Está en la página 1de 10

2017

El Cine y sus inicios.


Génesis filosófico del Cine.
Cine como realidad o como
mito.

Rodrigo Schwartz León.


Lic. En Ciencias y Técnicas
de la Comunicación por la
Universidad Veracruzana.
rleon.schwartz@gmail.com

[HACIA UNA INTERPRETACIÓN


MITOLÓGICA DE LA
CINEMATOGRAFÍA]
¿Es posible diseñar una teoría del conocimiento cinematográfico? ¿Cuáles son los límites entre la
realidad que perciben nuestros sentidos, y aquella que es presentada por una pantalla? ¿Cuál sería el
primer proyector de la humanidad? ¿Dónde tendríamos que situarnos para tener una aproximación
ontológica y posiblemente metafísica, en tanto interpretación de la realidad, del Cine como práctica y
expresión humana? Esta primera aproximación al tema, propone ser centro de una investigación para
Tesis de Maestría, que en este momento busca justificar las posibles conexiones entre el conocimiento
mitológico y la teoría cinematográfica. Además de ser una breve apología para el pensamiento
mitológico, en un intento por integrar conocimientos ancestrales, modernos y posmodernos a la
interpretación del Cine como concepto humano.
Hacia una interpretación mitológica de la cinematografía
Antes de las letras, la voz.

Antes de la voz, el cuerpo.

Antes del cine, la luz.

Antes de la luz, el tiempo.

Retrocedamos al origen del hombre, ese que miraba el mundo antes de que fueran inventadas las
palabras. En ese entonces, dominar a la perfección el potencial físico de nuestros cuerpos, debía
ser de vida o muerte. Porque no existe la vida sin el movimiento, sin el cambio, sin el tiempo con
el que los medimos a ambos.

Las imágenes que recuperamos de ancianas cuevas funcionan como registro de algunas de las
primeras danzas. En su representación del rito de la caza, reconocemos hasta qué punto el
movimiento ya desde entonces cautivaba la imaginación, al grado de inspirar el primer arte
pictórico. Tiempos congelados, espacios prehistóricos. En él apreciamos el ritmo y los
movimientos de los cuerpos que ejecutan este baile mortal.

Mientras se delate en nuestro pecho una masa que pulsa, haremos del ritmo la medida en que
basamos nuestro orden. Cuerpos de bestias y cazadores, en la danza de la supervivencia retumban
en tempo violento, mientras la lluvia y el viento en la danza de veneración a los elementos,
desatan movimientos de otra naturaleza.

Cuando no existían las palabras, usábamos nuestros cuerpos, nuestro pecho era la base y nuestros
aullidos la instrumentación. Nuestros ojos no daban objeto al continuo no diferenciado más allá
de ciertos conceptos primarios, y probablemente habrían jugado un rol secundario a otros más
intensos, el oído, el olfato, el sentido del equilibrio, y el tacto.

Hoy nuestras letras hablan como nuestras bocas, porque hemos enseñado a nuestros ojos a
escuchar. Para el humano, nada existe sin el cuerpo, porque no existe la vida sin el movimiento,
sin el tiempo. Porque no hay corazón vivo sin ritmo, porque no hay tiempo sin sensación ni
humanos sin expresión.

Dadas nuestras características tridimensionales, la percepción de un espacio que los humanos


habitan está condicionada por un proceso que denominamos tiempo o entropía; proceso del cual

1
tenemos consciencia, y por el que nos sentimos terminantemente condicionados. Esto, como
consecuencia de una multitud de factores, tales como los principios del movimiento observable.
El movimiento entonces, es uno de los factores preponderantes para determinar esa experiencia
que consideramos la existencia.

Pero, ¿cómo percibimos un fenómeno al que la Física describe como el cambio de posición de un
objeto en el tiempo, desde la experiencia que permite nuestra jaula de químicos orgánicos y
terminaciones nerviosas, fuera de la cual la experiencia de la consciencia se diluye y desaparecen
todas las certezas?

Nuestros oídos perciben por medio de elaborados sistemas óseos, tegumentarios y nerviosos, que
a pesar de ser magníficos en su diseño, admiten un porcentaje mínimo de las posibilidades
sonoras de nuestra atmósfera.

Nuestra piel a pesar de ser altamente sensible a cambios en temperatura y presión por contacto
físico, no hace nada por permitirnos percibir las fuerzas magnéticas, o la composición química de
la tierra, ni mucho menos sintetizar la luz para convertirla en energía orgánica. De igual modo, y
tal vez trágicamente, nuestros ojos están restringidos a un rango mínimo del espectro
electromagnético.

