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Claire Hadley ni siquiera debería estar en mi radar.
Hay un millón de jodidas razones por las que no debería tocarla.
Sus hermanos son mis mejores amigos. Crecimos juntos, bajo el mismo
techo.
Se supone que debo pensar en ella como una hermanita.
No romperé mi lealtad por una follada.
Razer Bennington se olvidó de mí cuando se unió a los marines.
Un beso. Siete años. No puedo sacar su sabor de mi boca.
Estoy destinada a ser la chica buena. Una virgen. Un modelo a seguir.
Se supone que debo cumplir con sus expectativas.
Que se jodan... 3
Voy a conseguir lo que quiero.
Debería tener cuidado con lo que deseo.

Tangled Desires #1
1

T
enemos cinco semanas hasta el baile de caridad de House to
Haven donde Henley y yo finalmente anunciaremos nuestro
compromiso al público. Todo será televisado, desde el momento
en que haremos nuestro discurso anual con la historia del compromiso
entretejida, hasta el momento en que nos casemos seis meses después.
Por supuesto, he estado usando el anillo desde la semana pasada,
pero con lo ocupada que he estado organizando el baile anual que aporta
el cuarenta por ciento de los fondos necesarios para dirigir House to Haven,
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los medios aún no lo han notado.
Entrando en la casa de Henley, cuelgo mi bolso en un gancho en el
pasillo, me quito los zapatos y camino por el suelo de cerezo, agarrando la
caja de folletos que olvidó recoger de la oficina de correos. Ha estado tan
estresado con todos sus compromisos con los medios, que lo menos que
puedo hacer es dejarlos en mi camino para encontrarme con Olivia, mi
segunda encargada en House to Haven, para una reunión previa a la cena.
El lugar de Henley consiste en una hermosa casa antigua de ladrillo
rojo de tres pisos. Ha estado en la familia por generaciones, pero sus padres
prefieren quedarse en su mansión, de modo que en siete meses y una
semana estaré llamando a la Casa Travis mi hogar. Será un gran cambio de
mi apartamento diminuto al otro lado de la ciudad.
—Henley, ¿estás en casa?
Su voz proviene de la sala de estar, así que me encamino en esa
dirección. Una serie de golpes rítmicos y este extraño sonido uh, uh, uh se
hace más fuerte a medida que me acerco. Suena como un animal herido,
o tal vez sea Henley moviendo los muebles y se las arregló para golpearse el
dedo del pie con el sofá. Definitivamente suena como una chica cuando se
lastima.
Al doblar la esquina, noto unos tacones de aguja negros con
tachuelas de metal sobre el linóleo. La adrenalina me atraviesa. ¿Qué
diablos sucede? ¿Henley es alguna clase de travesti? No soy del tipo de
persona que juzga las preferencias personales de los demás, pero si me
oculta secretos… suelto la caja, los folletos cayendo como confeti al suelo,
a medida que me detengo en el arco de la sala de estar.
Bueno, el sonido del golpe es, como pensé, muebles siendo movidos
alrededor, pero Henley no se ha hecho daño. Aunque, por la expresión que
hace mientras una aspirante a estrella del porno salta de arriba abajo en su
regazo desnudo, no puedo estar segura que de hecho no tenga dolor. Con
la cabeza echada hacia atrás de esa manera, el decolorado cabello rubio
platino cubre la mayor parte su estructura ósea, pero puedo ver sus caderas
rodando a medida que se frota contra mi prometido. Sus manos se aferran
a la cintura de la chica mientras gruñe.
—Tómalo todo, nena.
No puedo evitarlo. Simplemente no puedo. Este debería ser el peor
momento de mi vida. Pero, cuando dice eso, mi primera reacción es reír. Se
enrosca desde mi vientre, este sonido de gorgoteo loco.
Todo es demasiado ridículo. Sus tetas obviamente hechas por el
hombre rebotan como una versión nueva increíblemente mala de la serie
Guardianes de la Bahia a medida que hace esos horribles sonidos uh, uh, uh,
arrastrando cada uno hasta que se convierten en chillidos agudos. Esta
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mujer hace que Pamela Anderson se vea elegante.
¿Y Henley? Bueno, no sé cuál de los dos parece más sorprendido.
—Mierda. —Empuja a la aspirante a Pamela fuera de su regazo en
medio de su gran actuación y se tambalea hacia mí—. Claire, cariño, esto
no es lo que parece.
Estoy bastante segura que es así. No puedo evitar mirarlo fijamente.
Soy virgen, de modo que no tengo experiencia de primera mano con este
lado de las cosas, pero he visto fotos en Internet. Quiero decir, dicen que se
supone que el pene de un hombre tiene tres veces la longitud de su pulgar,
y Henley tiene largos dedos delgados, por lo que debería ser más grande,
¿verdad?
—Parecen cinco centímetros.
Palidece y cubre con una mano su apéndice totalmente
incompetente a medida que me giro sobre mis talones y lo dejo en manos
de una mujer que puede follárselo mientras mantiene una expresión seria.
Ahora que he visto con lo que estaría trabajando, ciertamente no podría.
Tal vez sea la sorpresa de descubrir que alguien en quien creía es un
completo fraude, pero mis hombros no dejan de temblar de risa, incluso
mientras me calzo los zapatos y saco mi bolso del gancho. Henley Travis es
un bastardo mentiroso con un pene diminuto y no dejaré que me vea
sollozar.
Los medios se darían un festín con esto. Por Dios, es el portavoz del
Christian and Family Network. Toda su perorata gira en torno a la pureza y el
matrimonio. Es por eso que nunca hemos hecho el acto. No es que en este
momento sea desagradecida. Podría estar equivocada, pero ni siquiera
estoy segura de que ser follada con cinco centímetros de verga se considere
sexo. Gracias a Dios que nunca lo descubriré. Abro la puerta bruscamente
y salgo a la calle a toda prisa, ignorando sus llamados detrás de mí.
Los medios van a tener un festín con esto. Incluso si logramos mantener
en secreto el hecho de que estuvimos comprometidos, los productores del
programa se enojarán. Ya hemos firmado los contratos entre CFN y House to
Haven para asegurar las donaciones importantes en los próximos años. Me
deslizo en mi auto, me siento al volante e intento recuperar el aliento. Todo
lo que se necesita para destruir todo lo que he construido es un periodista
en busca de una historia.
Se va a poner feo.

***
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Acelerando por la carretera hacia Reverence, las lágrimas finalmente
comienzan a caer. Me las quito con el dorso de mi mano y me ordeno
controlarme. Crecí rodeada de la especie masculina. Pasé toda mi infancia
metiéndome en líos gracias a mis hermanos, y aprendí el arte de no mostrar
ninguna debilidad. Ahora no es el momento de llorar por un hombre como
Henley.
Es el momento de reagruparse. Mi celular vibra a mi lado,
iluminándose con su foto a medida que vibra a través del asiento del
pasajero de mi Volkswagen. Me arden los ojos, el camino volviéndose
borroso a través del parabrisas. Respirando hondo, me detengo a un lado
de la carretera y tiro de mi anillo de compromiso. Casi se niega a salir, pero
arranco de mi dedo la banda de platino con su solitario diamante corte
princesa y lo arrojo por la ventana.
Siento un alivio palpable con eso. Casi como si el anillo hubiera estado
envuelto alrededor de mi garganta en lugar de mi dedo, y me encuentro
respirando libremente por primera vez en semanas. Debería estar
devastada. Debería estar destrozada por su traición. Debería estar muchas
cosas, pero todo lo que puedo pensar es que me salvé de cometer el mayor
error de mi vida.
¿Cuándo me desvié tanto? Nos centramos en nuestras carreras
igualmente durante los últimos meses. Incluso nuestro noviazgo fue un frenesí
de compromisos sociales diseñados para ampliar nuestro alcance
respectivo en los medios. ¿Cuándo demonios me convertí en esta persona?
Se suponía que House to Haven tenía que ver con ayudar a los niños sin
hogar a encontrar un lugar para vivir, una barriga llena, y ropa puesta. Eso
es lo que me importa. No estar en el centro de atención. Ahora voy a
terminar en el centro de atención por todas las razones equivocadas.
Volviendo a la carretera, ignoro el zumbido insistente de mi celular
hasta que la batería se agota. En algún momento, tendré que volver a
hablar con él. También necesito llamar a Olivia sobre los arreglos para el
baile de caridad, pero mañana puedo preocuparme por eso. Después de
llegar donde mi hermano Tom. Una vez que haya tenido la oportunidad de
comprender lo que sucedió, y lo que sucederá cuando la gente se entere.
Mis manos comienzan a temblar. Iba a casarme con él. Se suponía
que íbamos a estar juntos hasta que la muerte nos separe. En papel, éramos
perfectos el uno para el otro. ¿Y qué si no nos tomamos de las manos en
público, o bailamos juntos en la cocina como solía atrapar a mis padres
cuando me escabullía de la cama? Creí que podríamos construir esa
conexión con el tiempo.
Los pinos arrojan sombras en olas sobre el camino, fusionándose
lentamente en la oscuridad salpicada por las farolas ocasionales. Me 7
pregunto cuándo comenzó. ¿Habría sido la primera indiscreción de Henley,
o solo una de muchas? ¿Cuántas veces habría estado follando por ahí
mientras salíamos, mientras se hallaba ocupado predicando su mensaje de
pureza a las masas? ¿Cuántas veces me habría traicionado, sin mencionar
a los millones de personas que creían en sus palabras sobre la moral, la
familia y la religión?
Bang, thump, thump, thump. El auto se estremece, y tengo que usar
toda mi fuerza para evitar que se desplace a través de ambos carriles y, en
su lugar, lo guio hacia el arcén. Al crecer con hermanos, aprendí a maldecir
como un marinero, con el ímpetu de una sola sinapsis. No es que lo siga
haciendo. No es la imagen que CFN y yo acordamos cuando se convirtieron
en los principales patrocinadores de House to Haven. Pero, justo ahora estoy
más que tentada. Al salir del auto, cierro la puerta de golpe y me las arreglo
para aplastar mi pulgar.
—Mierda. Maldito hijo de puta. —Bueno, supongo que mi imagen de
chica buena duraría tan poco como la verga de Henley. Mi pulso golpea a
través de mi pulgar lesionado mientras salto de un pie a otro, agarrándolo
con la otra mano hasta que puedo encontrar un poco de gracia. Es curioso
cómo golpear mi dedo en la puerta duele más que atrapar a Henley en el
acto de revelar quién es en realidad. Debería sentirme devastada. En
cambio, me siento aliviada.
No hay una tonelada de luz proviniendo de las farolas para ver, pero,
cuando rodeo el auto, descubro que eso no será un problema. El neumático
del lado izquierdo se ha reventado, la goma triturada y colgando flojamente
alrededor del radial.
—Excelente. —Miro al cielo—. ¿Este día podría empeorar?
Resoplando, me acerco al maletero y lo abro. Debería aprender a
mantener la boca cerrada. Probablemente debería cerrarla con cinta con
la forma en que empiezan a resultar las cosas. Las lágrimas escuecen en mis
ojos, y contemplo hacia las estúpidas cajas llenas de estúpidos centros de
mesa para el baile. Con un gemido presiono mis palmas contra mis ojos y
froto vigorosamente para sacudirme la frustración.
—¿Ahora qué se supone que debo hacer?
Algunas personas dicen que hablar con uno mismo es la primera señal
de locura, y, si ese es el caso, ya debería estar encerrada. Al menos
entonces no estaría mirando hacia las cajas marcadas como frágiles, el
contorno de jarrones asomando por encima del borde del cartón, y metros
de hiedra falsa, donde debería estar mi neumático de repuesto. Saqué el
neumático para que pudieran entrar, con la intención de dejarlas en la
oficina después de parar donde Henley. Por supuesto, me olvidé de eso en 8
mi prisa por escapar de la ciudad después de que lo encontrara con la
mujerzuela falsa.
Arrastrando mis dedos temblorosos por mi cabello, miro hacia ambos
lados del camino. No recuerdo haber visto ninguna casa mientras conducía,
de modo que mi mejor opción es seguir adelante y avanzar hacia la
siguiente ciudad. Agarro mi teléfono y lo arrojo en mi bolso de mano antes
de sacar del asiento trasero la bolsa de viaje que empaqué rápidamente al
ir a casa después de salir corriendo del lugar de Henley.
Desafortunadamente, no pensé en los zapatos, así que tendré que recorrer
los kilómetros con unos muy lindos tacones de aguja rojos que son todo
menos prácticos. Qué pesadilla. Al menos debería haber llamado a mi
hermano para decirle que iba, pero no lo pensé. Prácticamente, conduje
por instinto. Un movimiento que ahora estoy lamentando. Al menos, si Tom
hubiera sabido que iba en camino, habría venido a buscarme cuando no
apareciera, y no me enfrentaría a una larga caminata a la ciudad.
Cambio el peso de mi bolso de hombro a hombro por lo que parece
una eternidad, tropezando en la oscuridad. Un par de búhos cerca siguen
ululando, y aunque sé que las posibilidades de toparse con un asesino en
serie son bastante escasas, tiemblo cada vez que ululan. Comienzo a
escuchar un rugido lento, cada vez más fuerte cuanto más se acerca hasta
que bloquea el sonido de esos malditos búhos. Incluso el chirrido de las
cigarras queda ahogado bajo el fuerte eco del motor. Miro alrededor y
entrecierro los ojos, sombreándome los ojos con la mano para cortar el
resplandor del único faro.
El hombre en la moto apoya una bota en el suelo a medida que se
desliza junto a mí y levanta la visera en su casco. Sus ojos gris pizarra son la
única parte de su rostro que puedo ver. En cierto modo, son casi familiares.
O, al menos, parece amigable. Pero, ¿qué sabría yo? Pensé que Henley era
un hombre bueno y mira cómo resultó eso.
—Señora, ¿está bien?
—Estoy bien. Es una bonita noche para caminar. —No es que sea
adversa a la ayuda. Es solo que ahora que mis ojos se han adaptado al
cambio de luz, tengo una impresión general del hombre y es enorme. Unos
anchos hombros gruesos delinean un pecho del tamaño de una pared de
ladrillo y unos brazos fornidos. Echo un vistazo a su alrededor para ver si lleva
un hacha o una pala en la espalda porque no le costaría mucho asesinarme
y deshacerse del cuerpo aquí. Por segunda vez esta noche, desearía haber
llamado a mi hermano para hacerle saber que venía.
—Señora, no voy a lastimarla. ¿Necesita ayuda con su auto? Supongo
que es suyo, aquel de allá atrás junto a la carretera. —Mira hacia atrás en la
dirección de dónde venimos—. Puedo echarle un vistazo y ver si puedo
hacerle volver a la carretera.
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Ya quisiera.
—Desafortunadamente, se reventó un neumático.
Su mirada brilla por un minuto.
—Bueno, eso tiene una solución muy fácil. Puedo explicarle mientras
lo cambio, de modo que si alguna vez vuelve a pasarle…
—¿En serio? ¿Solo porque soy una mujer atrapada al costado de la
carretera porque mi auto explotó un neumático, asume que no puedo
cambiarlo por mi cuenta? —Pongo los ojos en blanco, lo cual
probablemente no sea la reacción correcta ya que solo intenta ayudarme,
pero crecí con tres hermanos, casi cuatro si contabas al mejor amigo de
Mace que nunca se iba de casa. Sé bastante más que la mayoría de las
mujeres sobre las “cosas de hombre”—. Si hubiera sido así de simple, lo
habría hecho. Pero, hoy saqué mi neumático de repuesto para hacer un
viaje rápido. Simplemente no pensé terminar todo el camino hasta aquí. —
Hago un gesto a nuestro alrededor.
—No quise ofenderla.
Me desplomo un poco cuando dice eso. Estoy exhausta y hambrienta,
y he tenido casi todo lo que puedo soportar. Ponerme furiosa con él es casi
lo único que puedo hacer para evitar hundirme en una bola y ceder ante
un lamentable sollozo patético.
—Lo siento, ha sido un día largo.
—Bueno, como no puedo ayudar con su auto, ¿tal vez me dejará
llevarla a algún lado?
Echo un vistazo al lugar detrás de él en la moto. Solía montar con mis
hermanos todo el tiempo mientras crecíamos, pero las motos sucias que
montaban no se parecían en nada a esta bestia.
—Voy a Reverence, pero ¿podría dejarme en Carlton? Haré que mi
hermano Tom me recoja desde allí.
Sus ojos grises se abren por completo, y por un momento simplemente
me mira. Es casi desconcertante la forma en que se siente tan familiar
mientras me evalúa de pies a cabeza con una mirada tan lenta.
—De hecho, me dirijo a Reverence. —Levanta el casco sobre su rostro
y me lo tiende para que lo acepte.
Ahora soy yo quien se queda mirando. No es de extrañar que sus ojos
parecieran tan familiares. Los he visto un millón de veces en mis sueños, y mil
millones más mientras crecía. Mi vida pasa ante mis ojos y por un momento
olvido respirar a medida que los recuerdos me inundan, y no todos son
buenos. 10
Es el jodido Razer Bennington. El mejor amigo de mi hermano del
medio, Mace. El chico al que consideré un hermano por derecho propio
durante los primeros catorce años de mi vida. Dios mío, en serio es él.
Su sonrisa torcida se extiende con cada segundo que permanezco allí
de pie, congelada, sin palabras, con la boca abierta mientras lo miro
fijamente. Pensé que había caído lo más bajo que podía. En serio, pensé
que las cosas no podían empeorar. Claramente, mis ovarios no recuerdan
lo que pasó la última vez que lo vi. Debe ser algo químico. Esa es la única
excusa por la forma en que mi interior se ilumina como un árbol de Navidad
bajo su mirada.
—Vamos, pequeña. Toma el maldito casco y vayamos a casa. —Lo
gira en sus manos grandes y me lo pone sobre la cabeza antes de asegurar
la correa de la barbilla—. ¿Tom sabe que vas?
—No —murmuro mientras me subo a la moto detrás de él. Estoy
severamente tentada a taclearlo, arrojarlo al suelo y golpearlo en la
cabeza… o saltarle encima, no estoy segura de cuál.
Una chispa me atraviesa cuando envuelve mis brazos alrededor de su
cintura y aprieta mis dedos. Incluyendo aquel que logré aplastar con la
puerta y aún palpita dolorosamente.
—Ay.
Levanta mi mano delante de su cara, estudia el dedo ligeramente
hinchado y mellado.
—¿Vienes de la guerra, pequeña?
—Ha sido uno de esos días.
—¿Necesitas que lo bese para que mejore? —Se ríe entre dientes a
medida que presiona sus labios contra mi dedo por unos breves segundos, y
me estremezco bajo sus atenciones incluso aunque mis pulmones parecen
apretarse fuertemente. Luego entrelaza mis dedos como un cinturón de
seguridad, acariciando mi mano—. ¿Has estado en una moto últimamente?
Recuerdas sostenerte, ¿verdad?
¿Han pasado qué? ¿Seis? Siete años desde la última vez que vi a Razer
Bennington. Siete años sin absolutamente ningún contacto. Siete años
desde que hice el completo y absoluto ridículo frente a él. ¿Qué demonios
hace de vuelta en Reverence?
—Lo tengo.
Su cuerpo se siente duro bajo mis dedos, puro músculo surcado y
calor. No es tan delgado como lo recuerdo. Ha crecido bastante, más
amplio, más ancho y mucho más hombre de lo que era cuando se fue para
unirse a los marines con Mace. Henley se ejercita todos los días, y nunca ha
sido así de musculoso.
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¡Oh, mierda! La idea de Henley ejercitando probablemente tiene que
ver con estar acostado sobre su espalda, mientras que una aspirante a
estrella porno hace todo el trabajo. Aprieto mis ojos y apoyo la frente contra
la espalda de Razer. ¿Cuánto tiempo tendré hasta tener que lidiar con las
consecuencias?
—No es tan malo, ¿verdad? Es solo un neumático. —Acaricia mi
mano.
—Sí. Solo un neumático. —Y un escándalo, y el único hombre en el
mundo que nunca esperé volver a ver, todo el mismo día. No es gran cosa.
La moto vuelve a rugir y luego estamos devorando el asfalto a medida
que me aferro con todas mis fuerzas, preguntándome por qué regresó y
cuánto tiempo pasará hasta que vuelva a irse. No debería importar, pero
una vez fuimos cercanos. Fue como otro hermano para mí. Prácticamente
vivía en nuestra casa, y fue el que en realidad se ocupó de mí. Hasta que
cumplí catorce años. Y entonces, dejé de pensar en él como un hermano.
Aún huele jodidamente increíble. Su aroma es más decadente que el
chocolate, y eso dice mucho, ya que, si incluso huelo a chocolate, se me
hace agua la boca. Desde el momento en que esa pequeña pizca de su
aroma golpea mis fosas nasales, mis papilas gustativas se exaltan, y lo único
en lo que puedo pensar es en ese primer bocado de esa delicia y la forma
en que se derrite contra mi lengua. Y si no lo consigo, se convierte en todo
lo que puedo pensar. Ese fue el efecto que Razer tuvo en mí en aquel
entonces. Antes de que me sacara de su vida porque llevé las cosas
demasiado lejos.
Se me hace agua la boca como si fuera el perro de Pavlov y alguien
acabara de tocar la campana. Pero, no estoy interesada en repetir el
pasado. En realidad, no me importa por qué Razer regresó a Reverence, o
si recibió alguna de mis cartas alguna vez, o si se arrepiente de haberme
sacado de su vida. O si alguna vez piensa en esa noche como yo. Solo
estaré aquí el tiempo suficiente para recomponerme. Unos pocos días a lo
sumo.
Las luces de la calle atraviesan la oscuridad cuando nos acercamos
a Reverence. Más adelante, el centro de la ciudad se extiende con sus
oficinas bajas y el sector de restaurantes. No del todo en casa, pero casi allí.
Razer no necesita indicaciones. Parece saber dónde vive Tom, lo que me
hace preguntarme con qué frecuencia se mantienen en contacto esos dos,
ya que Tom solo se mudó hace unos meses.
Aún ni siquiera he estado en su casa. Tom siempre va a visitarme, y
Rush y Mace se encuentran demasiado lejos para ponerse al día más de
una vez al año. Tengo tantas cosas con House to Haven que, de todos 12
modos, apenas tengo tiempo libre. Además, hay cosas que prefiero olvidar.
Por ejemplo, chicos con ojos grises y sonrisas torcidas. Tomo aire
bruscamente con ese pensamiento. Al parecer, los chicos con ojos grises se
convierten en hombres descomunales.
Durante años evité volver a casa por su culpa. No al verdadero él, ya
que se halla lejos quién sabe dónde defendiendo a nuestro país, sino la
sombra de él, de ese último viaje que Mace y él hicieron en mi decimosexto
cumpleaños.
Incluso después de eso envié cartas. Disculpas. Solo quería que
volviera a ser como antes. Tener cuatro hermanos mayores en lugar de los
tres que me dieron mis padres. Teniéndolo gritándome por salir a escondidas
de la casa, o incluso escucharlo llamarme “pequeña” otra vez, aunque
superé el apodo hace años. Envié muchas cartas, hasta que finalmente
entendí el punto. No le interesaba mantenerse en contacto con la
hermanita de su amigo. Seguí escribiendo durante un tiempo, incluso
después de que dejara de enviarlas. Esas cartas las tengo guardadas en una
caja de zapatos en la parte posterior de mi armario. Sigo teniendo la
intención de arrojarlas a la basura.
Se detiene en el camino de entrada de la casa de Tom, y aún estoy
tan atrapada en mis recuerdos que es necesario que se aclare la garganta
para que note que hemos llegado. Me deslizo fuera de la moto y tiemblo.
No pasará mucho tiempo antes de que tenga que admitir que mi vida
comienza a derrumbarse a mi alrededor. Nunca puedo ocultarle secretos a
Tom.

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2

—¿Q
ué? ¿Es Navidad? —Tom sonríe a medida que llena
el marco de la puerta, su mastín Lucky serpenteando
frente a sus piernas, su cola balanceándose—. Mi
hermanita y el hermano pródigo a la vez. Debe ser mi día de suerte.
—Buen sistema de seguridad. —Razer asiente hacia la pequeña
cámara que no noté escondida debajo del borde del porche.
—Sí, bueno, no quiero que bastardos como tú se me acerquen 14
sigilosamente. —Tom mantiene abierta la puerta de seguridad, pero no
hace ningún esfuerzo por salir del camino. En cambio, Lucky salta y rebota,
apoyando sus patas sobre mis hombros y enviándome con fuerza hacia
atrás contra Razer.
—Simplemente no es tu día, ¿verdad? —comenta riendo, sus brazos
cincelados encerrándome por un momento antes de enderezarme.
No. Definitivamente no es mi día. El jodido Razer Bennington ha puesto
sus manos sobre mí, y cualquier creencia que haya tenido de que podría
decidir no sentirme atraída por él ha salido volando por la ventana.
—Vamos, Tommy. Déjanos entrar. —Intento pasar junto a él, pero me
agarra y me levanta, apretándome hasta que casi no puedo respirar.
Empujo sus hombros a medias—. Bájame, idiota.
Me pone de pie, con una sonrisa, y estrecha la mano de Razer.
—Es bueno verte en carne y hueso para variar.
—Igualmente.
Miro de uno a otro. Debí haber imaginado que se mantuvieron en
contacto. Que era solo conmigo con quien Razer tenía un problema.
—¿Tienes limonada, Tommy?
—Claro, pequeña. —Mientras se dirige a la cocina, Razer observa
nuestro entorno atentamente, su cabeza girando de un lado a otro a
medida que comprueba la casa de Tom. Debe ser algo casi automático
para él después de años como marine.
La casa es mucho más espaciosa de lo que esperaba, pero está
decorada al más puro estilo de soltero. Fotografías de luchadores se alinean
en las paredes, y los guantes que Tom solía usar boxeaba competitivamente
cuelgan de un gancho en la pared. Pero, la cocina es de vanguardia,
decorada con gabinetes de color miel y encimeras blancas con dos de ellas
ocupando el centro de la isla.
—Bonito lugar.
—Entonces, ¿quién es la mujer afortunada? —Razer silba.
—¿Qué? —Tom arroja una cerveza a la cabeza de Razer, quien la
atrapa en el aire como si fuera un jugador de béisbol, no un marine.
Retuerce la tapa con una sonrisa, y la sujeta por el medio antes de
dejarla sobre la encimera.
—Te has tomado muchas molestias para alguien que no cocina.
Además, hay un montón de ventanas a lo largo del lado este. ¿Qué, cuatro
habitaciones o tres y un estudio? Esto no es un piso de soltero.
—Es una casa, imbécil, ¿y quién dice que no cocino? Ha pasado
mucho tiempo desde que has estado por aquí. ¿Pensé que vendrías
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mañana?
—Bueno, es bueno que haya llegado antes, ya que la pequeña aquí
se quedó varada al costado del camino. —Razer se quita la chaqueta de
cuero y la arroja sobre el respaldo de una silla en la mesa del comedor de
roble.
Tom vierte media cerveza en un vaso y lo completa con limonada
antes de empujarlo frente a mí con una ceja levantada.
—No esperaba verte hasta el próximo mes.
Echo un vistazo a Razer quien toma de su cerveza con indiferencia y
luego estudia la etiqueta.
—Es una buena cerveza.
—Sí. La hice yo. —La mirada aguda de Tom sostiene la mía, incluso
aunque habla desde un lado de su boca—. ¿Todo bien? ¿Qué sucede?
No. En realidad, no.
—Nada. Solo pensé en venir a visitar un par de días.
Mi voz debe haber temblado, porque Razer se aclara la garganta.
—Necesito hacer una llamada. ¿Pueden disculparme un minuto?
Tom y yo asentimos al unísono. Lo veo salir de la habitación, ya con el
celular en su mano. Sus hombros musculosos se perfilan claramente a través
de su camisa ajustada, ahora que se ha quitado la chaqueta.
—Entonces, ¿qué sucede realmente? —Tom se inclina sobre la
encimera y levanta mis dedos. Echo un vistazo al que me lastimé antes. Y ya
se ve mejor. Pero, mi otro dedo, el que se supone que tiene un anillo, el que
Tom está mirando, ni siquiera se siente desnudo. Siempre ha sido intuitivo,
instintivo. Siempre ha podido sacarme mis secretos. Es el único de mis
hermanos que sabe que me encontraba enamorada de Razer. Aunque
nunca le conté toda la historia—. ¿Qué pasó con Henley?
—No importa. —Me acerco a un medidor y jugueteo con las perillas—
. Es un equipo bastante impresionante.
—Buscas evadirme. —Se cruza de brazos—. Dime, ¿cuál es el
problema?
—No hay problema. Decidimos ir por caminos separados —murmuro.
—Claro. —Se aparta de la encimera y sujeta mis hombros—. Si no lo
escupes, iré a buscar a Henley y lo golpearé, ya que estoy bastante seguro
que ha hecho algo para merecer una paliza.
—No todo se puede resolver con violencia. —Le saco la lengua, pero
las lágrimas vuelven a escocer en mis ojos.
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—Cierto. Pero, seguro que puede hacerte sentir mejor.
Me rio entre dientes.
—Tal vez.
—Entonces, ¿qué hizo? —Tom me rodea con sus brazos—. Vamos,
pequeña, háblame. No puedo ayudar si no me lo dices.
Exhalo.
—Bien. Pero no quiero que nadie más lo sepa. Lo encontré con una
mujer.
—Espera. —Me gira, su ceño fruncido por encima de su mirada
tormentosa—. ¿No habla siempre sobre la pureza, o alguna mierda así?
—No es una mierda. —O al menos nunca creí que fuera así. Lo
empujo, apartándome.
—Lo es si el muy bastardo engaña a mi hermanita —ruge Tom, y me
estremezco. Solo puedo suponer que Razer lo escucha. Y, por alguna razón,
la idea de que él sepa que mi vida se está yendo a las cloacas me cabrea.
—De todos modos, rompí el compromiso, pero solo puedes imaginar
lo que sucederá si los medios se enteran. Y la CFN acaba de donar una suma
masiva a House to Haven como parte del contrato para televisar la boda.
Van a estar muy enojados.
—¿Segura que no quieres que vaya a aplastarle el cráneo? —Tom
abre y cierra las manos con ferocidad, los músculos de sus brazos
tensándose lo suficiente como para que se destaquen un par de venas—.
Darles a los estúpidos paparazis una historia real.
—No. —Le doy un pequeño golpe contra el pecho—. Honestamente,
creo que es lo mejor. En retrospectiva, creo que sabía que no lo hacíamos
por las razones correctas.
—Ja. No me digas. No se notaba que era una mala idea casarse con
un chico cuyo primer nombre es prácticamente el mismo que el nuestro.
Además, Henley suena tan jodidamente femenino.
Sonrío sin poder evitarlo.
—Tal vez. Ahora no importa. Solo necesito un par de días para pasar
desapercibida, despejar mi cabeza y descubrir lo que se supone que debo
hacer ahora. ¿Está bien si me quedo aquí?
—Sabes que siempre eres bienvenida. No tienes que preguntar. —
Desliza su brazo por mi hombro y sonríe—. Pero, tengo malas noticias para ti.
—Claro. Porque hoy no puede ponerse peor. —Pongo los ojos en
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blanco.
—Razer también va a quedarse aquí.
—¿Aquí? —chillo cuando me lleva a la sala de estar. Razer no está allí,
así que supongo que debe haber salido para hacer su llamada telefónica.
—Aquí. ¿Aún duermes con la camiseta que le robaste? —Tom se ríe
entre dientes—. De todas las personas de las que pudiste haberte
enamorado. Francamente, es raro. Eres rara. Es de la familia.
—Fue hace años. —Me encojo de hombros, aunque tiemblo por
dentro. ¿Por qué demonios no arrojé esa camiseta, en lugar de seguir
poniéndola en la cama?—. Y Razer es un imbécil. Si prácticamente somos
familia, ¿por qué no he hablado con él desde mi decimosexto cumpleaños?
No admitiré que después de ver a Razer, y el hormigueo profundo que
desencadenó en mi núcleo, he vuelto a querer saltar sobre él. No lo haré.
No debería, probablemente, pero ¿dada la oportunidad? Oh diablos,
sí. Pero, no por ningún sentimiento perdido. Es solo que después de hoy voy
a ser coronada como la pobre mojigata cuyo prometido prefirió follarse a
una Barbie cualquiera que ella. Si voy a tener que sufrir porque Henley no
pudo mantener su polla de cinco centímetros en sus pantalones, entonces,
¿qué importa si no me guardo para el matrimonio? Las razones que tenía
ahora no significan nada. Y las razones por las que quiero acabar con mi
tarjeta V aumentan cada minuto que paso en compañía de Razer. Además,
tal vez si no era virgen podría hacerle creer a Henley que no lo fui todo este
tiempo. La expresión de su rostro no tendría precio.

Claire Hadley tiene los ojos violetas más increíbles del mundo,
enmarcados por las pestañas más gruesas y largas que he visto en una
chica. Demonios, lo he comprobado. Comparé mujer tras mujer a lo largo
de los años. Pero, ninguna de ellas tuvo el tipo de ojos que me perseguían.
Eso permaneció conmigo en las horas más oscuras.
Caminando a lo largo del patio, con mi celular en la mano, me
pregunto cuánto tiempo les tomará para que terminen su pequeña charla.
Ya he escuchado lo suficiente como para saber que un imbécil lastimó a
18
nuestra chica. Estoy listo para subirme a mi moto, encontrarlo y darle una
soberana paliza por lo que ha hecho. Solo que no sé quién es. Así que, en su
lugar, sigo caminando de un lado a otro, labrando un camino en el césped.
Escucho su conversación a medias. Su chillido agudo cuando Tom le
dice que me quedaré con él. Algo sobre una camiseta robada. Y luego mi
nombre muy claramente y en rápida sucesión a imbécil.
No es que la culpe. He sido un imbécil. Un auténtico cabrón. Y no
puedo fingir que no esperaba que me odiara, ya que puse un gran esfuerzo
en producir ese resultado en particular. Pero, no podría haberlo hecho de
otra manera. No tenía sentido que los sentimientos que tenía por ella fueran
bienvenidos. Gracias a Dios que fui capaz de sacudírmelos y volver a
ponerla en la caja que guardaba para ella como la hermanita que nunca
tuve.
Eso es todo lo que es esta irritable oleada de ira. Una fraternal actitud
protectora. No tiene nada que ver con la forma en que mi cuerpo zumbó
cuando me envolvió antes con sus brazos, y presionó esas curvas generosas
contra mí, dándole tangibilidad a mis fantasías.
—Eres un imbécil enfermo —murmuro por lo bajo.
No es que haya sido así entre nosotros. Había sido una bebé, seis años
más joven que Mace y yo. Prácticamente mi familia, y no soy un jodido
pervertido. Pero, hubo un momento en que no quise que nada de eso
importara, en el que me hubiera gustado quedarme en Reverence para
averiguar en qué tipo de mujer se convertiría la hermanita de mi mejor
amigo.
—¿Hola? —Una rubia abraza su gabardina marrón claro con fuerza
alrededor de su cintura a medida que avanza por el camino de entrada en
tacones de aguja.
Dejo que mi mirada deambule por ella, fijándome en sus piernas
kilométricas. Probablemente un espejismo, ya que la gabardina solo roza la
mitad del muslo.
—Hola, tú.
—¿Te conozco? —Su frente se arruga, mientras me mira antes de
sacudir la cabeza como si quisiera sacudirse de un viejo recuerdo—. Me
pareces familiar.
—Si eres de por aquí, probablemente fuimos a la escuela juntos. —Le
ofrezco mi mano—. Mi nombre es Razer.
Los labios de Scarlett forman una O perfecta.
—El otro hermano. Soy Lucy. 19
—¿Buscas a Tom? —Me dirijo a la puerta principal, feliz por interrumpir
cualquier conversación que Tom y Claire estén teniendo sobre mí—. Tommy,
chico, tu novia está aquí.
Tom se dispara desde su lugar en el sofá junto a Claire.
—Lucy. Mierda, lo olvidé.
—Me doy cuenta. —Levanta una ceja delicada y echa un vistazo a
Claire, levantando la nariz en el aire—. Podrías haber llamado.
No aprecio la forma en que mira a Claire con superioridad. Ya tuvo un
día bastante malo sin que la novia de Tom venga a provocar problemas. Y
es jodidamente seguro que no se lo merece. Tampoco se merecía lo que
pasó y la trajo hasta aquí.
—No nos esperaba. Tal vez puedas dejarlo para otro día.
Él toma el codo de Lucy, llevándola hacia la puerta.
—Simplemente aparecieron. Estaré libre en un par de días. ¿Puedo
llamarte?
Cuando la puerta se cierra fuertemente detrás de ellos, me hundo en
el sillón reclinable frente a Claire, aunque la idea de tomar el lugar junto a
ella tiene mucho más atractivo.
—Entonces, ¿cómo te trata la vida, pequeña?
—¿Cómo me trata la vida? —Su boca se tensa en las esquinas. Como
solía hacerlo cuando uno de nosotros la cabreaba al decirle que no podía
ir al lago con nosotros cuando éramos adolescentes—. ¿Cómo me ha
estado tratando la vida?
—Sí. Dime lo que me he perdido.
Se inclina hacia delante, sus ojos brillando con calor.
—Siete años sin siquiera un correo electrónico o una carta, Razer. No
tienes ningún derecho a preguntarme nada.
—Eso es razonable. Me lo merezco.
—¿Qué haces aquí? —Cruza sus brazos sobre su pecho, pero eso solo
sirve para resaltar sus senos de una manera que exige mi atención.
—Mi abuelo finalmente estiró la pata. Tuve que volver para resolver
toda esa mierda. —Me encojo de hombros, también inclinándome hacia
delante, con las manos sujetadas delante de mí. Intentando mantener mi
mirada en su rostro.
Todos me conocían y el viejo no había sido muy cercano. Trabajó en
preservar su hígado en alcohol desde que podía recordar, y cuando no se
hallaba haciendo eso, estuvo sobre mí con su cinturón en mano y un gruñido
en mi cara. Pero bueno, mis padres no fueron mejores, dejándome a su 20
puerta cuando tenía tres años sin siquiera una dirección de reenvío. Gracias
a Dios por los Hadley.
Era por eso que, por mucho que quisiera cruzar la distancia entre
Claire y yo, no movería ni un músculo en su dirección. Juré que no
decepcionaría a sus padres, a sus hermanos. La familia que es mucho más
mía que la propia. Se merecen mucho más que mi lealtad por lo que
hicieron por el pobre niño que era antes de que me abrieran su hogar.
Pensar en Claire como lo hago, es una traición por la que no me puedo
perdonar. Si lo supieran, maldita sea, si incluso la tocara, nunca me lo
perdonarían. No podría vivir conmigo si les fallara así.
—Lo siento. —Se relaja un poco—. Ha sido un día realmente duro. Creo
que deberíamos ir a la cama.
Mi pene se pone nervioso, a medida que mi cerebro rebota desde
deberíamos ir a la cama, a acostarse con Claire, con ella desnuda y a
horcajadas sobre mi regazo mientras reproduzco algunas de las fantasías
que solo he representado solo.
—¿Disculpa?
—Estoy lista para dormir un poco. —Bosteza, estirándose.
—No sabes por casualidad dónde se supone que debo descansar,
¿verdad?
—De hecho, sí. —Se desliza del sofá—. Vamos a dormir uno al lado del
otro.
Dudo que lo diga en serio como una invitación, pero la forma en que
su boca se contrae hace que quiera aceptarlo como tal. Hace que quiera
empujarla contra una pared, o una puerta, o el piso, y mostrarle lo mucho
que la he extrañado a lo largo de los años. Pero, no es mía para tomarla de
esa forma. Agarro mi bolso y la sigo por el pasillo hasta donde se divide en
cuatro habitaciones del mismo tamaño.
—Entonces, estoy en esta. Tú te quedarás aquí, y Tom en el otro
extremo.
Abre la puerta de su habitación, y me encuentro alcanzando su brazo.
—Pequeña, solo quiero decir…
—No me llames “pequeña”. —Se aparta de mi agarre—. Siete años sin
una palabra. No puedes aparecer y esperar que pretenda que seguimos
siendo familia. Además, debería ser obvio que superé ese apodo en
particular hace mucho tiempo.
—Ciertamente lo hiciste. —Cada maldito centímetro de ella creció
para convertirla en una fiera. No era como si no lo hubiera sabido. Vi fotos
en la página de Facebook de Tom, y me tomé un momento para
21
apreciarlas. Más de un momento. Varios momentos con mi mano envuelta
alrededor de mi polla. Tal vez después de todo era un enfermo. Pero, eso es
lo más lejos que llegaría con ella.
Ladea la cabeza hacia un lado.
—¿Todo bien? ¿En qué piensas?
—¿Qué? —Dirijo mi mirada hacia mi entrepierna. Que Dios me ayude,
si ve mi erección. Si descubre lo mucho que me excita y le dice a Tom, me
mandará a la acera de una patada en el culo. Esa será una excelente
manera de encontrarme sin un lugar donde dormir.
Se acerca un poco más. Prácticamente puedo sentir el calor
irradiando de ella. Estirándome, arrastro perezosamente un nudillo por su
brazo. Esta noche me ha sacudido, más de lo que esperaba para arrojar mi
control de esta manera, pero es tan acogedora. Mirándome a través de
esas pestañas gruesas, con sus labios medio abiertos. Cuando bajo un poco
la cabeza, su respiración se entrecorta. Y luego, se aleja de mí.
—Buenas noches, Razer.
La puerta se cierra en mi cara incluso antes de que tenga la
oportunidad de reaccionar.
3

¿Q
ué fue esa mirada extraña en su rostro? Cruzo la habitación
y vuelco el contenido de mi bolso en la cama. Tal vez
imaginé la forma en que se cernió sobre mí, su rostro
inclinado hacia el mío un poco más de lo que debería haber sido. Quizás no
se dio cuenta de lo fácil que habría sido cerrar la brecha. Ciertamente lo
hice.
Quitándome el vestido, lo arrojo sobre una silla antes de ponerme la
camiseta que uso para dormir. Su camiseta. La que le robé la última vez que
22
lo vi. Luce raída, con rasgaduras donde la banda para el cuello se ha
deshecho en el cuello, pero por alguna razón no he podido separarme de
ella. No podía botarla, como él lo hizo conmigo. Como si todos esos años
que pasamos juntos no significaran nada por un beso estúpido.
Empujando todo nuevamente en el bolso, lo arrojo a un lado y me
deslizo entre las sábanas. Apenas puedo mantener los ojos abiertos, y
debería estar intentando resolver cómo arreglar el desastre en el que Henley
me ha metido. En cambio, me atraen unos ojos grises y las sonrisas torcidas.
Y el fuerte deseo de retomar donde lo dejamos cuando tenía dieciséis años.
Con mi boca encerrada en la suya.
Esta noche, prácticamente vibraba bajo mi toque. Su mirada lució
salvaje por medio segundo antes de que me apartara. Siempre he sido
“pequeña” para él, ¿no? Pero, la forma en que me tocó me hace creer que
tal vez me ve de manera diferente por primera vez. Ya no como una niña,
sino una mujer adulta en la que puede hundir los dientes. Un escalofrío
delicioso me recorre la espalda. Estoy a medio camino de una decisión
antes de darme cuenta que estoy a punto de tomarla.
Estoy harta de ser encasillada. Siendo la persona que la gente espera
que sea. ¿Y para qué? Estaba a punto de casarme con un chico por el que
no tengo sentimientos. Ni siquiera puedo hacer que me importe el hecho de
que estuviera follándose a cualquiera. Me perdí en algún lugar del camino.
Olvidé cómo querer cosas para mí. Bueno, a la mierda eso. A la mierda
Henley. Hay algo que quiero. Razer. Dios sabe por qué, pero lo hago. Voy a
hacerle olvidar que alguna vez me vio como una niña. Voy a seducirlo.
Puedo hacer eso.
¿Cierto?

***

La puerta se abre lo suficiente como para que Razer pueda entrar.


