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66 DE NUESTROS ANTECF.DF.

NTES

A decir verdad ningu.na enseñanza que no fuese la acelerada MÁS ALLÁ DEL "PRINCIPlO DE REALIDAD"
de rutina surgió antes de que en 1951 abriésem os la nuestra a
titulo privado. EN TORNO A ESTE PR1NCIPIQ FUNDAMENTAl. DE LA DOCTRINA
Si no obstan te la cantidad de reclutas, de la que se engendra DE FREUD, LA SEGUNDA GENERAC I,6N DE SU ES CUELA PUEDE
un efecto de calidad, cambió después de la guerra de todo a DEFINlR SU DEUDA Y SU DElJER
todo) tal vez la sala atiborrada para escucharnos sobre El psico-
análisis, didá cti co (a) (una coma en medio) será una evocación
que recuerde que no Jo hicimos en vano.
H asta la fecha sin embargo el lugar más considerable que nos
ofreciera algunas conferencias públicas fue aquel Colli:ge philo-
sophique donde se cruzaban) invitando lean Wahl) las {ieb-res Para el psiquiatra o el psicólogo que se inicia en nuestros años
de en tonces. 7 lreinta en el método psicoanalítico, no se trata ya de una de esas
A ·ftadamos qu,e esta nota no debe nada biográfico sino al de- conversaciones que rompen un progreso mental y que, como
seo de esclarecer al lector. tales, atestiguan menos una elección madura en la investigación
que la ex plosión de una secreta discordancia afec tiva, Sed uc-
ción ética de la consagración a una causa discutida, unid a a la
económica de un a especulació n contra los valores establecidos,
no lamentamos para el psicoanáisis estos atractivos demasiado
ofrecidos a los rodeos de la com pensació n, La nueva psicología
no sólo reconoce al psicoanálisis derecho de ciudad anía; al re-
cortarla incesa ntemente en el progreso de di sciplinas partidas
de otros horizontes, demuestra su va lor de vía pionera. Es as í
como, bajo una incidencia normal, pudiera decirse, es abordado
el psicoanálisis por lo que, sa ltándonos 10 que h ay de arbitrario
en tal fórmula, llamaríamos la segund a generación analítica, Es
esta incidencia la que queremos definir aquí para indicar la
ruta en la que se refleja.

L LA PSICOLOGÍA SE CONSTITUYE COMO CIENCIA CUANDO LA


RELATIVIDAD DE UN OE]ETO ES PLANTEADA POR FRE UD, SI BIEN
RESTRINGIDA A L OS HECHOS DEL DESEO

Crítica del asociacionismo

La revolución freudiana, como toela revolución, toma su sentido


de sus coyunt'uras, es decir de la psicología reinante en su tiem-
po; ahora bi'e n, todo juicio sobre esta úlLima supone una exé-
1 Prod ujimos alH entre otras cosas un milo individual del flwr ótico, inicio gesis de los do cumentos en que es afirmada. Fijamos el marco
de una referencia esLnlcturalista en fonna (el pdmer texro de Lévi.Slrauss de eSle artículo pidiendo se nos conced a el crédito, al menos
sobre el.rllilo). Su lexlo mult icopiado, aparecido sin correcciÓn nu estra, dará
fe para volver a tomarlo ulte riormente. de haber realizado ya 'es te trabajo fund ame n-
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68 M Á.<¡ ALLÁ Ou.. "PRI NC IPIO DE REA LIDAD " MÁS ALLÁ DI::..L "PRfNC¡P IO lH": REALIDAD" 69
tal, para desarrollar a llí el momelltQ de la crítica que nos pa- generél} de los problemas que caracteri7.a en cada momento la
rece 10 esencial. En efec to, si tenemos por legíti mo hacer dete nción de un a teoría . As í considerado en su conjunto, gracias
Ieeer el método histórjco en e l estudio mismo de los h echos del él la fa cilidad otorgada por el curso de l tiem po, el asociacion is-
conocimiento, no LOmaremos en e ll o pre texto para e ludir la m o va a revelarnos sus im plicacion es metafísicas baj o un a luz
crítica intrínseca que plantea la cuestión de su valor: un a crí ti ca d'eslumbran te: para oponerJo simplemente a una concepcÍón que
ta l, fundada sob re el orde n segund o que confie re a es tos hechos se def ine con mayo r o menor jui cio en los fund amentos teóri·
en la h istoria la parte de Te[lexión qu'e impli ca n, sigue siendo cos de diversas esc uelas contem poráneas con el nom bre de fu.n·
inmanente a l os da tos reconocidos por e l método, o sea, en nues· ción de lo digamos que la teoría a!:oociacionista está domi·
tro caso, a las form as expresadas de la doctrina y de la técni ca, nada por la fu nción de lo verdadero.
en tanto requiere simplemente de ca da una de las forlllas en
cuesti ón ser lo que se da por ser. Veremos así que a la psicologi:l
que se preten día científica a fines del siglo XIX y que, tanto por EsU"l teoría es.{, fund ada en dos concep tos: un o meca m clsta,
su aparato de obj'elividad como por su profesión de materi a· cual es el del engram.a; otr o falazmente tenido por dato de la
lismo, lo imponía incluso a sus adversa ri os, le faltaba simpl e. experiencia, esto es, el de la vincu.lación asociati va del fe nómeno
mente ser positiva, 10 que excluye por su base tanto la objeti· men ta l. El primero es una fórm ul a de in ves tigación, basta nte
vidad como el materialismo. fl exible por lo demás, rara designar el ele mento psicoHsico y
Pued'e mantenerse, en efecto, que esta psicología se fund a yue no introduce más que un a hipó tesis, aunque fu ndamental.
sobre una concepción llamad a aso ciac ioni 'ita del p siquismo, no la de la producd('lO pas iva de es te elemento. Es notable que la
tanto porque la formul e en doctrina, sino por cuanto recibe escuela h aya añadido el postulado del ca rácter atomísti co de este
- y como datos del sentido común- una serie de postu lados que e lemen to. ya que es, en efecto, un postu lado que ha limitad o la
determinan los p rob lemas en su posició n misma. Sin duda apa· vi.!.ión de sus sostenedores has ta el ex tremo de hacerlos "pasar
rece de entrada qu e los marcos en qu e clasifica los fe nómenos al lad o" de los hechos exper ime n tales en los qu e se man ifiesta
en sensaciones, perce pciones, imágenes, creenci as, operaciones la ac tividad del sujeto en la organi zación de la forma, hechos
lóg'icas, juicios, etc., son tomados en prés tamo tal cu al a la por lo dem . is tan compatibles con un a in terpl'etación ma teri a·
psico logía escolás tica, que a su vez los. hab ía recibido de siglos lista que pos teriormente sus inventores no han podido conce·
d'e elaboración fil osófica. Es preciso en to nces reconocer qu e birl os de di stinta manera.