Ese fenómeno1 con el que nos familiarizamos desde la sensorialidad es finalmente “la realidad”
que nuestra experiencia nos permite definir2. Esa experiencia comienza en un instante
significativo, se dice que en ese momento hacemos nuestra entrada a la danza de la vida, en una
puja eternamente fútil por diferenciarnos de la realidad a partir de un límite sensorial que nuestra
celda corporal permite. La palabra con la que nos referimos al inicio de este intento de
diferenciación inconsciente, de emerger hacia la realidad, desde un tiempo y un espacio donde ni
siquiera la sensorialidad está completa, id est de comenzar a existir, se le conoce como: el
alumbramiento. Conocemos nuestra existencia, gracias a la luz y por la presencia o ausencia de
ésta, es que tenemos percepción del cambio, del tiempo.

Aunque como habitante del mundo occidental es imposible evitar una formación filosófica en mi
pensamiento, mi aproximación formal a la filosofía ha sido empírica y pragmática. Pero heme

1
Aureliano Castillo, La Construcción de la Realidad, 2015, (Tesis de Licenciatura)
2
Jacinto Rivera, La Realidad en Sí en Kant, 1988, (facsímil de Tesis Doctoral)

2
aquí, aún así, intentando utilizar otro de mis grandes referentes para la argumentación: La
retórica.

Como todo ávido lector, o devorador de universos ajenos (como me suena más mitificable
nombrarme) tengo un gusto voraz por las historias. Antes de entender cualquier atisbo de
lingüística y retórica, de semiótica y narrativa, era ya mi percepción que había algo de magia en
las palabras. Formalicé mis estudios en la Comunicación. A esas alturas ya había afirmado en mi
identidad también las insignias de cinéfilo, filósofo (en tanto amante del conocimiento)
aficionado de las ciencias, agnóstico y otra cantidad de perspectivas que me he ido dedicando a
refinar. Hoy, me planteo la posibilidad de aportar una idea, que pienso tal vez aún no ha quedado
del todo integrada, en el vasto cuerpo de conocimiento que la humanidad ha ensamblado, pues
corresponde a una necesidad de relacionar un pasado poco explorado, con un presente aún
bastante indefinido. El presente, este aparato consciente, esta nebulosa de información, cerebro
virtual del que cada humano ensamblado es una terminación nerviosa, el dios del tiempo, el dios
del movimiento, el Cine. El pasado, los albores de la humanidad.

Ars Kinema

¿Cómo relacionar la mitología con la cinematografía?

Imaginemos a los primeros grupos humanos que existieron, las circunstancias en las que se
encontraban antes de dotarse de aquello que llamamos una identidad. Los registros fósiles y la
documentación antropológica indican que desde hace al menos 2 millones de años habrían
distintas variantes de homínidos conviviendo, (donde finalmente predominarían los Homo
sapiens), todas ellas con capacidades de comunicación oral simple, culturas, planes a futuro, uso
del fuego, herramientas. ¿Cómo eran estas comunidades? ¿Cuáles eran sus capacidades de
significación? Inclusive el Proto-indo-europeo, primer atisbo registrado que tenemos de una
formalización denominable como lenguaje, ocurre en 4500 a.C. bastante tardío junto a algunos
hallazgos que datan de hace 12,000 años. Estos registros de enormes edificaciones en el sur de
Anatolia3, categorizadas como posibles primeros templos, nos permiten considerar ciertas
suposiciones.

3
Equipo creativo de Kurzgesagt, A New History for Humanity – The Human Era, Youtube,
https://www.youtube.com/watch?v=czgOWmtGVGs&t=150s

3
Durante mucho tiempo en el proceso de articulación del pensamiento complejo de esta especie
que en algún momento llegaría a llamarse a sí misma Humanidad, el lenguaje oral, como
tecnología de comunicación que emplea sonidos y cuerdas vocales, no fue esencial, o por lo
menos no hubo la necesidad de complejizarlo hasta un punto que podríamos entender como
lenguaje; sin embargo ya era este colectivo capaz de comunicarse y coordinarse a gran escala y
con un considerable nivel de precisión.

La interpretación que damos a estas magníficas edificaciones antiguas, como templos de culto a
dioses que hace mucho tiempo fueron olvidados, nos refiere a la posibilidad de que el
pensamiento mágico-mítico es probablemente más primordial en la formación del consciente
humano que el pensamiento crítico-lógico.