—¿Qué haces en mi habitación? —Levanto las mantas a mi alrededor,
consciente de que estoy usando su camisita, que él puede reconocerla.
Se me acelera el pulso a medida que avanza por el suelo, dándome
esa sonrisa sexy. Está sin camisa, sus abdominales y su bronceado dorado
dejándome sin aliento. Las seis crestas de sus músculos tensos ondulan,
arrastrando mi mirada hacia las líneas de corte en sus caderas mientras se
sube a la cama.
—Eres jodidamente hermosa, Claire. No puedo dejar de pensar en lo
que quiero hacerte. ¿Sabes lo difícil que fue para mí no besarte esta noche? 23
—No. —Un latido comienza entre mis piernas, y froto mis muslos entre
sí a medida que él se sienta a horcajadas sobre mí, presionándome contra
el colchón—. ¿Por qué no lo hiciste?
—Voy a hacerlo ahora. —Desliza un dedo en la manta entre mis senos,
tirándola hacia abajo mientras su mirada arde sobre la mía antes de caer
muy lentamente hacia donde baja la manta—. Pero, tendrás que estar
callada.
Sus labios rozan contra los míos suavemente y se me corta la
respiración a medida que marca mi piel con una dulce descarga eléctrica.
No se demora mucho en mis labios antes de rozar mis senos por encima del
algodón suave, calentando mi piel con su boca ardiente. Unos dedos
ásperos tiran del dobladillo, levantándola de modo que pueda saborear mi
vientre y la piel justo por encima del borde de mis bragas mientras pellizca
uno de mis pezones entre sus dedos.
—Hay algo tan sexy en tu amor por el algodón. Quiero ser tus bragas
para poder estar entre tus piernas todo el maldito día.
Me rio a medida que desliza mi ropa interior hacia abajo, haciendo
cosquillas en mi piel sensible con su aliento.
—Dices las cosas más extrañas.
—Tal vez. —Sonríe—. Ahora promete que no harás ningún ruido.
Ni siquiera tengo tiempo de pronunciar una palabra cuando sumerge
la punta de su lengua sobre mi clítoris, después me lame por todas partes,
empujando en mí, y todo lo que puedo hacer es sostener su cabeza contra
mi coño a medida que me arqueo de la cama, cerca de correrme en su
boca.
—¿Vas a dormir todo el día o vas a unirte a nosotros para el desayuno?
—grita Razer a través de la puerta, sacándome abruptamente del sueño
más vívido que he tenido alguna vez.
Gimo y ruedo de lado, presionando mis muslos entre sí con la
esperanza de aliviar lo excitada que estoy. Solía tener sueños con él todo el
tiempo, aunque eventualmente se redujeron a la nada. Pensé que los había
superado, pero verlo otra vez al parecer los trajo de vuelta con toda su
fuerza.
—Piérdete.
—¿Aún eres una persona madrugadora, pequeña?
Sí, normalmente. Pero, no cuando estoy a punto de estallar
espontáneamente por un sueño sexual con el hombre al otro lado de la
puerta protagonizándolo. Bueno, a menos que quiera unirse y terminar lo
que comenzó mi imaginación, será mejor que se vaya. Arrojo mi almohada
24
al otro lado de la habitación y golpea la pared con un ruido sordo antes de
caer al suelo.
—No me llames así, Gallito.
—¿Gallito? Mierda, Claire. Eso es un golpe bajo. —Su risa retumbante
desmiente sus palabras, e imagino que recuerda el día en que nuestro
pequeño gallo lo pateó en las bolas. Los muchachos lo llamaron Gallito
durante meses después. Pero entonces, solo habíamos sido niños. Cosas así
nos mantenían entretenidos—. Bien. ¿Quieres café? —pregunta.
—Sí, pero prepararé el mío. Ahora, vete. —Lanzo un brazo sobre mis
ojos. ¿Cómo se supone que voy a enfrentarlo cuando mi cuerpo me
traiciona incluso mientras duermo? Cuando sus pasos se desvanecen en la
distancia, deslizo mi mano en mis bragas y a través de mi humedad. Por más
virginal que soy, no soy una completa mojigata. No me lleva mucho tiempo
saltar al borde, y luego corro hacia el baño—. ¿Qué? ¿Estás en todas partes?
—Frunzo el ceño mientras cruzo los brazos sobre mi pecho.
Permanece allí parado con su cepillo de dientes colgando de su
boca, con un brillo espumoso en su rostro mientras pasa su mirada sobre mí.
La forma en que me ve en esos primeros segundos antes de recordar que lo
estoy mirando es prácticamente indecente. Mis pezones se erizan bajo la
intensidad.
—¿Esa es mi camiseta?
—¿Es-esto? —Bajo la mirada, deslizando mis manos por el frente—. No.
Encontré esto en Oxfam. Es cómodo.
—Tenía una igual. De hecho, la última vez que estuve aquí. —Su ceño
se frunce—. Era mi favorita.
En cualquier minuto, va a llamarme acosadora, o psicópata.
Aparentemente lo soy. Quiero decir, han pasado siete años y llevo puesta
su camiseta y he tenido sueños sexuales con él. Eso tiene que ser algún tipo
de sueño húmedo para un psiquiatra. La virgen que tiene sueños sexuales
con el mejor amigo mucho mayor de su hermano. No es de extrañar que
escoja salir con cabrones idiotas como Henley en su lugar.
—¿Ducha?
Mira hacia la ducha y luego hacia mí, ajustando su postura como si
de repente se sintiera incómodo.
—¿No crees que eres lo suficientemente mayor como para abrir el
agua por tu cuenta?
Echo un vistazo a lo largo de su cuerpo a medida que se gira para
escupir en el lavabo. El contorno de su polla es todo un bulto que llena el 25
espacio detrás de su cremallera. Arrastro mi mirada de él a la ducha, y de
vuelta otra vez. Interesante. Anoche, cuando medio pensé en seducirlo, fue
fantasía pura. Pero, ¿ahora? ¿Le ha excitado la idea de que me duche?
¡Oh, genial! Ahora me estoy excitando.
Golpeando mi pie en el suelo con impaciencia, ignoro la oleada de
sensaciones en mi núcleo y me concentro obstinadamente en mirarlo hasta
sacarlo del baño.
—Tengo que ducharme, si no te importa. ¿Tardarás mucho más?
Se limpia la boca con una toalla y luego saca su camiseta de donde
cuelga sobre el toallero.
—Nunca solías ser tan molesta por el tiempo del baño.
—Nunca solías necesitar más de tres minutos y medio —espeto.
—Lo que sea. —Me pasa de largo, y ese pequeño contacto es
suficiente para ponerme nerviosa nuevamente. Odio que me convierta en
esta perra en celo con la menor atención de su parte. Es patético. Soy
patética. Tiene que haber algún problema psicológico que desconozco.
Una vez que solucione el desastre con Henley, buscaré asesoramiento—. Y,
pequeña. —Sonríe, incitándome, o más probablemente intentando
encasillarme de vuelta a la caja de la que se supone que no debo
escapar—. Me llevaré mi camisa cuando me vaya.
No estoy segura de qué hacer con eso. Su erección, claro está. Una
vez más me ha etiquetado como la niña que dejó atrás. Tal vez me
equivoqué, y no tuvo una erección ante la idea de que me duchara. Tal vez
solo sea una consecuencia normal al ser de mañana. ¿Cómo lo llaman,
erección matutina? O tal vez es raro y lo excita cepillarse los dientes. ¿Cómo
diablos lo sabría? Siete años con él sin siquiera reconocer mi existencia
debería decirme una cosa. Nunca ha estado, y nunca estará, interesado en
mí.
—Sobre mi cuerpo desnudo. —Le cierro la puerta en la cara,
sacándole la lengua.

26
—Es sobre mi cadáver —murmuro hacia la puerta cerrada, que es
exactamente como voy a terminar si no mantengo esta situación bajo
control. La forma en que mi camiseta raída se estiraba sobre sus pezones
erectos, y colgaba sobre sus caderas para mostrar la más diminuta franja de
bragas rosadas me hizo querer levantarla sobre el tocador y poner mi boca
sobre ella. Toda ella. Creo que ella también lo sabía.
La pillé mirando mi erección, y la contracción de sus labios antes de
que me dijera que saliera. Si fuera cualquier otra chica, ya estaría con ella
en esa ducha, pero no Claire. Incluso si pudiera pasar por alto lo mucho más
joven que es, maldición, aún no puedo tocarla. Sus hermanos jamás me
perdonarían. Mace probablemente jamás me volvería a hablar. Estar con
ella no vale la pena el daño que causaría, pero eso no me impide imaginar
meterme en la ducha con ella, deslizar mis manos sobre cada centímetro
de su piel cremosa y descubrir cuán duro pueden ponerse esos pezones
mientras entierro mi cara entre sus piernas.

***
Mientras hablo con Tom, Claire se desliza en la cocina y se levanta de
puntillas para quitarme la gorra de la cabeza. Es un juego que solíamos jugar
mucho cuando éramos jóvenes, pero tener su cuerpo presionado contra el
mío es una tortura. Su cabello sigue húmedo por la ducha y pequeñas gotas
se deslizan por el costado de su garganta, haciendo casi imposible no pasar
mi lengua sobre su piel sedosa y recogerlas. Jodidamente improbable.
Con una sacudida de cabeza mental, me arrastro de nuevo a la
conversación que estoy teniendo con su hermano.
—Solo estaré en la ciudad por una semana. Hoy tengo que ir a la vieja
casa y averiguar qué voy a tener que hacer para que esté lista para la
venta.
—¿No considerarías conservarla? ¿Mudarte de nuevo aquí?
Los ojos de Claire se abren de par en par, aunque finge que no nos
escucha, ocupada con la cafetera y más azúcar de la que posiblemente se
justifica para una taza de café.
—No. Tengo un amigo trabajando en seguridad en Lanston. Iré allí una
vez que ponga la casa en venta.
—¿Cuánto trabajo crees que necesitará? —Tom coloca su taza en el
fregadero.
—Bastante. El viejo nunca le hizo ningún mantenimiento. 27
—Oye, Raze. ¿Has tenido noticias de Mace recientemente? —Claire
saca algunos huevos de la olla en la estufa y unta una tostada con
mantequilla.
Froto un punto áspero en mi mandíbula mientras considero cuánto
tiempo ha pasado desde la última vez que me contactó. Pero, no tiene
sentido preocupar a Claire, hasta que haya intentado localizarlo. No es la
primera vez que Mace desaparece. En raras ocasiones, han pasado meses
de silencio radial con él en Recon, y lo mismo para mi tiempo en
Operaciones Especiales.
—No. Pero ya sabes cómo es. Ninguna noticia es una buena noticia.
Gira un taburete y se sienta al revés, mi gorra todavía cubriendo su
cabello. Mi mirada cae, capta la forma en que sus muslos se extienden a
ambos lados de las barras. Esta muchachita. Bueno, no exactamente. Ya
no. Pero, aún es demasiado joven. Sus hermanos me matarían. Se encuentra
fuera de los límites. La costura de sus jeans me lleva aún más lejos, hacia
donde corre verticalmente hasta unos botones que mis dedos pican por
deshacer. Mi imaginación ha recorrido este camino muchas veces antes.
Tomándome mi tiempo en los botones, deslizando una mano dentro de la
cintura para acunar su cadera mientras le echo un vistazo a sus bragas de
algodón.
—¿Me has oído? —pregunta sonrojándose. Sus mejillas se calientan,
con un tono sexy de escarlata. Me gusta eso en ella. La forma en que
reacciona ante mí.
Devuelvo mi mirada a su rostro y le ofrezco una gran sonrisa.
—Lo siento. Continúa.
—Renuevo casas por caridad. Las hacemos y las vendemos, y el
dinero va a los niños necesitados. Si necesitas ayuda con la casa de tu
abuelo, soy tu chica.
Mi polla se contrae ante la idea de que sea mi chica. Pero, nunca será
mi chica. Soy un maldito pervertido, pero eso no significa que planeo actuar
en consecuencia.
—Quizás ustedes dos puedan ir allí después de que recojamos tu auto,
pequeña —murmura Tom, con la boca llena de huevos.
Claire apoya su codo en el respaldo de la silla, el destello de un
corazón de metal sobre un brazalete de cuero me seca la boca. Extiendo
la mano para tocar la delgada pieza de metal, rozando su muñeca
inadvertidamente.
—¿Todavía tienes eso?
Hay una ráfaga de algo que pasa entre nosotros cuando se da la
vuelta y una pequeña sonrisa ilumina su rostro. 28
—Por supuesto que sí. Me lo diste para mi decimosexto cumpleaños.
—Lo sé. —No tiene idea de que le di mi corazón literal por su
decimosexto cumpleaños. Que le perteneció desde entonces. Aún lo hace.
Mi mirada se levanta hacia el collar alrededor de su cuello—. Supuse que
habrías renunciado a cosas infantiles como esa.
Su frente se frunce, y aparta su mano de la mía para tocar la cadena
alrededor de su garganta a medida que se levanta de la mesa.
—No es infantil. Son algunos de mis recuerdos más preciados.
Cuando sale de la habitación, echo un vistazo a Tom y luego la sigo.
—No quise decir eso.
Se gira rápidamente, el pequeño grupo de discos colgando de la
cadena entre sus dedos.
—¿Qué quisiste decir? He crecido, pero eso no significa que haya
olvidado de dónde vengo.
—Por supuesto que no. —Extiendo la mano para deslizar los discos de
sus dedos. Todos los chicos nos fuimos al mismo tiempo, excepto Tom. Tuvo
dos años adicionales con él antes de que se fuera al circuito de
competencia. Paso el pulgar sobre el primero. El que tiene el nombre de
Mace, detrás de ese viene el mío, y luego el de Rush, y finalmente el de Tom.
Todos brillantes por su cuidado meticuloso, pero desgastados y abollados en
los bordes—. No puedo creer que todavía los tengas, es todo.
—¿Porque son infantiles, como yo? No soy la niña que dejaste atrás.
Definitivamente soy consciente de lo madura que es. Dejo los discos
contra su piel enrojecida y deslizo mis dedos por la cadena, fingiendo
enderezarla, usándolo como una excusa para tocar tanta de su piel
cremosa como me atrevo. Sus labios se separan un poco a medida que
deslizo mis dedos por el costado de su cuello. La columna de su garganta
sacudiéndose bajo mi toque, y luego levanta la mano y pasa sus dedos
temblorosos por mi mandíbula.
—¿Razer?
Me pierdo en ella por un minuto. El suave latido de su pulso debajo de
mis dedos y la forma en que huele a miel y vainilla. En el hecho de que
guardó las cosas que le di. Que significan algo. Yo todavía significo algo
para ella.
¡Mierda! No puedo estar haciendo esto. Le lanzo una sonrisa
comemierda, ignoro la confusión en su mirada y le quito la gorra de la
cabeza para despeinar su cabello con mis nudillos.
—Tom y yo iremos a buscar tu auto. ¿Vas a estar bien mientras nos 29
vamos?
Su mirada fulminante me quema en la espalda mientras camino de
regreso a la cocina. No es nada comparado con la combustión interna que
tengo por dejarla arrastrarse bajo mi piel de esa forma. La dejé atrás por una
razón, y maldita sea, tiene que seguir allí. Incluso si mi cuerpo intenta
convencerme de lo contrario.
4

—M
aldición, tan sexy. —Lo único que puedo hacer es
mirar su espalda a medida que avanza por el pasillo,
con el corazón palpitando en mis oídos. Las puntas
de mis dedos hormiguean desde donde corrieron a lo largo del ángulo de
su mandíbula, su pulso latiendo fuerte y rítmicamente debajo de ellos por
una fracción de segundo antes de convertirlo en un momento de nuestro
pasado. Me aliso el cabello con la palma de mi mano.
—No te metas en problemas mientras no estamos —llama, y luego la
30
puerta principal se cierra de golpe. Un momento después, el auto de Tom
arranca. Ha domado a la vieja bestia, y hace temblar las ventanas a
medida que retrocede por el camino de entrada.
No te metas en problemas. El único jodido problema que he tenido
alguna vez proviene de personas como él. Siempre he sido la buena. Incluso
cuando quise rebelarme, Razer tenía un sexto sentido para conocer mis
acciones antes que yo y para frustrarlas. Cabrón. Mantenerme alejada de
los problemas no me ha llevado a ningún lado, mientras que personas como
él, como Henley, hacen lo que quieren. Ni siquiera sé por qué, después de
todos estos años, aún tiene ese efecto en mí. Debería haber aprendido. La
noche de mi decimosexto cumpleaños se repite en mi cabeza.
—Tengo algo para ti. —Razer toma mi mano y me arrastra por los
escalones de piedra hasta el fondo del jardín, donde estamos solos, lejos de
la fiesta.
Es mucho más alto que yo, ya mucho más fuerte de lo que era cuando
se fue de casa dos años antes, pero aún tiene cierta suavidad en su
mandíbula cuando me atrae para terminar frente a frente. Un lado de su
boca se eleva, a medida que me mira fijamente. Maldición, esa sonrisa
torcida hace que mi corazón lata de forma divertida. Durante los últimos dos
años ha sido lo único en lo que puedo pensar. Preguntándome dónde está
y qué hace. Si está a salvo y si volverá a mí. Sé que no tengo derecho a
pensar así, pero lo he amado desde siempre. Primero como un hermano,
luego como un amigo, pero aunque se fue, se convirtió en algo mucho más
aterrador e intenso.
Me mira a los ojos por un instante.
—Mañana me voy.
—Lo sé. —Quiero decirle que no importa. Que estaré esperando que
regrese. Que esperaré todo el tiempo que él necesite—. Voy a extrañarte.
Metiendo su mano en su bolsillo, saca esta delgada tira de cuero con
un corazón de metal entrelazado y toma mi mano, enrollándola alrededor
de mi muñeca lentamente antes de cerrar el broche.
—También voy a extrañarte, Claire.
Aparta algunos mechones de mi cara, acunando mi mejilla, su mirada
deteniéndose en mis labios. Las mariposas agitan sus enormes alas en mi
pecho, y mi corazón martillea cuando me estiro, apoyándome en su mano.
Su cabeza se inclina, apenas una fracción, sus dedos apretándose
alrededor de mi muñeca, esos ojos grises mirando tan seriamente a los míos.
—¿Escríbeme?
—Siempre. —Envuelvo mis dedos en su camiseta y me pongo de 31
puntillas para rozar mis labios sobre los suyos.
Gime mi nombre en voz baja a medida que me aferro a él,
prolongando este momento que quiero que dure para siempre.
—Razer, ¿cuándo nos vamos? Les dije a los demás que los veríamos
en el club —canturrea Ellen, su novia intermitente antes de irse, desde lo alto
de los escalones. Sus ojos se abren de par en par, y hay tanto calor en ellos
que por un momento creo que podría entrar en combustión. ¿Es posible que
de hecho se sienta como yo?
En vez de eso, retrocede, dejando caer mi muñeca como si fuera un
atizador candente.
—Mierda, pequeña. ¿Qué haces?
Estoy bastante segura que el enjambre de mariposas en mi pecho
muere justo en ese momento. Cada una de ellas cayendo en picado a mi
estómago. El dolor quema un sendero detrás de mis ojos cuando surge la
confusión. Me giro a tiempo para ver a Razer subir los escalones a toda prisa,
alza a Ellen por encima del hombro y azota su trasero juguetonamente.
—Salgamos de esta fiesta para niños y divirtámonos de verdad.
Ese recuerdo duele incluso ahora. Cierro la puerta de mi habitación
bruscamente y me deslizo contra la madera hasta que mi trasero golpea el
suelo. Mi pulso sigue latiendo tan fuerte donde los dedos de Razer tomaron
el mismo camino. No quiso decir nada con eso. Estábamos recordando, eso
es todo. Deja en claro con su juego rudo que no me quiere más que antes.
Solo porque pensé que lo excité en el baño no significa nada.
Pero, oh, quiero que lo haga. Presiono mis dedos en mis labios,
imaginando cómo sería si no hubiera estado simplemente quitándome el
cabello de mi garganta y riéndose del tonto collar barato que mis hermanos
y él me dieron la última Navidad que pasamos todos juntos. Rodeo los discos
circulares planos, frotando mi dedo sobre el que lleva grabado su nombre.
Imaginando las ásperas puntas contundente de sus dedos rozando mi piel
porque no puede mantener sus manos lejos de mí. Su rostro tan cerca del
mío porque no quiere nada más que besarme.

***

—Claire, es tan bueno verte. —Chelsea saca sus auriculares y salta de


su asiento para abrazarme—. ¿Qué haces aquí?
—Pensé en venir a visitarte. ¿Estás libre para almorzar?
—¿Para ti? Siempre. —Toma su bolso de debajo del escritorio—.
32
¿Necesitas que te traiga algo, Mellie?
La mujer del otro escritorio levanta la vista con una sonrisa triste. Su piel
pálida parece teñida de un ligero tono verde.
—No. Creo que iré a casa cuando vuelvas. Esta mañana las náuseas
me están pateando el trasero.
—¿Puedo traerte un poco de agua o algo antes de irme? —pregunta
Chelsea.
—No soy una inválida, Chelsea.
—Lo sé, pero Mike…
Mellie la desestima con una sacudida de su mano.
—Ve y pasa un tiempo con tu amiga. Me encargaré del jefe.
—De acuerdo. —Chelsea sonríe, tomando mi mano y arrastrándome
fuera de la oficina—. Entonces, ¿qué haces realmente aquí?
Chelsea y yo hemos sido amigas por años. Es un par de años mayor
que yo. La misma edad que Tom, pero pasamos mucho tiempo juntas
cuando estuvo saliendo con mi hermano mayor, Rush.
Incluso entonces, él fue el centro de atención, el Señor Popular.
Siempre intentando hacer reír a la gente o mostrándoles trucos que los
dejaban boquiabiertos. Era un poco extraño que esos dos se juntaran,
porque aunque él la amara y a veces se pusiera celoso por lo mucho que
pasábamos juntas, ella solía desaparecer al fondo cuando se encontraban
juntos. Pero, después que él se fue, Tom y yo la adoptamos como otra
Hadley. Aparentemente, lo hacíamos mucho. Incluso ahora aún puede
decir cuándo estoy mintiendo, así que ni siquiera me molesto.
—Dejé a Henley.
—Espero que, por todo lo alto. —Sonríe—. ¿Qué tal si almorzamos en
Sam Bucca? ¿Te acuerdas de sus fajitas de cordero?
—¿Cómo podría olvidarlo? —Se me hace agua la boca cuando los
recuerdos infundidos en yogur de ajo se arremolinan en mi paladar—. ¿No
te gustaba Henley? —pregunto, intentando mantener su ritmo—. Solo lo
conociste una vez.
—Una vez fue suficiente. —Hace una mueca como si le acabaran de
meter queso azul delante de la nariz.
—No dijiste nada.
—Parecías feliz. —Aprieta mi mano mientras empujamos la puerta del
restaurante y nos ponemos en la fila—. Entonces, ¿qué pasó?
—Lo encontré haciendo el acto.
33
Se queda boquiabierta.
—Espera un segundo. ¿Nunca lo hiciste con él? ¿Pensé que ambos
acordaron permanecer vírgenes hasta que se casaran?
—Maldición. ¿Podrías decirlo más fuerte? —Me estremezco, a medida
que echo un vistazo alrededor para ver si alguien la escuchó—. Eso pensé.
Él fue quien hizo que pareciera lo correcto, hablando sobre lo importante
que es liderar nuestras acciones. —Tomamos nuestra comida y nos dirigimos
a una de las mesas en la acera, donde podemos observar a las personas—
. Quiero decir, es el gran portavoz de la pureza, y hacía lo moralmente
correcto. Por Dios, su familia dirige Christian and Family Network. Nunca
esperé encontrarlo debajo de una tarada. —Tomo un sorbo de mi bebida
para eliminar el sabor que viene cuando visualizo exactamente lo que vi—.
Haciendo el acto.
—¿Estás bien? Quiero decir, eso es jodidamente desagradable.
Dando un gran mordisco a mi fajita, mastico pensativamente,
degustando los sabores intensos mientras se deslizan sobre mis papilas
gustativas.
—Probablemente, se supone que debería estar más afectada. Creo
que se supone que debería estar triste. Pero, en realidad, solo estoy
decepcionada y un poco enojada. No sé lo que esto significará para House
to Haven. CFN me ha estado respaldando por mucho tiempo. Guiándome
a través de la construcción de House a lo que es actualmente.
—¿Te preocupa cómo va a afectar eso a los niños? —Chelsea se quita
la chaqueta y la cuelga sobre el respaldo de su silla mientras nos
empapamos del calor a comienzos del verano—. Es un imbécil, y ni siquiera
estás molesta por ti misma.
—¿Crees que hay algo mal conmigo por no estarlo? —Estudio a una
pareja tomando fotos al otro lado de la carretera y busco mis lentes de sol.
No parecen el tipo de personas que arruinan la vida de las personas por
algunos dólares, pero no es un riesgo que esté dispuesta a correr.
—No. Eres lo suficientemente inteligente como para saber que esa no
es la clase de hombre para ti.
—Cierto. —Hundo mi cabeza y jugueteo con el borde de la mesa—.
Necesito tu ayuda con algo.
—Suéltalo.
—Es… eh… delicado.
Se inclina hacia delante, bajando su fajita para prestarme toda su
atención.
34
—Soy toda oídos.
Araño una marca en la mesa, mi pulso acelerándose y luego arrastro
mis lentes de sol lo suficientemente bajo como para mirarla fijamente a los
ojos.
—¿Cómo seduces a un hombre?
Se echa a reír, y tengo que esperar hasta que pueda controlar sus
carcajadas.
—Oh, cariño. No seas imprudente. No quieres salir por ahí y encontrar
algo al azar. Esa no eres tú.
—No es alguien al azar. —Mis mejillas arden—. Razer.
—¿Razer? ¿Qué? —Se ahoga con un trago de refresco y tiene que
taparse la boca con una mano para no escupirlo—. ¿También está en la
ciudad?
—Se queda con Tom.
—Te estás enamorando de él otra vez. —Se echa a reír—. Puedo verlo
en toda tu cara.
—No es cierto. Los enamoramientos son para niñas de dieciséis años.
—Recojo mi fajita y le doy otro mordisco de modo que no haga que la
sonrisa en su rostro se extienda aún más grande al decirle lo mucho que
estoy jadeando por él.
—Pero, de repente, ¿decides que quieres acostarte con él? —Apoya
los codos sobre la mesa, apoyando la cabeza sobre sus manos,
completamente divertida por mi situación.
—No lo sé. Es estúpido, ¿no? Pero, él tiene este efecto en mí.
—Sabes que te amo como una hermana, ¿verdad?
—Sí. —Resoplo—. Así como todos los demás.
Agita una mano para desestimarme.
—¿Cómo planeas lograr que acepte quitarte tu virginidad? ¿Cómo
crees que reaccionarán tus hermanos?
Gimo y me desplomo en mi silla.
—No lo sé. Solo pensé que podría desnudarme delante de él. En
cuanto a mis hermanos, no es asunto suyo.
—Creo que no estarán de acuerdo. Tienes suerte de que el único en
la ciudad sea Tom. En cuanto a desnudarse, eso probablemente
funcionaría. —Inclina la cabeza de lado a lado—. En la mayoría de los
chicos.
35
—Pero no en él —murmuro—. Aún piensa en mí como esa niña que lo
seguía junto a mis hermanos a todas partes, y generalmente solo se
interponía en el camino.
Sus labios se contraen, una sonrisa formándose lentamente hasta que
se extiende por todo su rostro, iluminando sus ojos.
—¿Estás segura que quieres hacer esto?
Asiento. Quiero perder mi virginidad y quemar esta estúpida atracción
hacia Razer directamente fuera de mi sistema. Ya no tengo dieciséis años, y
no tengo tiempo para entretener sueños y esperanzas de una eternidad que
no es posible. Además, estoy muy ocupada. Necesito poder concentrarme
en solucionar mi problema con Henley y dirigir House to Haven, no en lo firme
que se ve el trasero de Razer, o si las crestas de sus abdominales podrían
usarse para rallar queso. O si sus besos serían tan buenos como creo que son,
sus manos ásperas tan gentiles cuando me toca como imagino…
Esta es exactamente la razón por la cual necesito hacer esto. Así que,
no me dejaré arrastrar por los sueños y las fantasías.
—Definitivamente.
Agarra mi mano y me arrastra por el pavimento hasta que llegamos a
una tienda donde las ventanas lucen llenas de maniquíes vestidos con trozos
de encaje, satén y seda.
Me empuja a través de la puerta incluso aunque protesto. Planto mis
pies de par en par para detener su impulso hacia delante.
—No necesito entrar aquí.
Sin prestarme atención, me da otro empujón, haciéndome tropezar y
tambalearme contra un estante de ropa interior rosa con volantes.
—Por supuesto que sí.
—¡Gah! —Me libero de los sujetadores y las tangas a juego a medida
que se ríe detrás de mí—. No necesito ropa interior nueva.
Se desliza a mi lado y toma un par de sujetadores, sosteniéndolos
frente a mí y sacudiendo sus cejas.
—Si en serio quieres hacer esto, tendrás que darle una razón para que
deje de pensar en ti como una niña, ¿verdad?
—Tengo veintidós años. Una adulta. Eso debería ser obvio.
Frunce los labios y sacude la cabeza.
—Los hombres pueden ser bastante densos cuando quieren serlo,
pero son criaturas visuales. Déjalo que vea un poco de encaje sexy, y 36
pasarás de ser la hermanita de su mejor amigo a material para pajas.
Jadeo, mis mejillas ardiendo instantáneamente, pero una emoción
secreta me recorre ante la idea de que podría fantasear conmigo de la
misma manera que lo hago con él.
—¿Tú crees?
—Maldición, sí. ¿Cómo estás con el coqueteo? No puedo asumir que
hayas practicado mucho. —Deja un sujetador en mis manos y luego
deambula por la tienda revisando la lencería.
Salí brevemente en mi último año de secundaria. Principalmente
como un intento para olvidar a Razer Bennington de una vez por todas. No
ayudó. Incluso cuando dejé de llorar por él, cuando dejé de desear que la
última vez que lo vi terminara de otra manera, estuve plagada de sueños
sexuales que me impedían olvidarlo. Durante la universidad, ni siquiera lo
intenté. De todos modos, había estado demasiado ocupada, entre estudiar
y poner en marcha House to Haven. No hubo tiempo para los chicos.
Henley fue mi primer novio de verdad. Arrugo mi frente. ¿Coqueteé
con Henley alguna vez, o simplemente me dejé llevar porque era hora de
comenzar a pensar en el futuro que quería? Tenía una lista de logros en mi
mesita de noche en casa. Esposo, hogar, cuatro hijos y un perro. Amor como
mis padres, una familia como la que tuve suerte de formar parte. Hasta
ahora llevo un promedio de cero.
—Claro que sé coquetear.
—Ujum. —Sostiene una camisola de encaje rojo frente a mí—. Quiero
ver tus movimientos.
Miro alrededor. No hay nadie más que nosotras y la dependiente.
—No hay nadie con quien coquetear.
—Prueba conmigo.
Trago con fuerza.
—No creo que eso funcione. Es demasiado incómodo.
—¿Y tratar de seducir al mejor amigo de tu hermano no lo es?
—Tienes un punto. —Me inclino ligeramente hacia delante, agitando
mis pestañas, y rozo mi brazo contra el de ella inocentemente—. Hoy hueles
muy bien. ¿Qué es?
Estalla en carcajadas hasta que las lágrimas caen por sus mejillas.
—Oh, cariño, eres tan jodidamente linda. No va a tener ninguna
oportunidad.
—¿Tú crees? —Mi pulso se acelera un poco. 37
—Ahora vamos a conseguirte algo de ropa interior. Podemos
preocuparnos por el coqueteo más tarde. Tal vez, si tenemos suerte, ni
siquiera tendremos que preocuparnos por eso.
Mi esperanza se desploma.
—Solo estará en la ciudad por un par de días.
Deja caer un puñado de seda y encaje sobre el mostrador y la
vendedora comienza a contar.
—Bueno, en el peor de los casos, siempre puedes seguir con tu idea
original y simplemente desnudarte.
Sonrío.
—Es un riesgo que estoy dispuesta a tomar.
Con mi bolso lleno de lencería, salimos de la tienda y volvemos a
Lance Starr, donde trabaja Chelsea. Ha dejado caer la sonrisa, y se dedica
a inspeccionarse las uñas.
—¿Has pensado en lo que sucederá si logras que tenga relaciones
sexuales contigo?
—¿Qué quieres decir?
Se detiene abruptamente, y me empuja para mirarla de frente.
—Quiero decir que, eres una chica buena, Claire. Siempre lo has sido.
Esto… —Señala la bolsa de papel rosa—. El sexo puede ser vinculante. Para
alguien como tú. No eres el tipo de chica que… ¿y si quieres que sea más, y
él no? No quiero que salgas lastimada.
—Creo que parte de eso ya pasó. No voy a entrar en esto a ciegas.
No quiero un feliz para siempre con él. Simplemente estoy harta de ser vista
como alguien que no soy. Por él, por Henley, y probablemente pronto por
los medios. De todos modos, si él no hubiera aparecido aquí, lo haría
probablemente. Pero será más fácil con él.
—¿Porque aún te pone caliente?
—Exacto.
—Bien —dice Chelsea—. Solo ten cuidado.
—Lo tendré. —La dejo en los escalones de la oficina y me dirijo a mi
auto.
—Llámame cuando ya no seas virgen. —Se ríe—. Ese chico siempre
tuvo algunos movimientos serios. Quiero saber si está a la altura de tus
expectativas.

38

Pasa junto a Tom y yo con una bolsa de papel rosa estampada con el
nombre de una tienda de lencería. Me pregunto qué lleva allí. Mi polla se
contrae por la idea de ella usando algo tan transparente que pueda ver
toda su piel suave a través de ello, sus pezones erizándose en pequeños
picos apretados bajo mi mirada. La sigo hasta que está fuera de mi vista,
queriendo seguirla y preguntarle qué tiene en la bolsa, y si lo modelará para
mí. Cuando la puerta se cierra de golpe, mi fantasía también se cierra. Es
mejor así. Aún sigue siendo la hermanita de mi mejor amigo, aún es
demasiado joven para mí, aún no es una chica en la que debería pensar
como lo hago.
Tom se aclara la garganta y, por un segundo, me pregunto si tiene
alguna idea de lo pervertida que es mi mente. Usaría sus años de
entrenamiento en el ring para darme una soberana paliza si tuviera alguna
idea, y lo dejaría hacerlo. Estoy jodidamente seguro de que me lo merezco.
—Esta tarde tengo que ir a trabajar. Después en la noche, tengo una
sesión individual con un cliente. No sé a qué hora volveré.
—¿Lucy?
—No. ¿Por qué?
—Pensé en ver si prefería mi compañía a la tuya. —No tengo
absolutamente ningún interés en Lucy, pero irritar a Tom siempre ha sido
divertido. Y pasar tiempo a solas con Claire es algo que definitivamente
quiero evitar.
—Lo que sea, imbécil. —Agarra sus llaves y cruza hacia la puerta—. La
llave de repuesto está en la caja de fusibles.
Una vez que se ha ido, me dirijo por el pasillo, deteniéndome frente a
su puerta antes de tocar.
—¿Lista para salir? —Abre la puerta, robando todo el oxígeno de mis
pulmones. Esta mañana, la curva de su culo en mezclilla ceñida me puso
nervioso. Pero ahora, estoy tan duro como una roca. Sus largas piernas
bronceadas aparecen a plena vista bajo un vestido veraniego que apenas
llega a la mitad de su muslo. El azul claro de hecho resalta lo violetas que
son sus ojos, y se aferra a cada una de sus curvas. Tiene botones en la parte
delantera, una fila de ellos que ansío por arrancar con mis dedos. Excepto
39
el de arriba. Ya deshecho, el material plegándose hacia delante en una
pequeña flecha rogándome que eche un vistazo a lo que hay debajo. El
encaje de color rosa tentándome a acercarme, a deshacer otro botón para
así poder ver de verdad cómo el encaje escaso abraza sus dulces curvas—
. No me jodas.
—¿Qué? —Su frente se arruga un poco justo por encima de su nariz.
Retrocedo, rígido. Lástima que no puedo hacer nada con la tienda
en mis pantalones.
—¿Estás lista para echar un vistazo a la casa?
—Iré a buscar mis zapatos.
—Tómate tu tiempo —digo retrocediendo por el pasillo, maldiciendo
por lo bajo. Necesito unos minutos para controlarme antes de tener que
pasar más tiempo a solas con ella.
5

R
azer no dice nada de camino al vecindario. Mantiene su mirada
en la carretera, y estoy bastante segura de que puedo
escucharlo rechinando los dientes. Cada vez que intento hacer
que hable, responde en monosílabos y vuelve a mirar fulminante por el
parabrisas.
—¿Qué te pasa? —Cruzo los brazos sobre mi pecho.
Me lanza una mirada enojada, y gruñe. De hecho gruñe, como una 40
especie de Neandertal o un pitbull.
—Tal vez no quería terminar atrapado cuidando tu trasero.
—Tampoco es una maravilla para mí, pero aceptaste mi oferta de ver
la casa. ¿Cuándo te convertiste en un viejo tan gruñón?
—Solo tengo veintinueve.
—Entonces, prácticamente un cadáver. —Sonrío—. ¿A estas alturas
no deberías estar casado con un ejército de niños o algo así?
Se queda muy callado. En realidad, no estoy segura de poder
escucharlo respirar en este momento. El único sonido es el zumbido que
hacen los neumáticos en el asfalto desigual.
—No creo que eso sea para mí alguna vez.
—¿En serio? —Me giro para mirarlo—. ¿No quieres eso? Quiero decir,
con el tiempo, después de haber viajado o cualquier otra cosa que hagas
en estos días.
Se encoge de hombros.
—Solo querer eso. Las cosas cambian. Pero, solo eres una niña. No
dejes que el cinismo de este viejo afecte tu opinión. ¿Qué hay de ti? Anoche
escuché un poco de tu conversación.
—¿Nos espiabas?
—Te vuelves bastante escandalosa cuando expresas tu opinión,
pequeña. Al menos ya no chillas como una banshee1.
—¿Cuándo hice eso?
Sonríe y cambia de marcha.
—Entre las edades de tres y trece años, si no recuerdo mal.
—Eso fue hace mucho tiempo.
—Entonces, ¿qué pasó entre tú y…? —pregunta echándome un
vistazo, todo serio.
—¿El imbécil?
—Sí, podemos llamarlo así.
—No es que sea asunto tuyo, pero se acostaba con alguien más.
—Bromeas, ¿verdad? —Sus dedos se tensan alrededor del volante—.
El maldito bastardo afortunado te tenía. No debería haber necesitado ir a
otro lado.
41
—Sí, bueno. —Tal vez si hubiera estado acostándome con él habría
sido diferente—. De todos modos, no habríamos funcionado.
—¿Quieres que lo mate? Podría hacer eso, ya sabes. Si me dices
dónde vive, acabo con él.
Me rio de la imagen que crean sus palabras.
—¿Harías eso por mí?
—Sí, por supuesto. No hay problema.
—¿Porque has hecho ese tipo de cosas antes? —Lo miro a través de
mis pestañas.
—Me voy a negar a responder eso. Sabes que no puedo decirte ni
mierda.
—Lo sé. —Siempre me pregunté si no se mantuvo en contacto porque
las misiones que realizó se lo hicieron imposible. O si solo fue por esa noche—
. Y no, no quiero que mates a Henley. Tom ya se ofreció a darle una paliza.

1Las banshees forman parte del folclore irlandés desde el siglo VIII. Son espíritus femeninos
que, según la leyenda, se aparecen a una persona para anunciar con sus llantos o gritos la
muerte de un pariente cercano.
—Tener hermanos mayores es útil de esa forma.
—Excepto que tú no eres mi hermano mayor. —No sé por qué tenía
que aferrarse a eso. Decir las palabras como para recordarse su lugar en mi
vida. Sobre todo, cuando no es así como lo veo en absoluto.
—Tu manada es mi manada. Tal vez no estamos relacionados en el
verdadero sentido de la palabra, pero crecí contigo como mi mocosa
hermanita. Me gusta creer que seguimos siendo familia después de todo
este tiempo.
No me molesto en discrepar con él. Es cierto cuando dice que éramos
familia. Pasamos catorce años comiendo la misma comida, durmiendo en
la misma casa, usando el mismo baño. Hizo pasteles de barro conmigo y me
ayudó a aprender a leer. En algunos aspectos, fue más un hermano para mí
en aquel entonces que Rush, Mace y Tom juntos. Por eso duele tanto que se
haya mantenido en contacto con los demás, pero no conmigo. Como si esa
sola noche destruyera todo.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Por supuesto.
—¿Por qué nunca me escribiste?
Se sale de la carretera y avanzamos rebotando por el camino de
entrada hacia la vieja casa. Incluso desde aquí es fácil decir que está en
mal estado. Todo el porche delantero se hunde en el medio, y una esquina
42
del techo también ha sido superada por la gravedad. Varias ventanas rotas
han sido cubiertas con madera contrachapada, pero nadie se molestó con
las tres del frente. Los vidrios rotos aún sobresalen de los marcos, y ensucian
el suelo.
—Mierda. —Al detenerse en la gravilla cubierta de hierba frente a la
casa, apaga el motor de mi escarabajo, y cruza el patio antes de que yo
salga del auto.
Para cuando me uno a él, se halla parado con la puerta principal
abierta, y las manos en su cabeza. Una buena parte del piso del vestíbulo se
está pudriendo, y una sección del mismo falta por completo. Aprieta la
mandíbula, un nervio saltando bajo la piel.
—Voy a echar un vistazo por detrás.
Avanza en esa dirección, y lo sigo. He trabajado antes en algunas
casas abandonadas, pero esta no parece particularmente prometedora.
Hay un punto en el que debes evaluar si el costo superará las ganancias de
ventas. Cuando llego a la puerta de atrás, ya está paseándose de ida y
vuelta por el césped, maldiciendo por lo bajo. La puerta en sí cuelga de las
bisagras, y puedo echar un vistazo a la cocina. Mi corazón se hunde. Ha
habido algún tipo de incendio, probablemente eléctrico por la forma en
que ha lamido las paredes, y parches de yeso se han desprendido del techo.
No me molesto en entrar a medida que saco una cuenta en mi cabeza. Y
solo hemos visto una fracción de la casa.
Echo a correr en la dirección que vi a Razer por última vez, casi
chocando con él cuando lo encuentro en el viejo granero.
—Lo siento mucho. Es más de lo que esperabas, ¿no?
—Siempre fue un pedazo de mierda inservible. —Patea una piedra
sobre el piso del granero, luego sus hombros se desploman—. Pero era el
único pariente que tenía.
—Por eso nos tenías —digo, chocando mi hombro contra el suyo
suavemente.
—Sí. Tuve mucha suerte. —Me mira un momento, y el dolor en su rostro
me sorprende. Cuando tuve la edad suficiente para comprender lo que
sucedió con los padres de Razer, nunca hablaba de ellos. Era como si nunca
hubieran existido. Mis padres lo amaron tanto como a cualquiera de
nosotros. Para ellos, nunca fue solo el amigo de los chicos, u otra boca para
alimentar. Tomo su mano y él aprieta la mía, acercándome—. Lo siento.
—¿Qué?
Levanta mi mano hacia su pecho e inclina su rostro hacia el mío.
—Lo siento, nunca te escribí. 43
—¿Por qué no? —La forma en que me mira es una vez más como la
noche que se fue. Trago con fuerza contra la sensación que se arrastra sobre
mí. Lucho conmigo misma para no acercarme más, para no estirarme de
puntillas y presionar mis labios contra los suyos.
En su lugar, él cierra la distancia. Y un déjà vu impacta fuerte contra
mí. Es solo un suave roce de sus labios contra los míos. Me derrito en él,
abriéndome para permitir el deslizamiento de su lengua contra la mía. Solo
que él me empuja. Y solo así, hemos viajado de vuelta en el tiempo.
—Maldición, pequeña. ¿Qué me estás haciendo? —Mantiene su
agarre sobre mi mano por una fracción más—. No debí haber hecho eso.
No debí… —Sacude la cabeza, gira sobre sus talones y sale del granero.
Solo me quedo allí, presionando mis dedos contra mis labios,
congelada, el aguijón del placer casi tan agudo como su rechazo. ¿Cómo
se supone que haré para que me vea como algo más que la niña a la que
evitó durante los últimos siete años? ¿Cómo se supone que voy a seducirlo?
E incluso si logro meterlo en mi cama y sellar mi estúpida tarjeta V,
erradicando el estúpido código moral de Henley de mi vida, entonces,
¿qué? Se supone que esto no es nada. Una segunda oportunidad para tener
mi primer amor como siempre fantaseé. Nada más. Excepto que, ¿y si no lo
es? Dormir con él podría empeorar estos sentimientos.

