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V I S O R revista literaria

Nº1- Sep./Dic. 2014

Reseñas: Ítalo Calvino / Ángel Zapata Ensayos: Raymond Car-


ver / Mario Benedetti / La importancia de un buen título Crea-
ción: Carlos Piélago / Adolfo Marchena / Alfredo Ruiz Is-
las / Daniel López Monterrubio / Adrián Magro de la Torre
© Revista Literaria Visor
Depósito Legal TO 769-2014
Contenido
ISSN 2386-5695
Revista Literaria de difusión cuatrimestral

Dirección:
Noel Pérez Brey
www.perezbrey.com
perezbrey@gmail.com
Editorial.......................................................... 3
Consejo Editorial:
Vega Pérez Carmena Reseñas........................................................... 4
Noel Pérez Brey
Por último, el cuervo. Ítalo Calvino................... 5
Imágenes:
Portada: Glenn Arango La práctica del relato. Ángel Zapata................. 6
Contraportada: Hannia Bejarano
Contenido: Marco San Martín/Fuente: Flickr; Reseñas: Ensayos........................................................... 8
Yosigo/Fuente: Flickr; Estudios: McMorr/Fuente: Flic-
kr; Creación: Liroy Blacy/Fuente: Photobucket. Plumas: incapacidad para encarar el cambio y
simbología en la obra de Raymond Carver, por
Diseño: José Luis Fernández Pérez................................. 9
Noel Pérez Brey
Réquiem con tamales, por Jhon Benavides...... 20
El arte de emplatar un cuento. Cómo elegir un
Esta revista se edita desde Toledo (España) a través de la si- buen título, por Diana P. Morales.................... 27
guiente dirección:
www.visorliteraria.com Creación........................................................ 30
Puede ponerse en contacto con nosotros en la siguiente direc- Último convoy, por Carlos Piélago................... 31
ción de correo electrónico: La sombra de Nabokov, por Adolfo Marchena...
visorliteraria@gmail.com
............................................................................. 37
Hoy como ayer, por Alfredo Ruiz Islas............ 44
Todos los textos e imágenes publicados en este número son Estación Copilco, por Daniel López Monterrubio.
propiedad de sus respectivos autores. Queda, por tanto, prohi- ............................................................................. 52
bida la reproducción total o parcial de los contenidos de esta
publicación en cualquier medio sin el consentimiento expreso El beso, por Adrián Magro de la Torre............ 57
de los mismos. Por otro lado, esta publicación no se respon-
sabiliza de las opiniones o comentarios expresados por los Colaboraciones.............................................. 66
autores en sus obras.
EDITORIAL

El camino hacia
el relato

Lo primero que conviene dejar claro es que nuestra revista se centra en el relato
corto. Por supuesto, nos encanta la novela, el teatro, la poesía, pero el cuento pa-
rece presentarse casi de forma intrínseca con el habla en el ser humano. De hecho,
el relato, en sus orígenes históricos, deriva en principio de la simple conversación:
en el momento en que el hablante sorprende a su interlocutor con una historia,
con un repentino cambio en el curso normal de la vida, ahí tenemos el germen
de un cuento. Podríamos decir, obviando las enormes diferencias, que es en cierta
manera lo que hacemos cada día al detallar los hechos reseñables de la jornada a
nuestra familia, amigos o a cualquiera que tenga a bien escuchar. Aunque no hay
que confundir de modo alguno la simple anécdota con el cuento. Y esto es de capital
trascendencia. Todo relato supone siempre un cambio, presenta un conflicto, y el
autor busca producir una reacción en el destinatario de su obra. No obstante, esa
respuesta debe proceder a nuestro juicio de la misma narración, pues es la historia
lo que importa de verdad.
De ahí que hayamos denominado a la revista con el título de uno de los cuentos
más reconocidos de Raymond Carver, Visor, ya que entendemos que el lenguaje,
el estilo, los detalles deben estar al servicio del relato, y nunca considerase mera
excusa para mostrar la amplia cultura del artista, ni su extenso vocabulario o su
Reseñas
perfecto dominio del idioma. Un lenguaje claro, directo, sin estridencias innece-
sarias, nos hace prestar la debida atención a los personajes, a sus conflictos, a la
historia que necesitan contarnos.
Eso es lo que pretendemos compartir con nuestra publicación, cuentos atra-
yentes, rebosantes de literatura y personalidad, no cabe duda, pero en los que la
historia sea el principal foco de interés.
Por otra parte, tenemos presente que para alcanzar este objetivo, el autor ha
desarrollado un laborioso trabajo previo. Así explicamos nuestras distintas seccio-
nes. Todo escritor es desde luego un buen lector. Por ello, en las reseñas intenta-
remos acercaros no solo obras actuales, sino de cualquier época, siempre que estén
relacionadas con los distintos aspectos concernientes al relato corto. Asimismo,
consideramos que el artista debe profundizar en su arte, empaparse de las técni-
cas y las destrezas de aquellos autores a quienes admira, y ésa es la razón de los
ensayos. Nuestros artículos desgranarán, entre otros asuntos, los procedimientos
empleados por los maestros del género, los diferentes recursos narrativos, las
obras más influyentes. Lectura, estudio, trabajo. Éste es, en definitiva, el camino
a la creación de un cuento. Bienvenidos.

Noel Pérez Brey

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RESEÑAS RESEÑAS

Por último, el cuervo juegos de niños son un simulacro de sus


vidas como adultos, cuando también
se expone lo más descorazonado del
alma humana. Pues el hombre es daño-
mos reconocernos en estos personajes
con facilidad. Pero al mismo tiempo
Ítalo Calvino convivirán con sus hermanos, con sus so con sus iguales. Y la presentación de tenemos la capacidad para pensar otra
mujeres, con sus hijos, con sus vecinos esa naturaleza humana dañina se pue- vida mejor y además hacerla realidad.
Una colección de 30 relatos escritos
y es cuando realmente odian, y cuando de obtener una lección, a saber, que la Vivir implica actuar y entonces actuar
en los años posteriores a la Segunda
el daño que provocan en sus iguales está vida de las personas tiene un valor muy es algo que está irremediablemente en
Guerra Mundial, en los que se describe
muy unido a la muerte. A la sazón son importante, ya que son protagonistas nuestras manos. Los seres humanos nos
con un absoluto realismo la condición
cuentos de adultos, y de aquello que son; principales de la mejora de la vida de distinguimos de otros seres por nuestra
humana. Dentro de un contexto favora-
unos agricultores, otros soldados, o ta- toda una sociedad. El comportamiento capacidad para decidir sobre las conse-
ble a la exposición de lo despiadado del
berneros, hijos holgazanes, mujeres de de un individuo es crucial dentro de una cuencias que adquirirán nuestras obras.
ser humano: un ambiente de posguerra.
sus maridos, prostitutas, viudas. sociedad. Tanto para bien como para Tenemos en estos relatos una opor-
Cuentos en los que se narra el proce-
Depende de cada uno de nosotros ha- mal. Aquí no se trata el mal como algo tunidad inestimable de asistir a la des-
der cruel de hombres contra hombres.
cer que la vida adquiera un perfil más que le sobreviene al hombre y en lo que cripción del ser humano. Sugiero que
Disputas de unos contra otros donde el
amable y más soportable. Es más pro- no interviene. Si no que el mal nace por la actitud ante la lectura de estos sea
hombre muestra su naturaleza ante
vechoso para un conjunto de hombres mediación directa del hombre, que en el constructiva y positiva. No olviden que,
todo lo que le hace sentir miedo, an-
que estos intenten evitar el mal, que ejercicio de vivir agrede la vida de los a menudo, lo que nos duele puede ser
gustia, dolor, soledad y también afec-
es una consecuencia directa de la ac- otros. Los seres humanos somos real- similar a los daños que causamos.
to. Aquí el individuo solo concibe su
ción humana. Del dolor no se libra ni el mente como los personajes de estos re-
vida dentro de una comunidad, que casi
que goza de una posición más cómoda. latos. No tenemos que mirar muy lejos © Vega Pérez Carmena
siempre es el área mas hostil aunque el
Por que habitualmente el mal no está para comprobar que somos así. Pode-
único posible para su desarrollo.
asignado por una divinidad o una cau-
Son cuentos de juegos inocentemente
sa superior, sino que proviene del propio
malvados de niños relacionándose con
hombre. Es fruto de su participación en
sus hermanos, con sus padres, con sus
la vida y de su instinto de superviven-
vecinos y en los que aprenden a com-
cia. La lectura de estos cuentos tiene
portarse y a tomar posiciones dentro de
que causar una reacción en el atento
una sociedad. Es
lector para mudar su voluntad de cara
en esta infancia
en la que el niño
a convivencia con los otros hombres. La práctica del relato embargo, considero importante acer-
car el texto a aquellos lectores que por
Por último, el cuervo. Es el título de
se educa en las
uno de los relatos que se incluyen en
Ángel Zapata cualquier circunstancia lo desconozcan,
costumbres de
esta recopilación y que da nombre al to- ya que no solo es uno de los libros más
una comunidad No vengo a descubrir, desde luego,
tal de la obra de Ítalo Calvino, que tra- didácticos y amenos que ha caído en mis
en la que pre- ningún autor desconocido, pues Ángel
tamos ahora y que presenta a hombres manos relacionado con los entresijos de
tende integrarse Zapata es uno de los maestros del rela-
corrientes, casi siempre en el momento la creación literaria, sino que, en mi
y al tiempo co- to actual en español. Tampoco el libro
en que sus vidas se acaban por la vo- opinión, es asimismo una obra indis-
mienza a odiar, que nos ocupa está en exclusiva al al-
luntad de otros de su misma especie. pensable para todos aquellos escritores
a distinguirse o cance de unos pocos filólogos o estudio-
Utiliza una prosa realista y ejecuta una que ahora comienzan o que pretenden
establecer es- sos. Todo lo contrario, La práctica del
exhibición literaria. Un dominio del len- profundizar en las herramientas que
Por último, el cuervo trategias de go- relato. Manual de estilo literario para
guaje magnífico para conseguir expre- convierten un texto en verdadera lite-
Ítalo Calvino bierno y coac- narradores es quizá una de las obras
sar con las palabras únicamente lo que ratura.
Ediciones Siruela ción sobre el más conocidas en castellano en cuan-
éstas significan. La lectura no da lugar La práctica del relato nos presenta,
Madrid, 2011 semejante. Los to a técnicas narrativas se refiere. Sin
a ninguna confusión; en estos episodios con la naturalidad de una conversación

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RESEÑAS

entre amigos, las reflexiones del autor herramientas o entrenamiento previo,


acerca de la práctica narrativa, sentan- pues cualquiera, «mejor o peor —como
do en las mismas unas bases sólidas, señala la introducción de la obra—, se
fiables, para que nuestros escritos se las arregla con las palabras». Nada más
desarrollen de una manera más eficaz. lejos de la realidad. El trabajo escondi-
El autor no es solo crítico o profesor, es do detrás de un texto literario es, en la
ante todo escritor. Por ello, la familia- mayoría de ocasiones, arduo, y el escri-
ridad, y también la lucha, cómo no, del tor elige con sumo cuidado cada palabra,
artista con el proceso creativo se refleja escribe y reescribe, corrige una y mil
en cada párrafo de su obra, cuyas pági- veces hasta que encuentra la fórmula
nas están repletas de sabiduría y hon- que influirá de un modo más intenso en
radez. No obstante, esta naturalidad sus lectores. La práctica del relato nos
aludida, esta sencillez en la expresión, ayuda, en definitiva, a profundizar en
no implica ni mucho menos simplicidad esta labor y a hacer de nuestros rela-
o superficialidad en los conceptos, sino tos unos textos más amenos y efecti-
que obedece a una concepción de la lite- vos, con más naturalidad y personali-
ratura que va más allá del simple ar- dad, convirtiéndose así el libro de Ángel
tificio, y al trabajo de quien, además de Zapata en una
meditar en profundidad sobre el asunto, obra imprescin-
tiene como objetivo presentar sus ma- dible tanto para
teriales de la forma más práctica y efi-
caz posible para el lector.
Como bien indica Ángel Zapata en su
los narradores
que deseen me-
jorar en su arte
Ensayos
obra, la principal herramienta del es- como para todos
critor es la palabra, y éste debe familia- aquellos intere-
rizarse con su material de trabajo (ins- sados en los se-
trumento de lo más común y corriente, cretos ocultos de
por otra parte) para que sus relatos la creación lite-
consigan en el lector el efecto deseado. raria.
Así, al igual que el escultor controla el La práctica del relato
correcto uso del martillo y el cincel, o el © Noel Pérez Ángel Zapata
pintor, sus pinceles y colores, el escri- Brey Editorial Fuentetaja
tor debe dominar sus herramientas. En Madrid, 2003
cambio, y al contrario de lo que sucede
con otras artes, parece que el narrador
no necesita ningún tipo de consejos, ni

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ENSAYOS

Plumas: incapacidad para encarar el cam-


bio y simbología en la obra de Raymond
Carver
por José Luis Fernández Pérez

Introducción
Catedral (1983), tercer libro de relatos del norteamericano
Raymond Carver, al igual que otras de sus obras, nos mues-
tra con un estilo escueto y lacónico los terrores y amenazas de
unos personajes por otro lado comunes, individuos paralizados
ante el momento en que deben enfrentarse a un cambio en sus
banales existencias.
Este es el caso de Jack, protagonista y narrador de Plumas,
primer relato de nuestra colección, un personaje incompetente
no solo a la hora de localizar el punto de ruptura o transforma-
ción en la relación con Fran, su mujer, sino también de relacio-
nar el presente con el pasado o de ser capaz de verbalizar ese
proceso de cambio acaecido.
A este respecto, la reacción de Jack es típica de muchos de
los personajes de nuestro autor, incapaces de identificar el mo-
mento de inflexión entre la felicidad del pasado y la crisis pre-
sente. En Plumas, por tanto, Carver expresa ese desconcierto
sufrido por el personaje al encarar el inexplicable cambio, la
turbación de sentir su propia historia como un hecho ocurrido
a otras personas. Jack ha reflexionado no obstante sobre su si-
tuación, acerca de cómo ha llegado al punto en que se encuentra
en la actualidad, pero se muestra inútil para encontrar solución
alguna.

«Antes y después»: la elisión del proceso de cambio


En primera instancia, la historia que nos cuenta Jack, el
protagonista de nuestro relato, es un esfuerzo indirecto de re-
construir el punto de giro de su vida, y la de su mujer, aquel
momento en que las cosas se torcieron y pasaron a convertirse
en lo que son en la actualidad desde la que el narrador cuenta
su historia.
Si nos atenemos a lo anterior, quizá una de las frases más
determinantes en nuestro relato sea ese «antes y después» (19)
que pronuncia Bud mientras sostiene la moldura que hizo el

