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Queda prohibida la distribución de esta traducción sin la

aprobación expresa del grupo Traducciones Ganimedes, además


esta obra es de contenido homoerótico, es decir tiene escenas
sexuales explicitas hombre/hombre, si te molesta este tema no lo
leas, además que su contenido no es apto para cardíacos.
Resumen

Huyendo de su pasado, Ares Kattamon abandonó su


práctica de psicología para convertirse en asistente de
producción en una pequeña compañía de cine
independiente. Cuando llega a la Villa Brac para rodar una
película, descubre a un hombre que hace que se sienta
hambriento de maneras que nunca sabía que existía.

Daniel Constantinople es el único de sus hermanos sin


aparearse. Daniel no creía que estuviera en su destino
encontrar el amor, no cuando su padre continuaba
apareciendo, aun abusando de él y amenazándolo con
obligarlo a ir a casa. Cuando Daniel se da cuenta de que
una pequeña compañía de cine independiente llega al
pueblo, ve su oportunidad de escapar de las exigencias de su
padre. Si puede asegurarse un papel en la película, entonces
Magnum no tendría ninguna razón de venir tras él.

O eso creía.

Magnum está decidido a destruir la vida de Daniel y


volver a todos contra él. Daniel debe encontrar una manera
de escapar de las garras de Magnum, salvar a Ares del
Ultionem, y ayudar a Ares a descubrir por qué el reparto está
lentamente desapareciendo antes de que sea demasiado
tarde.
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo uno

—¿Cuántas veces te he dicho que esto va en la papelera


de reciclaje? —Daniel sacó la lata vacía de refresco de la
papelera detrás del mostrador y la echó en la papelera de
reciclaje que había creado en el pasillo que conduce a la
oficina.

—Amigo, tú eres la única persona que se preocupa. —


Fletcher eructó y luego se inclinó sobre el mostrador,
hojeando el periódico de la mañana que había tomado de
la pila que acababa de ser entregada.

—No lastima tratar de mantener el planeta limpio y


usable para las generaciones futuras. —Los labios de Daniel
bajaron y su nariz se arrugó con disgusto cuando Fletcher se
escarbo la nariz y luego se limpió el dedo en sus jeans.

—Lo tendré en cuenta.

—La próxima vez —Daniel terminó por él—. Eso dijiste la


última vez, y la vez anterior a esa, y la anterior. —Enderezó el
bastidor que contenía las bolsas de papitas, agarró una barra
de pan que habían dejado en la parte superior, y lo
acomodó de nuevo en su lugar apropiado. Sacudió el polvo
de los estantes mientras sus caderas se movían con la música
de Navidad en la radio, preguntándose qué regalos
compraría para sus hermanos. Remus y Raven no eran
difíciles, pero D era una historia totalmente diferente.

¿Quizás medio kilo de café? Dudley parecía amar eso.

—Amigo, deja de insistir en mis hábitos de reciclaje. Si


quisiera escuchar a alguien quejarse iría a casa y escucharía
a mi madre. —Fletcher se lamió el pulgar y pasó la página.

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«Tengo que recordar quemar ese periódico».

Fletcher cerró el periódico y luego señaló con su dedo la


primera página. —Hey, aquí dice que una pequeña
compañía de cine independiente va a hacer una película en
la Villa Brac.

Dejando el plumero a un lado, Daniel corrió hacia el


mostrador.

—¿Dónde? —Iba a tomar el periódico pero se contuvo. Él


no quería tocar nada que esos buscadores de tesoros
hubieran tocado.

Tomando otro periódico de la pila, Daniel lo desdobló.

Leyó la primera página y la emoción zumbó a través de


él. La pequeña productora quería a algunos de los lugareños
para hacer el filme más auténtico. Estaban buscando a
hombres y mujeres entre los quince y dieciocho años. —¡Sí!

Bueno, él tenía ciento quince. Pero se veía lo bastante


joven como para pasar por un adolescente.

—¿Y para qué parte vas a probar, el tonto del pueblo?

Fletcher arqueó una ceja y luego resopló ante su propia


broma antes de caminar hacia el refrigerador y tomar otro
refresco. Daniel normalmente le decía algo sobre que tomara
las latas de Coca-Cola de la pequeña tiendita en la
gasolinera en la que trabajaban, pero estaba demasiado
entusiasmado con la noticia de la primera plana.

El artículo afirmaba que las audiciones se celebrarían la


próxima semana en el Centro de recreación local. «Oh,
mierda». Daniel lanzó el periódico a un lado cuando leyó que
las audiciones serían a las dos de la tarde. No había manera
de que pudiera audicionar.

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—Oye, ¿por qué no ensayas tu papel como el hombre de
la basura y sacas la basura? —Fletcher se escarbó la oreja y
luego sacó la suciedad de su dedo. Los hombros de Daniel
cayeron mientras obedientemente vaciaba la basura de
alrededor de la tienda, se puso el abrigo, y luego empujó la
puerta para salir.

Debería haber sabido que no podía tener esperanzas. La


emoción le había agarrado y no había pensado en el hecho
de que la película se rodaría durante las horas del día. Pero
Dios, sería bueno ser parte de algo grande. No es que quisiera
mudarse a Hollywood y convertirse en famoso.

Después de lanzar las bolsas en el contenedor de basura,


comenzó a vaciar los contenedores de la gasolinera. Quizás
trabajar con el Sucio Ned era todo lo que estaba destinado a
hacer. ¿Cuándo trabajos emocionantes llegaban a la Villa
Brac? Nunca. Así era. Esta era una oportunidad única en-la-
vida y Daniel tenía que dejarla pasar.

—Hey. —Fletcher asomó la cabeza por la puerta—. No te


olvides de limpiar el lote.

Hacía más frío que la mierda por aquí y ¿quería que


caminara por ahí recogiendo la basura dispersa? Echando un
vistazo a la gran ventana, vio al Sucio Ned oler sus dedos
después de rascarse la axila.

«Y el hombre se pregunta por qué las mujeres lo rechazan


a diestro y siniestro».

Agarrando las bolsas, Daniel se dirigió de nuevo hacia el


contenedor de basura. Él quería lanzar también a Fletcher allí.
El tipo era tan útil como un condón usado. Lo único que
hacía era quedarse detrás de la barra toda la noche,
delegando el trabajo a Daniel.

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Pero Daniel mantuvo la boca cerrada porque el trabajo
lo mantenía ocupado. Odiaba estar inactivo. Además, creía
en dar el cien por cien en todo lo que hacía.

Levantando las bolsas, las dejó caer en el contenedor de


basura.

Tap-tap-tap

Un frío ártico le cubrió. Sólo había una cosa que sonaba


como Satanás llamando a la puerta de alguien.

—Qué digno. Sacando la basura. Siempre supe que


aspirabas a grandes cosas.

Daniel cerró los ojos, encogiéndose cuando oyó al


protagonista de sus pesadillas. La sensación de ser un niño
pequeño se apoderó de él mientras esperaba que esto fuera
una alucinación. Pero nada podría ser tan horrible como el
hombre de pie detrás de él. No, no se trataba de una
alucinación.

Era su padre.

—Date la vuelta cuando te estoy hablando.

Por pura fuerza de voluntad, Daniel no cayó de rodillas y


suplicó misericordia a su padre. En cambio, abrió los ojos,
sintiendo un nudo en la garganta cuando se giró para
enfrentar a Magnum Constantinople y el temido bastón que
sostenía firmemente en su mano enguantada.

Sus piernas temblaron al ver el palo que lo reducía a un


desastroso lloriqueo. Cuando era niño, Daniel había
perfeccionado la habilidad de oír la punta de ese palo de
endrino golpear el piso de madera en su casa. El bastón era
negro, el mango era la cabeza de un dragón gruñendo con
colmillos. El largo de un metro le recordaba muchos

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momentos dolorosos que había tenido durante años a causa
de la maldita cosa.

Como siempre, su padre se veía impecable y majestuoso


en su traje de tres piezas y gabardina cara mientras miraba
con desprecio sobre su nariz aguileña a Daniel.

—Si hubiera sabido que te gustaba sacar la basura, te


hubiera mantenido en la casa y te hubiera dado un trabajo
con los sirvientes. —Daniel se estremeció cuando su padre
levantó el bastón, con la punta levantó el dobladillo del
delantal de Daniel—. Definitivamente estás vestido para el
papel.

Los ojos de Daniel fueron al suelo y su corazón latió tan


fuerte que temió que se le saldría.

Cuando él y sus hermanos habían llegado a la Villa Brac,


Daniel pensó que finalmente se había librado del hombre. Se
había acostumbrado a los osos Lakeland y su amabilidad.
Estar cerca de ellos le había mostrado que no todos los
hombres imponentes eran crueles. Pero su padre regresaba.
Esta no era la primera vez que había aparecido para
degradar a Daniel.

Magnum escaneó con su mirada la gasolinera y su labio


se encrespó. Daniel comenzó a imaginar a su padre en uno
de los uniformes, de pie detrás del mostrador mientras sonreía
a los clientes. Le ayudó a aliviar la tensión el imaginar tan
ridículo escenario.

Hasta que los ojos del hombre se volvieron hacia él...

Tap-tap-tap

Apoyó ambas manos en el bastón ahora. —Así que dime,


Danny. ¿Es esto lo que aspiras de tu vida?

—No, señor.

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Daniel gritó, casi orinándose cuando el bastón lo golpeó
en la pierna varias veces. La boca de su padre en una línea,
con desapasionada autoridad. —Contesta.

—¡No, señor! — No llores. No te atrevas a soltar un maldito


grito .

Magnum parecía complacerse con la angustia de Daniel.


—¿Y qué piensas hacer con tu vida?

Daniel soltó lo primero que le vino a la mente. —Hay una


compañía de cine independiente que llega a la ciudad.

—¿Una estrella de cine? —Magnum se rio, el sonido lleno


de desprecio—. No tienes las bolas para ser quien quieres ser.
Eres patético, Daniel. Siempre lo has sido. Siempre necesitas
que gente como yo te diga qué hacer. Seguías a tus
hermanos en lugar de convertirte en un verdadero
Constantinople.

¿Qué lo hacía convertirse en un verdadero


Constantinople? ¿Ser un autoritario, pomposo idiota como su
padre? Prefería trabajar por un salario mínimo que convertirse
en algo parecido al hombre. Infierno, él prefiere comer
comida para perros y vivir en una caja de cartón que ser
como Magnum.

Su padre se inclinó y apoyó la mano en el bastón y eso


provocó que se sintiera como si el aire alrededor de Daniel
bajara diez grados. —Y cuando falles en esa película de
estrella, volveré, Daniel. Volveré para llevarte a casa.

Magnum se giró, su larga gabardina abanicando detrás


de él mientras caminaba en la oscuridad detrás del edificio.

Apoyándose en el contenedor, Daniel se deslizó al suelo,


envolviendo sus brazos alrededor de sus piernas mientras su
cuerpo temblaba. Si fracasaba, si Daniel no hacía la película,

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la pesadilla que había experimentado toda su vida volvería
con toda su fuerza.

No tenía más remedio que lograr ser una estrella, porque


si fallaba, caería en picada a los abismos del infierno.

—Mira este lugar. —Chauncey Lakeland abrió los brazos.

—Hasta los árboles están iluminados. Me encanta el


invierno. El ver la nieve me hace querer tener una bola de
nieve.

—No hay ni siquiera un centímetro y medio en el suelo. —


A Daniel también le gusta el invierno, pero por otras razones.
El sol se ponía mucho antes y podía salir de la casa antes de
que las tiendas cerraran.

—¡Oh, mira!

Daniel corrió hacia uno de los escaparates que


mostraban coloridas decoraciones de Navidad. Nunca se
habían celebrado las fiestas en su casa cuando crecía, y la
tradición lo había dejado perplejo cuando llegó por primera
vez a la Villa Brac. Pero cuanto más tiempo vivía con los osos,
más comenzaba a ver la alegría en las pequeñas cosas que
lo rodeaban.

—Eres como un niño en una tienda de dulces. —La mano


de Chauncey descendió en su hombro—. Maldición, bonito,
¿no?

El pequeño tren en el aparador estaba encima de una


mesa cubierta con un mantel blanco. Daniel supuso que
estaban tratando de duplicar nieve. El tren corría por la pista,

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pasando por delante de él varias veces mientras veía el gran
árbol decorado con colores maravillosos.

Había muñecos cascanueces en la ventana y cajas falsas


de regalo envueltas con papel brillante y cintas bonitas.

—Sí, lo es.

La mano de Chauncey le apretó el hombro. —Ah, vamos.


Suficiente de aparadores. Tenemos regalos que comprar.

Dando al aparador una última mirada anhelante, Daniel


se metió las manos en los bolsillos de su abrigo y siguió a
Chauncey por la festiva calle. —¿Has oído acerca de la
compañía de películas que viene al pueblo?

Acabándose el café, Chauncey arrojó la taza en un


cubo de basura cercano. —Sí. Todo el mundo está hablando
de ello. No puedo creer que Maverick lo permitiera. Es muy
extraño que deje a un extraño entrar aquí para hacer cine en
este lugar.

—No es una gran compañía —Daniel dijo mientras


bordeaba unos compradores bulliciosos—. Es una compañía
de cine independiente. Por lo que leí, lo que quieren es hacer
una película sobre niños sin hogar y escogieron la Villa Brac
como su ubicación.

Abriendo la puerta a la nueva tienda de juguetes,


Chauncey y Daniel entraron al caos. Había niños corriendo
alrededor, padres viéndose agotados, y más juguetes de los
que Daniel había visto en su vida.

Chauncey se detuvo frente a un estante que parecía


tener un suministro interminable de muñecas. —Ahora, ¿cómo
se supone que tengo que elegir sólo una para Ashayla?

—Estoy seguro de que a tu sobrina le va a gustar


cualquier muñeca que elijas. —Daniel vio lo que la tienda

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ofrecía y sabía que no sería capaz de conseguir algo para sus
hermanos en esta tienda.

Mientras Chauncey miraba las muñecas que podían


caminar, hablar, hacer caca, beber de una botella, y con
más accesorios que los que un niño podría soñar con tener,
Daniel se acercó al tren. No era tan grande como el que
había visto en la otra tienda, pero se le acercaba bastante.

Tenía la máquina, cuatro furgones y el furgón de cola a lo


largo de una pista en un círculo aparentemente interminable.
Empezó a sentirse como si el tren fuera su vida.

Se sorprendió al darse cuenta de qué era lo que lo atraía


hacia el tren. Subía una pequeña colina, atravesaba un túnel,
y cruzaba un falso arroyo. Pero era la misma colina, el mismo
túnel, y el mismo falso arroyo cada vez. Nada cambiaba.

Nada cambiaba.

La voz burlona de su padre se repitió en su mente. “No


tienes las bolas para ser quien quieres ser. Eres patético,
Daniel”.

Extendiendo la mano, Daniel empujó el pequeño tren de


su mente antes de girar sobre sus talones y salir de la tienda.
Se apoyó contra la pared de ladrillo y esperó a Chauncey,
observando a los aldeanos correr alrededor con bolsas en las
manos y una sonrisa en la cara. Metió las manos en su abrigo,

Daniel dio una patada a la fina capa de nieve. ¿Qué


había logrado con su vida? Vivía en una habitación de la
casa de Lakeland, trabajaba, y..., y...

Joder, su vida era patética. No, no sentiría lástima de sí


mismo, pero era difícil ser optimista en una vida donde el
optimismo le era jodidamente arrancado.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
“Siempre necesitas que gente como yo que te diga qué
hacer”.

Daniel apretó los dientes, curvando los dedos en puños


mientras soplaba el viento. Hacía frío afuera, pero no podía
lidiar con ver ese tren por un segundo más. Si se hubiera
quedado más tiempo, podría haber aplastado ese furgón de
cola en mil pedazos.

Aspiró el aire frío, tratando de despejar la cabeza de las


cortantes palabras de su padre. La amargura empezó a
construirse dentro de él al contemplar la ciudad festivamente
decorada. Había grandes coronas de flores en cada puerta,
luces colgadas entre los árboles, y un trineo de Santa con
luces brillantes en la plaza del pueblo. La noche se llenó de
personas que estaban bebiendo chocolate caliente, niños
charlando animadamente mientras que vestían ropa gruesa
de invierno, y algunos residentes incluso llevaban sombreros
de Santa.

Sin embargo, Daniel no era capaz de entrar en la alegría


de la Navidad.

«Deja de sentir lástima por ti mismo y anímate. Sólo


porque tengas una vida de mierda, no significa que estas
personas merecen tu mal humor».

Levantó la vista cuando la campana sobre la puerta


sonó.

—Me preguntaba a dónde te habías ido —Chauncey dijo


mientras salía de la tienda. Él llevaba tres bolsas llenas—. Creo
que le va a gustar a Ashayla su muñeca.

Daniel se apartó de la pared y comenzó a caminar junto


a Chauncey.

—¿Muñeca?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Los labios de Chauncey se curvaron hacia arriba. —No
pude evitar dejarme llevar.

Cuando pasaron un poste de teléfono que tenía un


letrero que anunciaba las audiciones grapado en la madera,
Daniel se detuvo.

—¿Piensas hacer la audición? —Chauncey preguntó


mientras se unía a Daniel.

—No estoy seguro —respondió Daniel. Quería demostrarle


a su padre que estaba equivocado, mostrarle al hombre que
él era digno, pero comenzó a dudar.

—Es una gran idea —dijo Chauncey—. Pero estoy muy


seguro de que trabajarán en las horas del día. Estarás frito y
crujiente para la primera escena.

Daniel leyó más abajo y sintió que se le aceleraba el


pulso. —¡Estarán filmando por la noche!

—Bueno, ahí lo tienes —Chauncey se rio—. Simplemente


no te olvides de mí cuando te conviertas en famoso.

Daniel se apartó del camino cuando un carro salpicó por


un charco cerca de la acera, casi mojándolos a ambos.

—¡Hijo de puta! —Chauncey gritó al conductor. Daniel


miró el carro y vio a Fletcher en la calle, hablando con alguna
mujer fuera de la cafetería. Esperaba como el infierno que no
estuviera interesada en el Sucio Ned.

“¿Y para qué parte vas a probar para, el tonto del


pueblo?”

No sólo las palabras de Fletcher regresaban a él, sino que


Daniel pensaban acerca de la amenaza de su padre de
llevarlo a casa, y su determinación de hacer una prueba para
las audiciones se fortaleció.

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Sólo había un problema. —Las audiciones se llevan a
cabo a las dos de la tarde. ¿Cómo puedo ir?

Una traviesa sonrisa cruzó los labios del gran oso mientras
sus ojos grises brillaban con picardía. —Déjame eso a mí.

¿Por qué Daniel no confiaba en esa sonrisa?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo dos

Maverick se inclinó sobre la mesa y estrechó la mano de


Winston Arrow. —Cuánto tiempo sin verte —dijo Winston antes
de tomar asiento—. Él es mi asistente, Ares Kattamon.

El asistente le dio a Maverick una sonrisa tensa antes de


estrechar su mano y luego tomó asiento junto a Winston.
Había algo en el hombre que lo puso en el borde, pero
Maverick no estaba seguro de lo que era. Ares tenía el
cabello negro y lacio más corto atrás, pero en el frente caía
sobre un par de ojos azul pálido. También tenía una ruda cara
que mostraba lo difícil que había sido su vida. No era feo, más
bien robusto. Tenía barba de un día en el rostro y una cicatriz
de cinco centímetros que comenzaba justo debajo de su ojo
izquierdo.

El hombre también olía a humo de cigarrillo.

Pasando una mano por el cabello, Winston dijo: —Sólo


quería darte las gracias por darme esta oportunidad.

—En honor a la verdad, me sorprendió cuando me


pediste producir una pequeña película en mi pueblo,
Winston. —Maverick se recargó y subió los pies sobre su
escritorio—. No me gusta la atención, pero te comprometes a
mantener el nombre de la Villa Brac fuera de la película.

Maverick le habría dado al hombre un infierno no rotundo


pero le debía un favor. Y siempre pagaba sus deudas.
Winston le había salvado la vida un siglo antes de que
Maverick hubiera encontrado a su pareja, Cecil. Una deuda
como esa requería un gran favor.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Pero, maldición, ¿no podría el chico pedirle dinero en
efectivo en su lugar? Tomó un abrecartas y lo golpeó contra
el escritorio, mirando a los dos hombres.

Maverick conocía a Winston desde hace muchos años.


Confiaba en el tipo.

Pero el ayudante era harina de otro costal...

Winston asintió. —Sí, me comprometo. Mantendré el


nombre de la Villa en secreto. Estaba buscando un lugar que
tuviera un toque hogareño y maldición si no tienes el pueblo
perfecto para eso.

—Pero ¿el toque hogareño no va en contra del tipo de


película que estás tratando de producir? Una gran ciudad es
generalmente el lugar para los perdidos —Maverick señaló.
No estaba tratando de eludir su deuda, pero tener a
cualquier tipo de película realizándose en su pueblo no era
algo que estuviera a favor de hacer. Había demasiadas
cosas sucediendo últimamente en torno a la pequeña aldea
y Maverick no quería nada raro que estallara mientras que
Winston y sus hombres estuvieran aquí.

Sabía que el asistente era humano. Sus ojos azul pálido


eran agudamente inteligentes y Maverick tuvo la sensación
de que no conocía suficiente al hombre.

—¿Cuánto tiempo has dicho que necesitaras para hacer


esta película? —preguntó Maverick. Tendría que pedir
algunos favores y doblar la seguridad en el pueblo. Aunque
sus centinelas eran muy buenos en lo que hacían, asegurarse
de que no hubiera gente mala llegando iba a ser un trabajo
de tiempo completo.

—Tenemos la intención de terminar las cosas una semana


antes de Navidad —Ares ofreció—. Vamos a dejar este lugar
como si nunca hubiéramos estado aquí.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Iban a estar aquí por tres semanas. Eso significaba que se
quedarían veinte días, demasiado tiempo en su opinión. Pero,
de nuevo, Maverick siempre pagaba sus deudas.

Con una sonrisa sin humor, Maverick agitó una mano


delante de él mientras bajaba la cabeza ligeramente. —
Bienvenidos a mi pueblo.

—Esta es una muy mala idea —dijo Daniel mientras


Chauncey levantó la manta oscura—. ¿Esperas que me
envuelva como un burrito y luego deje que me lleves?

—No haga referencia a alimentos. Me muero de hambre.


—Chauncey movió la gruesa manta—. Además, sólo estarás
fuera durante un corto periodo de tiempo. Es un día nublado,
que ayuda un poco.

—El Centro de recreación cuenta con grandes ventanas.


¿Qué se supone que tengo que hacer con eso? ¿Quieres que
me vista de pies a cabeza como una momia? —Daniel dio un
manotazo a la manta alejándola. Él debería haber sabido
mejor que no debía escuchar al shifter oso. No sólo Chauncey
era el alborotador de la familia, sino que estaba un poco del
lado extraño. El tipo tenía un gran sentido del humor y era
divertido estar con él, pero era de la vida de Daniel de lo que
estaban hablando. Cualquier número de cosas podían salir
muy mal.

—Ya se ocuparon de eso —Chauncey se jactó como si


fuera un genio. Al menos, el hombre no se había ofrecido a
empujar a Daniel a un ataúd y llevarlo al Centro de
recreación en una carrosa fúnebre. No le extrañaría que el
hombre intentara algo como eso.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—¿Cómo? —Daniel quería detalles. Él no iba a confiar su
vida a un plan que parecía que fue fraguado por una mente
loca.

—Lo tengo cubierto —Chauncey subrayó—. ¿Crees que


te pondría en riesgo?

—No intencionalmente. —Pero mierda pasaba. Pensó en


su deseo de demostrar algo a su padre, pero ¿estaba
dispuesto a arriesgar su vida?—. Si voy a arder en llamas, mi
cadáver crujiente regresará a asecharte.

—Ahora de eso es lo que estoy hablando. —Chauncey


levantó la manta y Daniel dio un paso atrás. Viejos miedos lo
inundaron, recordándole los lugares oscuros en los que había
estado encerrado cuando era castigado.

Era extraño para un vampiro temer a la oscuridad, pero le


temía. Aunque sus tres hermanos habían tenido miedo de su
padre, no habían sentido la mano dura de los castigos de
Magnum como Daniel lo había hecho. Cuando él y sus
hermanos habían llegado a la Villa Brac, lo último que Daniel
esperaba era la bondad de los extraños. La familia de los osos
le había dado una oportunidad.

—No voy a ahogarte. —Chauncey entregó la manta a


Daniel—. Envuélvete tú mismo si no confías en mí.

—Me siento como un maldito idiota. —Daniel acomodó


la manta sobre su cuerpo y luego Chauncey lo levantó,
llevando a Daniel en su hombro como un bombero. El
hombro del hombre no era el lugar más cómodo para Daniel.
El descenso lleno de baches por las escaleras le causaba
dolor en el abdomen.

«Chauncey y sus ideas geniales».

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Wow, dime que mataste a alguien y estás llevándote el
cuerpo. —Era Chance, el gemelo de Chauncey. Chance
podría estar acoplado y estar criando a un niño, pero aún
tenía algunos tornillos sueltos—. ¿Debo conseguir una pala?

—Sí, para que puedas golpearte en la cabeza con ella —


respondió Daniel—. ¿Podemos ponernos en marcha?

—Será mejor que Curtis no te vea que lo llevas así —


Chance advirtió—. No se te olvide que tiene conexiones en la
Casa y, probablemente, puede hablar con alguien para
hacerte desaparecer.

—No —Chauncey respondió, moviéndose una vez más—.


Mi pareja es quien me ayudó a planear esto. Además Curtis
sabe que nunca perdería el tiempo con él.

Daniel se movió alrededor. Si no se bajaba de hombro de


Chauncey pronto, iba a reventársele un órgano vital.

El trayecto hasta el Centro de recreación era igual de


desigual, Chauncey había empujado a Daniel en la cajuela
del carro de Curtis que olía a calcetines viejos. Mientras
rebotaba como un grano de palomitas de maíz, Daniel pensó
en negarse a su padre y exigir permanecer en la Villa Brac.

«Sí, trata de alejarte, sabes cómo funciona eso para ti».

Daniel sabía que su voz interior estaba en lo cierto. Nadie


se rehusaba a Magnum Constantinople. Todas las protestas
del mundo no moverían a su padre. El hombre simplemente
esperaría hasta que Daniel estuviera en el trabajo y luego se
presentaría, lo tomaría y lo obligaría a ir a casa.

Los frenos chirriaron cuando el coche se detuvo. Daniel


jaló la manta sobre su cuerpo, preguntándose cómo
Chauncey iba a llevarlo dentro sin que nadie los viera como si
estuvieran locos.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Chance podría pensar que Chauncey se divertiría
llevándolo de esa manera, pero estaba bastante seguro de
que las personas en el interior del Centro llamarían a la
policía, asumiendo la misma cosa que Chance había
sugerido en tono de broma: que un hombre grande y
corpulento llevaba un cuerpo muerto.

El sonido de las bisagras de metal chirriante llenó los oídos


de Daniel. —Entra, entra rápido. Estás dejando salir todo el
calor —dijo Thomas, desde algún lugar cerca.

Chauncey lo levantó y lo llevó adentro. Cuando se quitó


la manta de la cabeza, Daniel tomó una bocanada de aire
fresco, tratando de calmar su acelerado corazón. No había
manera de que regresara a la casa en la cajuela. Los lugares
estrechos le inquietaban.

Mirando a su alrededor, Daniel se encontró de pie en el


pasillo trasero. Las únicas personas que lo acompañaban
eran Chauncey y Thomas, el director del Centro de
recreación.

Chauncey lanzó la manta sobre una mesa cercana y


luego señaló hacia el pasillo. —Las audiciones son ahí abajo.

—Pero ¿qué pasa con las ventanas? —Daniel jaló el


dobladillo de su camisa, con las manos sudorosas y el corazón
acelerado mientras pensaba en actuar delante de otras
personas. Imaginar hacerlo y hacerlo en realidad eran dos
cosas muy diferentes.

Thomas le dio una cálida sonrisa. —Eso ha sido atendido.


Yo quise asegurarme de que incluso las personas sensibles al
sol tuvieran la oportunidad de audicionar.

¿Sensibles al sol? ¿Es así como el hombre se refería a los


vampiros? Si sus nervios no estuvieran alterados, Daniel se

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
habría reído. Nunca antes había escuchado ese término
siendo utilizado para su especie.

Chauncey empujó suavemente su hombro. —Ve y


mátalos.

Lo único que Daniel iba a matar sería su actuación. Él


nunca había actuado, ni un día en su vida. Pero le gustara o
no, sabía que tenía que seguir adelante con esto, si quería
mantenerse fuera de las garras de su padre.

Su estómago se tensó en apretados nudos y un latido


bajo comenzó a golpear detrás de sus ojos mientras
caminaba por el pasillo. Podía oír la charla emocionada al
acercarse al gimnasio. Cuando dobló la esquina, sus ojos se
abrieron por la cantidad de hombres y mujeres que estaban
allí a la espera de la audición.

—Me han dicho que sólo quieren a diez —dijo una mujer
al hombre junto a ella—. He ensayado durante toda la
semana frente al espejo.

—No hay ensayos —el hombre contestó con


arrogancia—. O lo tienes o no lo tienes.

Daniel se acercó, quedándose cerca de la pared.


Escuchó conversaciones que zumbaban a su alrededor.

—¿Has visto al asistente del productor? —una niña


preguntó a un grupo cercano—. Él me asusta. Apuesto a que
tiene esa cicatriz en la cara por estar en una especie de
pandilla.

—He visto con mejor aspecto —dijo un chico en el


grupo—. Él es más como un niño bonito gladiador.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel sintió como si hubiera entrado en una película de
terror, como Fast Times at Ridgemont High 1 o Clueless 2 . La
multitud era tan joven que a pesar de que Daniel parecía
que encajaba, él muy probable sería considerado un nerd o
goth. Su largo cabello negro parecía anticuado en
comparación con estos pulcros adolescentes. Su ropa era
sencilla mientras ellos llevaban ropa de diseñador. A pesar de
que no había asistido a una escuela humana un día en su
vida, se sintió como el paria que había visto en muchas
películas.

Algunas personas dejaron de hablar, girando la cabeza


para mirarlo. Daniel pasó la mano por la parte posterior de su
cuello y se preguntó si esto era una buena idea cuando
Chauncey entró pavoneándose por el pasillo. Daniel se dio
cuenta de que un par de mujeres lo miraron fijamente con
ojos soñadores.

—Wow —dijo Chauncey cuando se detuvo delante de


Daniel—. No sabía que en la Villa Brac había esta cantidad
de adolescentes.

Tampoco Daniel.

—Mi primo me dijo de la audición —un chico ofreció


voluntariamente—. Conduje dos horas sólo para llegar hasta
aquí.

—Pensé que mantendrían esto tranquilo —Daniel susurró


a Chauncey mientras sus ojos recorrían a la multitud—. Sólo los
residentes.

—¿Qué? —un pelirrojo cerca de Daniel preguntó—. ¿No


crees que los demás deben tener una oportunidad? —Él

1
Fast Times at Ridgemont High conocida en España como Aquel excitante curso y en Latinoamérica
como Picardías estudiantiles, es una película de 1982 protagonizada por Sean Penn.
2
Clueless película basada en la novela Emma de Jean Austen sobre una jovencita en Beverly Hills,
California.

23
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
recorrió con la mirada la longitud del cuerpo de Daniel,
deteniéndose finalmente en su cabello—. Por otra parte,
puede que consigas un papel. Después de todo ellos están
buscando la apariencia de niños de la calle.

—Cierra la boca o voy a hacer que te echen de aquí —


Chauncey advirtió al joven—. Considérame su
guardaespaldas personal.

Esto sólo enfureció a Daniel. No necesitaba que nadie


hablara por él. Ya era bastante malo sentirse fuera de lugar
aquí, él no tenía qué parecer un total perdedor. —¿Puedes ir
a buscar algo que hacer?

Chauncey lo miró con curiosidad. Daniel no había tenido


intención de arrancarle la cabeza al hombre, pero sus nervios
estaban deshechos. El shifter oso se encogió de hombros y se
alejó de la multitud saliendo del gimnasio.

Daniel quería patearse por eso. Chauncey había sido


más que amable con él.

Un hombre que parecía estar en sus treinta y tantos años


y llevaba lentes de concha salió al pasillo y todo se quedó en
silencio. Miró a su alrededor y luego señaló a tres personas.
Daniel no era una de ellas.

—Vengan conmigo —dijo a los que él había elegido.


Daniel encontró una esquina y se apoyó contra la pared,
esperando a que alguien saliera y lo apuntara.

Después de horas de espera, comenzó a sentirse abatido.


No parecía que fuera a ser llamado. Ahora que ya era de
noche, se acercó a la puerta de atrás y salió. Mientras miraba
hacia las ventanas del gimnasio, vio que habían sido
cubiertas con una gruesa lona negra. Parecía que Chauncey
y Thomas se habían ocupado de todo.

24
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Todo, excepto que lo llamaran en el gimnasio.

Se apoyó contra el frío ladrillo del edificio, mirando el


patio de recreo sin vida. Su padre regresaría. No estaba
seguro de cuándo, pero la verdad se había mostrado en los
crueles ojos del hombre. Daniel podía huir, llegar lo más lejos
posible, pero sabía que Magnum lo encontraría.

La puerta trasera se abrió y Daniel giró rápidamente la


cabeza, mirando hacia abajo a sus pies. Él no quería que
nadie viera su desesperación. Lástima no era algo que
quisiera y el desprecio era igual de malo.

—¿Eres uno de los chicos que esperan hacer la audición?

Daniel se encogió de hombros cuando el olor de tabaco


llenó el aire. Él siguió mirando sus pies, deseando que el chico
se fuera. Una conversación no era algo que disfrutara en
estos momentos. Estaba demasiado ocupado temiendo el
regreso de su padre.

¿Por qué demonios no pudo haber nacido de un padre


diferente? ¿Por qué demonios había el destino elegido a
Magnum como su donante de esperma?

—Me sorprende que Vick no te haya llamado.

El tono del hombre hizo que Daniel levantara la vista. El


tipo era terriblemente guapo, tenía una cicatriz en la cara y el
crecimiento de una abundante barba de un día en su
mandíbula.

Sus ojos azul pálido estaban estudiando de cerca a


Daniel. El hombre llevó el cigarrillo a los labios y la punta brilló.

Daniel movió los pies y luego apretó las manos entre la


espalda y la pared; una vez más, miró sus zapatos. Estaba listo
para irse a casa. Habían pasado horas y la gente en el pasillo
había disminuido a un puñado de personas. El hombre que

25
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
había salido a recoger los hombres y las mujeres al azar había
estado apareciendo cada vez menos.

Las posibilidades de Daniel eran casi nulas. Pero sabía


que tenía que permanecer hasta que las luces se apagaran y
las puertas se cerraran con llave. Tenía que hacer lo imposible
para mantenerse fuera del alcance de su padre. Recordaba
muy bien la crueldad en las manos del hombre.

—Entonces, ¿por qué no entras y pruebas?

¿Cómo se le había olvidado que el hombre estaba


afuera con él? Daniel dejó escapar un largo suspiro. —Tengo
que esperar hasta que me llamen. —Le tomó toda su fuerza
no sonar irritado. Pero ¿cómo no sentirse de esa manera? Si
no era llamado, o peor aún, si le daban la oportunidad y lo
rechazaban, estaba perdido. Saltaba ante cada sonido,
pensando que su padre había vuelto para llevárselo a casa.

El hombre encendió su cigarrillo y luego se giró hacia


Daniel.

—Vamos, te llevaré al gimnasio. —El hombre abrió la


puerta de atrás, sosteniéndola mientras le sonreía a Daniel.

«Y que traviesa sonrisa tiene». Daniel tenía ganas de


apartar el flequillo oscuro de los ojos del hombre, para
recorrer la cicatriz que corría bajo el ojo izquierdo, y morder la
barba en la mandíbula del hombre. El desconocido tenía un
aire de peligro que debería hacer que Daniel desconfiara...
pero no lo hizo. —¿Qué vas a hacer, forzar mi entrada ahí?

Los labios del desconocido se curvaron hacia arriba,


haciendo que el pulso de Daniel se acelerara ante la vista. —
Claro, ¿por qué no?

26
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
¿Ese extraño sería un rebelde? Daniel no quería arruinar
sus posibilidades de conseguir una parte... pero esa sonrisa. Se
mordió el labio inferior y movió los pies.

A pesar de que nunca había coqueteado antes, se


descubrió sonriendo como un idiota. —Seguro, ¿por qué no?

«¿En serio? Un hombre terriblemente guapo te sonríe y


lanzas tu cordura por la ventana. Idiota».