La casa no es más que un montón de mierda podrida. No hay mucho


que pueda hacer al respecto, excepto hacer que alguien la derribe. Tal vez
subdividir la tierra y luego venderla con una prima.
Pero, puedo hacer algo para mantener mis jodidas manos lejos de
Claire. Una maldita promesa. Siete años. Dos besos. Hasta ahora apenas he
logrado mantener mi juramento. Perdí el control. Dejé que las cosas me
enloquecieran. Pero no puedo dejar que vuelva a suceder. Tengo que salir
de Reverence lo más rápido posible, porque cada maldita cosa que hace,
hace que mi cuerpo reaccione como un niño de diecisiete años. Por Dios,
tengo casi treinta años. Demasiado viejo para dejarla meterse bajo mi piel
solo porque se encuentra parada demasiado cerca, o dice algo que tomo
44
de la manera equivocada. Dudo que incluso se dé cuenta que el perfume
que pone sobre su piel me tiene duro al instante cada vez que se acerca
demasiado. O que no puedo evitar mirar el ligero indicio de escote que me
permite ver su vestido. Ni siquiera hemos pasado veinticuatro horas en la
misma ciudad, y ya estoy empujando los límites de lo que queda de nuestra
amistad.
Llego al auto y golpeo mi palma contra el techo. Lo peor de todo es
que la lastimé. Durante los primeros dos años que estuve lejos nos escribimos
a menudo, acercándonos aún más de lo que estábamos antes de irme.
Cada vez que recibía una de sus cartas era como la mañana de Navidad,
pero no fue hasta que regresé a Reverence para sus dulces dieciséis, hasta
que besé a la chica que prometí amar como mi familia, a proteger con mi
vida, a tratarla como la hermanita que nunca tuve la suerte de tener, que
me di cuenta que me robó el corazón y lo enviaba a casa en cada palabra
en cada página de cada carta que envió.
Por eso no pude escribirle después. Ella no era para mí. Era demasiado
dulce, joven e inocente. Si no hubiera sido más joven, podría no haber
importado tanto. Tal vez habría sido lo suficientemente ignorante como para
creer que sus hermanos no me patearían el culo por fantasear con ella de
la manera que lo hacía. Pero esos seis años entre nosotros, el hecho de que
era un hombre cuando ella aún era una niña, hacía que mi atracción hacia
ella fuera pervertida. No tuve la intención de besarla en ese entonces, no
pude evitarlo cuando pasó su lengua por sus labios, haciéndolos brillar como
un faro de referencia, pero hacer lo que hice fue un movimiento digno de
un bastardo. Y ella merecía algo mucho mejor que eso. Al menos se merecía
una disculpa, o algún tipo de explicación de la razón por la cual la corté por
completo de mi vida. Pero, ¿cómo le dices a una chica con la que nunca
podrás estar que la amas más que a nada en el mundo? ¿Que tienes que
mantenerte alejado por su propio bien? ¿Que lo que sientes por ella
destruirá todo lo que ha hecho que tu vida valiera la pena? No podía. No
puedo.
Saltando al auto, saco mi celular y miro a través del directorio mientras
espero que ella se una. Soy un imbécil por haberme alejado de ella, pero si
me hubiera quedado la habría besado como quería. Se desliza en el auto
en silencio, mientras hago los arreglos para conseguir una cotización sobre
la demolición, y luego volvemos a Reverence. El viaje en automóvil de
regreso es más callado que el de venida. Ni siquiera intenta hacerme hablar,
y me encuentro intentando encontrar algo que decir para solucionar la
inquietud entre nosotros.
—Lo siento —digo a medida que entro en el camino de entrada de
Tom—. No debí haber hecho eso. No volverá a suceder.
—¿Por qué no? —murmura sin volverse de mirar por la ventana—. ¿Vas 45
a desaparecer por otros siete años?
Algo así.
—Intentaré no hacerlo, pero no haré promesas que no puedo cumplir.
Ambos salimos del auto.
—¿Y si quería que me besaras?
—No lo quieres. Te sientes confundida por lo de Henley, y fui un imbécil
y me aproveché de eso.
—Primero, no asumas que sabes lo que quiero. —Cierra la puerta
bruscamente y se precipita enfurecida hacia los escalones—. Y en segundo
lugar, si así es como te aprovechas, entonces te faltan habilidades. Conozco
a monjas que no se besan tan castamente como tú.
—¿Monjas? —Estoy severamente tentado a alzarla y mostrarle que
esas monjas no se comparan conmigo—. No tienes idea de lo que hablas.
Cuando beso a una mujer se les enroscan los dedos y se les caen las bragas.
—Me resulta difícil de creer. —Planta sus manos en sus caderas y me
mira fulminante—. Dices puras mierdas, Razer Bennington. Si fueras el último
hombre en la tierra no querría perder el tiempo besándote.
—¿Ah, sí? —Avanzo hasta ella acechando—. No tienes idea de lo que
te pierdes.
—De hecho, sí. Besas como un trapo húmedo.
—Seguro. —Agarro un puñado de su cabello, sosteniéndola en su
lugar, mi boca flotando a escasos centímetros de la de ella.
—¿Disculpen?
Nos separamos de golpe para mirar a la joven morena de pie al pie
de las escaleras. Sonríe y se dirige hacia nosotros.
—Por casualidad, ¿Tom está en casa?
—No. Lo siento —respondo—. Tiene una clase tardía esta noche.
¿Podemos decirle que pasaste?
—Eso es curioso. Por lo general no suele impartir clases los fines de
semana. —Mira hacia la puerta principal como si tal vez creyera que está
dentro y la estamos echando—. Dile que Kate pasó por aquí.
—Lo haré.
Mientras se aleja, me giro para enfrentar a Claire y terminar lo que
comenzamos, pero se dirige a la casa. Ha causado estragos en mi
autocontrol dos veces en un día. Tengo que alejarme de una jodida vez de
Reverence.
46
6

R
azer entra a trompicones en la cocina, pasándose una mano
por su cabello revuelto, mientras yo estoy sirviendo mi segundo
café del día. Aún es temprano, pero he estado despierta por un
par de horas, revisando los contratos de House to Haven y buscando en
Internet cualquier cosa que tenga que ver con Henley o el CFN. Sé que es
solo cuestión de tiempo antes de que encuentre mi cara en una de las
revistas de chismes, pero hasta ahora, todo permanece en silencio.
—¿Quieres café? —Dejo caer tres terrones de azúcar en mi taza y
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revuelvo, la cuchara tintineando contra los lados de la taza de cerámica
mientras él desliza su mirada sobre mí.
—No, gracias —dice, merodeando por la habitación con largas
zancadas poderosas. Se me pone la piel de gallina y mi pulso martillea
ferozmente en la base de mi garganta cuando endereza los discos contra
mi clavícula.
—¿Esta mañana escuché a otra mujer?
—Sí, una pelirroja hermosa. —Hay una densa sombra de barba a lo
largo de la línea de su mandíbula que no tenía ayer allí, y mis dedos ansían
deslizarse sobre ella, pero me rodea para tomar un cartón de jugo del
refrigerador.
—Pensé que tal vez…
Se estira junto a mí, apoyándose contra la encimera, su camisa
aferrándose a cada maldito músculo a medida que levanta el cartón a su
boca.
—¿Se hallaba conmigo? —Tengo que admitir que estoy más que un
poco celosa de la forma en que el cartón toca sus labios y yo no. El estúpido
objeto inanimado ni siquiera sabe lo afortunado que es—. No, no estaba
conmigo —dice.
—Bueno, llegaste un poco tarde. —Oculto mi admisión detrás del
borde de mi taza. No necesita saber que anoche no pude dormir. Que
después de nuestra discusión no pude apartar mi mente de lo que podría
haber sucedido si esa mujer no nos hubiera interrumpido. Que encontrarme
con la pelirroja esta mañana me dio náuseas y envidia porque pensé que
tal vez estaba con él—. Nuestro Tommy parece ser toda una puta.
Su brazo roza el mío mientras se rasca la nuca, riéndose.
—No creo que lo llamen así cuando eres un chico.
—Oh, cierto. —Pongo los ojos en blanco, apretando mi mandíbula—.
¿Es qué? ¿Una leyenda? ¿Solo porque nació con un jodido pene?
—Modera tu lenguaje, pequeña. Las chicas buenas no hablan así.
—Bueno, tal vez no soy una chica buena. —Me rio. Durante mucho
tiempo he cuidado lo que digo, representando la cara pública diseñada
para mí. Se siente bien hablar pestes con los chicos, y querer cosas que he
enterrado porque eso es lo que se esperaba de mí. Es liberador. Me giro
hacia un lado, echando un vistazo al hombre que siempre tuvo una o dos
chicas jadeando detrás de él cuando era más joven. No tuve oportunidad
en ese entonces, pero era la chica buena que él esperaba que sea ahora—
. ¿Qué hay de ti? 48
—¿Mujeres? —Coloca el cartón sobre la encimera y se apoya sobre
un codo a medida que su mirada se desvía del rastro de encaje a través de
mi escote a mis ojos antes de deslizarse hacia el sur nuevamente—. Ha
habido algunas.
No sé por qué me molesta eso. Esperaba que su respuesta fuera
menos sutil. Como un número, probablemente en el rango de tres dígitos.
No soy ingenua cuando se trata de la diferencia en nuestra edad y estilo de
vida.
—¿En serio? No puedo verlo.
—¿Qué quieres decir con que no puedes verlo? —Sus labios se
aprietan en una línea delgada—. No te mentiría.
Me alejo de la encimera. A pesar de toda esta lencería elegante, y la
forma en que hace todo lo jodidamente posible para evitar mirar mis senos,
su mirada clavándose con mayor frecuencia en la inmersión en la base de
mi garganta, el plan del banco de pajas que tuvo Chelsea parece ser
mucho menos efectivo que socavar su compostura con algunas burlas bien
dirigidas.
—No creo que sepas qué hacer con una mujer aún si se arrojara a tu
regazo.
—No tienes idea de lo que hablas. —Su mirada se estrecha, volviendo
a mi escote una vez más, y luego de vuelta a mis labios.
—¿Ah, no? —Deslizo mis dedos sobre su pecho—. Apuesto a que eres
demasiado cobarde para besar a una chica al azar, y mucho menos
tentarla hasta tu cama.
Aprieta la mandíbula, entrecerrando los ojos.
—No tienes ni una jodida idea de lo que hablas.
—Por supuesto que sí. —Prácticamente estoy ronroneando,
disfrutando de que me permite seguir tocándolo de una manera demasiado
amigable. Deslizo mi mano sobre sus pectorales a medida que tomo su
mano y la guío alrededor de mi cintura—. A menos que quieras demostrar
que estoy equivocada.
Su agarre se tensa.
—¿Qué crees que haces?
—Te lo estoy poniendo fácil. Prueba. Que. Me. Equivoco. —Puntuando
cada palabra mientras me presiono contra él, y mordisqueo su mandíbula.
Su rastrojo me hace cosquillas en los labios y envía sensaciones
hormigueantes a mi núcleo—. A menos que tenga razón. 49
—No sabes lo que pides. —Maldice por lo bajo, sus dedos clavándose
en mi espalda. La sensación que crea no es diferente a la de una corriente
eléctrica. Mi piel se eriza, casi pica, con lo consciente que soy de él. Lo más
cerca que he estado de sentirme así es el momento en que Tom me
convenció de agarrar la cerca eléctrica entre nuestra propiedad y el corral
de las vacas. Apreté los dientes, las lágrimas escocieron en las comisuras de
mis ojos y nunca más quise volver a experimentar algo así. Pero esto… el
único aguijón está en la distancia entre nosotros, su mandíbula endurecida,
el acero en su espalda que lo mantiene bajo control. Ríndete a mí, Razer.
—Estoy bastante segura de que sí. —Lo miro a través de mis pestañas.
Mis labios contrayéndose tan ligeramente a medida que presiono con
calma la palma de mi mano contra la pared dura de su pecho y la deslizo
hacia su hombro—. Pero, no tienes las agallas.
No estoy calmada. Ni siquiera estoy remotamente en control del
enjambre de mariposas agitando sus alas en una acrobática exhibición
sincronizada dentro de mi vientre. Su mirada se dilata sobre mí, sus fosas
nasales flamean y estoy bastante segura que puede sentirme temblar a
pesar de lo duro que estoy luchando para no delatarme.
—Esta no es una buena idea. —No sé si sus palabras son para mi
beneficio o el suyo. Apenas las escucho cuando lleva su mano callosa a mi
mandíbula, inclinándola hacia arriba mientras baja su rostro hacia el mío,
aún manteniendo demasiada distancia para mi gusto—. Te sientes
confundida, dolida por ese imbécil.
—No es cierto. Sé lo que quiero —susurro. El calor inunda mis mejillas, y
baja por mi cuello—. Y no es a él.
Es verdad. Henley no significa nada para mí. No sé cómo pensé
alguna vez que él y yo hacíamos una buena pareja. No sé por qué dije que
sí cuando me pidió que me casara con él. Probablemente porque quería
creer en los valores que defendía. Valores que no tienen tanto peso ahora.
No cuando estoy mirando al hombre que me hace querer arrojarlos a la
basura.
—De acuerdo —dice. Su boca se acerca tanto a la mía que puedo
sentir su aliento cálido sobre mi piel. Mis labios arden para cerrar la brecha,
y tengo que morder mi labio inferior para humedecerlo. Él baja la mirada
para verlo.
Estoy tan cerca de conseguir lo que quiero, o al menos comenzar lo
que quiero entre nosotros. Si no actúo ahora, se alejará y tal vez nunca
pueda descubrir cómo sería besar a Razer Bennington. No puedo dejarlo ir
sin saber la verdad. Todos mis sueños y fantasías de él y yo ya no son
suficientes. Me levanto de puntillas, destruyendo ese pequeño espacio que
50
logra mantener entre nosotros, y entonces… Oh, soy tan jodidamente
ingenua.
Pensé que después de sus dos primeros besos sabía qué esperar.
Había visto suficientes besos, tenía suficiente práctica para enfrentar a un
hombre como Razer. Pero, nada me prepararía para la forma en que este
hombre empuña el arma de sus labios.
—Claire. —Su voz es un gemido contra mis labios, trazándolos con los
suyos, tan suave que prácticamente se derriten entre sí. Luego sus brazos me
sostienen contra su pecho, mientras inclina mi cabeza y aplica la más dulce
presión, separando mis labios debajo de los suyos y tocando la punta de su
lengua con la mía. Es casi venerable la forma en que explora cada
centímetro de mi boca.
Algo dentro de mí se tensa. Algo que no creo haber sabido nunca que
era parte de mi fisiología. Comienza bajo en mi vientre y se enrosca a través
de mí como ráfagas de humo, dejándome obnubilada con su rectitud. Me
inclino hacia él con un gemido, mi pie curvándose detrás de mí. Siempre me
reí de eso en las películas. La forma en que retratan un gran beso cuando la
chica curva su pie.
Pero ahora, lo entiendo. Entiendo lo intenso que puede ser. Cuando
vuelve a hundir su lengua contra la mía, encuentro la suya con la mía. Ahora
estamos bailando, flotando al borde de algo increíble y me encuentro
volviéndome más audaz a medida que me deja tomar la iniciativa. Mis
fantasías son una pobre imitación del hombre, en comparación a lo real, y
nunca más podré volver.
Su agarre sobre mí se tensa, aplastándome más cerca. Es calor puro y
músculo duro, especialmente la parte de él que empuja contra mi vientre.
Es grande, creo, mientras me presiono contra él. No es que tenga mucho
con qué comparar, pero la forma en que su erección sobresale de su
cremallera me deja con muchas expectativas.
Deslizo mi mano por la curva de sus bíceps, y sobre el plano de sus
abdominales. Puedo sentir las caídas y las crestas de sus abdominales
ondulando bajo mi palma. Pero, soy más valiente que eso, ¿no? Este plan
mío implica mucho más que dejar que me bese hasta dejarme como un
charco de deseo derretido a sus pies, y de verdad quiero saber lo que tiene
empacado exactamente por debajo.
Bajando aún más, paso la pretina de sus jeans. Gime y captura mi
muñeca entre dos dedos antes de romper nuestro beso.
—Tienes que parar, pequeña.
El uso del apodo de mi infancia, compartido entre mis hermanos y él 51
por igual, es como arrojarme un cubo de agua helada. Respiro hondo y me
tambaleo cuando me doy cuenta que todavía estoy temblando por su
beso. Pero, eso es mucho más de lo que él planeó ofrecerme alguna vez.
Razer me está volviendo a poner en la caja en la que me mantiene. La
hermanita de su mejor amigo y, por un momento, considero estampar mi pie
en el suelo y gritarle como solía hacerlo cuando éramos niños. Pero ya no
soy una niña y no me comportaré como tal.
—Por favor, no me llames así.
Se cruza de brazos contra el pecho, y me mira con el ceño fruncido.
—¿Por qué? Te gustaba cuando éramos niños.
—Ya no lo somos. No quiero que pienses en mí así.
—Claire, necesitas entender algo. —Enfatiza mi nombre mientras
sujeta mi barbilla entre sus dedos, y mi corazón tartamudea. No es tan
adverso a mí como quiere serlo. Luego baja la cabeza y desliza sus labios
sobre los míos una vez más antes de trazar una línea de besos calientes y
húmedos a lo largo de la línea de mi mandíbula, llegando hasta mi oído,
donde su aliento me hace cosquillas en la piel—. Crees que sabes lo que
haces, pero no es así. Veo a través de ti, niña. Sigues siendo una chica
buena. No juegues juegos.
Se me corta la respiración, y me paso la lengua por mis labios.
—No estoy jugando contigo, Raze.
—Claro que sí. —Me suelta—. Pero, solo eres la hermanita de mi amigo.
Eso es todo lo que puedes ser.

No debí haberla besado, pero sigue presionando mis botones. No debí


haberla dejado llegar a mí, pero la forma en que su mirada sostuvo la mía,
sus ojos abriéndose de par en par, sus pupilas dilatándose… no puedo
sacarlo de mi mente. Es tan jodidamente provocadora. No sé si intenta serlo
a propósito, o si es que he estado fantaseando con ella durante tanto
tiempo. Pero, una cosa es segura. Cada mirada, cada toque me tiene duro
como una puta roca.
Me marcho después de ese beso. No soporto estar en la casa con ella
52
y no poder hacer ni una maldita cosa con lo excitado que me pone. Me
reúno con el contratista en la vieja casa y paso un par de horas revisando la
tierra antes de una reunión con el abogado que Tom sugirió. Pero todavía
hay mucha tarde por delante donde solo estaremos ella y yo en la casa, y
no puedo permitir que hoy vuelva a meterse bajo mi piel, al menos no hasta
que haya degastado parte de mi frustración de otra manera.
Cuando entro al gimnasio, veo a Tom hablando con un par de chicos
junto al ring central. Sonríe a medida que avanzo furibundo por el lugar.
—¿Vienes a que te pateen el trasero?
—Dame unos guantes. Ya veremos eso —le digo.
No pasa mucho tiempo antes de que los dos nos deslicemos entre las
cuerdas y nos enfrentemos. Tom conecta el primer par de golpes, luego
atino un puñetazo, bailando alrededor del ring, sudoroso y conducido como
si hubiera un demonio en mi cola. Una demonio sexy, tentadora e intocable.
—¿Qué te tiene tan irritado? —Tommy bloquea otro golpe, pero
esquivo una patada de barrido bajo y logro derribarlo.
—Me dieron el presupuesto para la demolición.
—Tan mal, ¿eh?
Me encojo de hombros y lo rodeo mientras vuelve a ponerse de pie.
—Lo tengo cubierto.
—Entonces, ¿cuál es el problema? —Clava su puño en mis entrañas.
—Se suponía que ya debía estar en Lanston.
—Estupendo. ¿Te sientes inquieto? ¿O simplemente no puedes
soportar estar con la familia tanto tiempo?
—Un poco de ambos. —Sonrío, mostrándole el protector bucal que
me hizo poner antes de que empezáramos a golpearnos.
No veo su gancho hasta que conecta con mi mandíbula y mi cabeza
sale volando a un lado.
—Entonces, ¿qué te mantiene aquí?
—Tu hermanita.
Tom ruge, temblando de risa.
—Idiota, también es tu hermanita.
Pero no lo es. No es mi hermana. Es solo una chica a la que he querido
tener en mis manos durante mucho tiempo. No es que ninguno de ellos lo
verá alguna vez. Si la toco, estoy muerto para ellos.
—Nah, es bueno que estés aquí. —Da un golpecito en mi brazo con 53
su guante—. Eres una buena distracción de sus problemas. Ella lo esconde,
pero es frágil.
Sé que tiene razón, entonces, ¿por qué demonios esta mañana no
pude mantener mi boca fuera de ella?
Porque es irresistible cuando me mira como lo hace. Es fugaz, casi una
especie de roce. Como si no pudiera importarle menos que yo exista,
excepto que… hay calor en ellos. Arde a través de mi piel, encendiendo mi
sangre con su calidez. Tal vez ni siquiera se da cuenta que esos ojos pesados
suyos hacen exactamente lo contrario de hacerme querer mantener mi
distancia. Y luego, me tienta. Prácticamente me reta a hacer lo que quiero
con ella. Y es casi imposible mantenerme alejado de ella.
Sin embargo, debería mantenerme alejado. Eso está claro. Incluso si
no fuera mi familia. Incluso si sus hermanos no tendrían mis bolas por tocarla,
hubo una timidez en la forma en que me devolvió el beso, casi como si
nunca antes hubiera besado a un hombre. Pero sé que eso no puede ser
cierto. Iba a casarse. Ese es un paso bastante serio. No, no puede ser tan
inocente como recuerdo.
—Entonces, ¿Lanston? ¿Eso significa que te veremos más seguido? —
Tom dispara un par de ganchos ligeros en mi sección media.
—Todo es posible. —Conecto un gancho en su mandíbula, y reboto
sobre las puntas de mis pies, canturreando—: Pero bueno, deberías haberlo
visto venir.
—Lo que sea. Te regalé un golpe. —Se pone de pie, estirando la
cabeza de lado a lado—. ¿Quieres dejarlo ahora, o estás listo para comerte
la lona?
La ronda no termina hasta que ambos estamos acostados en la lona,
ninguno de los dos dispuesto a admitir la derrota.

***

Claire no se encuentra en casa cuando llego allí. Solo somos Lucky y


yo. Quien me mira con sus grandes ojos marrones rogándome por una
carrera, así que la llevo. Aún necesito quemar el exceso de energía. Tal vez
si estoy exhausto podré mantener mis manos y boca lejos de Claire.
Ciertamente no puedo mantenerla fuera de mi mente. Cuando volvemos,
Lucky sale corriendo directamente para beber un poco de agua de su
cuenco antes de escabullirse bajo la sombra de los árboles en el extremo
más alejado del patio.
Sudoroso de mi entrenamiento con Tom y la carrera, que no ha
aliviado el dolor en mis bolas, me desnudo y salto a la ducha, dejándola
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invadir mi mente. Pero las palabras de Tom me interrumpen mientras
presiono mi frente contra el húmedo vidrio empañado de la ducha. Ahora
mismo, está frágil por culpa de algún cabrón.
Soy una distracción. Eso es todo esto. Y me aproveché de su estado
frágil.
—Eres un bastardo, Bennington —murmuro por lo bajo—. Tienes más
control que este. Es tu familia. No tienes ningún jodido derecho.
Aprieto mis dientes a medida que el agua corre por mi espalda, y
pongo mi cabeza debajo del chorro intentando sacarla de mi mente, pero
no funciona. En todo caso, pienso aún más en ella en la ducha, y en este
momento es lo único en lo que quiero pensar. Mi polla se endurece cuando
rememoro su boca debajo de la mía, y la forma en que se abrió
tímidamente a mis demandas antes de que su lengua se mezclara con la
mía tan suavemente que pensé que podría perder la maldita cordura.
Cómo sus manos atraparon mi camisa, temblorosas a medida que las subía
a mis hombros. Incluso ahora puedo sentirlas allí, sus jodidas huellas tatuadas
en mi piel como una marca.
Alcanzando entre mis piernas, aprieto mi pene y dejo que ella inunde
mi imaginación de la forma en que lo ha hecho tantas veces antes, solo que
esta vez es más intenso porque mi cuerpo la recuerda de una manera que
no ha sido capaz hasta ahora. El jabón con el que formo espuma es de ella.
Huele a ella. A pura miel y vainilla, y quiero eso. Quiero que su aroma me
rodee, llenando mis sentidos mientras recuerdo cómo su cuerpo se ajustó al
mío, sus caderas presionándose contra las mías, mi erección presionada en
la curva de su vientre entre nosotros.
Deslizo mi mano de arriba abajo por mi eje con largos trazos perezosos,
de todos modos, no estoy ansioso por masturbarme de una manera
superficial. Sino disfrutando del tiempo íntimo con ella que solo puedo
encontrar en mi mundo de fantasía. Donde puedo acostarla como la diosa
que es y adorarla. Quiero probar cada parte de ella, la dulzura de su boca
sumándose a la ferocidad de mi hambre. Caería de rodillas si me dejara,
presionando mi boca contra sus partes más dulces. Apoyándome contra las
baldosas frías, mis caderas se mecen en mi mano, más apretadas, más
rápido.
Un ruido de lo más mínimo me alerta que no estoy solo. El chirrido de
una bisagra que necesita un poco de aceite, pero que es suficiente para
ponerme alerta. Me congelo por una fracción de segundo, abro los ojos lo
suficiente como para mirar a través de mis pestañas. La siento antes de verla.
Su mirada clavada en mi mano desde donde se halla parada justo dentro
de la puerta. ¡Mierda!
Sus grandes ojos violetas captan lo que estoy haciendo, y creo que 55
correrá lo jodidamente más rápido y más lejos que puede.
Pero no lo hace.
En cambio, se acerca. No mucho. Un paso en el interior del baño, su
garganta apretándose y relajándose mientras traga y arrastra su lengua
sobre su labio inferior. Si pensé que el recuerdo sensorial de ella era lo más
caliente que alguna vez tendría con ella, jodidamente me equivoqué. Mi
polla palpita, la cabeza alzándose en su dirección, rogando por lo que
realmente quiere. Y no es mi mano, no un maldito sustituto, sino el asunto
real. Aprieto los dientes y gimo a medida que bombeo con fuerza,
deseando que sea ella, su boca, sus apretados músculos internos. Cualquier
parte que quiera darle a un bruto como yo. Pero eso no va a suceder y este
es el momento perfecto para dejarla absolutamente segura que no soy la
persona que quiere.
Fijo mi mirada en la suya. Un gruñido salvaje arranca desde mi
garganta cuando nuestras miradas colisionan haciéndole ver lo que estoy
haciendo por ella. Porque no he podido dejar de pensar en ella así desde
que llegué aquí.
Aun así no sale corriendo del baño. Sus labios se separan, su mano se
mueve hacia su garganta y corre por un sendero a lo largo de donde la
toqué antes, mientras se desliza más cerca. Sus muslos se aprietan entre sí,
tensos. Estoy tan cerca de salir de esta maldita ducha y arrastrarla conmigo.
Quiero separarla con mi boca, mis manos, mi polla, y luego volver a unirla
abrazándola mucho después de haber hecho las cosas viles que mis
fantasías han evocado una y otra vez durante tanto tiempo.
Se detiene justo frente a mí, solo la delgada barrera humeante entre
nosotros, y luego presiona sus dedos contra el vidrio donde estoy apretando
mi polla, sus labios separándose de una manera que hace que mis bolas se
aprieten, atrayendo mi cuerpo al abismo. Mi orgasmo explota a través de
mí, lanzando chorros rápidos y bruscos sobre el cristal.
Su mirada vuela al suelo tan pronto como me he corrido. Tiembla, y mi
pecho se aprieta. Con el pulso palpitando en mis oídos con tanta fuerza que
apenas puedo pensar, me giro para cerrar el grifo y agarrar una toalla. Para
cuando la envuelvo alrededor de mi cintura y me giro para enfrentarla, ya
se ha ido.
—Mierda.

56
7

—O
h, Dios… —No puedo terminar la oración mientras
lucho por una respuesta adecuada a la experiencia
intensa en el baño. Cierro la puerta del dormitorio
bruscamente, mi mano temblando tanto que casi no puedo girar la
cerradura—. Oh, Dios… guau.
Está dotado como un apoyador, o un caballo. Se encuentra
jodidamente cerca de una manguera contra incendios. No que yo sepa.
Solo he visto fotos en internet. Tal vez esa sea la normalidad aterradora para
57
un pene de hombre adulto, pero en comparación con la verga de Henley,
diría que Razer obtuvo mucho más que su parte justa. Pensé que podría
hacer esto de la seducción, pero ahora no estoy tan segura. Solo los
esquemas tienen mi mente confundida. Sacudo la cabeza. Tal vez mis ojos
me jugaron una mala pasada. Eso es todo. Seguramente.
Mi corazón late tan rápido que podría explotar fuera de mi pecho.
Martillea en mis sienes y en la base de mi mandíbula. Trago con fuerza, con
la boca seca a medida que me desplomo contra la puerta y llevo mi mano
a mi garganta. Quería seducirlo. Hacer que me vea como algo más que la
hermanita que nunca fui. Cuando me besó, fue tan intenso que casi me
corro de anticipación, y las exigencias de sus labios contra los míos. Pero eso
no fue nada comparado con la forma en que me atrapó con su mirada
mientras deslizaba su mano por la longitud de su polla.
Cruzo la habitación, sedienta, desesperada por agua para apagar el
fuego ardiendo en mi núcleo. El vaso junto a la cama está vacío. No hay
nada que pueda detener este ardor profundo dentro de mí, excepto él.
Necesito tenerlo tanto que mi cuerpo canta y me pican las palmas. Debería
haberme metido en la ducha con él.
No me habría alejado. Entonces no, no mientras se hallaba ocupado
masturbando esa conexión entre nosotros. Lanzo una mirada a la puerta.
Ahora es muy tarde. Bajó los muros sobre su mirada pesada al momento en
que se corrió. Sus músculos se contrajeron en su espalda y a lo largo de sus
hombros cuando me dio la espalda. Probablemente se sentía disgustado de
que lo hubiera visto, pero fue tan hermoso, tan perfectamente desnudo
para mí.
Me hundo en el colchón, cruzando mis piernas y me abanico. Aún
estoy ardiendo, aún torturada por las eróticas imágenes gráficas. Puedo ser
virgen, pero estoy lejos de estar muerta.
—Claire —grita a través de la puerta, golpeándola con el puño—.
Abre la maldita puerta ahora mismo.
La madera traquetea implacable bajo su asalto, y por un segundo no
espero que la cerradura aguante.
Mi aliento entra y sale en pequeños jadeos cortos. Podría abrirle la
puerta. Es lo que quiero. He fantaseado con eso por tanto tiempo. Él
levantándome, arrasando con mi boca como lo hizo esta mañana, mientras
sus manos exploran las áreas íntimas de mi cuerpo. Un gemido se escapa de
mis labios con el dulce y torturado apretón que se dispara en mi clítoris. Estoy
cruzando la habitación con la mano hacia la puerta antes de darme cuenta
de que me he levantado de la cama.
58
—Déjame entrar, pequeña. —Estampa su palma contra la puerta.
La imagen del lobo de la caperucita roja aparece en mi cabeza.
Razer me comerá viva al momento en que le abra la puerta. Gimo y
recuesto mi frente contra la madera. Su boca envuelta en mi clítoris, su
lengua contra mi hendidura. Es tan vívido que ya puedo sentirlo allí. Estoy
empapada por él, ansiosa por tomar todo lo que tiene para ofrecer. Excepto
que, ¿y si no puedo manejarlo de esa forma? Es demasiado hombre, y una
ráfaga de miedo se clava en mis entrañas. Esto debería ser fácil, pero, ¿y si
no lo es? ¿Y si todo termina en un desastre absoluto? ¿Y si es demasiado
grande para que yo lo tome? Tal vez no estoy lista para esto como pensé
que estaría. Pero, quiero estarlo. Me tiembla todo el cuerpo, la indecisión
pesándome en la lengua cuando sollozo.
—¿Razer?
—Mierda, dulzura, puedo escuchar lo necesitada que estás en tu voz.
—Su tono cae bajo y gutural, deslizándose por mi piel como seda y humo—
. Necesitas correrte, ¿verdad?
Incluso si hubiera sido capaz de ignorar lo excitada que me sentía, sus
palabras ya me enviaron oleadas de sensaciones renovadas. Presionando
mi espalda contra el panel, deslizo mi mano dentro de la cinturilla de mi
falda y por debajo del encaje de mis bragas para presionar un ligero toque
delicado sobre mi clítoris. Un gemido se me escapa de ese ligero contacto.
Mi clítoris palpita, hinchado por cómo me afecta.
—¿Harás que me corra, Razer?
No hay nada más que silencio, y el lento golpe de mis caderas contra
la puerta. Me imagino que sus manos no están presionadas al otro lado de
la puerta, sino presionadas contra mi piel febril, deslizándose alrededor de
mi cintura para avanzar sobre mi propia mano y sumergirse por debajo de
las yemas de mis dedos donde quiere tocarme más que nada.
—No puedes abrir esta puerta. La abres, y no podré controlarme. —
Estampa una mano contra la madera con un gemido—. Maldita sea, te
deseo tanto.
—¿En serio? —Quiero escucharlo decirlo de nuevo. Quiero que admita
que hemos estado bailando el uno alrededor del otro, con él fingiendo que
no me quiere cuando sé que es una mentira.
—Oh, Dios. Estoy perdiendo la jodida cabeza. —Retumba—. Quiero
ponerte las manos encima, demasiado, quiero deslizar mis dedos dentro de
ti y sentir lo húmeda que estás por mí antes de rasgar tus bragas por tus
piernas sexis y poner mi boca en tu coño. Apuesto a que sabes dulce,
dulzura.
Mi pulso se apresura en mis oídos a medida que sigo arremolinando mi
dedo sobre mi punto más sensible, la sensación rebotando a través de mí 59
con la lujuria en su voz. ¿Es posible morir de frustración sexual? Porque voy a
explotar si me sigue hablando así.
—No deberías desearme, Claire. —Gruñe, golpeando la puerta con el
puño.
Pero lo hago. Lo quiero de cualquier forma que pueda tenerlo. Lo
único que me detiene es cómo reaccionará cuando descubra que aún soy
virgen. Estoy luchando con uñas y dientes para que me vea como algo más
que una niña, y sé que eso lo alejará nuevamente. Siete años sin él en mi
vida fue bastante difícil, y ni siquiera me di cuenta de lo mucho que lo
extrañé hasta que volvió. No quiero volver a pasar por eso. No quiero que
me odie otra vez.
—Vete, Razer. Déjame sola.
—No puedo hacerlo. Es mi culpa que estés así. No iré a ningún lado
hasta que te corras.
Me estremezco, su tono profundo una caricia sobre mi carne. Mis
muslos tiemblan mientras apoyo mi cabeza contra la puerta y cierro los ojos,
deslizando mis dedos dentro y fuera de mi entrada.
—Se siente tan bien, Raze.
—Mierda. Apuesto a que sí. Apuesto a que se sentiría mejor si fuera yo.
Mis dedos deslizándose dentro y fuera de ti. —Su voz se quiebra, y esa arisca
aspereza me hace temblar.
—Estoy tan cerca. —Jadeo entre respiraciones entrecortadas, mi
cuerpo curvándose con la necesidad de más contacto, más presión para
aliviar el dolor desesperado y necesitado que ha acumulado en mí.
—Eso es, dulzura. Imagíname de rodillas con tu clítoris entre mis
dientes. Maldición, quiero chuparte en mi boca, torturarte con mi lengua,
mientras montas mi cara. Te correrás tan jodidamente duro por mí.
Gimo a medida que me arqueo ante la explosión sensorial que crean
sus palabras, gritando su nombre nuevamente, al borde de algo mucho más
intenso y dulce de lo que podría crear por mi cuenta. Mi aliento entra y sale
entre jadeos, y me corro por él, tal como dijo que lo haría. Duro, increíble,
explosivo, hasta que mis piernas son de gelatina y la gravedad me desliza
por la puerta y termino en mi trasero.
—Abre la puerta, Claire. —Han pasado algunos minutos desde que
me corrí bajo su orden, y ha tenido tiempo de controlarse. Debajo de la
suavidad hay acero que no se encontraba allí mientras me hacía el amor
con sus palabras—. Tenemos que hablar de esto. —Sus dedos rozan la
puerta—. Esto no debería haber sucedido. No puede volver a suceder.
Solo que, quiero que vuelva a suceder. Quiero todo lo que me hizo 60
imaginar, y más. No voy a cambiar de opinión en cuanto a meterlo en mi
cama. Es solo cuestión de tiempo hasta que tenga las agallas para
convencerlo.
—Necesito un minuto.
—Bien. —Resopla—. Estaré esperando en la sala de estar.
Cuando lo escucho regresar al pasillo, me arrastro poniéndome de
pie. Aún estoy temblando, aún respiro con dificultad. Me tomo un minuto
para recomponerme, pasándome un cepillo por mi cabello y
escabulléndome al baño para salpicar un poco de agua fría en mis mejillas
sobrecalentadas.
Cuando finalmente sale de su habitación, he logrado reunir una
pequeña pizca de control. Sentado en el sofá, repasé con mis dedos una y
otra vez las razones por las que nada puede pasar entre ella y yo. Pero,
escuchar sus dulces gemidos pequeños mientras se corría bajo su propia
mano, se reproducen como una colección con las mejores jugadas en mi
cabeza, haciéndome luchar para recordar por qué cada punto es tan
importante.
—¿Dónde está Tom? —Se pasa los dedos por su cabello y avanza
detrás del sofá para sentarse en el brazo del sillón más alejado de mí.
—Cenando con un amigo.
—Oh. —Juega con el pequeño corazón en su muñeca, y la sensación
de sus dedos envolviendo el órgano correspondiente en mi pecho es fuerte.
Pero, por otro lado, siempre ha sido así.
—Tenemos que hablar, pequeña, sobre lo que sucedió. —Sus ojos se
abren por completo, sus labios se separan. Sería tan fácil deslizarse sobre ella
y besar ese puchero perfecto. Llevarla entre mis brazos y hacerle lo que
quiera. ¿Por cuánto tiempo más puedo seguir alejándola cuando todo lo
que quiero hacer es estar dentro de ella?—. No puede volver a suceder. Lo
sabes, ¿verdad?
—Sé que me alejas otra vez.
Salto del sofá. 61
—No debió haber sucedido en primer lugar. Voy a intentar dejar esto
lo más claro posible. No me interesa ser tu distracción. Encuentra a un chico
de tu edad y déjame en paz de una jodida vez.
—No lo creo. —Clava su dedo en mi pecho—. Deja de ser un imbécil
y fingir que no me quieres. Me estoy cansando de este juego a frío y caliente.
—¿Juego? —La miro fijamente. En serio cree que estamos jugando
algún juego aquí. ¿No entiende que ceder ante esto entre nosotros es
buscarse problemas? Ya ha ido demasiado lejos. Jamás olvidaré sus
gemidos entrecortados, o la forma en que extendió su mano para tocarme
a través del cristal de la ducha mientras me corría como un maldito animal
pervertido por la lujuria en sus inocentes ojos completamente abiertos—. Tú
eres la que está jugando. Espiándome en el baño, y luego dejándome fuera
de tu maldita habitación.
—Me dijiste que lo hiciera —tartamudea con un jadeo.
Sujeto su mentón con mi mano, levanto su rostro de modo que no
tenga más remedio que mirarme a los ojos y ver cuán serio soy con lo que
voy a decir.
—Porque esto no puede suceder. Juegas a algo muy serio aquí,
pequeña, con grandes consecuencias. No sé si no entiendes eso, o si
simplemente no te importa lo que esto le hará a nuestra familia, pero maldita
sea, yo sí.
—No es tu familia. Son mis hermanos, mis padres. Solo fuiste un caso
de caridad que mis padres no pudieron soportar ver bajo el frío.
Me estremezco por su asalto. Si tan solo fuera así de fácil. Los Hadley
son la única familia que he tenido alguna vez. Ni siquiera puedo recordar a
mis padres. Me dejaron con mi abuelo cuando tenía tres años. No les
importaba ni mierda, y tampoco al viejo. Había estado demasiado
ocupado bebiendo hasta el estupor todas las noches para cuidar a un niño.
Los Hadley me acogieron, me pusieron ropa a cuesta, me pusieron comida
en mi estómago y me trataron como si importara. Fueron las únicas personas
a las que les importé una mierda.
—Jodidamente lindo de tu parte, Claire.
Le doy la espalda y salgo de la casa enfurecido. De ninguna manera
voy a terminar ahora esta conversación. No cuando estoy listo para destruir
cualquier cosa que se me atraviese.
Oigo la puerta de entrada cerrarse bruscamente detrás de mí. El
sonido de sus pasos corriendo por el patio para seguirme, pero no estoy
disminuyendo la velocidad. Empujando mi casco sobre mi cabeza, subo a 62
horcajadas sobre la moto.
—No quise decir eso —grita—. No lo dije en serio.
La miro por una fracción de segundo a medida que enciendo el
motor. Luce pálida, devastada, con los ojos vidriosos como si estuviera lista
para llorar. Mi corazón martillea dolorosamente en mi pecho, mi pulso corre,
la ira rugiendo a través de cada célula de mi cuerpo.
Esta chica no es mi Claire. La chica con la que crecí, la chica que me
robó el corazón cuando fui demasiado joven para comprender lo que
estaba haciendo nunca habría dicho lo que acababa de decir. No me
estaría presionando para romper mi lealtad por una follada.
8

D
ecir que es complicado sería la subestimación del siglo. Me
acurruco en el sofá y, como si Lucky pudiera leer mi mente,
deja caer su cabeza gigante en mi regazo y me mira
tristemente con esos grandes ojos marrones perrunos.
Con un suspiro, froto mi mano sobre su cabeza, y ella lo toma como
permiso para subirse al sofá. Tom me despellejará si sabe que he dejado
subir al perro en su sofá, pero en este momento su gran cuerpo atigrado es
reconfortante.
63
—Bueno, niña, si intentaba hacer que Razer me odie, creo que
podemos llamarlo misión cumplida.
Suelta aire por la nariz, como si estuviera de acuerdo conmigo. Lo cual
es estúpido ya que solo es un perro, pero en este momento es toda la
conversación para la que estoy preparada. Sollozo y arrastro el dorso de mi
mano sobre mis ojos.
—Debería rendirme, ¿verdad? Sería lo más inteligente por hacer.
La parte superior de su cabeza se frunce a medida que levanta su
mirada hacia la mía y deja escapar un aullido profundo.
—No quiero. —Rasco un lugar detrás de su oreja que la hace sacudir
su pata trasera en respuesta—. No entiendo por qué me vuelve tan loca.
Henley nunca tuvo este efecto en mí, y me iba a casar con él.
—¿Hablas contigo misma? —pregunta Tom mientras deja caer su
bolsa de gimnasio junto a la puerta—. Lucky, baja del maldito sofá.
El perro obedece, y se baja del sofá antes de que Tom cruce la
habitación para golpearla.
—¿Puedes dejar de animarla?
—Claro —murmuro.
Hace una pausa por un minuto para mirarme.
—¿Estás bien? No lloras por ese imbécil, ¿verdad?
—No. —Al menos no el imbécil que piensa. Me levanto del sofá—.
Razer dijo que no vendrías a cenar.
—No lo hago. —Se dirige hacia el baño. Donde Razer y yo
comenzamos esta noche loca. Dios, había sido tan intenso. Si lo hubiera
ignorado cuando me dijo que abriera la puerta, no habría dicho las
estupideces que dije. No las dije en serio. No en la forma en que salieron.
Solo intentaba hacer que viera que se equivoca cuando se trata de
nosotros. Que a pesar de que aún somos esa familia unida a la que se aferra
como una razón para mantener sus manos lejos de mí, él y yo perdimos ese
vínculo. Cómo no puede ver eso, está más allá de mí.
El hecho de que eligió olvidarme durante siete años debería tener un
impacto en cómo nos sentimos mutuamente. Tal vez no habría cambiado si
no se hubiera ido. Pero, por otra parte, he estado fantaseando con tenerlo
durante años, que me mire, me hable, me toque como lo hizo antes.
—Tierra a Claire. —Tom chasquea los dedos frente a mi cara—. Te
pregunté qué ibas a hacer esta noche. Pensé que Razer estaría aquí.
—Oh. Voy a salir con Chelsea —le digo, aunque no tenía planes de
salir de casa ni ninguna intención de buscarla. Pero tampoco quiero
64
sentarme deprimida—. Voy saliendo ahora mismo.
—Está bien, diviértete —dice y cierra la puerta del baño detrás de él.
Deteniéndome en mi habitación el tiempo suficiente para ponerme una
chaqueta y agarrar mi bolso, decido ver si Chelsea quiere cenar y tomar
unas copas. Cualquier cosa para mantener mi mente lejos de la forma
inclemente en que Razer me miró antes de arrancar por el camino de
entrada de Tom.