Fuente: www.nytimes.com visorliteraria.com | 10


ENSAYOS ENSAYOS

ortodoncista antes de arreglarle los se produjo en la cena con Bud y Olla más, la idea de los puros es de Olla, la paraciones aludidas entre ‘antes’ y
dientes a Olla, al tiempo que su mu- («(…) Fran recordaba aquella noche en mujer de Bud, como quizás también fue ‘después’, entre pasado y presente, es
jer muestra satisfecha su dentadura a casa de Bud como el principio del cam- idea suya tener al bebé. relevante señalar no solo los cambios
los invitados. En este sentido, el relato bio») (30), Jack rechaza que aquella no- «Yo no fumo puros, pero cogí uno de
que Jack observa en su relación, sino
es una cadena de ‘antes’ y ‘después’, de che fuera el comienzo de su situación todos modos.
también las transformaciones en el
originales y copias, que se ensamblan actual («Pero se equivocaba. El cam- —Coge un par de ellos —dijo Bud, sa-
personaje de Fran. Al principio, nues-
unos con otros (Runyon, 1992: 139-140). bio sobrevino más tarde») (30). Nuestro cudiendo la caja—. A mí tampoco me
tro narrador y su mujer se muestran
Asimismo, ese «antes y después» es narrador parece haber pensado seria- gustan los puros. Es idea de ella» (9)
comunicativos entre sí, comparten sus
una referencia significativa a la cultura mente sobre el asunto, pero no es ca- proyectos futuros frente al televisor,
popular, tan presenta por otro lado en paz de encontrarle explicación alguna En esta misma línea, es Bud quien quieren comprar un coche nuevo, viajar
la obra de nuestro autor, y alude a ese al deterioro de la relación con su mujer, inicia a su amigo en la vida “adulta”, a Canadá. Ahora, no obstante, simple-
tipo de anuncios “milagrosos” que pro- lo que plantea cierto problema crítico, quien guía a Jack hasta el camino de mente se sientan delante de la televi-
meten un cambio radical por el mero pues no se aclara por qué se produce la la paternidad: Bud entrega a su amigo sión y no dicen nada.
hecho de usar un producto determina- ruptura entre la pareja, aunque la vida un mapa hecho por él mismo para in-
«Pero no hablo de ello (…) Con ella
do. De este modo, la imagen del antes marital, el niño, la rutina parecen ser dicarle cómo llegar a su casa, señalada
aún menos. Hablamos cada vez me-
presenta siempre una figura endeble, las causas. en la hoja por una gran X. Bud vivía a
nos, ésa es la verdad. Por lo general,
pálida, con sobrepeso quizás, en defini- Sin embargo, Jack sí reconoce una las afueras, y aunque Jack y Fran no
lo único que hacemos es ver la televi-
tiva, un aspecto no deseado, mientras conexión: hasta aquella noche en casa se habían «dado ni una puñetera vuelta
sión» (31)
que, por el contrario, la imagen de des- de Bud, ni Fran ni él se habían preo- por el campo» (12), nuestro narrador
pués muestra el estado ideal, es decir, cupado nunca por tener descendencia lo describe de forma positiva, como si Por otro lado, el pelo largo y rubio
un cuerpo tonificado, sin grasa acumu- («No teníamos niños por la sencilla a priori sí estuviera dispuesto a darle de Fran, seña indudable de su atractivo
lada, bronceado en su justa medida. Es- razón de que no queríamos tenerlos») una oportunidad a la vida de su amigo, para Jack y que la hacía parecer una
tas dos proyecciones, además, aparecen (11), y como buena parte de los niños a la vida familiar que Bud y su entorno «sueca» a sus ojos, ya no es tal. Fran se
por regla general enfrentadas, eludien- que aparecen en los relatos de nuestro representan. Fran, por el contrario, en lo cortó después de tener al bebé. Ade-
do el tiempo que ha transcurrido entre autor, éste también conlleva una sepa- primera instancia no muestra el menor más, Fran se muestra al inicio del rela-
el odioso antes y el fabuloso después. Y ración entre los padres. interés, apenas se aclara con el mapa y to como una mujer independiente: tra-
tal como sucede en estos anuncios, el En este sentido, la imagen del bebé su impresión nada más ver la casa de baja fuera de casa, bebe whisky junto a
lapso entre el ‘antes’ y el ‘después’, en- aparece en nuestro relato desde el pri- Bud es que ésta «parece un campamen- Jack y Bud en el salón de éste mientras
tre el pasado y el momento actual, está mer momento, pues es el detonante de to de vagabundos» (12). Olla termina la cena y su aspecto es to-
ausente en nuestra historia, así como los problemas de la pareja, o al menos Pero es Fran, sin embargo, quien talmente diferente al de la mujer, que
en la mente de Jack, si bien en su caso de que estos empeoren. Jack, al aceptar propondrá tener un bebé al final a Jack, se nos presenta como una ama de casa
el cambio ha transcurrido a la inversa, la invitación a cenar de su amigo, sabía si bien es cierto que éste, tras la cena en un tanto anacrónica, regordeta, con el
desde una ilusión de felicidad —acaecida que éste tenía un bebé, pero no creía que casa de su amigo, se sentía tan «a gusto pelo recogido en un moño y las manos
en la noche de la cena en casa de Bud— ese hecho fuera a cambiar la relación con casi todo lo que había hecho en la bajo el delantal; en cambio, al final de
hasta su indeseada situación presente con su esposa. No obstante, la escena en vida» (29) que no puso ningún impedi- la narración, Fran ha dejado de traba-
(Amir, 2010: 13). que Bud reparte puros a sus compañeros mento a la proposición de su esposa: jar, se ha cortado el pelo, signo de su
En esta misma línea, nuestro narra- de trabajo para celebrar el nacimiento «—¡Cariño, lléname de tu semilla!
atractivo, como hemos dicho previa-
dor, como ocurre de forma habitual en de su hijo parece representar el paso a Sus palabras me llegaron hasta los
mente, y parece dedicarse en exclusiva
los personajes de Carver, es incapaz de la madurez del ahora padre, pues, por dedos de los pies, aullé y me dejé ir»
al bebé.
identificar el instante del cambio. No costumbre, son los señores los que fu- (30) «Fran ya no trabaja en la lechería, y
obstante, mientras Fran tiene perfec- man puros, y no los chicos jóvenes; de hace mucho que se ha cortado el pelo.
En relación asimismo con las com-
tamente claro que el punto de inflexión hecho, ni a Bud ni a Jack les gustan. Es Y también ha engordado. No habla-

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ENSAYOS

mos de ello. ¿Qué podría decir?» (30)

Una copia del original


En esta misma línea, y respecto a la importancia aludida
anteriormente de la frase «antes y después», observamos que
muchos de los elementos presentados en el relato se muestran
bien como copias o en parejas, uno para apoyar al otro.
Continuando con la imagen de los dientes de Olla referida
más arriba, vemos que el molde de los dientes que la pareja
guarda sobre el televisor es una copia de la dentadura de Olla
antes de ser arreglada, es decir, el ‘antes’ es una copia, mien-
tras que, en este caso, el ‘después’, los dientes recolocados de la
mujer, es el original corregido. Asimismo, respecto a esta ima-
gen hay aún una copia más: el ortodencista, en su momento,
quiso quedarse con el molde, y aunque Olla no se lo permitió,
sí que hizo fotografías de dicho molde para publicarlas en una
revista especializada.
Por otra parte, el relato presenta una nueva copia. Olla con-
fiesa en cierto punto que, desde que siendo niña vio una foto-
grafía del animal en una revista, siempre había deseado tener
un pavo. Es decir, que el pavo real de casa de Bud y Olla es
una copia de ese animal idealizado que Olla vio de pequeña en
la revista.
Y del mismo modo, el pavo parece presentarse no ya como
copia, sino como pareja, como apoyo al simbolismo del pequeño
Harold. De esta forma, cuando Jack y Fran llegan a casa de
Bud, lo primero que les salta a la vista son los juguetes del niño
en el porche y, de inmediato, escuchan un berrido que al segun-
do les parece el de un buitre, como si esa imagen amenazante
fuera su representación inicial de la vida parental (Runyon,
1992: 139).

Fuente: www.nybooks.com
«En el jardín había una cuna y en el porche unos juguetes des-
perdigados (…) Entonces fue cuando oímos aquel horrible be-
rrido. Había una criatura en la casa, desde luego, pero el grito
era demasiado fuerte para ser de niño (…) Entonces, algo tan
grande como un buitre bajó de un árbol dando fuertes aletazos
y aterrizó justo delante de nosotros» (13)

Rarezas y simbología de lo cotidiano


A este respecto, las imágenes que venimos mostrando, ade-
más de presentarse en parejas, o como copias unas de otras, y

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ENSAYOS ENSAYOS

pese a ser imágenes extremadamente tante presente. De hecho, Fran accede pavo representa ese paraíso de la vida —No es asqueroso, Bud —protestó
comunes (un bebé, un pavo, una moldu- a que su vida cambie, rendida ya a las familiar que Jack vislumbra en casa de Olla—. ¿Qué te pasa? A ti te gusta
ra de ortodoncia), se nos revelan como bondades de la maternidad. Y si cuando su amigo. Joey. ¿Desde cuándo has empezado a
extrañas, así como cargadas de simbo- llegó a la casa no parecían gustarle los «Oí hablar de un viejo que los criaba
llamarle así?
logía. niños, ahora es ella quien insiste a Olla en el condado vecino. Aves del paraí-
—(…) Pero te aseguro que a veces me
Por un lado, como decimos, nada tie- para ver al bebé. so los llamaba. Pagamos cien macha-
dan ganas de retorcerle el pescuezo a
ne de anormal un molde de dentadu- «Me gustaría ver al niño» (21) cantes por ese ave del paraíso» (24)
ese pajarraco. Ni siquiera vale la pena
ra, pero sí es más peculiar que alguien «—De todos modos, me gustaría verle «—No los llaman aves del paraíso sin
matarlo (…) No vale un pimiento» (23)
guarde ese molde en su casa y que, para —insistió Fran» (22) razón —comentó Bud» (28) No obstante, Bud permite al final en-
más inri, lo mantenga sobre el televi- trar en casa al pavo. Olla les preguntó
sor, como un recuerdo permanente del Ahondando en este simbolismo de Para corroborar dicho simbolismo,
previamente a sus invitados si tenían
indeseado ‘antes’. lo cotidiano, encontramos que el pavo, tengamos presente que, cuando la rela-
algún inconveniente con que pasara el
animal común donde los haya, no solo ción de Jack y Fran se ha ido al traste,
«Junto al florero, sobre el tapete, es- animal, pero una vez que Fran dice que
es la mascota de la familia, sino que su o ha cambiado al menos para peor, se
taba expuesta una de las dentaduras no le importa, equivale a afirmar que
modo de actuar y de jugar con el niño nos informa de que el pavo ha muerto.
más melladas y retorcidas del mun- desea tener un bebé, que ha aceptado la
más parece la forma de comportarse de «Una noche voló a su árbol y todo ter-
do. Aquella cosa horrible no tenía la- invitación de Olla. Es entonces cuando
una mascota más corriente, un perro, minó para él. No volvió a bajar» (30)
bios ni mandíbulas tampoco, eran solo pide a la mujer coger al pequeño Ha-
por ejemplo.
los viejos dientes de yeso metidos en Y si el pájaro representa en el rela- rold, «lo dijo como si Olla le hiciese un
algo semejante a gruesas encías de co- «—Ese pavo real está loco, eso es todo favor» (27), observa Jack, y empieza a
to la felicidad de la vida familiar, este
lor amarillo» (17-18) —dijo Bud—. El puñetero bicho no sabe decirle cosas al bebé, tumbado ahora
símbolo parece hacerse más evidente
que es un pájaro; ése es su principal en sus rodillas. Es significativo en este
En este sentido, la moldura parece en el personaje de Olla. Recordemos que
problema» (29) punto que, en cuanto el pavo entra en
representar la vida anterior de Olla, su la mujer desea el pavo porque lo vio de
En esta misma línea, y como indi- niña en una revista, pero solo lo consi- casa de Bud y Olla, a Jack se le viene
existencia antes de conocer a Bud, con
camos con anterioridad, la primera gue una vez se ha casado con Bud y ha a la cabeza la imagen de unas cartas
problemas económicos y un marido al-
vez que el pavo aparece en escena lo tenido al niño. Su anterior matrimonio barajándose, como si solo fuera cuestión
cohólico que no se preocupaba por ella;
hace inmediatamente después de la fue un desastre y tengamos en cuenta de suerte que la paternidad resultara
por eso se muestra tan orgullosa al en-
descripción de los juguetes de Harold. que fue Bud y no su padre quien pudo como pretendían.
señar sus nuevos dientes, pues en su
No obstante, el animal se nos muestra permitirse pagarle la ortodoncia, es de- Asimismo, no podemos olvidar la
vida actual ya no tiene nada de lo que
bramando y es confundido en primera cir, que su situación vital no se arregló imagen que Jack, como narrador, nos
avergonzarse, se ha casado otra vez, es
instancia con un buitre, claro signo de hasta su segundo matrimonio. presenta del niño de su amigo. En un
madre, y Bud goza de una posición eco-
los sentimientos de Jack y Fran frente Por otra parte, Bud, en contrapo- principio, a todos los bebés se les supone
nómica desahogada.
a su idea de la paternidad. Sin embar- sición a Olla, aunque parece también lindos y encantadores, pero nuestro na-
Del mismo modo, Olla, hasta ese
go, esa imagen al principio negativa del conforme con su vida en familia y, por rrador, por el contario, en consonancia
momento la «única madre de la casa»
pavo se va transformando a medida que tanto, con tener al pavo en la casa como con lo que piensa acerca de la paterni-
(15), parece mostrar a Fran con su si-
cambian los sentimientos de la pareja, símbolo de ello, a veces se dejar llevar dad al inicio de la velada, nos muestra
tuación lo feliz que ésta podría sentirse
y si bien parece mantener en todo mo- en cambio por el desánimo y muestra a un niño gordo y feo, es más, en el ori-
si fuera madre. A pesar de su triste si-
mento cierto tono de amenaza («Lleva- que no siempre esa idílica vida familiar ginal en inglés usa it (ello) para referir-
tuación antes de conocer a Bud, todo se
ba la cabeza erguida (…) con los ojos ro- que proyectan es tan maravillosa. se al bebé, tal como haría un espectador
ha arreglado con el tiempo, por lo que
jos fijos en nosotros») (28), éste es muy indiferente o si el hablante aludiera a
Fran, que parte en principio de una rea- «—(…) ¡Ese pájaro asqueroso y tu den-
velado al final de la narración. De he- un objeto, en vez de usar el más lógi-
lidad más aventajada, podría ser inclu- tadura vieja!
cho, son varios los momentos en que el co he (él) que utiliza el padre del niño
so más feliz de lo que ella es en el ins- (…)

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ENSAYOS

esperanza de que su «Lo que deseaba era no olvidar nunca


bebé cambie con el (…) aquella noche. Ese es uno de los
paso de los años, los deseos míos que se han realizado. Y
problemas son sus- me dio mala suerte que resultase así.
ceptibles de solucio- Pero, desde luego, eso no lo sabía en-
narse con el trans- tonces» (29)
currir del tiempo;
ya sucedió con los Conclusión
dientes de Olla, y Como vemos, nuestros protagonis-
pasará también con tas se muestran paralizados a la hora
el bebé. de enfrentarse al cambio en sus vidas,
«Bueno, es feo, ¿y incapaces de localizar el punto de in-
qué? Es nuestro niño. flexión entre la aparente felicidad del
Y eso es solo una eta- pasado y la miseria de su situación ac-
pa. Muy pronto ven- tual.
drá otra (…) Las co- Carver es capaz de mostrar esta pa-
sas acabarán bien a la rálisis, esta transformación, con apa-
larga» (29) rente sencillez, valiéndose de la sim-
bología oculta en los objetos cotidianos,
Bud, en este sen-
unidos a un estilo escueto y lacónico,
tido, parece hacer
para otorgar así a estos personajes, por
una invitación a
otro lado comunes, una suerte de di-
Jack y Fran para
mensión heroica.
ser padres. Es como
En este sentido, son tres básicamen-
si les calmara sus
te los elementos simbólicos que nuestro
miedos y les incita-
autor utiliza para construir el arma-
ra a tener al bebé,
zón de su relato: una moldura de or-
pues al final todo
todoncia, que, comparada con el resul-
saldrá como ansían.
tado final de los dientes usados para el
Ellos, obviamente,
molde, indica cómo es posible arreglar
(Zhou, 2006: 110). gaba sobre las muñecas. Sus brazos y no saben aún que aceptar dicha propo-
una situación aparentemente inmóvil y
dedos eran gruesos. Llamarle feo era sición llevará al límite su relación de
«Sin excepción, era el niño más feo desesperada; un bebé gordo y feo, ima-
decir mucho en su favor»1 (25) pareja, por lo que al final de la velada
que había visto nunca. Era tan feo que gen del rechazo frente la paternidad de
Sin embargo, pese a que esa fealdad ambos han accedido ya a sus recientes
no pude decir nada. Las palabras no nuestro protagonista, pero también de
del bebé parece indicar no solo el poco deseos de tener un bebé. Jack y Fran
me salían de los labios (…) Tenía una la esperanza en que el amor y el tiempo
aprecio que Jack siente por la paterni- están ahora totalmente rendidos a la
cara grande y roja, ojos saltones, fren- pueden solucionar casi cualquier situa-
dad, sino también el malogrado futuro idea de ser padres. Jack incluso lo an-
te amplia y labios grandes y gruesos. ción, y un pavo real, un «ave del paraí-
de su matrimonio, Bud da con la clave hela ardientemente, como si fuera algo
Carecía de cuello propiamente dicho, so», amenazante a ojos de Jack, aunque
del asunto: el niño no es ninguna be- por lo que había esperado sin saber-
y tenía tres o cuatro papadas bien lle- muestra de la felicidad que una criatu-
lleza, cierto, las cosas son difíciles, sin lo toda su vida, aunque desde luego no
nas. Le formaban pliegues justo deba- ra tal vez traiga a la relación del pro-
duda, pero es solo cuestión de aguan- sabía entonces que ese deseo le traería
jo de las orejas, que le brotaban de la tagonista con su mujer.
tar. Así, al igual que el padre tiene la una suerte tan adversa.
cabeza calva. Carne grasienta le col-

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ENSAYOS

En Plumas, queda dicho, como en it credit» (Cathedral, 1984: 20)


buena parte de sus relatos, Raymond
Carver demuestra su maestría para po- Bibliografía
ner de relieve los terrores y amenazas Amir, Ayala, The visual poetics of Ray-
que oprimen a sus personajes a través mond Carver, Lexington Books, Ply-
de unos símbolos tomados de la vida mouth, 2010.
corriente, común, como esos mismos
Carver, Raymond, Catedral, Editorial
individuos, como cada uno de nosotros
Anagrama, Barcelona, 9a edición,
quizás.
2004.
Notas ———, Cathedral, Vintage Books, New
York, 1984.
(1) «It was the ugliest baby I’d ever
Gentry, Marshall Bruce y Stull, Wi-
seen. It was so ugly I couldn’t say
lliam L., Conversations with Ray-
anything. No words would come out of
mond Carver, University Press of
my mouth (…) It had a big red face, pop
Mississipi, Mississipi, 1990.
eyes, a broad forehead, and these big
flat lips. It had no neck to speak of, and Runyon, Randolph Paul, Reading Ray-
it had three or four fat chins. Its chins mond Carver, Syracuse University
rolled right up under its ears, and its Press, Syracuse, New York, 1992.
ears stuck out from its bald head. Fat Zhou, Jingqiong, Raymond Carver’s
hung over its wrists. Its arms and fin- short fiction in the history of black
gers were fat. Even calling it ugly does humor, Peter Lang Publishing, New
© Víctor Abarca
York, 2006. Fuente: victor-abarca-ilustraciones.blogspot.com

