Está en la página 1de 2

Safo de Lesbos Al que ingrato me deja, busco amante;

al que amante me sigue, dejo ingrata;


Fragmento 31 constante adoro a quien mi amor maltrata;
  maltrato a quien mi amor busca constante. 
Yo veo a ese hombre que se sienta cerca de ti
semejante a los dioses  Al que trato de amor, hallo diamante,
porque puede escuchar estrechamente tu deliciosa voz  y soy diamante al que de amor me trata;
y esa risa seductora  triunfante quiero ver al que me mata,
que hace temblar el corazón bajo mis pechos.  y mato al que me quiere ver triunfante. 
 
Aun cuando te vislumbro por un momento  Si a éste pago, padece mi deseo;
mi lengua calla, la palabra me abandona  si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
mientras un fuego delicado mora bajo mi piel –   de entrambos modos infeliz me veo. 
mis ojos no pueden ver, entonces, 
y solo oigo un sonido girando  Pero yo, por mejor partido, escojo
como un escalofrío, sudando,  de quien no quiero, ser violento empleo,
porque todo en mí es temblores;  que, de quien no me quiere, vil despojo.
me hago más pálida que el pasto seco 
y más próxima a la muerte…
Mariela Dreyfus
Fragmento 94
  Post Coitum
De verdad desearía estar muerta. 
Cuando se fue, lloró Descender las escaleras del hotel
  y que las cosas vuelvan a su antiguo espesor.
me dijo, “Esta separación debe ser  Este placer ya ha sido pagado:
soportada, Safo. Voy de mala gana.”   todo es dinero todo se vuelve papel moneda
  el goce es dejado sobre sábanas prestadas.
Y rogué, “Ve, y sé feliz 
pero recuerda (lo sabes bien) Frente al espejo de la entrada
a quien tú dejas con los grilletes del amor   aliso mis cabellos/ acomodo mis senos
  al lado de mi muchacho
“Si te olvidas de mí, piensa  tímido como siempre en el primer abrazo.
en nuestras ofrendas a Afrodita 
y todo el encanto que compartimos   El regreso a casa es solitario
  y debo esconder mis pasos,
todas las tiaras de violetas,  el olor que sorprenda a mi madre
capullos trenzados, eneldo y  mil veces violada y todavía virgen.
el azafrán tornados alrededor de tu joven cuello 
 
mirra vertida en tu cabeza  María Ermilia Cornejo
y sobre el suave tapete de muchachas 
todas ellas deseando estar lado a lado   SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA
 
pues mientras ninguna voz entonaba Soy la muchacha mala de la historia
coros sin nosotros,      la que fornicó con tres hombres
ninguna vara floreció en primavera sin ese canto…”   y le sacó cuernos a su marido,

Soy la mujer
sor Juana que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
como en tu rostro y tus acciones vía hasta convertirlo en una piedra
que con palabras no te persuadía, negra y estéril,
que el corazón me vieses deseaba. soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
Y Amor, que mis intentos ayudaba, y gemidos falsos en la cama.
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía, Soy
el corazón deshecho destilaba. La muchacha mala de la historia.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,


no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos:


pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
Diane Di Prima Alejandra Pizarnik

El día que te besé... Buscar

El día que te besé, la última cucaracha No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. No quiere
se murió. Las Naciones Unidas decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no
abolieron todas las cárceles. El papa viene.
admitió a Jean Genet como miembro
del Colegio de Cardenales. La
Fundación Ford, con gasto enorme, En honor de una pérdida
reconstruyó la ciudad de Atenas.
El día que hicimos el amor, el dios pan
volvió a la Tierra, Eisenhower dejó La para siempre seguridad de estar de más en el lugar en donde
de jugar al golf. Los supermercados los otros respiran. De mí debo decir que estoy impaciente
vendieron mariguana. Y Apolo leyó porque se me dé un desenlace menos trágico que el silencio.
poemas en el parque Union Square. Feroz alegría cuando encuentro una imagen que me alude.
Desde mi respiración desoladora yo digo: que haya lenguaje en
El día que retozaste en mi cuerpo donde tiene que haber silencio.
las bombas se disolvieron.
Alguien no se enuncia. Alguien no puede asistirse. Y tú no
quisiste reconocerme cuando te dije lo que había en mí que
Rosario Castellanos eras tú. Ha tornado el viejo terror: haber hablado nada con
nadie.
Destino
El dorado día no es para mí. Penumbra del cuerpo fascinado
Matamos lo que amamos. Lo demás por su deseo de morir. Si me amas lo sabré aunque no viva. Y
no ha estado vivo nunca. yo me digo: Vende tu luz extraña, tu cerco inverosímil.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos. Un fuego en el país no visto. Imágenes de candor cercano.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia Vende tu luz, el heroísmo de tus días futuros. La luz es un
de respirar con un pulmón ajeno! excedente de demasiadas cosas demasiado lejanas.
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra En extrañas cosas moro.
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir. El primer poema de la historia

El hombre es anima de soledades, Mi amado;


ciervo con una flecha en el ijar tu encanto es dulce, dulce como la miel.
que huye y se desangra.
Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
Ah, pero el odio, su fijeza insomne Amado, quiero escapar contigo a la cama.
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza. Mi amado, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.
El ciervo va a beber y en el agua aparece En la alcoba, empapada de miel,
el reflejo del tigre. gocemos de tu dulce encanto.
Amado, te haré cosas deliciosas;
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve dulce tesoro mío, miel te llevaré.
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo. Mío, si me quieres,
habla con mi madre y a ti me entregaré;
Damos la vida sólo a lo que odiamos. habla con mi padre y me entregará a ti como regalo.

Elvira Sastre Darte placer… Yo sé cómo darte placer;


Muy mío, duerme en mi casa hasta el alba.
DOBLE O NADA Alegrar el corazón… Yo sé cómo alegrar tu corazón;
querido mío, duerme en mi casa hasta el alba.
Todos estamos enamorados.
Si me amas,
Solo algunos estamos despiertos.
amado mío, hazme cosas deliciosas.

El amor es un paréntesis abierto.
Mi señor, mi dios; mi señor y mi dios protector,

mi Shusin, que alegra el corazón de Enlil,
– ¿Me quieres?
¡ojalá me hicieras cosas deliciosas!
– Más que a mi vida, dijo el suicida.
Tu sitio, dulce como la miel… ¡Ojalá pusieras tu mano sobre

él!
Sé que me haces feliz
porque mi tristeza no te reconoce.
Pon tu mano sobre él como la tapa de una copa;
extiende tu mano sobre él como la tapa de una copa.