es tos marcos, lejos de haber sido forj ados para una con cepcíón El segundo de los con ceptos, el de la vinculación asocial.iva,
objetiva de la rea lid ad psíqui ca , no son sino los productos de fund ada en la exper iencia de las reacciones de l viv iente.
una especie de erosión conceptua l en la que se reinscrib en las pero se ex tiende a los fenómenos mentales, sin que se critiquen
vicisitud'es de un esfuerzo especifico qu e empuja al hombre a en modo a lg uno las pe ti ciones de principios, tomad as, precisa.
buscar para su propio conocimiento una garantía de verdad: ga' mente, de Jos datos p síqui cos. en p arti cular la que supone dada
rantía que, como se ve, es tr ascendente por su posición y lo la forma men tal de la simiUtud, no obstan te ser ta n deli cada de
sigue siendo en su forma, aun cu ando la filosofía venga a negar a na li za r en sí misma. As1 se h a introdu cido en el conce pto ex·
su existencia. ¿Qué idéntico relieve d'e trascendencia conse rv an pli cat ivo el dato mismo del fenómen o que se pretende expli ca r.
los concep tos, re liqui as de una investigación ta l? Con esto defi· Se trata de ve rdaderas jugarretas conce ptuales. cuya in ocencia
niríamos 10 que el asociacionismo int roduce de no positivo en no excusa el su toM}uedad y que , como lo ha destacado l ane t •
la constitución misma del obj eto de la psicología. Se compren· un verdadero vicio menta l, pro pio de u na escuela,
derá lo difícil que resulta desembro llarlo a es te ni vel. recorda n· qu e llega a )a lla ve maeSlra util iLada en tod os los giros de
do que )a psicologia ac tual conserva muchos de es tos conceptos la teorí a, Inútil decir qu e así se puede desco nocer por comple to
y que ]a purificació n de los principios es lo último que se acaba la necesidad de un a de análü.is, de un análisis que exige,
en cad a ciencia. si n duda, sutile.w. pero cuya ause ncia torna caduca toda expli ca·
Pero las peticiones de principio se expanden en esta economía (¡{,n en j>sj("ología . y qu e se llama andlis;s fenomenológico.
70 MÁS ALLÁ DEL "PRI NCIP IO OE REALIDAD"' MÁS ALLÁ DEL " PRINCIPIO OE REALIDAD" 71
Consecuentemente, hay que preguntarse qué signifi can tales doj a en Su plenitud, a la sorprendente definición que se d a de
carencias de ntro del desarrollo de una disciplina que se pro- la percepción como una "alucinación verdadera".
po ne como objetiva. ¿Se deben al materialismo, como se ha des- Tal es, pues, el dinamismo de conceptos to mados de un a
lizado en cierta crítica? O, peor aún, ¿es imposible alcanzar en dialéctica trascendenta l que llevan a la psicología asoc iacionista,
psicología la objetividad? en su a fán de [nndarse en ellos, a fracasar - y ello tanto más
Se denunciará el vicio teórico de l asociacionismo sí se reco- fatalmente cuanto que los recibe vaciados de la reflexión que
noce en su estructura la posición d'el problema del conocimiento implicaban- en su propósito d'e su objeto en térmi·
desde el punto de vis ta filosófico. Efectiva me nte, la posición n os posit ivos : ape nas, en efecto, los fenómenos se definen allí
tr ad iciona l de este problema se encuentra, por h abé rsela here- en funci ón de su verdad, ya qu edan sometidos en su concepción
d ado bajo la primera simulación de las fórmulas de Locke deno- misma a un a cl asifi cación de va lor. J era rquía ta l no sólo vici a,
minadas empi r istas, en los dos conceptos fundamentales de la como hemos visto, el es tudi o objetivo de los fenómenos en lo
doctrina. Me refie ro a la ambigüedad de una críti ca <lue, a mpa- que atafi.e a su alca n ce dentro del propio conocimiento, sino qu e
rada en la tesi s de que "n ihil erit in intelle'ctu quod non prius adem ás, al subordinar a su perspectiva todos los datos psíqui-
fucrit in sensu"}l reduce la acción de lo real a l punto de contacto cos, falsea el análisis de éstos y empobrece su sentido.
de la mítica sensación pUTa, es deci r, a no ser más que el punto Es así como, as imil and o el fen6m'eno de la alucinació n al
ciego del conocimiento, ya que en él nada se reconoce, y qu e orden senso ri a l, la psicología asociacionista no hace más qu e
impone con tanto m ayor fuerza, explicitada o no 'en el "nisi reproducir el alcance absolutamente mítico con ferid o por la
;ntellectus ip.'ie"2 -como la antinomia dialéctica de una tesis tradi ción filosófica a este fenómeno en la cues tión escolástica
incompleta-, la primacía del espíritu puro, en tanto que, por acerca de l error de los sentidos; sin duda, la fascinación prop ia
el decreto esencial de la identificación, que reconoce al objeto de este papel de escándalo teórico explica esos ve rdade ros des-
a la vez que lo afirma, cons tituye el momento verdadero del conocimientos en el análisis del fenómeno, qu e así posibilitan
conocimiento. la p'erpetuación tenaz en más de un clíni co, de una posició.n lan
Es la fuen te de es3. concepción ato mística del engrama de don- errónea de su problema .
de proceden los encegueci mientos de la do ctrina respecto de la Consideremos ahora los prob lemas de la imagen. Este fenó-
experiencia, mientras qu e la vinculación asociativa sirve de meno, indud ablemente el más importante de la psicología por
vehículo, debido a sus no criticadas implicaciones, a una teoría la riqu eza de sus d a tos concretos, es importante ta mbi én por la
fund amen ta lmente idealista de los fenómenos del conocimi ento. complejidad de su función, nna complejidad a la qu e no es
Este último punto, claro está que paradóji co con respecto posibl e tratar de abarcar con un solo término, co mo n o sea el
a una doctrina cuyas pretensiones son las de un ma teri a lismo de función de inform.ación. Las diversas ace pciones d e esta ex-
ingenu o, aparece con toda claridad no bien se intenta formular presión, qU'e apu ntan, desde la vulgar h as ta ]a arcaica, a la
una exposición un poco sistemáti ca de ella , o sea , una exposi- n oción acerca de un acon tecimiento, al sello de una impresión
ción sujeta a la coherencia propia de sus conceptos. La de Taine, o a la organización mediante nna idea, expresan bastante bien,
que es la de un vu lgarizador, aunque consecuente, resulta pre- en efecto, los papeles de la imagen como forma intuiti va d el
ciosa a este respecto. Se sig ue en ella Hn a construcci6n sobre objeto. forma plástica del engra ma y forma generadora del de-
los fenómenos del conoci miento que se fij a el propósito de re- sa rrollo. Este fenómeno extraordin ario, cu yos problemas van
ducir las 3.ctividades superiores a complejos de reaccio nes ele- de la fenomeno logía m·e ntal a la biología y cuya acción reper-
menta les, y que se ve reducida, por su parle, a buscar en el cute desde las condiciones del espíritu hasta determinismos or.
