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LA BÚSQUEDA DE LA MUJER Y EL NUEVO MOVIMIENTO DE

LIBERACI~N

A todas aquellas m~deresque se sienten libres de las ata-


duras ideológicas, del falso poder de la autoridad impuesta y
de la mediocridad intelectual y moral. Y se sienten solidarias
con cualquier mujer que lucha por SLL libertad y su dignidad,
allí donde se encuentre, y responden a ~ L llamada.
L

Teresa Vicente Giménez


Profesora de Filosofía del Derecho
Universidad de Murcia

SUMARIO

l. EL MOVIMIENTO SOCIAL DE LAS MUJERES, UN MOVIMIENTO PARA LA PAZ,


LA IGUALDAD Y LA LIBERTAD.
2. EL CAMINO DE LA MUJER, EL DESAF~ODE SU PROPIA BÚSQUEDA.
3. REFLEXIONES DESDE CORRIENTES ACTUALES DEL MOVIMIENTO FEMINIS-
TA: EL FEMINISMO JUR~DICOY EL ECOFEMINISMO.

1. EL MOVIMIENTO SOCIAL DE LAS MUJERES, UN MOVIMIENTO PARA LA


PAZ, LA IGUALDAD Y LA LIBERTAD

El movimiento feminista es un movimiento social compuesto por mujeres que nació y


maduró en la segunda mitad del pasado siglo XX y tendrá un papel paradigmático funda-
mental en la construcción y el desarrollo cultural, social y económico del siglo XXI. La
aportación intelectual de este movimiento social comprometido con la lucha no violenta y
el camino de la paz para conseguir sus objetivos es la Teoría Feminista, una teoría crítica
que se desarrolla y avanza en un continuo debate, dando lugar a diferentes corrientes de
pensamiento o diferentes feminismos.
La Teoría feminista cuestiona y revisa no sólo el ámbito social, el orden ético, político,
filosófico y religioso que lo conforman, sino también el ámbito epistemológico, el campo
del conocimiento, de los saberes, de la metodología y del mundo académico. Sin embargo,
la situación actual del la teoría y práctica feminista se caracteriza, siguiendo el análisis de
la ecofemista alemana Barbara Holland-Crunz', por la pérdida de vitalidad: la adaptación a
formas políticas convencionales, el relegar la acción política a favor de conceptos y estra-
tegias de reforma a corto plazo, o la sustitución de la acción política del movimiento por la
profesionalización del trabajo feminista y su creciente academicismo, ocasiona una dismi-
nución de la solidaridad feminista y amenaza con el riesgo que supone la «verticalización
del poder horizontal».
El actual desarrollo del proceso feminista en los términos descritos en el párrafo ante-
rior, permite comprender la posición marginal que ocupa la nueva corriente ecofemnista
dentro del contexto del Nuevo Movimiento de Liberación de la Mujer. En este sentido son
muy clarificadoras las palabras de Holland-Crunz: «la política feminista profesionalizada e
institucionalizada «que fracasa con éxito» es una política de «progresiva igualdad», de equi-
paración; su marco de referencia está constituido por conflictos sociales (sólo en un nivel
nacional), y su orientación la marca una superación del stntu yuo en cuanto a las relaciones
que (aquí) mantienen los sexos. Incluida en esta «política de desarrollo a posteriorix hecha
a medida para una clientela determinada, está la omisión sistemática de la relación social
hacia la naturaleza, lo cual supone una concentración necesaria sobre los aspectos sociales,
económicos y políticos del entorno vital de la mujer europea y occidental, y una eliminación
de entrada de todas las contradicciones sociales que no resulten inmediatamente evidentes o
tratables dentro de la categoría sexo (por ejemplo «clase» y «étnia»)»...Y añade: «La relación
social hacia la naturaleza, la pobreza y la explotación del tercer mundo, las políticas de paz
y guerra se consideran entonces, y en todo caso, como asuntos del dominio de unas cuantas
expertas, perdiendo su carácter de preocupaciones colectivas del movimiento feministan2.
En efecto, el feminismo denunció desde sus comienzos la naturalización de la mujer
como uno de los mecanismos de legitimación del patriarcado. Esta denuncia es puesta de
manifiesto, como señala Alicia H. Puleo3, por Simone de Beauvoir en El Segundo Sexo
donde afirma que la exclusión de las mujeres del mundo de lo público y la reserva al hom-
bre de los beneficios de la civilización se basa en la conceptualización de la Mujer como
Naturaleza como vida cíclica casi inconsciente, y reivindica, oponiéndose a tales prejuicios,
el derecho de las mujeres a acceder al mundo de la Cultura. Esta misma denuncia del carácter
cultural y construido de los estereotipos femeninos por parte del Hombre fue recogida por
los feminismos liberal, socialista y radical de los años sesenta, que reivindican en base a ella
la liberación de la mujer de las tareas domésticas.
A partir de los años 70 el concepto de género se transformó en el concepto principal de
investigación de la teoría feminista que se centra en cómo desde la diferencia biológica no

