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Vivimos insertos en UNA sociedad donde nos convencen y LUEGO nos

aUToconvencemos de QUE, para lograr el éxito en la vida, debemos


tener UNA familia consolidada, UNA carrera profesional, y dinero
para pagar NUESTras necesidades, para viajar, etcétera.

La “fÓRMULA de la felicidad y del éxito en la vida”. Yo inicié el mismo


camino. Creo QUE NUESTros padres, basados en COSTUMBRES
IMPUESTas y deseando “lo mejor para nosotros”, nos exigen ser
socialmente correctos. Hoy soy médico y veo la vida algo diferente,
con UN tOQUE de LOCURA, sí. Pero les PREGUNto:

¿Existen CUERDOS felices?

El MUNDO de Connie es el RESUMEN de mi vida, de mis LOCURAs, la


conexión con la energía y el poder de la mente.
De cómo la vida o el destino con SUS coincidencias me han hecho
atravesar las barreras de lo racional.

¿Han confiado ALGUNA vez en AQUELLO QUE no ven?


EL MUNDO DE CONNIE
EL MUNDO DE CONNIE
EL MUNDO DE CONNIE

El Mundo de Connie

Marcela Henríquez Rubio


EL MUNDO DE CONNIE

Primera Edición: Abril de 2020


Copyright © 2020 Marcela Henríquez Rubio

Todos los derechos reservados.


Nº Inscripción A-307909
ISBN: 978-956-401-770-9

Diseño de portada: Diego Pizarro Moyano


Ilustración de portada: Walter Silva Rojas
Diagramación: Marcela Henríquez Rubio
EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

DEDICATORIA

Si busco el significado de la palabra “dedicar”, la RAE me dice que es dirigir


a alguien, como un obsequio, una obra literaria.
No te conozco, pero esto es para ti, tómalo como aquel regalo y deja a tu
imaginación correr, saltar, volar a través de las páginas del Mundo de
Connie, tal vez nos encontremos por ahí.

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EL MUNDO DE CONNIE
EL MUNDO DE CONNIE

AGRADECIMIENTOS

Gracias, porque fuiste tú quien me motivó a escribir, porque acompañas mi


camino, porque me mostraste la vida desde otra perspectiva, simplemente
gracias, por ser tú.
Gracias a Robert, por ser parte del Mundo de Connie, por los momentos
compartidos, por la confianza, porque apareciste en el momento y de la
manera perfecta.
Gracias, a mi hermano, a mi madre, por la paciencia, por existir.
Gracias, a quienes hicieron posible que éste libro llegara a tus manos.

Gracias… Al Universo.
EL MUNDO DE CONNIE
EL MUNDO DE CONNIE

CONTENIDO

Prólogo 7
Introducción 9

Capítulo 1. Rescatando para rescatarnos. 11

Capítulo 2. Gracias al Universo. 15

Capítulo 3. Una vez más. 19

Capítulo 4. A veces se gana, a veces se aprende. 23

Capítulo 5. La historia de Connie & Flyde. 27

Capítulo 6. Dibujar mi camino. 31

Capítulo 7. Muchas preguntas, una respuesta. 35

Capítulo 8. Las cosas como son. 39

Capítulo 9. Mi amigo Miguela. 43

Capítulo 10. La historia debe continuar. 47

Capítulo 11. Corazón y alma. 49

Capítulo 12. Las piezas del puzzle estan encajando. 51

Capítulo 13. Mi pequeño gigante. 57

Capítulo 14. Entre lo racional y lo inexplicable. 61

Capítulo 15. No hay vuelta atrás. 65

Capítulo 16. Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. 69

Capítulo 17. Lo acepto, no me gusta estar sola. 71

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Capítulo 18. Dra. Desahogos. 75

Capítulo 19. Gracias a mi madre. 79

Capítulo 20. Hacer las cosas bien. 83

Capítulo 21. CER. 87

Capítulo 22. Un ciclo sin fin. 91

Capítulo 23. Pensar, decir, actuar. 93

Capítulo 24. Con los ojos abiertos. 95

Capítulo 25. Salud y enfermedad. 99

Capítulo 26. Es lo mismo, pero no es igual. 103

Capítulo 27. Volver al principio. 105

Capítulo 28. Amanecer. 107

Capítulo 29. Huellas. 111

Capítulo 30. La llave y la cerradura. 115

Capítulo 31. En el momento y de la manera perfecta. 117

Capítulo 32. En armonía con el Universo. 121

Capítulo 33. Nada es imposible. 125

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EL MUNDO DE CONNIE

PRÓLOGO

Dicen que nada en nuestras vidas sucede por mera casualidad o


coincidencia, todo es producto de nuestros actos y decisiones. Para ir un
poco más allá, me atreveré a decir que es nuestra energía la principal
protagonista.

