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POLITICAS AMBIENTALES EN EL PERÚ

En esencia, las políticas promueven lo siguiente:

Regular y fomentar la inversión pública en servicios del ecosistema. Por ejemplo, en el sector de agua y
saneamiento, se han asignado USD 30 millones para garantizar el abastecimiento de agua de las ciudades
conservando al mismo tiempo las cuencas de agua.

Aprobar una Estrategia Nacional para el Cambio Climático y los Bosques, con el objetivo de determinar las
principales amenazas a los bosques del país y desarrollar planes que las combatan. El enfoque de “producción y
protección” tiene como objetivo lograr un uso más eficiente de los terrenos ya deforestados y al mismo tiempo
evitar que se talen más árboles. La estrategia también le permitirá a Perú atraer fondos internacionales para la
conservación forestal provenientes de Noruega, Alemania y Estados Unidos.

Brindar una guía oficial para desarrollar compensaciones de biodiversidad en los ecosistemas andinos. La guía detalla
el proceso para evaluar la pérdida potencial de biodiversidad ocasionada por la minería, las represas hidroeléctricas
y la construcción de caminos, y crear compensaciones regionales a fin de asegurar que no haya pérdidas netas de
biodiversidad.

Un enfoque unificador

Uno de los objetivos de las nuevas políticas es ayudar a los pequeños agricultores a hacer un uso más eficiente de la
tierra, a hacerla más productiva y sostenible, y disminuir la necesidad de deforestar más terreno. Una intervención
tal, en consonancia con la política nacional, debe también realizarse a nivel local y regional.

Jenkins agregó: “Nuestra estrategia no puede reducirse solamente a salvar los bosques. Hay muchos habitantes en la
zona que dependen del ecosistema para obtener su sustento. Se necesita un enfoque tanto de protección como de
producción, y hay que ofrecer alternativas a la minería de oro ilegal y a las plantaciones ilegales de aceite de palma.
Eso será difícil porque ambas actividades son altamente lucrativas”.

Sin embargo, hay maneras de lograrlo, según los expertos. Si se implementaran y cumplieran en forma justa
(grandes condicionales en un país como Perú), las nuevas políticas podrían brindar incentivos a los habitantes locales
empobrecidos para trabajar los terrenos ya degradados o deforestados, sin necesidad de tocar bosques intactos y de
gran biodiversidad.

Variaciones regionales

Luis Fernández, ecologista y director del Proyecto Carnegie de Mercurio en la Amazonía, cree que las nuevas
políticas nacionales son muy positivas, pero piensa que pueden tener mayor impacto en la región occidental de los
Andes, donde la mayor parte de las empresas operan de forma legal, que en las zonas remotas de la Amazonía
donde los estados tienen distintos niveles de estabilidad política y social.

“En el norte del país (como los departamentos de Loreto y San Martín) están las poblaciones más antiguas”, dijo
Fernández, quien ha investigado mucho la cuestión de la minería de oro ilegal en la Amazonía peruana. “Las
instituciones son muy antiguas. Los habitantes han vivido allí durante muchos años, y los políticos buscan soluciones
para las problemáticas que existen en la zona”.

No obstante, en el sudeste del país, en el departamento de Madre de Dios, una de las regiones de Perú más
vulnerables y vitales ecológicamente hablando, no hay control alguno. El gobernador regional Luis Otsuka no solo es
minero, sino que fue presidente de la Asociación de Mineros Artesanales. En este rubro, es común que los mineros
operen sin licencia, no cumplan las normas y no paguen impuestos.

“Él quiere cuidar a su gente, y su gente son los mineros”, dice Fernández. “Pero ese tipo de actividad hace mucho
daño al ambiente. Es un problema grave, y muy difícil de combatir”.
Otro hecho que contribuye al problema es que gran parte de la población de ese departamento es inmigrante, es
decir, se trata de trabajadores que se instalan en la región de forma temporal y luego, cuando el trabajo termina, se
van. Por lo general cobran sueldos bajos y hacen trabajos forzados. No tienen conexión alguna con la tierra, la
cultura o las tradiciones indígenas, y les importa poco la salud de los bosques y los ecosistemas.

“Implementar las soluciones que se proponen requiere cierto vínculo social”, explicó Fernández. “Suena un poco
raro, pero eso explica por qué fracasan tantos proyectos”.

Ortiz, del Fondo para la Amazonía Andina, dijo que el presidente Kuczynski quiere modernizar al país en parte
mediante la reestructuración y racionalización de normas para el desarrollo. El presidente ya dio a entender que la
polémica mina de cobre Tía María, en la región sureña de Arequipa, tiene su aval para avanzar, a pesar de haber sido
fuertemente resistida durante seis años por la comunidad agrícola. Los agricultores sostienen que la mina destruirá
un valle fértil que da sustento a 15 000 familias.

“Tenemos la esperanza de que mejorar el país y la economía no signifique dar la espalda al medio ambiente”, dijo
Ortiz. “Sería un gran error hacerlo. Sabemos que [Kuczynski] se preocupa mucho por el cambio climático, y que cree
que es una problemática que hay que atender, pero no sabemos todavía qué hará al respecto”.

Jenkins, de Forest Trends, quien tuvo participación en las políticas ambientales que se aprobaron, admite que hay
riesgos y reconoce lo que está en juego. “Hay muchas partes interesadas, pero francamente, no hay otra forma de
hacerlo”, comentó en relación al impacto del cambio climático. “Es como si estuviéramos corriendo una maratón.
Hay que seguir corriendo porque se acaba el tiempo”.