1 Barbara Holland-Cunz analiza la situación actual del movimiento feminista actual señalando tres proce-
sos dialécticos (institucionalización-burocratización, profesionalización-feudalización, individualización-falta de
solidaridad) que relacionados entre sí y constituyen hoy. a su juicio, las posibilidades pero también los riesgos del
compromiso feminista, Ecofeminismos, ediciones Cátedra, Madrid, 1996, pp. 32-35.
2 Ibidem, pp. 36 y 37.
3 Alicia H. PULEO, Femii?isnzo y Ecoiogia. Urz repaso u las diversas corrier?tes del ecoferizinismo,en: El
EcoIogista, no 13, 2001.
sólo se ha agrupado a los individuos en función de los grupos, el género masculino y el géne-
ro femenino, sino que se ha establecido un orden de valor donde el primero está por encima
del segundo. Esta reducción al concepto de género (Gender) aunque ha dado sus frutos, ha
llevado también al olvido de otras relaciones de dominio como la de otros seres oprimidos
del tercer o cuarto mundo, y la creciente opresión hacia la naturaleza. Sólo en los finales
70 algunas corrientes del feminismo radical y sobretodo en los años 80 con el desarrollo
pleno del movimiento ecofemista se redescubre la relación entre la Mujer y la Naturaleza,
una renovada reflexión teórica que procede de la crítica de las mujeres de color y de países
y entornos pobres al feminismo blanco y de clase media norteamericano y europeo.
Dentro de este marco plural del movimiento femista, que Alison Jaggar (1983) clasifica
en cuatro orientaciones prototípicas (feminismo liberal, marxista, radical y socialista), cabe
señalar también la diversidad de corrientes que fluye dentro del pensamiento ecofeminista, a
pesar de que esta nueva corriente de orientación ecológica, pertenece a las llamadas «mino-
rías sin voz>>dentro del movimiento feminista. El término ecofeminismo fue introducido en
1974 por la socióloga feminista Francois D'Eubonne y desde Francia se extendió a finales
de los años setenta a otros países de Europa, América, África, India, o Australia, y desde los
años 80 adquiere presencia teórica y práctica, que se concretan en acciones políticas alinea-
das en el movimiento pacifista y ecologista, a pesar de que la influencia del ecofeminismo
como movimiento social ha sido relativamente pequeña.
Sin embargo, y a pesar de la reducción actual de la pluralidad de corrientes feministas y
la oposición entre posturas marginadas versus posturas dominantes, la aportación crítica
la corriente ecofenzinista nos ofrece de nuevo la opurtunidad de trabajar dentro de los
movimientos ecologistas y pacifistas, de plantear modificar los esquemas de pensamiento y
actitudes cultural a partir de la sostenibilidad de un nuevo modelo de desarrollo humano, y de
recupera la antigua identificación de Mujer y Naturaleza para darle un nuevo significado.

El amplio ámbito de la reflexión feminista permite poner de manifiesto la construcción


