Kcreatinn

Creación y más _______________________________________________
Año I, N° 1, Cajamarca, II semestre de 2007 - Colaboraciones: kcreatinnorg@yahoo.es

EDITORIAL
La Organización cultural Kcreatinn: Conocimiento, Creatividad e Innovación presenta su revista homónima en cuyas páginas el lector promedio encontrará una miscelánea creativa. En la sección de Narrativa van los relatos Escena, El Golem, Gestación, Esperanza y Y por qué pedir perdón si lo voy a volver hacer…, mediando en los espacios poéticos que nos puede transmitir un relato o la filosofía de eventos cotidianos; en la sección Artículos una martilleante manera de abordar un bicho que convive a diario con “El ego de los poetas” y una semblanza biográfica a propósito de la muerte del escritor y pensador español Francisco Umbral; en Poesía un asaz crudo lirismo inspirado en un amor furtivo a puertas de una madrugada sin remedio; y la sección Reseñas nos acerca al último libro de Miguel Garnett, Escorpio. Disfrútenla.

ESCENA / Javier Farfán Cedrón Te desvaneces como una foto mal tomada. Tus ojos marrones se pierden detrás del velo de la memoria. Tu mirada congelada es un grito en la oscuridad. Tu mirada frente al mar en la luz velada de una tarde después de la lluvia, tu mirada desde la ventana del tren, tu mirada cerca al árbol del jardín de un convento una noche de primavera, tu mirada embriagada del frío de un lago rodeado de montañas y un castillo gris a lo lejos. Amanece y el viento que entra entre las tablas de la carrocería de este camión lleno de reces humanas me paraliza. No puedo mover mis pies que nadan dentro de las botas llenas de agua de la lluvia que toda la noche se ha filtrado por el plástico roto que cubre la carrocería del camión. El motor del camión se detiene y tu mirada que recuerdo con la virtud del silencio se detiene frente a mis ojos cerrados. Quiero detenerla frente a mí para acariciarla, pero no puedo mover mis manos azules de frío. Es otro día de caminar por los cerros con los ojos vendados, la soga al cuello y la pesadilla de la sed bajo el sol. “Bazofia.” Grita una voz. Se abre la puerta del camión. Nadie se mueve. “Colorado.” me llama la voz. “Muévete”. “Aliaga, como se llama el Colorado,” pregunta el hombre joven. Su cara rosada con bigote delgado está casi a la altura de la mía que estoy de pie sobre la carrocería del camión. El uniforme le queda como a un escolar sobre-desarrollado.

Narrativa

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“Stephen,” dice el hombre gordo de frente ancha que está meando al borde de la carretera. “Tu nombre”. “Stephen” contesto yo. El hombre que se llama Aliaga se acerca a la puerta del camión limpiándose las manos sobre el uniforme verde olivo. “Teniente, lo despachamos acá o esperamos a llegar al río,” pregunta Aliaga. Los otros prisioneros se han arracimado al lado opuesto del camión más alejado de mí. No se miran entre ellos, no miran ni a Aliaga, ni al Teniente, se miran los zapatos rotos, los llanques viejos, o los pies descalzos. Algunos se dan la vuelta sorbiendo los mocos. Aún no hay sol. La neblina de esa hora cubre la luz de la mañana sin oscurecerla. Al fondo puedo ver los altos cerros azules que se están quitando la bufanda de la noche. Veo las hojas mojadas de los árboles de eucalipto al borde de la carretera y tengo sed. Mientras me bajan del camión y mis botas se hunden hasta las pantorrillas en el lodo ocre de la carretera, pienso en ti y tu voz cantando: “Oh let me weep, forever”. Los dos hombres hablan y encienden sus cigarrillos. Yo miro hacia el vacío que hay entre el borde de la carretera y una quebrada, decenas de metros hacia abajo. Un pájaro escondido en alguna rama ha empezado a cantar con un trino corto y quedo, como si estuviera botando humo del pico junto con Aliaga y el Teniente. Espero. Quiero que tu canción llegue a las últimas frases, quiero saborear las notas finales, suaves, envueltas en una paz de sueños, como cerrar la cubierta de cuero del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha al final del último capítulo. Espero. Aliaga y el Teniente están fumando los cigarrillos más grandes del mundo. Pienso en ti, mi ángel. No te desvanezcas, mi dulce ángel. No hagas que tu cajita de polvos de amor se