***

Chelsea y yo bajamos tambaleantes las escaleras del bar de vinos en


el segundo piso. Solo he tomado dos copas de vino blanco, pero saltarme
la cena me ha convertido en una facilona. Chelsea no está mucho mejor,
se ríe a carcajadas, mientras que apenas logro mantenerme de pie.
—Cuidado, no te rompas el cuello.
—No voy a caerme. —Aferro la barandilla un poco más fuerte y me
concentro en poner un pie delante del otro—. A menos que me empujes. —
Me giro, riéndome—. No me empujes.
—¿Cómo vas a llegar a casa? —pregunta—. Apenas puedes poner
un pie delante del otro.
—Estaré bien. —Llego a la mitad del rellano, deteniéndome allí por un
minuto. ¿Razer estará allí cuando llegue a casa?—. Soy toda una perra.
—Ninguna ebria que se respete habla así, muchas gracias. —Chelsea
me agarra del brazo.
—Pero lo soy. —Me giro para mirarla—. No viste su cara.
Pone una expresión divertida, su labio contrayéndose de un lado
mientras mira mi frente. Debe estar más borracha que yo.
—Oh, no importa.
Retrocedo medio paso y mi tobillo se tuerce a medida que golpeo el
borde del rellano. Extiendo mi brazo, luchando contra las paredes de la
estrecha escalera, pero no puedo volver a poner mis pies en el suelo.
Chelsea se lanza hacia delante, pero una dura pared muscular choca
contra mi espalda antes de que pueda agarrarme a algo. Mi corazón quiere
saltar de mi pecho, la adrenalina bombeando a través de mi sistema y
quemando el zumbido que tuve durante la última hora. Y entonces, sus
manos me sujetan por la cintura y me ponen de pie.
65
—¿No toleras el licor, pequeña?
Me giro hacia Razer.
—¿Qué haces aquí? ¿Ahora me acosas?
Chelsea tira de mi chaqueta.
—Llamé a tu hermano. Le dije que podrías necesitar un aventón a
casa.
—Pude haber tomado un taxi. —Sé que sueno desagradecida, pero
no estoy lista para estar a solas con él, no cuando no he resuelto cómo
arreglar lo que dije.
—Ahora estoy aquí —dice—, te llevaré a casa, después de que
comas.
—Estoy bien. —Me quito sus manos de encima—. Solo fueron un par
de tragos.
—Seguro que sí. —Agarra mi codo en su lugar—. Pero no subirás a la
moto hasta que pueda confiar en que vas a sujetarte.
—Buena idea. —Chelsea asiente, y luego desliza su mirada hacia el
delgado reloj de oro en su muñeca—. Necesito ponerme en marcha o voy
a llegar tarde, y ya sabes cómo se pone Gaby.
—Vete. —Agito mi mano hacia ella despectivamente—. Largo de
aquí.
—¿Te veré antes de que te vayas? —Besa mi mejilla mientras pasa
rozando.
—Por supuesto.
Tan pronto como se va, me olvido por completo del alegre zumbido
que conseguí con el vino. Razer me mira fijamente, o más bien me frunce el
ceño, mientras se eleva sobre mí.
—¿Estabas sintiendo pena por ti, pequeña?
—Siento pena por ti si me llamas así otra vez.
Se ríe con este sonido profundo retumbando desde su vientre, lo que
hace que mis entrañas se derritan un poco. Tiene la capacidad de hacerme
olvidar todo menos a él.
—¿Crees que puedes conmigo?
—Sé que puedo. —Levanto una ceja, y estampo mi mano sobre mi
cadera—. Aprendí a luchar sucio mientras no estabas.
66
—Me he dado cuenta. —Envuelve un brazo alrededor de mi cintura,
su mano apretando mi cadera antes de acomodarse en la parte baja de
mi espalda a medida que me guía por el resto de los escalones y hacia el
pavimento—. Ven, vamos a cenar. ¿Qué quieres comer?
A ti. Quiero arrodillarme y ver cuánto de tu polla puedo tomar en mi
boca, saborearte cuando te corras dentro de mí. ¿Qué demonios tiene él
que me hace pensar en sexo todos los días a todas horas? Nunca he tenido
una mente tan sucia. Debe ser la forma en que huele, sus feromonas o algo
así. Esa mezcla perfecta de hombre sexy, aire libre y… lo respiro. Yo. Todavía
huele a mí cuando usó mis productos en la ducha, y es casi demasiado para
resistir. La forma en que mi aroma se aferra a él, como si fuera mío, como si
hubiera reclamado cada centímetro de él, y no solo en mi mente. Se me
aprietan las entrañas, y se me hace agua la boca, pero no por comida.
—No he comido gofres en años.
—¿Ese lugar sigue abierto? —Me lleva por el pavimento—. No ha
cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí.
Mucho ha cambiado desde la última vez que estuvo aquí, pero no se
lo digo. Hoy ya metí la pata lo suficiente por un día.
—Sobre lo de antes. No debí haberlo dicho.
—¿Lo dijiste en serio? —Su agarre sobre mí se tensa, lo único delatando
que sigue furioso—. ¿Así es cómo me ves en serio?
—No. Nunca fuiste un caso de caridad, Raze. ¿Seguramente lo sabes?
—Me detengo, deteniéndolo en seco—. No puedo imaginar a mi familia sin
ti.
Me observa a medida que desliza algunos mechones de mi cabello a
un lado de mi garganta.
—¿Pero?
—Pero no es una excusa que puedas usar para seguir tratándome
como si fuera una niña. Como si fuera una cosa intocable y frágil. Sé que
me quieres. ¿Por qué no puedes admitirlo?
—¿Siempre eres tan jodidamente insistente? —Baja la cabeza un
poco, el zumbido entre nosotros haciendo que sea difícil para cualquiera de
los dos mantener nuestra distancia.
—Puedo serlo —murmuro, acercándome más—. Cuando quiero algo.
—¿Y crees que me quieres?
—Es lo único en lo que puedo pensar. —Deslizo mi mano por su pecho,
sobre el músculo magro, para acunarlo a través de sus pantalones—. Te
deseo. —Todo mi cuerpo tiembla cuando le doy voz a mis deseos—.
Fóllame. 67
Su mirada oscila entre la lujuria, la indecisión y algo más. Luego, su
mandíbula se tensa, la línea de ella afilada incluso debajo de su barba
recortada. El ansia de estirarme y pasar mis dedos sobre ella, sentir el
pinchazo contra mi piel es demasiado, y cuando lo hago, algo se rompe en
él. Me agarra de la mano, arrastrándome por el pavimento hasta que
encuentra un callejón. Llevándome profundamente en la oscuridad entre
los edificios, me empuja bruscamente contra los ladrillos. Su mano se
estampa sobre un punto en la pared junto a mi cabeza, y se inclina de modo
que estamos cara a cara. Si alguno de los dos se mueve, nuestros labios
rozarán, y el delgado hilo tenso de autocontrol que apenas sostiene se
romperá. Nuestro aliento se mezcla, el mío fuerte y rápido, el suyo áspero
pero prolongado. Presiono mi mano contra su pecho, siento el latido rápido
de su corazón por debajo de mis dedos. No hay nada amigable en la forma
en que pasa su mirada por mis senos.
—He estado en muchas situaciones locas a lo largo de los años, pero
esto… —Pasa sus dedos por mi barbilla y baja hasta el primer botón de mi
chaqueta—. Estás jodiendo con mi cabeza, Claire.
Estoy tan excitada, que ese ligero toque me tiene empapada por él.
—No estoy jodiendo contigo. Sé lo que quiero. Tú eres el que hace
esto más difícil de lo que tiene que ser.
—No puedo darte más que hoy. No estoy ofreciendo quedarme
después de que hayamos terminado. ¿Eso es lo que en serio quieres? —
Desabrocha los dos primeros botones de mi chaqueta, la aparta para
extender su mano sobre mi seno, su pulgar rozando mi pezón hasta que se
eriza en un punto firme.
Arqueándome en su mano, desesperada por la sensación que me
atraviesa con cada toque ligero, lloriqueo.
—Te quiero.
—Bueno, aquí estoy. —Mordisquea una línea placentera y punzante
desde mi mandíbula hasta mi garganta—. Si me quieres, tendrás que
mostrarme cuánto.
—¿Aquí? —Lanzo miradas nerviosas al otro extremo del callejón,
donde la gente pasa por la entrada, sin prestar atención a lo que sucede
en las sombras.
—Aquí. —Chupando mi seno a través de mi camiseta, deja una huella
caliente con su boca que me hace temblar cuando el aire frío lo golpea.
Sería tan fácil rendirse. Es lo que he estado esperando, pero no es así como
esperaba que fuera mi primera vez. Empujada contra unos ladrillos junto a
un basurero apestoso donde cualquiera que pase puede vernos. Y ni 68
siquiera estoy segura de cómo funcionaría el esquema de todo. ¿Me
levantaría contra la pared para así poder empujarse dentro de mí o…? Estoy
jodidamente desorientada. No espero romance o gentileza con Razer,
especialmente dado que no le he dicho que soy virgen. Pero no se trata de
eso. Esto no es amor. Es pura atracción sin adulterar, la culminación de años
de fantasía en los que me besaba hasta dejarme ingrávida mientras me
desnudaba lentamente. A estas alturas, si hubiera una cama o al menos una
alfombra, sería difícil no seguir adelante.
Su mirada se clava en mí, mientras espera a que haga un movimiento,
su rostro albergando puros ángulos agudos.
—¿Qué será, pequeña?
Me duele el pecho, esas mariposas que trajo a la vida comienzan a
morir de nuevo. Me arden los ojos, y me estremezco. Lo quiero, pero no así.
No cuando solo veo un destello frío en sus ojos al evaluar mi cuerpo. No
cuando está siendo un imbécil deliberadamente en un intento de alejarme.
No cuando destruirá las cosas buenas que tenemos entre nosotros. Si
hacemos esto, no podremos regresar. ¿Puedo despedirme de él otra vez,
esta vez para siempre? No estoy segura. Un dolor lento se instala en mi
pecho ante la idea de volver a no tenerlo cerca. ¿Cuánto dolería, saber
que lo expulsé de mi vida por segunda vez? Demasiado.
Me apresuro a presionar mis manos contra su pecho, empujándolo de
modo que pueda escapar, pero él sujeta mi brazo y me presiona contra él.
—Eres una jodida provocadora. Un minuto dices que me quieres, al
siguiente eres toda la Señorita Inocente. Estás jodiendo con mi cabeza,
Claire, y ya estoy harto, terminé.
Cuando me suelta, paso junto a él y prácticamente salgo corriendo
hacia el final del callejón bajo las farolas bañando de luz el pavimento. Razer
no me alcanza, dejándome escapar. Las lágrimas que sentí escociendo
detrás de mis ojos se filtran por los lados de mi cara, pero solo por un
momento antes de arrastrar aire a mis pulmones y apretar los dientes.
Apenas lloré por Henley. Estoy jodidamente segura que no lloraré por el
maldito Razer Bennington.
—Lamento haberte asustado, dulzura —le oigo decir detrás de mí,
aunque no estoy segura que sus palabras de hecho estén destinadas a
llegar a mí—, pero tiene que ser así.
Quiero gritar: no, no es cierto. Podría ser perfecto, hermoso,
sorprendente entre nosotros, pero en cambio miro alrededor, desesperada
por encontrar un taxi. No hay forma de que pueda estar cerca de él por más
tiempo. Ciertamente no puedo subirme a su moto y aferrarme a él. Veo uno
con su luz encendida al final de la cuadra y hago señas al conductor.
Razer me sigue, pero se queda unos pasos atrás. Supongo que es difícil 69
romper el hábito de largo tiempo de mantenerme a salvo. Cuando el taxi se
detiene y abro la puerta, él dice algo, aunque no es hasta que le he cerrado
la puerta en la cara y me deslizo en el asiento que asimilo el revoltijo de
palabras hasta que puedo entenderlo. Algo sobre pelear más duro, seguido
de enfrentar el mundo por mí, pero la última parte la entendí claramente.
—Debo estar jodidamente loco.
Llego a casa antes que él, y Tom todavía está fuera. No me molesto
en encender las luces mientras camino por la casa hasta mi habitación y me
meto en la cama, completamente vestida. Él piensa que está loco, pero
todo esto es mi culpa. Soy la única que no puede controlarse a su alrededor,
la única que sigue empujándolo hasta los límites. Necesito dejarlo ir de una
vez por todas.
Sale corriendo de allí como si su trasero estuviera en llamas. Lo cual es
completamente el punto, incluso si durante medio segundo quise que de
hecho aceptara mi oferta. Pero ese es el punto del callejón. Demostrarle
que en realidad no me quiere como cree que sí. Es curioso cómo verla salir
corriendo no alivia lo mucho que la quiero. O tal vez es algo que he
olvidado, a cómo vivir con los golpes profundos en el espacio en mi pecho.
Ciertamente se siente más apretado de lo normal. Me froto la nuca,
intentando entender el impulso que siento de perseguirla, agarrarla y
hacerla cambiar de opinión.
Entonces decido que mejor la sigo, aunque solo sea para asegurarme
que se suba a un taxi con seguridad. Sus manos rozan su rostro
agitadamente un par de veces antes de enderezar su espalda. Tal vez
finalmente he llegado a ella. Mi corazón se aprieta lentamente, cuando me
mira por encima del hombro. Maldita sea, la he asustado aún más de lo que
pretendía. No puedo dejarlo así. No cuando aún tenemos que enfrentarnos
en la misma jodida casa. Tal vez empacaré mi mierda y me iré a acampar
en la vieja casa. Al menos entonces no tendrá que lidiar con verme. Será
bueno para los dos, no compartir el mismo espacio. Es lo único que puedo
garantizar que evitará que me atraiga bajo su hechizo. Pero no quiero que
me tenga miedo. No quiero ver miedo en sus ojos cada vez que me mire.
—Lamento haberte asustado, dulzura, pero tiene que ser así. 70
Excepto que, tan pronto como las palabras salen de mi boca, no
puedo evitar sentir que es el montón de mierda más grande que he dicho
alguna vez. Hay muchas razones por las que sería mejor no involucrarse con
la hermanita de mi mejor amigo. Por qué tengo la intención de mantenerme
lejos de ella. Pero eso no significa que quiera. No me impide querer agarrarla
y devorarla. Y es jodidamente seguro que no cambia lo que siento por ella.
—Si pensara que valdría la pena pelear, enfrentaría a todo el jodido
mundo por ti, mujer —murmuro por lo bajo. Pero aún es demasiado joven.
Tiene que madurar mucho más antes de saber lo que realmente quiere de
la vida, y dudo que sea yo.
Me mira por un segundo, como si me hubiera escuchado, pero no hay
forma de que pudiera entender lo que dije por encima de los sonidos en la
calle. Luego se sube al taxi, cierra la puerta de golpe y se desliza en el
asiento, bloqueándome. Es una sensación desagradable, saber que nunca
más la volveré a tocar como lo hice esta noche. Nunca se acercará tanto.
Pero es exactamente como debería ser.
Retrocedo por donde vinimos hasta que llego a mi moto. Sentado en
la parte posterior de la bestia, me tomo un momento para recuperar mi
control disperso antes de ponerme el casco toscamente y regresar a la casa
de Tom. No volveré a verla esta noche. Sin duda me evitará como la peste,
y mañana empacaré y me mudaré a la vieja casa. Lejos de ella, lejos de la
tentación que me lleva al borde de mi cordura.

71
9

—¿Q
ué haces aquí? —chillo mientras me lanzo hacia
Mace y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello.
Me levanta como un koala y me da vueltas
riendo entre dientes.
—Supongo que me extrañaste.
—Por supuesto que te extrañé —murmuro contra su cuello antes de
que me deje caer nuevamente sobre mis pies. 72
—Mírate. Has crecido desde la última vez que te vi, pequeña. —Me
sonríe a medida que suelta su bolso junto a la puerta.
—Dejé de crecer hace un tiempo. —Sonrío—. Es tan bueno verte. Tom
no me dijo que vendrías a casa.
—Planeaba sorprenderlo. No esperaba verte aquí. —Enrolla su
voluminoso brazo alrededor de mi hombro—. ¿Qué tal si me muestras dónde
guarda la cerveza?
—Vaya, vaya, vaya. Mira quién llegó. —Razer se apoya contra el
marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre su torso. El corazón me
da vueltas en el pecho. Han pasado días desde el incidente en el callejón,
y desde entonces me ha evitado. Para ser sincera, si está tan decidido a
mantenerse alejado de mí, no estoy segura de por qué no ha empacado y
se ha mudado de la casa de Tom. Cada vez que lo veo, parece perder más
de ese aire despreocupado y controlado. Su barba se ha convertido en
todo un pelaje espeso en su mandíbula, y su mirada intensa se detiene cada
vez más en mí. Mi aliento se engancha con la locura que veo allí. Como si la
falta de una afeitada fuera solo un síntoma de alguna transformación
interna. Merodea por el espacio para darle una palmada a Mace en la
espalda.
—Bueno, esto sí es una sorpresa. Razer Bennington en carne y hueso.
Nunca pensé que vería el día en que regresaras a Reverence, hermano. —
Mace sonríe.
—Lo que digas, imbécil. —Razer lidera el camino a la cocina, y Mace
y yo lo seguimos.
—¿Qué ha estado pasando en tu mundo, hermanita? ¿Algún chico al
que necesite golpear mientras estoy aquí?
Capto la mirada fugaz de Razer, antes de que se aclare la garganta.
—Nos hemos ofrecido, pero ella no nos deja tocar al jodido bastardo.
—¿Qué? —Mace se gira, mirándome con esa expresión de “voy a
matar a alguien” que todos mis hermanos perfeccionaron cuando era
niña—. ¿Estás bien?
Asiento.
—Sí. No es nada.
Nada comparado con la montaña rusa de emociones y la frustración
sexual que Razer reparte a cada paso. Me giro para mirarlo fulminante
mientras arroja una cerveza a la cabeza de Mace.
—Solo es un imbécil que no puede decidirse en lo que quiere.
La mandíbula de Razer se afloja, su mirada penetrándome, 73
haciéndome retorcer a medida que abre su propia botella.
—Entonces, ¿cuánto tiempo estarás en la ciudad?
—Iban a ser un par de días, luego iría a ver a mi pequeña, pero ya
está aquí, así que no tengo otro lugar adónde ir.
—¿Cuándo tienes que volver? —pregunto a Mace, pasando por
delante de Razer, para sacar mi propia cerveza y limonada de la nevera.
Las chispas se disparan entre nosotros, y él clava su mirada en mí, y es tan
pecaminosamente intensa que tengo que preguntarme si sería capaz de
mantener sus manos lejos de mí si mi hermano no estuviera en la habitación.
—No tengo que hacerlo. Pensé que podría probar suerte con este
estilo de vida civilizado que Tom y tú parecen favorecer. —Mace se encoge
de hombros.
Razer se inclina hacia la encimera debajo del armario donde Tom
guarda sus vasos. Sonríe engreído cuando lo intento empujar a un lado,
plantando sus pies más separados. Bastardo. Me está retando. Justo en
frente de mi hermano, porque después del callejón no cree que tenga las
agallas para perseguir lo que quiero. Sus ojos se abren por completo cuando
me detengo entre sus piernas, estirándome de puntillas a medida que cada
centímetro de mi frente se presiona contra su pecho. Me sujeta de la cintura,
aún hablando con mi hermano como si no hubiera nada extraño en lo cerca
que estamos, o que si me muevo aunque sea un poco, voy a frotarme
contra el bulto creciente de su polla.
—¿Qué hay de Rush?
—¿Pensé que en este momento se hallaba en el extranjero? —Mace
frunce el ceño—. Nunca puedo seguir el ritmo de dónde está.
—¿Qué tal si lo localizo? —Razer ha logrado girarnos de modo que
estoy frente a él, mientras se alza sobre mí, presionando su dureza entre mis
piernas. ¿Mace sigue en la habitación? Dios, espero que no. Estoy ardiendo,
mi cara enrojecida bajo la sonrisa conocedora de Razer. Es consciente de
lo excitada que estoy, de cómo cada centímetro de mi cuerpo está en
éxtasis por su toque, el placer atravesándome sin piedad. Empuja el vaso en
mi mano y me hace cosquillas en la oreja con sus labios—. No puedes dejarlo
pasar, ¿verdad? ¿Quieres decirle a Mace que intentas seducirme?
—Tú eres quien me toma el pelo con su polla —susurro. Alejándome
de él, me trago el nudo de necesidad que me obstruye la garganta y
encuentro a Mace deambulando por la habitación, mirando la colección
de fotos de Tom—. Pensé que había vuelto a Las Vegas. Pero no he sabido
nada de él en un mes, lo cual es aún más que otros. —Le doy un codazo a
Razer en las costillas. Tiene que saber que voy a desquitarme por la jugarreta
que acaba de hacer.
74
—Oh, vamos, pequeña, déjalo en paz. Sabes que nos mantenemos
en contacto tanto como podemos. Empiezas a sonar como mamá.
Dirijo mi posavasos a la cabeza de Mace.
—No es cierto.
—Lo haces. —Se ríe.
—No es cierto. —Resoplo, apoyando una mano en mi cadera,
adoptando una pose maternal molesta.
—Incluso te paras como ella. —Mace sonríe detrás del borde de su
botella.
—Deja de irritarla, cabrón. Vamos a sentarnos en el porche y llamaré
a Tom —dice Razer, saliendo de la cocina—. Que estés aquí podría ser
suficiente para arrastrarlo lejos de cualquier clase individual que haya
planeado para esta noche.
—Mace, tu hermanito es todo un mujeriego. —Me rio a medida que
salimos.
—¿Tommy? Bromeas, ¿verdad? —Se deja caer sobre uno de los largos
bancos de madera.
—Al parecer, no. Es como una puerta giratoria por aquí. —Razer se
sienta a horcajadas sobre el banco junto a mí.
—Veamos. —Las enumero con mis dedos—. Lucy, Kate, luego la
pelirroja en el baño.
—Y Christina en el gimnasio —agrega Razer—. Después Sally esta
mañana.
—Bromeas, ¿verdad? —Levanto ambas cejas—. ¿Pensé que dijo que
se llamaba Savannah?
—Una maldita puerta giratoria. —Sonríe.
Mace deja escapar un silbido y quita los bordes de la etiqueta de su
botella.
—Suertudo.
Como si pensara que él la llamó por su nombre, Lucky trota desde los
árboles al fondo del patio y se instala a mi lado. Dejo caer mi mano sobre su
cabeza, rascándola detrás de las orejas, mientras Razer llama a Tom y luego
pone a Mace al teléfono. Están completamente concentrados en su
conversación, de modo que ninguno de ellos nota que mi mano se desliza
desde la cabeza del perro hasta el muslo de Razer. Salta bajo mis dedos y
me mira fulminante. Como si lo que me hizo en la cocina no es diez veces
peor que mis dedos acariciando el interior de su muslo, accidentalmente a
propósito rozando a lo largo de su longitud. Agarra mi mano, la sostiene en
75
su palma, sus dedos cerrándose alrededor de mi muñeca.
—Estamos jugando con fuego.
—¿Qué? —Mace nos echa un vistazo a los dos.
—Decía que deberíamos celebrar estar todos juntos —dice Razer
encogiéndose de hombros.
—Sí. —Mace vuelve a su conversación con Tom, diciéndole que
deberíamos salir a beber esta noche.
—Tú empezaste —siseo entre dientes.
—También deberías invitar a Chelsea con nosotros —me dice Mace
cuando termina la llamada—. No la he visto en años.
—Seguro. —Me levanto de la mesa y los dejo hablar mientras entro
para llamarla. Cuando cuelgo, Razer está parado en la puerta de mi
habitación—. ¿Qué quieres?
Cerrando la puerta con su pie, se apoya contra ella y cruza los brazos
sobre el pecho.
—Se supone que estás cabreada conmigo.
—¿Asumes que no lo estoy? —Arrojo mi celular a la cama y me acerco
a él—. ¿Qué pasa con ese truco en la cocina, frente a mi hermano?
Se aparta de la puerta, invadiendo mi espacio personal.
—Quería ver si ya te habías rendido.
—No me pareció así. —Bajo la vista, inspeccionando su cremallera—.
Sentí que querías tomarme justo allí mismo en la cocina, mientras mi maldito
hermano se encontraba en la habitación.
—Pensé que te había asustado. —Se encoge de hombros.
—Eres un imbécil. —Empujo contra su pecho—. No juegues conmigo.
—No estoy jugando. —Sujeta mi muñeca, atrayéndome hacia él a
medida que su boca desciende sobre la mía con hambre. Cuando me deja
ir, estoy jadeando, mis labios hinchados por sus exigencias, y lucho por no
aferrarme a él, por no llevarlo hasta mi cama. Acuna mi mejilla—. No quiero
asustarte, pero no quiero seguir haciendo esto. Mañana me mudaré a la
vieja casa. Será más fácil de esa manera.

***

Tener casi toda la pandilla en un solo lugar es surrealista. Después de 76


que Tom llega a casa del trabajo, salimos a comer y tomar unas copas en
Blazer. Con tanta testosterona en el grupo, me alegra que Chelsea haya
decidido unirse a nosotros. Además quiero bailar. Dejando a los chicos
alrededor de la mesa de billar en la esquina trasera, llegamos a la pista de
baile y nos soltamos hasta que ambas estamos sudorosas. Con una gran
sonrisa en mi rostro, le indico que necesito tomar un trago y me dirijo hacia
la barra. También está llena de gente, pero hablar es un poco más fácil aquí
mientras le pido al camarero por un par de “zapatillas japonesas”.
—¿Alguna vez has probado uno de estos? —pregunto a Chelsea,
mientras le entrego el vaso con borde de azúcar lleno de líquido verde.
Toma un sorbo.
—Mmm, sabe bien. Entonces, ¿cómo va la seducción? Pensé que ya
habrías dejado Reverence a estas alturas.
—No lo sé. —Remuevo el agitador de sombrilla a través de mi
bebida—. Un minuto creo que tengo una oportunidad, al siguiente ni
siquiera me habla.
—¿Han tenido algo de acción? —Abre el camino hacia el jardín
trasero del lugar, donde es mucho más tranquilo que adentro. Hay una mesa
en el centro debajo de una bombilla desnuda, y asientos de madera
alrededor del perímetro del espacio rectangular. Encontramos un lugar en
la parte trasera donde podemos posarnos sin que nos rocen.
—Es muy bueno besando. —Bajo la cabeza, sonrojándome bajo mi
admisión—. Y es enorme. Quiero decir…
—¿Has visto su pene? —Jadea—. ¿En serio? ¿Y no sabes si está
interesado en ti?
—Bueno, estaba en la ducha.
—Por favor, no me digas que entraste allí como una acosadora
psicótica, Claire. —Chelsea se ríe y su bebida se derrama por encima del
borde de su vaso y corre por sus dedos.
—No fue así. No lo hice a propósito. Al menos no hasta… —Cierro la
boca de golpe. Los detalles son demasiado para compartirlos. Además, me
gusta tener esa conexión privada entre él y yo—. No importa. Mañana se
mudará de la casa de Tom para alejarse de mí. Tengo que rendirme. Voy a
perderlo por completo. Ya ni siquiera sé. —Sacudo la cabeza—. Quererlo es
ridículo.
—No, no lo es. —Aprieta mi rodilla—. Pero es hora de que confieses
que aún sientes algo por él. Para ti, no se trata de sexo.
—¿Por qué no puede serlo? ¿Por qué no puedo ser como Henley? ¿O
Tom? ¿Incluso tú? ¿Te acostaste con mi hermano cuando tenías qué, quince
años? No puede haber sido el único.
77
Se ríe y envuelve un brazo alrededor de mi hombro.
—Porque tú eres tú. No eres tan dulce como la imagen que has estado
viviendo estos últimos años, pero tampoco eres como nosotros. Hay un
término medio en alguna parte.
—¿Tú crees?
—Sí, lo sé. —Sonríe—. Y si fuera tú, no me rendiría con lo que quieres.
Con la forma en que te mira y fulmina a cualquiera que mire en tu dirección,
es solo cuestión de tiempo hasta que recupere el sentido.
—Tal vez.
—Seguro. —Se pone de pie—. Ahora, ¿sabes lo que yo quiero?
—¿Qué?
—Otro de estos cócteles. —Vacía el vaso y me arrastra a su costado—
. Más tragos, más baile. Encontremos a algunos chicos a los que no les
importe moverse un poco. Tal vez podamos ponerlo celoso.
—Eres diabólica. ¿Crees que es una buena idea?
—Tú decides. —Me empuja adentro—. Tienes que decidir si puedes ser
feliz con el status quo.
Y ese es el problema. Ya no quiero simplemente meterlo en mi cama.
Quiero todo el paquete. Pero la idea de que me deje nuevamente es una
agonía.

—Hablaba con Robert Long, ¿lo recuerdas? Era un par de años mayor
que nosotros. Ahora es dueño de Blazer. —Mace habla a medida que se
inclina sobre la mesa de billar para disparar.
—Sí, recuerdo a Bobby —balbuceo, incapaz de quitar la mirada de
donde Chelsea y Claire bailan con algunos chicos locales. Uno de ellos sigue
intentando familiarizarse un poco demasiado con Claire, sus manos
encontrando sus caderas con mucha más frecuencia de la que puedo 78
soportar. Aprieto y aflojo mis puños, imaginando estrangular al cabrón
descarado.
—Dijo que hace falta más seguridad en Reverence, ya que la ciudad
sigue creciendo.
—Sí. —Tom asiente—. Un par de chicos del gimnasio siempre dicen
que no hay suficientes para satisfacer la necesidad. Demonios, podría
venirme bien un par de manos adicionales con mis clases de defensa
personal para que así también pudiera ejecutarlas durante la semana.
¿Piensas en quedarte?
—Sí, tal vez todos deberíamos hacerlo. Sería bueno vernos un poco
más seguido, ¿no te parece, Razer?
—Seguro. —Solo escucho a medias, ya que Claire ahora se ha girado
en los brazos del tipo y él le aprieta las nalgas como si fueran una pelota anti
estrés.
—Es tu turno. —Mace intenta pasarme el taco, pero lo empujo fuera
del camino y me dirijo furibundo hacia la pareja en la pista de baile.
Arrastro al niño por su camisa.
—Mantén tus manos para ti mismo, imbécil.
—¿Qué demonios haces? —Claire intenta interponerse entre nosotros,
empujándome a medida que grita—: Suéltalo.
Aprieto mi puño en su camisa con un gruñido, levantándolo de sus
pies. Debería soltarlo. Debería alejarme. Pero, de ninguna forma dejaré que
vuelva a ponerle las manos encima.
—Lo soltaré cuando salgas de la pista de baile, pequeña.
El niño se retuerce, intentando soltarse.
—¿Quién diablos eres tú?
—Claire. —Gruño, una advertencia de que estoy cerca de perder los
estribos.
—Bien. De todos modos, necesito ir al baño. —Se va enojada,
empujando a través de los otros bailarines hasta que sale al pasillo al otro
lado del lugar.
Entonces lo dejo caer.
—Encuentra a otra chica para manosear. Esta está ocupada.
—Amigo, lo siento. No sabía que era tu novia. Solo nos estábamos
divirtiendo.
Me lanzo hacia él, con el puño levantado para asustar a la pequeña
mierda, pero es más inteligente de lo que le doy crédito porque ya está 79
corriendo en la dirección opuesta a Claire.
Claire, ¿mi novia? Ridículo.
—Bien hecho, Razer —grita Chelsea en mi oído—. ¿Por qué demonios
hiciste eso?
Honestamente, no lo sé. Claire me hace perder el control. Durante
muchos años he confiado en mi capacidad para controlar una situación,
utilizando el pensamiento racional y el instinto agudo. Pero con ella, mi
instinto me lleva a ir en contra de todo lo que mi cerebro me dice que debo
hacer. Como, debería alejarme. No debería ir a buscarla, arrastrarla contra
mí y besar esa dulce boca hasta que esté mojada por mí, desesperada y
ansiosa por más. No, no debería ir detrás ella.
—Mejor me disculpo.
Me encuentro con ella en el pasillo cuando sale del baño. De
acuerdo, he estado cernido a la puerta esperándola. La palabra novia sigue
resonando entre mis oídos como una alarma. Me dirijo a territorio peligroso,
dejándola meterse por debajo de mi piel como lo ha hecho.
—¿Qué quieres? —Me fulmina con la mirada.
A ti.
—Disculparme. Eso fue una estupidez. —Tomo su mano, dibujo un
círculo sobre el interior con mi pulgar—. No debí haber hecho eso.
Inclina la cabeza, sin apartar la mano, solo dejándome sostenerla
como si esta situación entre nosotros no fuera destructiva.
—¿Por qué lo hiciste?
—Te quiero, ¿de acuerdo? Eso es lo que quieres escuchar, ¿no? Voy
a perder mi jodida cordura si tengo que ver a otro tipo manoseándote.
Alguien que no soy yo. —La atraigo al ras conmigo y devoro su boca hasta
que está sin aliento y gimiendo, todo su cuerpo arqueándose contra el mío.
Con mis manos en su trasero, me froto contra ella—. Me pones más duro que
una maldita roca. Me quedo despierto en esa habitación junto a la tuya y
lo único en lo que puedo pensar es si estás desnuda, y qué tan apretado se
sentirá tu coño cuando me deslice dentro de ti.
Jadea, sus manos revoloteando desde mis codos hasta mi cuello
empujándome hacia ella para emborracharme con sus labios nuevamente.
—Entonces, deja de evitarme. Deja de alejarme.
Estoy tan jodidamente cerca de rendirme a ella. La fuerza para luchar
contra ella cediendo cada vez que me toca, cada vez que me besa. Con
la pared a su espalda, la agarro por el culo y separo sus piernas con mi
rodilla.
—Crees que esto es lo que quieres, pero no es así. En realidad, no. Esto
80
no es más que una distracción. —Desenredo sus manos en mi cuello y
retrocedo—. No soy para ti, pequeña, y estoy jodidamente seguro que tú no
eres para mí. Cuanto antes ponga algo de distancia entre nosotros, mejor.
—¿Está todo bien, hermanita? —Mace avanza por el pasillo—. ¿Ese
chico te acosaba?
—Todo está bien. —Se desliza junto a mí, distrayendo a Mace para
darme un momento para lidiar con el bulto inmenso en mis pantalones—.
Simplemente a algunas personas les toma un tiempo darse cuenta que se
equivocan. —Me echa un vistazo por encima de su hombro, la tristeza
inundando sus ojos violetas—. ¿Vienes, hermano?
Y solo así, se ha encerrado. Quería eso. Quería que comprendiera lo
que supe todo el tiempo. Ella y yo nunca podremos ser más de lo que somos.

***
—Parece que rechazaron a Tom. —Mace se ríe cuando vuelvo a él.
Han renunciado al juego de billar, y él se apoya en la media pared que
separa las mesas de la pista de baile, sosteniendo una cerveza oscura.
Sigo su línea de visión, para ver a Tom recibiendo la mirada asesina de
una morena bastante bonita.
—Después de esta semana, no pensé que fuera posible. ¿Cuándo
carajo se convirtió en un jodido donjuán?
—¿Recuerdas cuando solía tartamudear? —Mace sonríe a medida
que imita un recuerdo de nuestra infancia—. Ahora juro que tiene más suerte
con las mujeres que yo.
—Los dos juntos. —Alcanzo la cerveza nueva a su lado cuando me
hace un gesto para que la tome—. Entonces, ¿en serio consideras quedarte
por aquí?
—Sí. Bien podría hacerlo. Hay un montón de trabajo que me gusta que
pudiera hacer. Y la familia, ¿sabes? Los extrañé más de lo que nunca
admitiré.
—Sí. —Tomo un largo trago de mi cerveza—. Lo entiendo.
—Pero, tú no lo estás considerando, ¿verdad? —Frunce el ceño.
—No. —Miro a Claire, sus brazos levantados en el aire mientras sacude
sus caderas, de vuelta a la pista de baile—. Me iré de aquí tan pronto como 81
resuelva el asunto de las tierras.
—Entonces, ¿no puedo tentarte? —pregunta Mace.
No. Estoy bastante seguro que lo único que podría tentarme a
quedarme es lo único que no debería.
—¿Vieron a esa chica? —Tom sonríe a medida que se desliza junto a
Mace y agarra la tercera cerveza—. Me dio un sermón.
—No es que no lo merecieras, idiota —canturrea Mace, golpeándolo
en la espalda, antes de sacar su billetera—. Es hora de algo más fuerte.
—Tragos —grita Tom mientras Mace se pavonea hacia la barra—.
Conseguiré la próxima ronda.
Para el momento en que Chelsea y Claire salen de la pista de baile,
Tom y Mace están pasados de tragos, abrazados entre sí, balanceándose
con la música a medida que tropiezan con las palabras de la canción.
—Estamos listas para irnos —grita Chelsea por encima de la música—.
Mis jodidos pies están matándome.
—Puedo ayudar con eso. —Tom sonríe, alzándola en sus brazos y
girándola.
—Bájame —chilla ella, riendo.
Y es contagioso porque Claire comienza a reír mientras desliza un
brazo alrededor de Mace.
—Nosotras nos vamos. Ustedes pueden quedarse.
—No, pequeña. —Mace levanta su barbilla—. No puedo dejarte ir sola
a casa.
—Soy lo suficientemente mayor como para tomar un taxi por mi
cuenta.
Me mira como respaldo, pero ahora quiero estar en casa. Lejos de
todos ellos. Lejos de ella y la sonrisa que derrite mi resolución.
—De ninguna manera. Salgamos de aquí.
Tambaleándonos por el pavimento, merodeamos intentando detener
un taxi, pero es una hora terrible de la noche.
—Voy a caminar —dice Chelsea—. Son solo un par de cuadras.
—Iré contigo. —Mace se acerca a ella—. Y me aseguraré de que
llegues a casa a salvo.
—Gracias, pero en realidad no es necesario —dice, dándole un
abrazo a Claire—. Hablamos mañana, cariño.
Los vemos avanzando por la cuadra durante un minuto cuando Tom 82
sale corriendo detrás de ellos.
—Esperen. Los acompaño.
Mierda. Ahora solo somos Claire y yo. Le echo un vistazo para
encontrarla mirándome, y la chispa en sus ojos me dice que estoy en un
montón de problemas.
10

L
a casa de Tom no queda tan lejos de Blazer, pero me duelen los
pies de bailar con tacones de aguja toda la noche. Estúpidos
dispositivos de tortura medievales. Es una pena que sean tan
jodidamente lindos. Razer reduce su ritmo para coincidir con el mío mientras
paseamos por la calle, pasando un par de restaurantes vacíos y tiendas a
oscuras.
—¿Tienes hambre? —pregunta a medida que pasamos una pizzería
abierta a altas horas de la noche—. ¿Quieres una rebanada?
83
Hay algo tan perfecto en una rebanada cargada de grasa cuando
estás llena de alcohol y has quemado grandes cantidades de energía en la
pista de baile. Es casi como si el simple acto de beber vodka hace que todo
tenga un mejor sabor. Mi estómago gorgotea ante el olor de las pizzas recién
salidas del horno.
—Sí, por favor. Definitivamente podría comer una rebanada.
Me toma de la mano y me empuja hacia el interior.
—Ve a buscar una cabina. Pediré un par, ¿de acuerdo?
No le toma mucho tiempo regresar con la comida, y un par de botellas
de agua, que coloca entre nosotros.
—Pensé que podría venirte bien para la deshidratación.
—Creo que estaré bien. —Mordisqueo al extremo de una rebanada—
. No bebí ni remotamente cerca como Mace y Tom.
—Tal vez no. —Me quita un hilo de queso derretido de la barbilla—.
Pero eres diminuta en comparación con ellos, y para mañana se sentirán
como una mierda.
—¿Dices que te importa cómo me siento? —Me trago el trozo de pizza.
¿Alguna vez llegaré al fondo del rompecabezas que es Razer? Pero supongo
que simplemente no quiere compartir un baño conmigo si mañana termino
miserable. O dirá que es porque soy como una hermanita para él. Dejo la
rebanada en mi plato, mi apetito desapareciendo—. No importa.
—Más de lo que debería —retumba—. Pensé que ibas a dejarlo en
paz.
—No puedo. —Me deslizo fuera de mi lado de la cabina y me
acomodo cuidadosamente en su regazo, capturando su rostro entre mis
manos de modo que quede atrapado en mi mirada.
—¿Qué haces, pequeña? —Su respiración se acelera, incluso se pone
aún más duro debajo de mí.
—-Deja de hacer eso. —La espesa barba a lo largo de su mandíbula
pincha contra las yemas de mis dedos. Es tan varonil, y quiero ser dueña de
él. Quiero chasquear los dedos y que se rinda ante mí.
—¿Qué?
Sus manos se arrastran por mis muslos, y su mirada cae sobre la franja
de piel revelada por la forma en que mi vestido cae hacia delante sobre mis
senos.

cara.
Mi piel se calienta bajo su atención, pero atraigo su mirada hacia mi 84
—Intentas ponerme en esa caja. No es lo que quieres.
—En realidad, no importa lo que quiero. —Se encoge de hombros, sus
dedos clavándose en mis caderas.
—Lo hace. —Levanto una de sus manos hacia mi seno—. A mí me
importa. ¿Por qué no respondiste ninguna de mis cartas, Raze? ¿Por qué
sigues intentando convertirme en la chica de dieciséis años que dejaste
atrás?
—Porque lo que sentía por ti entonces, de la misma manera que me
haces sentir por ti ahora. —Se mueve debajo de mí, presionando su erección
contra mí—. Está jodidamente mal, Claire.
A la mierda lo que está bien y mal. Solo permanece el dolor
necesitado que provoca en mí. La forma en que nunca puedo dejar de
ansiar sus manos sobre mí, su boca sobre la mía. Me inclino, mi cabello
cayendo en cascada alrededor de su rostro a medida que mordisqueo su
labio inferior.
—No me parece mal. Se siente como el cielo.
—Detente, dulzura. Mierda. —Gime, desenredándome de su regazo—
. Haces que sea jodidamente difícil para mí recordar mi lugar.
Poniéndose de pie, toma mi mano y me lleva de vuelta afuera.
—No entiendo.
Me da una sonrisa torcida, y me atrae debajo de su brazo.
—En realidad no lo haces, ¿verdad? Sabes, aún recuerdo la primera
vez que te vi. Eras esta pequeña cosa chillona, envuelta toda en rosa.
—No lo recuerdo.
—Por supuesto que no —dice—. Apenas tenías días de nacida. Rush
ya estaba completamente metido en la magia para entonces y los tres
querían hacerte desaparecer. Creo que se sentían cabreados porque no
eras un niño.
—Suena justo como ellos. —Entrelazo mis dedos con los suyos, mi
corazón acelerándose porque no me ha soltado.
—Sí. —Frota su pulgar sobre el mío—. Yo me sentía fascinado. Aquí está
esta horrible niña chillona. —Le doy un codazo en las costillas, y él resopla—
. Debes recordar que no tenía a nadie más que a mi abuelo. A nadie le
importaba ni mierda, y en ese momento no entendía lo increíble que era lo
que tus padres hacían por mí. Pero tú… —Se detiene en seco,
envolviéndome en sus brazos—. Tomaste mi pulgar entre esos pequeñitos 85
dedos regordetes y me sonreíste.
—Probablemente era gas. Los bebés tienen muchos gases —murmuro.
Se ríe y presiona sus labios contra mi cabello.
—Tal vez, pero fui el único al que te aferraste por un gas de esa
manera. Y me enamoré de ti. No de esta forma. —Inclinando mi rostro hacia
el suyo, marca mis labios con los suyos—. No entonces. Demonios, tenía seis
años. Ni siquiera noté a las chicas hasta un par de años después. Pero, te
hice una promesa a ti, a tus padres, a mí mismo. Mientras pudiera ser parte
de tu familia, sería el mejor hermano mayor que jamás hayas tenido.
—Lo fuiste, lo sabes. El mejor hermano que una niña podría pedir. Pero
no para mí. —Tomo su mano y la presiono contra mi mejilla—. Amo a mis
hermanos, incluso aunque me vuelvan loca, pero tú eres el que más está en
mi memoria.
—Desearía poder ver las cosas tan claramente definidas como tú. —
Desliza su brazo alrededor de mi cintura—. ¿Te duelen los pies?
—Es agonía pura.
—Vamos, te llevaré. —Se da vuelta y levanta mis brazos alrededor de
su cuello, doblando sus rodillas para que pueda subirme a su espalda.
Es casi demasiado extraño que me lleve de esta forma, así como todos
los lugares a los que acudimos son un recordatorio de las cosas que solíamos
hacer.
—Entonces, ¿por qué me sacaste de tu vida? Todo lo que supe de ti
los últimos siete años es lo que los chicos me han dicho.
—Porque no podía cumplir esa promesa. —Enrolla sus brazos a mi
alrededor, equilibrando mi peso en sus manos—. Sabía que estaba mal, pero
esos sentimientos cambiaron. No fue hasta que regresé que me di cuenta
que no te amaba como solía hacerlo. Que tenerte como parte de mi vida
ya no sería suficiente. —Se interrumpe, y de hecho, estoy empezando a
comprender cuán profundos son sus sentimientos. Lo difícil que es para él
admitirme esto—. Esa noche que nos besamos. No quise que sucediera, pero
no pude controlarme alrededor de ti. Sabía que solo empeoraría. Por eso
tenía que dejarte atrás.
—Pensé que te sentías enojado conmigo por besarte. Pensé que me
odiabas. —Descanso mi mejilla en la parte posterior de su cuello—. Corriste
como si te hubiera picado un escorpión.
—Nunca. —Manteniendo una palma en mi trasero, se estira para
apretar mi mano—. Pero solo tenías dieciséis años, dulzura. No entendías lo
que hacías. No sabías lo que querías.
Quiero decirle que se equivoca. Que siempre supe lo que hacía. 86
—¿Crees que tus hermanos me habrían perdonado si hubiera hecho
algo con base a cómo me sentía? —pregunta—. Demonios, ¿crees que me
perdonarían ahora si supieran lo que ha estado sucediendo estos últimos
días?
Quiero creer que lo harían, pero siempre han sido tan protectores
conmigo.
—Creo que entenderían que es lo que queremos. Los dos somos
adultos. Ahora es diferente.
—¿Lo es? —Me deja ir a medida que alcanzamos las escaleras hasta
la puerta de entrada de Tom para que así pueda encontrar la llave en la
caja de los fusibles y abrir la puerta—. Aún eres muy joven, Claire. Solo tienes
veintidós. A esa edad no sabía lo que quería. ¿Cómo puedes estar tan
segura?
—Porque nunca ha cambiado.
—Pero podría. —Desliza su mano alrededor de mi cintura hasta la
parte baja de mi espalda y me atrae contra él—. Querías saber si te quería.
¿Puedes sentir lo que me haces? —Sus brazos cincelados tiemblan alrededor
de mí mientras mordisquea mi labio—. Pero tu familia es mi familia. He tenido
mucha suerte de tenerlos. No voy a romper mi lealtad a ellos por una follada.
¿Entendido?