Réquiem con tamales parte de los seres de Benedetti.


por Jhon Benavides En sus cuentos, la dimensión sobre la
José Luis Fernández Pérez (Toledo, España, 1979). Licenciado en Filolo- narración nada esférica, nada ciclofré-
gía Hispánica y en Administración y Dirección de Empresas. Tercer premio en el
nica , presenta un lugar para el objeto
XI Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba (2014, Córdoba),
El gato de la televisión una vez más que sigue cumpliendo la funcionalidad
Elegido como uno de los Talentos 2013 por el diario El País, seleccionado en la “I
ha fracasado en su intento de agarrar de la muerte local y cotidiana. Y que se
Convocatoria a Colaboradores” de la revista Literatosis como uno de los textos
al ratón, en tanto, estoy leyendo sobre simula a partir de la simplicidad. No
destacados en su calidad por la comisión organizadora (2013, Montevideo), accé-
la muerte, o sobre ese modo de resigna- existe una disfuncionalidad metafóri-
sit en el VII Concurso de Relatos “Cuentos junto a la Laguna” (2011, Berrueco,
ción que sugiere Benedetti. Debería se- ca cuando los personajes se sirven de lo
Zaragoza), primer premio de narrativa en el Iparraguirre Saria de 2008 (Zuma-
guir con sigilo los movimientos felinos, objetual para una medida temporal, y
rraga-Urretxu, Guipúzcoa), finalista en el I Certamen Literario Apoloybaco (2006,
la prueba de que toda victima siempre radicalmente, mortal. Siguen siendo re-
Sevilla). Manzanas fue publicado en la selección de relatos El cuento, por favor
es victimaria en las manos de la na- conocible el objeto, cuya transformación
(Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, Madrid, 2007), y, poste-
rratividad. O que todo personaje en la sugiere una medida del mundo, como
riormente, En pijama y medio descalzo apareció en la Colección Noray (Editorial
seguridad de su rutina, se le presenta puesta en escena de la obra humanada
Bermingham, Donostia-San Sebastián, 2009). Colaborador con diversos cuentos y
monstruosamente la literalidad en for- y la ciudad como presencia del hom-
estudios críticos en distintas revistas literarias.
ma de mediocridad. Dado el caso, inse- bre. El objeto es altamente reconocible
guridad de estos tiempos que se vuelven como utilería, desprovisto de geniali-

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ENSAYOS ENSAYOS

dad. Nada garantiza que ante la muerte fin de cuentas, somos un nadería en la para hablar del futuro… Pero su fu- disfuncionalidad orgánica. Desde el fi-
el hombre sólo es hombre y una figura teatralidad diaria. Pero esta preocupa- turo no existe ya. Lo he convertido en nal o hacia éste, la narratividad abre la
finita, que sin transcendencias, hace de ción principesca enmaraña hasta el fút- una cosa absurda» (30) esfericidad técnica del suspense y ex-
las relaciones con el más allá parte de bol donde los artificios del buró también Es el riesgo de la omnipresencia di- pone a una Paz cuya literalidad justi-
una manera particular de gracejo. Tal son alcanzados, al fin al cabo, a Bene- vina cuya tradición occidental no puede fica al asesino en el cuento. No obstan-
vez, como en Poe o Baudelaire alguien detti le interesa las anécdotas por ser sostenerse en América. Roberto Artl la te, la esfericidad que Cortázar sugiere
al final nos ríe. Pero sucede que, al vol- pequeños dramas que a la técnica del vuelve voz en el travesti o Sabines en como forma de construcción del cuento,
ver la muerte funcional, la tristeza go- escritor le viene bien como una forma el cadáver de Eva, en cambio, Benede- se abre peligrosamente en Benedetti y
zosa se vuelve taxonómica y geográfica. de ilustrar lo ajeno, pero y quizá sea su tti, lo vuelve el cuerpo en sí de lo om- en esta apertura con lo cotidiano nos
Así lo dice en Hoy y Alegría: estratagema, utiliza el coloquio sin es- nipresente. El mutismo es la muerte, anuncia que este tipo de lógica lastimo-
«En realidad, son pocos los días en que
tridencias ni búsquedas sacro profanas radicalmente expuesto a partir del sa- samente sucede aquí y ahora, siempre.
uno puede sentirse anticipadamen-
de una Latinoamérica con ganas de vi- crificio también nos expone a la eticidad El cumplimiento del logos divino en
te alegre, sin ruedas de café ni can-
sualizarse en el mundo. La muerte se le sacrificial de lo crístico en la cotidiani- boca del sacrificado es mierda y ya. Por
tos nauseabundos a la madrugada, ni
facilita pues es una llegada o final, que dad. Cual cuadro de Ensor (la llegada eso acude a las formas coloquiales po-
esa pegajosa, inconsciente tontería que
de tanto convocarla no trae nada de ri- de Cristo a Bruselas), todo se nos vuelve pulares pues encuentra la manera de
antes y después nos parece imposible;
tuales ni presentaciones. El amor igual, carnaval, exposición y éxtasis de cuerpo anunciar la muerte, por eso su simple-
alegre de veras, es decir, casi triste»
simple anécdota de un hombre someti- colectivo en la pompa. El ladrón (refe- za al mencionarla. Sucede y ya, todo el
(31)
do a la resignación de ser humano. Sin rente claramente bíblico) roba, es una tiempo. Es simple y llana, ni siquiera es
vergüenzas pero también sin epopeyas. figura alegórica y juega a lo compasivo. rítmica. Es altamente funcional y cum-
Esa casi tristeza nos remonta defini- Y para esto se apoya en lo bíblico. La ple su cometido. La alegría que debe-
Su asesino, que comparte su condición,
tivamente a la fiesta. Si el llanto pue- compasión utilizada no recuerda a Sa- ría desfantamizar su omnipresencia no
no contempla nada divino en su colega.
de convocar a lo sacro, la risa deses- bines y Artl, donde los personajes bíbli- acude a la narratividad, y es el lamento
Pero anticipa esta imposibilidad, pues
tabiliza la sacralidad y vuelve cercana cos se vuelve urbanos y ya en la ciudad, que sin risas ni llantos hace imposible
en la cotidianidad americana lo cristia-
la presencia de lo otro. Pero si la ale- se fragilizan y se vuelve otros más en el soportar lo inevitable.
no y su sacrificialidad son imposibles, y
gría solamente es la confirmación de bestiario citadino. La voz evangelizado- si lo son, es bajo la forma de sacrificio. «Un alarido atroz, irresistible. Porque
una estática, se vuelve obsesión sobre ra vuelve a Dios otro pequeño personaje, Es por eso que cierra el cuento Benede- soy un idiota y me castigo, y Amy, ro-
el fracaso diario. A Benedetti le preo- literalmente se presente a los hombres tti así: sada y húmeda, se asombra, se cono-
cupa la presencia de la rutina y de la como lo sugiere la credulidad, y si es ce, se desprecia, se escapa, mientras
muerte, como buen poeta que anida en forma de ladrón se somete al juicio. La «Dicen que su gente creyó reconocer
yo grito el grito de Jordán» (Inocencia,
las objetaciones diarias. E insistir, que ley de la calle le asesta el último golpe. una última bendición en su boca mila-
109)
es a partir de ésta, la sostenibilidad del Deicidio pero sin ídolos, pues el muerto grosamente muda, felizmente sellada
cuento se vuelve agonía pues el ritmo es otro más en el universo benedettiano, por mi crimen. Cuando me interroga- Voz de doppelgänger demasiado ocu-
marca esta naturaleza convencional y dios pequeño que se ha sometido a las ron, no tuve inconveniente en confir- pado con su culpa. Ya en el túnel que
cronológica. No es Walser que es capaz leyes de su propia escritura que de ser marlo. Entonces me pidieron que les conduce al premio del lujurioso, la ven-
de fragilizar el tiempo laboral y negar- tan sagrada se profaniza en la ciudad. transmitiera exactamente sus pala- triloquia sirve al narrador para explicar
lo a partir de una escritura de tacha. Hablo por supuesto del cuento Como un bras finales. En realidad, sus pala- la osadía adolescente. O es la desven-
Ni Kafka al volverlo asfixia y política ladrón, leamos el final: bras finales fueron tres veces “mier- tura del niño poco infantil que intenta
(una particular Cábala). La cuadratu- da” pero yo traduje: “Paz”. Creo que volverla parte de una condición natu-
«No quiero relatar como lo maté. De-
ra de cubículo atraviesa la narrativa de estuve bien» (30) ral. Leamos el final de La vereda alta:
cididamente me repugna. Resultó en
Benedetti haciendo que la vida sea in- La mierda supremamente peyorati- «Naturalmente todo quedó en una
realidad más atroz que lo más atroz
soportable y que sea vivible solamente va le permite entender la muerte como pierna rota y un arañazo de ladrillo.
que yo había imaginado. Me esperaba
por la duda en su estabilidad y porque al exposición del cuerpo a su funcional y Pero en aquel momento yo creí que

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ENSAYOS

estaba muerto. Que la muerte era algo. Que ese Algo era espan-
toso. Y que desde la altísima vereda hasta esa muerte mía de
dolor y de barro, el odio de mi abuela llegaba en bofetadas» (61)
Este niño cree entender la naturaleza de la muerte y la con-
tiene en el odio que siente hacia y de su abuela. La presencia
insana de la abuela es como la muerte se vuelve el espanto
mayor, cotidiano, siempre cercana a los amantes, pero que se
distancia con la condición de humor que sucede constantemente
en Dostoievski. Esta enrostración de la muerte en forma de
odio contamina toda forma de idilio en Benedetti, acudiendo a
lo cotidiano y a los ejercicios coloquiales del otro cuando mujer
y hombre al hablar de sus relaciones reconocen esta empresa
fallida, esta ilusión. Pues lo especular acude como estructura
narrativa. Digamos, esta triste condición humanada de juicio
sobre el cercano. O bajo la forma de piernas descorporeizadas
por la perspectiva del sentado, sea quien consume un café atento
alrededor o como cronista aséptico desde la distancia del otro.
Sea cual fuese el caso, las mujeres se asoman para sostener la
estructura especular que se vuelve visiblemente ficcionaria en
Benedetti. No es Balthus ni Navokov, no es la pederosis de una
Lolita o una Púber, es más bien, una servidumbre dispuesta con
su voluptuosidad darle un cromatismo popular a la narrativa.
El espejo entonces se sobredimensiona a partir de la ventrilo-
quia y reflejo como si se poseyera la idea de ubicuidad.
El erotismo ya no es posible porque ha sido anunciado desde
el comienzo.
Pero a partir de los ojos de un animal también se puede año-
rar mas no percibir. Fido, el perro que detestaba al amante de
su dueña, decide vengarse del descuido de ella al exponerla con
su novio, incomprensiblemente solo recibe de éste un patada en
el hocico. Entonces, es la forma más clara de amar al otro es
la traición y su exposición. Un perro demasiado fiel a las mi-
gas entiende igual al amante benedettiano, que el amor es por
pedazos, por sobras. Pero bajo la comodidad del juicio, espera
demasiado de su amante. El espejo, le sirve como obsesión.
Pero también como forma coloquial de la muerte, y es, a partir
de la abdicación del amante que se vuelve más tragicómico el
amor. El perro, que está demasiado amancebado, desconoce la
reacción del traicionado, pero sospecha de su ama y desprecia
su abandono.
No hay idilio realmente en Benedetti, y si el amor aparece se

Fuente: fannyjemwong.wordpress.com visorliteraria.com | 24


ENSAYOS ENSAYOS

expone con máscaras sacras y rituales, estéticos bajo la óptica de la comodidad nunciar, pues al volverla fenómeno na- El gato nada que agarra al perverso
en una extrema figuración de muerte. y la simpleza, u otra forma de sacri- tural, nada queda después ni antes de ratón. Vaya círculo de muerte que se
Simple, tan simple como un churras- ficio, de contrarrestar la presencia del ella. No es posible réquiem ni despedi- anuncia todos los días por televisión.
co, el cual utiliza como medida de tiem- otro con su vulgarización. Exponer la das, solo cierres y ritmos que marca-
po. E igual para la construcción de esta banalidad de lo banal para volverlo es- rían una técnica musical y poemática Fuentes
narratividad del diario. Así el calotito tética de lo aséptico, puede ser otra ma- del cuento. Y ya. El alarido del joven Benedetti, Mario, Todos los cuentos de
está armado para su funcionamiento nera de omnipresencia de Dios vuelto que reemplaza a su compañero en su Mario Benedetti, La Habana (Cuba):
«Trague saliva y simultáneamente,
voz narrativa pedido de auxilio se vuelve un modo Casa de las Américas, 1982.
me sentí feliz, me sentí miserable. El «A lo mejor usted no lo sabìa, o solo
circular de abrir lo fatídico.
calotito estaba realizado» (Los novios, sabía una parte, porque mamá era
202) muy callada y sobre todo no le gus-
taba hablar de sí misma. Ahora es-
El libro ajado del cual me sirvo tam-
toy seguro que hice bien. Porque usted
bién es una medida de tiempo, no como Jhon Benavides (Pasto, Colombia, 1972). Técnico profesional en Dibujo Publi-
está llorando, y, ya que mami está
celebración de muerte tal cual aconte- citario y Comunicación por la Academia de Dibujo Profesional de Cali, licenciado
muerta, eso es algo así como un pre-
ce en la cuentistica benedettiana, sino en Artes Plásticas y Magíster en Etnoliteratura por la Universidad de Nariño,
mio para ella, que no lloraba nunca»
de la espera. De ahí, la diferencia en- estudiante tercera cohorte de Doctorado en Antropología en la Universidad del
(Réquiem con tostadas, 260)
tre el asesino borgiano con el benedit- Cauca.
tiano, de ahí la diferencia mítica entre Lógica del sacrificado que, sin voz, Antiguo docente del Colegio Filipense Nuestra Señora de la Esperanza (Pasto),
Emma Zun y un simple sicario sacra- asume la naturaleza de su muerte. actualemte es titular de una cátedra en el Departamento de Diseño de la Facultad
lizado, pues sabe esperar y no justifica Pero que bajo la forma de cierre del de Artes de la Universidad de Nariño.
la muerte. No hace de ella un motivo cuento se entiende como parte del cons- Entre sus distintas ocupaciones, destaca la confudación de la revista de cómic Max
existencial ni fenoménico ni divertido. tructor narrativo. La muerte como pre- Turbo-Comics, así como la dirección de la revista literaria Manga y del taller de
La espera es una forma de carnosidad mio, es al fin de cuentas, lo que justifica escritores Tinta (2003, Pasto). Ha sido galardonado con distintas menciones a nivel
de lo ausente. Empero la asepsia bur- la singularidad anulada en el sacrificio. nacional e internacional en ilustración y literatura, y varias de sus obras han sido
gués lo entiende como resignación. Pues No es un réquiem por tostadas ni oda expuestas tanto de manera individual como colectiva.
para ella son los objetos y los apellidos por el golpe del macho en la hembra, ni
los que sostienen su vida y su ética, el una satisfacción por mirar diferente, lo
amor y la muerte pertenecen al mundo que permite que la escritura esté fue-
de lo popular y es ahí que se vuelven ra de su canonización. Escribir podría
anécdotas, metáforas por ignorancia, ser exponerse con el cuerpo dislocado
alegorías, o al menos eso es el sinsabor como ética que bordea la muerte. No
del pueblo en Benedetti. la preanuncia ni la prefigura. Si en el
«Después yo trataría de hallar la ver-
rostro del amado está la muerte, no es
dadera explicación, pero mientras
por un ritual sacrificial de la singulari-
tanto, en la capa màs insospechable
dad, sino por la excedencia de lo amo-
de mi conciencia, puse punto final a
roso, que hace difícil su pronunciación.
este malentendido. Porque en reali-
Por eso sigo viendo el gato de televisión
dad, yo estoy enamorado de la familia
mientras deshojo el tamal que a bien
Iriarte» (Familia Iriarte, 172)
me regaló doña Yolima dueña y señora
del libro.
El golpe del amante y su traición son Entonces ni la muerte se puede pro-

