Está en la página 1de 4

Mariana Castillo 9A 2/10/2020

Amarillo: Ideas importantes Azul: Nombres y lugares Verde: Fechas


Morado: Otras ideas
Aproximación a la historia continental
Para dar inicio al reconocimiento de un panorama amplio y general de Latinoamérica, en cualquier
ámbito de estudio, es imperante antes precisar algunos asuntos muy importantes en la construcción
y consolidación política del continente. La primera de ellas, equivaldría a preguntarse qué es aquello
que se denomina latinoamericano y qué diferencias existen entre lo latinoamericano, lo americano y
lo hispanoamericano, desde lo puramente geográfico y lingüístico. Siendo así, entonces definamos lo
latinoamericano frente a estas otras distinciones.
Lo Americano: se refiere como “americano” a todo aquello que tiene su origen, su génesis, su
nacimiento, en el territorio o espacio conocido como América, es decir que lo americano,
corresponde a una noción puramente geográfica.
Lo Latinoamericano: se relaciona con el ámbito geográfico, pero se define desde lo
lingüístico/cultural. Es latinoamericano, toda manifestación lingüística o cultural, que, procede un país
americano cuya lengua materna o nativa, proceda de una lengua romance.
Lo Hispanoamericano: se refiere a toda manifestación lingüística y cultural que procede de un país
americano, cuya lengua materna o nativa es exclusivamente el Español.
Haciendo entonces esta primera distinción iniciaremos un breve recorrido por la historia continental.
“El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón escribió en su diario que él quería llevarse algunos indios
a España para que aprendan a hablar (“que deprendan fablar”). Cinco siglos después, el 12 de
octubre de 1989, en una corte de justicia de los Estados Unidos, un indio mixteco fue considerado
retardado mental (“mentally retarded”) porque no hablaba correctamente la lengua castellana.
Ladislao Pastrana, mexicano de Oaxaca, bracero ilegal en los campos de California, iba a ser
encerrado de por vida en un asilo público. Pastrana no se entendía con la intérprete española y el
psicólogo diagnosticó un claro déficit intelectual. Finalmente, los antropólogos aclararon la situación:
Pastrana se expresaba perfectamente en su lengua, la lengua mixteca, que hablan los indios
herederos de una alta cultura que tiene más de dos mil años de antigüedad.” Con esta nota inicia
Eduardo Galeano su artículo “El descubrimiento” en el que describe algunas particularidades que
vistas bajo su óptica personal, son historia no dicha dentro la historia continental americana.
Antes de la llegada de los españoles, América era territorio de civilizaciones avanzadas, altamente
tecnificadas y con una compleja organización social, que proveía toda clase de explicaciones míticas
a los fenómenos naturales. Sociedades agrícolas, manufactureras y metalúrgicas, que disponían de
una amplia gama de sabiduría ancestral forjada desde hacía ya varios siglos. Desde el año 200 a. d.