ensucie. Cúbrela con un pañuelo blanco y cuídala. No te desvanezcas. Búscame entre estas montañas azules. Búscame entre las copas verdes de estos árboles que nunca fueron míos. He dejado un hilo de sangre sobre las piedras de los caminos para que me encuentres dormido al costado de la senda, esperándote. “Arrodíllate,” escucho la voz del Teniente. Arrodillado siento la humedad del lodo, la vergüenza de esa materia espesa como la mierda. Quiero agarrar piedras y lanzarlas hacia el Teniente y Aliaga. Siento que estos dos hombres y yo hemos ido al mismo colegio juntos y que conozco su sorna desde que eran estudiantes de escuela. Cierro los puños y no quiero que se cierren, pero se cierran y me arde la garganta. Me golpean el vientre y no me duele. No sé lo que son los golpes. Mi cuerpo no es ese espantapájaros de ropa grande que está mitad metido dentro del lodo. Me patean la cara y me pisan los huesos. Me salgo de mí mismo y unos metros más allá yo estoy sentado sobre una piedra mirándome, cuando Aliaga y el Teniente me arrastran sobre el barro; sus cachetes se inflan y las venas de sus gargantas están a punto de reventar de tanto gritar e insultar a mi madre, abuela, bisabuela, y tatarabuela. Me cubren la cabeza y cuello con una bolsa de plástico y parezco un payaso de circo que se burla de Aliaga y el Teniente; ellos, con las fuerzas más intensas del mundo, siguen gritándole y escupiéndole a ese saco de lodo, huesos y barba que creen que soy yo. Un par de metros más allá, yo recojo las piernas en posición yoga sobre la piedra donde estoy sentado cómodamente viendo mi espectáculo y recuerdo un sueño que tuve cuando era niño. Una calle cubierta de adoquines de piedra, limpia, soleada flanqueada por casas altas y pintadas de blanco, con geranios y begonias en los balcones. Y ahora también veo en medio de esa calle a las madres del Teniente y de Aliaga

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golpeándoles las cabezas con palos de leña de eucalipto. Entonces mi dolor no existe.
___________________ Javier Farfán Cedrón, Trujillo, 1969. Administrador de Negocios y Economía con una mención en Literatura Inglesa en Flagler College, Saint Augustine, Florida, U.S.A, donde permaneció por siete años. En 1997 regresa al Perú, donde radica hasta 2000, fecha en que viaja a Irlanda y China para obtener un Master en Administración y Organización de Negocios en University College Dublin, y en Tsinghua University, Beijing. Entre otras distinciones literarias, en 2004 obtuvo el Primer Premio y dos Menciones Honrosas en el Primer Concurso de Cuentos UPN Cajamarca, por Claire de Lune, Una Noche Cualquiera y Polvo de Oro, respectivamente.

EL GOLEM / Jack Farfán Cedrón Debo esta imprecisión de ideas a la no muy lúcida lumbre de una habitación con una vela extinguiéndose en la noche, a la estrella que permitió hacer del nacimiento de Cristo un espantoso claustro de diamantes, al dolor ocasionado por trastornos mentales originados a la edad de la estimulación temprana, una edad a la que todos quisiéramos congelarnos. Debo este impreciso relato a una fuerza desvanecedora del seso, a una lucidez proveniente de un corazón estremecido, de una flor muriendo hacia el ocaso, una puerta para los unidos de piel y manos a la tarde. Un insomne de todas las cosmogonías, asistió a todos los ocasos. Al dar con la puerta del laberinto, encontró un montón de arcilla y amasó un discípulo a su imagen y semejanza, prodigándole el soñado rojo Adán que latió miles de años en su corazón. Aletargado por el tiempo, vislumbró El Aleph, la perfecta y endiosada esfera desde donde vio todo, absolutamente todo, ya que la esfera es la forma más perfecta asemejada a los dioses. Como no todo es todo y cada cosa a la vez son todas las cosas, El Golem, el lector infinito que marcaba los libros con la mirada, el de las frecuentes citas memoriosas, ascendió un día hasta un estandarte de astros. Qué íbamos a soñar, si ya todo estaba copado en sus relatos. Cualquier libro

imaginable, El Golem ya lo había leído y registrado en su memoria. Los sueños como viejas embarcaciones embrujadas reapareciendo en la niebla, los seres imaginarios, las criaturas celestes, los países remotos, las edades remotas. No había nada que cupiera en el intelecto. El Golem era el centro del Aleph, la bibliofilia irreverente, la seriedad brutal de los ensayos, el escozor del intelecto. A manera de un dios imaginario, frecuentaba los sueños de los poetas paganos, entraba y salía por los recovecos de la memoria hasta suceder lo que nunca sucediese: el olvido, esa vaga forma de la esperanza, la cual era a la vez, abominable, igual que los espejos que reproducían cruelmente a sus discípulos, trayéndolos a esa sucesión de vidas en las que sufrían los más crueles tormentos. “La reencarnación provenía entonces desde cuando nos mirábamos al espejo y nos multiplicábamos al infinito, a años luz de sucesiones de imágenes” lamentaban los discípulos- Era pues, una reproducción fiel de las imágenes en el tiempo. Pero El Golem educó una camada de discípulos a los que soñaba rumiando sus ideas, él advenía en el manto que cubre a los sueños. A temprana edad, perfeccionó la escritura de los sueños en la memoria, arte que le confirió la ceguera prematura. Su memoria podía almacenar cifras grandes, fórmulas geométricas, caracteres aún no inventados por la escritura de los hombres, las formas de las nubes (un león, una cama de espuma), diríase infinitas, los destellos, los giros de los astros. En un relato, Venus podía brillar de una manera y de un color determinado, en otro, podía cambiar el decurso de los destinos de los hombres. Podía citar a los autores como quien recordaba hechos cotidianos como sacar la basura, comprar el pan o lavarse los dientes. La idea de la historia universal era para El Golem, la de escribir un solo libro por todos los hombres; la historia de los