Siguió al extraño adentro. La puerta se cerró detrás de


ellos y Daniel notó que el pasillo estaba desierto. El tipo que
había estado afuera con él caminó por el pasillo y luego
desapareció en el gimnasio. Daniel se detuvo junto a la mesa
de madera que estaba contra la pared, con miedo de entrar
cuando no se le había señalado.

Estaba claro que las audiciones habían terminado. El


pasillo que había estado bien iluminado justo antes de que
saliera, ahora estaba a oscuras. El Centro de recreación
estaba en total silencio a excepción de las voces bajas que
llegaban del gimnasio.

Daniel se frotó las palmas de las manos en los ojos, la


verdad de la situación le cayó, Magnum regresaría a la vida
de Daniel e iba a pasar de lo mundano al infierno en cuestión
de segundos.

«Joder, ¿qué voy a hacer?»

¿Por qué no podía ser más como sus hermanos mayores,


Remus y Raven? Puede ser que no le hayan faltado al respeto
a su padre, pero tenían valor. Los dos sabían cómo manipular
al anciano y permanecer fuera de debajo de su pulgar. En
cuanto a Daniel sabía, Magnum no había tratado de
obligarlos a ir a su casa desde que salieron de ese lugar frío y
estéril en donde habían crecido. Pero, de nuevo, sus tres

27
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
hermanos estaban apareados. Dudley estaba acoplado al
primo del Alpha, lo que garantizaba su seguridad.

Magnum no se atrevería a forzar a ninguno de sus hijos


apareados a regresar a casa. Daniel era el único que estaba
soltero. Magnum tenía libertad para torturarlo, porque Daniel
no tenía a nadie que protestara. El sonido de unos pasos que
se acercaban lo tuvo bajando las manos y tomando una
respiración profunda. El hombre que señalaba
probablemente vendría a decirle que las audiciones se
terminaron y que podía irse.

Enderezando los hombros, Daniel caminó al encuentro


del hombre, cuando vio al extraño salir. —¿Pensé que ibas a
venir conmigo?

Pasando la mano por el cabello, Daniel lo siguió. No tenía


nada que perder. Al doblar la esquina, vio una larga mesa en
el centro del muy pulido piso, había dos hombres hablando
uno con el otro.

Los dos dejaron de hablar cuando el rudo hombre se


sentó. Daniel se dio cuenta en un instante que el tipo era uno
de los cineastas independientes. Su corazón tronó en sus
oídos mientras miraba a los tres hombres. El rostro de Daniel se
puso caliente con un rubor mientras consideraba la salida.

«Esta no es una de mis ideas más brillantes».

—¿Y tú eres? —el chico en el extremo izquierdo le


preguntó, su oscura ceja se arqueó por encima de sus lentes
de concha.

Tragó saliva mientras sus palmas se empaparon. —Daniel.

—Daniel, ¿puedes tomar ese guion detrás de ti y leer las


primeras líneas? —El hombre señaló hacia una silla plegable
de metal contra la pared.

28
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Girándose, Daniel tomó el guion y los papeles se cayeron
al suelo. Inclinándose, perdió el equilibrio y se tambaleó en la
silla. La silla plegable cayó al suelo, el sonido resonó por el
gimnasio mientras caía de rodillas.

«Sólo tienes que irte, ahora».

Sus mejillas se encendieron cuando se enderezó y tomó


los papeles. Genial, justo lo que necesitaba. Quería tirar sus
manos y decir “ta-da” y decirle a los hombres que era parte
de su acto, pero reprimió el impulso de avergonzarse aún
más.

Ahora que lo pensaba, no había terminado de


avergonzarse ya que aún no había leído el guion. Quizás
podría acabar con la noche con su voz quebrándose y
demostrando que aún estaba pasando por la pubertad.

—¿Estás bien?

Daniel reconoció la voz del rudo hermoso hombre. Sin


levantar la vista, Daniel asintió y luego miró las tres primeras
líneas. Rápidamente las leyó en la cabeza y luego se giró
hacia el panel.

—Comienza —el tercer hombre de la izquierda dijo con


una sonrisa perpleja en su rostro. Acomodando su cabello
detrás de la oreja, Daniel se aclaró la garganta. Él abrió la
boca y para su horror absoluto, no salió nada. Su mente
había olvidado las líneas que acababa de leer, dejando a su
cerebro totalmente en blanco.

Los tres hombres lo miraban mientras él sentía que todo su


cuerpo se rompía en un sudor frío. Su lengua se volvió dos
tallas más grandes. Parpadeó rápidamente, haciendo lo
imposible por recordar las palabras, pero no iban a regresar.

29
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—¿Estás esperando algo? —preguntó el de los lentes de
concha.

Sí, estaba esperando que su humillación se elevara a un


pico totalmente nuevo. Esperando que su podrido cerebro le
pidiera cortésmente salir. Para ser la burla por incluso haber
pensado que podía hacer algo como esto.

El extraño de afuera juntó las manos delante de él y los


lados de su boca se curvaron.

¿Por qué Daniel no se arrojó debajo de un autobús?


Habría sido menos doloroso y más rápido.

Sabiendo lo que su futuro le deparaba si no conseguía el


papel, tomó los papeles, deseando que su cerebro
absorbiera las palabras antes de dejar caer la mano y se
aclarara la garganta una vez más.

30
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo Tres

Ares abrió la puerta y corrió por la banqueta deseando


haber tomado su chaqueta antes de salir. El viento golpeaba
su cálido cuerpo. —¡Daniel!

El hombre delgado, con los ojos más bonitos que Ares


hubiera visto alguna vez se dio la vuelta. Tenía una pesada
mirada de derrota total en su rostro antes de que se
tambaleara hacia atrás, agitando los brazos. Daniel cayó al
suelo duro. Eso tuvo que doler.

Ares se agachó y agarró la mano de Daniel, ayudando al


hombre a ponerse de pie. —¿Por qué saliste corriendo de allí?

Daniel sacudió su trasero, negándose a mirar a Ares. —


Porque sé que metí la pata y que no tengo una oportunidad
en el infierno de conseguir el papel.

Ofreciéndole la mano, le dijo: —Soy Ares Kattamon.

Cuando Daniel le dio la mano, Ares notó los pequeños


copos de nieve en el cabello y las mejillas de Daniel.
Cerrando los dedos, Ares se resistió al impulso de retirar los
copos. Desde que vio a Daniel, Ares sentía una extraña
conexión con el chico. Eso lo hizo querer explorar un poco
más.

—¿Cómo sabes que no tienes una oportunidad?— res


preguntó mientras el viento movía el cabello de Daniel y
azotaba la cara del hombre. Ares no pudo resistirse. Alzó la
mano y acomodó el cabello detrás de la oreja del hombre.

Los ojos de Daniel se volvieron un poco más grandes y


luego se echó a reír. Fue un sonido que robó el aliento de
Ares. —¿Estás ciego? No podía haber sido peor si me hubiera

31
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
orinado en los pantalones. No, espera, eso debería haber sido
mi escena final.

El sarcasmo del hombre era encantador y triste. Aunque


Daniel apestaba en la actuación, tenía esa extraña
singularidad que la compañía estaba buscando. Podía
enseñársele a actuar, pero ese raro brillo era algo que no se
podía enseñar, ni siquiera imitar. Era algo con lo que una
persona nacía. —No lo hiciste tan mal.

La declaración de Ares sólo hizo que Daniel se riera más


fuerte. —Cierto. Debes de estar verdaderamente ciego para
pensar que hice algo bueno allí.

¿Quién demonios le había dado una patada a la


autoestima de este chico? Esa declaración hizo que Ares
quisiera gruñir. Él había visto su justa parte de hombres y
mujeres que pensaban que sus vidas eran una mierda. Ares
había sido psicólogo y había trabajado con muchas mujeres
maltratadas, alcohólicos en recuperación, y adictos a las
drogas. Pero eso fue antes de tomar el trabajo de asistente
de productor de Melbourne Producciones.

A pesar de que Ares ya no practicaba, reconocía los


signos. Daniel había sido abusado emocionalmente, si no es
que también físicamente. Extendiendo la mano, tomó la
mano de Daniel, jalándolo de nuevo hacia el edificio. —Me
quedaría aquí para rebatir eso pero hace un jodido frío.

Daniel jaló su mano libre. —¿Por qué estás tratando de


llevarme adentro? —La sospecha en el tono del hombre cortó
a Ares. De nuevo no estaba seguro de por qué. Lo único que
sabía era que quería que Daniel confiara en él.

La respuesta salió antes de que pudiera detenerla. —


Debido a que todo el mundo merece una segunda
oportunidad.

32
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Agarrando el picaporte de la puerta, Ares jaló, pero
encontró la puerta cerrada con llave. Mierda. Se había
olvidado de que Thomas cerraba las puertas a las cinco,
permitiendo a la gente salir, pero no entrar. Eso había sido por
solicitud de Ares para limitar el número de personas que
audicionarían hoy. Él no había querido quedarse atorado con
actores hambrientos.

—¿Qué pasa con la puerta de atrás? —preguntó


Daniel—. Acabamos de salir por ahí.

Ares podría haber besado al hombre, si los labios de


Daniel no se estuvieran poniendo azules. Soltando la mano de
Daniel, Ares casi corrió alrededor del edificio, orando todo el
tiempo que no se congelaran sus bolas.

Esto era exactamente por lo que le gustaba la costa


oeste. Él no tenía que enfrentar el clima frío. Por qué Winston
había viajado hasta el centro de los Estados Unidos, estaba
más allá de su comprensión. Pero el hombre había dicho que
tenía la ubicación perfecta y Ares sabía que la ubicación era
muy importante.

Sólo deseaba haberlo hecho en el verano, cuando la


amenaza de perder sus dos testículos, y que su pene se
arrastrara a su abdomen no fuera un riesgo inminente.

Ares envió una plegaria antes de agarrar el mango


helado y girar la perilla. Cuando la puerta se abrió, casi gritó
de alivio. —Entra. —Abrió la puerta y esperó a que Daniel
entrara, haciendo bocina con las manos y soplando en ellas.

—¿Dónde está tu abrigo? —Daniel hizo lo último que Ares


esperaba. Él puso sus manos sobre las de Ares y comenzó a
frotar, creando una fricción que ayudó a combatir el frío más
rápido.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Sacó las manos del agarre de Daniel. —Las tuyas están
incluso más frías que las mías. —Apretó las manos más
pequeñas de Daniel entre los suyas y las sostuvo, deseando
poder jalar al hombre más cerca y frotarlo hasta que los
dientes del chico dejaran de castañear. La temperatura
exterior se había reducido drásticamente desde principios de
esta tarde.

Daniel parpadeó. —¿Por qué eres tan bueno conmigo?

Ares no tenía una respuesta. Él aún estaba tratando de


resolver eso en su cabeza. A pesar de que siempre ayudaba
a los necesitados, había algo acerca de este hombre. —
Porque no te diste por vencido. Aunque fuiste el último
hombre de aquí, aun así no te fuiste. Admiro tu
determinación.

No era una mentira. Cuando había salido a fumar, se


sorprendió de encontrar a Daniel ahí. El último par de niños se
habían ido antes de ser llamados. Las audiciones se habían
prolongado durante horas. Los que no tenían su corazón en
esto se habían dado por vencidos. Aunque sabía que Daniel
no estaba en el grupo de edad que estaban buscando, aún
tenía la apariencia de la juventud de su lado. Ares
consideraba que tendría unos veinte años.

Dejando caer las manos, Ares señaló hacia el gimnasio.


—Vamos a intentarlo una vez más. Sin tirar la silla.

Un intrigante rubor se extendió por el rostro de Daniel


antes de que asintiera, dándole una mirada intrépida a Ares.

Una sonrisa curvó los labios de Ares mientras conducía a


Daniel de nuevo al gimnasio.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo cuatro

Inundado de alegría y optimismo, Daniel cruzó la puerta


de atrás para salir del Centro de recreación. ¡Ares le habían
dicho que regresara mañana para una segunda audición!
Daniel sólo sabía que había echado a perder la primera
oportunidad y la segunda sería mejor si la suerte estaba de su
lado.

Cerrando el abrigo para evitar los vientos fríos, Daniel


permitió que sus moléculas se dispersaran, listo para llegar a
casa y compartir las buenas nuevas con Chauncey. A medio
camino del rancho Lakeland, Daniel sintió un violento tirón y
luego se encontró con la cara plantada sobre una alfombra.

Desorientado, se levantó, preguntándose qué demonios


había pasado. Su cabeza y el pecho lo estaban matando.
Ser sacado del aire nunca le había sucedido antes. Cuando
la visión de Daniel se aclaró, su corazón se alojó en su
garganta. Reconoció la alfombra de color arándano, el olor
de cuero caro, y el sofá rojo sangre.

Su aliento explotó dentro y fuera mientras se giraba y vio


a su padre sentado detrás de su pulido escritorio. Los dedos
del hombre unidos frente a su rostro con líneas sombrías.

Poniéndose de pie, Daniel empezó a temblar. Esto no


podría estar sucediendo. Las pesadillas de su infancia
regresaron, haciendo que su estómago se revolviera.

Rezando para que sus rodillas no cedieran, Daniel se giró


hacia su padre. Estaba en la punta de la lengua preguntarle
cómo lo había sacado de vuelo, pero mantuvo los labios
sellados. De todos modos no era como si el hijo de puta le
fuera a responder. Daniel había aprendido hacía mucho

35
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
tiempo a mantener la boca cerrada y dejar que Magnum
hablara todo lo que quisiera.

Era más seguro y menos doloroso de esa manera.

El silencio parecía extenderse antes de que Magnum se


inclinara hacia adelante. La mirada del hombre no
presagiaba nada bueno para Daniel. Nunca lo hacía.

Magnum lo miraba con absoluto desprecio. —He


decidido traerte a casa.

—¡Pero me dieron el papel! —Esa no era una mentira


total. Daniel estaba luchando por pensar en una manera de
convencer a su padre que lo dejara ir. Se metió las manos
bajo las axilas, abrazándose a sí mismo mientras miraba
alrededor de la muy familiar oficina.

No puedo hacer esto. No puedo quedarme aquí . La


respiración de Daniel se atrapó, haciendo que se mareara un
poco. —Por favor, papá. Yo…

Magnum levantó la mano y la amargura se apoderó de


Daniel.

—Déjate de necedades. Está decidido. Te he permitido


que siembres tu avena3 durante demasiado tiempo. Es hora
de que vuelvas a la seguridad de tu casa.

¿Sembrar su avena? ¿Qué carajo? Daniel no había salido


a divertirse. Había huido de este lugar con sus hermanos y
había estado viviendo pacíficamente con los osos desde
hace algún tiempo. Había conseguido un trabajo, tenía un
poco de vida, y estuvo en una audición para una película.

¿Por qué su padre estaba diciéndole que en su casa


estaría a salvo? ¿Estaba el hombre usando Liquid Wrath4? No
3
Sowed his oats. Siembras su avena forma coloquial, sobre todo en gran Bretaña de referirse al periodo
salvaje y promiscuo de la conducta juvenil, antes de asentarse.

36
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
había absolutamente nada seguro en este lugar. Nunca lo
había habido. Para asegurarse de que sus hijos nunca
huyeran de sus castigos, Magnum tenía un hechizo colocado
sobre la casa para que nadie pudiera dispersar sus moléculas.

Estoy tan jodido .

Su cabeza comenzó a latir con fuerza mientras trataba


de pensar en una manera de salir de esto.

—Pero dijiste que si me daban el papel podía quedarme


en la Villa Brac.

Magnum lo ignoró cuando Vigmore, el asistente de


Magnum, entró en el estudio, y Daniel sabía que todo había
terminado. Vigmore había trabajado para Magnum desde
antes de que Daniel naciera. Vigmore hacía todo lo que su
jefe le ordenaba, sin hacer preguntas.

Vigmore agarró a Daniel rudamente de la parte superior


del brazo, sacándolo de la oficina.

—¡No! —Daniel luchó para liberarse, pero sabía que era


un intento inútil.

Vigmore era un vampiro con la fuerza de un buey. Su


agarre era aplastante mientras jalaba a Daniel escaleras
arriba y por el pasillo ricamente decorado. Daniel clavó los
pies en el corredor oriental tratando de detenerlo. Vigmore
dio un fuerte tirón y Daniel se tambaleó hacia delante, casi
chocando contra la espalda del hombre.

«Bastardo insensible».

Daniel tenía que salir de aquí. No había manera en el


infierno que se quedara en este lugar. No entendía por qué,
después de todo este tiempo, su padre insistía en que volviera
4
Liquid Wrath, literalmente, liquido furioso, o ira liquida, pero como es el nombre con el que designan
una droga se deja el original.

37
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
a casa. De acuerdo, no insistió, ya que el hijo de puta solo lo
había secuestrado.

Vigmore empujó a Daniel a su antiguo dormitorio y le


cerró la puerta en la cara, pero no antes de darle una sonrisa
fría y calculadora. Era el tipo de sonrisa que prometía un
montón de dolor si Daniel se salía.

Normalmente, habría estado demasiado aterrorizado


para desobedecer, pero ahora tenía planes. Estaba
esperando su segunda oportunidad y no había manera de
que fuera a perderse el estar en la película.

Sabiendo que era inútil, dio un tirón en el mango sólo


para encontrar la puerta cerrada. Por supuesto que estaba
cerrada. Su bastardo padre quería asegurarse de que él no
se alejara. ¿Por qué hacer esto fácil para él?

Daniel cerró sus manos en la madera, llamando a gritos a


su padre para que lo dejara en libertad. Estaba aterrorizado
de que Magnum viniera y lo golpeara. Pero también tenía
miedo de lo que significaba quedarse aquí. Una paliza sería
brutal, pero tendría que sobrevivir. Sin embargo, con palizas
constantes… Daniel no podía vivir así de nuevo.

Con gran determinación, Daniel buscó la herramienta


que había utilizado cientos de veces antes para salir de su
habitación. Esta no era la primera vez que había sido
encerrado aquí. Salir no sería tan difícil.

Escabullirse de Vigmore y su padre sería un poco más


difícil. Ambos tenían mejor oído que la mayoría de los
hombres, Daniel lo sabía. Encontrando su desarmador plano,
se puso de rodillas y comenzó a trabajar en la manija de la
puerta. Estaba un poco oxidada, con el bloqueo atorado ya
que no había estado allí por un tiempo.

38
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
«Sería mi suerte el lograr abrir la puerta y tener a Vigmore
de pie en el otro lado».

Daniel puso las piezas de la cerradura en la alfombra


junto a la pared y luego apartó el cerrojo y abrió la puerta.
Una vez que tuvo la puerta entreabierta, puso todo en su
lugar.

No había necesidad de darle a su padre la idea de


cómo había logrado su libertad.

En lugar de ir a la escalera principal, se deslizó a la


antigua habitación de Remus. Remus era el único hijo que
había tenido un balcón. Magnum nunca pensó que su
segundo hijo huyera. Su hermano había sido leal. Pero Raven
finalmente le había demostrado a su hermano los verdaderos
colores de Magnum. Había sido una gran revelación.

Entrando en el dormitorio, Daniel vio el balcón de la


habitación. Él no iba a respirar tranquilo hasta que estuviera
de regreso en el Rancho Lakeland. Su padre no se atrevería a
iniciar una pelea con los osos. Él era más inteligente que eso y
los osos eran feroces cuando se trataba de proteger a su
familia.

Abriendo las puertas francesas, giró la cerradura cuando


la puerta de la habitación se abrió de golpe. Vigmore gruñó
bajo en su garganta, su cara era una máscara de furia
mientras cruzaba el cuarto.

Daniel abrió la puerta y saltó del barandal del balcón,


dispersando sus moléculas justo antes de caer de lleno.

39
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Simplemente déjala allí —dijo Luke cuando Malcolm
entró en la habitación con una gran caja de adornos de
Navidad.

Su pareja dejó la caja a un lado y luego se frotó la


espalda baja—. Quizás debería haber hecho que uno de los
hombres más jóvenes sacara eso del ático.

Luke se echó a reír mientras caminaba detrás de su


pareja y empezó a frotar la espalda de Malcolm. —Eres tan
fuerte como ellos, si no es que más. Deja de actuar como si
fueras viejo.

Malcolm se giró, jalando a Luke a sus brazos. El aroma de


almizcle llenó su nariz, haciendo que Luke estuviera medio-
duro. Él era tan adicto a Malcolm ahora como el día en que
se conocieron.

—Cuando hablas de esa manera... —Malcolm bajó la


cabeza y le dio un beso que curvó los dedos de Luke.
Cuando su pareja se apartó, Luke estaba jadeando.

—Eww —Olsen dijo cuando entró en la habitación—.


Nada de eso aquí. No tengo que ver a mis padres hacer eso.

Luke le dio a Malcolm un rápido y casto beso antes de


unirse a Olsen. —¿Qué tienes en esa caja?

Olsen levantó la tapa y todo lo que Luke podía ver era


periódico. Se puso en cuclillas, moviendo el papel alrededor y
sintió algo sólido envuelto dentro. —¿Herencias?

Malcolm sonrió mientras se arrodillaba junto a Luke. —Esos


son los recuerdos de los Lakeland. Son adornos que nuestros
hijos han hecho a través de los años.

Luke frunció el ceño. —¿Por qué es esta la primera vez


que los he visto? —Luke eligió el primer paquete y retiró el
papel con cuidado. Sonrió cuando vio un oso tallado en

40
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
madera. Estaba rudamente hecho pero tenía mucho
carácter.

—¡Hey! —Olsen agarró el oso, dándole vueltas en sus


manos con una expresión de alegría en su rostro—. Recuerdo
haber tallado esto cuando tenía siete años.

Malcolm colocó sus manos sobre los hombros de Luke,


apoyando la barbilla sobre la cabeza de Luke. —Nosotros no
sacamos esta caja cada año. —Su pareja le besó el
cabello—. Creo que es hora de que Cole contribuya a la
colección.

Roman entró en la sala con una bandeja de sidra de


manzana caliente. Steven entró detrás de él con una cesta
de rollos de canela recién horneados. Luke inhaló el aroma
antes de tomar un rollo de la cesta. Había aprendido que vivir
con los osos significaba tomar comida inmediatamente. Si no
lo hacía, la comida desaparecía en cuestión de segundos.

Cuando Cole trató de luchar con Gavin por un rollo,


Malcolm soltó un rico ladrido de risa, un sonido alegre que
Luke había llegado a adorar lo largo de los años. Luke cerró
los ojos mientras apoyaba su cabeza en el sólido pecho de
Malcolm. Saboreó el momento por lo que era: un trozo de
tiempo en que todo en su mundo era perfecto.

Luke se sentía más seguro cuando su pareja envolvía sus


fuertes brazos alrededor de él. —Amo las navidades —dijo
Malcolm en voz baja—. Hay algo mágico en ellas, ¿sabes?

—Estoy de acuerdo —dijo Luke antes de que Cole


corriera hacia él con su rollo robado, gritando mientras Gavin
lo perseguía. Luke abrió los brazos, rescatando a su pequeño
hijo, y ambos se echaron a reír.

—¿Quién va a cortar el árbol este año? —Gavin preguntó


mientras tomaba a Cole de los brazos de Luke y empezaba a

41
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
hacerle cosquillas. Cole seguía gritando de alegría, con el
rostro radiante de felicidad.

—Deja que los gemelos se encargan de eso —respondió


Malcolm—. Esos dos aman usar el hacha.

—¿Quién lo dice? —Chance preguntó mientras entraba


en la sala con Oscar montado en sus anchos hombros—. No
me gusta cortar árboles, lo sabes, Pa.

Malcolm dio una risa malvada. —Es una venganza por


todo el caos que tú y Chauncey han causado este año.

Chance frunció el ceño mientras dejaba a Oscar en sus


pies. Luke estaba sorprendido por lo rápido que todos los
niños en la casa estaban creciendo. Incluso Ashayla ya
caminaba. Bryce y Ahm estaban pasando un infierno de
tiempo entrenándola para que avise, ella usaba ese
pequeño baño para ver la televisión en lugar de para lo que
fue diseñado.

—Bueno, por lo menos podemos empezar a decorar el


interior —dijo Luke mientras se separaba del cálido abrazo de
Malcolm—. Aunque estoy preocupado sobre todo las medias
colgando de la chimenea. Hay tantas que tengo miedo que
el fuego las atrape.

—Eso dijiste el año pasado —Olsen le recordó—. Y no


pasó nada.

Luke realmente no se estaba quejando. Su familia se


había vuelto más grande y la casa parecía llena de felicidad.
Por supuesto, había momentos en que todo el mundo tenía
de nervios a otro, pero en general, Luke amaba este rancho.

Miró a Roman y Steven. Los dos se evitaban entre sí y Luke


tenía la sensación de que la pareja estaba en conflicto.

42
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Eso no era bueno. Luke sabía que Steven adoraba a
Roman y viceversa. Sólo esperaba que arreglaran sus
diferencias pronto.

Por primera vez en la historia, Daniel se reportó enfermo


para trabajar. Él no podía correr el riesgo de que su padre lo
encontrara. O peor aún, Vigmore. Ese loco retorcido
probablemente no veía la hora de vengarse de Daniel por
avergonzarlo delante de Magnum. Si Daniel conocía a su
padre, y lo conocía, Vigmore pagó por eso.

Daniel caminaba por el estrecho pasillo del Centro de


recreación, su corazón martillando contra sus costillas. No sólo
tenía miedo de que su padre lo encontrara, sino de arruinar
esta segunda oportunidad para lograrlo. Los ojos de Daniel
recorrieron el escaso público en el pasillo. Eran mucho menos
que ayer. Ayer había al menos un centenar de personas para
la audición.

Ahora sólo quedaban once, incluido él mismo. Daniel


estaba nervioso ante la belleza de esas diez personas.
Aunque él no era mal parecido, sentía que estaba de pie
junto a modelos.

Acomodando el cabello detrás de la oreja, Daniel se


apoyó contra la pared y esperó. Cuando Ares salió al pasillo,
el calor irradiaba por todo el cuerpo de Daniel. Su lengua
salió, lamiendo sus labios secos cuando sus ojos recorrieron el
cuerpo de Ares. Cambiando su peso al otro pie, Daniel rezó
para no tener una erección en toda regla.

Ahora ya estaba medio duro.

43
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares llevaba unos jeans desteñidos que lo abrazaban en
todos los lugares correctos, mostrando un buen apretado y
tonificado trasero. Daniel estaba bastante seguro de que
podría rebotar una moneda en esos duros montículos, o se le
rompería un diente al morderlos. También usaba un par de
botas negras con cadenas. Eran del tipo que usaban la
mayoría de los motociclistas.

Daniel miró la delgada cintura del hombre, sus ojos


subieron hasta el musculoso pecho de Ares que estaba
cubierto con un suéter de cachemira de color azul oscuro. La
tela se abrazaba al hombre, mostrando los bíceps que eran
una tentación para morderlos. Sintió que se ruborizaba
cuando miró a la cara a Ares y vio el par de ojos azul pálido
mirándolo.

—Ustedes dos entren. —Ares señaló a un chico y una


chica que estaban de pie cerca de la entrada del gimnasio.
Era la misma pareja que había estado hablando de que Ares
parecía un gladiador.

Daniel pensó que los dos estaban locos. Ares era


precioso. Lo que no daría por pertenecer a un hombre como
él... Daniel sabía que era una ilusión. Ares era bien parecido,
lo suficiente para tener a cualquier hombre o mujer que
quisiera y Daniel no era ni la mitad de atractivo que el resto
de las personas en el pasillo.

Sacando a Ares de su mente, Daniel estudió sus pies,


deseando encontrar una manera para evitar que su padre
fuera tras él. Ahora que sabía que el hombre estaba decidido
a tenerlo de regreso, tendría que renunciar a su trabajo o
arriesgarse a ser capturado. Iba a tener que ser un prisionero
en el rancho Lakeland con el fin de mantener su libertad.

Eso realmente apestaba.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Una vez más los números disminuyeron, y Daniel aún
estaba en su lugar en el gimnasio. Los otros diez eran
adolescentes y probablemente habían tenido clases de
actuación en la escuela. Sus habilidades harían una burla de
los pobres intentos de Daniel. Él no tenía ningún
entrenamiento formal y hasta que leyó acerca de las
audiciones en el periódico no tenía el deseo de aprender.

Si no conseguía un papel, quizás podría quedarse como


el chico de los recados. Mientras estuviera entre un grupo de
personas, estaría a salvo de su padre y no tenía que quedarse
atrapado en su dormitorio.

Dos horas más tarde, Daniel era el último en el pasillo. Esto


era un déjà vu de nuevo. Ares apareció, vestido con un
abrigo tweed que tenía un grueso forro negro en el interior.
Daniel entró en pánico, preocupado de que todos los
papeles estuvieran ocupados y los hombres estuvieran
cerrando por el día.

—¿Quieres venir conmigo a fumar? —Ares le preguntó al


pasar junto a Daniel. Un picante aroma llenó el aire, lo que
hizo que la boca se hiciera agua. Daniel quería rodarse en
ese olor.

—Esas cosas van a matarte. —Siguió a Ares a la puerta


trasera. Antes de que la cerrara, Daniel comprobó la manija
para asegurarse de que no estuviera cerrada con llave. No
necesitaba que se repitiera lo de ayer.

—En verdad es un mal hábito —dijo Ares, mientras


sostenía el encendedor para que la punta del cigarrillo se
encendiera, el olor acre del tabaco llenó el aire al instante.
Dejó escapar una larga bocanada de humo y Daniel vio el
placer en el rostro del hombre. Se congeló
momentáneamente ante el placer, preguntándose si esa
mirada era la expresión del hombre durante el sexo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Temiendo la respuesta, pero necesitando saber, Daniel le
preguntó: —¿Tienen cubierto todos los papeles?

Ares deslizó su mirada por Daniel y la intensidad se sentía


como una caricia fresca deslizándose por su columna
vertebral. Sabía que se estaba imaginando cosas, pero se
permitió creer que Ares estaba realmente interesado en él. La
sexy sonrisa curvó los labios de Ares. —No, para nada.

Daniel no podía respirar. Si todos los demás habían hecho


la audición, eso significaba que consiguió el papel. Quizás. Si
no arruinaba esto. Había un montón de personas que podían
llamar de nuevo para llenar el último papel. Daniel se sostuvo
ante el frío aire que lo rodeaba. Él no iba a suponer nada.

Dándole otra calada al cigarrillo, Ares lo miró de nuevo.

—Entonces, ¿qué hacen aquí para divertirse?

«Huir de mi padre y tratar de evitar que Vigmore tenga mi


culo».

—Hay un boliche y un montón de restaurantes en el


pueblo. También hay mucha historia rica aquí para explorar.
—Daniel se encogió ante la forma en que sonaba. ¿Por qué
no sólo le das un folleto turístico? Tenía que dejar de
coquetear. Él apestaba.

Cuando Ares se quedó en silencio, la torpeza consumió a


Daniel. Él no estaba acostumbrado a hablar con un chico
caliente. No tenía ni idea de cómo llevar la conversación sin
sacar el tema del clima.

Sacando el cigarrillo, Ares señaló con el mentón hacia la


puerta. —Será mejor volver a entrar. —Lo que Daniel no daría
por morder esa barba. Sólo podía imaginar lo que se sentía
cuando raspara su cuerpo desnudo. Estaba poniéndose duro
sólo de pensarlo.

46
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Regresando sus pensamientos a la tarea en cuestión,
ignoró su atracción hacia Ares mientras ambos entraban de
nuevo. Él podría soñar todo lo que quisiera, pero Ares estaba
fuera de su liga. Aun así, cuando Ares se quitó el abrigo,
Daniel no podía dejar de mirar el trasero del hombre.

Lanzando el abrigo sobre su brazo, Ares le señaló a Daniel


que entrara al gimnasio. Él vio una vez más a los dos hombres
que habían estado allí sentados ayer detrás de la mesa. El
guion estaba sobre la silla plegable de metal. Daniel lo tomó y
se giró, listo para leer su línea. Sus cejas se fruncieron cuando
Ares colocó su abrigo en la silla y se paró frente a Daniel.

—Soy tu compañero esta noche. —Ares le dio una sonrisa


diabólica. Si él pensaba que estaba nervioso ayer, eso no era
nada en comparación con estar delante de un profesional.
Los pensamientos de Daniel se dispersaron cuando vio los ojos
azul pálido. Se olvidó de pensar y respirar mientras sus dedos
aplastaban los papeles en la mano.

Ares se inclinó hacia adelante, el aroma picante y


masculino llenó los pulmones de Daniel. —No te pongas
nervioso. Lo mejor es que te concentres en mí —Ares le susurró
al oído, su aliento cálido cosquilleó el lado de la cara de
Daniel.

«Sí, porque concentrarme en ti me va a ayudar a


pensar».

Estudió sus líneas por un momento, y dejó los papeles a un


lado. —Estoy listo.

—Estas calles no son lugar para un chico como tú —Ares


dijo en tono suplicante—. Puedes cambiar tu vida, si quieres.

—No sabes ni una mierda —dijo Daniel mientras se giraba,


como si estuviera a punto de marcharse.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares le agarró del brazo, lo que le obligó a quedarse. —
Yo podría salvarte.

Golpeando la mano del hombre, liberándose, Daniel


soltó una risa burlona. —Estoy más allá de la salvación, señor.
Ve a predicar a otra persona. He escuchado esa canción y
ese baile muchas veces antes.

Estaba recordando sus líneas. Quizás podría actuar


después de todo.

Daniel tomó una profunda bocanada de aire cuando


Ares le agarró ambos brazos y lo jaló, sus cuerpos cerca, en
un íntimo abrazo.

—No digas eso. Puedes ser salvo.

Le tomó un momento a Daniel recordar su siguiente línea.


La ruda e irresistible masculinidad de Ares nublaba su mente.
Daniel no quería nada más que quedarse cerca del cuerpo
del hombre. Una extraña desesperación lo llenaba, haciendo
que Daniel deseara que Ares realmente quisiera salvarlo.

Empujó al hombre lejos. Sintiendo desesperanza ante su


propia situación, Daniel usó esas emociones para alimentar
sus siguientes líneas.

—Nadie hace nada por bondad. Siempre hay un precio


que pagar. Ya se trate de dinero o de alguna otra cosa. —
Daniel puso un fuerte énfasis en la última palabra—. Usted
quiere algo de mí.

Ares se acercó a él. —Eso no es cierto.

Daniel se apartó mientras sacudía la cabeza, dejando


caer sus ojos a los pies de Ares cuando la desolación lo
inundó. Pensó en la crueldad de su padre, de cómo el
hombre quería gobernar cada segundo de su vida. —Bien,
aunque sus intenciones sean puras. Estas calles tienen una

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
manera de chuparte el alma dejando hoyos más oscuros que
el infierno —dijo Daniel. Ares miraba extrañamente a Daniel.
Los dos hombres detrás del escritorio aplaudieron, pero Daniel
no les hizo caso. Era como si Ares pudiera ver a través de él,
ver su dolor, su desesperación. Sus miradas se quedaron fijas
durante un momento antes de que Daniel absorbiera el dolor
interno y colocara una sólida pared alrededor de sus
emociones, ocultándolas del mundo una vez más.

Ares se aclaró la garganta y asintió. —Conseguiste el


papel.

Le tomó un segundo asimilar las palabras de Ares, ya que


se había perdido en la penetrante mirada del hombre. —
¿Qué parte?

—El principal.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo cinco

—Eres un jodido afortunado. —Chauncey arrojó su


fornido brazo sobre los hombros de Daniel mientras caminaba
desde la cafetería—. Y yo aquí preocupado de que no
estarías en la película. No puedo creer que consiguieras el
papel del protagonista.

—No tienes que sonar tan sorprendido. —Le dio un


juguetón codazo a Chauncey en el abdomen. El shifter oso
estaba en lo cierto, aunque Daniel no podía creerlo.

—Vamos, pequeño5. Eso fue para morir, estaba entre el


público viéndote.

Daniel miró hacia donde Chauncey había señalado, y,


de hecho, había una gran multitud de espectadores de pie
detrás de una barricada de madera. Daniel aplastó su
repentina ráfaga de pánico. Por supuesto, la gente quería ver
la película que se hacía. Pero eso había sido la última cosa en
su mente. Ahora que vio a todo el mundo allí de pie, un caso
severo de nervios lo golpeó duro.

—Deja de verte como si necesitaras un enema. —


Chauncey se rio—. No habrías conseguido el papel principal si
no creyeran que puedes hacerlo.

La confianza de Chauncey le llegó a Daniel, pero no


detuvo las mariposas nerviosas que revoloteaban dentro de
su estómago. Empezó a dudar de sus capacidades y se
preguntó si quizás habían elegido al hombre equivocado.

