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LA SALVACION

Empezamos estas instrucciones con un estudio del plan de salvación por que con
eso mismo es que comenzamos la visa cristiana. Este estudio nos ayudara a tener
una base firme sobre la cual edificar nuestra vida cristiana.
Realmente nosotros nunca podemos comprender la profundidad del plan de
salvación porque el mismo fue concebido en la mente infinita de Dios. Sin
embargo, este plan de salvación a su vez es tan sencillo que todos nosotros con
mentes sanas podemos entenderlo y encontrar nuestra propia salvación.
Mientras hagamos este estudio, desde el principio hasta el fin, debemos recordar
que llevar a cabo nuestra salvación es obra de Dios. Ciertamente nosotros
tenemos una parte que hacer, pero nunca pidiéramos realizar la misma sin la
gracia y la ayuda de Dios, “Porque Dios es el que en vosotros produce así el
querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2.13).
Nosotros sugerimos estudiar este plan de salvación por medio de cuatro puntos:
A. La parte de Dios en la salvación
B. Nuestra parte en la salvación
C. Los resultados de la salvación
D. La seguridad de la salvación

A. La parte de Dios en la Salvación


1. Los hombres están alejados de Dios
Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y
vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír (Isaías
59.2).
En el principio cuando Dios creo todas las cosas, él corono su obra haciendo al
hombre a su imagen. El hombre fue creado perfecto e inocente, sin ningún
pecado. (Génesis 1.26-31.) Pero el hombre peco. Él comió del fruto del árbol del
cual Dios había dicho: “No comerás; porque el día que de él comieres,
ciertamente morirás” (Génesis 2.17). El acto de haber comido de ese árbol fue
pecado porque significo desobedecer la palabra de Dios. Es por eso que el
pecado de nuestros primeros padres los separo de Dios. Nuestro pecado también
nos ha separado de Dios y nos ha condenado a muerte. (Romanos 6.23;
Ezequiel 18.4.)
2. Dios mando a su Hijo
Porque de tal manera amo Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para
que el mundo sea salvo por él (Juan 3.16-17). Pero cuando vino el
cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer y nacido bajo
ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que
recibiésemos la adopción de hijos (Gálatas 4.4-5).
Dios en un Dios justo, y su justicia demanda que cada pecador sufra la pena de
muerte. Adán y Eva fueron condenados a muerte por causa de su pecado. Sin
embargo, en aquel mismo día que ellos pecaron, Dios prometió que enviaría a un
Salvador. Dios sabía que ellos de ninguna manera podrían salvarse a sí mismos.
Por más que tratemos, jamás podremos salvarnos a nosotros mismos. Pero Dios,
a causa de su gran amor, su misericordia y su gracia, ha enviado a su Hijo para
salvarnos de nuestros pecados. (Tito 3.5; Mateo 1.21.) Esta fue la razón por la
que Jesús vino al mundo. Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.
(Lucas 19.10; 1Timoteo 1.15.)
3. Jesús derramo su sangre, murió y resucito.
Mas el herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el
castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados
(Isaías 53:5). Porque primeramente os he enseñado lo que así mismo recibí:
Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue
sepultado, y que resucito al tercer día, conforme a las Escrituras (1Corintios
15: 3-4).
La justicia y la gracia de Dios estuvieron estrechamente relacionadas en el Plan de
Salvación. La gracias de Dios envió al Salvador y su justicia quedo satisfecha
cuando Jesús, quien fue Santo y Justo, dio su vida por nosotros. Él se convirtió en
el Cordero de Dios para quitar los pecados del mundo (Juan 1:29).
En el Antiguo Testamento, el pueblo ofrecía animales como sacrificios a Dios.
Ahora Jesús ha derramado su preciosa sangre para expiar nuestros pecados y
proveernos el perdón (1Pedro 1:18-19, Efesios 1:7). Él es el cumplimiento de
todos aquellos sacrificios, y siendo el sacrificio perfecto, ya no hay necesidad de
ningún otro sacrificio (Hebreos 9:24-26).

4. El Espíritu Santo nos llama.


Y Él Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene
sed, venga: y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente
(Apocalipsis 22:17).
El Espíritu de Dios llama a los pecadores a que vengan a tomar del agua de la
Salvación. Si Dios no nos llamara entonces no podríamos venir a él (Juan 6:44).
Nosotros escuchamos el llamamiento del Espíritu Santo cuando él, nos convence
de pecado y de nuestra necesidad de un Salvador para que así lleguemos a ser
justos delante de Dios. También nos convence del juicio venidero (Juan 16:8-11).
Él Espíritu Santo nos llama a arreglar cuentas con Dios ahora, para no tener que
hacerlo en el día del juicio (1Timoteo 5:24; 2Corintios 5:1).
Otra parte de la obra del Espíritu Santo es regenerarnos. Esto quiere decir que él
nos hace nacer de nuevo y nos da una vida nueva en Jesucristo (Juan 3:5-6),
pero él nos puede hacer esto hasta que cumplamos los requisitos. Por esta razón
nosotros estudiaremos en el próximo tema acerca de estos requisitos para ser
salvos.
Preguntas

1. ¿Cuál fue el estado original del hombre cuando Dios lo creó?

2. ¿Cómo comenzó el pecado en el primer hombre?

3. ¿Cómo le afectó el pecado?


4. ¿Qué ha hecho Dios para que los pecadores podamos escapar la pena de
muerte?

5. Para usted, ¿qué significa este nombre: “El Cordero de Dios”?

6. ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo en cuanto a nuestra salvación?

7. ¿Serán salvas todas las personas por las cuales murió Jesús?

B. Nuestra parte en la Salvación.

1. Reconocer que somos pecadores.


Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado
la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron
(Romanos 5:12). Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria
de Dios (Romanos 3:23).
El pecado entro al mundo cuando Adán y Eva pecaron. Nosotros somos
pecadores porque de ellos recibimos, y por medio de nuestros padres, una
naturaleza pecaminosa (Salmo 51:5) nadie es justo. Como está escrito: No hay
justo, ni aun uno;(Romanos 3:10). Todos nosotros nos descarriamos como
ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de
todos nosotros (Isaías 53:6). Esta naturaleza pecaminosa o tendencia a
descarriarse de Dios esta aun en los niños pequeños. Sin embargo, ellos nos son
responsables hasta que tengan edad de conocer su propia culpa delante de Dios.
Pero nosotros que somos ya adultos no podemos negar de nuestra culpa delante
de Dios (1Juan 1:18; Jeremías 17:9).

2. Arrepentirnos de nuestro pecado.


Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Lucas
13:5). Él Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza,
sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca,
sino que todos procedan al arrepentimiento (2Pedro 3:9).
El arrepentimiento es absolutamente necesario para la salvación. Arrepentirse es
sentir una profunda tristeza profunda por haber pecado, esta tristeza profunda nos
hace rechazar el mal camino (2 Corintios 7:10-11). Nosotros tenemos que
confesar a Dios nuestros pecados y nuestra naturaleza pecaminosa para que él
nos salve.
Si no dejamos de pecar y si nos negamos a confesar nuestra culpa ante Dios y los
hombres, mostramos que no sentimos una tristeza profunda por el pecado.
Juan el Bautista anuncio el arrepentimiento (Mateo 3:1-2), Jesús también lo
predicó como un paso esencial para la Salvación (Mateo 4:7), y los Apóstoles
hicieron lo mismo en la Iglesia. (Hechos 3:19; 17:30; 26:20) de modo que
nosotros en ninguna manera debemos menospreciar su importancia.

3. Creer en Jesús como Nuestro Salvador personal.


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para
que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el
que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del
unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:16-18)

Jesús vino al mundo para salvarlo, pero su venida y obra no lograran nada en
nuestra vida a menos que creamos en él. Tenemos que creer que él es el único
Salvador (Hechos 4:12; Juan 14:6). La fe verdadera en su poder para salvarnos
nos guiara a recibirle en nuestro corazón y a entregarnos completamente a él. De
otra manera no podemos ser sus hijos (Juan 1:12). No lograremos jamás la
justicia delante de Dios sin la fe verdadera (Romanos 5:1).

4. Confesar a Cristo como nuestro Señor.


Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu
corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el
corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación
(Romanos 10:9-10).
Debemos confesar abiertamente ante todo el mundo que Cristo es nuestro Señor.
Esto lo debemos hacer tanto con nuestra boca, como también con nuestra vida. El
testimonio de nuestra boca nada valdrá a menos que rindamos de buena gana
nuestra vida al señorío de Cristo.
El bautismo es también una confesión de nuestra unión con Cristo. (más adelante
estudiaremos acerca del bautismo). Nonos avergoncemos, pues, de Cristo. Si le
confesamos delante de los hombres, él nos confesara delante de su Padre (Mateo
10:32-33). Confesar a Cristo no se hace solo una vez, sino muchas veces-
cuantas veces tengamos oportunidad (1Juan 4:15).
5. Restituir los males o los daños.
Entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el
daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que
halló, (Levítico 6:4). Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí,
Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a
alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la
salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham, (Lucas
19:8-9).

Otra condición necesaria para comenzar debidamente la vida cristiana es reparar


los daños que hemos causados a otras personas. Dios dio mucho énfasis a esto
en el Antiguo Testamento y Jesús lo reafirmo en el Nuevo Testamento. El
verdadero arrepentimiento siempre se manifiesta en la buena voluntad de cambiar
lo malo que hemos hecho por lo correcto. Debemos hacer todo el esfuerzo
necesario para llevar a cabo la restitución debida (Éxodo 22:2-4; Proverbios
6:30-31). La restitución llega a ser una prueba de nuestra sinceridad en la vida
cristiana. Dios promete vida a aquellos que hacen esto, (Ezequiel 33:14-15). Sin
duda no podremos prosperar espiritualmente sin antes cumplir con este requisito.
Esta es la única manera de tener una conciencia sin ofensa, no solo ante Dios,
sino también ante los hombres (Hechos 24:16).
Preguntas
1. ¿Acaso hay alguien que no haya pecado?

2. ¿Qué es el arrepentimiento?

3. Mencione algunas evidencias que demuestran que una persona está


arrepentida.

4. ¿Podremos ser salvos sin acudir a Jesucristo?

5. ¿Cómo puedes confesar con la boca que Jesús es el Señor?

6. A través de la restitución recibimos bendiciones. Mencione dos de ellas.

7. ¿A quién le pertenece toda la honra y la gloria por nuestra salvación?

C. Los resultados de la Salvación.

1. Una vida nueva


De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas
pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2Corintios 5:17).
La salvación genuina siempre produce ciertas evidencias que son visibles en la
vida del recién convertido, una de estas evidencias ha de ser una vida nueva.
Cuando somos salvos, también somos convertidos. Esto quiere decir que toda
nuestra vida cambia, dejamos las cosas del mundo, el pecado y los placeres
carnales; buscamos las cosas de arriba (Colosenses 3:1). Dios nos da un
corazón nuevo (Ezequiel 36:26).
De la misma manera que Cristo resucitó de entre los muertos, así nosotros que
estábamos muertos en pecado y alejados de Dios, resucitamos espiritualmente
para andar en vida nueva (Romanos 6:4). Este cambio ha de mostrarse en toda la
vida: en el trabajo, en el hogar, en nuestros hábitos y deseos, en nuestras
amistades y en toda nuestra vida. Por tanto, hemos llegado a ser una nueva
creación en Cristo Jesús (Gálatas 6:15).
2. Una vida santificada.
como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais
estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed
también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito
está: Sed santos, porque yo soy santo (1Pedro 1:14-16).
La nueva vida es una vida santa. Al convertirnos en hijos de Dios, llevamos la
semejanza de nuestro Padre. De modo que no podemos vivir más en ningún
pecado, porque hemos recibido vida del Dios santísimo (1Juan 3:9). La biblia
enseña que ningún cristiano, ni siquiera un recién convertido, deberá pecar
voluntariamente. Por supuesto, es cierto que tenemos un abogado para con Dios
si acaso pecaremos (1 Juan 2:1). Pero ¿acaso por eso seguiremos en el pecado
para poder experimentar más de la gracia de Dios? ¡Jamás! (Romanos 6:1-2).

La Biblia enseña que ya hemos sido santificados, si es que somos cristianos


(1Corintios 6:11). Ser santificado significa que Dios nos ha apartado de todo lo
inmundo para que vivamos en santidad ante él. No debemos encubrir ningún
pecado en nuestra vida; debemos confesarlo y abandonarlo, la vida nueva es una
vida santa.
3. Una consagrada.
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad de que me envió, y que
acabe su obra (Juan 4:34).

Cristo es nuestro gran ejemplo. Él consagró su vida para hacer la voluntad del
padre. La comida espiritual del cristiano es hacer la voluntad de Dios. Este anhelo
ferviente se llama consagración. El apóstol Pablo también es un ejemplo de
consagración. En el momento de su encuentro con Cristo, él deseó saber que
debía hacer para agradarle y servirle (Hechos 9:3-6).
Dios le mostró lo que él debía hacer por medio de un hermano fiel de la iglesia
(Hechos 9:15). Como veremos en el punto siguiente, necesitamos a nuestros
hermanos de la iglesia y debemos sujetarnos a ellos por nuestro propio bien
(1Pedro 5:5).

4. Un deseo de compañerismo.
Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron
aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los
apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las
oraciones (Hechos 2:41-42).
Los conversos en el día de pentecostés no siguieron viviendo de la misma manera
que antes los hacían. Ellos fueron añadidos a la iglesia en aquel día. Cada
cristiano verdadero busca hacerse parte de una congregación de creyentes
verdaderos. Para poder perseverar en la sana doctrina y en los mandamientos del
Señor, necesitamos la comunión unos con otros y la ayuda de otros cristianos. No
dejemos de congregarnos y de buscar el compañerismo cristiano (Hebreos
10:25).
No obstante, es posible que una persona quiera hacerse miembro de una iglesia
teniendo motivos incorrectos. En la actualidad algunas personas desean ser parte
de una iglesia para llegar a convertirse en un maestro, en un predicador, para
encontrar una novia, para recibir ayuda económica o por un sinfín de motivos no
espirituales.
Los que buscan ser parte de la iglesia por estos motivos traen sobre si mismos el
juicio de Dios (Hechos 5:1-11). La libertad en Cristo nunca debe ser pretexto para
lograr ganancia egoísta, sino para servir a Cristo en la iglesia (1Pedro 2:16).
Preguntas

1. ¿Cuáles son los cambios que experimentamos en nuestras vidas cuando nos
convertimos en cristianos?

2. ¿Puede un cristiano encubrir pecado en su corazón?

3. ¿Qué es la santificación?

4. ¿Cómo demostramos nuestra consagración al Señor?

5. Mencione algunos motivos correctos para formar parte de una hermandad de


cristianos.

6. Exprese su testimonio de cómo el Señor cambió, santificó y consagró su vida.


Exponga sus motivos para formar parte de la hermandad de cristianos.

D. La seguridad de la Salvación.

1. Podemos tener seguridad.


Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de
Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre
del Hijo de Dios (1Juan 5:13).
Podemos saber que nuestros pecados han sido perdonados, que somos hijos de
Dios y que tenemos vida eterna ahora. Dios quiere que cada cristiano tenga esa
seguridad. Esta es una razón por la cual nos dio la Biblia. (2Timoteo 1:12; 4:6-8)
nos habla del testimonio del Apóstol Pablo cuando se acercaba al final de su vida.
Él sabia con seguridad que le esperaba un galardón eterno. Si seguimos fieles
hasta el fin, nosotros también podemos tener la seguridad de que seremos salvos
eternamente (Mateo 24:13).
2. Podemos saber cuál es el fundamento de la seguridad.
El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree
a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que
Dios ha dado acerca de su Hijo (1Juan 5:10).
La palabra de Dios provee un fundamento seguro para nuestra Salvación. Si
hemos cumplido las condiciones detalladas en la Biblia, podemos descansar sobre
las promesas de Dios, asegurados de nuestra Salvación. Dios siempre cumple lo
que ha prometido con tal que nosotros pongamos de nuestra parte.
Repase las siguientes condiciones y las promesas que Dios ofrece con ellas (Juan
1:12; 3:36) (Romanos10:9-10) (1Juan 1:9). ¿Acaso ha puesto usted de su parte?
¿Usted cree que Dios cumplirá lo que él ha prometido? Tener fe en las promesas
de Dios trae paz al alma abatida.
Existen muchos mandamientos en la palabra de Dios que el cristiano deseará
cumplir tan pronto tenga la oportunidad. Sin tan solo rechazamos uno de ellos
entonces destruimos el fundamento de nuestra seguridad. La biblia dice: “Y al
que saber hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).
¡Dios no quiere que nos sintamos seguros estando en el pecado! Pero si hemos
cumplido las condiciones de la palabra de Dios y estamos obedeciendo sus
mandamientos con sinceridad y santidad Él Espíritu Santo confirma en nuestro
corazón que somos hijos de Dios (Romanos 8:14-17).