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hombres, era un libro escrito por todos ellos y en el que figuraban historias dentro de otra historias, los destinos de todos los hombres. Los poemas de El Golem eran países, cosmogonías, geografías remotas, loas de los grandes genios que cubrieron la historia con sus pensamientos. Una vez, jugó con la mente de uno de sus contemporáneos, el mismo que se tardó 10 años en descifrar un enigma que no existía, recién pudo descubrirlo cuando ya le quedaba poco tiempo de vida. En el transcurso de un período frente a la presencia de El Hacedor, un día El Golem advirtió su presencia infinita en un espejo; al momento, dejó de respirar y vislumbró un ocaso en la memoria. Una sonrisa aterrada proveniente de un sótano repleto de estrellas estalló en sus recuerdos y El Golem dejó de leer en su memoria a la edad de 777 años, tiempo en el cual había tejido la historia de uno de sus discípulos que lo estaba soñando, respirando a expensas de un corazón rojo Adán, en alguna de las cosmogonías gnósticas de Uqbar.

Cuando vemos a un niño llorar, vemos a un adulto desfallecer; es por ello que presta toda la atención, permitiendo ser manipulado por el infante. Un niño es el camino al envejecimiento. *** Cuando los sueños son estropeados por ideas ajenas o bocas grandes, generamos que el individuo pierda sentido a su propia vida. Cuando la vida ya está inclinada a una tendencia vacía, nada la llena. Desearíamos estar muchas veces en el cuerpo de otro; es una buena elección, porque te entretiene, te hace más fácil la existencia. *** Una vida acabada es tirar piedras, doblar servilletas, mear en una botella plástica. Una vida acabada es mentirte, estar ansioso, no pertenecerte siquiera a ti mismo. Momentos de oscuridad llevamos en el corazón, momentos que fatalmente disfrutamos, momentos que abrazamos y mimamos con miedo. *** Marchas como un pequeño soldado, adelante, con la frente en alto. Marchas como la “marcha turca”, como tus pensamientos obscenos y lascivos. Seres copulando en tu mente forman el mundo, tu mundo; seres riendo, con las manos sudosas caminan por calles oscuras, se internan en tu mente como piojos. Sin embargo, todo resulta bueno. Es más fácil reír que andar por ahí, sir hacer nada. Una vieja intenta pegarle en las manos a un imbécil que toca la puerta. Creo que también le sudan las manos. ¿Y la calle? No. Sigue ahí. Marchando cada vez más fuerte, o mejor dicho, más duro, duro, duro. ¿Por qué tocas la puerta cuando estoy durmiendo? ¿Por qué llegas ebrio cuando hay dolor? Un dolor, sólo uno. No

GESTACIÓN / Eduardo Farfán Cedrón Lo que dejamos de pensar cuando niños, es lo que atormenta las mentes cada vez más viejas que tenemos hoy. El desarrollo de una idea se encamina en la medida que la deseamos. Cuando una idea circunda a través de nuestro cerebro, y no la animamos a salir, ésta carcome a las demás, estancándolas, dejándolas atrofiadas. Si resolvemos escribir poesía, o ensayo, o lo que fuere, siempre nos encaminamos a través de las emociones, ¿Por qué? Tal vez porque es hereditario, tal vez porque el sentimentalismo lo tenemos en la sangre. Este sentimentalismo está hecho a base de madres engañadas, falta de satisfacción (ya sea física o sentimental, insatisfacción en su forma mas básica) o falta de atención.

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esperes más al recuerdo, no vomites sobre una mano dando vueltas al sumidero. No digas malas palabras, no te cagues en la calle. *** Intentamos ser lógicos cuando queremos y sentimos que queremos, intentamos ser humanos cuando debemos serlo, porque ¿cómo vas a conseguir lo que quieres cuando te portas como “una mierdita”? Ya vez que no es lógico! Todo ello desanima el alma, ¿Por qué ser bello cuando hay deformes?. ¿No es un escupitajo el ser “normales”, el leer, el tener dinero y todo eso?, ¿No creen que las palabras que adjudica la sociedad son exageradas? ¿Por qué llamar puta a una puta? Sin ellas no habría hijos de puta! ¿No creen? El problema surge cuando nos escuchamos, eso es más grave que cuando escuchamos a los demás, es por ello que cuando alguien habla, no lo mires, no lo sientas, ni mucho menos le pongas atención. Es el desastre, es el desarrollo de tu idea, pero hacia atrás. No significa retroceder, sino ir hacia atrás, a lo básico; es decir, nacer de nuevo. ¿A quién le interesa nacer de nuevo? ¿Para qué? Si todo está bien así como está. *** Cada sonido atraviesa la escena ahora, cada ritmo desarrolla una emoción, ¿En que estaría pensando cuando la compuso? Es tan ligero. ¡Basta!, que se detenga en este momento y es perfecta, continúa, es un cielo negro, con un viento ligero. Son los dedos humedeciéndose en una entrepierna. ¿Por qué escuchar, cuando ya todo lo tienes dentro, lo tienes por partes, sólo es cuestión de que te ordenes, de que tenga unidad, de que suene bien. Ahora el ritmo más hábil y ágil, qué bien!. Mira a tu alrededor y date cuenta que no es lo que

