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Curso

Psicología Forense
Especializada en niñas, niñas y adolescentes
Mod. V Tema I

Distingos entre el acompañamiento y la terapia


psicológica
Bárbara Straccali
Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia A.C.

I. INTRODUCCIÓN

El acompañamiento procesal de niños, niñas o adolescentes tiene como fin último la recuperación emocional
y el despliegue máximo de potencialidades de la infancia y adolescencia que ha sufrido violencias. Esta
definición, podría considerarse en un primer acercamiento, como una intervención terapéutica. En un sentido,
lo es. El acompañamiento procesal busca que las acciones que el niño, niña o adolescente realiza en
contacto con el sistema de justicia, y la connotación que éste le da a dicha participación, le resulten útiles
para la reparación emocional, de diversas maneras. En ese sentido, el acompañamiento procesal puede
potenciar acciones que resultan terapéuticas para el desarrollo y la recuperación del niño o niña.

Sin embargo, a la hora de precisar objetivos específicos y técnicas para llevarlos a cabo, el acompañamiento
y la terapia psicológica divergen. Este artículo puntualiza sobre las diferencias.

II. ACOMPAÑAMIENTO DURANTE UN PROCESO DE JUSTICIA VERSUS TERAPIA


PSICOLÓGICA

El acompañamiento a un niño, niña o adolescente que ha sido víctima de violencia, no debe confundirse con
una intervención terapéutica. Las diferencias son contundentes y se identifican expresamente por los
propósitos. Si bien comparten la reparación emocional del paciente, en el caso del acompañamiento se centra
(y amplía) hacia la protección que infiere que ese niño, niña o adolescente, además de ser víctima de

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violencia, deberá participar en un proceso de justicia. El compromiso, el encuadre, los tiempos, el tipo de
intervenciones y el conocimiento, difieren de una intervención terapéutica desconectada del proceso legal.

En el caso del acompañamiento, si bien se utilizan técnicas terapéuticas, y debe ser idealmente un
profesional en psicología quien lo realice, la intervención se desplaza de la realidad única del paciente (su
mundo interno, sus conflictos, sus recursos) al contexto (instituciones vinculadas a la impartición de justicia,
que tienen sus propias reglas, independientes de la realidad y necesidades del niño, niña o adolescente). Es
decir, se articula a las implicancias del proceso de justicia.

Ya se ha expresado que no es posible pensar en la reparación de un niño, niña o adolescente víctima de


violencia, únicamente a través de una terapia desligada de la denuncia. Asimismo se han expuesto los
beneficios, que aportan en múltiples sentidos, los eventos y diligencias judiciales para la redignificación del
paciente víctima. Así, el acompañamiento, posee intrínsecamente en su propósito, acciones terapéuticas pero
sustentadas en la correspondencia con lo que requiere y aporta el proceso legal.

Entonces, la forma de estar del acompañante, su formación técnica, su conocimiento y competencia y su


manera específica de vincular, hacen que, a través del proceso de justicia que se está llevando adelante, el
acompañamiento durante el proceso de justicia, resulte terapéutico.

III. QUÉ SE ENTIENDE POR ACOMPAÑAMIENTO PROCESAL

En un sentido coloquial “acompañar” es "estar con otro”. Para definir el acompañamiento procesal a niñas,
niños y adolescentes, es necesario pensarlo como “estar con otro”, en el sentido amplísimo de la palabra y lo
que implica, pero desde un marco teórico y referencial que fundamenta un accionar. Se delimita como una
operatoria con direccionalidad y con objetivos concretos articulados entre:

 los tiempos, requisitos y diligencias judiciales


 y la protección y cuidado del niño, niña o adolescente, en relación a los efectos de la experiencia
violenta vivida y a su participación en el proceso de justicia

De lo antes mencionado se desprende que la labor del acompañante se adapta a las características,
necesidades y situación de cada paciente en relación permanente con las demandas judiciales.

La función principal del acompañamiento es otorgar herramientas al niño, niña o adolescente para que su
colaboración en el proceso de justicia sea redignificante al mismo tiempo que prevé y evita cualquier
experiencia revictimizante. Los objetivos del acompañamiento se fundamentan en la contención,
vinculación, consciencia de las emociones, superación de situaciones estresantes o desconocidas y apoyo a
la elaboración de conflictos psíquicos que se presenten al revivir el evento traumático, y ante cada situación
que se presenta.

