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PONTIFICA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA

FACULTAD DE TEOLOGÍA

Ciclo de licenciatura

Teología dogmática I-II

Seminario: "El misterio de Dios"

La muerte redentora de Cristo en un diálogo


entre Ghislain Lafont y Rafael Tello

Alumno: Pbro. Lucas Schcolnik

Matrícula: 101.634

Profesor: Pbro. Dr. Andrés Di Ció

Agosto 2020

1
Introducción

Habiendo culminado nuestro seminario de actualización teológica titulado "El


misterio de Dios", me volqué sobre uno de los textos trabajados durante el mismo, a saber
Dios, el tiempo y el ser1, de Ghislain Lafont. Al mismo tiempo, quien fuera el profesor que
dictó el seminario, Andrés Di Ció, me animó encarecidamente a poner también el foco en el
tema acerca del cual voy a realizar mi trabajo de tesis. El trabajo de tesis tratará sobre el
teólogo argentino Rafael Tello.

Es decir, fui animado a poner en diálogo a estos dos autores de la renovación


teológica posconciliar. Los dos proponen una vuelta a las fuentes, con un sólido
fundamento de ambos en Santo Tomás de Aquino, concretamente en su Summa theologiae.
De hecho, la obra más conocida y emblemática de Lafont es sobre la misma Summa2.
Intento, pues, poner en diálogo estos dos autores que, si bien son muy distintos, uno nos ha
llevado al otro, con foco en un tema tan trascendente como es la muerte de Cristo.

Ghislain Lafont, nacido en 1928, es un monje benedictino, profesor en la


Universidad Gregoriana de Roma y del Ateneo San Anselmo. Fue emblemática su primera
obra, la ya citada Structures et méthode dans la Somme théologique de Saint Thomas
d’Aquin3, lectura casi obligada para los actuales teólogos y para una renovada lectura de la
gran obra teológica del Aquinate. De este autor tomaremos dos capítulos de su obra Dios, el
tiempo y el ser. Esta obra es un ensayo de teología fundamental, buscando un lenguaje para
decir al Dios vivo. Los dos capítulos que trataremos se titulan "El relato pascual"4 y "Murió
por nuestros pecados"5.

Su lectura me abrió la puerta de entrada a un núcleo que quiero tratar en mi tesis de


licenciatura, a saber, la muerte como salvación en el plan de Dios en la perspectiva de
Tello.

1
G. LAFONT, Dios, el tiempo y el ser, Salamanca, Sígueme, 1991.
2
G. LAFONT, Estructura y método en la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, Madrid, RIALP, 1964.
3
Ibíd.
4
G. LAFONT, Dios, el tiempo y el ser, 143-181.
5
Ibíd., 227-253.
2
Rafael Tello (1917-2002) fue un teólogo argentino, profesor en nuestra facultad,
perito de la COEPAL, asesor del Movimiento Juvenil Evangelizador6 y fiel impulsor de la
pastoral popular. Desde el año 1979 se recluyó para vivir en un ostracismo, donde
únicamente veía a un grupo reducido de sacerdotes todos los jueves, donde impartía unas
clases en el espacio que llamaban La Escuelita. Fue éste el espacio desde el cual luego
vieron la luz muchas de sus publicaciones post mortem. Los apuntes que él repartía a los
sacerdotes, agregado a los comentarios que él hacía de los mismos, dieron lugar a las obras
que se han ido publicando desde el año 2008 en adelante7.

Por lo tanto, después de una breve presentación de algunos textos de Lafont


referentes a la muerte de Cristo, que nos han llevado al núcleo que queremos tratar, nos
volcaremos sobre este tema en parte de la obra de Tello.

1. Lafont (parte expositiva)

1.1 El Siervo sufriente

El misterio pascual es el centro de nuestra fe. Hace bien Lafont en ponerlo en el


corazón de su obra. Analizando la figura de Cristo como el inocente, dice:

6
Entre las iniciativas de este movimiento pueden encontrarse muchos eventos masivos, como la
Peregrinación juvenil a Luján, vigilias de Pentecostés, campañas de oración y Via crucis en Semana Santa,
campañas de Navidad. Todas estas iniciativas tenían la particularidad de estar dirigidas y realizadas desde lo
masivo. Para más información, ver G. RIVERO, El viejo Tello y la pastoral popular, Bs. As., Patria Grande -
Saracho, 2013.
7
Citamos a continuación las obras publicadas hasta la fecha: R. TELLO, “La comunión de vida con Dios en la
Iglesia”, Teología 8, 1966; R. TELLO, La nueva evangelización. Escritos teológicos pastorales, Bs. As.,
Ágape - Saracho (según versión original de 1986), 2008; R. TELLO, Pueblo y Cultura I, Bs. As., Patria grande,
2011; R. TELLO, La Nueva Evangelización: Anexos I y II, Bs. As., Ágape - Saracho, 2013; R. TELLO, Pueblo y
cultura popular, Bs. As., Patria Grande - Ágape - Saracho, 2014; G. RIVERO (comp.), El viejo Tello en la
COEPAL. Sus intervenciones entre los peritos de la Comisión Episcopal de Pastoral en la recepción del
Concilio Vaticano II en Argentina (1968-1971), Bs. As., Ágape - Patria Grande - Saracho, 2015; R. TELLO,
Fundamentos de una Nueva Evangelización, Bs. As., Ágape - Saracho, 2015; R. TELLO, El cristianismo
popular. Ubicación histórica y hecho inicial en América, Bs. As., Ágape - Saracho (según versión original de
1992), 2016; R. TELLO, El cristianismo popular II, Bs. As., Ágape - Saracho, 2017; R. TELLO, El cristianismo
popular III, Bs. As., Ágape - Saracho, 2019. A estas deben sumarse los dos estudios acerca de su obra: E.
BIANCHI, Pobres en este mundo, ricos en la fe (Sant 2,5). La fe vivida en el cristianismo popular
latinoamericano en la obra “El cristianismo popular según las virtudes teologales” de Rafael Tello. Tesis de
licenciatura defendida en el año 2011 y publicada como E. BIANCHI, Pobres en este mundo, ricos en la fe. La
fe de los pobres de América Latina según Rafael Tello, Ágape libros, Buenos Aires, 2012 y F. FORCAT, El uso
de la gracia en el cristianismo popular en la perspectiva del padre Rafael Tello. Un aporte al conocimiento
teológico de la vida cristiana de nuestro pueblo latinoamericano. Tesis de doctorado defendida el 21 de
diciembre de 2016 en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina y publicada
como F. FORCAT, La vida cristiana popular. Su legítima diversidad en la perspectiva de Rafael Tello, Bs. As.,
Ágape - Saracho, 2017.
3
"Si la inocencia probada de Jesús se hace comprender un poco gracias a una meditación sobre
las figuras inocentes y tentadas de Adán y de Job, tiene que ser apreciada también en relación con
otra figura, igualmente inocente, la de Siervo, cuya pasión no se explicó, al menos principalmente, a
partir de una relación con Dios, sino más bien a partir de una relación con los hombres, por los que
sufrió esa pasión. Además ese «por los hombres» se expresa inmediatamente en términos de pecado:
«por nuestros pecados»"8.
Desde los inicios de la predicación apostólica se vio a Cristo en la figura del Siervo
de Is 52-53. Basta recordar el pasaje de Felipe explicándole ese texto al eunuco,
refiriéndolo a Cristo (Hch 8,26-40). Ese Siervo, que el pueblo judío se debatía en su
significado9, la Iglesia, a la luz de la Pascua, lo descubre en toda su luz en Cristo. De hecho,
como esa figura adoptaba un carácter de sufrimiento redentor, no fue difícil que se la
entendiera como figura y profecía de Cristo, el cual

«...despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento,


como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él
soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencia, y nosotros lo considerábamos
golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por
nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer
sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca:
como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su
boca. Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado
de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. Se le dio un sepulcro con los
malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su
boca. El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá
su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa
de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos
y cargará sobre sí las faltas de ellos.» (Is 53, 3-11).
Como se ve, es prácticamente una descripción de la pasión de Cristo. Además, ese
sentido que Cristo había dado en la última cena, a saber el carácter de sacrificio que
conllevaba su muerte, encuentra mucha consonancia con estas descripciones, donde el
sufrimiento guarda relación con la «carga de las rebeldías e iniquidades».

Será muy importante esta figura del Siervo, cuyo sufrimiento es redentor para
nuestro siguiente capítulo, ya que Tello a menudo ve en ella al pueblo sufriente, que
«completa en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo» (cf. Col 1,24).

Analizando la pasión de Cristo, el Siervo de Dios sufriente, quien carga los pecados
del pueblo, tiene que padecer perfectamente, hasta el fin. A diferencia del sacrificio de
Isaac, no es liberado en el último momento, sino que tiene que experimentar la muerte

8
G. LAFONT, Dios, el tiempo y el ser, 229.
9
¿Se refiere a un hombre, al pueblo, al Mesías? cf. C. WIENER, El segundo Isaías, Estella, Verbo Divino,
1980, 18.
4
misma para «salvar a su Pueblo de todos sus pecados» (Mt 1,21), o en palabras de Lafont,
para ofrecer el sacrificio de comunión, que acerca de nuevo a los hombres a Dios.