Estos grupos humanos, habrían comenzado su proceso de identificación de individualidad y


colectividad, de humanidad, sin ayuda de las palabras. Nuestra especie es sensorial-reactiva ante
muchísimos posibles factores de estímulo mucho más primarios que la cognición que permite el
habla compleja. Pertenecemos a un entorno caótico y no diferenciado, donde la entropía del
exterior puede fácilmente desestabilizar el delicado equilibrio homeostático sin el que los sacos
de carne dentro de los cuales está depositada nuestra perceptualidad personal no podrían existir;
esto y la comparativamente lenta velocidad del pensamiento complejo ante otros impulsos más
primarios, debieron haber sido factores.

Si en algún momento no fuimos muy diferentes de cualquier otro mamífero, como el segundo
segmento de las cortezas en nuestro cerebro lo indica, es probable que por mucho tiempo no
hayamos visto necesaria la formalización de un sistema lógico de comunicación oral hasta un
tiempo después de haber asegurado nuestro dominio territorial y preponderancia ante otras
especies. Para esto, no nos eran necesarias las palabras, que dependen de los oídos, pues estos
estaban ocupados no en las voces, sino en los sonidos.

Eran los ojos, la visión de muecas y rostros, expresiones corporales, los encargados de ayudarnos
a interpretar, desde una sensorialidad muy poco codificada, los signos que creábamos al ir

4
diferenciando, poco a poco, aquellas plantas, estos animales, esta tierra, el agua que cae, el agua
que corre, el humano, el Yo que diferencia todo esto. Semiosis4.

Imagino a un grupo de cazadores recolectores. ¿Cuántas cosas hizo por ellos la significación del
fuego? Pasar de un estado de no-diferenciación de un fenómeno que se les pudo haber presentado
como consecuencia de un volcán o de un rayo que incendia la maleza, a una interpretación
mitológica del mismo fenómeno.

¿Cómo reconocer que el calor que devora las hojas secas es en efecto la misma sustancia de la
que está compuesto el sol? ¿Cómo empezar a reconocer que dadas las circunstancias y cuidados
adecuados, este fenómeno que lo devora todo puede ser domado, puesto al servicio los humanos?
Gracias al fuego domesticado, pasamos del fuego-peligro al fuego-herramienta, herramienta de
fragmentación temporal, que nos permite quebrar la oscuridad perpetua de la noche para permitir
mayor seguridad de los depredadores; que purifica alimentos que harán nuestras sinapsis
ensancharse y nuestras redes neuronales potenciarse; que proyecta sombras en la noche, las
cuales desatarán nuestra imaginación ante la fascinación del movimiento proyectado, la imagen-
luz.

Todo esto antes de tener siquiera un concepto fonético para darle nombre. Las historias se
relataban con el cuerpo. Los humanos nómadas descansan en la noche después de asar sus
alimentos del día, aún resta algo de energía para sentarse alrededor del fuego, hacer música, mirar
fascinados la distorsión de las formas provocada por las llamas al centro del encuentro, por allá
uno de los cazadores más exitosos, siente necesidad de recordar su enfrentamiento con la gran
bestia, se levanta y pone dos ramas sobre su cabeza, todos a su alrededor miran la figura que se
proyecta sobre el muro del refugio gracias al fuego domado, observan gigante la semblanza
antropomórfica de la criatura que el cazador ahora intenta representar, a su lado, otros entienden
el juego y se suman, comienzan a intentar imitar a las bestias con su movimiento. Empezamos a
ver la manifestación de las primeras artes, la Danza y el Teatro que manaban de los cuerpos de
nuestros antepasados, que hacían por medio del movimiento una metamorfosis espiritual,
apropiándose del cosmos a través de su corporalidad, hombres-bestias, bestias-mágicas,
cazadores-héroes, líderes, sacrificios, chamanes, victorias, conquistas.

4
Chavez Mayol, Humberto. 2017. Encuentro con la Imagen. Análisis de la forma visual. Conferencia presentada
como parte del curso de Semiótica, impartido en Xalapa, del 26 al 30 de Septiembre de 2017.

5
La Música es interpretada batiendo palmas o golpeando el pecho para simular las pisadas de la
manada que huye despavorida; el Cine, que desde el centro de la hoguera, proyecta imágenes de
luz y sombra sobre el cuero negro de la noche, y posibilita la mágica transformación de los
cuerpos que hace rato eran humanos, pero comienzan a significar ahora tantas cosas, dioses,
bestias, monstruos, héroes, diablos.