social de identidades, roles e instituciones a partir del sexo, y cómo desde esta diferencia
biológica se ha establecido un orden de valor y una organización jerárquica donde la base
la ocupa el género femenino y la cúspide el género masculino. A este orden social histórico
y aprendido donde lo masculino predomina sobre lo femenino lo denominamos Patriarcado;
la constante reproducción, durante miles de años, de estos papeles de género consigue dar
carácter natural a una construcción artificial inventada por un determinado orden social, que
relega al olvido el problema de lo doméstico, y confina a la mujer al cuidado del hogar, de
los hijos, del marido y de los débiles, impidiendo su desarrollo en el espacio público. desde
donde se organiza y decide un orden humano y social en el que ella no participa sino al
que queda subordinada y sometida, limita el acceso de la mujer a los ámbitos formales de
decisión y la excluye del control de los medios y los recursos.
Lo importante ahora es desvelar que hay de natural. de verdad, en aquello que se nos
presenta como construcción cultural basada en la propia naturaleza, lo que nos permitirá
desmontar la desigualdad, el desequilibrio y la injusticia sobre la que se asienta el orden de
este sistema social. El cuestionamiento de la vieja distinción entre lo público y lo privado,
y de las dictadas tendencias innatas de los individuos como naturalmente «femenino» o
«masculino», así como las recientes investigaciones sobre el genoma humano y la diferente
manera de percibir los sexos y los diferentes roles sexuales que tienen las diferentes culturas
según las sociedades fruto del relativismo cultural que constata la antropología social, con-
tradicen la pretendida superioridad del género masculino sobre el femenino y son un aspecto
fundamental de la crítica feminista actual.
Lo que se propone ahora es abrir el debate de todas las esferas de la mujer para que
pueda expresar sus necesidades específicas y sus diferencias, lo que permitirá desmontar la
desigualdad real que impide el ejercicio de la lograda igualdad formal. Y desde esta nueva
perspectiva poner de manifiesto y criticar la estructura que sostiene el desequilibrio de
nuestro sistema social.
Se necesita una nueva construcción de la mujer, una transformación del trabajo domésti-
co, de la familia y de la sexualidad que posibilite un camino real a la autonomía y la libertad
de las mujeres. Y aquí está el gran trabajo de la mujer, descubrir su verdadera naturaleza, la
voz femenina, su estatus de mujer, un estereotipo conformado por mentiras convencionales
que cada mujer ha de descubrir y desechar para construir, desde la propia experiencia y con
la creación de grupos de mujeres para la discusión de sus problemas, de su auténtica iden-
tidad, y desde ahí enriquecer a la humanidad y al mundo, siendo mujeres a nuestra manera
y reconociendo nuestro espacio y nuestras verdaderas necesidades.
La mujer necesita encontrar argumentos para defender su propia dignidad que insistan
particularmente en su vocación personal, que describan su naturaleza bajo el imperio de sus
propios sentimientos, de su propio instinto, y no intoxicadas por el imperio de los sentidos
que los hombres les dedican. A la mujer actual le corresponde históricamente descubrir y
comprender los conflictos y patrones internos que son raíz de su dependencia respecto a los
hombres y, necesita, para su liberación, comprometerse con su centro instintivo, su emoción
y su intelecto, para adquirir una personalidad propia como ser humano, porque sólo desde
el amor hacia sí misma podrá alcanzar la plenitud del ser al que está destinada, podrá llegar
a la emoción que acompaña al descubrimiento de la propia naturaleza, y gracias al ejercicio
de sus propias facultades como ser sabio y racional podrá alcanzar con plenitud objetivos
secundarios. Es ahora cuando la mujer está suficientemente preparada para descubrir sus ver-
dades interiores a gran escala, porque su razón, eminentemente práctica, y la urgencia de los
tiempos, la capacita para descubrir con habilidad los medios para alcanzar fines concretos.
Afortunadamente, en el siglo XXI, junto a la cultura de exclusión, dominación, des-
trucción y militarización que rige nuestro tiempo y nuestro espacio planetario, existe una
nueva cultura que insiste en la integración, la diversidad, el reconocimiento de la mujer y
la búsqueda del valor y el lugar de lo femenino, que conduce silenciosa y luminosamente
la evolución de nuestra conciencia y nuestra sociedad. Es hora de dar la oportunidad a lo
femenino, de liberar una «masa crítica» capaz de alumbrar un nuevo orden de cooperación
y alianza con nuestro planeta y con nuestra humanidad, con la diversidad de la Tierra y de
la Humanidad que la habita.
En este sentido, a medida que la mujer participe en el Estado, a medida que crezca el
número de mujeres en la esfera pública, en puestos vinculados a la toma de decisiones
-y, por tanto, se cumplan las condiciones que hacen posible tal acceso-, será más fácil
movilizar un orden social que la capacite para desarrollar una relación natural con sus hijos,
su hogar, su trabajo y su vida pública. Siempre que las mujeres que toman el poder no se
inclinen ante la tiranía del capricho o se conviertan en abatidas esclavas de la autoridad
masculina, sino que como mujeres que pueden pensar y actuar por sí mismas sólo se inclinen
ante la autoridad de la razón y la luz de la sabiduría.

