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Salmo 137

Junto a los canales de Babilonia


nos sentamos y lloramos
con nostalgia de Sión.
En los sauces de su recinto
colgábamos nuestras cítaras.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar,
nuestros opresores a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión».
¡Cómo cantar un canto del Señor
en tIerra extranjera!
SI me olvido de tI, Jerusalén,
que se me olvide la diestra;
que se me pegue la lengua al paladar
si no te recuerdo,
si no exalto a Jerusalén
como colmo de mi alegría
Toma cuentas, Señor, a los idumeos
del día de Jerusalén,
cuando incitaban: ¡Desnudadla,
desnudadla hasta los CImientos!
¡Capital de Babilonia, destructora!
¡Dichoso el que pueda pagarte
el mal que nos has hecho!
¡DIChoso el que agarre y estrelle
tus hijos contra la peña!

Lamentación

Lamentación es con otro nombre elegía, y el Sal 137 es una bellísima elegía. Compáre- ~e con el 102 y se apreciará la
diferencia. En el AT tenemos ejemplos típicos de lamentaciones, y con ese nombre las conocemos (en griego threnoi);
tienen puntos de contacto con el presente salmo. En ellas puede haber momentos de esperanza, imprecaciones, apóstrofes,
re- cuerdos...; el afecto y el tono que mueve y unifica el poema es la lamentación. En castellano usamos también el término
llanto.

Podemos comparar este salmo con otros dos que reflejan proba- blemente una situación semejante (44 y 74). En el Sal 44
hay mucho de lamentación, incluso de queja; si terminara en el verso 23, lo agruparíamos con las Lamentaciones. Pero los
versos finales recogen lo anterior para transformarlo en súplica: «Levántate a socorrernos, redímenos por tu lealtad».
También el 74 tiene elementos de lamen- tación, pero domina la súplica. En 137 nosotros «nos acordamos», en 74,2
pedimos: «acuérdate de la comunidad que adquiriste antaño»; si en 137,7 se pide «acuérdate», es imprecando y pidiendo
venganza de los idumeos, no es petición que domine el poema. Lo mismo que

Incluye una imprecación, puede incluir un juramento de fidelidad y una bienaventuranza sarcástica. Un sentimiento
unitario de pena se desahoga en formas diversas.

El Sal 137 es una elegía que el poeta ha querido comprimir en pocos versos.

- Situación. No confundamos la situación dentro del poema con la del anónimo autor. ¿Quién habla en el poema? ¿Quién es
el autor y cuándo compone? La cuestión es compleja. De momento dejemos pendiente al autor.
Hay una voz que introduce el poema desde cierta distancia: dis- tancia temporal, usando perfectos; distancia espacial,
diciendo «allí». Esa voz introduce en el poema dos grupos que dialogan: brevemente los opre~ores(3b), ampliamente los
desterrados. El poe- ma hay que entenderlo en la situación de los desterrados en Babilo- nIa.

No es imposible que el autor haya establecido una segunda distan- cia, es decir, que haya compuesto su poema al final del
destierro o ya repatriado. Creo que el salmo se entiende mejor si se supone com- puesto en Babilonia para uso de los
desterrados. La repatriación sucede bajo el persa Ciro, cuando el imperio babilónico ha sido liquidado y Edom está
sometido lo mismo que Judá.

Podemos imaginarnos a los desterrados repartidos en tres grupos. Los que han encontrado nueva patria en Babilonia:
familia, negocios, bienestar, incluso prácticas religiosas. Los desesperados o resignados inertes que piensan que todo ha
terminado, aunque sea por culpa propia. Los que siguen fieles al pasado político y religioso y cultivan la esperanza. Los tres
grupos forman el trasfondo de la predicación de Ezequiel y de Isaías Segundo, y explican las invectivas, las llama- das a la
esperanza, la polémica con los dioses paganos. El contenido histórico de las cartas de Jeremías (Jr 29) pudo haber
contribuido a fomentar la esperanza. Cuando Ciro promulga su edicto de tolerancia y repatriación, sólo los que cultivaron la
esperanza y añoranza volve- rán: «todos los que se sintieron movidos por Dios» (Esd 1,5).