C. hasta el año 800 d. d. C. es la época de florecimiento de las llamadas civilizaciones clásicas que
acabó en una crisis general. En el área andina se lleva a cabo expansión del estilo de Tiahuanaco,
que ha sido considerado como una manifestación de una idea religiosa que originó la formación del
Imperio incaico. En México se produce la invasión de los pueblos de la familia lingüística nahua, la
fundación y la caída de la ciudad de Tollan, la expansión de nuevos grupos chichimecas, la lucha por
la supremacía de las ciudades-estados, la formación del Imperio tecpaneca, la destrucción de su
capital Azcapotzalco y el establecimiento de la confederación Tenochtitlan Tezcoco-Tlacopan con el
triunfo definitivo de Tenochtitlan y la expansión del Imperio azteca, que verán su decaimiento final
hacia los años anteriores a 1492, luego de la llegada del hombre europeo. (1)
Sin embargo y a pesar de todos los avances específicos de estas comunidades, a diferencia del
hombre europeo, la gran mayoría de ellos no tenían sistemas complejos de escritura o industrias
armamenticias que les permitieran una mayor resistencia a las imposiciones imperialistas de la
época, estos eventos, sobretodo el primero, influyeron notablemente en el traspaso de la historia y la
literatura desde códigos casi que exclusivamente orales. Algunos de ellos han sobrevivido a la
actualidad, pero es mínimo ante la multiplicidad de manifestaciones existentes en la América
precolombina, de hecho, la gran mayoría de los textos literarios y códices que sobrevivieron, lo
hicieron a partir de la reconstrucción y traducción en lengua española, que además podían resultar
siendo poco fieles o teniendo interferencias y cambios importantes en sus asuntos centrales, dadas
las políticas imperialistas coloniales
“Pocos pueblos prehispánicos tienen historia basada en documentos o inscripciones jeroglíficas
precortesianas o en tradiciones orales escritas después de la conquista, como los aztecas, mayas,
toltecas, tarascos, incas y aun estos solo la poseen de los tiempos más recientes próximos a la
conquista. Se han comparado las más altas civilizaciones de la América prehispánica a las
protohistóricas del Asia Anterior; pero es cierto que en su técnica fueron inferiores a aquellas. Atraso
en este aspecto que, junto con otros factores sociales, políticos y coyunturales, ayuda a explicar el
fácil derrumbamiento de las viejas civilizaciones americanas al choque con la conquista y con lo que
a esta correspondía de la civilización europea coetánea…” (TUDELA, 1969)
Apostadas pues todas estas condiciones, y sumadas otras, como el intenso choque biológico y la
locura por la riqueza fácil que se apoderaría del colonizador, estas civilizaciones vieron su fin, pocos
años después del descubrimiento.
¡Tierra a la vista!
A principios de octubre de 1492, bandadas de aves y trozos de ramas y maderas serían el preludio
del anhelado grito que había estado esperando Cristóbal Colón, luego de emprender una apoteósica
empresa hacía algo más de dos meses en tierra firme y en un continente, para ese entonces muy
alejado. Pero el descubrimiento como tal, no sería completado sino con los viajes posteriores de
expediciones españolas que impactaría de diferentes formas la conformación del continente
americano, de su cultura, de su gente y de sus lenguas. Con la conquista de los grandes imperios
amerindios y con la consolidación de los españoles como clase dominante, comenzaría en el
continente un nuevo período histórico, dominado por referentes occidentales que chocaban con los
presupuestos culturales de las antiguas civilizaciones. Pero antes de que se consolidara por
completo ese reinado occidentalizado en los que se llamarían Virreinatos (2), el hombre europeo se
concentraría en describir lo que estaba viendo y viviendo en estos nuevos y hostiles territorios. Con
esta nueva empresa se crearían entonces toda clase de imágenes mitificadas del territorio
americano, unas desde la exaltación sublime de la belleza continental y otras, desde la descripción
de monstruosidad de nuevas especies de flora y fauna, extrañísimas y casi que demonizadas por el
hombre europeo. Es justo en este período de la conquista, que no superaba los años de 1550,
cuando se da pie a los albores de lo que más adelante se llamaría Latinoamérica: relatos que daban
fe del nuevo mundo que estaba siendo transformado para siempre por los recientes visitantes, que a
la postre, terminarían quedándose por siempre.
A estas primeras noticias y referentes del nuevo mundo, inmortalizadas en las crónicas y los diarios
de viaje de los conquistadores, les debemos entonces el conocimiento de un mundo ancestral
desconocido que terminaría siendo desplazado por un mundo occidental que se asombraba ante la
magnitud de la tierra descubierta.
Luego de estas primeras reacciones, consignadas como informes que llegaban a su majestad, el rey,
se iniciaría de lleno el proceso de colonización del territorio americano, período que, por lo demás se
caracterizaría entre otras cosas por transformar por completo los estatutos sociales de América, y
suplantar las antiguas estructuras sociales precolombinas por nuevas jerarquizaciones sociales , en
las cuáles dominados y dominantes asumirían nuevos roles y darían rostro a la consolidación
continental.