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ENSAYOS

El arte de emplatar un ya desde el primer


vistazo comienza la
cuento. Cómo elegir un
magia. Lo mismo
buen título. puede ocurrir con
por Diana P. Morales
un relato.
Además de esa
regla de oro, al ele-
Hemos escrito un cuento, hemos re-
gir un título tenemos
corrido todo el camino desde la primera
que recordar que es-
palabra hasta colocar “fin” tras la últi-
tará relacionado con
ma frase. Nos sentimos felices, emocio-
el tema del cuento
nados, orgullosos. Y entonces, con ho-
-eso es obvio- pero
rror, nos damos cuenta de que aún no le
también que debe ir
hemos puesto título.
acorde al tono de la
¿Qué hacer? Porque, algo hay que po-
historia.
ner. Todos los cuentos tienen un dichoso
Así, un relato que
título y el nuestro no va a ser menos.
tenga cierto tono
Vamos a ver… ya está: “El incidente”. Y
humorístico lo an-
nos quedamos tan anchos.
ticipará ya desde el
Muchas veces en mis talleres litera-
título, como Con los
rios o ejerciendo de jurado en premios
cordones desatados,
me encuentro con títulos como ese:
a ninguna parte, de
“María”, “El regreso”, “La carta”, “La
Hipólito G. Navarro
verdad”. Títulos generales, que sirven
o Cartas de Steven,
para ese relato pero también para otros
un perro, a magna-
quinientos. Títulos que se han usado una
tes de la industria,
y mil veces; que dicen bien poco del re-
de David Eggers.
lato y que desde luego no animan a em-
En el otro lado del
pezar a leer.
espectro, un rela-
Son títulos que parten de un concepto
to con tono lírico e
erróneo, porque el título no es un resu- dría) y es lo que hace definitivamente vir, de Margaret Adwood (¿De qué
intimista buscará ese mismo efecto en
men del cuento. Es una puerta. Vladimir Nabokov en Se habla ruso. nos va a hablar la autora exacta-
sus títulos, como Cubriré de flores tu
El título es esa primera frase que Otras maneras de atraer la atención mente?) o Manual para puntuar
palidez o Velocidad de los jardines, am-
atrae al lector a querer conocer tu his- pueden ser: las enfermedades del corazón, de
bos de Eloy Tizón.
toria y es esencial, porque de nada sir- • Con un título que instantánea- Jonathan Safran Foer (ídem). La
Por eso una forma muy sencilla de
ve escribir un relato maravilloso si na- mente cree una intriga en el lector. tensión dramática puede engan-
conseguir un buen título suele ser es-
die lo lee. Pensemos cómo los grandes Es el caso de, por ejemplo, Habría char al lector desde el minuto uno.
coger alguna de las frases de nuestro
chefs se preocupan por emplatar sus que darle un nombre, de Matthew • Eligiendo un título extraño y
propio relato, incluso líneas de diálogo
creaciones artísticamente para provo- Klam (¿Un nombre? ¿A qué o a chocante, que llame a la curiosidad
de los personajes. Podemos recordarlo
car un deseo instantáneo de probar el quién?), La rana de las nieves, de innata del lector, como Mi mujer
todo por usted, de Philip K. Dick, juega
plato: nada más verlos anticipamos la Arthur Bradford (¿Hay ranas en al lado de mi mujer (¿mande?),
con ese recurso (aunque en su cuento
emoción de lo que vamos a degustar, y la nieve?), El arte de guisar y ser- El aburrimiento, Lester o El cielo
esa línea exacta no aparece… pero po-

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ENSAYOS

está lópez, todos de Hipólito G. Na-


varro (un maestro con los títulos, Bibliografía
como podéis comprobar). ATWOOD, Margaret, Desorden moral.
• Con títulos muy concretos y ví- Barcelona, Editorial Bruguera, 2007.
vidos, que usen nombres, fechas y
DICK, Philip K. Cuentos completos.
detalles precisos. Son títulos que se
Barcelona, Ediciones Minotauro,
nutren de realidad y que apelan a
2005.
la empatía del lector por los perso-
najes y sus historias, como El día MANSFIELD, Katherine. Cuentos com-
del señor Reginald Peacock, de Ka- pletos. 2a Ed. Barcelona: Alba Edito-
therine Mansfield, Postal con mé- rial, 2001.
dico y playa al fondo de Fernando NABOKOV, Vladimir. Cuentos comple-
Escudero, El Hotel Jack Randa, de tos. Edición definitiva. Madrid: Edi-
Alice Munro o Elizabeth, que venía torial Alfaguara, 2009.
en el nocturno de las diez y cuarto, NAVARRO, Hipólito G. El pez volador.
de Jose Andrés Rivas. Madrid: Páginas de Espuma, 2008
Un buen título nos hace desear leer TIZÓN, Eloy. Velocidad de los jardines.
el relato porque es una promesa: de la Barcelona, Anagrama, 1992.
misma forma que un restaurante que
VVAA. Generación quemada (una an-
emplata artísticamente nos da confian-
tología de autores norteamericanos)
za de calidad, estamos seguros de que
un escritor que se ha tomado tantas
molestias con el título tiene que haber
Madrid, Ediciones Siruela, 2005.
Creación
escrito, por fuerza, un gran relato.

Diana P. Morales. Escritora, crítica literaria y profesora de literatura crea-


tiva desde hace 15 años. Estudió Filología Inglesa en la Universidad de Sevilla y
Experto Universitario en Guiones Audiovisuales por la Universidad de Málaga.
Es directora de Portaldelescritor, donde imparte cursos de relato y novela, talle-
res que también imparte en su ciudad natal. Es directora de la revista cultural
Buk Magazín. Su novela Zaibatsu (Editorial Espiral) agotó su primera edición.
Ha obtenido más de una docena de Premios y Menciones literarias, entre los que
destacan: 2o Premio “Villa San Esteban de Gormaz” de relato; Finalista del Pre-
mio Nacional de poesía “Poeta Mario López”; Finalista del Certamen Nacional
Creación Joven de poesía; 2o premio de relatos “Antonio Machado”.
www.dianapmorales.com

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CREACIÓN CREACIÓN

edificios. Miraba su reloj de pulsera Faltaban catorce estaciones hasta lle-


mientras se dirigía a la estación del su- gar a su destino. Decidió coger un taxi.
burbano más cercana. Ya quedaba poco Cuando volvía hacia la salida escuchó
para que pasara el último convoy. un rumor a través del túnel por donde
Estaba ensimismado en sus pensa- había entrado el último convoy. Puso
mientos cuando advirtió una persona más atención, se acercaba un tren, sin
a su lado. Era el mendigo con el que duda; atisbó una luz entre la penum-
se había cruzado antes. Le sorprendió bra. Los paneles informativos estaban
que le hubiera dado alcance. Observó su desactivados y no daban aviso alguno de
pierna con la muleta y se preguntó si una próxima parada.
era simulado. La locomotora, de color rojo sangre,
—Oiga, señor, no me ha dejado termi- irrumpió con un sonido estrepitoso en
nar... el apeadero. Iba a ser su día de suer-
—Mira... lo siento pero tengo una cita te. No le preocupó que el tren fuera va-
como la que tú nunca vas a poder soñar cío ni que dentro flotara en el aire un
—espetó al indigente, le dio un escalofrío olor añejo; los asientos eran de madera,
al mirar a su ojo pálido—. Lo siento mu- acolchados, y del techo colgaban anillas
cho por ti y por tu guerra, pero, ahora, circulares para sujetarse con las manos.
© Natalia García Rubio déjame en paz. —Máximo siguió su ca- El silbato pitó al tiempo que las puertas
Fuente: Flickr
mino pero se volvió de nuevo—. Puedes se cerraban cuando entró otro pasajero,
quedarte con el botón si quieres —señaló. renqueante, que jadeaba a causa del es-
Esta vez no escuchó ninguna recri- fuerzo. Cuando vio a Máximo le dedicó
minación, algo que no le hubiera disgus- una sonrisa, fue a sentarse dando saltos
Último convoy un mendigo, por su aspecto parecía un tado, solo quedó una estela de silencio apoyado en la muleta.
por Carlos Piélago soldado recién salido de una enferme- tras él. Antes de adentrarse en la boca —El mundo es un pañuelo —dijo con
ría o de un psiquiátrico, era tuerto de del metro echó la vista atrás y le sor- sorna mientras se rascaba la pantorri-
un ojo, al que había sustituido una bola prendió no ver al supuesto veterano de lla.
Máximo Gallardo apuró el cigarrillo blanca de cristal, y cojeaba apoyado en guerra. Máximo no contestó. Lo examinó de
mientras se hacía el nudo de la corbata una muleta de madera. Leyó en los paneles electrónicos que pies a cabeza, tenía pinta de dormir en
frente al espejo. Tenía el pelo oscuro en- —Oye, amigo —dijo con voz ronca—. el último tren iba a entrar en la esta- la calle, su nariz era respingona como
gominado y se acarició orgulloso la bar- ¿No podrías prestarme una moneda?, ción. Aceleró el paso y sólo corrió cuan- la de un cerdo lechón, mal aseado y,
ba bien recortada. Miró al reloj de pared después de la guerra todo ha ido a peor... do escuchó el silbido que alertaba de su aunque estaba mirando al frente, su ojo
que tenía a su espalda y comprobó que Sin dejar que terminara la frase, inminente salida. Cuando llegó al andén de cristal parecía vigilarle; se fijó en las
casi no le quedaba tiempo. Se abrochó la Máximo le depositó el botón en la mano tropezó con los últimos viajeros que ba- piernas, que parecían raquíticas, pero
chaqueta de Armani con la mala fortu- y echó a andar calle arriba. Con una jaban de los vagones y sólo pudo divisar no pudo advertir ninguna lesión, vestía
na de romper el último botón. Escupió sonrisa maliciosa esbozada en sus la- cómo desaparecía en la oscuridad del unos pantalones grises descosidos y una
una blasfemia, se desabrochó y bajó a la bios escuchó insultos a su espalda. Na- túnel. chaqueta que seguro que había sido re-
calle corriendo por las escaleras. die le había pedido luchar en una estúpi- —¡Mierda! —gritó. Sus aspiraciones de cogida de un cubo de basura o en algún
Cuando abrió el portal, ya en la ave- da guerra, además, tenía prisa. Aunque llegar a tiempo se disipaban. almacén, los zapatos lucían una capa
nida, un hombre de aspecto desaliñado no pudo imaginarse de qué guerra es- Se quedó embobado delante de la vi- de mugre y llevaba varios dedos de la
le abordó. Fue tan repentino que le dio taba hablando. El sol hacía tiempo que trina que contenía el plano de la red de mano entablillados. La muleta era de
un buen susto. Se dio cuenta de que era se había escondido entre los bloques de metro, por si eso resolviera el problema. madera, no se había fijado antes en que

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CREACIÓN

la gorrilla que llevaba puesta era militar y bastante usada.


Máximo imaginó que si se atrevía a hacer algo podría enfren-
tarse al tullido, se hizo el distraído y sacó su teléfono móvil
para ver si había cobertura y poder hacer una llamada. La
oscuridad los atrapó por un momento; llegaban a la siguiente
estación. El mendigo había aprovechado esa circunstancia para
acercarse de pie, junto a la puerta, cerca de Máximo, que se
quedó rígido, expectante, el tipo le estaba empezando a inco-
modar de verdad.
—Yo me bajo en esta —comentó el mendigo mientras se dibu-
jaba en su rostro una sonrisa mellada.
Eso alivió en parte a Máximo que permaneció alerta. Se
abrió la puerta y el indigente señaló a una dirección, llamando
su atención. Acto seguido, aprovechó este despiste para quitarle
el teléfono móvil que todavía sostenía en la mano. Echó a co-
rrer para perseguirle. Aunque cojeaba un poco era mucho más
rápido de lo que se imaginaba.
—¡Ladrón, al ladrón! —chillaba tras él—. Cabrón, cabrón, ca-
brón —repetía.
Le persiguió por unas escaleras sucias que daban a unos pa-
sillos igual de sucios, la basura se amontonaba en el pavimen-
to de adoquines grises y desgastados. El mendigo iba poniendo
más terreno entre ellos. Por el camino deseó encontrarse con
alguien que trabajara allí, pero no había nadie.
Los túneles se iluminaban por medio de unas luces débiles
de emergencia, eran casi idénticos entre sí y terminaron por
confundirle. La humedad rezumaba de los azulejos blancos,
muchos de ellos partidos por la mitad, otros se esparcían por el
suelo. Tuvo que dejar de correr para orientarse mejor. No ha-
bía ni rastro del supuesto mendigo, sólo el ruido de unos pasos
que se perdían a lo lejos. Se detuvo en una encrucijada. Pensó
en volver al andén por si el conductor lo había visto y estaba
buscándole, pero no encontró ningún cartel indicador ni nada
que fuera similar. Algunos pasadizos estaban excavados sobre
la misma roca, sin ladrillo. “¿Dónde me he metido?”, se pre-
guntó. Las luces de emergencia daban un aspecto siniestro a al-
gunos corredores en los que estaba oscuro, por allí no se atrevía
a pasar. Tuvo la sensación de andar en círculos durante horas.
Cogió unos azulejos del suelo y los apiló en forma de torre como
señal, así sabría si pasaba otra vez por allí.
Siguió recorriendo los pasadizos, supuso que llevaban tiem-
po cerrados al público porque encontró algunos extintores del

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CREACIÓN CREACIÓN

siglo pasado e incluso un cartel publi- zos, recogió con la mano lo que quedaba caran de allí, arañó y pateó la superfi- con un hilo de voz. Estaba sucio y un
citario construido con azulejos, la ma- de la pantalla táctil, ahora partida por cie de metal como un animal encerra- rastro de sangre reseca manchaba su
yoría de ellos cubiertos por una costra la mitad, y la dejó caer. do. “Dejadme salir”, gimió. chaqueta.
de moho, en el que una mujer con ves- Más adelante se percató de una aber- No supo cuánto tiempo estuvo así –No sé cómo has llegado hasta ahí,
tido tradicional anunciaba una bombilla tura en la pared, como si hubieran de- hasta que alguien abrió la puerta y la chaval –el operario del ayuntamiento
de fabricación holandesa, “la mejor del rruido esa parte a golpe de martillo. Se luz del día le cegó. Máximo se desplomó se había arrodillado junto a él para to-
mundo”, se podía leer. Volvió a toparse acercó con precaución. Cuando alumbró en el suelo ante varios operarios que, marle el pulso–. Ya viene la ambulan-
con la señal que dejó con anterioridad. el interior, la luz mostró el esqueleto de sorprendidos, intentaron reanimarle. A cia.
Eso le obligaba a seguir una dirección: una persona. Dio un respingo y el me- su alrededor se había formado un corri- Máximo no contestó, se limitó a to-
la del pasillo más oscuro. Sacó su me- chero cayó al suelo, pero volvió a re- llo de gente. ser tendido sobre el suelo de la plaza,
chero y se armó de valor. La luz era cogerlo con rapidez para encenderlo de –Dios mío, pensaba que era un gato el apretando el botón contra la palma de
escasa, se encontró con un recodo a la nuevo y comprobar perplejo que seguía que armaba tanto escándalo –dijo una su mano. Con los ojos vidriosos pudo ver
derecha, luego otro a la izquierda; un ahí, tenía dos dedos entablillados y po- señora mayor con un carro de la com- una inscripción sobre la puerta recién
rumor llegó a sus oídos mientras cami- sado sobre la calavera había un gorro pra. abierta: “Compañía Metropolitana: re-
naba, el chapoteo de las gotas de agua grisáceo de toque militar, la mandíbula –¿Dónde estoy? –preguntó Máximo fugio 619 - 1937”.
se confundía con el sonido de ratas ara- colgaba conformando una sonrisa dia-
ñando el suelo y murmullos lejanos que bólica. Máximo propinó una patada con
no supo identificar. furia que hizo que el esqueleto se despa-
Sus ojos se acostumbraron aún más rramara, cada hueso por un lado. Aún
a la negrura. Pasó por encima de innu- resoplando, se fijó en los restos de la Carlos Piélago (Madrid, España, 1980). Ha trabajado en casi todo, y ha conse-
merables cascotes, en su recorrido tan- mano, entre los dedos huesudos yacía guido terminar los estudios de ilustración. Escritor de género, se siente cómodo es-
teó en la oscuridad por si hubiera posi- un botón, lo sujetó entre el índice y el cribiendo entre las fronteras de la realidad y la ficción, las cuales suele traspasar.
bles agujeros. Había caminado tanto que pulgar y se dio cuenta, con un estre- Ha participado en varias antologías de Escuela de escritores, también de Escuela
ya no tenía sentido darse la vuelta. mecimiento que hizo que el corazón se de fantasía, en la que, además, participó como jurado en las tres últimas ediciones.
Hasta que una ráfaga de aire apagó le congelara en el pecho, de que era el También ha sido seleccionado para el libro “Descubriendo nuevos mundos II”.
la llama del mechero. Al principio se suyo.
asustó, paralizado, pendiente de cual- En ese momento echó a correr por
quier ruido. Transcurrido un minuto fue el pasillo, la oscuridad le envolvió pero
en la dirección de donde procedía la co- siguió adelante sin detenerse, solo que-
rriente. ría huir de allí lo más pronto posible.
Al caminar golpeó algo con los pies La sangre galopaba en sus sienes, “¿Qué
que se trasladó varios metros. Lo alum- hostias era eso?”, se preguntó. Trope-
bró para descubrir que era una mule- zó y cayó varias veces pero enseguida
ta de madera. Esto le hizo ponerse en se incorporaba de nuevo. En una de las
guardia. Continuó por el pasillo. Ya no ocasiones se golpeó de bruces contra una
se parecía en nada a un túnel de su- plancha de metal dispuesta en el cami-
burbano sino que era más estrecho, con no. Sudando y tembloroso comprobó que
bancos dispuestos a los lados excava- era una puerta, que se abrió cuando giró
dos en la propia roca, a ratos aboveda- el pomo con rabia. Subió por unas es-
da. Algo crujió bajo sus zapatos, cuando caleras que llegaban hasta otra puerta,
iluminó el suelo de tierra descubrió su esta vez cerrada. Golpeó con todas sus
teléfono móvil esparcido y hecho peda- fuerzas gritando desesperado que le sa-

