,
municiones, dinero, y las tres últimas cosas se conseguían por mi
intermedio. Armas y municiones con los riograndenses. Dinero con
mis clientes y patrones. Trabajaba entonces con obrajes de leña y
madera aserrada en las propiedades de Gentilini, Santa María y Los
Galpones. Parte del dinero que entregaban aquellos fue "quemado"
en los preparativos revolucionarios. Así los señores Eugenio Oria,
Silvio Lesnini, Pedro y Juan Mouriau, Esteban Roulet, Guido Lanini,
Rogelio Scotto, Compañía Liebigs y otros, financiaron sin saber, los
preparativos revolucionarios. Los demás compañeros, cada uno
dentro de sus posibilidades fueron ajustando sus preparativos. San
Martín a quien su natural don de simpatía lo rodeara de amistades,
actuando en un sitio donde era el dirigente virtual del radicalismo,
consiguió adhesiones positivas para el movimiento. Contó con la
colaboración de amigos de siempre como Teodomiro Krieger, Nicolás
Lentini, Cirilo Rodríguez, Ramón Velázquez, Tomás Valenzuela.
Mi hermano César concentró sus actividades en el elemento criollo de
las sierras y sus cercanías donde poseía amistades tradicionales:
Fachinal, San Juan, Profundidad, Parada Leis, Campos Taranco y
Gentilini. Fueron sus colaboradores Daniel Imas. Edelmiro Duarte,
Francisco Camaño, Pedro Barrios, Augusto Benítez, Santos
Mosqueda, los hermanos Juan y Domingo Montero. Si la traición de
un mal compañero no hubiese "anulado nuestro esfuerzo los
contingentes serranos de César y los concepcioneros de San Martín
habrían sido un factor decisivo en la lucha. Leguía con la colaboración
de Benítez y José Ramírez actuaban en un ambiente menos propicio.
Tuvo necesidad de limitar sus actividades, pero los que estábamos en
el secreto de las cosas, sabíamos de su esfuerzo.
De mi parte tuve el apoyo de hombres que me trajeron su ayuda con
una lealtad y dedicación tal, que su recuerdo es el orgullo de mi vida.
Pedro Sarraillé más que amigo, hermano, Salvador Lentini, Nemecio
Leal, Jacinto Ferreyra, Fernando Montenegro (h), Felisberto

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Montenegro, los hermanos Herrera, Gregorio Cáceres, Augusto y


Apolinario Benítez. Algunos sumaban su esfuerzo por idealismos
partidarios, otros por simple amistad.
No puedo dejar de citar a don José Manuel López que me entregó
armas que retiré de su estancia "El Carmelo" en Gobernador Virasoro,
Corrientes.
A todo esto el triunvirato mantenía constante comunicación con la
junta central. Teníamos así una impresión, aproximada por lo menos,
de otros sectores. En este relato me concreto casi exclusivamente a
nuestra acción en la zona del Uruguay. Tuvimos sobre la zona
hermana del Paraná la ventaja de un Río Grande vecino y amigo. Los
paranaenses no fueron menos entusiastas. Les faltaron recursos.

VIAJE DE HADDAD A BUENOS AIRES


En febrero del 31, Andrés Haddad realizó un viaje a Buenos Aires y
fue autorizado por el triunvirato a un entendimiento con los
componentes de la junta. Entusiasta y demasiado optimista, Haddad
pintó al radicalismo de Misiones como una verdadera pequeña
potencia militar, capaz de vencer rápidamente en el orden local. Pecó
por exceso de entusiasmo, pero la verdad es que nuestra situación en
aquellos momentos era inmejorable. Lo demostraré ligeramente.
Misiones no contaba entonces con fuerzas del ejército; tampoco
soportaba a Gendarmería Nacional que ocupó nuestra tierra a fines de
la década del treinta. La mayor parte de los efectivos policiales estaba
integrada a nuestra causa. Lo mismo sucedía con los destacamentos
de Subprefectura de la margen del Uruguay. Con qué elementos
resistirían las autoridades a nuestro levantamiento?
Nuestra mayor ventaja sería la sorpresa, total y en todo sentido. Ella
nos garantizaba el triunfo inicial, cuyo afianzamiento encuadraba en
nuestra acción posterior y en el resultado de la revolución en otros
sectores del país, principalmente Corrientes. Por lo tanto Haddad no
estaba equivocado cuando aseguró a la junta nuestro éxito inmediato.

SITUACIÓN EN MISIONES

Debo aquí hacer algunas consideraciones al margen de este relato


para que el lector, formando su composición de lugar y tiempo,
comprenda la razón de lo que afirmo. Como territorio nacional
Misiones era apenas una factoría política dentro de los límites del

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país. Tierra de intocables, sus hijos y pobladores cumplían


obligatoriamente deberes, sin compensación en derechos.
Carecíamos de voto, no teníamos representantes ante los poderes
superiores de la República; pero teníamos que cumplir el servicio
militar obligatorio, para defender caso dado a esa misma República
que todo nos negaba. Antes que hijos de la Patria Argentina, éramos
entrenados mal tratados. Nos gobernaba un simple delegado del
presidente argentino, autoridad ésta a quien no votábamos, y nos
imponía su voluntad sin apelaciones y generalmente arbitraria. Los
extranjeros naturalizados, residentes en provincias o Buenos Aires
disfrutaban de derechos, concedidos por las mismas leyes que nos lo
negaban, a los misioneros residentes en el terruño nativo. Podría
comprenderse y admitirse este absurdo? Por qué entonces, los
radicales misioneros participaríamos en una lucha armada buscando
recuperar para el país una libertad que éste nos negaba
sistemáticamente? Igualmente, como radicales, por qué luchar,
teniendo en cuenta que los gobiernos de Irigoyen y Alvear trataron a
Misiones con igual falta de-consideración y mala voluntad
demostradas por los gobiernos conservadores anteriores al año 16?
Uriburu. a pesar de dictador, demostró mayor respeto a la ciudadanía
misionera que los gobiernos constitucionales. Basta considerar que
fue el primer gobernante argentino que nombró a un misionero para
gobernarnos. Ante esa situación sería o nó una sorpresa el estallido
revolucionario radical en Misiones?

5 DE ABRIL

En los primeros meses del año 31, Uriburu convocó a elecciones en


la provincia de Buenos Aires. Fue el resultado de la presión ejercida
por la opinión pública que exigía la constitucionalidad del país. La
convocatoria para una sola provincia prueba que la dictadura intentó
un ensayo en la esperanza del triunfo. Eligió para ello el reducto
donde el conservadurismo tradicional, había afirmado sus raíces
desde los primeros tiempos de la República, uní triunfo conservador
en aquella provincia abriría el camino para una elección general.
Los preparativos revolucionarios sufrieron entonces un compás de
espera, ante la perspectiva de un triunfo electoral. El radicalismo
proclamó la fórmula Pueyrredón-Guido y se consagró a la campaña
electoral, sometido a todas las trabas que la dictadura imponía. Bajo
estado de guerra, con muchos dirigentes presos, la prensa partidaria

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amordazada, sin libertad de palabra, el radicalismo bonaerense


obtuvo en las elecciones un triunfo espectacular. El pueblo de la
provincia demostró el repudio que merecía la dictadura. En la
desesperación de la derrota, Uriburu cometió un nuevo atentado
contra la soberanía popular anuló la elección del 5 de abril. No pudo
sin embargo anular sus efectos y esa fecha representa en la historia
política de la República un marco señero del civismo nativo. Fue el
principio del barranca abajo de la dictadura. Desde ese día al
radicalismo sólo le quedó et camino de la revolución.

REPRESIÓN POLICIAL

El sector revolucionario del radicalismo intensificó sus preparativos


con la solidaridad de muchos que antes del 5 de abril soñaban con
una solución normal y pacífica del problema argentino. A su vez la
dictadura extremó los medios de vigilancia y represión. Jefes militares
y dirigentes políticos desafectos fueron perseguidos con encono.
Algunos escaparon, entre ellos el general Severo Toranzo y el Dr.
Benjamín Avalos que consiguieron llegar al Uruguay. Otros como los
coroneles Adalid y Valota fueron detenidos. Los que tuvieron la
infelicidad de caer prisioneros fueron sometidos, quizá por primera vez
después de Caseros, a torturas infamantes a la dignidad del hombre.
En toda época las policías argentinas ejercitaron con dedicación y
entusiasmo su habilidad, en suministrar castigos. Las viejas crónicas
saben de maneadores, emborevy, cepo, estacas, sed, hambre.
Perfeccionados los métodos después del año 31, aparecieron las
crónicas del tacho de inmundicias donde sumergían las cabezas de
los presos, y la célebre picana eléctrica de triste recuerdo.
La dictadura realizó una investigación rigurosa en toda la República,
pero Misiones continuó ignorada. Suerte nuestra en aquella
oportunidad.

MI VIAJE A BUENOS AIRES

En mayo del 31 la Junta llamó a un representante en Misiones y el


triunvirato resolvió que yo fuera el viajero. Con el Dr. Antonio Ortigoza,
nuestro agente de enlace con la junta visitamos en primer lugar al

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coronel Alberto Lavandeira. Sabíamos por Haddad que dicho jefe


sería el comandante de las milicias populares de Misioneros.
Designación acertada, pues Lavandeira había actuado en Misiones
dejando muchas amistades, factor de gran importancia en estos
casos. Lavandeira avisó que no vendría más a Misiones y expücó el
por qué: "desempeñaba en esos momentos un cargo del cual no
podría alejarse sin despertar sospechas". "Irá -nos dijo- un jefe que
vale más que yo. el comandante Regino Lezcano". Este, avisado por
Lavandeira, estuvo de inmediato con nosotros. Informé con detalles el
estado de nuestra organización y recibí las instrucciones que
transmitiría al triunvirato. La principal orden de Lezcano fue conseguir
armas a cualquier precio y dijo: "cuando vaya llevaré dinero para
pagarlas".
Lavandeira a su vez me dio esta orden: "diga de mi parte a los
Comisarios Juan Carlos Calvo y Leandro Berón y al capitán José
Gómez, que estén alertas a los acontecimientos y tan pronto llegue el
comandante Lezcano se pongan a sus órdenes". Con este jefe
visitamos al Dr. Francisco Albarracín presidente de la junta
revolucionaria. Fue uno de los dirigentes irigoyenistas de prestigio y
durante el gobierno del Dr. Irigoyen, desempeñó la Auditoría Superior
de Guerra. Ese alto cargo lo vinculó a las esferas militares. Aproveché
la oportunidad para expresar algunos conceptos respecto a la
situación de Misiones que me acompañaban como una obsesión.
Albarracín había desempeñado cargos de importancia en época
anterior y sería, caso triunfara la revolución (más que esperanza yo te
fe absoluta en ese triunfo) uno de los conductores del país. Hallé y
necesario dejar constancia de lo que pretendíamos los misioneros.
Hice notar el contraste representado por nuestra solidaridad
revolucionaria, con la actitud observada por los dirigentes radicales de
la República en cuanto a los derechos de Misiones. Los gobiernos
radicales nada habían concedido a nuestra tierra a pesar de la razón
evidente de nuestras reclamaciones. Demostré la situación política
denigrante y absurda en que vivíamos. Recordé la actuación de la
antigua Misiones en los comienzos de la revolución de Mayo y durante
la lucha por la independencia. Señalé el atentado injustificable
cometido por Antonio Gervasio Posadas anexando Misiones a
Corrientes, atentado al que las autoridades argentinas dieron validez
en la práctica durante más de cien años. No dejé de señalar la actitud

Revoluciones Radicales
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cobarde de los misioneros (y en eso la culpa era y es únicamente


nuestra) que no tuvimos la hombría de borrar el nombre de nuestro
verdugo de la ciudad capital. Esa cobardía continúa presente. En
1961 nuestra capital sigue ostentando el nombre del mayor verdugo
de Misiones. Hasta cuándo?
Finalmente manifesté que nuestra exigencia inmediata al triunfo
revolucionario era la provincialización automática. Nada de leyes y
decretos. Provincialización lisa y llana. Albarracín estuvo de acuerdo
en todo y prometió atender las justas reclamaciones misioneras. Si fue
sincero, o apenas fueron las suyas promesas pre-revolucionarias,
ignoro. Fuimos vencidos y Albarracín no tuvo oportunidad de mostrar
el valor de su palabra. En esta entrevista estuvo también presente
Ortigoza.

POMAR EN CORRIENTES

Traje de Buenos Aires una gran noticia puesta en conocimiento de


muy pocos compañeros y guardada con absoluta reserva: Gregorio
Pomar sería el jefe revolucionario en Corrientes. En un golpe
revolucionario la personalidad del jefe es un factor decisivo. Pomar no
sería nuestro comandante en la arrancada inicial, pero el solo hecho
de tenerlo en Corrientes, significaba para nosotros, por muchas
razones-hasta geográficas- una confianza sin límites. Para los pocos
que tuvieron conocimiento, la noticia fue motivo de entusiasmo. Pomar
es hoy con entera justicia una figura de leyenda. Leyenda que dejó de
ser atributo partidario para convertirse en boyero del civismo
argentino.

LEZCANO EN MISIONES

El comandante Lezcano debía llegar en junio del 31. Avisé al


triunvirato. Transmitiéndoles las instrucciones del comandante y del
Dr. Albarracín. Así también la orden de Lavandeira a Gómez y a
Calvo. En cuanto a Berón di el aviso a San Martín pues aquel se
encontraba destacado en Concepción. San Martín con una intuición
que los hechos posteriores confirmaron, se resistía a transmitir a
Berón el avisa de Lavandeira. Lo hizo por insistencia mía en vísperas
de la llegada de Lezcano. Cuando llegó el aviso del arribo de

Revoluciones Radicales
17

Lezcano, San Martín fue a esperarlo en Monte Caseros para ponerlo


en contacto con un antiguo caudillo uruguayo, Silvestre Pereyra. con
quien según aquel compañero, se conseguirían armas. De Apóstoles,
Leguía condujo a los viajeros a mi casa, donde estarían de paso, pues
el comandante viajaría a Posadas, su futuro campo de acción. Con él
llegó Ortigoza. Informó que en principio el movimiento estaba fijado
para la noche del 8 de julio y que el aviso definitivo llegaría el día 5 del
mismo mes. Era su intención después de entrevistarse con los
dirigentes misioneros llegar hasta Curuzú Cuatiá donde sus amigos se
organizaban para secundar el movimiento. Ese viaje dependía del
tiempo disponible pues el día del estallido su lugar era Misiones.