"Cristo en la cruz tiene que esperar contra toda esperanza esa «audición» de que nos habla la
carta a los Hebreos como respuesta a su grito desgarrados; efectivamente, no es antes de la muerte de
Jesús, sino después, no como salvación de la muerte en el último minuto, sino como resurrección,
como fue escuchado Jesús; antes, el crucificado tuvo que sufrir la muerte en su dimensión que
podríamos llamar «a-teologal»: la pasión, en el cuerpo del hombre, de la separación de Dios. Pues
bien, Jesús perseveró entonces en su actitud filial; transformó la muerte segunda en sacrificio de
comunión, de forma que el pecado desapareció y, con él, toda la cólera de Dios"10.
En medio del drama, de la entrega hasta la muerte, de la cual no fue rescatado sino
una vez que la había atravesado, Jesús perseveró en su actitud filial, es decir en su actitud
de obediencia a su vocación de Hijo de Dios y Salvador del mundo. Ese mismo camino
abierto por Jesucristo es el camino de todo hombre concreto, que también debe seguirlo
hasta la muerte, puerta de entrada en la gloria:

"Lo que se le pedía, a través de ese abandono, era precisamente lo que se le pide a todo hombre:
perseverar en la doxología, creer en la promesa de Dios, capaz de abrir la historia más allá incluso de
la muerte, considerar su propia muerte como un camino misterioso de salvación universal... Esta
conjunción de la muerte en la cruz y del silencio de Dios, que no habla ni actúa para venir en su
ayuda, es lo que hace de Jesús una especie de encarnación del pecado, y no solamente el mediador
entre Dios y los pecadores"11.
Esta última afirmación de Lafont nos parece imprescindible porque abre la puerta al
núcleo de lo que deseamos trabajar en un futuro próximo en nuestra tesis de licenciatura.
Esa muerte redentora de Cristo, esa pasión, es completada por aquellos que, muy
similarmente al Siervo que describía Isaías más arriba, sufren hoy en este mundo, cargando
el pecado del mismo y contribuyendo con esa carga en la redención. Veremos en el
próximo apartado cómo se da esto.

1.2 Murió para el perdón de los pecados

«Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la


remisión de los pecados» (Mt 26, 28), dijo Cristo en la última cena, dejando el memorial de
su Pasión.
"Cuando dice que Jesús murió «por nosotros» o «por nuestros pecados», el término por toma
también a veces un valor sustitutivo: Jesús murió de alguna forma en lugar nuestro: hemos sido
salvados porque él tomo sobre sí nuestros pecados"12.
Algo de esto es lo que expresa san Pablo, cuando a los corintios les dice que «al que
no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios

10
G. LAFONT, Dios, el tiempo y el ser, 244.
11
G. LAFONT, Dios, el tiempo y el ser, 243.
12
Ibíd., 242.
5
en él» (2Co 5,21). Tomó sobre sí nuestro pecado, quitó el pecado del mundo, para dejarnos
justificados frente a Dios. Y todo este «cargar el pecado» lo hace en su cuerpo. En su
cuerpo sufre el azote del pecado de los hombres, también, el cual él perdona, culminando
una vida de misericordia y perdón.

"Fue en su cuerpo donde Jesús sufrió este rechazo... Pues bien, Jesús intercede por el perdón,
incluso de esta ofensa última y, por lo que a él se refiere, la perdona. Mientras que, por la violencia
de que es víctima, los hombres cerraron de algún modo definitivamente la aventura de la filiación,
Jesús suspende esta conclusión trágica pidiendo el perdón de Dios sobre todos... Jesús transforma ese
símbolo de odio en símbolo de amor... El comportamiento de Cristo debe vincularse a toda su
enseñanza sobre el perdón y la misericordia, como actos en los cuales y por los cuales el hombres
puede hacerse perfecto como es perfecto el Padre celestial, acabar en sí mismo la imagen de Dios y
darle plenamente gloria".13.
Hasta aquí estas citas de Lafont, que nos han abierto la puerta al núcleo que
queremos tratar, a saber la muerte como salvación en la perspectiva de Rafael Tello.
Continuaremos, pues, en nuestra exposición con el núcleo al que hemos llegado.

2. Tello (parte sistemática)

Decíamos más arriba que los textos de Lafont nos habían abierto la puerta de
entrada al núcleo que queremos tratar, inherente al teólogo argentino Rafael Tello.
Comenzaremos, pues, mostrando cómo este tema está presente en nuestro autor, citando
algunos textos de su autoría. Tomaremos fundamentalmente tres textos: La nueva
evangelización, Fundamentos de una nueva evangelización y El cristianismo popular III14,
complementados con las desgrabaciones de algunas clases dictadas en la Escuelita, espacio
que ya hemos mencionado anteriormente.

2.1 Dios obra la salvación por la muerte en cruz de Cristo

Comenzamos con La nueva evangelización, que, si bien —como toda la obra de


Tello— es una obra de carácter eminentemente pastoral, busca un sólido fundamento en la
doctrina. Ya sea al hablar de la salvación, de Cristo, de los pobres o de la Virgen, que son
algunos de los cauces por los cuales se realizó la primera evangelización de América y por
los cuales debería continuar la nueva, según Tello.