—Ve a ver al señor Arrow antes de que te desmayes. —


Chauncey lo empujó hacia el grupo antes de unirse a la
5
Squirt, es el pequeño chorro de vapor que sale al hervir el agua, también se usa para decir al chorro de
agua que sale a presión. Coloquialmente se usa para describir a una persona muy pequeña.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
multitud de curiosos. Daniel se quedó allí por un momento,
mirando las cámaras, luces y todo lo demás. Parecía tan
abrumador.

No había vuelta atrás. Daniel se había propuesto ser


parte de la película y lo había logrado. Aunque conseguir el
papel principal era algo que ni siquiera había contemplado.
A pesar de que estaba determinado a demostrarle a su
padre que no necesitaba estar atrapado bajo su pulgar.
Quería demostrar que podía hacerlo por su cuenta y ser
alguien.

—¿Por qué estás aquí? —La profunda y masculina voz se


irradió hacia la ingle de Daniel. Él contuvo el aliento,
sosteniéndolo mientras sentía el calor de Ares en su espalda.
Ese mismo picante y almizclado olor llenó sus sentidos antes
de que Ares entrara en su línea de visión—. ¿Nervioso?

Ares dijo una sola palabra en voz baja y ronca y Daniel se


estremeció, deteniendo el gemido que amenazaba con
escapar. Nunca antes ningún hombre le había afectado de
esta manera. Él abrió la boca para responder, pero no salió
nada.

La media sonrisa más sexy que Daniel había visto en su


vida apareció en el rostro de Ares. —Es normal. Una vez que
las cosas se asienten, tus nervios se calmarán.

Daniel esperaba como el infierno que el hombre dijera la


verdad porque en ese momento temía vomitar. A pesar del
frío que hacia afuera, un hilo de sudor corrió por su mejilla. Se
tragó el nudo en su garganta mientras Ares lo llevaba con el
productor.

—Winston, ¿te acuerdas de Daniel, nuestro actor


principal? —La presentación de Ares hizo que Daniel se
sintiera más importante de lo que realmente era. Daniel se

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
sintió un poco mejor por la cálida sonrisa del productor. Eso le
relajó y ayudó con sus nervios. Pronto sacó a la multitud de
curiosos de su mente mientras estaba allí con Ares.

La abrumadora presencia de Ares tranquilizaba a Daniel.


No entendía por qué. Él nunca había sido del tipo de persona
que dependía de otros para su comodidad. Su padre le
había enseñado hacía mucho tiempo que la comodidad y la
seguridad eran una ilusión.

Magnum había demostrado ese punto secuestrando a


Daniel en pleno vuelo.

—Hey. —Ares le dio un codazo a Daniel—. ¿Estás bien?

Daniel frunció el ceño. —Sí, ¿por qué?

El hombre se encogió de hombros. —Te ves... triste.

Daniel le dio una sonrisa que no sentía. —Sólo estoy


tratando de entrar en mi papel.

Ares lo estudió un momento más y luego asintió. —Vamos


a estar comenzando pronto. Si tienes frío, la cafetería trajo
chocolate caliente.

Ares señaló una mesa preparada con un termo y un


montón de tazas.

—Estoy bien. —Lo único que bebía era carmesí, un


sintético con mezcla de sangre para los vampiros que no
bebían directamente de la vena. Dado que Daniel vivía con
los osos, y todos estaban acoplados, el príncipe Christian se
aseguraba de que tuviera un suministro fresco que le era
enviado semanalmente.

—Es bastante bueno. —Winston levantó la taza—.


Deberías probarlo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel se acercó a la mesa, dándoles la espalda a los
hombres mientras pretendía llenar una taza. De vuelta hacia
ellos, tomó un sorbo de aire. —Tienes razón. Es bueno.

Sólo esperaba que no le ofrecieran comida.

Una profunda arruga marcó la frente de Ares. Algo le


pasaba a Daniel. No estaba seguro de lo que era, pero el
chico parecía diferente. No es como que conociera la
personalidad del hombre. Sin importar lo que Daniel hubiera
dicho, reconocía que la tristeza del hombre era por otra cosa.
Incluso aunque dijera que trataba de entrar en su papel,
nadie podía fingir esa expresión.

—Si has terminado —Winston señaló a Daniel, ve a ver a


Vick.

—¿Quién es Vick? —Daniel le preguntó a Ares.

—El que está justo ahí. —Ares apuntó a Vick, que usaba
lentes de concha. Vick estaba hablando con el chico que
estaría en la escena con Daniel—. Él te ayudará.

Tomando asiento, Ares pasó la mayor parte de la noche


congelando su trasero. Cuando la última toma fue
completada, se puso de pie y se acercó a Daniel, que
parecía agotado. —Bueno, ¿te gusto tu primer día?

—No sabía que actuar fuera un trabajo tan duro. —Daniel


siguió a Ares a la mesa de chocolate caliente.

—Escucha, me preguntaba si querías ir a comer un


sándwich. Sé que es tarde, pero te lo has ganado.

53
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
¿Por qué infiernos se veía como un conejo atrapado?
El pánico en el rostro de Daniel era notable. Ares no creía
haber dicho nada fuera de lugar. Era sólo un ofrecimiento de
comida. Daniel se veía como si quisiera joderlo. Quizás él
había estado leyendo los signos mal. Ares juraría que Daniel
se sentía atraído por él como él lo estaba por el delgado
hombre. —O no.

—Me encantaría. Es sólo que... no estoy seguro... —Daniel


miró sus manos antes de pasarlas por su cabello negro y
sedoso. Él encogió sus delgados hombros—. No puedo.

Ares frunció el ceño ante la voz atrapada de Daniel. —


Quizás en otro momento.

Daniel frunció los labios. —Quizás.

Decidiendo que había leído al hombre mal, Ares le deseó


buenas noches antes de dirigirse a su habitación alquilada en
la posada6.

—¡Espera!

Ares se giró para ver a Daniel acortar la distancia, el


vapor de su aliento saliendo debido a los rápidos jadeos. Miró
fijamente los labios de Daniel y el calor fue hacia su pene. Se
preguntó a qué sabría el hombre, si besaría con torpes
intentos o de forma magistral. Ares quería saberlo.

Daniel se detuvo justo frente a Ares, con las mejillas


rosadas por el frío. —Quería explicarte por qué no puedo ir a
cenar contigo.

—No hay necesidad de explicar. —No quería saber por


qué el hombre lo estaba rechazando. No importaba. Si Daniel

6
Bed and breakfast, establecimiento que ofrece cama y desayuno por el mismo precio, como no es
típicamente un hotel, se traduce como posada.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
quería mantener las cosas platónicas, entonces Ares actuaría
profesionalmente.

«Incluso si quisiera saborear cada centímetro del cuerpo


de este hombre».

—Es sólo que estoy en una dieta especial y nunca como


en ningún lugar, excepto en casa. —Los ojos de Daniel
cayeron mientras añadía—: Pero si aún quieres pasar el rato,
podemos encontrar otras cosas que hacer.

Una imagen de “otras” cosas llegó a la mente de Ares y


una sonrisa inclinó un lado de su boca. No estaba seguro de si
eso era una invitación o no. —Podemos discutir esto en la
habitación en la que me quedo, hace demasiado frío aquí
afuera para seguir aquí.

—¿Tu habitación?

Ares casi se rio cuando la voz del hombre se quebró.


¿Estaba Daniel nervioso por estar a solas con él? Aún no
estaba seguro de si Daniel quería que fueran amigos o
amantes, o incluso sólo compañeros de trabajo. Como el
hombre actuara una vez que estuvieran en la habitación de
Ares decidiría si él seguía adelante. —Sí, estoy en la posada.
Vamos. Estoy seguro de que el señor Bosvil puede tener un
poco de chocolate caliente.

—Esa es otra cosa. —Daniel se metió el cabello detrás de


la oreja mientras veía a Ares.

—Pero bebiste un poco antes.

—Fingí.

Ares sacudió la cabeza ante la confesión. —Bueno, yo


podría disfrutar un poco.

55
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Mientras caminaban por las calles borrascosas, Ares dijo:
—No finjas conmigo, Daniel. Sé honesto conmigo y yo te
devolveré el favor.

Se dio cuenta de que el hombre se ponía rígido. Ares no


estaba seguro de qué se trataba. No era como si le fuera a
contar la historia de su vida. Se dirigieron hacia el pasillo de
adoquines y Ares mantuvo la puerta abierta mientras Daniel
entraba a la cómoda casa. El aroma del café recién hecho
llenó sus pulmones.

—Ah, ahí estás —dijo el señor Bosvil—. Los vi a ambos


caminar hacia acá y puse una olla de café recién hecho.

Ares no estaba seguro de qué decir. Era cerca de la


medianoche. ¿Por qué sería que el hombre estaba mirando
por la ventana, esperándolo? Su primera impresión cuando se
reunió con el hombre no había sido tan buena. Ares
consideró al tipo un bicho raro. Parecía que su suposición
murió. —Gracias.

—¿Tu huésped se alojará aquí por la noche? —el señor


Bosvil preguntó mientras su mirada recorría a Daniel. Ares
estaba a cinco segundos de decirle al posadero que no era
asunto suyo, pero se mordió la lengua. No había otro lugar
para que pudiera alojarse mientras estuviera en la Villa Brac.
No tenía más remedio que ser amable.

Ares también se preguntó por la agresión que sentía


construyéndose dentro de él. ¿Por qué infiernos estaba tan
ofendido por la manera en que el señor Bosvil estaba mirando
a Daniel?

—No. —Ares fue a la cocina antes de que el dueño


tuviera la oportunidad de hacer otra pregunta personal.
Daniel estaba justo al lado de Ares, pero no dejaba de mirar
por encima del hombro.

56
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—No le hagas caso. —Ares agarró una taza de café de la
alacena y se sirvió una taza. Llevó a Daniel a la escalera de
servicio, evitando al propietario.

Una vez en su cuarto alquilado, Ares cerró la puerta. No


estaba seguro de por qué, pero tenía la sospecha de que el
señor Bosvil los interrumpiría.

—Nunca había estado en este lugar —dijo Daniel,


mirando alrededor de la habitación—. Es bueno.

—Excepto por el propietario entrometido —Ares se quejó


mientras se quitaba los zapatos.

Daniel se carcajeó. —Parece un poco extraño. Nunca lo


he visto por el pueblo antes.

Ares podría decir que Daniel estaba nervioso. Sus ojos


seguían recorriendo toda la habitación y su postura era rígida.
Dejando la taza de café sobre la mesa, Ares dio un paso
hacia Daniel, elevándose sobre el hombre más pequeño.
Cerró los ojos y se inclinó hacia abajo, sintiendo las
bocanadas rápidas del aliento en sus labios.

Vaciló sólo un segundo antes de tomar posesión de la


boca de Daniel. Éste respiró hondo y luego gimió. Ares
mantuvo el espacio entre sus cuerpos. Sabía que si jalaba a
Daniel a sus brazos, no habría nada que lo detuviera. El dolor
en su ingle era demasiado. No confiaba en sí mismo para
mantener sus deseos controlados.

Su garganta se apretó cuando el anhelo lo recorrió. Ares


se mantuvo en un beso simple, dulce. Cualquier cosa más y
estaría rasgando su ropa. Realmente necesitaba tener sexo
más a menudo.

Cuando Ares se apartó, Daniel parpadeó como si saliera


de un sueño. Él había estado en lo cierto. Daniel sabía cómo

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
un sueño. Pasó la yema del pulgar sobre el labio inferior del
hombre, limpiando la humedad.

En ese momento, Ares quería a Daniel con un hambre


que casi lo volvía loco.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo seis

Daniel se quedó congelado. Quizás era un poco lento en


captarlo, pero no había creído que le gustara a Ares. No de
esa manera, por lo menos. El hombre no había dado ninguna
señal.

Ares dio un paso atrás mientras miraba los labios de


Daniel. Había una extraña luz en sus ojos. Si Daniel no se
equivocaba, era una mirada de hambre. Era fascinante y
tenía a Daniel duro.

El deseo de retirar ese flequillo negro de la cara de Ares


era fuerte. El flequillo cubría parte de los párpados de Ares,
enmascarando sus cejas. Daniel quería una vista sin
obstáculos.

Ares se aclaró la garganta. —Eso fue lindo.

Daniel había besado un par de veces en su vida. Aunque


ninguna fue estelar, sabía a ciencia cierta que “lindo” no es
necesariamente una buena cosa. Lamiendo sus labios, Daniel
esperaba otro beso. Antes de que pudiera tomar un respiro,
Ares lo atrajo hacia él una vez más. Esta vez Daniel estaba
listo. Y esta vez el hombre no iba a separarse del beso
simplemente lindo.

Con audacia agarró la parte posterior del cuello de Ares,


jalándolo hasta que se alinearon sus cuerpos. Ares dejó
escapar un gemido brusco mientras una de sus manos
envolvió el cabello de Daniel y la otra cubrió su culo. Daniel
se abrió a Ares, chupando la lengua del hombre mientras
presionaba su erección en el muslo de Ares.

—Tranquilo —Ares ordenó a Daniel, su voz oscura y


áspera. El hombre se oía como si estuviera perdiendo el

59
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
control. Sus pálidos ojos azules se oscurecieron y la mano que
estaba en el cabello de Daniel se apretó—. Si no lo haces, no
puedo prometer que vaya a dejarte.

Había pasado tanto tiempo desde que Daniel había


estado con un amante que casi olvidó cómo se sentía el
tener sexo. Podría estar cometiendo un error, pero Daniel no
quería que Ares se detuviera. Quería que desgarrara su
delgado cuerpo, presionándolo hacia abajo en la cama.
Potencia y fuerza recorría cada poro del cuerpo de Ares. Ese
aire peligroso había estado allí antes. Daniel lo había sentido,
pero no a este nivel.

Daniel se empujó más cerca, acunando la erección de


Ares. Movió la mano hacia arriba y abajo del bulto bajo los
pantalones del hombre mientras observaba los ojos de Ares
volverse aún más oscuros.

Su pene palpitó cuando Ares dio un firme jalón a su


cabello. Sensaciones que no había sentido en mucho tiempo
se estaban formando. El hombre atraía a Daniel a niveles que
había olvidado que existían.

Ares soltó el cabello de Daniel hasta que su cabeza cayó


hacia atrás, y luego empezó a mordisquear su camino a
través de la garganta de Daniel.

Los labios de Daniel se separaron, un gemido vibrando en


su garganta cuando giró la cabeza, buscando más de la
caricia.

—Quiero devorarte —Ares susurró. Daniel abrió la boca


mientras los dientes de Ares pellizcaron su cuello, su lengua
acarició la clavícula de Daniel. Éste estaba respirando con
dificultad, con la piel sensible. El roce de la lengua de Ares en
su cuello estaba casi volviéndolo loco.

60
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares lo empujó hacia atrás hasta que las piernas de
Daniel tocaron la cama. Un gruñido bajo retumbó en la
garganta de Ares, mientras sus manos se movían bajo la
camisa de Daniel, sus dedos acariciándolo dejaban un rastro
de fuego hasta el fondo de su columna.

El pene de Daniel estaba tan duro que temía que iba a


correrse antes de comenzar. En todo lo que podía pensar era
en que el grueso pene se deslizara dentro de él, empujando
duro y profundo.

Él es un total desconocido. No debería estar haciendo


esto .

—Dulce, dulce, Daniel. —La voz de Ares era tan profunda,


tan sensual que causó que el pene de Daniel saltara.
Contuvo el aliento cuando Ares agarró el dobladillo de la
camisa de Daniel y la levantó sobre su cabeza. Ni siquiera el
frío de la habitación podría templar el calor que recorría justo
debajo de la piel de Daniel. Era casi como si estuviera en un
sueño cuando Ares tomó el broche de presión de los jeans de
Daniel.

Daniel debería de estar totalmente avergonzado de estar


durmiendo con alguien que acababa de conocer. Eso no era
quién era Daniel o cómo normalmente se comportaba. Pero
había algo en Ares. A Daniel siempre le resultaba difícil
respirar cuando el hombre estaba cerca. Se sentía como si
pudiera compartir la parte más profunda y oscura de su alma
con Ares.

«¡Qué ridículo pensamiento!»

Aunque Daniel amaba a sus hermanos con locura, nunca


les había confiado algo personal a ellos. Los tres habían
protegido a Daniel lo mejor que pudieron en contra de
Magnum, pero Daniel mantuvo su vida cerca de su pecho.

61
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
«Sí, pero también te trataban como a un niño pequeño».

—¿Estás conmigo? —Ares dejó de besar el cuello de


Daniel, parpadeó ante la vacilación que empañó su
expresión. Apartó el cabello del rostro de Daniel con dedos
gentiles—. Podemos parar.

Daniel tomó la cara del hombre y le dio un suave beso en


los labios. —Yo estoy contigo.

—Físicamente. —Ares se apartó solo un par de


centímetros pero no soltó a Daniel—. Pero tu mente se fue a
otro lugar.

El hombre era muy observador.

Estirándose, Daniel agarró a Ares y bajó lentamente la


cremallera. Metió la mano en los pantalones de Ares,
palmeando el pene del hombre. —Estoy contigo y estoy listo.

Ares silbó cuando Daniel comenzó a acariciarlo. La piel


de Ares estaba caliente al tacto, un tubo de acero puro
cuando Daniel vio la cabeza rojiza del pene. El de Ares no era
el primer pene que veía, entonces, ¿por qué la carne en la
mano le fascinaba tanto?

«Porque ha sido demasiado tiempo para ti, amigo».

Aun así...

Ares sujetó la muñeca de Daniel, deteniéndolo de lo que


había estado haciendo. —No de esta manera.

Una sonrisa jugueteó en el borde de los labios de Daniel.


—¿Entonces cómo?

El hombre dejó escapar un gruñido salvaje. La sonrisa de


Daniel se ensanchó. Era increíble que pudiera afectar a Ares

62
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
de esa manera. El hombre se veía peligroso por sí mismo,
alguien que no perdía el control.

Daniel se lo tomó como un cumplido.

Ares jaló la cintura de los jeans de Daniel. —Estos fuera.

Al vivir con Magnum, Daniel odiaba que le dieran


órdenes. De hecho, lo detestaba. Pero la forma en que Ares
lo miraba...

Daniel empujó los pantalones por las piernas y luego los


echó a un lado, lanzando su camiseta después. Se quedó allí,
desnudo, el aliento salía en pequeños jadeos. Estaba
emocionado y nervioso al mismo tiempo.

Aunque Daniel había tenido su parte de amantes,


ninguno de ellos se había visto tan bien. Quería tomar un
bocado del hombre.

Ares sonrió, como si pudiera leer la mente de Daniel.


Mordisqueó a Daniel en la barbilla antes de retroceder y
quitarse la camiseta. Daniel casi se tragó la lengua. Líneas
rasgadas y músculos duros fueron revelados ante él. Hizo todo
lo que pudo para no babear.

«Si hubiera sabido que se veía tan bien, hubiera saltado a


sus huesos la primera vez que lo vi».

Y Daniel quería ver más. Casi gimió cuando Ares


comenzó a quitarse los pantalones. No podía negar que este
hombre iba a ser muy bueno en la cama y no podía esperar
para averiguarlo.

Ares se giró para lanzar sus pantalones a un lado y Daniel


consiguió una buena mirada, sin obstáculos, del culo del
hombre. Debería de hacer mil sentadillas al día para verse tan
malditamente bien. Sus dedos se estremecieron por agarrar
esas bien redondeadas nalgas y darles un apretón firme.

63
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel exhaló rápidamente cuando Ares se dio la vuelta,
agarrando a Daniel por las caderas y derribándolo a la
cama. Había sido tan rápido que Daniel ni siquiera había visto
lo que estaba haciendo hasta que fue demasiado tarde. Ares
estaba sobre él, chupando el pezón de Daniel y causándole
un cúmulo de emociones que lo recorrían.

Dios, pero el hombre tenía una lengua de oro. Se


preguntó cuán mágicas serían otras partes de su cuerpo.
Acomodando sus manos en los hombros de Ares, Daniel dejó
escapar un largo gemido. Abrió las piernas más ampliamente
para aceptar el gran cuerpo de Ares. Daniel podía sentir la
erección del hombre presionando contra su pierna.

—¿Por qué no puedo tener suficiente de ti? —Ares mordió


el pezón de Daniel, haciendo que gritara. No había sido una
mordida dura, pero la sensación lo había tomado por
sorpresa. Sus caderas se resistieron mientras se estremecía.

Ares se movió a su otro pezón y a Daniel le resultaba difícil


respirar.

Su cuerpo se estaba calentando y Daniel estaba tan


cerca de correrse. Su pene estaba creciendo más y más
grueso en cada segundo. En un momento se avergonzaría a
sí mismo. No quería que Ares pensara que era un eyaculador
precoz. Independientemente de la especie, los hombres se
enorgullecían de su resistencia. Y Daniel estaba haciendo un
pobre trabajo probando lo que tenía.

Cuando Ares enganchó su brazo debajo de la rodilla de


Daniel y jaló su pierna hacia atrás, no estaba seguro de lo
que el hombre estaba a punto de hacer. La lengua de Ares
comenzó a explorarlo desde la cadera de Daniel a la rodilla,
enviando a Daniel más lejos. Nadie nunca lo había utilizado
como un aperitivo antes. Era como si Ares fuera adicto a su
piel. El hombre no podía detenerse de saborearlo.

64
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
No es que Daniel se quejara.

Su cabeza cayó hacia atrás y apretó los dientes cuando


un dedo mojado comenzó a entrar en él. Su boca se abrió
mientras expulsaba una bocanada de aire. Lo que Ares le
estaba haciendo...

Un sonido poco masculino cayó de sus labios cuando


Ares alzó la vista hacia él a través de su flequillo. Sexy no
estaba ni siquiera cerca de como el hombre se veía. La
palabra dios vino a su mente. Daniel estaba ahogándose en
la lujuria, sofocándose con los labios y las manos maestras del
hombre. Ares mordió la parte interna del muslo de Daniel y
Daniel gritó mientras se acercaba. Otro dedo entró en su
culo, y luego un tercero. La sensación sólo intensificaba el
orgasmo de Daniel.

—Asombroso —Ares jadeó.

El rostro de Daniel explotó con calor. —Ah, Dios. Lo siento.

—¿Por qué? —preguntó Ares—. No te disculpes por verte


tan malditamente bien que quiero comerte.

Daniel se rio nerviosamente mientras jadeaba. Era dulce


del hombre restar importancia al hecho de que su resistencia
era inexistente. Ares probablemente en su interior sacudía la
cabeza y pensaba que Daniel era un pésimo compañero de
cama.

Ares se inclinó hacia adelante y comenzó a lamer la


simiente de Daniel de su estómago, dejando a Daniel
totalmente aturdido. Estaba seguro de que Ares encontraría
una manera de salirse de esto, dando a Daniel algún tipo de
jodida excusa.

Pero... parecía que se estaba divirtiendo. Pasó la lengua


por su piel y chupó hasta la última gota de la semilla de la piel

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
de Daniel. Era la cosa más erótica que jamás había visto. Ares
se arrastró por el cuerpo de Daniel, su hambre era tangible.
Daniel estaba bastante seguro de que si se acercaba, podría
tocar la excitación del hombre con sus manos.

Y él no estaba hablando del pene del hombre. Había un


aura que rodeaba a Ares, un sabor picante en el aire, que
hizo que Daniel quisiera más de lo que Ares tenía que ofrecer.

Ares bajó la cabeza y mordió el lóbulo de la oreja de


Daniel. —Voy a joderte, bebé. Tu cuerpo me está volviendo
loco.

A pesar de que acababa de llegar al clímax, Daniel


podía sentir su pene endurecerse de nuevo ante esas sucias
palabras. No sólo eso, la mirada depredadora que Ares le
estaba dando era francamente excitante, haciendo que la
sangre corriera a través de las venas de Daniel.

Ares enfundó su pene en un preservativo y Daniel pronto


olvidó cualquier pensamiento inteligible. Lo único que fue
capaz de hacer en ese momento era ver cómo Ares
comenzaba a trabajar su gruesa erección en el cuerpo de
Daniel. Su amante se inclinó, rozando besos en los labios de
Daniel mientras su pene abría a Daniel.

«¿Cómo pude haber olvidado cómo se siente?»

Sus dedos se clavaron en el bíceps del hombre,


respirando por el ardor. Ares desaceleró, como si pudiera
sentir la incomodidad que irradiaba de Daniel.

—Increíble. —Ares siseó en el oído de Daniel. No estaba


seguro de si sería mejor si Ares se empujara hacia adelante y
acabar de una vez debido a que los movimientos lentos eran
una dulce tortura. Su cuerpo palpitaba ante la invasión de
Ares, finalmente tocó fondo—. Tan jodidamente increíble.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel se deslizó por la pendiente de placer cuando Ares
comenzó a moverse, dejando su cuerpo en llamas. El dolor
pronto se convirtió en placer y Daniel estaba gritando
cuando Ares se empujó repetidamente. Ares acomodó sus
manos a cada lado de la cabeza de Daniel, mirándolo fijo.
Sus ojos eran piscinas líquidas de calor, haciendo que Ares se
viera irreal, etéreo.

Si tan sólo pudiera mantener al hombre. Pero Daniel no


era tan tonto para creer que el sexo se equiparara al amor. Él
sabía que ambos estaban encontrando placer en el
momento, pero Dios, sería bueno tener al hombre mirándolo
de esa manera todo el tiempo.

Ares movió su mano derecha hasta la cadera de Daniel,


agarrándolo con una fuerza que casi dejaba hematomas.
Daniel lanzó sus piernas alrededor de la cintura de Ares,
jalando al hombre más firmemente, con lo que su pene entró
más profundamente. Quería correrse otra vez. Daniel quería
sentirse a sí mismo cayendo en pedazos en los brazos del
hombre, mientras que Ares estuviera enterrado
profundamente dentro de él.

Con unos cuantos duros golpes y un gruñido duro, Ares


estaba en camino. Apretó la mandíbula hasta el punto que
Daniel pensó que los dientes del hombre se harían añicos. Sus
fosas nasales se dilataron y sus párpados se bajaron a
rendijas. Daniel tomó su propio pene, acariciando la carne
con fiereza, con ganas de explotar una vez más. Él arqueó la
espalda y gritó cuando se corrió por segunda vez esa noche.
Ares no se detuvo y empujó sus caderas hasta que lo último
de la simiente de Daniel estuvo en su mano.

A medida que su orgasmo se desvanecía, Daniel se dio


cuenta de una mirada extraña en los ojos de Ares. El hombre
se estaba arrepintiendo de esto.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
«No importa. Esto fue una aventura de una noche».

Por desgracia, el corazón de Daniel no estaba


escuchando.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo siete

—¿Necesita una nueva bebida? —El barman tomó la


copa de Ares y empezó a prepararle otra bebida. El Trébol de
la suerte era un bar exclusivo, lo que sorprendió a Ares. No
creía que el pequeño pueblo tuviera algo como esto. Había
pasado una semana desde que había dormido con Daniel. Y
en esos siete días, el hombre había puesto un muro entre ellos.

Ares no lo entendía. Y normalmente no era de los que


perseguían a un hombre que sabía que no estaba interesado
en él. Pero maldición si el chico no ocupaba cada segundo
libre de los pensamientos de Ares.

Y por eso él estaba sentado en El Trébol de la suerte.


Quizás un par de copas le ayudarían a olvidar.

«Y quizás si te pone tan caliente puedes cazar al


hombre».

Uff, era un lio. Ares había visto bastantes hombres en el


pueblo que eran mucho más guapos que Daniel. Unos pocos
le habían sonreído con coquetería. Pero ninguno de ellos
tenía los ojos brillantes ni el cabello negro y sedoso y ninguno
de ellos olía tan bien como Daniel.

El camarero dejó la copa de Ares en la barra y dijo: —


Confía en mí cuando digo que no soy el camarero cliché.
Escuchar los problemas de alguien no es algo que haga.
Pero, maldición, hombre, te ves como si alguien hubiera
ahogado a tu cachorro, y disparado a tu madre al mismo
tiempo. ¿Qué pasa?

Ares necesitaba controlarse. Nunca había volcado sus


problemas sobre un hombre antes y no iba a empezar ahora.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Disgustado consigo mismo, terminó su copa de nuevo con un
solo trago. Susurró mientras dejaba el vaso hacia abajo. —Es
sólo que ha sido un largo día.

No se abriría ante extraños. ¿Qué estaba pasando en su


cabeza para quedarse fijado aquí.

El camarero se encogió de hombros mientras tomaba la


copa de Ares. —Quizás necesitas aliviar algo de estrés.

No se negaría a una invitación abierta. Y aunque Ares


encontraba al hombre muy guapo...

Ares era un puto idiota. —Continúa.

El barman le tendió la mano. —Mi nombre es Caleb.

Cuando Ares estrechó la mano del hombre, podía sentir


su pene volverse más duro. Caleb realmente era un hombre
impresionante. Lástima que Ares no podían ver más allá de
Daniel. —Ares.

—Me gusta ese nombre. —Caleb se giró para hacerle a


Ares otra copa. Ares miró el trasero del hombre, apreciando
lo bien construido que el hombre era. Si no hubiera conocido
a Daniel primero, podría hacer que el camarero desquitara su
dinero.

«Deja de pensar en Daniel».

—¡Oh Dios mío!

Ares se giró para ver que dos hombres estaban detrás de


él. Ambos eran rubios. Pero mientras que el cabello de un
hombre era corto, el otro tenía rizos largos que caían
suavemente contra sus hombros.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
El que tenía el cabello corto y rubio apuntó con un dedo
a Ares. —Eres uno de los chicos de la película —dijo con
emoción apenas contenida.

—Deja al hombre en paz, Spencer —Caleb advirtió


mientras dejaba la copa sobre la pulida barra—. El hombre
vino aquí a relajarse. Él no necesita admiradores
persiguiéndolo.

¿Admiradores? ¿Desde cuándo Ares tenía admiradores?


Al contrario de la creencia popular, el trabajo de Ares era
bastante mundano. Demonios, a veces era francamente
aburrido.

Spencer parecía ignorar por completo la advertencia de


Caleb acercándose más, con los ojos brillantes como si Ares
verdaderamente fuera una estrella de cine. —¿Puedo tener
tu autógrafo?

—¡Yo también! —El hombre de los rizos rubios saludó a


Ares—. Soy Johnny. Estoy tomado, pero no puedo dejar de
decir que eres simplemente hermoso. —Johnny se inclinó un
poco más, haciendo que Ares se apartara—. No le digas a
Hawk que dije eso.

Caleb golpeó la palma de su mano en la barra. —No me


hagas llamar a Reese.

Ares alzó una mano. —Está bien. No me importa. —Tomó


el pequeño libro de la mano de Spencer y garabateó su
nombre en él.

Johnny sólo le tendió la mano. —Justo en la parte


posterior de la misma. ¡No voy a lavarlo por una semana!

Ares arqueó una ceja. —¿Te das cuenta de que no soy


una estrella de cine, verdad?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Johnny se mordió el labio inferior mientras Ares firmaba su
nombre en el dorso de la mano del hombre. Esto tenía que
ser una de las cosas más extrañas que había hecho en
mucho tiempo. Ares iba a señalarle a Johnny que le había
entregado un marcador permanente, pero... qué diablos.

—Eres una estrella en este pueblo —dijo Spencer mientras


abrazaba el libro contra su pecho—. ¿Puedo tener una foto
contigo? —Antes de que Ares pudiera contestar, el hombre
entregó su teléfono a su amigo—. Toma mi lado bueno,
Johnny.

Ares parpadeó al hombre y luego sacudió la cabeza. Él


se reía mientras se levantaba, poniendo su brazo sobre el
hombro de Spencer. No estaba acostumbrado a este tipo de
atención. Y, sinceramente, era incómodo. Pero los dos
parecían bastante inofensivos.

Cuando Johnny tomó la foto, Ares vio a Vick con uno de


los actores adolescentes. ¿Cuál era su nombre? Gary, Larry...
oh, sí, Barry. Parecía como si estuvieran teniendo una
acalorada discusión antes de que Barry se fuera. Segundos
después Vick también salió de El Trébol de la suerte.

No era como si Barry no pudiera estar aquí. Había un


restaurante unido a la barra. Era más la curiosidad de saber
acerca de que los dos habían estado discutiendo.

—Está bien, ustedes dos, lárguense —dijo Caleb en un


tono irritado—. Tienen su autógrafo y la fotografía. ¿Felices?

Los dos se alejaron a toda prisa, susurrando


excitadamente entre sí.

Todo lo que Ares pudo hacer fue sacudir la cabeza.

—Lo siento —dijo Caleb—. Mis clientes por lo general no


son molestados.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares se sentó, descartando la disculpa del hombre. —No
fue un gran problema. —Él agarró la bebida que Caleb había
puesto sobre la mesa, bebiendo lentamente esta vez.

Aunque fuera lo último que Ares hiciera, iba a sacar a


Daniel de su sistema. Que se joda eso. Nadie detenía a Ares
Kattamon. Dejando la copa a un lado, Ares se levantó y se
fue. Su cerebro le decía que él pudo haberse llevado a casa
al barman. Y fue entonces cuando se dio cuenta de que
estaba verdaderamente jodido.

Daniel se paseaba por la cocina. Casi había llamado a


Ares diez veces hoy. Pero después de dormir con el hombre,
un miedo profundo le había llenado de que su padre se
enterara e hiciera algo para lastimar a Ares.

Daniel no podía permitir eso. Ares era un chico dulce y él


no iba a poner al hombre en peligro.

A pesar de que Daniel tenía la impresión de que Ares


lamentaba el dormir con él, le había matado ignorarlo toda
la semana. Hubo muchas veces que Daniel quería ir al
hombre y decirle lo que estaba pasando. Pero Ares era
humano. No sabía nada del mundo de los vampiros. Y tanto
como Daniel quería decir algo, estaba prohibido revelarle
algo a Ares. Sólo las parejas se enteraban del mundo
paranormal. Y puesto que Daniel no había sentido ninguna
atracción, sabía que Ares no era su pareja.

Lo cual era triste. Realmente le agradaba el hombre.


Bueno, más que agradarle. Nunca se había sentido atraído
por alguien de esa forma antes y eso lo estaba volviendo
loco.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
«Sólo una llamada telefónica».

Con lo mucho que Daniel quería oír la voz del hombre,


tuvo que detener sus brazos.

—Deja de pasearte como si estuvieras esperando un


bebé en cualquier momento —dijo Chance mientras entraba
en la cocina—. ¿Qué te tiene así?

—La Navidad —Daniel mintió. Los Lakeland sabían


acerca de su padre demente. Ellos no sabían que Magnum
seguía alrededor. Si conocía a los osos, y los conocía, ellos
harían todo lo posible para protegerlo.

Del mismo modo que él no quería que Ares se


involucrara, tampoco quería a los osos involucrados. Ellos eran
un buen grupo de chicos y tenían sus propias vidas que vivir y
familia que criar, se sentiría horrible si algo le sucediera a
alguno de ellos.

—No te preocupes —dijo Chance mientras tomaba un


refresco del refrigerador y abría la lata—. Aún no he
terminado todas mis compras. Ambos aún tenemos tiempo,
pero es bueno saber que no soy el único que posterga.

Daniel sería muy feliz si ese fuera su único problema. Era


cierto que él aún no había hecho ninguna compra, pero era
la última cosa en su mente en este momento. Sus nervios
estaban destrozados porque estaba constantemente
mirando por encima del hombro, esperando a que su padre
apareciera.

Su estómago estaba constantemente hecho un nudo.

Chance tomó un trago largo, sus ojos se centraron en


Daniel. Cuando lanzó la lata, dejó escapar un gran eructo. —
Te ves como si estuvieras a punto de perder el conocimiento.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Y así era exactamente cómo Daniel se sentía. Él estaba
saltando ante cada ruido, haciendo todo lo posible para no
estar solo en un momento dado. Pero no era fácil,
especialmente por la noche cuando los osos se retiraban a
sus habitaciones con sus parejas. Daniel paseaba por los
pasillos, temeroso de que su padre o Vigmore aparecieran y
se lo llevaran.

Chance le apuntó con un dedo. —Te diré algo. Voy a


limpiar mi calendario el sábado e iremos a hacer nuestras
compras. ¿Te suena como un plan?

Daniel asintió, medio escuchando a Chance. Su mente


vagaba hacia Ares. Pensó en los ojos azul pálido del hombre
y cómo se habían oscurecido cuando el hombre hizo el amor
con él. Su mente vagaba a la sombra de la barba en la
mandíbula de Ares, al cuerpo bien construido, y al aire de
peligroso en él.

Daniel se estremeció ante el recuerdo.