No creo en el Dios que nos “vende” la Iglesia, aquel que exige


seguir reglas y luego nos castiga si no obedecemos. Sí creo en algo que va
más allá, que ha existido a lo largo de la historia bajo muchos nombres
diferentes, lo han llamado Fuente, Zeus, Padre, Sol, Universo, Dios,
etcétera. Una fuerza invisible que nos une, actuando directa y
proporcionalmente a nuestras intenciones.

El Mundo de Connie nació el día en que mi conciencia despertó.


Estas páginas albergan una parte de mi vida, siendo cada una de ellas testigo
fiel de mis sentimientos más reales y profundos.

Doy gracias a Dios por la oportunidad de compartir con ustedes lo


que aquí está escrito, desde el primer día, al último.

GRACIAS.

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

INTRODUCCIÓN

Si enumeramos nuestras necesidades, creo que son dos: sobrevivir


y evolucionar. Fue así como un día Robert, Flyde y yo, decidimos tomar las
riendas de nuestras vidas, las que hasta ese momento parecían un plato
lleno de tallarines o algo similiar al caos de la ciudad que nunca duerme.

Para evolucionar es necesario transformarse, cambiar.

Si somos lo suficientemente valientes tomamos decisiones que


marcan una nueva ruta en nuestro caminar, pero muchas veces, superados
por el miedo o la incertidumbre que supone perder lo que tenemos seguro,
preferimos no arriesgarnos.

¿Es mejor diablo conocido, que diablo por conocer?

Sobre eso Robert sabía bastante. Hace un par de semanas había tomado
nuevamente la decisión de terminar una relación de más de diez años, de la
que habían nacido dos hijos, Rafael y Benjamín, hoy lo suficientemente
grandes para entender por qué su papá se iba de la casa.

—Esta vez será diferente —decía Robert.

Yo podía notar lo sincero de su discurso, pero Flyde con el que


compartía una amistad de varios años, seguía incrédulo ante tal decisión, lo
había escuchado decir lo mismo más veces de las que podía recordar.

Flyde y yo nos conocimos hace tres años. Tinder fue nuestro “cu-
pido”. Creo que en ese momento a ninguno de los dos se nos pasó por la
cabeza que terminaríamos viviendo juntos, pero esa es una historia que les
contaré después.

Iniciaba el año 2018 cuando nuestros caminos se cruzaron en el


departamento 406.
Muchas veces, entre conversaciones y risas, comentamos sobre lo

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EL MUNDO DE CONNIE

agradable de la convivencia. Era inevitable preguntarnos si existía algún


motivo o solo era “destino”.
No necesitamos esperar muchos días para que la Sra. Respuesta
llegara a tocar nuestra puerta.

¿Una simple coincidencia, tal vez buena suerte o quizás energía, en


respuesta a nuestros pensamientos “alineando los planetas” en
consecuencia?

Lo dejaré a criterio de ustedes, pero ese fue el día en que comenzó


esta historia.

“La ciudad que nunca duerme”


NY, Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 1

RESCATANDO PARA RESCATARNOS

—¡Chiquillos! —exclamó Robert—, no se imaginan con quién compartí


esta tarde.

Flyde y yo apenas despertábamos. Nuestros horarios siempre


estaban cambiados, buenas noches en las mañanas o almuerzos a las 23:00
hrs. No era de sorprenderse de que cuando Robert llegaba lleno de energía
a contarnos su día, nosotros recién despegáramos un ojo.

—¿Con quién? —preguntamos mientras un bostezo nos hacía callar.

—Con el Chicho —respondió Robert—. Y tiene una planta que es de 4 mt


x 4 mt, llega desde acá hasta por allá, debe tener como 1 kg. en cogollos y
están buenos, me regaló todo esto, ¡fumemos! —agregó.