***

Las palabras de Razer han estado dando vueltas en mi cabeza y


generando preguntas para las que necesito respuestas. Como, por qué
demonios está tan seguro de que no sé lo que quiero. Si fuera alguien más,
entonces tal vez le creería. Después de todo, solo ha pasado una semana
desde que cancelé el compromiso. Debería estar ocultándome, hundida en
cócteles de helado como si estuvieran hechos de aire en lugar de mega
dosis de calorías, mientras lloro con un fajo de pañuelos arrugados
alrededor. Pero no lo hago, porque tan pronto como Razer regresó a mi
vida, me di cuenta que aún tenía mi corazón en la palma de su mano. Lo
que quería no había cambiado desde que tenía dieciséis. Me deslizo fuera
de la cama, y camino hacia su puerta. Está demasiado silencioso en el
pasillo oscuro y vacilo por un segundo.
No porque tenga miedo al rechazo. Ya lo ha repartido poco a poco.
Pero esas mariposas en mi interior se han multiplicado esta noche,
buceando y bailando entre mi caja torácica y mi vientre. Cuando abra esta
puerta, no le daré la oportunidad de intentar hacerme cambiar de opinión. 87
Mi puño golpeando la puerta resuena demasiado fuerte y me estremezco
cuando dudo si aún está despierto. Sus pisadas suenan pesadas pero
amortiguadas por la gruesa alfombra antes de abrir la puerta y hace que se
me haga agua la boca.
No lleva nada más que unos pantalones sueltos que se asientan bajos
en sus caderas. Puedo ver las sólidas líneas marcadas en V que conducen
por debajo de la cinturilla, en territorio que he visto pero nunca, jamás pensé
que de hecho podría tocar. Mientras se apoya contra el marco de la puerta,
frotando una mano sobre la espesa barba en su mandíbula, pasa su mirada
sobre mí. Se detiene en el dobladillo de mi camiseta, su camiseta. Aquella
que apenas cubre mis bragas.
—¿Qué haces, Claire? Pensé que habíamos terminado con esto.
No digo nada a medida que tomo su mano y lo llevo a mi habitación.
Me tiemblan las manos cuando cierro la puerta detrás de mí. Ningunas
palabras que pudiera decir lo convencerán de que lo digo en serio cuando
le digo que lo quiero. De modo que, tomo su mano en su lugar y lo llevo a la
cama. Razer es un hombre de acción, y la única forma de persuadirlo a
creer que digo en serio lo que digo es probándole hasta dónde estoy
dispuesta a llegar para tenerlo.
Me mira fijamente, sus ojos llenos de calor incluso cuando su control es
tan fuerte que temo que podría romperse en cualquier momento. Mis rodillas
golpean el borde del colchón y mi pecho se tensa. No estoy segura por
dónde empezar. Esto no es exactamente como preví mi primera vez. Pensé
que estaría casada, enamorada. Debería haber sido romántico. ¿Me
desnudo y me acuesto en la cama y espero a que él haga el siguiente
movimiento, o…?
—¿Estás jodidamente segura, dulzura? —Cierra la distancia sin que yo
sea consciente y mi respiración se acelera, su aroma inundando mis
sentidos.
Se me hace agua la boca y trago con fuerza. Tal vez no estoy segura
de cómo hacer que esto sea menos incómodo, pero sé que es lo que quiero.
He soñado con esta noche durante años. Ridículo, y sin embargo, de alguna
manera, el hecho de que sea él y que él es el único hombre con el que he
fantaseado de esta manera, en detalles vívidos, lo hace perfecto.
—Por favor, Raze.
Gime y lleva su mano a mi cara, pasando la yema de su pulgar por mi
mejilla antes de deslizar sus dedos en mi cabello y tirar de mi cabeza hacia
atrás de modo que pueda inclinar sus labios sobre mi boca. Sus besos son
una adicción y por una fracción de segundo me pregunto si después de
esta noche seré adicta a él de una manera que ni siquiera puedo entender.
Me quito el pensamiento y presiono mis palmas contra su pecho,
88
deslizándome aún más de puntillas, mordisqueando su labio inferior y
pasando mi lengua sobre la suya.

No puedo tener suficiente de su boca a medida que la presiono hacia


la cama. He intentado mantener mi distancia, intenté asustarla, pero no
puedo resistir la atracción que tiene sobre mí. Debería poder hacerlo.
Debería ser lo suficientemente fuerte como para luchar contra el enemigo
que es lo que siento por ella, pero no puedo. Lamiendo mi camino dentro
de su boca, agarro sus manos y las envuelvo alrededor de mi cuello.
—Te voy a dar lo que quieres. Pero no esperes demasiado de mí. No
voy a hacerte promesas de un mañana que no puedo cumplir.
No digo en serio estas mentiras que le digo. Aún estoy intentando
salvarnos de seguir este camino donde ya no podré alejarla, pero son
palabras huecas. No creo que pueda alejarme de ella ahora aún si mi vida
dependiera de ello.
—No necesito promesas. —Gime, su boca aún aferrada a mí, todo su
cuerpo alineado con el mío de modo que puedo sentir su pecho subir y
bajar, su pelvis rozando contra mi erección.
—Claro que sí. Eres una chica buena. Siempre lo serás. —Trazo un
nudillo por su costado antes de apretar su cadera.
—¿Te gustan las chicas buenas, Raze? —susurra, apartando sus labios
de mi boca, bajando por mi mandíbula, y a lo largo de mi garganta.
Fugazmente, con cuidado.
—Tengo el presentimiento de que sí. —Quiero arrancarle la ropa,
quiero ver qué tan rápido puede desvestirme, qué tan rápido puedo tenerla
tumbada y abierta debajo de mí mientras me deslizo dentro de ella y
descubro si lo real está a la altura de la fantasía. Estoy engañándome si creo
que hay alguna posibilidad de que tenerla no será mucho mejor que
cualquier cosa que mi mente pueda conjurar.
Devoro su boca como si fuera el maldito dueño de ella, sin
contenerme ante nada. Durante siete largos años he estado esperando
hacer esto. Combatiendo el impulso de encontrarla y hacerla mía. 89
Fantaseando con tenerla envuelta alrededor de mi polla, o en mi cara.
—Sé una chica buena y quítate la ropa.
Retrocede, sus dedos toqueteando el borde de mi camiseta. Vacila
por un segundo, su mirada sosteniendo la mía. Luego se mueve lentamente,
pasándola sobre sus brazos y arrojándola al suelo. Allí de pie, en nada más
que sujetador y bragas, esos pequeños pedazos de encaje, me hace olvidar
que alguna vez la vi como algo más que una mujer adulta.
—¿Te gusta lo que ves?
—¿Si me gusta? —Cubro la distancia para plantar mi boca en su
hombro, mordisqueando mi camino hasta su clavícula a medida que rozo
mi pulgar por su seno—. Eres una jodida obra de arte.
Inhala bruscamente mientras froto mis pulgares por sus pezones, a lo
largo del borde de su sujetador y luego hacia atrás. Los ganchos se sueltan
con un rápido apretón, y arrastro las correas por sus brazos. Sus tetas suben
y bajan con cada respiración, y se aferra a mí con un gemido cuando me
aferro a uno de esos malditos pezones rosados, retorciéndolo en mi boca
hasta que es un pico perfecto.
—A la mierda mis fantasías —digo.
—¿Fantasías? —Balancea sus dedos dentro de la cinturilla de mis
pantalones para trazar sus uñas sobre la cabeza de mi polla, y se alza bajo
ese simple toque como si estuviera muriéndose de hambre por su atención.
Demonios, he estado con las bolas azules por días, semanas, años cuando
se trata de ella—. ¿Qué tipo de fantasías?
—Del tipo donde estoy dentro de ti. Follándote mientras me montas.
—Oh. —Sonríe, sus muslos apretándose.
Si me estiro entre sus piernas ahora mismo, estará empapada por mí.
En cambio, la empujo hacia la cama y me hundo de rodillas delante de ella,
clavo mis dedos en el elástico de sus bragas y las arrastro hacia abajo.
—¿Oh?
—Tengo sueños sexuales. —Se aferra a mis hombros a medida que
hundo mi cara entre sus piernas y la respiro—. Contigo.
Es casi demasiado, escucharla hablar sobre sexo mientras su olor me
vuelve loco.
—Cuéntame de ellos. Dime qué sueñas que te haga.
Se sonroja de un color rosa tan bonito desde su cabello a sus pies,
cohibida a decirme lo que quiere.
—Tu boca sobre mí, lamiéndome.
90
—¿Sueñas con que hunda mi cara entre tus piernas? —¿Acaso sabe
cuánto tiempo he fantaseado con que me ordene algo así? Mierda, voy a
explotar, y apenas he tocado a la chica. No recuerdo que nadie haya
podido llevarme al límite de esta manera alguna vez. Pero ella tiene esta
habilidad de presionar todos mis botones sin siquiera darse cuenta—.
¿Quieres mi lengua en tu coño, devorándote hasta que te corras en mi
cara?
—¿Raze? —Le tiemblan las rodillas, su pelvis inclinándose para llevar
su sexo a mi boca. Puedo ver lo mojada e hinchada que está por mí, lo
excitada que se siente ante la idea.
Sumerjo mi lengua sobre su hendidura, la escucho gemir mientras
presiono la punta contra su clítoris y la pruebo. No es suficiente. Tan pronto
como su dulzura golpea mis papilas gustativas, quiero más. Quiero pasar
toda mi vida con mi boca sobre ella. Nunca tendré suficiente. Arrastrándola
dentro de mi boca, la devoro como he querido durante tanto jodido tiempo.
Se retuerce, sus caderas sacudiéndose contra mi cara y paso mi lengua por
su carne sensible hasta que hace este medio gemido y medio llanto como
si el placer que le estoy dando es casi demasiado para soportar. Luego se
arquea de la cama y exige más, con su coño aplastado en mi boca, me
folla la cara, su respiración tornándose fuerte y rápida en ráfagas cortas y
bruscas. Sé el momento en que comienza a llegar al clímax, el
estremecimiento que recorre sus muslos a medida que su coño se aprieta
alrededor de mi lengua. No disminuyo la velocidad, prolongando su
orgasmo hasta que se retuerce debajo de mí, empujando mi cabeza con
sus palmas. Y luego beso un camino hasta su pelvis, sobre su vientre,
rindiendo homenaje a sus hermosas tetas y luego me sumerjo en la base de
su garganta.
—¿Estuvo a la altura de tus sueños? —Al presionar mi boca empapada
con sus jugos contra la de ella, la dejo saborearse en mí—. Eres tan dulce
como el maldito pecado, dulzura.
Ruedo sobre mi espalda, con ella encima de mí. Se sienta a
horcajadas sobre mis muslos, su cabello cayendo como una cortina a su
alrededor de modo que apenas pueda ver sus ojos cuando me mira. Peino
los mechones hacia atrás, tomo su cabello en mi puño mientras ella tira de
mis pantalones hacia abajo en mis caderas. Cuando me mira nuevamente,
esos ojos violetas tienen mi pene dolorosamente rígido.
—Cuéntame una de tus fantasías —dice.
Una de mis fantasías… prácticamente la estoy mirando ahora mismo,
y luego envuelve su mano alrededor de mi polla y la acaricia.
—Esto, Claire. Estas jodidas manos suaves envueltas en mi pene
mientras me miras con esos ojos completamente abiertos. No tienes idea. 91
Ronronea, su rostro se ilumina y entonces se pone de rodillas entre mis
piernas, y lame la cabeza de mi polla, saboreando la pizca de líquido pre
seminal que se escapa de la punta antes de tomarme en su boca. Puedo
sentir el zumbido de su aliento mientras desliza su boca de arriba abajo. Sus
labios apretados a mi alrededor. Clavo mis dedos en su cuero cabelludo,
mis caderas elevándose cada vez que chupa.
—Tu boca es tan jodidamente caliente, Claire.
—Umm —murmura. Y una ráfaga de placer puro se dispara desde mis
bolas hasta mi eje. Si continúa, no voy a poder contenerme.
—Tienes que parar. —La levanto sobre mí, mordisqueando sus labios
mientras clavo mis dedos en sus nalgas y balanceo mi erección entre sus
muslos.
—¿Por qué? —pregunta—. ¿No te gustó?
—¿No me gustó? —Suelto una risa estrangulada y la ruedo debajo de
mí—. Eres un pedacito de cielo. Un poco más y me habría corrido en tu
boquita caliente.
La suelto solo el tiempo suficiente para sacar mi billetera de mi bolsillo
y encontrar el condón que he escondido allí antes de deshacerme por
completo de mis pantalones. Luego apoyo una rodilla entre sus muslos,
separándolos ampliamente.
—Eres jodidamente hermosa. —Deslizo mi dedo sobre la línea de su
coño, rozando su clítoris con la almohadilla—. Toda hinchada y mojada para
mí.
Gime, abre las piernas un poco más cuando hundo un dedo en ella,
acariciando el punto sensible en su interior hasta que está nuevamente al
borde.
—Te necesito. —Jadea a medida que sus caderas bombean con
cada deslizamiento de mi dedo sobre su carne demasiado sensible—. Te
quiero.
—¿Me quieres? —Solo pregunto porque quiero escucharla decirlo otra
vez. Quiero que me diga lo mucho que quiere esto. Yo, dentro de ella,
follándola hasta el olvido.
Sus uñas se clavan en mis hombros, mientras se arquea aún más
firmemente contra mi mano.
—Por favor, Razer. Por favor. Por favor. Por favor.
Me toma un momento colocar el condón sobre mi longitud dura y
cuando la miro, sus ojos están completamente abiertos a medida que
observa mi polla y tiene un firme agarre en su labio inferior con sus dientes. 92
—¿Qué pasa, dulzura?
—No eres pequeño. —Tartamudea las palabras—. No me lo esperaba.
No lo pensé.
Sacude su cabeza casi imperceptiblemente, luego se estira para
atraerme a ella. Frunzo el ceño. Hay algo en su expresión que no puedo
entender. Algo que aprieta mi pecho un poco. Me instalo sobre ella, la
cabeza de mi polla presionada contra su entrada. Está tan caliente y
húmeda, y la tentación de empujar en su interior y seguir con el momento
es casi demasiado para resistir. En cambio, me tomo mi tiempo reclamando
su boca hasta que sus caderas se mecen contra las mías y entonces, empujo
hacia delante, empalándome en ella. Sintiendo lo caliente y apretada que
está mientras se tensa a mi alrededor.
—Espera —susurra, su voz sonando aguda porque ya es demasiado
tarde. Se pone rígida debajo de mí, sus músculos tensos a mi alrededor. Si no
se hubiera puesto tan tensa, no lo habría sabido.
—Mierda. —No creo que nada me haya sorprendido más de lo que lo
ha hecho Claire en este minuto. Esa opresión en mi pecho se contrae,
aumenta. Agarro su rostro entre mis manos, acaricio su piel cremosa con la
yema de mi pulgar, sonrojándose de un tono rosa bajo mi toque. Hay algo
tan jodidamente mal conmigo que no puedo ni nombrarlo. Todo lo que sé
es que el aguijón de que ella me ocultara este secreto ni siquiera hace mella
en el estúpido orgullo ridículo invadiéndome. Le frunzo el ceño, bueno,
intento hacerlo, pero todo lo que puedo ver es lo mucho que significa esta
chica para mí y cómo no tengo ningún derecho a quitarle su virginidad—.
¿Claire? —Ni siquiera puedo evitar la ternura en mi voz—. ¿Qué demonios
has hecho?
Sus ojos brillan, su aliento viniendo en pequeños jadeos a medida que
yacemos congelados, entrelazados. Gira la cara hacia un lado, negándose
a mirarme.
—No pensé.
Sus palabras me golpean. No pensó. Se arrepiente de haber hecho
esto conmigo. No la culpo. Demonios, intenté advertirla. Esta atracción entre
nosotros está mal, y ahora va a vivir con el arrepentimiento porque no pude
luchar contra ella un poco más fuerte.
—Mierda. —Me alejo de ella, necesitando poner distancia entre
nosotros. Necesitando que esta noche no haya sucedido, porque estoy
jodidamente seguro que no voy a poder volver a meterla en la caja en la
que la he mantenido.
Arroja sus manos hacia mis caderas, las sujeta, clavando sus uñas en
mi piel. El agudo mordisco de ellas clavadas en mi carne, apenas hiere el 93
remolino de ira estallando en mis entrañas por haber sido tan estúpido.
—Razer, por favor no me odies.
No puedo odiarla. Si tan solo pudiera. Todo esto sería mucho más
simple si pudiera odiarla, o enojarme con ella, o sentir otra cosa que no sea
que es la chica con la que quiero estar y la chica con la que no debería
estar.
—No te odio, dulzura. Ojalá pudiera.
Se estremece, y quiero pasar mis manos sobre su piel. Aliviar el dolor
que puedo ver allí.
—Por favor, Razer. Finge por esta noche que no soy yo, y que no era…
inocente. Quiero estar contigo.
Y ahí está el problema. Porque sin importar que sepa que no debería
quererla, no debería tener estos sentimientos por ella. Cuando me dice que
me quiere, no puedo decir que no.
—Maldita sea, Claire. —Me instalo sobre ella otra vez, e inclino mi boca
sobre la de ella—. Quiero estar contigo, pero no puedo fingir que no eres tú,
y no puedo fingir que no acabo de tomar tu virginidad. Pero deberías
haberme dicho.
—Nunca habrías cedido si lo supieras. —Se aferra a mí, enterrando su
cabeza en mi cuello.
—Habría luchado aún más contra ti. —Tomo su rostro entre mis palmas,
miro esos ojos en los que nunca puedo dejar de terminar atrapado—. Haré
todo lo posible para que esto sea bueno para ti.
Nos quedamos así por no sé cuánto tiempo, con mi polla presionada
contra su hendidura, ansiosa por volver a conducirse en su interior y sentir lo
apretada que está a mi alrededor. Nuestras respiraciones surgiendo en
ráfagas superficiales hasta que se mece debajo de mí, sus palmas
apoyándose en mi trasero para atraerme hacia ella.
Incluso entonces voy lento. Besando y mordisqueando su boca a
medida que empujo un centímetro a la vez, dándole tiempo para
adaptarse a la sensación de tenerme dentro de ella. Retrocediendo, antes
de moverme otra vez.
—¿Estás bien, dulzura?
—Sí —susurra, gimiendo cuando presiono de nuevo—. Se siente tan
bien, Raze. Más.
—Codiciosa. —Gimo cuando finalmente me entierro dentro de ella—
. Te sientes tan jodidamente apretada.
Sus músculos se aprietan alrededor de mí, haciéndome sentir ansioso
por bombear en ella, pero la dejo liderar. Sus caderas ondulando debajo de
94
mí, empujando y arrastrando su coño de arriba abajo a lo largo de mi pene
con una lentitud insoportable. Acunándola entre mis brazos, cubro su boca
con besos persistentes hasta que se está frotando más fuerte contra mí, sus
movimientos bruscos y frenéticos. Cada respiración que toma termina en un
pequeño grito áspero.
—Estoy cerca.
—Mierda, Claire —rechino entre dientes, mientras empujo una y otra
vez en su interior hasta que grita mi nombre, hasta que sus paredes internas
se contraen tan jodidamente dulce alrededor de mi polla. Mis bolas se
tensan, enroscando mi cuerpo a medida que la sigo por el borde del clímax.
Tiempo después, me giro y retiro el condón de mi eje, atando un nudo
al extremo y arrojándolo a la basura debajo de la mesita de noche, antes
de atraerla hacia mis brazos nuevamente.
—¿Estás bien?
—Mejor que bien. —Descansa su cabeza sobre mi hombro,
mirándome, y sonrío ante el destello en sus ojos, el rosa en sus mejillas. Se ve
aún más hermosa así. Desaliñada, exhausta, y tan jodidamente mía—. ¿Te
vas a ir ahora?
—No —murmuro contra su cabello. No creo que vuelva a irme nunca
más—. Iré a mi habitación antes de que alguien se despierte en la mañana.
—Está bien. —Se tapa la boca para ocultar otro bostezo, mientras yo
levanto las mantas sobre nosotros. Y la veo dormirse.

95
11

C
uando despierto, Razer se encuentra acostado de lado,
mirándome.
—Roncas cuando duermes.
—Cállate. —Le arrojo mi almohada.
La aparta, y sonríe.
—Es lindo. 96
—Lindo, ¿eh?
—Sexy.
—Mentiroso.
Desliza su mano por mi muslo.
—Ambos sabemos quién es la mentirosa aquí.
—¿Estamos bien? —Me pongo de lado y me quito el grueso flequillo
de mi cara, conteniendo la respiración mientras espero que él diga algo,
cualquier cosa. Aún tengo presente la forma en que casi sale corriendo
cuando se dio cuenta que era mi primera vez. Pensé que ya se habría ido a
estas alturas. Si soy honesta, esperaba que hubiera volado de Reverence.
Me responde al rodarme por debajo de él, su pesado cuerpo
instalándose sobre mí a medida que separa mis muslos con su rodilla.
Sosteniendo mi cabeza entre sus manos, se demora sobre mis labios en una
tentadora muestra de afecto hasta que me quedo sin aliento, aferrándome
a él, ya ansiándolo.
—Estamos… algo —dice—. No puedo sacar tu sabor de mi boca.
—¿Probaste usar pasta de dientes? —Jadeo cuando presiona la yema
de un dedo contra mi clítoris, encontrándome empapada.
—Mierda. No tienes ni idea. —Presiona un caliente beso húmedo en el
valle entre mis senos—. Quiero tu sabor en mi lengua. Anoche no pasé
suficiente tiempo saboreándote como quería. Ahora ven aquí. —Se acuesta
boca arriba, arrastrándome sobre él hasta que estoy a horcajadas sobre su
pecho, su nariz presionada contra mi hendidura de modo que pueda
respirarme—. Dios, Claire, ¿sabes cuántas veces he fantaseado con tener mi
lengua en tu clítoris, lamiéndote hasta que te corras en mi boca? ¿Sabes
cuántas veces me masturbé durante siete putos años ante la dulce imagen
de ti montando mi cara? —Agarra mi trasero, empujándome hacia delante
y cuando la punta de su lengua emerge para presionarse contra mi clítoris,
una ráfaga de excitación se dispara a través de mí.
—Dios, Razer. —Gimo por ese toque ligero, prácticamente
derritiéndome de adentro hacia fuera.
Luego me toma en su boca, al principio suavemente, dándome un
momento para acostumbrarme a la sensación antes de chuparme tan
fuerte que grito. Se aleja, deslizando una mano por mi vientre, sobre un seno,
deteniéndose para pellizcar un pezón entre sus dedos antes de cubrir mis
labios.
—Tus hermanos están en casa. Sé una chica buena y guarda silencio.
Mierda. Mierda. Mierda. Chupo sus dedos en mi boca en un intento
de amordazarme, envolviendo mi lengua alrededor de ellos.
97
Deja escapar un gemido gutural.
—Maldición, Claire. Tengo algo más en lo que podrías envolver tu
bonita boquita.
Habla de su enorme pene duro como una roca. El jodido Razer
Bennington se halla en mi cama con su boca en mi coño, pidiendo que le
dé una mamada. Todo es tan ridículamente surrealista. Antes de anoche,
apenas había probado la forma en que ahora me estaba hablando, como
si fuera mi dueño, como si pudiera ordenarme.
—¿Por qué crees que haré lo que quieres?
—Porque tú también lo quieres, Claire. Lo quieres tanto, que puedo
verlo en tus ojos. Si no estuvieras tan jodidamente ocupada chupando mis
dedos, estarías lamiéndote los labios pensando en tenerme en tu boca. —
Tiene razón, no es que se lo diga. No cuando intento tanto guardar silencio
mientras él sujeta mis nalgas, separándome sobre su boca y hundiéndose en
mí con tanta hambre que me deja sin aliento. Su lengua está en todas
partes, lamiéndome hasta que me sacudo contra su cara, montándolo
como uno de esos toros mecánicos. Luego empuja su lengua dentro de mí,
y quiero gritar con lo intenso que es mi clímax. Mis músculos tensándose a
medida que cumple su promesa de hacerme correr en su boca. Cuando
finalmente me detengo, me quedo sin aliento mientras me aferro a la
cabecera, y él me observa—. Eres tan jodidamente sexy cuando te sonrojas
toda. Me gusta que sea por mí. —Retuerce un mechón de mi cabello
alrededor de su dedo y me empuja hacia su boca resbaladiza. Me saboreo
en su lengua a medida que me devora lentamente—. ¿Te sientes adolorida?
—¿Adolorida? —Me lleva un minuto comprender lo que me pregunta.
Si estoy adolorida de lo que hicimos anoche. Si siento que tengo un agujero
enorme en mí por donde entró—. Un poco. —Sonrío—. Pero me gusta. En
cierto modo, siento como si aún estuvieras dentro de mí.
Gruñe por lo bajo en su garganta.
—Quiero estarlo. Tu coño es tan apretado, tan jodidamente caliente.
Pero no quiero lastimarte.
—No estoy hecha de cristal. —Me deslizo más abajo por él, marcando
su piel con mis labios. Aún no lo sabe. Dejó en claro que esto no era más que
sexo. Pero estoy apostándolo todo. Y usaré todas las armas en mi arsenal
para reclamarlo—. No soy tan preciosa que no puedes ser un poco brusco
conmigo.
Gime y agarra mis caderas, manteniéndonos congelados en el lugar.
—No es demasiado tarde, Claire. Podemos detener esto ahora y
nadie tiene que saberlo. —Su voz se quiebra, un poco ahogada—.
Podríamos volver a como estaban las cosas antes.
Creo que los dos sabemos que es un mentiroso. Las cosas jamás
98
podrán volver a ser como eran antes. No puedo mirarlo y no querer tocarlo,
sentirlo. Eso no es lo que quiero. No después de siete años de sueños y
fantasías sexuales. No después de anoche.
—¿Eso es lo que quieres?
—Diablos, no. —Pasa sus manos por mis costados y sobre mis senos
para acunar mi garganta—. Pero siempre te veré como algo precioso,
Claire. Estás demasiado arraigada a mi vida para no serlo.
Me duele la suavidad de sus palabras, lo cual no hace nada para
ocultar el anhelo subyacente. Pero la corriente subterránea de lo mucho
que no quiere perderme, a ninguno de nosotros, incluso para estar conmigo
de esta manera, se me clava en el alma y me roba el aliento. No es justo lo
que le he hecho. Pero no puedo evitar sentir esta codicia por tener más de
él, incluso si tiene razón sobre mis hermanos.
—Bien. —Sujeto la base de su polla en mi mano y acaricio la longitud—
. No quiero renunciar a esto. Te quiero dentro de mí, estirándome,
llenándome. Quiero que te corras dentro de mí.
—Tienes una boca tan sucia para una chica buena. —Pasa su pulgar
sobre mi labio inferior—. ¿Dónde aprendiste a hablar así?
—De ti. ¿No te gusta?
—Tienes tu mano envuelta alrededor de mi polla. —Empuja en mi
mano—. ¿Qué crees?
—Creo que quieres correrte dentro de mí. —Bajo la mirada hacia
donde mi mano acaricia su eje. Hay una pequeña gota de líquido pre
seminal en la punta, rogándome que la pruebe. Bajando la cabeza, saco la
lengua para lamerla—. O tal vez quieres correrte en mi boca.
Se sacude debajo de mí con un gruñido salvaje cuando me abro para
tomarlo en mi boca, lamiendo la cabeza de su polla a medida que lo
empujo adentro. Es tan grande que en realidad no creo que pueda
abarcarlo todo, pero deslizo mis labios de arriba abajo, mi mano
acariciando su longitud.
—Cristo. —Sujeta mi cabeza entre sus manos, empujando más
profundamente en mi boca hasta que golpea la parte posterior de mi
garganta—. Te sientes tan jodidamente bien en mi polla.
Me rio y la vibración de mi garganta alrededor de él debe ser casi
demasiado, porque se arquea y agarra un puñado de mi cabello para
arrastrar mi boca sobre la suya con tanta ferocidad que estoy temblando y
sin aliento cuando finalmente me da la opción para respirar.
—Eres jodidamente brutal para el autocontrol de un hombre. Lo sabes,
¿verdad? 99
—Tengo una idea —me las arreglo para decir entre jadeos rápidos.
—No creo que lo hagas. —Aún tiene mi cabello envuelto alrededor
de su puño, y el tirón hace algo que altera mi cerebro, o tal vez es que
cuando se sienta debajo de mí presiona su polla contra mi hendidura de tal
manera que creo que va a deslizarse directamente en ella—. Eres tan
jodidamente hermosa. Móntame, dulzura. Quiero verte mientras te corres en
mi polla.
Desliza sus dedos entre mis piernas, notando lo empapada que aún
estoy. Que tenerlo follando mi boca me excita. Luego busca un condón en
la mesita de noche, y levanto una ceja.
—¿De dónde vienen?
—Tenía algunos en mi bolso. —Rompe el paquete y enrolla el látex
sobre su pene.
—Siempre preparado. —Me alegra que tenga la experiencia para
recordar detalles tan pequeños pero importantes.
Aferra mis caderas, me arrastra contra él. Sin moverme para deslizarse,
sino presionar su dureza en mi entrada, esperando que lo tome.
—Siempre, pero no para esto. Juegas una guerra muy sucia, dulzura.
No tenía forma de estar preparado para lo que me has hecho.
—Siempre he sido terca. —Levantándome en mis rodillas, lo agarro
con una mano y me hundo en él. Me duelen los músculos internos de
anoche, pero es un tipo de dolor dulce. Del tipo que se siente aún mejor
cuando se hace un poco más nítido. Gime a medida que lo asimilo todo,
frotándome contra él mientras me rodea con sus brazos, su mano acunando
la parte posterior de mi cuello a medida que mordisquea mi hombro. Está
en todas partes, alrededor de mí, dentro de mí, poseyendo mi cuerpo como
siempre se suponía que debía ser. La fricción deliciosa de él acariciando mis
puntos más sensibles envía ondas de placer a través de mí, hasta que no
puedo soportarlo, hasta que estoy gimiendo por su dulce tortura.
Captura los sonidos con su boca, empujando su lengua contra la mía.
—Córrete para mí, dulzura. Déjame ver lo que te hago.
Sus palabras tienen su propio tipo de magia. El tipo que atraviesa mi
núcleo, intensificando lo que hace con su polla. Aferrándome a él, me
balanceo más rápido sobre él a medida que mi orgasmo comienza una
reacción en cadena de implosiones que me arrojan al límite. Después atrae
mi cabeza de vuelta, acaricia mi cuello y roza mi piel con sus dientes,
mientras embiste contra mí con una desesperación salvaje, corriéndose con
fuerza dentro de mí.
100

No dejamos su cama por un tiempo. En cambio, la acuesto y la


sostengo, hablando en murmullos silenciosos mientras mis manos exploran
cada centímetro de su cuerpo. Cuando se gira contra mí, rozando mi polla,
cubro su boca con la mía. No quiero dejar este mundo que hemos
construido a nuestro alrededor. Me hace correrme en su mano a medida
que me cuenta uno de sus sueños sexuales, y luego vuelvo a poner mi boca
entre sus piernas hasta que está completamente rosada por su orgasmo, y
estoy seguro que nunca podré olvidar su sabor.
Cuando finalmente nos levantamos, nos vestimos en silencio,
comunicándonos con caricias tiernas y miradas persistentes antes de
atraerla y reclamar su boca nuevamente. Los chicos se mueven alrededor
de la casa, hablando y maldiciendo mientras lidian con sus resacas, y asomo
la cabeza para asegurarme que el pasillo está vacío antes de salir de su
habitación y dirigirme a la cocina.
—¿Quieres huevos? —Tom arroja una cuchara de esponjosos huevos
revueltos en un plato—. ¿Tocino? ¿Café? ¿Qué tal tu cabeza?
—Mejor que la tuya. —Tomo el plato y los cubiertos que él sostiene,
mientras Mace sirve café—. Ambos se ven como una mierda.
—Tomamos un par de copas más en donde Chelsea. Terminé
quedándome en su sofá. —Mace empuja una taza debajo de mi nariz—.
Claire debe sentirse jodidamente miserable. Esta mañana gemía como si se
estuviera muriendo.
Mierda. Pensé que habíamos sido silenciosos, pero no quería
silenciarla por completo. Escucharla gimiendo por mí me dejó al borde del
clímax.
—Sí, también escuché eso. —Tom asiente y lanza una mirada en
dirección a las habitaciones—. Será mejor que no haya vomitado en la
alfombra.
—Buenos días. —Entra mientras Tom deja el resto del huevo en un
plato—. ¿Quedó algo para mí?
—Claro, pequeña. ¿Te sientes bien? —pregunta evaluando su cara.
101
Se ve jodidamente radiante. Le da esta sonrisa radiante y roba una
rebanada de tocino del plato de Mace, no recibiendo por poco un
manotazo de su parte.
—Por supuesto. ¿Por qué no lo estaría?
—Sonabas como un gato moribundo —murmura Mace hacia su
plato—. Hermanitas molestas, siempre robando tu tocino.
—Oh. —Su mirada encuentra la mía, brilla con calor y humor—. Estaba
teniendo sexo.
Los dos chicos comienzan a tener arcadas.
—Oh, qué asco, pequeña —dice Tom.
Mace deja su plato en el fregadero, con huevos y todo.
—Maldita sea, no quiero escuchar eso. Ahora mi desayuno se arruinó.
Reprimo una carcajada, mis labios contrayéndose. Aferro mis rodillas
con mis manos para no levantarme y sentarla en ellas. Incluso aunque me
preocupa que lleguen a cierta conclusión, que intenta hacer que me
pateen el trasero. Que sabe que lo merezco por ceder ante ella. Y lo hago,
porque lo sé bien. Aún es la bebé de la familia de muchas maneras, y
debería haber sido capaz de luchar contra ella.
—Oh, vamos. Probablemente solo tuve una pesadilla. No tenías que
irte y desperdiciar un desayuno perfectamente bueno.
—Lo que sea. —Gruñe Mace a medida que sale de la cocina—. Mi
hermana y sexo no van en la misma oración. Nunca.
—Qué marica. —Tom se ríe a carcajadas, metiendo un último bocado
masivo de huevos en su bocaza antes de enjuagar su plato—. Voy a llevar
a Lucky a correr.
Deslizándome detrás de ella mientras sujeta su café, acaricio su oreja
con mis labios.
—La próxima vez vas a tener que ser más callada.
—La próxima vez. —Se retuerce en el soporte de mis brazos, frota sus
dedos sobre el contorno de mi polla—. Quiero gritar tu nombre con todos
mis pulmones.
—Mierda, dulzura. —Estoy jodidamente duro al instante, queriendo
arrastrarla de vuelta a su habitación y repetir las últimas doce horas.
—Creo que dejé mi celular en la cocina. —Nos separamos de un salto
cuando Tom regresa a la habitación.
Le doy la espalda, y Claire me da una sonrisa rápida de soslayo antes
102
de rodearme.
—Toma. ¿Mace va acompañarte?
—Nah. Se está encargando de su dolor de cabeza frente a la
televisión. Los veré luego, chicos.
Tan pronto como sale de la habitación, agarro su mano.
—Salgamos de aquí.
Asiente.
—De acuerdo.
La llevo a dar un paseo en mi moto, queriendo disfrutar del sol. Salimos
por las carreteras secundarias, abriéndonos paso más allá de los límites de
Reverence. Se aferra a mí con fuerza, su rostro presionado contra mi espalda
hasta que encuentro el lugar que estoy buscando. No he estado aquí por
años. No desde el día que me fui.
Esa fue la última vez que planeé volver. Se baja de la moto, y tomo su
mano, atrayéndola a lo largo del campo y a través de la línea de árboles.
Caminamos a través del dosel oscuro, el sol entrando en haces
aleatorios donde penetra en áreas ramificadas más delgadas, hasta que
nos volvemos hacia un delgado sendero rocoso que no es más que una
línea erosionada en la ladera de la colina. Sostengo su mano a medida que
ascendemos sobre la superficie de guijarros y apartamos la maleza
cubriendo todo el lugar. Probablemente hay otra forma de llegar a la cima
de esta colina, pero este es mi camino y no parece que nadie más haya
estado aquí desde que me fui. Cerca de la cima hay una roca que bloquea
el camino y la única forma de pasarla es subir a ella. Estando en la parte
superior la levanto, atrapándola entre mis brazos mientras recupera el
equilibrio.
—Guau. —Se gira lentamente y contempla la vista.
Pero ya la estoy empujando al otro lado y a lo largo de la cornisa.
—A veces, solía venir aquí —le digo—. Cuando no me sentía muy
afortunado. Cuando me quedaba en casa de mi abuelo, y deseaba estar
en tu casa en su lugar.
—Lo recuerdo —dice—. Aunque no mucho. En realidad no entendía
por qué llegabas a casa con los ojos morados, o la vez que te rompiste el
brazo. Recuerdo haber deseado que no te fueras durante tantos días a la
vez. Tu lugar era con nosotros, y no entendía por qué querrías estar lejos.
—¿Recuerdas la primera vez que me besaste? —pregunto riendo,
atrayéndola hacia abajo sobre esta roca que se ha formado como un
asiento, su superficie desgastada por el clima. 103
—Cuando tenía dieciséis. Intenté olvidarlo.
—No. —Observo el valle, con su cuadrícula de prados y el arroyo
corriendo como una cinta a través del medio—. Tenías cinco años.
Sacude la cabeza, frunciendo el ceño mientras lucha por un recuerdo
perdido hace mucho tiempo.
—Los chicos tenían piojos cuando tenía cinco años.
—Tal vez. —Sujeto su barbilla entre mis dedos—. Llegué de la casa de
mi abuelo con hematomas en mi mejilla. —Un escalofrío recorre mi espalda,
la ira y el alivio palpitando debajo de mi piel a medida que considero lo peor
que habría sido mi vida sin ella, sin la familia que me acogió como uno de
los suyos y nunca esperó nada a cambio.
Pasa las yemas de sus dedos sobre la débil cicatriz debajo de mi ojo
derecho.
—Esa fue la última vez, ¿no?
—Los viste y lloraste, aferrándote a mi tobillo, sollozando. —Deslizo mi
mano en su cabello, acuno la parte posterior de su cabeza—. Hiciste todo
un berrinche hasta que les dije a tus padres que no me enviaran de nuevo
allí. Después te subiste a mi regazo y me besaste por toda la cara,
baboseándome hasta culminar con uno justo en mi boca.
Se ríe, y el sonido me acelera.
—Eso no cuenta.
—Me salvaste cada maldito día. ¿Entiendes eso? Así que, cuando esto
termine… —Rozo mi boca sobre la suya. Siento su inhalación brusca. Mi
pecho apretándose con la idea de tener que dejarla ir, no poder tocarla
como quiero, o peor aún, verla con alguien más. Porque una vez que sus
hermanos descubran lo que siento por ella, estoy jodidamente seguro que
ya no seré bienvenido en su vida, ni en la de ellos. Pero tampoco voy a
desaparecer nuevamente de su vida. No cuando a la larga no me ayudó a
mantenerme alejado de ella—. No voy a sacarte otra vez de mi vida.
Hace una mueca.
—En serio crees que no sé lo que quiero, ¿verdad?
—Oh. Sé lo que quieres. —La arrastro para subirla a horcajadas en mi
regazo, deslizando mi palma entre sus piernas a medida que empujo a un
lado la inevitabilidad de que no estará lista para lo que quiero hasta mucho
después de que se haya alejado de mí—. Quieres gritar mi nombre.
Sacude la cabeza, alejándose de mí hasta pararse al borde de la
cornisa, mirando por encima del hombro hacia la vista debajo de nosotros. 104
—No, no solo quiero gritar tu nombre. —Su rostro se divide en una
sonrisa que ilumina todo antes de girarse para enfrentar todo ese espacio
abierto y gritar a todo pulmón—: Razer Bennington tiene un pene perfecto,
y es todo mío. ¿Me escuchan? Él es todo mío.
Disparándome desde la roca, la abordo, presionando mi palma sobre
su boca mientras carcajea a todo pulmón.
—No hagas eso. ¿Y si alguien te escucha?
—¿Aquí arriba? —Jadea sin aliento bajo mi peso, mientras sus manos
exploran mi espalda—. Nadie va a escucharme.
Me arrodillo entre sus piernas, recorro mis palmas hasta el interior de
sus muslos.
—¿Segura de eso?
Sus ojos se abren de par en par cuando la acaricio a través de sus
bragas. Está mojada al instante, su jadeo quedando reemplazado por
pequeños gemidos sin aliento a medida que empujo la seda a un lado para
hundir un dedo dentro de ella mientras mi pulgar frota círculos sobre su
clítoris.
—Estoy bastante segura.
—Bien. —Levanto su camisa por encima de su sujetador, lamiendo y
chupando sus senos a través del material delgado hasta que se arquea en
mi mano. Hasta que esos quejidos se vuelven guturales—. Quiero oírte gritar
mi nombre cuando te corras, hermosa.
—Raze. Raze. Raze —canturrea mi nombre como una oración a
medida que froto sus puntos más sensibles, cada vez más fuerte, más cerca
del orgasmo.
Y cuando finalmente se corre en mis dedos, sus músculos apretándose
a mi alrededor, grita mi nombre tan fuerte que siempre llevaré el sonido
conmigo. Es lo más perfecto que he escuchado alguna vez.
Luego la levanto, tomándome mi tiempo besando su boca, su cuello,
sus hombros mientras su respiración ralentiza, y el dulce rubor en sus mejillas
disminuye. Es todo lo que imaginé y más, y cada vez que le miento, a mí
mismo, diciéndole excusas de por qué esta cosa entre nosotros no puede
durar, el dolor corta en mi corazón un poco más.