Lo que él no daría por tener otra oportunidad con el


hombre. Su cuerpo dolía por cubrirlo, anhelaba ser
inmovilizado. Su piel se sentía como si estuviera en llamas al
recordar lo bien que los labios de Ares se habían sentido en su
cuerpo.

«Deja de pensar en eso».

Chance lo miraba de forma extraña. —¿Estás seguro de


que es lo único que te preocupa?

Daniel quería gritar de frustración. Se sentía como un


maldito adicto a las drogas que necesitara una dosis. ¿Qué le
pasaba? —Estoy seguro.

Daniel se despidió del hombre antes de salir de la cocina.


Desde que su padre lo había secuestrado, estaba aterrado

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
de volar a cualquier lugar. ¿Y si su padre lo agarraba en el
aire otra vez?

«Sólo tienes que llamar a Ares».

Como si la droga fuera demasiado fuerte para resistirse,


Daniel cedió. Ares le había dado su número de teléfono la
noche que habían dormido juntos. Aún tenía que usarlo. Sólo
esperaba que cuando llamara a Ares no lo rechazara. Había
estado ignorando al hombre y no culparía a Ares en lo más
mínimo.

Respirando hondo, Daniel tomó el teléfono de la base en


la sala y tomó asiento, sosteniéndolo en sus manos un
momento mientras trataba de calmar sus nervios. ¿Y si el
chico ya estaba dormido? Habían trabajado duro toda la
noche.

«Sólo tienes que llamar».

Echándose hacia atrás, Daniel sacó la hoja de papel de


su bolsillo delantero. Sus palmas estaban sudorosas y casi se le
cae el teléfono tres veces antes de que realmente marcara el
número.

Sonó. Tenía medio esperanza de que no respondiera.


¿Qué excusa podía darle a Ares? No podía decirle al hombre
la verdad.

—¿Hola?

Las palabras le fallaron repentinamente. Buscó algo que


decir, pero todo pensamiento coherente se le escapaba. —
Duh.

Daniel golpeó una mano en la frente. Dios, ahora sonaba


como un idiota sin sentido. ¿Por qué alguien no le disparaba
ya?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—¿Daniel?

¿Cómo el hombre averiguó que era él por una sílaba


idiota? —Lo siento, sólo tuve un bloqueo cerebral.

Ares se rio suavemente y el pene de Daniel se endureció


con el sonido. Él cerró los dedos en un puño apretado
conteniéndose de preguntarle a Ares si podía venir.

—No creía oírte.

Daniel oyó crujir las sábanas del otro extremo e imaginó a


Ares desnudo. Tuvo que morderse la palma de la mano para
evitar gemir.

—Es que... las cosas se complicaron un poco por aquí. —


Dios, maldición se oyó poco convincente. Se sentó de nuevo
en los pliegues del sofá, tratando de averiguar qué más decir.
¿Cómo podía excusar su frialdad?

—La vida tiende a hacer eso.

—Supongo que te veré mañana. —Daniel cerró los ojos y


se preguntó si Ares pensaba que estaba loco.

—Sólo hazme un favor —dijo Ares.

El latido del corazón de Daniel se aceleró. —Por supuesto.

La línea quedó en silencio por un momento antes de que


Ares dijera: —Dime qué diablos está pasando cuando te vea
mañana.

Daniel se sentía como una mierda, porque sus mentiras se


acumulaban cuando se trataba de Ares. Incluso estaba
mintiéndole a los Lakeland. A él no le gustaba ser deshonesto,
pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Soltando
un suspiro, dijo: —Claro.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ahora todo lo que tenía que hacer era encontrar una
explicación plausible sin dar a conocer la verdad.

¿Por qué la vida tenía que ser tan complicada?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo ocho

Daniel se presentó a trabajar al día siguiente para ver al


productor, Winston Arrow, caminando junto a su silla. Las cejas
del hombre estaban bajas, con la cara llena de
consternación.

Era viernes, y no estarían filmando este fin de semana. El


chico debería de estar feliz. Habían trabajado duro toda la
semana y todo el mundo estaba esperando los dos días de
descanso.

Caminando hacia Simon, uno de los adolescentes


protagonistas, Daniel le preguntó: —¿Qué le sucede? —
Señaló con la cabeza a Winston.

Simon se encogió de hombros, pareciendo indiferente. —


Barry no se ha presentado a trabajar. Se suponía que iban a
empezar a rodar hace una hora y creo que Winston va a
explotar en cualquier momento.

Daniel recordó al chico alto y desgarbado. Todo en lo


que Barry había estado hablando era en que se convertiría
en estrella de cine. El hombre consideraba que esta era su
gran oportunidad. Daniel tenía serias dudas de que el hombre
la dejaría a propósito. —¿Alguien ha llamado a su casa?

—¿Cómo infiernos voy a saberlo? —Simon tomó una taza


de chocolate caliente de la mesa y se fue. Daniel se quedó
allí, mirando al hombre con incredulidad. Sabía que Simon
era un imbécil por la forma en que el chico había estado
actuando, pero él no sabía que el hombre fuera tan
insensible.

El estómago de Daniel se torció en nudos cuando vio a


Ares hablando con Chauncey. Esto no podía ser bueno. No

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
sólo Chauncey estaba allí, sino también los trillizos Lakeland:
Olsen, Gavin, y Bryce.

Bryce tenía a su hija envuelta como una momia y Gavin


tenía a su hermano pequeño Cole de la mano. Daniel se
quedó allí y estudió a los hermanos por un momento,
deseando haber nacido en esa familia en lugar de donde
había nacido con Constantinople. Los osos parecían tan a
gusto.

Él apostaba que ninguno de ellos tuvo una vida


complicada.

—Trae tu culo aquí, Daniel —Chauncey gritó mientras


sonreía ampliamente—. ¿O eres una estrella de cine
demasiado grande para hablar conmigo?

Daniel puso los ojos en blanco mientras se acercaba al


grupo. —Sí, ¿no ves mis grandes guardaespaldas detrás de
mí? Y no fotos por favor —dijo Daniel acercándose a ellos.

Los cinco hombres se rieron, pero el único sonido que


Daniel oyó fue la ronca risa de Ares. Lo que no daría por estar
a solas con el hombre en este momento... desnudo.

Metiendo las manos bajo las axilas, Daniel comenzó a


moverse en su lugar. Eso era lo único que no le gustaba de la
película. La temperatura descendía por la noche y Daniel se
congelaba.

—Hemos venido a verte actuar —dijo Bryce con una


traviesa sonrisa—. Ahm me hizo prometer que te grabaría en
mi teléfono.

Daniel se inclinó hacia un lado, listo para decirles a los


cuatro hombres que se fueran a su casa cuando se topó con
Ares. Se dio la vuelta, casi cayéndose de culo cuando Ares
extendió la mano y lo sostuvo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Ten cuidado. —Ares dio a Daniel una mirada que le dijo
que tenía sexo en la cabeza.

Daniel asintió aturdido cuando sus ojos cayeron a los


labios del hombre. —Sí, está bien.

—Me parece que Daniel está enamorado —Chauncey


bromeó—. Mira cómo se sonroja.

Daniel quería golpear al hombre. Él se avergonzaba muy


bien solo. No necesitaba los comentarios del público.

Él entrecerró los ojos hacia Chauncey. —¿No deberías


estar en casa detrás de Curtis?

Chauncey resopló. —No me puedes avergonzar, hombre.


Yo admito ante cualquiera que escuche que Curtis me azota.

¿Cómo iba a insultar a un hombre que no podía ser


insultado? Daniel se dio por vencido y se fue.

—Ah, vamos, amigo. Me comprometo a mantener mi


boca cerrada... principalmente —dijo Chauncey. Daniel
siguió caminando. Conocía demasiado al oso. Chauncey
tenía la mala costumbre de abrir la boca en los momentos
más inoportunos.

—¿Estás listo para decirme lo que está pasando? —Ares


preguntó cuándo alcanzó a Daniel.

«En realidad no».

—¿No puedes esperar hasta después del trabajo? —


Porque Daniel aún no había encontrado una razón lo
suficientemente buena para darle. Después de colgar con
Ares anoche, había pensado en un montón de excusas. Pero
ahora que estaba frente al hombre, todos parecían flojos. No
sabía qué decirle al chico.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares agarró a Daniel por su brazo, evitando que se
alejara. —No tienes que decirme si no quieres. Podemos
mantener lo que pasó entre nosotros como un secreto y
actuar como si nunca hubiera ocurrido.

Esas palabras cortaron a Daniel por la mitad. ¿Es eso lo


que quería Ares? Él sacó su brazo y se reunió con Vick. Daniel
no estaba seguro de por qué las palabras de Ares le
molestaban tanto. Apenas conocía al hombre. ¿Por qué
debería importarle si Ares quería fingir que nunca habían
dormido juntos?

—Espero que no hayas venido aquí a gritarme —dijo Vick


a Daniel—. No soy un hacedor de milagros. No es mi culpa
que el maldito muchacho no se presentara.

Daniel no tenía idea de lo que Vick estaba hablando. Y


no lo le importaba. Con tal de que Daniel no tuviera que ver
a Ares por otro segundo. Aparte de su padre, nadie había
enfurecido a Daniel tanto.

Quería golpear algo.

Preferiblemente a Ares.

Daniel gimió de frustración al ver a Bryce en dirección a


él. No quería hablar con nadie en este momento.

Bryce se acercó a él con cautela. Daniel podía ver la


duda en Los ojos grises del hombre. —Sabes que estábamos
bromeando, ¿verdad?

Daniel se apoyó contra la pared de la tienda de muebles


de fabricación casera, luchando contra la necesidad de
gritar. Tenía que hacer que las palabras de Ares no le
dolieran. Tenía asuntos más importantes de qué preocuparse.
Dejar que sexo de una noche le enojara era estúpido.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Tomando una respiración profunda, Daniel la dejó
escapar lentamente. Le sonrió a Ashayla y golpeó su
pequeña nariz con la punta de su dedo. —Deberías llevarla a
casa. Está muy frío aquí afuera.

Bryce se rio. —Ella tiene cincuenta capas de ropa. Creo


que ni los vientos árticos le afectarían ahora. Además, es
medio oso. Su temperatura es un poco más alta.

Ella no era la única que se sentía acalorada en estos


momentos. Pero entre más Daniel se quedaba allí, más se
calmaba. Y pensar que había estado desesperado por
escuchar la voz de Ares. Daniel quería golpearse en la
cabeza por ser tan idiota.

—Realmente nos sentimos orgullosos de ti por este logro


—Bryce dijo cambiando a Ashayla de un brazo al otro—. Pa
planea tener una gran cena el domingo en tu honor. Sé que
solo puedes beber carmesí, pero todos estaremos allí.

La mandíbula de Daniel se cayó. —Por favor, dile que no


lo haga. —Los osos ya habían hecho tanto por él. No quería
que todos dejaran sus cosas.

—Es un hecho.

Daniel vio a Catherine, otra de las actrices adolescente,


dirigirse hacia él y sabía que era hora de volver al trabajo. Le
gustara o no, se encontró buscando a Ares. Vio al guapo
hombre hablando con Winston y un anhelo brotó en su
interior. Daniel podría estar tan enojado como quisiera, incluso
maldecir el nombre del hombre. Pero no podía negar lo que
sentía.

Sólo sabía que iba a terminar con el corazón roto para


cuando Ares dejara el pueblo.

83
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

—¿Te importaría cuidar a Cole mientras que Luke y yo


vamos al cine?

Daniel levantó la vista de un libro que había estado


leyendo para ver a Pa de pie en la puerta de su dormitorio.
Era muy consciente de que Pa y Luke rara vez salían por una
noche. Aunque Pa había entregado una gran parte de las
responsabilidades del rancho a su hijo mayor, Riley, el hombre
aún trabajaba demasiado. —Por supuesto.

De todos modos no era como si Daniel tuviera algo que


hacer en un sábado por la noche. Todo el mundo parecía
tener planes, excepto él. Por lo menos, él y Chance habían
salido a hacer las compras antes.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Pa. —Gracias. No


tardaremos mucho. Le hubiera dicho a alguno de sus
hermanos que lo cuidaran, pero todos parecían estar
ocupados. —El hombre hizo una mueca que hizo que Daniel
sonriera.

Dejando su libro a un lado, Daniel bajó las escaleras y se


detuvo en seco cuando vio a Chauncey en cuatro patas,
gruñendo y persiguiendo a Cole. El niño gritaba mientras
corría. El pequeño cerdo, Bacon, corría detrás de Cole, como
si tratara de protegerse del feroz oso. No se podía negar el
gran amor en la casa.

Daniel pasó a Luke, dándole una cálida sonrisa. Tan


pronto como Daniel levantó a Cole, parecía que la casa se
vació, incluso Bacon desapareció. —Parece que sólo somos
tú y yo, pequeño. Nunca he cuidado niños antes, así que sé
tranquilo conmigo.

84
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel llevó al niño a la habitación de Cole. No estaba
seguro de cómo entretener a los niños.

—¡Quiero jugar a los piratas!

Está bien. —¿Hay que ir a comprar un barco pirata? —


Daniel bromeó.

Cole se rio mientras negaba con la cabeza. Daniel vio


cómo el pequeño muchacho corrió hacia el armario y sacó
una linterna de alta resistencia. —Tenemos que apagar todas
las luces y buscar un tesoro.

Daniel tenía miedo a la oscuridad. Pero podía soportarla


por Cole. El chico parecía tan emocionado y Daniel no quería
arruinar la diversión del pequeño.

La linterna parecía ser una fuente de entretenimiento


para Cole. El niño dirigía el haz luminoso hacia el techo y
luego a su cara haciendo muecas.

Daniel se rio. —¿Por dónde quieres empezar?

El chico se rascó la barbilla, como si estuviera pensando


profundamente y luego sus ojos se iluminaron. —¡El ático!

Daniel nunca había estado allí antes. Para ser honesto, ni


siquiera sabía que había un ático en esta casa. —Como no sé
dónde está la entrada al ático, tendrás que abrir el camino.

Cole saltó delante de Daniel, el rayo de luz rebotaba en


las paredes mientras se dirigían hacia el pasillo. Sonrió ante los
pequeños pasos que Cole daba. El muchacho estaba en la
búsqueda de este tesoro con maravilla infantil. El pequeño se
deslizó lentamente, dirigiendo el haz a cualquier cosa y a
todo.

—¿Crees que hay oro en la casa? —Cole preguntó con


un entusiasmo que tenía a Daniel asombrado de su confiada

85
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
inocencia. Sólo le recordó lo verdaderamente jodido que
había sido su propia infancia.

No hubo ni un momento en su vida cuando el miedo no


fue un compañero constante. No recordaba jugar ni explorar
su casa de la infancia. Daniel había temido a su padre
durante todo el tiempo que podía recordar.

Envidiaba el asombro con que Cole abría los ojos al


mundo.

—Creo que podrías encontrar algo. —Daniel sintió una


astilla de emoción correr a través de él. La idea de explorar el
rancho Lakeland en busca de oro le atraía en niveles que no
podía entender.

Sabía que era sólo un juego, pero comenzó a ver la


aventura a través de los ojos de Cole.

Daniel señaló una planta en una maceta que estaba al


final del pasillo. —Hey, compañero. Creo que puede haber
enemigos detrás de esos arbustos.

Cole agarró una escoba que estaba apoyada en la


pared junto a una cesta llena de ropa. —Tengo mi espada.
Yo te protegeré.

La fiereza en el rostro de Cole le llegó a Daniel. Era sólo un


juego, pero el profundo ceño, le decía que el niño lo
protegería contra sus enemigos imaginarios.

—Mantén la fortaleza. Tengo que ir a buscar mi espada.


—Daniel corrió a su dormitorio y tomó el cepillo de su
cómoda. Era la única cosa en su habitación que estaba
remotamente cerca de un objeto en forma de espada.

Tap-tap-tap

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
La sangre de Daniel se quedó helada al oír el ruido-
demasiado-familiar. Dejó caer el cepillo y corrió por el pasillo,
pero no vio a Cole en ningún lugar. Daniel cerró los ojos
mientras su cuerpo comenzaba a temblar. —Cole —gritó.

Nada.

El pánico comenzó a formarse. Daniel estaba


acostumbrado al abuso del hombre. Cole era joven e
inocente, crecía en una familia amorosa. Él no sabía nada
sobre el mal que acechaba afueras de la puerta. Daniel tenía
que ayudarlo.

Se tensó cuando su padre apareció de repente frente a


él. Vaciló mientras un escalofrío recorría su columna. El aire
que venía con Magnum era verdaderamente aterrador. —
Puesto que decidiste huir, estoy a punto de arruinar tu vida,
niño.

Magnum le abofeteó con tanta fuerza que Daniel se


estrelló contra la pared. Él agarró la parte delantera de la
camisa de Daniel, éste se tambaleo hacia adelante hasta
que su nariz estaba a escasos centímetros de distancia de
Magnum. —Vas a lamentar haber huido de mí.

Daniel gritó cuando Magnum le cortó con un cuchillo la


palma de su mano. —No te vas a curar tan fácilmente de esa
herida.

Tan rápido como Magnum había aparecido,


desapareció. Daniel acunó la mano contra su pecho,
luchando contra el mareo mientras se ponía de pie. Tenía
que encontrar a Cole. Tropezando por el pasillo, Daniel vio un
pequeño bulto justo fuera de la habitación de Chauncey.

Corrió rápidamente al cuerpo inmóvil de Cole, cayendo


de rodillas. Temiendo lo peor, Daniel comenzó a revisar al
niño, buscando heridas. Imágenes de Magnum golpeándolo

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
de pequeño con el bastón le hizo buscar en las piernas del
niño. Alivio lo inundó mientras contemplaba la piel impecable
del niño. Pero aún no podía entender por qué Cole estaba
inconsciente.

—¿Qué demonios estás haciendo?

La cabeza de Daniel giró al oír el fuerte tono de Pa. La


hostilidad era espesa en el aire cuando el hombre cambió a
su forma de oso y fue tras Daniel. Le dio a Cole un último
vistazo y vio lo que Pa había visto. Cole estaba allí inmóvil, la
sangre de Daniel por toda la ropa del pequeño niño.

Un nudo se formó en su garganta ante la equivocada


suposición, pero sabía que Malcolm no escucharía en estos
momentos. Sin otra opción, Daniel dispersó sus moléculas y
huyó.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo Nueve

Ares simplemente estaba por entrar en la cama cuando


oyó que algo golpeó la puerta de su dormitorio. Frunció el
ceño, cruzó la habitación y abrió la puerta, encontrando a
Daniel cayendo contra el marco.

Un gruñido salvaje vibró en su garganta cuando vio la


sangre en la ropa de Daniel. Sin pensarlo, Ares tomó al
hombre y pateó la puerta que se cerró detrás de él. Colocó a
Daniel en la cama, revisando el cuerpo del hombre
buscando heridas. Lo único que encontró fue un corte
profundo en la palma de la mano de Daniel.

El ver al hombre yaciendo allí vulnerable, sus ojos


revoloteando como si estuviera en estado de shock, despertó
algo en Ares que ni siquiera sabía que tenía dormido. Quería
proteger al hombre...

Y buscar venganza contra la persona que le había hecho


daño a Daniel.

Sólo había conocido al hombre por un corto tiempo, pero


Ares no podía pensar en nada que Daniel podría haber
hecho para merecer ese cruel ataque. —¿Cómo te sientes?
—Ares le preguntó a Daniel, cuando finalmente lo miró.

El dolor en los ojos de Daniel desgarró a Ares. Nunca


había visto a nadie verse tan asustado. Apartando el largo
cabello negro, Ares pasó su dedo ligeramente por la
mandíbula de Daniel. —¿Qué pasó?

Daniel se apartó de Ares y pudo ver que el hombre


apenas se sostenía. ¿Qué demonios le había pasado?

—¿Daniel?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—No sabía adónde ir —susurró Daniel.

—Hiciste lo correcto. —Ares agarró una toalla, la


humedeció en el cuarto de baño, y limpió la herida en la
mano de Daniel. Era un corte limpio y Ares tenía la sensación
de que fue hecho a propósito. No estaba seguro de cómo lo
sabía, pero el peso se asentaba en sus entrañas.

—Sólo descansa. —Daniel no parecía que pudiera


responder ninguna pregunta en este momento y Ares no
quería presionarlo. Quizás si el chico conseguía descansar un
poco, le respondería después.

Puesto que no sabía casi nada acerca de Daniel,


posiblemente Ares, estaría comprando problemas al
ayudarle. Pero, de nuevo, no veía a Daniel como el tipo que
coquetea con el peligro.

—Él piensa que yo...

Ares frunció el ceño ante la quebrada voz de Daniel. —


¿Quién piensa que hiciste qué?

Daniel se sentó y pasó la mano ilesa por el cabello. —No


importa. —Dio un profundo suspiro—. Nada realmente
importa ya.

—Wow, ¿a dónde vas? —Ares puso una mano sobre el


hombro de Daniel cuando el hombre trató de ponerse de
pie—. No te ofendas, pero te ves como la mierda.

—No puedo quedarme aquí. —Daniel rozó la mano de


Ares apartándola—. No voy a dejar que te haga daño. —La
última parte fue dicha tan bajo que Ares casi no logra atrapar
las palabras. Era obvio que Daniel estaba huyendo de
alguien. La mirada de terror en sus ojos lo decía todo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Puedo cuidarme. —Ares se puso delante de Daniel
para evitar que se marchara—. Sé que prácticamente somos
unos desconocidos, pero quiero ayudar.

Daniel miró a Ares con confusión. —¿Por qué?

Ares sacudió la cabeza. El hombre parecía como si un


acto de bondad le fuera extraño. —Porque esto es lo que yo
hacía antes. —Agitó su mano alrededor de la habitación—.
Tengo un título de nivel de doctorado en psicología con una
licenciatura en biología.

Daniel miró boquiabierto a Ares. —¿Eres un loquero7?

Ares asintió.

—¿Por qué renunciaste a eso?

Eso era algo de lo que Ares no quería hablar. Los


recuerdos eran demasiado dolorosos y ahora él estaba más
preocupado por Daniel.

—¿Qué te pasó en la mano? —Ares desvió la pregunta


con otra pregunta.

—Me corté al afeitarme. —Daniel le dio una sonrisa débil.


Pero no logró que llegara a sus oscuros ojos. De nuevo esa
mirada de susto. El instinto de protección se encendió en
Ares, una vez más. Él era muy bueno detectando una
mentira, y Daniel estaba mintiendo.

—Quédate esta noche. —Ares quería mantener a Daniel


fuera del peligro. Si Daniel estaba viviendo en un mal lugar,
quería al menos ofrecerle una noche de refugio seguro—.
Nada de sexo. No hay presión. Sólo descansa.

Ares cerró el paño húmedo en la mano cuando parecía


que Daniel iba a rechazarlo. No quería mantener a Daniel
7
Shrink, forma coloquial para referirse a los psiquiatras.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
aquí en contra de la voluntad del hombre, pero no iba a
permitir que saliera de nuevo al peligro.

Daniel cedió. —Está bien.

El hombre parecía completamente derrotado. Ares lanzó


el paño a la cesta en la esquina antes de sentarse en la
cama junto a Daniel. —Sólo quiero que sepas que si necesitas
a alguien con quien hablar, estoy aquí para ti.

—Gracias, pero sólo necesito dormir un poco. —Daniel se


quitó los zapatos y se acurrucó en la cama, dándole la
espalda a Ares. Ares iba a tocar a Daniel, para calmarlo, pero
apartó la mano en el último segundo.

«Sólo déjalo ir».

Pero Ares no pudo.

Eres quien falla de nuevo . Ares gruñó para sí mismo.


Independientemente de lo que sucedió en el pasado, no
podía darle la espalda a Daniel. No estaba en su
composición genética. Ayudar a otros que estaban en
necesidad estaba tejido dentro de él.

Pronto Ares escuchó un ronquido suave y supo que Daniel


se había quedado dormido. Se puso de pie y se acercó a su
maleta; soltando el bloqueo, abrió la tapa. Enterrado debajo
de sus ropas estaba una fotografía que Ares no miraba con
demasiada frecuencia, pero la mantenía con él por un
sentimiento de culpa.

¿Cómo podría ayudar a Daniel cuando apenas era


capaz de ayudarse? Los recuerdos de hace mucho tiempo lo
asaltaron, y cerró los ojos, apretando los dientes.

El único paciente que no pudo salvar había destruido la


creencia de Ares en la humanidad. No porque él fuera lo
suficientemente arrogante como para pensar que podría

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
salvar el mundo. Sino porque Clyde había llegado a Ares en
busca de ayuda, pidiendo ser salvado.

Pero al final, Clyde había masacrado a su familia y luego


se había suicidado. Ares aún podía sentir el olor de la sangre y
ver los cuerpos. La culpa lo carcomía como una herida
abierta. Echó un vistazo a la fotografía de la hija de siete años
de Clyde y sintió el dolor de nuevo, como si hubiera sucedido
ayer.

—¿Ares? —Daniel dijo su nombre con un temblor—.


¿Podrías... podrías dormir a mi lado?

Empujando la imagen al interior, Ares cerró la maleta y


luego se metió en la cama. Daniel necesitaba seguridad y
eso era lo que iba a proporcionarle. Jaló a Daniel más cerca,
envolviendo sus brazos alrededor del hombre y apoyando la
barbilla en la cabeza de Daniel.

—Dulces sueños —dijo Ares en silencio cuando oyó los


suaves ronquidos una vez más.

—Simplemente no tiene ningún sentido —dijo Chauncey


mientras miraba a Cole, finalmente había despertado
después de haber estado inconsciente durante unas horas—.
Daniel nunca le haría daño.

Tanto Malcolm como Luke le habían preguntado a Cole,


pero lo único que el niño había dicho era que él y Daniel
estaban jugando a los piratas y luego le dio sueño. No
recordaba nada después de eso.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Yo sé lo que vi —dijo Pa. Chauncey podía decir que el
hombre estaba en una pendiente asesina, balanceándose
en el camino a seguir.

—Pero Cole no tiene ninguna marca en él —Chauncey


señaló—. Esa era la sangre de Daniel. Algo no está bien y voy
a llegar al fondo de esto.

Por mucho que amaba a su padre, el hombre no estaba


siendo razonable en este momento. Chauncey entendía
completamente la protección a sus crías, pero los hechos
simplemente no cuadraban. Sabía que Daniel estaría
filmando esta noche, y Chauncey planeaba estar allí.

—Mi hermano nunca le haría daño a un niño —defendió


Raven, el hermano mayor de Daniel.

—Entonces, ¿por qué no se quedó? ¿Por qué huyó? —


preguntó Pa.

Chauncey resopló. —Quizás porque cambiaste y fuiste


tras él. Ningún hombre en su sano juicio se quedaría a
defenderse contra un gran oso enojado.

Chauncey se negaba a creer que Daniel le haría daño a


un niño inocente. En cierto modo, Daniel era aún inocente. Él
miraba el mundo con asombro con sus ojos muy abiertos, un
rasgo que la mayoría de los hombres perdían cuando
llegaban a la edad adulta.

Cuando Malcolm salió de la cocina, Chauncey miró a


Raven. —No hay un historial de enfermedad mental en tu
familia, ¿verdad?

Raven arqueó una ceja. —Ninguno de nosotros heredó la


locura de nuestro padre. —Raven frunció el ceño—.
Simplemente no lo entiendo. Daniel es la última persona que
haría algo como esto.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Chauncey estaba totalmente de acuerdo.

Daniel abrió los ojos y no podía recordar dónde estaba.


Ese no era su antiguo dormitorio. Magnum nunca permitiría el
papel tapiz de flores ni las cortinas de encaje que colgaban
de la ventana.

Daniel vio el arte barato en la pared y la acogedora


chimenea apagada.

Sintió una sensación de calor en la espalda y luego todo


le llegó de nuevo.

Ares.

Levantando la mano, Daniel vio que la herida no había


sanado.

Lo que había usado Magnum evitaba que su cuerpo


hiciera que la línea dentada desapareciera. Aún era cruda,
rosa y fruncida.

Ares se movió y luego pasó el brazo sobre el lado de


Daniel. La dureza de su pecho presionando la espalda de
Daniel. Su vida se iba al inodoro y sin embargo, en lo único
que podía pensar en ese momento era en tener a Ares
dentro de él.

«Uff, estoy tan jodido».

El hombre jaló a Daniel más cerca, sus cuerpos fusionados


juntos. Daniel podía sentir la erección de Ares presionándose
contra su espalda. Cuando Daniel se giró, Ares bajó su boca y
besó a Daniel lentamente. Gemidos diminutos escaparon

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
cuando sus labios se encontraron con una pasión que tenía a
Daniel temblando en los brazos del hombre.

Daniel realmente quería decirle a Ares lo que estaba


pasando, pero con la boca del hombre en la suya la única
cosa que podía pensar en ese momento era el sexo. Su padre
estaba afuera para destruirlo, pero todo lo que Daniel quería
era un momento de respiro.

En los brazos de Ares, Daniel se sintió seguro.

Querido.

Importante.

La punta de la lengua de Ares se enredó con la de Daniel


y todo lo que Daniel pudo hacer fue deleitarse con el sabor
del hombre. Ares gimió en la boca de Daniel mientras las
manos de Daniel se movían sobre el enorme pecho de Ares.
Daniel quería placer. Quería olvidar.

Gimió cuando Ares puso un musculoso muslo entre sus


piernas. Chupando aire, Daniel apretó los dientes al sentir el
muslo de Ares aplastando sus bolas. Maldición, Daniel estaba
tan duro que podía estallar.

El hombre era el paraíso. Quizás no era un pedazo para


que Daniel lo reclamara para siempre, pero con una
pequeña parte podría inundarse. Mientras Ares besaba a
Daniel, su amante deslizó sus fuertes manos por el cuerpo de
Daniel deteniéndose en su culo.

Daniel al instante estaba duro.

Ares jaló el culo de Daniel suavemente, lo suficiente para


hacer que el cuerpo de Daniel doliera por más. Mientras Ares
volvía a Daniel loco, los besos del hombre se hacían más
posesivos. Se sentía como si se estuviera ahogando en su
amante.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares pasó un dedo ligeramente por la mejilla de Daniel.

—Quiero hacer el amor contigo.

Eso era exactamente lo que Daniel quería. Lentamente,


Ares sacó la camisa de Daniel sobre su cabeza y la arrojó a
un lado. Sus manos exploraron el pecho de Daniel mientras
besaba ligeramente la mandíbula de Daniel. No podía creer
la intensidad con la que Ares lo miraba. Esa mirada era
inquietante y llena de pasión al mismo tiempo.

Magnum quería volver a todos en contra de Daniel. Rezó


febrilmente para que Ares nunca lo viera con desdén. Eso lo
aplastaría. Ares empezaba a significar mucho para Daniel.

—No puedo dejar de saborearte. —Ares gruñó contra el


cuello de Daniel—. Es como una combinación de especias y
miel.

Daniel echó la cabeza hacia atrás mientras permitía que


el hombre lo mordisqueara. La barba de Ares raspaba su piel,
aumentando el placer haciendo que Daniel sintiera
escalofríos.

—Tómame.

Ares desechó su ropa y luego envainó su erección. Daniel


no perdió tiempo en conseguir quitarse los pantalones. El peso
del hombre lo presionó contra el colchón antes de que
entrara en el cuerpo de Daniel. Éste se quedó sin aliento
mientras Ares lo llenaba.

Perfectamente.

Completamente.

Empujón tras empujón, Ares se deslizó en el interior de


Daniel hasta que se retorcía de placer. —Eres tan hermoso,
asombroso —Ares susurró al oído de Daniel.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel cerró los ojos y rezó para que esto durara para
siempre. No quería separarse de Ares de nuevo. Pero sabía
que era una tontería soñar. Tan pronto como la película
terminara, Ares y el resto del equipo harían las maletas y
saldrían del pueblo.

Dejando a Daniel con el corazón roto.

El placer que Ares le daba eclipsaba ese pensamiento.

Ares separó las piernas de Daniel más mientras se


empujaba más profundamente. Daniel gritó, su pene tan duro
que le dolía.

Cuando Ares tomó la erección de Daniel y comenzó a


acariciarla, Daniel se estremeció. —¡Ares! —Su clímax le
llegaba y sólo creció en fuerza cuando Ares se empujó más
duro. Y luego, en un abrir y cerrar de ojos, Ares los rodó hasta
que Daniel estuvo sentado encima del hombre.

—Móntame, bebé. —Las fuertes manos de Ares acunaron


la mandíbula de Daniel y lo jaló hacia adelante hasta que sus
labios se fundieron juntos. Sus lenguas y dientes chocaron
antes de que Ares agarrara las caderas de Daniel y
empezará a moverlo hacia arriba y abajo de su gruesa
erección.

Daniel se sorprendió cuando los ojos de Ares rodaron


hacia la parte posterior de la cabeza. Los ojos del hombre
tenían una mirada de pura felicidad. Daniel tomó el control y
movió su cuerpo, pero no duró mucho tiempo. Pudo ver que
Ares estaba cerca del borde. El hombre agarró sus caderas
una vez más y comenzó a alimentar el culo de Daniel.

Con unos cuantos golpes bien situados, Ares estaba


gritando el nombre de Daniel. Cayó contra el pecho de Ares,
jadeando con fuerza. Sintió la repentina liberación cuando
Ares lo soltó. Ares miró a Daniel con una mirada tan intensa,

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
que era un milagro que no se rompiera bajo el peso de la
misma.

El hombre se carcajeó. —Realmente eres una adicción.

El darse cuenta de eso golpeó a Daniel como una


tonelada de ladrillos. Él estaba enamorando de Ares.

Y era más que probable que Magnum fuera a destruir su


incipiente romance.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo diez

La garganta de Daniel ardía de hambre. No había vuelto


al rancho de los Lakeland en varios días. Cada vez que veía a
uno de los osos, Daniel se aseguraba de evitarlos. Chauncey
insistía en tatar de hablar con él, pero estaba aterrorizado de
que su amigo le dijera algo que podría romperlo.

Así que evitaba al hombre como la peste.

Peor aún, Ares había comenzado a tratar a Daniel como


si fueras de cristal. Eso era la última cosa que quería que el
hombre hiciera. No quería la compasión de nadie.

Daniel quería que su padre saliera de la faz de la tierra.

No sería agradable...

Y encima de todo eso, el maldito sol había comenzado a


pasar a través de las cortinas de encaje, lo que le obligó a ir
al cuarto de baño. Finalmente Daniel comenzó a sentirse
adormilado por la falta de comida y estaba empezando a
caer. Se sentía un poco desorientado y lento.

Ares estaba afuera dormido.

Debería de ser agradable .

Renunciando a pasear, Daniel entró en la bañera e hizo


todo lo posible por sentirse cómodo. Lástima que no había
pensado en traer una almohada con él. La bañera estaba
fría e hizo que Daniel temblara mientras cerraba los ojos.

—¿Qué estás haciendo ahí? —preguntó Ares.

Los ojos de Daniel se abrieron de golpe al oír el tono


mordaz de Ares. Levantó la vista hacia el hombre al verlo allí

100
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
de pie con la cabeza inclinada hacia un lado y sus cejas
juntas.

—¿Ejercicio para la espalda? —Daniel respondió. Podía


ver que Ares no le creía.

—¿Hay alguna razón para que no quieras dormir


conmigo en la cama?

Ares se acercó más, colocándose en cuclillas junto a la


bañera. Él estaba usando esa voz suave de nuevo, la que le
decía que estaba tratando a Daniel como algo frágil.

—No, solo que no puedo estar en la luz del sol —le dijo
Daniel cuando su nariz se dilataba. No le gustaba la forma
como el hombre lo estaba tratando. Al infierno con él—. Y si
realmente quieres saber; me mantengo lejos de ti, porque no
quiero que la urgencia me haga morder tu jodida yugular.

Los músculos de Daniel temblaban mientras sus fosas


nasales se dilataban. Podía oler la sangre de Ares corriendo
por sus venas y Daniel quería saborearla. ¿Por qué no podía
Ares haberse quedado en el dormitorio? ¿Por qué tenía que
traer la tentación a Daniel?

—Eso explicaría muchas cosas —dijo Ares. Su tono era


ligero. Había esperado que Ares saliera corriendo a la
habitación, pero el hombre seguía en cuclillas junto a él, con
un brillo de curiosidad en sus ojos azul pálido.

—¿No me temes? —Daniel no estaba seguro de qué


pensar. Había querido decirle la verdad a Ares. Los últimos
días habían sido una tortura. Estar junto a Ares y oler su sangre
estuvo malditamente cerca de volverlo loco. Y aunque el
hombre lo estuviera tratando como de cristal, Daniel no tenía
a nadie en estos momentos. Sería bueno tener a una sola
persona en su esquina.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Déjame ir a cubrir las ventanas y luego hablaremos de
que seas un vampiro. —Ares salió del baño, cerrando la
puerta tras de sí.