A partir de mediados de siglo XVI, y con el trazado de las nuevas ciudades diseñadas con cortes
urbanísticos típicamente europeos enmarcados en diseños cuadriculares y en el policentrismo
funcional, la vida continental adquiere un nuevo rumbo que sólo se verá afectado hasta dos siglos
más tarde con levantamientos de criollos que reclamaban el continente para sus propios intereses.
La colonia, dio paso a un nuevo sistema de vida con jerarquizaciones delimitadas, posturas
ideológicas poco flexibles, una exacerbada religiosidad con la que se mantenía el orden social, un
estilo arquitectónico fundamentado en el barroquismo español y aderezado con la estética propia
aborigen y nuevas relaciones comerciales, al establecer rutas terrestres y marítimas por las cuáles
se comercializaban toda clase de materias primas; la explotación del oro, de la plata y de otros
metales, daría paso a una expansión económica de órdenes universales y la importación de esclavos
traídos desde África abriría una puerta de acceso a la determinante aparición de nuevas razas, que
consolidaría procesos culturales nunca antes vistos. Todo ello, además, sin mencionar que la
empresa conquistadora traería consigo unos nuevos sostenes e imposiciones que buscarían imitar
modelos consagrados como válidos, tanto en los órdenes sociales como el los políticos y culturales ,
que significaban la aceptación de una transferencia de prestigio y colocarse a salvo de la censura
imperial. En medio de este código que se generó y acrecentó en la colonia surge entonces el nuevo
orden social latinoamericano, representado en la figura del criollo.
El sector criollo se convirtió en un importante grupo de presión que se afianza progresivamente en su
riqueza, prestigio y poder político. Aunque los criollos no consiguen nunca dentro de los marcos del
Imperio los objetivos de autonomía administrativa y predominio político-económico, lo cierto es que el
creciente protagonismo del grupo amenaza el ideal del Imperio como cuerpo unificado. Los intentos
de autodeterminación de ese sector son, en muchos casos, vistos con respeto; en otros casos, son
interpretados como una forma incipiente de separatismo tendiente a favorecer procesos de
regionalización (como efectivamente sucedería), constituyendo gérmenes de las futuras
nacionalidades. (3)
Ese avance criollo, consecuencia de un largo proceso reivindicativo originado ya en la Conquista,
generó el desarrollo de la conciencia social de ese grupo, la cual surge no solamente de los logros
conseguidos sino principalmente de las postergaciones y los límites de ese avance. Se sabe, por
ejemplo, que los criollos no alcanzaron puestos de jerarquía eclesiástica o civil, salvo excepciones.
También existe extensa documentación que demuestra la resistencia al criollo dentro del clero
regular. Se consideraba que la «santidad» de este grupo era dudosa, dado el medio social del cual
surgía el criollo, dominado por el afán de éxito y ascenso social, la codicia y el resentimiento. Por lo
tanto, para la dirección de las órdenes no podían competir con los peninsulares, imbuidos de la
tradición mística castellana. En el mismo sentido, dentro de la escala administrativa, existió todo un
cuerpo legal destinado únicamente a regular el otorgamiento de cargos públicos a los criollos y
obligando a un régimen de alternancia con los peninsulares. Este sistema, refrendado por el papa, se
continúa hasta fines del dominio español. (MORAÑA, 1998)
Es justamente entonces este nuevo orden social originado en las entrañas de la América colonial, el
que va a abogar por la independencia de las colonias latinoamericanas, de los órdenes monárquicos
españoles. El criollo, se erige hacia finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, como el génesis
de los procesos libertarios que darían paso a las repúblicas y estados independientes de la corona.
Alentados por la conquista del poder y los paradigmas ideológicos que cobrarían fuerza en la Francia
revolucionaria, estos criollos, educados bajo modelos europeizantes que promulgaban los derechos
humanos y que revitalizaban la institución del pueblo como ente regidor de su propio destino y libre
en decidir sus formas de mandato, empezarían en América a preparar las campañas libertadoras.