Concibo el Sal 137 como el canto de la resistencia espiritual de los desterrados con esperanza. El canto, entre otros factores,
los protegió de la asimilación religiosa a Babilonia, los aglutinó como grupo, los confortó en la fidelidad y la esperanza:
¡Por encima de todo, Jerusa- lén! El canto no es un programa de acción -estrellar niños babilo- nios-, sino lírica que
desahoga sentimientos, canto que inspira.

b) Composición y estilo

La composición de este salmo no es arquitectónica ni geométrica, sino lírica. Pueden señalarse algunas correspondencias
internas, co- mo la inclusión con el nombre de Babel, las voces de los babilonios y

De los idumeos; forzando la mano hasta se consigue una distribución concéntrica. Pero lo que no es exageración del crítico
es accidental en el poema, que avanza con un movimiento más emotivo que intelec- tual.

Una gran oposición domina el conjunto: Sión = Jerusalén frente a Babilonia. Sión se nombra en lb y 3b, Jerusalén en 5.6.7,
Babilonia en 1 y 8, Edom en 7. En esas menciones aflora la corriente agitada del poema.

Este se desarrolla en breves escenas o momentos intensos, encade- nados. Los dos primeros versos describen una escena y
establecen la tonalidad: pena, añoranza, o sea, recuerdo doliente. La sonoridad exquisita subraya y matiza aspectos diversos
(más detalles en la exége~is).

Entran otros personajes, y sucede un diálogo escueto, en sendas intervenciones: una petición rechazada; la sonoridad
acumula sibi- lantes (3-4). En vez del canto pedido, los desterrados pronuncian un juramento imprecatorio de fidelidad a
Jerusalén (5-6) y una impreca- ción contra los idumeos por su participaión en la tragedia de la ciudad (7ab). Cumplidos esos
ritos y con la preparación sobre los idumeos, los desterrados acceden a la petición de los «cautivadores»; con dedicatoria a
Babilonia, le cantan una bienaventuranza ('sry) sarcástica, que es una terrible malaventuranza (8-9); ahí retorna la sonoridad
cargada de sibilantes.

Según esta explicación, el final es una respuesta «merecida» a la petición burlona y humillante del verso 3; no es una
oración dirigida a Dios, como la precedente contra los idumeos; está en segunda persona apostrofando a Babel. La escena
termina con el grito del canto satírico; no se añade un verso para cerrar el marco.

La maestría estilística del poeta se revela en la concentración, la intensidad de la pasión sin sentimentalismo, el proceso
rápido y coherente de lo~ sentimientos, el escenario abarcado, el refinamiento sonoro. En términos de poesía lírica, lo
considero uno de los mejores poemas del salterio.

Se puede comparar esta pieza con cualquiera de las Lamentacio- nes, que son dilatada efusión o desahogo de sentimientos
gobernada por el artificio alfabético. Para coincidencias de detalle, véase la exégesis.
Exégesis

}-2. Hay que imaginar la escena sugerida por las pinceladas del poema. Los canales que alegran y refrescan y serenan la
capital, flanqueados de chopos o sauces que acogen con su sombra y añaden su color reposante. En escenario tan apacible,
una reunión incongruente

un grupo de personas sentadas en el suelo, ocupadas en llorar, practicando un ayuno musical. ¿No las alegra el paisaje?;
¿no podrían llorar en sus casa o centros de reunión? Los márgenes de los canales son lugar público y apreciado.

Los canales de Babilonia atraen a los desterrados y les provocan sentimientos encontrados.

Sentados, llorando y recordando: ¿es un rito o un ejercicio inerte de nostalgia? 1saías Segundo predicaba a sus paisanos
(43,18-19):

No recordéis lo de antaño,
no penséis en lo antiguo; 1 , ,

mirad que realizo algo nuevo:


ya está brotando, ¿no lo notáis?

3-4. Segunda escena. Acuden unos babilonios, o sea, los que los han hecho y mantienen cautivos. Con mezcla de curiosidad
por lo exótico y de burla por los vencidos, les piden que sustituyan el «llanto» por «alegría», que (tomen sus cítaras y)
canten canciones la patria. A Sansón, cautivo y ciego, los filisteos ya ebrios le decían: «Sacad a Sansón, que nos divierta.
Sacaron a Sansón de la cárcel, y bailaba en su presencia» (Jue 16,26). Pero las canciones de Sión son en realidad «cantos de
Yhwh», en honor del Señor, propios del tem- plo y el culto: «Tú mereces un himno en Sión» (Sal 65,2). Sería profanarlos
cantarlos en territorio extranjero, donde imperan y son venerados otros dioses.