La mandíbula de Daniel cayó. Si hubiera sabido que Ares


se tomaría la noticia de esa manera, no habría esperado
tanto tiempo para decirle. Una parte de él estaba esperando
que Ares cruzara la puerta con una estaca o agua bendita
en la mano, listo para destrozar su culo y prenderle fuego.

Pero eso no sucedió.

—Está bien, puedes salir —dijo Ares desde la otra


habitación.

Saliendo de la bañera, Daniel agarró la manija de la


puerta y luego se detuvo. ¿Qué si Ares no había cubierto
adecuadamente las ventanas? Estaba poniendo su vida en
las manos del hombre. Dejando escapar un ruido de
agitación, Daniel abrió la puerta, cerró los ojos, y se acercó...
a la pared. —¡Ay!

Una carcajada llenó los oídos de Daniel antes de que


Ares estuviera a su lado. Agarró a Daniel por la cintura y
examinó su frente. —¿Por qué infiernos hiciste eso?

Daniel iba a responder, pero las palabras se atoraron en


su lengua. El aroma fresco y varonil de la piel y el cabello de
Ares llenó sus pulmones. Dios, él olía bien, tan malditamente
bien.

—Vamos, Daniel. —Ares lo jaló hacia adelante—. Juro


que el sol no te llegará.

Poniendo su confianza en un hombre al que apenas


conocía, Daniel dejó que Ares lo apartara de la seguridad del
baño. Fiel a su palabra, las ventanas estaban cubiertas. Una

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
tenía el edredón mientras que la otra... Daniel inclinó la
cabeza. —Yo ni siquiera te oí mover ese gran armario.

Ares le guiñó un ojo. —Soy muy bueno.

Muy atractivo sería lo correcto. Pero Daniel no lo dijo en


voz alta mientras vagaba por la habitación. Gracias a Dios
que pudo dejar el baño. El baño era agradable, para una
ducha, pero solo para eso.

Ares se giró hacia él, esos mechones oscuros cayeron


sobre sus ojos cuando le dio a Daniel una traviesa sonrisa. —
Ahora, ¿qué era lo que estabas diciendo sobre morderme?

Un rubor subió a lo largo de las mejillas de Daniel. ¿Por


qué parecía que Ares quería que Daniel lo mordiera? Aparte
de ir al Manacle8 en alguna ocasión, Daniel nunca había visto
a nadie prácticamente rogar con sus ojos ser alimento.

—Para ser honesto, nunca he bebido de la vena. —


Gracias a Dios por el carmesí. Antes de eso, sus hermanos
siempre le habían dado a Daniel la sangre en una taza.
Daniel era uno de esos raros vampiros que consideraban
desagradable morder a las personas.

Una de las gruesas cejas de Ares se arqueó. —¿Nunca?

Daniel negó con la cabeza. —No. Eso, si no tomamos en


cuenta la vez que mordí a Raven. Pero eso fue sólo porque mi
hermano estaba luchado conmigo y me tenía en el suelo y
no me soltaba.

Ares se reía mientras agarraba a Daniel por la cintura,


jalándolo más cerca. —Hmm, quizás podrías practicar en mí.

La idea era atractiva. Y Daniel estaba muriéndose de


hambre. Nunca había pasado tanto tiempo entre las tomas

8
The Manacle, mancuernas, esposas como es el nombre del club se deja el original

103
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
antes. Su estómago estaba cerrado y sentía la garganta
seca. Sus dientes le dolían por hundirse en Ares y tomar su
ración.

Pero...

—No puedo. —Daniel se echó hacia atrás, cerrando sus


manos en puños. Arrugó la nariz ante la idea de morder el
cuello de Ares.

—Hmm. Creo que sólo necesitas un pequeño incentivo.


—Ares se quitó su camisa por la cabeza y luego se quitó los
jeans. Se quedó allí desnudo y viéndose lo suficientemente
bueno para comerlo.

—¿Qué estás haciendo? —Daniel frunció el ceño.

La mirada de Ares ardía cuando miró a Daniel, y por un


momento temió que Ares pudiera ver más allá de sus
defensas y detectar lo mucho que el hombre lo ponía
nervioso.

Ares se acercó. Se sentía muy extraño tener un hermoso


hombre desnudo sosteniéndolo mientras Daniel seguía
completamente vestido. Pero Dios, el calor del cuerpo de
Ares calentó a Daniel en todos los lugares al sur. El aroma de
Ares era fuerte, picante..., todo masculino y todo bueno.

Entrelazando sus dedos en el cabello de Daniel, Ares lo


atrajo aún más cerca, mordisqueando el lóbulo de la oreja
de Daniel. —Ponte de rodillas —Ares susurró, el aire caliente
de la respiración del hombre hizo cosquillas a su oído—. Te
voy a mostrar cómo beber de mí en más lugares que mi
yugular.

El aliento de Daniel salió en un silbido mientras tragaba


con fuerza. Se apartó para ver los ojos de Ares y vio crudo

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
deseo en sus profundos ojos. Ares mordió juguetonamente su
mentón antes de que Daniel se pusiera de rodillas.

—Quiero que lamas cada lugar que toque con mis dedos
—Ares indicó antes de trazar con el dedo índice sus bolas.
Daniel se inclinó hacia adelante, lamiendo el saco, inhalando
el olor a almizcle. Se estremeció mientras colocaba sus manos
sobre los musculosos muslos de Ares.

—Eso es, bebé. —El profundo tono de Ares aumentó la


lujuria de Daniel. Él uso su lengua para lamerlo y saborearlo.

Ares utilizó sus dedos para levantar la barbilla de Daniel y


luego se tocó la cara interna del muslo. Inmediatamente,
Daniel comenzó a lamer la piel salada.

Gimió cuando Ares utilizó su mano libre para tomar su


cabello. Apretó con más fuerza, enviando un hormigueo por
todo el cuero cabelludo de Daniel.

—Y aquí. —Ares señaló el vértice entre la pierna y la ingle.


Daniel se moría por tomar al hombre en su boca, pero siguió
el juego con Ares. Tener a Ares diciéndole dónde lamer era
un sexual juego previo al que Daniel se estaba volviendo
rápidamente adicto.

La mano en el cabello de Daniel apretó cuando Ares


soltó un gemido.

Daniel admitió su error. Era el sonido que Ares hacía


cuando Daniel le daba placer lo que se sentía como una
droga. Él se perdía en ese sonido.

—Y aquí. —La yema del dedo de Ares se movió


lentamente desde el vértice hasta la base de su pene. Antes
de que Daniel pudiera tragar al hombre, Ares puso su puño
sobre su erección, sólo dejando al descubierto la base para
que Daniel lo saboreara.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Sintiéndose rebelde, Daniel bañó los dedos de Ares,
tratando de conseguir que el hombre liberara su miembro.

El agarre de Ares al cabello de Daniel se apretó. —No


provoques, bebé.

El pene de Daniel se sacudió. Quería sacar su erección y


aliviar la presión que estaba formándose. Pero no quería que
esto terminara tan rápidamente. Así que dejó que su lengua
recorriera los vellos oscuros.

Levantando la vista, Daniel vio que Ares lo miraba con los


ojos entrecerrados. El lado de la boca de Ares se torció en
una sonrisa sensual cuando le hizo un guiño a Daniel.

Cuando el hombre miraba a Daniel de esa forma...

La uña de Ares rozó su piel hasta que estaba rodeando la


cara interna del muslo, una vez más. Daniel a regañadientes
bajó la cabeza. Pero en vez de lamer el muslo del hombre,
Daniel chupó la carne dejando un moretón. Ares gimió
mientras empujaba sus caderas.

El olor del pre-semen de Ares volvía loco a Daniel. Él


quería saborear a Ares por primera vez. El hombre continuó
guiando a Daniel junto con sus fuertes dedos, la anticipación
por chupar el pene de Ares se construía fuerte.

Daniel se sintió como si estuviera loco de deseo. Su


erección estaba esforzándose por liberarse. Si no se corría
pronto, temía que se volvería completamente loco.

Casi gritó de placer cuando Ares guio la cabeza de su


pene a sus labios. Tomó el eje en su boca, lamiendo el claro
líquido. Mientras Daniel llevaba el pene hasta el fondo de su
garganta, el olor de la sangre llenó sus pulmones.

Daniel se quedó helado.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Tan loco como estaba en ese momento por alivio sexual,
su estómago comenzó a sufrir calambres más fuertes. Daniel
intentó bloquear el olor metálico, pero su cuerpo muerto de
hambre no se lo permitía.

—Y aquí —dijo Ares, su tono volviéndose ronco.

Los ojos de Daniel se posaron en donde Ares estaba


apuntando. Había un pequeño corte en el interior del muslo
del hombre que tenía el corazón acelerado de Daniel. Cerró
los ojos mientras se le escapaba la erección de Ares de entre
sus labios.

—Y aquí —Ares repitió. Sus dedos agarraron los mechones


del cabello de Daniel mientras giraba la cabeza de Daniel y
lo guiaba más cerca de la cara interna del muslo—. Sé que
tienes hambre. Bebe.

Daniel trató de negar con la cabeza, pero el agarre de


Ares era demasiado fuerte. Él apretó la mandíbula, tratando
de no respirar. Trató de no imaginarse mordiendo la carne de
Ares, pero la tentación era cada vez más fuerte.

«¿Por qué me permití esta hambre?»

Daniel se quedó sin aliento cuando Ares colocó una


pequeña cantidad de sangre en sus labios. Lamió la sangre,
su cuerpo deseaba más.

—Yo-yo no puedo.

Ares guio los labios de Daniel a la herida. —Sólo una


pequeña muestra, bebé.

Sacando la lengua, Daniel lamió la sangre perdida. Su


sed rugió a la vida. Daniel ahora estaba jadeando
pesadamente, su estómago se retorció en mil nudos.

—¡Muerde!

107
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Gritando, Daniel hundió sus colmillos profundamente. La
sangre de Ares al instante inundó su boca y Daniel bebió
como si se hubiera estado muriendo de hambre desde hace
años. Vagamente oyó a Ares gritar su nombre. Era como si
una niebla hubiera caído sobre Daniel y lo único que podía
pensar era en alimentarse.

Había pasado mucho tiempo desde que había tenido


algo que no fuera carmesí. La sangre sintética le daba al
cuerpo de Daniel lo que necesitaba.

Pero esto...

Tomó un trago más profundo antes de bajar la velocidad,


y lamer la herida, cerrándola. El vértigo que le había estado
acosando durante días finalmente se alivió. Daniel sintió
como si pudiera pensar de nuevo sin el hambre nublando su
mente.

Cuando la niebla se aclaró, Daniel olio el aroma de la


liberación de Ares. Abrió los ojos para ver el pene de Ares en
su puño con la mano llena de semen.

Ares soltó un gruñido profundo mientras levantaba a


Daniel y liberaba el pene de Daniel y lo giraba hasta que su
espalda estaba presionando el pecho de Ares, y luego
empezó a acariciar a Daniel rápidamente. En segundos,
Daniel estaba gritando.

—¿Mejor? —Ares dijo la palabra al oído de Daniel. El


hombre parecía estar sin aliento. El corazón de Ares estaba
golpeando ferozmente en el pecho. Ahora que ya no tenía
hambre y ambos estaban saciados, Daniel se acobardó.

¿Estaba Ares queriendo que perdiera sus sentidos? ¿Ares


estaba pensando en golpearlo porque dejó que un vampiro
se alimentara de él? Antes de poder preguntar, Daniel se
quedó sin aliento. Sintió su vínculo encajando en su lugar.

108
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
¡Ares era su pareja! ¿Por qué no había sentido la
atracción?

Al final de ese pensamiento, Ares dejó escapar un ruido


ahogado antes de caer de rodillas. Estaba acunando su
cabeza entre las manos.

—¿Qué sucede? —Daniel se arrodilló junto a su pareja,


tratando de levantar la cabeza de Ares. El hombre se apartó
de Daniel mientras un gruñido letal retumbó en su pecho.
Daniel se deslizó hacia atrás, observando cuidadosamente a
Ares—. Por favor, dime lo que está pasando.

—No lo sé. —Ares rechinó las palabras mientras se mecía


en sus rodillas—. Mi cabeza se siente como si estuviera a
punto de explotar.

El estómago de Daniel cayó al suelo. —¿Qué puedo


hacer para ayudar? —Había una fina capa de sudor en el
cuerpo de Ares. Daniel estaba perdido.

Nunca había visto a nadie reaccionar de esta manera


después de que bebieran su sangre. Quizás tenía que ir a
buscar al doctor Sheehan porque Daniel no tenía ni idea.

Ares echó la cabeza hacia atrás y comenzó a ¿aullar...?

¿Qué jodidos?

—Voy a buscarte ayuda. —Antes de que Ares pudiera


protestar, Daniel dispersó sus moléculas y corrió hacia la Casa.
Apareció en el porche en cuestión de segundos, golpeando
la puerta como un loco.

La puerta se abrió para revelar a Hawk. El comandante le


frunció el ceño. —¿Qué sucede, Daniel?

109
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Necesito al doctor Sheehan. Es mi pareja. —Daniel
tragó saliva, negándose a dejar caer las lágrimas. Odiaba
dejar a Ares, pero sabía que necesitaba ayuda.

El comandante se hizo a un lado y le permitió a Daniel


entrar, el doctor Sheehan estaba bajando la escalera y
Daniel corrió hacia el hombre, agarrando su brazo. —Tienes
que venir conmigo.

—Espera —Hawk dijo mientras levantaba su mano—. Si


esto es una emergencia extrema, Carter los aparecerá a los
dos.

Daniel estaba agradecido. No quería perder tiempo.


Necesitaba regresar con Ares. En segundos, Daniel, el
médico, y Carter estaban en la habitación alquilada de Ares.

Daniel se quedó sin aliento, con la mano volando a la


boca.

—Oh —dijo el doctor Sheehan.

Carter parpadeó hacia Ares y luego dio un paso atrás.

Esto no era bueno.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo once

Ares se sentían como si su cuerpo estuviera siendo jalado


de adentro hacia afuera. Él no tenía idea de lo que estaba
pasando y estaba realmente aterrorizado. Su cabeza ya no
se sentía como si fuera a explotar, pero aún le palpitaba
dolorosamente. Bañado en sudor, luchó para ponerse de
pie. Le temblaban las rodillas, y luego se desplomó en el
suelo. No tenía idea de lo que le estaba sucediendo. Se
sentía tan débil como un bebé recién nacido.

No estaba seguro de a dónde se había ido Daniel, pero


había sentido la pérdida inmediatamente. Dándose la vuelta
a su lado, se agarró el estómago. El dolor era insoportable, ya
que irradiaba a través de todo su cuerpo.

«¿Qué hay de malo en mí?»

Cuando abrió los ojos, se encontró que la habitación


estaba desenfocada. Todo parecía estar en blanco y negro.
Él hizo todo lo posible para abrir y cerrar los ojos y traer color a
la habitación, pero su cuerpo fue sacudido por una nueva ola
de dolor.

—Oh.

Ares levantó la cabeza y vio a tres hombres en la


habitación. Un gruñido salió de sus labios mientras se
empujaba a sus manos y rodillas.

—Ares, soy yo, Daniel. He traído ayuda.

Sacudiendo la cabeza, Ares intentó despejar su mente.


Sentía como si su instinto se hiciera cargo, enterrando quien
era Ares. Su enfoque se le escapaba y Ares luchaba contra la
niebla. —¿Qué hay de malo en mí?

111
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—No tengo una maldita idea —dijo uno de los hombres—
. Nunca he visto nada como esto.

Eso no era tranquilizador.

—¿Cómo sucedió esto? —preguntó el mismo hombre.

—Nosotros, eh... —Daniel dudó de sus palabras.

—No importa. —Ares gruñó las palabras—. Sólo piensa en


qué jodidos me pasa.

—Soy el doctor Sheehan, y un poco de amabilidad


puede ser buena. —El médico se acercó, arrodillándose junto
a Ares—. Sólo estoy tratando de averiguar cómo sucedió
esto.

—Tuvimos sexo —Daniel soltó—. Bebí de él y entonces él


cayó al suelo con dolor.

—Esto está más allá de mi experiencia —admitió el doctor


Sheehan. Agitó sus manos sobre el cuerpo de Ares—. Y estoy
bastante seguro de que el Alpha no aprobaría que lo llevará
a la Casa para examinarlo.

—No. ¿Por qué? —Daniel preguntó con pánico en su


voz—. Hay que ayudarlo.

—Necesito al doctor Carmichael en este caso. —El doctor


Sheehan se puso de pie y dio un paso atrás—. De nuevo, esto
está fuera de la esfera de mi experiencia.

El olor de Daniel inundó las fosas nasales de Ares cuando


el hombre se acercó y se arrodilló a su lado. Su mano rozó la
cabeza de Ares. —Vamos a resolver esto.

Ares alzó una mano, mostrando a Daniel largas y gruesas


garras, de color negro. —No creo que nadie me pueda decir
lo que me está sucediendo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
No se le escapó el ver que la mano y el brazo de Ares
estaban peludos. No quería pensar en eso ahora. Podía oír al
médico hablando por teléfono mientras Daniel pasaba la
mano por la espalda de Ares. El caos dentro de él parecía
calmarse con el toque de Daniel.

—Te ves tan... raro —dijo Daniel con asombro.

—Gracias —dijo Ares.

—Sólo estoy tratando de que apartes de la mente lo que


te está pasando —dijo Daniel.

—No funcionó —Ares respondió. Pero estaba agradecido


de tener a Daniel a su lado. Ares se sentó en la alfombra,
sintiendo la piel como si se estuviera quemando vivo. Él rodó
sobre su espalda, mirando el techo, deseando que el dolor
desapareciera.

—Él está en camino —dijo el médico mientras guardaba


su teléfono en el bolsillo—. Aguanta.

—Aguantar —Ares respondió—. Aunque sea doloroso.

—Lo siento, no puedo ayudarte con eso —dijo el doctor—


. Primero tengo que averiguar lo que eres. Supongo que eres
una especie de la rama de los lobos... pero no sé.

—Me alegra que hayas aclarado eso, doctor —dijo Ares


con seriedad.

El médico le sonrió. —Vaya, qué encantadora


personalidad.

—No creo que serías muy feliz si esto te estuviera pasando


a ti —Daniel defendió a Ares.

El médico frunció el ceño. —No, supongo que no lo sería.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Um, ¿está bien si me voy? —preguntó el tercer hombre
en la habitación. Ares vio las orejas puntiagudas.

«Simplemente genial. Realmente estoy perdiendo la


cabeza».

No estaba seguro de por qué había sido tan fácil aceptar


el hecho de que Daniel era un vampiro. Pero al detectar las
orejas puntiagudas del otro hombre, Ares tenía una sensación
de que había algo más en este pueblo de lo que se veía.

Ares intentó rodar hasta las rodillas. —Tengo que


refrescarme. Siento como si me estuviera quemando.

—Voy a buscar un poco de hielo —el tercer hombre


ofreció y luego... y luego... oh, mierda. Ares cerró los ojos
cuando el chico sólo desapareció saliendo de la habitación.
¿Qué diablos había pensado cuando vino a este pequeño
pueblo?

—Sólo trata de relajarte —dijo Daniel con dulzura mientras


seguía frotando la espalda de Ares—. Resolveremos todo y
estarás como nuevo de nuevo.

Ares giró la cabeza hacia él y arqueó las cejas.

Daniel se encogió de hombros, dando a Ares una rápida


sonrisa. —No soy muy bueno para las palabras de ánimo. Sólo
deja eso.

Si no hubiera estado con tanto dolor, Ares se hubiera


reído del humor seco del hombre. Simplemente no podía
entender lo que le estaba pasando o por qué su dolor se
calmaba cuando Daniel estaba cerca.

Un suave golpe sonó en la puerta. Ares se dio la vuelta a


cuatro patas con una rapidez que sabía que no poseía. Él
gruñó, el sonido se oyó amenazador a sus propios oídos.

114
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Tranquilo —dijo Daniel mientras colocaba ambas
manos sobre los hombros de Ares.

—Es el doctor Carmichael. —El doctor Sheehan le indicó


al hombre que entrara.

Tan pronto como el segundo médico cruzó la puerta, sus


cejas se alzaron. —De verdad estoy viéndolo... —Él se pasó la
mano por la frente—. Esto sin duda es una ocasión especial.

Ares se acostó sobre su espalda en la alfombra.

—¿Cómo es eso? —preguntó Daniel.

—Porque, he oído hablar de la rara raza Loup Garou9,


pero nunca he encontrado uno de su clase.

—Entonces, ¿cómo sabes que él lo es? —Daniel preguntó


dirigiendo sus dedos a través de la piel de Ares. Infierno si no
era tranquilizador.

—He estudiado muchas especies, joven. No tengo que


ver uno en vivo para saber lo que es —el doctor Carmichael
afirmó—. Sólo me dijeron que mi presencia era necesaria
inmediatamente. Pero por lo que parece por la cara de todo
el mundo, diría que todos están totalmente desconcertados.

El doctor Carmichael se acercó a Ares como si no tuviera


ningún temor en su corazón. Ares respetaba eso. Necesitaba
a alguien que supiera lo que estaba haciendo y no se
apartara para decirle qué demonios estaba pasando.

—Levántate —el médico indicó.

—Tiene dolor —argumentó Daniel.

El doctor miró a Daniel como si simplemente lo toleraba.

9
Loup Garou, hombre lobo en francés.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Lo que enojó a Ares. Tenía la sensación de que Daniel ya
tenía una jodida vida. No necesitaba a nadie hurgando en la
autoestima del hombre. Ares le dio un gruñido de
advertencia cuando se acercó a Daniel.

—Sí, sí. —El doctor Carmichael asintió—. Sé que estás


protegiendo a tu pareja. Pero estoy tratando de protegerte.
¿Sabes lo raro que eres?

—Yo ni siquiera sé qué jodidos soy —Ares gruñó—. Dale a


Daniel otra mirada condescendiente y me examinarás desde
cuidados intensivos.

—Agresividad cruda —el doctor Carmichael dijo como si


hablara para sí mismo en lugar de con Ares—. Sí, ese es uno
de los rasgos.

El doctor Sheehan se rio. —Ese es un rasgo en todos los


hombres.

El doctor Carmichael le sonrió al doctor Sheehan. —Tienes


razón en eso. —Se giró de nuevo hacia Ares—. Ahora,
necesito que te pares. Tu primer cambio es muy doloroso, lo
sé. Pero hay que luchar más allá del dolor.

Empujándose, Ares se tambaleó hacia atrás, la sala giró


antes de que Daniel pusiera una mano en su espalda,
estabilizando a Ares.

—Santa madre... —El doctor Sheehan dio un paso atrás—.


No le temo a los no humanos. La mayoría son más ruido que
nueces, pero...

Ares vio al doctor Sheehan y se dio cuenta que el hombre


se había encogido un buen medio metro. Giró la cabeza y
vio que Daniel también. El chico ya era suficientemente
pequeño. No necesitaba perder centímetros.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Tienes que estar cerca de los dos metros y medio —dijo
el doctor Carmichael con emoción—. Los pergaminos dicen
que el más grande de tu tipo grabado únicamente era de
dos veinticinco. —El hombre caminó alrededor de Ares y éste
se sintió como un fenómeno de circo.

—Eres realmente enorme —dijo Daniel mientras estiraba


el cuello hacia atrás—. ¿Cómo está el aire allá arriba?

Ares puso los ojos en blanco.

—¿Tienes sangre Cajun? —preguntó el doctor


Carmichael.

—Por parte de mi padre —Ares admitió—. ¿Por qué es tan


importante?

El doctor Carmichael ladeó la cabeza hacia un lado,


examinando de cerca a Ares. —¿Y nunca te dijo que cuando
te aparearas experimentarías tu primer cambio? —La
mandíbula del hombre se tensó—. Si él deliberadamente te
oculto eso…

—Él murió cuando yo tenía tres años —Ares interrumpió—.


La familia de mi madre me crio.

El médico frunció el ceño. —¿Y tu madre?

Ares se encogió de hombros, a pesar de que sentía la


amargura apretar su garganta.

Su padre le había dicho que su madre había muerto al


darlo a luz, pero algunos de los recuerdos de su temprana
infancia, incluía a una mujer que se parecía a las fotografías
que su padre guardaba de su madre. Él nunca había
cuestionado eso antes, pero ahora, Ares examinaría toda su
infancia, tratando de averiguar exactamente lo que había
sucedido.

117
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Murió dándome a luz.

No estaba preparado para decirle a nadie que


sospechaba que su padre le había mentido.

El doctor Carmichael le dirigió una mirada de simpatía. —


Te daré los pergaminos para que puedas estudiarlos. Pero
hasta entonces, tienes que saber que tu tipo es muy raro y
muy buscado. Por lo que he estudiado, los Loup Garou tienen
el poder de curar. Algo que sólo un lobo Omega puede
hacer, y son tan raros como tú lo eres. Cuida tu espalda.

—¿Por qué no sentí el jalón? —Daniel le preguntó al


doctor. Ares no tenía ni idea de lo que el chico estaba
diciendo.

El doctor Carmichael negó con la cabeza. —Es una


especie rara. No estoy seguro de por qué. Ares ni siquiera
sabía lo que tenía en su interior hasta que lo mordiste. Quizás
la atracción no funciona con su especie.

Ares se dio la vuelta, empujando a Daniel detrás de él


cuando la puerta de su habitación se abrió.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo doce

Maverick Brac entró en la habitación alquilada en la


posada de la Villa Brac para ver a una criatura que le hizo
detenerse. Macizamente construido, el shifter se quedó a un
buen par de metros separado de todos en la sala. Pero no
era su enorme tamaño lo que tenía las garras de Maverick
extendiéndose y a sus caninos alargándose. No, era el aire de
agresión que venía del shifter.

Cuando los shifters que vivían en la casa Manchester


habían llegado a la Villa Brac, solicitando refugio, Maverick
también se había detenido.

Kenway era un gran shifter búfalo y a Maverick no le


gustaba que alguien en su pueblo lo empequeñeciera. Pero
el variado grupo no había sido hostil.

Esta criatura estaba nadando en ese olor acre.

Giró la cabeza lentamente hacia Nicholas. —¿Te


importaría decirme qué está pasando?

El shifter gruñó y Maverick igualó el tono del hombre. Él le


enseñó los colmillos, pero el shifter no dio marcha atrás.

—Es el Alpha —Daniel dijo mientras pasaba su calmante


mano por el pecho de la criatura—. Por favor, muestra un
poco de respeto.

Carter apareció y dio un paso atrás, dejando caer el


balde con hielo. —¿Qué infiernos es eso? —preguntó en voz
alta.

—Un Loup Garou —respondió el doctor Carmichael.

119
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Maverick conocía ese término. Buscó en su memoria
tratando de recordar dónde lo había oído antes.

“La única cosa que es más aterrador que tú, hijo, es un


Loup Garou”. El recuerdo apenas estaba allí, pero Maverick
recordó la advertencia de su adolescencia. “Si alguna vez te
encuentras con una de esas cosas, hazte un favor y acaba
con él. Son piezas desagradables de trabajo no dudes en
matarlo”.

—Carter —Maverick se giró hacia el elfo del bosque—,


lleva a los médicos fuera de aquí.

—¿Por qué, qué pasa? —preguntó Daniel—. Ares no le ha


hecho nada a nadie.

No, pero el shifter estaba allí de pie midiendo a Maverick


desde arriba. Si se desataba una pelea, entre menos gente
menos heridos.

—Eres un Alpha agresivo en la misma habitación con su


pareja, Maverick —el doctor Sheehan señaló—. Por supuesto
que va a dar esas vibraciones de testosterona llenando todo.
Pero él no ha hecho nada.

—Sácalos de aquí —le repitió a Carter en un tono menos


amistoso. El bíceps de Ares tenía que ser tres veces el tamaño
del de Tank. Si desataba su hostilidad en esta sala, ni los
médicos, ni Carter, ni Daniel, sobrevivirían.

Quizás Daniel. Maverick dudaba que Ares lastimara a su


pareja. Pero, de nuevo, no sabía nada del misterioso Loup
Garou.

—Me voy bajo protesta —dijo el doctor Carmichael.

—Debidamente señalado —respondió Maverick.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Tan pronto como Carter y los médicos se fueron, Maverick
se giró hacia Ares. —Vas a tener que tomar a Daniel y salir de
la Villa Brac.

La mandíbula de Daniel cayó. —¿Pero por qué, Alpha?


¡Mi pareja no ha hecho nada malo!

—No, no lo ha hecho, y quiero que siga siendo así. Tengo


todo un pueblo que proteger, Daniel. El tipo de Ares es…

—Ni siquiera me conoces —Ares interrumpió. Su labio se


curvó hacia atrás, mostrando sus colmillos afilados. Eran más
gruesos que los de Maverick y unos dos a cinco centímetros
más largos.

—Sabía que había algo raro en ti la primera vez que te vi


—dijo Maverick—. Sin embargo no podía poner mi dedo en lo
que eras.

—Pensé que le dabas la bienvenida a todas las especies


aquí —sostuvo Daniel—. ¿Por qué estás siendo tan prejuicioso
hacia Ares?

—¡Porque me gusta menos morir por ese hijo de perra! —


Maverick gruñó. Se quedó inmóvil, dándose cuenta
demasiado tarde de que él no había tenido intención de
revelar ese hecho.

Ese miedo.

—¿Podemos al menos terminar la película? —Daniel


preguntó, mordiéndose el labio inferior y rogándole a
Maverick con sus ojos—. Por favor, Alpha. Te prometo que
vamos a salir del pueblo después de que todo esté
terminado.

Maverick sabía que estaba siendo irrazonable. Todo el


mundo estaba en lo cierto. Ares no había hecho nada malo.
Él estaba permitiendo que las palabras de su padre lo

121
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
influyeran. —Tienen hasta el día después de Navidad. —
Girando sobre sus talones, Maverick salió de la habitación.

Una vez afuera, miró hacia las ventanas cubiertas del


segundo piso y sabía que tenía que encontrar respuestas. No
había manera de que fuera a permitir que el miedo lo
gobernara. Su ira afectaba sus pensamientos.

—Si pruebas que tengo razón, no habrá ningún lugar en


donde puedas esconderte.

Maverick prometió antes de dirigirse hacia su camioneta.

Ares se apoyó en el lavabo del baño, meciéndose hacia


adelante y hacia atrás mientras miraba el mostrador. Estaba
de nuevo en su forma humana y fuera de la locura. Toda su
vida no había hecho más que mentirse a sí mismo. Pero ahora
que todo se caía a pedazos, no podía huir de la verdad por
más tiempo.

Su padre había matado a su madre.

Su padre era un Loup Garou.

¿Ares trataría de matar a Daniel?

Su cabeza palpitaba tanto que sentía como que iba a


partirse en dos. Levantando la cabeza, Ares vio su reflejo en el
espejo. Era el mismo reflejo que había visto miles de veces.
Mientras miraba profundamente sus ojos, vio lo que él siempre
había descartado como un defecto de nacimiento. Sus ojos
azul pálido tenían sólo un toque de rojo, un halo oscuro que
nadie podía ver a menos que estuvieran íntimamente cerca.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Le sorprendió que Daniel no se hubiera dado cuenta.

El Alpha tenía razón. Ares no había sentido nada más que


agresión cruda y él había querido hacerle daño a alguien. Le
había tomado cada gramo de su fuerza de voluntad no
arremeter.

Ares alzó los puños y los estrello contra el espejo frente a


él, el cristal llovió a su alrededor. —¡Jódete!

—¿Ares? —Daniel gritó desde el otro lado de la puerta


cerrada.

No había manera de que le hiciera daño a Daniel. Cada


vez que el hombre lo tocaba, la agresividad de Ares se había
calmado un poco. Pero si su pareja calmaba a su criatura,
¿por qué su padre mató a su madre?

Una sensación desagradable comenzó a formarse dentro


de él. Ares no quería a nadie, pero eso había sido antes de
venir a este pueblo.

«Pero ahora tenía a Daniel».

Apretando la mandíbula, luchó contra los demonios


dentro de él, haciéndole sentir débil, inseguro y sucio. No. Él
no era un monstruo. Seguía siendo el mismo hombre... más o
menos.

Girando el grifo, abriéndolo, Ares lavó la sangre de sus


manos, siseando cuando sacó unos trozos de vidrio. La puerta
se abrió y Daniel se quedó mirando fijamente el lío que Ares
había hecho. —Oh, Dios. —Él corrió al fregadero, agarrando
las manos de Ares y lavándolos—. ¿Por qué?

Gritó las palabras.

Ares estaba entumecido por dentro. Él negó con la


cabeza, incapaz de darle a Daniel una respuesta. Daniel se

123
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
giró hacia él, metiendo las manos en el pecho de Ares. —¡No
te atrevas a lastimarte!

Viendo las manos más pequeñas de Daniel envueltas


alrededor de él, Ares se carcajeó.

—¿Estás enloqueciendo? —Daniel preguntó mientras


tomaba una toalla y apretó el paño en las manos de Ares.

—Yo creo que sí. —Ares se puso serio.

Daniel tomó la mandíbula de Ares. —No me puedes dejar


aquí solo. —Sus ojos se empañaron—. No lo puedo enfrentar
solo.

Inclinando la cabeza, Ares le preguntó: —¿A quién?

Los ojos de Daniel bajaron mientras retorcía la toalla en


sus manos. —Mi padre fue el que me cortó en la mano. —El
hombre se pasó la mano por el cabello mientras se alejaba
de Ares—. Me ha golpeado durante toda mi vida. Por fin he
encontrado a alguien que no cree que soy un pedazo de
mierda. —Daniel se dio la vuelta—. ¡No te atrevas a
quitármelo!

Le tomó un momento a Ares absorber lo que Daniel le


estaba diciendo. Jaló a Daniel a sus brazos, abrazándolo con
fuerza. —No me iré a ningún lugar. Lo prometo.

—No puedes —le susurró Daniel—. Me estoy enamorando


profundamente de ti y no puedes privarme eso.

Hoy sin duda había sido un día de revelaciones. Bajó la


mirada hacia el fregadero y se sintió como un bastardo
egoísta. De haber sabido acerca de Daniel...

—Nadie te tocará de nuevo —Ares prometió.

Daniel se carcajeó. —Bueno, tú puedes tocarme.

124
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Esto hizo que Ares también se riera. Él se carcajeó con
fuerza, dejando ir sus miedos, sosteniendo a su pareja más
cerca y sintiendo el calor de Daniel entrar en sus huesos
cansados. —Cuando quieras, bebé.

Daniel se apartó. —Desafortunadamente, tenemos que ir


a trabajar.

Ares agarró a Daniel antes de que pudiera salir del cuarto


de baño. —Quédate conmigo.

Una confusa mirada se mostró en el rostro de Daniel. —No


entiendo lo que quieres decir con eso.

Ares sabía que estaba siendo impulsivo, pero el


pensamiento de que Daniel se alejara de él por un segundo
hacía que los vellos de su cuerpo se erizaban. —Quédate
conmigo en esta habitación y luego vamos a discutir lo que
sucederá después.

Un velo de tristeza nubló el rostro de Daniel. —No tengo


otra opción.

—¿Cómo es eso?

Ares se quedó allí y escuchó lo que el padre de Daniel


había hecho y cómo había vuelto a los Lakeland contra el
hombre. La furia hervía dentro de él cuando Daniel le habló
de la amenaza de destruir la vida del hombre. —No lo
permitiré, Daniel. No dejaré que te haga daño otra vez.

Una sonrisa temblorosa apareció en el rostro de Daniel. —


Agradezco tu valor, pero si me quiere, no habrá nada que lo
detenga.

A Ares lo desgarró ver la renuncia en los ojos de Daniel y


escucharlo en su voz. Era como si su padre ya hubiera
ganado. Ares se condenaría si permitiera que el padre de

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel arruinara al hombre que estaba rápidamente
queriendo. —Vamos a estar listos para salir.

Él no se iba a quedar allí y tratar de convencer a Daniel


de que lo protegería. Daniel ya se había dado por vencido.
Lo único que podía hacer Ares era demostrar que hablaba
en serio.

Los dos se vistieron para salir. Ares silenció sus pasos,


notando cómo todo era más agudo, más vivo. Los sonidos
estaban amplificados, los colores más vibrantes. Podía sentir
la más mínima brisa acariciar su mejilla. Su cuerpo se sentía
vivo con todo lo que le rodeaba.

Daniel lo miró con el ceño fruncido. —¿Qué sucede?

Inhalando el aire helado, Ares le sonrió a su pareja. —


Nada en absoluto.