105
12

M
ace decide que estoy monopolizando a Razer, y que los dos
deberían pasar un tiempo juntos sin tener que cuidar a la niña,
de modo que salen durante la tarde. No creo que Raze esté
muy feliz con eso. No es que no quiera pasar tiempo con su mejor amigo,
pero hemos estado guardando nuestro secreto durante una semana,
escabulléndonos a espaldas de Mace y Tommy. Hace que sea un poco
difícil mirarlos a los ojos cuando preguntan qué hemos estado haciendo.
Siempre hemos sido una familia muy unida, de modo que ocultarles algo 106
parece una traición.
Sin embargo, con la partida de Razer, tengo la oportunidad de
terminar un trabajo atrasado, así como contactar a mi abogado para saber
la situación con Henley. Podré concentrarme sin que Razer me esté tocando
o susurrando palabras perversas al oído cada vez que tiene la oportunidad.
—Hola, Tommy. —Me inclino sobre él para robar un bolígrafo del
soporte en su escritorio improvisado—. No esperaba que estuvieras en casa
tan temprano.
—Ummm —dice, embelesado con la pila de sobres frente a él. Su
computadora portátil suena cuando llega un correo electrónico y levanta
la vista por una fracción de segundo antes de descartar un sobre en la
papelera y aplanar la carta en su escritorio—. Necesito terminar algunos
papeleos.
—Entonces, ¿no es porque quieres pasar el rato con tu hermana
favorita? —Salto sobre el sofá, levantando mis pies debajo de mí mientras
enciendo mi propia computadora portátil.
Se detiene el tiempo suficiente para reír.
—Eres mi única jodida hermana.
Lo dejo volver a trabajar ya que tengo algo que hacer. He estado
evitando tratar cualquier cosa relacionada con Henley, pero con la noche
de donaciones más grande para House to Haven a la vuelta de la esquina,
tengo que aguantarme. Me lleva varias horas leer todos mis correos
electrónicos, eliminarlos, clasificarlos en carpetas y responder a aquellos que
no pueden delegarse. En su mayoría son del maldito Henley, lo que solo me
cabrea ya que tengo que abrir cada uno de ellos para asegurarme no pasar
por alto nada relacionado con el trabajo. Pero cada vez que leo: Lo siento.
Por favor, perdóname. Somos un gran equipo. Quiero decirle que ya tengo
un gran equipo. Se llaman hermanos, y entre ellos tengo un boxeador, un
marine y un mago. Y eso sin contar a Razer. Tres de ellos pueden joderlo, y
el último puede hacerlo desaparecer.
Mace entra entonces, Lucky pisándole los talones.
—¿Por qué se ven tan serios ustedes dos? —Se detiene para inclinarse
sobre mi hombro, sus manos sujetando el sofá a cada lado de mi cabeza
cuando lee otro de los mensajes de Henley. Ella no significó nada. Solo me
desahogaba. Será diferente cuando nos casemos. Cuando dejes de ser tan
provocadora.
—¿Este es el tipo? ¿Este es el imbécil que ha estado jodiendo contigo?
—Es casi gracioso que Razer entra cuando Mace golpea su puño contra el
respaldo del sofá, haciendo que todo vuele a las tablas del piso, mientras
me sobresalto ante la intensidad de su arrebato—. Voy asesinar a ese hijo 107
de puta.
—Jesús. —Tom salta de su asiento—. Cuidado con mi sofá, imbécil.
El rápido destello preocupado que cruza el rostro de Razer me hace
preguntarme si teme a Mace. No lo habría pensado, pero solo se queda allí
parado con los pies separados y las manos detrás de su espalda a medida
que Mace continúa con su diatriba.
—¿Cómo dijiste que se llamaba? ¿Haley, Hedley?
—Henley —ofrece Razer, la comprensión floreciendo en su mirada.
Cruza la habitación para ojear el correo electrónico que he dejado abierto
en mi computadora—. Provocadora, ¿eh? —Apoya una mano sobre mi
hombro, sus dedos frotando los nudos de tensión allí. Recuerdo que me
llamó así con frustración no hace mucho tiempo, pero no con la burla
equivocada que Henley le puso—. ¿Crees que es peligroso?
—Creo que es iluso —le digo—. Pero, ¿peligroso? De hecho, no. Para
ser sincera, puede que no le haya dicho que terminamos. Solo hui cuando
lo encontré con la aspirante a Pamela.
—De todos modos, debería haber sido bastante claro —dice Razer.
—Lo dejaré jodidamente claro. —Gruñe Mace—. Dame su dirección
e iré a matar al maldito bastardo ya que ninguno de estos imbéciles se
atreve.
—Oh, cállate, idiota. ¿Crees que no nos ofrecimos a lidiar con él? —
Tom se recuesta en su silla con las piernas estiradas frente a él.
—En realidad, no es gran cosa. —Salto del sofá y tomo las manos de
Mace, aún apretadas en puños—. Por favor, solo quiero dejarlo atrás. Le
enviaré un correo electrónico y me aseguraré de que capte la situación,
pero eso es todo. Puedo cuidarme sola, ¿recuerdas? Ustedes se aseguraron
de eso.
Se relaja visiblemente, la tensión esfumándose de él.
—Prométeme que me dirás si sigue con esta mierda. No me gusta. He
visto… —Sacude la cabeza—… cosas como esta que pueden escalar
rápidamente.
—Lo prometo. Pero, sinceramente, no hay nada de qué preocuparse.
Razer se aclara la garganta detrás de nosotros.
—Tal vez uno de nosotros debería llevarla al gimnasio de Tom mañana
para un pequeño repaso.
—Iré ya que te estás ofreciendo —digo, echándole un vistazo, e
intentando sofocar la sonrisa juguetona en mis labios ante la idea de sudar 108
un poco con Razer de cualquier manera que pueda.
—Vengan en la mañana. Les reservaré el ring gratis. —Tom asiente,
levantándose y dirigiéndose hacia la cocina—. Voy a pedir pizza.
—Sin piña. Sabes que odio esa mierda. —Mace se acerca al sillón
reclinable aún furioso y enciende el televisor, levantando los pies sobre el
respaldo cuando encuentra un deporte para mirar.
Me instalo nuevamente en el sofá y le escribo un correo electrónico a
Henley. Uno que explica en detalle contundente que no voy a volver con él.
Que he cumplido con los contratos que sus productores me hicieron firmar,
y he contactado con mi abogado. Luego le doy el correo electrónico de mi
abogado y le pido que se comunique conmigo a través de él de modo que
no tenga que lidiar con sus intentos patéticos de hacerme cambiar de
opinión. Razer se sienta a mi lado, su atención en la televisión, aunque sus
dedos cosquillean constantemente la parte externa de mi pierna mientras
envío algunos correos de ida y vuelta con Olivia. Creo que se siente tan
preocupado como Mace por Henley, pero no quiere asustarme. No es que
esté de acuerdo con ellos, pero por otro lado, el hombre me gustó una vez
y ahora empieza a convertirse en esta clase de acosador asqueroso. Así que
cumpliré mi promesa a Mace. Si llego a recibir otro correo electrónico de
Henley, les diré exactamente dónde encontrarlo.
Los chicos terminan absorbidos por sus deportes, cada uno de ellos
turnándose para gritar y maldecir a la televisión mientras comemos pizza.
Esta es la primera vez que hemos estado todos juntos, relajándonos como
solíamos hacer antes de que todos tomáramos caminos separados. Me
acurruco con Tom cuando deciden ver una película y me pregunto por qué
alguna vez pensé que la vida sería mejor lejos de ellos. Lo único que podría
hacer que esto sea perfecto es que Rush también viniera a casa. Pero Rush
no va a volver a casa. Apenas puede manejar el día de Navidad conmigo
y Tom en la ciudad, y mucho menos la vida en un pueblo pequeño.
Deslizando mi mano en la de Razer, descanso mi cabeza sobre el hombro
de Tom. No quiero volver a ser alguien que ya no soy, si es que alguna vez lo
fui.

***

Razer se escabulle en mi habitación y cierra la puerta mientras me


estoy preparando para acostarme.
—¿Vas admitir que es mi camisa?
—¿Esta cosa? —La paso sobre mi cabeza, y deslizo mis manos sobre
ella—. Te dije que es de segunda mano.
—Me lo dijiste —dice roncamente, asintiendo a medida que se acerca
109
y extiende su palma delante de mí—. Ahora me gustaría que la devuelvas.
—No va a pasar. —Me cruzo de brazos y lo miro fijamente,
desafiándolo a que intente tomarla. Hoy ha sido perfecto, y no quiero que
termine. No estoy lista para darle la oportunidad de escapar.
—Voy a tenerla, Claire. Aunque tenga que despojártela con mis
manos. —Toca el dobladillo—. Así que bien podrías obedecer.
—En tus sueños. —Le doy la espalda y me inclino sobre la cama para
deslizar las sábanas.
Él sujeta mis caderas, empujando su dureza contra mis bragas.
—Un millón de veces en mis sueños. Ahora sé una chica buena y
quítate la maldita camisa, o la quitaré yo mismo. De cualquier manera,
dulzura. Depende de ti.
Su dulce presión frotándose contra mí me tiene tan excitada que me
presiono aún más contra él. Lo quiero más cada vez que hacemos esto.
¿Acaso es posible? Querer algo con tanta intensidad que me duele todo el
cuerpo con la menor provocación.
—No voy a dártela.
Deja escapar un rugido gutural, lo que me hace preguntarme lo
mucho que se contiene para mantener este secreto nuestro, y suelta mis
caderas para apretar el cuello de la camisa con sus puños, rasgándola justo
por la espalda. Todo mi cuerpo se estremece con la oleada de necesidad
que su instinto primitivo desata en mí. Pero también estoy cabreada. Esta
camisa fue todo lo que tuve de él durante siete largos años. Es lo único que
sé que tendré cuando él se vaya. Ahora son solo trapos. La ira aguijonea
detrás de mis ojos y a lo largo de mi mandíbula apretada a medida que me
giro hacia él, empujando su pecho.
—No puedo creer que le hayas hecho eso a mí camisa.
Me recoge entre sus brazos, ignorando mis manos golpeando contra
su pecho mientras deja un rastro con su boca al costado de mi cuello.
—Quiero tener mi boca sobre ti, dulzura, mis manos sobre cada parte
de ti sin nada entre nosotros.
—No entiendes. —Incluso mientras lo digo, me derrito bajo sus caricias
que me incendian con deseo—. Era importante para mí.
—Por todas las razones equivocadas. —Toma mi boca, exige mi
capitulación, dejándome jadeando e intentando sostenerme a mis razones
para estar enojada. Pero está lamiendo, y luego chupando mis pezones, y
es casi jodidamente imposible pensar con claridad a medida que todo mi
cuerpo se arquea contra su boca. 110
Palmeando mi vientre, desliza sus dedos en la cinturilla de mis bragas
y retuerce un dedo a través de mi humedad para acariciar mi clítoris hasta
que estoy gimiendo.
—Raze, te necesito dentro de mí.
—Sube a la cama —responde girándome y empujándome hacia el
borde del colchón, levantándome sobre las sábanas—. Ponte de manos y
rodillas.
Al presentarme ante él, lo miro por encima del hombro. Un gruñido
salvaje escapa de su garganta mientras baja mis bragas y roza mi coño con
sus dedos.
—Mierda. Eres perfecta.
Hunde un dedo y es suficiente para que me tiemblen las rodillas, mi
pelvis sacudiéndose, desesperada por más.
—Por favor, Raze. Te necesito dentro de mí. Quiero que hagas que me
corra.
Desata las tiras de sus pantalones, sin apartarme de su vista mientras
se los quita y toma un condón de la mesita de noche. Cada movimiento
que hace es elegante, lento, diseñado para hacerme desearlo mucho más
fuerte. Rasga el paquete. Saca el condón y acaricia su erección. No puedo
soportarlo más, y alcanzo entre mis piernas para frotar mi clítoris mientras
enrolla el látex sobre su polla.
Luego se acomoda entre mis piernas, aferra sus manos en mis caderas
y entra en mí de una estocada suave, llenándome de la manera que
necesito. Me corro entonces, apretándome a su alrededor a medida que la
dulce sensación embriagadora me envuelve. No me suelta, entrando y
saliendo, sus caderas golpeando contra mi trasero mientras acaricia mi
interior de una manera que me tiene derretida y jadeando nuevamente. Y
cuando comienzo a culminar una segunda vez, me atrae al ras con su
pecho, su palma sobre mi boca mientras se corre con fuerza dentro de mí.

***

Cuando despierto, Razer se ha ido, pero en la almohada junto a mí,


me dejó la camisa que llevaba anoche, con una sola margarita y una nota:
Ven a buscarme cuando estés lista.
Me tomo mi tiempo, permaneciendo bajo el vapor de la ducha,
repitiendo las últimas veinticuatro horas, antes de vestirme y dirigirme a la
cocina para tomar mi café mientras reviso mi correo electrónico. No hay
mensajes nuevos de Henley, así que espero que haya entendido el punto, y 111
los muchachos puedan dejarlo pasar. Olivia, por otro lado, está ahogando
mi bandeja de entrada y mi celular con sus correos y mensajes, pero un
mensaje de mi abogado me distrae. Ha encontrado algo. No es una laguna
legal en sí. House tendrá que asumir la pérdida, pero si es la única opción,
entonces lo soportaré y seguiré adelante. Mando un correo electrónico
rápido a tal efecto. Luego disfruto de la tranquilidad de la casa vacía a
medida que desayuno antes de ir a encontrarme con Tom y Razer en el
gimnasio.
Razer ya está en el ring, trabajando con algún tipo, mientras Tom
habla con una rubia bonita junto a una de las bolsas de boxeo.
Instalándome contra la pared, veo a Razer mientras salta y golpea. He visto
a Tommy pelear, y es poderoso, habilidoso, dinámico. Pero Razer, oh, mis
entrañas se estremecen. Hay algo en la forma en que se mueve, sus
músculos y tendones flexionándose con tanta gracia animal, que me
fascina. Cuando los dos finalmente se separan, me ve y su rostro se ilumina
mientras levanta un guante invitándome a acompañarlo.
—¿Estás lista?
—Sí. —Asiento y me subo al ring—. Pero tengo que advertirte que
peleo sucio.
—Sé que lo haces. —Ríe entre dientes—. Pero intenta recordar que tu
hermano está en este lugar. No queremos que se haga ninguna idea.
—De acuerdo —digo, sacudiendo mis brazos y estirando mi cuello
antes de rodar mis hombros varias veces.
—Hablo en serio, Claire. Se van a cabrear si se enteran. Lo que
estamos haciendo. Va a lastimar a tu familia.
No quiero hablar de ello. No estoy segura de estar de acuerdo con él.
E incluso si tiene razón, tengo que creer que lo superarán. Que valdría la
pena.
—¿Qué crees que puedes enseñarme que vivir con cuatro bolsas
gigantes de testosterona no lo hizo?
Se quita los guantes a medida que avanza despacio hacia mí.
—En serio espero no tener que enseñarte nada. No quiero tener que
patear el trasero de tu hermano si no te ha mantenido alerta sobre cómo
defenderte. —Aprieta mi muñeca con fuerza, arrastrando su otra mano
detrás de su hombro como si estuviera listo para atacar—. Comenzaremos
con algo fácil. Te acuerdas de esto, ¿verdad?
—¿Cómo podría olvidarlo? —Empujo mi mano hacia su cara, el talón
de mi palma conectando ligeramente con su nariz.
Sus ojos se abren por completo, y dejo caer mi mano. 112
—¿Está bien así?
—Esperaba que fueras por el brazo con el que te sostengo, pero eso
es mejor. Si empujas toda tu fuerza en ese movimiento, vas a romper la nariz
de tu atacante, o al menos lo sacas de balance, obligándolos a soltarte.
¿Tom te enseñó eso?
Asiento.
—¿Qué sigue?
Pasamos por una serie de movimientos defensivos, perfeccionando mi
técnica, aunque no hay mucho que haya olvidado. Algunos de los
muchachos que han estado entrenando terminan rodeando el ring,
colgados de las cuerdas mientras nos observan, y Tom se detiene de vez en
cuando para gritarme, incitando a Razer al decirme que lo derribe.
Pero estoy disfrutando de este combate, sus manos sobre mí incluso
cuando se concentra en protegerme, y cuando me gira en sus brazos,
envolviéndolos alrededor de mi cuello, puedo decir que él también lo
disfruta.
—¿Y bien, dulzura? ¿Crees que puedes salir de esta?
—Tal vez no quiero hacerlo. —Presiono mi trasero contra él, e inclino
mi cabeza para susurrarle—: A menos que podamos practicar esto más
tarde, desnudos.
Sisea entre dientes.
—Juegas cruelmente. Tu hermano nos observa, y si te dejo ir ahora
creo que sabrá que algo sucede.
—Déjalo saber. —Meto los dedos de ambas manos dentro del brazo
alrededor de mi garganta, dándole la oportunidad de responder, pero solo
sacude la cabeza, susurrando contra mi oído que no tiene sentido arrastrar
a nadie más a nuestro secreto cuando iremos por caminos separados en
poco tiempo. Que esto no puede ser más de lo que es. Que traicionar a
Mace es lo peor que ha hecho alguna vez, sin mencionar a mis padres.
La ira se dispara bajo mi piel, mi pecho tensándose. No entiendo por
qué sigue diciéndome lo mismo. No planeo dejarlo ir ahora que lo tengo.
Claro, me dijo que no esperara nada de él. Que solo podríamos tener esa
noche. Pero eso fue hace una semana. Cada toque, cada noche que
pasamos abrazados entre sí me convence de que él también quiere más.
Debería estar feliz con todo lo que pueda conseguir, pero soy codiciosa
cuando se trata de él. Lo quiero todo: a Razer, en mi cama, en mi vida,
permanentemente. No escabulléndonos a espaldas de mi familia, sino
abiertamente donde pueda reclamar su boca y besarlo hasta la jodida
saciedad justo delante de ellos sin preocuparme por lo que sucederá
113
cuando nos atrapen.
Pliego mi barbilla contra su codo, empujando mi trasero firmemente
contra su entrepierna mientras doblo mis rodillas, y luego lo arrojo sobre mi
hombro y sobre la colchoneta frente a mí antes de plantar mi rodilla en su
estómago.
Deja escapar una exhalación brusca, y los chicos alrededor del ring
me animan. Pero no estoy emocionada de haber logrado aterrizar el
movimiento, o de que haya sorpresa en su mirada. No estoy eufórica
cuando Tom sube las cuerdas para chocar mi mano, mientras se burla de
Razer.
Estoy un poco entumecida. Se está pegando a sus armas, y puedo
imaginar que así es cómo me sentiré si lo que hay entre nosotros termina de
la forma en que me sigue diciendo que lo hará. Si tengo que volver a mi vida
real y fingir que nada de esto sucedió. La duda se revuelve en mi vientre. No
voy a dar marcha atrás, pero tampoco él. Me deslizo entre las cuerdas y
salgo corriendo de ahí, mientras Tom sigue burlándose de Razer.
—¿Qué demonios crees que hacías al salir corriendo así? —La miro
fijamente donde se sienta en una de las mesas de la pequeña cafetería,
comiendo un trozo de tarta. Una maldita tarta. Me dejó con una jodida
erección delante de su hermano, me excitó tanto que apenas puedo juntar
una oración, mientras intento ocultar la dura evidencia de lo que me hace,
¿y está comiendo el postre?
—¿Quieres un bocado? —Me ofrece su tenedor—. Está bastante
bueno.
—No, no quiero un bocado de tu puta tarta. —Me encorvo en la silla
frente a ella y frunzo el ceño, con los brazos cruzados—. Quiero saber por
qué saliste corriendo.
—Quería tarta. —Mete otro tenedor cargado en su boca.
—No te hagas la difícil, Claire. —Le quito el tenedor de la mano—. No 114
sales corriendo por una maldita tarta de manzana, y… —Pincho la corteza
con el tenedor—… ¿ruibarbo?
—Deberías probarla. —Empuja el plato hacia mí.
—Deberías intentar decirme la verdadera razón por la que saliste
corriendo como si tu trasero estuviera en llamas.
Entrelaza sus manos sobre la mesa frente a ella.
—¿En serio quieres saber?
—Sí. En serio quiero saber. —Tomo un bocado y mastico mientras
espero que responda.
—Bien —empieza—. Crees que no sé lo que quiero. Que soy
demasiado joven para estar segura de lo que quiero en mi futuro. Pero te
equivocas. Sé lo que quiero.
—¿Tarta? —murmuro, intentando desviarla. No quiero escucharla
decirme que quiere más de lo que ya tenemos. Eso solo lo hará más difícil
cuando regrese a su vida real, y yo tenga que seguir adelante,
probablemente esta vez sin nada. Incluso si mi pecho se hincha con la sola
idea de que pudiera ser mía en algo más que en cuerpo. Que es
exactamente la clase de chica que sabe lo que quiere.
—A ti, idiota. Pero ya sabes eso. —Sacude la cabeza—. Y aún no me
crees. Así que voy a comer tarta, porque al menos cuando quiero tarta no
me dice que soy demasiado joven para saber lo que quiero.
Me roba el plato, llevándose la mezcla de manzana y ruibarbo a su
boca, y no sé si besarla o continuar argumentando que no puede saber lo
que quiere cuando se trata de nosotros. Es cada vez más difícil mantener
esto como nuestro pequeño secreto, pero la idea de perderlos a todos,
perdiéndola a la larga, hace que sea difícil reunir la confianza para decirles
a sus hermanos exactamente cómo me siento con respecto a su hermanita.
—Eres demasiado joven. Solo tienes veintidós. Ni siquiera entiendes las
consecuencias de lo que estamos haciendo.
—Probablemente no importa si me crees o no —dice—. Este no es el
mundo real. Este es alguna clase de refugio que hemos creado donde todo
es perfecto. Vas a irte, y yo también. Nadie necesita averiguarlo. Nada tiene
que cambiar. —Baja el tenedor y se levanta—. Supongo que tienes razón.
—¿En qué tengo razón? —Hay un martilleo en mi pecho por la forma
en que dice eso. Supongo que tienes razón. Claire nunca ha sido alguien de
dar marcha atrás, de decirme que tengo razón. Esas no son palabras que
haya escuchado antes de su boca. No me gusta. De hecho, en cierto modo
lo odio. Me levanto de la silla y la sigo fuera de la cafetería—. ¿En qué tengo
razón? —Me ignora y avanza por el pavimento. Antes de que pueda llegar
más lejos, la agarro y la giro—. ¿En qué tengo razón?
115
Su mirada me penetra como si no pudiera ver nada más que yo.
—En no esperar nada de ti.
Sí. Tengo razón. Eso es lo que le dije. Las mentiras que nos digo a los
dos para evitar que esto se complique. Pero, no es la verdad. Hay muchas
cosas que quiero darle, que quiero tener con ella. Las cosas ya han pasado
a ser complicadas, porque no puedo ver cómo voy a ser capaz de dejarla
ir, lo que significa que tendré que atenerme a las consecuencias. Tendré
que hablar con sus hermanos. No tengo mucho miedo, pero la idea de
cómo reaccionará Mace es jodidamente aterradora. Tom es más tranquilo.
Probablemente lo superará después de un tiempo, pero Mace siempre ha
sido del tipo de persona que guarda rencor. Le debo mi lealtad, le debo
respeto a toda su familia, y en su lugar los he traicionado.
Ella lo vale. Pero eso no cambia el hecho de que he abusado de su
compasión. Y pronto, tendré que resistir como un hombre. Lo peor no es que
me den la espalda. Lo peor es cómo afectará a Claire.
La dejo ir, viéndola trotar hasta su auto, sin hacer ningún movimiento
para seguirla. Debería ir tras ella, contarle todos estos sueños que tengo para
nosotros. En cambio, solo la veo alejarse.
13

D
espierto gruñona. El espacio junto a mí en la cama está vacío,
lo cual no es inusual porque Razer ha estado regresando a
escondidas a su propia habitación antes de que cualquiera de
mis hermanos despierte, pero esto es diferente. No me ha tocado desde que
le dije que tenía razón. Han pasado tres malditos días, y lo más cerca que
hemos llegado a tocarnos fue ayer por la mañana cuando me entregó una
taza de café. Es tanto mi culpa como la suya. No he sido exactamente
amable, hablando con él en tonos tajantes, encerrándome en el trabajo y 116
buscando en Internet cualquier señal de que la indiscreción de Henley se
haya convertido en conocimiento público. Hasta ahora, parece haberse
mantenido lejos del radar, lo que me ayuda a respirar un poco más fácil,
pero es solo una pequeña porción del problema que debe abordarse, y mi
mente ha estado preocupada. Razer apenas ha estado en casa de Tom,
pasando su tiempo con Mace o en la vieja casa para evitarme. Ciertamente
no ha estado golpeando a mi puerta después de nuestra discusión.
Lo extraño tanto que mi piel hormiguea. Un dolor punzante y crudo
con lo híper sensible que me he vuelto de sus toques constantes. No sé si eso
es normal, o si solo se ha metido demasiado profundo bajo mi piel que grita
por su toque. Pero nada de lo que hago alivia el dolor.
Me tambaleo fuera de mi cama para ir al baño, considerando arrojar
la precaución al viento y deslizarme en su habitación cuando termine. No sé
por qué no oigo correr el grifo de la ducha. Probablemente porque estoy
vagando en la niebla de una fantasía demasiado detallada de las cosas
que quiero hacerle. Pero me mira fijamente cuando cierro la puerta. Su
mano envuelta alrededor de su pene, la otra sobre el cristal empañado. Un
jodido déjà vu.
—No tengo razón —dice—. Maldita sea, Claire. Nunca he tenido razón
acerca de una jodida cosa cuando se trata de ti.
—¿Qué estás diciendo? —Esta vez no hay dudas cuando cruzo la
habitación, mi mirada cayendo a la mano que tiene sobre su erección. Me
muero por meterme en la ducha con él, arrodillarme y tomar su polla en mi
boca para poder saborearlo.
Su mirada se clava en la mía a medida que sale de la ducha y
comienza a desnudarme.
—Puedes esperar cosas de mí. No quiero ir a ningún otro lado.
—Te he extrañado —le digo mientras me empuja bajo el chorro de la
ducha.
—También te he extrañado. —Ya me lo está mostrando, sus manos en
mis senos, entre mis piernas, a medida que me dice lo que quiere hacerme
mientras devora mi boca. Luego tomo su polla en mi palma, acariciándolo
hasta que gime, sus manos presionadas contra el húmedo cristal empañado
a cada lado de mí. No puedo detener el impulso de arrodillarme y tomarlo
en mi boca, saboreándolo, chupándolo, mientras masajeo sus pesadas
bolas en mi mano hasta que se corre con fuerza, su semilla recubriendo mi
garganta.
Después de eso, presiona su boca sobre mí, lamiendo y empujando su
lengua dentro de mí hasta el orgasmo.
No hablamos de lo que sucedió, o de lo que sucederá ahora.
Deberíamos, y lo haremos. Pero no en este momento, aún no, no cuando 117
todavía hacemos el amor con nuestros ojos y nuestras manos mientras nos
secamos y nos vestimos. Luego se demora con mi boca hasta que prefiero
quedarme encerrada en el baño con él que ir a buscar mi dosis de cafeína
matutina.
Cuando finalmente me deja ir, asoma la cabeza para buscar a mis
hermanos, y entonces me da una nalgada a medida que me empuja fuera
del baño, dándome un par de minutos de ventaja.
Tom empuja el café frente a mí cuando entro en la cocina, y vuelve
a leer su correo.
—¿Dónde está Mace? —pregunto, saltando a un taburete y
agarrando una mandarina del tazón en la encimera.
—Creo que va a quedarse —dice Tom—. Fue a hablar con un par de
tipos que manejan un servicio de seguridad por aquí.
—Oh. —Clavo mis dedos en la piel de la mandarina, la pelo y la rasgo
en segmentos antes de meterlos en mi boca.
—¿Qué sucede contigo y Razer?
—N-nada —respondo, sonrojándome furiosamente. Rezo para que
Tom no sepa de alguna manera que me encontraba de rodillas frente a
Razer hace solo unos minutos.
—Ustedes dos apenas se han dicho una palabra desde el ring. —Me
echa un vistazo mientras rompe otro sobre.
—Estamos bien. —Tomo un sorbo de café, atragantándome y
apresurándome a buscar el azucarero—. Puaj. En serio, Tommy. ¿Cómo
puedes beber esa bazofia?
—Nadie necesita tres cucharadas de azúcar, pequeña. —Se ríe entre
dientes—. Bueno, me alegro que estés bien. No quería tener que echarte.
—¿Qué? —Me quedo allí parada con una cucharada de azúcar a
medio camino de mi taza—. ¿Me echarías?
—Es mucho más fácil tener una casa de soltero sin una chica en ella.
—Hace una mueca.
Dejo caer la cuchara en el recipiente y lo golpeo.
—Cerdo.
—Buenos días —dice Razer, yendo directamente al jugo—. ¿De qué
discuten ustedes dos?
Es sorprendente cómo solo han pasado minutos desde que lo vi y, sin
embargo, mi mirada lo devora como si hubiera pasado mucho más tiempo.
118
Creo que nunca voy a tener suficiente de él.
—Él me echaría antes que a ti —balbuceo con fingida indignación—.
Todo para que pueda quedarse con su casa de soltero.
Razer se ríe.
—¿Tu hermanita arruina tu estilo de vida, Tom?
—¿Qué? —Tom no levanta la vista, su rostro palideciendo a medida
que mira fijamente el sobre en su mano.
—¿Estás bien? ¿Tanto te molesta la idea de perder tu casa de soltero?
—Lo empujo.
—¿Qué? —Levanta la cabeza bruscamente del sobre para
observarme y tiene una mirada salvaje en sus ojos que es un poco
desconcertante por un segundo, antes de cerrarla de lleno—. Sí, um, claro.
Tengo que irme. Tengo que… —Mira el sobre que tiene en la mano—… una
cita que olvidé.
—¿De qué crees que fue eso? —pregunto a Razer cuando Tom sale
corriendo de la cocina.
—¿Quién sabe? —Toma mi mano, haciendo esa cosa con su pulgar
en mi palma que sabe que me relaja—. Ya es un niño grande, dulzura. Puede
ocuparse de sus propios problemas.
—Lo sé —digo, pero no puedo evitar el ligero temblor en mis entrañas
por lo que percibí de esa mirada en los ojos de Tom.
Razer agarra mi mejilla con su palma.
—Hablaré con él, ¿de acuerdo? Pero, ahora mismo, quiero ser egoísta
y tenerte toda para mí. Tres días, hermosa, tres días torturándome al no estar
contigo. Odié cada maldito momento.

***

Razer cruza la alfombra y cierra la tapa de mi computadora portátil.


—¿Aún buscas para ver si ese imbécil aparece en las revistas de
chismes?
—Sí. —Lo miro entonces. En los últimos días he estado rastreando los
medios de comunicación, mi estómago estremeciéndose con la sensación
de que algo no está del todo bien. Pero no estoy segura si tiene que ver con
Henley o mi hermano. Tom está de mal humor, y se nota, pero se encoge de
hombros y no habla de ello. Aun así, cada vez que miro a Razer, mis
119
preocupaciones parecen desaparecer. Como si no fueran realmente
importantes. Como si cualquier cosa que sucede con Tom se solucionará
por sí solo, o que no importa si Henley es atrapado con los pantalones
alrededor de sus tobillos—. Pero parece que es bueno para ocultar sus
secretos.
—Aún quiero darle una jodida paliza. —Aprieta mi mano y me saca
de mi silla—. Pero tengo otras formas de hacerte sentir mejor.
Ciertamente lo hace. Una oleada de placer se despliega en mi núcleo
cuando apoya su mano en la base de mi garganta.
—Quizás no deberíamos. Tom aún está aquí. No creo que salga.
—Entonces tendrás que estar muy callada, ¿no? —susurra contra mi
oreja, antes de rozar sus dientes por el costado de mi cuello—. El hijo de puta
apenas ha salido de la casa en días. Me estoy quedando sin paciencia.
—Puedo ver eso. —Inclino mi cabeza hacia un lado, y él muerde mi
hombro juguetonamente, enviando una ráfaga de sensaciones
directamente a mi clítoris.
Pasa sus manos por mis costados, acuna ambos senos y los amasa en
sus palmas.
—Sé una chica buena y cierra la puerta.
—Nos van a atrapar —susurro—. Pensé que estábamos intentando
evitar eso.
Una de sus grandes manos baja por mi vientre para acunar mi sexo, y
mis rodillas se doblan de deseo.
—Por eso vas a estar muy callada mientras te follo con mi lengua.
—¿Y si no puedo? —Me froto contra él, su palma sobre mi coño y su
erección contra mi trasero—. Lo haces casi imposible.
—Entonces todo esto se detiene si tus hermanos se enteran. Lo sabes.
Así que, estarás muy callada, porque eres codiciosa. Nunca vas a tener
suficiente.
Maldita sea, justo en el blanco. Nunca tendré suficiente. Y de alguna
manera, la idea de tener que guardar silencio, de ser atrapados
probablemente, lo hacer aún más ardiente.
—De acuerdo.
Me deslizo de sus brazos, voy a la puerta y giro la cerradura. Tan pronto
como me giro para volver a él, está frente a mí, de rodillas, mi falda
agrupada en una mano en mi cadera mientras la otra tira mis bragas al
suelo. Ni siquiera me da la oportunidad de salir de ellas cuando pasa su
dedo sobre mi clítoris. 120
—Eres tan jodidamente hermosa, dulzura. Puedo ver lo mojada que
estás por mí. El ligero brillo que crea en tu coño cuando me deseas tan fuerte
que duele.
Todo mi cuerpo lucha contra el impulso de hundirme en sus dedos.
Bueno, no tanto luchando contra el impulso, pero si me froto sobre él como
quiero, mis piernas cederán en cualquier momento. Hunde un dedo en mi
interior y mi espalda se arquea, chocando mi cabeza contra la puerta con
un gemido.
—Shh. —Empuja dentro y fuera de mí, agregando un segundo dedo—
. No quieres que Tom escuche.
Oh, Dios mío. Sus dedos se abren dentro de mí, estirándome, y luego
se inclina hacia delante para pasar su lengua por mi clítoris. Sacudo la
cabeza, mordiendo mis labios con la necesidad de gritar por él. Mis dedos
arañan la madera a medida que me lame por todas partes, alrededor de
esos dedos mágicos suyos.
—Oye, pequeña, Chelsea llevó a Mace a jugar mini golf y ahora
quiere refuerzos. No puedo creer que le tenga miedo a una chica. —La voz
de Tom al otro lado de la puerta me sobresalta y se me escapa un grito antes
de que pueda sofocarlo—. Oye, ¿estás bien? —Toca la puerta—. ¿Puedo
entrar?
—Uh. —Mierda—. No. —O,h Dios mío, no. Razer sacó sus dedos de mí
y los reemplazó con su lengua. Lo estoy montando, mis rodillas doblándose,
mis caderas empujándome hacia su cara con cada estocada de su lengua
mientras Tom me habla justo a través de la puerta. Golpeo una mano contra
mi boca, mis ojos llorando, pero no puedo detener los sonidos que salen de
mi boca.
—¿Estás llorando? —Tom intenta mover la perilla. La veo girar por el
rabillo del ojo, y nunca en mi vida he estado tan feliz por una cerradura. Mi
corazón intenta salir de mi pecho. Empujo la cabeza de Razer, o tal vez la
estoy acercando más, obligándolo a tomar más de mí en su boca porque
ahora estoy muy cerca. Tan jodidamente cerca. Y está muy mal con Tom al
otro lado de la puerta.
—Estoy bien. —En cierto modo, chillo la última palabra.
—No, no estás jodidamente bien. ¿Qué sucede?
Razer está sujetando mi trasero, clavando sus dedos en la grieta de mi
trasero mientras me trabaja más duro con su boca. Lo miro fijamente. Hay
desafío en su mirada. No va a dejar pasar esto, porque me está probando.
Me hace probar lo mucho que no quiero que esto termine. Disparo miradas
desesperadas por toda la habitación, aterrizando en la computadora 121
portátil.
—Henley —digo, y Razer disminuye la velocidad por un momento—.
He estado revisando en Internet para ver si ya llegó a las noticias. Es muy
estresante.
—Todo estará bien. —Hay un ruido sordo desde el otro lado de la
puerta. Probablemente está allí parado con la espalda contra ella. Cómo
puede ser tan ignorante de lo que sucede aquí, está más allá de mí—.
Pequeña, esto no va a arruinar tu vida. Es solo un bache.
El dedo de Razer encuentra el nudo en mi trasero y presiona
rítmicamente contra el punto sensible.
—Mieeerda. —Gimo cuando oleadas de placer se precipitan sobre
mí.
—¿Estás segura que eso es todo? Pensé que tal vez era por Razer.
—¿Q-qué? —Golpeo la puerta, a medida que todo mi cuerpo se
balancea bajo la presión de mi orgasmo. Y aun así, Razer no afloja. Es como
si se estuviera muriendo de hambre por mí, necesitando lamerme hasta
dejarme impecable o grabar mi gusto en sus papilas gustativas de una
manera que la pasta de dientes jamás removerá—. Jeeesús.
—Maldita sea, no empieces a arrojar cosas, Claire. No abolles mis
paredes ni nada así. Solo pensé que pasar tanto tiempo cerca de él había
traído de vuelta ese enamoramiento tuyo. Es un poco evidente por la forma
en que lo miras.
—¿Por la forma en que lo miro? —Miro a Razer cuando se aleja,
deslizando sus dedos suavemente por mi coño antes de subir mis bragas.
—Sí. Bueno, al menos para mí. No creo que él se haya dado cuenta,
lo que probablemente sea algo bueno.
—¿Por qué?
Razer me frunce el ceño, como diciéndome que no está de acuerdo
conmigo al preguntarle a mi hermano por qué piensa que no deberíamos
estar juntos. Pero, ¿acaso no nos ayudaría a descubrir cómo explicarnos el
entender por qué Tommy piensa de esa forma?
—Porque él nunca va a verte así, Claire. Siempre serás la hermanita,
como lo eres para el resto de nosotros. Son solo los hechos. Una vez que
hayas superado esta mierda con Henley, encontrarás a un buen chico que
sea adecuado para ti y olvidarás este estúpido enamoramiento. Lo sabes,
¿verdad?
No sé tal cosa. Pero la forma en que Razer me mira, incluso mientras
acuna mi mejilla y desliza sus labios sobre los míos, confirma que cree lo que
dice Tom. 122
—Como sea, Tommy. Necesito unos minutos, ¿de acuerdo?
—Está bien, pero luego vamos a jugar mini golf. —Se aleja de la
puerta—. Hablando de eso, ¿has visto a Razer?
—No. No, no lo he hecho —digo incluso cuando él toma mi mano y
me lleva a la cama.
—Estoy seguro que no está lejos.
Recostándose en la cama, me arrastra encima de él. Se queda
callado hasta que está seguro que Tom se halla lo suficientemente lejos
como para no escucharnos.
—Te dije que así es como se sienten sobre nosotros. Mace será peor.
—Lo superarán. —Desabrocho sus pantalones, bajándolos por sus
caderas y acaricio su erección con un dedo—. Lo harán.
—¿A quién intentas convencer, dulzura? —Aferra mi cara entre sus
palmas y me arrastra para besarme con pasión—. ¿A ti o a mí? No van a
perdonarme. Seguramente puedes ver eso.
—No —digo deslizando mi mano en su bóxer y apretando su polla
gentilmente. Es todo dureza ardiente en mi palma. Me encanta la
contradicción de eso. Cómo algo tan duro puede ser tan ridículamente
suave. Me encanta poder sentir cómo lo afecto—. No puedo ver eso.
Aunque, puedo ver lo mucho que quieres estar dentro de mí.
—¿Cambiando de tema? —pregunta riendo—. Puedo lidiar con eso
por ahora.
Bajándome de él, me quito las bragas, pero capto el destello de algo
por el rabillo del ojo, algo fuera de la ventana. Me congelo, y luego las
vuelvo a subir, y corro hacia la ventana. Pero mirando afuera, no veo nada.
No hay nadie ahí.
—¿Qué pasa? —Razer ya está a mi lado. Se mueve en silencio, con
rapidez. Apenas lo noto.
—Creo que vi algo. Como un flash de cámara, o… algo. —Sacudo la
cabeza—. Debe ser mi imaginación. Solo estrés.
Me atrae detrás de la cortina y me besa.
—Probablemente solo fue un pájaro.
—Pero brilló.
Escanea el patio por encima de mi cabeza.
—Tom tiene un comedero para pájaros en uno de los árboles allí atrás.
Probablemente solo es el sol reflejándose sobre un trozo de metal.
123
—¿Tú crees? —Respiro más fácil, ansiosa por aferrarme a su
explicación.
—Sí, lo creo. —Me suelta para abrir la ventana y montar el alféizar.
Entonces, sonríe. Me recuerda a cuando éramos más jóvenes, e intenté salir
por la ventana para encontrarme con mis amigos solo para encontrarlo
esperándome.
—¿Qué haces?
—Saliendo de tu habitación furtivamente. No queremos que mi chico
Tommy nos atrape, ¿verdad? Y él te está esperando.
Me rio.
—No tienes que hacer eso. Hay una puerta perfectamente
aceptable.
Balancea su otra pierna sobre el alféizar y salta, aterrizando
ligeramente sobre la hierba.
—Alístate para reunirte con los demás. Iré al frente y me aseguraré que
Tom no sospeche que acabo de tener mi boca sobre ti.
Con eso se aleja, y cierro la ventana, echando un último vistazo al
patio. Probablemente tenía razón. No era más que un truco de luz.
—¿Ya puedes golpear la bola de una maldita vez? ¿Siempre te toma
tanto tiempo alinear un tiro? Por Dios, solo es mini golf. —Mace frunce el
ceño a Chelsea, con sus enormes brazos cruzados sobre su pecho masivo
mientras ella arrastra los pies y se balancea de lado a lado sin golpear.
—Cállate, Mace. No seas idiota. —Su tono es agudo, pero sonríe,
irritándolo a propósito. Tom se balancea de un lado a otro, con un palo
sobre los hombros, calentando. Es el único de nosotros, aparte de Mace,
tomándose esto en serio, pero tiene un título que defender. Perder lo llevará
a ser el blanco de un montón de burlas. Chelsea finalmente abanica,
enviando la pequeña bola blanca rodando por el fieltro verde y
directamente al hoyo. Saltando alrededor de Mace, le da una palmada en
el brazo—. Es por eso que sigo haciendo hoyos en uno y tú no.
Él atrapa su mano sobre su brazo.
124
—¿No crees que puedo vencerte en cualquier juego que quieras
jugar?
Ella hace una mueca, baja la mirada al mismo tiempo que él suelta su
mano.
—Lo que sea. Solo eres un mal perdedor.
—Entonces, ¿a dónde fuiste esta tarde? —pregunta Tom, parándose
junto a mí mientras Claire se adelanta para su turno. Su mirada se entrecierra
sobre mí, y me pregunto si terminó de sumar dos y dos.
—A ninguna parte, solo salí a correr.
—¿Estás seguro de eso? —Practica algunos golpes rápidos con su
palo.
—¿Qué intentas decir? —Me encorvo un poco, sin dar ninguna pista
de que internamente no estoy tan relajado. Un palo de golf puede matar
con la misma eficacia que una bala cuando es empuñado por un hermano
mayor muy enojado.
—Has estado actuando un poco raro. También la pequeña allá.
—He estado ocupado. —Haciéndolo con tu hermana. Siendo el
imbécil que prometí que nunca me convertiría. Rompiendo el juramento
que hice para tratar a Claire siempre como una hermana. Me encojo de
hombros—. Tengo muchas cosas que hacer antes de irme, y ella
probablemente solo se siente estresada por ese bastardo.
—Sí. Probablemente tienes razón —dice Tom, cuando Claire se acerca
para chocar sus manos por su hoyo en uno—. Bueno, tengo un título que
conservar.
Claire roza contra mí.
—¿Qué te dijo? No lo sabe, ¿verdad?
¿Lo sabe? Por la forma en que me mira por encima del hombro, con
el ceño fruncido, no estoy convencido de que no lo haga. Pero si lo hace,
se lo está ocultando a Mace, porque si Mace supiera no estaría golpeando
tan calmado una pelota de golf en el estadio en miniatura. No, estaría
empuñando ese palo de golf como arma y probablemente intentando
plantarlo en mi cerebro.
—No lo sé. —Me alejo de ella. Tarde o temprano tendré que resolver
lo que planeo hacer con Claire y yo, y cómo demonios voy a hacer que sus
hermanos lo entiendan sin odiarnos a los dos.
—Es tu turno, Raze —llama Claire, y cuando me doy la vuelta veo lo
preocupada que está. No porque no quiere que sepan, sino porque 125
entiende a lo que voy a tener que renunciar por ella.