El motivo de la alegría, con un sinónimo, se escucha en Lam 2,15:

Los que van por el camino se frotan las manos al verte, silban y menean la cabeza contra la ciudad de Jerusalén: ¿Es ésta la ciudad más
hermosa, la alegría de toda la tierra?

En el verso 3 suena la única mención de Yhwh, como simple genitivo de un complemento. No es minimizar su acción, sino
vincu- larlo de modo sutil a la ciudad: Jerusalén se identifica con Sión, las canciones de Sión se identifican con las
canciones de Yhwh; Babilo- nia es tierra extranjera, y Yhwh sigue vinculado a Sión. Parece apar- tarse de la visión de
Ezequiel, según el cual el Señor ha abandonado su ciudad y puede mostrar su «gloria» junto al río Quebar, en territo- rio
babilonio. La alternativa y paralelismo de Sión y Jerusalén tam- bién se encuentran en las Lamentaciones (1,17; 2,10.13).

5-6. Juramento de fidelidad a Jerusalén en forma de impreca- ción condicionada contra sí mismos. La mano que tañe la
cítara se olvidará de su función, la lengua que entona los cantos se pegará al paladar. Paralizados y mudos, como el profeta
Ezequiel en el des- tierro, a la caída de Jerusalén (3,25-26): «Te pondrán sogas, te ama- rrarán con ellas y no podrás
soltarte. Te pegaré la lengua al paladar, y te quedarás mudo».

Olvidarse de Jerusalén no es simple olvido patriótico, sino sobre todo religioso; y el olvido es fuente de apostasía, como
enseña el Sal 78. No faltan alegrías menudas y grandes en Babilonia, pero ninguna ha de competir con el gozo supremo de
volver a ver la ciudad amada. Refiriéndose al templo, dice el Señor a Ezequiel (24,25):

El dla que yo les arrebate su baluarte, su espléndida alegría,

el encanto de sus ojos, el ansia de sus almas.

En este salmo, Jerusalén es la ciudad de Yhwh, y no se menciona la monarquía, como hace por ejemplo Lam 4,20. Describe
el final del
Gozo Lam 5,14-15. Siguiendo la pista de las Lamentaciones, la fideli- dad de los desterrados contrasta con un Dios (lue
parece inerte y olvidadizo:

2,3 se guardó la diestra a la espalda...


5,20 ¿Por qué te olvidas para siempre de nosotrOs?

Pues bien, pasado el tiempo, anunciará Is 65,18 una milagrosa transformación: «Vaya transformar a Jerusalén en alegría y a
su población en gozo».

7. Imprecación contra los idumeos. Edom, (lue la leyenda hace descendiente de Esaú, hermano de Jacob, se aprovechó de la
derrota de Jerusalén, poniéndose de parte de los vencedores. Abdías nos ha dado el mejor comentario a ese «día de
Jerusalérl»:

En esa lista se dice todo lo que no debieron hacer e hicieron los rencorosos idumeos. Que el Señor como juez se acuerde del
delito y lo castigue. También la cuarta Lamentación termina imprecando a Edom:

21 ¡Goza y disfruta, capital de Edom, princesa de Us!,

que a ti también te llegará la copa, te embriagarás y te desnudarás.

El grito de los idumeos es en hebreo 'nv 'nv 'd hyswd bh: el verbo hebreo significa desnudar, y no hay que disimularlo en
la traducción, porque la metáfora es muy expresiva. Es corriente en el AT imaginar la capital como una matrona, también
Babilorria (Jr 50,12), y en consecuencia aplicarle gracias y desgracias de su condición. Cuando la imagen se usa con acierto,
se funden dos planos: el material de las construcciones, el humano de la mujer. Desnudar, exponer a la públi- ca vergüenza,
era castigo grave para una mujer:

1s 3,17 47,3

Ez 23,29

El Señor desnudará sus verguenzas. Aparezca tu desnudez, véase tu verguenza. Te dejarán desnuda y en cueros,

visibles tus verguenzas de ramera.