control de las actividad·es superi o res los criterios diferenciales gánicos de una profundidad acaso insospechada, se nos presenta
de las r eacciones elementa les. Dirij ámonos, para captar la paia- en el asoc iacionismo reducido 3. su función de ilusión. A la i ma-
gen, qu e, de ac uerd o con el espíritu del sistema, se la considera
1 [Nada sen\ en el intelecto que antes no esté en los sentidos. AS] corno un a sensación debilitada en la medida en que da un tes ti-
2 [A no ser el propio intelecto. AS] moni o men os segu'ro de la realidad, se la estim a como el eco
72 M'\S ALLÁ DEI. "PRINC IPI O DE ILEALII.IAO " MÁ S ALLÁ Orl. "1'ltlN(;I I' IU I.lE REALlO,\U" 73
v la sombra de la sensación, iden(ificad a, ue ahl, con su hue lla, la par'adoja de negar que la ciencia tenga que conocer la verdad,
el engrama. La concepción -esencial para el asociacio nis- lie ro lampoco olvidamos que la \'erdad es un va lor que responde
mo- del espírüu como un "polipero de imdgenes" ha sido rt la incertidumbre, con la que la experiencia vivida del hom-
ticada, sobre todo, como afirmadora de un mecanicismo pura- bre se halla fenomenológicamente signada y que la búsqueda
mente metafisico, pero no se ha advertido menos que su absur. de la verd ad anima hist6ricamente, hajo la rúbrica de lo 'espi-
<lidad esencial reside en el empobrecimiento intelectualista que ¡·jt.ual , los ímpetus del místi co y las regla!> del moralista, las orien-
Je impone a la imagen. taciones del los del mistagogo.
En rigor, un altísim o número de fenóm enos psíquicos se con. Esa búsqueda, que le impone a toda una cultura la preemi-
s¡deran en las concepciones de esta esc uel a como si no signifi- nencia de la verdad en el testimonio. ha creado una actituu mo-
casen nada, lo cua l parece excluirlos de marcos de una psi. ral que ha sido y sigue siendo para la ciencia una condicic'>n ue
cología auténtica, de una psicología que sabe que cierta ¡nten. exis tencia. Pero la ve rdad en va lor específi co permanece
cional idad es fenomenológi camen te inheren te a su objeto. Para ex traña al orden de la ciencia: é!>l<l pucd'e honrarse con su,
el asociacion ismo, esto equivale a tenerlos por insignificantes. es a lianzas con la verdad, put'de propone rse como o bjeto su (enll·
decir, a arroja rlos sea a la nada uel desconocimiento. o bien meno y su va lor, pero de ninguna manera puede identificarla
a la vanidad del "epifen6meno". como su fin propio.
Si hay en e llo. a l parecer, algún arlificio, deteng-ámonos un
instant.e e n criterios vividos de la verdad y preguntémoJlo,>
Una concepción como ésa distingue, por lanto, dos órdenes e n cuáles son, entre Jos más concretos que en lo,>
los fenc')menos psíquicos: por un a part'e, los que se insertan en vertiginosos relativismm a que h,U1 llegado la fbica y las mate.>
a lgún nivel de las operaciones del conocimiento racional ; por cOlllempodllreas, ¿dónde la cerl idllulbre -prueba
la otra, todos Jos dem{¡s: se ntimientos, creencias, delirios, asen- del conocimiento mí.,tico-, la evidencia -fundamento de la e.. .·
timientos, intuiclones, sueños. Los primeros necesitan del aná- peculaci()n filos6fica- y la 720 cOlltmdiccián misma. más mooesta
lisis asociacionista d el psiquismo; los segundos deben explicarse exigencia c.le la con')lrucción empírico-raciom,lista? l\lás al al-
por algú n determini smo, extra ño a su "apariencia" y denorni- GlOCe de nuestro juicio, ¿se puede decir que el científico se pre-
nado "orgán ico" por el hecho de reducirlos, ora al smtén de gunta, por ejemplo, si el arcoíris es vCl'dadero? Únicamenle le
un objeto físico, ora a la relación de un fin biológico. impoI't'l que este fenóm eno ...ea comunicable en algún lengua je
Así, a los fenómenos psíqu icos no se les reconoce realidad (condición del orden mental) • registr;d)le de alguna forma (COIl -
propia alguna: aquellos que no pertenece n a la realidad ver- dici ón del orden experimental), y que logre insertarse 'en la
dadera. sólo tienen una realidad ilusoria. La realidad ver- cauena de iuentificacio nes e n la que su ciencia
dadera constituida por el sistema de las referencias unifi ca )0 di\'erso de su objeto propio (co ndició n del 01-([('11
para la ciencia ya eSlablecida, o sea, de los mecanismos tangibl'eS -racional) .