3. Podemos examinar nuestra vida


Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con
otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado (1 Juan
1:7).
Dios nos proporcionó la epístola de 1 Juan para que pudiéramos examinar
nuestras vidas y así tener seguridad y serenidad. Este libro contiene el criterio que
podemos usar para medirnos a nosotros mismos. Resaltemos, pues, algunos de
los puntos que se mencionan en 1 Juan:
 Guardar sus mandamientos (2.3)

 Andar como Cristo anduvo (2.6)

 No amar al mundo (2.15)

 No practicar el pecado (3.6, 9)

 Amar a los hermanos (3.14, 4.7)

 Tener el Espíritu Santo en nuestra vida (4.13)

 Vencer al mundo (5.4).

Si perseveramos en estas cosas y escuchamos la voz de nuestro buen pastor,


¡qué bendita seguridad podemos tener! Examine su vida. Luego lea las siguientes
promesas de Dios acerca de su poder para guardarnos hasta el fin: (Juan 10.27-
28; 1Pedro 1:4–5; Judas 24:25). Dios hará su parte. ¿Hará usted la suya?
Preguntas

1. ¿Podemos tener la seguridad que somos salvos?

2. ¿Cómo nos llega esta seguridad?

3. ¿Tendremos esta seguridad si no cumplimos todas las condiciones que Dios


pone en su palabra?

4. ¿Acaso hay alguna razón por la cual debemos dudar de nuestra salvación si
hemos cumplido estas condiciones?
5. ¿Por qué es tan importante perseverar en la vida cristiana?

LA VIDA CRISTIANA
Es maravilloso comenzar la vida cristiana. ¡Que sabio y noble es decidir seguir a
Cristo! Sin embargo, no comenzar correctamente puede conducirnos a un gran
desastre espiritual.
Sin duda, hemos visto ejemplos de personas que comenzaron mal y luego
volvieron atrás. Muchas veces estas personas endurecen más y más su corazón.
¡Que triste su condición! ¡Qué difícil que vuelvan a Cristo! No queremos caer en la
misma condenación. Por eso, ya hemos estudiado en los puntos anteriores de que
manera debemos comenzar la vida cristiana.
Pero la vida cristiana es mas que meramente comenzar. Hay que seguir adelante.
Es preciso que crezcamos y nos desarrollemos en la vida cristiana tal como
esperamos que nuestros hijos se desarrollen físicamente. Antes bien, creced en
la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea
gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amen (2Pedro 3:18).
Él Apóstol Pablo habla de aquellos a quienes les faltó el desarrollo espiritual y se
nos dice: De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a
espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo (1Corintios 3:1).
Es evidente que tenemos que comenzar como niños, pero no podemos
mantenernos pensando y actuando como niños. ¡La ley de la vida es crecer o
morir! Debemos desarrollarnos normal y saludablemente en la vida cristiana.
A continuación, estudiaremos algunos temas fundamentales para el crecimiento
en la vida cristiana. Estos temas serán organizados de la siguiente forma:
A. La Iglesia.
B. La Adoración.
C. La Biblia.
D. La Oración.
E. Él Espíritu Santo.
F. Satanás y sus obras.
G. El servicio cristiano.
H. Otros temas prácticos de la vida cristiana.
A. La Iglesia.

1. La cabeza de la Iglesia.
y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el
primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
(Colosenses 1:18). porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo
es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. (Efesios
5:23).
Cristo es el fundador de la Iglesia (Mateo 16:18). El es la cabeza: la iglesia es su
cuerpo. Así que, ¡Cuánto debemos estimar y apreciar la iglesia! ¿Podemos tener
la bendición de Cristo si menospreciamos su iglesia? ¿Podemos seguir en unión
con él si nos alejamos de su cuerpo? ¿Qué sería una cabeza sin el cuerpo? Y
¿Qué seria cuerpo sin la cabeza? Cada persona que recibe a Cristo y entiende la
unidad esencial de Cristo y su iglesia, deseará ocupar el lugar que Dios le ha
asignado dentro de la misma.
2. Los miembros de la Iglesia.
Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean
judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un
mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos
(1Corintios 12:13-14). Porque de la manera que en un cuerpo tenemos
muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así
nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los
unos de los otros (Romanos 12:4-5).
La iglesia comenzó hace casi 2,000 años con 120 miembros, pero ha crecido a
través de los siglos hasta llegar a ser un Ejercito Poderoso.
La iglesia se compone de aquellos que se han arrepentido de sus pecados, han
recibido a Jesús como su Salvador y Señor personal y han demostrado por medio
de una vida nueva su fe y amor hacia el Señor. Al apartarse del mundo, de todo
pecado y de sus propios deseos carnales, los conversos serán recibidos en la
congregación de creyentes por medio del bautismo.

La iglesia, el cuerpo de Cristo, se asemeja a nuestro cuerpo físico. (1Corintios


12:14-17), nos enseña mucho sobre las relaciones entre los miembros en la
iglesia, el cuerpo de Cristo. Cada miembro tiene su propia función. El cuerpo
necesita todos los miembros; ninguno de ellos puede vivir separado del cuerpo. La
cabeza dirige a todos por el bien del cuerpo. ¡Que hermoso es cuando todos los
miembros trabajan en unidad y armonía!

3. El propósito de la Iglesia.
de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las
coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada
miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor (Efesios 4:16).
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura
(Marcos 16:15).
Antes de que le mundo fuera fundado, Cristo vio la necesidad de establecer la
iglesia. Por eso, cuando él anduvo por la tierra físicamente, dijo: “Y yo también te
digo, tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del
Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). Cristo, la cabeza, quiere
usar a cada cristiano para ayudar a edificar la iglesia. Él sabía también que sus
seguidores necesitarían la comunión con los hermanos para guardarlos unidos,
para proveer compañerismo y para fortalecerse por medio de la instrucción y la
enseñanza ¿Cómo uno pudiera sostenerse solo? ¡Cuánto necesitamos a otros
hermanos fieles para mantener nuestro equilibrio espiritual en este mundo lleno de
tantas doctrinas perversas!

Otro propósito de la iglesia es llevar adelante la obra de predicar el Evangelio a


todo el mundo. ¿Qué pudiera hacer una sola persona? Cristo necesita cada
miembro de su cuerpo en la obra de evangelizar al mundo. Con el esfuerzo unido
de muchos, la Gran obra que Cristo nos ha encomendado se hace más fácil. ¡Qué
glorioso es ser “colaboradores de Dios”! (1Corintios 3:9).

4. La organización de la Iglesia.
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la
principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, (Efesios 2:20). Y él mismo
constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a
otros, pastores y maestros, (Efesios 4:11).

Ya hemos visto que Cristo tiene el primer lugar en la iglesia. Él es la cabeza, la


autoridad suprema y su palabra escrita por los santos apóstoles y profetas de
tiempos antiguos sirve de guía a la iglesia. El Nuevo Testamento constituye la ley
absoluta para la iglesia, la ley que gobierna tanto la doctrina como la vida de sus
miembros (1 Tesalonicenses 2:15; 3:14; 2Timoteo 3:16-17).

Pero aun así Cristo usa a los hombres para efectuar su Señorío en la iglesia. El
mismo los escoge de la iglesia, obrando en ella para dar a conocer su voluntad.
Debemos estimar a todos los lideres de la iglesia porque son puestos por Dios
para cuidar el rebaño (1Timoteo 5:17; Hebreos 13:17). Ellos predican la palabra,
animan a los miembros, advierten contra los peligros, reprenden a los errantes y
los guían a la iglesia en toda su obra.

5. La Autoridad de la Iglesia.
Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la
tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será
desatado en los cielos (Mateo 16:19). De cierto os digo que todo lo que atéis
en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será
desatado en el cielo (Mateo 18:18).

Cristo invistió a la iglesia de autoridad. Él reconoce en los cielos las decisiones


tomadas por la iglesia fiel. Los líderes tienen la gran responsabilidad de guiar a la
iglesia en sus decisiones para que las mismas sean conformes a la Palabra de
Dios. Por tanto, debemos sujetarnos a ellos y apoyarlos en la obra. La iglesia tiene
autoridad para establecer normas basadas en la fiel interpretación y aplicación de
la Biblia por el bien y la seguridad de los miembros (Hechos 15). Debemos
respetar y sujetarnos a estas normas porque Dios mismo las reconoce.
Cuando hay miembros desobedientes y rebeldes, la iglesia tiene que disciplinarlos
conforme a la Palabra de Dios (Mateo 18:17-18; 1Corintios 5:1-5;
2Tesalonicenses 3:6; Tito 3:10-11). Solo así se puede la iglesia mantener en
pureza y ser para Cristo una Esposa “a fin de presentársela a sí mismo, una
iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino
que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:27).

Preguntas

1. ¿Qué es la iglesia?

2. ¿Quién es el fundador de la iglesia?

3. ¿Por qué hablamos de Cristo como la cabeza de la iglesia?

4. ¿Por qué Cristo estableció la iglesia?

5. ¿Cuál de los dos Testamentos es la ley absoluta para la iglesia?

6. Mencione algunas de las responsabilidades de los líderes de la iglesia.

7. ¿Qué responsabilidades tienen los hermanos de la iglesia para con sus


líderes?

8. ¿Qué autoridad posee la iglesia y quién se la dio?

9. ¿Cuál debe ser nuestra actitud en cuanto a las normas de la iglesia?

10. ¿Por qué la iglesia debe mantenerse pura?

B. La Adoración.

1. ¿Qué es la Adoración?
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario
que adoren (Juan 4:24).
La adoración es una actitud en lo profundo de nuestro ser —una actitud de
reverencia, sumo respeto, profundo amor y santo temor que nos hace rendir culto
a Dios. La verdadera adoración tiene que ser “en espíritu y en verdad”. Tal
adoración puede realizarse solamente con la ayuda del Espíritu Santo. Si él no
vive en nuestro corazón, de ninguna manera podemos adorar a Dios como a él le
agrada. Cuando adoramos, nos impresionamos de la gloria, la majestad, la
grandeza y la bondad del mismo Dios. (2Crónicas 7:3) Existen varias actividades
que son expresiones de la adoración: cantar, orar, predicar, leer la Biblia y meditar
en ella. Pero en sí mismas éstas no son adoración, porque la adoración no
consiste en actividades, sino en actitudes; no en lo material, sino en lo espiritual.
Dios, la santa trinidad, es digno de nuestra adoración. ¡Cuánto le agrada la
adoración de aquellos que tienen un corazón perfecto delante de él! Pero, ¡cuánto
aborrece la idolatría! La adoración de los ídolos está absolutamente prohibida en
la palabra de Dios. (Éxodo 20:3–4; 1Juan 5:21.) Esto incluye no sólo inclinarse
ante alguna imagen, sino también dar a cualquier cosa un lugar en nuestra vida
que nos hace poner a Dios a un lado. Dar a cualquier cosa, ya sea la ganancia, el
placer, la fama, el egoísmo, la sensualidad, los deportes o alguna persona muy
querida, el primer lugar en nuestra vida es idolatría. (Colosenses 3:5) (Mateo
4.10)
2. ¿Dónde adoramos?
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres
adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar
donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene
cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. (Juan 4:19-21).
Podemos dirigir nuestros pensamientos hacia Dios y adorarlo en cualquier lugar:
en el campo, en el bosque o dondequiera que nos encontremos. También
debemos tener nuestro culto privado cada día en el hogar. Pero los mismos no
deben ocupar el lugar de la adoración en los cultos cuando los hermanos se
reúnen. Aquí es cuando podemos adorar a Dios en una manera especial.
(Hebreos 10:24-25.) Esta adoración en unión con otros hermanos nos anima y nos
edifica; pero, aunque es esencial, tampoco ocupa el lugar del culto privado.

3. ¿Cómo adoramos?
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores
busca que le adoren (Juan 4:23).
Debemos comprender que por medio de nosotros mismos no podemos conocer a
Dios. Pidámosle que se nos manifieste por medio de su Espíritu Santo y que nos
conduzca a alabarlo, honrarlo y glorificarlo de la forma que él desea. La adoración
“en espíritu” es: la que es guiada por el Espíritu de Dios; la que nace en nuestro
espíritu; la que no depende de ninguna cosa material para estimular a la adoración
verdadera. Los edificios bellos, la música instrumental y cosas semejantes pueden
mover nuestras emociones, pero no pueden tocar nuestro espíritu. Lo cierto es
que estas cosas desvían nuestra atención hacia Dios e impiden nuestra adoración
robándole a Dios la adoración que le debemos “en espíritu”.
4. ¿Cuándo adoramos?
Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz
como de trompeta (Apocalipsis 1:10).
De la misma manera que podemos adorar a Dios en cualquier lugar así también
podemos adorarle en cualquier tiempo. Sin embargo, es sabio que cada cristiano
tenga una hora fija de culto privado cada día. El mismo no puede sobrevivir
espiritualmente sin este encuentro diario con Dios. Además, Dios también ha
señalado un día especial para la adoración: el día del Señor, el primer día de la
semana. (1Corintios 16.1-2.) En ese día no debemos dejar que nada nos estorbe
la adoración y la asistencia a los cultos en la casa del Señor, excepto a causa de
una enfermedad. Recordemos que ese día pertenece a Dios; es el día del Señor.
No es un día de negocios ni de placeres carnales. Usarlo para estas cosas le roba
a Dios el culto que le debemos. En este punto nosotros también debemos seguir el
ejemplo de los apóstoles. (Hechos 20:7)
5. ¿Por qué adoramos?
Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro
Hacedor (Salmo 95:6). Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito
está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás (Mateo 4:10).
Adoramos porque Dios nos hizo con una naturaleza que anhela adorar. Adoramos
a Dios porque sabemos que eso le agrada y le glorifica. La adoración hace algo
también por nosotros: nos satisface el espíritu y nos llena de gozo profundo; nos
fortalece y nos prepara para hacer frente a la vida. La adoración en la iglesia no
sólo une nuestro espíritu en comunión con Dios, sino nos une también en
comunión con los hermanos. ¡Qué grandes bendiciones nos trae la adoración! En
verdad, es el secreto del poder espiritual.
Preguntas

1. ¿Qué es la adoración?

2. ¿A quién debemos adorar?

3. ¿Qué es la idolatría?

4. ¿Dónde debemos adorar a Dios?

5. ¿Cuándo debemos adorar a Dios?

6. ¿Cómo debemos guardar el día del Señor?

7. ¿Por qué adoramos a Dios?

8. ¿Qué ánimo recibimos cuando adoramos a Dios?

