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Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Facultad de Ciencias y Educación


Proyecto Curricular Licenciatura en Biología

Monografía: Trypanosoma

Laima Delmar Fonseca Castellanos

Bogotá D.C

2019
Introducción
Esta monografía tiene como tema a los trypanosomas, parásitos pertenecientes al reino
Protozoa y al filo Euglenozoa según la clasificación de Catalogue of life. Este documento
contiene información recopilada acerca del genoma y características filogenéticas de estos
individuos, entre estas características es destacable la presencia del kDNA en la mitocondria que
ha servido para determinar el linaje evolutivo de los tripanosomas. También se hace una
descripción de la relación de parasitismo donde se explica la variación antigénica del parásito
que le permite evadir al sistema inmune del huésped. Por último, se profundiza en una de las
patologías provocadas por los tripanosomas conocida como mal de Chagas, donde se divulgan
los primeros indicios de esta enfermedad en America del Sur. En este último apartado se
encuentra la descripción del ciclo de vida de T. cruzi, la diagnosis y avances médicos
relacionados con esta patología.
Revisión Bibliográfica
La secuenciación de todo el genoma del patógeno Trypanosoma cruzi descifrada por El-Sayed
et al. (2005) reveló:
El genoma diploide contiene un predicho de 22,570 proteínas codificadas por genes, de los
cuales 12,570 representan pares alélicos. Más del 50% del genoma consiste en secuencias
repetidas, como retrotransposones y genes para grandes familias de moléculas de superficie,
que incluyen trans-sialidasas, mucinas, gp63s y una gran familia novedosa (91300 copias) de
proteína de superficie asociada a mucina (MASP) genes. Los análisis de los genomas de T.
cruzi, T. brucei y Leishmania major (Tritryp) implican diferencias con otros eucariotas en la
reparación del ADN y el inicio de la replicación y reflejan su ADN mitocondrial inusual.
Aunque el Tritryp carece de varias clases de moléculas de señalización, sus cinomas
contienen un conjunto grande y diverso de proteínas quinasas y fosfatasas; su tamaño y
diversidad implican interacciones y procesos reguladores previamente desconocidos, que
pueden ser objetivos de intervención.
Después de que la secuenciación del genoma de T. cruzi fue completada muchos estudios
posteriores se encaminaron por el análisis del linaje evolutivo de este individuo, de Freitas et al.
(2006) identificaron:
Existen 141 haplotipos diferentes que podrían agruparse en tres haplogrupos, definiendo el
clado B mitocondrial como una tercera división filogenética importante de T. cruzi, distinta de
los linajes principales de T. cruzi I (clado A mitocondrial) y T. cruzi II (clado C mitocondrial)
… lo más probable es que T. cruzi II y T. cruzi III tuvieran nichos ecológicos superpuestos, y
por lo tanto las condiciones necesarias para la hibridación estaban en su lugar. Al menos dos
eventos de hibridación produjeron una progenie evolutivamente viable donde el donante
citoplasmático para la descendencia resultante (según lo identificado por el clado mitocondrial
de las cepas híbridas) fue T. cruzi III.
Los trypanosoma han sido reunidos dentro de la clase Kinetoplastea debido a que “tienen una
única mitocondria alargada con una concentración de ADN mitocondrial excepcionalmente
oscura que se conoce como cinetoplasto” (Brusca, 2016, p.133) de ahí el nombre de la clase.
Simpson et al. (2000) explica:
El ADN mitocondrial (kDNA) consiste en una única red en forma de disco altamente
estructurada compuesta por miles de minicírculos catenados que varían en tamaño, … la
catenación de los minicírculos para formar la red kDNA probablemente surgió en un
antepasado de los tripanosomátidos como un mecanismo molecular diseñado para evitar las
pérdidas de minicírculos por falta de separación.