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La sombra de Nabokov
por Adolfo Marchena

El siglo XXI me cogió por sorpresa. No por prematuro. Quie-


ro decir que algo hubo de especial y algo de triste cuando las
campanadas del dos mil uno me anunciaron su año, la ruptura
con una barrera de cifras, el desorden informático que algu-
nos previeron. Luego estaba el tema del fin del mundo, que
se transformaba como la energía en nada, en descomposición
y ausencia. Nunca me aterró el tránsito, he de decir, y para
qué preocuparse por esas cuestiones, las del fin del mundo, me
refiero. Si acaso la pérdida de uno mismo, la desgana, la oficia-
lidad de la demora, el caos.
Han pasado desde entonces trece años y nada ha cambiado.
Si acaso, ha ido a peor. La transición hacia modernidades y
otras ocupaciones del amor, que ahora se vende en conserva,
del que se huye como paradigma de las emociones, como antojo
de animal herido. A todo esto, quería contar una historia, la
historia de mi nombre, Amancio, mi nombre de pila, y con ello
la historia de mi vida, que puede ser más o menos interesante,
que puede ser fábula y cuento, que puede resultar frívola, sin
sentido.
Y todo viene a raíz, el sin sentido, de un experimento que la
NSA experimenta con seres humanos, porque las cobayas no
responden al estímulo del fracaso y desobedecen continuamen-
te las órdenes para que agredan o amen. La NSA lleva experi-
mentando desde el dos mil con la capacidad de resistencia del
ser humano, con la probabilidad del abandono, la gestación del
olvido. La prueba a pasar consiste en permanecer aislado du-
rante seis meses en una habitación, viviendo con la tecnología
y el estilo de los años sesenta. Esto es, máquina de escribir,
teléfono fijo, cuchillas para afeitarse, programas de televisión
como Alf, Alfred Hitchcock…presenta, Aquellos maravillosos
años o Historias para no dormir. Y los juguetes de la época y
sus libros y su comida. Toda una regresión, desde luego, una
hibernación a la carta.
Mi madre no entendía aquello, que yo me fuera a instalar
en una habitación de la NSA para un experimento, que fuera a
vivir otra vida que no fuera la mía, desastrosa y desatenta y un
poco mordaz, a veces quisquillosa, que dicen. No fui sincero del

© Mariano González visorliteraria.com | 38


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CREACIÓN CREACIÓN

todo, y no le confesé, que me pagaban de escribir ocho páginas al día mientras tento. Llegó en mano un sobre tamaño salía con un hombre mayor. Perorata
muy bien por aquellos meses que de- yo le dedicaba un párrafo. He de con- folio con un PERSONAL en tinta roja sobre la edad y los cambios de compor-
bía soportar de encierro y aislamiento. fesar en una primicia como de perros que se veía desde la mirilla de mi veci- tamiento de Lolita, que se maquillaba
Tampoco le dije que debía permanecer aullando, que tengo escritas dos nove- na; de la que he de hablar, supongo, en más, que algunas joyas le resultaban
allí seis meses, firmado en contrato, las. Sólo que, nadie lo sabe, nadie las mi novela. Firmé sobre la carpeta del nuevas, que la ropa de encaje se repro-
dícese vinculante, y que si abandonaba ha leído. Me digo para adentro que no, tipo que me trajo la carta y me recogí ducía en los armarios. Nabokov se mos-
antes, de los euros ni el canto, además no sé, que han de acogerse a un buen en el salón, para abrirla y leerla. Señor tró cansado, envejecido, promesa que no
de una penalización. repaso. Y así me sucede últimamente Amancio, y entonces caí en la cuenta. se cumple, interludio de las ofensas.
Por mi parte lo tenía claro. Bien es con todo lo que hago, que necesita de mi Aquel experimento era una putada, una Y qué pintaba yo en todo eso, ya dije
cierto que venía de vivir en una soledad aprobación, de mi exigencia, de todo lo sinrazón, un estercolero, lo peor de lo que no pretendía meterme en más líos.
compleja y habitable, en una soledad que aprendí y también de lo que no me peor. Y lo peor es que ya había firmado Su voz, sin embargo, hizo que me olvi-
de soles y mares, de buhardillas y mu- enseñaron. para ser cómplice de sus juegos migra- dara del experimento de la NSA, su voz
sicalidad en los tejados. Que ya había Se acercaba la fecha para ocupar torios, y me dije, bueno, al fin y al cabo, acaramelada, dulce, persuasiva. Noté
adquirido mis manías pero que, ante la aquella habitación de la NSA y mi vida la muerte no es otra que la de Marilyn que sudaba en exceso, perlaba su frente,
contra y todo, no era perro viejo, si no continuaba sin percances de renombre, Monroe; algo tenemos en común. movía los dedos, saltarines, inquietos,
un viejo perro que se adaptaba a la pre- sin alteraciones. No como sucedía an- Dispuesto a olvidarlo todo, a no re- mientras me miraba a los ojos, profun-
gunta, los barriles, las consecuencias y tes, antes de que cumpliese los cuaren- caer en la destemplanza, a soportar do, sincero, como si fuera un diestro de
las manías. No obstante, como en un ta. Entonces me sucedían cosas. Era las burlas, bajé al café Vivaldi para to- avatares y juicios.
juicio de faltas, me encontré frente a distinto. Me atrevía a hablarle al co- marme un café vienés doble, cubierto Me pagaría bien, me dijo, a tanto la
mi madre, escrupulosa y atenta, tra- chero, en Sevilla, cuando arrancamos con crema batida. Ojear la prensa, si hora más gastos. Me convertía de esa
tándome de convencer para que no me de la Plaza de España, cuando aburri- es que algo nuevo habría de aportarme, manera en el Philip Marlowe, de Ray-
adentrase, si cabía más, de lo que me do le dije, en confianza, llévame a un que todas las noticias son un filtro de la mond Chandler; en el Bernie Gunther,
había comprometido con la NSA. tablao, pero no para turistas, un tab- realidad que desconocemos y, al final, de Philip Kerr; en los Grave Digger Jo-
“Hijo, no me parece buena idea.” lao auténtico. Y allí me dejó el cochero, acabamos leyendo lo mismo. La fortu- nes y Coffin Ed Jonson, de Chester Hil-
“Sólo serán seis meses, madre.” después de que recogiéramos a una pa- na de un deportista que se desvanece en mes. Un sabueso que abre el cuaderno y
“No creo que aguantes uno. Además, reja de alemanes que también querían alcohol y drogas, el atraco a una far- anota las pautas, los horarios, las con-
qué se te ha perdido a ti allí.” vivir la noche de Sevilla. Hubo risas y macia, el estado de las carreteras. Un denas; que persigue al sospechoso y se
“Madre, seis meses alimentado, sien- yo me olvidé del paisaje urbano, hasta hombre achaparrado, vestido con traje disfraza con pelucas y bigotes postizos;
do objeto de estudio, viendo la televisión que el cochero detuvo el carruaje y me de sastre, sombrero de hongo, acodado que abre las puertas con un juego de
de los sesenta, o sea, aburriéndome, dijo que esperase un momento, sólo un en el otro extremo de la barra no dejaba ganzúas o una tarjeta.
pero con todo el tiempo del mundo para momento. Allí estuvo conversando con de mirarme. Parecía inquieto y su in- Le contesté que aquello no era posible
escribir mi novela.” un tipo grande, a la puerta de un garito, quietud comenzó a taladrarme la espi- y fue entonces cuando me mostró sus
“Cuántos años tienes, hijo.” hasta que regresó y me dijo: allí tienes na dorsal, volviéndome despistado, más fotografías, las de Lolita, una de la cara
“Son ya cuarenta y seis.” tu tablao, está todo arreglado. dispuesto a lo ajeno que a lo mío propio. y otra de cuerpo entero, vestida con
“Pues eso, eso es lo que llevas ya con Esta mañana las televisiones emi- En eso estaba, con esa molestia, cuando una corta falda de pliegues, los labios
tu novela y aún no me has leído nada.” tían desde el Congreso el velatorio por advertí que el hombre se me acercaba, carmesí. No pude evitar preguntarle si
Mi madre era muy escéptica con todo Adolfo Suárez. Es importante que lo hasta llegar a mí altura y presentarse, aquella era su hija, cuando sabía que así
aquello relativo a la novela. Y a veces cite porque otra muerte, me anuncia- pidiendo disculpas educadamente, por era, o lo intuía. Ni siquiera me contestó.
yo me lo planteaba, me preguntaba si ron desde la NSA, iniciaría mi ascenso si en algo me molestaba. Continuó hablando, exponiéndome has-
era un imposible, un dolor de envidia, a la gloria, a permanecer imperturba- Me confesó Nabokov, aquella madru- ta la última palabra, hasta que pensé,
viendo como otros sacaban sus textos al ble de por vida, a subsistir con la esen- gada nueva, que sospechaba de su hija hubo terminado. Pero no, fue entonces
mercado, viendo como otros presumían cia de los sesenta, a no morir en el in- menor y única, Lolita, intuía él que ella cuando me llamó por mi nombre de

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CREACIÓN

pila, Amancio, arrastrando el nombre de todo, de la NSA,


hacia un altar de flores y candelabros. de Nabokov, de Lo-
Para cuando me di cuenta, el café se lita.
había enfriado y yo, convencido, le con- No sé el motivo
testé que sí, que investigaría el asunto pero la imagen de
de su hija. Dorian Gray inte-
Llevaba dos días encerrado en casa, rrumpió mi lectu-
sin salir. Una especie de agorafobia se ra como no lo había
apoderó de mí, después de seguir la pis- conseguido antes el
ta de Lolita. Un mar de olas convulsas teléfono, que sonó
cercaba mis ideas de agua y el cansan- varias veces hasta
cio me invadía, haciéndome torpe. Me- perderse en el silen-
lodías de agua, persianas cautas que cio y el olvido. Oscar
dejaban entrever la luz de la mañana. Wilde me ofrecía
Una lámpara encendida en el salón de alguna pista faus-
mi casa, desordenado, por otra parte, tiana, cuando me
un gin tonic, música de Couperin, siem- apercibí de lo im-
pre de fondo. Me dispuse a ordenar las presionado que esta-
ideas partiendo de la premisa de que ba Nabokov ante la
Lolita, en realidad, no existía. Que algo belleza. Todo en él
extraño y misterioso rondaba la histo- era también elegan-
ria que Nabokov me transmitió la ma- cia, como si buscase
ñana que nos conocimos. con ello una belleza
Entonces caí en la cuenta de que los imborrable, inmor-
cerrojos no siempre salvaguardan los tal. Me acerqué al
edificios, los cofres, los baúles. Que la teléfono y compro-
cuenta corriente de un cerrojo resul- bé que mi madre
ta siempre en negativo, haciendo equi- había llamado. An-
librios sobre la cuerda floja, al filo de tes de devolverle la
las montañas. Todo lo que hice, vigilar llamada conseguí
la casa de Nabokov durante cuarenta y ponerme en contacto con Wilde, quien blanco y negro, me pregunto por qué unos euros. Después de toda su perora-
ocho horas, preguntar a modelos, em- imitó con voz cavernosa una ingeniosa hice aquella llamada, qué esperaba en- ta, muy al final, casi cuando nos despe-
presarios de la moda, profesores, no contestación que, bien comprendí, me contrar, qué pista; ingenuo de mí, al- díamos, me preguntó que en qué líos de
sirvió de nada. Nadie la conocía, al me- invitaba a llamar en otro momento o, a quitranado. No fue hasta que llamé a faldas andaba metido, que una mujer,
nos por ese nombre. Un prado vacío de ser posible, que me olvidase del todo de mi madre, quien me repitió de nuevo siempre la misma, había llamado va-
intenciones, de hierba, margaritas, ga- su existencia. que no era buena la idea de someter- rias veces preguntando por mí, intere-
tuñas, enebro, correhuelas, extendién- Ahora, que llevo trece días encerra- me a experimentos, vete tú a saber, que sada, poco amistosa, a su modo de ver,
dose más allá de las plegarias y las ex- do en una habitación de la NSA, donde otros medios tendría yo para conseguir complicada.
tensiones. No quería yo deprimirme, ni a capricho experimentan con mis res-
tampoco obsesionarme con el tema, así puestas emocionales, ahora que escri-
que cogí una novela policíaca y me dis- bo a máquina y consulto diccionarios
puse a vivir otros mundos, a olvidarme y enciclopedias, que la televisión es en

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CREACIÓN CREACIÓN

Adolfo Marchena (Vitoria-Gasteiz, Álava, España 1967). Entre 1992 y 1995


coodirigió la revista Amilamia y entre 1996 y 1997 funda y dirige la revista Fac-
torum. En 1992 escribió el prólogo de Cadáveres Exquisitos y un poema de amor,
de Leopoldo Ma Panero y José Luis Pasarín Aristi (Ediciones Libertarias/Prodhu-
fi, Madrid, 1992). Entre 1997 y 1999 dirige los programas radiofónicos Tocando al
viento (Radio Plasencia Centro) y Peleando a la contra (SER Plasencia). En 1997
organizó el I Encuentro Poético Cultural Amilamia. Ha publicado los poemarios
Cartapacios de Lucerna (VVAA, 1992, Madrid, Libertarias/Prodhufi), Proteo; el
yo Posible (El Sornabique, Béjar 1999), La reconstrucción de la memoria (Groen-
landia, 2009), Poemas fundidos, junto al escritor Luis Amézaga, (Groenlandia,
2012) y los libros en prosa La mitad de los cristales, junto al también autor Luis
Amézaga (Groenlandia, 2009) y 683 Planta de neurología, (Editorial electróni-
ca Remolinos, 2008). Textos suyos han sido incluidos en las antologías Relatario
(Fuentetaja, Madrid, 1992), Voces del Extremo (IV), Poesía y Utopía (Fundación
Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 2002) y Asilo (Ediciones sin retorno, Bar-
celona, 1999). Ha publicado textos en revistas como Portada, El Ateneo del Norte,
Píntalo de verde, Cuaderno del Matemático, Los cuadernos del Sornabique, Escri-
bir y Publicar, Turia, Río Arga, Ficciones o La Botica. Su poesía ha sido traducida
al alemán por Hella Kluge y al francés y árabe por Belén Juárez. © Michelle Brea
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Hoy como ayer decirlo sin eufemismos, caigo como


por Alfredo Ruiz Islas mejor puedo cuando las fuerzas me
abandonan. Despatarrado. Aprove-
cho la ocasión y muerdo un tapete. Me
Duele. muerdo la lengua. Me encajo las uñas
Duele hasta los límites de lo indeci- en la palma de la mano para distraer
ble. Duele hasta donde uno no se ima- al cerebro. Todo es inútil. Las piernas
gina que pudiera doler. Duele como si se agarrotan, el estómago se encoge, los
todas las células de mi cuerpo se car- ojos giran sin control dentro de sus órbi-
garan de electricidad y luego, a un mis- tas. Y no hay nada más que hacer. Salvo
mo tiempo, decidieran liberar la ener- esperar a que el maldito dolor se vaya.
gía contenida. Duele tanto que me he Ya remite. Menos mal. Cuarenta
quedado sin voz para gritar. Porque he minutos después. Y cinco pastillas. A
gritado. He llorado. Me he vaciado los este paso no tardaré en volverme adic-
ojos de lágrimas, me he destrozado la to. Tiene gracia. Ya lo soy. Me levanto
garganta, he pataleado, me he dado de como mejor puedo. La mesa rinconera
cabezazos contra la pared. no me soporta y allá voy. De regreso
Como si sirviera de algo. al suelo. Otro porrazo, pero el dolor es
Termino tendido en el suelo. O, para ahora pasajero. Será mejor aguardar.