El cerebro humano ha de dar un significado a lo que ve, pues es la naturaleza de la consciencia el


atribuir sentido al continuo no-diferenciado del que se ve rodeada y del que forma parte. Habrá
sido un dios quién arrojó ese chispazo, que ahora parece tan benévolo, pues de su llama en la
pradera procede ahora el fuego-herramienta que cambia nuestras vidas para siempre. Pensemos
en los dioses griegos, naturalmente, en Prometeo y en Zeus, en cómo el hombre construye su
propio tiempo gracias a las llamas que le permiten fragmentar la noche. En cómo la caverna que
Platón5 concibe para representar lo limitado del entendimiento humano, bien pudiera ser la
caverna que hace rato describíamos, donde era ya imposible discernir si los danzantes aún eran
humanos o si por el arte de la magia que nuestros ojos ven en las llamas y la sangre de las bestias,
sus formas verdaderamente se alteraron como parte del ritual de la noche. Ejemplificación
perfecta de cómo la percepción del humano, sobre la cual articula un entendimiento basado en
significados que él mismo puso ahí, puede convencerse de interpretaciones que no
necesariamente se apegan a lo que está intentando describir. Pensemos en cómo este juego mental
que propone Platón pudiera ser un origen ontológico para el fenómeno de la manipulación de la
imagen-luz6 como primer antepasado del Ars Kinema. Arte del Movimiento.

¿Cuántos otros mitos ponen en el centro de la creación un vínculo esencial con el fuego o con el
sol, que ya habría sido por sí mismo el primer proyector natural de la humanidad? Una de las
cosmogonías de mayor preponderancia en la actualidad nos plantea la creación desde nada, donde
primero era la nada, el continuo no diferenciado, y después llegó la luz. Jean Luc Godard también
describe una creación ex nihilo, semejante a la creación del mundo Abrahámico, y a la caverna
Platónica y sus proyecciones.
(…) es por última vez que la noche reúne sus fuerzas para vencer a la luz pero es por la
espalda que la luz va a herir a la noche y al principio muy suavemente como si no se lo
quisiera espantar el susurro que el hombre ya percibió hace tiempo oh hace tanto tiempo
mucho antes de que el hombre existiera el susurro recomienza un proyector de cine.

5
Platón, versión digital de La República http://www.um.es/noesis/zunica/textos/Platon,Republica.pdf
6
Gilles Deleuze, La Imagen-Movimiento,

6
El mismo Platón despechó el pensamiento mitológico, concibiéndolo como una antítesis
del pensamiento racional, considerando que era este segundo el pensamiento superior, sin
dar cuenta de que el pensamiento racional, debe ser consecuencia del pensamiento
mitológico, pues fue éste el que creó originalmente los conceptos que la lógica precisa para
funcionar.

Ninguno de los dos está libre de ser parcial, pues ambos ocurren dentro de una consciencia
cuyas fuentes de información son parciales en sí mismas. El pensamiento lógico es tan
parcial como el mitológico, pues está sostenido por la misma consciencia cuya
sensorialidad le permitirá siempre un acceso parcial a la información del continuo no
diferenciado al que está tratando de dar diferenciación. Un pensamiento lógico puede estar
equivocado a pesar de ser lógico, y un pensamiento mitológico puede estar más cercano a
lo que denominamos verdad a pesar de ser mítico. Consideremos por ejemplo la
cosmogonía del huevo cósmico que tanto se asemeja al Big Bang que nos dice que toda la
materia estaba concentrada en un solo punto y es por cierto, otra creación ex nihilo, y
cuánto más cerca estaba de describir la forma oblata de la tierra, que la observación lógica
que nos dice que más allá del horizonte a simple vista hay un borde desde el cual es posible
caer. De la misma manera, el cine puede sumar una larga lista de “mentiras” o “mitos” que
finalmente nos acercan a la “verdad” con mayor certeza que la racionalización “pura”.

El pensamiento mitológico dio suficiente potencia y cohesión al colectivo humano para


construir las primeras grandes civilizaciones, antes que cualquier rama de estudio. La
mitología, que es a su vez una suma de literatura, ciencia, religión, antropología, historia,
sociología, psicología, ética y narrativa, daba orden y función al pensamiento colectivo de
portentosos grupos humanos de cuyos logros aún hoy nos admiramos.