“Aunque la mayoría de los genes tripanosomátidos en el mismo contexto genómico se
conservan, existen diferencias sustanciales que, presumiblemente, reflejan adaptaciones
específicas a distintas presiones de selección específicas de las especies y las distintas
fisiopatologías y estrategias de supervivencia de cada organismo” El-Sayed (2005) es por eso
que “la pérdida de kDNA, combinada con la falta de recombinación genética en el vector
insecto, constituye una desventaja selectiva de estas cepas, lo que finalmente lleva a su
eliminación y reemplazo por cepas recientemente evolucionadas que siguen el mismo camino”
Lai et al. (2008)
Cuando el parasito infecta al huésped “el sistema inmune reconoce el antígeno y se producen
anticuerpos específicos contra él. Aunque la mayor parte de la población de trypanosomas se
destruye, unos pocos evaden el sistema inmune cambiando su membrana de glicoproteína para
que la nueva capa sea irreconocible ante los anticuerpos”. (Brusca, 2016, p.133) Lo descrito
anteriormente es conocido como variación antigénica y depende del complejo de Variante de
Glicoproteína de la Superficie o VSG por sus siglas en inglés, según Bangs (2018)
Existe un costo de adecuación directo a la síntesis de VSG por un inverso aparente de
correlación entre el tamaño de VSG (≈430–570 aminoácidos) y la tasa de crecimiento del
tripanosoma (≈6 h de tiempo de duplicación), toda la carga secretora de VSG sale del retículo
endoplásmico desde los sitios específicos de salida de ER para el suministro al aparato de Golgi,
y el posterior tráfico posterior a Golgi implica la clasificación selectiva de los compartimentos
endolisosómicos o de la superficie celular, este proceso está regulado por la ARN polimerasa I.
En este orden de ideas la membrana está estrechamente relacionada con el flagelo, Imhof et
al. (2016) explica:
La membrana flagelar tiene la función de intercambio de proteínas a través de la fusión
flagelar, la cual no altera la función celular de ninguno de los individuos. Este flagelo tiene
una composición de lípidos y proteínas diferente a la del cuerpo celular, lo que proporciona
una cierta selectividad de las proteínas intercambiadas muestreo de las proteínas y los
metabolitos de cada uno podría permitir que las células dentro de una población se
sincronicen. Alternativamente, las células sanas podrían rescatar células dañadas o estresadas
al proporcionar componentes faltantes.
Este flagelo se dispone al lado de la célula donde “su membrana externa está unida a la
membrana del cuerpo celular. Cuando el flagelo late, la membrana de la célula se levanta en un
pliegue y se ve como una membrana ondulatoria”. (Brusca, 2016, p.133), la unión del flagelo
está mediada por la FAZ que “es un gran conjunto interconectado de fibras, filamentos y
complejos de unión que además de formar el esqueleto del flagelo por medio de microtúbulos,
regula la longitud de la célula y la posición de los orgánulos y, por lo tanto, es crítica tanto para
la división celular como para las diferenciaciones del ciclo de vida” Sunter et al. (2016). Esta
morfología particular permite que los trypanosomas puedan atravesar el tejido sanguíneo (un
medio viscoso) con facilidad, tal como lo expone Sun et al. (2018) “la deformación celular
dependiente de la motilidad flagelar puede explicar la extraordinaria capacidad de T. brucei para
penetrar profundamente en varios tejidos y órganos en los huéspedes, como la barrera
hematoencefálica en animales hospedadores y se puede encontrar en muchos tejidos profundos”,
incluso “en las moscas tsetsé, puede penetrar la matriz peritrófica y el proventrículo para migrar
desde el intestino delgado hasta la glándula saliva” Rotureau et al. (2013).
Los trypanosoma no solo habitan tejido sanguíneo, también pueden adaptarse y ocupar
funcionalmente tejido adiposo, según Trindade et al. (2016)
Los parásitos mueren menos por la respuesta inmune específica del tejido adiposo, pueden
crecer a un ritmo más rápido, su diferenciación puede retrasarse y la entrada de parásitos en el
tejido adiposo puede ser más eficiente en el tejido adiposo que en otros órganos/tejidos.