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CREACIÓN CREACIÓN

Las rodillas me tiemblan. Un poco me- su aroma por las tardes. Ese olorcillo rededor del comedor hasta que le sobre- Perdone mis culpas pasadas, presentes
nos. Como la cabeza aún me da vueltas, que invitaba a tocarla, a desnudarla len- vino el síncope. O sólo pensó y pensó en y futuras. Sobre todo, perdone mi fal-
me dirijo al cuarto de baño a cuatro pa- tamente y a hacerle el amor con frene- el destino que me aguardaba hasta que ta de compostura. No. No es el alcohol.
tas. Qué denigrante. sí. A encender luego un cigarrillo mien- la angustia acabó con ella. Mejor así. Duele, ¿sabe? Y mucho. Rece por mí.
Un sujeto con profundas ojeras me tras la contemplaba estirarse sobre las Al menos no la veo retorcerse de pena Ya que no puede cuidarme en persona,
mira desde el otro lado del espejo. La sábanas arrugadas. Ya no. En la salud cada que yo me retuerzo de dolor. hágalo al menos a la distancia. No creo
baba le sale de la boca y le ha man- y en la enfermedad, le dijo al cura. Y Quisiera que la vieja no me mirara que funcione, pero ése es otro cantar.
chado la camiseta. Una camiseta sucia, sólo aguantó cinco días de enfermedad. con tanto odio. La frase me viene a la Sigo sacando porquerías del cajón.
por cierto. Con enormes lamparones de Los cinco primeros días, cuando el mal mente cuando saco la foto de Mariela y Cada vez quedan menos. Dos peine-
grasa a la altura de la barriga. Está se limitaba a torcerme la cara y dejar- comienzo a romperla en pedacitos di- tas de mi abuela. Una postal de Nueva
completamente desgreñado. Me mira me desmadejado en un sillón al cabo de minutos. No te odia. Sí me odia. Nada York. Espantosa. Un calcetín que siem-
con unos ojos de alucinado en los que el diez minutos. Si entonces se desespera- de lo que hago le parece bien. Si eso pre creí perdido. Su compañero se fue a
cuándo y el cuánto más se adivinan al ba, se tiraba de los cabellos y a duras sucede ahora que no somos nada, ¿qué la basura hace largo tiempo. Tres cani-
instante. Con suerte, no mucho más. Me penas se contenía para no gritarme, no será cuando nos casemos? Pero no te cas azules. Dieciocho papeles ilegibles.
echo agua en la cara y trato de alisar la sé qué sería ahora. Posiblemente me odia. De verdad que no la odiaba. Solo Me demoro en revisarlos. Son lo último
revuelta pelambrera. Son sólo cinco pe- abofetearía. no simpatizaba con ella. Habrás de de- que queda ahí dentro. O casi. Listas del
los —es un decir—, pero quedan horribles Palpo un portarretratos. Los dedos cirle a esa niña que se cubra un poco. supermercado. Algunas. Otras, recados
así, todos levantados. Aspiro profundo. me traicionan y lo abren contra mi Parece maniquí de sostenes y panta- de Mariela. Notitas de amor eterno em-
Ahora viene lo bueno. voluntad. Al lado izquierdo, Mariela, letas. Mamá, es la moda. No creo que borronadas. Justo como su amor eterno.
La cama me seduce. Un sueñito me el día de nuestra boda. En el derecho, toda su ropa pese siquiera cien gramos. A la basura con ellas. Nada más resta
caería de perlas, pero no tiene el me- mi madre. Nunca he sabido por qué las Por favor. No la atormentes. Arranco la caja de madera. Qué remedio.
nor caso. Me siento en la orilla, abro puse juntas en este sitio. Por qué com- la cabeza a la fotografía. A colores. Deja La pistola está ahí. En perfectas con-
el cajón del buró y busco a tientas en parten ceñidamente estos pocos centí- ver con nitidez cada porción de piel ex- diciones. La última vez que la usé —o la
su interior. Me pico los dedos con tres metros cúbicos si jamás se soportaron. puesta, lo que ya es mucho decir. Ahora única, más bien— fue para asustar a un
pasadores. Y pienso en Mariela. ¿Dón- Cásate con Rita, hijo. Es buena. Pero yo corto una pierna, visible desde la panto- par de borrachos que insistían en que
de estará? Hace un año que se largó. amo a Mariela, madre. No me gusta. rrilla hasta la parte alta del muslo. Tal esta era su casa y querían entrar por
Justo cuando comenzaron los dolores. A quien tiene que gustarle es a mí. No vez mi madre tenía razón. una ventana. Fuera de aquí. El sonido
Me atendió lo mejor que pudo durante… me gusta. Tiene algo en la mirada que ¿Y Rita? En el convento. La madre de la explosión me hizo brincar más a
¿cuánto? ¿Cinco días? Vaya paciencia. no me gusta. A mí, si algo me gusta Rita. La vi hace unos meses, cuando mí que a ellos, pero tuvo el efecto de-
Cuánta abnegación. Para cuidar viejitos de ella, es eso. Su mirada. Mira a Rita. todavía tenía fuerzas y ánimos para seado. Huyeron lanzando maldiciones.
achacosos, mejor me regreso a mi casa. Es una buena muchacha. Y Mariela es salir de casa más a menudo. Rodea- Ya nos veremos, malparido. Parece que
Pero no. No regresó a su casa. Su padre una mujer buena. Muy buena. Especta- da de novicias. Creo que ni me recono- el susto aún les dura porque no nos he-
no sabe dónde está. O tal vez lo sabe cularmente buena. Supongo que no ha- ció. A quién quiero engañar. Supo bien mos vuelto a ver. De cualquier forma,
y me engaña. Déjala, Bonifacio. Olvída- blábamos de lo mismo, pero ya no tiene quién era ése que la miraba. Ése que se al menos sé que el arma funciona. Has-
la. Busca alguien que cuide de ti, que te importancia. agarraba a las paredes como si estu- ta donde recuerdo, el gatillo es suave.
quiera y que te valore. Y me cerró la Pobre de mi madre. Acudió a la boda viera ebrio mientras avanzaba con pa- Basta con acomodar el dedo, contraerlo
puerta en las narices. Vejete miserable. como si llegara a un funeral. Regresó a sos tambaleantes. Ése que levantó una súbitamente y pum. Fin de la historia.
Se habrá ido con algún camionero. O su casa, escribió una carta y se mató. mano para saludarla y al que ignoró Ya está. Dedo, en posición. El resto de
con el conserje del edificio, que también El médico dijo que no. Le falló el cora- con todo el desdén que le imprimían su la mano, también. Tal y como lo ense-
desapareció misteriosamente casi al zón. Pudo haberle ocurrido en cualquier toca y su escapulario. Al que motejó de ñan en las películas. Ahora, la pistola.
mismo tiempo. Que le aproveche. Ya no momento. Pero yo no me lo trago. Yo sé malviviente mientras hacía cruzar la Dudo entre metérmela en la boca, aco-
la extraño. Antes sí. Echaba de menos que algo hizo. Tal vez corrió y corrió al- calle a sus pupilas. Perdóneme, madre. modarla sobre mi pecho o apuntármela

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CREACIÓN

a la sien. Da lo mismo. La sien parece lo más seguro. Volará


porquería en cantidad, pero a mí qué. Mejor eso que los dientes,
los ojos y la lengua.
Siento la boca seca. No quiero hacerlo. El cañón resbala por
el costado de mi cabeza. La propia pistola pesa cien kilos. Tal
vez doscientos. No quiero. Tal vez Mariela vuelva algún día.
¿Y si no estoy para recibirla? Se marchará de nuevo. No podré
entonces tocarla, ni besarla, ni acariciar sus largas piernas.
Regresará entonces con el conserje del edificio adondequiera
que se hayan mudado. Me quedaré solo otra vez. Con la única
compañía de mi calvario cotidiano. Por eso no quiero. No es
simple cobardía. Aunque tal vez haya un poco de eso. Además,
¿qué dirán los vecinos? ¿Quién me encontrará? ¿Facundo? Oja-
lá y no. Lo más probable es que dedique sus buenas dos horas
a husmear por aquí y por allá antes de decidirse a llamar a la
policía. ¿Doña Encarna? Pobrecilla. Le dará un patatús. ¿Ji-
meno, el portero? Un inútil. ¿Alba? Espero que sí. Que sea ella.
¿Por qué pienso en Alba? Hace semanas que no la veo. Tam-
poco es muy tolerante que digamos con mis padecimientos, pero
al menos no me mira con odio. Además, no la culpo. Solo tiene
quince años. A esa edad se tiene cabeza para tontear en los par-
ques con las amigas del colegio, no para cuidar tipos cuarento-
nes que se arrastran por el piso mientras pronuncian todas las
vocales a grito pelado, a veces juntas y a veces por separado. A
pesar de todo, es como un rayito de luz que se cuela entre las
nubes de la tormenta. Me basta con que me dirija una sonrisa,
con que su mano recorra suavemente mi cara empapada de
lágrimas cuando concluyen los accesos. Eso y nada más. Solo
tiene quince años. Quince años que son como una pared que se
levantara entre nosotros, como una reja, como un seto infran-
queable. No quiere decir que no lo hayamos intentado, pero no
es posible. No lo es, con todo y que se me pone la piel de galli-
na cada que la imagino entre mis brazos, tan dispuesta como
parece estarlo para llegar hasta el final. Pero, ¿qué tal que
entonces aparece el dolor? ¿O qué tal que aparece su padre con
una escopeta en el momento culminante?
No quiero. Tengo ahora la pistola a la altura de la mejilla y
casi me he decidido a meterla de nuevo en su caja, a la espe-
ra de que se aparezcan otros dos borrachines. O, con un poco
de suerte, los mismos. Me animo cuando siento los primeros
avisos del dolor. Ahí viene de nuevo. Noto cómo se incuba en
lo más profundo de mis entrañas y comienza a irradiarse en

© Syahrin Nazri visorliteraria.com | 48


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CREACIÓN CREACIÓN

todas direcciones. No más. No otra vez. muy bien. Será por el disparo. Debe ser do echaría a correr nada más de verlo. través de la variedad —invariablemente
Estoy harto de arrastrarme por el sue- eso. La sangre me chorrea, forma pe- Con heridas a medio cicatrizar por todo estúpida— que sale del cristal líquido y
lo. De gemir y de gritar sin que nada ni queños ríos a ambos lados de mi cuello el cuerpo. Verdoso. Maloliente. Y aho- retrocedo tres canales. La escena no ha
nadie pueda hacer algo para brindar- y termina por escurrir a lo largo de mis ra, para colmo, con el cráneo a medio cambiado. Un fulano lucha contra otros
me aunque sea un poco de consuelo. De brazos. Forma dibujitos en la superficie volar. Buena la he hecho. Tendré que dos en el techo de un ferrocarril. Lleva
sentir que me muero a sabiendas de que de la cama. ¿Qué es eso? ¿Un perro? usar una gorra que me cubra hasta las las de perder pero, como es previsible,
eso nunca ocurre. De pensar que algo ¿Un automóvil? Estoy disparatando. Y orejas. De lo contrario, los repartidores termina por arrojar a los otros al vacío.
me come por dentro y que luego, satis- nada más cabe en mi mente, como no no volverán a aparecerse por aquí. Ni Se romperán todos los huesos. Estoy a
fecho, se detiene hasta que los órganos sea el desvarío y el dolor. Nada. Ni si- tampoco Alba. punto de estallar en carcajadas cuan-
se regeneran y puede reanudar su ban- quiera la frustración. Será más tarde. Me sirvo un trago y enciendo la te- do comprendo que ahí está la clave. Un
quete con mis tripas. Como cualquier El sufrimiento ha pasado. Tardó una levisión. Algo se me ocurrirá en medio tren. Me lanzaré a las vías del tren. Si
Prometeo, pero sin cadenas y sin que hora —y las mismas cinco pastillas, las de la estulticia a colores que me rece- logro que la máquina me corte exacta-
eso que me come —y que no es un águila, últimas que había en el frasco—, pero tan ciento cinco canales. Podría lan- mente por la mitad, longitudinalmente,
sino quizá algo repugnante— se contente se ha ido. Aún no pienso del todo bien. zarme por la ventana. No. Ya lo he he- todo habrá terminado. Al menos, eso
con comerme solo el hígado. Estoy har- Sin embargo, me doy cuenta de lo que cho. Fue lo primero que se me ocurrió quiero creer. No me imagino cómo po-
to. Verdaderamente fastidiado. ha sucedido. O sea, nada. Me di un tiro cuando comenzaron mis males. Anda. dría existir así, partido en dos pedazos,
Me pongo la pistola a un lado de la y nada. Rompo una ventana a puñeta- A volar. Solo conseguí fracturarme las con medio cuerpo arrastrándose por
oreja y encojo el dedo con violencia. Las zos de pura impotencia. Lanzo dos si- dos piernas. Es un milagro que usted arriba de la banqueta mientras la otra
fracciones de segundo que transcurren llas por los aires. Quiebro una puerta. siga vivo. Por poco ahorco ahí mismo lo hace por el arroyo. Tampoco creo que
a partir de este momento se descom- Me detengo cuando escucho a Facundo al paramédico. Lo hubiera hecho, pero pudiera coordinar lo suficiente como
ponen una a una. Oigo el clic del gati- golpear contra la pared. A ver si dejas también tenía dislocado un brazo. Tardé para que ambas mitades se movieran
llo. Luego, el chas del percutor. Zum. dormir, cabrón. Por supuesto. Disculpa. tres meses en sanar. ¿Qué vino luego? hacia el mismo lado, para que cascaran
Ahí viene la bala. Percibo con claridad Un tiro. Las opciones se me acaban. No recuerdo. No me agrada demasiado un huevo, para que una me frotara el
su desplazamiento a través del cañón. Me he ahorcado, acuchillado, cortado hacer un recuento de mis experiencias culo en la ducha y la otra me enjua-
Toca el hueso. Lo quiebra y entra en mi las venas, electrocutado, envenenado como suicida frustrado. gara. Vaya tontería. Ni siquiera podría
cráneo. Interrumpe abruptamente las y nada. Sigo vivo. He aquí el sueño de Un tipo asesina a otro en la televi- permanecer de pie, a menos que cada
funciones de miles de mis neuronas, cualquier mequetrefe fantasioso he- sión. Le atiza con un tubo en la cabeza parte le hiciera contrapeso a la otra o
cercena vasos sanguíneos, hace todo el cho realidad. Alcanzar la inmortali- hasta que los sesos lo salpican. Parece que marchara dándome un perpetuo
destrozo posible y choca contra el hueso dad. Qué importa que haya cuentas por fácil. Ya le enseñaría yo a ese. Me le- abrazo de orate. ¿Y cómo le haría mi
del extremo opuesto. También lo quie- pagar, qué importa que mi mujer se vantaría con todo y la testa destrozada corazón para distribuir la sangre? O,
bra. Sale y se estrella contra la pared. haya fugado con otro, qué importa que y le arrearía de lo lindo. Luego me fu- más interesante todavía, ¿cómo come-
Sólo ahora retumba el disparo. mi madre esté muerta, que los amigos maría un cigarrillo. Enciendo uno y me ría, con las tripas limpiamente seccio-
Duele. me hayan abandonado o que ni siquiera desplazo por los canales. Noticias. Un nadas? Tendría que ayudarme con las
Me duele la cabeza. Y el otro dolor, el pueda acostarme con Alba. Todo carece concurso idiota. Mujeres desnudas lu- manos. A ver. El bolo alimenticio va de
de verdad, no deja de crecer. Si pudiera de relevancia. Soy inmortal. Un inmor- chando en aceite. Un mago cretino. Un aquí para acá. Ahora, un poco de jugo
llegar al baño, me vaciaría por com- tal patético que quisiera morir porque comentarista de noticias también creti- gástrico. Una sacudidita, más o menos
pleto la caja de píldoras en la boca. Lo sufre. Porque vive recluido en un de- no. Un payaso más cretino aún. Carre- así, para que avance el mismo bolo. Ajá.
intento, pero no puedo. Siento náuseas. partamento mugroso donde casi nunca ras de autos. Un vaquero pelea con dos Omito las etapas posteriores del proce-
Muchas náuseas. Vomito sobre la col- entra el sol. Porque no encuentra con o tres fulanos mal encarados sobre el so. Son una porquería.
cha. Una mezcla de baba, bilis y sangre. qué sanar de las dolencias que lo aque- techo de un tren en movimiento. Tele- Me froto las manos. Todo parece cla-
Sobre todo sangre. Maldito dolor. Para jan. Un inmortal absurdo. Uno que no novelas. Pornografía. ro ahora. Un tren más un cuerpo bien
colmo, estoy mareado y no coordino puede salir a la calle porque todo mun- Detengo súbitamente mi tránsito a acomodado equivalen al fin. Aunque

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CREACIÓN CREACIÓN

siempre es posible que no lo sea, por- minan así, como si nada, con un tronco
que no escapa a mi entendimiento que arrastrándose detrás. Estaría de verse.
el tren bien puede pasarme por enci- Habrá que planearlo con cuidado y
ma y dejarme en calidad de caracol, arriesgarse. Sobre todo eso. No tengo un
con todo el esqueleto destrozado, pero periódico a la mano, pero ya me ente-
vivo. Vivo y en calidad de vegetal. O, raré de dónde pasan los trenes por aquí.
peor aún, consciente. Completamente. Tengo que hacerlo. Y pronto. Antes de
Peor aún si no alcanzo a acomodarme que el dolor me atrape y no pueda dar
y me parte por la cintura, o más abajo. un paso. Por si las dudas, me buscaré
Quedaría para película de terror. «Las un tren de carga. Pesan más. Uno de
dos mitades», le pondría como título al doble locomotora.
bodrio fílmico. Los transeúntes corren Será fenomenal.
despavoridos mientras dos piernas ca-

