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HIJO DE PAZ

Cuando pienso en Navidad pienso en un ejemplo muy hermoso que compartí aquí hace
tiempo. Leí el ejemplo hace tiempo y creo que vale la pena compartirlo de nuevo. En
1962 Don y Carol Richardson y su hijo de 7 meses fueron a Papua Nueva Guinea para
compartir el evangelio con unas tribus muy primitivas allí. Se mataban y se comían.
Esta familia misionera empezó una clínica allí para empezar su contacto con estas
gentes.

Un tiempo después escondido entre la maleza y los arbolitos, los guerreros del pueblo
de Jinam se acercaban poco a poco a los jardines del pueblo vecino que se llamaba
Morón. Llevaban lanzas, arcos y flechas y otras armas primitivas. Las mujeres de
Morón estaban trabajando pacíficamente en los jardines de camote, y no pensaban ni en
el peligro ni en la muerte, pero metro por metro se acercaban silenciosamente las dos
cosas.

De repente con gritos fuertes los guerreros atacaron a las mujeres indefensas. Las
que no cayeron heridas o muertas se pusieron a la fuga de inmediato, corriendo cuesta
arriba a su pueblo. Otra vez estos hombres, los sahuis, habían demostrado lo que era su
manera más fea: la traición. Así empezó otra guerra sangrienta entre los dos pueblos
que hablaban el idioma sahui. Los combates se extendieron entre todos los hombres de
los dos pueblos. El odio aumentó más y más entre ellos. Esas armas rudas podían hacer
mucho daño y el daño era enorme; la muerte reinaba por todos lados y muchísimos
heridos. La pequeña clínica en el pueblo casi no aguantaba el número de heridos que
llegaban a su puerta sangrando y desesperados. Los que manejaban la clínica eran
Ricardo y Carolina. La guerra seguía y seguía con muchos heridos, hasta que los de la
clínica por fin dijeron: "¡Ya no podemos! ¡Se va a acabar la medicina! ¡O esta guerra
se termina, o nosotros nos vamos de este pueblo y ya no va a haber nada!"

Ricardo y Carolina hablaban en serio. Habían llegado a ese pueblo para ayudar a los
habitantes y también para explicarles la Palabra de Dios. Tenían la esperanza de que
poco a poco la gente creyera esa Palabra, porque sabían que así recibirían perdón de
pecados y podrían cambiar su manera de vivir y pensar. Pero a los sahuis sus
costumbres los llevaban a seguir engañando y traicionando. Hasta que a veces comían a
sus enemigos. También aplaudían a Judas, el que traicionó a Jesucristo. Nunca habían
podido entender el amor de Dios a pesar de que oyeron la historia bendita tantas veces.
Y ahora, Ricardo y Carolina estaban perdiendo las esperanzas de que la gente llegara a
comprender la verdad de Dios.

Pero estas palabras de la enfermera que saldría del pueblo con su esposo tuvieron su
efecto. Hicieron que los dos grupos de guerreros pensaran un poquito. "¡Mejor ya no
vamos a pelear, porque no queremos perder la clínica y toda su ayuda!" dijeron. Por eso
decidieron juntar una conferencia de todos para buscar la forma de acabar con el
combate tan sangrienta. "Ya es tiempo de guardar las lanzas y flechas," dijeron. "Ya es
tiempo de buscar al bebe."

"¿Buscar al bebe?" ¿Qué quiere decir eso? ¿Cuál bebe? Suena muy raro. Pero en
esos pueblos de gente sahui había una costumbre muy diferente para hacer las paces
entre pueblos enemigos y acabar con una guerra. Buscaban a un niño muy chico, un
bebe. Juntaban a todos los guerreros y se ponían en filas. Llevando al niño en sus
brazos, el jefe del pueblo que estaba donando al niño tenía que pasar por las filas y cada
guerrero tenía que tocar al niño con su mano para señalar que él también quería la paz
por medio del niño. Después el niño pasó a vivir en el pueblo enemigo para que él
estuviera allá para siempre y lo criaran allí como un hijo adoptivo. La ley de su
costumbre era de que mientras que vivía ese niño, habría paz entre esos dos pueblos,
aun hasta cien años o más. La vida de ese niño garantizaba la paz. Y tal como era la ley
de su costumbre, así hicieron los sahuis. Buscaron a un niño de pecho y lo pasaron a las
manos de los del pueblo enemigo. Mientras vivía ese niño, habría paz. ¡Cuanto no les
costó a los padres del "niño de paz" dárselo a las manos de los enemigos!