quieres; mira a tu lado y no hay nadie. Es bueno, es justo, es laxo. Duerme y piensa. Y POR QUÉ PEDIR PERDÓN SI LO VOY A VOLVER A HACER…/ César Arana Bazán Buscando buscando ojitos encontrando, el muchachito Daniel llega a casa, como siempre, mil mentiras olvidando. Y por qué pedir perdón si lo voy a volver hacer… Y cómo vas llegando, hijito -pregunta la Mila-, la de los cuarenta, la que guarda en las palabras pocos recuerdos. Aquí está mi sonrisa -contesta el muchachito Daniel-, y lo que sigue es un beso instintivo, el que sale de la cara, el que ya está muy lejos. Sus manos, las que temblaron en su tiempo, ya se encuentran bien. No olvidemos que al igual que el muchachito Daniel, también estuvieron enamoradas. Ahora más que temblar, lo que buscan son los escondites, para ver qué pierna entra primero. Acaso será la velluda, o tal vez lo que harán será recordar las piedras ardientes para extrañarse. Pasan pocos segundos para que las ropas estén caídas y las manos se vuelven cada vez más impuras. Los dedos perdidos continúan buscando la neblina y se estiran hacia el cuerpo para poder saber, para poder comer, para poder sentir, para poder terminar, para poder dormir y otra vez empezar. La tarde aún no acaba. De estar escondida y entretenida despierta la Mila, mientras el muchachito Daniel duerme, tal vez soñando en el último partido de fútbol. La Mila mira su carita y piensa en el qué dirán, en las fotos, en el Whisky, en todo lo demás con los amigos; todo para qué, para caer más y avergonzarse. Ahora es casi de noche y el muchachito Daniel ya está despierto, busca comentarios, pero no los encuentra; más bien busca pétalos que justifiquen el ya no

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considerar, el ya no querer más; pero no puede llegar a ellos, será porque no existen acaso o es que son negros; igual, no prefiere encontrarlos y más bien busca sus calcetines y poco pasa para que de la espalda a la casa… que por cierto es muy grande y luce más hogareña que nunca. Cancioncitas no hubieron y menos frasecitas. La Mila como siempre busca la silla, en la que siempre acomoda su cuerpo para que sus lágrimas caigan y no opriman su pecho, y ahora está callada pensando en sus hijos y en las pieles que ya pronto estarán listas para hacer el sacrificio.

¿ESPERANZA?/Francisco Quiroz Barrantes Su vida estaba colmada, pero seguía viviendo en su pequeña ciudad, donde no existía otra diversión que asistir a un cuchitril y ver desfilar párvulos mal vestidos con hedor a cannabis que después de dos horas eran superhombres mentando la madre y amenazando a quien se les atravesara. Había algo que le exigía ensimismarse, dejando que su joven vida sea consumida por el tiempo, entre estrechas calles lodosas hedientas a basura y desagüe. Atravesaba los veintiún años y hace cuatro sentía una inmensurable insatisfacción que la tenía divagando en un creciente socavón de sentimientos, escabulléndose de ellos trataba de autosatisfacerse en todo momento, habiéndolo conseguido más de una vez, pero bastaba un lapsus estúpido para traer abajo tanto sacrificio, esos escasos segundos que asquerosamente detestaba, destruían años de sueños. Colmó su paciencia, cuando un día lo vio abrazado de una mujer de rara belleza; sus ojos se humedecieron, pero no podía demostrar sus sentimientos. Mandó a la mierda todo lo que sentía y se propuso seguir adelante, porque ello no era sino