para bs ciencias físicas, a 10 cua l se añaden motivaciones uti li- Hay que convell ir e n que la leo ría Lisico-matemfLtica a fine'i
tarias para las ciencias na lura les. El papel de la psicología no es de l siglo XlX aún recurría a FundamellLos demasiado
otro que el de redu cir a sistema los fenóme nos psíquicos y posteriormente eliminados, para que pudi·era hiposlasiar en
verifica.1·lo gracias a la determ in ación, por él. de sus fenó me nos e llos su prodigiosa fecundidad y se le reconociera así la oHmi -
mismos que constituye n su conocimienlO. En la medida en que pOlemj" implicada en la idea de verdad. Por otra parte, lo,>
es función de esta verdad, no es un a ciencia esta éx itos prácticos de aquella ciencia le COllfcrían ante la multitud
e'ie prestigio· deslumhranre que no care(c de relación con el
fenómeno ue la evidencia, de modo, ]>lfe..... que se ha1laba en
VeHla.d de la psicología y l,sicología d e la ve rdad buena posición para servir ue último objeto a la pa!>i6n de la
verdad. despenando en el vulgo esa proster naci<'> n ante el IlU'evo
Compréndase bien aquí nuestro pensamiento. No Jugamos a ídolo, llamado cit'rllificis11lo. y e n e l "i ntelectual" esa eterna
74 MÁS ALLÁ DEL " l'RtNCIP10 DE REALIDAD MÁS "u.A. DEL "PRINCIP IO DE ItLALlDAD" 75
pedanterí a qu e, por ignorar cuán relativa a las murallas de su cer en éste la vulgaridad de sus propi os prejui cios_ En eC-eeto,
torre es su verdad, mutila todo lo real de eSla que le es dado la actitud común a toda una cultura ha gu iado la abs tracción
captar. Al interesarse só lo por el acto del saber, por su propia ya analizada como la de los doctos: tanto p a ra el en fermo como
actividad de científico. ésa es la mutilaci6n qu'e co mete el ps i. para el médico, la psicología es el ca mpo de lo " imaginario",
cólogo asociacionista, una mutilación que, debido a su índole- e n el se ntido de ilusorio; lo que tien'e. p ues, una
especu lativa, no deja de tener para el viviente y el humano real, el síntoma por consigu ie nte, sólo puede ser psicol6gico
crueles consecuencias. "e n a pariencia" y se di stinguirá d el reg-jstro ord in ar io de la
vida psíq ui ca por algún rasgo discordante -en el qu e quede
claro su carácter "grave"_
U n p unto d'e vista parecido le impone al médico su asombroso F re ud compre nde qu e esa elección misma le hace perder todo
desp recio por la realidad psíquica, cuyo escánda lo, pe rpe t uado su va lor a l tes timonio d el en (ermo_ Si se des'ea reconocer una
en nuestros dias gracias a la co nservación de toda una forma- rea lidad propia a las reacciones psíquicas, n o hay que comenzar
ción escolás tica, se expresa ta nto en la parcialidad de la obser· por elegir entre éstas: ha y que co menzar por no e legir. A fin de
vación como en la ba stardía de concepciones como la del Pitia- m-edir su eficiencia, ha y que respetar su sucesión_ Y no se trata .
tismo. Pero justamente por se r un médico, es decir, un práctico desde luego , de restituir la cadena gracias al relato ; pero el
por exceleucia de la vida íntima, en qui e n eS le punto de vista momen to mismo del testimonio puede constituir un fragmento
apa rece, d'e la más sorpre udente manera, co mo una negació n significativo, con tal que se exija la totalidad de su texto y se
siste máti c<:t, de un médi co debía venir también la negación del libere a éste de las cadenas del relato_
p unto de V L:){<l mismo_ No la negació n puramente crft ica que De ese modo se co nstituye lo que podemos llamar la expe.
por la misma época fl orece en especulación sobre los " datos in· ricncia anaUtica. Su primera condición se formula en una ley
mediatos de la conciencia", sino un a neg<:tción efi caz por el hecho- de no omisión, que promueve al nivel del interés, reservado a
d e afirmarse eu un<l nueva positividad _ Freud dio ese paso- lo notab le, tod o aquello que "se comprende de suyo": lo ca ti·
fecundo, sin duda porque, tal c ual lo atest igua e n su autobio- diano y lo ordinario, ley que es, no obstante, incompleta sin
grafía, se vio de term inado <:t ello por su preocupación de curar, una segunda, 'e sto es, la ley de no sistematizaci6n, que con cede.
esto es, por un a actividad 'en la que, contra a quellos que se- al plantear la incoherencia como condición d e la experien cia,
complacen e n relegarla <tI rango secund;uio de "un arte", h ay una presunci ón de significac ión a todo un d esec ho de la vida
que reconocer la inteligencia misma de la realidad humana, en mental, es decir, no s6 10 a las representaciones cuyo sin5Cntido
la medida en qu e se ap lica a transformarla , es lo único que ve la psicología de escuela: libreto de l sueno,
presentimientos, fanta smas de la -ensoñación , <le li r ios confu!'os
o lúcidos, si n o tambien a esos fenómen os que por el hech o de
R evolución del método freudiano ser com pletamente nega tivos ca recen , por así decir, de -eslado
civil: laps us del le nguaje y fallas de la acción_ Adv irtamos q ue
El primer signo de esa actitud de sumisión a 10 re al que aparece- ambas le yes, mejor di cho, que a mbas reglas de la 'expcriencia,
en Freud co n sistió en re conocer qu e, 'en vista de que la mayoría la primera de las cu ales fue aislada p or Pichon , aparece n Cor·
de los fenómenos psíquicos en el hombre se re laciona, mu ladas por Freud e n una sola : ley de la asoúación libre, de
temen te, con una función de rela ción sociaC no hay motivo acuerdo con e l concepto rein a nte a la saZÓ n _
para 'e xcluir la vía que dehido a ello abre el acceso ffi,ls común,
o el testimonio que acerca de fenómenos tales da el sujeto
mlsmo_ Descripción fenomenológica de la expen"encia psicoanalltica
Uno se pregunta, por lo demás, en qué basaba el médico de
entonces el ostracismo el-e principio con que cond e na el tes timo- Esta experien cia co nstitu ye el elemento de la técn ica terapr.uti.
nio del enfermo si no era en la excitación de tener que recono- ca, pe ro -el médico puede proponerse, a poco que posea el sen ti·
7G M.\S ALeA I)l:! . " 1'IU N(:¡ P l 0 Of. RE A LIIlA Il MÁS Al.L\ DEL "PR.I NC IP IO VE REA LID AD" 77
<lo Leór ico, deri n ir 10 que ella aport a a observación. T end r;í ve Ja en la ex p-eri encia, in consciente como ex presad a)' <.:ons-
e n tonces más de una oportu n idad de maravillarse, si ésa es la ciente com o reprimida no obsta nte que el lenguaje,
form a d e asomb ro qu e respo nde en la investigación a la apa r i- de abord árse lo por su fu nción d e expresió n soci al, revela a la
ción d e un a ta n simple que parece sust raerse al pen vez su nnidad signi ficat iva en la intenció n y su a mbi g üedad
!)<l miento. constitutiva com o expresió n subjetiva, declara nd o en co ntra del
f Lo da do d e la experi encia es de entrada leng uaj e, un lenguaje ; pensa miento, me ntiroso como él. de paso q ue esas
es d ecir, un signo. ¿Qué sig nifica y cu{m comp lejo es el proble- re lac iones, o frecidas por la exp eriencia para la profundización
m a cualldo e l Jo rel ac iona con el suj e to del conoci- te no menológica, SO I1 ricas en d irec tivas p ara toda teoría de la
miento, co n el pensamiento de l suj eto? ¿Qu é relación "conciencia", especia lmen te mórb id a, y q ue su reconoc imie nto
ha) enlre el pensa mien to y el lenguaj e? ¿No es más que un len- incomple to vuelve cadu cas a casi tod as es tas teo rf as.