C. La Biblia
1. ¿Qué es la Biblia?
Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la
palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1Pedro 1:23). Toda la
Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia (2Timoteo 3:16).
Creemos que la Biblia es la palabra de Dios, la revelación de Dios a los hombres.
La misma fue inspirada por Dios por medio de su Espíritu Santo. (2Pedro 1:21.)
En ella Dios ha dado a conocer su voluntad y sus leyes para nosotros. Creemos
que los escritos originales fueron infalibles y perfectos, ya que Dios dio el mensaje
a los escritores y los guió a escribirlo sin ningún error. También creemos que
existen traducciones fieles y dignas de confianza. Debemos grabar en nuestra
mente, una vez y para siempre, que la Biblia es un libro diferente de cualquier otro,
diferente porque es el único que fue escrito por inspiración divina.
Pudiéramos destacar varias evidencias que demuestran que la Biblia es realmente
inspirada por Dios. Una de estas evidencias es su unidad. Aunque los 66 libros de
la Biblia fueron escritos por unos 36 escritores a través de 16 siglos, todos ellos
concuerdan perfectamente. ¡Qué maravilla! Esto se debe a que los mismos tienen
un solo Autor.
El mensaje de la Biblia es universal. Cambia el corazón de los pecadores que se
arrepienten en todo el mundo. Aunque la Biblia es muy antigua (el primer libro fue
escrito hace como 35 siglos, el último hace como 19 siglos), su mensaje todavía
satisface las necesidades del corazón humano en la actualidad. Además, su
preservación a través de todos los siglos, cuando tantos procuraron destruirla, es
un milagro y confirma que es un libro extraordinario. ¿Y quién puede negar que
muchas profecías de la Biblia se cumplieran muchos años después que fueron
hechas? Se ha dicho que hay 330 detalles profetizados acerca de la vida de Cristo
y todos se han cumplido exactamente. ¿Acaso puede un hombre hacer tal cosa?
2. ¿Cómo debemos acercarnos a la Biblia?
Y que desde la niñez has sabido las sagradas Escrituras, las cuales te pueden
hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2Timoteo 3:15).
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a
vosotros mismos (Santiago 1:22).
Nos acercamos a la Biblia con profunda reverencia porque reconocemos que la
misma es las sagradas escrituras. ¡Dios nos está hablando! ¡Cuánto debiéramos
atender a su mensaje! Jesús dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu
y son vida” (Juan 6:63).
También debemos darnos cuenta de que no podemos entender la Biblia por
razonamientos humanos. Dependemos del Espíritu Santo para guiarnos, tal como
Jesús dijo: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la
verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo
que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:13).
En balde abrimos la Biblia si no deseamos obedecerla. ¡Qué bueno sería que
tuviéramos el anhelo del salmista, para guardar la palabra del Señor! (Salmo
119:4-5.) En todo nuestro estudio de la palabra debemos recibirla con
mansedumbre. (Santiago 1:21.) Esto quiere decir que la recibimos para nosotros
mismos y para poner por obra lo que nos dice.
3. ¿Cómo debemos estudiar la Biblia?
Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza (1
Timoteo 4:13). ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación
(Salmo 119:97).
Si amamos la palabra de Dios entonces no nos será difícil tener tanto un culto
privado como familiar cada día para estudiar la misma. En su estudio privado,
usted puede comenzar con el evangelio de Juan. Después, lea los otros
evangelios y el libro de Hechos para continuar con el resto del Nuevo Testamento.
Al haberse familiarizado con su mensaje entonces usted deseará leer también el
Antiguo Testamento. Lea la Biblia diariamente, porque nada puede ocupar el lugar
de este alimento espiritual.
Otra parte de nuestro estudio es el aprendizaje de memoria. Guardar los dichos
del Señor en nuestro corazón nos guarda del pecado. (Salmo 119:11.) ¿Acaso
existe alguna manera mejor para hacer eso que aprender muchos versículos o
pasajes enteros de memoria? Hágalo regularmente; usted puede.
A los de Berea Dios los llamó “nobles” porque escudriñaron las escrituras. He aquí
algunos métodos de estudio de la Biblia que usted puede emplear:
 Analizar un pasaje o un capítulo; por ejemplo, (Juan 4:5-42). Conteste las
preguntas: ¿Quién? ¿qué? ¿cuándo? ¿dónde? ¿cómo? y ¿por qué? Escriba
las respuestas, los puntos principales que usted ve y las aplicaciones a su vida.

 Estudiar un libro de la Biblia. Comience leyendo el mismo varias veces. Haga


un bosquejo del libro para entender su idea general. Investigue cuál fue el
propósito del escritor. Analice sus diferentes partes.

 Entender un tema; por ejemplo, el bautismo. Busque todos los pasajes del
Nuevo Testamento que se refieren al bautismo. Organícelos en varios puntos.
Procure entender lo que toda la Biblia expone acerca de este tema.

 Investigar una palabra ya sea en un solo libro o en toda la Biblia; por ejemplo,
las palabras gozo y gozar en el libro de Filipenses. Busque todas las veces que
aparecen las mismas y procure entender qué nos enseña cada pasaje acerca
del significado de esas palabras.

4. ¿Qué resultados debemos esperar de nuestro estudio bíblico?


¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra (Salmo
119:9). Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada,
para que por ella crezcáis para salvación (1Pedro 2:2).
La palabra de Dios es como un filtro; al pasar nuestros pensamientos por ella, los
limpia de todo lo impuro. (Juan 15:3.) De la Biblia se ha dicho: “Este libro le
guardará del pecado; o el pecado le guardará de este libro”. Difícilmente nos
derribarán las tentaciones si estamos bien arraigados en la palabra de Dios. Su
palabra nos guía en el camino de la justicia.
El estudio diario de la Biblia nos ayuda grandemente a crecer y a desarrollarnos
espiritualmente. Si usted desea crecer, invierta su tiempo en el estudio de la Biblia.
No seamos inexpertos en la palabra, como aquellos de quienes se habla en
(Hebreos 5:12-14). La palabra es como leche para los niños espirituales; pero
contiene carne para los maduros. No se alimente sólo de leche. Usted crecerá
para ser un cristiano fuerte y robusto si se alimenta de las verdades profundas y
ocultas que se encuentran en la Biblia.
Preguntas
1. ¿Qué es la Biblia para usted?
2. ¿Cuáles son algunas de las evidencias que demuestran la inspiración divina de
la Biblia?

3. ¿Cómo debemos responder a lo que aprendemos de la Biblia?

4. ¿Lee usted la palabra de Dios cada día?

5. Defina un método de estudio que usted desee emplear.

6. ¿Cuáles son algunas de las cosas que la Biblia hace por nosotros?

D. La Oración
1. La necesidad de Orar
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y
no desmayar (Lucas 18:1). Orad sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17).
Oramos cuando hablamos con nuestro Padre celestial. Jesús oró muchas veces,
hablando con su Padre. Él nos enseñó a orar: “Padre nuestro que estás en los
cielos...” Dios no sólo desea que sus hijos oren; sabe que lo necesitamos. La
oración es como nuestra respiración espiritual. Sin ella, no podemos vivir. La
oración y el estudio de la Biblia nunca pueden separarse; ambos son esenciales a
la vida cristiana.
2. Las ocasiones para Orar
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu
Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará
en público (Mateo 6:6). Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María
la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos
estaban reunidos orando (Hechos 12:12).
Debemos orar tanto a solas con Dios como con otros hermanos, pero nunca
debemos orar sólo para que otros nos oigan. No descuidemos la oración privada.
Todos los grandes hombres de Dios han pasado mucho tiempo en la oración. En
la Biblia vemos ejemplos de los que pasaron mucho tiempo en la oración: Jesús
(Lucas 6:12); Daniel (Daniel 6:10); y Pablo (2Timoteo 1:3). Debemos
acostumbrarnos a orar, dando gracias a Dios, antes de comer. (Mateo 14:19)
(Hechos 27:35) Al amanecer debemos comenzar el día con la oración, y al
anochecer debemos terminarlo con la oración. Realmente debemos estar alzando
nuestro espíritu a Dios en oración a través de todo el día. (Salmo 55:16-17)
3. Los tipos de Oración
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante
de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4:6).
Aunque en las escrituras se nos manda a que pidamos a Dios (Mateo 7.7) eso no
quiere decir que orar es simplemente pedir favores para nosotros mismos. Una
parte muy importante de la oración es rendirle a Dios acciones de gracias y
alabanzas. (Hebreos 13:15) En nuestras oraciones no debemos darle importancia
solamente a nuestras necesidades personales, sino que también debemos pensar
en la gloria, la bondad y los favores de Dios. Debemos aprender a adorar al Señor
por medio de nuestras oraciones. Y, por último, no debemos olvidarnos de
interceder por otros en nuestras oraciones. (1Timoteo 2:1-2)

4. Las peticiones de la Oración


Y todo lo que pidiereis en oración creyendo, lo recibiréis (Mateo 21:22).
Debemos pedir a Dios por todas las cosas. No importa cuán pequeña sea la
necesidad o cuán grande sea la misma, todo lo podemos llevar a Dios en oración.
A continuación, ofrecemos una lista de algunas cosas por las cuales la Biblia nos
enseña orar. La Biblia nos enseña a orar por:

 Todos los hombres, especialmente los gobernantes (1Timoteo 2:1-4)

 Los incrédulos (Romanos 10:1)

 Los unos por los otros (Santiago 5:16; Efesios 6:18-19)

 Los pastores, maestros y obreros cristianos (2Tesalonicenses 3:1-2)

 Los enemigos (Mateo 5:44)

 Nosotros mismos (2Corintios 12:7-8)

 Sabiduría (Santiago 1:5)

 Purificación (Salmo 51:7)

 Ser guardados de la tentación (Mateo 6:13; Lucas 22:40)

5. Las condiciones de la Oración contestada


Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo
que queréis, y os será hecho (Juan 15:7).
Como vimos en (Mateo 21:22), Dios ha prometido contestar nuestras oraciones.
Entonces, ¿por qué no son contestadas todas las oraciones? Quizá Dios las
conteste de una manera que no hemos pensado o tal vez contestará las mismas
una vez que haya sido puesta a prueba nuestra paciencia. Sin embargo, puede
ser no las contesta porque no hemos cumplido con todas las condiciones. He aquí
algunas condiciones para que Dios conteste nuestras oraciones: pidamos con fe
(Marcos 11:24), de acuerdo con la voluntad de Dios (1 Juan 5:14), en el nombre
de Jesús (Juan 14:13-14) y con perseverancia (Lucas 18:1). Además, otras
condiciones también pueden ser: que no tengamos en nuestra vida ningún pecado
(Isaías 59:2; Salmo 66:18), ni egoísmo (Santiago 4:3), ni un espíritu rencoroso
(Marcos 11:25-26) y finalmente, que sigamos unidos a Jesucristo a fin de que su
palabra more en nosotros (Juan 15:7). Si cumplimos todas las condiciones de la
palabra de Dios, ciertamente nuestras oraciones serán contestadas, porque Dios
lo ha prometido y él no puede mentir. Por tanto, si usted ve que alguna oración
suya no es contestada, asegúrese de que ha cumplido todas las condiciones y
siga orando.
6. La Oración y el Ayuno
Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a
los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que
ve en lo secreto te recompensará en público (Mateo 6:17-18).
Jesús tiene la certeza de que sus discípulos ayunarán. Él dijo: “Cuando ayunes…”
y luego da instrucciones de cómo ayunar. El ayuno, acompañado de la oración,
tiene mucho valor para disciplinar al cuerpo y afligir el alma. (Salmo 35:13; 69:10.)
Ambas cosas nos preparan para ser más sensibles a la voz de Dios de manera
que discernamos su voluntad. Tanto la oración como el ayuno traen grandes
bendiciones que cada cristiano deseará experimentar.
Preguntas
1. ¿Qué es la oración?

2. ¿Por qué debemos orar?

3. ¿Cuándo debemos orar?

4. Cuando oramos, ¿qué más debemos hacer además de pedir a Dios por
nosotros mismos?

5. ¿Por cuáles personas y cosas ora usted?

6. Nombre algunas condiciones que debemos cumplir para que nuestras


oraciones sean contestadas.

7. ¿Cómo sabemos que Dios escucha nuestras oraciones y las contesta?

8. ¿Qué relación tiene el ayuno con la oración?

E. El Espíritu Santo
1. Su Venida
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros
para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir,
porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros, y estará en vosotros (Juan 14:16-17).
En el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo vino sólo sobre ciertas personas para
obras especiales. Pero antes que Jesús volviera a su Padre prometió que
mandaría al Espíritu Santo para morar en sus seguidores. Esta promesa se
cumplió en el día de pentecostés. (Hechos 2:4, 16-17) Desde aquel día, el
Espíritu de Dios mora en el corazón de cada creyente de modo que el apóstol
Pablo pudo decir: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos
8:9).
2. Su Personalidad
Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el
Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de
mí (Juan 1:.26).
En este versículo, notamos que se habla del Espíritu Santo como de una persona.
Este hecho se confirma a través de toda la Biblia. Nunca se habla de él como de
una cosa muerta, una mera influencia o un poder. Él es una persona, tal como lo
es Jesús.
La Biblia atribuye al Espíritu Santo actos personales. Veamos los siguientes
ejemplos: él da testimonio (Juan 15:26), él nos guía y habla (Juan 16:13) y él nos
enseña (Juan 14:26). Estas son algunas cosas que sólo las hace una persona.

Además, al Espíritu Santo podemos tratarlo como a una persona. Podemos


contristarlo (Efesios 4:30), podemos mentirle (Hechos 5:3) y podemos resistirlo
(Hechos 7:51). ¿Quién puede decir que el Espíritu Santo no es una persona?
3. Su Divinidad
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en
vosotros? (1Corintios 3:16).
La Biblia enseña claramente que el Espíritu Santo es Dios, pues Dios es Espíritu.
(Juan 4:24.) La Biblia siempre se refiere al Espíritu Santo como a Dios; por
ejemplo, en (Hechos 5:3-4). Él tiene los mismos atributos o características que
tiene el Padre o Jesucristo: por ejemplo, es eterno (Hebreos 9:14), Santo
(Efesios 4:30), Omnipresente (Salmo 139:7-10) y Omnisciente (1Corintios
2:10:11). ¿Acaso se puede decir estas cosas de cualquier otra persona?
4. Su Obra en el Incrédulo
Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y
no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido
ya juzgado (Juan 16:8-11).
El Espíritu Santo hace fielmente su obra de convencer al pecador de su condición
pecaminosa, de la justicia de Dios y del juicio venidero. Y cuando el pecador se
arrepiente, nace del Espíritu Santo por medio de la fe. (Juan 3:5) El Espíritu Santo
viene sobre el pecador arrepentido para convertirlo y transformarlo en un santo de
Dios. (Tito 3:5) Esta venida inicial sobre el nuevo converso se llama el bautismo
del Espíritu Santo. Por medio de este bautismo es que la persona se convierte en
un cristiano y miembro del cuerpo de Cristo. (1Corintios 12:13)
5. Su obra en el creyente
Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el
Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
no es de él (Romanos 8:9).
Ya hemos visto que el Espíritu Santo mora en cada creyente. Dependemos de él
para nuestra vida y nuestro poder espiritual. Él testifica en nuestro corazón al
asegurarnos que somos hijos de Dios. (Romanos 8:14-17.) También nos
consuela en nuestras pruebas y tristezas. (Juan 14:16-18.) Además, él nos
enseña las verdades espirituales. (Juan 14.26.) Mientras más nos sometemos a él
mucho más nos llena, nos da valor para hablar de Cristo y poder para servir a
Dios. (Hechos 4:31) Por medio de la iglesia, el Espíritu Santo llama a algunos
hermanos y los capacita para obras especiales, tal como llamó a Bernabé y a
Saulo. (Hechos 13:2) En todo lo que hace, él siempre glorifica a Cristo y no a
ningún hombre, ni aun a sí mismo. (Juan 16:14)

6. Su manifestación en el creyente
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra
la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
(...) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley (Gálatas
5:16-17, 22-23).
No necesitamos dones o experiencias espectaculares para mostrar que tenemos
el Espíritu de Dios en nuestra vida. Pero cada cristiano manifestará su presencia
al no andar conforme a la carne, sino conforme a la voluntad de Dios. También
veremos en todo creyente las virtudes cristianas que llamamos el fruto del Espíritu
Santo. Con estas evidencias no necesitamos otra. Sin las mismas, cualquier otra
supuesta manifestación de su presencia no es sino un engaño. Es cierto que el
Espíritu Santo da dones a los cristianos, pero él los da conforme a la santa
voluntad suya (1 Corintios 12:11) y para la edificación de la iglesia. El Espíritu
Santo no da sus dones para la gloria de ningún hombre. (1Corintios 14:12.)
Además, él no da todos los dones a todas las personas ni tampoco un don
espectacular a todas. (1Corintios 12:28-31.)
Rindámonos al Espíritu Santo para que él nos utilice como él quiera para la gloria
de nuestro Señor.
Preguntas
1. ¿En qué manera cambió la obra del Espíritu Santo del Antiguo Testamento a
su obra en la actualidad?

2. ¿Cómo sabemos que el Espíritu Santo es una persona?

3. ¿Cómo sabemos que él es Dios?

4. ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo en los pecadores?

5. ¿Cómo él obra en los creyentes?

6. ¿Cuándo recibimos el bautismo del Espíritu Santo?

7. ¿De qué manera se manifiesta el Espíritu Santo en los cristianos verdaderos?