una reverenda cojudez que a todos nos pasa. Asumió que su vida debía ser diferente. Habían transcurrido ya seis meses desde aquel día, pero cierta incertidumbre que estrujaba su garganta seguía atormentándola. -¿Por qué siento esto, si sólo ha pasado por la vereda de enfrente? Siente lo mismo que yo, por eso estoy así de nuevo, eso es seguro.Transcurrían los días y volvieron a encontrarse, pero esta vez en la misma vereda y ambos se miraron por escasos segundos. -Sabía que le gustaba.- Se repetía constantemente contemplándose en su pequeño espejo sobre su cama. Sus fantasías emergían nuevamente incrementando su excitación. Llegó el día en que coincidieron y a pesar de la leve resistencia que ella ofreció a regañadientes, accedió a entablar cierta conversación que se fue dilatando. Cada uno pretendía averiguar lo que más podía, terminando en el tradicional “mañana te llamo”. Salieron varias veces. De repente surgió el celarse por nada, el exhibicionismo, el ser prudencialmente manoseada, el prometerse no dejarse nunca, el fornicar en la puerta de su casa, o en su cuarto, a escondidas de sus padres. El ruido de un motor que se había ahogado sacudió su cama, las sábanas se habían resbalado al piso, la luz amarillenta penetraba por las rendijas de la puerta del balcón. La penumbra surgió. Regresó el silencio absoluto, el pequeño espejo estaba sobre ella a punto de caerse, la incertidumbre y desesperación la invadieron súbitamente. Arrojó el espejo, se arrebujó en una colcha y la primera lágrima fue deslizándose sobre su almohada.

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ARTÍCULOS

EL EGO DE LOS POETAS / Jack Farfán Cedrón Ellos tienen el orgullo más grande que su miseria, el honor en las estrellas. Se ofuscan como la hojarasca al ímpetu de huestes. Son sensibles a tal grado…“barómetros de la sociedad” –Esta frase está acuñada en algún prólogo a un poeta incendiario–. Tienen la suerte de ser auspiciados en sus sendas noches de bohemia, acto que sucede después de cada evento “culturoso”. A ellos no les interesa trabajar ni ser útiles a la sociedad, o, de alguna manera, ganarse el pan de cada día. Sueñan con ser grandes bajo el influjo de un rayo divino que les dicte su obra maestra. Esperan eternamente el espaldarazo, aunque nunca llegue. Nadie, aparte de ellos mismos, los lee. Un joven poeta español, con el cual a veces mantengo correspondencia electrónica, manifestaba en uno de sus mensajes: “Sobre la poesía, en España, te decía que no había interés. Para ser plástico en la explicación me bastará decirte que los 'superautores' salen con ediciones que oscilan entre los mil y los dos mil ejemplares. Quiere esto decir que nadie les lee. Si esto ocurre con los grandes, te puedes imaginar con el resto”. Si esto sucede en España, imagínate en el Perú. Conclusión: la poesía es aburrida. Aclaración. La mala poesía es aburrida. Y no juzgamos aquí tal o cual forma de
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expresión, el fondo o la forma; “la imagen que es a poema” o que “la paleta es a pintor”, certeros postulados del cómo hacer literatura que sostenía el che Cortázar. Para mí la poesía, la buena poesía ES O NO ES; es simple, gusta o no gusta, es desastrosa o es sublime, fea o bonita. Punto. ¿El acto escritural tal vez tenga que ver con la grandeza del genio, tal vez tenga que ver con la educación recibida o con la iluminación que al momento de escribir, de manera milagrosa, reciba el poeta?. No, “El genio es el 1%, el resto es su trabajo”. Proveniente de la inspiración o del ahínco, lo cierto es que la poesía no debe ser repetitiva, panfletaria, comprometida, ni mucho menos; muy por el contrario, debe estar basada en la experimentación, ser un acto libre, puro, fecundo; una diaria invención de formas y modos expresivos basados en la ruptura, como un acto fuera de serie, y, algo muy cierto, “Con buenos sentimientos se hace mala literatura” sentenciaba André Gide. Bastaría con “Tirar el saco de ladrillos”, despercudirse de afectaciones, miedos, traumas, recuerdos rencorosos; sólo seguir el hilo de la realidad, dejar fluir el seso, en un acto transparente evocado desde las más sinceras entrañas, un vomitorio de ausencias acabadas. Ahora bien, siempre me he planteado una pregunta: ¿El ego de los poetas es inversamente proporcional a su calidad poética? Al parecer la respuesta es afirmativa. Sucede que la mayoría de poetas tienen miedo a la incomprensión, ya que dudan de su capacidad creadora. Algunos tiemblan en los recitales, otros simplemente los rehuyen; y la gran mayoría se pavonea mostrando su gran cola de pavo real, repartiendo a diestra y siniestra panfletuchos en caligrafía palmer. Qué más les queda, ¿es todo lo que pueden ofrecer, “putas de la historia”?