César y Pedro Lucas Torres

REUNIÓN EN CONCEPCIÓN

Por sugerencia de San Martín, Lezcano resolvió tocar Concepción


antes de ir a Posadas. Convocó entonces a una reunión para la noche
del siguiente día en aquella localidad. César avisó de ello a los
compañeros de Posadas. Cuando debíamos salir con César para
Concepción se agravó el estado de salud de nuestro padre que se
encontraba enfermo. Combinamos entonces que mi hermano
quedaba, pero mi padre se opuso terminantemente. "Hoy, el lugar de
ustedes es allá" nos dijo con firmeza. "Cumplan su deber". Cuando
llegamos a presencia de Lezcano se encontraban allí San Martín,
Leguía, Berón y José Bogado. La reunión se realizó en una chacra

Revoluciones Radicales
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próxima al pueblo, propiedad de un viejo radical, don Desiderio


Vignolles.

EL PLAN DE ATAQUE

El comandante nos notificó un posible cambio en el plan de acción


inicial a propuesta de Berón. De acuerdo a lo que habíamos planeado
con anterioridad, cada uno de nosotros comandaría la acción en su
respectivo departamento. El jefe militar Lezcano en este caso lo haría
en Posadas. A esta ciudad debíamos marchar después de afirmada la
situación en el interior. Este tomó entonces la palabra y dijo más o
menos lo siguiente: "hice notar a nuestro jefe que él personalmente no
debe atacar jefatura y gobernación. Si por fatalidad lo hieren y peor
aún si lo matan, ello tendrá un efecto desastroso en nuestras filas, lo
que puede significar nuestra derrota. Yo debo comandar ese ataque,
porque perteneciendo a la policía en jefatura tendré entrada libre y
cuando se den cuenta de lo que realmente sucede, habremos ganado
tiempo y estaremos en mejores, condiciones de lucha. “Quiero sí”,
agregó, dirigiéndose a mí, “que ustedes me acompañen". En cierta
oportunidad encontrándome con Berón en San Javier, me propuso un
pacto de "amigos" que acepté, de luchar juntos. Manifesté mi
conformidad en acompañar a Berón y entonces Lezcano me preguntó:
¿Yendo Usted a Posadas, quién se .encargará de su zona? Nombré a
Pedro Sarraillé y Nemesio Leal. La participación de esos amigos en
nuestro movimiento era conocida únicamente por César y San Martín.
A la reunión concurrieron también Ayrault, Olmedo, Haddad, Imas y
Duarte. Se combinó que toda comunicación de y para Lezcano seria
por intermedio de San Martín. Así se evitarían sospechas.

SITUACIÓN DE DUDA

Llegó aviso de Buenos Aires indicando la postergación del movimiento


para el 20 de julio. En vista de ello Lezcano se disponía a salir para
Curuzú Cuatiá cuando Berón dio a San Martín esta grave información:
haber recibido orden de acuartelar la policía y presentarse en jefatura
con urgencia. Agregó que por las palabras del jefe Felipe Villalonga

Revoluciones Radicales
19

pudo comprender que se desconfiaba de la presencia de jefes


revolucionarios en Misiones. Sería prudente que Lezcano y Ortigoza
cambiaran de campamento, e indicó la casa de Teodomiro Krieger en
las inmediaciones del puerto de San Isidro.
A los pocos minutos llegué a lo de San Martín en uno de mis
frecuentes viajes de y para "Los Galpones". Trabajando con un obraje
en Los Galpones, campo de don Eugenio Oria, mis cruzadas diarias
por Concepción no despertaban sospechas. Al tener conocimiento de
la mala nueva me extrañó la noticia, pues desde Los Galpones
mantenía contacto diario con amigos de San Javier e Itacaruaré que
pertenecían a las respectivas comisarias. En la comisaría de la última
localidad estuve de paso un par de horas antes y nada me avisaron.
En caso de una desconfianza como manifestó Berón, la orden de
acuartelamiento sería general y no solo para Concepción. Preocupado
con la noticia en vez de seguir directamente a mi casa, tomé el
camino de Tres Capones. Allí como en Azara y Apóstoles estaba todo
tranquilo. Busqué a Francisco Camaño encargado de un
destacamento policial en las proximidades de mi domicilio. "Ninguna
novedad" fueron sus palabras. Confirmó el paso de Berón para
Posadas estando Camaño en la comisaría de San José en ese
momento. ¿Cómo se explicaba que únicamente Concepción recibiera
orden de acuartelamiento?
Al siguiente día muy temprano salimos con Leguía con destino a San
Nicolás, pueblo brasileño situado a veinte kilómetros del puesto de
San Isidro. Debíamos traer una ametralladora y* su respectiva
munición conseguida con un antiguo revolucionario riograndense, Don
Inocencio
Silva. Este señor fue mi jefe en Río Grande en la revolución del 24. El
31 lo busqué en compañía de César en la estancia "Loma Verde" en
Caza Pava, arrendada entonces por su hijo Juan Silva. Cuando le
pedí que nos vendiera la ametralladora, se sonrió con ironía pues
sabía que no podíamos pagar, y nos regaló el arma, que estaba en
San Nicolás.
Llegamos a lo de San Marín y al ser informado de que en otros
lugares no se registraban novedades; sus palabras fueron éstas: "nos
habrá mentido Berón". Opiné que no, pues a pesar de la situación
dudosa que se presentaba no podía admitir la mentira de un
compañero. Lezcano con quien estuvimos en la casa de Krieger,
admitía también la posibilidad de una traición. Al siguiente día
regresamos de San Nicolás trayendo nuestra ametralladora y en el

Revoluciones Radicales
20

puerto tuvimos noticias pesimistas adelantadas, por un marinero


amigo. Krieger nos confirmó la mala nueva: Lezcano y Ortigoza ya no
estaban en Misiones. “San Martín, nos dijo Krieger, les explicará lo
que hay, pues yo no estoy al tanto". Así fue, Berón, a su regreso de
Posadas, avisó al comandante que todo estaba descubierto. Dio una
serie de informaciones que los hechos posteriores desmintieron.
Según él, la Policía Federal había seguido los pasos del comandante,
ignorando apenas el lugar exacto, donde se encontraba. Que había
recibido órdenes de patrullar todos los caminos. Que cumpliría esa
orden a excepción del camino de San Isidro para evitar
complicaciones. Aconsejaba a Lezcano a cruzar el Uruguay ante el
peligro de una posible detención.
El jefe se negó a aceptar tal consejo, y notificó a Berón (en todo esto
actuaba San Martín de intermediario) que viajaría a Gobernador
Virasoro. Así lo hizo y cuando supimos de lo sucedido, resolvimos con
Leguía, seguir de inmediato a aquella localidad donde alcanzamos a
nuestros amigos.

LEZCANO SE RETIRA

No pudiendo admitir la veracidad de los informes, Lezcano nos dijo lo


siguiente: "Berón dio marcha atrás y por conveniencia o miedo, lo que
se verá con el tiempo, comete esta felonía. No será motivo del fracaso
del movimiento pues él conoce apenas lo de Misiones".
Intuición exacta de lo sucedido.
Ortigoza viajaría directamente a Buenos Aires. Lezcano a Curuzú
Cuatiá, donde lo esperaban sus amigos. "Desde allí, me dijo,
secundaría la acción de Pomar en Corrientes, y de alguna manera, en
Misiones tendrán noticias mías". Nos dio indicaciones para antes y
después del triunfo, pues en su optimismo idealista no admitía la
posibilidad de un fracaso. Se despidió con estas palabras: "Voy
satisfecho a pesar de todo, pues tuve oportunidad de conocer a
misioneros que son un ejemplo y una esperanza para el país".
Dirigiéndose a mí agregó: "queda usted como mi lugarteniente en
Misiones".

Revoluciones Radicales
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PASIVIDAD POLICIAL
A ser verdaderos los informes de Berón, las autoridades policiales
hubiesen tomado medidas de fuerza, lo que no sucedió. Los policías
de la zona continuaron en la misma actitud pasiva y los compañeros
que formaban en sus efectivos, nada sabían.
Con Leguía realizamos un viaje apresurado a Cerro Azul,hoy Cerro
Largo, en Río Grande de donde debíamos retirar armas compradas
por un amigo de nombre Lauro Núñez, Un misionero, antiguo
compañero de escuela, Braulio Krieger comerciante en aquella
localidad, nos dio informes que fueron aclarando las cosas. Había
estado en su casa Deodeciano Rodríguez llevando consigo hombres
bien armados (capangas dicen en Río Grande) en busca de militares
argentinos que allí andarían comprando armas. Deodesiano
Rodríguez conocido comúnmente por Duque, residió en época
anterior en Concepción de la Sierra. Había hecho amistad con
muchos misioneros, uno de ellos Villalonga.
Krieger, amigo de Rodríguez le explicó que no existían tales oficiales
y quien compraba armas era yo, también amigo de Rodríguez. "Lucas”
“respondió éste será el baqueano, conocedor del pago y su gente,
pero la presencia de militares es segura porque ando en esta misión a
pedido del propio jefe de policía de Misiones". La intención de
Rodríguez estaba clara: apresar a los oficiales y entregarlos en la
margen argentina del Uruguay.
Un contrabando de mercadería gente, recurso empleado por los
policías de uno y otro país antes, entonces y después de aquella
época.

SE CONFIRMA LA INFIDENCIA

Regresamos de Cerro Azul y en la madrugada siguiente me desperté


con el barullo conocido del automóvil Ruby de Leguía. La policía de
Apóstoles había recibido orden de apresarnos y el aviso le fue llevado
por el compañero José Ramírez. Hablando pocas semanas después
con Ramírez en Apóstoles, supe que fue don Lucas Areco, comisario
en aquel entonces, quien le indicó que llevara el aviso de la orden de
prisión a Leguía. Aconsejé a Leguía que rumbeara con urgencia a
Itacaruaré, donde estaba nuestro compañero Sarraillé que lo pondría
a salvo. Así se salvó de la prisión. Ensillé mi caballo y gané el monte

Revoluciones Radicales
22

próximo, resuelto a defender mi libertad, que para mí vale más que la


vida. Allí me conservé varios días. La guardia me era familiar y en ella
no penetrarían los perseguidores. Diariamente hombres de confianza
me llevaban informes obtenidos en Apóstoles y San José. Camaño
que formaba parte de la policía fue el mejor informante.
Mi hermano César fue detenido en Posadas a su regreso de una
misión en Candelaria. También Edelmiro Duarte que lo acompañaba.
El número de compañeros presos, que pasaban conducidos a
Posadas, aumentaba. Algunos completamente ajenos a nuestra
organización. Cuando supe que habían pasado presos Sarraillé y
Leal, no me quedó duda de la actitud de Berón. Este, en forma
accidental se había enterado de la participación de aquellos amigos.
Una noche fría di un abrazo a mis padres que me pidieron no volviera,
pues el riesgo era grande.
Supe del levantamiento del coronel Pomar en Corrientes y su retirada
al Paraguay. Convencido de que nuestra organización estaba
deshecha, pedí a algunos compañeros que estaban conmigo que
ocultaran sus armas y fueran a sus ranchos. Resolví cruzar el Río
Grande que continuaba a ser una de las trincheras de mi libertad. Los
hermanos Juan y Domingo Montero me acompañaron
caballerosamente hasta la margen del Uruguay. Juan Montero fue
asesinado a traición después de varios i años, por un gendarme de los
que ocuparon Misiones como tierra conquistada. Dejó en la orfandad
a una familia numerosa. . Otro viejo amigo, Florentino Nacimiento
domiciliado en las proximidades del río, consiguió canoa que me llevó
a la margen brasileña.

LAS PRISIONES

Muchos de los compañeros aquí citados fueron detenidos y llevados a


Posadas. También algunos por el solo hecho de ser radicales. Nada
sabían de la revolución pero el gobierno resolvió cobrarles su
partidarismo.
Como obedeciendo a una consigna previamente combinada (que no
existía) todos se aferraron en la negativa.
Después de muchos días de incomunicación y otros tantos
interrogatorios, se produjo un hecho que motivó cambio de actitud por
parte de César. Llevado a declarar, el inspector Nicolás A. Pignatari

Revoluciones Radicales
23

que actuaba como sumariante le mostró la denuncia que motivó las


prisiones. No le permitió ver la firma del denunciante, pero la lectura
bastó para demostrar la traición de un compañero.
César resolvió entonces asumir la responsabilidad que personalmente
le correspondía y explicó su participación. Fue trasladado de
inmediato a San José en cuya comisaría se encontraban varios
compañeros detenidos. Se trataba de pobladores de las sierras y
vecinos nuestros que formarían en los contingentes organizados por
César. Allí estaban sufriendo privaciones, amenazas y hambre con la
advertencia de que las coyundas serían apretadas mientras no
confesaran. César vio a sus hombres, pudo notar el estado calamitoso
en que se encontraban y fue advertido por el jefe de policía Felipe
Villalonga de lo siguiente: "sabemos -fueron sus palabras- que su
hermano Lucas dejó armas y municiones escondidas en el monte,
incluso ametralladoras. Estos hombres son sabedores, pero son duros
y no confiesan". Mientras no descubramos esas armas no probarán
bocado. Es gente suya, resuelva así lo que va a hacer con ellos".
César pidió que le permitieran hablar con los presos, asumiendo la
responsabilidad de la entrega con la condición de que éstos fueran
puestos en libertad. César ignoraba que habíamos traído a Misiones
la ametralladora. Vivíamos a varias leguas de distancia y con el trajín
de las vísperas revolucionarias no nos habíamos visto por varios días.
Villalonga previa consulta con el gobernador Acuña aceptó la
condición propuesta, lo que prueba que en Misiones, en aquella época
no había desaparecido del todo la caballerosidad de los que
mandaban. Los hermanos Montero confirmaron a César la existencia
del escondrijo. Se formó una caravana rumbo a las sierras y las armas
fueron entregadas en parte. La ametralladora estaba oculta en el
domicilio de Benito Montero.