13
Ibíd., 241.
14
Hemos ya citado más arriba a estas tres obras al enumerar todas las obras publicadas del padre Tello hasta
la fecha.
6
La evangelización es el anuncio de la salvación, esa salvación que más arriba
veíamos que se da por los méritos de la pasión de Cristo. Tello afirmará lo mismo, pero
antes añadirá:

"Dios anuncia y prepara la salvación que Él va a obrar. Pero en todo el Antiguo Testamento
Dios muestra su celo para que se reconozca que ella es don gratuito del Señor y que la iniciativa,
fuerza y obra del hombre son inútil y engañosas.
Obra la salvación por la encarnación de su Hijo unigénito que se hizo hombre —sin pecado—
para todos los hombres, porque quiso amar ante todo, otorgándoles su "primera misericordia" a los
más despreciados, a los pobres ("pues entre todas las cosas que en este mundo hacen despreciable al
hombre la principal es la pobreza", Sto. Tomás In. 4 sent. 47 1.22) evangelizándolos (cf. Lc 4,18; Mt
11,5) y dándoles su Reino (cf. Lc 6,20).
Obra la salvación por Cristo, que creció en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los
hombres; por Cristo, que por sus obras y palabras vino a manifestar y a enseñar la verdad, a buscar a
los pecadores y a abrirles el acceso a Dios, conviviendo con ellos y dándoles confianza para que se
acerquen"15.
Es decir, toda la vida de Cristo va ya, de algún modo, obrando la salvación: con su
encarnación, palabras y obras va manifestando la iniciativa gratuita de Dios, su
misericordia y que el Reino de Dios está cerca.

Sin embargo, más allá de toda esta descripción sobre la vida y el ministerio de
Cristo, hay que decir, al igual que lo hace Lafont, que

"... esto no bastaba, la salvación no se perfecciona, no se cumple sino por la muerte y desde ella
por la resurrección obrada por Dios mismo...
Este camino doble y único (desarrollo y muerte) se prolonga a través de toda la historia de la
Iglesia que tiende siempre a desarrollarse, y juntamente completa lo que falta a la Pasión de Cristo
(cf. Col 1,24) y se humilla y muere cada día. Pero en ese doble elemento, siempre junto, a veces
predomina uno, a veces otro. A veces en el tiempo (como en el tiempo de persecución), a veces en
las diversas partes de los hombres (como en los pobres). Pero la muerte y la cruz nunca faltan ni
pueden faltar en la Iglesia"16.
Hay por lo tanto dos caminos, o mejor dicho, un único camino con dos vertientes
por los cuales Dios obra la salvación: un modo de desarrollo y crecimiento, el cual es
necesario, y otro modo más perfecto, en el sentido que perfecciona (lleva hasta el fin) la
salvación. Esta vía es la muerte. Y este camino, «doble y único», como señala Tello, tiende
a prolongarse también en la vida de la Iglesia, que, como Esposa de Cristo, quiere seguirlo
para penetrar donde ya lo hizo su Esposo y Cabeza, y seguirlo por el mismo camino.

Como se puede ver, en efecto, en la historia de la Iglesia, es cierto lo que afirma


Tello acerca de que por momentos parece predominar un aspecto de ese camino y por

15
R. TELLO, La nueva evangelización, 33-34.
16
Ibíd., 34-35.
7
momentos el otro. A la Iglesia nunca le ha faltado el desarrollo, el expandirse, el anunciar
el Evangelio y el engendrar nuevos hijos por el bautismo. Aún cuando en algunas épocas
ese desarrollo pueda haber sido más abrupto (como, por ejemplo, en la evangelización de
América) y otras veces más lento. Pero al mismo tiempo, nunca le ha faltado la cruz, desde
los comienzos hasta hoy, donde muchos siguen muriendo por Cristo. Tello toma la
particularidad de considerar también los pobres y su vida como presencia de la cruz en la
Iglesia.

2.2 Dios subvierte el orden humano con su salvación

Como recién explicaba Tello, la salvación realizada por Jesucristo se da en ese


camino doble del desarrollo y la muerte, pero es sobre todo por la muerte como se realiza
más perfectamente.

Esa muerte de cruz subvierte el orden humano, es «escándalo para los judíos y
locura para los paganos» (1Co 1,23). Así quiso Dios, que «eligió lo que el mundo tiene por
necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los
fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale»
(1Co 1,27-28). Tello se toma muy en serio esta disposición divina. Teniendo en cuenta que
su obra es pastoral, pero que requiere un fuerte fundamento en la doctrina, presta especial
atención a este tema.