¿Cómo podría haber algo mal cuando él había


encontrado a un hombre que estaba dispuesto a estar a su
lado, luchar por él, con él? Ares sabía que ambos, él y Daniel
estaban lejos de ser perfectos. Pero... —Vamos a hacer una
película.

Ares le tendió la mano a Daniel.

Cuando le tomó la mano, Ares podía sentir una conexión


que no había sentido antes. Se había sentido atraído a
Daniel, pero eso no era nada comparado a la sensación de
plenitud que sentía en su interior.

—¿Por qué sonríes así? —preguntó Daniel.

—Porque me siento…. —Ares agarró a Daniel e hizo girar


al hombre, riéndose cuando su pareja se agarró a él—, vivo.

—Eso espero. Pero, por favor, deja de darme vueltas. Me


estoy mareando.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel se aferraba al abrigo de Ares, Ares se quedó
mirando sus insondables ojos oscuros. Sintió una opresión en su
ingle y una necesidad tan, tan profunda, que le hizo sentir
como si estuviera viendo a Daniel por primera vez.

—¿Sabes lo increíblemente guapo que eres? —Ares


acomodó un largo mechón de cabello oscuro de Daniel
detrás de la oreja. Se inclinó, colocando un ligero beso en los
labios de Daniel—. Tan hermoso —susurró.

Quizás era la simplicidad del momento, o podría haber


sido el hecho de que estaba tocando a un hombre que
había llegado a significar el mundo para él. Sin importar lo
que lo atrajo a Daniel, ya fuera el destino, o el hecho de que
Daniel tenía un alma hermosa, el deseo de Ares ardía.

—Se está haciendo frío aquí afuera. —Daniel se apartó,


pero Ares pudo ver cómo los ojos del hombre se habían
oscurecido—. Debemos ponernos en marcha.

Lo que no daría por llevar a Daniel al piso de arriba, pero


el hombre tenía razón. Jaló un largo mechón de cabello de
Daniel. —Tienes razón. Los negocios primero. —Ares bajó la
voz—. El placer más tarde.

Daniel agarró el brazo de Ares y lo jaló hacia el pueblo. —


¿Por qué tengo esta nueva sensación de que me vas a
agotar?

Ares jaló a Daniel, deteniéndolo. —Oh, ¿así que no te


agotaba antes?

—Ni siquiera entraré en esa discusión. —Daniel le dio una


palmada en el pecho a Ares. El hombre estaba mirando a
Ares, pero se dio cuenta de que no había calor detrás de esa
expresión. —Y deja de... detenerme. Llegaremos tarde una
hora si sigues con esto.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Bien —dijo Ares levantando las manos mientras
caminaban hacia el centro del pueblo—. Aléjate de mí o te
lanzaré encima de mi hombro y te llevaré de nuevo a la
habitación para poder hacerte gritar. ¿Qué infiernos piensas?

—Recuérdame esta conversación cuando estemos de


vuelta en la habitación. —Daniel soltó el brazo de Ares
cuando llegaron al plató del cine y luego se acercó a Vick.
Ares vio que Winston iba y venía con el ceño fruncido.

—¿Qué sucede? —Ares le preguntó a Winston.

—Caramba, no sé. —Winston se pasó la mano por el


cabello, dejando que los hilos sobresalieran hacia arriba—. Lo
mejor sería no trabajar con adolescentes no fiables. Si no
quieren estar en esta película, entonces, ¡no debería hacer
una audición!

—Wow. —Ares agarró el brazo de Winston—. ¿De qué


estás hablando?

Presionando la punta de los dedos en las sienes, Winston


comenzó a rotarlos mientras cerraba los ojos. —Tres no
aparecieron hoy. Eso hace cuatro perdidos. Voy a necesitar
ver la lista y llamar a algunos extras.

Ares sabía que los adolescentes eran impredecibles, pero


no habían previsto un problema con que ellos aparecieran. —
Voy a reemplazarlos. Siéntate y cálmate.

Winston se quejaba en voz baja mientras se alejaba. Ares


se giró para ver a Vick mirando a Winston. Cuando atrapó a
Ares mirándolo, Vick se giró rápidamente.

—Voy a la cafetería para usar el baño. Vuelvo enseguida


—dijo Daniel desde el otro lado de la barricada. Ares
reconoció lo que Daniel había dicho con un gesto.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares se dirigió al pequeño remolque de oficina que el
estudio estaba usando.

Empezó a revisar los papeles para buscar la lista de la


audición cuando vio un trozo de papel con diez nombres. No
estaba seguro de qué era, pero se dio cuenta de que el
nombre de Barry se encontraba en la parte superior de la
lista.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo trece

Daniel abrió la puerta al cuarto de baño en el café.


Spencer estaba allí, lavándose las manos en el lavabo. Había
visto al shifter impala una o dos veces. El rubio era un buen
chico por las pocas conversaciones que habían tenido.

—Hey, Daniel. —Spencer se frotó las manos bajo el agua


mientras le sonreía—. ¿Qué se siente ser una estrella de cine?

Daniel puso los ojos en blanco. Esa no era la primera vez


que le habían hecho esa pregunta. Aún se sentía como el
mismo tipo. Era sólo una película de bajo presupuesto. Daniel
no entendía por qué todo el mundo de repente actuaba
como si fuera la gran cosa. —No soy una estrella de cine. La
mayoría de las veces me olvido de mis líneas, o me muevo en
la dirección equivocada, y me topo con quien esté en el
escenario conmigo. Yo diría que soy más el idiota de la
película.

Spencer se reía mientras levantaba las manos y se


acercaba al secador de manos, encendiéndolo. —Por lo que
sé, lo estás haciendo bien. No seas tan duro contigo mismo.

Daniel no lo veía de esa manera. —Gracias, Spencer.

No estaba seguro de lo que Ares había visto en él el


primer día para darle a una segunda oportunidad. Mucha de
la gente que estaba trabajando tenía más talento en su dedo
meñique que el que Daniel tenía en todo su cuerpo. Pero aun
así, Ares le había dado el papel principal.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
La razón detrás de ese movimiento estúpido le
desconcertaba por completo. —Veo más gente llegando a
los negocios en el pueblo.

Spencer se encogió de hombros y se giró de nuevo hacia


la secadora. —El Pit10 está bastante bien.

—Sí, pero yo…

Tap-tap-tap

El aire en la habitación se chupó cuando Magnum


apareció justo detrás de Spencer. Su padre miró a Daniel con
una mirada malévola antes de hundir un cuchillo pequeño en
el costado de Spencer y luego desaparecer.

Spencer gritó, desmoronándose en el suelo mientras se


retorcía de dolor. Daniel no podía moverse. No podía respirar.
Esto no podría estar sucediendo. Ares había prometido
protegerlo, pero Daniel sabía que eso no era posible.
Magnum había jurado arruinar a Daniel, y eso era
exactamente lo que estaba haciendo.

Daniel se concentró en tomar unas bocanadas de aire al


ver manchas delante de los ojos.

La puerta se abrió de un empujón y Daniel vio a Bear de


pie, su voluminoso cuerpo llenaba toda la puerta. —¿Qué
mierda le has hecho? —gritó antes de caer al lado de
Spencer.

—Yo… —Daniel retrocedió de espaldas golpeando la


pared.

—Aguanta, bebé —Bear le dijo a Spencer, su tono tenso


por las lágrimas. Daniel podía sentir la rabia saliendo del

10
The Pit, literalmente hoyo, así es como suelen decirle al área en donde colocan el carbón, pero como
es el nombre del restaurant se dejara el original.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
hombre. La mano de Bear tomó el mango del cuchillo y lo
sacó.

El arma resonó en el suelo mientras Bear colocaba la


mano sobre la herida, pero Daniel podía ver la sangre
esparcida entre los dedos de Bear. —Tienes que cambiar.

Cuando la puerta se abrió de nuevo, Daniel no dudó en


salir volando de allí. Él siguió caminando hasta llegar con Ares,
que estaba de pie en el remolque de trabajo.

—¡Ares! —Daniel casi se derrumbó, pero Ares lo atrapó


antes de que cayera al suelo.

—¿Qué sucede, Daniel? —Ares lo sostuvo fuerte mientras


veía a su alrededor.

—Lo hizo de nuevo. Tienes que sacarme de aquí. —Daniel


se puso en pie, sintiéndose mareado—. Mi padre atacó a
alguien en el baño y luego desapareció, haciendo que
pareciera que yo apuñalé a Spencer. —Daniel se dio la
vuelta y se aseguró de que nadie estuviera corriendo hacia
él—. Ellos van a venir por mí.

No había forma de que Bear fuera a dejar pasar esto. A


sus ojos, Daniel había intentado matar a su pareja. El shifter
oso iba a querer sangre y ¿cómo Daniel podría enojarse por
eso? La evidencia se acumulaba en su contra. Primero Cole y
ahora Spencer.

Su padre le había hecho parecer un loco desquiciado,


alguien que estaba perdiendo el control y necesitaba ser
sacrificado.

—Hay que dejar que tu Alpha sepa lo que está pasando.


—Ares sostuvo los brazos de Daniel—. Si sigues ocultando lo
que está pasando, entonces sólo harás las cosas peor para ti.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel comenzó a temblar tanto que Ares tuvo que
sujetarlo con más fuerza.

Su pareja inclinó la cabeza hacia un lado, sus ojos


buscando el rostro de Daniel. —¿Él te asusta tanto?

Liberándose de Ares, Daniel comenzó a correr, pero Ares


lo atrapó con facilidad. —¡Daniel!

—¡Es mi propia maldita pesadilla personal! —Daniel trató


de alejarse, pero Ares no lo soltaba. Su pareja lo envolvió en
sus fuertes brazos.

—Esto tiene que parar, Daniel. No puedes seguir huyendo


de él. Hay que enfrentar al hombre.

Daniel se quedó inmóvil cuando Magnum apareció justo


detrás de Ares, un arma de fuego cerca de la cabeza del
hombre. Ares se dio la vuelta, pero Magnum había
desaparecido tan rápidamente como había aparecido.

Estaba enviando un mensaje, diciéndole a Daniel que él


podría llegar a Ares en cualquier momento que quisiera. —
Necesito a mis hermanos.

Daniel esperó hasta las tres de la mañana, antes de


regresar al rancho de los Lakeland. Él apareció en el
dormitorio de Raven, rezando para no atrapar a su hermano
teniendo sexo con su pareja, Darcy.

Él ya estaba lo suficientemente traumatizado como


estaba. El culo desnudo de Raven no era algo que estaba
dispuesto a ver. Raven salió de la cama y llegó al lado de

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel en segundos después de que Daniel apareciera. —No
deberías estar aquí —susurró Raven—. Malcolm está furioso.

Darcy estaba profundamente dormido y Daniel quería


que siguiera de esa manera. Jaló a Raven al baño y luego
cerró la puerta sin hacer ruido. —Es nuestro padre. Ha jurado
arruinarme ya que yo no regresé a casa.

Frunciendo el ceño, Raven sacudió la cabeza. —Pero él


no nos ha molestado en años. ¿Por qué iba a querer que
regresaras a casa?

Era el momento de decir la verdad. Daniel estaba


cansado de ocultar lo que Magnum le había hecho. Era una
carga que pesaba en su alma. —Ha abusado de mi desde
que era joven.

Apoyado en el lavabo, Raven cruzó los brazos sobre su


pecho —Él abusaba de todos nosotros.

—No. —Daniel sacudió la cabeza—. No estoy hablando


mentalmente, aunque también lo hacía. —Daniel tuvo que
reunir nervios de acero para decir el resto. El hecho de que su
padre lo había utilizado como chivo expiatorio era humillante
y doloroso—. Él usaba su bastón para golpearme tantas
veces... —Daniel se quedó allí y explicó cada cosa horrible
que Magnum le había hecho en los últimos cien años. Cuanto
más hablaba, más sorprendido Raven se veía.

—¿Por qué nunca me dijiste lo que estaba haciéndote?

—Por vergüenza —admitió Daniel.

Raven lo abrazó, Daniel lo necesitaba tanto que casi se


echó a llorar. —No tienes nada de qué avergonzarte, Daniel.
Él es el monstruo, no tú.

—Quiero que se detenga —dijo Daniel. Se apartó de


Raven y comenzó a pasearse por los estrechos confines del

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
cuarto de baño—. No puedo seguir viviendo así. Él ya me
demostró que podía llegar a mi pareja.

Las cejas de Raven se elevaron y una pequeña sonrisa


inclinó sus labios. —¿Estás emparejado?

Su mundo se caía a pedazos y Daniel estaba en el cuarto


de baño riéndose. —Es una historia muy larga. —Se puso
serio—. Hablando de eso, Maverick le ha ordenado a Ares
que salga del pueblo una vez que la película se termine. Me
iré con él.

—¿Qué?

Daniel le dijo a su hermano sobre que Ares era un Loup


Garou y cómo el Alpha le temía al hombre. Si Raven se veía
aturdido antes, no era nada comparado con cómo se veía
ahora. —Tú sí que sabes cómo entrar en la mierda.

Eso era un subestimación. —Sólo que no quiero irme con


Magnum detrás de mí, y Pa odiándome. Tengo que arreglar
las cosas con Bear. —Independientemente de lo que estaba
pasando, Daniel aún veía a los Lakeland como su verdadera
familia. Tener a Pa enojado le dolía más de lo que creía
posible. Daniel amaba al mayor de los Lakeland como si fuera
su propio padre.

«Infierno, mucho más de lo que jamás quise a Magnum».

Raven apartó el cabello de Daniel de la cara. —Vamos a


ir con Malcolm y arreglarlo. Pero es nuestro padre en quien
tenemos que concentrarnos. Siempre supe que era un cruel
hijo de puta, pero no tenía ni idea de lo lejos que había
llegado su locura.

Daniel soltó un bufido. —Creo que él nació de esa


manera.

Raven sonrió. —Creo que tienes razón.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
El corazón de Daniel comenzó a latir fuertemente contra
su pecho cuando la puerta del baño se abrió. Pa se quedó
allí mirando a Daniel con tal odio que él debería haber
muerto en el instante. —Dame una buena razón por la que no
debería matarte.

—Soy alérgico a morir —dijo Daniel. Sabía que era algo


malo que decir cuando las garras de Pa salieron desde sus
uñas.

Raven alzó una mano. —Puedo explicarlo.

—Cinco segundos —dijo Malcolm. Su voz era un susurro


mortal.

Daniel pudo ver una gran vena palpitar en el lado de la


cabeza de Pa y vio cómo sus colmillos comenzaron a
alargarse.

Si Daniel era un hombre de beber, ahora mismo habría


sido un buen momento para hacerlo. Estaba empezando a
lamentar no haber traído a Ares con él. No quería que Ares se
enfrentara contra Pa, pero la mirada en los ojos de Pa era
verdaderamente aterradora.

Raven se puso delante de Daniel. —Fue nuestro padre.

Daniel vio algo del calor dejar la cara de Pa. Sus ojos
grises parpadeaban entre Raven y Daniel. No estaba en la
naturaleza de Pa ser cruel. Daniel había aprendido esto de
estar con los osos. En cualquier otro momento, Pa era un
hombre cariñoso y atento. Pero ¿quién no estaría enojado
por lo que le había pasado a Cole?

Daniel explicó a Pa todo, desde el momento en que


Magnum se había presentado en el trabajo hasta que
apareció detrás de Ares con una pistola.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—¿Por qué no me dijiste lo que estaba pasando desde el
principio, hijo?

Cuando Malcolm llamó a Daniel así, estuvo malditamente


cerca de quebrarse. Así era como su padre debería haber
tratado a Daniel. El cuidado amoroso que Pa le había
mostrado debería de haber venido de Magnum. Pero Daniel
no lloraría por lo que nunca iba a suceder.

Él sólo quería que esta locura terminara.

Raven se hizo a un lado cuando Pa entró en el cuarto de


baño. No era posible detenerlo, Daniel abrazó al oso. Se
sentía como que estaba de vuelta con su familia real, una vez
más, como si le hubieran perdonado y todo por fin iba a estar
bien.

—¿Cole me odia? —Daniel tenía miedo de que la


amistad que tenía con el niño pequeño se hubiera roto, la
confianza se hubiera perdido.

—No entiende lo que pasó. Nadie le dijo que


pensábamos que lo habías lastimado. Él piensa que se
desmayó. —Malcolm apretó el hombro de Daniel antes de
dejarlo en libertad.

La rabia en el interior de Daniel se encendió. Él quería


hacerle daño a Magnum por tratar de volver a esta familia en
su contra, por lastimar a su pequeño amigo pirata. El odio de
Magnum le era incomprensible a Daniel. No podía entender
cómo alguien podía apuñalar a otro por la espalda o lastimar
a la gente que se supone que debería amar.

Pero lo que no podía entender era, sobre todo, por qué


su padre lo odiaba tanto.

—Nos encargaremos de Magnum —dijo Malcolm—. Y


entonces veré lo que puedo hacer con Maverick. Sin

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
embargo —Pa-agarró su hombro y le dio un ligero apretón—.
Tú y tu pareja van a pasar la Navidad aquí.

—¿No le tienes miedo? —Los ojos de Daniel se


agrandaron cuando Pa se echó a reír.

«Supongo que eso responde a mi pregunta».

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo catorce

Ares observaba las calles desiertas de la Villa Brac. Con


sus sentidos agudizados, olfateaba el aire invernal y
escuchaba cualquier sonido que le dijera que estaba solo. Lo
único que podía oír era el viento que soplaba suavemente a
través de las ramas desnudas de los árboles y el tintineo de los
adornos que colgaban alrededor del pueblo.

Satisfecho de que estaba solo, Ares entró en el remolque


de trabajo.

Algo no estaba bien. Ares sabía los nombres de los otros


tres adolescentes que no habían aparecido. Ellos habían
estado en esa lista, junto al nombre de Barry. Estaba decidido
a encontrar algún tipo de pista de por qué los adolescentes
estaban desapareciendo.

Encendió una pequeña lámpara que estaba en el


escritorio, un suave resplandor iluminó el interior del remolque.
Sentado detrás del escritorio, comenzó a revisar los papeles.
Lo primero que notó fue que la lista ya no estaba en el
escritorio. ¿Quién lo habría tomado y sabría que él
sospechaba?

Le irritaba no haber revisado la lista más a fondo. No


haberse aprendido de memoria el resto de los nombres.
Había diez extras en la película, y cuatro habían
desaparecido.

—Quizás es sólo una coincidencia. —Pero Ares no creía


en coincidencias. Había algo y estaba decidido a llegar al
fondo de esto. Los niños pequeños simplemente no
desaparecían en el aire. Había visto el entusiasmo brillando

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
en sus ojos cuando se les dijo que consiguieron el papel. No
había ni una maldita oportunidad de que se fueran.

Ares se detuvo al oír algo fuera del remolque. Se levantó


del escritorio, manteniendo sus movimientos silenciosos. Vio
una sombra antes de que desapareciera y luego el aire se
llenó con el olor a gasolina.

Sumó dos y dos muy rápido mientras agarraba el


picaporte. Algo estaba bloqueando la puerta, evitando que
Ares escapara. Una luz empezó a brillar justo fuera de la
ventana. Ares empujó con el hombro la puerta, pero no se
movía.

El humo comenzó a filtrarse a través de las tablas del


suelo, haciendo que tosiera mientras el oxígeno era absorbido
lentamente del remolque. Sabiendo que no iba a salir por la
puerta, tomó la silla de detrás del mostrador y la arrojó por la
ventana detrás de él. Cuando el cristal se hizo añicos, las
llamas comenzaron a lamer el interior del remolque y hacia el
techo.

Él tampoco iba a salir de esa manera.

El tráiler no era tan grande y Ares sabía que su tiempo se


estaba acabando. Se había convertido en un hombre lobo
una vez, pero no sabía cómo había hecho eso. Entrecerró los
ojos, mirando a su alrededor. No veía otra salida.

Sus fosas nasales y los pulmones comenzaron a arder. Los


ojos de Ares lloraban, por lo que le era difícil enfocar.
Arrojando su abrigo, se quitó la camisa y ató la tela lo mejor
que pudo alrededor de su nariz y boca. El fuego estaba
creciendo, consumiendo el remolque mientras las cosas
parecían silbar a su alrededor.

«Estoy tan jodido».

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Si supiera cómo cambiar de forma… Pero mientras
estaba allí asfixiándose, con los ojos ardiendo, su vida
parpadeó ante sus ojos, Ares no podía hacer salir a su hombre
lobo. Le dio una patada a la puerta y luego pateó de nuevo.
Su corazón estaba acelerado y el pánico se formaba.

Esta es una jodida manera de morir . Ares cayó al suelo.


El aire era un poco más frío allá abajo, pero no por mucho. A
través de los sonidos del fuego comiéndose el tráiler, Ares oyó
gritos afuera.

Apartó la camisa de su boca. —¡Sáquenme de aquí!

Su garganta se sentía como que había sido pasada por


un rallador de queso, y no estaba seguro de si alguien lo
había oído. El griterío aumentó, pero no podía entender lo
que decían. Jaló la tela por encima de su cara mientras
avanzaba hacia el centro de la habitación.

El fuego había consumido toda la parte delantera del


remolque. Vidrios rotos ardían plástico derretido, y el
remolque se convertía en un horno volcánico.

Imágenes de Daniel comenzaron a parpadear en la


mente de Ares. Lamentó no poder detener al padre de
Daniel y no haberle dicho a su pareja que estaba
enamorando de él.

Ares oyó un gran gemido y luego la puerta se había ido.


Sus ojos ardían tanto que no podía ver nada más que una
sombra. Se movió hacia él, y agarrando a Ares bajo sus axilas
la sombra frente a él lo sacó del remolque. Se dio la vuelta,
tosiendo, los pulmones ardiendo tanto que quiso arrancarlos
de su pecho.

Alguien lo agarró, alejándolo. Pocos minutos después,


todo estaba en silencio a su alrededor. —Tienes que cambiar
para poder sanar.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares sacudió la cabeza, tratando de enfocar su vista en
la tienda en la que lo habían metido —Yo no… —Ares se
detuvo con un ataque de tos—. No sé cómo cambiar —dijo
tan pronto como fue capaz de hablar de nuevo. Escupió en
el suelo y todo lo que veía era negro.

—Piensa en tu criatura y llámala.

No era fácil enfocarse. Ares podía sentir el calor a su


alrededor como si aún estuviera atrapado en el tráiler. Sentía
como si todos sus órganos internos estuvieran tratando de
hervir. Joder si dolía .

—Concéntrate.

Ares hizo lo que le indicaron, pero no pasó nada. No


pudo conseguir que su hombre lobo saliera.

La sombra se movió hacia él. —Entonces lo hacemos de


la manera anticuada.

Ares no estaba seguro qué significaba eso. Lo único que


sabía era que él quería que el dolor se detuviera. Sus
pulmones se sentían crujientes y fritos y le dolía como el
infierno respirar.

Como si no fuera suficiente el dolor, el que lo estaba


ayudando apretó el hombro de Ares. Ares dejó escapar un
grito ronco antes de que golpeara sus puños en el pecho del
chico, enviándolo volando por la habitación. Se sentía como
si un bloqueo dentro de él hubiera sido puesto en libertad y
luego cambió. Miró a su alrededor para ver que los dos
estaban en una especie de tienda de muebles.

—Si vuelves a hacer eso, voy a arrancarte las malditas


bolas. —El hombre se levantó y fue entonces cuando Ares se

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
dio cuenta de que el chico llevaba una bandana 11 en la
cabeza, tenía un grueso acento latino, y parecía que iba a
masticar a una persona en medio de mierdas y risitas. No
miraba a Ares con miedo o disgusto. El hombre sólo sacudió
su chaqueta de piel mientras miraba a Ares.

—¿Entiendes?

—¿Quién puso ese remolque en llamas? —Ares preguntó.

—¿Enojaste a uno de mis hermanos? —preguntó el


hombre.

¿Qué? —Ni siquiera te conozco, así que ¿cómo voy a


saber quiénes son tus hermanos?

El hombre se encogió de hombros. —Entonces joder si sé


quién tiene un interés personal contra ti. —El chico salió de la
tienda sin mirar atrás.

Daniel no pudo respirar, hasta que entró corriendo a la


tienda de muebles para ver a Ares sentado en una caja,
completamente desnudo. Los bordes exteriores de las fosas
nasales de Ares estaban negros y su piel cubierta de una
capa de sudor y hollín.

Corriendo hacia su pareja, Daniel se lanzó a los brazos de


Ares. —Pensé que te había perdido.

Daniel podía oler el denso humo que se aferraba a Ares.


Podía saborearlo cuando besó un lado del cuello de Ares.

11
Bandana, pañuelo grande que se usa para cubrir la cabeza, en México se dice paliacate, en otros
lugares pañuelo para turbante o pañuelo para cabeza. Se deja el original para evitar confusiones.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Alguien había llamado al rancho Lakeland y le dijo a
Gavin sobre el fuego. Daniel no pudo llegar lo
suficientemente rápido. Sabía que algunos de los osos
estaban en camino, pero él no iba a esperarlos.

Había volado aquí lo más rápido que pudo. —¿Fue mi


padre?

Ares apartó los largos mechones negros de los ojos de


Daniel. Su pareja se veía como si nunca hubiera sido tan feliz
de ver a alguien en su vida. Las yemas de sus dedos
recorrieron el rostro de Daniel antes de que sacudiera la
cabeza.

—No vi quién provocó el incendio.

Daniel pasó los dedos por los mechones sudorosos, con el


pecho tenso por lo que pudo haberle sucedido a Ares. El
hombre parecía cansado, agotado. Lo único que Daniel
quería hacer era llevar a Ares a su habitación y a la ducha, y
luego a la cama. —Nunca he viajado con alguien antes, pero
estoy bastante seguro de que puedo llevarnos a la posada.

«Espero».

Ares levantó la mirada hacia Daniel de debajo de esas


pestañas gruesas y el pene de Daniel comenzó a engrosarse.
Él sacudió la cabeza ligeramente, una plétora de emociones
lo recorría. Daniel sabía que Ares era su pareja, pero había
más que sólo eso. Era como si una locura lo consumiera
cuando pensaba en cómo Ares casi fue asesinado.

Nunca se había sentido así antes.

Jamás.

—¿Viajar? —preguntó Ares.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Tomando asiento en el suelo, Daniel se frotó las manos
por la cara mientras le explicaba. —Los vampiros pueden
dispersar sus moléculas y moverse a través del aire a la
velocidad del rayo. Nos movemos tan rápido que algunos
creen que realmente podemos desaparecer como los elfos.
Pero es sólo la velocidad.

Ares levantó una mano como si estuviera deteniendo el


tráfico. —¿Acabas de decir elfos?

Daniel chocó su hombro en la pierna peluda de Ares. —


Tienes mucho que aprender.

—Al parecer. —Ares se levantó y Daniel tuvo que luchar


para no mirar abiertamente el pene del hombre—. Entonces
vamos a salir de aquí.

Daniel había visto a otros vampiros viajar con otra


persona, pero los vampiros eran por lo general mayores de
mil. Nunca había oído hablar de un vampiro joven intentar la
hazaña.

Antes de que pudiera intentarlo, Chauncey entró con un


conjunto de ropa en sus manos, junto con unos zapatos y un
abrigo. —Pensé que tu pareja podría necesitar esto.

—Gracias —dijo Daniel mientras observaba a Chauncey


entregarle la ropa a Ares.

Ares tomó la ropa, dándole a Chauncey una sonrisa de


agradecimiento, y luego se vistió. Daniel observó a Ares por
un momento, odiando el hecho de que se cubriera. También
odiaba el hecho de que Chauncey estuviera allí con él y con
Ares.

—Iba a llevarlo a casa —dijo Daniel. Estaba un poco


molesto por no haber tenido la oportunidad de ver si
realmente podía hacerlo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
La frente de Chauncey se arqueó. —Me gustaría verte
intentar eso.

—Eres un idiota —Daniel se quejó.

—Y orgulloso de serlo —Chauncey se jactó sin


remordimiento—. Además, hay mucha gente afuera. Quizás
ustedes dos deberían ir caminando.

Ares deslizó su brazo alrededor de la cintura de Daniel y


luego se dirigieron hacia la puerta. Podía ver lo que quiso
decir Chauncey. El cuerpo de bomberos estaba allí, junto con
la policía. También había gente del pueblo, estirando el
cuello para ver más allá de la barricada.

Mierda Parecía que más personas se presentaron


cuando la tragedia golpeó que cuando rodaban la película.
Daniel no lo entendía.

—¿Qué está haciendo Vick aquí? —Daniel preguntó


cuándo vio al hombre por el remolque, hablando con uno de
los policías.

—Él es co-propietario de la empresa. —Ares lo llevó lejos


del caos a la calle tranquila que la posada y entraron—.
Winston es su hermano.

Daniel miró hacia atrás y vio a Vick observándolos.

—Esta ha sido una noche larga —Ares estaba diciendo—.


¿Cómo te fue con los Lakeland?

—Le dije a Malcolm lo que estaba pasando. Y tal como


me temía, quiere sangre. —Eso fue exactamente por lo que
en primer lugar Daniel no le había contado a nadie acerca
de su padre. Él no quería que nadie se preocupara porque
fue lastimado. Magnum era un monstruo y los monstruos
siempre destruían.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel tragó, el sonido húmedo de la garganta trabajó
como el sonido envolvente dentro de su propia cabeza. —No
quiero que nadie salga herido.

Ares dejó de caminar, entrecerrando los ojos hacia


Daniel. —¿Qué pensaste que iba a pasar cuando Malcolm se
enterara de que lastimó a su hijo? Me dijiste que el oso es un
Alpha. Te puedo decir, que humano o no humano, un
hombre no va a permanecer impasible mientras la persona
que lastimó a su hijo deambule libre.

—¡Por eso no quería decir nada! —Metió las manos en los


bolsillos del abrigo, Daniel comenzó a caminar de nuevo.

—¿Y qué? —Ares gritó detrás de él—. ¿Vas a dejar que


continúe jodiendo tu vida?

Si eso es lo que se necesitaba para mantener a la gente


que le importaba a salvo...

—Sí.

Malcolm Lakeland bajó la mirada hacia su hijo, Cole, que


estaba comiendo el desayuno. No podía creer lo rápido que
el niño crecía. No había un día que Malcolm no viera a Cole
con orgullo y amor. No había un día que Malcolm no viera a
cada uno de sus hijos de esa manera. Él los amaba a todos,
los protegía, y no podía entender que lastimaran un cabello
de la cabeza de ninguno de ellos.

—Termina tu comida y vamos a ir a dar un paseo —le


prometió a Cole antes de agarrar el teléfono de la pared.
Entrando en la sala, Malcolm se sentó frente a la chimenea y
vio alrededor las coloridas decoraciones. La tradición familiar

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
estaba profundamente arraigada en esta casa y cada uno
de sus hijos había ayudado a preparar la fiesta en la casa
Lakeland.

Malcolm frunció el ceño y sacudió la cabeza, tratando


de comprender cómo un padre podía abusar de su hijo. No
había ninguna explicación sobre la tierra que pudiera
justificar lo que Magnum le estaba haciendo a Daniel. Marcó
el número del celular de Maverick.

—¿Con qué oso estoy hablando? —Maverick preguntó


en un tono que le era muy familiar a Malcolm. Él había
respetado Maverick cuando llegó por primera vez a la Villa
Brac, pero con el paso de los años, Malcolm había llegado a
amar al hombre como un amigo.

—Papá oso, hosco lobo. —Trató de sonreír, pero la


situación le chupó la alegría de su llamada telefónica.

Maverick se rio. —Siempre es un placer, Malcolm. ¿Cómo


está la familia?

—Es por eso que te he llamado.

Un resoplido cruzó la línea. —¿Necesitas que luche con


esos gemelos y logre que dejen de meterse en problemas? —
el Alpha preguntó amablemente.

«Si sólo fuera así de simple». —Aunque estoy seguro de


que Chauncey y Chance apreciarían la oferta, se trata de
Daniel.

—¿El hermano de D? —La alegría se deslizó del tono de


Maverick—. ¿Qué pasa con él?

Malcolm se sentó entre las decoraciones de navidad


frente a la chimenea y le dijo a Maverick lo que Daniel le
había contado. También le dijo al Alpha lo que había oído a
Daniel decirle a Raven antes de que Malcolm hubiera abierto

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
la puerta del baño. Con lo mucho que Malcolm quería ir a la
casa de Magnum y enseñarle al vampiro una lección de
cómo un verdadero hombre trata a sus hijos, sabía que su
mejor curso de acción era llevar este problema a uno de los
líderes del Ultionem.

Maverick se quedó en silencio cuando Malcolm terminó.


Malcolm se pasó una mano por la frente, asqueado por el
hecho de que Magnum hubiera estado abusando de Daniel
desde que era un jovencito. —Estaba demasiado
avergonzado para decirle a alguien lo que estaba pasando y
ahora Magnum ha jurado arruinar a Daniel.

—Hazme un favor y dile a Ahm que se reúna conmigo en


la oficina de Christian. Has que Luke lleve a Daniel y a su
pareja allí.

—Espera —dijo Malcolm—. No voy a enviar a la pareja de


Daniel allí, a menos que tenga tu palabra de que no se será
lastimado. Ares no ha hecho nada malo, Maverick.

—Enloquezco una vez y todo el mundo me ve como si


fuera un psicópata. Sólo llévalo, Malcolm. —Maverick colgó.
Malcolm no se perdió la ira en el tono del Alpha.

Después de dejar el teléfono a un lado, Malcolm fue al


dormitorio de Bryce y de Ahm. Sonrió ampliamente al ver a su
nieta, Ashayla, sentada en la cama, jugando con el largo
cabello de Ahm. El elfo de las sombras que una vez había
sido feroz e infundía terror en los corazones de los hombres
estaba sentado obedientemente mientras su hija trataba de
poner una cinta en su cabello.

—¿Interrumpo? —Malcolm se apoyó en el marco de la


puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho, tratando de
luchar contra la risa que amenazaba con estallar fuera.

Ahm lo fulminó con la mirada. —Sí.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Desde el apareamiento con Bryce y que tuvo a su hija,
Ahm había cambiado. Había abrazado el hogar Lakeland y
era muy muy divertido estar con él. Sabía que no estaba
molesto. —Bueno, el tío Maverick quiere hablar contigo en la
oficina del tío Christian.

Ahm frunció el ceño. El elfo sabía lo que eso significaba.


Se giró hacia Ashayla y la besó en la mejilla. —Papá tiene que
ir a hablar con el tío Christian y el tío Maverick. Te prometo
que puedes terminar con mi cabello cuando regrese.

Ashayla puso mala cara. Malcolm la sacó de la cama y


la sentó en sus hombros. —Llevaré a Cole a dar un paseo a
caballo. ¿Quieres venir con nosotros?

—Quiero montar caballitos —gritó cuando Malcolm la


llevó hasta la puerta. Se giró hacia Ahm.

—Ellos también quieren a Daniel y a su pareja, Ares, allí.


Asegúrate de que no les pase nada a ninguno de ellos.

Ahm se apartó el cabello y se quitó los clips y lazos que


Ashayla había logrado poner al azar. —¿En serio?

—Ares es un Loup Garou.

Ahm se detuvo. —Es una raza misteriosa y temible.

Dando a Ahm una sonrisa, Malcolm le dijo: —Y también lo


son los elfos de las Sombras. Pero eso no significa que todos
sean malos, ¿verdad?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo quince

—Dijeron hablar. —Daniel se movió junto a Ares,


colocando su mano en la espalda de su pareja—. Ellos no nos
engañan.

Ares quería tener la fe ciega de Daniel que creía en las


personas que se supone deben proteger el mundo no
humano. Pero él no se permitía ese lujo. Por lo que Daniel le
había dicho, el Ultionem era un cuerpo muy potente de
líderes. Si la mierda se esparcía, no había manera de que Ares
pudiera proteger a su pareja.

De alguna manera, en algún lugar en el camino, Ares


había dado un giro equivocado entrando a Qué jodido
Bosque y estaba perdido en algún lugar del medio. Se
debatía entre correr con Daniel y hacer frente a ese cuerpo
de líderes. Daniel hacía que todo sonara tan simple. Sólo
tenían que ir con los líderes y sus problemas estarían resueltos.

Ares no era tan confiado. —Viste cómo reaccionó el


Alpha conmigo. —Ares se giró para mirar el rostro de Daniel—.
¿Y ahora me pides que enfrente a cinco de ellos? No voy a
ser capaz de protegerte si algo malo sucede. —Y admitir eso
destruía a Ares.

Permanecieron en silencio durante unos minutos. Ares


deseaba saber en lo que se estaban metiendo. Él no tenía ni
idea acerca de esos líderes y sus intenciones. Por lo que
sabía, Maverick había puesto precio a su cabeza y esta
podría ser una trampa.