3. REFLEXIONES DESDE CORRIENTES ACTUALES DEL MOVIMIENTO FEMI-


NISTA: EL FEMINISMO JURZDZCOY EL ECOFEMINISMO

Antes que abordar un estudio doctrinal de estas dos corrientes feministas -el feminismo
jurídico y el ecofeminismo- tan cruciales para el pensamiento crítico del siglo XXI, trataré
sólo de hacerlas próximas al lector, y utilizarlas, a continuación, como marco conceptual a
la hora de afrontar mis propias conclusiones.

A) Feminismo Jurídico

La libertad y la igualdad de las mujeres no puede lograrse únicamente reformando las


leyes, ni compartiendo en condiciones de igualdad las instituciones. Conviene subrayar que
el principio de igualdad jurídico-política reconocido en los Estados de Derecho del mundo
democrático del siglo XX, a pesar del gran paso que supone en el camino de emancipación
de la mujer, significa, en la práctica, una igualdad formal, que mantiene sin resolver la
desigualdad radical respecto a la mujer. En nuestro país, la Constitución de 1978 ha dado
respuesta a los grandes problemas de desigualdad formal, al reconocer en su artículo 14 la
igualdad ante la ley de todos los españoles sin discriminación alguna por razón de sexo. En
efecto, se otorga a la mujer plena ciudadanía, es decir, se la reconoce como sujeto activo de
derechos y obligaciones, con plena capacidad para tomar decisiones y asumir responsabilida-
des. En este mismo sentido, asuntos importantes han sido atendidos, redefinidos e incluidos
en la agenda política, conceptos claves como «lo personal es político», las «esferas pública
y privada», o la «democracia feminista» están ampliamente aceptados y la forma de concebir
el género ha cambiado sustancialmente.
Sin embargo, no se trata ya del reconocimiento del principio de igualdad jurídico-política,
sino de algo más, de hacer posible y real la libertad reconocida formalmente. Puede que los
derechos sean iguales para hombres y mujeres pero también hay auténticas diferencias entre
las situaciones y recursos de ambos grupos.
En este contexto el Feminismo Jurídico pretende desvelar claves y avanzar en el logro
de la igualdad real de las mujeres respecto a los hombres a partir de la reflexión y crítica
del orden jurídico, del Derecho. En los años 70, el Feminismo Jurídico centra su actuación
de lucha por la igualdad de las mujeres en el principio de no discriminación y el Derecho
antidiscriminatorio. En los años 80 el feminismo jurídico desplaza su interés hacia la no
subordinación de las mujeres, lo que implica una revisión profunda, desde la realidad de la
mujer, de las distintas concepciones de la justicia y de los principios que la conforman.
Para la profesora Barrere Unzueta4 el Derecho antidiscriminatorio es un Derecho en
evolución como instrumento de lucha por la igualdad de las mujeres, pero con posibilidad