TRIBUNAL MILITAR

Los dirigentes presos en Posadas fueron sometidos al tribunal militar


constituido en Corrientes para juzgar a los revolucionarios de Pomar.
El gobernador Acuña se opuso al traslado de los misioneros a aquella
ciudad, y obtuvo que el tribunal presidido por el coronel Costa se
constituyera en Posadas. Condenados algunos en forma condicional,
absueltos otros, fueron puestos en libertad después de dos meses de
detención. No se confirmaron los pronósticos alarmantes que corrían

Revoluciones Radicales
24

con insistencia respecto a los presos: que serían llevados a Tierra del
Fuego y hasta fusilados. El país vivía en estado de guerra, se sabía
de violencias practicadas en otros lugares y ello explica la onda de
rumores. El pueblo tiene la imaginación fértil para inventar versiones,
que van aumentando de volumen a medida que circulan.
Esas versiones principalmente la última no podían admitirse como
verídicas, pero ellas ejercieron un efecto desolador en el ánimo y
sentimiento de los familiares, que vivieron horas de amarguras.
Quiero dejar constancia en este relato de un gesto del Dr. Acuña:
efectuó una visita a los detenidos, informándose del estado década
uno y notificándoles que hicieran llegar a su conocimiento cualquier
reclamación respecto al trato recibido. Esa actitud del gobernador,
visitar personalmente a adversarios que estaban tramando su
deposición, es una prueba de que Acuña no fue el mandón
empecinado y perseguidor como lo pintaron, y sí un adversario
hidalgo y humano. Los datos sobre la forma en que fueron tratados los
presos políticos me los dio mi hermano César. Este pudo aquilatar
personalmente la forma decente y humana observada por las
autoridades policiales que seguían las instrucciones del gobernador
Acuña. Nunca ocultó su juicio favorable a la actitud del gobernador en
ese sentido.
Evitó que el pueblo de su tierra presenciara la onda de vejamen, odio
y vergüenza a que fueron sometidos los presos políticos en otros
lugares de la República.

JUICIOS PRECIPITADOS

Nuestra situación de vasallaje político ya referido favoreció juicios


precipitados e injustos respecto a nuestra actitud. Los adversarios no
admitieron idealismo de nuestra parte. (Generalmente se juzga a los
otros por el propio sentir). Las autoridades policiales nos consideraron
en los primeros momentos simples asaltantes. Consta que recién
después del levantamiento de Pomar, admitieron que fuésemos
revolucionarios.
El equívoco era hasta cierto punto explicable. Formábamos parte del
pueblo misionero que a un siglo sufría un sometimiento material y
moral sin un gesto efectivo de rebeldía. En algunos sectores de la
población hasta satisfechos con el tutelaje a que estaban condenados.
¿Por qué entonces nuestra decisión revolucionaria? Nuestra situación
con Uriburu no sufrió variantes y si se quiere, moralmente, había

Revoluciones Radicales
25

mejorado. ¿Cómo se justificaba entonces que arriesgáramos la vida


desinteresadamente? ¿Sería posible admitir que nuestro quijotismo
buscaba restituir a otros lo que estos nos negaban desde añares? Era
realmente difícil de comprender, y se explica en parte la censura
despiadada de que fuimos blancos.
Muchos años después leí esta frase que si la memoria no falla es de
Ricardo Rojas: "el radicalismo antes que un ideal es un sentimiento".
Así podían juzgarlo con justicia mentes envenenadas en el
totalitarismo que surgía para infelicidad de la República. De allí la
amargura de amigos y compañeros de lucha, y el deseo de muchos
en el esclarecimiento de estos hechos.

Revoluciones Radicales
26

CAPITULO II
Compás de espera

La delación del comisario Berón motivó la ausencia de Misiones en el


primer movimiento radical contra la dictadura del general Uríburu.
Berón se había infiltrado en nuestras filas para conocer sus
integrantes y sus movimientos. Para nosotros, apasionados por
nuestra empresa revolucionaría, pero engañados y derrotados,
aquella deslealtad del compañero fue funesta. Para el gobierno
triunfante, en cambio, fue una lealtad fructífera, como fue valiente su
proceder; tanto es así que le valió para llegar a la Jefatura de la
Policía del Territorio. Es que la valoración de una conducta depende
del ángulo desde el cual se la aprecia. En una contienda lo que para
un bando es detestable, para el enemigo puede ser una hazaña
encomiable. Esto no es una calumnia ni una injuria. El respondió al
Gobierno, a sus mandos naturales, como se dice, y a fe que le hizo
bien. Simplemente quiero explicar cómo aquel engaño de que fuimos
víctimas desbarató nuestros planes en la etapa inicial de la Empresa.
No fue lo peor. Nuestra organización quedó desarticulada casi por
completo y fue necesario dejar pasar una temporada para empezar de
nuevo.
El revolucionario difícilmente escarmienta y se acobarda ante las
derrotas. Sufra una o muchas, siempre está aferrado a la esperanza
del triunfo final. Los misioneros no escapamos a la regla.
En diversas oportunidades entré oculto al pago viejo, principalmente
debido al estado de salud de mi padre que fue agravándose con los
acontecimientos políticos. Encontré en los compañeros el mismo
espíritu de lucha, a pesar del fracaso sufrido y las prisiones
soportadas por muchos. Necesitando ocultarme para evitar mi
detención, mi refugio estaba en los montes. Allí en contacto con los
pobladores amigos, fue aumentando mi fé en el triunfo. Los serranos
eran hombres sin cultura, humildes, sufridos, aclimatados a lo difícil.
No entendían de ideales políticos, sí de lealtad al amigo. Protegidos y
aprovisionados a la vez por sus montes, eran en su prisión verde,
espiritualmente libres en la amplia acepción de la palabra. Ellos
formaban nuestros cuadros de lucha, llevados quizás por una
herencia telúrica, incomprendida pero presente en sus vidas.
En las sierras conservábamos algunas armas que la policía no
encontró en sus búsquedas. En Río Grande, un pequeño arsenal.

Revoluciones Radicales
27

Los dirigentes de Buenos Aires no cortaron totalmente sus contactos


con Misiones y aquí estuvieron en misión algunos mensajeros de
confianza, entre ellos el señor Pedro Mendoza.
Con la esperanza en el triunfo, algunas armas y muchos deseos de
desquite, reiniciamos nuestros preparativos.

GENERAL TORANZO

La dictadura había conseguido descubrir ramificaciones


revolucionarías en diferentes zonas del país. Por delación como en
nuestro caso, por precipitación o descuido de los complotados, por
vigilancia activa de los policías, la verdad es que el radicalismo
sumaba fracasos. Aumentaba así el número de argentinos que
escapando a la persecución dictatorial se refugiaron en los países
vecinos. Dirigentes de conocida actuación, civiles, militares, ex
ministros como don Benjamín Avalos, altos jefes como el general
Severo Toranzo. Hasta un simple resero como yo, la Legión de
exiliados era numerosa y variada. El coronel Pomar dejó el territorio
paraguayo y atravesando el Brasil se reunió a los que estaban en la
República del Uruguay.
En la ciudad de Salto se organizó el primer grupo de resistencia
armada que desde el país vecino, lucharía contra la dictadura
argentina. Fue su jefe el general Toranzo y Misiones estuvo presente
en la persona ce Pomar, alma y nervio de la organización. En este
relato me concretaré a los acontecimientos de Misiones y Santo
Tomé. Necesito sin embargo hacer referencia a sucesos que tuvieron
por escenario otros sectores, pues hay estrecha relación con los
primeros. Leguía fue el representante directo del radicalismo
misionero de la zona del Uruguay.

SECTOR MISIONES

Por indicaciones de Leguía fui llamado a Sarto. Pomar, con quien nos
conocíamos desde muchos años antes, estaba en antecedentes de
mis vinculaciones de amistad con los riograndenses. Por muchas
razones necesitábamos de la cooperación, buena voluntad, tolerancia
-por lo menos- de aquellos, principalmente de los samborgueños. En
San Borja dejamos un gran número de amigos que fueron nuestros
protectores desinteresados, empezando por miembros de la familia

Revoluciones Radicales
28

Vargas. En cierta oportunidad el coronel Benjamín Vargas me


presentó a un sobrino suyo con estas palabras: "Este es un
riograndense que por parada dice ser argentino". No puedo dejar de
citar a don Flodoardo dos Santos, un caballero típico de la raza
riograndense, en su hidalguía. Resultado de mi viaje a Salto, fue mi
designación como jefe del sector Misiones. El general Toranzo,
confirmó de esa manera la determinación del comandante Lezcano a
mi respecto, y lo hizo a indicación de Pomar. Acaté la designación de
los jefes como una imposición del momento. Fue el resultado de mi
vieja amistad con los riograndenses.
Es difícil después de tantos años, principalmente para quienes
desconocen los hechos y antecedentes, comprender cuan necesario
nos resultaba la ayuda de nuestros vecinos. Más difícil aún, medir la
importancia de esa ayuda, el desinterés, la caballerosidad con que
ella nos fue prodigada.
A todo esto, un sector del radicalismo que se titulara legalista, insistía
en la concurrencia a elecciones presidenciales convocadas por la
dictadura. Proclamó la fórmula Alvear-Güemes, que fue vetada por el
dictador, no dejando así, a la oposición radical otro camino que no
fuera la lucha armada.
Se intensificó la acción revolucionaria centralizándose la dirección
del movimiento en el comando de Toranzo y Pomar.
Consumado el fraude de la elección del general Justo, se sancionó
una ley de amnistía y muchos pudimos volver libremente al terruño
nativo. Prolongué mi campo de acción a Santo Tomé, donde contaba
con un pequeño núcleo de amigos, que fue ampliándose con el
tiempo. Allí me encontré por primera vez con Mario Losada, misionero
como yo, a quien le estaba reservada una destacada actuación en la
lucha futura.
Quiero referirme a un acontecimiento ajeno a nuestra causa que tuvo
reflejos favorables para ella, por una circunstancia casual. En julio del
año 32, estalló en Sao Pablo una poderosa revolución contra el Dr.
Getulio Vergas. En San Borja, tierra nativa de Vargas sus partidarios
formaron milicias civiles en defensa de] gobierno. En las proximidades
de aquella ciudad, en poder de un viejo amigo, Juan Falkembach yo
había depositado ochenta fusiles y carabinas Mauser, y la respectiva
munición. Falkembach, partidario de Vargas entregó aquellas armas
para equipar las milicias, con la advertencia en cuanto al dueño y al fin
a que estaban destinadas. La actitud de mi amigo significó con el

Revoluciones Radicales
29

tiempo una ventaja para nuestra causa, pues obtuvimos reciprocidad y


con creces.

DETENCIÓN DE SAN MARTIN

En la ciudad de Buenos Aires, colaboradores del Coronel Atilio


Catáneo, jefe revolucionario en la capital, fueron causantes
involuntarios de una nueva postergación del movimiento armado. Al
distribuir material de guerra en los barrios de la ciudad, dejaron caer
en el pavimento un pequeño cajón con granadas de mano. Con el
estallido de las granadas y el alarme lógico, la policía tuvo la pista que
llevó al domicilio de aquel jefe. Allí encontró una clave de
comunicaciones donde figuraba el nombre y lugar de residencia de
Ciro San Martín. De inmediato ordenaron su detención que se produjo
en Apóstoles, donde aquel compañero se encontraba
accidentalmente. Leguía trajo el aviso a Cesar y a mí. Tuvimos la
impresión -por ciertos informes- que Ciro sería llevado z Posadas,
acompañado por Berón como custodia. Reuní a tambor batiente un
pequeño grupo de amigos y esperamos en un lugar favorable a una
sorpresa.
Mi Intención era librar al compañero y ajusticiar a Berón. AI segundo
día de espera, César que discordaba con mi actitud, resolvió
entenderse personalmente con el gobernador Acuña. Este, después
de las explicaciones de César ordenó telefónicamente la libertad de
Ciro. Consideré entonces que mi imprudencia habría complicado la
situación.

Ciro Ireneo San Martín


NUEVOS PREPARATIVOS
Nuestros cuadros dirigentes -sector voluntario- fueron aumentando
con relativa rapidez. En Apóstoles tuvimos la adhesión de los
hermanos Leonardo y Mario Losada y del Dr. Claudio Arrechea.
Hombres jóvenes e idealistas trajeron a nuestras filas un empuje de
entusiasmo y la simpatía de un amplio círculo de amistades que los
rodeaba.
En San Carlos, Luis Acassuso se convirtió en el abanderado de la
revolución, conquistando un numeroso grupo de radicales.

Revoluciones Radicales
30

Por informaciones del comando y


Otras fuentes sabíamos que los preparativos abarcaban zonas
vitales de la República. Nuestros jefes cada vez más confiados
nos contagiaban su entusiasmo. La experiencia debía hacemos
poco optimistas, pero es lo que dije anteriormente: las derrotas
no acordaban a los revolucionarios.
Surgieron movimientos aislados -en tiempo y lugar- en diversos
puntos del país: provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza,
Córdoba, Entre Ríos. El más importante fue el de La Paz, en la última
provincia. Allí se levantaron los hermanos Eduardo, Roberto y Mario
Kennedy. Falló una vez más el levantamiento en otros sectores y los
Kennedy tuvieron que abandonar el campo de lucha, ante el peligro
de un cerco militar. Una retirada épica, con caracteres de leyenda los
llevó al Uruguay.

