Está en la página 1de 8

San Francisco regis clet

Santo vicentino

Juan Sebastian rios guarin

Seminario interno 2020


Villa paul- funza
SAN FRANCISCO REGIS CLET

Desde los inicios de la Congregación de la misión, San Vicente de Paul, fundador, tenía
el deseo de que la pequeña compañía se extendiera hasta los lugares más remotos,
habitados por los más pobres y sencillos de la sociedad; su deseo se hizo realidad en
algunos cuantos países distintos a Francia durante su vida. Sin embargo su muerte no
significo la muerte del crecimiento y la expansión de las misiones de la Congregación;
poco a poco la pequeña comunidad se fue expandiendo a nuevos territorios donde
realizaba su laboriosa misión con los predilectos de Dios.
En esta oportunidad nos situaremos en el siglo XVIII y XIX, cuando la comunidad llego
al sitio de misiones más exigente de la cristiandad, China, tras la disolución de los
Jesuitas, la Congregación de la Misión tomo las riendas de aquellos lugares misionales.
En China surgieron múltiples dificultades para la expansión y permanencia de la fe
cristiana, sin embargo en medio de ella también se consolidaron múltiples entregas
de amor y fe en la corona del martirio, llegando muchos de ellos a los altares y dejando
la semilla viva y sólida de la fe entre los chinos.
Entre tantos Martiries, de las numerosas congregaciones religiosas que llegaron a
China se encuentra San Francisco Regis Clet de la Congregación de la Misión o padres
Paules, hoy día insigne figura de Santidad en la pequeña compañía.

INFANCIA Y JUVENTUD
Nació el 19 de agosto de 1748 en Grenoble Francia, en los Alpes franceses, en el seno
de una familia de estatus medio. Su papa de nombre Cesáreo, se dedicaba al comercio
de telas, Claudina su madre se dedicaba a los quehaceres de la casa; sus hermanos
constituyen una familia bastante numerosa, ya que son 15, de los cuales uno era
monje Cartujo y una era Carmelita. Francisco es el décimo hijo de la familia.

En el gran colegio de Grenoble realizo sus primeros estudios, dicho colegio era
dirigido por los Jesuitas, posterior a los estudios primarios entro en el seminario
menor de los oratorianos, durante sus estudios conoció un misionero de la pequeña
compañía que realizaba las tradicionales misiones en los alrededores, motivado por su
testimonio manifiesta el deseo de ingresar en la Congregación.

EL CAMINO EN LA CONGREGACION.
El 6 de marzo de 1769 ingreso en el seminario Interno de la congregación en Lyon, la
ciudad más cercana a su pueblo natal. Terminado el Seminario Interno en 1771,
específicamente el 18 de marzo emitió los votos y se incorporó a la Congregación; su
proceso formativo continúo con normalidad y se ordenó sacerdote el 27 de marzo de
1773, por manos del obispo Bron, auxiliar de Lyon.
Después de su ordenación como es tradición, paso unos días en su casa, regreso a
Lyon donde le esperaba la designación de su nuevo oficio, el superior general le
designo profesor del seminario de Annecy, fundado desde tiempos de San Vicente.
Se desempeñó como profesor de teología moral y fue tan alto su desempeño
académico que los sacerdotes de la diócesis le denominaban “biblioteca viviente”,
paso 15 años en el seminario y fue pedido como superior del mismo por el obispo,
mons. Biordky
Sucedió en 1778 la muerte del superior general, por lo que fue elegido para
acompañar al Visitador provincial a la asamblea general, tal era la estima y la buena
fama de la que gozaba. Tras la elección del nuevo superior general, fue nombrado por
el mismo como director del seminario Interno en Paris, cargo que desempeñó durante
11 años hasta 1789.
Su periodo de director estuvo marcado por los abundantes frutos que se evidenciaban
en los seminaristas, que siempre lo veían como un hombre cercano, pero que a la vez
poseía el necesario carácter para la formación.
En 1789 la revolución francesa hizo su estrago en la comunidad, San Lázaro, la casa
madre donde funcionaba el seminario fue invadido por los salteadores, quienes
despilfarraron y dejaron sin provisiones la despensa de la casa, alimentos que eran
utilizados para asistir el hambre de los pobres, tras llevarse todo lo que encontraban a
su paso prendieron fuego a la casa que quedo casi destruida. Esta devastadora
situación causo la dispersión de los seminaristas y los padres de la compañía, que
poco a poco se reunieron días después.