4 Me remito para el presente estudio a dos excelentes trabajos de la profesora M" Ángeles BARRERE
UNZUETA: Discriminacidn, Derecho antidiscriminatorio y acción positiva u favor de las mujeres, Civitasllvap,
Madrid, 1997 y, a la comunicación Derecho antidiscriminatorioyfeminismo: entre el puzzle y la uporia, presentada a
las XVIII Jornadas de la Sociedad Española de Filosofía Jurídica y Política celebrado en Granda en Abril de 2001.
de mejora, a la que contribuiría una teoría clarificadora de la acción positiva a favor de
la igualdad de las mujeres. Esta terminología, que ha sido acuñada en EEUU e importada
acríticamente por parte de la cultura jurídica y del Derecho europeos, contiene una doble
confusión conceptual: de un lado, presupuestos conceptuales que no han sido debidamente
teorizados, de otro lado, postulados ideológicos que se presentan como conceptuales. El
Derecho antidiscrirninatorio necesita, por tanto, de una revisión profunda a partir de su pro-
pia definición o base conceptual, lo que se plantea como uno de los desafíos del pensamiento
feminista actual, que para lograrlo necesita de las aportaciones de las diferentes corrientes,
tanto dominantes como marginales, tanto afines como antagónicas.
El tratamiento doctrinal en relación al Derecho antidiscrirninatorio es diferente según sea
abordado por el feminismo de la igualdad o feminismo liberal cuya actitud puede calificar-
se de reformista, o por el feminismo de la diferencia, cuyo escepticismo frente al Derecho
antidiscrirninatorio que considera se desarrolla dentro de una concepción masculina de la
subjetividad jurídica, le lleva a mantener una actitud de ruptura donde la revisión no tiene
solución. La profesora Barrkre Unzueta defiende respecto al tratamiento del Derecho anti-
discriminatorio una via intermedia, lo que significa, participar del reformismo liberal aún
criticando su influencia dominante, y a su vez, avanzar en el concepto de subordinación
específica de las mujeres y en instrumentos jurídicos como la acción positiva que defienden
el no asimilacionismo en que se basa el feminismo de la diferencia.
De cualquier modo, cuando la dogmática jurídica utiliza el término Derecho antidis-
criminatorio se está refiriendo a actuaciones normativas que o bien identifican y prohiben
la discriminación, o bien la eliminan, esto es, se está refiriendo a la discriminación directa
y la discriminación indirecta. Para Barrere Unzueta este binomio discriminación directa1
indirecta es reductivo y tendencioso pues se basa siempre en conductas imputables, dejan-
do fuera del concepto de discriminación y, por tanto, del Derecho antidiscriminatorio, una
serie de realidades inimputables como que la prostitución afecte fundamentalmente a las
mujeres, que las mujeres sean las que más se dediquen a las tareas domésticas, o las que
más desempeñen trabajos a tiempo parcial, y también deja fuera aquellas actuaciones de
subordinación cuya imputabilidad no tiene que ver con la desigualdad de trato en términos
comparativos, desviándolas al Derecho penal como las actuaciones relativas a la violencia
contra las mujeres.
De este modo el Derecho antidiscrirninatorio reduce la consideración de discriminación
sólo a un fenómeno de la subordinación: aquellas conductas imputables por romper con la
igualdad de trato, permaneciendo invisible al Derecho otra realidad de la subordinación:
aquella que es producto de relaciones sociales y sexistas de poder, en palabras de B. Unzueta,
«lo que el Derecho concibe como discriminación es una diferencia de trato, pero no una
diferencia de status».
La acción positiva es una parte del Derecho antidiscrirninatorio de carácter secundario
y su historia ha ido acompañada de una dura crítica sobre todo dirigida a la llamada «dis-
criminación inversa» o «discriminación positiva», una figura conceptual con connotaciones
negativas, que de manera errónea o engañosa se vincula, para oponerla a la igualdad de
oportunidades, a la igualdad de resultados. Tal planteamiento hace necesario, al menos, una
aclaración: la acción positiva obedece a la distinción conceptual entre discriminación y sub-
ordinación, una distinción que no está reconocida en el pensamiento jurídico. El principio
de igualdad de oportunidades como principio de justicia social expresamente reconocido en
el pensamiento y en el orden jurídico positivo está asentado en la igualdad de condiciones
como punto de partida, y siendo consecuentes con su significado, para que se cumpla esta
condición igualitaria de punto de partida habrá de otorgarse una ventaja o un «trato diferen-
tes» a aquellos individuos que se encuentren en una situación de desventaja, por lo tanto,
el principio de igualdad de oportunidades debería ser compatible con la acción positiva. De
ello se extraen al menos dos conclusiones, que apunta la profesora Barreré Unzueta: La pri-
mera, que la acción positiva no lucha contra la discriminación sino contra la subordinación,
la cual abarca todas las relaciones de poder en la sociedad, es decir, las estructuras de poder
institucionalizadas; la segunda, que la subordinación no rompe la igualdad de trato ni la
igualdad de oportunidades individualista, sino la igualdad de poder entre dos grupos en base
al género. Y concluye con una observación final: «la acción positiva tradicional supone una
incorporación por goteo de las mujeres al mercado de trabajo, especialmente en los niveles
superiores de dirección o decisión, pero es que, además, cuando ocasionalmente se produce
esta incorporación, lo que se espera de la mujer es que adopte una postura masculina y supri-
ma la femenina, en la medida en que la exhibición de características feminizadas (tanto de
carácter positivo -como la compasión o el cuidado -, como de carácter negativo -como
la manifestación de emociones o la indecisión-) implica falta de autoridadd.
Esta última conclusión sirve de enlace, desde el propósito del presente trabajo, con la
aportación intelectual de la corriente ecofeminista, en la que me voy a detener a continua-
ción. La idea que subyace sería la siguiente: Para alcanzar la igualdad real de las mujeres
respecto a los hombres es necesario abordar el problema de lofemenino, donde la experiencia
histórica está marcada por la ausencia, la desvaloración, y la desigualdad estructural que
acompaña al dominio de lo masculino.