Alfredo Ruiz Islas (Ciudad de México, 1975) es escritor e historiador. Ha pu-


blicado en revistas y compilaciones de México, Argentina, Chile, España y Estados © Andrés Lechuga
Unidos. De igual suerte, ha sido premiado en concursos literarios tanto nacionales Fuente: Flickr
como internacionales, entre los que destacan el Premio Nacional de Literatura
para Jóvenes 2014 FeNal–Norma, el XXV Concurso Literario Timón de Oro, el
Premio Sexto Continente de Relato Histórico y el I Concurso Cuentos Pecaminosos.
Estación Copilco el propósito de poder ver algo que me
por Daniel López Monterrubio permita orientarme; pero la obscuridad
que me rodea es completa. Solamente
puedo percibir, aquí y allá, el resplan-
Escribo la presente relación con la es- dor anaranjado de grandes incendios y
peranza de que algún otro sobrevivien- los túmulos de cascajo de lo que fueron
te pueda encontrarla y, de ser posible, casas y edificios. He perdido toda nación
reunirse conmigo. Bajo las circunstan- de orientación, pues todo lo que conocía
cias actuales; éste podría ser mi último ha desaparecido; el sol apenas es visi-
escrito. En los últimos tres días no he ble. Afortunadamente localicé los res-
sabido nada de mi esposa e hijos, ni he tos de lo que fue un gran almacén y he
visto a ningún otro ser vivo. podido hacerme de alimentos, agua, y
En este momento, las 13:55 del 16 de un poco de abrigo. Sin embargo, debido
Abril de 2036, me encuentro en lo alto a la gran cantidad de polvo y humo que
de la pila de escombros que fue todo hay en el aire se hace difícil respirar.
lo que quedó de un enorme edificio. El Creo que esto podría matarme en algu-
montón resultante del colapso de esta nos días; pues una tos seca, prolonga-
construcción debe tener unos quince da y desesperante, se ha apoderado de
metros de altura; y yo los escalé con mis vías respiratorias. Los accesos de

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CREACIÓN CREACIÓN

este malestar, cada vez más frecuentes video. Estaba en el punto más lejano de pocos minutos, antes de comprender lida de emergencia, misma que decidí
y largos, me dejan prácticamente sin mi recorrido cuando el terremoto azotó que una falla estructural lo dejó perma- explorar. Los mecanismos de apertura
aliento. Supongo que son un síntoma de la ciudad. Jamás en mi vida había yo nentemente clavado en su posición. De funcionaron correctamente y pude salir
asfixia. Paulatinamente los gases van sentido uno tan fuerte, largo, y violento. haberme encontrado en el interior; el del túnel. De acuerdo con mi reloj eran
derrotando a mis pulmones, y llegará el Fue tal la energía del sismo que en el cuarto de control hubiera sido la tum- entonces las cuatro de la mañana.
momento en que no podré respirar. De primer instante estuvo a punto de arro- ba donde habría sido sepultado vivo. Ya Salí a un mundo destrozado. La pri-
allí la urgencia de buscar alguna región jarme a las vías electrificadas del me- presa del pánico, me dirigí a la salida mera impresión que me golpeó al al-
con el aire menos contaminado. tro. Permanecí en el piso, en el mismo más cercana; pero las escaleras se ha- canzar la calle fue que el único sonido
Hasta hace tres días, de acuerdo con lugar donde caí; pues hubiera sido tan bían derrumbado. Además recordé que que escuchaba era el lejano crepitar de
el fechador de mi reloj de pulsera, me inútil como peligroso intentar ponerse yo mismo había supervisado que fueran incendios que no alcanzaba a ver. El
desempeñaba como velador de la es- en pie. Sentía las fuerzas atravesar mi cerradas con gruesos candados. humo y el polvo me provocaron el pri-
tación del metro Copilco; que está ubi- cuerpo, escuchaba los ruidos de crista- Me senté en el piso para examinar la mero de muchos accesos de tos. Mi lin-
cada en el barrio viejo de Coyoacán y les y plafones al despedazarse, el crujir situación con calma. Ya no tenía duda terna no podía penetrar esa combina-
es una de las más profundas del Siste- de muros, trabes, y castillos; miraba de que la estructura de la estación había ción de gases. Esperaba oír la expresión
ma de Transporte Colectivo Metro de el baile loco de las lámparas antes de sufrido daños mayores; y dada la mag- de angustia de una ciudad de 28 millo-
la ciudad de México. Empecé mi tur- que muchas de ellas se desprendieran nitud del seísmo cabía razonablemente nes de habitantes: sirenas, vehículos de
no aproximadamente a las cero horas de sus soportes y se hicieran pedazos esperar una replica que muy bien podría emergencia, bomberos, policías, solda-
del 13 de Abril; y nada me indicaba contra el piso. Pude ver cómo las vías terminar de derrumbar la maltrecha dos, millares de voluntarios dirigiéndo-
que fuéramos a tener algo excepcional del tren, a la sazón me encontraba en el estación. Se volvía urgente encontrar se diligentes y presurosos a las zonas
esa noche. Acompañé a un empleado andén oriente, se torcieron pasando de una manera de salir. Con las puertas más castigadas por el siniestro; pero
del metro para cerrar con candado to- ser rectas a formar una “S”. Fue en ese cerradas por candados, solamente po- solamente percibía el sordo rumor de
dos los accesos a la estación. Yo soy ¿o momento que la mayor parte del plafón día abandonar la estación caminado por incendios y explosiones lejanas.
era? empleado de un servicio privado que ocultaba el crudo cemento del techo las vías hasta la estación siguiente; un No estoy seguro de mi ubicación ac-
de vigilancia. Fui a mi puesto de tra- se desprendió, cubriendo de un polvo recorrido de unos tres kilómetros en la tual; pero cuando salí del túnel del me-
bajo, situado dentro de un cuarto blin- blanco todo lo que estaba abajo, dando más completa obscuridad que no resul- tro he de haber estado a unos 150 me-
dado y equipado con cinco pantallas de al aire un aspecto nebuloso. taba muy atractivo; pero no se me ocu- tros al norte del acceso a la estación de
televisión que me permitían observar Me resultó evidente que los daños in- rrió una mejor opción. Copilco. Con esta información en men-
los principales accesos del paradero, así fringidos a la estación ameritaban ac- Inicié la caminata rumbo al sur, es- te, y mi intuición como guía, empecé a
como los andenes. Protegido por muros cionar la alarma de sismo; y usar el te- perando llegar a la ciudad universitaria, desplazarme por una avenida bastante
de concreto armado de 50 centímetros léfono para alertar al puesto de control donde el metro deja de ser subterráneo; ancha; tuve la impresión de que era la
de espesor, puerta de acero, circuito ce- central de la avería en las vías. Me puse sin embargo, no llegué a recorrer más Avenida Universidad y me desplazaba
rrado de televisión, teléfono a la mano, en pie para ir al cuarto de vigilancia; que unos 150 metros antes de encon- rumbo al sur. Definitivamente quiero
y varios botones de llamado a agencias pero apenas había adelantado un par de trar que el túnel estaba totalmente co- abandonar la ciudad. Me resultó ex-
de emergencias como bomberos, poli- pasos cuando se cortó la electricidad. lapsado y no había manera de pasar. tremadamente fatigoso recorrer unos
cía, y protección civil. Yo siempre pen- “Y retiembla en sus centros la tierra”, Volví sobre mis pasos, pasé por la esta- pocos metros porque la visibilidad que
sé que hacer las rondas del velador era pensé, echando mano a la linterna que ción Copilco, y continué rumbo a Miguel tengo es muy limitada; y el terreno por
totalmente innecesario; pero eran parte por reglamento debía traer en el cin- Ángel de Quevedo. En esta dirección el que debo desplazarme sumamente
de mi obligación. turón. Caminé, sorteando todo tipo de los muros y techos del túnel se veían áspero. El polvo dificulta el uso de la
Unas dos horas más tarde salí del obstáculos, unos cincuenta metros para en mucho mejor estado, aunque había linterna; los cascotes desparramados
cuarto de vigilancia para echar un vis- llegar al cuarto de vigilancia; mas cuan- desprendimiento de materiales del te- por el suelo impiden una marcha regu-
tazo directo a aquellas zonas que no do quise abrir la puerta simplemente no cho en varios puntos. Unos trescientos lar. Además empiezo a acusar los efec-
estaban cubiertas por los sistemas de pude. Forcejé con el escotillón por unos metros más adelante encontré una sa- tos de estar aspirando humo y polvo.

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CREACIÓN

más intenso. No lo- llamó mi atención; dice: “Apofis, un gi-


gro explicarme por gantesco asteroide, en ruta de colisión
qué no he encontra- con la Tierra”. Leí de los pavorosos
do a nadie, ni he re- efectos que tendría para el planeta, y
cibido señal alguna en consecuencia para la humanidad, el
de vida en una ciu- impacto de un asteroide de ese tamaño:
dad de este tamaño. terremotos como el que había presen-
Alguien más tuvo ciado, humos y polvos en el atmosfe-
que haber sobrevi- ra que provocarían cambios climáticos
vido. No ceso de es- impredecibles, millones de muertos. De
pecular acerca de hecho…ahora somos una especie de vías
lo ocurrido ¿Habrá de extinción.
estallado uno de los ¿Seré el único sobreviviente de una
enormes volcanes catástrofe planetaria? Con sinceridad
que rodean la ciu- no lo creo. Es por esta razón que em-
dad, lo que la des- piezo a colocar banderas alrededor de
truyó por completo? mi refugio, indicando mi ubicación e
¿Tal vez la explo- invitando a cualquiera que las halle a
sión de una bomba reunirse conmigo en el subterráneo. Es-
atómica? pero que alguien las encuentre y venga
Pasé los siguien- en mi búsqueda. A medida que los días
tes dos días ade- vayan aclarándose, yo haré excursiones
cuando un lugar cada vez más lejanas en busca de otros
donde dormir. Aquí sobrevivientes. Marcaré mi camino con
abajo, en la esta- banderas que me servirán para volver
ción Copilco, el aire a Copilco, mi nuevo hogar; a la vez que
es mucho más res- señalarán el camino a algún otro super-
pirable que afuera. viviente.
No sé cuánto tiempo No dejo de pensar en la suerte que
tardaran en llegar hayan podido correr mi esposa y mis
Solamente los carriles centrales de la este proveedor. Igualmente he probado los socorros; pero ya están muy retra- dos hijos. Deseo correr en su auxilio;
anchurosa avenida se encuentran libres utilizar la radio que me dio la empresa sados. Mientras, rebuscando en los res- pero no podré abandonar mi refugio en
de cascajo, las pocas edificaciones que de vigilancia para la que trabajo; inclu- tos de la estación, encontré un puesto muchos días. Ruego a Dios porque se
se mantienen en pies están incendiadas; so utilicé el modo de emergencia para de periódicos. El titular de un tabloide encuentren a salvo.
y me impresionó mucho el no haber transmitir simultáneamente por todas
visto a nadie, vivo o muerto, en las tres las bandas del aparato; y no logré res-
horas que estuve fuera del túnel. Va- puesta alguna.
rias veces traté de utilizar mi teléfono No sabiendo a donde dirigirme, me Daniel López Monterrubio (Ciudad de México, 1959). Su relato El sendero
móvil para llamar a mi esposa, o a mi llevé al subterráneo cuantos alimentos fue publicado en Barcelona, en 2013, en el VI Volumen del Cryptonomicon. Asi-
jefe; pero solamente he obtenido la in- y agua pude cargar. También tomé fra- mismo, su cuento La búsqueda formó parte en 2011 de la antología Los hijos de la
dicación de que en la zona en la que me zadas y ropa de abrigo para poder tole- pólvora, publicada en Nueva York.
encuentro no hay servicio por parte de rar el frío que se hace a cada momento

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CREACIÓN

El beso
por Adrián Magro de la Torre

Hubo una especie de destello, y en un abrir y cerrar de ojos,


el Tiempo, con su boca llena de dientes, de saliva, que tan rá-
pido va y viene e incluso da la vuelta, esa vez, y por única vez,
se detuvo estrepitosamente...
¿Una casualidad? O, más bien, ¿el fruto de la causalidad?
¿La causalidad que hace que todos nosotros nos detengamos,
que dejemos de pensar, que corta de raíz la lengua del habla;
que lo más importante que hacía que nos moviésemos sea sus-
tituido y no vuelva a nosotros jamás?
Un accidente es un accidente. Lo que le pasaba por la cabe-
za a Evaristo minutos después del incidente distaba mucho de
serlo... Podía leerse la confusión en su frente, en sus dos ojeras.
Gotas de sudor le resbalaban copiosamente y encharcaban su
camisa. Aún sostenía el maletín, pero por pura inercia, por no
caerse él también y montar otra escena.
¿Nadie lo había visto? ¿A nadie le había extrañado? ¿Lo ha-
bría recibido sólo él? ¿Era el primero? ¿El último de muchos?
¿Y por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Adiós a la presentación; al diablo con el proyecto que le había
tenido encerrado los últimos meses de café y aire poco acondi-
cionado. Tenía la nariz taponada y no podía respirar. Nervioso,
se desanudó la corbata y un par de botones. Necesitaba salir a
la calle, abrir las fosas nasales, y respirar.
Ni siquiera se percató de la salida. Cuando las piernas le res-
pondieron enfiló la puerta y echó a andar por el andén, como
un ciudadano más. Se puso en el lado derecho de las primeras
escaleras mecánicas, de las segundas, de las terceras, y esperó
impaciente, esperó.
“¿Tan difícil es salir de aquí?”, pensó.
Por fin llegó a los tornos, y fue libre, libre dentro de su jaula
para poder ver las nubes, sentir el viento en la cara, las pocas
gotas que escupían sobre su tiempo.
¿Perdido? ¿Desperdiciado? ¿Esclarecedor? ¿Inspiratorio?
Le hubiera gustado además echarse un cigarro, o entrar en
un bar, tomarse un café, ojear el periódico lleno de idioteces.
Pero nada de eso podía suceder: llevaba lo justo para ir y vol-
ver, y ni siquiera había ido.

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CREACIÓN CREACIÓN

Con el maletín en una mano y la echasen: spots, artículos, newsletters... vez que Evaristo la veía desnuda, vul- que conformarse con el café y los ce-
corbata en la otra caminó largo rato, Pero lo que más le gustaba era escri- nerable. Como en ese momento, medio reales, mucho más sanos, pero a la vez,
mientras tosía, mientras estornudaba. bir películas, guiones para cine, guiones dormida, recién levantada. Pero hacía mucho más idiotas.
“¡Puto catarro!”, maldecía la voz de que nadie se paraba a preguntar por su meses que no follaban. Puede que ya no –Estás muy guapo, y parece que no
su mente. autoría. Algo que le frustraba, por otra le desease como antes, porque se estaba estés malo.
Caminó y caminó, sin rumbo, sin mi- parte; sabía que no tenía talento para el quedando calvo y había echado barriga; Las palabras siempre manaban de su
rar nada, sin mirar a nadie... Bastante género literario de los géneros literarios o que no pudiesen tener hijos por falta boca con un deje resplandeciente, una
tenía con mirarse a sí mismo para no por excelencia, pero sí para ése. Un gé- de medios, y eso hiciese que ya no le de- mezcla de dulzura y honestidad que po-
tropezar y perder la cabeza. nero menor. El suyo. sease como antes. cas veces había oído en otra persona.
El cielo también seguía en su con- Sin embargo, el éxito aún no había –¿Y tú? Era esa honestidad lo que más le asus-
tra y no paraba de amenazarle, incluso llegado por más que Evaristo había in- –No tienes fiebre –le dijo tocando su taba. Cualquier día podía transformar-
cuando encontró unos banquitos de ma- tentado salir a buscarlo. Contaba ya con rostro–. Dúchate tranquilo, y ensaya un se.
dera en una plazoleta. treintaitrés tacos viviendo a base de es- poco. Recuerda que el espejo te mira, –¿Y la pastilla? –preguntó ella.
“¡Que llueva! ¡Que lluevas si quieres! peranza, paciencia y trabajo. El proble- que son ellos. –¿A qué hora entras hoy?
¡Todo me resbala!”; y con el dedo cora- ma era que nada de eso le ayudaba a ¿Cómo podían continuar juntos?, me –La reunión se ha pospuesto un par
zón hacia arriba posó el culo y se sentó. traer suficiente dinero a casa, y claro, pregunto yo ahora. ¿Cómo una casua- de horas. Tengo tiempo.
A un lado los viejos se congregaban si hubiera seguido viviendo solo no ha- lidad había perdurado tantísimo en el Las conversaciones entre ellos dos
con sus migas de pan junto a las palo- bría tenido ese problema, pero compar- tiempo? ¿Cómo hacen dos personas que solían ser muy largas y apasionadas,
mas. Al otro lado unos jardineros pa- tiendo vida y gastos con Eva, todo, al se quieren para seguir sobrellevando lo con muchos puntos y muchas ramas. De
saban el cortacésped y podaban algunas final, era mucho más complicado: por que callan y a gritos dicen? hecho, era lo que más les había mante-
ramas. Caían y caían, la hierba se cor- más que el amor una al principio, a la Sí, ¿cómo? nido unidos. Hablar y hablar. Pero ese
taba y el viento la esparcía. El ruido de larga, siempre, el dinero acaba desu- Eva se puso una bata y unos calceti- día no. Y los días anteriores tampoco.
sus cachivaches era ensordecedor, pero niéndolo. nes y se fue a la cocina. Él deseaba irse y acabar cuanto antes.
a Evaristo le gustaba, le gustaba porque Por todo eso Evaristo no necesitaba Evaristo por su parte se encerró en Ella deseaba también que se fuese, y que
era el idóneo para aislarse y encontrar despertador. No tenía un trabajo. La te- el baño largo rato. Pero no ensayó como tuviese suerte, para luego tener éxito, y
el silencio. nía a ella. debía haber hecho. En su lugar, se hizo volver a hablar, y quién sabe qué más.
Lo que buscaba. De todas formas, esa misma mañana una paja sentado en el bidé. Mientras
no lo hubiera necesitado. Entre el cata- tosía, mientras sudaba por el placer y Evaristo empujó la puerta y entró en
Evaristo no tenía despertador. No lo rro y la presentación no había pegado el catarro; con los dos ojos bien cerra- el metro casi corriendo. Hacía frío en
necesitaba porque no trabajaba como un ojo. A las cuatro fueron los nervios, a dos, no fuese a verle su público. Lue- la calle, poco sol y algo de viento; pero
tipo normal, que se levantaba todos los las cinco los mocos, la tos, otra vez los go el agua de la ducha comenzó a caer aún no llovía, ni siquiera chispeaba. Se
días a la misma hora, que se duchaba nervios; a las seis las dudas, el calor, devolviéndole a la realidad, a ser Eva- quedó parado un instante, soplándose
y desayunaba siempre lo mismo, que los sudores, más luego la garganta, el risto, el guionista, una realidad que no las manos y mirando a su alrededor, a
cogía el coche y entraba en la oficina, picor, la maldita postura. Pero al llegar quería volver a conocer, ni asimilar. Y todos los que eran como él sin serlo. De
trabajaba y luego comía y volvía a tra- las siete ya todo eso le daba igual, por- todavía le faltaba vestirse el traje. un lado a otro. Que entro que salgo.
bajar, que salía, que volvía a casa y veía que quedaba atrás, en el pasado, y Eva, Le hubiera encantado fumarse un ci- Todos iguales, sin distinción.
a sus hijos, a su mujer, que cenaba y que también estaba despierta, como él, en garro, uno solo, y pensar tranquilo con Compró el billete, maldijo el precio, y
tras un poquito de tele, se iba a la cama el dichoso presente. él en la mano. Pero ya no fumaba. Y no con el maletín bien agarrado cruzó los
para volver a empezar, una y otra vez, –¿Has dormido algo? –le preguntó la por salud, sino por dinero, que es mucho tornos, viendo desaparecer el tren que
una y otra vez… mujer que seguía durmiendo a su lado. más triste. Eva ese capricho no iba a tenía que llevarle. En el andén sacó en-
Él escribía y escribía y escribía. Sin Su cuerpo, suave, tan carnal, era per- pagárselo, y Evaristo no iba a renunciar tonces los papeles, y con un lápiz en la
parar. De todo un poco, de lo que le fecto, perfecto para pegarse a él cada a su vida creativa por él. Por eso tenía mano, se puso a repasar, nervioso, por