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Otra de las características que debe saber un psicólogo que realice acompañamiento procesal, es que,
distinto a la clínica, se debe contar con flexibilidad de tiempo. Las jornadas en las instituciones judiciales
suelen ser en ambientes incómodos para niños y niñas, y de muchas horas.

Asimismo, debe contar con conocimiento básico sobre procesos de justicia y sus implicaciones características,
ya que tener esta información, otorga los elementos necesarios para manejar con eficacia los tiempos, reglas
y formas de un contexto que será “la realidad” que enfrenta el paciente. Cuanto más se conozca la estructura
de un proceso de justicia, cómo ocurre y qué requiere del niño, niña o adolescente a cada paso, mayores
posibilidades de prever acciones o intervenciones que le beneficien, y más recursos para otorgar
herramientas al paciente en cada participación.

La labor del acompañante procesal es compleja. Implica guiar al paciente y contenerlo para que cuando
construya el relato de la experiencia traumática y los eventos que la desencadenaron, además de provocar un
efecto terapéutico, sea efectivo en su participación en el Sistema de Justicia.

El acompañamiento procesal es un proceso que trasciende la participación directa del niño o niña. Comienza
antes de que éste participe directamente en el proceso de justicia, con una etapa de preparación para que
pueda participar sin temor. Incluye acciones específicas que se realizan en contacto directo con el niño, niña
o adolescente al momento en que participa en la diligencia, y se prolonga hasta reforzar los efectos
terapéuticos de la participación en el proceso, luego de la diligencia.

En muchos sentidos, al igual que la terapia psicológica, implica creatividad y espontaneidad ante las
necesidades y objetivos del proceso y del niño o niña, que da resultados en tanto está basado y sustentado
en un marco teórico desde el cual se hace efectivo.

IV. SUSTENTO TEÓRICO DEL ACOMPAÑAMIENTO PROCESAL

Como síntesis de lo anterior, la función esencial que cumple un psicólogo que acompaña a un niño, niña o
adolescente víctima de violencia en proceso legal, se sustenta en el vínculo, justificado a través de técnicas
terapéuticas, capaz de otorgar, como adulto significativo, una plataforma segura y protectora.

En palabras de Vigotsky, autor que se expuso en el Módulo primero, “el adulto es pilar para el desarrollo de
los niños, (…) no solo desde una perspectiva de supervivencia, sino como impulso continuo de aprendizaje”.
El acompañante, por tanto, será ese “pilar” que guía al paciente para transformar ideas, pensamientos,
conductas y comportamientos, a trav s de lo que el autor llama “ ona de desarrollo Pr ximo” P
“distancia entre el nivel real de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un

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problema, y el nivel potencial de desarrollo, determinado a trav s de la resoluci n de un problema, ba o la
guía de un adulto”1.

Asimismo, Bowlby (1983) realiza varias aportaciones que se relacionan directamente con la idea de
indefensión e inseguridad. Recordemos que Bowlby, si bien configura su teoría desde una perspectiva
psicoanalítica en la que los vínculos de apego pueden ser análogos a los tipos de relaciones objetales, se
diferencia de ésta cuando atiende la importancia interpersonal y las relaciones intersubjetivas:

“Se deben considerar los efectos de las interacciones sociales. No hacerlo puede limitar e inhibir los procesos
reflexivos más amplios requeridos para lograr el conocimiento intrapsíquico” (20012).

La imagen de apego, las conductas de apego, y los vínculos de apego que el niño, niña, o adolescente
construye, son índices determinantes no solo para conocer su estado actual intrapsíquico, sino también con
qué herramientas cuenta y cuáles son los adultos de su entorno que representan un sostén, para transitar el
proceso de justicia.

En particular, las técnicas que se utilizan durante el acompañamiento procesal se construyen con especial
cuidado en función de aptitudes y actitudes que va construyendo el paciente, según su edad y su estado
emocional.

En resumen, el acompañamiento psicológico durante un proceso de justicia, demanda una mirada amplia e
integral de análisis, y acciones concretas que sepan articular las necesidades del paciente respecto a la
experiencia dolorosa y respecto de lo que necesita para su recuperación emocional; y las implicaciones
judiciales, que como ya hemos expresado, lejos de entorpecer la elaboración del trauma, facultan y benefician
el proceso de reparación, asegurando la redignificación de la víctima.

I.

1
igots y, . . El desarrollo de los procesos psicol gicos superiores. xico Editorial rítica, rupo Editorial rijalbo. (pág.133)
2
La Teoría del Apego. Un enfoque actual. (2001) Mario Marrone. Madrid: Editorial Psimática. 401 páginas.

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