B ) Ecofemismo

Me atrevería comenzar afirmando que el ecofeminismo, representa hoy, con todas sus
variantes, una de las corrientes más ricas y prometedoras dentro del Nuevo Movimiento de
Liberación de la Mujer.
La alianza entre femenismo y ecología como pensamiento ha sido múltiple y variada. Sin
embargo, más allá de la diversidad de ecofeminismos, de las diferentes posturas en relación
a ellos, y de recordar los nombres de algunas de las más destacadas autoras ecofemistas
como el de Yniestra King, Rosemary Radford Ruether, Vandana Shiva, Charlene Spratwat,
Riane Eisler, Ariel Sallen, Janet Bielh, Mary Mellor, Mery Daly, Carolyn Merchant, Karen
Warren, Susan Griffin, y otras muchas, resulta conveniente adoptar alguna clasificación que
permita un repaso clarificador de las diversas corrientes ecofeministas, en este sentido y
siguiendo a la profesora A. Puleo, se pueden distinguir a grandes rasgos tres generaciones
de ecofeminismos reseñando a sus autoras más representativas:
La primera forma de manifiestación del movimiento ecofeminista, conocida como eco-
feminismo clásico, afirma un feminismo de la diferencia, donde hombres y mujeres expre-
san esencias opuestas: las mujeres por poseer aptitudes maternales que las predisponen al
pacifismo y a la preservación de la Naturaleza, y los hombres predispuestos naturalmente

5 M" Ángeles BARRERE UNZUETA, Derecho antidiscriminutorio y feminismo: entre el puzzle y la aporiu,
ob.cit, p. 17.
a empresas competitivas y destructivas. El esencialismo, biologismo y demonización al
varon de este primer ecofeminismo le valió fuertes criticas dentro de los sectores feministas
mayoritarios.
La superación de alguna de las críticas al primer ecofemismo, como la demonización del
varón, pero vinculado a sus tendencias místicas hace surgir una segunda generación que se
conoce como ecofeminisnzos espirituales. Donde destacan nombres como el de la filósofa y
física núclear de la India Vandana Shiva, y las -rotaciones de historiadoras feministas de la
ciencia como Evelyn Fox Keller o Carolyn Merchant. Junto a otras aportaciones que provie-
nen de América Latina donde se inicia a partir de la Teoría de la Liberación un pensamiento
teológico feministas donde destaca la aportación de la teóloga brasileña Yvone Gevara.
Una tercera generación de ecofeminismos se unifica bajo el epígrafe de ecofeminismos
construtivistas en base a sus diferencias con las dos anteriores generaciones, esto es, no com-
parten el esencialismo de las clásicas ni se nutren de las fuentes espirituales de las segundas.
Entre las distintas teorías ecofemistas que integran esta corriente destacan nombres como el
de la economista india Bina Agarwa y la filósofa australiana Val Plumwood.
A partir de las distintas posiciones que conforman el ecofeminismo es posible encontrar
una base mínima que comparte la diversidad de este reciente movimiento, se trata de la
necesidad de afrontar la crisis ecológica y reconocer que existe una relación entre la domi-
nación y explotación de la naturaleza y la opresión ejercida sobre las mujeres, que tiene su
origen en un modelo de dominación masculino, racionalista y militarista; defendiendo una
emancipación de la mujer vinculada a la preservación de la naturaleza y a un modelo de
desarrollo sostenible y respetuoso; y proponiendo la integración de los principios feministas
y ecológicos como un nuevo enfoque que intenta una comunicación socio-teórica con la
naturaleza y la relación entre los sexos. La discusión a partir de esta preocupación o base
común de reflexión se matiza según las diferentes perpectivas ecofeministas, así adquiere
un fuerte entronque teológico, filosófico y aún mágico en el llamado ecofeminismo espiri-
tualista desde el que se lanza una dura crítica a la lógica de la modernidad. En este sentido,
para Ivonne Gebara, «El ecofeminismo como pensamiento y movimiento social se refiere
básicamente a la conexión ideológica entre la explotación de la naturaleza y la explotación
de las mujeres dentro del sistema jerárquico-patriarcal. Desde el punto de vista filosófico y
teológico, el ecofeminismo puede ser considerado como una sabiduría que intenta recuperar
el ecosistema y las mujeres. Estas fueron relegadas por el sistema patriarcal, y particular-
mente por la modernidad, a ser fuerza de reproducción de mano de obra -«vientres ben-
ditos»- en tanto la naturaleza se tornó objeto de dominación para el crecimiento capital.
Como recuerda bien Carolyn Merchant, la modernidad -aunque los historiadores no hablen
de esto- comienza con la tortura de las brujas y el establecimiento de un nuevo método
científico^^. Esta conexión mística entre la mujer y la naturaleza, junto a la crítica de la
lógica ilustrada, es subrayada también por autoras como Vandana Shiva y Maria Mies, las
cuales a partir de reconocer el hecho de que en el marco del paradigma vigente, los hombres
se apropian de la naturaleza afirman que, «Esto ya ha ocurrido efectivamente en un grado
importante en la sociedad occidental: la química, la tecnología doméstica y la farmacología
modernas fueron ensalzadas como salvadoras de las mujeres, que les permitirían «emanci-