Otros ejemplos en Ez 16 y 23 En el plano matenal de la construc- CIon, desnudar puede ~er desmantelar una muralla (Jr
51,58, verbo 'r'r), desnudar vIgas, dejarlas al descubIerto (Sof 2,14), un texto mas cercano es «desnudas sus CImIento~hasta la
roca» (Hab 3,13 corregI- do) En el salmo hay que escuchar las dos voces, pero dommando la IgnomIma de la desnudez

tL DedICatona Llega por fm el canto pedIdo, pero no sera de SIOn, smo uno dedICado a la capItal (bat-babel), apostrofada
con un tItulo Creo que el ongmal deCIa sad'da a sadada, cambIado mas tarde en sedada por la razon que veremos El verbo
sdd en sus dIstmtas conjugacIOnes es tIpICamente profetIco 26 veces en Jr, 9 en Is, 12 en otros profetas, 9 en el resto,
JeremIas lo relaCIOna caSI ~Iempre con BabIloma Despues de ASIna y NImve, BabIloma es la de~tructorapor antonoma~Ia,se lo
merece como tItulo Pero un dIa le tocara a ella ser destruIda (Jr 51,48535556), entonces se cumplIra en BabI10ma lo que
anuncIaba Is 33,1

El salmo daba a Babel el tItulo la Devastadora, cuando BabI10ma cayo, le cambIaron las vocales y leyeron la Devastada

8-9 La bIenaventuranza es el canto dedIcado a la Devastadora, pero la felICIdad no es para ella, smo para qUIen pueda
vengarse de ella Tal es el uso sarcastIco del genero lIterano «Sarcasmo» VIene de sarx = carne, es un en-carm-zarse con el
enemIgo en forma verbal, en cuanto expresa un sentImIento, no encarga la JustICia vmdIcatIva a DIOS, smo que desea
ejecutarla con su~ manos Aunque es explosIOn verbal, no aCCIOn m proyecto, expresa una paSIOn VIOlenta Las La-
mentaCIones, en cambIO, encomIendan a DIOS hacer JustIcIa

1,22 Lleguen a tu presenCIa sus maldades, y tratalos a ellos como me trataste a mI por mIS rebehones
3,64 Tu les pagaras, Señor, como merecen sus obra~ 4,22 Exammaran tu culpa, capItal de Edom,

y aparecera tu pecado

En el ultImo verso del salmo culmma el desahogo de la pasIOn ensañarse con cnaturas mdefensas, para que la naCIOn
devastadora no tenga futuro, como SI los mños naCIeran con el smo de devastar De semejante ensañamIento dan
testImonIO otros textos

2 Re 8,12

Pasaras a cuchillo a sus soldado~, estrellaras a los mños y

abrirás en canal a las embarazadas. Estrellan a los niños ante sus ojos.

Sus hiJos fueron estrellados en las encrucijadas.

h 13,16 Nah 3,10

Haciendo eco a 3-4, los versos de la bienaventuranza acumulan sibilantes:

'sry syslm lk 't gmwlk sgmlt lnw 'sry sy'hz wnps 't 'llyk 'l hsl'

Por la violencia de la expresión, este final se puede comparar con el final del Sal 58. Los oráculos sobre o contra Babilonia
no son escasos. Después de estudiar el Sal 137, uno puede leer: de Isaias, el famo~ocapítulo 14, el anuncio de la caída en el
capítulo 21; de Isaías Segundo, Is 47; de Jeremías, la amplia serie de los capítulos 50-51 yel desenlace predicho en 51,60-
64.

rasposición cristiana

- Algunos consideran este salmo el más difícil de rezar cristiana- mente, hasta el punto de censurar los últimos versos para
el rezo. Hay otros salmos más difíciles, como el 109, pero son menos conocidos. A esa dificultad vaya responder, primero
adoptando el estilo de polé- mica ad hominem, después en forma positiva.

- Quien suprima los versos 8-9, contra Babel, tiene que suprimir también el verso 7, contra Edom, y ¿por qué un toscano
tiene que preferir Jerusalén a Florencia, un francés a París, un sevillano a Sevilla? La que hoy llamamos Jerusalén vieja
(que no es la del salmo) es muy digna de admiración, pero que haya de ser la alegría más grande de mi vida... No puedo
hacer propio~los versos 5-6, no puedo repetir el juramento imprecatorio sinceramente. Me quedan 1-4. Pues bien, ¿por qué no
he de cantar cantos del Señor en cualquier parte del mundo? En mí patria, en mis viajes, dondequiera me reúna con un
grupo cristiano, estoy en casa y puedo entonar cantos del Señor. Los versos 3-4 no son para mí. Me quedan 1-2, apunte
pintoresco de una ciudad que hace siglos dejó de existir; una postal bella, pero no una oración.