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CREACIÓN

que se lo pidieron. lo hacía. Tenía sus ojos encima, eran


Una mujer emba- suyos, y le estaban analizando.
razada que no podía ¡No disimulaba, ni hacía por hacer-
más con sus pier- lo! Ni por educación ni por nada, como
nas. Todos los que suele hacer todo el mundo, como solía
iban con él acabaron hacer él.
mirándole, fijamen- La segunda estación, la tercera, la
te, juzgando su falta cuarta… Y todo seguía igual.
de educación. Inclu- Fue entonces cuando la curiosidad de
so los que seguían Evaristo pudo con él… Acabó subiendo
sentados. Para él no la mirada y se encontró con la del hom-
había nada peor que bre joven, y la mantuvieron: ojos casta-
eso, ser el centro de ños, como los suyos, pelo corto, barba
atención, para bien de tres días... Acto seguido sintió que la
o para mal. Y ya que rojez de su rostro iba siendo preocupan-
en la presentación te.
no le quedaba otra ¿El catarro? ¿La vergüenza?
que serlo, ¡ojalá na- Decidió bajarla de nuevo y centrar-
die le pusiese en una se en los papeles, aunque ya no pudiese
situación parecida! leerlos.
El último en en- Cada vez iba entrando más gente en
trar fue un hombre el vagón; cada vez le veía menos, pero
joven. En el últi- sabía que estaba ahí, mirándole, como
mo momento, pese si su mirada fuese un taladro que iba
a que el tren aún penetrando en su cabeza, en sus pensa-
tardó en arrancar. mientos, en sus emociones; averiguando
Evaristo se fijó en poco a poco quién era, como si él mismo
él desviando lige- se lo estuviese diciendo:
ramente la mirada “Hola, me llamo Evaristo y escribo
de sus papeles. El cosas, pero, en realidad, soy un fraca-
enésima vez, lo que tenía que decir. vez de a personas, con los dos codos y hombre se percató de ello y, cuando el sado. Tengo novia. Vivo con ella, se lla-
“No, tono solemne no. Es una come- el morro como sus mejores armas, en tren se puso en movimiento, fue él quien ma Eva, y todavía no piensa que sea
dia, joder. Tiene que ser igual. Transmi- posición, para conquistar cualquiera de empezó a mirar a Evaristo, práctica- un fracasado. A veces le gusta lo que
te lo que es”, se autocriticaba, para lue- los asientos sin dueño. Él prefería estar mente abstraído de todo, moviendo los escribo. Otras no. Es muy sincera. Hoy
go seguir en voz baja, paseando por el tranquilo e ir de pie, agarrado a una de labios, sin soltar palabra, en su mundo necesito un poquito de suerte para que
andén, recitando las palabras con una las barras, o pegado a una pared. Sin de concentración. esto que he escrito no se convierta en
nueva sonrisa falsa. molestar, sin ser molestado, sin tener Le miró de una forma evidente, inte- otro fracaso, para que ella no piense que
El tren vino, y con él la gente detrás, que estar mirando por si venía alguien resada, de arriba a abajo. lo he sido siempre”.
apostados minuciosamente en las puer- que realmente necesitase sentarse, y él, Llegaron a la primera estación, se De pronto se escuchó la voz que anun-
tas del vagón. Entre otras cosas, Eva- por tanto, tener que levantarse. abrieron las puertas, y Evaristo ya era ciaba la parada de Evaristo. Eso le hizo
risto odiaba ese momento, el momento En una ocasión tuvo que hacerlo, y muy consciente de ello. Poco a poco se volver a la realidad, a lo que tenía que
en el que la gente veía a enemigos en no por iniciativa propia, no, sino por- fue poniendo nervioso, a pensar por qué hacer, a ser el guionista.

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CREACIÓN CREACIÓN

“¡El pitch, la presentación!” como cuando aquella mujer embaraza- Y entonces lo vio, en un momento dado decirlo.
La estación en la que tenía que bajar- da le había pedido su asiento. lo vio, distinguió el carbón entre la tie- Nada más cerrar la puerta encontró
se era una de las estaciones más concu- Aún temblaba por dentro cuando se rra, una luz brillante que señalaba el a Evaristo sentado en el sofá, práctica-
rridas de toda la ciudad. Muchos viaje- dio la vuelta para comprobarlo. oro, lo que tenía que hacer si quería se- mente a oscuras, ya que prácticamente
ros se apostaron enfrente de la puerta, guir adelante y poder salir de la mina: era de noche. No hacía nada ni tampoco
en una fila típica del metro, sin orden Todo lo que pasó después ocurrió den- la resolución del conflicto que era, en se movía. Únicamente estaba sentado.
ni control. tro de la cabeza de Evaristo… como si realidad, su propia vida. Ni parecía alegre ni tampoco triste…
Las puertas se abrieron súbitamente, dentro tuviese a un millar de mineros Como si fuese una gota más, se escu- Únicamente estaba sentado.
y el hormiguero echó a andar. golpeándole incesantemente las rocas rrió de debajo del toldo y echó a cami- Eva dejó el bolso en la entrada, jun-
Evaristo avanzó despacio, esperando del cráneo... nar bajo la lluvia. to al paraguas que también llevaba, y
su turno, y cuando llegó a la altura de Además, para su desgracia, ya no se Se mezcló con ella, se fundió con ella, con los brazos cruzados, se le acercó un
su observador, éste, totalmente quieto, encontraba con el culo pegado al ban- se hizo ella. poco, temerosa de lo que podía venir, si
le cogió del brazo que sostenía el male- quito de la plazoleta, en medio del si- Pero no le importaba, aunque volvie- es que al final venía algo.
tín… y puso sus labios sobre los suyos. lencio ensordecedor que tanto anhela- se a caer en la fiebre, no le importaba. ¿Felicidad? ¿Depresión?
Fue de una forma suave, casi mis- ba, sino que estaba de pie, debajo de un Solo necesitaba pensarlo un poco más, Notó enseguida que su pelo estaba
teriosa, como un primer beso, ése que toldo, con ruido de ciudad pegado a sus crear un discurso, una nueva presenta- más alborotado que de costumbre; ha-
siempre se recuerda… Tal vez por eso orejas, con otros tantos descuidados sin ción, poner en orden lo que debía decirle cía rato además que se había quitado el
Evaristo no reaccionó, ni se separó de un paraguas al que echar mano. a Eva para que saliese todo bien. traje.
él. Sólo supo cerrar los ojos, y dejarse Había empezado a llover… y los jar- Y sonar convincente. –¿Cómo ha ido? –preguntó seria. Las
llevar, movido por su calidez, olvidando dineros se habían ido, los viejos se ha- “Esta vez usa el tono solemne, seco. escenas anteriores habían sido pareci-
por unos segundos quién era. bían ido, las palomas se habían ido, y él, Es un drama, joder. Un drama de des- das.
El sonido del cierre de las puertas también había tenido que irse. cubrimiento. ¿O una comedia dramáti- –Después de cenar. Hablamos des-
hizo que el hombre joven se marcha- Su corbata era lo único que permane- ca? Puede ser. No sé, no sé. Luego lo pués de cenar.
se, que se separase de Evaristo y saliese cía en el banquito. Bajo la lluvia, en me- decidiré con Eva. En cualquier caso, –¿Y el catarro? –insistió Eva, un poco
justo igual que había entrado. dio de un charco. El maletín en cambio tiene que sonar igual. Transmite lo que desconcertada.
Sin un por qué, sin un adiós… seguía con él, aunque la reunión no se es”. –Bien, el catarro bien. Hablamos
Echó a andar con absoluta normali- hubiese celebrado, y su remanso de paz después de cenar, ¿vale?
dad, como si nada hubiese ocurrido, y también se hubiese hecho añicos por un Eva volvió de trabajar tarde, como ya A partir de ahí prepararon la cena
se perdió, como un (des)conocido más. poco de agua. era costumbre, con el alma en los pies, totalmente en silencio –filetes de pollo
Pero Evaristo no se bajó; no fue detrás Sin embargo, y pese a todo, había te- en sus ojos. Cada vez era más paten- a la plancha y una ensalada sencilla,
de él para ¿insultarle?, ¿partirle la nido tiempo suficiente para ver y ana- te que quería dejarlo, buscarse algo con de lechuga y tomate–, como dos (des)
cara?, ¿volverle a besar como se ha- lizar lo que sí que había ocurrido y sí menos responsabilidades, con muchísi- conocidos que se conocen desde hace ya
bían besado? Cualquier cosa le hubiese que le había gustado. Lo único que podía mo menos estrés. Pero no podía hacerlo, mucho tiempo. Sin roces ni caricias de
bastado, pero ni siquiera podía mover- salvar de todo aquello. aunque quisiese; no tenía otra cosa, y no ningún tipo. Como cualquier otro día.
se. Totalmente paralizado se quedó allí, Ese beso, ese beso, ese beso… estaba ella sola viviendo su vida, estaba Solo con miradas, miradas de soslayo,
en la misma postura en la que el hom- Único, tan cargado de todo, tan espe- con Evaristo, viviendo la suya también, por la espalda, nada que ver con las
bre joven le había dejado, sosteniendo cial. Y con un hombre. El primero que y necesitaba ambas cosas. Pese a que él miradas que se habían sucedido entre
el maletín, con la mirada perdida, sin se daba con un hombre… aún no lo supiese, cuando, por lo menos, Evaristo y el hombre joven por la ma-
mirar nada, sin mirar a nadie. Y pensó y pensó y pensó… debería haberlo intuido. ñana en el metro.
Se preguntó entonces si alguien le Y siguió dándole vueltas a la cabeza Así pues, entró en casa como siem- Sentados a la mesa, con la televisión
estaría mirando, si sería el centro de como si fuese la trama de un guión, o pre entraba en casa, tan guapa como encendida, cada uno en su sitio, cara a
atención de todas las miradas a la vez, las aristas de los diferentes personajes. se había ido, tan cansada que ni podía cara, y casi sin haber probado la cena,

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CREACIÓN COLABORACIONES

Eva, tan harta como impaciente, cogió


el mando a distancia y la apagó.
y otro hombre –dijo, sin atragantarse,
del tirón, mirándola por fin–. Y luego,
Colaboraciones
Evaristo vio que venía... espera… Luego vendría lo mejor: podría
Eva volvió a preguntarle lo mismo: describirlo Eva, montar una historia
–¿Cómo ha ido? ¿Vas a decírmelo ya alrededor de todo, escribir la película
o qué? –preguntó irritada. más real y original que jamás haya es- La Revista Literaria Visor se centra en diversos aspectos del relato corto. Está
Evaristo no pudo tragar. Tampoco crito, una película que por supuesto se estructurada en tres bloques fundamentales: reseñas literarias, ensayo y creación.
pudo contestar de inmediato. Había lle- llevaría a la gran pantalla… ¿Te la ima- Toda colaboración será bien recibida en cualquiera de estos campos siempre que
gado el momento de soltar todo aquello ginas? sea original, inédita, escrita en español y relacionada con los distintos aspectos del
que había estado rumiando sentado en Eva, atónita, no daba crédito a lo que relato breve. Los textos deben remitirse en fichero adjunto y en formato Word,
aquel banquito de aquella plazoleta. acaba de oír, no sabía qué pensar del junto a una breve reseña bio-bibliográfica de no más de diez líneas, a la siguiente
Masticó despacio, igual que alguien hombre que tenía enfrente, y se que- dirección de correo electrónico:
que mastica la respuesta que marcará dó totalmente sin habla, paralizada de
todo lo que tenga que venir, si es que al pies a cabeza. Igual, igual que le había visorliteraria@gmail.com
final viene algo. ocurrido a Evaristo en el metro, cuan-
¿Felicidad? ¿Depresión? do aquel hombre joven le había besado El consejo editorial leerá todas las colaboraciones enviadas, reservándose el de-
–He tenido algo parecido a una reve- para desearle suerte. recho a su inclusión en la revista. No se informará en ningún caso sobre aspecto
lación… Igual… alguno del proceso de selección, y solo se mantendrá correspondencia con aquellos
–¿Una revelación? –preguntó Eva, Hubo otra especie de destello, y en un autores cuyos textos sean elegidos.
sorprendida– ¿Y la reunión? ¿El guión? abrir y cerrar de ojos, el Tiempo, sin su Los autores son siempre los titulares de la propiedad intelectual de cada una de
–Y he pensado que la solución a todo boca llena de dientes, de saliva, que tan sus obras y solo ceden a la Revista Literaria Visor el derecho a publicar los textos
lo que nos está pasando es… rápido va y viene e incluso da la vuelta, en el número correspondiente.
–No lo has vendido. Vuelves igual. esa vez, y por segunda vez, se detuvo Además de responder a los estándares adecuados de calidad artística y de re-
Otra vez no has vendido nada… estrepitosamente... dacción, los requisitos de publicación serán los siguientes: para reseñas literarias,
–¡Hacer un trío! Intentar ser una pa- ¿Una casualidad? O, más bien, ¿el los textos no sobrepasarán la extensión de una página; para ensayos, no más de
reja de tres. Buscar a alguien. Tú, yo fruto de la puta causalidad? 10, y para creación, no se excederán las 12 páginas. En todos los casos, los textos
se redactarán en A4, con letra tamaño 12, doble interlineado y notas al final del
documento.

Adrián Magro de la Torre (1990). Vive en Madrid y es graduado en co-


municación audiovisual y guionista de ficción de cine y televisión. Actualmente Esta revista es una publicación sin ánimo de lucro y no cuenta con ningún tipo
colabora en una revista online, www.elcotidiano.es, redactando artículos de crítica de apoyo público o privado. La Revista Literaria Visor se realiza con el trabajo
y opinión de índole cultural. Aparte, ha escrito un guión de largometraje titulado de quienes aparecen en el directorio y gracias a la inestimable colaboración de los
Humo (las consecuencias), aún inédito, es coautor del proyecto de serie de televi- autores.
sión Inseparables, a día de hoy también inédito, y, a su vez, en sus ratos libres, es
escritor de algunos relatos y multitud de poemas (Primer Premio “XI Concurso de
Poesía de la Universidad Rey Juan Carlos” por la obra titulada Sobre el brocal), y
autor del pequeño cortometraje Celebración, disponible en Youtube.

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VISOR revista literaria

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