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UNIVERSIDAD PARA LA

PROFESIONALIZACIÓN ESTRATÉGICA

MAESTRÍA EN PSICOTERAPIA GESTALT

MÓDULO IV: COMUNICACIÓN EN LA


PSICOTERAPIA GESTALT

COMUNICACIÓN DEL TERAPEUTA A TRAVÉS


DE SUS HABILIDADES PROFESIONALES

CLAUDIA ALEJANDRA MEDINA ORIHUELA

ZINACANTEPEC, MÉXICO; MAYO DE 2019


COMUNICACIÓN DEL TERAPEUTA A TRAVÉS DE SUS HABILIDADES
PROFESIONALES

Ser psicoterapeuta es sin duda una profesión que requiere una serie de actitudes y
características que permitan establecer un contacto humano con el paciente y por tanto,
observar resultados satisfactorios en el curso del tratamiento. Entre las actitudes es
importante mencionar la empatía, la aceptación, la autenticidad, la escucha activa y la
asertividad (Bados y García, 2011); mismas que indudablemente se manifiestan en el
transcurso del proceso terapéutico evidenciando la capacidad de comunicación terapeuta-
paciente.

Al inicio de la vida profesional es común preguntarse, ¿De qué manera puedo comunicar a mi
paciente que él es importante para mí y que estoy allí para acompañarlo? O ¿Qué debo hacer
para que mi paciente se sienta escuchado y logremos un diálogo basado en la confianza?. Y
aun cuando en el curso de nuestra formación como terapeutas se nos dice que debemos
desarrollar ciertas habilidades, resulta no ser tan sencillo como parece.

Llegar a un punto de conexión con el paciente en el que la sesión fluya de manera espontánea
se logra desarrollando habilidades de servicio al otro. La primera de ellas, quizá la más difícil
de aprender, pero sin duda una de las más importantes es la escucha activa.

Saber escuchar es fundamental en terapia. Esta actitud implica, de primera mano, de parte del
terapeuta recibir el mensaje a partir de la atención que se presta tanto a las palabras del
paciente como a su lenguaje no verbal (mirada, movimiento de manos y piernas, postura,
orientación corporal, etc.) y a la congruencia o incongruencia existente entre estos dos tipos
de comunicación. Posteriormente viene la fase de procesamiento de los datos captados,
tomando como prioridad la información relevante y estableciendo su significado, evitando en
la medida de lo posible, generar interpretaciones a partir de juicios de valor. Y por último,
emitir una respuesta como resultado de la escucha que se expresa a partir de miradas,
movimientos de la cabeza, las manos, inclinación y orientación hacia el paciente, expresiones
faciales o verbalizaciones de acuerdo al discurso del paciente, clarificaciones, paráfrasis,
reflejos o síntesis.

Escuchar activamente facilita la fluidez con la que el paciente externa su situación, aumenta
la probabilidad de comprender lo que está expresando y de tener éxito en el transcurso de la
intervención, pero principalmente comunica al paciente que se le ha prestado atención y le
hará sentir que es importante para el terapeuta como ser humano.
Una segunda actitud a desarrollar es la empatía que permite comprender a las personas desde
su propia vivencia, sus sentimientos, percepciones y acciones; así como las implicaciones
emocionales y cognitivas que tienen en su vida.

La comunicación de empatía al paciente se da a través de la escucha activa, de tratar aquellos


aspectos que son de interés para el paciente, la utilización de paráfrasis, síntesis o
recapitulaciones involucrando las emociones que él o ella han expresado y la técnica de
espejo. Asimismo, también son importantes los aspectos no verbales para potenciar la
comunicación de la actitud empática. Para que haya empatía, el terapeuta debe comprender al
cliente desde el marco de referencia de éste y debe saber comunicar esto al cliente, de modo
que este se sienta comprendido.