El doctor Carmichael le había traído los pergaminos y los


había estudiado en profundidad. Lo que leyó le fascinó y
horrorizó. Las personas como Ares habían sido cazadas casi

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
hasta la extinción. Y no por los humanos, sino por los que eran
como él: paranormales. En lugar de tratar de entender a su
especie, les temían. Había visto la prueba de eso en los ojos
gris claro de Maverick.

—Pa viene con nosotros —dijo Daniel mientras agarraba


los brazos de Ares—. Él no dejará que nos pase nada. Raven,
Dudley, y Remus también estarán allí. Mis hermanos me
protegerán.

A Ares le encantaba la ingenuidad de Daniel. Su


inocencia era refrescante en un mundo en el que Ares
siempre se había ocupado de los menos-que-nobles hombres.
Pero esa misma ingenuidad iba a conseguir que los mataran.
Ares tenía un mal presentimiento sobre esto.

—Por favor —Daniel rogó—. Sólo escúchalos.

—¿Y si quieren mi cabeza? —Ares aún se estaba


acostumbrando a lo que él era ahora. Había llegado a un
acuerdo con la criatura que yacía en su interior. No había
nada que pudiera hacer para cambiar lo que le pasó, pero
podía controlar lo que le pasara a Daniel.

Daniel se mordió el labio y miró sus pies. —Entonces no


hay esperanza para nosotros. No podemos huir del Ultionem.
Ellos nos encontrarán, Ares. Tenemos que enfrentarnos a ellos.

Ares sabía que al ir allí estaba tomando un gran riesgo.


Una esperanza imposible. Era una locura estar de acuerdo
con lo que Daniel le pedía. Pero a decir verdad, no quería
huir. No estaba en su naturaleza. Enfrentar a sus enemigos era
algo que siempre había hecho. Pero ahora no era sólo él.
Tenía que pensar en Daniel.

Has huido de tu pesadilla por años , su voz interior le


recordó. Su vida cambiaba de rumbo y no tenía ni idea qué
dirección tomar.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Iremos. —Ares jaló a Daniel a sus brazos y lo abrazó.

Sólo esperaba que no se tratara de un truco, porque si


algo le pasaba a Daniel, toda la moralidad de Ares se
perdería y cazaría a cada hijo de puta que se le cruzara y les
haría pagar con su vida.

—¿Crees que Pa se molestaría si regresamos con el árbol


de Navidad de Charlie Brown12? —Chance preguntó mientras
descansaba el hacha en el hombro.

—Dudo que te atrevas a hacer eso. —Chauncey se rio—.


Ver que te golpee sería muy entretenido.

Chance miró los pinos y gruñó. Realmente odiaba cortar


el árbol de Navidad. Era su cosa menos favorita sobre los días
de fiesta. ¿Decorar la casa? Eso sí que era algo que
disfrutaba, junto con comer todos los dulces que Steven
horneaba.

—¿Qué tal ese? —Chauncey preguntó mientras señalaba


el pino a la derecha de Chance. Los ojos de Chance
vagaban arriba... y hasta…

—Ese tiene que ser de por lo menos de tres metros de


altura. —Aunque era simplemente impresionante. Las ramas
estaban llenas, gruesas, y la circunferencia era amplia.
Chance sonrió con malicia. Si Pa quería castigarlos, ¿quién
era Chance para decepcionarlo? —Perfecto.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Chauncey apuntó con un dedo entre ellos. —Veo que
estamos en la misma página.

Chance guiñó un ojo a su imagen en el espejo mientras


bajaba el hacha del hombro. —Oh, sí. Definitivamente
estamos en la misma página.

La habitación estaba en silencio cuando Ares y Daniel se


sentaron allí delante del Ultionem. Daniel no estaba seguro de
lo que estaban esperando, pero podía sentir un tic nervioso
comenzar en el ojo izquierdo.

Los cinco líderes se sentaron alrededor de una larga mesa


ovalada, Daniel y Ares al final. Aunque Daniel no sabía lo que
la mitad de estos hombres eran, sabía que Dante debería
haber estado aquí. La pérdida del líder de la secta del Norte
pesaba en el corazón de Daniel, a pesar de que nunca había
conocido al vampiro.

De lo que Daniel había oído, Panahasi estaba ocupado


tratando de poner orden de nuevo en el reino de los
demonios. El líder demonio no asistiría hoy.

La tensión en la sala era lo suficientemente gruesa como


para atragantarse mientras los líderes miraban con curiosidad
a Ares, como si el hombre estuviera en exhibición en un
zoológico. A Daniel no le gustaba que miraran a Ares como si
fuera un bicho raro, pero mantuvo su protesta para sí mismo.

Christian se inclinó hacia delante y se aclaró la garganta.


—Daniel, quiero que empieces desde el principio.

La espalda de Daniel se tensó. —¿Qué principio?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
El antiguo vampiro no podría querer que Daniel
empezara desde el momento en que había sido un niño y
comenzó el abuso. Agarró el vaso de carmesí que se le había
ofrecido antes y tomó un sorbo, deteniéndose mientras
observaba al vampiro más poderoso que había conocido, su
mirada hacia él lo paralizaba.

—El principio, cuando tu padre comenzó a acosarte —


aclaró Christian. Daniel no estaba al tanto de que el acoso
de su padre requiriera al pleno del ayuntamiento de líderes.
Se sentía como si él estuviera en juicio. Si Daniel estaba aquí
sólo para hablar de Magnum, ¿por qué estos hombres habían
insistido que Ares viniera?

—Todo comenzó hace más de una semana. —Daniel


relató todo lo que había sucedido hasta este punto. Les habló
de cómo Magnum había atacado a Cole y a Spencer, y
cómo su padre había aparecido detrás de Ares con una
pistola. La cabeza de Ares se giró con los ojos llenos de fuego.

Oops, se le había olvidado mencionarle eso a su pareja.


Bueno, realmente no lo olvidó. Daniel no había querido que
Ares fuera tras Magnum para vengarse. Mientras hablaba,
Daniel miraba hacia donde estaba Malcolm sentado en el
sofá, junto con sus tres hermanos. Vio el horror en los ojos de D
y la contracción de la mandíbula de Raven. Remus estaba
sentado allí con una aturdida expresión. Daniel nunca le
había dicho nada a sus hermanos de lo que Magnum le
hacía. Podía ver la vergüenza en sus ojos, se sentían
responsables por no ayudarlo.

—¿Y tienes prueba de estas declaraciones? —preguntó


Ahm.

—¡Él no necesita pruebas! —Ares bramó de rabia mientras


se sentaba recto—. ¿Por qué mentiría sobre algo así?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Fue Nazaryth quien levantó la mano. —Esa es una
pregunta estándar, Ares.

—No, señor —respondió Daniel—. Es mi palabra contra la


suya. —Y Daniel sabía que Magnum lo había hecho de esa
manera. Nadie había visto al hombre tomar a Daniel en pleno
vuelo. No hubo testigos del ataque a Cole o Spencer. Era solo
su palabra de que Magnum lo había amenazado con
destruirlo.

«Felices fiestas para mí».

D levantó la mano como si estuviera en clase y con


ganas de atención por parte del profesor. Zeus, el Alpha de
los lobos grises, asintió. —Adelante, Dudley.

D, nervioso, miró directamente a Daniel y le dio una


sonrisa temblorosa. Ese aspecto tenía tantas emociones
envueltas alrededor que Daniel no pudo hacer nada más
que corresponder la sonrisa.

—He visto el abuso de Magnum a Daniel.

Las cejas de Daniel se levantaron ligeramente. Él no


recordaba ver a D en ningún lugar cuando Magnum lo
castigaba. Su padre siempre se había asegurado de que
estuvieran ya sea en su oficina o el dormitorio de Daniel.

Saber que D había sido testigo de lo que ocurrió sólo


fomentó su vergüenza. Quería meterse debajo de una roca y
esconderse del mundo ahora. Había demasiada gente en la
sala, escuchando, mucha gente escuchando cómo lo
trataba su padre.

Ares se acercó y cerró los dedos alrededor de la mano


de Daniel, apretando ligeramente. Cuando D comenzó a
relatar lo que había visto, Daniel quería gritarle a su hermano

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
para que se callara. La tentación de cubrir sus oídos era
abrumadora.

Daniel siempre había tratado de olvidar, enterrar los


recuerdos en un lugar donde nunca tendría que pensar en
ellos de nuevo. Pero escuchar a D relatar lo que había visto y
oído abrió las heridas tan crudas que Daniel sintió cada golpe
de nuevo.

—Podemos detener esto —Ares le susurró—. Puedo


sacarte de aquí si esto es demasiado.

La sala se quedó en silencio. Daniel levantó la vista, todos


los ojos en él. Aún no podía entender por qué estaba allí,
relatando su vida con Magnum. ¿Qué tenía eso que ver con
que su padre le amenazara e hiriera a otras personas? ¿Por
qué había tenido que revivir su pasado, de tal expuesta
manera? El aire se hizo demasiado pesado para respirar. Su
cuerpo se tensó y Daniel sintió que se le aceleraba el pulso en
su pecho.

—Hemos terminado aquí —declaró Ares maliciosamente


mientras permanecía de pie, jalando a Daniel.

—Siéntate —Christian indicó con un tono que no permitía


discusión.

—Jódete—Ares escupió—. ¿No puedes ver lo que esto le


está haciendo a mi pareja? No voy a sentarme aquí y dejar
que lo tortures así.

—No estamos torturándolo —Ahm declaró—. Pero


entiende que no podemos juzgar a Magnum, sin pruebas
concretas. No somos mafiosos, Ares.

—No, son peores —argumentó Ares—. No crean ni por un


segundo que no siento el prejuicio en esta sala hacia mí. Sé
que cada uno de ustedes se pregunta si voy a destrozar este

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
lugar. He leído los pergaminos. Sé lo que la gente piensa de
los Loup Garous. ¡A la mierda todos ustedes!

—Por favor. —Daniel puso una mano en el brazo de Ares.


Si Ares seguía su discurso, el Ultionem castigaría al hombre. No
podía soportar ver a su pareja castigada, no por su culpa—.
Detente.

Había una vena palpitando en el lado de la cabeza de


Ares y la mandíbula del hombre se tensó con tanta fuerza que
Daniel temió que el hombre hiciera añicos algunos dientes.

—Vamos a enviar a alguien para vigilar a Daniel —


comenzó Zeus—. Mientras nosotros atrapamos a…

Ares se giró. —¿Qué, crees que no puedo proteger a mi


propia pareja? ¿Eso es todo? Que se joda tu equipo de
seguridad. Daniel es mío para protegerlo y eso es
exactamente lo que planeo hacer. Si Magnum se acerca a
él, destrozaré al hombre.

Luke, que había estado de pie en silencio en una de las


esquinas, se adelantó. Puso una mano sobre el brazo de Ares,
el otro en el hombro de Daniel y los tres desaparecieron.

—¿Qué diablos fue todo eso? —Malcolm preguntó en


cuanto Daniel salió de la habitación—. Han hecho que
parezca que Daniel estaba en juicio.

Christian se levantó, empujando su largo cabello negro


sobre su hombro mientras se acercaba a Malcolm. —Si
Magnum cree que estamos indecisos, va a hacer un
movimiento. Una vez que lo haga lo tendremos donde
queremos y podemos tomar medidas duras contra él.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—¿Mi hermano es el cebo? —La voz de Raven estaba
cerca de un grito.

Ahm se levantó y rodeó la mesa para estar junto a


Christian.

Malcolm nunca había visto la mirada del elfo tan


aterradora. Sus ojos estaban calculando y eso sólo sirvió
como un recordatorio de que no todo lo despiadado en Ahm
había desaparecido.

—Quieres justicia rápida y ágil —dijo Ahm mirando de


Raven a Malcolm—. Imaginas que el Ultionem es un grupo de
hombres sin moral, matones que salen y hacen justicia contra
cualquier acusado.

—Nunca dije eso —Raven argumentó.

—No olvidemos que no somos el sistema de justicia


humana. Cuando el martillo se reduce a esta sala, el castigo
es duro y nada puede ser revocado. Perdónanos si queremos
asegurar que todos los alegatos sean verdaderos antes de
cazar a Magnum y enviarlo al infierno por sus crímenes. —El
rostro de Ahm estaba en calma, pero Malcolm podía sentir la
ira ardiendo bajo la piel del hombre. Conocía al elfo lo
suficientemente bien como para saber que mataba a Ahm
sentarse y esperar a que Magnum hiciera un movimiento.

Pero él tenía razón. Si alguien acusara a Malcolm de un


crimen que no cometió, querría que el Ultionem examinara
todos los aspectos, que no dejara piedra sin remover. Aunque
Magnum era culpable como el infierno, necesitaban una
prueba antes de condenar al hombre.

¿No había él pensado que Daniel había herido a Cole?


¿Y si hubiera llevado el problema a los líderes y hubieran
condenado a Daniel del crimen por su palabra? Apretó los

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
dientes. Le gustara o no, Malcolm sabía que el Ultionem
estaba haciendo lo correcto.

—Envié a Tryck a cuidarlo —dijo Maverick—. Confía en mí


cuando te digo que Magnum va a tener un infierno de
tiempo para acercarse a Daniel.

—¿Y qué pasa con Ares? —Remus habló desde detrás de


ellos—. ¿Es cierto lo que dijo? ¿Lo ven como el enemigo?

—¿Qué habían oído sobre Ceri y Rhys cuando eras más


joven? —Zeus les preguntó a todos en la habitación—. Dime,
si alguno de ellos se presentara en tu casa no estarías
francamente aterrorizado.

Nadie dijo una palabra.

—No estoy diciendo que Ares sea un hombre malo.


Joder, no lo conozco. Pero las historias que hemos escuchado
nos hacen dudar. Precaución no es una mala cosa. Siempre y
cuando no dejemos que se convierta en odio —Zeus terminó.

—Sólo se preocupaba por Daniel —agregó D—. Tenía


todo el derecho a estar enojado. Lo respeto por preocuparse
por mi hermano lo suficiente como para luchar por él.

—Si no persiguen a Ares, entonces, ¿por qué la orden de


que abandone el pueblo el día después de Navidad? —
preguntó Malcolm. No miró directamente a Maverick.
Malcolm no quería que el Alpha pensara que estaba
desafiándolo. Pero lo que había hecho no estaba bien. Hasta
ahora Malcolm no había visto ninguna evidencia de que Ares
fuera tan cruel como todo el mundo lo estaba haciendo
parecer.

—¿Quién le ordenó salir del pueblo? —preguntó Christian.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Yo —dijo Maverick—. Y sostengo lo que hice. Tengo un
pueblo que proteger. Si ninguno de ustedes puede entender
eso, entonces no sirve de nada que siga aquí.

Malcolm vio al shifter lobo ponerse de pie y salir de la


habitación y se preguntó cuál era la verdadera razón detrás
de la orden de Maverick. El Alpha no era conocido por hacer
tales demandas irracionales. Tenía que hacer algo, ya que si
no intervenía un buen hombre sería desterrado no sólo de la
Villa Brac, sino también del rancho Lakeland. Porque tenía la
intención de pedirle a Daniel que regresara al rancho, y al
hacerlo, Ares también estaría allí.

Cualquiera que fuera la razón detrás de la demanda del


Alpha, Lakeland velaba por los suyos.

Y Ares y Daniel eran una parte de la familia Lakeland.

Maverick entró en su camioneta y encendió el motor


antes de frotar una mano por la mandíbula. Él no estaba
esperando la ira de Cecil, cuando el hombre se enteró de lo
poco razonable que estaba siendo con Ares. Por duro que
pareciera, Maverick no se echaba para atrás.

Una vez más, tenía un pueblo que proteger y no iba a


permitir que un Loup Garou viniera y lastimara a alguien.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo dieciséis

Allí, de pie con una taza de café caliente en la mano,


Ares observaba la escena frente al Centro de recreación.
Pero su mente no estaba en la película. Desde la reunión con
los dirigentes, Ares miraba a todos lados, con una estrecha
vigilancia, esperando que Magnum apareciera en cualquier
momento para lastimar a Daniel.

Sus nervios se dispararon y no conseguía dormir mucho


últimamente.

Cuando la escena terminó, Daniel se acercó a él. —Te


ves como una mierda.

—Gracias, también te amo, botón de oro. —Ares tomó un


sorbo de café y se dio cuenta de lo que había dicho. Se negó
a mirar a Daniel pero podía sentir los penetrantes ojos del
hombre—. Esto se terminó por la noche. Debemos regresar a
la posada.

—Eh... sí. —Daniel se dio la vuelta y comenzó a alejarse.

Ares estaba un poco sorprendido de que hubiera


acabado así. Incluso no estaba seguro de dónde esas
palabras habían venido. La falta de sueño obviamente
estaba afectando su cerebro.

Claro, él se preocupaba por Daniel y estaba creciendo su


cariño, pero dejarlo salir así fue... —Espera.

Daniel se detuvo, se giró y miró el suelo, el edificio frente a


él, los árboles, y luego a la luna. —Está muy frío aquí afuera.

Lanzando la taza de café a la papelera a su derecha,


Ares se quedó allí deseando saber qué decir. Vaciló ante el

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
examen de su inesperada declaración. —Entonces debemos
volver a nuestra habitación.

Daniel dio la vuelta y comenzó a caminar de nuevo. Ares


se quedó cerca detrás de él, pero no dijeron una palabra.
Sentía como si su vida se hubiera ido a toda marcha,
acelerando tan rápidamente que Ares no podía hacer nada
más que sentarse allí en el asiento del conductor, sin poder
dirigirla en cualquier dirección.

«Todo esto está ocurriendo demasiado rápido».

Podía ver la mirada de concentración en el rostro de


Daniel mientras se movía rápidamente hacia su destino. En
poco más de una semana, Ares había pasado de ser un
soltero tratando de ganarse la vida, a un Loup Garou que
tenía pareja y que estaba tratando de mantenerlo con vida.
Se había sentado en frente de un consejo paranormal, se
transformó en algo que no debería ser posible, y estaba
cayendo enamorado por un hombre que estaba tan lleno de
problemas como él.

Ares dejó de caminar. Se quedó allí en medio de la calle


mirando el farol en forma de globo. Copos de nieve diminutos
caían del cielo oscuro mientras el viento los soplaba
suavemente hacia el suelo. La calle estaba en silencio; sin
embargo, los pensamientos de Ares eran ruidosos y
desordenados.

Daniel desaceleró, mirando hacia atrás a Ares con una


expresión divertida. —¿Qué sucede?

«¿Cómo infiernos puedo responder eso, cuando ni


siquiera me conozco a mí mismo?»

Tomando una bocanada de aire invernal, esperaba que


el frío le sacudiera de este extraño estado de ánimo que
tenía. Era como si se estuviera moviendo en cámara lenta, su

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
perspectiva de la realidad estaba un poco distorsionada. —
¿Alguna vez has sentido como que la vida que estás viviendo
no es más que un sueño? ¿Que despertaras un día y el sueño
que habías estado teniendo toda tu vida es en realidad la
realidad?

Daniel movió la cabeza como si estuviera pensando en lo


que Ares preguntó. —He tenido sueños que parecían reales, y
cuando despertaba, ellos se aferraban a mí durante mucho
tiempo. Me sentía un poco confundido hasta que la
sensación finalmente se desvanecía.

—Mi realidad ha cambiado tan dramáticamente que...


—Ares se encogió de hombros—. No estoy seguro de lo que
es real.

Metiendo las manos en los bolsillos de su abrigo, Daniel se


apoyó en el carro más cercano. —Te sientes como si
estuvieras viviendo la vida de alguien más a la espera de
saber qué sucederá después.

—Exactamente.

—Sí. —Daniel asintió—. Sé cómo se siente eso, demasiado


bien. Mi vida no fue estelar al crecer y luego me mudé con los
Lakeland. ¿Cómo puedes aceptar el amor y la bondad de
una familia de shifter osos cuando no lo tenías en tu casa?
¿Cómo puedes confiar en la gente cuando la persona en la
que deberías ser capaz de confiar te traiciona? He estado
caminando a través de una niebla por cerca de cien años,
Ares.

Esa fue otra declaración que no iba a examinar. Sabía


que Daniel era un vampiro, pero nunca consideró que el
hombre hubiera vivido más allá de lo humanamente posible.
Ares almacenó la información para ser examinado en un día
que no se sintiera tan confundido.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Se necesita un ancla —declaró Daniel mientras
apartaba la nieve que caía suavemente de su flequillo—.
Algo que te recuerde quién eres.

Ares cruzó los brazos sobre su pecho mientras caminaba


lentamente hacia Daniel. —¿Quién es tu ancla?

—Tú.

Los pasos de Ares vacilaron. No esperaba esa respuesta.


—¿Cómo soy tu ancla cuando apenas me conoces?

Apartándose del carro, Daniel cerró la distancia,


deteniéndose a menos de medio metro de distancia. —No
puedo explicarlo. Cuando estoy cerca de ti, este
sentimiento… —Sacudió la cabeza mientras retorcía los
brazos juntos—. Sólo sé que las cosas van a salir bien.

Eso es lo que sentía cuando Daniel pasaba la mano por


su piel. Era una sensación de calma como un bebé que se
abrazaba con fuerza a los brazos de su madre. El caos se
disipaba y un efecto calmante se hacía cargo. Ares sabía
que no había ningún otro lugar en el que prefiriera estar. Se
rio. —Somos dos personas realmente jodidas.

Daniel le dio una sonrisa triste. —Eso solía molestarme.


Pero ahora que estoy jodido contigo —se encogió de
hombros—, no es tan malo.

Ares desenrolló los brazos de Daniel y entrelazó sus dedos.


—No está mal en absoluto.

Un rubor se apoderó de las mejillas de Daniel mientras


miraba sus dedos entrelazados. Ares sintió que su corazón
crecía de forma exponencial. En ese momento, sabía que iba
a matar a cualquier dragón que se acercara a Daniel, subir
cualquier montaña para llegar al hombre, y caer de rodillas
para tener una sonrisa del chico. —Te amo, Daniel.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
El decir esas palabras se sintió poderosamente liberador, y
asustó a Ares. Nunca se había abierto así antes y se sentía tan
malditamente expuesto que contuvo el aliento, esperando la
respuesta de Daniel.

—¿Sí? —El lado de la boca de Daniel se torció en una


sonrisa.

—Sí.

—Bien, porque no quiero ser el único enamorado.

Jalando a Daniel más acerca, Ares utilizó la punta de los


dedos para agarrar la barbilla del hombre e inclinar la
cabeza hacia atrás. Ares bajó la cabeza, aspirando el cálido
aliento de Daniel antes de robarle el beso más dulce que
jamás hubiera tenido. Cuando se retiró, los párpados de
Daniel se abrieron, el iris oscuro brillando bajo la farola. En ese
momento, ellos estaban envueltos en su propio pequeño
mundo, nadie podría interrumpir, sólo el suave viento y la
nieve cayendo gradualmente.

—Hace frío aquí afuera. —Daniel se rio en voz baja.

—Entonces vamos a entrar a donde puedas entrar en


calor. —Ares tomó la mano de Daniel y lo llevó a las escaleras
de la posada.

Fueron directamente a su habitación donde se


desvistieron, sus cuerpos unidos de una manera que
pareciera que habían hecho esto miles de veces, pero era
como la primera vez. Ares deslizó la mano a la parte de atrás
del cabello de Daniel, robando otro lento beso. Movió la otra
mano a la espalda de Daniel, acercándolo más.

Sus penes se rozaban juntos, la sensación los hizo gemir.

Ares besó los labios de Daniel, sus mejillas, y luego sus


párpados. Sus manos se movieron sobre su pareja en una

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
exploración lenta. No había lugar en el que prefiriera estar
que con este hombre. Toda su vida había sentido que algo le
faltaba. Ya no se sentía de esa manera, no desde que
conoció a Daniel.

—Siento que voy a despertar de este sueño en cualquier


momento.

Ares besó los hombros de Daniel mientras sus dedos


recorrían su espalda baja. —No quiero volver a despertar.

—Entonces no lo hagas —dijo Daniel jadeando.

Ares se movió más abajo, arrastrando sus labios sobre el


abdomen plano de Daniel. La piel del hombre era como una
droga. Los efectos eran vertiginosos mientras Ares besaba la
cadera derecha de Daniel, y luego la izquierda. Aspiró
profundamente, el olor de Daniel inundaba sus pulmones, su
mente, su corazón. Colocándose de rodillas, Ares tomó el
pene de Daniel en la boca.

—Ares. —Daniel jadeó su nombre.

Su lengua trazó las gruesas venas, probó el sabor salado


de la piel de Daniel, mientras inhalaba el almizcle sabor, el
cuerpo ardía para bañarse en el desenfreno. Chupó el pene
de Daniel hasta la parte posterior de la garganta mientras
pasaba su palma por el saco del hombre. Su otra mano se
estiró para pellizcar un pezón. Rodó las bolas de Daniel en la
mano, dándole a la arrugada carne un ligero jalón.

Daniel siseó y Ares podía sentir las piernas del hombre


temblando. Chupó y tragó saliva con avidez saboreando
cada sonido y movimiento que Daniel hacía. El oír los
gemidos sensuales que se derramaban de la boca de Daniel
causó que su propio pene doliera por su liberación.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Ares utilizó los dientes para raspar a lo largo del eje de
Daniel, dando al hombre un poco de placer añadido.

Daniel se resistió y luego gritó, su semilla se derramó en la


garganta de Ares. Éste tragó hasta que sintió el pene de
Daniel ablandarse. Sin decir una palabra, Ares levantó a
Daniel y lo llevó a la cama, colocando al hombre de
espaldas.

—Por Dios, seguro sabes cómo calentar a un chico. —


Daniel se movió hasta que estuvo cerca de la cabecera de la
cama, dando a Ares mucho espacio para situarse entre sus
piernas.

—Sólo estoy empezando. —Ares agarró el lubricante de


la mesita de noche, junto con un condón. Lamió el pene de
Daniel, provocándole hasta que Daniel pidió clemencia. Ares
sabía que el hombre era ultrasensible en este momento, pero
se sentía juguetón mientras estiraba el agujero de su pareja.

—¿Por qué me siento como que no puedo tener


suficiente de ti? —preguntó Daniel.

—Debido a que no puedes. —Ares movió las cejas


juguetonamente—. Soy irresistible.

—Y un poco arrogante. —Daniel se echó a reír.

—Eso también. —Ares quitó la mano y envainó el pene


antes de empujar las piernas de Daniel a su pecho—.
También soy caliente como el infierno, y te ves lo
suficientemente bueno para joder.

Daniel dio una palmada en el pecho de Ares. —No estoy


seguro de si eso es un cumplido o un insulto.

Los párpados de Ares revolotearon mientras la cabeza de


su pene se deslizaba más allá del anillo de músculos. —Confía
en mí. Es un gran cumplido.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel silbó cuando Ares empujó su camino. Ares apretó
los dientes con placer, no quería salir del calor del cuerpo de
su pareja. Se inclinó, rozando sus labios sobre los de Daniel. —
Tu cuerpo se ajusta a mi tan malditamente perfecto.

Cerrando los ojos, Ares saboreó la sensación de Daniel


debajo de él. Ahora sabía exactamente por qué las guerras
comenzaban por el amor de una persona. Se enfrentaría a
todo el Ultionem, junto al padre de Daniel, y a cualquier otra
persona que amenazara al hombre que hacía que se sintiera
totalmente amado.

Apretando los dientes, Ares sacó su pene, con ganas de


gritar ante el increíble placer de la fricción de la carne de
Daniel contra la suya. Tomó la mejilla de Daniel para hacer
que su pareja la girara y mirar a sus ojos. Sintió el sudor de
Daniel en la punta de los dedos mientras se empujaba
profundamente.

Daniel lo miraba con una sensualidad que casi rompe a


Ares. Sabía lo difícil que era para Daniel abrirse. Sin embargo
Daniel se había entregado desde el primer día. Su
generosidad le quitó el aliento.

—¿Sabes lo bien que te sientes? —preguntó Ares mientras


hundía su pene dentro y fuera del cuerpo de Daniel—. ¿Sabes
lo que me haces?

Daniel arqueó su espalda, sus caderas moviéndose de


una manera que hacía que se reuniera a los empujones de
Ares. Sacudiendo la cabeza de lado a lado, un pequeño
gemido escapó de sus labios. Ares se inclinó y capturó cada
sonido en su boca.

Primitivo, gutural, su gruñido vibró en su pecho mientras


empujaba duro su pene, tomó el duro como el acero pene
de Daniel acariciándolo y haciendo que el hombre gritara

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
una vez más su liberación. El férreo control del culo de Daniel
tenía a Ares unido a su pareja y gritando su orgasmo mientras
se corría.

Jadeante, Ares apoyó su frente contra la de Daniel,


colocando pequeños besos en los labios de Daniel, mientras
ambos llegaban lentamente a la tierra.

Ares se apartó y bostezó. —Me drenas toda mi energía. —


Sacó su flácido pene y desechó el condón.

Daniel se acurrucó junto a Ares. —Para que lo sepas, no


es necesario usar un condón. Los no-humanos no pueden
trasmitir ni contraer enfermedades de trasmisión sexual.

—Sí que sabes tener conversaciones de almohada. —


Ares se rio mientras se envolvía alrededor de Daniel.

Daniel sonrió mientras cerraba los ojos. —Gracias, he


estado practicando en el espejo.

Esto hizo que Ares se riera mientras besaba el cabello de


Daniel. —Duerme, perturbador.

Cuando la habitación se quedó en silencio y Ares


escuchó los suaves ronquidos de Daniel, cerró los ojos y sintió
la satisfacción inundándolo.

Este momento..., este sentimiento..., Ares, estaba en casa.

170
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo diecisiete

Tap-tap-tap.

Los ojos de Daniel se abrieron de golpe.

Se quedó allí escuchando con atención, cerrando los


dedos alrededor del brazo de Ares. La habitación estaba en
absoluto silencio excepto por el sonido del reloj en la pared.
Daniel observó que el péndulo oscilaba hacia un lado y otro...
de ida y vuelta, con los hombros tensos dejó salir el aliento en
pequeñas ráfagas.

¿Había oído el sonido de bastón de su padre o había


soñado?

Sus piernas y espalda le dolían por los recuerdos.

Ares se agitó, su brazo jalando a Daniel más cerca. Pero


Daniel no podía respirar ni pensar mientras esperaba que su
padre apareciera.

Tap-tap.

Daniel se estremeció cuando su adrenalina se disparó.

Se lamió los labios antes de tensar su columna.


Lentamente Daniel levantó la vista hacia la ventana para ver
una rama golpeando contra el cristal.

Tap-tap.

Su estómago se desenrolló mientras dejaba escapar un


suspiro tembloroso.

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—¿Qué sucede? —Ares murmuró desde detrás de Daniel.
Su mano sobre el pecho de Daniel mientras besaba el
hombro desnudo de su pareja—. ¿No puedes dormir?

Acurrucándose contra Ares, Daniel levantó una mano


temblorosa para apartar el cabello de la cara. Asintió
mientras cerraba los ojos. —Creo que el viento me despertó.
Está sacudiendo el árbol contra la ventana.

Ares besó su piel una vez más. —¿Miedo al mal tiempo?

Miedo a mi padre . —En realidad no. Simplemente me


despertó. —Daniel apretó los dientes ante la forma en que
había reaccionado al ruido. Un rubor se deslizó por sus mejillas
y luego se acurrucó aún más cerca de Ares.

Tap-tap-tap.

Daniel estaba listo para salir y cortar la maldita rama.


Cerró los ojos mientras jadeaba en busca de aire, agradecido
por el calor en la espalda y el recordar que ya no estaba
enfrentando esto solo.

—Esta es la cosa más repugnante que he visto en mi vida.

Los músculos de Daniel se tensaron mientras su latido


retumbaba en sus oídos. Ares se apartó de él, levantándose
de la cama mientras Daniel se giraba lentamente, mirando
fijo a su padre, de pie junto a la puerta, Vigmore junto a él.

Un dolor atravesó el pecho de Daniel mientras se


encogía.

—Debes de ser Magnum —Ares afirmó mientras agarraba


los pantalones y se los ponía. La ceja de Ares se levantó
mientras inclinaba la cabeza—. Debo decir que me esperaba
un hombre más intimidante.

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—Cállate —Magnum gruñó. Daniel no estaba seguro de
lo que Ares haría, pero sabía por experiencia que Magnum no
se tomaba bien el ser menospreciado. Levantó su bastón y
apuntó a Ares.

La visión del negro bastón aceleró el pulso de Daniel,


sentía que su corazón iba a explotar. Empezó a balancearse
hacia adelante y hacia atrás, tarareando, mientras apretaba
sus puños en las sienes.

—Levántate, Daniel —Magnum exigió—, antes de que


lastime a esta criatura patética. —Sus ojos recorrieron a Ares.

«Si me voy con él, no lastimará a Ares».

—¡Daniel!

—Y-ya voy, padre. —La cabeza de Daniel giró y sus


piernas se sentían débiles. Agarró su ropa del suelo y empezó
a vestirse, negándose a mirar a Ares. Una vida con Ares
hubiera sido perfecta, pero Daniel sabía que no debía
desobedecer a Magnum. Luchó contra las lágrimas mientras
el futuro que había soñado comenzaba a desmoronarse.

Vigmore se adelantó para agarrarlo, pero Ares se


interpuso entre ellos. —Coloca una mano sobre él y te
mataré.

Daniel contuvo el aliento. Nadie se oponía a Vigmore. Ni


siquiera los hermanos de Daniel lo habían desobedecido
cuando el inusualmente enorme vampiro había llegado a
uno de ellos. Vigmore era un enfermo retorcido, disfrutaba
infligiendo dolor cuando Daniel o uno de sus hermanos
habían tratado de huir.

Ares miró a Daniel por encima de su hombro. —¿Cómo


cambio? —susurró.

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Los ojos de Daniel se abrieron cuando él abrió los brazos y
se encogió de hombros. —Soy un vampiro. ¿Cómo diablos
voy a saberlo?

—Piense en tu criatura y llámalo —Ares murmuró. Daniel


no estaba seguro de lo que el chico estaba diciendo, pero
esperaba como el infierno que Ares pudiera llamar a su
criatura.

Podría ser que tuvieran una oportunidad.

Daniel gritó y cayó al suelo cuando Magnum apareció


detrás de él y repetidamente lo golpeó en las piernas con su
bastón.

—Ya he tenido suficiente de tu desobediencia.

En algún lugar, a lo lejos, Daniel pudo oír a Ares y Vigmore


luchar. Pero el sonido era secundario a las exigencias silbadas
de su padre, mientras que vencía a Daniel. —¡Voy a matarte
y a tu amante antes de que esta noche termine!

Daniel levantó la mano y agarró el bastón, con el


elemento sorpresa dio un tirón quitándoselo y lanzándolo por
el cuarto. Con su cara salpicada de ira, Magnum se agachó
y jaló a Daniel de los cabellos. —¡Cómo te atreves!

La adrenalina corría por sus venas, Daniel puso toda su


fuerza en su rodilla cuando la hizo girar y conectó con la ingle
de Magnum. —¡No voy a dejar que lastimes a mi pareja!

Magnum se recuperó malditamente rápido, empujando


a Daniel con tanta fuerza que voló hasta la pared y luego
cayó al suelo. Algo caliente empezó a gotear de su nariz
mientras sacudía la cabeza, tratando de despejar su mente.
Los pensamientos de Magnum matando a Ares tenían a
Daniel corriendo contra Magnum, un grito desesperante

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rasgó su pecho al chocar contra su padre, golpeando al
hombre contra ella.

Daniel lo mordió en el cuello, rasgando la carne del


hueso. Pero no fue suficiente para detener al hombre. Con
demasiada rapidez, Magnum tuvo a Daniel clavado en el
suelo, su mano se cerró en el cabello de Daniel mientras
jalaba su cabeza hacia atrás. —¿Sabes por qué te odio
tanto?

Magnum preguntó mientras sacaba una daga de su


chaqueta.

Luchando por zafarse, Daniel negó con la cabeza.

—Porque... —Magnum se inclinó más cerca—. Tú no eres


mi hijo. Tu madre me traicionó de la peor manera y te dejó
para que cuidara tu culo cuando huyó con su amante. —
Hundió el cuchillo profundamente en el costado de Daniel.
Daniel gritó cuando sintió que su carne se desgarraba.

—¡No! —Ares gritó. Daniel giró la cabeza, las lágrimas


caían de sus ojos cuando vio el horror en la cara de Ares.

El hombre era tan malditamente hermoso, tan dulce.


Daniel odiaba dejarlo solo, pero podía sentir la sangre
rápidamente dejando su cuerpo. —Te amo —articuló a Ares
antes de que Magnum sacara la navaja y la hundiera de
nuevo en él.