"Porque sólo Dios salva, porque Dios es celoso de que se lo reconozca como único Salvador
«para que ninguna criatura se gloríe en su presencia» (1Co 1,29), porque Él se encarnó «para
evangelizar a los pobres» (Lc 4,18), porque su salvación sólo se cumple por la cruz y la muerte,
queda establecida la ley divina y especialmente evangélica, que subvierte todo orden humano y es
escandaloso para la mentalidad griega humanista. Los últimos serán los primeros; estarán arriba los
de abajo; el que pierde su vida la encontrará; quien la guarda la perderá, etc. Lo que se ve cumplirse
en todo el Evangelio17. Se muestra asimismo en la diversa suerte del pobre y del rico, del que había
recibido sus bienes en esta vida y del que en cambio había recibido males (cf. Lc 16,19-31). Aparece
en la parábola de los invitados, o mejor de los no-invitados, al banquete, y se manifiesta
solemnemente en la crucifixión de los dos ladrones a derecha e izquierda de Cristo exaltado en la
cruz. Es, sobre todo, lo enseñado clara y sencillamente por el Salvador «ungido para evangelizar a
los pobres» (Lc 4,18): «Bienaventurados los pobres porque de ustedes es el Reino de Dios» (Lc
6,20)"18.
Si la salvación parece locura, escándalo o necedad, quizás también lo parezca una
Iglesia que hace presente la salvación alcanzada por Cristo, padeciendo, marcada por la
cruz: ya sea perseguida o en la vida misma de sus pobres. Un Iglesia con medios pobres, o

17
cf. R. TELLO, "Homilía sobre las bienaventuranzas", en: R. TELLO, El cristianismo popular III, 297-304.
18
R. TELLO, La nueva evangelización, 35-36.
8
realmente —y no virtual o idealmente— «pobre para los pobres»19, siempre resultará
locura, escándalo y necedad. Sin embargo, fue así como Cristo realizó la salvación; y la
Iglesia, que es su Esposa, —sin negar ni dejar la vía del desarrollo, como vimos más
arriba— deberá recorrer el mismo camino y completar en su carne lo que falta a los
padecimientos de Cristo (cf. Col 1,24).

Si Cristo alcanzó la salvación y por el bautismo fuimos incorporados a él, sumergidos


en su muerte, es lógico que la vida del cristiano en este mundo siga a la de Cristo, que fue
desarrollo y fue cruz. Mientras algunos miembros de la Iglesia harán más patente esa
salvación que se alcanza por el desarrollo, los habrá también quienes hagan aún más
patente esa salvación por la muerte, que no puede faltarle a la Iglesia, como decía Tello más
arriba.

La siguiente cita es, quizás una, de las que introduce a un tema tan original como
polémico en la teología tellana.

"La salvación se hace por la evangelización, y la salvación se hace por medio de Cristo: Cristo
hecho hombre, nacido de una mujer, muerto y resucitado. Es importante señalar allí el camino, que
es la destrucción de la vida humana. La vida de la carne se destruye por la muerte y la resurrección.
Es la destrucción de la vida, según la carne. Dios no nos salva promoviendo linealmente la vida del
hombre, desarrollando linealmente la vida del hombre, sino conduciendo esa vida del hombre
humano, natural, a la muerte; destruyéndola y rehaciéndola, desde la muerte, por la resurrección. Ese
es el camino: el de la cruz y la resurrección. Me parece que es fundamental"20.
Como se ve, accedemos a una visión originalísima de la salvación, al mismo tiempo
que profundamente en consonancia bíblica y patrística21.

"Si se admite esta línea [la salvación por el desarrollo], solamente es posible admitir una línea
de desarrollo, de crecimiento social. Lo que tiene sentido es el desarrollo social, porque esto es la
esencia de este sistema: la civilización, el progreso. Pero el camino cristiano de la Iglesia también
tiene otro camino que es el de la cruz, lo cual es muy serio. Lo de la cruz en el fondo significa: el

19
cf. FRANCISCO, Evangelii gaudium, n° 198, AAS 105 (2013), 1103.
20
R. TELLO, Desgrabación de la clase del 26 de diciembre de 1986, inédito.
21
cf. AMBROSIO DE MILÁN, De excessu fratris sui Satyri, II, 46: "no debemos deplorar la muerte, ya que es
causa de salvación"; CIPRIANO DE CARTAGO, De mortalitate,10: "Esta mortandad es una pestilencia para los
judíos, gentiles y enemigos de Cristo; mas para los servidores de Dios es salvadora partida para la eternidad";
L. F. MATEO-SECO, "Muerte", en L. F. MATEO-SECO - G. MASPERO, Diccionario de San Gregorio de Nisa,
Monte Carmelo, Burgos, 2006, 650-654: "Gregorio utiliza la imagen de los "vasos de barro" para dejar claro
que la muerte es un remedio amargo dado por Dios al hombre para rehacerlo de nuevo mediante la
resurrección. En el vaso de barro se introdujo un trozo de plomo, por lo tanto el alfarero debe romperlo y
hacer un vaso nuevo, libre ya del plomo. Esto es lo que hace Dios por la muerte y la resurrección". Ver
también: L. F. MATEO-SECO, "La muerte y su más allá en el «Diálogo sobre el alma y la resurrección» de
Gregorio de Nisa", Scripta Theologica 3 (1971/3), 75-107; L. F. MATEO-SECO, "La teología de la muerte en la
«Oratio catechetica magna» de Gregorio de Nisa", Scripta Theologica 1 (1969) 453-473L. F. MATEO-SECO,
"Consideraciones en torno a la muerte en las homilías al Eclesiastés de Gregorio de Nisa", Scripta Theologica
23 (1991/3) 921-937.
9
desarrollo definitivo, último y más eficaz, no se logra sino a través de la cruz. En la vida moderna, e
incluso en el magisterio moderno, no queda mucho lugar para la cruz. Si se admite esta línea
esencialmente de progreso, iluminista, de mayor riqueza ¿dónde queda la línea de la cruz? Y la
Iglesia no puede renunciar a la línea de la cruz"22.
Lo que aquí se plantea es muy serio porque es la doctrina que determina absolutamente
la pastoral de la Iglesia. Si el camino es por el desarrollo o por la cruz. Y si lo es por los
dos, en qué medida. Tello parte de que la Iglesia está alineada en una línea del desarrollo
desde hace varios siglos. Es decir, un poco demasiado optimistamente, cree en un buen
desarrollo que termine abriéndose a Dios. Pero este camino va totalmente en contra de la
«vía de la cruz», que es la que, como hemos visto, Dios parece elegir preferentemente para
perfeccionar (llevar hasta el fin) su salvación. Pero —y también hay que decirlo para evitar
equívocos— esta cruz es camino de salvación. Tampoco se trata de buscar el sufrimiento,
aunque la Iglesia a lo largo de su historia haya practicado este ascetismo23, sino ante todo
de aceptar la cruz, al modo como lo suelen hacer los pobres, en una vida marcada por ella.
No huir ante la cruz, escandalizados como los discípulos del Señor.