LA MIRADA EN LA MISION DE CHINA


Dos años después de lo ocurrido en San Lázaro, en 1791 tras la disolución de los
Jesuitas que atendían la misión en China, el papa y el rey de Francia pidieron al
superior general de la compañía asumir la misión en China, sustituyendo a la
comunidad disuelta. Francisco había pedido ya al superior general su envió a la misión
de China, siendo esta denegada por el superior general, en esta ocasión por cuestiones
de tiempo en la salida de la expedición misionera, uno de los designados por el
superior general no pudo llegar; ante esta situación Francisco insistió nuevamente al
superior general, que le enviara a la misión, quien finalmente se vio obligado a
aceptar.
Ante la premura del tiempo Francisco no pudo despedirse en persona de su familia,
que para aquel tiempo se encontraba en tal situación:

Los padres de nuestro misionero han muerto: Cesáreo Clet en 1783, y su esposa
Claudina Bourquy en 1787. Así que es María Teresa su hermana mayor a la vez
que madrina, a quien escribe Francisco para comunicar la gran nueva de que
parte rumbo a China. Comprende que esta perspectiva imprevista va a
sorprenderla dolorosamente, no menos que a toda la familia, pero está tomada su
resolución, con fecha 10 de mayo de 1791, le escribe “no te propongas apartarme
de este viaje, pues mi resolución está tomada y solo la imposibilidad de tomar el
barco puede detenerme. Lejos de disuadirme, debes felicitarme porque Dios me
ha concedido el favor insigne de trabajar en su obra…”1
El viaje a la China empezó primero unos días en carrosa dentro de Francia,
hasta llegar al puerto donde partiría hasta Macao China, el viaje que tardo cerca
de 3 meses, no tuvo contratiempo, fuera de los mareos que le causaba el
movimiento de las olas al Padre Clet.

DESARROLLO DE LA MISION EN CHINA


Con 43 años Francisco se instala en China con el nombre de Lieu, para no ser
descubierto como extranjero y se enfoca en conocer al grupo de cristianos que
tiene en su provincia de misión. La primera dificultad para el misionero es el
idioma, ya que está estructurado en cientos de caracteres con diferente
significado, apenas si puede comunicarse básicamente con los cristianos.
La misión en la china tiene diversas características que hacían de ella todo un
reto, el primero de los problemas es la geografía, múltiples montañas y valles
cubiertos de bosques y peñascos, en los que se encuentran las poblaciones a
varios días de camino, el segundo problema es que los cristianos están
dispersos por todo el territorio, es decir que en cada aldea pueden haber 5 o 1,
el tercer problema es que el número de misioneros no es suficiente, el Padre
Clet se encuentra solo en los primeros años de misión y el último de los
problemas es la pobreza, además de la ignorancia de las gentes que dificulta la
labor evangelizadora.
En medio de todas estas situaciones adversas el Padre Clet es un hombre de
ardiente celo misionero, sus giras misionales lo desgastan rápidamente, los
estrechos caminos y el frio de las noches le causan múltiples dolencias, pero
aun en medio de ellas, no descansa y nunca duda en asistir a un enfermo