En una polémica, el interlocutor tiene derecho a rebatir: es que Jerusalén representa la Iglesia presente y futura. -Entonces,
¿por qué Babilonia no puede representar lo opuesto? No vale aceptar la lectu- ra simbólica de un elemento y rechazarla
para su correlativo.

Pasemos a la explicación positiva. Un eje del salmo es la oposi- ción Jerusalén / Babel. El Apocalipsis las ha tomado como
figuras simbólicas de sus visiones: una Jerusalén nueva, que baja del cielo (3,12; 21,2.10), Y Babilonia, «la gran ciudad»
(14,8; 16,19; 17,5;

El valor simbólico de las dos ciudades es canónico, no lo inventamos nosotros.

San Agustín, autor de La Ciudad de Dios, lo dice brevemente al comienzo de su comentario a este salmo:
«Habéis oído y sabéis que hay dos ciudades, mezcladas por ahora en el cuerpo y separadas de corazón, que avanzan en el decurso de los
siglos hasta el fin. Una se llama Jerusalén, y su fin es la paz perpetua; la otra se llama Babilonia, y pone su gozo en la paz temporal».

Esta lectura simbólica rige la tradición de los Santos Padres, de la liturgia y la espiritualidad. Según la subdivisión clásica,
Jerusalén puede significar la Iglesia terrestre, la celeste y el cristiano individual en cuanto miembro de la Iglesia -alegoría,
anagogía, tropología-o

Empezando por la tercera: el cristiano encuentra dentro de sí los valores y criterios de Babel, que intentan cautivar y
suprimir los del evangelio. Procura someterlos, ahogarlos, y siente que renacen. Pro- cura reprimirlos cuando están a punto
de renacer, deshaciéndolos contra la roca firme de Cristo y su doctrina evangélica.

Ante semejante lectura espiritual caben dos actitudes: sonreír con indulgencia o descubrir y apreciar su intuición profunda.
No quere- mos dividir el mundo en naciones que son Jerusalén y naciones que son Babel; no queremos dividir de ese modo
ciudades frente a ciuda- des, profesiones frente a profesiones, clases sociales frente a clases sociales, etc. Eso conduce a un
maniqueísmo simplista. Dentro de la Iglesia actúan también fuerzas de Babilonia, como ambición y codi- cia; dentro de mí
hay agentes de Babilonia que renacen y quieren crecer e imponerse. Saberlo, reconocerlo, vigilarlo no es gesto ridícu- lo
digno de compasión, sino principio fecundo de espiritualidad y humanismo. Eso es cuanto pretende la lectura tropológica.

Un día, el poder de Babilonia se acabará, la cautividad con sus gozos pequeños y entrañables llegará a su término, que es la
Jerusa- lén celeste, «visión de paz». Ella es nuestro gozo supremo en esperan- za, por ella suspiramos llenos de creciente
nostalgia. Nostalgia no del pasado, sino del futuro; no paralizante, sino vivificante. Así es la lectura anagógica.

«Allí está el sumo gozo, donde gozamos de Dios, donde estamos segu- ros de una fraternidad concorde, de una civil sociedad. Ningún
tentador nos violentará allí, nadie nos moverá con sus seducciones, sólo el bien nos agradará. Morirá toda necesidad, nacerá la suma
felicidad» (Agustín).

El sumo poeta portugués Luis Camoes dedica a este salmo una bella paráfrasis en 36 décimas y una quintilla. Entre los
españoles puede representar Jáuregui la lectura tradicional. La traducción atri- buida a Fray Luis de León no parece
auténtica.

Una ciudad con ríos y canales puede fascinar a los judíos, tesiden- tes de una zona más bien árida. Nahún recuerda la
ciudad 'egipcia No-Amón como término de comparación para Nínive (3,8):

El profeta predica contra una nostalgia paralizante, sin esperan- za; no contra un recuerdo que mantiene viva la fidelidad al
pasado.

El motivo del llanto es lógico en las Lamentaciones: por ejemplo 1,2.16; 3,48. En cambio, 2,10 presenta a «los ancianos de
Sión senta- dos en silencio».