F. Satanás y sus obras


1. Nuestro enemigo
El enemigo que la sembró es el diablo (Mateo 13:39). Sed sobrios, y velad;
porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor
buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8).
Tenemos un enemigo cuyo trabajo es condenar y tratar de destruir nuestras almas
eternamente. Él es un espíritu astuto y peligroso, mucho más que un león porque
destruye no sólo el cuerpo sino también el alma. Dios lo creó, no como un espíritu
malvado, sino como un ángel de luz. Pero cuando se rebeló y quiso exaltarse y
hacerse como el Altísimo, Dios lo echó del cielo. (Isaías 14:12-15.) Desde
entonces él está enfurecido contra Dios y obra día y noche para destruir todo lo
que es de Dios y todo lo bueno. Así ha sido desde el principio cuando engañó a
Adán y a Eva. En la actualidad el diablo continúa obrando de la misma manera.
Satanás procura contaminar a todos los hombres y hacer que se rebelen contra
Dios.

2. El tentador
Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se
conviertan en pan (Mateo 4:3).
El diablo tentó al propio Jesús; ¿cómo no nos tentará a nosotros? Él
constantemente procura seducirnos a pecar y a desobedecer la palabra de Dios.
No es pecado ser tentado (todos lo somos); pero sí pecamos si cedemos a la
tentación, dándole cabida en nuestra mente y vida. (Santiago 1:14-15.) Satanás
nos quiere hacer dudar de lo que Dios ha dicho y hacernos pensar que de alguna
manera escaparemos del justo juicio divino. Nunca debemos creerle. Satanás es
un engañador. No seamos ignorantes de sus maquinaciones. Aun si viniera a
nosotros como ángel de luz (2 Corintios 11:14), seamos vigilantes para no caer
en su trampa (Marcos 14:38).

3. El poder tras el ocultismo


Y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios (1Corintios
10:20).
Las prácticas y los poderes de los hechiceros, los espiritistas y los adivinos
provienen de los demonios, o sea, del diablo y de los ángeles caídos que lo
ayudan. Ningún cristiano debe involucrarse en ninguna de estas cosas, sino
alejarse de ellas lo más posible. Si alguna vez estuvimos relacionados con el
ocultismo entonces es necesario que nos apartemos de todo ello inmediatamente,
conforme al ejemplo que aparece en (Hechos 19:19).

En el Antiguo Testamento, Dios mandó que su pueblo se apartara de estas cosas.


(Deuteronomio 18:9-14.) En el Nuevo Testamento, Dios las clasifica entre las
obras de la carne (Gálatas 5:19-21) y declara cuál será el castigo eterno de los
hechiceros (Apocalipsis 21:8).

4. Cómo vencer a Satanás


Porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo
(1Juan 4:4). Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de
la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la
muerte (Apocalipsis 12:11).
Sea por cualquier pecado, o sea por el ocultismo, el diablo esclaviza a la gente y
los aprisiona en temor. (Romanos 6:16; Juan 8:34.) Pero, ¡gracias a Dios!,
podemos vencer al diablo y no tenemos que temerle. Debemos resistir al diablo
para que huya de nosotros por medio del Espíritu Santo que está en nosotros y la
sangre de Jesús. (Santiago 4:7)
Para que podamos vencer al diablo es preciso que reconozcamos e
identifiquemos su obra. A él le gusta trabajar a escondidas. Él quiere hacernos
pensar que cierta idea errónea es nuestra o que el poder tras toda manifestación
milagrosa es de parte de Dios. Por medio de la palabra de Dios debemos juzgar
todas las cosas (1 Corintios 2.15), y por medio de la fe podemos vencer a Satanás
(1 Juan 5.4). Ya que la fe viene por oír la palabra (Romanos 10.17) es preciso que
tengamos cada día un contacto íntimo con Dios por medio de la oración y el
estudio de la Biblia. Dios ha prometido socorrernos. De lo contrario, Satanás muy
pronto nos derribaría.

Preguntas

1. ¿Quién es nuestro enemigo?

2. ¿Cuál es su obra?

3. ¿Qué es una tentación?

4. ¿En qué momento la tentación se convierte en pecado?

5. Mencione algunos elementos del ocultismo.

6. ¿Qué debe hacer el cristiano cuando se enfrenta al poder del diablo en el


ocultismo?

7. ¿Cómo podemos vencer al diablo?

G. El servicio cristiano
1. El llamamiento al servicio
Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres (Efesios
6:7).
Dios llama a todos aquellos que salva para que le sirvan. Cuando nosotros le
decimos a Dios, “Señor”, ¿acaso esto no implica que somos sus siervos? Al
convertirse el apóstol Pablo, dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” De igual
manera, todas las personas que se entregan al Señor en consagración completa
desean servirle. Existen varias citas bíblicas que nos enseñan que somos salvos
para servir. (Deuteronomio 10:12; Mateo 4:19; Hebreos 12:28.)
2. La necesidad de servir
Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es
provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de
esta vida presente, y de la venidera (1Timoteo 4:7-8).
Sabemos que un niño no puede crecer y desarrollarse corporal ni mentalmente si
no hace ejercicios. Estos ejercicios aprovechan para poco (en cierto sentido, para
la duración de la vida), pero los ejercicios de la piedad, los ejercicios espirituales,
aprovechan para la eternidad. ¿Cómo, pues, nos ejercitamos espiritualmente? Al
servir al Señor. Esto nos ayuda a desarrollarnos normalmente en la vida cristiana.
Además, Cristo usa nuestros esfuerzos para llevar a cabo su obra. Las manos del
Señor para su obra en la tierra son las nuestras. Él se ha ido al cielo y nos ha
encomendado su obra a nosotros. Con su ayuda, ¡sirvámosle!

3. Las formas de servir


Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero,
será siervo de todos (Marcos 10:43-44).
Si deseamos servir al Señor entonces hallaremos muchas maneras de hacerlo.
Servimos al Señor al alabarlo y al adorarlo. Además, otras formas de servir al
Señor son cuando evangelizamos, nos exhortamos los unos a los otros y
soportamos las pruebas y las persecuciones con paciencia. (Hechos 20:18-21.)
No sólo obrar en la mies, sino también orar por los obreros de la mies es servir al
Señor. (Mateo 9:37-38.) El Señor acepta todas estas maneras de servir si las
hacemos de buena voluntad.

También la Biblia enseña que servirnos los unos a los otros es lo mismo que hacer
algo para el mismo Señor. (Mateo 25:34-40.) Ese servicio puede ser una cosa tan
sencilla como regalar un vaso de agua fría. (Mateo 10:42) La Biblia nos amonesta:
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”
(Gálatas 6:2). El Señor reconoce como un servicio a él cuando somos
bondadosos y dadivosos. (1Timoteo 6:18)
La iglesia abre muchas puertas de servicio al cristiano. Por ejemplo, la misma
llama a los miembros fieles a ser maestros de la escuela dominical, de una
escuela bíblica o de la escuela cristiana. Además, los hermanos tienen la
oportunidad de compartir un tema en la iglesia algún domingo o miércoles por la
noche durante las horas del servicio dentro de la capilla. En fin, todos pueden
ayudar en la obra de la distribución de la literatura cristiana a los incrédulos y en
otras actividades de la evangelización. El Señor desea que todos seamos una luz
y que demos un buen testimonio ante el mundo. Esto también es una manera de
servir y agradar al Señor.
4. Las recompensas del servicio
Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y
llorando el que lleva la preciosa semilla; más volverá a venir con regocijo,
trayendo sus gavillas (Salmo 126:5-6).
A veces servir al Señor nos cuesta mucho, pero si le amamos nos olvidamos
fácilmente de los sacrificios que hacemos para servirle. Y sin dudas el servicio fiel
trae gran galardón a Dios. Hacer la voluntad de Dios nos sacia y nos satisface;
nos llena de gozo y contentamiento. Pero aun esas recompensas no son nada
comparadas con la recompensa de la eternidad. (Mateo 25:21,34.) ¡Usted no la
deseará perder! No obstante, recordemos que no merecemos ningún galardón.
Cuando hemos servido fielmente al Señor, no hemos hecho nada más que nuestro
deber. (Lucas 17:7-10.)
5. Nuestro ejemplo de servicio
Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para
dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).
Cristo, siendo Dios, se hizo siervo. (Filipenses 2:7) Él dedicó toda su vida al
servicio de la humanidad al hacerle bien a todos. El Señor incluso se inclinó para
lavar los pies de sus discípulos y de esa manera les enseñó que ellos también
debían servirse los unos a los otros de igual forma. (Juan 13:14-16) Su amor le
hizo sacrificarse por nosotros en la cruz. ¿Acaso habrá sacrificio mayor que éste?
Es por ello que debemos desear que el Señor nos dé corazones de siervos.
Preguntas

1. ¿Quién debe servir al Señor?

2. ¿Por qué es necesario que cada cristiano sirva al Señor?

3. Mencione algunas maneras en que usted desea servir a Dios.

4. ¿Cómo el Señor recompensa al siervo fiel?

5. ¿Cómo Cristo llegó a ser nuestro siervo ejemplar?

H. Otros puntos prácticos de la Vida Cristiana


1. La honradez
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo;
porque somos miembros los unos de los otros (Efesios 4:25). Abominación
son a Jehová las pesas falsas, y la balanza falsa no es buena (Proverbios
20:23).
Todo cristiano debe practicar la honradez absoluta en toda su vida. No hacerlo es
deshonrar el nombre del Señor y recibir como pago su ira. (Apocalipsis 21:8) La
honradez incluye hablar siempre sólo la verdad. La mentira nunca halla lugar en la
vida del cristiano como tampoco el engaño en sus negocios.
Decir siempre la verdad evita la necesidad de usar juramentos para confirmar lo
que decimos. El que miente también mentirá aún bajo juramento. Los que decimos
la verdad nunca necesitamos el juramento para que la gente confíe en nosotros.
Además, no juramos porque el Nuevo Testamento lo prohíbe estrictamente.
(Santiago 5:12; Mateo 5:33-37) En los tiempos del Antiguo Testamento era
permitido usar el juramento judicial y legal, pero ahora Jesús ni siquiera permite
eso. Afirmar que deseamos decir la verdad concuerda con la enseñanza de Jesús
y generalmente satisface las leyes terrenales.
Dios siempre ha prohibido que su pueblo jure en vano o que invoque su nombre
en una manera irreverente y frívola. (Éxodo 20:7) El hecho de que semejante
práctica sea un pecado muy común entre los mundanos no hace que el Señor lo
pase por alto. Si en realidad tememos al Señor entonces nunca hablaremos de él
en una manera irreverente.

2. El trabajo material del cristiano


Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si
alguno no quiere trabajar, tampoco coma (2Tesalonicenses 3:10).
La Biblia nos enseña que cada uno debe comprometerse a buscar y a ganar lo
necesario para vivir. (1Tesalonicenses 4:11-12.) En el seno familiar es el esposo
el que tiene la responsabilidad de proveer para los de su casa. (1Timoteo 5:8) A
las esposas se les manda que sean “cuidadosas de su casa” (Tito 2:5). Esto
quiere decir que ellas deben quedar en el hogar para hacer los oficios de la casa y
cuidar de sus hijos. Es necesario también que los hijos aprendan a ayudar con los
trabajos del hogar conforme a su edad y capacidad. Todos deben aprender,
especialmente los jóvenes, que la Biblia nos enseña a trabajar para suplir nuestras
necesidades, a ser buenos mayordomos de las bendiciones de Dios, a ahorrar, y
también la misma condena severamente la ociosidad y la dependencia de otros.
No obstante, nosotros debemos recordar que, aunque tengamos grandes
obligaciones materiales siempre debemos buscar primeramente las cosas del
reino del Señor. (Mateo 6:33) Es por eso que también debemos buscar la voluntad
de Dios en cuanto a nuestro trabajo material. No debemos despreciar ningún
trabajo honrado, aunque sea muy humilde. Existen ciertas interrogantes que nos
ayudan a escoger un trabajo que sea conveniente para el cristiano: ¿Acaso el
mismo nos obliga a trabajar en el día del Señor? ¿Es realmente un trabajo que
tiene mucha utilidad para la sociedad o el mismo conlleva a la destrucción de la
vida y la obra de Dios en la tierra? ¿Acaso ese trabajo nos liga en yugo desigual
con los mundanos e incrédulos? ¿Es un trabajo que constantemente nos mete en
tentación y estorba el desarrollo de nuestra vida cristiana en la familia o en la
iglesia? Por eso es bueno que sigamos esta regla al escoger nuestro trabajo: “Si,
pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de
Dios” (1Corintios 10:31).

3. Las pruebas y las persecuciones


Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5:10).
Nosotros no debemos pensar que la vida cristiana es sólo color de rosas, una vida
fácil y llena de comodidades. Aun las rosas tan bellas y con su tierna fragancia
tienen espinas. De igual forma la vida cristiana tiene pruebas y persecuciones.
En los tiempos antiguos y a través de toda la historia de la iglesia los cristianos
fueron encarcelados, golpeados, exilados y hasta martirizados por causa de su fe.
Tal vez algunos de nosotros no enfrentamos estas mismas cosas, pero muy a
menudo las persecuciones nos vienen en otras formas; por ejemplo, nuestra
familia y nuestros amigos pueden burlarse de nosotros por causa de Cristo,
podemos perder nuestro trabajo porque el patrón despide a los que rehúsan
trabajar en el día del Señor, etc. Cualquiera que sea la persecución que
enfrentemos, estas cosas no deben desalentarnos. Más bien, nosotros
debiéramos regocijarnos que hemos sido escogidos para sufrir por causa del
Señor. (Mateo 5:11-12; Hechos 5:41) Además, nuestro propio Maestro y Señor
fue perseguido hasta la muerte. ¿Acaso somos mejores que él? (Juan 15:20)
“También todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús
padecerán persecución” (2Timoteo 3:12).
4. La guía divina
Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad (Juan
16:13).
Dios ha prometido guiar nuestra vida en todo momento. Pero para que él nos guíe
es necesario que nosotros nos rindamos y nos sometamos completamente a la
voluntad de Dios. Esto quiere decir que no sólo debemos tener el deseo de saber
la voluntad de Dios, sino mucho más el deseo de hacerla. A continuación,
presentamos algunos puntos prácticos con relación a saber cuál es la voluntad de
Dios para nuestras vidas:

a. La palabra de Dios. La Biblia es como lámpara a nuestros pies y lumbrera a


nuestro camino. (Salmo 119:105) Por medio de la Biblia Dios nos da
fundamentos que son aplicables a cada circunstancia de la vida. ¿Qué dice la
palabra acerca de cualquier punto que tratamos en cuanto a la vida diaria del
cristiano?

b. La oración. Si pedimos sabiduría a Dios entonces él ha prometido dárnosla.


(Santiago 1:5-7) Nosotros debemos darnos cuenta de que somos incapaces
de guiar nuestra propia vida y que, por tanto, debemos acudir a Dios para
pedirle que él nos ilumine el camino.

c. El Espíritu Santo. La voz del Espíritu Santo en lo profundo de nuestro ser


puede confirmar la voluntad de Dios para nosotros. Es por eso que debemos
atender a su voz cuando él nos hace dudar acerca de lo correcto y bueno que
pueda ser el paso que estamos a punto de dar. Además, es preciso que
nosotros aprendamos a tener mucho cuidado de no confundir nuestros propios
deseos con la voz del Espíritu Santo.

d. Los consejos de otros hermanos. Dios a menudo nos guía a través de los
consejos de otros cristianos fieles. Eso puede incluir a nuestros padres,
maestros, pastores o cualquier hermano fiel de la iglesia. ¡Cuántos desastres
espirituales se evitarían si todos aceptaran los consejos sanos de la
hermandad!

e. La iglesia. La iglesia puede llamarnos a una obra especial. Nosotros podemos


tomar esto como la voluntad definitiva de Dios para nuestra vida.