Puse un poco de la oferta en mi pipa y llené mis pulmones.


Después de toser y que el humo saliera por los oídos, empecé el viaje. Cerré
los ojos y podría jurar que vi la energía bailar frente a mí, eran mil colores,
que juntos pintaban el más lindo de los cuadros, me transmitió paz,
tranquilidad.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando desperté del sueño, me


encontré mirando la pared; una risa discreta se plasmó en mis labios, y fue
inevitable querer más.

Nos miramos y sabíamos lo que teníamos que hacer, estaba en


nuestras manos la solución a nuestros problemas. Y no por falta de dinero,
creo que nuestras prioridades eran diferentes, estábamos acostumbrados a
sobrevivir, pero nunca de una forma mala o fome, ya que si algo faltaba, de
alguna parte siempre aparecía. Somos de aquellos a los que les gusta vivir al
límite; recién ahí aparecen nuestras mejores armas, así disfrutamos la vida.

Y al fin llegó el día de visitar a nuestro amigo del tesoro. Pensamos

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EL MUNDO DE CONNIE

que una buena idea sería hablar compartiendo un asado, un vino y un par de
cervezas.

— Pero no tenemos plata —les dije.

Pero como les mencionaba, eso nunca fue un problema.

— No se preocupen —dijo Robert—, yo me conseguí un par de “lucas”,


hay que pasarlas a buscar en el camino.

Los tres nos miramos y sonreímos.

—¡No se diga más! —exclamó Flyde.

Presentíamos que todo saldría bien, una luz invisible iluminaba


nuestro camino.

Fuimos a buscar a la Eva, mi auta, la que nos transportaba en


nuestras aventuras. Cuando la compré era la más bonita de todas, de un
blanco resplandeciente, último modelo, perfecta desde donde la miraras.
Pero como soy manitos de hacha, hoy ya no era la misma, parecía como si
le hubieran pegado un combo, que le quebró todos los dientes y le dejó un
ojo morado, pero igual sonreía.

Después de un par de horas al fin llegamos donde Chichin, como


cariñosamente le decía Robert; vivía en las afueras de Santiago con la Dani,
su pareja, quien además era hermana de Robert, y su hijo pequeño, Máximo.
Nos recibieron con los brazos abiertos y el carbón prendido.

Entramos en la casa y en el patio estaba el tesoro.

— Está así solo con agua, no le puse ningún fertilizante, nunca imaginé que
iba a crecer tanto —dijo Chicho—. Sin ir más lejos desde que era chica, la
pisaron, le pusieron cemento encima, le faltó agua, le sobró agua, es una
sobreviviente –afirmó.

“Es una de las nuestras”, pensé.

Después de comer, conversar y volar regresamos al departamento.


Estábamos felices, agotados y con las manos llenas: habíamos rescatado para
rescatarnos

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“El Tesoro”
Cannabis Spp. Autora, Connie

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Capítulo 2

GRACIAS AL UNIVERSO

Amaneció nuevamente en el departamento 406, era un nuevo día y


teníamos mucho trabajo por delante, ahora todo dependía de nosotros, el
Universo había hecho lo suyo y era nuestro turno de tomar lo que se nos
ofrecía; sabíamos que no iba a ser fácil, pero confiábamos en que nada
saldría mal, creo que en eso está la clave del éxito.

Una vez leí un libro llamado El oráculo del guerrero. Todo lo que ahí
está escrito me hace mucho sentido, en especial el capítulo 13, número al
que “coincidentemente” considero de la suerte. El 1 y el 3 se me han
“repetido” toda la vida.

“Salta al precipicio. Arriésgalo todo y lánzate. Aunque todo en el exterior parezca


indicar que morirás, inténtalo. La mano del Altísimo te recogerá en el último momento.
Pasarás hambre y frío. Sentirás el horror apoderarse de tu piel durante la caída. Pero no
dudes. Si lo haces, morirás. Confía en que nada te pasará. Y aterrizarás suavemente.”
(El oráculo del guerrero, XIII)

¿Coincidencia?, después de todo lo que he vivido y experimentado


a lo largo de mi vida, hoy creo que las coincidencias y la suerte son mucho
más que solo eso. Y así he aterrizado cada vez que confío en el poder del
Universo, nunca me ha decepcionado; todo lo contrario, me ha hecho creer
cada día más.