Salmo 137: EL LAMENTO DE UN EXILIADO, 137:1–9

Este salmo ha resultado ser uno de los más discutidos de todo el salterio a causa de la nota imprecatoria
que aparece en su final, llena de amargura y sin mitigación de tipo alguno. Sin poner excesivo énfasis
en el carácter pre-cristiano de su elemento vindicativo, hay mucha sabiduría en el comentario de
Morgan: “La oración que pide la venganza debe interpretarse, a partir de la primera parte del salmo,
donde se describe de manera clara el tratamiento que recibió el pueblo de Israel. Debe interpretarse,
además, en el contexto de los tiempos que se vivían entonces. Nuestros tiempos son diferentes.
Nosotros tenemos más luz. Y sin embargo, es necesario recordar que el sentimiento más hondo de la
justicia, sigue incluyendo el castigo como una parte necesaria de la economía divina. Es falso el
concepto de un Dios que niega la equidad de la retribución.”

Oesterley declara: “El entrechocar de emociones que se revela en este salmo descubre la naturaleza
humana en su mejor y en su peor expresiones. La tristeza por la prohibición de cantar las alabanzas de
Dios en el santuario donde moraba su presencia era el resultado de una profunda devoción a El, y
revela un corazón imbuido de todo lo mejor ... La nota dominante del salmo ... es auténticamente
religiosa y da testimonio de la lealtad de aquellos que, en la tierra de su cautiverio, se vieron rodeados
de tentaciones muy sutiles pero fueron capaces de resistirlas en la fuerza de esa lealtad.”92

1. Anhelo por Jerusalén (137:1–6)

Lejos de su patria amada, el exiliado lloraba, acordándose de Sion, la ciudad de Dios (1). Sobre los ríos
de Babilonia Kirkpatrick comenta: “Era característicamente una tierra de corrientes de agua, del
mismo modo como Palestina era una tierra seca y montañosa; esta era la característica topográfica que
con seguridad quedaría más profundamente impresa en la mente de los exiliados (cf. Jer. 51:13). Es
muy posible que hayan ido a las orillas de los ríos y canales para lamentar la pérdida; en parte porque
en esos lugares crecían árboles y había abundante sombra, en parte porque esos lugares eran
particularmente aptos para la meditación melancólica.”93 Y colgaban sus arpas de las ramas de los
sauces (2), porque la ocasión no era adecuada para tañer canciones alegres.

La amargura del exilio era hecha aún mayor por la burla de los babilonios que solicitaban
insistentemente a los judíos que interpretaran cánticos de Sion (3). No se trataba solamente de
estimular la alegría en una situación por sí triste, sino de divertir a sus captores paganos con cántico de
Jehová (4), los salmos del templo que hubieran sido profanados al entonarse en una tierra extraña. Si
Jerusalén llegara a pesar menos en sus afectos, dice el salmista, las más terribles consecuencias serían
bien merecidas: que su diestra ... pierda ... su destreza (5), que su lengua se le pegue al paladar (6).
Y estas eran serias calamidades para un músico cuya mano debe moverse diestra sobre el encordado de
su lira y cuya boca canta la gloria de Dios.

2. La condenación de los enemigos de Sion (137:7–9)

Contra el fondo de su anhelo por Sion, el exiliado cae en una amarga condenación de los enemigos de
Sion. “La nueva ley, ‘amarás a tu enemigo ...’ no había, todavía, ocupado el lugar del viejo axioma,
‘amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. La ley de una estricta retribución por cada mal recibido le
parece al salmista perfectamente justa y la forma particularmente bárbara en que expresa su deseo de
exterminación del que destruyó su país es muy corriente en su época.”

El versículo 7 contiene una referencia histórica a la caída de Jerusalén. Aun cuando los edomitas no
tomaron parte activa en la destrucción de la ciudad, se regocijaron con ella y exhortaron al enemigo a
completar su ruina (véase Abd. 10–16). Arrasadla, arrasadla significa, literalmente, “desnudadla”, y
significa la acción de destruir las edificaciones de la ciudad hasta sus mismos cimientos.

La principal imprecación se reserva a los babilonios, cuya destrucción se predice (8). El enemigo
cosechará exactamente lo que ha sembrado. El Antiguo Testamento y la historia antigua están llenos de
ejemplos de la total desconsideración por la vida humana que se practicaba en la guerra en los tiempos
antiguos, cuando la exterminación de pueblos enteros era la meta. Ni las mujeres ni los niños eran
perdonados. Babilonia debía sufrir la misma crueldad que había infligido a Jerusalén. Véase la
introducción a este salmo y el párrafo donde se discuten los salmos imprecatorios en general, en la
introducción al libro. Si bien es cierto que estos elementos imprecatorios aparecen en los salmos, debe
reconocerse que los rabinos judíos nunca incluyeron estos pasajes en el ritual de la sinagoga.