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LA HISTORIA DE CASIMIRO

Roger Jordán Palomino

Casimiro era hijo de campesinos de Huancayo en cuya personalidad se fue haciendo evidente
una clara inteligencia, amor al trabajo y al estudio por lo que se daba tiempo para ayudar a sus
padres en sus labores del campo y estudiar su educación primaria en una escuela nocturna de
su localidad y su educación secundaria en un colegio nacional también nocturno llegando a
terminar sus estudios escolares con altas calificaciones.

Cuando alcanzó la mayoría de edad decidió emigrar a Lima con la idea de estudiar derecho en
una universidad nacional que también funcionaba en el turno de la noche para trabajar en el
día a fin de auto sostenerse y ayudar en lo posible a sus padres y hermanos.

Para tal fin y cuando llegó a la capital, se alojó inicialmente en la casa de un tío que trabajaba
de ambulante de frutas en La Victoria pero que era alcohólico y que a menudo lo agredía a él y
a su familia, sin embargo aprendió la actividad del tío y cuando ya no pudo soportarlo decidió
buscar a otro tío que vivía en San Cosme y dedicarse a trabajar también como ambulante.

Como Casimiro desarrolló una clara visión del negocio de vendedor , en lugar de vender
frutas, comenzó a vender alcachofas que encargaba a su tío que tenía un camión que
transportaba frecuentemente mercaderías a Huancayo, encargándole que a su regreso le
compre alcachofas en Concepción para venderlas en una carretilla que alquilaba
semanalmente.

Así, trabajando de día y estudiando de noche, luego de un año, se hizo de un capital que le
permitió traer más alcachofas y alquilar otras cuatro carretillas que las distribuyó entre algunos
de sus amigos de confianza a quienes les encargaba la venta ambulante de alcachofas en
barrios de clase media pero lamentablemente, cuando su negocio marchaba muy bien, uno de
sus carretilleros sufrió un asalto y como era muy intuitivo, del asalto aprendió que cuanto más
expandía su economía, necesitaba más seguridad por lo que dejó las carretillas alquilando una
tienda a fin de concentrar su vigilancia en un solo lugar y vender no solo alcachofas sino
productos del centro como gelatina de pata, quesos y demás delicias típicas de Junín. A pesar
de ello su tienda sufrió un nuevo asalto mientras él estaba en la universidad por lo que
contrató los servicios de un policía retirado aún joven.

A los tres años de vivir en Lima Casimiro ya había logrado aperturar tres tiendas más en
diferentes barrios por lo que hizo traer a su familia para que lo ayuden mejorando su
seguridad con una compañía especializada poniendo al policía de supervisor, reafirmando así
su intuición de que, cuanto más bienes poseía, más seguridad necesitaba.

Al cabo de ocho años de estudios y duro trabajo, compró una casa en San Borja logrando
graduarse como abogado e iniciar una cadena de mini mercados a las que bautizó con el
nombre de “Huaytapallana market ” que además vendía carne, truchas y otros productos
traídos del centro logrando una numerosa clientela y modernizando sus sistemas de
seguridad.
Entre su clientela conoció a un colega del que se hizo amigo y que le contó que estaba como
cursante en el CAEN pues pensaba conocer más sobre la realidad nacional ya que tenía
aspiraciones políticas llegando a interesarlo de tal manera que al año siguiente, Casimiro tomó
el Curso de Defensa Nacional en el que se hacía frecuente una frase del General José del
Carmen Marín Arista de que “No puede haber bienestar sin seguridad ni seguridad sin
bienestar” por lo que un día invitó a su amigo a almorzar en un lujoso restaurante para
contarle sus experiencias en el CAEN señalando que la frase del general Marín, él la había
puesto en práctica instintivamente por necesidad y que por tal razón, consideraba que tal frase
no necesitaba de mayor razonamiento ya que era una verdad irrebatible.

Con el tiempo, el amigo llegó a ser congresista y lo llamó como asesor libre a fin de
presentarle estudios sobre diferentes temas que se ventilaban en el congreso y cuando se iba
a debatir sobre el presupuesto del Sector Defensa, le encargó que le haga el estudio
respectivo.

Al amigo no le gustó el informe de Casimiro pues ponía énfasis en la necesidad de lograr el


equilibrio estratégico con Chile ya que, según sostenía, dicho país había demostrado continuar
siendo una amenaza para la seguridad y soberanía nacional como lo fue en 1879 por su
ambición de nuestro salitre y su actual necesidad vital de agua y energía del que carece en el
norte de su territorio y que el Perú posee en abundancia, además insistía en la necesidad de
una decisión política clara para acabar con el terrorismo en el VRAEM dotando a las Fuerzas
Armadas de los medios necesarios y de un marco legal que les garantice su seguridad jurídica,
siempre y cuando no cometan abusos comprobados y de responsabilidad directa contra los
derechos humanos. Presionado por su partido, su amigo le comunicó que tenía que prescindir
de sus servicios y que lo invitaba a almorzar para explicarle el motivo de su decisión.

