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TEORÍA ATÓMICO-MOLECULAR DE LA MATERIA

La teoría
atómico-molecular
de la materia
Fundamento de la química
Aureli Caamaño Ros
Consejo de Dirección de Alambique

4 Alambique Didáctica de las Ciencias Experimentales • núm. 97 • pp. 4-7 • julio 2019
La teoría atómico-molecular de la materia. Fundamento de la química

¿Qué entendemos por teoría atómica de la materia? En un sentido estricto la teoría general que supone
que la materia está formada por átomos –partículas muy pequeñas, que inicialmente se supusieron indi-
visibles– de diferentes elementos. En un sentido más amplio podríamos decir que es la teoría que indaga
en torno a la estructura de las sustancias conjeturando hipótesis sobre las partículas que la constituyen y
las interacciones que hay entre ellas con la finalidad de explicar sus propiedades y sus cambios.

Sin lugar a dudas, podemos decir que la teoría atómica es la teoría fundamental de la química y uno de
los corpus teóricos más importantes de la ciencia. Ahora bien, esta teoría ha sufrido constantes mudan-
zas a lo largo de la historia, desde los tiempos en que se presentó como una propuesta filosófica en la
Grecia clásica, hasta la formulación de la teoría cuántica moderna. Por otro lado, la teoría atómica-mo-
lecular es también un contenido esencial de la química escolar, cuyo aprendizaje durante los cursos de
secundaria implica la elaboración y aplicación de diferentes modelos atómico-moleculares.

En general, la naturaleza corpuscular de la materia aparece por primera vez en el currículum de edu-
cación secundaria cuando se elabora el modelo cinético-corpuscular para explicar las propiedades de
los gases. Este modelo se amplía después para dar cuenta de las diferentes propiedades de los gases,
líquidos y sólidos. En la versión más simple del modelo corpuscular no es preciso distinguir entre los
diversos tipos de partículas o corpúsculos que forman las sustancias, pero, cuando lo que se pretende
es explicar las diferentes propiedades de las sustancias, aparece la necesidad de elaborar hipótesis sobre
la naturaleza de estas partículas. Por ejemplo, para enseñar que determinadas sustancias no pueden
descomponerse en otras más simples (sustancias elementales) mientras que en otras sí que es posible
(compuestos químicos) es preciso suponer que las primeras están formadas por átomos de un mismo
elemento y las segundas por combinaciones de átomos de elementos diferentes.

Esta es la hipótesis fundamental que propuso John Dalton en el Nuevo Sistema de la filosofía química,
publicado en dos partes, en 1801 y 1810. Sin embargo, Dalton no utilizó el término «sustancia elemen-
tal» sino el de «elemento», tanto para referirse a las sustancias simples como a los átomos. La idea de
Dalton era que la diversidad de compuestos químicos que se conocían podía explicarse por la combi-
nación de un reducido número de elementos químicos que se caracterizaban por estar constituidos por
átomos que tenían diferente «peso atómico». Según Dalton, la combinación de dos o más átomos de
elementos diversos daba lugar a «átomos compuestos», que en la actualidad denominamos «moléculas».
Los elementos los suponía formados por átomos iguales no combinados entre sí.

En los cursos introductorios de química se parte de un modelo daltoniano modificado en el que


se acepta la existencia de moléculas de átomos iguales como la estructura más común de las sus-
tancias elementales no metálicas. Este modelo sirve para interpretar reacciones químicas entre
sustancias moleculares o supuestamente moleculares, que se explican como una recombinación
de los átomos de las moléculas. Esta recombinación implica la «rotura» de enlaces entre los áto-
mos de las moléculas reactivas y la formación de nuevos enlaces para formar las moléculas de
los productos.

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En el modelo daltoniano la unión entre átomos de diferentes elementos solo puede conducir a la for-
mación de moléculas, pero esta no es la única forma en que se pueden unir los átomos. En efecto, estos
pueden unirse formando agrupaciones discretas de átomos fuertemente unidos entre sí, que denomina-
mos moléculas, las cuales se unen mediante fuerzas intermoleculares, dando lugar a «estructuras mul-
timoleculares»; asimismo, los átomos también pueden unirse formando agrupaciones ininterrumpidas
de átomos fuertemente unidos entre sí, que llamamos «estructuras gigantes».

La hipótesis de la existencia de estructuras gigantes es importante que se introduzca rápidamente en el


proceso de modelización para convertir el modelo daltoniano en un modelo atómico más consistente.
La evidencia experimental de la existencia de estas estructuras es el alto punto de fusión que se da en
algunos sólidos a diferencia del bajo punto de fusión que caracteriza a las sustancias con estructura
multimolecular. A continuación, el modelo de estructura gigante debe ampliarse para explicar las pro-
piedades características de los tres tipos de sólidos con alta temperatura de fusión: diamantinos, salinos
y metálicos. Por ejemplo, para explicar las propiedades de los sólidos salinos es preciso suponer la exis-
tencia de un nuevo tipo de partículas, los iones, es decir, «átomos» o «moléculas» con carga eléctrica. A
la vez que desarrollan estos modelos, los alumnos y alumnas aprenden el uso de un lenguaje gráfico y
simbólico para la representación de la composición atómica y la estructura de las sustancias.