6 Ivonne GEBARA, Instituciones ecofeministas. Ensayo para repensar el conocinziento y la religirín, edito-
rial Trotta, Madrid, 2000, p. 18.

110
parse» de la servidumbre doméstica. Ahora sabemos que existe una relación causal entre
una buena parte de la contaminación y la destrucción del medio ambiente y la moderna
tecnología doméstica. ¿El concepto de la emancipación puede ser compatible, entonces, con
un concepto de preservación de la Tierra que es nuestra base de vida?»". En su respuesta
a tal contradicción, se reconoce la unión mística o mágica de la mujer con la naturaleza y
con la humanidad, y afirman que «Cada vez que las mujeres han actuado, dondequiera que
fuere, contra la destrucción ecológica oly la amenaza de aniquilación nuclear, de inmediato
han percibido la conexión entre la violencia patriarcal contra las mujeres, contra los demás
pueblos y contra la naturaleza y han comprendido que desafiar al patriarcado actual es un
acto de lealtad hacia las generaciones futuras y la vida, y hacia el propio planeta9.
De cualquier modo y más allá de los problemas, teóricos o prácticos, que se plantean
dentro y fuera de la crítica feminista, probablemente las mujeres de hoy compartimos preocu-
paciones comunes que no nacen de los sillones académicos, sino de la supervivencia diaria,
de la conservación de la vida, de nuestros niños y niñas, de nuestro planeta, de la amenaza
a nuestro entorno vital humano y ecológico. En tanto que mujeres y activistas de la vida, al
analizar las causas que nos preocupan, y libres como somos de un pensamiento y un orden
mundial que no nos pertenece porque no hemos participado en su creación, resultar fácil,
desde nuestro propio reconocimiento, abrir juntas nuevos horizontes.

C ) A modo de Reflexión

Una concepción errónea de la perfección femenina sólo contribuye a desacreditar la inte-


ligencia y la fuerza de la mujer y a debilitar su personalidad, esta ausencia de personalidad
es una forma de esclavitud que doblega el talento a la superioridad de un poder, muchas
veces manchado de sangre. No hay que confundir los caracteres propios de lo masculino y
lo femenino con las distinciones antinaturales propias de cada sexo instituidas por el pensa-
miento patriarcal. Lo contrario, aprender a pensar y a razonar libres de prejuicios adquiridos
permite ejercitar la inteligencia, fortalecer el cuerpo y desarrollar el corazón.
La superación de los errores del pensamiento patriarcal exige una revisión crítica de los
valores femeninos adquiridos por las mujeres a partir de los tratados escritos por hombres
de ingenio, siguiendo las pautas que ellos han escrito sobre nuestra naturaleza y nuestra
conducta debida. Esta errónea y falsa naturaleza de lo femenino, esta renuncia a la construc-
ción de la propia identidad, justifica desigualdades de espíritu y de capacidad racional, que
contradice la igualdad real de las mujeres con respecto a los hombres y la auténtica libertad
de las mujeres.
Las mujeres que viven reprimidas por los prejuicios hacen depender su felicidad de la
debilidad de otros, en vez de conservar su fuerza vital y forjar un espíritu noble capaz de
reclamar el respeto que merece. Por el contrario, si las mujeres conocemos y respetamos los
deberes propios de nuestro estado, seremos seres independientes, y entre esos deberemos
incluyo como primer deber hacia nosotras mismas como ciudadanas activas los deberes que
acompañan a ser madre, en otras palabras, como ciudadanas creo que las mujeres tenemos

