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El Patriarcado

El patriarcado surge hace aproximadamente unos 5000 años, con la consolidación en


distintas partes del mundo de sociedades agrarias, es decir, sociedades que lograron una
revolución tecnológica, que terminaría transformando la mayor parte del planeta. Se trata
de la agricultura, la tecnología de cultivo a gran escala utilizando arados tirados por
animales u otras formas de energía más potentes. La importancia social del arado tirado por
animales, junto con otras innovaciones tecnológicas del periodo (que incluyen el riego, la
rueda, la escritura, los números, y el uso creciente de los metales) sugiere de manera
evidente la llegada de un tipo nuevo de sociedad. (Lenski et al., 1995)

A partir de este tipo de sociedad las diferenciación social basada en la división sexual del
trabajo se fue acrecentando hasta constituirse en dominación de los hombres sobre las
mujeres acentuándose aun mas en la sociedad industrial y capitalista surgida hace tan solo
200 años, a partir de la institucionalización de la propiedad privada y el Estado Moderno,
con sus diversas instituciones políticas, jurídicas e ideología legitimadora.

Si bien etimológicamente patriarcado significa gobierno de los padres, hoy se entiende por
patriarcado a la “…manifestación e institucionalización del dominio de los varones sobre
las mujeres y los y las niños y niñas de la familia, dominio que se extiende a la sociedad en
general (…) Surge de una toma de poder histórica por parte de los varones sobre las
mujeres, cuyo agente ocasional fue el orden biológico, elevado a categoría política y
económica” (Facio, 1999:22)

“El patriarcado otorga a los varones el poder en todas las instituciones importantes de la
sociedad y priva a las mujeres del acceso a las mismas. Esto no implica que las mujeres no
tengan acceso a ningún tipo de poder, derecho, influencia o recursos” (Facio, 1999:22).
Puede haber mujeres con poder, ocupando puestos decisivos, como el Directorio de una
empresa o mismo la Presidencia de la Nación, pero esto no indica que el patriarcado haya
desaparecido. Antes bien, supone que se ha modificado como estrategia de perpetuación.

Esto se debe a su capacidad de adaptación. Como todo sistema político, el patriarcado ha


sabido adaptarse en el tiempo y a las distintas sociedades y asi ha conseguido sostenerse. El
hecho de que mujeres de todas las sociedades compartan algunos patrones generales de
subordinación sexual, económica, política y en sus relaciones interpersonales, da cuenta de
que estamos frente a un sistema de dominación de larga data y muy arraigado en diferentes
culturas.

El patriarcado crea, sostiene y diversifica las instituciones que permiten no sólo su


supervivencia sino también su reproducción. Las instituciones patriarcales son las prácticas,
relaciones y organizaciones que transmiten la desigualdad entre mujeres y varones,
convalidando la discriminación hacia la mujer y reproduciendo los mecanismos de
dominación masculina que oprimen a las mujeres (Facio, 1999). Ejemplo de estas
instituciones son: la familia, las organizaciones educativas, el Estado, los partidos políticos,
la Iglesia y los medios de comunicación.

Los poderes tienden a asociarse para reproducirse: el poder mediático reproduce el mundo
simbólico del patriarcado; el poder político apuntala el patriarcado y el patriarcado deniega
a las mujeres el acceso a espacios políticos.

La niñez, el momento fundamental de la socialización es una etapa central para la


transmisión de mandatos sociales y culturales. Aunque esos corsets nos acompañan toda la
vida, es una decisión política y ética comprender de manera crítica los procesos de
socialización en la infancia pues en esta se forman personas que tienden a reproducir las
desigualdades que encarna el patriarcado o a formar personas libres en sus formas de actuar
y pensar.

Como todo sistema político el patriarcado mantiene contradicciones. Desde dentro mismo
del sistema los mensajes contra hegemónicos se construyen y logran corrimientos. El
acceso a la educación, el ejercicio del pensamiento crítico y la democracia y los derechos
humanos son factores fundamentales para que estos mensajes contra hegemónicos puedan
surgir y consolidarse. Alrededor del mundo las mujeres como otros grupos oprimidos se
reúnen y elaboran estrategias para modificas sus condiciones de vida, en un horizonte de
igualdad de trato y oportunidades.

Acabar con el patriarcado como sistema de dominación supone terminar con la


subordinación y discriminación de las mujeres (y de diversas identidades de género) pero
también liberar a los varones de los mandatos a los que están sometidos y que no son
“naturales” tampoco para ellos. Nos construye como sujetos libres, con capacidad de elegir
nuestras prácticas y modos de vida. Es decir, implica acabar con toda forma de dominación
y la construcción de una sociedad igualitaria