Cuando vieron Ricardo y Carolina lo que hizo la gente para que hubiera paz, se
emocionaron mucho. Vieron que aquí en esta costumbre había un ejemplo para que los
sahuis entendieran el amor de Dios.

"Fíjense," les dijeron, "en esta costumbre se ve lo que Dios mismo ha hecho a favor
de nosotros. Igual como este pueblo ha mandado a un bebé para vivir en el pueblo
enemigo, Dios mandó a su Hijo Jesucristo desde el cielo para vivir aquí en este mundo
pecador. Después Jesucristo murió para pagar nuestra culpa, pero en tres días
resucitó. Y como vive para siempre, puede haber paz entre Dios y los hombres, si uno
quiere en su corazón arrepentirse y creer en Él. Jesucristo mismo garantiza la paz,
porque Él ya vive para siempre." Los Sauis entendían lo del niño para establecer la
paz entre sus tribus, pero lo que no habían entendido era que Dios envió a Su Hijo para
saldar sus deudas con la justicia divina. Ellos necesitaban paz entre ellos mismos, pero
necesitaban paz aún más entre ellos y Dios.

Cuando los ángeles anunciaron a los pastores allí en Palestina la llegada del Mesías
leemos en Lucas 2:10-11 “Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas
nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; 11 porque os ha nacido hoy, en la ciudad
de David, un Salvador, que es Cristo[d] el Señor.”

¿Por qué este anuncio era un anuncio de gran gozo? Porque era un anuncio de perdón,
de reconciliación, de salvación y vida eterna y eso es solamente por medio del Hijo de
Paz El Señor Jesucristo. Navidad tiene que ver con este anuncio... de perdón, de
reconciliación, de salvación y vida eterna.

Quiza tú me dices hoy que no eres como esta gente allí en el sur del Pacífico. Yo sé que
no eres así; que no has ido con una pala o hacha para matar a otra persona. ¿Qué había
en los corazones de aquella gente antes de ir a matar? ODIO.

¿Has tenido odio en tu corazón? Escucha lo que dice El Señor Jesús.

Mateo 5:17-18 21 Habéis oído que se dijo a los antepasados: “NO MATARAS” y: “Cualquiera que
cometa homicidio será culpable[h] ante la corte.” 22 Pero yo os digo que todo aquel que esté
enojado con su hermano[i] será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: “Raca[j]” a su
hermano, será culpable delante de la corte suprema[k]; y cualquiera que diga: “Idiota”, será reo
del infierno[l] de fuego.

-----El Señor ve más allá del hecho, Él ve el motivo del corazón, la actitud del corazón y aquí en
mi corazón soy culpable porque he odiado, he dicho necio, imbécil, tonto, idiota. Jesús nos
dice que esta persona será culpable delante de la corte suprema. Yo soy culpable y si soy
culpable delante de la corte suprema yo necesito el Hijo de Paz. Necesito que El pague por mí,
que Él sea mi sustituto. El nació en Belén, pero murió en una cruz en las afueras de Jerusalén
para que yo tuviera paz para con Dios y Su justa justicia.

----Los pastores en el campo entendieron esto porque vemos su reacción cuando escucharon
el anuncio. ¿Qué dijeron?

Lucas 2:15 Y aconteció que cuando los ángeles se fueron[a] al cielo, los pastores se decían unos
a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado
a saber. Fueron a toda prisa.

¿Por qué van a toda prisa? Porque son muy conscientes de su culpa y condenación delante de
Dios.

Amigo, ¿no es tiempo que tú vayas a toda prisa a Dios? ¿no es tiempo que tú te rindas delante
de Él confesándole tus pecados y recibiendo al Salvador en tu vida como tu salvador personal y
Señor?