Casimiro que no necesitaba del sueldo que recibía de su amigo congresista, no le guardó
ningún resentimiento y más bien se interesó mucho en conocer la ideología de su partido
acerca de la necesidad de la seguridad nacional por lo que le aceptó su invitación para
conversar sobre el tema.

Durante el almuerzo y hábilmente, Casimiro fue obteniendo la información de su amigo que lo


llevó a la conclusión de que su partido político representaba los intereses de grandes empresas
porque, según manifestaba, eran la fuente del desarrollo y que evidenciaban un marcado
antimilitarismo pues consideraban a las Fuerzas Armadas golpistas por naturaleza y que
originaban un gasto innecesario pues cualquier conflicto internacional era factible resolverlo
mediante la diplomacia, asimismo, que casi todos los congresistas pensaban igual, los de
derecha por las mismas razones que su partido y los de izquierda porque las consideraban
violadores natos de los derechos humanos.

Luego de la conversación con su amigo, sintió necesidad de investigar la razón por la que a los
grupos de poder del Perú les interesaba más el desarrollo que la defensa nacional a pesar de
que, según el CAEN, habían evidentes amenazas externas e internas a nuestra soberanía,
buscando para tal fin, la opinión de un amigo sociólogo, otro historiador y un militar que
estaban haciendo el curso de defensa nacional con él para lo cual los invitó a almorzar a su
casa.
Durante el almuerzo, el sociólogo manifestó que la sociedad peruana estaba fracturada desde
nuestra independencia por la persistencia de grandes diferencias sociales y regionales cuyos
intereses y aspiraciones eran casi siempre diferentes y hasta antagónicas en el tema de
desarrollo pues a las clases altas solo les interesaba hacerse más ricos y que además tenían la
tendencia a depositar sus ganancias en el extranjero y que eran reacios a la defensa pues la
consideraban innecesaria y requería de muchos impuestos para mantenerla por lo que
preferían la vía diplomática para los conflictos internacionales y la represión para los conflictos
internos.

El amigo historiador manifestó que la tendencia de las clases altas se hizo más evidente
durante el gobierno de Pardo quien fundo el partido civilista en clara alusión contra todo lo
militar, llegando incluso a disminuir los efectivos del ejército a 3000 hombres y negarse a
comprar los buques blindados que le recomendaron los altos mandos de las Fuerzas Armadas
para equilibrar el poder militar que estaba adquiriendo Chile, contestándoles Pardo que sus
mejores blindados eran sus alianzas defensivas con Argentina y Bolivia, respuesta que Casimiro
consideró totalmente irresponsable pues Pardo no podía ser ajeno al conocimiento de que el
armamentismo de Chile le proporcionaba una capacidad ofensiva y de conquista contra Bolivia
y Perú como ocurrió en 1879.

El militar manifestó que su compañero sociólogo e historiador tenían toda la razón y que la
situación se estaba repitiendo en la actualidad ya que Chile había logrado una superioridad
militar mayor que el triple que la nuestra lo que le daba una capacidad ofensiva contra Perú
del que ambicionaba el agua del Titicaca para ampliar su frontera agrícola en el norte desértico
de su territorio y el gas de Camisea para dotar de energía a dicha región y que dichas
necesidades les eran vitales pues su modelo económico agroexportador y minero podía
colapsar en el mediano plazo sino obtenía agua y energía por la razón o la fuerza como reza su
lema, agregando que el ridículo reclamo del triángulo terrestre podía ser solo un pretexto para
provocar al Perú a fin de justificar una nueva guerra de conquista que los políticos no querían
ver igual que las avestruces cuando las acecha una amenaza.

Luego de su conversación, Casimiro quedó convencido de que, siendo la seguridad un anhelo


natural en un ser humano normal como el mismo lo había experimentado, la aversión a los
militares de la clase dirigente nacional, constituía una anormalidad producida por una especie
de virus mental que pervivía desde que Pardo fundó el Civilismo y que se instalaba en la mente
de los peruanos en cuanto se convertían en políticos, impulsándolos a actuar en contra de la
seguridad de la nación de la que eran parte , con la diferencia de que a cualquier virus se le
podía combatir con una vacuna mientras que su aversión a la Seguridad Nacional era una
anormalidad, casi incurable, pues estaba favorecida por su ambición de riqueza y poder y que
la única posibilidad de restaurar la necesidad natural de seguridad era alcanzar una identidad
nacional como la que logró el taita Cáceres en la sierra central cuando unió a ricos y pobres, a
blancos e indios por la causa de la resistencia nacional y que cuando tal milagro ocurrió en
medio de la desunión generalizada de la Nación Peruana, recién los chilenos sintieron de lo
que somos capaces los peruanos cuando nos unimos.