5. La victoria cristiana

Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria


que ha vencido al mundo, nuestra fe (1Juan 5:4).
De acuerdo con la enseñanza de la Biblia, no existe la necesidad de que suframos
por causa del pecado una derrota constante en la vida cristiana. Dios ha provisto
el poder para que sus hijos vivan en santidad. Aunque puede ser que caigamos a
veces a causa de nuestra debilidad, constituye un engaño del diablo creer que
podemos seguir en el pecado y todavía ser cristianos. Es necesario que nosotros
aprendamos, con la ayuda de Dios, a vivir en victoria sobre nuestros deseos
carnales, sobre el mundo, sobre el pecado y sobre Satanás. Es por eso que a
continuación aparecerán algunos puntos que nos ayudarán a tratar de alcanzar
esa bendita y victoriosa vida en el Señor:

a. La fe. Nuestra vida debe descansar sobre la fe en Cristo: el Cordero que llevó
nuestros pecados (Isaías 53:6); nuestro Salvador (Hebreos 7:25); nuestro
Señor y Maestro (Juan 13:13) y nuestro abogado ante el Padre (1Juan 2:1). Si
permitimos que nuestra fe en las promesas de Dios fluctúe entonces no
podemos tener la victoria que necesitamos tener.

b. El conocimiento de la Biblia. No tendremos las armas necesarias para


alcanzar la victoria a la hora de la tentación a menos que sepamos las
enseñanzas y las promesas que Dios nos ha dado en su palabra. Jesús
empleó las escrituras como una espada para defenderse cuando Satanás lo
tentó. (Mateo 4:1-11) Aprendamos de su ejemplo.

c. La oración. Sin la oración lo más seguro es que caigamos en pecado. Una


parte de nuestra armadura contra el diablo es la oración constante. (Efesios
6:18) “Velad y orad para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41)

d. El poder del Espíritu Santo. Sin la ayuda del Espíritu Santo jamás podremos
vivir en victoria. Él nos ayuda a desechar el pecado en nuestras vidas y a vivir
conforme a la ley de Dios. (Romanos 8:13; Gálatas 5:16) Pero nosotros
debemos recordar que su poder está disponible solamente para aquellos que
ponen toda su vida y todas sus decisiones en las manos de Dios. Sin esta
sumisión absoluta y completa el Espíritu Santo no nos puede dar la victoria que
debemos tener en la vida cristiana.

Nos es necesario que miremos hacia Cristo de manera que obtengamos la gracia
necesaria para vivir en victoria. Él es poderoso para guardarnos sin caída y
presentarnos sin mancha delante de su gloria. (Véase Judas 24.)

Preguntas

1. ¿Qué es la honradez?

2. ¿Qué diferencia hay entre el juramento judicial y el juramento profano?

3. ¿Por qué no juramos en ninguna manera?

4. ¿Qué enseña la Biblia acerca de trabajar para suplir las necesidades?


5. ¿Dónde deben trabajar las que están casadas? ¿Por qué?

6. Mencione algunos trabajos que no le convienen al cristiano.

7. ¿Qué debemos hacer cuando enfrentamos pruebas y persecuciones?

8. ¿Cómo nos guía Dios?

9. ¿Qué significa la frase “victoria cristiana”?

10. ¿Qué debemos hacer para vivir en victoria?

ALGUNAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA


En este capítulo vamos a estudiar acerca de siete ordenanzas de la iglesia
cristiana. La palabra ordenanza puede significar cualquier mandato o reglamento,
pero en este capítulo la usaremos en un sentido más definido. Nosotros
definiremos a la palabra ordenanza de la siguiente manera: “Una ordenanza es
una ceremonia establecida por Dios que tiene un significado espiritual”. De
manera que en estos estudios nosotros estaremos tratando temas que se refieren
a algunas de las formas exteriores del culto que simbolizan verdades espirituales
de la vida cristiana.

Dios estableció estas siete ordenanzas para la iglesia cristiana a manera de


hacernos recordar los grandes principios que rigen a la vida cristiana. Las mismas
nos ayudan a mantener nuestra experiencia cristiana siguiendo los preceptos de
Dios. Además, todas estas ordenanzas ayudan a la iglesia a guardarse pura y
santa conforme al plan del Señor para la misma.

Por otra parte, las ordenanzas ayudan a cada nuevo convertido a meditar más en
cuanto a su necesidad de la iglesia. Por ejemplo, el nuevo convertido se da cuenta
de que él no puede bautizarse solo, así como tampoco puede practicar la santa
cena, el ósculo santo y el lavatorio de pies sin la compañía de la hermandad de
cristianos. Nosotros necesitamos unirnos a una congregación cristiana para poder
cumplir con estos mandamientos del Señor. ¡Jamás debemos pensar que
podemos ser fieles en la vida cristiana sin cumplir con las ordenanzas de Dios
para su iglesia! Dios nunca nos va a ordenar algo que no tenemos que cumplir. Él
exige de nosotros una obediencia total.
Nosotros vamos a estudiar estas ordenanzas en el siguiente orden:

A. El bautismo

B. La santa cena del Señor

C. El lavatorio de pies

D. El velo de las mujeres cristianas

E. El ósculo santo

F. La unción con aceite

G. El matrimonio santo

A. El bautismo
1. Ejemplos bíblicos del Bautismo

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue


bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él
en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres
mi Hijo amado; en ti tengo complacencia (Lucas 3:21-22).

Ya que el bautismo no fue practicado en el Antiguo Testamento entonces nos


dirigimos al Nuevo Testamento para entender el origen, el significado y la manera
de practicar esta ordenanza. El bautismo con agua se menciona por primera vez
en conexión con Juan el Bautista. (Mateo 3:1-6) Jesús mismo fue bautizado por
Juan, no porque necesitaba arrepentirse de algún pecado, sino como ejemplo para
nosotros. En la iglesia apostólica los nuevos creyentes recibieron el bautismo
como podemos apreciar en las siguientes citas bíblicas del libro de (Hechos: 2:37-
41; 8:36-39; 9:18; y 16:33)

2. Los motivos para ser Bautizado

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el


nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:19)

Cuando nosotros nos convertimos en cristianos debemos desear seguir el ejemplo


de Jesús y de los primeros cristianos en cuanto al bautismo. Además, Jesús
mandó a los apóstoles que bautizaran a los nuevos discípulos que creyeran en él.
Por tanto, creemos que el bautismo es un paso esencial en la vida del recién
convertido y es también un acto de obediencia que no se puede dejar de cumplir.
La Biblia se refiere al bautismo como “la aspiración de una buena conciencia
hacia Dios” (1Pedro 3:21) Es por eso que la misma enfatiza una y otra vez el
hecho que el cristiano no puede desobedecer lo mandado por Dios y aún
mantener una buena conciencia delante de Dios.

3. Las condiciones para recibir el Bautismo

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de


Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo
(Hechos 2:38). Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y
respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios (Hechos 8:37).

En estos versículos nosotros notamos que el que quiere ser bautizado primero
debe arrepentirse y creer en el Señor. Los niños no necesitan el bautismo porque
no pueden cumplir estas condiciones y porque ya son del reino de Dios. (Mateo
19:14) Sin embargo, los incrédulos no deben ser bautizados porque no han
cumplido con las condiciones antes mencionadas. (Mateo 3:7-8) Ahora bien, los
que han nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo y han dado prueba de
una vida nueva en Cristo Jesús, sí deben ser bautizados conforme a lo que se nos
enseña en las escrituras.

4. El significado del Bautismo

Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no
sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús (Hechos 10:47-48).

Al ver Pedro que Cornelio había sido bautizado por el Espíritu Santo (Hechos
11:15-16) no le quedó otra opción que bautizarlo con agua. De ahí podemos
entender que el bautismo con agua es un símbolo del bautismo con el Espíritu
Santo. La Biblia afirma que el bautismo con el Espíritu Santo es el acto que nos
hace miembros del cuerpo universal de Cristo. (1Corintios 12:13) Esto ocurre en
el momento de la conversión. Por esa razón entendemos que el bautismo con
agua debe realizarse después de haber visto las señales del bautismo del Espíritu
Santo en la vida de la persona.

Las personas que son bautizadas confiesan públicamente que Dios, por medio de
la sangre de Jesús, las ha lavado de sus pecados y que tienen la conciencia limpia
delante de Dios y los hombres. Si el candidato para el bautismo no tiene en su
vida las señales de haber sido bautizado por el Espíritu Santo, así como tampoco
se aprecia que el mismo tiene un corazón limpio entonces el bautismo con agua
no tendrá ningún valor para esa persona. Por otra parte, creemos que el bautismo
es un acto externo que nos identifica con Cristo; el creyente manifiesta a todo el
mundo que ya pertenece a Cristo.

Preguntas

1. ¿Por qué es necesario el bautismo?

2. ¿Cuáles condiciones uno debe cumplir antes de ser bautizado?

3. ¿Puede alguien seguir en la vida cristiana si rehúsa el bautismo con agua?

4. ¿Qué significa el bautismo con agua?

5. ¿Cómo son lavados nuestros pecados?

B. La Santa Cena del Señor


1. ¿Cómo fue instituida?

Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi


cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual
manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el
nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama (Lucas 22:19-20).

La noche antes de la crucifixión de Jesús, él y sus discípulos se reunieron en


Jerusalén para celebrar la pascua. El pueblo de Israel observaba esta fiesta una
vez al año para conmemorar la noche en que Dios los libertó de su esclavitud en
Egipto.

Al final de esta fiesta Jesús instituyó la Santa Cena, la cual también observamos
nosotros para conmemorar los sufrimientos y la muerte del Señor por librarnos de
la esclavitud del pecado y de Satanás.

2. ¿Por qué la observamos?

Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la
noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo:
Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en
memoria de mí. Asimismo, tomó también la copa, después de haber cenado,
diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces
que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este
pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga
(1Corintios 11:23-26).

Nosotros observamos la Santa Cena porque Jesús mandó a que lo hiciéramos. El


Señor dijo: “Haced esto en memoria de mí” (1Corintios 11:24) Creemos que
cuando él nos ordenó que practicáramos tal ordenanza sin duda tuvo ciertos
propósitos bien definidos. En primer lugar, Jesús deseaba que recordáramos su
muerte por nosotros. Entendemos que el pan no se convierte en el cuerpo de
Cristo ni el vino (jugo de uva) en su sangre; simbolizan su cuerpo y su sangre. De
la misma manera que los granos de trigo tienen que molerse para hacer el pan,
así el cuerpo de Cristo tuvo que ser quebrantado para que llegara a ser el pan
espiritual del mundo. De igual modo, las uvas tienen que ser exprimidas para
sacarles el jugo. Esto simboliza la manera en que Jesús derramó su sangre para
dar su vida por el mundo.

Además, el servicio de la santa cena no sólo nos hace recordar acerca de la


muerte de Jesús, sino también nos hace pensar en su segunda venida. Es por eso
que la Biblia dice que así anunciamos su muerte “hasta que él venga” (1
Corintios 11.26). ¡Qué grandes bendiciones nos trae la participación en esta
ordenanza! En verdad estos símbolos son el pan y la copa de bendición.
(1Corintios 10:16)

3. ¿Qué significa?

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré


en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es
verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece,
y yo en él (Juan 6:54-56).

Dios instituyó la santa cena no sólo para que pensáramos en la muerte de Jesús
(pasado) y en su segunda venida (futuro); la santa cena significa algo más para
nuestras vidas. Esto tiene mucho que ver con nuestra vida presente. Comer y
beber estos emblemas nos enseña que Jesús es nuestra comida y bebida
espiritual. Esto quiere decir que de él solamente es que nosotros recibimos vida.
Jesús nos dio esta vida al morir en la cruz. Es por eso que nosotros recibimos esa
vida sólo cuando morimos con él (esto es, morimos a nuestros deseos
pecaminosos y nuestra voluntad carnal) para que también resucitemos con él a
una vida nueva. Entonces la santa cena es un símbolo de nuestra unión con
Jesucristo en su muerte y en su resurrección.

Dios nos enseña otro símbolo muy preciado para nuestras vidas en (1Corintios
1016-17). Aquí entendemos que la santa cena simboliza algo más todavía. Por
ejemplo, se necesitan muchos granos de trigo para hacer un pan. Así también
nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, la iglesia de Cristo.
De esa manera la santa cena nos recuerda también la unidad de la iglesia.
4. ¿Qué condiciones tenemos que cumplir antes de participar?

Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa
(1Corintios 11:28).

Ya que la santa cena simboliza nuestra unión con Cristo en su muerte y en su


resurrección, creemos que nadie debe participar en la misma a menos que haya
experimentado una verdadera conversión y esté viviendo en sumisión a la
voluntad de Dios. Si nosotros comiéramos o bebiéramos en el servicio de la santa
cena sin tener esta unión tan vital con él entonces sería como si nos burláramos
del Señor. (1Corintios 11:27) Tampoco sería correcto participar en este servicio si
uno estuviera viviendo en rebelión contra la iglesia, porque la santa cena simboliza
la unidad de la iglesia. Por ello, la Biblia nos instruye a examinar nuestra vida
antes de participar en la santa cena. ¿Acaso estamos a bien con Dios en nuestra
relación con él? ¿Estamos en paz con todos los hombres? (Romanos 12:18)

5. ¿Qué resulta si participamos indignamente?

De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor
indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto,
pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el
que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y
bebe para sí. (1Corintios 11:27-29).

Ya hemos visto las condiciones que debemos cumplir antes de participar en la


santa cena. Ahora en estos versículos citados nos damos cuenta de la condición
terrible de aquellos que participan en la santa cena sin cumplir con las mismas.
¿Culpado de la muerte del Señor? ¿Comer y beber juicio para sí? ¡Qué nunca nos
suceda esto! A fin de tratar de evitar estas cosas nosotros acostumbramos a tener
un servicio especial de examen personal antes de la santa cena. Después de
examinarse, cada uno da testimonio de que tiene su vida preparada en santidad
para participar en la cena del Señor.

Creemos que es bíblico practicar una cena “limitada”. Esto quiere decir que sólo
los que están en armonía con la sana doctrina del Señor pueden participar en este
servicio. Lo hacemos así no porque juzgamos a otros, sino porque no queremos
juzgarlos. Nosotros no tenemos autoridad sobre ellos, sino solamente Dios.
Además, sólo así podremos mantener la Santidad en la mesa del Señor.

Preguntas

1. ¿Quién instituyó la santa cena?

2. ¿Qué simboliza el pan y qué simboliza la copa en la santa cena?

3. ¿Qué significa la santa cena en nuestra experiencia actual?


4. ¿Qué nos enseña la santa cena acerca de la iglesia?

5. ¿Por qué cada hermano de la iglesia debe examinarse antes de participar en la


santa cena?

6. ¿Cuáles son los resultados de participar indignamente en la santa cena del


Señor?

7. ¿Por qué debemos practicar una santa cena “limitada”?

C. El lavatorio de los pies


1. ¿Cómo fue instituido?

Se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.


Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos,
y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido (Juan 13:4-5).

La misma noche en que Jesús instituyó la santa cena, él también instituyó la


ordenanza del lavatorio de los pies. Cuando Jesús comenzó a lavar los pies de
sus discípulos, ellos no lo entendieron. No era una costumbre lavarse los pies
durante la cena pascual ni mucho menos que fuera el maestro quien lavara los
pies de sus discípulos. Pedro protestó para que Jesús no le lavara los pies, pero
Jesús le explicó que era necesario porque tenía un significado simbólico.

2. ¿Qué significa?

Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está
todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién
le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que
les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo:
¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís
bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros
pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque
ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también
hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el
enviado es mayor que el que le envió.
(Juan 13:10-16).

Jesús le dio a entender a Pedro que esta ordenanza simboliza la limpieza del
corazón. Jesús le dijo: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan13:8).
Esto quiere decir que si nosotros no somos lavados de nuestros pecados por
medio de la sangre de Jesucristo entonces nunca podremos tener ninguna parte
con él.

Esta ordenanza también simboliza nuestra buena voluntad de servirnos los unos a
los otros. Por supuesto, este acto de servicio humilde nos recuerda nuestro
privilegio de sobrellevar los unos las cargas de los otros. (Gálatas 6:2) Asimismo
nos enseña que debemos ayudarnos unos a otros a mantener nuestro andar
limpio delante de Dios.

Quizá la lección más importante para nosotros en esta ordenanza bíblica es la de


la humildad e igualdad cristiana. En esta misma cena y estando todos sentados
junto al Señor, los discípulos habían disputado quién de ellos sería el más grande.
Entonces el Señor Jesús, quien es el más grande de todos, les enseñó por medio
de este ejemplo que cada uno de ellos debía tomar el lugar de siervos. De igual
modo nosotros hoy día, cuando nos lavamos los pies los unos a otros, recordamos
que no debemos buscar hacernos grandes, sino siervos. Pues en la iglesia todos
somos iguales. Nadie es mayor que otro.

3. ¿Por qué lo practicamos?

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros


también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su
señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hiciereis. (Juan 13:15-17).

Practicamos esta ordenanza porque nos enseña muchas cosas muy importantes
que también estudiamos en el punto anterior. Además, para nosotros es muy claro
que Jesús no nos dio este ejemplo en vano. Él nos dio este ejemplo para que
hagamos como él hizo. En el versículo 14, Jesús dijo: “Debéis lavaros los pies los
unos a los otros”. Aun un niño puede entender estas palabras.

En la iglesia apostólica los cristianos practicaron el lavatorio de los pies.