COMANDO DEL LITORAL

Con este nombre se constituyó al comando revolucionario. Fue su jefe


el coronel Roberto Bosch, quien asumió la dirección del movimiento
en todo el litoral. Incluyó Santo Tomé en la zona de mi comando,
dominándola "Sector Forte".
Se aproximaba el fin del año 32 y esperábamos novedades. Pedí al
comando que avisara con días de anticipación la fecha del estallido.
Expliqué la razón: nuestra gente vivía en una zona extensa y de
comunicaciones difíciles. El aviso no tendría otro vehículo que el
caballo. En las sierras de San Juan, Cascavel, Santa María, Taranco,
Richarson, Bretes, Machadinho, Invernadinha, Galpones, Monje, no
había otro medio seguro de movilidad en aquel entonces. En los
departamentos de Apóstoles y Concepción (zona de campo) las
comunicaciones resultaban menos difíciles, pero los compañeros
vivían alejados unos de otros y los avisos debían ser individuales. A
pesar de mi pedido al comando, la noticia para el ataque llegó a última
hora. Comunicaron a Apóstoles en la tarde anterior a la noche
señalada para el movimiento. Fue por lo tanto cuestión de horas, no
de días. Los pocos compañeros que tuvieron conocimiento rápido,
resolvieron cumplir la palabra empeñada a pesar de la exigüidad del
tiempo. Imposible recoger en pocas horas disponibles las armas
escondidas en las sierras de San Juan y Cascabel. Resultó más fácil
llevarme el aviso a costa brasileña donde teníamos más y mejores

Revoluciones Radicales
31

armas. De esto se encargaron el Dr. Arrechea y Mario Losada,


quienes llegaron a la estancia "La Florida" a las 10 de la noche.
César, Leguía y Daniel Imas con un pequeño número de compañeros
reunidos precipitadamente, nos esperarían en las afueras del pueblo
de Concepción (entrada de la ruta que va de Apóstoles y Posadas).
Viajaron en un camión de Ladislao Warenicya. Estaban apostados a
nuestra espera en horas de la madrugada cuando un jinete que
pasaba los descubrió y huyó antes que pudieran detenerlo. César
ante el peligro de una denuncia a la policía del jinete en fuga, resolvió
atacar la comisaria sin las armas esperadas. Al aproximarse fueron
recibidos con descargas de fusiles señal de que el jinete había
comunicado la novedad. Quedó anulado el factor sorpresa que
beneficiaría a los nuestros y ese detalle, pequeño en apariencia pero
de vital importancia en aquellos momentos, significó nuestro fracaso.
A los compañeros, armados con algunos revólveres y machetes les
resultó imposible sostener una lucha con policiales bien armados,
contando con trincheras de muros de piedra para la defensa. Dirigió la
defensa el comisario Berón cuyo valor personal no intento negar.
César tuvo la precaución de esperar a la entrada del camino de San
Isidro para damos el aviso de lo sucedido. Los papeles estaban
invertidos. Seríamos nosotros los sorprendidos si la policía hubiese
salido de sus trincheras. No lo hicieron creyéndonos en mayor
número, posiblemente.
Con precauciones recorrimos algunas calles buscando localizar a los
dispersos. Ya en pleno día, imposibilitados de organizar una acción
eficaz, nos retiramos. Teníamos fusiles y algunas granadas y faltaban
hombres para manejarlos. Había necesidad de salvar nuestro
armamento y el rumbo fue San Isidro. Detuvimos a los marineros del
destacamento y pasamos a costa brasileña.
Algunos compañeros fueron detenidos; otros consiguieron escapar,
estando entre estos, Daniel Imas, que no conociendo los lugares tuvo
serenidad de rumbear a la salvación: el río Uruguay.
Con este episodio adverso llegó otra ola de prisiones y como en la
primera vez, radicales que nada sabían de nuestros preparativos, y
algunos que nada querían saber de revoluciones, sufrieron las
consecuencias de su partidismo.
En San Carlos se levantó Luis Acassuso comandando a sus
campesinos. Fue más feliz que nosotros pues obtuvo un triunfo

Revoluciones Radicales
32

momentáneo, de poca duración debido al resultado negativo en otros


sectores. Carecía de armas y municiones para continuar la lucha y
ante la imposibilidad de recibir aquellos elementos, resolvió retirarse al
Paraguay.
También fracasó el ataque a Concordia comandado personalmente
por los coroneles R. Bosch y Pomar-A estos jefes no es posible
negarles competencia, entusiasmo, coraje, voluntad. Cómo fracasaron
después de todo previsto y organizado? ¿Cuáles fueron las causas
de tantos desastres militares sufridos por el radicalismo
revolucionario? Es indudable que nunca tuvimos una organización
eficaz y pareja. También fallamos en la palabra empeñada. Los
levantamientos aislados, en puntos lejanos a centenares de kilómetros
como sucedió varias veces, es una prueba de lo que afirmo. Existió
siempre un compromiso previo de acción simultánea -sino en todo el
país- por lo menos en varias provincias, abarcando regiones de
importancia bélica. Llegada la hora se producían levantamientos en
dos o tres lugares y en los demás, los complotados permanecían a la
expectativa. De esa falla estamos libres los misioneros. Cuando nos
llegó la orden de ataqué a Santo Tomé nos resultó imposible cumplirla
a la hora señalada, por la exigüidad del tiempo. Pero la cumplimos. El
aviso a última hora por parte del comando se tradujo en una serie de
factores negativos que el lector verá más adelante.
Otro factor negativo fue la falta de recursos materiales. Si aquella
sentencia de Napoleón, de que para la guerra se necesitan tres cosas:
dinero, dinero, dinero, fuera una verdad absoluta y sin excepción,
nosotros los del sector norte nunca podríamos haber hecho la guerra.
En lugar de tener dinero tres veces, tuvimos falta de él centenares de
veces. Salvamos la situación con el auxilio de Río Grande. Teniendo
en cuenta esto, imagine cual sería la situación en sectores alejados de
fronteras amigas.
En la carencia de recursos materiales, que se traduce en falta de
elementos bélicos quizá esté la explicación de la actitud pasiva, de
indiferencia aparente de tantos que faltaron a los compromisos
asumidos. En aquellos momentos esos compañeros fueron blancos
de censuras posiblemente injustas. El tiempo aclaró muchas cosas y
aunque tarde, es necesario reconocer razones que si no justifican, por

Revoluciones Radicales
33

lo menos explican aquella actitud. No podrán con revólveres y


cuchillos defenderse contra ametralladoras.

CAPITULO III
El exilio

Consecuencia de los últimos acontecimientos aumentó


considerablemente el número de exiliados. Los misioneros nos
concentramos en La Florida, frente a San Isidro, Garruchos, frente al
pueblo correntino del mismo nombre y Rincón Vermelho frente a
Itacaruaré. En Garruchos se ubicaron Arrechea, los hermanos
Losada, Leguía, San Martín, César, Imas, y otros. Allí residían los
hermanos Juan y Pedro Scotto, correntinos, amigos por tradición y
conocimiento personal de los exiliados. Hicieron lo humanamente
posible para mejorar la permanencia obligada de sus paisanos.
Tendieron un puente de comunicaciones entre ambas márgenes del
río, y fue posible un contacto directo entre aquellos y sus familiares.

Revoluciones Radicales
34

En La Florida quedó el mayor número, conmigo. En Rincón Vermelho


el tercer núcleo con Sarraillé.
En Rincón Vermelho, Sarraillé fue víctima de un atentado criminal.
Asesinos profesionales aprovechando la oscuridad de la noche
dispararon sus armas contra él. Fue Herido superficialmente.
Con este compañero bastante relacionado en territorio brasileño
fronterizo, conseguimos trabajo en establecimientos de campo y
colonias para muchos de nuestros hombres.
Más al sur, después del ataque a Concordia, los jefes radicales fueron
internados por orden del gobierno uruguayo. En la ciudad de Melo,
permanecieron una corta temporada, acompañados por algunos otros
dirigentes, los coroneles Bosch y Pomar. Desde allí y por gestiones de
personas amigas consiguieron asilo en Río Grande, donde fueron
recibidos con toda caballerosidad.

URUGUAYANA

E l gobernador de Río Grande, general Flores da Cunha concedió el


asilo en Uruguayana, lo que representó una simpatía manifiesta hacia
nuestros dirigentes. Por muchas razones éstos no podían desear
mejor ubicación. Uruguayana se convirtió en el centro de las
actividades revolucionarias, y por supuesto pasaron en una y otra
dirección centenares de argentinos. También por el mismo territorio
brasileño, viniendo del Uruguay, o de San Borja, Itaquí, etc. Eran
familiares, amigos, partidarios que efectuaban visitas, llevaban
informes y recursos, y traían instrucciones. Pomar se conservó en la
ciudad y con el entusiasmo que era parte de su vida se convirtió en
eje de la organización.
Bosch instaló el comando en la estancia de Don José María
Rodríguez, en la costa del río, frente a Bonpland Corrientes. Allí y en
las estancias linderas o próximas de los señores Pacheco Prates,
Fagundez, Guimaráes, Belleza, acamparon los emigrados cuyo
número aumentaba diariamente. José María Rodríguez, más que un
amigo fue un protector de nuestra causa. Bien pocos dirigentes
radicales argentinos, llevaron a la revolución un aporte de dedicación
y desinterés que pueda equipararse al de este riograndense. Don
José María vendió su zafra de lana de 1933 y entregó a Pomar el

Revoluciones Radicales
35

importe para ser empleado en la compra de armas. Pomar no aceptó,


pero ello no quita méritos al gesto del riograndense amigo.
La población de Uruguayana -ciudad y campaña- demostró en todo
momento una gran simpatía por la causa radical, y prodigó a los
exiliados, una solidaridad que solo puede ser medida por los que
sentimos sus efectos. No puedo dejar de citar a los señores Boca
Torres, Ñeco Costa, Seca Guimaráes, residentes en la ciudad.
Viajando con destino a Melo (Uruguay), al pasar por Santa María en
Río Grande, un oficial de policía nos exigió salvoconducto para viajar.
Mi compañero Bianchetti no tenía y entonces, auxiliado por el idioma
expliqué al oficial, desconocido para mí, que se trataba de un
revolucionario argentino. Eso sirvió de salvoconducto y de muestra de
simpatía que despertaba nuestra causa. En toda la costa brasileña de
nuestro río, desde Cuarain hasta Puerto Xavier, nos instalamos los
emigrados. Ninguno se alejaba de la frontera: pues ver el terruño
desde lejos, charlar con los amigos, abrazar a los familiares, es tan
necesario para quien anda en la mala, como el jabón, el churrasco, la
yerba y la galleta.

SANTO TOME

Mientras tanto en Santo Tomé se intensificaban los preparativos


revolucionarios. No exagero diciendo que esa ciudad es la cuna del
radicalismo correntino. Fue el campo de acción del coronel Ángel
Blanco, uno de los fundadores del partido, con Alem e Irigoyen. Jefe
indiscutible y acatado en la provincia, Blanco fue de las
personalidades de mayor grandeza cívica y moral en la vida partidaria.
Su herencia es defendida por los santotomeños, que mantienen a su
terruño a través del tiempo, como un baluarte electoral del
radicalismo.
Se formaron dos batallones revolucionarios: en la ciudad y sus
alrededores a las órdenes del señor Estratón Pérez, y en la campaña
al comando del Dr. Roberto Billinghurt. El primero tuvo
necesariamente que limitar sus actividades para no despertar
sospechas. No así el segundo que contó con los factores favorables.
Billinghurt pertenecía a una familia tradicional de la provincia.

Revoluciones Radicales
36

Abogado joven en aquella época, hacendado conocido y bien


conceptuado, culto y llano en su trato personal, se convirtió en líder en
una extensa zona de la campaña.

Contaba con una propiedad de muchas miles de hectáreas sin caminos internos
miradas delatoras-con la simpatía de sus vecinos y la tolerancia amiga de las autorid
por lo tanto dar a los hombres de su batallón de caballería una instrucción casi
brasileño se ultimaban los preparativos. Bosch y Pomar llegaron hasta San Borja -
oportunidades- estableciendo una estrecha vinculación de amistad, principalmen
Benjamín Vargas. Allí tomaron contacto con los santotomeños lo que significó ventaja

Revoluciones Radicales
37

Del jefe se traduce en estímulo. Pedí al coronel Bosch que me relevara del
comando del sector norte pues el señor Estratón Pérez no se
conformaba en actuar a mis órdenes llegados el momento. Por edad,
prestigio partidario, actuación conocida de a muchos años, Pérez no dejaba
de tener razón en resistirse a ser mi subordinado. En realidad yo era un
extraño en la zona y lógicamente despertaba resistencia. Para que esa
resistencia no se convirtiera en mala voluntad, que perjudicaría a la causa,
pedí mi relevo. Estaba resuelto a evitar que mi persona restara esfuerzo a la
revolución. Además mi deseo fue siempre actuar en mi tierra natal y así me
resultaba oportuno alejarme de Santo Tomé.
El coronel Bosch resistió a atender mi pedido y solo admitió mi relevo con la
condición de que continuara como segundo comandante, actuando
directamente en Santo Tomé. Mi ausencia de Santo Tomé significaría un
nuevo reajuste en la organización de los cuadros combatientes. Ello ya no
era posible por falta de tiempo. Por lo tanto mi deseo fue una realidad a
medias.

PLAN DE CAMPAÑA

Había combinado con los compañeros de Misiones un plan de campaña


que llevé a conocimiento del comando del Litoral.
En la zona de Itacaruaré y Los Galpones se habían incorporado a nuestro
movimiento los hermanos Filisberto y Fernando Montenegro. Actuarían con
sus hombres a las órdenes de Sarraillé, exiliado entonces pero en
comunicación frecuente con tierra argentina. En Garruchos actuarían los
hermanos Losada, Cambien exiliados, y contando con un numeroso grupo
de compañeros que los esperaban en Corrientes. Tenían al igual que
Sarraillé completa libertad de acción. Sobre el terreno desarrollarían el plan
de lucha. Conocedores de tierra y gentes donde debían adoptar una
decisión a toda prueba, el éxito en la arrancada estaba seguro. Más al
interior se moverían San Martín y César, cada uno en su sitio, rehechos de
los descalabros sufridos. Yo actuaría en Santo Tomé, el punto clave del
sector norte. En los tres puntos de ataque sobre el Uruguay, amigos
ríograndenses secundarían nuestro esfuerzo, principalmente en los dos
extremos: San Borja y Rincón Vermelho.

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38

RED DE COMUNICACIONES

Toda comunicación entre el comando del Litoral y el sector norte se


realizaba por el lado brasileño. Hasta San Borja con rapidez porque esa
ciudad contaba con todos los medios de comunicación de la época. De allí
al norte comenzaban las dificultades. Los poblados de Garruchos, Sao
Nicolás, Rincón Vermelho y Puerto Xavier, no tenían telégrafo o teléfono.
Tampoco en aquella época, caminos transitables para automóviles, que
escaseaban y cuyos servicios por lo mismo resultaban demasiado caros. De
San Borja a Puerto Xavier, con los límites de nuestras actividades, en una
extensión de 40 leguas costeando el río, nuestro único medio de
comunicación seguro era el caballo.
Desde el comienzo-y no por primera vez- hice notar esta dificultad al
comando del litoral. Indiqué era indispensable que la orden de ataque nos
llegara con anticipación de varios días para evitar fallas. Además los
compañeros en costa argentina, en mayor número, recibirían el aviso de
nosotros los exiliados. Esas razones obligaban al comando a atender mi
indicación. El lector verá que tal cosa no sucedió.