Ares echó la cabeza hacia atrás y aulló, el sonido lleno


de dolor e ira. El cambio se hizo cargo. Ares creció más alto y
fuerte, los caninos largos y gruesos salían de la boca del
hombre, mientras pelo brotaba por todo su cuerpo. Sus garras
se deslizaron libres mientras lanzaba a Vigmore fuera de él y
corría hacia Magnum.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
El padre de Daniel dejó al descubierto sus colmillos
mientras saltaba de Daniel y se precipitaba hacia Ares. Los
dos chocaron, impactando en la cómoda.

La madera se astilló y la cómoda se derrumbó. Alguien


estaba golpeando la puerta del dormitorio.

—¿Qué demonios está pasando ahí? —el señor Bosvil


gritó desde el otro lado. El propietario de la posada siguió
tocando la puerta mientras Vigmore avanzaba hacia Daniel.
El hombre grande se puso de rodillas, burlándose de él.

—Todo esto es tu culpa. —Agarró el cuchillo de un lado


de Daniel y lo levantó sobre su cabeza, la punta sangrienta
dirigida al corazón de Daniel.

—Tu madre era una puta sin valor que se acostó con
muchos hombres.

Los labios de Vigmore se torcieron en una sonrisa


maníaca. —Incluso me acosté con ella.

La respiración de Daniel era difícil. Cada vez que


respiraba sentía un dolor increíble. No podía apartar a
Vigmore y no tenía manera de evitar que el hombre
apuñalara su corazón.

—Lo siento mucho, Ares —dijo Daniel cuando un sollozo


escapó de su pecho—. Siento mucho dejarte.

Mientras el cuchillo bajaba, la puerta se abrió de golpe y


Tryck entró en la habitación, chocando contra Vigmore y
dejando libre a Daniel.

—¡Mátalos a todos! —Magnum gritó desde algún lugar de


la habitación—. Quiero a ese bastardo muerto a mis pies.

El corazón de Daniel golpeó más duro en su pecho,


haciendo que la sangre saliera de su cuerpo más

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rápidamente mientras el Ultionem aparecía en la habitación.
Había vivido con Ahm durante muchos años y Daniel nunca
antes había visto la mirada de ira del hombre como si
estuviera llamando a los dioses.

—Magnum Constantinople, te sentencio a la eternidad al


inframundo por los crímenes en contra de tu hijo y por
interferir en su apareamiento —declaró Christian, su cara una
máscara de piedra—. Y por tratar de acabar con su vida sin
causa o justificación.

—¡Él no es mi hijo! —Magnum gritó justo antes de que Ares


curvara su gran mano alrededor del cuello del hombre,
cortando cualquier otra cosa que Magnum pudiera haber
dicho.

—De todos modos —dijo Zeus—. El Ultionem ha declarado


nuestro juicio.

La sala se oscureció y Daniel comenzó a temblar cuando


vio tres pares de ojos rojos que brillaban intensamente. Tres
hombres salieron de la esquina de las sombras y llegaron al
lado de Maverick.

—Los guerreros demonio van a acompañarte hasta tu


nuevo hogar —dijo Maverick a Magnum.

Ares liberó a Magnum y luego se movió hacia Daniel,


levantándolo del suelo. Pelo suave se frotaba contra su piel
mientras la enorme criatura acunaba a Daniel
estrechamente.

Daniel pudo ver lágrimas brillando en los ojos azul pálido


de Ares. Sabía que él no iba a lograrlo. Había perdido mucha
sangre y su cuerpo estaba adormecido y frío.

—Dale de comer —Nazaryth dijo mientras se acercaba a


ellos—. Daniel necesita sangre para sanar.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
En el fondo de la mente de Daniel, había sabido eso.
Pero también había visto a vampiros morir de una herida así.
Ares empujó su muñeca peluda a la cara de Daniel. —Bebe.

Daniel agarró la muñeca de Ares y hundió sus colmillos


profundamente. Tomó la sangre de Ares mientras escuchaba
al Ultionem condenar a Vigmore por los mismos crímenes que
Magnum, dándole la misma sentencia.

Pero nada de eso importaba. No cuando la mano de


Ares estaba cepillando el cabello de Daniel. No cuando Ares
lo estaba mirando con tal ternura que Daniel sintió un nudo
en el pecho. Y no cuando sabía que vivir la vida que había
soñado tener con Ares estaba a punto de hacerse realidad.

Daniel aceptaría mil cuchillos más hundidos si eso


significaba que podía quedarse con Ares.

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Capítulo dieciocho

Ares estaba fuera de la cafetería, viendo cómo Daniel


actuaba su escena frente a la cámara. Vio a Maverick
acercarse y puso los ojos en blanco. Nada bueno venía de la
mayoría de las visitas del hombre.

—Te dije que estaría fuera de la ciudad el día después de


Navidad. —Tomó un sorbo de su café, mirando a Daniel,
haciendo caso omiso al Alpha. Maverick no parecía
perturbado por el tono mordaz de Ares mientras permanecía
de pie junto a él—. El doctor Carmichael me dice que te dio
los pergaminos.

Ares asintió. —Lo hizo.

Eran tres días antes de Navidad. Los compradores se


movían alrededor de las barricadas, manteniéndose al
margen de la escena mientras se apresuraban a hacer sus
compras. —¿Los has leído? —preguntó Maverick.

—Lo hice.

—Hablé con Bear y le expliqué lo que pasó con Spencer


—dijo Maverick—. Él no tiene nada contra Daniel.

Ares inhaló. —No me importa si lo tiene. No fue culpa de


Daniel.

Inclinando la cabeza hacia un lado, Maverick lo miró. —


Tu actitud es desagradable, no está ayudando a que cambie
de opinión.

Con un movimiento deliberadamente informal, Ares se


giró hacia Maverick. —Tengo razón para ser mordaz. He sido
juzgado y condenado solo por ser una especie temida. Nadie

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
se ha tomado el tiempo para llegar a conocerme como
persona. ¿Qué excusa tienes para tu jodida actitud?

Maverick se quedó en silencio mientras ambos miraban a


los actores. El Alpha señaló con la cabeza hacia el grupo. —
Esos actores probablemente pasan horas ensayando sus
líneas y practicando sus movimientos para una película que
va a durar una hora y cuarenta y cinco minutos.

Ares se encogió de hombros impaciente. —¿Y?

—Trata con toda la vida —respondió Maverick—. Con


todo el valor, con todo el esfuerzo que la mayoría de los
hombres ponen para ser el agente de su propio destino, nos
quedamos cortos. Amo a mi pueblo, Ares. Amo a mi familia.
Hago mi mejor esfuerzo para hacer lo correcto, pero, a pesar
de que soy un shifter lobo, soy humano.

Maverick extendió las manos y se encogió de hombros. —


Puedo ser influenciado por los prejuicios de mi padre tan
fácilmente como cualquier otro.

Ares arqueó las cejas inquisitivamente. —¿Eso es una


disculpa?

—Tómalo como quieras. —Maverick se recostó contra la


pared detrás de él—. Pero si leíste los pergaminos entonces
sabes que no puedo rescindir mi exigencia de que salgas del
pueblo.

Ares lo sabía. Había leído los pergaminos. Si un no


humano mordía a un Loup Garou en su forma cambiada,
entonces el no-humano pronto se convertía en uno de los
más temidos. Daniel iba a pasar por un cambio pronto. Iba a
ser un Loup Garou. Él aún conservaría todas sus cualidades de
vampiro, pero sería capaz de cambiar, ser más fuerte, y tener
el poder de sanar.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
No sería seguro para Daniel estar cerca de una ciudad
poblada hasta que aprendiera a controlar su bestia. No era
seguro que Ares estuviera aquí. Sabía eso ahora. Podía sentir
su agresividad cada día más fuerte. Ares sólo esperaba poder
aguantar el tiempo suficiente para que Daniel pudiera tener
la Navidad de la que había hablado tener con los Lakeland.

—Tryck se equivocó cuando te llevó a esa tienda de


muebles después del fuego —dijo Maverick—. No tienes que
cambiar para sanar. Esa capacidad ya está dentro de ti.

Ares miró al hombre. —¿Sabes que aún me pareces un


imbécil?

Maverick le dio a Ares una sonrisa cínica. —No estoy en


esto para ganar un concurso de popularidad. Mi familia y mi
pueblo son lo primero y haré lo que sea necesario para
protegerlos.

Ares inclinó la cabeza. —Lo siento, hombre. —Debido a


que Ares haría lo que fuera necesario para mantener a salvo
a Daniel.

—Hasta que nos volvamos a encontrar. —Maverick se


alejó en dirección a su camioneta. Aunque el hombre era un
auténtico imbécil, Ares tenía que respetarlo. Maverick no se
contenía y no dudaba en proteger a las personas que más
quería.

Daniel se acercó a él después de la última toma. Parecía


exhausto pero feliz por el brillo de sus ojos y el rubor tiñendo
sus mejillas. Besó a Ares y luego dijo: —Voy a la cafetería para
hablar con Spencer. A pesar de que su ataque no fue mi
culpa, aún siento que le debo una disculpa.

Y esa era una de las razones por las que Ares amaba a
Daniel. Apartó un largo mechón de cabello oscuro de Daniel
mientras le sonreía. —Te esperaré aquí afuera.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Había una cosa que Ares tenía que hacer y no quería
que Daniel se involucrara. Una vez que su pareja estuvo a
salvo en el interior de la cafetería, Ares se acercó a Vick. El
copropietario estaba de pie junto a la mesa donde estaba la
cafetera mientras hojeaba su libreta.

Ares llegó detrás del hombre. —Sé que secuestraste a


esos niños. Si me dices dónde están, prometo no destriparte.

Vick se giró, sus oscuras cejas inclinadas en un ceño


fruncido encima de sus lentes de concha. —¿De qué infiernos
estás hablando?

A la mierda la sutileza. Ares agarró a Vick de la parte


frontal de la chaqueta y lo estrelló contra la mesa. —Cuatro
adolescentes han desaparecido, todos ellos dejando una
nota diciendo que habían huido a Hollywood. ¡Eso es una
mierda! —Ares envolvió su mano alrededor de la garganta de
Vick, apretando—. Dime lo que has hecho con ellos.

—No sé de qué me estás hablando. ¡Lo juro!

El hombre debería haber sido actor porque su actuación


fue creíble. Ares deseó tener una manera de saber si Vick le
estaba diciendo la verdad o no.

Daniel apareció al lado de Ares, jalando el brazo de Ares.


—¿Qué estás haciendo?

Por esto no quería a su pareja involucrada. —Cuatro


adolescentes han desaparecido y Vick aquí va a decirme lo
que hizo con ellos.

Daniel frunció el ceño ante Vick. —¿Es eso cierto?

—No—dijo Vick mientras negaba con la cabeza, y la


mano de Ares se apretaba alrededor de la garganta del
hombre—. ¡Estoy diciendo la verdad!

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Inclinándose, Daniel le susurró: —Puedo ver en su mente y
ver si está mintiendo.

Ares echó la cabeza hacia atrás. —¿Puedes hacer eso?

Su pareja no le respondió. En su lugar, se quedó mirando


a los ojos de Vick. Daniel no dijo una palabra. Se quedó
congelado, como si estuviera en trance. Los ojos de Vick se
ensancharon cuando su cuerpo comenzó a temblar. Ares los
miraba, esperando el veredicto de Daniel.

Para la mayoría de los hombres, esto hubiera sido una


situación extraña. Pero Ares estaba empezando a aceptar
esto como la norma. Su comprensión del mundo no humano
se estaba expandiendo y sabía que tenía mucho que
aprender. Pero si Daniel podía averiguar dónde estaban esos
adolescentes, su capacidad agilizaría la búsqueda.

Daniel se echó hacia atrás. —Está diciendo la verdad.


Vick no tiene idea de dónde están. —Daniel metió un dedo
en el pecho de Vick—. Pero sospecha quién está detrás de
las desapariciones.

Ares aplicó más presión a la garganta de Vick,


observando que el rostro del hombre se volvió rojizo. —Dime.

Vick no dijo una palabra, pero su mirada fue hacia


donde estaba Winston Arrow de pie. Los labios entreabiertos
de Ares se llenaron de incredulidad. Winston tenía que ser uno
de los mejores chicos que Ares había conocido. No había
manera de que pudiera ser un monstruo. Con todos los años
de entrenamiento en su haber, el cerebro psicológico de Ares
había sido engañado.

Cuando Ares miró a Winston, vio la cara de Clyde. Vio al


único hombre que no pudo salvar. El darse cuenta de eso lo
golpeó duro.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—¿Ares? —Daniel llevó la mano al antebrazo de Ares—.
Suelta a Vick antes de que lo mates.

Ares lo soltó. Vick se puso de pie, frotándose el cuello. Los


ojos del hombre estaban muy abiertos mientras miraba a
Daniel, dando un paso atrás, y luego otro. —No sé qué tipo
de juegos locos ustedes dos están jugando, pero déjenme
fuera de eso.

Daniel se giró hacia Ares mientras Vick huía. —¿Por qué te


ves como si hubieras visto un fantasma?

Winston miró en dirección a Vick y luego giró su mirada


hacia Ares. Sus cejas se fruncieron por un momento y luego
sonrió antes de volverse hacia el adolescente con el que
estaba hablando.

Ares tragó con fuerza, sintiendo los demonios de su


pasado regresar. —Tenía mi propia práctica.

—¿Hasta qué? —Daniel preguntó.

Las manos de Ares temblaban mientras apartaba los


largos mechones de delante de sus ojos. —Hasta que Clyde
Monroe llegó a mi vida. Él era un alma perdida que no pude
salvar. Al final, él mató a su familia y luego se suicidó.

Daniel se veía horrorizado. —¿Por qué Winston te


recuerda a él?

Ares envolvió sus brazos alrededor de su pecho, sintiendo


una ola de frío bajo su piel. —Porque yo no vi al monstruo
dentro de Clyde, como no me permití ver al monstruo dentro
de Winston.

—¿Eres un superhéroe?

Sacudiendo la cabeza, Ares miró a Daniel, confundido. —


No, ¿por qué?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Moviendo sus brazos alrededor de la cintura de Ares,
Daniel lo abrazó con fuerza.

—Porque no puedes salvarlos a todos. Hay algunos


monstruos que van a deslizarse bajo el radar y hay que
aprender a aceptarlo. Por mucho que me encantaría tener
un mundo en paz, la verdad es que vivimos en un lugar muy
violento.

—Eso no es tranquilizador.

Daniel pasó los dedos por la mandíbula de Ares. —Pero


aún hay una gran cantidad de bien en el mundo. Eso lo
aprendí de mis hermanos, de los Lakeland, y —Daniel le dio a
Ares un dulce, lento beso — de ti.

Ares vio a Winston entregar al adolescente una hoja de


papel antes de que el adolescente se alejara. —Tenemos que
seguirlo.

—¡Al Batimóvil! —Daniel gritó en voz baja.

—Eres extraño, amiguito —dijo Ares, mientras tomaba la


mano de Daniel y lo llevaba hacia su camioneta. Ares luchó
con la idea de pedir ayuda. Sabía que podía encargarse de
Winston sin problema, pero no sabía a qué situación se
estaba dirigiendo. Lo último que quería era que uno de esos
adolescentes saliera lastimado.

Le entregó a Daniel su teléfono celular. —Llama a


Malcolm y dile qué está pasando. Vamos a necesitar
respaldo.

—Mi adrenalina está bombeando y siento ganas de


vomitar al mismo tiempo. —Daniel tomó el teléfono y empezó
a marcar—. Por favor, dime que no vamos a convertirnos en
un dúo de lucha contra el crimen.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Deja los malditos libros de historietas —dijo Ares mientras
seguía a Winston.

—Pa, soy Daniel. —Su pareja habló por el teléfono—.


Batman y yo estamos persiguiendo a un villano y necesitamos
al clan del oso. —Daniel frunció el ceño—. No, no estoy
drogado.

Ares gruñó mientras tomaba el teléfono. —Te lo explicaré


todo cuando llegues aquí —le dijo a Malcolm—. Pero
necesito ayuda para rescatar a cuatro adolescentes de
alguien que los secuestró.

Pudo oír a Malcolm moverse en el fondo. —Sólo dime


dónde y nos encontraremos.

Ares le dijo a Malcolm su ubicación actual. —Pero no


tengo ni idea de hacia dónde nos dirigimos.

—No te preocupes, hijo. Mis chicos y yo vamos a estar


contigo muy pronto. —Malcolm colgó.

—Él está en camino. —Ares desaceleró cuando Winston


se detuvo en una calzada. Iban lo suficientemente lejos para
no ser visto. Sus dedos se tensaron sobre el volante mientras
miraba alrededor del patio descuidado.

Había un carro sin puertas a un lado y malas hierbas lo


suficientemente altas como para tragarse el carro
abandonado. Un gran contenedor de basura estaba a un
lado de la casa y fue entonces cuando Ares notó el letrero en
el patio delantero.

Lakeland Compañía constructora.

—Oh, infiernos —susurró Daniel—. Esa es la casa que


Maverick está rehabilitado para las personas sin hogar.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Eso no tiene ningún sentido. —¿Por qué Winston llevaría a
alguien a un lugar donde pudiera ser capturado?

—Porque Roman le dio a sus hombres la semana libre. No


estoy seguro de cómo Winston se enteró, pero este es el lugar
perfecto para esconder a alguien.

La casa se encontraba en un camino sin mucho tráfico.


Ares había estado sentado allí durante diez minutos y no
habían visto ningún otro carro.

—No puedo sentarme aquí y esperar.

Ares y Daniel salieron de la camioneta, moviéndose en


silencio hacia la casa. Ambos se mantuvieron bajos hasta que
llegaron al patio lateral. Ares avanzó para ver el interior por la
ventana. Lo que vio le heló el alma. Los cuatro adolescentes
estaban en una habitación, atados y con los ojos vendados.
Había dos hombres armados apoyados contra las paredes
opuestas, su expresión era de aburrimiento. También vio a
Winston y a Vick en la habitación. —¿Pensé que dijiste que
Vick no sabía nada acerca de esto? —Ares le susurró a
Daniel.

Daniel se encogió de hombros. —Mi talento no es


infalible. No soy tan viejo como Christian, por lo tanto, aún
estoy aprendiendo a ‘ver’ los pensamientos de otras
personas.

Ares miró a Daniel. —Podrías haberme dicho eso antes de


dejarlo ir.

—No preguntaste —susurró Daniel.

Ares giró la cabeza cuando oyó hablar a Winston. Volvió


a mirar por la ventana para ver que Winston estaba hablando
con Vick. —Llama al señor Samboria. Hazle saber que sólo
tenemos cuatro adolescentes maduros para su subasta.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Vick clavó un dedo hacia Winston. —Te dije que no los
tomaras. Deberías haber esperado a que termináramos la
película. Ahora Ares está tras de ti.

La expresión de Winston se oscureció. —¿Qué quiere


decir que está tras de mí?

Vick se metió las manos en los bolsillos delanteros,


balanceándose sobre sus talones mientras le sonreía a
Winston. —Porque soy muy bueno ocultando mi mano,
querido hermano. Había planeado esta operación a la carta
y la arruinaste por adelantarte.

Ares se agachó cuando Vick se giró hacia la ventana.


Daniel se veía horrorizado por lo que había oído. —
Secuestraron a esos niños para el mercado negro.

Daniel parecía mareado. —Lo he oído.

Mordiendo su labio, Ares dijo: —Hay dos hombres


armados adentro. Tenemos que acabar con ellos primero.

Daniel lo miraba boquiabierto. —En caso de que se te


escapara el aviso, no soy agente del FBI. —Hizo un gesto con
la mano hacia la ventana—. No sé nada acerca de
encargarme de los malos.

—Yo sí.

Ares y Daniel se giraron para ver a Malcolm y sus siete


hijos de pie detrás del imponente hombre. Malcolm inclinó la
barbilla hacia la casa.

—¿Has visto el interior?

—No puedo creer que utilizaran esta casa —dijo con


rabia uno de los Lakeland.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
—Cálmate, Roman —dijo Malcolm—. No había manera
de que supieras que esto iba a pasar.

—Aun así —dijo Roman mientras apretaba su mandíbula.

Ares le dijo a Malcolm lo que había visto. —Tenemos que


sacar a los hombres armados. No voy a correr el riesgo de
que esos adolescentes resulten heridos.

Chauncey sacudió la cabeza. —Maverick va a romperlos


en dos por haberlo engañado.

Sí, y esperaba que el Alpha no crea que él estaba en eso.


Ares se había sentado junto a Winston en la oficina del Alpha,
tranquilizando a Maverick sobre la película. Ares ya se había
enfrentado al Ultionem una vez.

«Joder si quiero enfrentarlos de nuevo».

Ares se había enfrentado a los líderes porque Daniel era


inocente, pero el poder en esa habitación no le había
pasado desapercibidos. —¿Alguno tiene un plan?

—Esperamos hasta que Winston y Vick salgan —dijo


Gavin—. De esa forma reducimos el número de elementos
hostiles.

Todo el mundo se dispersó cuando la puerta principal se


abrió. Tomó todo lo que Ares tenía no sacar la mierda de
Winston y Vick cuando los vio salir. Pero sabía que los dos no
dejarían el pueblo. Tenían que terminar la película. Mientras
que Ares jugara al bueno y dejara de hacer preguntas,
Winston y Vick se quedarían.

Malcolm hizo un guiño a Ares cuando él se acercó. —Hay


una sorpresa esperando a esos dos cuando regresen al
pueblo.

Ares le sonrió a Malcolm. —¿Debo preguntar?

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Malcolm se agachó y se dirigió hacia la parte trasera de
la casa cuando uno de los guardias armados salía al porche
delantero. Los dos hombres armados estaban separados. Esta
era su oportunidad de tener a ambos en el suelo.

Confiando en que Malcolm y algunos de sus muchachos


manejarían al hombre del interior, Ares, junto con Chauncey y
Roman, se dirigieron hacia el hombre en el porche delantero.

Roman apareció a la vista. —Disculpe. Estoy un poco


perdido y necesito algunas direcciones.

El extraño se apoderó de la culata de la pistola que


enfundó a su lado. —El pueblo está por ese camino. —Señaló
con la cabeza hacia la Villa Brac.

Una amplia sonrisa se dibujó en la cara de Román. —Muy


agradecido.

Ares había rodeado la casa y había logrado colarse en


silencio, subió al porche y se paró justo detrás del extraño.
Ares se estrelló contra el hombre, empujándolo hacia abajo
hacia el porche mientras agarraba la pistola de la funda. —
No vas a necesitar eso. —Inclinó su brazo hacia atrás y dio un
puñetazo en el lado de la cabeza al hombre—. Eso es por la
jodida mierda que le diste a esos adolescentes.

Chauncey y Roman entraron en la casa mientras Daniel


se acercaba al porche. —Parece que no necesitas un
compañero.

Ares ladeó la cabeza. —Bebé, siempre te necesito.

Los ojos de Daniel lo recorrieron. —Realmente eres un


superhéroe. —La piel de su pareja se sonrojó—. Al menos ante
mis ojos.

Ares se sentía de tres metros e indestructible, mientras su


rostro se calentaba por la manera en que Daniel lo estaba

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
mirando. Su cuerpo se ruborizó y un hormigueo recorrió sus
brazos para sostener a su pareja.

Pero primero, tenía que hacerse cargo del imbécil que


había inmovilizado. Y entonces... Bueno, iba a clavar a Daniel
y mostrarle al hombre lo mucho que apreciaba el cumplido.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Capítulo diecinueve

Daniel se estiró y se entregó a los brazos de Ares,


sonriéndole a su pareja. —Feliz Navidad.

Ares le dio a Daniel un lento ardiente beso antes de decir:


—¡Feliz Navidad a ti también, bebé!

Se sentía muy extraño despertar en su antiguo dormitorio


en la casa de los Lakeland. Daniel se había acostumbrado a
la habitación en la posada. Pero por alguna razón que no
podía entender, no se había sentido como en casa. Después
de todo el infierno que Daniel había pasado, estaba un poco
perdido. —¿A dónde vamos a ir?

—En este momento —dijo Ares—, al cielo. —Rodó a


Daniel, deslizando su pene en el culo de Daniel que estaba
aún extendido por lo de la noche anterior. Daniel agarró el
hombro de su pareja y envolvió sus piernas alrededor de la
gruesa cintura de Ares.

—Suena perfecto. —Daniel rozó la punta de los colmillos


en el cuello de Ares. Por extraño que pareciera, Daniel ya no
era tan reacio a beber de la fuente. No cuando era la sangre
de Ares la que sostenía su vida. Era casi poético.

Ellos dos también habían encontrado algo que


aumentaba más el placer de su vida sexual. Parecía que Ares
quería morder el hombro de Daniel, reclamándolo.

—Maldición, Daniel. —Ares silbó mientras movía sus


caderas—. Tendré que asistir a consejería de drogas porque
soy irremediablemente adicto a ti.

Daniel soltó una suave risa. —Eres tan cursi —susurró en el


oído de Ares. Aunque Daniel se burlaba del hombre, no

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
cambiaría nada de su pareja. Se quedó mirando fijamente al
hombre que amaba, sin pestañear, sabiendo exactamente lo
que Ares estaba diciendo—. Tu aliento es tan dulce que tus
besos podrían drogarme —Daniel susurró mientras le robaba
un beso.

—¿Sí? —Ares le guiñó un ojo—. Creo que te unirás a mí en


esas reuniones.

Esta probablemente era la conversación más cursi que


Daniel hubiera tenido y le encantaba. Prefería lo cursi al caos
cualquier día de la semana. Su corazón se sentía ligero y no
podía dejar de sonreír. Todo en lo que pensaba era en
permanecer en los brazos de Ares por el resto de su vida.

—¿Me amarás siempre, Ares?

Ares frotó la punta de su nariz sobre la de Daniel. —Hasta


que los ángeles me llamen a casa y la tierra deje de moverse.

El estómago de Daniel se agitó y perdió la conciencia de


todo lo que le rodeaba; todo excepto Ares.

Ares movió sus caderas, empujando su pene dentro y


fuera del cuerpo de Daniel. Sus labios apretados en el cuello
de Daniel, su cálido aliento, y el sólido cuerpo de Ares bajo
sus manos. Los labios de Daniel se separaron mientras
arqueaba la espalda y clavaba sus uñas en la piel de Ares.

Retirándose, Ares se apoderó de las caderas de Daniel,


empujándose más profundo, más duro, con el rostro
contorsionado de primitivo placer. El hambre en Daniel se
construía hasta que grito el nombre de Ares.

—Tan jodidamente hermoso. —Ares aceleró sus


movimientos, sus dedos encajándose mientras empujaba su
pene profundamente en Daniel. Hundió sus colmillos en el
hombro de Daniel y luego gruñó cuando se corrió. Daniel

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
gritó por el dolor y el placer de la mordedura de Ares que
prolongaba su orgasmo.

—Feliz Navidad —Ares repitió mientras besaba a Daniel


antes de sacar su pene—. Ahora levántate, perezoso.
Tenemos que ir abajo.

Daniel se mordió el labio inferior mientras empujaba el


pecho de Ares. —Ya veo. Me usas para tener sexo y luego
huyes.

Daniel gritó y se rio mientras Ares lo levantaba de la


cama.

—Ah, me has descubierto.

Después de ducharse y vestirse, se dirigieron hacia las


escaleras para ver a los niños nadar en un mar de papel de
regalo. Bacon estaba corriendo, saltando en picada a través
del papel, chillando como si fuera el mejor momento de su
vida. Sterling le había cambiado el lazo rojo por una cinta
verde que tenía una campana.

Ares se puso detrás de Daniel, envolviendo sus brazos


alrededor de la cintura de su pareja y apoyando la barbilla
en su hombro.

Su corazón se sentía pesado mientras observaba a los


Lakeland y sus parejas compartir esta mañana de fiesta.
Aunque Daniel ya no sentía que pertenecía aquí, él iba a
extrañar a esta familia.

Daniel frunció el ceño, inclinando la cabeza hacia un


lado. ¿Por qué la parte superior del árbol se inclinaba y se
arrastraba a lo largo del techo? El maldito tenía que ser de
tres metros. La estrella estaba colgando precariamente de la
punta del árbol, como si estuviera a punto de saltar en

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
bungee. ¿Qué loco había traído esa cosa de gran tamaño a
esta casa?

—Hey. —Raven bajó las escaleras y jaló el brazo de


Daniel—. Me alegra verte aquí abajo.

Remus se acercó por detrás de Raven y le entregó una


caja plana, cuadrada a Daniel. Las manos de Daniel
temblaban mientras la tomaba. —Esto es de mí, de Raven, y
D —dijo Remus.

Ares se apartó mientras Daniel desenvolvía el papel rojo


brillante de la caja. Un nudo sólido y ardiente se formó en su
garganta cuando vio una placa de madera oscura en una
tira de seda blanca. Sacó la placa de la seda y leyó las
palabras grabadas en oro.

«En reconocimiento al hermano que lo es todo para


nosotros».

—Pero… —Daniel se secó las lágrimas que estaban en el


borde de las pestañas—. No tenemos el mismo padre.

—Hombre, eres muy afortunado —respondió Remus—.


Pero tenemos la misma madre. Incluso si no compartiéramos
el mismo ADN, aún serías nuestro hermano pequeño.

Raven jaló a Daniel a un fuerte abrazo. —La familia tiene


que ver con la gente que amas, y no con la sangre.

Abrazando la placa en el pecho, Daniel miró a Ares. —


Gracias.

Ares frunció el ceño. —¿De qué?

—Amigo —Chauncey se acercó por detrás y le dio unas


palmaditas a Ares en el hombro mientras sacudía la cabeza—
. Tienes mucho que aprender.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Daniel se echó a reír cuando se unieron al resto de la
familia. Sacó los regalos que había comprado de debajo del
árbol, pasando a su alrededor. Le entregó el suyo a Ares.

—Pero yo no te compré nada —Ares respondió mientras


miraba la caja.

Daniel se inclinó y besó a su pareja. —Me diste el mejor


regalo que jamás podría pedir.

Ares lo miraba, escéptico. —¿Y qué es eso?

—Tonto —Chauncey murmuró.

—Tú —respondió Daniel.

Ares inhaló. —Será mejor que guardes el recibo.

—Sólo tienes que abrir tu regalo. —Daniel se mordió el


labio inferior mientras se puso de rodillas delante de Ares.

Ares abrió la caja y sacó un antifaz negro. —¿Qué es


esto?

Extendiendo la mano, Daniel la tomó y colocó la tela


alrededor de los ojos de Ares. —Para mi superhéroe.

Chauncey se giró hacia Curtis. —¿Dónde está mi


Batiseñal?

Curtis puso los ojos en blanco. —Te vestiste como Batman


para Halloween y ¿ahora crees que necesitas un Batimóvil?

—No. —Chauncey deslizó su labio inferior—. Solo la


Batiseñal.

—Sin esperanza —Curtis murmuró.

Ares le susurró al oído a Daniel, aunque Daniel sabía que


la audición de los Lakeland estaba por encima de la media.
—Ahora todo lo que tengo que hacer es comprar unas

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
mallas, compañero, y el sexo puede ser realmente
interesante.

La familia se sentó alrededor de la sala, la chimenea


crepitaba mientras hablaban en voz baja entre sí. Daniel miró
las ventanas y sonrió. Los Lakeland no sólo tenían colgaban
cortinas oscuras, sino que había capas de gruesas colchas en
las ventanas.

Nunca antes Daniel había conocido a una familia tan


desinteresada. Incluso después del incidente con Cole, Pa
había sido rápido en perdonar. Mirar fijamente a los osos sólo
hizo que Daniel se preguntara cómo alguien podía ser cruel y
frío con sus hijos.

—¿Seguro que no puedes quedarte? —Remus le


preguntó a Daniel.

Acurrucándose más profundamente en el pecho de Ares,


Daniel no quería que este momento se desvaneciera. Todos a
los que quería estaban en esta habitación. D y Sloane habían
llegado por fin, haciendo de esta mañana perfecta. —Sí,
pero eso no significa que no vaya a regresar.

Ares le había explicado a Daniel lo que iba a pasar con él


y aunque la idea de convertirse en un Loup Garou le
aterraba, no estaba molesto. ¿Cómo podía estarlo? Ares no
sabía que lo convertiría cuando lo alimentó para mantenerlo
con vida. Además, Daniel se sintió como si su cambio los
acercara más.

—No será lo mismo sin ti —Chauncey admitió—. Pero si


nos necesita, simplemente ilumina el cielo.

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
Curtis puso los ojos en blanco ante su pareja. —No voy a
conseguirte la Batiseñal.

Chauncey jaló a Curtis más cerca, plantando un beso en


la mejilla de su pareja. —Oh, conejito de miel..., lo harás.

Daniel miró a Cole y Oscar sentados delante de la


chimenea, jugando con el montón de juguetes que habían
recibido. Sonrió cuando vio a Cole contemplar fascinado el
juego de trenes que Daniel le había comprado. La máquina
jalaba los vagones alrededor de la pista, por una pequeña
colina, a través de un túnel, y sobre un pequeño falso arroyo.

Pero el sentimiento de que nada cambiaba se había ido.


Daniel ahora tenía un futuro brillante por delante. Era un
futuro lleno de promesas y uno al que le daba la bienvenida.

—Es sólo que Winston y Vick eran hombres malos —Tater


declaró desde el sofá donde Olsen tenía la cabeza apoyada
en el regazo del hombre—. No puedo creer que pasó por
todo lo de la actuación y que ni siquiera estuvieran filmando.

Eso había asombrado a todos. Era suficiente que las dos


personas que poseían la pequeña empresa independiente
fueran malas, sino que descubrir que ni siquiera habían
estado filmando las escenas fue un duro golpe para las
personas que habían trabajado duro para hacer que la
película fuera un éxito. Malcolm, él y Ares había dicho que
Villa Brac fue elegida porque Vick pensó que podía utilizar su
amistad con Maverick para encubrir lo que estaba haciendo.

Qué idiota.

Daniel estaba bastante seguro de que Maverick y los


demás estaban haciendo que Winston y Vick pagaran. Él no
quería saber los detalles. El Ultionem había estado esperando
a los hombres cuando llegaron al pueblo. Winston era un
shifter y Daniel estaba bastante seguro de que el chico sabía

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
que estaba jodido a fondo cuando se encontró con los
líderes.

En cuanto a Vick, el humano no iba a salvarse de la ira de


los líderes. Los cuatro adolescentes fueron devueltos a sus
hogares y Maverick había establecido citas para
asesoramiento para ellos. Daniel había considerado lo que
Magnum le había dicho. Pero con su madre desaparecida,
Daniel sabía que sus posibilidades de descubrir quién era su
verdadero padre eran escasas.

Quizás algún día iría a buscar esa respuesta. Por el


momento, se contentaba con ser la pareja de Ares.

—¿Sabes dónde van a vivir? —Malcolm preguntó desde


la silla en la que estaba sentado con Ashayla profundamente
dormida en los brazos de su abuelo. Su largo cabello hasta la
cintura en suaves ondas en cascada sobre el brazo de Pa.
Ella siempre le recordaba a Daniel un ángel.

—Tengo un lugar en las montañas —Ares respondió. El


hombre no iba a revelar dónde estaba. Era más seguro de
esa manera. Cuanta menos gente supiera, mejor. Aunque
Daniel confiaba en esta familia con su vida y la de Ares, el
lugar tenía que permanecer en secreto—. Vamos a estar allí
hasta que ambos aprendamos a controlar nuestras bestias.

—Van a aprender —dijo Pa con confianza—. Pero ya sea


que decidan quedarse allí o regresar, los espero aquí cada
Navidad. —Era una exigencia, no una petición.

—No lo haría de ninguna otra manera. —Daniel le sonrió


a Ares. Cuando miró a los ojos del hombre, el sentimiento de
estar perdido se había ido. Ares era su vida, su futuro y su
felicidad. Daniel vivía en un mundo de ensueño y no quería
despertar. El hombre en el que se acurrucaba con su cuerpo
musculoso y su flequillo negro sobre los ojos azul pálido y la

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen
hermosa sonrisa, era su destino y Daniel preveía amar a su
Loup Garou hasta que los ángeles le llamaron a casa y la
tierra dejara de moverse.

Fin

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NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Acerca de la Autora
Lynn Hagen ama escribir acerca de algo imperfecto, pero
adorable. También ama los héroes que pueden pasar por todo
para al fin encontrar el diamante de un hermoso corazón.

Puedes encontrarla cualquier día frente a su laptop con


una taza de caliente té de Java, trabajando en lo que dirán los
personajes de su siguiente historia

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201
NAVIDAD CON LOS LAKELAND | Lynn Hagen

Traducción:
Esther

Corrección:
Gaby

Edición y formato:
Gaby

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