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En el Perú no existe gran diferencia en libros vendidos, entre un poeta que recién se inicia y uno ya establecido; la diferencia es mínima, como decía Ricardo Sumalavia en uno de sus talleres de narrativa ofrecidos: “la diferencia son cien ejemplares”, y creo que no exageró. En el Perú un poeta joven publica para un manojo de amigos y familiares, y la cifra no aumenta con el correr de los años y el establecimiento de la “fama literaria”, que tal vez nunca llegue, y todos sabemos por qué. Daría la impresión de que la poesía es un hobbie –al menos en mi país– , daría la impresión de que el ególatra poeta no valora su trabajo más que su ego; esto nos confirma en dónde está su autoestima, de ahí su gran ego. Mientras más ego, evidenciamos menos talento en los poetas. Esto tiene que ver con su baja autoestima guión mala calidad poética. La poesía debe ser fácil al oído, musical, de una sensualidad avasalladora; o bien, testaruda, parca y directa; aunque a veces el lector busca retos intelectuales refugiándose en poemas herméticos; otras, meditando sobre la existencia, o mejor aun, solazándose en la quietud de un haiku, iluminado “en esta paz de una sola línea”. Al final, la voz de la verdad se hace escuchar, y esta gran mentira que es la poesía, ciertamente es más real que la vida, que los egos de los que la gestan, que los destinos proscritos a cargar una cruz enchapada con vidrios. Cielo e infierno en un solo lugar. Aquí ríes, aquí lloras. La vida transcurre mientras dejamos pasar al tiempo, –creo que escuché eso en algún lado–. Vayamos al encuentro del genio, en su obra, no en sus actos cotidianos, ni en sus defectos; ni en su ego, signo inequívoco de pequeñez mental. El mejor camino a la santidad es la corrupción. Ser demonios para escribir

como ángeles. Arrastrar culpas no es lo prudente. Déjalas caer, deja caer las culpas. Sólo “las niñas son de sus miedos”. Los miedos, los miedos. Tu arma es el ego. Que afloren las obsesiones, sigamos “con el diablo por dentro”, magros poetas. Vira en aquella platea desconocida. Abre la tapa del mundo. Un río furioso transcurre detrás de la memoria.

UMBRAL, ESPÍRITU INDÓMITO/Carlos Cerda Gaitán
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Managua, septiembre de 2007

“La mejor manera de conocerse a uno mismo es escribiendo”-sentenció Francisco Umbral-, escritor que falleció recientemente (Madrid: mayo, 1935agosto, 2007). Partió de este mundo dejando magnificas producciones intelectuales. Este célebre madrileño destaca por comunicar ideas cortas y profundas, adornadas cuidadosamente con cierta dosis de ironía, que transmiten verdades, sus verdades, construidas desde el camino autodidacta que transitó con consagración y entrega. El literato tiene algo en común con Julien Sorel, el protagonista de la novela de Stendhal (“Rojo y Negro”): De niño buscó el conocimiento por sí solo. Aunque ingresó tardíamente a la escuela, de donde lo expulsaron, se ilustró por otro medio: entre el sendero de los libros y la colina del inicio prematuro de la vida laboral (14 años). Lectura, escritura y espíritu indómito innato fueron los ingredientes que convirtieron a Umbral en un prominente columnista. Desde ese espacio ganó admiradores y enemigos, muchos: “Umbral es un escritor que despierta pasión y rechazo a partes iguales.” (BBC). Juan Cruz, columnista de El País (España),

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refiriéndose al escritor, dijo: “Era un hombre de agreste, muchas veces reaccionaba con el sable, pero tenía en el fondo de un corazón acentuado por la soberbia literaria el alma de un niño que nunca le abandonó del todo. Se diría que su amplia biografía, a la que le dio todas las vueltas que pudo, jamás pudo tocar el techo que él buscaba, a veces por pudor, a veces por el compromiso que los hombres pretenden sellar con el tiempo.”. En una ocasión lo invitaron a participar en un programa de televisión para conversar sobre sus libros. Durante la entrevista, arremetió contra la presentadora (Mercedes Milán) y posteriormente se fue. No podía ser de otra manera en un hombre que vivió su tiempo estudiando el pasado, interpretando el presente y pronosticando el futuro con “alas de libertad” y con un hilo transversal de humanismo (“La vida nos necesita para ser vivida y que la vida sin nosotros no es nada. Por eso deberíamos respetar el mundo plural que creamos y volver a él paso a paso.”escribió-). En su columna se encuentra poesía, irreverencia, humor y sarcasmo (rasgos que hacen difícil la traducción de sus obras): “España no es un desmán provinciano, sino una realidad católica donde los amos suelen ser los polancos, o sea los que más y mejor trabajan. Es decir, un cachondeo de frutas y verduras, un almacén de coloniales.”. Creatividad, sensibilidad lingüística y originalidad son los faros que alumbran su estilo, asimismo, su calidad lírica y estética. Parafraseando a Humberto Eco, Umbral era un hombre de bien: guardián del “deber ser”, ideales, y crítico de lo que “es”, realidad. Su arma: la pluma y su blanco: todos (El Gobierno, el Papa, Hollywood, etc.). “El Gobierno ha caído en el error de siempre: subir el tabaco a primeros de año (…) Se puede subir la lencería fina, ahora