EL MAYOR AGUIRRE

Me sustituyó en el comando del sector norte el mayor Domingo Aguirre.


Comentando un atentado criminal del que fui víctima en diciembre de 1934,
el coronel Bosen entonces en Río de Janeiro, hizo al diario "A Patria" (4 de
enero de 1935) entre otras manifestaciones relativas a mi actuación
revolucionaria, esta que transcribo: "Hombre -como dije- desinteresado,
sabiendo que entre algunos políticos de costa argentina (Santo Tomé)
podía su comando causar descontento, me pidió que diera el comando a
una persona ajena a la zona, a fin de que con su sustitución fuera
conservada la unidad de acción en ambos lados". Estas dos palabras
"ambos lados" explican la necesidad de mi presencia en Santo Tomé.
Este jefe militar se exilió en el Paraguay, juntamente con Pomar. Participó
en carácter de voluntario en la guerra del Chaco, desempeñando una

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actuación meritoria que fue motivo de reiterados elogios del gobierno


paraguayo. Cuando vino a reunirse con los que estábamos en el Brasil, lo
hizo a través de Corrientes. El compañero Víctor Niveyro que más tarde
actuó en el combate de Libres y Mario Losada, fueron los encargados de
llevar a Aguirre desde el establecimiento de los hermanos Justino y José
Cabral en Santo Tomé hasta la costa del Uruguay.
En Uruguayana se incorporó a las filas revolucionarias -ese fue el motivo de
su venida- y actuarían en Paso de Los Libres de no mediar mi pedido de
relevo.
Fui avisado del arribo de Aguirre a San Borja y de inmediato acudí a su
encuentro. Trajo la noticia de que estábamos en vísperas del nuevo
estallido, aún sin fecha marcada. El aviso, me dijo "llegará con cuarenta y
ocho horas de anticipación". Sobre un croquis rudimentario demostré la
imposibilidad de comunicaciones rápidas y conseguí que Aguirre insistiera
en la necesidad de mayor anticipación en el aviso.
A las dificultades que ya señalé hay que agregar lo siguiente: nuestros
combatientes en costa brasileña estaban trabajando en diversos
establecimientos rurales diseminados en una amplia extensión. No
podíamos reunir-los con anticipación porque carecíamos de recursos en
dinero; para mantenerlos en puntos fijos serian en las proximidades de los
puertos de invasión. Por otro lado no podíamos abusar de la tolerancia de
las autoridades. También los que continuaban viviendo en tierra argentina,
necesitaban ser avisados con tiempo de llegar a los lugares previamente
combinados.
La llegada de Aguirre en vísperas de los acontecimientos impidió que lo
llevara a efectuar una visita a los exiliados. No conoció previamente a los
que serían sus compañeros de lucha y ello resultó un factor negativo.
Apenas iniciado me pidió el plan de combate en el ataque a Santo Tomé y
al responderle que no existía, manifestó su asombro ante mi descuido.
"Señal de futura derrota" me dijo con cierta grosería.

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Me pidió la lista de la plana de oficiales y al enterarse de que no me había


preocupado con tal cosa, no se contuvo: "compañero, no puedo chocar de
entrada con Usted, pero francamente, debo decirle que es una negligencia".
Le di la razón -la tenía- y le reproché que le había dicho al coronel Bosch,
en una oportunidad en que éste insistió en la lista de candidatos a oficiales:
"coronel, tenga la seguridad que con grados o sin ellos, cuando sea hora
pelearemos y pelearemos bien". Los hechos posteriores confirmaron mis
palabras dichas quizá con dosis de altanería. Soy criollo.

ORDEN DE ATAQUE

Después de mi primera entrevista con Aguirre, hice un viaje rápido hasta La


Florida donde estaba mi campamento y regresé a San Borja en espera de la
orden de ataque. Antes de llegar encontré a un chasqui en auto que con
urgencia me llevara el aviso. Era el 28 de diciembre de 1933, y la orden
marcaba la madrugada del día 29. Aguirre, ante la imposibilidad de
organizar la invasión en tan corto plazo dejó librada a mi decisión la actitud
a tomar. Después de los acontecimientos supimos la razón de la premura
del tiempo. La situación de los compañeros en Uruguayana se hacía
insostenible ante las reclamaciones del gobierno argentino, y el coronel
Bosch resolvió anticipar la invasión.
De común acuerdo resolvimos invadir en la madrugada del día 30 y así
comunicamos al comando en Uruguayana.
A excepción de Santo Tomé -donde ya estaban avisados por Aguirre-, era
imposible realizar ataques en otros puntos de la frontera. Nada avisé por lo
tanto a los grupos de La Florida y Rincón Vermelho. Automáticamente los
compañeros del interior de Misiones -zona del Uruguay- quedaron sin
saber.
En cuanto a Garruchos el punto más próximo (30 leguas para automóvil)
resolví hacer venir a San Borja a los compañeros de allí. Dada la premura

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del tiempo sería de dudosos resultados la acción de los garrucheños en su


pago. Me pareció preferible que ellos fueran a aumentar, mejorando
grandemente, nuestros efectivos en el punto principal: Santo Tomé.
Con ese fin vino desde San Borja el señor Marcos Ponsi, con un camión a
llevarlos. Llegaron al puesto de invasión al norte de Santo Tomé ya en la
noche del 29 donde los esperaba Aguirre con otros contingentes. Mario
Losada y Apolinario Benítez fueron a mi encuentro en San Borja.

DOS TIPOS DIFERENTES DE HOMBRE

Voy a hacer un breve pa-


réntesis al relato, para referir-
me a dos personas, actores en
los acontecimientos, en un
rápido juicio: Aguirre y un
acompañante suyo. Aquel,
siendo un militar profesional y
con una actuación distinguida
en la guerra del Chaco, sereno
y valiente, sería el jefe ideal en
aquellos momentos. Infeliz-
mente careciendo de lo que
podría calificar como "Don de
gentes", resultó un contraste.
Grosero en sus expresiones al
impartir órdenes. Sarcástico
en sus juicios -precipitados-
sobre las posibilidades de Carlos V. de Perini
nuestra acción ante nuestra
falta de organización y disciplina. Intransigente en su punto de vista en la
conducción de nuestros contingentes. Esto significó un factor negativo en su
actuación. Le faltó habilidad para conducir ciudadanos y no soldados que
iban a luchar como camaradas. Su carácter lo incompatibilizó con muchos y
me creó situaciones difíciles. Tuve necesidad de defender al jefe ante

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juicios y actividades adversas y mantener al mismo tiempo la unidad de los


combatientes.
Con Aguirre vino un hombre a quien recuerdo siempre como ejemplo de
patriotismo, entusiasmo, decisión y esperanza.. Había dejado atrás la
primera "tarja" de los años, ya en el cuesta abajo de la vida física. Lejos
había quedado la edad de la aventura. No era un loco. Al contrario: cuerdo y
culto. Profesor jubilado, con esposa e hijos. En la etapa de la existencia en
que la misma naturaleza aconseja sosiego. Dejó todo para acompañar con
el entusiasmo de los 30 años (que ya los había doblado) la lucha en
defensa de su ideal de argentino y radical. Por su edad fue quien mayores
privaciones soportó. Por su carácter quien menos quejas profirió. Ese raro
espécimen de la raza vive en Posadas. Su nombre: Carlos Perini.

29 DE DICIEMBRE DE 1933
El día 29 fue de una extraordinaria agitación en ambas márgenes del
Uruguay. Desde las primeras horas comenzaron a llegar santotomeños a
costa brasileña. Algunos regresaron con instrucciones de Aguirre, otros
quedaron para pasar con nosotros la noche. Para ganar tiempo y evitar
comentarios nuestros hombres fueron saliendo dispersos en dirección al
Saladero Cué, un puerto abandonado, donde varios años atrás funcionó el
saladero Alto Uruguay. Se avisó a los santotomeños que allí cruzaríamos.
Aguirre lo hizo a la tarde. Quedé en San Borja hasta la noche para
conducir el armamento que lo tenía depositado en varios puntos.
Del plan de combate organizado por Aguirre, éste impartió a los
santotomeños las siguientes instrucciones: 1) enviar un contingente a la
costa del río, frente al puesto del Saladero Cué, para garantir el éxito de
nuestro desembarque; 2) Pérez debía aislarla subprefectura hasta tanto
llegara Aguirre y entonces el ataque sería en dos frentes; 3) Billinghurt
debía evitar la llegada a la ciudad de refuerzos gubernistas de la campaña y
esperar en el lugar combinado (chacra de Pérez), las armas que nosotros
llevaríamos.
Al anochecer pasó un grupo de santotomeños a San Marcos (puerto
enfrente) entre ellos dos prestigiosos dirigentes: Luis García y Osvaldo de
Brum que siguieron de inmediato al Saladero Cué. Desde San Borja nos
acompañaron algunos santotomeños, entre ellos un joven de apellido
Lavalle lo que significaba, buen augurio.
Allí se habían concentrado durante el día y primeras horas de la noche
nuestros efectivos incluso los garrucheños. Este núcleo de amigos
constituyó en todo sentido lo mejor de nuestra tropa de choque. Basta citar

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algunos nombres para que el lector (a pesar de los años transcurridos)


pueda valorar lo que significó la participación de esos compañeros en la
revolución. Por sus atributos morales, idealismo, espíritu de lucha, coraje
sin alardes, ellos formaron lo mejor del contingente que cruzó el río. Ellos
son: Arrechea, los hermanos Losada, Calvo, Leguía, Benítez, Ramírez,
Ponsi, y otros.

CRUCE DEL URUGUAY

Momentos antes de mi arribo al puerto, habían llegado malas noticias.


García y de Brum informaron que los señores Estratón Pérez, Juan Marié y
otros se encontraban detenidos. Temiendo ser objeto de igual medida
policial fueron a nuestro encuentro en costa brasileña. Aseguraron así su
valiosa cooperación en el ataque a su ciudad.
En la madrugada de ese día (29) el coronel Bosch había consumado el
ataque a Paso de los Libres. Las autoridades de Santo Tomé sabían que
nosotros (no había misterio en ello) secundaríamos la acción de Bosch y
por precaución detuvieron a los dirigentes radicales, para anular su
participación. La peor noticia la trajeron los hermanos Plinio y Panino
Centeno ya en horas de la noche: el informe que en Paso de los Libres
nuestros compañeros habían sido derrotados. Consecuencia de ese
desastre: "Pérez nos ordenaba que no cruzáramos el río".
Al instante de mi llegada Aguirre me notificó las malas nuevas preguntando:
"qué hacemos ahora?". Respondí: "usted es el jefe". Aguirre fue categórico:
"entiendo que debemos cumplir la orden del comando desde el momento
que no llegó contraorden. Debemos cumplir nuestra palabra, de que esta
noche invadiríamos. Soy el jefe, pero el elemento bélico, hombres y armas,
está en sus manos, así Usted resuelve". Agregó: "Pérez no es nuestro jefe
para damos órdenes". Estuve de acuerdo, no teníamos otro camino.
Dividimos nuestros combatientes en dos escuadrones al mando de Aguirre
y mío. Llevábamos como segundos a Leonardo y Mario Losada
respectivamente.
Desde San Borja remontaron el río, a la tarde, embarcaciones que nos
transportarían a costa argentina. Barcos de reducida capacidad necesitaron
hacer el transporte en tres andanadas. En la primera embarqué mi
escuadrón. Conmigo marchaban además de Mario, Juan Carlos Calvo,
comisario de policía en Misiones. Apolinario Benítez, José Ramírez, Alice
Ponsi, Juan Falkembak -viejo amigo samborjeño- y 60 hombres de tropa,
misioneros, correntinos y brasileños. Antes de tocar tierra correntina fuimos
recibidos con un nutrido tiroteo que felizmente no produjo bajas.

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Muestra gente se tiró al agua y contraatacó. El enemigo huyó, señal de que


constituía un pequeño número desde el momento que todo le favorecía,
terreno para ametrallamos y la oportunidad del desembarque. Allí
esperamos al primer escuadrón garantizando un desembarco tranquilo. Con
Aguirre marchaban Losada, García, de Brum, los hermanos Centeno,
Lavalle y otros 60 hombres de tropa incluso algunos brasileños. Un tercer
escuadrón al mando del Dr. Arrechea jefe de sanidad era constituido por los
servicios auxiliares. Marché tierra adentro rumbo al puente carretero del
arroyo Itacuá. Aguirre lo hizo directamente al puerto de Santo Tomé,
costeando el río.
Mis hombres marcharon con equipo doblado, pues transportaban armas y
municiones para Billinqhurt. Cuando llegamos al lugar combinado, otra mala
noticia: Billinqhurt acatando una orden de Pérez, similar a la que nos
mandó, se había retirado a su estancia a 50 km. de la ciudad.

