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Identidad Garantizada

Intro:

Cómo creyentes, como personas en una relación creciente con Cristo, ¿Qué es lo que garantiza
nuestra identidad como hijos de Dios? ¿Cuál es el sello de autenticidad que nos asegura que Dios
nos ha aceptado como hijos? ¿Cuál es esa “credencial” que garantiza nuestra identidad como
adoptados por el Padre Celestial? En pocas palabras, ¿Cómo se que Dios me ha aceptado como su
Hijo? ¿Cómo se que pertenezco a la familia de Dios?

Algunos enseñan erróneamente cosas como las siguientes:

1. La Salud. Algunos dicen que el sello de que eres hijo de Dios es que tengas salud. Enseñan que
Dios no puede permitir que sus hijos se enfermen. Por lo tanto, si estás enfermo eso quiere decir
que Dios está a disgusto contigo. Pero la Biblia no enseña esto. La enfermedad es algo que
experimentamos aun hoy como una circunstancia del mundo caído y que no acabará por completo
sino hasta que regrese el Señor Jesucristo. Mientras tanto, Dios usa inclusive la enfermedad para
moldearnos, para forjarnos a la imagen de su Hijo.

2. La prosperidad. Otros hablan de la prosperidad económica como la señal de ser hijo de Dios. Los
hijos del rey no pueden vivir en la pobreza, sino como príncipes y princesas. Si eres pobre, dicen,
es por tu falta de fe. Pídele a tu padre el rey y el te dará abundantemente. Cabe mencionar que a
penas a llegado a Mérida un movimiento fuerte de esta naturaleza y es importante estar alertas en
contra de estas mentiras.

3. Una vida sin problemas. Aun algunos otros piensan que la muestra de que son hijos de Dios es
que tengan una vida fácil, suave y sin complicaciones. Creen que la señal de que Dios está con
nosotros es no tener problemas. De tal manera que si tengo muchos problemas es porque Dios no
está conmigo- piensan.

Si bien es cierto que Dios trae sanidad física a nuestras vidas, y también Dios nos bendice
materialmente y con una vida tranquila. Estas condiciones no son la garantía de nuestra identidad.
No son nuestra credencial para decir, Dios es mi Padre con toda seguridad. De hecho, la Biblia
enseña que estas cosas también la experimentan aun algunas personas que no conocen a Dios. El
Salmo 73 reporta el sentir de Asaf cuando vio que los injustos prosperaban, estaban sanos y tenían
una vida tranquila a pesar de vivir en rebelión contra Dios. Ninguna de estas cosas es la garantía de
nuestra identidad como hijos de Dios.

Entonces…¿Cuál es esa garantía? ¿Cuál es esa señal de que somos hijos de Dios?

En Romanos 8, el apóstol responde directamente a esta pregunta…El versículo 9 dice: “Mas


vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en
vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”
Es importante hacer dos aclaraciones. Primero, cuando la Biblia usa la palabra “carne” con una
connotación negativa, no se está refiriendo al cuerpo. A veces la gente se confunde pensando que
la Biblia tiene una perspectiva negativa acerca del cuerpo humano porque una mala interpretación
de los textos donde se menciona la palabra carne en este sentido. Cuando dice carne en este
contexto, se está refiriendo a la naturaleza pecaminosa; a los deseos hacia lo malo, lo que
desagrada a Dios, hacia el pecado. Lo segundo es que cuando hablemos a partir de ahora del
Espíritu Santo, nos estamos refiriendo a la tercera persona de la trinidad. Es decir, a Dios..Espíritu
Santo. No nos estamos refiriendo al espíritu del creyente sino a la persona del Espíritu Santo que
viene a morar en los creyentes en Jesucristo.

Habiendo hecho esta aclaración…continuemos considerando este versículo 9. Nos dice que en
aquellos que mora el espíritu santo no viven según la carne, sino según el Espíritu Santo. Y luego
dice de manera categórica: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Es decir, lo que
caracteriza a un hijo de Dios, a aquel que pertenece a la familia de Dios, es tener el Espíritu Santo.
Por eso decimos: “El Espíritu Santo garantiza tu identidad como Hijo de Dios”

El sello de autenticidad y pertenencia de los hijos de Dios, no es la salud, la prosperidad ni la vida


tranquila. Ese sello de autenticidad y pertenencia es el Espíritu Santo morando en el corazón de
aquellos que creen en Jesucristo.

Pero alguien se preguntará y cómo es que viene el Espíritu Santo a mi vida…cuando y cómo.
Efesios 1:13 dice: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de
vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” Es
decir, que el día habiendo oído la palabra del Evangelio y habiendo creído en Jesús, en ese tiempo
fueron sellados con Espíritu Santo prometido. En el momento o el tiempo que creíste en Jesucristo
como el Señor, como el Salvador, cuando creíste en el evangelio, en ese tiempo fuiste sellado…
vino a morar a tu vida. Sellando que perteneces a Dios.