***

Hay un montón de escombros donde solía estar la vieja casa. El


equipo de demolición llegó la semana pasada y derribó el antiguo edificio.
Me froto la nuca. Es extraño que este lugar sea parte de mi pasado a pesar
de que pasé todo mi tiempo con los Hadley. Supongo que es porque es uno
de mis primeros recuerdos. La casa me había parecido más grande, más
aterradora cuando era niño. Ahora es solo un montón de ladrillos y yeso roto.
No hay ningún viejo listo para golpearme el culo cada vez que me salgo de
la línea. Sin embargo, el olor a whisky rancio se mantiene fuerte, como si se
filtrara en la madera y el yeso en sí. O tal vez es solo que nunca olvidaré el
olor mientras viva.
—¿Cuánto tiempo creen que les tomará limpiar todo esto? —Claire
pasa mi brazo por su hombro y se hunde en mi costado.
—Otra semana más o menos. —No la miro. Una vez hecho esto, voy a
irme. O al menos eso es lo que le dije originalmente. No esperes que me
quede. Estoy jodidamente seguro que esas fueron las palabras reales que
podría haber usado. Pero estaba destinado a asustarla. En cambio, ahora
se para a mi lado como… mierda, no lo sé. No sé cómo poner un nombre a
esta cosa entre nosotros. Siempre ha sido mi familia. Las personas que se
preocupan por ti, te cuidan, luchan por ti. Son tu verdadera familia, no los
bastardos como mi abuelo o mi patética excusa de padres. Pero lo que es
Claire, es más que familia. Esa noche que tomé su virginidad, recuerdo que
un chico la llamó mi novia. He tenido novias antes. Nunca tomé en serio a
ninguna de ellas. Me giro para plantar mi boca sobre la de ella—. Vamos a
salir de aquí. —Tomo su mano a medida que caminamos de regreso a la
moto—. Nunca conseguimos esos gofres esa noche.
—¿Quieres ir por gofres? —Sonríe, levantando el casco que Tom le
prestó y poniéndoselo en la cabeza—. Estás desarrollando un gusto por lo
dulce en tu vejez.
—Si por dulce te refieres a ti, entonces creo que siempre lo tuve. —
Cubro sus dedos con los míos, asegurando la correa en su barbilla. Sé que
puede hacerlo por sí misma, pero hay algo en poder hacer pequeñas cosas
por ella que me hincha el pecho.
—¿Es una cita, Razer? ¿Me invitas a una cita extraña después del
sexo?
—Más bien una cita entre el sexo. —Sonrío, azotando su trasero antes
de ponerme mi propio casco—. Espero que lo pagues después.
126

***

Ver a Claire comer gofres es como mirar porno. Pecaminoso, delicioso


y no tan divertido como meter algo mío en su boca. Se pasa su lengua sobre
su labio inferior para atrapar un chorrito de crema mientras da otro mordisco,
y tengo que moverme en mi asiento. Mi mente aún reflexionando sobre lo
serio que se ha vuelto esto entre ella y yo, y cómo voy a abordar decirle a
Mace. Va a cabrearse, pero cuando ella se deslizó entre mis brazos en la
casa, comencé a considerar exactamente qué expectativas me gustaría
que tenga.
—¿Cuándo tienes que volver?
—Debería haber regresado hace semanas. —Hunde su cuchillo entre
las puntas de su tenedor y alcanza su chocolate caliente—. Olivia es
fantástica manteniendo el fuerte, pero no es justo que le haya dejado todo.
—Entonces, ¿muy pronto? —Va a ser un asco cuando se vaya. Pero
se supone que yo también me voy. Solo que estoy más que medio tentado
a unirme a Mace en este asunto de seguridad al que piensa en aplicar, o
ayudar a Tom con las clases que quiere organizar. Cualquier cosa para
quedarme, pero solo porque ella está aquí.
—Pronto. —Asiente—. Antes del baile. Tengo que estar allí para eso.
¿Qué hay de ti? Se supone que deberías estar en Lanston, ¿cierto?
—Sí.
Cuando empuja su taza vacía, nos deslizamos fuera de la cabina y
regresamos a la moto. Tiene razón. Se suponía que me iría hace semanas.
Ahora no estoy seguro si planeo irme. Hay cosas que podría hacer aquí.
Tengo dinero más que suficiente, gracias al viejo, para poder hacer lo que
quiero.
—¿Alguna vez pensaste en mudarte aquí?
—No lo sé. —Mira alrededor, como si nunca lo hubiera considerado—
. Evité este lugar por tanto tiempo. Y la caridad. Eso es realmente importante
para mí. Pero, ¿estas últimas dos semanas? Pude verme estableciéndome
aquí a largo plazo.
Me apoyo en la moto.
—¿Qué haces, exactamente? Quiero decir, ¿para qué recauda
dinero House to Haven?
—Para los niños. —Me mira radiante—. Se trata de asegurarse que los
niños que no tienen a dónde ir tengan las necesidades básicas. Pero 127
intentamos que sea en un entorno familiar, donde también consigan el
apoyo que necesitan en otros niveles.
—Mierda, dulzura. —Mi pecho se hincha de orgullo, y aprieto su mano
y la atraigo entre mis piernas. Necesitando tocarla, necesitando que
entienda sin palabras cómo me afecta lo que ha hecho con su vida.
¿Siquiera sabe lo increíble, compasiva y perfecta que es?
—Cada pequeña cosa ayuda, ¿verdad? —Se encoge de hombros
como si no fuera nada—. Pero ahora es complicado. La compañía de la
familia de Henley ha más que duplicado su respaldo a House to Haven
desde que comenzamos a salir. Supongo que les gustó la imagen que
presenté, porque era una parte importante del contrato que firmamos.
—No hay nada que no guste de ti. —Mordí su labio, saboreando la
dulzura y la vainilla de la crema que me tenía duro como una roca.
—Estoy bastante segura que sí. —Comienza a enumerar cosas con sus
dedos—. Terca hasta la exageración, algo propensa a hacer cosas
irracionales, y lo peor es que no soy tan íntegra como la imagen con la que
he estado viviendo. Estoy intentando proporcionarles una vida mejor a estos
niños, una mejor visión del mundo, pero no soy perfecta. Maldigo
demasiado, bebo y… —Se inclina hacia mí para susurrarme al oído—: Tengo
relaciones sexuales. Nuestros donantes no van a respaldar a alguien que no
retrata la imagen que esperan.
—Maldición, ¿bromeas? —Cómo no la ven como yo lo hago, está más
allá de mí. Sin importar que no sea la prístina imagen auténtica que quieren,
es la persona más dedicada que he conocido alguna vez. Deberían estar
encantados de tenerla como modelo a seguir—. Eso es una mierda. Eres
increíble tal como eres, y si tus donantes no pueden ver más allá de tu
imagen para ayudar a los niños, entonces eso depende de ellos, no de ti.
—Si tan solo fuera así de fácil —dice mientras levanta su casco—. En
este momento, la idea de dejarlo todo y volver a casa, comenzar algo
nuevo, es mucho más tentadora de lo que puedes imaginar.
Se equivoca. Puedo verlo claramente. Puedo verla aquí, conmigo.
Podría construirle una casa en las tierras, cuidarla para que así se concentre
en construir algo que sea tan perfectamente suyo, que pueda ser
exactamente quien se supone que es.
Cuando llegamos al patio delantero de la casa de Tom, no puedo
sacudirme mis planes. La acompaño a la puerta, intentando concentrarme
en un día a la vez y fallando miserablemente. Acunando su mejilla, presiono
mi boca sobre la de ella por un segundo. En algún momento pronto, les diré
a sus hermanos cómo me siento exactamente por la chica en la que solía
pensar como una hermana.
128
—Tengo que encargarme de algo —le digo, soltándola—. Es
importante.
—¿Qué puede ser más importante que yo? —pregunta riendo,
inclinándose de puntillas para rozar mi garganta con sus labios—. ¿Tienes a
otra chica esperando?
Tomando sus dos manos en las mías, las sostengo contra mi pecho a
medida que observo esos hermosos ojos violetas sin los que no puedo vivir.
—No hay nadie más que tú, dulzura. Pero tengo que irme. No tardaré
mucho.
—Está bien. —Sonríe y se desliza al interior, dejándome
preguntándome cómo podría haberme tomado tanto tiempo volver con
ella.
Tom avanza furibundo por el camino de entrada mientras me dirijo
hacia mi moto. No me reconoce, su expresión es atronadora cuando pasa.
Mierda, ¿nos vio a Claire y a mí besándonos en su escalón delantero?
Después de sus preguntas mientras estábamos jugando al mini golf, pensé
que lo había descubierto, pero no sucedió nada. Había sido un alivio
insatisfactorio, porque casi quiero que me atrapen. Incluso aunque preferiría
perder a mis amigos y familiares bajo mis propios términos, aún no sé cómo
decírselo a Mace. Pero si la forma en que Tom frunce el ceño es algún
indicador, estoy jodido si lo sabe ahora. Mace lo sabrá antes de que termine
el día.
—¿Qué te tiene enojado?
—Métete en tus propios malditos asuntos. —Tom me mira fulminante y
luego entra, la puerta cerrándose de golpe detrás de él.
Tengo que creer que no vio nada, o me habría dicho algo en la cara
y no me hubiera echado de la forma en que lo hizo. Pero casi ser atrapados
me hace preguntarme cuánto tiempo tenemos antes de que ya no sea una
posibilidad, sino una realidad.
No es que cambie este curso de colisión unidireccional en el que
estoy. Aunque debería. Entrar y decirle a Claire que ya no podemos hacer
esto sería más inteligente que lo que estoy a punto de hacer. Porque una
vez que cruce esta línea no hay vuelta atrás. Sé esto. Nuestras acciones
tienen consecuencias que destruirán todo lo que es importante para mí. Ella
lo vale, y puedo lidiar con cualquier cosa por ella, pero es posible que ella
no pueda. Solo un imbécil sería lo suficientemente egoísta como para poner
sus propios deseos antes que los de las personas que ama.
Aparentemente, soy un imbécil, porque encuentro lo que estoy
buscando en el directorio de mi celular. Una compañía llamada Lance Starr
que construye casas excepcionales. Luego salgo del patio de Tom en una 129
misión. No me lleva mucho tiempo encontrar el lugar. La casa que sirve
como oficina es bastante impresionante cuando atravieso la puerta de
madera y vidrio de pared a techo. Las paredes de color blanco brillante se
suman a la calidez de los pisos de madera color miel, marcados por una
estructura tipo araña masiva. Tom probablemente hizo que estos tipos
construyeran su casa.
Echo un vistazo a los diseños de los pisos que cuelgan en soportes de
plástico unidos a la pared. Hay algunas opciones de aspecto bastante
impresionantes, pero mis ideas podrían requerir un poco más de trabajo.
El hombre que avanza desde la oficina de atrás sonríe y ofrece su
mano.
—¿Buscas construir en Reverence?
—Fuera del camino a Old Reverence. Mi abuelo solía poseer una gran
porción de tierra por ahí. Supongo que ahora es mía.
—¿Entonces serías un Bennington?
—Razer —respondo, sin importarme ni una jodida mierda lo que un
tipo con traje piensa de mi apellido.
—Sabía que me resultabas familiar —dice, agitando mi mano.
Siento un puñetazo en las entrañas, comprendiendo que el tipo del
traje solía servirme bebidas en este viejo pub destartalado llamado Wolf
cuando ambos éramos menores de edad. También hubo un par de peleas
en las que nos apoyamos mutuamente.
—Mike Starr. Debí haber hecho la conexión.
—¿Por qué lo harías? —pregunta—. Ambos crecimos. Entonces, ¿vas
a construir una casa? ¿O estás buscando cabañas o algo así?
La mirada de ojos violetas de Claire está grabada en mis retinas,
instándome a seguir adelante. No es que ella lo sepa, no es que aún pueda
siquiera considerar decírselo. Solo hemos estado juntos un par de semanas,
pero es como si los últimos siete años también contaran. Aún no quiero
ponerle un nombre. No estoy seguro que pueda. No cuando la he amado
de tantas maneras diferentes toda mi vida. Pero esto es diferente. La forma
en que hace que mi pecho se sienta como si fuera a explotar es algo que
no había sentido antes. Y me dan ganas de construir, pero no cualquier
cosa. Una casa con muchas habitaciones y un amplio porche envolvente.
Del tipo donde pueda poner un par de mecedoras para cuando estemos
viejos.
—Una casa, definitivamente.
—¿Planeas establecerte en la ciudad? —pregunta Mike,
levantándose para tomar un par de planos de las exhibiciones—. Estos son 130
solo los conceptos básicos. Los modificaremos hasta que estés feliz.
—No lo he decidido. —Se siente demasiado pronto para decir que eso
es lo que quiero definitivamente. Estoy volando a ciegas, y Claire no tiene ni
idea de lo serio que voy con ella. Aún es seis años más joven que yo. Lo
suficientemente joven como para cambiar de opinión sobre lo que quiere
en cualquier momento. Podría no estar lista para establecerse aquí. Está
claro que ama su carrera, y tiene amigos esperándola. Pero este es nuestro
hogar. Siempre lo ha sido. Tal vez lo olvidé hasta que regresé, pero sé que
quiero quedarme. Tom está aquí, y Mace está pensando en quedarse. La
familia significa mucho para ella. No debería ser demasiado difícil
convencerla de que estar más cerca de sus hermanos sería algo bueno.
Que quedarse aquí conmigo la hará feliz.
El único problema será convencer a sus hermanos.
14

R
azer me alcanza cuando voy de camino al patio trasero donde
los chicos están asando y jugando un juego competitivo de
Frisbee. Es casi el final del verano, casi la hora de irme a casa,
pero la idea de no estar con Razer es casi lo único en lo que puedo pensar.
Si no fuera por el baile, alargaría mi estadía. Pero tengo que regresar. Tengo
responsabilidades que no puedo seguir posponiendo. Pero Razer, tal vez
podría ir conmigo. Me pregunto si podría convencerlo de que me siga, hasta
que haya lidiado con Henley, y los contratos de House to Haven. Tengo que 131
estar allí para el baile, pero después de eso, tal vez podría dirigir la
organización benéfica a distancia, o entregársela a alguien. Quizás Olivia
estaría feliz de interceder. Ella sin duda se lo merece con todo lo que hace.
Sería la elección lógica. Podría decirle a Razer que temo por Henley, que
necesito que sea mi guardaespaldas. O podría decirle la verdad. Que lo
necesito, y no quiero tiempo ni distancia entre nosotros otra vez. Mi corazón
late con fuerza ante la idea de soltarlo así. Pero es una sensación agradable
en comparación con el dolor que acompaña la idea de dejarlo atrás. Me
aleja de la puerta, presionándome contra la pared y asalta mi boca a
medida que sus manos me hacen cosquillas en mis costillas.
Me retuerzo bajo su toque, mis brazos envueltos alrededor de su
cuello.
—Alguien va a atraparnos.
—Están ocupados. Solo necesitaba saborearte —susurra en mi oído
antes de pasar sus labios por mi cuello.
Gimo, saboreando el calor de sus palmas mientras agarra mi trasero y
se presiona contra mí. Hemos estado haciendo esto a escondidas durante
un par de semanas. Hemos decidido que les contaremos a Mace y Tom,
luego al resto de nuestra familia antes de que me vaya. No es que estemos
seguros de cómo funcionará cuando vuelva a casa, y él se dirija a Lanston.
Si va a funcionar. Tal vez no lo hará. Tal vez estas semanas sean todo lo que
tengamos, pero vamos a lidiar con eso cuando lleguemos a ello. Aunque no
estoy pensando en eso, no cuando tiene su boca sobre mí, haciéndome
cobrar vida bajo su toque.
—Necesitamos algunas cervezas más —grita Mace a medida que
irrumpe en la cocina.
No tenemos tiempo para separarnos, para ocultar la forma en que mi
pierna se envuelve alrededor de la cadera de Razer, o que su mano está en
mi trasero. Mierda.
El calor se eleva a mi cara mientras veo la expresión de Mace cambiar
de sorpresa a confusión y enojo. Luego se precipita hacia nosotros,
gruñendo.
—¿Qué carajo creen que hacen?
Razer se para delante de mí, con las manos en alto. Calmado, incluso
cuando sé que está pasando por todas las razones por las que no
deberíamos hacer esto, todas esas veces que intentó convencerme de que
no era una buena idea.
—Mace, cálmate. Hablemos de esto.
—¿Quieres hablar? —Gruñe Mace, aferrando la camiseta de Razer
con su puño carnoso, arrastrándolo hacia afuera y hacia los escalones de
132
madera que conducen al patio—. Ningún hijo de puta toca a mi hermana.
—Razer no pone pelea, ni siquiera intenta mantenerse firme—. ¡Tom, trae tu
trasero hasta aquí! —grita Mace.
—No es asunto tuyo, Mace. —Le doy un tirón en el brazo cuando
alcanzan los escalones de madera, pero es como intentar detener un tren
de carga. Imposible.
—No te metas, pequeña. —Me aleja—. Esto es entre él y yo.
—Está bien, dulzura —dice Razer, quien continúa permitiendo que
Mace lo maltrate, aunque rezo para que no lo deje por mucho más tiempo.
Tom deja su cerveza junto a la de Mace al costado de la parrillera, y
acuna mis hombros para evitar que siga a mi hermano y Razer hacia el
césped. Y todo el tiempo Lucky salta alrededor de los dos, ladrando sin
cesar, con ganas de entrar en acción.
—No lo lastimes, Mace —le grito a medida que se arremanga—. No te
atrevas.
Mace levanta sus manos en puños y rodea a Razer, quien solo se
queda allí por un minuto como si fuera a dejar que Mace le dé una paliza.
Mi corazón toca fondo, y por un momento no creo que se vaya a proteger,
como si pensara que merece cualquier cosa que Mace quiera intentar. El
alivio me inunda cuando pone sus puños frente a su cara y dice—: No quiero
pelear contigo, Mace. Tú y yo nunca peleamos bien contra el otro.
—Creo que lo haremos muy bien, ahora que te has acostado con mi
hermana. —Gruñe Mace mientras se abalanza adelante, pero Razer
bloquea su puño fácilmente—. Maldita sea, es demasiado buena para ti.
—Esto no está sucediendo —digo con un gemido, agachando la
cabeza, intentando ocultar el sonrojo de mis mejillas.
—Por supuesto que sí. —Tom se ríe, frotando sus manos de arriba abajo
por mis brazos—. Pero está bien. Los cuatro, Mace, Razer, incluso Rush y yo,
hicimos un pacto.
—¿Qué? —Jadeo.
—¿Crees que íbamos a dejar que te enamores de un hombre que no
sea digno de nuestra hermanita? Si él te quiere, tendrá que demostrarlo.
—Pero no estamos, no estoy… enamorada de él. —Por supuesto que
sí. Lo he estado por años. Nada ha cambiado la forma en que ocupa
espacio en mi corazón. Solo fingí que se trataba de conseguir lo que quería
para variar. Sobre destruir mi personalidad de chica buena y el hecho de
que él me pone jodidamente cachonda, pero eso fue hace semanas, antes
de darme cuenta que no podría superarlo al dormir con él. Pero, ¿la gran
palabra con A? ¿Aquella que está en mi lista? ¿Es así cómo me siento con 133
respecto a Razer?
—Por supuesto que sí. Lo has estado desde que tenías dieciséis. Aún
duermes con su vieja camiseta.
—No es cierto. —Pero no le digo que es porque Razer me la arrancó
del cuerpo desnudo, o que tengo una nueva que me dio más
recientemente. Porque quería que recordara lo que somos ahora cuando
me acurruco contra el suave algodón. No puedo tener sentimientos tan
profundos. Si lo que siento por él es tan fuerte, ¿cómo pude haber sido tan
egoísta para ponerlo en esta posición? ¿Y para qué? Dijo que podía tener
expectativas, pero ya no estamos hablando de quedarnos. No es que
pueda. Tengo que irme pronto a casa. De vuelta al mundo real. Tengo que
enfrentar a Henley, y tomar mi lugar como la cara de House to Haven.
E incluso si la gente no confiara en mí, ¿podría tener ese tipo de
expectativas del felices para siempre con Razer?
—Y por lo que parece. Él también. —Tom se ríe entre dientes—. Así que,
va a aguantar como un hombre. No te preocupes por eso.
—¡Oh! —¿Razer y yo, yo y Razer? Para siempre no es tan
descabellado, ¿verdad?
—Tom, ¿cuál es el retraso? —grita Mace.
—Está bien. Bien. Deja el drama, imbécil. —Tom pasa frente a mí—.
Míralo de esta manera, pequeña. Puedes encargarte después de cuidar sus
golpecitos.
Con ese comentario de despedida, salta por los escalones para unirse
a Mace y Razer, mientras Lucky corre alrededor de los tres. Oh Dios, todos
van a entrar en esto. No sería la primera vez, pero ahora son hombres
adultos. Fuertes luchadores entrenados. ¿Y si uno de ellos se lastima?
—¿Pensaste que podías tocarla y no recibir una paliza? Es
jodidamente asqueroso. Es tu hermana.
—No. Es tu hermana —dice Razer, de esa seria manera mortal que
hace cuando algo es importante—. No hay nada asqueroso entre ella y yo,
no es que sea asunto tuyo.
—Por supuesto que es nuestro asunto. —Mace se arroja contra Razer,
enviándolo de bruces al suelo y subiendo a horcajadas sobre él—. Encontré
la prueba de embarazo, imbécil.
Hay un repentino golpe de silencio acompañando el rápido
chasquido del puño de Mace contra la nariz de Razer. La sangre brota de
su boca a medida que su mirada se clava en la mía. Confusión, dolor y
decepción pelean por apoderarse de sus rasgos, y todo mi mundo se
convierte en una locura en cuestión de segundos. 134
¿Qué demonios? Salto sobre la barandilla y caigo al suelo corriendo.
—Suéltalo, Mace. Suéltalo de una puta vez.
El puño de Mace conecta nuevamente, y Tom solo se queda allí de
pie, blanco como una sábana, sus labios presionados en una línea delgada
que luce aún más incolora que el resto de su rostro. ¿Por qué está parado
allí mientras Mace aterriza otro golpe en la mandíbula de Razer? ¿Por qué
Razer yace en el suelo, sin siquiera molestarse en bloquearlo, sin intentar
evitar que Mace lo golpee?
Las lágrimas corren por mi cara, haciendo que todo se vuelva borroso,
a medida que tironeo ineficazmente del brazo de Mace.
—Para. Lo lastimas.
Pero él no está cediendo. Me sacude como a una mosca, y tropiezo
hacia atrás sobre mis pies, aterrizando con fuerza sobre la hierba. Hay una
mirada en blanco en sus ojos mientras me ve caer. Luego está totalmente
decidido a darle una paliza a Razer como si fuera un extraño, el enemigo,
no el hombre con el que creció, no su mejor amigo.
Lucky rebota a su alrededor, ladrando tan jodidamente fuerte que
otros perros comienzan a aullar en respuesta, y aun así, Mace no se detiene.
—Tommy —grito—. Por favor, tienes que ayudarme. —Me levanto de
un salto brincando sobre la espalda de Mace, con un brazo alrededor de su
cuello lo más apretado que puedo mientras clavo mis dedos en los puntos
de presión en el interior de su brazo. Sea lo que sea esto, ya no se trata de
mí. No puede serlo. Intenta quitarme de encima, pero no puedo dejar que
se siga desquitando con Razer.
Tom sale de su estado congelado, al mismo tiempo que Razer capta
mi atención.
—Está bien, dulzura, me lo merezco. Especialmente, si estás
embarazada. No tenía derecho.
—No la llames dulzura, como si te importara una maldita mierda,
cabrón. No jodes con la familia. —Gruñe Mace, intentando quitarme de
encima otra vez.
Tom lo agarra del brazo y lo pone de pie, gritándole en la cara e
intentando liberarlo de cualquier demonio atormentándolo.
Me hundo de rodillas junto a Razer, temblando, sollozando. No puedo
lograr recuperarme del todo a medida que acuno su cabeza en mi regazo.
—Lo siento mucho.
Razer aprieta mi mano.
—Sabía el costo. Te dije… —Sus párpados se cierran lentamente, su 135
mano aflojando en la mía.
—No te atrevas a sentir pena por él. —Mace empuja a Tom,
arremetiendo hacia nosotros.
Pero Tom logra asegurarlo en una llave al cuello.
—Cálmate de una maldita vez, Mace. Jesús, estás perdiendo la
cordura.
—Creo que está inconsciente —le grito a Mace, cuyos puños siguen
apretados a su costado, su pecho subiendo y bajando ferozmente. Su rostro
una máscara moteada de rojo—. Eres un bastardo, Mace. ¿Cómo pudiste
hacerle esto? Es tu mejor amigo, tu familia.
Escupe un poco de saliva y sangre en el suelo.
—No es nada. Un maldito pedazo de mierda. Le dimos la bienvenida
a nuestra familia. ¿Cuántos años lo trataron mamá y papá como uno de
nosotros, y así es cómo nos paga? Follando con mi hermanita,
embarazándola. —Tom lo suelta a medida que la tensión lo abandona poco
a poco—. Sabes que no va a quedarse, ¿verdad? Te está usando.
—No lo sabes. —El olor a carne quemada inunda el aire. Me atraganto
un poco, o tal vez es mi corazón en mi garganta que no puedo tragar. Lo
amo, Mace. Me importa una soberana mierda cómo te sientes con eso. No
importa. Pero lo amo.
—¿En serio? ¿Siquiera te dijo que se irá mañana? Partirá al atardecer,
pequeña, de la misma manera que siempre lo hace. ¿En serio crees que no
volverá a sacarte de su vida? ¿Solo porque se consiguió un coño?
Tom golpea a Mace en la nuca.
—No le hables así, imbécil.
—Ella tiene que entender. —Mace se vuelve hacia Tom—. Nunca se
ha quedado con una mujer por más de un par de semanas. Lo conozco. Lo
conozco como si fuera mi maldito hermano. Pero esto. —Agita su mano en
nuestra dirección.
—No es tan malo, ¿verdad? —pregunta Tom en voz baja—. Ellos dos,
juntos.
—¿Me estás jodiendo? —Mace gira en mi dirección. Aún tiembla
visiblemente, su mandíbula apretada tan fuerte—. Apuesto a que piensas
que él se quedará ahora que estás embarazada. Que se casará contigo.
Casarme con Razer no es algo que haya contemplado, pero lo haría.
Oh, lo haría si fuera lo que él querría. Así de fuerte es esta cosa entre nosotros.
Bajo la cabeza, y la sacudo.
—No. No espero… 136
Tom se aclara la garganta.
—Mace, no creo que esté embarazada.
Lo dice en voz baja, pero es la forma en que lo dice, algo inestable,
con demasiada seriedad para el más joven de mis hermanos, lo que nos
tiene a Mace y a mí observándolo fijamente.
—No lo estoy —les digo.
Razer gime, y bajo la vista. Sus ojos siguen cerrados, grabados con
pequeños surcos de dolor alrededor de los bordes.
—Entonces, ¿de quién era la jodida prueba que encontré?
Mace dirige su mirada entre Tom y yo, y ambos respondemos al mismo
tiempo—: No lo sé.
Pero Tom permanece pálido, y el sudor le cae por la frente.
—¿Tommy? —Puedo verlo escrito sobre él, sus hombros encorvados,
su cabeza ligeramente inclinada mientras se rasca el costado de la nariz—.
¿Qué hiciste?
—Mierda —dice, y patea un trozo de hierba con su bota—. Creo que
embaracé a alguien, pero no sé quién.
Mace retrocede un paso tambaleante, como si Tom le hubiera
asestado un golpe físico. Baja la mirada hacia Razer.
—Maldita sea —espeta, como si se hubiera dado cuenta que ha ido
demasiado lejos—. Aún no me gusta que esté durmiendo contigo.
—Lo sé, Mace. Pero lo he amado desde que tenía dieciséis. Tendrás
que acostumbrarte.
—Llevé las cosas demasiado lejos. Por Dios, eres mi jodida hermanita.
—Se pone en cuclillas a mi lado—. La idea de que cualquier hombre
embarazando a mi hermana y no poniéndole un anillo a tu dedo primero
me hace querer matar a ese hijo de puta.
—Lo entiendo —le digo. Porque eso es exactamente lo que Razer
también siente por mí. Pero lo presioné hasta que se quebró, hasta que se
rindió ante mí porque me encontraba decidida a conseguir lo que quería.
Pero esto… bajo la vista cuando él gime, su cabeza inclinándose un poco
hacia un lado mientras vuelve a la consciencia. Tomé todo lo que tenía y lo
destruí.
—Lo siento. —Mace aprieta mi brazo suavemente—. Vamos a resolver
esta mierda. —Luego se vuelve hacia Tom—. Bueno, hermanito, eres una
pequeña puta, ¿cómo vas a averiguar qué mujer afortunada lleva tu
estúpido engendro?
Tom arroja sus manos sobre su cabeza y se encoge de hombros. 137
—Habría sido más fácil si hubiera dejado su nombre cuando me envió
la prueba por correo.
—Eso es jodidamente raro —murmura Mace.
—Es un modo de verlo. —Tom ríe nerviosamente.
—Alcohol. Todos necesitamos una cerveza, ¿verdad? —Mace asiente
ante su gran idea—. Y un trozo de carne para la cara de tu novio. —Se burla
de la palabra—. Eso se siente jodidamente raro.
—Esos dos siempre fueron raros. —Tom me mira con una sonrisa—.
Comprobaré y veré si podemos salvar la cena.
Los dos se dirigen hacia la casa, dejándome sola con Razer. Inclino mi
cabeza, las puntas de mi cabello rozando los lados de su cara.
—¿Raze?
—Mmm, estoy bien, pequeña. —Su rostro ya está hinchado, el corte
en su labio aún sangrando, aunque el sangrado de su nariz se ha detenido.
Ahora solo silba cuando respira, lo que en otras circunstancias podría ser
divertido, pero teniendo en cuenta la soberana paliza a manos de mi
hermano, es más desgarrador—. Solo quiero quedarme aquí por un minuto.
—No estoy embarazada —susurro—. Es Tommy. Embarazó a una
chica.
No dice nada, pero asiente levemente.
—¿Por qué lo dejaste hacerlo?
Abre los ojos a pequeñas rendijas.
—No importa que haya sido yo. Importa que seas tú. Si Mace no me
hubiera estado golpeando, si hubiera sido algún otro tipo, habría estado
justo allí con él, dándole una maldita paliza a quienquiera que sea por
dejarte embarazada cuando no tiene intención de quedarse.
Mi corazón se hunde en picada. No quiero creer que Mace tiene
razón, pero no puedo ignorar a Razer. Esto en serio es todo lo que hay. Es
mío mientras estemos en la ciudad, pero los dos tenemos que irnos. ¿Y
entonces qué? Iremos por caminos separados, y lo perderé para siempre. El
dolor de la pérdida imaginada, cómo destrocé a nuestra familia, junto con
la culpa de romper todo lo que le importaba, ya es insoportable. ¿Cómo se
supone que voy a superarlo cuando se haya ido?

138

Claire ha entrado a buscar una toallita y antiséptico. Está decidida a


cuidarme, y no quiero molestarla aún más diciéndole que puedo hacerlo yo
mismo. No cuando aún tiembla de ver a su hermano golpeándome a la
cara. Cualquier otra persona, y lo habría derribado con un golpe, pero no
Mace. De todos ellos, él es con quien siempre he sido más cercano. Es a él
a quien más debía cuando se trata de Claire. Le debía por no tener las
agallas para decirle. Por romper mi lealtad con él.
—Toma. —Empuja una cerveza en mi mano y se sienta frente a mí en
la mesa de picnic. Sigue mirándome fijamente, esa lenta ira ardiente aún
allí.
—Gracias. —Destapo la cerveza y tomo un gran trago, dejando que
baje por la parte posterior de mi garganta. No decimos nada por unos
minutos. Hay una inquietud en la tregua que tenemos.
—No me bloqueaste —me acusa—. Al menos podrías haber hecho un
esfuerzo por protegerte la cara.
—¿Por qué? ¿Quieres sentirte mejor por haberme dado una paliza?
—Te lo merecías, cabrón. —Me fulmina con dagas en los ojos. Pero
está considerando lo lejos que habría llegado si Claire y Tom no me lo
hubieran quitado de encima, mientras se concentra en rasgar la etiqueta
de su botella con el pulgar.
—Deberías ver a alguien, Mace. —Descanso mi cerveza sobre la
mesa, mirándolo fijamente—. Claro, merecía algunas rondas con tu puño.
Debería haberte dicho. Pero algo más te sucede.
—No, estoy bien —dice, desestimándolo como si no fuera gran cosa—
. Al menos, mejor que tu cara.
—Sí. —Froto dos dedos ligeramente sobre mi mandíbula hinchada—.
Duele como una perra.
—Le dije que te ibas mañana —dice—. Le conté tu trayectoria con las
mujeres. Le dije que no tenga expectativas en lo que a ti respecta.
—Mierda.
—No iba a dejarte nublar su juicio con cualquier mentira que le hayas
estado diciendo para que duerma contigo. Necesitaba saber que no vas a
quedarte. Que no eres del tipo de hombre con el que quiera establecerse.
—No voy a ninguna parte —le digo. No, a menos que ella quiera que
me vaya después de esto. Lo que podría hacer si Mace entró en detalles 139
sobre mi vida sexual, y el hecho de que nunca me he quedado por más de
un par de semanas. No es que sea el tipo de hombre que no quiere
establecerse con una mujer. Es que ninguna de ellas era Claire. Supongo
que nunca logré llegar a esa conclusión mientras estaba jodiendo por ahí.
Solo pensé que no podían estar a la altura de mi ideal. Y no pudieron porque
Claire es jodidamente única.
—Bueno, no te quedarás aquí. —Mace estampa su palma contra la
mesa—. Quiero que salgas de aquí mañana a primera hora.
—Eso es jodidamente amable de tu parte. Dándome una noche para
arreglar mi mierda —replico.
—Tienes suerte de que te esté dando tanto tiempo. Si no fuera la casa
de Tom, ya te habría echado a patadas.
—Entonces, ¿eso es todo? —pregunto—. ¿Veinticinco años como
hermanos y ya te hartaste? —No es que esperara algo diferente. Sabía
cómo reaccionaría, cómo reaccionarían todos ellos ante la idea de Claire
y yo juntos. Intenté luchar contra ella, porque no podía soportar la idea de
que todos me excluyeran de su familia. No quiero dejarla ir, no creo que
pueda respirar si tuviera que intentar despedirme de ella. Puedo soportar
perderlos por ella, pero es probable que ella no pueda. Es probable que no
pueda lidiar con ellos excluyéndola de su vida si le pido que se quede
conmigo.
—Algo así —dice.
—No voy a irme —le digo—. No iré a ninguna parte. —Fuera de la
casa, sí. No puedo hacer mucho al respecto. Pero puedo acampar en la
vieja casa como planeé hace semanas—. Mientras Claire me quiera cerca,
aquí estaré. Así que, deberías considerar superarlo de una jodida vez.
—Ya veremos. —Arroja su botella vacía al basurero, y extiende la
mano cuando rebota en el borde y rueda hacia la esquina—. Una vez que
estés fuera de esta casa.
—Bien —digo, arrojando mi propia botella y clavando el tiro que él
falló—. Me iré mañana mismo.
Claire lleva un recipiente con agua y una botella de antiséptico
afuera y los coloca en la mesa frente a mí antes de sentarse a horcajadas
sobre el banco.
—Hiciste un buen trabajo con su cara, Mace. ¿Valió la pena? —
Sumerge el paño en el recipiente y lo escurre antes de frotar suavemente el
corte sobre mi ceja—. Lamento mucho que sea tan idiota —dice,
hablándome.

vales.
—Está bien. —Agarro su muñeca, y clavo mi mirada en la suya—. Tú lo 140
Se queda inmóvil, el paño presionado a mi mandíbula, y se inclina
para rozar sus labios sobre los míos. Estoy magullado, hinchado y
ensangrentado, y aun así quiere besarme. Mi pecho se siente como si
estuviera lleno de helio, un globo de orgullo que quiere flotar en su mirada.
—Maldita sea, por Dios. —Mace salta y avanza furioso a la casa—. No
puedo ver esto. Ustedes dos están jodidamente enfermos.
15

D
espués de limpiar sus cortes, y que la adrenalina dejara de
bombear a través de mí, lucho para lidiar con las
consecuencias. Las palabras de Mace siguen repitiéndose en
mi cabeza. Sobre cómo Razer nunca ha estado con nadie durante más de
un par de semanas, y que mañana se irá. No estoy segura que se suponía
que debía captar el final de su conversación, su confirmación de lo que mi
hermano insiste es la verdad, pero lo hice. Sigo esperando que me diga que
se va, pero no lo hace. Simplemente se sienta a mi lado mientras juego con 141
mi cena que no logro comer.
El estallido de Mace se ha asentado sobre todos nosotros como un
peso. Todos estamos tensos, callados, ninguno habla de lo que sucedió o de
cómo Tom va a lidiar con su problema. Raze no me toca nuevamente
delante de ellos. Apenas dice una palabra. Y me pregunto si tal vez después
de todo no cree que valga la pena. Probablemente no lo hago. Esta podría
ser la última comida que compartimos como familia, y es mi culpa.
Ayudo a Tom a lavar los platos dentro, antes de decidir que tengo que
salir. Necesito algo de tiempo a solas. Necesito estar en cualquier lugar
menos aquí, viendo la caída de mi familia. O tal vez solo necesito dejar salir
toda la emoción arremolinándose dentro de mí, pero no aquí. Ni Razer, ni
mis hermanos necesitan verme derrumbarme. Ahora no. No necesito una
repetición de lo que acaba de suceder. No podría soportarlo.
—Tengo que salir un rato —le digo a Tom—. Quiero ver a Chelsea antes
de irme.
Deja correr el agua en el fregadero, dándome la espalda. Está
desplomado, observando fijamente hacia la espuma como si la seriedad de
esta noche fuera demasiado para él.
—Está bien, pequeña.
Conduzco por un tiempo, dejando que mis emociones se apoderen
de mí, hasta que me siento vacía. Luego me dirijo a donde Chelsea, aún no
estoy lista para ir a casa, no estoy lista para enfrentar a Razer y preguntarle
por qué no me dijo que se iba. ¿Planea sacarme de su vida otra vez? Dijo
que no iba a hacer eso, pero ¿por qué otra razón no me lo diría? Todo se
siente un poco demasiado familiar.
Y es hora de que yo también me vaya a casa. Lo he estado
posponiendo, esta vez empapándome con él, pero tengo que regresar. El
baile está a solo una semana de distancia. Hay tantos detalles de último
minuto que atender, y necesito firmar el incumplimiento del contrato. Estoy
bastante segura que mi abogado tuvo que explicarle al padre de Henley
las razones exactas por las que estábamos rompiendo el acuerdo. Pero no
creo que estuviera tan sorprendido como esperaba que lo estuviera.
Además, no quiero estar abatida frente a Mace, para que pueda
restregármelo cuando Razer se haya ido.
—Esto es lo que querías. —Me recuerdo a medida que toco la puerta
de Chelsea—. Recibiste lo que pediste.
Pero, nunca era tan simple, ¿verdad? Es como si sacara el corcho de
una botella mágica y cuando pedí mi deseo olvidé aclarar lo que quería en
realidad. Porque no lo sabía. No tuve en cuenta que sería peor la segunda
vez.
Gabriela, la hermana menor de Chelsea abre la puerta. No puedo
142
creer lo grande que está. Era apenas una adolescente cuando me fui a la
universidad.
—Guau, Gaby. Creciste.
Arruga la nariz y se aleja de la puerta, estallando su bomba de chicle.
—Eso dice la gente. Chelsea está arriba.
Me abro paso hasta la habitación de Chelsea, recordando dónde
está de cuando éramos adolescentes, y llamo a la puerta.
—¿Hay algo bueno allí?
Levanta la vista desde donde se halla acostada sobre su estómago,
con la cabeza inclinada sobre la revista de chismes que está leyendo.
—No. No sales en esta. —La cierra y se sienta—. ¿Qué pasó?
—Necesitaba alejarme de la testosterona. Hay demasiada en casa de
Tom. Prácticamente puedes olerla. —Me pellizco la nariz, a modo de burla.
—Bueno, no hay nada de eso por aquí. —Se levanta y da una
palmadita en la cama.
—¿En qué parte del mundo está viajando tu madre en estos días? —
Me acerco a la cama y me estiro a su lado.
—En este momento, se encuentra en Europa. Solo regresa aquí el
tiempo suficiente para volver a empacar. Ahora que las chicas tenemos la
edad suficiente para cuidarnos por nuestra cuenta, merece ver el mundo.
—Algún día espero que seamos nosotras. —Me ruedo de lado, que es
cuando noto lo hinchados y rojos que están sus ojos.
Y ella nota los míos.
—Entonces, ¿qué sucede en casa de Tom?
—Chicos —respondo—. Mace se puso como He-Man, protegiendo mi
virtud. ¿Tú?
—Alergias —murmura.
—¿Estás segura?
—Sí. Nada de qué preocuparse. —Me da una sonrisa débil—. Los
antihistamínicos ayudan.
—Mañana me voy a casa —le digo.
—¿Es hora de volver al mundo real?
—Sí, supongo. —Aún hay carteles de Bieber y Cyrus en su techo,
mezclados con esos destellos en las estrellas oscuras de cuando estábamos 143
en la secundaria. No puedo creer que todavía las tenga.
Se gira de costado, apoyando una mano debajo de su mejilla.
—¿No me has dicho cómo te fue? ¿Pudiste sacar a Razer de tu lista
de deseos?
—Algo así —respondo—. Él también se va mañana. Aunque, Mace va
a quedarse.
—Eso es justo lo que necesito —se queja. Desde que tengo memoria,
Mace y ella solo han logrado llevarse bien durante cortos períodos de
tiempo.
—Estarás bien. —Sonrío—. Puede ser un poco… —Busco la palabra—.
Déspota.
—Un imbécil. —Se ríe.
—Eso también. Pero, probablemente no lo verás mucho.
—Probablemente sí lo haré. Tommy te reemplazó como mi mejor
amigo mientras no estabas.
—Eso es bueno —le digo—. Lo necesitará. Está pasando por una
mierda.
—No te preocupes. Cuidaré de él. No puedo decir lo mismo de Mace,
ese bastardo desgraciado.
Echo un vistazo a mi reloj.
—Guau. El tiempo se acabó rápido para ustedes dos llevándose bien
esta vez.
Alcanza un pañuelo, sollozando.
—Eh, no todos podemos llevarnos bien con todos. La vida real no está
destinada a ser todo el tiempo rosas y sol. Está destinada a ser una mierda.
—¿No es así? —Pensé que la vida que tenía antes de volver a casa en
Reverence era lo que quería. Que me sentía contenta con lo que tenía, y
feliz de esconder partes de mí. Pero no era feliz, y no estoy segura de volver
a ser feliz alguna vez. No si Razer está a punto de desaparecer de mi vida
de forma permanente.