PRIMEROS ENCUENTROS SANGRIENTOS

Fuimos informados que una fuerte guarnición defendía el puente del Itacuá.
Atacamos ese objetivo y después de un corto tiroteo los defensores lo
abandonaron lo que nos dio la impresión de que eran pocos.
Esa noche la suerte estaba con nosotros. Los adversarios habían
abandonado casi sin lucha dos puntos de fácil defensa y gran importancia:
la costa del río y el puente. Dejé allí una guarnición al mando de Calvo y
con él quedó el armamento para Billinghurt. Antes de continuar nuestro
avance oímos el tiroteo en el puerto, señal de que Aguirre atacaba
subprefectura. Nítidamente se escuchaba el tableteo de la ametralladora
pesada, -la única que teníamos-. Fue extraordinario el impacto emocional
que produjo en el ánimo de nuestros muchachos el tableteo de aquella
arma, poderosa para la época. Desde ese momento Santo Tomé estaba
siendo atacado en dos frentes.
Entre el puente y las primeras casas existía en aquel entonces una planicie
sin obstáculos donde los defensores intensificaron su resistencia. Por qué lo
hicieron allí? Al abandonar el puente, el mejor lugar para la defensa sería la
zona poblada, donde las casas y los sitios arbolados servirían de trincheras.
En la planicie presentábamos buen blanco, pero ellos a su vez carecían de
defensa. Allí tuvimos las primeras bajas, dos heridos, uno de ellos de
gravedad que murió a la tarde siguiente. Era correntino y su nombre Elías
Cabral.
Los defensores perdieron dos hombres; un sargento de apellido Ponce,
muerto durante el combate y otro no identificado. Quedó mortalmente herido

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y se refugió bajo una alcantarilla. Allí se lo encontró al amanecer y murió


antes de recibir socorro.
Aguirre rodeó la subprefectura por el lado del pueblo y exigió la rendición.
Como rechazaran su ultimátum, ordenó el ataque y tuvo éxito. Nuestras
bajas fueron dos heridos de poca gravedad y los defensores tuvieron un
marinero muerto y otro herido.

ATAQUE A JEFATURA DE POLICÍA

Al amanecer reiniciamos nuestro avance. Preveíamos una fuerte resistencia


a la entrada de la ciudad lo que no sucedió. Por falta de previsión no llevé
con nosotros a ningún santotomeño, pues todos ellos marchaban con
Aguirre. Mario Losada, conocedor del terreno fue nuestro único guía. Dividí
mis hombres en tres grupos y avanzamos separadamente por otras tantas
calles. De esa manera Mario se vio obligado a triplicar su esfuerzo y lo hizo
con eficacia y poca prudencia.
En el pueblo había cesado el combate y no sabíamos la suerte de los compañeros.
En igual situación estaban ellos respecto a nosotros, pues no habíamos establecido
enlace entre los dos frentes. En el nuestro había desaparecido toda resistencia, lo
que me hacía temer un contraataque sorpresivo. Así fue en efecto pero
demasiado tarde para la defensa. Dejé pequeñas guarniciones a nuestra
retaguardia para evitar posibles sorpresas, lo que unido a 10 hombres que
con Calvo custodiaban el puente, fue disminuyendo nuestros efectivos.
Marchábamos atentos pero confiados pues el aliado
Suerte seguía en la vanguardia. Estábamos próximos a Jefatura de Policía,
cuando un grupo numeroso salió a la calle corriendo y gritando a nuestro encuentro.

No disparaban sus armas. Daban la impresión de buscar un cuerpo a


cuerpo en una demostración del coraje peculiar del paisano correntino:
Tuvimos tiempo de atrincherarnos en una bocacalle, recomendé a mis
compañeros que no se precipitaran, y cuando los tuvimos a mitad de cuadra
ordené fuego. En una imprudencia rayana en la locura nos presentaron un
blanco fácil a cuerpo descubierto. Con las primeras descargas cayeron
algunos y los demás, como tocados por un resorte, pararon. Buscando
protección en los árboles, cunetas, portadas (las casas estaban todas

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cerradas) fueron retrocediendo lentamente. El jefe de -la defensa mayor


Ocampo cayó mortalmente herido en el primer momento. No pudo ser
socorrido y murió tendido en la calle al igual que otros de sus hombres. Los
cadáveres quedaron tendidos en la calle hasta que se produjo la rendición.
Un herido se arrastraba en la cuneta buscando salvarse. No permití que
nuestros hombres lo ultimaran. Pudo salir del lugar fatídico; pero no salvó la
vida infelizmente.
Ocampo demostró ser un valiente, pero ofuscado. Nos creyó demasiado
flojos y esto le costó la vida. Le faltó la serenidad del buen jefe que manda
no despreciar al enemigo. El coronel Bosch me dijo en determinada
oportunidad: "nuestra victoria depende también de nuestros enemigos".

ESTABLECEMOS ENLACE
Cuando disminuyó la intensidad del fuego, traté de comunicarme con
Aguirre quien había enviado enemigos a mi encuentro. Nuestros chasquis
se identificaron a mitad de camino.
En la boca calle donde nos hicimos fuertes nos conservamos varias horas
mientras duró la lucha. Allí tuvimos un muerto y varios heridos de poca
gravedad Octavino Piris, sanborjeño. La muerte de ese compañero me dio
una prueba más del destino que acompaña la existencia del hombre. Piris
me pidió que le permitiera disparar su carabina desde la trinchera donde me
encontraba parapetado. Le di lugar y cuando levantó el arma para hacer
puntería, recibió un balazo en el cuello. Me sustituyó voluntariamente la
muerte. Destino de uro y otro. Su cadáver fue llevado a San Borja.
Una vez más le tocó a Mario la misión difícil, pues tuvo que retirar a bs
heridos y llevarlos al puerto donde estaba el Dr. Arrechea. Sostuvo en el
trayecto un encuentro con situacionistas que huían ocasionándoles algunas
bajas. Indiscutiblemente ese da la suerte peleaba en nuestras filas.
Una vez tomada la subprefectura, Aguirre continuó su avance hacia el
centro de la ciudad aproximadamente a la jefatura donde estaban
concentrados los defensores. En forma lenta y segura, con buenos guías y
a la vez buenos combatientes, fue rodeando aquel objetivo.
Leonardo Losada llegó al Hotel París, en la azotea del edificio apostó la
ametralladora pesada y algunas andanadas dirigidas a Jefatura por sobre
otros edificios, dieron fin al combate.

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RENDICIÓN
La acción de Leonardo Losada fue la decisión de última instancia, el
efecto rápido y categórico. Apareció en jefatura el paño blanco pidiendo
tregua y Aguirre envió a don Carlos Perini a exigir la rendición. Consumada
ésta, fui notificado por Aguirre y luego cesó la lucha, después de 11 horas
de combate. Durante ese corto tiempo la lucha se mantuvo sin interrupción
aunque disminuía su intensidad en algunos momentos.
Los combatientes del segundo escuadrón se desempeñaron como
veteranos. Sus efectivos fueron disminuyendo pues además de las bajas,
fui dejando guarniciones, pero el poco número fue compensado con la
decisión de los que avanzaban. He dicho que el tiempo borró de mi
memoria, hechos, fechas, nombres. A pesar de ello conservo vivo el
recuerdo del desempeño valiente y sereno de los que me acompañaron. En
el encuentro donde murió el Mayor Ocampo, que fue lo más bravo de la
jornada, tuve la felicidad de que estuviera a mi lado además de los ya
citados, compañeros como Poli Benítez, Juan Falkembach, José Ramírez.
Ramírez se encontraba enfermo, lo que no impidió su presencia voluntaria
en el combate. Entre los combatientes se distinguió por su valor rayano en
la locura un paisano correntino, Faustino Alegre. No quiso saber de
trinchera, ni cuerpo a tierra. Disparaba un fusil parado en medio de la calle,
presentando un blanco magnífico. Las balas lo respetaban. Años después
murió ahogado en el Alto Uruguay. Ironías del destino.
Con igual encada actuaron los combatientes del primer escuadrón. Las
primeras palabras de Aguirre al darme un apretón de manos después de la
victoria fueron éstas: "Le agradezco haber destinado a Losada como mi
ayudante. Es un honor comandar hombres como ese amigo''.

MEDIDAS DE SEGURIDAD
Consumado el triunfo, tomamos las primeras medidas de seguridad. Los
jefes gubernistas que estaban concentrados en jefatura dirigiendo la
defensa, continuaron como prisioneros, sustituyendo a los radicales presos
desde el día anterior. Transpórtese a los heridos de ambos bandos al
hospital o a domicilios particulares. Los muertos fueron entregados a sus
familiares y del mayor Ocampo se efectuó el velatorio en la jefatura.
Fue enviado un comisario a la estancia "Casualidad" con instrucciones para
Billinghurt, en el sentido de su urgente regreso a la ciudad. Se designó jefe
de policía a don Luis Garda, quedando a cargo las medidas de seguridad de
la población civil. Fui personalmente a la estación de ferrocarril a pedir que
alistaran un convoy para las 2 de la tarde, siendo atendido en forma efectiva

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aunque a regañadientes. Tuve la intención de seguir a Misiones lo que no


pude hacer por tres motivos: la ausencia de Billinghurt, la frialdad de los
santotomeños, la actitud de mis mercenarios. Tocaré estos puntos.
La corporación de "Casualidad", instruida, disciplinada, integrada por
hombres de absoluta confianza del jefe, sería la fuerza capaz de garantir
por sí, la situación creada en la dudad con nuestro triunfo. Ello permitiría
marchar con destino a Misiones como estaba planeado. La retirada de la
que Billinghurt no tuvo culpa, nos obligó a esperar su llegada y así tuvimos
una pérdida de tiempo de consecuencias negativas. Por otro lado los
santotomeños observaron una actitud pasiva en absoluto. Exceptuando a
los pocos amigos ya citados que cruzaron el río con nosotros, nadie
participó de la lucha. Esta duró 11 horas, tiempo suficiente para despertar a
los radicales. Esperábamos que nos llevaran una ayuda de la que muchos
necesitábamos. No sucedió así, lo que me hace creer que la organización
del batallón de la ciudad y sus alrededores tenía mucho de "jarabe de pico".
Después que fuimos dueños de la situación reden comenzaron a llegar
algunos dirigentes y hombres del pueblo, estos en número muy limitado.
Con esos dos factores en contra: la ausencia de Billinghurt y la pasividad
santotomeña, los misioneros no pudimos dirigirnos de inmediato a Misiones
como deseábamos hacerlo. Aguirre quedaría casi solo y sin defensa.

DESBORDE DE LOS MERCENARIOS

Para remate de esta situación se presentó el tercer factor en contra, que fue
al mismo tiempo el peor suceso en Santo Tomé. Formaba parte de nuestros
contingentes un buen número de mercenarios, aventureros que nunca faltan
en los movimientos armados. No duré que ignorase los antecedentes de
esos elementos. Me ofrecieron su cooperación y la acepté, pues la
necesitaba para asegurar el triunfo en una lucha que esperaba dura y difícil.
Fueron bajo mi responsabilidad, unos pocos lo hicieron por espíritu de
aventura, otros por amistad, los más esperando una retribución en dinero,
alguien buscando un desquite.
La rendición de los defensores me obligó a intensificar mi actividad. Pude
detenerme pocos minutos en jefatura, cambiando impresiones y recibiendo
órdenes. Saludé a los dirigentes situacionistas prisioneros. Di a los
hombres, en situación difícil, algunos de ellos antiguos conocidos, mi

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seguridad de que no serían objeto de persecuciones. No era necesario


hacerlo pero consideré mi deber. De inmediato comencé a recorrer la
ciudad estableciendo guarniciones en diversos puntos, previniendo medios
que permitieran continuar la lucha. Descuidé así la vigilancia que
necesariamente debí ejercer sobre los mercenarios, que eran gente mía y
que me obedecían. En mi ausencia, creyéndose dueños de la situación, no
acataron indicaciones de mis amigos, y comenzaron a promover
desórdenes y atentados contra la propiedad de los pobladores,
principalmente los comerciantes a quienes obligaron la entrega de
mercaderías. Osvaldo de Brum me llevó la noticia de lo que sucedía. De
inmediato me hice presente en los lugares necesarios, y contando con el
apoyo decidido de los hombres decentes que me honraron con su
compañerismo, conseguí imponer orden. Con el amparo de esos amigos,
mucha paciencia, no menos trabajo, y sin violencias que sería motivo de
cosas peores, conseguí que los autores de los desórdenes abandonaran la
ciudad. Fue una lucha no menos brava que la toma de Santo Tomé. Estos
acontecimientos lamentables me significaron una dura lección y un cambio
obligado en mis planes.
En los comentarios posteriores relacionados con estos hechos, los daños
reales, relativamente importantes, fueron alterados en forma exagerada lo
que es explicable. El más perjudicado fue el comerciante señor Juan Roses,
aunque no figure como tal. El mayor perjuicio pude evitar en la agencia
Chevrolet del señor Rafael Sánchez. Allí uno de los mercenarios intentó
disparar su fusil contra mí, lo que fue evitado por la intervención violenta de
Poli Benítez y Mario Losada.
Necesitábamos dinero para saldar una infinidad de compromisos
pecuniarios, contraídos por mí, que estaba desde meses corriendo con la
organización. Retiré de la oficina de correos y telégrafos los pocos fondos
existentes dejando el respectivo comprobante. Resolví retirar del Banco de
la Nación el dinero necesario para nuestra compañía. Algunos
santotomeños se opusieron, actitud que no tomé en consideración. Aguirre
se mantenía como desinteresado en este asunto, lo que motivó mi
intervención directa. Pedí a Mario que buscara a un escribano público para
labrar el acta respectiva y con ese fin vino el señor Ciro Báez.
En esos momentos fui víctima de un engaño: de acuerdo con Aguirre,
algunos que se oponían al retiro de fondos ocultaron en una estancia
próxima al tesorero del banco, Pedro Miño,quien guardaba en su poder una

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de las llaves de la caja fuerte. Hice buscar entonces a cerrajeros para


violentar la puerta operando con soplete oxídrigo, lo que no dio resultados.
Después de nuestra retirada, Aguirre me confesó su participación en el
ocultamiento del tesorero, como también haber dado orden -fueron sus
palabras- a los cerrajeros que destruyeran las cerraduras para que no se
abriera la caja fuerte. Quiso, manifestó, "evitar mayores males", y no lo hizo
a las claras previendo una posible divergencia conmigo. La responsabilidad
que en estos hechos me corresponde -no a otros- la asumí desde el primer
momento, no recién ahora después dé tantos años."
Lo hice en el mismo día ante amigos, extraños y adversarios prisioneros;
cuando nos presentamos a las autoridades brasileñas en el nuevo exilio;
cuando años más tarde concurrí al juzgado federal de Corrientes
respondiendo al proceso por sedición al que estaba encuadrado. Durante la
última campaña electoral en Misiones un ciudadano santotomeño que
militaba en las filas radicales intransigentes, acusó desde una
Tribuna en Apóstoles, a Mario Losada, como responsable por lo sucedido
en Santo Tomé con los mercenarios combatientes. Recurso electoral
rastrero, porque los santotomeños saben bien quién es el responsable de lo
sucedido allí.
La imprenta situacionista del país nos censuró agriamente en aquella
oportunidad. No podía suceder otra cosa; Santo Tomé fue un triunfo
momentáneo. Al fin fuimos derrotados en territorio provincial y nacional. Ya
lo dije en el prólogo: revolucionario vencido, es un traidor. Si hubiese
sucedido lo contrario, seríamos héroes y no necesitaría defender a mis
compañeros de las culpas mías.
A pesar de las censuras, nadie se atrevió a acusarnos de atropellar a la
dignidad humana -sería desleal, y nuestros adversarios no lo fueron-.
Hombres, mujeres, criaturas, fueron respetados. Mis mercenarios a quienes
se marcó con palabras candentes -en algunos casos con justicia, en otros
con exceso-, estuvieron libres de aquella acusación infamante.