Dependiendo de la dinámica del movimiento del parásito hacia o desde el tejido adiposo, es
posible que la grasa actúe como una fuente que permite a los parásitos repoblar la sangre.
Los trypanosoma también pueden establecerse en el cerebro a causa de una transmisión por
vía oral, Caradonna (2009) afirma que “T. cruzi probablemente obtiene acceso al cerebro a través
de los tejidos nerviosos olfativos, en el cerebro se dirige a los ganglios basales donde crece
abundantemente y provoca una fuerte respuesta inflamatoria, sin embargo, ninguno de los
ratones infectados evidenció trastornos motores”.
La motilidad social “es un sistema en el que grupos de células coordinan sus movimientos en
respuesta a un estímulo externo y, por lo tanto, podrían proporcionar un mecanismo para la
navegación de parásitos a través de los tejidos del huésped” dice Oberholzer et al. (2010) quién
describió este comportamiento en T.brucei ya que favorece a su ciclo de vida ya que “mejora su
capacidad de colonizar, penetrar y migrar a través de diferentes tejidos en hospedadores de
vertebrados e invertebrados” afirma Botero et al. (2016) quien identifico esta característica en el
ciclo de vida de. T. copemani.
La reproducción en los trypanosomas es asexual “se produce por fisión binaria longitudinal o
brotación …la división nuclear es por pleuromitosis intranuclear cerrada. Durante la mitosis
pleuromitótica, el nucleolo permanece distinto y las placas en el interior de la envoltura nuclear
parecen organizar el huso (los centríolos están ausentes)” (Brusca, 2016, p.135). El ciclo de vida
de los trypanosomas ha sido estudiado una y otra vez sin una identificación de meiosis, pues para
que esta ocurra “debe implicar una desviación del paradigma establecido por la división
formitótica, donde la duplicación del cuerpo basal y el flagelo se integren en el ciclo celular, y
los ajustes al corsé de microtúbulos subpellicular necesarios para la fusión nuclear y
mitocondrial deben ser nuevos” establece Peacock et al. (2011) quién identificó una posible
etapa meiótica en el desarrollo del ciclo de T. brucei en la mosca tsetse.
Los trypanosomas dependiendo de su comportamiento durante el ciclo de vida pueden ser:
Monoxenos cuando parasitan un solo huésped o heteroxenos cuando ocupan más de un
huésped. Los trypanosomas monoxenos generalmente se encuentran infectando los tractos
digestivos de artrópodos y anélidos. La mayoría de las formas heteroxenos viven parte de su
ciclo de vida en la sangre de los vertebrados y la parte restante de en el tracto digestivo de
invertebrados hematófagos. (Brusca, 2016, p.135)
Cuando el T. cruzi parasita un vertebrado provoca una patología conocida como mal Chagas,
propagada por la picadura de un triatomino (chinche) que sirve de vector en su ciclo de vida. Los
primeros datos conocidos del mal de Chagas, según Aufderheide et al. (2004) se remontan a:
Cuando los humanos ingresaron por primera vez a la región costera de Chile y el sur de Perú
hace 9 milenios… su transmisión depende de la capacidad del insecto vector para infestar los
nidos o las guaridas de los animales salvajes, permitiendo la alimentación del insecto
hematófago y la transmisión del agente infeccioso (T. cruzi). Curiosamente, los primeros
colonos humanos construyeron casas de acacia y paja que proporcionaron oportunidades
ideales para anidar insectos redúvidos, además, la inclusión común de animales domésticos
(perros, cobayas) dentro de la vivienda facilitó el ciclo de vida de la enfermedad dentro del
ambiente doméstico.