Al día siguiente, estábamos compartiendo sentados en el piso del


living del departamento. Hasta ese momento solo teníamos una alfombra
para adornar nuestro entorno. Las cosas materiales nunca han sido tema
para mí, pero esa alfombra peluda era tan bonita que la intentábamos
cuidar, sobre todo de Robert, que parecía buscaba el momento y lugar
exacto para dar vuelta un vaso sobre ella.

Los tres nos miramos y fue como si supiéramos lo que pasaba en


nuestras mentes; reímos e hicimos un salud por nosotros, por el hoy y por

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EL MUNDO DE CONNIE

el mañana; dimos gracias al Universo, mientras mi medidor personal de


energía subía y subía, poniéndome todos los pelos de punta. Es como un
escalofrío que me recorre desde la cabeza a los pies.

Esa no fue la primera ni la última vez que nos encontramos


compartiendo sentados en el piso, pero un día el suelo fue muy incómodo
para continuar así.

—Necesitamos un sillón —le dije a Robert y a Flyde.

—Podría ser un sillón-cama para cuando vengan los niños. ¿Y si meditamos


para conseguirlo?— preguntó Robert.

La primera vez que compartí con Robert, nos encontrábamos en la


casa de mi amigo Miguela. Ese día él me habló de metafísica.

—Vas a pensar que estoy loco, no todos entienden esto de la energía, pero
algo me dice que debo enseñarte —me dijo, sin entender por qué sentía la
necesidad de hablarme del tema.

Salimos al balcón, recién amanecía, el sol iluminaba todo a nuestro


alrededor, árboles, pájaros, flores, y a mí. Me llené de luz, fui parte del
Universo y sus misterios. Fue como si hubiera encontrado la pieza del puzle
que faltaba para entender y ver lo que hasta ese momento era oscuro.

Desde ese día, Robert me entregó poco a poco las herramientas


para entender y usar lo que en mí venía integrado; pasó a ser algo así como
mi “maestro”. Recurro a él cada vez que necesito esa palabra clave, en él
confío, sabe qué y cómo decirme las cosas. Imagínense toda la fe que le
tengo tomando en cuenta lo “Connie” o porfiada que soy.

Por eso, cuando decidimos atraer el sillón, no dudé en que lo


conseguiríamos. Y llegó justo el día en que lo necesitábamos; tenía
precisamente todo lo que buscábamos y el precio que podíamos pagar. Ese
día, Rafael y Benjamín durmieron en el sillón. Y una vez más le dijimos
gracias… al Universo.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Coincidencias”
Rafael (I), Robert, Benjamín (D).
Autora Connie

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Capítulo 3

UNA VEZ MÁS

Después de un par de días creció en nosotros nuevamente la


inquietud de sentarnos a meditar. Nos concentramos en atraer un nuevo
hogar con dos piezas grandes, dos baños y un estacionamiento para dejar a
la Eva.

Yo sabía cuál era el departamento que quería, lo vi un día


caminando junto a Flyde.

—Ese edificio me gusta —le dije—. Quiero vivir ahí, en el último piso.

—Si eso quieres, ya sabes lo que tienes que hacer —me respondió.

Sí, lo sabía, solo debía quererlo y confiar con el alma que así sería.
Flyde había sido testigo muchas veces de ese “alineamiento de planetas”.

Esa meditación fue una especie de experimento, nos


interrumpimos mil veces, en el colegio no te enseñan ese arte, solo nos
dejamos fluir. Cuando terminamos no sabíamos si lo habíamos hecho bien
o mal, pero los tres quisimos atraer lo mismo. Ahora estaba en manos del
Universo, solo teníamos que esperar.

El día siguiente empezó temprano para Robert y para mí. Flyde,


medio vampiro medio humano, no existía durante el día. Abrí mi
computador y comencé la búsqueda del nuevo departamento, tenía claro lo
que buscaba; sin embargo, al poco andar, me di cuenta de que sería una
tarea difícil, nadie confía en nadie en estos días, por lo que te piden hasta
grupo de sangre para arrendar. Y no es que tenga sangre verde o azul, solo
que las circunstancias de la vida me habían llevado a tener deudas que
alcanzaban los cincuenta millones de pesos. Y creo que llegó el momento
de resumir una parte de mi historia y contarles el porqué de mi millonaria
deuda.