Lo que Dios quiere, ante todo, y para lo cual nos envió a su Hijo, es para darnos la
salvación, la Gloria, la vida eterna.

"¿Qué da el Evangelio? ¿Qué provoca? La muerte, castigo del pecado, es universal. Y Dios va a
dar la gracia y la Gloria pero sin suprimir la muerte, sino pasando por la muerte. Haciendo de la
muerte una causa para obtener la Gloria. El Evangelio lo que va a predicar fundamentalmente es la
cruz. Podría predicar esto: sea que obren bien o mal, Dios les va a dar la Gloria. Pero no es eso lo que
dice el Evangelio sino que va a anunciar la muerte. Dios entrega a su Hijo a la muerte. Dios hace que
Cristo sufra la ignominia de la cruz. El Evangelio va a anunciar algo que nos repugna: la muerte. La
muerte de Cristo, y con Cristo la muerte de todos es el camino para entrar en la Gloria"24.
No parece haber otro camino a la Gloria, que mediante la cruz, la cual es necesaria
(dei) y querida por Dios. Pero esto fuera de parecer una fatalidad, es camino de Gloria. El
mismo Tello, frente a unos jóvenes, les decía acerca de esto: "Por ahí les parece muy duro,
muy pesimista. Al contrario, es la fuente de todo optimismo"25.

Esto nos da pie al siguiente título. Una Iglesia que sufre, que muere será una Iglesia de
los que sufren, de los que mueren: de los murientes.

22
R. TELLO, Desgrabación de la clase del 11 de agosto de 1994, inédito.
23
Nos referimos a las penitencias, como pueden ser el ayuno, la penitencia corporal, silicio, privaciones y
sacrificios, es decir la búsqueda activa de la mortificación. Cf. R. TELLO, "El sentido de la cruz", en R. TELLO,
La nueva evangelización, 98-100.
24
R. TELLO, "Anexos a «Moral del pueblo»", en R. TELLO, El cristianismo popular III, 114s.
25
R. TELLO, "Retiro de vida evangélica de varones (15 al 17 de octubre de 1976)", en R. TELLO, El "Viejo"
Tello les habla a los jóvenes, Bs. As., Ágape - Saracho, 2020.
10
2.3 La Iglesia de los «murientes», siervos de Yahweh

En la sección anterior, al tomar algunos de los textos de Lafont, resaltamos la figura


del Siervo sufriente de Isaías como figura de Cristo, quien, inocente, llevaría los pecados de
su pueblo, adquiriendo así su sufrimiento un tono redentor26. Es lo mismo que afirma Juan
Pablo II en su carta Salvifici doloris: "El [Cristo], aunque inocente, se carga con los
sufrimientos de todos los hombres, porque se carga con los pecados de todos (...) En su
sufrimiento los pecados son borrados precisamente porque El únicamente pudo cargarlos
sobre sí"27.