g uaje, aUllque secreto, o es só!o la expresión d e un pensamienLo
p uro, informulado? ¿Dónde hallar la med ida común a los d os
términos del problema, o sea, la unidad cu yo lenbruaje es el Pero prosiga mos co n la desco mposició n d e la ex peri encia . El
!-lig ua? ¿Se encuentra co n te nida en la palabra, ya sea nomhre. oye n te entra, p ues, en ella en situaci b n d e in LCTl oculOl-. El su-
ve ruo o adved.: io? ¿En ]a es pesura de su h istoriü? ¿POI" qué no je to solicita conserva r es te pa pel, primer o implíci tamente, y ex-
en lIreca ní"lOos que lo forman fonéti cam en te? ¿Cómo elegir plícitamente luego. Silen cioso, sin embargo, y sustrayend o hasta
eH es te d éd ¡:do a l que nos a rras tran filóso[o.\¡ y ling üistas, las reacciones de su rostro, poco advertido, por lo d'emás, en su
y fisió logos? ¿Ctllno escoger una refere ncia, qu e a medida pe rsona, el psicoanal ista se rehúsa p acientemente. ¿No hay u n
q ue se la pl <l nteil de ma nera más e lementa l se nos aparece umbral en e l que esta actitud debe de hacer q U'e el monó logo
m ítica? se detenga? Si el sujeto lo continúa, es en virtud de la ley de
Pero el pa r a no desligar la experi encia del len- la ex periencia; ¿pero se diri ge siempre al oye nte, prese nte de
g uaje de la .:,i tu ació n imp li cad a p or e ll a, <.: ua l es la d el interlo- veras, o más bien, ah o ra, a algún otro, imagina ri o, pe ro más
cu tor, se atiene al sencillo hecho d e que el lenguaje, antes d e rea l: al fantasma del recuerdo, a l tes ti go de la soled ad, a la
signifiGlr algo, significa para algu ien. Por el mero hech o d'e e.:, ta tua del d eber, al mensaj ero del c estin o?
es ta r p rese nte y escuch ar, ese hombre qu e hab la se dirige a él, Ahora bi'e n en su reacción misma d e rechazo del oyente, el
y, qu e le impo ne a su disc urso e l no qu'e rer deci r nada, suj e to va a tra icio nar la image n que lo susti tu ye. Con su
qu eda eH pie lo que ho mbl-e quiere decide, En efecto, lo que r ac ión, con sus imprecacio nes, con sus insin uacio nes, con sus pro-
di ce pllede " no te ne r !)entido alguno"; lo qu e le di ce encub re vocac iones y sus ard ides, con las flu ctuaciones de la intención
uno. El oye nte lo ex perime nta en el mov imie nto d e responder; q ue le di rige y que el analista registra, inmóvil, pero no imp a-
;11 suspc llder é.:, te, co mpre nd e el sentid o del disc urso. Entonces sible, comun ica a éste el dib uj o de su imagen. Sin embargo, a
reco noce allí un a intención entre aquell as que represelltan cier- med ida que sus intencio nes se tornan más expresas en el d iscu rs o,
ta tensi ón de la relac ió n socia l: inren(' i6u I'e ivindica ti va, inten- mézclanse a ellas tes timo ni os con los qu e el suj eto las
ción puniti va, intención p ropicia tori a, intenóó n demos tra tiva 7
les d a vigor, les hace retomar a liento: a llí fo rmul a aqu ello de
in tención puramente agresiva. Así comprendida h.l intención, o h- lo que sufre y q ue qui ere dejar a trás, confía el secrelo d e sus fra-
.'.érvese cómo la lrasmi te el lenguaje. De :lcuerrlo con dos modO!!, casos y el éx ito de sus juzga su ca rác ter y sus relacio-
cu yo an;lhsi.., es ri co de enseilan za, "e la exp resa . pero inco m- nes con 'el prój im o, D e ese modo informa ace rca d el co njunto
p rendida por el suj e lo, en lo qu e el infor ma acerca de d e su condu cta a l ana lis ta, q ui en, testigo a su vez. d e un mo-
lo vjvido, y e llo tan lejos COmo e l suj elO asum a el anonimato me nto de és ta, enc uentra 'allí una b ase pa ra su crí ti ca. Ahora
moral de la ex presió n : es la [a rma d e l .:,imbo lismo. Es co n<.:e bida bien, lo que tras u na cr ítica semejan te esa cond ucta le m ues tra
po r e l suj'e to, pero negada p or és te, e n lo qu e d e lo vi vido afirllla a l ana lista es q u'e en ella actúa permanentemen te la image n
el di s(,llrso, y e llo tan lejos como el su je to sistematice su con- mi 'ima que éste ve su rgir en lo ac t ua l. Pero el analista no es tá
('(: pci('lI1: es la forIll a d e la de negación, Así, pues, la intenci()n re- a l tanto de Sil descubrimiento, ya qu e, ti. m edida q u e la peti-
78 MÁS ALLÁ DEL " PRIN CIPIO DE 1I.f.ALtDAO" MÁS ALLÁ DEL "rR(NCU'(O DE REALIDAD" 79
ción cobra (orma de alegato, el testimonio se amplía con sus Discusión del valor objetivo de la experiencia
llamados al testigo; son relatos puros que parecen "fuera de
tema " y que el sujeto saca ahora a flote de su discurso Jos Tal es Ja descripci6n fenomenológica que se puede dar de lo
aconteci mientos sin intención y los fragmentos de los recuerdos qu'e ocurre en la serie de experiencias que forman un psicoaná-
que constituyen su historia, y. entre los más desunidos, los que lisis. Tra bajo de ilusionista, se nos podría decir, si no tu viera
(¡floran de su infancia. Pero de pronto entre ellos el analista en- por fruto, justamente, la resolución de una ilusión . En cambio,
cuentra la misma imagen que el sujeto, con su juego, ha susci- su acciÓn terapéutica se debe definir esencia lmen te como un
tado y cuya huella ha reconocido impresa en la persona de éste, doble movimiento medianre el cual la imagen, primero difusa y
esa imagen a la que sabia, desde luego, de esencia humana, quebrada, es regresivamenre asimilada a 10 rea l, ser pro-
pueslo que provoca la pasión y ejerce la opresión, pero que sus- gresivamente desasimilada de lo real, es decir, restaurada e n su
trairl a sus rasgos de la mirada del psicoanalista, como también realidad propia, Una acción que da testimonio de la efici encia
éste lo hace respecto del sujeto. Ahora descubre esos rasgos en de esa realidad.