que vuelve a hacerse el amor con la luz apagada, como manda el Papa Wojtyla”escribió en una columna en 1994-. Su tiempo, fue el tiempo de la Guerra Civil, de la dictadura del General Francisco Franco, de la transición a la democracia, del estado democrático de derecho, y, finalmente, de la globalización. “¿De qué he posado yo en la vida? De quinqui, de dandi, de revolucionario, todo” -dijo una vez-. En 1986 fue candidato, junto a José Luis Sampedro, al sillón F de la Real Academia Española, apoyado por Camilo José Cela, Miguel Delibes y José María de Areilza; sin embargo, fue elegido Sampedro. Además de escribir y publicar centenares de artículos, dio vida a más de ochenta libros. Su producción literaria fue su carta de presentación para ganar un sinnúmero de reconocimientos y premios, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1996) y el Premio Cervantes (2000). Entre sus libros destacan “Las Ninfas” (1975), “La noche que llegué al café Gijón” (1977), “Trilogía de Madrid” (1984), “El socialista sentimental” (1999), “¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?” (2003) y “Días felices en Argüelles” (2005). Murió, dice José Andrés Rojo, con las botas puestas (mientras dictaba su última columna). Pero revivirá cada vez que se tenga contacto con sus líneas. Desapareció de este mundo pero aparecerá gloriosamente al ser leído. “Quizá la literatura sea eso (…) Desaparecer en la escritura y reaparecer, gloriosamente, al ser leído. Por eso no hay que hacer demasiado evidente el esfuerzo del pensamiento al escribir. Para no entorpecer la resurrección de la carne que glorifica al autor cuando es leído. Toda lectura tiene, por lo menos, este doble fondo. Hay una superficie de prosa, de ideas, y debajo, como figura inmoviliza dentro del hielo, está el autor”, escribió en

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“Mortal y Rosa”. Umbral, espíritu indómito, haz dejado un tesoro literario en tus líneas. Al escribir te conociste a ti mismo y anunciaste nuevos tiempos.
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EL OLOR DE TU SALIVA QUE ME REPTA/Jack Farfán Cedrón Si algo vibra en mi lengua, es tu saliva caliente; si algo cae, no es una flor que derrama su perfume en un basurero que amanece como todos los hombres. Somos diamantes en la oscuridad de un cielo inundado de llamas, somos todo lo que crece y cae antes del amanecer. Buscas la sombra o un alivio que te proteja las tetas untadas de esperma por alguna verga que ha desaparecido en un vientre que duerme al costado de tu sexo; buscas ser un pecho que flota, un paño para tu propio rostro de perra que vuelve y brilla en los ojos. Ante mí, gimes, me acaricias; eres un lunar perdido en la noche. No puedes apagar la luz que te nombra, como un viejo relato que se escribe en un sueño. No puedes calmar nada con esa sonrisa que más parece un llanto que te sacude. Y me sacude. Una vieja verga apurada cumple su tiempo pagado, taladrándote los ovarios. Una o dos vergas por noche. Apenas puedo alargar mi lengua hasta tu garganta y, ya veo, todo renace en las salivas que se juntan y se secan en el piso tachonado de lágrimas y semen y culpas y monedas que sudan.

Bibliografía
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UMBRAL, Francisco. “Eugenio d´Ors”. El Mundo. (28 de julio de 2007). Internet. www.elmundo.es . Acceso: 30 de agosto de 2007 ------------ “Azorín”. El Mundo. (27 de julio de 2007). Internet. www.elmundo.es . Acceso: 30 de agosto de 2007 ------------ “Los veranos”. El Mundo. (27 de julio de 2007). Internet. www.elmundo.es . Acceso: 30 de agosto de 2007 ------------ “Decíamos ayer”. El Mundo. (25 de julio de 2007). Internet. www.elmundo.es . Acceso: 30 de agosto de 2007 ------------ “La paz fría”. El Mundo. (20 de julio de 2007). Internet. www.elmundo.es . Acceso: 30 de agosto de 2007 ------------ “El tabaco”. El Mundo. (3 de enero de 2007). Internet. www.elmundo.es . Acceso: 30 de agosto de 2007
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VERDÚ, Vicente. “El seductor sin género”. El País (29 de agosto de 2007). Internet. www.elpais.es . Acceso: 30 de agosto de 2007
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Poesía

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La noche en que me miras y no sabes si reír o asustarte. La noche en que me miras y dejas que mi lengua atraviese tu garganta. La noche en que me abrazas ante este corazón enfermo que se embriaga y duerme los domingos, después de una muerte de esas tantas que suele visitarme sin tus nalgas o tu lengua, sin tus piernas suaves como putas suaves que esperan que la noche les alivie la entrepierna fría. Me acechas tras la gente, vestida de gente. Me acechas, ya fuera de ese lugar oscuro, alguna noche que vendrá, como tu lengua que me hace vomitar en una madrugada podrida sin ti.
De La Hendidura del Vacío , [2006-2007], en proceso.