144

La puerta se cierra con un suave clic, y abro los ojos a la oscuridad de


la habitación. Solo se filtra una franja de color entre las persianas a través de
las cuales puedo distinguir su silueta mientras vacila en la puerta.
—Te tomaste un tiempo —digo, a medida que se desliza por la
habitación—. Me preguntaba cuándo ibas a volver.
Salta al escuchar mi voz, se detiene por un momento antes de estirarse
tanteando para encender la lámpara junto a su cama. Sus ojos se abren por
completo a medida que ve mi cara.
—Oh Dios, Raze. Estás hecho un desastre.
—Créeme, se ve peor de lo que se siente. —Capturo su mano y
entrelazo nuestros dedos, atrayéndola hacia el borde del colchón.
—¿En serio? Porque se ve terrible. —Hace una mueca cuando toca
uno de los moretones menos sensibles en mi mandíbula—. Lo siento mucho.
—No lo lamentes. —Sentándome contra la cabecera, acuno la parte
posterior de su cuello y la empujo hacia delante para rozar sus labios—. Lo
volvería a hacer en un abrir y cerrar de ojos.
—¿Lo harías? —Toca mi pecho tentativamente, lentamente, y se
arrastra para sentarse a horcajadas sobre mí. No sé si solo tiene miedo de
lastimarme o si esa sombra persistente en su mirada es algo más. Cada dedo
curvado en mi pecho se siente como un gancho, manteniéndome anclado
a la mujer sin la que no quiero vivir.
—Por ti. —Peino su cabello hacia atrás y acuno la base de su
garganta—. Sí. Podría hacerlo.
Deja escapar un suspiro tembloroso.
—Podría haberte costado todo.
—Es mejor que lo sepan. —Mordisqueo sus labios. Los míos escociendo
por el toque, pero el dolor de no tener su boca sobre la mía sería mucho
peor—. Me alegra que ya no nos estemos escondiendo.
—¿Crees que alguna vez entrarán en razón? ¿Crees que Mace te
perdonará?
—Tal vez —respondo—. Espero que sí. —Deslizando mi mano por su
pecho. Mi cara podría estar fuera de acción esta noche, pero necesito
tocarla, sentir su cálida carne sobre la mía y saber que lo que pasó no nos
ha arruinado—. ¿Te desnudas para mí?
—Pero estás herido —dice, bajando la mirada entre nosotros—. Por mí.
—Escucha. —Sujeto un puñado de su cabello, inclino su cabeza hacia 145
atrás—. No hiciste nada malo. ¿Entendido? —Traga con fuerza, su garganta
tensándose con el movimiento, y creo que va a discutir conmigo—. No. Esta
vez tengo razón, dulzura —le digo, acariciando mis dedos por el interior de
su muslo—. Ahora deshazte de esos botones. Necesito ponerte las manos
encima.
Asiente, sus dedos moviéndose hacia los botones en la parte
delantera de su vestido, deshaciendo cada uno lentamente a medida que
la miro fijamente a los ojos. Observo sus pupilas dilatarse mientras presiono
un ligero toque delicado en su clítoris a través de sus bragas. Su inhalación
brusca causa una respuesta gutural propia. Estoy tan duro como una roca
debajo de ella, deslizando mis dedos por debajo del material sedoso para
sentir lo mojada que está a medida que se quita el vestido de los hombros y
desabrocha su sujetador.
—¿Estás seguro? —pregunta—. Estás herido.
—Me dolerá mucho más si no estoy dentro de ti. —Presiono mi boca
en sus tetas, chupando cada pezón hasta que se erizan como picos.
Se aferra a mis hombros, subiendo y bajando sobre mi regazo y
frotando su coño contra mi dureza, hasta que creo que podría explotar por
la presión.
—Quiero que te corras dentro de mí, Raze.
Le quito el cabello de la cara para susurrarle al oído—: Quítate las
bragas, dulzura. Voy a conseguir un condón.
—No. —Captura mi mano para ponerla en su cara mientras se mece
contra mí—. Quiero decir que, quiero que te corras dentro de mí, sin nada.
Mierda. Es casi suficiente para hacerme disparar mi carga, solo pensar
en cómo se sentirá alrededor de mí. Mucho más caliente y húmeda. Su sexo
apretándome sin nada entre nosotros.
—Dios, Claire. —Gimo—. Tenemos que usar protección.
—Estoy tomando la píldora. Lo he hecho desde que tenía trece años.
La necesitaba para regularme.
—No creo que dure si bombeo dentro de ti sin nada. —Rozo su
clavícula, siento la cálida cresta de su garganta, su pulso agitado y la línea
suave de su mandíbula debajo de mis labios.
—Estás limpio, ¿verdad? ¿Te has chequeado? —Engancha un dedo
en sus bragas, tirando de ellas hacia un lado mientras presiona la cabeza de
mi pene en su entrada.
—Sí. Estoy limpio. —Apenas puedo pronunciar las palabras, viendo
dónde nos unimos—. Y nunca he…
Se ríe entre dientes.
146
—Esta es la primera vez para los dos. Somos solo un par de vírgenes.
Se desliza sobre mí, sin dudarlo, tomándome hasta la empuñadura. Y
se siente mucho mejor de lo que podría imaginar. Mi pecho se expande
tanto, mi garganta se obstruye y apenas puedo respirar con lo perfecto que
es estar con ella así. Quiero pasar el resto de mi vida con ella, así.
Ya lo sabía antes. Había algo indefinible en lo que siento por ella, hasta
ahora. No es que la quiera más o menos de lo que siempre lo he hecho, pero
la forma en que la amo ha cambiado. Lo que es para mí ahora. La seguiré
hasta los confines de la tierra mientras ella me tenga.
Nos movemos en silencio, con mis brazos a su alrededor. Todas las
caricias persistentes y el suave sonido húmedo de ella montando mi polla,
hasta que jadea, sus gemidos estallando en respiraciones bruscas, y cuando
llega al clímax, desencadena una oleada tan intensa, el peso pesado de
mis bolas se tensa, se estira, y me corro dentro de ella, llenándola con mi
semilla a medida que hago un juramento contra su hombro.
Se acuesta junto a mí, y la acuno entre el círculo de mis brazos.
Sosteniéndola, porque es todo lo que quiero hacer. Hasta que ya no respire
con dificultad, su cuerpo ya no se retuerza por la fuerza de su orgasmo.
Y entonces le digo—: No estaré aquí cuando despiertes.
—¿Vas a irte? ¿No ibas a decírmelo?
—Te lo estoy diciendo ahora. —Beso la parte superior de su cabeza—
. Mace tiene razón, sobre mí. Nunca me quedo por más de un par de
semanas.
Estoy a punto de decirle que, es porque esas chicas no eran ella. Que
esos ojos violetas de ella me arruinaron para cualquier otra mujer mucho
antes de que nos reuniéramos. Que voy a mudarme a la vieja casa,
acampar allí mientras ella está en la ciudad. Que la seguiré a donde sea
que tenga que ir, hasta que esté lista para establecerse. Que estoy
construyendo una casa. Para ella.
—Está bien —dice—. También voy a irme. No te sientas culpable si no
te mantienes en contacto. Esta cosa entre nosotros fue divertida, pero no
creo que debamos intentar continuarlo. Será demasiado complicado,
demasiado difícil.
—Claire, dulzura. —Rechino las palabras con los dientes apretados—.
Eso no era lo que estaba diciendo.
—Es lo que estoy diciendo. —Se pone rígida en mis brazos, su pulso
palpitando feroz debajo de mi mano sobre su pecho—. Conseguí lo que
quería.
Retrocedo, dejándola ir.
147
—¿Me usaste? ¿Para qué? ¿Para tomar tu virginidad? ¿Para superar
la mierda con ese imbécil? ¿Prácticamente destruiste mi relación con Mace
por una follada?
—Algo así —responde y sonríe.
De hecho, sonríe, maldita sea, y nunca antes me he cabreado tanto
en mi vida. Si no fuera ella, si no fuera una chica, sería difícil no golpearla en
este momento. Esta chica no es mi Claire. Me subo los pantalones y me bajo
de la cama. Ni siquiera sé qué decirle ahora mismo. No sé qué pensar de
nada.
—Si es lo que quieres.
16

T
om se inclina en la puerta, mirando el bolso en mi cama. Aquel
que estoy empacando apresuradamente intercalado con
mensajes de texto a Olivia sobre detalles de último minuto para el
baile.
—¿Te vas, pequeña?
—Ujum. —Mantengo mi mirada pegada a mi teléfono mientras
engancho la camiseta que Razer me dio—. La vida real sigue llamando, 148
enviando mensajes de texto y correos electrónicos. No puedo seguir
trabajando desde aquí. Olivia está a punto de tener algún tipo de
accidente cerebrovascular. Y necesito reunirme con mi abogado.
—¿Vas a despedirte de Mace y Razer antes de irte? —Cruza la
habitación, pasando sus dedos sobre la ropa que aún tengo sobre la cama.
No traje un bolso lo suficientemente grande como para meter todo.
—Mace puede irse al infierno —digo, arrojando mi cepillo de dientes
en la bolsa de cosméticos y tirando de la cremallera. Tom probablemente
tiene un bolso lo suficientemente grande como para meter el resto de mis
cosas, pero en realidad no tengo tiempo para terminar de empacar.
Además, dejar mis cosas aquí le da una razón para visitarme pronto, y creo
que necesitaré su apoyo cuando las cosas con House to Haven se calmen—
. ¿Puedes llevar el resto de estas cosas si vas al baile?
—¿En serio quieres decirle a tu hermano que se vaya al infierno?
Dejo de ordenar lo demás que estoy dejando en una pila para mirarlo
y exhalar.
—No. No le voy a decir a Mace que se vaya al infierno. Pero estoy
jodidamente enojada con él.
—¿Qué hay de Razer? —Se sienta en la cama, y se tira de la pierna
del pantalón—. ¿Vas a despedirte de él?
—No. —Me estremezco. Después de lo que dije anoche, no creo que
vuelva a hablarme nunca más. Quiero recuperarlo, decirle que no voy a
dejar que se aleje de lo que estoy segura que ambos sentimos. Que Mace
no tiene razón sobre él, sobre nosotros. Pero lo arruiné todo en un momento
de pánico. La expresión de su rostro permanece grabada en un primer
plano de mi mente, creando una constante presión punzante detrás de mis
ojos—. No voy hacerlo.
—¿Por qué?
—¿Lo ves aquí? —Miro a mi alrededor—. ¿Lo viste esta mañana?
Porque yo no lo he hecho.
—No lo he hecho, pero… —Tom se encoge de hombros y se rasca el
codo.
—No —espeto bruscamente, pero Tom no merece que saque mi
enojo y frustración con él—. Simplemente, no —digo suavemente—. Me dijo
que se iba. —Me hundo en el colchón a su lado y aprieta mis hombros—.
¿Qué crees que significa que ni siquiera se despidiera?
—Tal vez deberías esperar —dice—. Quizás regrese.
Quiero. Probablemente
esperando que regrese.
podría sentarme aquí para siempre 149
—Tengo una cita con mi abogado. Lo dejé todo hasta el último minuto
posible. No puedo posponer las cosas por más tiempo.
—¿Otra media hora? —pregunta—. Te prepararé una taza de café
entera y puedes endulzarla hasta que te duelan los dientes.
Echo un vistazo a mi teléfono.
—Está bien, media hora. —No es demasiado tiempo para esperar al
hombre a quien daría un para siempre.
Es la media hora más larga de mi vida mientras me siento con Tom en
su cocina, tomando el café que me preparó. Cada vez que pasa un auto,
o las orejas de Lucky se alzan, miro la puerta fijamente, pero él nunca entra.
—Entonces, ¿qué vas a hacer con la madre de tu bebé? —pregunto
a Tom, intentando distraerme. Esta media hora se siente como una
eternidad.
—No lo sé. —Se encoge de hombros—. Ni siquiera entiendo cómo
sucedió.
—Bueno… —Sonrío—. Cuando dos personas…
—Cállate. —Se ríe—. Quiero decir que, siempre he usado protección.
—Los condones se rompen —le digo—. Nada en la vida es seguro
excepto la muerte y los platos.
—Aparentemente. —Toma mi taza vacía y la deja en el fregadero—.
Supongo que se acabó el tiempo, ¿eh?
—Supongo que sí. —Me duele el pecho, y me deslizo del taburete
para darle un abrazo—. No quiero volver.
—Pero tienes que hacerlo. Al menos, por ahora. ¿No crees que tal vez
podrías considerar regresar aquí? Mace lo hará.
—¿Mace qué? —pregunta Mace, entrando en la cocina—. ¿Te vas,
hermana?
—¿Has visto a Raze? —le pregunto—. Pensé que aún estaría aquí.
Pensé…
Mace entrecierra la mirada y rechina los dientes.
—Te dije que no se quedaría.
—Si sabes dónde está —dice Tom—, será mejor que le digas.
Mace cruza la habitación para recogerme en un abrazo de oso.
—No estoy seguro. No lo he visto. Lo siento, pequeña.
—Bueno, entonces, eso es todo. —Recojo mis maletas, y los tres
caminamos hacia mi auto. Me encuentro mirando alrededor, prolongando 150
mis pasos. Cualquier cosa para darle a Razer un poco más de tiempo,
aferrándose a la creencia de que cuando me dijo que nunca volveríamos
a estar completamente fuera de la vida del otro, incluso si no estábamos
juntos, lo decía en serio. No quiero irme sin decirle que no quise decir lo que
dije anoche, que no solo se trató de perder mi virginidad. Que cuando dijo
que se iba, me rompió por dentro, porque sentí que todo lo que Mace dijo
era cierto. Que parecía el final, y no podía ir a casa esperando que hubiera
más de lo que habíamos tenido. No si ya duele así. No quiero prolongar eso
para ninguno de los dos. Pero supongo que está claro lo que siente por mí.
No quiero admitirlo, incluso en mi cabeza, pero Mace tiene razón. Y todo lo
que he logrado hacer es destruir a nuestra familia y caer mucho más fuerte.
Con un último abrazo para los dos, me meto en mi escarabajo y me
dirijo a casa. Las lágrimas llegan como lo hicieron en el viaje a Reverence,
pero esta vez significan algo. No están hechas de conmoción o
preocupación, sino de la agonía profunda que acompaña el saber que
siempre amaré a un hombre que no debería.
Tom y yo nos sentamos en el bar, viendo una pelea en los televisores
del techo mientras esperamos que Mace salga de su reunión con Robert
Long. Parece bastante serio sobre este asunto de la seguridad.
—Entonces, ¿qué vas a hacer? —pregunta Tom, sin apartar la mirada
de la televisión.
Es una buena pregunta. Una para la que no sé la respuesta. Antes de
regresar a Reverence, lo tenía todo resuelto, pero eso fue antes de que
Claire me arruinara la vida. Levanto un posavasos y lo estudio. Al parecer, la
palabra gambiano significa estar lleno de cerveza. ¿Quién demonios querría
saber eso?
—Creo que iré a Lanston y veré sobre ese trabajo. No tiene mucho
sentido quedarse por aquí.
Mace regresa de su reunión y coloca una ronda de cervezas frente a 151
nosotros.
—Bueno, parece que voy a quedarme.
—Entonces, ¿llegaste a un acuerdo? —pregunta Tom.
—Sí, y también pensaba en lo que dijiste sobre esas clases de defensa
personal. —Se vuelve hacia mí—. Creo que deberías considerar quedarte.
Le tomó unos días tranquilizarse después de lo peor, luego Tom le dijo
que lo aguantara por el bien de la familia y me pidió que me mudara. Aún
está trabajando en superarlo por completo. Lástima que ahora no importa.
—¿Después de que me pateaste el culo? Probablemente deberías ser
tú quien enseñe a las personas cómo defenderse.
—Sí, pero me dejaste darte esa jodida paliza. Ni siquiera te molestaste
en lanzar un puñetazo.
—Actúe mal y lo sabía.
—No quise decir ni la mitad de la mierda que dije. —Echa la cerveza
hacia atrás—. Sabes que aún somos hermanos.
—Porque ya no veo a tu hermana.
—No. —Se ríe a carcajadas—. Me sorprendió que finalmente tuvieras
las agallas para intentar algo, pero no soy idiota. Apuesto a que todavía
tienes sus cartas en el fondo de tu bolso. ¿Aún las llevas a todas partes?
—¿Sabías de eso?
—Entonces, ¿cuántas cartas escribiste y nunca enviaste?
Cientos. Más de lo que debería haberlo hecho. Más de lo que quería.
—“Querida Claire —se burla Mace en un tono cantarín—. Desearía
poder escribirte y decirte por qué ya no respondo. Que envié mi corazón a
casa hace mucho tiempo, y ni siquiera me di cuenta hasta que volví a verte.
Lo que siento por ti…” —Se ríe—. En cierto modo, me dan ganas de vomitar.
—¿Leíste mis malditas cartas? —¿Siempre supo lo que sentía por su
hermana y nunca dijo nada? Si pudiera volver a nuestra pelea, le patearía
el puto culo.
—Es mi hermanita y tú eres mi jodido mejor amigo. —Se encoge de
hombros, recostándose en su taburete—. Ella me escribía y me rogaba
noticias tuyas ya que tú no le escribías más. Solo tú lo dejaste de hacer. Así
que iba a enviarle tus cartas, hasta que vi lo que había en ellas. Pensé que
lo superaste en algún momento. Y entonces, los vi juntos. Y me sentí
cabreado, pensando que la habías embarazado. Lo llevé demasiado lejos.
—No me digas. Mi cara todavía se siente como hígado picado. 152
—De todos modos, el punto es que… no sé por qué estás sentado aquí
tan deprimido.
—Jódete. —Le arrojo el posavasos.
—Nah. Ustedes dos han hecho un buen trabajo jodiendo las cosas.
Creo que, solo voy a disfrutar mi cerveza y ver cómo se desarrolla este
espectáculo.
—Se acabó, Mace —le digo. Solo buscaba una cosa. Es curioso,
pensar eso. Me recuerda cómo los chicos siempre le decíamos que tuviera
cuidado con los chicos. Que solo buscaban una cosa. Que le romperían el
corazón si era una chica fácil solo para llevársela a la cama. Debí haberlo
visto venir.
Tom se aleja de la televisión. Es la primera vez que nos ha prestado
toda su atención desde que todos nos sentamos alrededor de la mesa.
—Bromeas, ¿verdad? ¿Ella sabe que le estás construyendo una
maldita casa?
—¿Una casa? ¿Tú? —La boca de Mace se abre—. ¿Sabes incluso
cómo se ve una casa?
—Seguro que sí. Nos quedamos en una, ¿no? En algún momento
quiero establecerme en un solo lugar.
—Con nuestra hermana —añade Tom—. Vi los planos del sitio. El rincón
en la sala de estar, como el que tenían nuestros padres. El lugar en el que
Claire siempre se acurrucaba cuando leía. Bien podrías haber dibujado
algunos putos corazones con tus iniciales en ellos, jodida marica.
—Cállate. —Lo fulmino con la mirada—. Al menos no estoy buscando
a alguna jodida mujer a la que embaracé, como una maldita Cenicienta
moderna.
—Bien —dice, levantando su cerveza para drenarla—. Pero solo digo
que no se habría ido si se lo hubieras dicho.
—No sabes de lo que hablas. —Aparto el taburete y estampo un par
de dólares sobre la mesa—. Por mis tragos.
—Él tiene razón —dice Mace—. Demonios, soy la última persona que
quiere admitirlo, pero la chica te ama. No sé por qué. Te estás volviendo
cada vez más gruñón, eso es seguro. Pero lo hace. Prácticamente nos dijo
que iba a casarse contigo cuando te quedaste inconsciente.
—¿Ella qué? —Estoy atónito. Tal vez estoy jodidamente viejo porque
siento que estoy teniendo algún tipo de ataque cardíaco con la forma en
que mi pulso se ralentiza a la nada, intentando bombear lodo por mis venas.
—¿Necesitas que la cite o algo así? No es el jodido Shakespeare —se
153
queja Mace.
—Le estás construyendo una casa, hermano. Recibiste una maldita
paliza por ella. Entonces, ¿tienes las agallas para decirle cómo te sientes
realmente? —Levantándose, arrebata los billetes de la mesa—. De cualquier
manera, estoy harto de esta conversación. Voy a tomar otra cerveza.
—Pero me dijo que esto era una aventura para ella. Que no tenía
sentido continuar con lo que teníamos.
—De acuerdo —dice Tom—. ¿Y te creíste eso?
—Dijo que solo se trató de perder su virginidad —murmuré por lo bajo.
Me rompió el maldito corazón cuando me dijo eso. El dolor en mi pecho
mucho peor que el de mi cara—. No contesta mis llamadas, mensajes de
texto o mierda, incluso he enviado correos electrónicos.
—Maldita sea. —Tom me fulmina con la mirada—. Nunca más quiero
volver a escuchar que tomaste la virginidad de mi hermana. Pero, vamos,
por favor. ¿No crees que tal vez te mintió?
—Maldición. —Quizás lo hizo. Le dije que me iba, que no me quedaba
por más de unas pocas semanas, pero no hablaba de nosotros. Había
estado hablando de cada mujer que vino antes que ella. Y la razón por la
que no me quedé con nadie era ella. Pero no le dije eso, no pensé hacerlo
después de lo que ella dijo.
—Además, ella no sabe que Mace tomó tu moto y te dejó varado
fuera de la ciudad. Se sentía bastante devastada, pensando que te fuiste
sin despedirte.
—Tu hermano es un jodido imbécil.
Tom descansa sus manos sobre su cabeza y ruge de risa.
—Es tu mejor amigo.
Mace deja caer otra ronda entre nosotros.
—Quería ver hasta dónde llegarías por mi hermana. —Se encoge de
hombros—. Pero mierda, aún estás aquí.

154
17

—T
e ves hermosa esta noche, Claire —dice Henley detrás
de mí. Han pasado cinco semanas desde la última vez
que lo vi. Es curioso cuánto puede cambiar una persona
en ese tiempo. Donde una vez vi a un hombre bueno, recto y moral, ahora
es fácil ver que era solo una máscara. Me ofrece una copa de champán—
. Te he extrañado.
Esa debe ser la razón por la que incluso ahora su mirada recorre la
habitación, arrastrándose sobre los cuerpos de otras mujeres. Dreno el
155
champán, preguntándome por qué volví a este mundo. La caridad. Eso es
importante, pero nada más aquí significa algo para mí. Estas personas,
fingen ser mis amigos, pero son como Henley.
—Te dije que hemos terminado, Henley.
—No lo dijiste en serio. Solo necesitabas tiempo para calmarte. —Se
inclina para besar mi mejilla, y mi estómago se retuerce—. Por favor,
perdóname. Te adoro, Claire. Somos perfectos el uno para el otro.
Alejando mi rostro, sus labios lograron atrapar mi oreja antes de que
me alejara.
—¿Perfectos?
—Eres tan dulce e inocente. El rostro de House to Haven. Contigo a mi
lado, capturaremos la atención de los medios de una manera que no he
podido por mi cuenta. Imagina el dinero que podemos traer para House to
Haven, los voluntarios que conseguirás.
—Por no hablar de mantener tu imagen impecablemente limpia. —
Tomo otra copa de champán cuando un camarero pasa cerca—. Nadie
creería que te la pasas por ahí follándote a aspirantes de estrellas porno si
te casas conmigo.
—No lo necesitaría si estuviera casado contigo. —Sonríe, llevando su
copa a sus labios—. Estoy seguro que sería más que satisfactorio.
Quiero estampar la copa en sus jodidos dientes perfectos. Ver cómo
se vería en la televisión si le falta un par.
—¿Eso es todo lo que he sido para ti? ¿Solo parte de tu imagen
cuidadosamente construida?
—Disfruto de tu compañía. Eres una chica dulce, aunque un poco
ingenua. Pero trabajamos bien juntos.
—Esa era la vieja yo. —Termino la mitad del champán en mi copa.
—¿La vieja tú?
Olivia me hace un gesto desde el costado del escenario, y dejo mi
copa en la mesa detrás de mí.
—Si me disculpas.
—Claro. Podemos hablar más sobre esto después de los discursos.
No me molesto en responder mientras me alejo de él. Mi mente corre
a millón a medida que subo al escenario, juntando mis manos para luchar
contra el temblor. Mirando hacia la multitud, vislumbro a Tom en una
esquina, con los brazos cruzados sobre el pecho. Se ve maravilloso en su
traje. Le envié boletos hace mucho tiempo, pero no estaba segura que
viniera.
156
Sonríe cuando Chelsea se desliza a su lado y une su brazo con el de
él. Estoy muy agradecida con ella. Que esté junto a Tommy, ayudándolo
mientras busca a la mujer que le envió la prueba de embarazo. Ni Razer ni
Mace están con ellos, pero Tom inclina la cabeza como si supiera que los
estoy buscando y miro en esa dirección hasta que hago contacto visual con
Mace. Con una sonrisa tensa en su rostro, se ajusta la corbata colgando de
su cuello. No está del todo cómodo en la multitud, pero de todos modos
finge estarlo.
—¿Razer? —articulo, y se encoge de hombros, sacudiendo la cabeza.
Aprieto los ojos y respiro hondo antes de acercarme al micrófono para
dirigirme al lugar. He pronunciado discursos muchas veces antes, pero este
será el más importante. Porque esta noche, dejaré de dirigir House to Haven.
Los nervios revolotean en mi vientre y tengo que aclararme la garganta,
pero sé que estoy tomando la decisión correcta.
Me voy a casa.
Ni siquiera estoy segura de por qué regresé. Solo que estar aquí dejó
todo tan claro como el cristal. No pertenezco aquí. No estoy
completamente segura de haberlo hecho alguna vez. Esta no es la vida que
quiero más. Mi hogar puede no ser perfecto, pero es donde en realidad
puedo ser yo, y eso es lo que quiero. No soy tan perfecta como creen las
personas que me miran, y no quiero intentar serlo. Ya no quiero fingir.
Tal vez ir a casa no arreglará todo. Razer aún se habrá ido, y tengo
que encontrar una manera de superar eso, pero estos rudos hombres locos
son mi vida. El resto caerá en su lugar con el tiempo.
—Buenas noches, damas y caballeros. Quiero agradecerles a todos
por venir esta noche y por apoyar una causa tan importante. Sus
contribuciones ayudarán a House to Haven a continuar trabajando para
albergar a niños sin hogar durante el próximo año.
Una ronda de aplausos rebota en las paredes, y echo una mirada por
toda la habitación. Estas personas han significado mucho para House to
Haven. Solo puedo esperar que continúen apoyando la causa sin mí.
Respiro hondo. Aquí es donde normalmente mencionaría a Henley
Travis y el gran trabajo que hace CFN, y cómo juntos estamos ayudando a
construir un futuro mejor para aquellos menos privilegiados. Pero ya no estoy
segura que esa sea la verdad.
Henley se dirige hacia el escenario, ajustándose la corbata. Podría
delatarlo como el fraude que es. Que todos sepan que tiene el pene más
pequeño del mundo y que intenta compensarlo al follarse a puras aspirantes
a estrellas porno. Pero, ¿valdría la pena? En realidad, no estoy segura. La 157
verdad es que hay muchas personas que creen en lo que él representa
porque él les hace creer. Quizás no sea un hombre bueno, pero su encanto
y presencia son una fuerza para el bien en este mundo. Por otro lado…
—Con algo de tristeza lamento informarles esta noche que ya no seré
la cara de House to Haven. Cuando comencé esta organización, solo vi el
bien que podíamos hacer. Me encantó cada minuto que pasé trabajando
con voluntarios tan increíbles. Pero es hora de que lo deje en otras manos
más capaces. Olivia, ¿puedes venir aquí, por favor?
Olivia se aferra a su pecho, con la boca abierta. Creo que
probablemente debí haberle advertido que se lo estaría entregando todo,
pero no estaba segura. Hasta ahora. No es que no sea perfecta para el
papel y, de todos modos, prácticamente ha estado dirigiendo el programa
durante el último mes.
—Esta es Olivia Grayson. La mayoría de ustedes podría conocer su voz.
Ha pasado mucho tiempo detrás de escena, especialmente para este
evento. Ahora será la cara que todos ustedes asociarán con House to
Haven.
Algunas personas aplauden, y un murmullo silencioso atraviesa la
multitud antes de que el sonido de los aplausos se intensifique. Le doy un
apretón a Olivia.
—Puedes con esto. Vas a hacerlo mucho mejor que yo.
—¿Qué vas a hacer? —pregunta, sus ojos brillando con emoción.
—Me voy a casa —respondo, sintiendo por primera vez que realmente
soy lo más auténtica que puedo ser—. Hice de esta mi vida, pero no es lo
que quiero. Aún quiero marcar la diferencia, pero como soy en realidad, y
esta chica no lo es.
Henley se para al frente del escenario.
—¿Qué haces, Claire? ¿Estás loca?
—Tal vez. —No puedo evitar la sonrisa que se extiende por mi cara
mientras cubro el micrófono con mi mano y me inclino de modo que pueda
escucharme—. Pero prefiero estar loca que ser una falsa como tú. —Luego
me vuelvo hacia Olivia—. Los contratos con CFN fueron cancelados
anoche. Hará las cosas un poco más difíciles para ti, pero sé que si alguien
puede encontrar las donaciones adicionales, eres tú. Es mejor que
relacionarte con este imbécil hipócrita.
Dejo que Olivia lo asimile, y a pesar de haberlo acabado de soltar, ya
tiene a la multitud comiendo de la palma de su mano mientras me dirijo
hacia Mace, quien me rodea con su brazo.
—¿Estás bien? Ese fue un gran discurso.
—Sí. No. Lo estaré. ¿Dónde está Razer? —Lo guío a través del lugar 158
hasta donde Tom y Chelsea nos esperan.
Mace aprieta mis hombros.
—Lo siento, pequeña. Pensé que estaría aquí.
—¿Sigue en Reverence?
—Aún se queda con Tom —responde Mace—. Probablemente
debería decirte algo.
Pero no lo hace porque Chelsea me envuelve en un abrazo.
—Entonces, ¿vienes a casa?
—Así es —digo a medida que los cuatro entramos al vestíbulo—. Aún
no estoy segura de lo que voy a hacer. Pero, creo que no importará. Todo
estará bien mientras pueda ser libre para ser yo misma.
—¿Qué demonios crees que haces? —pregunta Henley, marchando
detrás de nosotros—. No puedes dejarme así.
Y creo que esta es la primera vez que lo entiendo. Soy en quien la
gente cree. No en él. Si me alejo, si dejo de creer en él, no es nada, y lo sabe.
Sin mí no tiene credibilidad. Y no pasará mucho tiempo antes de que los
secretos que esconde en su armario salgan a la luz. Eso lo desespera.
—Te dejé hace un mes. Lo que haga ahora no es asunto tuyo.
—Por supuesto que lo es. Está en el contrato. Somos una sociedad. —
Sujeta mi muñeca—. No puedes simplemente alejarte.
Por el rabillo del ojo, veo a Mace entregarle su chaqueta a Chelsea y
comenzar a arremangarse.
—El contrato está absuelto. Pregúntale a tu padre, o a cualquier
persona en la junta de CFN. No hay nada que pueda atarme a ti. Así que
vete, Henley.
Aún estoy preparada para dejarlo salir de esto con su dignidad
intacta. Aún puede recuperarse de esto. Todo lo que tiene que hacer es
alejarse.
—Muy bien, pues conduje hasta ese pedazo de tierra que llamas
ciudad —susurra—. ¿Cuál era su nombre? ¿El tipo con la polla en tu boca,
pequeña zorra?

159

—Razer —ofrezco, parándome frente a Mace, impidiéndole golpear


al imbécil que cree que puede maltratar a Claire y salirse con la suya. Este
debe ser Henley, porque nadie más sería tan estúpido como para tratarla
así frente a sus hermanos. ¿No ha notado el tic debajo del ojo de Mace?
Miro por encima de mi hombro. Mace está allí de pie, fulminándolo con los
brazos cruzados. Si este jodido cabrón no la suelta en un minuto, uno de
nosotros le arrancará el brazo—. ¿Estás bien, dulzura?
—Sí, estoy bien —responde, sonriendo tan grande que hace que mi
corazón lata de forma divertida—. Solo estamos hablando, ¿cierto, Henley?
—Bueno, se nos hace tarde. —Gruñe Mace—. Tenemos una
reservación.
—Mira —dice el imbécil—, no puedes simplemente alejarte de mí. De
esto. —Agita su mano para indicar la habitación detrás de nosotros—. Estas
personas esperan cosas de nosotros. ¿Crees que seguirán apoyándome
cuando te vayas?
—Tal vez —dice ella—. Si no se enteran de tu afición por las strippers.
—Sabes cómo trabajan los periodistas, Claire. Si te vas, irán a buscar
una historia. —Sus nudillos se ponen blancos con la fuerza con que le sujeta
su muñeca, y avanzo hacia él, pero ella solo sonríe como si dijera que se
encarga de esto. De modo que, espero.
—Ese no es mi problema —le dice—. Te lo buscaste, te metiste en este
lío o lo que sea. Atente a las consecuencias.
Él le gruñe. ¿En serio cree que puede salirse con la suya tratándola así?
Pero ella nos indica que nos quedemos donde estamos. No me gusta. Estoy
erizado con las ganas de ponerlo en su lugar, probablemente con mi puño
en su cara.
—Tengo fotos —sisea—. Los teleobjetivos son unas cosas increíbles.
Probablemente deberías aprender a cerrar las cortinas.
He soportado todo lo que puedo, y estoy bastante seguro que tanto
Mace como Tom están en la misma onda porque todos convergemos sobre
él, pero no antes que Claire. Es como un rayo con lo rápido que se mueve.
Su mano disparándose hacia su cara, exactamente cómo lo practicamos,
cómo Tom le enseñó. Suena un fuerte crujido cuando el talón de su palma
empuja el cartílago suave de su nariz y lo desequilibra. Está a punto de
caerse de culo, pero Mace tiene los brazos del hijo de puta bloqueados
detrás de él.
Claire se pone justo en su cara. 160
—Ya conoces a Tom. Bueno, este es mi otro hermano, Mace. Y luego
está Rush. Es un mago.
—Y yo —le digo.
Me lanza una mirada antes de continuar.
—Son luchadores, ex marines. Estos tres podrían…
Está buscando una manera de decirlo sin maldecir frente a las
personas que nos rodean, pero no tengo la misma compulsión.
—Podríamos joderte de una puta vez. De hecho, sería un placer.
—También sabemos cómo ocultar cuerpos. —Mace sonríe—. Solo
danos una razón para poner tu culo bajo tierra.
Henley comienza a temblar, sollozando, y me pregunto si va a mearse
encima.
—No puedo creer que hayas considerado casarte con él —no puedo
evitar decir.
—No me lo recuerdes. —Se cruza de brazos sobre el pecho—.
Honestamente, Henley, no creo que tengas ningunas fotos, ¿verdad?
—No —murmura.
—Creo que intentabas asustarme, pero la cuestión es que, sé que no
tienes las pelotas para hacer ese tipo de truco sucio. No hay nada que
pueda retenerme aquí. House to Haven estará bien bajo el cuidado de
Olivia, y ya no tengo que fingir ser alguien que no soy. —Se aleja de él,
pasando sus brazos por los de Tom y Chelsea.
Pero Mace y yo estamos en la misma página.
—La contactas de cualquier manera, la acosas, cualquier cosa… —
Los señalo con mis dedos.
—Muerto —dice Mace.
—Enterrado. —Sonrío—. ¿Entendido?
Henley asiente, y Mace lo suelta, derribándolo mientras seguimos a los
demás.

***

El camarero nos muestra nuestra mesa, y todos nos acomodamos


alrededor mientras reparte los menús. Tom toma el asiento más cercano a
Claire, y Mace se sienta a mi otro lado, inclinándose constantemente a
nuestro alrededor para continuar su conversación sobre la mamá del bebé
de Tom. Chelsea está frente a nosotros, uniéndose a su conversación cada
161
vez que Mace le permite hablar.
Pero eso es lo último de lo que quiero hablar ahora. No he tenido ni
cinco segundos a solas con Claire desde que llegué al baile de caridad, y
después de la última semana, estoy desesperado por abrazarla y besarla
mientras hablamos del pasado, el futuro y nuestro presente.
—Entonces, ¿vienes a casa? —Me giro en mi asiento para juntar sus
manos entre las mías—. ¿Vas a regresar a Reverence?
—¿Y tú? —pregunta.
—Estoy planeando hacerlo. —Froto un círculo en su palma con mi
pulgar.
—Va a hacerlo —dice Tom, inclinándose sobre su hombro para
dirigirse a Mace—. Me debes dinero.
—Nah, es un marica. —Mace se inclina a mi alrededor, matando mi
conversación con Claire—. No lo hará.
—¿De qué diablos hablan? —Claire lanza una mirada a ambos chicos
antes de fijar su mirada en mí.
—Hicieron una apuesta de camino hasta aquí. —Chelsea se ríe,
apoyándose en la mesa—. No puedo esperar para ver cómo termina esto.
—Son un par de imbéciles —dice Claire, pero no lo dice en serio. Está
demasiado feliz para siquiera fingir estar enojada con ellos. Me gusta eso de
ella, la forma en que la hago sonreír, sus ojos iluminándose con calidez—.
Entonces, ¿cuál fue la apuesta?
—Estoy construyendo una casa —le digo—. En las tierras del viejo.
—Oh —dice ella, su voz entrecortada—. Entonces, vas a quedarte en
Reverence.
—Si tú lo haces. —Me aclaro la garganta—. La casa, es para ti. ¿Crees
que podríamos vivir juntos?
—Lo hemos hecho antes —dice Claire—. Y no nos matamos entre
nosotros.
—Cierto. —Me deslizo hasta el borde de mi asiento.
—No vas a vivir en pecado con mi hermana —se queja Mace—. Esa
mierda no va a pasar.
—Cállate. —Le gruño—. Estoy intentando tener una conversación
aquí.
—Te dije que iba a hacerlo —canturrea Tom, rodeándonos para
golpear a Mace en el brazo.
162
—No puedo imaginar que tenga las agallas —murmura Mace.
—¿Quieres sacar tu maldita cabeza? —Me giro para mirarlo—. Estoy
intentando proponerle matrimonio a tu hermana, imbécil.
—Bueno, mierda te estás tomando demasiado tiempo y me muero de
hambre.
—Espera —interrumpe Claire. No levanta la voz, pero aun así, todos
nos quedamos callados—. ¿Estás intentando hacer qué?
—Estoy intentando pedirte que te cases conmigo. —Busco en mi
bolsillo la caja por la que tuve que parar y buscar antes de unirme a ellos en
el baile. Y poniéndola en su mano, abro la tapa.
—Oh —dice, mirando el contenido. Se lleva la mano a su boca, sus
ojos abriéndose por completo a medida que me mira—. Oh.
—¿Eso es todo lo que vas a decir? —Tom se ríe entre dientes—. Pensé
que exigirías que todos volemos a Las Vegas para que puedas ser la Señora
Bennington ahora mismo. Eres tan rara, pequeña.
—Oh —dice otra vez.
—Mírala, está jodidamente sin palabras. Es la primera vez. —Mace
sonríe.
Chelsea le sisea.
—Cállate, imbécil. Lo estás arruinando.
—Sí. —Claire se ríe, luego me abraza tan rápido que el anillo sale
volando, y Tom cae sobre su trasero mientras se lanza de su silla para
atraparlo. Todo el restaurante estalla en aplausos cuando yace en el suelo,
sosteniendo la caja para que todos la vean.
—Te tomaste tu tiempo, ¿no? —Trazo su boca con la mía mientras
prácticamente se sube a mi regazo—. Para alguien que sabe lo que quiere,
no esperaba que te tomara tanto tiempo decir que sí.
—No esperaba que me preguntaras. —Resopla.
—¿Estás llorando? —Tom me entrega el anillo, y lo deslizo en su dedo,
antes de besar el nudillo encima de él—. No se supone que debas estar
llorando.
—No puedo evitarlo. —Traga con fuerza—. Te fuiste de nuevo. No te
despediste. No lo esperaba.
—Te he estado llamando toda la semana.
—No he tenido mi teléfono. Ha sido un completo desastre desde que
regresé. —Ladea la cabeza hacia un lado, y frunce el ceño—. ¿Por qué no
163
te despediste?
—Pregúntale a tu hermano. —Miro a Mace—. Robó mi moto.
—También robó tu teléfono, pequeña. —Tom aprieta su hombro.
—No puedes hablar en serio.
Mace se ve incómodo bajo su mirada entrecerrada. Se frota la nuca
y se levanta de la mesa.
—Voy a ir a buscar champán al bar.
Está a medio camino cuando Claire lo llama.
—Supongo que, después de todo, ustedes dos seguirán siendo
hermanos.
—Ja, muy gracioso, pequeña —dice—. Solo espera hasta que tengas
que explicárselo a mamá y papá.
—Despierta, dormilona —susurra Razer, su mano acariciando mi
cadera. Puedo sentir su erección matutina clavándose en mi trasero, y
levanto mi pierna de modo que pueda anidarse contra mi entrada. Su boca
encuentra mi cuello, acariciando mi hombro mientras se mueve dentro de
mí—. Feliz cumpleaños, dulzura.
—Mmm. —Inclino mi cabeza para besarlo—. ¿Soy lo suficientemente
mayor como para saber lo que quiero?
—Definitivamente —susurra en mi oído a medida que dibuja círculos
sobre mi clítoris con la yema de un dedo—. Mientras sea yo.
—Siempre. —Froto mi trasero contra él, sintiendo que acaricia mis
lugares más sensibles, nuestras caderas meciéndose juntas mientras él
empuja en mi interior hasta que me corro. Luego me sigue, con un gemido
bajo en mi oído a medida que aprieta mi cadera y se derrama dentro de
mí.
164
Después desayunamos con los muchachos y Razer me dice que tiene
algo que darme. Tomamos la moto, disfrutando de la dulzura del día y del
sol a nuestras espaldas, cabalgando hacia sus tierras.
Nos detenemos frente a la losa de concreto en la que se construirá
nuestra casa, y enlaza mi mano en la suya. Ha pasado casi un mes desde
que me pidió que me casara con él, y aún estamos viviendo con Tom
mientras planeamos la boda, y la casa se está construyendo.
Fuimos a visitar a mis padres. Eso fue estresante. Pero al final nos
abrazaron a los dos y dijeron que estaban contentos de que él siempre fuera
parte de nuestra familia. A Mace le gusta descubrir de que está molesto por
la facilidad con que aceptaron nuestro amor, pero también se ha
ablandado. Creo que de hecho le gusta la idea de que Razer sea su
cuñado.
Aún estoy preocupada por Tom. Tiene la misión de averiguar quién le
envió la prueba de embarazo y si en realidad va a ser papá. Es algo
divertido, aunque no puedo evitar sentir pena por él, a medida que se hace
enemigo de todas esas mujeres. Le dará una reputación que no creo que
se merezca del todo, no cuando intenta hacer lo correcto. Pero algunas de
las reacciones que ha tenido cuando les pregunta si están embarazadas no
han tenido precio.
Razer saca todos estos papeles doblados de su bolsillo y me los
entrega. Debe haber casi un centenar de ellos.
—¿Qué son todos estos? —Echo un vistazo desde el papel hacia él.
—Mis cartas —responde—. Las que pediste.
Nos sentamos en el césped y leo cada una, aplanando el papel con
la mano y asimilando cada palabra.
—Desearía haber sido mayor —le digo—. Tal vez las cosas habrían sido
diferentes.
Agarrando mi rostro en su mano, se demora sobre mis labios.
—Creo que eres perfecta como eres.
—Mace necesitaba tiempo para madurar —le digo—. No habría
podido manejarlo cuando éramos más jóvenes.
—Es verdad. —Se ríe, levantándome—. Espero que ahora pueda
manejarlo. Tendrá que aguantarme como su hermano por el resto de
nuestras vidas.
—Se las arreglará. —Me acurruco en su pecho y atraigo su cabeza
hacia mí de modo que nos miramos a los ojos, nuestras narices presionadas. 165
—Bien —dice—, porque voy a seguir amándote toda mi vida.
—Para siempre —digo—. Porque luché demasiado para tener algo
menos.
Su labio tiembla a medida que sus brazos me rodean como bandas
de acero, nuestro vínculo forjado durante décadas como familia, amigos,
extraños y después amantes.
—Claro que sí —susurra contra mi boca, y luego me besa como si fuera
la primera vez, y un millón de mariposas vuelan en mi interior.
Próximo libro
Lo llamaban Rompecorazones.
Capaz de meterse en las bragas de una
mujer en solo 3.6 segundos.
Sé dónde ha estado. Sé que
mantiene una lista de todas las mujeres
que se ha f*llado.
Y hay muchas razones por las que no
estoy interesada en ser otro número.
Soy la razón por la que su carrera en
el boxeo terminó. La razón por la que casi
muere.
Nunca puedo dejar de correr.
El problema es que, tiene la vista 166
puesta en mí…
Y por primera vez no quiero correr.
**
Desde el momento en que la veo, sé
que estoy buscando problemas.
No debería perseguirla. No debería estar intentando descubrir sus
secretos.
Se supone que debería estar buscando a la mujer que me envió por
correo una prueba de embarazo con dos líneas y sin remitente.
Pero Gemma Castle ve a través de las capas de mi reputación.
Y piensa que ese tipo es una especie de caballero con una j*dida
armadura brillante.
Ella me hace querer ser eso.
Salvarla podría salvarme.
Tangled Desires #2
Sobre la autora
Misti Murphy es una sádica per#@ que le
gusta torturar emocionalmente a las personas
ficticias. Si lo hiciera en la vida real
probablemente terminaría en prisión o en una
sala psiquiátrica de modo que prefiere crear
hombres alfas que hablen sucio y mujeres
sexualmente frustradas que caen en sus
camas. Y si alguien necesita ser golpeado en
la cabeza antes de enamorarse de una
jod#%@ vez entonces de hecho eso le hace
muy feliz.
Es una gran creyente en los defectos
que nos hacen humanos, y que no a todo el
mundo le gusta el tocino. También es adicta al
chocolate y teme los efectos cuando estos escasean. Maldice como un
jod#%@ marinero, y piensa que las obscenidades gráficas deberían ser tan
reales en la ficción como en la vida real.
167
Cuando no está escribiendo es la perfecta ama de casa y madre.
¡Maldición, jajaja! Cuando no está escribiendo se esconde en un armario
con su Kindle, devorando chocolates y acechando el Facebook.
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Créditos
Staff de
Moderación
LizC

Traducción y recopilación
LizC
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Staff de
Corrección y Lectura final
*Andreina F*

Diseño
Bella’
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