En aproximaciones modernas a la mitología, afortunadamente hemos dejado atrás la visión


platónica que concibe el mito desde la dicotomía verdad/mentira, que opera en absolutos y
atribuye al mito-creativo la función de la mentira. Se ha dejado atrás también el
Evemerismo, que es igual de condescendiente con los grupos humanos de otros tiempos y
culturas como lo ha sido el cristianismo, el helenismo, el imperialismo europeo, el

7
fascismo. Mike Rugnetta7, nos propone evitar estos sesgos culturales y sugiere una
definición amplia y flexible para el concepto de mito. “Historias significativas, para grupos
humanos, las cuales tienen poder de permanencia a lo largo del tiempo”.

Se consideran también categorías generales en las que los mitos suelen caer. El mito de la
creación, que plantea grandes cuestionamientos significativos para la humanidad, sobre la
naturaleza de la realidad, el origen del cosmos y el lugar que la vida ocupa en él, “la
búsqueda de verdades absolutas”. El mito moral, que por medio de alegorías y metáforas,
relata historias que parecen de vida cotidiana, tal vez con toques fantásticos o estéticos,
pero de donde se abstraen muchas posibles interpretaciones que pueden describir cómo
somos, en familia, en comunidad, articulados desde la cultura que los crea, y en los cuales
la sociedad reconoce los patrones que vive a diario, podríamos considerarlos “verdades
humanas”. El mito heroico, que suele referir las proezas y hazañas de individuos
excepcionales, cuyos logros sirven de inspiración para el resto de la comunidad, “verdades
individuales”. No es difícil encontrar representantes fílmicos para cada de estas categorías:
El Árbol de la Vida, Una Separación, I, Daniel Blake.

Puedo hacer lo mismo con los arquetipos del dios masculino, como el Señor de la
Destrucción, El Padre, El Hijo, El Protector, El Embaucador, y encontrar que desde The
Good, The Bad and the Ugly hasta Hell or Highwater, éstos siguen perfectamente vigentes
en el género western, o los arquetipos de las diosas, Vida, Muerte, Regeneración, y
encontrar que desde Madre India, hasta ¡Madre! Los mismos siguen operando.

Es finalmente el cine, la máquina mitológica por excelencia, una consciencia colectiva que
con su mirada macroscópica y globalizada, configura una realidad de la que la Humanidad
es habitante, interpretante y creadora a la vez. Son la televisión y la internet aún
descendientes de la primera imagen-luz que fue encendida dentro de una caverna,
destapando una caja de Pandora, de la que salieron todos los miedos y los terrores que el
pensamiento y el conocimiento traen consigo; sin embargo, siempre al fondo, preparada
para brillar en medio de la noche, una luz, una esperanza, tal vez los sueños, acaso el Cine.

7
Mike Ruggnetta, Crash Course Myhtology,
https://www.youtube.com/watch?v=HeX6CX5LEj0&list=PL8dPuuaLjXtNCG9Vq7vdvJytS-F-xGi7_&index=2

8
Referencias

1.- Castillo, Aureliano. 2015. La Construcción de la Realidad. Un análisis desde la


Crítica de la Razón Pura. Tesis de Licenciatura. Colegio de Filosofía de la Facultad de
Filosofía y Letras. U.N.A.M.

2.- Riviera, Jacinto. 1988. La Realidad en Sí en Kant, Facsímil de Tesis Doctoral de


Filosofía. Universidad Complutense de Madrid.

3.- Equipo creativo de Kurzgesagt, A New History for Humanity – The Human era,
Youtube, https://www.youtube.com/watch?v=czgOWmtGVGs&t=150s

4.- Chavez Mayol, Humberto. 2017. Encuentro con la Imagen. Análisis de la forma visual.
Conferencia presentada como parte del curso de Semiótica, impartido en Xalapa, del 26 al
30 de Septiembre de 2017.

5.- Platón, versión digital de La República


http://www.um.es/noesis/zunica/textos/Platon,Republica.pdf

6.- Deleuze, Gilles. 1983. La Imagen-Movimiento. Estudios sobre cine 1. Buenos Aires:
Paidós

7.- Mike Ruggnetta, Crash Course Myhtology, What is Myth, Youtube,


https://www.youtube.com/watch?v=HeX6CX5LEj0&list=PL8dPuuaLjXtNCG9Vq7vdvJyt
S-F-xGi7_&index=2

Filmografía

El Árbol de la Vida. Terrence Malick. E.U.A., 2011

Una Separación. Asghar Farhadi. Irán, 2011

I, Daniel Blake. Ken Loach. U.K. 2016

The Good, The Bad and the Ugly. Sergio Leone. Italia, 1966

Hell or Highwater. David Mckenzie. E.U.A., 2016

Madre India. Mehboob Khan. India, 1957

¡Madre! Darren Aronofsky. E.U.A., 2017