Durante 1795 a 1820 el Padre Clet recibió el refuerzo de 8 sacerdotes Chinos


para la realización la misión

1
Sylvestre, Andres. Francisco Regis Clet. Biografia y correspondencia. CEME. Salamanca. 2000
LA ESTIMA AL PADRE CLET
Francisco goza de excelente aprecio entre sus fieles y sus compañeros sacerdotes, la
sencillez y la mansedumbre del misionero, hacen de el un hombre cercano y dispuesto
a darse en todo a los demás, esto hace que su reputación sea gozosa, en sus días he
incluso muchos años después de su muerte. Debe resaltarse también que la sencillez
del Padre Clet y la figura que representa entre los cristianos, se debe también gracias a
su ejemplo, la coherencia de vida hace que el mismo sea el primero en actuar según
sus palabras, factor que no pasaba de improviso entre quienes lo conocían y que por
ende le tenían una venerable admiración. Así lo descubrió el Padre Salvan, misionero
que en 1863 escribía de Francisco Regis:
Nuestro venerable mártir el señor Clet gozaba en vida de tal reputación de
santidad, que cristianos y paganos recurrían a él en las desgracias
privadas y públicas. Se cuentan varias maravillas fruto de sus oraciones.
Como ya se dijo después de su muerte la veneración y el respeto que le
tenían no murió con él, ni siquiera en sus pertenencias: “después de su
muerte los cristianos recogieron con piedad filial los objetos que le habían
pertenecido y los tenían por reliquias”2.

PASTOR DE PASTORES
La buena fama de la que hablamos anteriormente que posee el padre Clet, se evidencia
también en su labor como superior de las misiones en la región, es supremamente
cercano y apacible con los misioneros, especialmente con el Padre Song, con quien
muestra una afinidad mayor, ya que comparten las giras misioneras, no juntos, sino en
la misma región y se ven constantemente.
El padre Clet consulta con regularidad al padre Song sobre las decisiones que se van a
tomar, no es autoritario, pero si posee el debido carácter para mantener las
situaciones bajo control.
Por otra parte mantiene una preocupación constante por la salud del padre Song y en
reiteradas ocasiones le pide parar su labor misionera para dedicarse al descanso del
cuerpo y su recuperación.
En las cuestiones espirituales el Padre Clet instruye al padre Song que es escrupuloso
en su espiritualidad, tanto así que si tenía un pensamiento distinto a Dios durante el
oficio divino, se sentía obligado a volver a comenzar y en una carta de 1807 le
recuerda: “consérvese siempre en la piedad; pero siempre recuerde que la verdadera
piedad no es escrupulosa…”3

2
Ibid. Pg. 77
3
Ibid. Pg. 85
EL INICIO DE LA PERSECUCION

Era el año 1811 cuando se empezó a extender un falso parecer frente a los cristianos,
pensando que querían por medio de los sacerdotes apoderasen de los poderes de las
provincias chinas desde Europa: “Los mandarines vieron un plan de los europeos,
para sustituir a los gobernantes de las ciudades por hombres de su elección”4
El estallido de la persecución a los cristianos se desato el 14 de mayo de 1818, en un
escenario un tanto dramático he inusual; un fenómeno natural se produjo en Pekín,
una densa niebla se apodero de la ciudad por algunas horas oscureciéndola en pleno
día y fue tomado por el consejo del emperador como un signo que anunciaba una
desgracia venidera y no encontraron más culpables que a los cristianos: “como nadie
encuentra solución a estas cuestiones, se acusa a los cristianos de provocar estas
amenazas del cielo, los consejeros del emperador son del parecer que deben lanzarse
las persecuciones contra los cristianos y los misioneros”5

“ES MEJOR VIVIR QUE MORIR POR LA GLORIA DE DIOS”6


En principio la persecución no se propago de manera dramática o violenta, pero poco
a poco fue tomando fuerza hasta llegar a los alrededores del lugar de misión de
Francisco, esto condujo a que el misionero empezara a cambiar de residencia
continuamente y se mantuviera en los sótanos y lugares escondidos. El padre Clet no
tenía miedo a ser arrestado, su celo misionero y el amor por sus ovejas, como él
llamaba a sus cristianos, lo llevo a concluir que hacía más estando vivo que muriendo,
pues si moría no podría continuar extendiendo el reino de Dios en china y la
posibilidad de que alguien le remplazara era remota dadas las circunstancias de la
persecución.