(1Timoteo 5:10) Además, Jesús nos promete una bendición si lo hacemos: “Si
sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si has hiciereis”.

Preguntas

1. ¿Cuándo instituyó Jesús la ordenanza del lavatorio de los pies?

2. ¿Cómo sabemos que la misma es una ordenanza también para nosotros?

3. ¿Qué nos enseña esta ordenanza bíblica?

4. ¿Cómo sabemos que Jesús quiso que sus seguidores practicaran el lavatorio
de los pies?
5. ¿Qué promete Cristo a los que obedecen este mandamiento?

6. ¿Cómo sabemos que la iglesia apostólica practicó esta ordenanza?

D. El velo de las mujeres cristianas


1. La base bíblica

Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta afrenta su cabeza.
Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su
cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no
se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer
cortarse el cabello o raparse, que se cubra (1 Corintios 11:4-6).

Creemos que en este pasaje bíblico de (1Corintios 11:1-16) se encuentra la base


fundamental para esta ordenanza. De ahí entendemos que esta ordenanza es un
mandamiento del Señor y no un mandamiento de hombres.
A continuación, vamos a notar algunos puntos con relación a los versículos
citados.

Al referirse al cubrimiento de la cabeza, la Biblia no sugiere un sombrero o algo


parecido, sino un cubrimiento que tiene un significado espiritual. En otras palabras,
los hombres no deben cubrirse la cabeza porque eso sería una vergüenza y una
deshonra para el Señor. Pero las mujeres sí deben cubrirse la cabeza, porque de
otra manera ellas traerían vergüenza y deshonra tanto para el hombre como para
Dios.

2. Un velo (cubrimiento) artificial

Algunos enseñan que el velo no es nada más que el cabello de la mujer. No


obstante, en el versículo 6 se habla claramente de dos cosas distintas: “Porque si
la mujer no se cubre [con velo artificial], que se corte también el cabello; y si le es
vergonzoso a la mujer cortarse el cabello [su cubrimiento natural] (...) que se cubra
[con un velo artificial]”. Si este velo al cual se refiere la Biblia fuera el cabello de la
mujer, ¿acaso se podría decir: “Si la mujer no se cubre, ¿que se corte también el
cabello”? Al decir: “no se cubre”, se entendería que la misma no tendría cabello.
¿Cómo, pues, pudiera cortarlo? El único modo de entender este pasaje bíblico es
reconocer que aquí se está hablando de un velo artificial que tiene un significado
espiritual.

3. El cabello largo, un cubrimiento natural

Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la
cabeza? La naturaleza misma ¿No os enseña que al varón le es deshonroso
dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le
es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello (1Corintios 11:13-15).

¿Qué del versículo 15? ¿Acaso no dice que el cabello es el velo? En primer lugar,
nosotros debemos concordar en que el versículo 15 no contradice lo que dice el
versículo 6 que habla acerca del velo artificial. La Biblia nunca se contradice.
Resulta más fácil entender lo que significa el versículo 15 si entendemos que Dios
lo escribió empleando una palabra distinta de la del versículo 6. En el versículo 6,
Dios usó la palabra griega katakaluptomai; en el versículo 15, peribolaion. La
primera se refiere al velo artificial de significado espiritual; la segunda, al
cubrimiento natural, el cabello de la mujer. Además, el cubrimiento natural (que es
el cabello largo de la mujer) es un velo (no dice el velo) dado a todas las mujeres.
Este velo natural simboliza el velo artificial de las mujeres que desean obedecer a
la palabra de Dios, pero no toma el lugar de este último. Por tanto, creemos que
las mujeres ciertamente deben llevar dos cubrimientos: el cabello largo (sin
cortarse) y el velo ordenado por Dios en forma de mandamiento: “Que se cubra”
(1Corintios 11:6).

El cabello largo de la mujer le es una honra a ella; cortarlo le trae deshonra. Pero a
la vez, Dios no quiere que la mujer luzca su cabello para la gloria de sí misma,
sino que se cubra su cabeza de manera que ella no le quite la gloria al hombre.

4. Simboliza la sumisión

Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la
cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo (1Corintios 11:3). Porque el varón
no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es
gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y
tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del
varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por
causa de los ángeles (1Corintios 11:7-10).

Al leer estos versículos cuidadosamente nosotros podemos encontrar el propósito


de esta ordenanza bíblica. Es decir, el propósito fundamental de lo que el velo
simboliza. Toda mujer que cubre su cabeza con un cubrimiento de carácter
espiritual da a entender que ella está en sumisión a las autoridades que Dios ha
puesto sobre la misma. En el versículo 3 se explica el orden de autoridad dado por
Dios. En primer lugar, Dios sobre todas las cosas; después, Cristo en sumisión
voluntaria a Dios; después el hombre y finalmente la mujer. La mujer debe
sujetarse al hombre, así como Cristo se sujeta a Dios. Esto no es porque Dios la
ha hecho a ella de menos valor o menos inteligente, sino porque Dios fijó este
orden divino desde la creación. Precisamente es por eso que “la mujer debe tener
señal de autoridad sobre su cabeza”. En este caso ese cubrimiento se refiere a un
velo que es completamente visible a la vista humana y angelical. Los ángeles
reconocen este velo de la mujer como una señal de piedad y pureza. Es por eso
que las mujeres que lo llevan son dignas de su protección.

Dios estableció esta ordenanza bíblica en cuanto al cubrimiento de la mujer para


recordarles a las mujeres su posición de sujeción ante Dios y los hombres. En el
caso que ellas se rebelen, rechazando su lugar de sumisión, deshonran a su
cabeza, o sea, a las autoridades que han sido puestas sobre ellas. Para una mujer
rehusar llevar un velo sobre la cabeza es un acto de rebelión. Toda mujer que
desea obedecer a Dios deseará cubrirse su cabeza y también guardar su vida en
armonía con lo que simboliza tal cubrimiento.

5. La costumbre de todas las iglesias

Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal
costumbre, ni las iglesias de Dios (1 Corintios 11:16).

Todas las iglesias apostólicas practicaban esta ordenanza. Hasta hace unos
pocos siglos muchas iglesias todavía practicaban la misma. ¿Por qué existen muy
pocas congregaciones que en la actualidad practican este mandamiento de Dios?
¿Acaso ha cambiado la palabra de Dios? ¡En ninguna manera! El apóstol Pablo
escribió parte de los mandamientos del Señor para la iglesia del Nuevo
Testamento (1Corintios 14:37), y no solamente para los corintios ni sólo para los
cristianos del primer siglo, sino también para nosotros en la actualidad (1Corintios
1:2).

Es por eso que nosotros entendemos que ya que el velo simboliza la posición de
sumisión de la mujer (que nunca cambia), ya que el mismo debe llevarse puesto
para orar y profetizar (que se hace en cualquier tiempo) y ya que el velo toma
ejemplo del cabello (que no debe quitarse) entonces creemos que la mujer que
desea obedecer a Dios debe llevar puesto un velo adecuado en todo momento.

Por otra parte, nosotros entendemos que debido a que la Biblia no fija
exactamente la forma del velo, entonces creemos que la iglesia debe decidir en
cuanto al material, el color y el modelo que cumple mejor el propósito del mismo.

Preguntas

1. ¿Dónde encontramos el fundamento de la ordenanza del velo de las


mujeres?

2. ¿Qué significado espiritual tiene el velo?

3. ¿Por qué, cree usted, que el cabello no es el cubrimiento espiritual?

4. ¿Cómo deben tener el cabello las mujeres que desean obedecer a Dios?
¿Cómo deben tenerlo los hombres?
5. ¿Cómo sabemos que este mandamiento debe ser practicado por la iglesia de
hoy?

6. ¿Cuándo las mujeres deben llevar el velo como un cubrimiento? ¿Por qué?

7. ¿Quiénes deben decidir en cuanto al material, el color y el modelo del velo?

E. El ósculo Santo
1. Tiene una amplia base bíblica

Saludaos los unos a los otros con ósculo santo (Romanos 16:16). Saludaos
los unos a los otros con ósculo santo (1Corintios 16:20).

La Biblia hace mención de diferentes saludos. Algunos de estos saludos describen


las costumbres más corrientes entre la gente de aquel tiempo. Existieron algunos
saludos que variaban según el lugar y el período de la historia. Sin embargo, la
Biblia establece un saludo para todos los cristianos en todas las épocas: el ósculo
(o beso) santo practicado entre la hermandad. Al estudiar los versículos citados
arriba nos damos cuenta que los mismos están dados en forma de un
mandamiento que no debe ser confundido por medio del saludo común que
practican las personas.

2. Es un saludo de amor

Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los
que estáis en Jesucristo. Amén (1 Pedro 5:14).

Nosotros clasificamos el ósculo santo como una ordenanza de la iglesia porque


simboliza lo que está en cada corazón cristiano: el amor ferviente por todos los
hermanos. En la vida familiar el beso es una expresión de amor de la misma
manera que lo es en la familia de Dios. El beso santo une los corazones de los
creyentes verdaderos en un amor y en un compañerismo santo. Dios sabía de
acuerdo a su consejo infinito que la práctica consecuente de esta ordenanza
vivificaría el amor cristiano en su iglesia. No obstante, ¿quién se atrevería a decir
que no necesitamos el amor que nace de un corazón santo?

3. Es un saludo Santo

Saludaos unos a otros con ósculo santo (2 Corintios 13:12).

Este saludo cristiano debe demostrar y describir la santidad que debe estar en el
corazón del creyente. Por tanto, nosotros practicamos este saludo santo los
hermanos con los hermanos y las hermanas con las hermanas. De otra manera el
mismo perdería su santidad. Además, nos es necesario practicar esta ordenanza
bíblica mediante una higiene estricta para no transmitir enfermedades
contagiosas.

4. Es para todos los hermanos

Saludad a todos los hermanos con ósculo Santo (1Tesalonicenses 526).

Está claro que nuestro amor debe ser el mismo para todos y sin parcialidad
alguna. De acuerdo con lo que ha sido expuesto hasta aquí, nosotros saludamos a
todos los hermanos de la iglesia con el ósculo de amor. Creemos que no debemos
usar este saludo como un ósculo de juicio al evitar a tal hermano tan sólo porque
pensamos que el mismo no es digno de nuestro saludo. En este caso Dios no nos
ha puesto como jueces. No obstante, si tal hermano hubiera pecado entonces la
iglesia, guiada por los pastores, ha de tratarlo de acuerdo a lo que enseña la
palabra de Dios con relación a los transgresores.

Preguntas

1. ¿Por qué debemos practicar el ósculo santo?

2. ¿Cómo difiere el ósculo santo del saludo común?

3. ¿Qué simboliza el ósculo santo?

4. ¿Quiénes lo deben practicar?

F. La unción con Aceite


1. La base bíblica

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante
alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la
iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración
de fe salvará al enfermo y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le
serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por
otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho (Santiago
5:13-16).

No creemos que todos los cristianos tengan que ser ungidos con aceite. Lo cierto
es que no todos se enferman. Sin embargo, si un creyente está enfermo y siente
que Dios lo impulsa a pedir la unción con aceite entonces no debe tardar en
obedecer.
El aceite se ha usado desde tiempos muy antiguos como un ungüento para curar.
De manera que el mismo es también un símbolo muy apropiado del poder de Dios
para sanar el cuerpo. Los discípulos de Jesús lo usaron con un significado
simbólico en algunas de las sanidades que hicieron. (Marcos 6:13.).

2. Para la Sanidad del Cuerpo

Creemos que no es práctico que esta ordenanza sea practicada con alguna
persona que esté a punto de morir y que ya no existan esperanzas de sanidad. La
misma no es una unción para el alma. La Biblia claramente revela el propósito de
esta ordenanza: “la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantara”.

3. Llevado a cabo con la oración de fe

No es el aceite lo que sana al enfermo. Dios lo levantará por medio de “la oración
de fe”. Tanto el enfermo como los líderes de la iglesia que suministran la
ordenanza y todos los presentes deben tener fe que el Señor escuchará sus
oraciones y sanará al enfermo si es su voluntad.

El enfermo y todos los que presencian la unción con aceite deben examinar sus
vidas para asegurarse de que estén limpias de todo pecado. La Biblia dice:
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis
sanados”. Dios no podrá honrar las oraciones y sanar al enfermo si las vidas de
los presentes estuvieran manchadas de pecado.

4. Suministrada a los creyentes enfermos por los ancianos de la


iglesia

La Biblia enseña claramente quién debe solicitar la unción y a quién se debe


llamar. El enfermo debe llamar a los ancianos (los pastores) de la iglesia. De este
modo entendemos que esta ordenanza no es para los niños, porque ellos no
tienen el entendimiento necesario para solicitarla; tampoco es para los incrédulos,
porque ellos no son parte de la iglesia. Además, ni los niños ni los incrédulos
cuentan con la fe verdadera para la sanidad hasta tanto no la tengan para la
salvación. Como último punto, el libro de Santiago está dirigido a los hermanos
(Santiago 1:2; 5:7, 9,10, 12,) y los versículos acerca de la unción con aceite
comienzan de la siguiente manera: “¿Está alguno entre vosotros afligido?”. Esto
significa que sólo los que están entre los hermanos tienen este privilegio.

Al crecer en la vida cristiana y al acercarnos más y más a Dios, sin duda


tendremos más oportunidad de practicar esta sugerencia divina para la sanidad de
los enfermos.

Preguntas
1. ¿Por qué la iglesia cristiana establece la unción con aceite como una
ordenanza?

2. ¿Cuál es el propósito de esta ordenanza?

3. ¿Qué requisitos debemos cumplir para llevar a cabo la unción con aceite?

4. ¿Para quiénes es esta ordenanza?

5. ¿Quiénes están autorizados para suministrarla?

G. El matrimonio Santo
1. Su significado simbólico

El matrimonio santo se ha clasificado como una ordenanza de la iglesia porque


lleva en sí una ceremonia externa que hace la unión entre dos personas. Esa
ceremonia la lleva a cabo el hombre, pero la unión interna es obra de Dios.

La vida matrimonial también contiene otro símbolo. La Biblia habla de la iglesia


como la esposa de Cristo. La unión santa de los cónyuges en una relación íntima y
recíproca para toda la vida nos ofrece una representación hermosa de la relación
de Cristo y la iglesia. (Efesios 5:24-25)

2. El origen del matrimonio

Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el
hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola
carne; así que no son ya más dos, sino uno (Marcos 10:6-8)

Jesús reafirmó que el matrimonio entre un hombre y una mujer fue el plan de Dios
desde la creación. Dios el Creador lo instituyó así desde el mismo principio, y su
plan nunca ha cambiado ni nunca cambiará. (Génesis 2:20-24)

3. El propósito del matrimonio

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea
para él (Génesis 2.18). Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos;
llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los
cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (Génesis 1.28).

Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. Fue así como él creó a la
mujer para que ambos pudieran ayudarse mutuamente y propagar el género
humano. La Biblia no ordena que todas las personas se casen, pero sí ordena que
un hombre y una mujer se casen antes de vivir juntos. Siempre ha sido el plan de
Dios que los hijos sean criados en la pureza y la santidad del hogar. Sujetarnos a
su plan para el matrimonio nos trae gran bendición y felicidad

4. La permanencia del matrimonio

Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Marcos 10.9). Todo el que
repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada
del marido, adultera (Lucas 16.18).

Otro punto del plan de Dios para el matrimonio se nota en estos versículos que
acabamos de citar: que el matrimonio dura para toda la vida. El matrimonio une a
los cónyuges por el resto de su vida, hasta que uno u otro muera. (Véase 1
Corintios 7.39.)

En el Antiguo Testamento se permitió el divorcio por la dureza de los corazones de


los creyentes de aquel tiempo, pero ese nunca fue el plan de Dios para el género
humano. Jesús enseña clara y enfáticamente que el divorcio no será permitido
entre sus seguidores. (Véase Mateo 19.3–9.) El Nuevo Testamento permite una
separación en ciertos casos, pero aun así prohíbe estrictamente las segundas
nupcias. (Véase 1 Corintios 7.10–13.) Sólo la muerte puede romper los vínculos
matrimoniales, y la persona que se divorcia y se casa la segunda vez mientras
viva su cónyuge es llamada adúltera. (Véase Romanos 7.2–3; Mateo 5.31–32.)

5. La poligamia prohibida

Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una
tenga su propio marido (1 Corintios 7.2).