El proceso de contagio del mal de Chagas está explicado por Machado et al. (2012) de la
siguiente manera:
El vector invertebrado (triatomino) ingiere sangre infectada con tripomastigotes que circulan
en el torrente sanguíneo del huésped mamífero parasitado. Los tripomastigotes se transforman
primero en epimastigotes que se dividen por fisión binaria y luego en tripomastigotes
metacíclicos infecciosos no divididos en el intestino posterior del vector; luego se depositan
cuando el vector hematófago defeca mientras se alimenta. La transmisión natural a un nuevo
huésped mamífero ocurre cuando las heces cargadas de parásitos contaminan las membranas
mucosas orales o nasales, la conjuntiva o heridas en la piel, incluidas las picaduras de
vectores. Una vez en el huésped mamífero, los tripomastigotes entran en las células
hospedadoras y se transforman en amastigotes que se multiplican, y que luego se transforman
en tripomastigotes que se liberan al torrente sanguíneo cuando la célula huésped se rompe y
luego están listas para invadir las células sanas.
El diagnóstico del mal de Chagas puede realizarse mediante “inmunofluorescencia indirecta
(IFA), la hemaglutinación indirecta y los ensayos inmunoabsorbentes ligados a enzimas (EIA),
es último es ideal para detectar el Chagas crónico que presenta parasitemia intermitente o baja y
falta de síntomas, lo que reduce la sensibilidad de los ensayos parasitológicos” Santos et al.
(2016) sin embargo, no todas las poblaciones tienen acceso a las pruebas ELISA para detectar
esta patogenia, es por eso que se ha estado buscando la diagnosis del mal de Chagas por medio
del análisis de la saliva, demuestra Serra et al. (2018) en su estudio:
Nuestros resultados han mostrado consistencia entre las muestras de suero y saliva de T.
cruzi-seropositive y T. cruzi-seronegative, la baja sensibilidad de la prueba ELISA que usa
saliva como fuente de diagnóstico podría presentar un desafío ya que es común encontrar
concentraciones bajas de moléculas en la saliva en comparación con la sangre. Esta debilidad
podría superarse parcialmente utilizando membranas de ultrafiltración para concentrar las
muestras de saliva”.
A pesar de que existen tratamientos para las patologías relacionadas con los tripanosomas, no
hay forma de evitar el contagio. Mucho se ha hablado acerca de la síntesis de una vacuna contra
la tripanosomiasis, sin embargo, una vacuna tiene un alto índice de fallo, Black (2016) explica:
Hay evidencia, obtenida en gran parte de las bases de datos actuales, que revela una
diversidad genética sustancial entre las subsecuencias conservadas de T. brucei VSG y T.
congolense VSG. Estudios recientes han demostrado mediante análisis de VSGseq en ratones
infectados experimentalmente que muchos VSG diferentes se expresan (y se vuelven a
expresar) a niveles microscópicamente subdetectables a lo largo de la infección. Para que las
vacunas sean efectivas, las respuestas inmunitarias que provocan no solo deben ayudar al
huésped a controlar la infección por tripanosomas al tiempo que limitan la inmunopatología,
sino que también deben mantenerse durante toda la infección.
En conclusión, es difícil que una vacuna sea efectiva si la membrana del parásito está
sometida a cambios constantes.
Conclusiones y Recomendaciones
Los trypanosomas son protozoarios con estructuras morfológicas particulares que les han
permitido la supervivencia en el medio, estas también han facilitado la descripción genética de
los mismos. Los trypanosomas son los parásitos encargados de provocar patologías destructoras
de tejidos en mamíferos vertebrados incluyendo a los humanos, como el mal de Chagas y la
tripanosomiasis. No hay forma de evitar estas enfermedades debido al cambio constante de la
membrana celular de estos parásitos, la enfermedad tiene cura, más en casos extremos puede
manifestarse de manera crónica o incluso provocar la muerte. Se recomienda hacer un estudio
sobre el comportamiento poblacional de los triatominos vectores del protozoario con el fin de
identificar qué condiciones pueden limitar su reproducción.
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