un retrato de familia: imagen del padre o de la madre, del Pero, si no trabajo ilusorio, simple técni ca, s'e nos dirá, y,
,a d ulto todopoderoso, tierno o terrible, bienhechor o castigador; como experiencia, la menos favorable a la observí:t ci6n cientí{i-
image n del h'e rmano, niño rival , reflejo de sí o compañero, ca, pues se basa en las condiciones más contrarias a la objeti-
Pero el sujeto ignora esa imagen que él mismo presenta con vidad. ¿No acabamos de describirla como una constan te inte1·-
su conducta y que se rep roduce incesantemen te; la ignor<l en a.cciÓn entre 'el observador y el objeto? Efectivamente, en el mo-
los dos sentidos de la palabra. a saber: que lo que repile en su vimiento mismo le com unica el sujeto, con su intención, que el
conducta , lo tenga o no por suyo, no sahe que su imagen lo obse rvador está informado de ésta, y has ta hemos insistido sobre
explica , y que desconoce la import<tncia de la imagen cuando la .índole primordial de esta vía. In versamente, por la asimila-
evoca el recuerdo representado por ella. ción ·entre él mismo y la imagen -asimi lación a la que favo-
Pes'e, con todo, a que el analista concluye por reconocer la rece-, subvierte desde el origen la función de la imagen e n el
imagen , el sujeto a su vez termina por imponerle su papel a s ujeto; con todo, sólo identifica a ésta en el progreso mismo de
través del debate que prosigue. De esa posición extrae el ana· esa subversión: tampoco h-emos ocultado en absoluto e l carácter
lisla el pod'er del que va a disponer para su acción sobre el constitutivo de es te proceso.
su jelo. Esa ausencia de referencia fija en el sistema observado, y ese
En tldelante, efectivamente, el analista ac tú a de tal modo que uso, para la observ<lciÓn. del movimient ::> subje tivo mi smo, al
el sujeto toma conciencia de la unid;'ld de la imagen que se que en todas partes se lo elimina como fuente del error, son. a l
refra cta en él en efectos extral10s, según la represente, la en· parecer, otros tan tos desafíos al método sa no.
carne o la conozca. No hemos de describir aquí de qué manera Además, permttasenos mencionar el desafío que se puede ver
procede el analista en su intervención. Opera en los dos regís. en ello para un buen uso, En la observación misma que nos
tros de la elucidación intelectual, por la interpretació n , y de la proporciona, puede el observador esconder aquello que com-
maniobra afec tiva , por la transferencia; pero fijar sus tiempos promete a su p'ersona: las intuiciones de sus hallazgos llevan, en
es asu nlO de la técn ica, que los define en fun ci6n de las rea ccio- otras parte. el nombre de de lirio, y sufrimos al e ntrever de qué
n es del sujeto, y regular su velocidad es asu nto del tacto, mer- experiencias procede la insistencia de su perspicacia . Sin duda,
ced al cual el analista advierte el ritmo de estas reacciones. los caminos por los que se descubre ]a verdad son insondab les.
Digamos lan sólo que, a medida que el sujeto prosigue la y hasta ha habido matemáticos para confesar haber visto a ésta
experi"encia y el proceso vivido en que se recons li tu,e la imagen, en sueños o haber tropezado con ella en alguna trivial colisión.
la conducta deja de imitar la sugestión, los recuerdos recuper<ln Pero es decente exponer su descubrimiento cual si procedi·e ra
su densidad real, y el amdista ve el fin de su poder, inútil de de un comporta mi ento más conforme a la pureza de la idea.
an ! en ade lante debido al fin ele los síntomas y a la consumación Como a la mujer de Céo;¡ar, a la cienci a no se la debe sospechar.
de la personalidad. Por lo demás, ha ce mucho tiempo que el allo renombre del

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w M ÁS ALLÁ DIl. "!'IUN(;If>lO 01;. M,\S ALLÁ DU "PRI NC IPI O DE REALIDAD" 81
(ientífico ya no corre riesgos; la naturaleza no podría ya devc- suficiente inmediatez en el hecho de que es a su semejan te a
la rse ha j o fi gura humana <t lgu na y cada progreso d'e la t ie ncia quien el hombre ex plota, que ee; en él en quien se reco noce, que
h'l borrado de ella un rasgo an tropomórfico. a él está ligado por el lazo psíq uico qu e perpetúa la
miseria vi tal, verd adera mente es pecífi ca de sus primeros años,
Estas relac iones pueden opo nerse a 1as que constitu yen, en
Si t ree mos p osi ble U-a ta r con . d gun a ironía lo qu e las ilJ1leriores sentido estrecho, el conocimiento, como relaciones de con natura-
objeciones dejan tras lucir en p unto a resislen cia a(ectiva, no no!o, lidad,' con es te términ o ueseamos evocar su homología con 'esas
consideramos eximidos de respo nder a su alcance ideológico. Sin formas más inmedi a tas, g lobales y adaptadas que caracterizan,
extraviarnos en el terreno epis temológico, diremos desue ahora en su conj unto, a las vinc ul aciones psíqu icas del animal con su
qu e la ciencia de la fí sica, por mu y dep ur ada que se pres'en te medio na tural y m ed iante las cuales se distinguen de las mismas
de toda ca tegoría inLuitiva en sus mod ern os progresos) no deja relaciones en el caso del h ombre. Hemos de insistir respecto
y por cierto que de un modo sorprendente, la eS lru c- del va lor de esta e nse ñanza de la psi cología an imal. Sea como
tu ra u'e la intelige ncia que la ha construid o. Si b ien un lVleyer- fuere, la idea que hCly en el hombre de u n mundo unido a él
ha podido demos trarl a somelida en todos sus procesos a la por un a relación armon iosa permite adivi nar su base 'en el <l ntro-
forma ele la identificación mental - forma tan consl iLU tiva del co- pomorfismo del milO de 1a l1al,ura.leza.. A medid a que se cu mple
nocimiento humano, que la encuentra por reflex ión en los iti- el esfu erzo que esta idea ani ma, la realidad de esa se revela
nerar ios comunes de l pen ,amiento.-; si el fe nóme no de ]a luz, en la sub versión siempre más amplia de la n aturaleza, esa sub-
cligamos para sumin istrar e l patrón de referencia y el áto mo de ve rsión que es la horninizacióll del plan'C ta: la " naturaleza " de l
acción , reve la en ella un a oscura rela ción con el sensorio huma- hombre es su relación con el ho mbre,
no, ¿no muestran acaso estos puntos, claro está que ideales, por
los que la física se \'incula J I hombre, pero que son los polO'i
en torno de los cuales ella gira, la más inquiet;¡ nte homología F.l objeto de la psicologla. se dlJfi ne en tth-minos ese ncialmente
con los ejes as ignados a l conocimien to hum¡.l no, como ya Jo l'clotivistas
hemos recordado, por una trad ición reflexiva ajella al l'ecurso
de la experi encia? En esa realic1au específica de las rela.ciones inlerhumanas pu ede
De todos mod os, el antropo morfismo que la física ha re du ci- u n a psicología uefinir su objeto propio y su m étouo de inves ti-
do, por ejemplo en la noció n de fu.erza, no es un an tropomorf is- gación , Los concep tos implicados por este objeto y es te método
mo noético, sino psicológico: es, 'esencialmente, la proyección 110 son subje ti vos, sin o relat.ivistas. Por ser a ntropomórficos en su
de la intención humana , Trasladen la misma exigencia de re- funda mento, esos conceptos - si su extensió n, indicada más a rri-
du cción a un a antTopologla a punto <le n acer, imponerla, incl u- b<l , a la psicologí<l anima l se dem uestr a como válicla-
so, a sus fin es más equiva le él desconocer su obj eto y a desarroll arse en form as genera les de la psicología.