7 Maria MIES y Vandan SHIVA, Ecofeminismo, editorial Icaria, Barcelona, 1997, p. 17


8 Ibidem, p. 27.
el deber y el derecho de ocuparnos de educar a nuestros hijos y de atender a nuestra familia,
y también, de realizar una actividad profesional y participar en la gestión de la vida pública,
porque el participar en la vida civil y en los asuntos políticos, significa, desde mi punto de
vista, poner la atención en el interés de la comunidad entera, y esto contribuye a generar
respeto hacia uno mismo y creo, además, que es el camino más eficaz para atender los debe-
res familiares y dignificar los asuntos domésticos. En tales términos, sólo una revisión de la
actual estructura laboral y social permitirá a la mujer compartir con el hombre las ventajas
de la educación y la felicidad del hogar con el buen gobierno de la comunidad.
El camino del reconocimiento de nuestra propia identidad ya fue iniciado por pensadoras
que se atrevieron en tiempos adversos, a desmontar el pensamiento de ilustres Filósofos.
En este sentido, la crítica en clave feminista de la filósofa inglesa Mary Wollstonegraft del
Emilio de Rousseau la lleva a calificar de «estúpidas» las afirmaciones sobre los caracteres
propios de sexo femenino, algo en que la inmensa mayoría de las mujeres estarían de acuerdo
después de leer a esta valiente precursora de la emancipación de la mujer: «Rousseau declara
que una mujer jamás debería sentirse independiente, que debería vivir en el temor a ejercer
su astucia natural y que hay que hacer de ella una esclava coqueta con el fin de que sea el
objeto más deseable y la compañía más dulce para el hombre, cuando éste quiera solazarse.
Lleva sus argumentos aún más lejos, pretendiendo extraerlos de las indicaciones de la natu-
raleza, e insinuando que la sinceridad y el valor, piedras angulares de toda virtud humana,
deberían ser cultivadas por las mujeres con ciertas restricciones, ya que la obediencia es la
gran virtud que hay que inculcarles con un rigor ine~orable»~.
Después de más de dos siglos, en los comienzos del siglo XXI, ecofeministas como
Vandana Shiva o Maria Mies afirman que el principio femenino debe ser recuperado, defien-
den el no divorcio entre lo material y lo espiritual y reconocen la sacralidad de la Tierra.
A pesar de las críticas y la aparente falta de viabilidad de la alternativa ecofeminista en
la sociedad actual, algunos de sus presupuestos han abierto brecha en el pensamiento teórico
y práctico y han contribuido al avance metodológico y técnico. Tal es el caso del vínculo
entre el empobrecimiento del medio ambiente y el aumento de la pobreza de las mujeres
en el mundo, y este indicador introduce una nueva perspectiva en el estudio y análisis de
los estudios sobre pobreza y de~arrollo'~. La ausencia de la perspectiva de género en las
bases metodológicas y técnicas del análisis de los procesos de empobrecimiento no habían
permitido reflejar con anterioridad la interacción mujer-pobreza-desarrollo. Sin embargo, a
partir de los años noventa las alternativas de Género en Desarrollo han dado lugar, desde
la llamada ferninizacióuz de la pobreza, a nuevas conclusiones y soluciones para abordar la
situación de la mujeres, la degradación del medio ambiente y la creación de pobreza en el
aparente y frágil resplandor de la situación de la economía global.

9 Mary WOLLSTONECRAFT, viizrlicación de 10.7 dereclzos de la mujer, editorial Debate, Madrid, 1998, p.
44.
10 Un interesante estudio sobre los indicadorcs de las mujeres a lo largo de la década de los noventa, y el
análisis del avance teórico y metodológico que implica la nueva alternativa Género en Desa~iollo.es el trabajo de la
profesora Lola FRUTOS BALIBREA, El ti-abajo de las ri~ujur-esenrie la pr-oducción y in re~?roclz~cción: diferencia
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do presentado al Congreso Cooper-ación (11 Desarrollo celebrado en Murcia
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