No necesariamente viste estrellitas o juegos pirotécnicos. Pero si crees en Cristo has comenzado a
notar su obra. Antes quizá no te interesaban ciertas cosas espirituales, hoy las cosas son distintas.
Quizá todavía estás explorando qué esto de Dios y la Biblia, pero no te explicas cómo es no puedes
evitar el estar interesado genuinamente en aprender más del evangelio…es el Espíritu Santo.
Algunos pueden señalar un día, otros como yo, quizá no tienen una fecha exacta, pero podemos
notar su obra en nuestras vidas.

Entonces, ¿Cuándo viene el Espíritu a tu vida? El día o en el tiempo en que crees en Jesús como el
Señor y el Salvador.
El Espíritu Santo viene a nuestras vidas y se convierte en la garantía de nuestra identidad como
Hijos de Dios.

El Espíritu Santo llega a tu vida y comienza a hacer cosas maravillosas confirmando tu nueva
condición como Hijo de Dios. Confirmando que el Padre te ha aceptado como su hijo.

Los versículos 14 al 16 de Romanos 8 nos indican tres aspectos de esta obra interna del Espíritu
Santo en nosotros que garantiza nuestra identidad como Hijos de Dios: “Porque todos los que son
guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de
esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el
cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos
hijos de Dios”

Primero, Su Guía, según el versículo 14 nos dice que los hijos de Dios son los que son guiados por
el Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo mora en ti, no te deja sin dirección en la vida. El Espíritu Santo
nos guía a través de la Palabra de Dios. Cuando lees o escuchas la Palabra y asombrosamente tiene
que ver con la situación que estás viviendo. Cuando lees un pasaje de la Escritura y de pronto
entiendes por primera vez algún aspecto del texto que antes no habías ni siquiera notado. Cuando
estás siendo tentado o en una situación difícil y salta a tu mente un pasaje de la Escritura. Cuando
un hermano te recuerda algún principio bíblico o te da consejo basado en la Palabra…esa es la
obra del Espíritu Santo. Y los que son guiados por el Espíritu Santo son Hijos de Dios.

Segundo, Su Relación, El versículo 15 nos dice que el Espíritu Santo que habita en el creyente le
asegura de su relación con el Padre. Es tal esta relación mediada por el Espíritu que ya no hay
temor, sino que toda libertad podemos acercarnos a Dios como los niños se acercan a su padre
diciéndole: “papi” o “Abba”. Los que somos Padres sabemos el poder de esa palabrita en nuestros
corazones. Especialmente, cuando una hija se acerca y te dice: “te quiero mucho papito”…ya te
tiene en la bolsa. Pero esa palabra denota la confianza, la cercanía, la relación que tenemos con
Dios porque el Espíritu Santo está en nuestros corazones. Podemos llegar confiadamente con el
Padre y decirle “Abba Padre” pues hemos recibido el Espíritu de Adopción como Hijos de Dios.

Tercero, Su testimonio. El versículo 16 afirma que el Espíritu Santo trae un testimonio interno
comunicándose con nuestro espíritu y nos convence, nos confirma, nos asegura internamente de
que en verdad Dios nos ama y nos ha aceptado en Cristo como sus hijos. Esta es una experiencia
que no puede fabricarse o simularse. Este es un testimonio interno que el Espíritu Santo obra en
nuestros corazones. El confirma en nuestros corazones y nos convence de la gracia de Dios hacia
nosotros…que sin merecerlo Jesucristo nos amó más de lo que imaginamos y nos ha hecho
copartícipes de la herencia de la familia de Dios. En momentos de alegría o de angustia, el Espíritu
confirma a nuestro espíritu que somos Hijos de Dios, y que no hay ninguna condenación para los
que están en Cristo Jesús. El Espíritu Santo garantiza nuestra identidad como Hijos de Dios,
confirmando en nuestros corazones, su guía, su relación y su testimonio interno. Si tienes el
Espíritu Santo, tienes la garantía de ser de Dios, tienes el sello del Padre, tienes la bendición de
pertenecer a la familia.

Y puesto que somos de la familia y tenemos el Espíritu Santo como garantía de esto el versículo 12
y 13 nos dicen: “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a
la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras
de la carne, viviréis”

Si somos de la familia de Dios por el Espíritu Santo que habita en nosotros, entonces lo que debe
surgir de nuestros corazones es agradar al Padre. Debemos comportarnos con el sello
característico de la familia, desechando esos deseos que se oponen a Dios, abandonando prácticas
que no traen edificación a los que nos rodean, dejando las malas motivaciones y cambiándolas por
hacer todo para la gloria de Dios, nuestro Padre; usar nuestras palabras para edificar y no para
destruir; usar nuestra energía para avanzar el reino de Dios, en vez de buscar nuestro propio
placer y comodidad…en fin, hacer que nuestro Padre sea más conocido, glorificado, exaltado por
nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Te animo hermano, a que esta semana consideres la presencia y obra del Espíritu Santo en tu vida
diaria. Allí en el terreno de los negocios, de la escuela, del entretenimiento, de la familia, del
matrimonio…no estás solo…si eres de Dios, entonces tienes el Espíritu Santo que garantiza y
confirma tu condición como Hijo por medio de su guía, su relación y su testimonio interno. Por
eso, vive delante de tu Padre como un Hijo agradecido que lo único que quiere es agradar a aquel
que lo adoptó por amor y por gracia y todo para Su gloria.

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