poner auténti came n te d-e m<lnifiesto un antropocentrismo de Por lo uemás, el objetivo de toda investigación se de-
otro orden: el del conocimiento. muestra como la rea lidad de l movi miento, es decir, por ]a efi-
En efecto, el hombre man tiene con la na turaleza reJ;.H.:io nes cacia ue su proyecto, 1,0 que mejor confi rma la excelencia del
que se ven, por una pa rte, 'especifi cadas por las propi euad es de camino ucfinido por Freucl para . abordar el fenúm eno, con una
un pensamien to as í como, por la o tra , por el uso pureza que lo distingue de lodos los demás psicólogos, es el
de instrumentos o herramienta s anificia les, Sus relaciones con ava nce prodigioso que ]0 Ilev{) Ha la cabeza" de todos los dem,is
su semeja nte proceden por vías mucho m:í s directas; no sel1.a la- en ]a rea lid ad psicolúgiGI.
mas en este caso al lenguaje, ni a las insti tu ciones socia les ele- He mos de dem os lrar es te punto en un a segunda parte d el pre-
mentales, qu e, sea cual fu ere su gén'es is, se halla n en su es truc- sente artículo. A la ve? manifeslaremos el uso genial qu e Freud
tura sig nadas de art ificiaJismo. Pensa mos en esa comunicación hacer de la noción de imagen; si con el n ombre de imago
afectiva, esencial para el grupo soc ia l y qu e se manifiesta con no la li ber6 plenamente del estado confuso de J<l intuíción co-
82 MÁS ALLÁ OfL "PRINC IPIO DE Rf"ALIOAO" MÁS ALLÁ 01'1 . "PRINCIPIO DE REALIDAD" 8l
mún, fu e para emplea r de ma nera mag istral Su a lcance concr'eto, complejos. Preciso es ver e n eIJo el concepto más concre to y
conservándolo todo, en punto a su función jnfonnadoro. e n la fecund o qu e se ha ya apo rtado en el estudio del com po rtamie nto
intuición, la memoria y el desarrollo. hu mano, en oposici6 n con e l concepto de in stinto, qu e has ta
Freud mostró esa fun ción a l descu b rir en la experiencia el en tonces habia reve lado ser en es te Gl mpo tan in adecuado como
proceso de la identificación. Muy diferente del proceso de la es. téril. Y si la doctrina ha, en efecto, referido el complejo llJ
imitación, dis tin guid o por su for ma d e a proximación parcial y instinto, en ca mbio parece qu e la teoría más S'e esclarece por
titu beante, la identificación se opone a és ta no s610 como Ja as i. aq uél que lo que se apoya e n éste.
mil ac ión global d e un a estru ctura, sino también como la asimi. Por la via del cornplejo se insta uran e n el psiquismo las imá-
lació n virtu.al del desarro ll o que esa es tru clnra implica en el gen es que informan a las unid ades más vastas de l campana-
estado a ún indiferenciado. mi'ento, irn ,ígenes con las qu e el sujeto se identifica un n y otra
Así se sabe qu'e e l niñ o percibe ciertas sit uaciones afec tivas vet par<l re presellt;u , actor úni co, el dra ma de sus con fli ctos,
- como. por ejemplo la particular uni ón de dos individu os den - Esa comedia, situ ad" por el ge ni o de la es pecie bajo el signo de
tro de un grupo- con una per sp icacia mu cho m;ís inmediata que la risa y las lágr imas, es un a commedia dell'arte, en 'el sentido
1<l del adu lto. porque éste, en efecto, pese a su mayo r diferen. de qu e cada individuo la improvisa y la vuelve mediocre o a lta-
ciació n psíquica, se ha lla inhibido en el conoci mie nto hu mano mente expresiva, seg ún sus dones, desde luego, p'e ro tambi én
y en la conducta de sus relaciones por las categodas convencio. seglln una paradój ica ley. que parece mos trar la fecunclid .,c1 psí-
nales que las censuran. Con todo, la anse ncia de estas Gllego. quica de toda insuficiencia vital. Co mmedia detl'arle, ad'em ás,
rías. a l permitir captar mejor los signos, sil\le al oil)o menos por la circunslancia de que se la represen ta de acue rdo con un
qu e la es tru ctura primaria de su psiqu ismo. que lo imbu ye g ui ó ll típico y papeles tradicionales, En ella se pueden recono-
desde un primer momento del sentido esencial de la situ ad/m . cer los perso najes qu e han sido tipificados por e l fol -
No es ésa, si n em bargo, toda su ventaja; además cont iene. con klore, los cuentos y el teatro par<l el niño o para el ad ulto: el
la impresió n significativa, el germen , que el niiio habrá de de- ogro, el fust¡g,Hlor, 'el t<lcarío, e l padre no ble; los complejos los
sa rrollar en toda su riquez<l, de la interacción social qu e en ella expresa n con nombres más científicm.. En un a imagen a la que
se expresa. ha de condu cirn m el otro aspecto de este trabaj o se reconoced
Por eso, pues. el carácter de un ho mbre pued e d'e s,nrolla r un a la fi g ura del arlequín .
