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Proyecto: Antología de cuentos de apariciones y fantasmas.

Alumno:
Establecimiento educativo: E.S. N.º 20 “Mafalda”. Ituzaingó.

Fundamentación
El Diseño Curricular de 1° Año de Educación Secundaria Básica (pp. 199-200) nos expresa que el
enfoque dado a la enseñanza de la comunicación y a las macro-habilidades lingüísticas no puede
entenderse como una práctica cuya propuesta curricular presente por separado la lengua oral, lengua
escrita, lectura y escritura, pues considera que: “estas simplificaciones condujeron a un tratamiento por
lo menos superficial de la comunicación humana, y un abandono de la enseñanza de las complejidades
del lenguaje, en función de la mera reproducción escolar de acciones que los chicos ya llevaban a
cabo fuera de la escuela”. Si reconocemos que estos tratamientos simplificados, superficiales y
fragmentados no reconocen el intrincado camino de la enseñanza a partir, mediante, y en interacción
con el lenguaje, y que tampoco contribuyen a la consideración del estudiante como sujeto de las
prácticas sociales, podemos entonces elaborar una propuesta que incluya criterios fundamentales
presentes en el Diseño sobre el abordaje de unas buenas prácticas del lenguaje.
Nos será de vital importancia para comenzar el siguiente proyecto, el armado de una antología de
relatos sobre apariciones y fantasmas, que pensemos las habilidades lingüísticas mencionadas:
ingresamos entonces el concepto de oralidad: de qué se trata esta, qué recursos del lenguaje se ponen en
juego al usarla, cómo surgen las primeras prácticas orales principalmente relacionadas con la narrativa
y/o la lírica, en qué contextos se involucraban dichas prácticas. También será necesario que meditemos
sobre cómo se relacionaban algunos relatos orales de tradición con el pensamiento fantástico o la
explicación mística, cómo aquel aspecto literario se va inscribiendo luego en la práctica escrita, dado
que es el área que nos interesa a nosotros; proponernos reflexionar acerca del vínculo que poseen las
prácticas orales con respecto a las prácticas de escritura, en términos de impacto en la inmediatez pero
también en la incidencia histórica popular, en cómo afectaba la tradición de los relatos orales a los
pueblos y cómo esa transmisión ¿artesanal? propiciaba la construcción y constitución de lo identitario.
Del mismo modo, no puede quedar afuera el análisis de la estructura textual oral: comprender que en la
inmediatez, en los elementos paralingüísticos o en las marcas espontáneas orales hay una apropiación
de una práctica del lenguaje.
En relación con lo dicho, diferenciamos tres tipos de transmisión oral, tomando a Walter Ong en
Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra (1992) (incluimos las dos primeras, que son aquellas de
las que nos serviremos para el trabajo): la oralidad primaria, que carece de cualquier conocimiento de
la escritura (el relato de tradición, la transmisión de la leyenda autóctona o la urbana), y la secundaria,
la cual depende de la escritura pues es producto de medios más complejos de comunicación (radio,
televisión, teléfono, etc). Teniendo en cuenta que esta oralidad que mencionamos no existiría sin
usuarios de la lengua, nos interesa también introducir el término “cuentacuentos” para referirnos al
narrador oral literario. Desde la perspectiva de Ana Padovani en la emisión televisiva Horizontes
Lengua: la narración oral, el cuentacuentos es un gran creyente de sus propias historias, y existe
porque “desde que el primer hombre habló […], desde que hubo fuego y palabra, el hombre se juntó y
empezó a contar historias”. Tomar estas nociones lingüísticas para que dialoguen con el arte literario
será un basamento para la discusión del proyecto.
Para avanzar con la creación de la antología, también deberemos apelar al estudio del género del
terror e indagar sobre los aspectos que lo caracterizan: la discusión para los estudiantes también cobrará
otro valor, el literario, si podemos discutir asuntos como qué es el miedo, cómo se genera y se hace
permanecer este estado del ser, cuándo se empezaron a contar relatos de terror históricamente, cuáles
son las primeras o las más intensas experiencias terroríficas que transitaron, por qué el miedo está
asociado directamente con la vida y la muerte, qué concepciones existen sobre lo que sucede tras cruzar
el umbral de la muerte, qué implica pensar que alguien pueda retornar a la vida o al mundo de los
vivos, bajo qué estado de ánimo regresaría, qué cuentas pendientes le quedarían, qué recuerdos podrían
atormentar a alguien si queda varado en el mundo de los vivos, entre otros tantos interrogantes,
mientras que también deberemos resolver la conversación sobre cómo el relato de tradición oral se
convierte en explicación del suceso fantástico en tanto este no consigue ser interpretado por el método
racional de la ciencia. Dicha conversación motivará, junto con la propuesta de estudio del relato oral,
que “los estudiantes tengan en cuenta [...], comprendan y produzcan los patrones que organizan el
relato de terror oral, sus contextos de producción y recepción” (DCP, 1° Año de ESB. 2006).

Para comenzar a elaborar el trabajo, nos será imprescindible diagramar el inicio, desarrollo y cierre del
proyecto en etapas que comprendan trabajos diferenciados: momentos narrativos, momentos de
discusión o conversación sobre lo escuchado y momento de elaboración o sistematización de lo
trabajado, considerando que en cada etapa incluiremos prácticas específicas que propicien el logro del
producto final. Por esto, estableceremos un primer momento en el que el eje estará en la transmisión de
un relato o selección de relatos orales: leyendas y/o mitos urbanos o tradicionales de todo el territorio
latinoamericano (que bien pueden coincidir con relatos internacionales). Un segundo momento
permitirá que los estudiantes relaten sus propios conocimientos del tema, respetando la dinámica del
relato oral, con lo cual buscamos habilitar un espacio donde la voz del estudiante sea considerada como
algo necesario para la continuidad del proyecto. Sin la voz del alumno/a, no habría antología de relatos
porque “nada es más ajeno a la clase de lengua que el silencio: el habla de las personas debe entrar
en las aulas de forma que sea posible […] recuperar la palabra en la clase de lengua” (Lomas, 1994:
14-17, en Didácticas de las ciencias del Lenguaje, Desinano y Avendaño); de igual manera,
buscaremos que en aquel momento donde el estudiante tenga la voz no se dilate únicamente su
intervención en la conmoción provocada por la perspectiva fantástica, sino que veremos que sean
capaces de identificar las marcas lingüísticas propias de este estilo como las pausas, los cambios en los
tonos de voz, las apelaciones al oyente (¿no vieron lo que pasó anoche?, ¿quién más escuchó la sirena
de la ambulancia ayer?), los modos de desarrollar incertidumbre (sucedió hace mucho, en un lugar
cerca del barrio, en un descampado al fondo de…), las repeticiones de un enunciado para denotar
locura (yo no soy loco, loco no soy, yo sé lo que vi), y otro tipo de imprecisiones (me lo contó mi
abuelo, las señoras de la esquina andan diciendo, hay días en que se escucha que...) que conforma esta
práctica.
Elaboramos esta fundamentación y la interpretamos como una oportunidad para trabajar con el grupo,
interpelarlo buscando lograr la construcción de una memoria popular y colectiva a través de la
concentración de historias de apariciones fantasmales, míticas, demoníacas, con una mirada fantástica,
y con la intención de plasmar estas historias en una tercera y última etapa, la cual concretará ese
vínculo entre lo oral y lo escrito, con un documento que respalde la propuesta, el progreso y el
resultado de la propuesta final.