EL APRESAMIENTO

El padre Clet fue arrestado el 16 de Junio de 1819 en Kin-Kia-Kang, aldea donde se


refugió por más de 6 meses, con una familia de cristianos que le recibieron; hasta
aquel lugar llegaron las tropas a apresarlo, guiadas por información de un hombre
que le tenía odio a los misioneros y que por la ambición del dinero se dedicó a dar
información sobre los cristianos.
Durante su primer llegada a prisión le propinaron 30 azotes con corres de cuero a lo
que respondió el padre Clet: “Hermano mío, ahora tú me juzgas, pero dentro de poco

4
Ibid. Pg. 95
5
Ibid. Pg. 97jf
6
Ibid. Pg. 91
mi señor mismo te juzgara”7; ante esta repuesta el padre Clet recibió otros 30 azotes
en la cara, quedando desfigurado.
En las investigaciones que se realizaron acerca de la vida de Francisco se descubre
que en los días en que iba a ser arrestado, tenía conocimiento de ello y que el mismo
día de su prendimiento, un ángel en sueños le dijo mientras dormía levántate que
llagan quienes te buscan.

Durante los meses que paso cautivo el padre Clet paso por 27 cárceles diferentes, que
el narra son frías y deplorables, sin embargo el misionero y los cristianos arrestados
encuentran un alivio en su estadía tras las rejas, ya que los mandarines que los tienen
a su cargo se muestran benevolentes y apiadados de ellos, permitiéndoles comida
fuera de la habitual y múltiples visitas. Sin embargo a veces recibía azotes y castigos
que le desfiguraban: “me honraron en varias ocasiones con una treintena de bofetadas
y de tenerme arrodillado durante tres o cuatro horas sobre cadenas de hierro”
Su estadía en prisión lo ponía en constantes horas de interrogatorios para
investigarle. Sucedió que con ayuda de las declaraciones del padre Clet y uno de los
que vendía información acerca de los cristianos los mandarines descubrieron el lugar
de residencia permanente del padre Clet y fueron a investigarlo, el el encontraron una
carta del padre Lamiot superior en Pekín, quien posteriormente fue arrestado.
De esta manera el padre Clet se encontró con su superior en un juicio de indagatoria,
en el el padre Lamiot fue dejado en libertad pero obligado a abandonar Pekín, el padre
Clet pasa todavía por otros interrogatorios, hasta que finalmente la sentencia final la
dicta el emperador desde Pekín, ordena la muerte inmediata del padre Clet o Lieu
como le conocían, bajo el motivo de haber incitado a la población china a creer y
proclamar una fe prohibida.

La noche del 17 de febrero de 1820 el padre Clet fue sacado de su prisión y llevado a la
montaña roja, como le conocían al lugar de las ejecuciones. Antes de salir oro con los
cristianos que estaban en la celda con él y les pidió no estar tristes, sino alegrarse
porque el entregaría su vida por Cristo, recibió también la absolución de un sacerdote
que estaba en prisión. Con mucha serenidad y paz el padre Clet se dirigió con los
verdugos, antes de ser atado a un árbol pidió hacer una oración, se confió en las
manos de Dios y se entregó a los soldados, ellos lo ataron al árbol, le pasaron una
cuerda por el cuello y le estrangularon.
Al dia siguiente los Cristianos pagaron a los soldados por las pertenencias del padre
Clet y las guardaron como reliquias, posteriormente son trasladadas a Pekín. El
cuerpo fue enterrado en el lugar de los condenados, los cristianos reunieron un botín

7
Ibid. Pg. 103
y pagaron a los soldados para que permitieran llevar el cuerpo del padre Clet al
cementerio de los cristianos, donde estaban enterrados antiguos misioneros.
Después de su muerte los cristianos le seguían teniendo profunda reverencia y se
encomendaban a él, además de pedirle su intercesión por múltiples necesidades, las
cuales se veían escuchadas, de esta manera su veneración y devoción a él se extendió
rápidamente.
En 1868 los restos del padre Clet fueron exhumados y llevados a Paris, esto causo
gran inconformidad entre los cristianos que se sentían protegidos por la presencia en
su tierra del cuerpo del venerado padre Clet.
El camino a los altares inicio pronto después de su muerte en 1843, para el año 1900
los resultados fueron fructíferos y Francisco fue declarado Beato por el papa Leon XIII
el 27 de mayo, junto a otros 77 mártires en China, finalmente el proceso termino el 01
de Julio del año 2000, cuando Juan Pablo II lo canonizo junto a otros mártires de
China.