identificación parenta l qu e ha dejado de ejercerse desd e la edad
límite de su recuerdo, Lo qu e se transmite p or esla vía psíquica
son esos rasgos qu e dan en el indi vidu o la forma par ti cular de U n" veí' v,dorada la conquista fenom'enolúgica del freud is mo,
sus relaciones humanas, esto es, su personalidad, Pero 10 qu e la pas(l mos ahora a Ja crítica de su me tapsicologia. Comien 7,a és ta,
conducta de l hombre reflej a entonces no son sólo esos rasgos, prec isamente, en la introdu cdún de la noción de lib ido. En
que a menudo son, no obstante, los más ocultos ; es la si tuación efecto, 1<1 ps ico logía freudian a impulsa su inducción con una
actual en que se Il<I il ab<l e l progenitor, objeto de la iden tifi ca. <ludacia rayana en la temeridad, con lo cua l preteude remon-
ción , cua nd o és ta se produjo, situaciÓn d e confli cto o de infe- tarse desde la rd ac i6 n interhumana, tal cual la aísla," es dedr,
Tjoridad dentro del gr upo conyugal, por ejemplo, como si estuviese determin ada en nues tra cultura, has ta la (un-
Del anterior proceso resulta que el comportamiento indivi. ción biolc'tgictl, qu'e vendría a ser, luego, su sustrato, y designa
du al de l ho mbre lIev<l la impro nta de cierlo número de relacio- a esta funci ón en el deseo Je x ual.
nes psíquicas típi cas en las qu e se expresa un (l de term inada es- Sin t:mb;u go, ha y que diHinguir dos empleos del concepto de
tructura socia l; cuando me nos, la conslelacú;n que dentro de lib id o, penl)<J nentemente confundidos, por lo lIem,ls, en la doc-
esta estructura domin a de modo m;ls especia l los primeros trina: C0 ll1 0 c01Jcepto que regul a la eq nivalcncia d e
de la infanciél. Jos fenúmenos, y como .'i1l.'ilondalisla, que los refi e re a
Esas relaciones pslquicas fundamental es se h an revelado a la la materia,
experiencia, y la d octrina las ha definid o can e l té rmin o de Desig uamos ,rusta?lcialisfrI ;¡ 1:1 hipó/. ("sis, y n o rn:lteria lista , por-

l:!,
84 MÁS ALLÁ DEL "PRINCIPIO DE IU:ALIDAU" MÁS ALLÁ I)IL "PRINCll'IO DE REALlDAO" B5

que el hecho de recurrir a la idea de la m a teria 110 es más que minaciún positiva entre las realidvdes psíquicas, a las que una
un a forma ingenua y superada de un materialismo au ténti co. De definición relativista ha permitido objetivar. Esta determina·
cualquier modo, Freud designa en el metabolismo de la función ción es dinámica, o relativa a los hechos del d eseo,
sexual en el hombre la base de las "sublimacio nes" infi nitamente Así, pues, ha posible establecer una escala de la consti·
variadas que su comportam iento pone de manifiesto. tu ción en el hombre de los objetos de su interés, especia lmente
No discutir'emos aquí esta hipótesis. desue que nos parece de aquellos qu e, de una prodigiosa diversidad, siguen siendo
ajena al campo propio de la psicología. Subrayaremos, no obs- un enigma, si la psicología plantea en principio a la realidad tal
tan te, la circunstancia de hallarse fundamentada sobre un des- cual la constitu ye el conocimiento: anomalías de la emoción y
cubrimiento clínico de un valo r esencial: el de una correlación la pulsi6n, idiosincrasia de la atracción y la repulsión, fobias y
que se manifiesta constan tem'e nte entre el ejerci cio, el tipo y p,inicos, nostalgias y voluntades irracionales, curiosidades per-
las anomalías de la [unción sexual y un gran número de formas sonales, coleccion ismos electivos, invenciones del conocimiento
y "síntomas" psíquicos. Añadamos a ello que los mecani smos o vocaciones de la actividad.
en los que se desarrolla la hipótesis, mu y diferentes de los del Por otra parte, se ha definido una distribución de lo que
asociacionismo, conducen íl hechos que se ofrecen al control de podríamos llamar los pttes los imaginaríos que constituyen la
la observación, personalidad, puestos que se ven distribuidos -yen los que se
y si la teorla de la libido aduce, por ejemplo, que la sex uali- componen, según sus tipos- por las imág'enes ya evocadas como
dad infantil pasa por un estadio de organización ana l y as igníl informadoras del desarrollo: son el cUo, el yo y la instancia
un valor eróti co a la función excretoria y al objeto excrementi- arca ica y secunu aria d el su peryó.
cio, es éste un interés que se puede observar 'en el niño aHí mis- Dos pregunlas se plantea n al llegar a este punto: ¿cómo se
mo donde se nos 10 señala. c.:onstituye, a trav¿'s de las imágenes -objetos del interés-o esa
En cambio, como concepto energético) la libido sólo es la no- realidad en la que; concuerda universalmente el conocimientO
ta ción simb6lica de la equivalencia entre los dinamismos que del hombre? ¿Y cómo a través de las identificaciones típi cas del
las imágenes in vis ten en el comportami ento. Es la condición sujeto se constitu ye el yo [je], en el que aquél se reconoce?
misma de la iden ti[icadón úmbólica y la en tidad esencial del Freud responde a ambas pregun tas pasando nuevamente al
orden raci onal, sin las cuales nin gu na ciencia podría constituir- terreno metapsi co16gico, Propone un "p rinciPio de realidad"
se. Gracias a esta notación, la eficiencia de las todavía cuya críti ca, dentro de su doctrina, constituye el fin de nuestro
sin relación posible con una unid ad de medida, pero provista trabajo. Pero antes debemos examinar qué a portan con respecto
ya de un signo positivo o negativo, se puede expresar por el él la realidad de la ,:magen y a las [ar'mas del conocim'i eni o las
equilibrio que aquéllas logran y, de alguna manera, por un investigaciones que, junl.am'ente con la disciplina freudiana,
método de doble p esada_ asisten a la nueva ciencia psicológica. Tales serán las dos par·
Con em pleo tal, la noci dn de libido ya no es metapsicológic<l: tes de nuestro segun do artículo.
es el instrumento de un progreso de la psicología hacia un saber
positivo. Por ejemplo, la combinación de la noción de investi- (Marienbad, Noirmoutiel"_ Agosto-vctubre de 1936.)
dur a libidinal con una estructura tan concretamente
como 1a del su peryó represe nta, tanto acerca de la definición
idea l de la conciencia moral como respe cto de la abstracción
fun cional de las reacciones denominadas de oposición o de imi-
taci ón.: un progreso s6lo comparable a l proporcionado en la cien-
cia de la física por la rela ción p eso sobre volumen cuando se
terminó por sustituir ella a las ca tegorías cuantitativas de 10
pesado y lo liviano.
De ese modo se h<ln introd ucid o los elementos de Ulla deter-

- ,

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