Tello asume también todo lo que hemos dicho más arriba, pero, como ya hemos
adelantado, extenderá, prolongará ese sufrimiento redentor en la persona de los pobres. Es
decir, por participación en los sufrimientos de Cristo, y únicamente por esta razón, su
sufrimiento también adquiere un tono redentor. También lo afirma otra vez Juan Pablo II:
"Todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor
de Cristo"28, como también:

"...el que sufre en unión con Cristo... «completa» con su sufrimiento lo que falta a los
padecimientos de Cristo. En cuanto el hombre se convierte en partícipe de los sufrimientos de
Cristo... completa aquel sufrimiento, mediante el cual Cristo ha obrado la redención del mundo"29.
Tello, al respecto, explica:

"Dios redimió al mundo por la muerte de su Hijo en la cruz; y quiere que su Pasión sea
completada en favor de su Iglesia (cf. Col 1,24), de los hombres que han de ser salvados. Para ello
quiso que, como la cabeza, así también muchos miembros del Cuerpo sean por un tiempo como
causa de horror, desfigurados, sin aspecto de hombres, sin que su apariencia sea más la de un ser
humano, crecidos como raíz que brota en tierra árida, sin forma ni hermosura que atraiga las
miradas, sin aspecto que pueda agradar; despreciados, desechados por los hombres abrumados de
dolores y habituados al sufrimiento, seres ante los cuales se aparta el rostro, tenidos por nada, que
al ser maltratados se humillan y ni siquiera abren la boca, detenidos y juzgados injustamente sin que
nadie se preocupe de su suerte (Cf. Is. 52,13.) [...] Sí, saber que junto con la Cabeza esos miembros
golpeados, herido(s), por Dios y humillados, triturado(s), soporta(n) nuestros sufrimientos y
carga(n) nuestras dolencias"30.
Nos encontramos con los textos que comienzan a ser más osados por parte de Tello,
o si se quiere, con los que expresan su mayor originalidad. La descripción que hacía Isaías
del Siervo la vemos todos los días, no es exagerado. Basta caminar por las calles de la
ciudad o adentrarse en las villas y barriadas, en las cárceles, en muchos hospitales, para

26
cf. JUAN PABLO II, Salvifici doloris nn. 17-18: AAS 76 (1984) 201-250.
27
Ibíd.
28
Ibíd., 19.
29
Ibíd., 24.
30
R. TELLO, La nueva evangelización, 38-39.
11
verlo, palparlo y contemplarlo. Tello no tiene tapujos en señalar que ese sufrimiento es
redentor, carga pecados de otros y colabora en la obra de la redención. Y esto es así porque
Dios lo ha dispuesto. Por eso, vuelve a afirmar ese doble camino:

"Otra vez: la Iglesia de los que saben, de los que son [vía del desarrollo], es querida por
Dios, pero hay otra parte en cierto modo más suya, la de los que mueren día a día [vía de la cruz], de
los que no son, que es amada también y de alguna manera, como lo enseña la Escritura, preferida por
Él. Una Iglesia que es, como la muerte en manos de Dios, inicio de nueva vida"31.
Es por eso que titulábamos esta sección «Una Iglesia de los murientes». Son los que
mueren, pero en manos de Dios. Como en manos de Dios, son el inicio de vida nueva.
Como en manos de Dios, tienen también una función redentora. Porque aún en sus
sufrimientos, como decía Lafont, "perseveran en su actitud filial"32 hasta la muerte.
Dejamos, para finalizar, dos textos de Tello que terminan de rematar esta noción de la
Iglesia de los murientes.

"La Iglesia es la comunidad de los murientes, de los siervos de Yahweh, de los que sufren. La
Iglesia es la Iglesia de esa gente, de los que sufren en este mundo, de los murientes. La Iglesia es de
ellos, para ellos. Dios ha querido elegir a esa gente como sufrientes, como murientes. Entonces, más
allá de todo lo que la Iglesia en el tiempo pueda hacer como eficacia, es la Iglesia de esos tipos, de
los que Dios ha destinado para sufrir, y los eligió para él. Tomar conciencia ante todo que la Iglesia
es de esos que sufren. Actualmente la Iglesia se ve como una sociedad muy eficientista, un poco
como el samaritano del Evangelio que tiene cabalgadura, «lo sube a su propio caballo». La Iglesia
actualmente se ve como una institución destinada a hacer el bien. Y creo que a los ojos de Dios la
Iglesia es primero la Iglesia sufriente"33.
¿No acaba de parafrasear las bienaventuranzas?
"La Iglesia moderna tiende a hablar del pobre como objeto: hay que ayudarlo. Y desconoce esta
otra dimensión: que es salvador, redentor. Cristo fue pobre para salvar a todos los necesitados:
enfermos, sufrientes, y en último término pecadores; y eso es cierto. Por eso al Iglesia tiene que
ocuparse de los pobres, de los que sufren, de los enfermos, de los desamparados, de los pecadores.
Pero el pobre tiene otro sentido: también es salvador, y eso la Iglesia lo olvida. Esto habría que
desarrollarlo mucho: prolongar. Los pobres son los que en la Iglesia tienen mayor poder redentor o
salvífico. ¿Cristo se hizo pecador? No. Cristo se hizo pobre; los pobres en la Iglesia – porque Cristo
se hizo pobre – van a tener una función redentora"34.