ESCORPIO-APROXIMACIONES A LA CREATIVIDAD LITERARIA, DE MIGUEL GARNETT/Jack Farfán Cedrón

RESEÑAS

Todo acto creativo es para Miguel Garnett (Londres, 1935), un acto conflictivo y violento. Según lo elucida en estos ensayos bien documentados con no menos citas que entrecomillados para e l f i l ó s o f o Cajamarquino Mariano Ibérico, quien aparece en todos los ensayos reunidos bajo el título de EscorpioAproximaciones a la Creatividad Literaria, disertados como una caótica explosión primigenia -el Big-Bang-, postulado por el astrofísico George Anthony Gamow, que origina el Little Bang, que no es otra cosa según Garnett- que la chispa que enciende el motor de la creación, en esas mentes frustradas, y hasta casi dementes. El impulso interior o insight que da origen a esa explosión caótica entendida en Escorpio como el élan vital o fuerza propulsora, “vital”, en este Gran Teatro del Mundo, muchas veces está plagado de perros y dragones interiores que merodean la ciudad, emparentando a muchos de ellos con los hilos vasculares de la ciudad, la matriz creadora de las novelas -según Vargas Llosa-, y más bien la poesía está enmarcada más a un ámbito agrícola, según he entendido en estos ensayos. Esa fuerza creadora y rebanadora del seso literario, ese movimiento en potencia radiactivo, esa contaminación que inunda de creadores a las ciudades, es la que

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ronda luego del fenómeno del Big-Bang: la gran explosión cósmica de hace billones de años, muy buena símil de la gran explosión de la mente al crear. No podemos excluir ciertos desmanes que desembocan muchas veces en la locura, hija de de esos conflictos interiores. El autor mismo de estos documentados ensayos manifiesta en uno de ellos, de que su mayor eficiencia creativa es inversamente proporcional a su escasez de tiempo para la misma; su inspiración va in crescendo -sostiene- en momentos en los cuales el tiempo apremia, y que por ende la inspiración es un arrebato violento no menos carente de fuerza emotiva que de intranquilidad. De más largo aliento es el ensayo Un Centenar de Autores, y es una suerte de recorrido y biografía sintética a través de la historia de grandes escritores, comenzando con los filósofos como Heráclito, Platón, Sócrates; el florentino Dante; pasando por los ingleses como Wilde, Carlyle, Swift, Shelley; latinoamericanos como Gabriel García Márquez; los norteaméricanos Steinbeck o Faulkner; los franceses como Sthendal y Hugo; entre otros grandes escritores, todos ellos de carácter conflictivo, que me han sembrado la interrogante: ¿el genio está hecho de sus conflictos personales?. El silencio productivo -sostiene Garnettemparentado con el espacio más que con el tiempo, da cabida a los momentos más sublimes para el creador, quien, a ciertos arrebatos usa a veces la vulgaridad, valiéndose de ella de un modo que casi siempre cuando no se usa en el momento preciso excede cánones estéticos que ponen en riesgo la musicalidad del texto, más aun, la belleza. A sus 72 años, el Padre Garnett -como todos lo conocemos en Cajamarca-, aún no declina su entusiasmo por la literatura y por diversos oficios multifacéticos (karateca, pintor, dramaturgo, etcétera); él prefiere más bien creer en un Dios

“jugador” que en uno serio y mandón; pero no llegando a extremos como la frase acuñada por Nietzsche: “Dios ha muerto”; y –dice en Escorpio– “Mi gusto es de la obra larga y el trago corto, no al revés”. Disímiles oficios llenan su vida activa en esta sierra clara y a pesar de ser -como él lo manifiesta-: “provinciano, inmigrante y cura”, me atrevo a afirmar que ni las distancias ni la barrera idiomática, ni mucho menos ideológica son impedimentos para que un escritor pueda demostrar a los lectores que -cito a Garnett- “Cualquier trabajo de esta naturaleza (Escorpio) es como un iceberg; noventa por ciento del esfuerzo, de las experiencias y de las influencias personales y literarias, se encuentran debajo de la superficie de mi memoria”.
*Referencia bibliográfica: Garnett, M. 2007. ESCORPIOAproximaciones a la Creatividad Literaria. Ediciones El Santo Oficio. Lima-Perú. 216 pp. __________________ Jack Farfán Cedrón, Piura, Perú, 1973. Ha publicado Pasajero Irreal y Vironte , en 2005; en 2006, Cartas, parte del libro La Hendidura del Vacío y selecciones de los libros La Luz de la Certeza, Ángeluz, Series Absurdas y Antisueños, en apariciones mensuales de la serie de plaquettes Al Castor; y en 2007, Ángel, Las Ramas de la Noche y El Leve Resquicio del Amor. Reside en Cajamarca, desde donde esporádicamente publica artículos, cuentos, reseñas y poemas, en sus blogs: Pasajero Irreal, El Águila De Zaratustra y Cuadrumano; además trabaja en un decimoctavo libro de poesía y edita la Revista electrónica Exquioc .

Viñetas: Inspiración: http://perso.wanadoo.es Ojos: http://www.motivos-tatuajes.com Lira: http://www.badosa.com Papiro: http://www.educastur.princast.es
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