El siguiente elemento de un psicoterapeuta es la aceptación incondicional, que como su


nombre lo dice, implica aceptar al paciente tal y como es, sin juicios y valorarlo como
persona merecedora de dignidad y comprensión. Esta tarea pudiera resultar una de las más
complejas para el terapeuta ya que se debe tener la capacidad de ver al paciente como un ser
humano aun cuando su discurso no vaya en concordancia con nuestros propios valores.

Para lograrlo es importante que el terapeuta lleve su propio proceso terapéutico y supervisión
de casos para trabajar con aquellos conceptos en los que no está de acuerdo con su paciente y
pueda verlo como un ser que toma decisiones propias pero que también asume las
consecuencias de sus acciones. Cuando se cumple con estos elementos, es posible comunicar
al paciente una aceptación genuina hacia él, principalmente a partir del lenguaje no verbal.

Por otra parte, la autenticidad que se refiere a ser uno mismo, y a comunicar los propios
sentimientos y experiencias internas. Un terapeuta en exceso o poco auténtico enmascara sus
sentimientos y opiniones, utiliza frases poco espontáneas y muestra expresiones faciales
forzadas, lo que transmite información al paciente y que quizá pueda interpretarse de una
forma distinta a la intención real del terapeuta.

Asimismo, la cordialidad es una característica que implica expresar verbal y no verbalmente


interés y aprecio por el paciente. Conductas no verbales que contribuyen a la cordialidad son
el contacto visual, las sonrisas, la expresión facial de interés, los asentimientos de cabeza, la
voz suave y modulada, la postura relajada, la inclinación corporal hacia la otra persona,
proximidad física y, según los casos, un grado discreto de contacto físico. Es importante
señalar que el comportamiento no verbal del terapeuta debe estar en consonancia con el clima
de la terapia y el contexto de lo que está ocurriendo entre terapeuta y paciente ya que ésta
variará a menudo en función de la fase de la terapia; conforme avanza ésta.

Finalmente, la asertividad como habilidad que facilita la comunicación adecuada con el


paciente hace referencia a la “habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable,
franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los
demás” (García, 2013). Como terapeuta es importante tener el criterio para ser asertivo en el
trato con el paciente y a partir de su reflejo modelar al paciente para que aprenda de manera
espontánea a ser asertivo, es decir, cuando yo como terapeuta llevo al paciente a darse cuenta
de lo que es la asertividad y de qué manera beneficia el diálogo con cualquier persona será
entonces cuando habré logrado comunicarle a partir del ejemplo.

Una vez analizados los puntos anteriores no queda duda que las personas experimentamos
una necesidad natural de relacionarnos con los demás porque a través de estas interacciones
nos construimos, adquirimos determinadas habilidades y desarrollamos la imagen que
tenemos de nosotros mismos. Mediante estas relaciones establecemos vínculos afectivos,
pero hay ocasiones en que esos lazos no nos satisfacen, sino que generan sentimientos de
malestar y frustración.

Estas relaciones y vínculos tienen mayor probabilidad de éxito en el trabajo terapéutico


cuando el profesional de la salud posee determinadas características o actitudes que favorecen
el diálogo. Estas habilidades adquiridas principalmente con la experiencia profesional se
comunican a partir del lenguaje verbal y no verbal, permitiendo al paciente sentirse a gusto
con el trabajo que realiza durante la sesión (Linares, 2014).

El vínculo que se establece con el terapeuta se va consolidando en cada sesión y se basa en la


confianza mutua. No obstante, para lograr este tipo de relación es imprescindible que el
terapeuta sea capaz de sintonizar con la persona haciendo uso de sus habilidades.

REFERENCIAS

Bados, A. y García, E. (2011). Habilidades terapéuticas. Recuperado de:


http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/18382/1/Habilidades%20terap
%C3%A9uticas.pdf

García, J. (2013). Asertividad. Recuperado de:


http://www.psicoterapeutas.com/pacientes/asertividad.htm
Linares, R. (2014). ¿Puede ser el vínculo entre psicólogo y paciente terapéutico?. Recuperado
de: https://www.elpradopsicologos.es/blog/psicoterapeuta-psicoterapia/

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