LLEGADA DE BILLINGHURT

Al caer la tarde llegó el escuadrón de "Casualidad". Su desfile por la


avenida Alvear fue un momento de emoción. Conservamos vivo nuestro
entusiasmo, por la caballería y el escuadrón que montaba en su totalidad

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caballos tordillos blancos. Tropillas de un solo pelo es uno de los lujos que
alegra el corazón criollo. La caballada llegó maltrecha, consecuencia de tres
marchas violentas entre la ciudad y la estancia en menos de 24 horas.
Billinghurt se encargó de la vigilancia de la ciudad, pero sus hombres
debieron moverse a pie, lo que es un desastre para el campesino.
Teníamos pocos caballos y fue necesario dar un descanso a los de
"Casualidad”.

SITUACIÓN DIFÍCIL

Las informaciones recibidas de distintas fuentes daban la regularidad del


fracaso revolucionario. No fue posible obtener informaciones de otros
puntos de la República a excepción del Litoral. Nuestra situación no
presentaba aspecto favorable. De los que atacamos Santo Tomé, la mitad
se había retirado por los acontecimientos referidos. Nuestras municiones
casi agotadas. No quedaba duda sobre la derrota revolucionaria en Libres y
tuvimos aviso de que tropas del Ejército salían de aquella ciudad para
combatimos. Como no avisé a Misiones antes del ataque a Santo Tomé los
compañeros de aquí al no recibir órdenes no se movieron. Los hermanos
Montenegro al tener conocimiento de los hechos se levantaron en "Los
Galpones", pero quedamos aislados y después de dominar una pequeña
zona, tuvieron que retirarse con destino al Brasil.
En realidad estábamos sin posibilidades de una resistencia seria. Ante esa
situación, Aguirre de acuerdo con los dirigentes de mayor jerarquía ordenó
la retirada.
Estuve resuelto a intentar la aventura de la marcha a Misiones, a caballo y
un reducido grupo de compañeros. Aguirre se opuso haciendo notar que
ante el fracaso en otros sectores, no se justificaba aquella acción aislada.
También era necesaria mi presencia en Río Grande para aminorar las
dificultades que se presentarían en el nuevo exilio. Sin manifestar
claramente, Aguirre me hizo notar esto: siendo yo el responsable de la
presencia de los mercenarios autores de los desórdenes -que estaban de
regreso a su tierra en su casi totalidad- no debía dejar a los compañeros
que se exiliaran, librados a una posible revancha de aquella gente. Mi papel
sería aguantar las consecuencias y habérmelas, con mis antiguos
subordinados.
Por sobre todo esas consideraciones pesó en mi resolución este problema;
Leonardo "Viejo" Losada manifestó que mientras yo estuviese en territorio

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argentino, él y Mario (ausente en ese momento) me acompañarían.


Billinghurt y otros amigos fueron solidarios al gesto de Viejo. Había resuelto
llevar conmigo a Misiones a un limitado número de campesinos,
familiarizados con las marchas a caballo, hechos a soportar privaciones,
curtidos en los sufrimientos.
La actitud varonil de aquellos amigos, que me emocionó, fue el motivo del
abandono de mi proyecto. Este significaba una cruzada agobiadora, para
quienes estaban desacostumbrados a las pericias. Marchas violentas e
imprevistas, noches a la intemperie, inquietud espiritual, agitación continua
y sin alivio en los primeros días, la posibilidad de encuentros armados en
malas condiciones de resistencia. Pensé en esas cosas y no pude someter
a sufrimientos a quienes les concedían una solidaridad inmerecida. No
miento al decir que fue con profunda pena que ordené mi proyecto. Una
cuestión de amor propio me llamaba al viejo pago. No estaba en juego
valentía personal de la que nunca hice alarde. Para una o más corridas
hasta Misiones no necesitaba de especial coraje y estaba entrenado en una
práctica de muchos años. Una vez en los montes misioneros, me
consideraría seguro. Refugio familiar, llenos de recursos, con la protección
de Dios, compañero en aquella cruzada. El día 29 de diciembre las
autoridades de Misiones al tener conocimiento de los hechos en Paso de
los Libres detuvieron a muchos radicales. En número de400 en los primeros
días distribuidos en las comisarias del territorio. Paulatinamente fueron
recobrando su libertad, pero los dirigentes de mayor prestigio
permanecieron presos durante dos meses. Recuerdo a los siguientes. De
Posadas: Roberto Martí, Julio Alvarenga, Mario Herrera, Sesostris Olmedo,
López Torres, Santamaría, Quaranta, Volpi, Báez, Briñolles, Goicochea,
Serapio Cañete, Elías Julián, Salvador Magri, De San José: César Torres,
Edelmiro Duarte, Daniel Imas, Antonio Velázquez, Evaristo Esquivel,
Gregorio y Melitón Gauto, y la señora María Torres de Carvallo. El delito de
María: ser Torres. De Apóstoles: Rogelio Scotto, Leopoldo Escalada,
Valentín Benítez, Mario Quirós. Isaías Esquivel, Luis_Acassuso, José
Acuña. De Concepción: Ciro San Martín, Nicolás Lentini, Desiderio
Vignolles. De San Javier: Salvador Lentini, Sebastián Camaño, Jacinto
Pereyra, Juan Núñez. De San Ignacio: Andrés Haddad. Escribano Millan,
Juan B. González, Pedro Rebollo, Juan Almirón y muchos otros que olvidé.
En Virasoro fueron detenidos José Raúl Moglia, José Argilaga, Adriano
Soto, Guillermo Núñez y un grupo de trabajadores de "Villa Corma" estancia
de Moglia.

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RETIRADA
Resuelta la retirada pedí a Mario que llevara dos o tres compañeros para
organizar el cruce del río. Le recordé la presencia de Arrechea en el Hotel
París para que no lo dejara. Cruzaron muchos radicales que no vinieron con
nosotros, incluso algunos que no participaron de la lucha. Finalmente nos
retiramos de jefatura los últimos en cruzar el río: los hermanos Losada.
Calvo, Billinghurt, García, de Brum, Benítez, Ponci y yo.
Fue Santo Tomé el mayor triunfo que registró el radicalismo en la lucha
armada contra Uriburu y Justo. Allí se produjo una contradicción de la lógica
que generalmente rige cuando se ataca un objetivo militar. Siempre los
atacantes sufren el mayor número de bajas. En aquella ciudad sucedió lo
contrario. Los atacantes tuvimos 2 muertos y 6 heridos. Los defensores: 9
muertos y 14 heridos, siendo una de las primeras víctimas de una bala
perdida. Debo hacer notar que respetamos la vida de los adversarios
heridos o prisioneros. Cual fue la causa de ese contraste? No lo sé explicar,
y en una oportunidad en que el coronel Bosch me pidió razones que
justificaran nuestro triunfo, me defendí con mi fatalismo criollo, que en
resumen reza así: "lo que debe suceder, no tiene vueltas". Del plan de
combate organizado por Aguirre se ejecutó tan solo la división de nuestro
contingente en dos escuadrones y la marcha a los primeros objetivos. Lo
demás fue improvisado por unos y otros y en algunos casos, contrariamente
a lo planeado.

LIGERAS CONSIDERACIONES

N ad a entiendo de asuntos militares. En pocos días de conscripción


-seguido de unas horas de frente- no aprendí a marcar el paso. Me atrevo
sin embargo a hacer algunas consideraciones sobre el porqué de nuestro
éxito en Santo Tomé.
Fue pasajero, pero efectivo y sangriento. Tuvimos factores favorables y
adversos, (cara y cruz) y los voy a citar. Santo Tomé no contaba con
fuerzas del ejército. Los efectivos de subprefectura relativamente pocos. La
policía provincial incapaz de combatir a asesinos y cuatreros, mal podía
luchar contra nosotros. El mayor Ocampo, al frente de una dotación de
guardias cárceles había llegado días antes y creyó que su valor personal
bastaba para la defensa. Las autoridades creyeron que obedeceríamos la
orden de Pérez de no atacar. (Pérez envió a los hermanos Centeno a costa

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brasileña cruzando el río a nado, estando preso, y las autoridades sabían


de la orden). Eso explica la debilidad del contingente que enviaron a la
costa del río, donde al desembarcar, podíamos ser combatidos con ventaja,
lo mismo sucedió con la guarnición del puente del Itacuá, lugar vital para la
defensa. Explica también la reacción tardía de los defensores (al
convencerse del ataque) al oponer seria resistencia en la planicie del Itacuá,
inadecuada para tal fin. En una palabra: el situacionismo santotomeño nos
despreció como luchadores y le costó caro. Finalmente, nos favoreció la
muerte del mayor Ocampo, que desarticuló la defensa. Esos fueron los
factores favorables. Veamos los otros. La detención anticipada de dirigentes
radicales que anuló la acción organizada en la ciudad. La orden de
Billinghurt de retirarse. De esa manera nos vimos privados del mejor
contingente revolucionario. Lo peor en contra nuestra fue la derrota de Paso
de los Ubres. Muchos de nuestros compañeros marcharon al combate
informados de aquel hecho. Sabían por lo tanto que aunque triunfáramos
quedaríamos aislados, y la moral del combatiente influye grandemente en
su temple espiritual y físico. Me inclino a creer que también fuera el motivo
de la falta de entusiasmo de los santotomeños, en su mayoría. Al sur, los
compañeros derrotados. Al norte, los misioneros ajenos a los
acontecimientos no se moverían. La situación era a todas luces
desfavorable. Libres motivó también la retirada de Billinghurt que con su
caballería había asegurado de inmediato la movilización de la zona próxima
a la ciudad. Los factores pro y contra se equiparaban. El factor Destino
decidió a nuestro favor.

PASO DE LOS LIBRES

No haré crónica de los hechos de Libres pues ello no cuadra en este relato.
Apenas una referencia por la relación de uno y otro sector. Allí actuó
personalmente el coronel Bosch, jefe del comando del Litoral al que
estábamos subordinados. De él recibimos orden de ataque y a él, Aguirre
comunicó que lo haríamos 24 horas después. Constituimos en verdad un
solo frente. Al decir que Libres influyó desfavorablemente en Santo Tomé,
mis palabras pueden dejar una impresión falsa. Los radicales tuvieron allá
su contra, factores de real importancia bélica, que anularon en combate las
principales armas de los revolucionarios: corazón y coraje.

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No constituían secreto los preparativos de los coroneles Bosch y Pomar en


costa brasileña. Más de una vez el gobierno argentino pidió la intervención
de aquellos jefes y la simpatía que nuestra causa despertó en la población
riograndense, incluso autoridades provinciales, fue postergando aquella
medida. Pero la situación no pudo prolongarse y llegó la encrucijada fatal:
perder todo lo conseguido en varios meses de sacrificio en costa brasileña,
o precipitar los acontecimientos en costa argentina. Optaron por lo último,
no había otro remedio. Para completar males, las autoridades militares
brasileñas detuvieron a Pomar el 27 de diciembre en la ciudad de
Uruguayana. En el campamento revolucionario ubicado en la propiedad de
don José María Rodríguez sobre el Uruguay, aquella noticia motivó un
profundo desaliento. En las organizaciones revolucionarias -lo dije
anteriormente- la personalidad de uno de los jefes de mayor jerarquía es
muy importante. Pomar no era el jefe del alzamiento, pero sí el que estaba
en contacto directo con la tropa. Tanto o más que por sus condiciones
militares, se imponía por sus dotes innegables de caudillo y su gran
simpatía personal. Se convirtió en bandera de los hombres a sus órdenes.
Su ausencia inesperada en el combate fue funesta.
Otro factor en contra y de gran importancia: el gobierno argentino había
concentrado en Paso de los Libres y sus cercanías tropas seleccionadas del
ejército, con gran material bélico y un comando competente y de absoluta
confianza. Contra esas tropas, superiores en gran número y elementos de
combate, chocó el coronel Bosch. Sus hombres -camaradas antes que
soldados-combatieron con el denuedo peculiar de las tradiciones guerreras
argentinas, pero las poderosas fuerzas del enemigo impusieron su
autoridad. Bosch dejó en Libres la leyenda de su valentía. Dicen sus
camaradas que demostrando serenidad absoluta, y desprecio ante la
metralla enemiga, daba la impresión de ir al encuentro de la muerte, que
sellaría con su sangre aquella página épica de nuestras luchas intestinas. El
destino respetó su vida: estaba escrito.
Murieron en San Joaquín y Libres (pues en realidad fueron dos combates)
argentinos que con su ejemplo señalaron el camino del civismo a las
generaciones de radicales. El sacrificio de sus vidas no fue infecundo;
Libres es hoy y seguirá siendo, un jalón de dignidad y coraje de la raza,
elevado en la leyenda heroica de la tierra gaucha
Anualmente, el 29 de diciembre, por iniciativa del coronel Bosch el
radicalismo realiza una romería a San Joaquín, donde se levanta un sencillo
monumento recordatorio, homenaje a los caldos en combate. Está ubicada

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en la propiedad de Tito González, revolucionario en aquel entonces, y uno


de los radicales correntinos de siempre. Esa romería permite el reencuentro
de viejos compañeros de lucha, hoy alejados en todos los rumbos del país.
Allí se hacen presentes también algunos riograndenses que año a año
renuevan en el homenaje a los caídos, la solidaridad amiga que nos
prodigaron en horas difíciles.