El presente monográfico trata sobre cómo desarrollar, especialmente en secundaria, una serie progre-
siva de modelos moleculares, multimoleculares y multiatómicos que siga el trayecto descrito. Aureli
Caamaño, en el artículo introductorio (pp. 8-18), propone un itinerario a partir del cual modelizar la
estructura de la materia que parte del modelo atómico-molecular daltoniano para introducir inmediata-
mente el concepto de estructura gigante como estructura alternativa a la estructura molecular. Las sus-
tancias que presentan un bajo punto de fusión se suponen formadas por estructuras multimoleculares y
las que presentan un alto punto de fusión, por estructuras gigantes. La fórmula de las moléculas permite
introducir los conceptos de valencia covalente y de enlace covalente direccional, y, de este modo, imagi-
nar su estructura con la ayuda de modelos moleculares de bolas. Los sólidos de alto punto de fusión se
caracterizan como diamantinos, salinos y metálicos, de acuerdo con sus propiedades características, y
se modelizan como estructuras gigantes covalentes, iónicas y metálicas, respectivamente.

A continuación, Glinda Irazoque, Gisela Hernández y Aureli Caamaño (pp. 19-26) presentan una serie
de actividades para comprender los conceptos de masa atómica relativa y de mol, y para determinar
experimentalmente la masa atómica relativa de un elemento y la constante de Avogadro, actividades que
se consideran apropiadas para el bachillerato. El problema de la determinación de las masas atómicas
relativas se muestra a través de un problema analógico con tres tipos de semillas –arroz, frijoles y gar-
banzos– que representan tres tipos de átomos diferentes. La determinación experimental de la constante
de Avogadro se efectúa a partir de una actividad guiada por una serie de preguntas estructuradas que
conducen al diseño y realización del método de la película superficial.

Iñigo Rodríguez-Arteche y M.ª Mercedes Martínez-Aznar (pp. 27-54) presentan una propuesta
didáctica de modelización de las reacciones químicas en un contexto de 3.º de ESO. Consta de dos

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actividades: la primera tiene como objetivo diferenciar cambios físicos de cambios químicos; la
segunda, objeto del artículo, consiste en la resolución experimental de una serie situaciones pro-
blemáticas en que se pregunta lo que puede ocurrir cuando se ponen dos sustancias en contacto,
se añade agua a una sustancia, se calienta una sustancia, y se pone en contacto una sustancia con la
corriente eléctrica. Para la interpretación de estas reacciones se requiere la elaboración de una serie
de modelos atómico-moleculares.

Aureli Caamaño –en su artículo «El significado de las fórmulas químicas. Por un aprendizaje simultáneo
de las representaciones estructurales y simbólicas» (pp. 35-44)– defiende la introducción del lenguaje
simbólico de la química en paralelo al proceso de modelización de la estructura de las sustancias. De
este modo, la visión estructural de las sustancias y de sus entidades constitutivas acompaña a su repre-
sentación simbólica, que es un lenguaje más abstracto. Esta vinculación de fórmulas con estructura
no está exenta de problemas dado que las fórmulas no siempre proporcionan información estructural;
de ahí, la importancia de distinguir entre fórmulas moleculares, fórmulas estructurales y fórmulas de
las unidades-fórmula de las estructuras gigantes. También se resalta la importancia de diferenciar las
fórmulas que representan las sustancias de las que representan entidades submicroscópicas, mediante el
uso de los símbolos de los estados físicos de las sustancias.

Por su parte, Antonio Joaquín Franco-Mariscal (pp. 45-50) presenta una propuesta de iniciación al
aprendizaje de la formulación química en 3.º de ESO basada en la analogía de las piezas de un puzle
con átomos de diferentes estados de oxidación. La modelización de los estados de oxidación se realiza a
través de la construcción de piezas de cartulina con un determinado número de salientes (que represen-
tan los estados de oxidación positivos) o entrantes (que representan los estados de oxidación negativos),
de modo que la formación de los compuestos binarios o ternarios se simula por ensamblaje de estas
piezas, y la determinación de su fórmula química se obtiene a partir de la información que proporciona
el número de piezas ensambladas.

Finalmente, en la sección de «Actualización y reflexión», Carlos Agudelo (pp. 51-56) critica que la tabla
periódica se use más como un instrumento de clasificación de los átomos que como una herramienta de
explicación de los fenómenos químicos. Este artículo constituye, conjuntamente con el resto de artículos
del monográfico, la contribución de la revista Alambique al Año Internacional de la Tabla Periódica de
los elementos químicos. ◀

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