Dios permitió a los que vivieron bajo el Antiguo Testamento tener más de una
mujer, pero aun en aquel tiempo esto produjo mucha infelicidad y demasiados
problemas. El Nuevo Testamento en ninguna manera autoriza esta práctica. La
regla establecida por Dios en el principio y reafirmada por Jesús deberá gobernar
nuestras relaciones matrimoniales: “El hombre dejará padre y madre, y se unirá a
su mujer, y los dos serán una sola carne”.

6. El “yugo desigual” prohibido

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo


tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? (2
Corintios 6.14).

Antes de la venida de Cristo, Dios advirtió repetidas veces a su pueblo Israel que
no se mezclara con los pueblos idólatras uniéndose en matrimonios con ellos.
(Véase Deuteronomio 7.1–4; Josué 23.11–13; Nehemías 13.23–27.) Según el
Nuevo Testamento, la misma regla queda válida para nosotros en la actualidad.
Sin lugar a dudas, el matrimonio del creyente con el incrédulo es un “yugo
desigual” y viola el mandamiento de casarse “en el Señor” (1 Corintios 7.39). Si
existen matrimonios de creyentes con incrédulos, Dios sabe que sucederá como
sucedió con el rey Salomón: el compañero incrédulo tendrá una tendencia
constante a desviar al creyente de la fe, y un hogar dividido así no podrá educar a
los hijos “en disciplina y amonestación del Señor”. El camino del “yugo desigual”
en el matrimonio conduce al desastre espiritual.

Preguntas

1. ¿Qué simbolismo tiene el matrimonio santo?

2. ¿Cuándo fue instituido el matrimonio?

3. ¿Por qué Dios instituyó el matrimonio?

4. ¿Qué enseñan las escrituras del Nuevo Testamento acerca del divorcio y las
segundas nupcias?

5. ¿Hasta cuándo duran los lazos matrimoniales?

6. ¿Por qué Dios prohíbe la poligamia?

6. ¿Por qué no debe contraer matrimonio un(a) creyente con un(a) incrédulo(a)?

GRANDES PRINCIPIOS BÍBLICOS PARA LA


VIDA CRISTIANA
Nosotros damos por entendido que los que estudian este libro ya han comenzado
la vida cristiana con toda sinceridad y que han aceptado de todo corazón tanto las
ordenanzas de la iglesia como también las demás enseñanzas bíblicas que hemos
estudiado. Sin embargo, lo cierto es que todavía hay muchas cosas que deben
conocer.

En este capítulo nosotros expondremos algunos de los fundamentos cristianos


más importantes. En la vida cristiana, como en muchos otros asuntos, existen
principios y mandamientos que llevan implícitos ciertas limitaciones y
prohibiciones. Nos damos cuenta que algunos de estos principios y mandamientos
requieren una acción de limitarse ante una cosa, y que otros implican una total
prohibición. Sin embargo, aun estas prohibiciones tienen un lado positivo, el cual
requiere una acción por parte del creyente para que se logre el efecto deseado.
Por ejemplo, el mandamiento de no resistir al que es malo es meramente el amor
en acción, y el de la separación del mundo requiere un conocimiento muy
profundo de la voluntad de Dios.
Los fundamentos cristianos que estudiaremos en este capítulo son:

A. La obediencia

B. La no resistencia

C. La separación del mundo

D. La mayordomía

E. El discipulado

Sabemos que muchos que profesan ser cristianos no obedecen estas doctrinas.
Sin embargo, ellos deben saber que las mismas son doctrinas de la palabra de
Dios.

A. La obediencia

1. La obediencia a Dios

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama (Juan 14.21).
Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará (Juan 14.23).
Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus
mandamientos no son gravosos (1 Juan 5.3).

Antes de nuestra conversión seguíamos las pasiones carnales, al mundo y al


diablo. Pero cuando decidimos vivir para Dios, al recibir a Cristo como nuestro
Salvador y Señor, experimentamos una transformación inmediata y completa. Esto
quiere decir que ya no deseamos obedecer a nuestro maestro anterior, el dios de
este siglo, sino que ahora deseamos obedecer a Dios y sujetarnos a su palabra en
todas las cosas.

Sin lugar a duda, Dios exige la obediencia completa de todos sus hijos; él se
deleita en que su pueblo lo obedezca. Este principio cristiano es tan importante
que ninguna adoración será aceptada por Dios a menos que nazca de un corazón
obediente. (Véase 1 Samuel 15.22.) Además, nadie podrá probar que tiene el
Espíritu Santo a menos que viva en obediencia a Dios. (Véase Hechos 5.29 y
haga una comparación con Romanos 8.9.)

En realidad, nosotros le debemos a Dios toda nuestra obediencia de todo corazón.


Él no sólo nos creó, sino que también nos redimió al comprarnos con la sangre
preciosa de Jesús. ¡Qué privilegio más grande es obedecer al Señor! Siendo así,
no nos será difícil sujetarnos a su santa palabra y aceptar el Nuevo Testamento
como la regla absoluta de nuestra vida.

3. La obediencia a otras autoridades


Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad
sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas (Romanos
13.1).

El versículo anterior se refiere especialmente a las autoridades civiles, las cuales


debemos respetar porque Dios las ha puesto sobre nosotros. En ningún caso
debemos desobedecerlas (Tito 3.1), excepto cuando una ley terrenal viola la ley
de Dios. (Véase Hecho 5.29.)

La Biblia también instruye que los hijos obedezcan a sus padres “en el Señor”.
Conforme a lo que enseña la palabra de Dios, honrar a nuestros padres agrada a
Dios y trae grandes bendiciones a nuestras vidas. (Véase Efesios 6.1–3.)

Tampoco debemos olvidar que la Biblia nos enseña a obedecer a los patrones
para los cuales trabajamos. (Véase Colosenses 3.22.) Aunque este versículo está
dirigido a los siervos entendemos que el mismo también tiene su aplicación en
nuestros días.

4. El verdadero motivo de la obediencia

Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14.15).

No obedecemos a Dios a la fuerza, sino porque lo amamos de todo corazón. El


hijo bueno obedece a sus padres porque los ama. Obedecemos las leyes
terrenales porque amamos lo bueno. Asimismo, si amamos a Dios obedeceremos
los mandamientos de su palabra. Si no obedecemos sus mandamientos, en vano
decimos que lo amamos, porque tales profesiones de amor no vienen del corazón.
“Este es el amor, que andemos según sus mandamientos” (2 Juan 6).

5. Las bendiciones de la obediencia

Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en


ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado
en lo que hace (Santiago 1.25).

Si somos hacedores de la ley de Dios, tendremos una gran bienaventuranza en


todo lo que hacemos. He aquí estas bendiciones, promesas de Dios a los que lo
obedecen: ser admitidos en la familia de Dios (Mateo 12.50); el amor y la
presencia del Padre (Juan 14.23); el don del Espíritu Santo (Hechos 5.32) y el
derecho de entrar en el reino de los cielos (Mateo 7.21).

6. Los resultados de la desobediencia

Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios
sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5.6).
Todos debemos recordar que si rehusamos obedecer a Dios, aunque sea en un
solo punto, entonces jamás entraremos en la ciudad celestial. Dios dice que la
rebelión y la obstinación son como la idolatría y las hechicerías. (Véase 1 Samuel
15.23.) Y si la desobediencia no proviene de estas cosas, ¿de qué proviene
entonces?

Los desobedientes se engañan fácilmente a sí mismos al pensar que de alguna


manera Dios pasará por alto su desobediencia. Pero la Biblia declara
inequívocamente que los desobedientes acarrean para sí la ira de Dios y el fuego
de su venganza que nunca se apaga. (Véase 2 Tesalonicenses 1.8; Hebreos 2.2–
3.)

Preguntas

1. ¿Por qué es necesario obedecer a Dios?

2. ¿Por qué el creyente debe sujetarse a la hermandad?

3. ¿A qué otras autoridades debe someterse el cristiano?

4. ¿Cuál debe ser el verdadero motivo de la obediencia?

5. Mencione algunas bendiciones que trae la obediencia a Dios.

6. ¿Cuál es el fin de los desobedientes?

7. Ofrezca algunos ejemplos de la obediencia y otros de desobediencia.

B. La no resistencia

1. La enseñanza de Jesús

Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No
resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha,
vuélvele también la otra (Mateo 5.38–39).

Siglos antes que Cristo viniera a la tierra los profetas predijeron su venida al
llamarlo el Príncipe de paz. (Véase Isaías 9.6–7.) Las enseñanzas y el ejemplo de
Jesús concuerdan precisamente con esta profecía. Él enseña de forma clara que
sus seguidores no deben resistir a los que les hacen mal, sino que deben amarlos
y orar por ellos. (Véase Mateo 5.43–46.) Sus enseñanzas contra la guerra son
igualmente positivas. Él ordenó a Pedro que guardara su espada. (Véase Mateo
26.51–52.) Jesús dijo que su reino no es de este mundo, y por eso sus seguidores
no pelean por medio del uso de la fuerza. (Véase Juan 18.36.) Además, el Señor
declaró que él no vino para perder las almas, sino para salvarlas. Fue así como él
nos enseñó que el deseo de destruir a las personas no proviene del Espíritu de
Dios. (Véase Lucas 9.52–56.)
2. Las enseñanzas de los apóstoles

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los
hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira
de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así
que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber;
pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas
vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal (Romanos 12.17–21).

Las enseñanzas de los apóstoles armonizan con las de Jesús. Tanto Pablo (en los
versículos citados) como Pedro (en 1 Pedro 3.8–9) enseñan la no resistencia.
Vemos también en 2 Corintios 10.3–4 que nuestras armas no son carnales sino
espirituales. ¿Acaso pueden las armas espirituales usarse contra los hombres de
carne y sangre?

3. El ejemplo de Cristo y de la iglesia apostólica

Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de


Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. Pues ¿qué gloria es, si pecando
sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis,
esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para esto fuisteis llamados;
porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis
sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando
le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino
encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los
pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2.19–
24).

Pedro cita el ejemplo de Cristo, quien pacientemente llevó todo el desprecio y


maltrato que sus enemigos descargaron sobre él. El Señor Jesús no tomó en
cuenta los insultos que le propinaron, en cambio oró que su Padre celestial los
perdonara. (Véase Lucas 23.34.) Esteban demostró el mismo espíritu no
resistente. (Véase Hechos 7.54–60.) También el apóstol Pablo siguió el ejemplo
del Señor. (Véase 1 Corintios 4.12–13.)

4. No se enseñó en el Antiguo Testamento

La ley y los profetas eran hasta Juan (Lucas 16.16).

Hubo un cambio de ley cuando vino Jesús como el sacerdote eterno. (Véase
Hebreos 7.12; Romanos 10.4.) Dios dio la ley del Antiguo Testamento para el
pueblo de Israel, pero esa ley no tiene vigencia en nuestros días porque Cristo nos
ha dado una ley nueva. Esto es evidente en lo dicho por Jesús en Mateo 5:
“Oísteis que fue dicho... Pero yo os digo...” Sí, es cierto que Dios permitió la
venganza y aun ordenó la guerra en el Antiguo Testamento. No obstante, esa ley
no es para nosotros en la actualidad; al contrario, él nos manda a no resistir, a no
vengarnos y a no pelear por la fuerza.

5. Aplicaciones prácticas de la no resistencia

Ya hemos estudiado las escrituras que nos enseñan los siguientes puntos: volver
la otra mejilla cuando nos golpean; devolver bendición por maldición; orar por los
que nos persiguen; hacer bien a los que nos aborrecen; dar comida y bebida a
nuestros enemigos; devolver bien por mal siempre. A estos puntos deseamos
añadir algunos otros.

La Biblia nos manda que no entremos en pleitos con nadie, sino que suframos el
agravio. Y muchas veces esto significa dar más de lo que se nos exige. (Véase 1
Corintios 6.7; Mateo 5.40–41.) Para ser realmente no resistentes nosotros
tenemos que evitar no sólo toda participación en la guerra, sino también en la
fabricación de armamentos y toda participación en los asuntos políticos de
nuestras naciones. Votar en las elecciones políticas nos hace parte del gobierno.
Dios estableció el gobierno para hacer uso de la espada. (Véase Romanos 13.1–
5.) Pero a los cristianos nos manda a guardarla en su lugar porque no somos de
este mundo. (Véase Mateo 27.52; Juan 18.36.)

Una forma más de violar la doctrina de la no resistencia es hacernos socios de


sindicatos, de sociedades secretas y de otras organizaciones que hacen uso de la
fuerza para lograr sus fines. No importa que nosotros mismos no usemos la
fuerza, cuando nos hacemos socios de estas instituciones entonces estamos
apoyando a los que lo hacen y participamos en sus pecados.

6. Basada en el amor al prójimo

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo


os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a
los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5.43–
44).

¿Cómo podemos hacer mal, maldecir, pelear o aun matar a quien amamos? Eso
es imposible. Estas cosas provienen del odio. La Biblia dice: “El amor no hace mal
al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13.10). La no
resistencia es la expresión natural del segundo mandamiento: “Amarás a tu
prójimo como a ti mismo” (Mateo 22.39).

Preguntas

1. ¿Quién fue el primero que nos enseñó la doctrina de la no resistencia?

2. Ofrezca algunos ejemplos de personas del Nuevo Testamento que


practicaron la no resistencia.
3. ¿Qué enseña el Nuevo Testamento acerca de los litigios personales y en
cuanto a acudir a la ley?

4. ¿Qué enseña acerca de participar en la guerra?

5. ¿Acaso estas enseñanzas son diferentes de las del Antiguo Testamento?

6. ¿Quién las cambió?

7. Facilite algunas aplicaciones prácticas de la no resistencia.

8. ¿Por qué la no resistencia es el resultado de nuestro amor?

C. La separación del mundo

1. Los dos reinos

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los
guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo (Juan
17.14–16).

Con estos versículos Jesús nos da a entender que hay dos reinos que son muy
distintos el uno del otro. Uno es el mundo, el reino de las tinieblas espirituales. El
otro es el reino de la luz. Todos pertenecemos a uno o al otro.

Satanás es el príncipe o el dios de este mundo. (Véase 2 Corintios 4.4.) Para


entender las características de su reino, busque y lea Efesios 2.2–3; 1 Pedro 4.3; y
1 Juan 2.16–17. Las escrituras varias veces nos ofrecen una lista de cosas que
son del reino del diablo. Algunas de ellas son: incredulidad, desobediencia,
avaricia, envidia, asesinato, inmoralidad, lujuria, orgullo, mentira, profanación,
robo, chismes, pleitos y hechicerías.

Dios es el Príncipe del reino de luz y de justicia. Satanás trata de destruir la obra y
el reino de Dios. Él se esfuerza por destruir las almas de los hombres. Él es el
enemigo de Dios y de todo lo bueno.

2. El llamamiento a la separación

¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el
templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su
Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos,
dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré (2 Corintios 6.16–17).

Sabemos quién es el dios de este siglo y sabemos cuán grande es su enemistad


contra Dios. Por eso, no debemos extrañarnos de que Dios nos llame a
separarnos del mundo y no tocar ninguna cosa inmunda. Él nos exhorta a
separarnos de los deseos carnales y vivir en justicia y santidad. (Véase Efesios
4.22–24.) Esto sólo podemos lograrlo al experimentar una transformación interna y
recibir un corazón nuevo. (Véase Romanos 12.2.) Esta es la obra de Dios en la
conversión. A partir de ese momento es nuestra responsabilidad llevar a cabo la
separación del mundo en todos los puntos prácticos de la vida.

3. El no amar al mundo

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo,
el amor del Padre no está en él (1 Juan 2.15).

Podemos separarnos fácilmente del mundo si cumplimos este versículo. Al amar a


Dios nos convertimos en enemigos del mundo, y al amar al mundo nos
convertimos en enemigos de Dios. (Véase Juan 15.18–19; Santiago 4.4.) ¿Acaso
puede haber acuerdo alguno entre Cristo y Satanás? ¡En ninguna manera! (Véase
2 Corintios 6.14–16.) Por eso, Jesucristo afirmó que no podemos servir a dos
señores. (Véase Mateo 6.24.)

4. El no conformarnos al mundo

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de


nuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta (Romanos 12.2).

Conformarnos al mundo significa seguir las maneras y modas del mundo y estar
en armonía con las costumbres del mundo. El hecho de rehusar todo esto es a lo
que llamamos la disconformidad al mundo.