MI SITUACIÓN
Creí que mi situación personal quedaría afectada desfavorablemente, en el
concepto que pudiera merecer de amigos y adversarios, a causa de los
desórdenes a que hice referencia y cuya responsabilidad me correspondía
por entero. Me equivoqué, felizmente. Los brasileños de quienes era deudor
de una importancia elevada en dinero por compra de armas, municiones,
víveres, transporte, continuaron siendo los amigos de siempre. Nada me
cobraron, ninguna censura recibí y la tradicional hidalguía riograndense
continuó presente. La nueva leva de exiliados pudo constatarlo. De mis
adversarios políticos con algunos de los cuales mantenía relaciones
personales (hermanos Joaquín y Ángel Ragio) muchos se convirtieron en
camaradas con el correr del tiempo. Don Ramón Corrales, jefe de policía
departamental -al que no conocía de antes-fue el que más sufrió
moralmente y no por nuestra culpa. De comienzo me hizo cargos graves e
injustos, incluso en las declaraciones ante el juez federal de Corrientes. Con
los años establecimos camaradería y más de una vez, sin acritud.
De su parte, recordamos episodios en los que fuimos actores en campos
opuestos. En cuanto a mis compañeros de lucha y partido, después de
narrar el gesto de solidaridad de Leonardo Losada y demás amigos, no
necesito agregar nada más. En resumen: solidaridad de mis amigos,
defensa de los compañeros, comprensión humana de mis protectores,
relaciones posteriores con mis adversarios. Eso marca la pauta de mi
procedimiento. Volví al exilio y por razones de oficio llegué con frecuencia a
Santo Tomé. Algunos radicales que fueron espectadores pasivos en la
lucha revolucionaria me censuraron amigablemente "la forma blanda en
que tratamos a los prisioneros". No me arrepiento de la manera en que
procedí. Creo que de igual forma piensan mis compañeros de lucha, incluso
el jefe, Domingo
Aguirre. Es muy fácil ser duro mirando de afuera, sin arriesgar el cuero.

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Modestia aparte, es el mérito que obtuve en la lucha. No fue el único; tengo


otro
Y grande. He comandado por razones accidentales a hombres que estaban
en posición superior a la mía en todo sentido: cultura, profesión, sociedad,
prestigio político, situación económica, tradición de familia. Con sola una
excepción que justifica la regla, ninguno se consideró disminuido en su
personalidad por actuar a las órdenes de un resero sin cultura y de modesto
origen. Fueron mis subalternos en la lucha; continúan siendo, pasados los
años en escalas superiores a la mía, a pesar de las distancias en tiempo,
lugar, condición social y económica, los amigos de siempre. Abogados,
médicos, profesores, ingenieros, hacendados, comerciantes, funcionarios,
obreros, pobladores de campo, monte y ciudad que fueron compañeros de
lucha, continúan amigos. Mi mayor mérito, legítimo orgullo, recuerdo
imborrable de mis mejores años.
FRATERNIDAD DE VECINOS

La amistad de los pueblos fronterizos de Misiones, Corrientes y Rio Grande


separados geográficamente por el Uruguay, viene de muy lejos. .
En los conflictos armados internos de Argentina y Brasil nunca estuvo
ausente la cooperación del país vecino. Algunas veces como en nuestro
caso fue en ayuda de carácter popular. En el siglo pasado el general
correntino Madariaga invadió su provincia después de organizar sus fuerzas
en Rio Grande. Lo hizo por el puesto que justamente por esa acción tiene el
nombre de Paso de los Libres.
En la batalla de Caseros en 1852, actuó con denuedo y eficacia un ejército
brasileño formado casi totalmente de ríograndenses, incluso su jefe
Marques de Sousa, a las órdenes del general Urquiza. Fue una contribución
oficial del gobierno brasileño al derrocamiento de la tiranía rosista. En la
década del 60, no en luchas internas y sí en la guerra contra el Paraguay,
ejércitos brasileños lucharon a las órdenes de Mitre, y ejércitos argentinos lo
hicieron al mando de jefes brasileños como Osorio y Caxias.
Desde entonces esa amistad amasada con sangre y sufrimientos comunes,
es un factor positivo, presente en la vida de nuestros pueblos.
Consecuencias de esas luchas quedaron viviendo en tierra vecina exiliados
y de una y otra nacionalidad. Nosotros hemos sido siempre más volvedores
a la querencia nativa. Pocos correntinos y misioneros se radicaron
definitivamente en Río Grande. En cambio son muchos los ríograndenses
que desde la guerra del Paraguay, hicieron de Corrientes y Misiones su
patria adoptiva. Citaré algunos apellidos conocidísimos pertenecientes a

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familias de origen brasileño. En Misiones: Caserna, Taborda, Krieger,


Billerbek, Márquez, Mattos, Melo, Domínguez, Bueno, Leal, Prates, Pilar,
Rodríguez, Machado, Silva, Calistro. En Santo Tomé: Ferreyra, Centeno,
González, Albuquerque, Coelho de Souza, Fernández dos Santos,
Guimaráez, Borjes.
El año 1893 estalló en Río Grande una lucha sin cuartel que desangró a
su pueblo hasta el 95 inclusive. Trajo a nuestras provincias otras numerosas
familias de emigrados, muchos de los cuales quedaron aquí para siempre.
En este siglo, el año 24 se repitió aquella situación y nuevamente muchos
ríograndenses convirtieron en su patria, a nuestra tierra que les dio refugio.
A través de los años la amistad de estos pueblos fue extendiendo sus
raíces y las vinculaciones familiares mezclando sus sangres.
Nombres que alcanzaron notoriedad en una y otra patria buscaron en las
horas difíciles de sus luchas, salvar vida y libertad en tierra vecina. Citaré
dos ejemplos: nuestro. José Hernández y el riograndense José Pinheiro
Machado. El primero estuvo exiliado en Santa Ana do Livramento, y según
algunos escritores tradicionalistas de Río Grande fue en aquella ciudad que
Hernández escribió su célebre "Martín Fierro".
Pinheiro Machado una de las mayores figuras políticas de los primeros 25
años de república en el Brasil, estuvo exiliado en Misiones durante un breve
tiempo, y fue huésped en el departamento de Concepción, de mi abuelo
materno Lucas Montero.
No fuimos los radicales, los primeros revolucionarios argentinos que
buscamos y obtuvimos una acogida criolla en Río Grande. Antes, muchos
otros que fueron nuestros antepasados habían merecido la amistad
desinteresada de aquel pueblo. Puedo recordar al coronel Ángel Blanco,
quien contrajo matrimonio estando exiliado, con doña Ernestina Leal, de
tradicional familia samborjeña. La hospitalidad fue recíproca y fraternal a
una y otra margen del Uruguay. Es explicable. Constituimos un
conglomerado humano con muchas cualidades comunes; manera de vida,
temperamento, llaneza, pasiones. Somos de la misma raza criolla (pelo
duro dicen allá) y llevamos o nos lleva esa corazonada bendita de estar al
lado del que sufre.
Ellos aquí, nosotros allá, con intervalos de años y décadas hicimos de estas
tierras, trincheras de refugio de vidas, libertades e ideales.

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EL ÚLTIMO EXILIO (Hasta hoy)


Los acontecimientos de Libres y Santo Tomé llevaron una nueva y mayor
legión de emigrados radicales a Río Grande. En Uruguayana la
población tributó a nuestros camaradas una solidaridad que no tengo
palabras para describirla. Transcribo unos versos de autor anónimo (para
mí) que reflejan en pocas y armoniosas estrofas el estado de espíritu de
nuestros combatientes, ante las pruebas de humanidad demostrada por
los uruguayanenses:

Uruguayana: Salve
Te canta un argentino
que derrotado y triste hasta tu paya llegó
te canta recordando que
el día que llegara
aquí en tus mismas playas
de gratitud... lloró.
Es cierto derrotado... pero humillado nunca
después de hacer pedazo mi bravo
y fiel fusil.
Hasta las playas llegué de üruguayana
en busca de amparo ¡¡Gigante del Brasil!!!

Lo mismo sucedió en San Borja y San Luís, en cuyas campañas


encontraron hospedaje y trabajo cientos de exiliados. El gobierno argentino
pidió nuestra intervención, la que se hizo efectiva para los principales
dirigentes en Bello Horizonte, capital de Minas Geraes y más tarde en Río
Janeiro. De los componentes del sector norte, fueron internados tan solo los
hermanos Losada. La actitud intolerante y arbitraria de un teniente del
ejército brasileño, motivó el envío hasta Porto Alegre en carácter de
detenidos de varios compañeros de Garruchos. A excepción de los
hermanos Losada, regresaron de inmediato los demás.
Los otros pudimos en una u otra forma eludir aquella medida.
Aguirre después de una breve temporada en el establecimiento de campo
del señor Machado Prates en Uruguayana volvió al Paraguay
cruzando por Misiones. Atravesó Misiones a pié, convertido en linyera,
y llevando por guía el compañero que le proporcionó Sarraillé.

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Billingurt se conservó en la campaña de San Borja donde contaba con


amistades. García y de Brum fueron al estado de Santa Catalina donde el
primero poseía un obraje de madera. Arrechea encontró acogida
caballerezca en los departamentos de Santo Angelo y Santa Rosa. Sarraillé
se mantuvo cómoda-
En la foto aparecen Víctor Niveyro y los hermanos Mario y Leonardo Losada
otros compañeros de causa, en Belo Horizonte, donde fueron internados p
gobierno brasileño a pedido del gobierno Argentino

mente en Rincón Vermelho y Cerro Azul. Perini en Timbauva, departamento


de San Luís, donde enseñó las primeras letras a criaturas que hoy son
hombres y mujeres hechos que lo recuerdan con cariño. Leguía, Calvo y
otros se mantuvieron en Garruchos. Finalmente yo, con la mayor parte de
nuestros compañeros permanecimos en La Florida y establecimientos
cercanos. Allí, la amistad de la población y la tolerancia de las autoridades
me permitieron matrerear sin peligro una temporada, hasta tanto pasara la
crisis.

VUELTA AL TERRUÑO
Poco a poco los compañeros fueron regresando a la querencia, pues el
ambiente mejoró rápidamente a nuestro favor en Corrientes y Misiones. A
fines del año 34, quedábamos en Río Grande tan solo tres dirigentes
radicales misioneros: Viejo Losada que había regresado de la internación,
Sarraillé y yo.
En esa época fui víctima de una emboscada a traición en las proximidades
del puerto de San Isidro, en el cual fui herido de gravedad. Me acompañaba
en ese momento el Dr. Isidoro Ruíz Moreno ex-presidente de las Cortes de
Justicia de Paraná que se encontraba exiliado en-Río Grande y que también
resultó herido. El Dr. Arrechea, establecido entonces en Concepción, me

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trajo, con otros amigos contra mi voluntad. Fue mi salvación. Así regresé a
Misiones a esperar la muerte que no llegó porque la hora no había sonado.
"No hay mal que por bien no venga", dice el viejo refrán. Pude aquilatar
entonces la simpatía fraternal que con mis luchas había despertado en la
hermandad de mis amigos. También la tolerancia, buena voluntad y respeto
demostrado por los que fueron mis adversarios. Mi regreso obligado, trajo
consigo a los compañeros que aún permanecían en Río Grande. Se cerró
así una etapa de nuestras luchas políticas.
Después de un siglo de sometimiento, los misioneros nos hicimos presentes
en la vida política de nuestro terruño esclavo y de la Nación que lo
esclavizaba. Con el correr del tiempo, misioneros y argentinos fueron
tomando conciencia de la situación absurda en que permanecía esta tierra.
Mi sueño de los que lucharon contra el atentado cometido en Posadas,
renació y la provincia jesuítica volvió a ser parte integrante de la
nacionalidad.
No en sus antiguos límites, menos en sus viejas riquezas naturales,
tampoco en sus tradiciones y leyendas, y sí en sus derechos en la
comunidad argentina. Argentina: podemos decir ahora.
En la actual situación misionera está latente nuestro esfuerzo
revolucionario de 30 años atrás. Es la retribución que nos concedió la vida a
los que continuamos durando. Muchos de los compañeros de aquel
entonces se han ido para siempre de este mundo, pero sus espíritus desde
la eternidad, contemplarán el florecer de la nueva vida en la tierra de sus
amores.

AMIGOS BRASILEÑOS
No quiero cerrar este relato dejando de nombrar a los amigos que en tierra
brasileña hicieron lo posible por aliviar las dificultades que encontramos
fatalmente en el exilio. Además de los ya citados en estas páginas debo
recordar los siguientes: De San Borja: Sabino Guimaráes, Dusinho Dos
Santos, Serafín Dos Santos, Fausto Aquino, Jacinto Santiago, Biro Aguirre,
Antonio y Valdemar Gómez, José y Pedro Patricio, Esteban Rocha,
Maximiliano y Laylo Obregón. Fernando Fukes, Teodoro y Antonio Saco,
Amador y Atanazio Lagos, Ireneo y Doval Santos, Jango y Manuel Juan Da
Luz, Enrique y Maurilio Mendoza Argentino Rocha, Constancio Suárez, Tido
Suárez, Aureliano y José Saso, Marcos y Gastón Forza Avehlmar

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Cabeleira. Valentín Flores, Juan Bica, Povao, Leal, Manuel Araujo, Faunorio
Miranda, Dorval y Darwin Gómez, Juan Marva y Antonio Antúnez, Matoso,
Andrés Pereyra, Gregorio Fortunato, Leco; Silvestre Carvallo, Durque y
Regivaldo Rodríguez. En Sao Luís: Diñarte Vieira Márquez, Raimundo
Gómez Neto, Juan Pedro Gay, Marcirio Apolinario, Atanacio y Salustiano
Braga, Marcelino, Braulio y Carlos Krieger, Nelson Porthino, Cándido Silva,
Roberto Fortunato, Miguel Rivero, Juan Rodríguez, Coimbra, Valentín
Ferreyra, Arturo Maciel, Evaldo Serener, Armindo Rodríguez, Otto
Sebastiang, Paulino Madeiros, Juan Cardozo, Autao González, Francisco
Graciadey, Pedro Diodolich, Pedro Miranda, Lino Vega, Andrés Alburna,
Libertao Márquez, José Machado, Cándido Feijó, el Viejo Dungan, Cordero,
etc. Olvidé muchos nombres en este momento, aunque ellos surgen en la
memoria imprevistamente muchas veces

Pedro Lucas Torres.

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