No es pues extraño verificar en la historia del continente, cómo las independencias se van llevando a
cabo casi que paralelo y respondiendo a la incapacidad de la metrópoli para hacer frente a las
exigencias de reforma administrativa, renovación social y política y expansión económica de sus
colonias (MORAÑA, 1998). Entre los criollos residentes en las ciudades, existió desde 1780 una
fuerte agitación revolucionaria encabezada por Antonio Nariño, que estalla en la revuelta de los
comuneros de Socorro en 1781. Otros, como Francisco de Miranda, encabezarían también revueltas
importantes.
A partir de entonces la actitud separatista se hace cada vez más marcada entre los criollos y dieron
inicio al reclamo de juntas de gobierno desde 1808. Ya hacia 1810 estos reclamos se impusieron en
todas partes, con el propósito de adueñarse del poder y proceder luego a la proclamación de la
Independencia.
En Buenos Aires, los revolucionarios impusieron la Junta después de la jornada del 25 de mayo de
1810. En Santiago de Chile, los criollos, a ejemplo de los bonaerenses, impusieron su causa en los
días 11 de junio y 18 de septiembre. En Caracas la revolución ya había estallado, con éxito, en las
jornadas del 18 y 19 de abril, y Bogotá había seguido su ejemplo el 20 de julio. Por otra parte, en
México, el cura Hidalgo se levantó en Dolores (16 de septiembre) y con un ejército de indios se
dirigió contra la capital; su derrota y su ejecución no paralizaron la acción separatista mexicana, que
halló otro caudillo en Morelos (4), quedando así proclamada casi que la total independencia de
América latina de la monarquía española, aunque ello no significaba que todos los grupos que se
disputaban el poder estaban de acuerdo con las causas independentistas, como es el caso de Santa
Marta, jurisdicción que no quería acogerse a la proclamación de independencia y prefería seguir fiel
a la corona española.
Sin embargo, la independencia de los estados americanos fue prematura y ello puede verse reflejado
en el caos que surge luego de las declaraciones de independencia. Los estados no estaban
preparados para asumirse libres, los sistemas económicos, florecientes aún, y basados
prácticamente en la explotación agrícola, contaban con pocas herramientas y métodos de
sostenimiento masivo. El sistema político incipiente y ahogado en pugnas bipartidistas por el poder
en casi todos los estados, someterían a los pueblos al olvido y poco proyectarían acciones sociales
que llevaran a la modernización industrial que ya se vivía en el norte del continente y en Europa.
La proclamación de leyes que abolían la esclavitud, la falta de mecanismos que permitiesen la
manipulación de materias primas, la corrupción estatal y la incursión del violento estallido industrial
de las crecientes potencias, condenaría a la América latina de finales del siglo XIX y principios del
XX, que ya consolidaba naciones-estado a una inminente segunda esclavización, esta vez, a manos
de las políticas imperialistas norteamericanas que bajo la doctrina de “América para los americanos”
vería en la América española una fuente interminable de recursos para explotar y esto, significaba la
explotación del capital humano de los países, que aún en medio del caos pos independentista no
habían podido reconocerse como las naciones que quienes gestaron sus independencias, hubieran
imaginado.

Fuentes consultadas:
(1) Tomado de: TUDELA DE LA ORDEN, José - MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de
España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M,
págs. 212-218. En, http//hispanoamerica/america/prehispanica.html
(2) Cuatro fueron los virreinatos en los que se dividía la América colonial: el Virreinato de Nueva
España (México), que se impuso a los antiguos imperios Azteca y Maya, el Virreinato del Perú (Pirú)
que abarcaría antiguos dominios incaicos, el Virreinato de la Nueva Granada, que ocuparía los
territorios caribeños y del norte de Suramérica y el Virreinato del Río de la Plata que se conformaría
en el cono Sur continental y desplazaría antiguos territorios de comunidades Guaraníes y nativas de
esta parte del territorio continental.
(3) Moraña Mabel. Hacia una caracterización del barroco de Indias.México, Universidad Nacional
Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 1998, 359 p. publicado en: Alicante: Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes, 2005.
(4) Independencia de Latinoamérica. Artículo publicado en: https://mihistoriauniversal.com/edad-
contemporanea/independencia-de-latinoamerica/

(*) Galeano Eduardo. El descubrimiento. Artículo publicado en: http://www.elciudadano.cl/

También podría gustarte