3. Conclusión

Comenzamos nuestro trabajo indicando cómo, a partir de la lectura del texto de


Lafont propuesto en el seminario, se nos había abierto una puerta al núcleo que deseamos
tratar en nuestro próximo trabajo de tesis, a saber, la muerte como salvación en la

31
Ibíd., 39.
32
cf. supra, 5.
33
R. TELLO, Desgrabación de la clase del 15 de mayo de 1986, inédito.
34
R. TELLO, Desgrabación de la clase del 20 de abril de 1989, inédito. El subrayado es nuestro.
12
perspectiva de Rafael Tello. En concreto, el tratamiento que hace del Siervo sufriente nos
condujo, como por un camino guiado, hacia el teólogo argentino.

Durante las páginas del presente trabajo hemos establecido, en primer lugar, los
núcleos de Lafont que nos abrieron puertas para adentrarnos en Tello. Luego, hemos
procurado exponer sistemáticamente tres temas concatenados en la teología tellana: la
muerte redentora de Cristo, cómo ese acontecimiento salvífico subvierte el orden humano
y, finalmente, cómo los pobres, participando de los sufrimientos de Cristo (y solamente por
ello) y completando lo que falta los mismos, también son redentores.

Consideramos el pensamiento de Rafael Tello, si bien en perfecta consonancia con


la tradición y el magisterio de la Iglesia —así lo hemos mostrado— como profundamente
original. Quizás pocos teólogos contemporáneos, y particularmente de estos lados del
mundo, hayan sido tan radicales, no solamente en su pensamiento, sino también en sus
consecuencias prácticas o pastorales. Iglesia de los murientes, camino de la no-promoción,
son algunas ideas fuertes que van guiando su pensamiento. Su pensamiento es mucho más
extenso y rico y probablemente tendríamos que explicarlo de manera más desarrollada,
pero dado el carácter del tipo de trabajo en esta monografía, no podemos realizarlo
acabadamente. Si uno recorriera su obra podría abrir abundantes caminos por dónde
explorar. Utilizando la metáfora del comienzo, Tello tiene muchas puertas por las cuales
uno puede entrar: la cruz, la Virgen, los pobres, la historia, las virtudes teologales, la moral,
etc. Sin embargo, hay una constante jerarquización dentro de su teología y él mismo se
preocupa insistentemente en ir ordenando jerárquicamente las ideas y conceptos. Invitamos
a quien lea este trabajo a adentrarse también, como nosotros, en tan rico autor.

Para finalizar, creemos que su voz es "una interpelación todavía no escuchada"35,


sobre todo por la iglesia argentina. Por eso mismo queremos profundizar en su estudio y
difusión, por creerlo necesario para que esta interpelación pueda ser más escuchada. Con
este fin estamos preparando nuestra tesis de licenciatura.

35
V. M. FERNANDEZ, "El padre Rafael Tello : una interpelación todavía no escuchada", Vida Pastoral, 236
(2002), 34-40.
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Bibliografía

1. FUENTES PRIMARIAS
LAFONT GHISLAIN, Dios, el tiempo y el ser, Salamanca, Sígueme, 1991.
TELLO RAFAEL, La nueva evangelización. Escritos teológicos pastorales, Bs. As., Ágape - Saracho (según
versión original de 1986), 2008
——— , El cristianismo popular III, Bs. As., Ágape - Saracho, 2019.
——— , El "Viejo" Tello les habla a los jóvenes, Bs. As., Ágape - Saracho, 2020.

2. BIBLIOGRAFÍA DE RAFAEL TELLO


FERNÁNDEZ VÍCTOR MANUEL, "El padre Rafael Tello: una interpelación todavía no escuchada", Vida
Pastoral, 236 (2002) 34-40.
RIVERO GABRIEL, El viejo Tello y la pastoral popular, Bs. As., Patria Grande - Saracho, 2013.

3. PATRÍSTICA Y ESTUDIOS AFINES


AMBROSIO DE MILÁN, De excessu fratris sui Satyri.
CIPRIANO DE CARTAGO, De mortalitate.
MATEO-SECO LUCAS FRANCISCO, "La teología de la muerte en la «Oratio catechetica magna» de Gregorio de
Nisa", Scripta Theologica 1 (1969) 453-473.
————, "La muerte y su más allá en el «Diálogo sobre el alma y la resurrección» de Gregorio de Nisa",
Scripta Theologica 3 (1971/3), 75-107.
————, "Consideraciones en torno a la muerte en las homilías al Eclesiastés de Gregorio de Nisa", Scripta
Theologica 23 (1991/3) 921-937.
MATEO-SECO LUCAS FRANCISCO- MASPERO GIULIO, Diccionario de San Gregorio de Nisa, Monte Carmelo,
Burgos, 2006.

4. MAGISTERIO
FRANCISCO, Evangelii gaudium, n° 198, AAS 105 (2013), 1019-1137.
JUAN PABLO II, Salvifici dolorisk, AAS 76 (1984) 201-250.

5. OBRAS GENERALES
C. WIENER, El segundo Isaías, Estella, Verbo Divino, 1980.

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