La disconformidad al mundo incluye muchas cosas, pero queremos llamar la


atención especialmente sobre nuestra manera de vestir. Los mundanos usan el
vestuario para adornar, lucir y exhibir el cuerpo. Tales cosas provienen del orgullo
y de los deseos carnales. Muy al contrario, la manera de vestirse del cristiano
demuestra la humildad y la santidad. Por eso, confeccionamos nuestra ropa de
acuerdo con la modestia, la decencia, la utilidad, la simplicidad, y conforme a las
enseñanzas de la Biblia. (Véase 1 Timoteo 2.9–10; y 1 Pedro 3.3–4.) Estos
mismos versículos prohíben el uso de las joyas, porque son adornos y provienen
del orgullo. Estos versículos también hablan en contra de los estilos y las formas
ostentosas de peinarse, porque éstos también demuestran el espíritu mundano.

Dios ha dado a la iglesia la responsabilidad de diseñar para sus miembros una


forma de vestirse de acuerdo con las enseñanzas bíblicas. Esta forma está
prescrita en los reglamentos de la iglesia, y usted debe conocerlos y conformarse
de buena voluntad. Creemos que ésta es la única manera de evitar que los
miembros de la iglesia sigan las modas corrompidas del mundo.

5. Otras aplicaciones de la separación


Existe un sinnúmero de áreas en las cuales nos separamos del mundo. Al
pertenecer al reino de Dios ya no seguimos las costumbres del mundo en sus
fiestas y diversiones. No participamos en los deportes. No nos unimos con los
mundanos en asociaciones de comercio, en sindicatos de obreros, en partidos
políticos, en los clubes y las sociedades secretas, en matrimonio ni en cualquier
otra manera porque las mismas nos conducirán a la ruina espiritual. Los seguros,
especialmente los seguros de vida, destruyen la fe en Dios, además de unirnos
con los incrédulos. Asimismo, participar en el sistema de escuelas públicas
pervierte a nuestros hijos y muestra nuestro acuerdo con los mundanos. Estas
cosas, y muchas más, las debemos evitar para separarnos del mundo y de sus
malas influencias.

“Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5.4).

Preguntas

1. ¿Cómo podemos separarnos del mundo aun viviendo en el mundo?

2. ¿Por qué es imposible pertenecer a los dos reinos al mismo tiempo?

3. Mencione y escriba algunas características principales del mundo.

4. Si amamos al mundo, ¿qué sucede en nuestra relación con Dios?

5. ¿Qué significa la frase, “no os conforméis al mundo”?

6. ¿Qué principios bíblicos rigen nuestra manera de vestir?

7. ¿Qué nos enseña la Biblia sobre el uso de las joyas?

8. Haga una lista de otras costumbres del mundo de las cuales nos separamos.

D. La mayordomía

1. La base para la mayordomía

De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan (Salmo


24.1).

Dios es el dueño de todo porque él es el Creador de todo. (Véase Nehemías 9.6.)


Él sostiene toda su creación con su mano poderosa. Además de crearnos a todos
nosotros (Salmo 100.3), Dios también nos redimió al comprarnos por medio de la
sangre de Jesús. (Véase 1 Corintios 6.19–20.) Al analizar cualquier punto de vista,
él tiene derecho a nuestras vidas. Al convertirnos y hacernos cristianos nos
entregamos a Dios al reconocer su señorío sobre nosotros y sobre todo lo nuestro.
El hecho de que todo pertenece a Dios nos hace mayordomos, y no dueños, de
todo lo que él nos da.

2. El significado de la mayordomía

Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste,


¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido? (1 Corintios 4.7).

En toda la vida debemos tomar en cuenta que todo le pertenece a Dios y que no
tenemos nada sino lo que hemos recibido de él. Si todo lo hemos recibido de él y
si tendremos que dar cuentas a Dios por la manera en que usamos todas las
cosas, entonces entendemos que realmente no son de nosotros, sino de él. Todo
lo que está a nuestro alcance lo desarrollamos y lo usamos para aquel que nos lo
dio. Esto es a lo que llamamos la mayordomía.

Jesús enseña la mayordomía en la parábola de los talentos en Mateo 25.14–30.


Estudie estos versículos para entenderla mejor. Estos versículos dejan bien claro
que todo lo que hacemos lo tenemos que hacer para su gloria. (Véase 1 Corintios
10.31.)

3. La práctica de la mayordomía

Cuando Dios creó al hombre le encargó sojuzgar la tierra y señorear en ella.


(Véase Génesis 1.28.) Eso quiere decir que lo convirtió en mayordomo de la
naturaleza. Es por ello que debemos cuidar los bosques, los ríos, los terrenos, el
aire y todos los recursos naturales que Dios nos da, no malgastándolos, sino
usándolos en maneras provechosas.

También Dios nos ha hecho mayordomos de nuestro tiempo. Desperdiciar las


horas es desperdiciar la vida. Según la Biblia, debemos usar nuestro tiempo para
trabajar (Éxodo 20.9; 1 Tesalonicenses 4.11–12), para descansar lo necesario (por
eso Dios hizo la noche) y para adorar a Dios, aprender de él y testificar de él. Pero
¿qué de los ratos libres? Para ser mayordomos fieles, tenemos que usar aun ésos
en actividades que edifiquen y que sean para la gloria de Dios. “Enséñanos de tal
modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90.12).

Todos nuestros recursos económicos pertenecen a Dios también. (Véase Hageo


2.8.) Malgastamos los dones de Dios si compramos cosas que para nada nos
sirven, cosas que son para propósitos egoístas. (Véase Isaías 55.2.) Usamos
correctamente el dinero si suplimos nuestras necesidades y las de la familia, si
ofrendamos y si ayudamos a los necesitados. (Véase 1 Timoteo 5.8; 2 Corintios
9.7; Efesios 4.28.)

Los talentos y las habilidades que tenemos, las fuerzas y las energías, todo viene
de Dios. ¿Acaso los usamos para él? ¡Seamos mayordomos fieles de todo lo que
él nos da! “Ahora bien, se requiere de los administradores [mayordomos], que
cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4.2).
4. La recompensa del mayordomo fiel

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más el fiel; y el que en lo muy poco es
injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis
fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién
os dará lo que es vuestro? (Lucas 16.10–12).

Si cuidamos y administramos fielmente las cosas materiales y naturales, Dios nos


dará riquezas verdaderas, o sea, riquezas espirituales. ¡Qué recompensa más
grande! En verdad la bendición del Señor enriquece. (Véase Proverbios 10.22.)

Al fin de esta vida, cuando en la resurrección Dios nos llame a dar cuentas, ¿qué
recompensa recibiremos? Benditas palabras son las del Señor: “Bien, buen siervo
y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu
señor” (Mateo 25.21). ¿Quién puede valorar esta recompensa eterna? No
obstante, debemos saber también que habrá un gran castigo para aquellos que no
son fieles. (Véase Mateo 25.24–30.)

Preguntas

1. Explique por qué Dios es el dueño de todo.

2. ¿Qué significa ser un mayordomo de todo lo que poseemos?

3. ¿Cómo cuida los recursos naturales el buen mayordomo?

4. ¿En qué maneras debemos usar nuestro tiempo?

5. Haga una lista de algunos de los malos usos de nuestro dinero.

6. ¿Por qué debemos ser mayordomos fieles?

E. El discipulado

1. El discípulo aprende del Maestro

Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y
ligera mi carga (Mateo 11.29–30).

El significado histórico de la palabra discípulo es “alumno”. El discípulo cristiano es


aquel que aprende del gran Maestro. Cuando Jesús llamó a los primeros
discípulos: “Venid en pos de mí”, ellos lo dejaron todo para seguirlo. Anduvieron
con él, escucharon sus enseñanzas y se gozaron en su presencia día tras día.
Pero también tuvieron que recibir sus correcciones y reprensiones porque ésta es
otra parte del discipulado. No podemos ser sus discípulos aparte de la disciplina.
El discípulo se disciplina a sí mismo para buscar sólo la voluntad del Maestro. El
mismo aborrece todo lo que el Maestro aborrece. Se deleita en agradar al
Maestro.

2. El discípulo se niega a sí mismo y lleva su cruz

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome
su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y
todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará (Lucas 9.23–24). Y el
que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo (Lucas
14.27).

Ya que nuestra voluntad carnal se opone tanto a la de nuestro Maestro, la vida del
discípulo cristiano implica una absoluta abnegación. “Niéguese a sí mismo” es el
mandato del Señor. Comenzamos la vida cristiana cuando rendimos nuestra
voluntad a Dios y nos sujetamos a la voluntad suya. Seguimos en la vida con
Cristo precisamente en la misma manera. No hay otro camino sino el de la cruz.

La cruz es un instrumento de muerte. Tomarla y llevarla cada día no puede


significar otra cosa que morir cada día a los deseos carnales, las ambiciones
egoístas y las vanaglorias del mundo. ¿Morir? Sí, morir con Jesús (en un sentido
real aunque espiritual) para que también resucitemos con él a una vida nueva.
(Véase Romanos 6.5–8.) Eso es lo que aprendemos de nuestro Maestro. Eso es
seguir en pos de él. Esa es la vida del discípulo. Esta vida nueva brota de la
muerte de la vida vieja. (Véase Juan 12.24–25.) El discípulo vive su vida en
completa identificación con su Maestro, de modo que su vida ya no es la suya,
sino la vida de Cristo en él. (Véase Gálatas 2.20.)

3. El discípulo halla su lugar en la iglesia

Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como
él quiso. (...) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en
particular (1 Corintios 12.18, 27).

El cuerpo de Cristo es la iglesia. La unión e identificación vital del creyente con


Cristo puede realizarse solamente dentro de la iglesia. Dios coloca a cada
cristiano en la iglesia, o sea, en una congregación de creyentes verdaderos.
Entonces el discípulo tiene que hallar su lugar en la iglesia.

Esta serie de estudios la hemos diseñado a fin de ayudarle a saber la verdad y de


prepararle para ocupar su lugar en la iglesia. No tarde usted en dar ese paso
serio, pero bendito, de hacerse miembro de la iglesia. Haga todos los cambios en
su vida que sean necesarios. Pida consejos de sus pastores en cualquier
problema o duda que tenga. Reciba el santo bautismo. Y luego, siga en la iglesia,
sujetándose de buena voluntad a los santos consejos de la hermandad y a los
reglamentos de la iglesia. Dios lo bendecirá y lo guardará.
4. El discípulo recibirá una corona eterna

Deseamos animarlo a usted con unos versículos sobre la venida de Cristo y la


recompensa eterna. Primero, notemos el testimonio del apóstol Pablo cuando se
acercaba al fin de su vida:

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo


demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez
justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida (2
Timoteo 4.7–8).

Su afirmación de que Dios tiene guardada una corona para todos aquellos que
aman la venida de Jesús nos alienta y nos recuerda que Dios no hace acepción de
personas.

Los siguientes versículos nos enseñan que Dios extiende su gracia a todos, pero
sólo los que viven en santidad estarán preparados cuando Jesús venga.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,


enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos
en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza
bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad
y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras (Tito 2.11–14).

En 1 Tesalonicenses 4.16–17 se nos explica qué nos sucederá cuando Cristo


venga:

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta
de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego
nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos
siempre con el Señor.

Citamos de 1 Corintios 15.50–53 para destacar la transformación de nuestros


cuerpos mortales. Estemos muertos o vivos, “a la final trompeta (...) es necesario
que (...) esto mortal se vista de inmortalidad”.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de
Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No
todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un
abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los
muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.
Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y este mortal se
vista de inmortalidad.
El apóstol Juan, en su visión de la ciudad celestial, la describe con palabras que
sobrepasan nuestro entendimiento:

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria
de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido
salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a
ella. (...) No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y
mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
(...) No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz
del sol, porque Dios el Señor los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos
(Apocalipsis 21.23–24, 27; 22.5).

Cobre ánimo a partir de estas palabras de consuelo:

No temas en nada lo que vas a padecer. (...) Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré
la corona de la vida. (...) El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte
(Apocalipsis 2.10–11). Así que, hermanos míos amados, estad firmes y
constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo
en el Señor no es en vano (1 Corintios 15.58).

Preguntas

1. ¿Qué significa la palabra discípulo?

2. ¿Qué quiere decir la palabra discipulado?

3. ¿En qué formas nos negamos a nosotros mismos como discípulos del
Señor?

4. ¿Qué le significa al discípulo tomar su cruz?

5. ¿Por qué es importante que el discípulo halle su lugar en la iglesia?

6. ¿Cuál será el galardón del discípulo fiel?

F. El juicio y el fin del mundo

1. Dios nos juzgará según nuestras obras

[Dios] pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que,
perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo
a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la
injusticia (Romanos 2.6–8). Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que
haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Corintios
5.10).
Vimos en la primera parte de este libro que Dios nos regala la salvación. ¡Es
gratis! En verdad, no existe ni una sola obra buena que podamos hacer para
comprar la salvación. (Véase Tito 3.5.) Sin embargo, la Biblia dice que seremos
juzgados según nuestras obras. La misma no dice en ningún lugar que seremos
juzgados según nuestra fe. ¿Cómo concuerdan estas verdades?

Esto no es una contradicción. Supongamos que tenemos un vehículo que funciona


muy bien. No decimos que ese vehículo se fabricó bien por haber funcionado
como debía. Pero es cierto que la prueba de cuán eficiente es el mismo consiste
en la calidad del servicio que brinda. Asimismo sucede con nosotros. Fuimos
“creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2.10). Somos salvos por
medio de la fe, pero se nos pone a prueba (juzga) por nuestras obras. Queda bien
claro que la fe sin obras es muerta (Santiago 2.17), y una fe muerta no vale nada
hoy ni en el día del juicio.

Dios puede ver nuestros corazones. Él no tendría que ver nuestras obras para
saber cómo juzgarnos. Pero nosotros, al observar las obras que salen de nuestras
vidas, podemos demostrar que somos verdaderos hijos de Dios. De ahí que es por
nuestro bien que Dios nos ha dicho cómo nos juzgará.

2. El juicio de Dios es seguro

Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo
yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a
Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí (Romanos
14.10–12).

Ya que muchos hoy en día no creen en la verdad de la creación entonces resulta


lógico que no crean tampoco en el juicio que se avecina.

La Biblia enseña que el mismo Dios que creó todo el mundo lo destruirá un día y
juzgará a todos. Quizá Satanás nos haría creer que ya que somos librados de
nuestros pecados no habrá ningún juicio para nosotros.

Pero, ¿acaso será así?

Damos gracias a Dios que por medio del arrepentimiento nosotros no tendremos
que enfrentar nuestros pecados en el día del juicio, porque Dios los quita cuando
nos arrepentimos. (Véase 1 Timoteo 5.24.) No obstante, en aquel día toda
persona tendrá que comparecer ante el tribunal de Cristo para que sea manifiesto
a todo el universo quiénes son los redimidos y quiénes no lo son.

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre
sembrare, eso también segará” (Gálatas 6.7).

3. El destino de los malos


Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron
abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los
muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. (...) Y
el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (...)
Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y
hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que
arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Apocalipsis 20.12, 15; 21.8).

Realmente resulta un tanto negativo pensar acerca de versículos como los


anteriores. Pero, ¿acaso no debemos estar agradecidos que Dios nos ha avisado
de antemano qué pasará con los que continúan en el pecado? Hace muchos años
que Salomón escribió que “hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin
es camino de muerte” (Proverbios 16.25). Al pensar en el infierno, nos damos
cuenta de la verdad de este versículo.

Nuestra naturaleza humana es corrompida. (Véase Romanos 3.10.) Nosotros nos


hemos ganado el pago de la muerte eterna. Pero Dios nos ha lavado y nos ha
regalado lo que nos era imposible ganar: vida eterna. (Véase Romanos 6.23.)
¡Gloria a Dios!

4. El destino de los justos

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera


dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare
lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros
también estéis (Juan 14.2–3). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz
de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo
resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el
aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4.16–17).

El propósito de este estudio es para ayudarnos a prepararnos para la vida eterna.


Por esa razón nos hacemos parte de la iglesia, oramos, servimos al Señor y
hacemos muchas otras cosas. Si no fuera por la esperanza de la vida eterna,
diríamos: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1 Corintios 15.32).

¡Aleluya! Él nos ha prometido un reposo eterno si seguimos fielmente.

“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su


reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado” (Hebreos 4.1).

Preguntas

1. ¿Según qué cosas seremos juzgados?

2. ¿Serán juzgados o condenados los redimidos?


3. ¿Cuál es el destino que merecemos?

4. ¿Qué nos promete Dios si le servimos fielmente?