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El interés final de Keynes fue poder dotar a unas instituciones nacionales o
internacionales de poder para controlar la economía en las épocas de recesión
o crisis. Este control se ejercía mediante el gasto presupuestario del Estado,
política que se llamó política fiscal.

La justificación económica para actuar de esta manera, parte sobre todo, del
efecto multiplicador que se produce ante un incremento en la demanda
agregada. Keynes refutaba la teoría clásica de acuerdo a la cual la economía,
regulada por sí sola, tiende automáticamente al pleno uso de los factores
productivos o medios de producción (incluyendo el capital y trabajo).

Keynes postuló que el equilibrio al que teóricamente tiende el libre mercado,


depende de otros factores y no conlleva necesar iamente al pleno empleo de los
medios de producción, es decir, que los postulados básicos de Smith ( tal como
fueron formalizados por Say) dependen de una premisa que no es
necesariamente correcta o "general".

Así Keynes postuló que la posición de Smith, Say o Ricardo, sobre el equilibrio
de la oferta y la demanda, sería correspondiente a un caso "especial" o
excepcional,[3] en tanto que la teoría debería referirse al proceso "general" y a
los factores que determinan la tasa de empleo en la realidad.[4] en
consecuencia llamó a su proposición "Teoría general".

La propensión marginal a consumir es la variación del consumo cuando el


ingreso disponible varía en una unidad, es decir, la relación entre una variación
en el ingreso y la modificación correspondient e en el gasto en
consumo.[14Formalizando lo anterior. Keynes postuló la ecuación del
consumo, C=Co+cYd, donde C es el consumo total, Co es el consumo
autónomo (aquel consumo que no depende del ingreso), c es la propensión
marginal a consumir, e Yd (Yd=Yt-T+TR, donde Yt es el ingreso total, T son los
impuestos y TR son las transferencias) es el ingreso disponible. La teoría
clásica suponía que las leyes del mercado harían mover las tasas de interés al
punto adecuado para garantizar el rendimiento de las inversiones, pero también
en este caso el dogma clásico apenas cubría casos excepcionales
(generalmente, ese en el cual el capital esta lo suficientemente disperso como
para estar sometido a competición entre sus poseedores), en tanto la realidad
funciona generalmente en otra forma.
La preferencia por la liquidez, lleva a la gente a atesorar o a tratar de tener
dinero efectivo o disponible, Así, "la tasa de interés es el premio que tiene que
ofrecerse para inducir a la gente para conservar su riqueza en cualqu ier otra
forma distinta al dinero atesorado".[19Pero esa preferencia por la liquidez
puede llevar a acciones dañinas a la conveniencia económica general. Por
ejemplo, si hay incertidumbre o los precios decaen, la población en general
puede preferir mantene r sus dineros ³en la mano´, tendencia que. si se
generaliza, puede llevar a una disminución seria de la demanda o incluso a una
corrida bancaria. Dentro de la coyuntura histórica, económica y política, el
keynesianismo ²y sus proyectos consecuentes como el Estado de Bienestar y
el desarrollismo² dio a los dirigentes mundiales la oportunidad de salvar la
democracia, cuya existencia llegó a verse amenazada debido al auge de las
dictaduras producto de la incapacidad del liberalismo clásico de resolver la
crisis.[21] Debido a esta razón los principios del keynesianismo fueron
aplicados de una u otra manera en gran parte de los Estados occidentales
desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta que en los años "70 un
nuevo tipo de crisis llevó a su cuestionamiento[22] y el resurgimiento de
aproximaciones clásicas bajo el neoliberalismo.[23Las sugerencias de Keynes
ha sido objeto de varias tentativas de criticas, algunas de las cuales parecen
demostrar no solo una falta de comprensión de la posición de Keynes pe ro
incluso de conceptos económicos o hechos históricos básicos.
Esas ambigüedades que se han mencionado han dado origen a diferentes
interpretaciones de las sugerencias de Keynes. Adicionalmente, el desarrollo
de las teorías económicas ha llevado a una pro fundización y especificación de
algunos de los conceptos empleados originalmente.
Una de las primeras "interpretaciones" de la obra de Keynes fue la Finanza
funcional propuesta por Abba Lerner.

Entre las interpretaciones más conocidas están las de la escu ela o "síntesis
neoclasica", (ver economía neoclásica) propuesta, entre otros, por los
conocidos Paúl Samuelson; John Hicks, Alvin Hansen, Franco Modigliani Esta
aproximación trato de unificar las ideas de Keynes con una visión más moderna
del paradigma clásico, combinándolas con las ideas de Alfred Marshall y las de
la escuela austríaca. (ver también: La síntesis clásico-keynesiana)
Y

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