Tengo 31 años, hoy soy médico y tengo el “mal de Parkinson”, que

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EL MUNDO DE CONNIE

me ha acompañado durante los últimos cinco años de mi vida. Uno de los


efectos adversos de los remedios que tomo cada tres horas es el descontrol
de impulsos y, como siempre he estado media loca, cuando apareció la
ludopatía, no le encontré nada de malo, hasta que me bloquearon las tarjetas
y me cerraron las cuentas por falta de pago.

Entederán, entonces, que me aceptaran como arrendataria, se hacía


una tarea cuesta arriba. Visité varios departamentos, tampoco teníamos
opción de regodearnos, faltaba solo un mes para cambiarnos de casa.
Escuchábamos un no tras otro no, pero eso no hacía claudicar nuestras
esperanzas; todo lo contrario, nos hacía más fuertes, porque con cada no
recibido aprendíamos qué no hacer y qué mejorar para la próxima visita.
Bueno, la verdad, Flyde fue quien me mostró mis errores; siempre ha sido
igual, de él he aprendido mucho.

Y un día, en la búsqueda de siempre, apareció el departamento en


el que me había imaginado viviendo, último piso, ese que había deseado con
el alma, estaba ahí publicado en Internet con mil requisitos para arrendar
que no leí, solo llamé para agendar una visita.

—¿Puede venir ahora? —me preguntó el corredor.

—Sí —contesté—. Puedo llegar en una hora.

La verdad, me demoraba cinco minutos caminando al nuevo


edificio, pero no estaba dispuesta a cometer ningún error. Algo que he
aprendido de la vida es que como te ven, te tratan y la primera impresión es
muy importante.

Me vestí y me arreglé como para parecer doctora; cuando estuve


lista, llegó Robert del trabajo.

—Encontré nuestro departamento —le dije con una sonrisa en los labios.

—¿De verdad, Connie? —preguntó Robert—. ¿Ya lo fuiste a ver?

—Ahora voy para allá —le respondí—. Es justo donde quería vivir desde
un principio.

Recordé en ese momento a Flyde, cuando le comenté mi deseo y


me dijo: “sabes lo que tienes que hacer”. Sí, siempre lo supe, y estaba aquí.
Gracias, le dije al Universo, siempre me escucha.

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EL MUNDO DE CONNIE

Cuando entré al departamento 2407, sentí un escalofrío recorrer mi


cuerpo, el mismo escalofrío cuando siento la energía a flor de piel, no tenía
dudas, era ese y ninguno más el destinado a ser de los tres. Era perfecto y la
vista de la terraza nos acercaba un poco más al cielo; quería quedarme ahí
para siempre. Ya sabía qué le tenía que decir al corredor, había aprendido
del ensayo y error.

—Lo conversaré con mi señora, quien es la dueña del departamento —me


dijo—, pero no creo que haya problema con arrendarte.

No se imaginan la felicidad que me invadía, no podía esperar


contarle a Flyde y a Robert lo que había sucedido.

El día terminaba, el sol se escondía en el horizonte y el Universo nos


había escuchado, una vez más.

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EL MUNDO DE CONNIE

“El sol se escondía en el horizonte”


Constitución, Chile
Autora Connie

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Capítulo 4

A VECES SE GANA, A VECES SE APRENDE

—Me siento abrumada —le dije a Robert.

Recuerdo que me miró con cara de sorpresa mientras caminábamos


a comprar.

—¿Por qué? —me preguntó algo preocupado.

Pero qué difícil es explicar una sensación, que por lo demás es tan
ajena a la lógica y desconocida para muchos. Incluso para mí hasta ese
momento.
Era algo que estaba recién entendiendo, pero sentía que ya iba
varios cursos adelante, sin ni siquiera saber en qué momento había
aprobado los anteriores.

—Siento que el Universo me dio un regalo, hace mucho tiempo, que ahora
abrí, pero brilla tanto, que estoy encandilada sin saber qué hacer con él —le
dije.

—Es normal que te sientas así —me respondió—. Eres especial y no tengas
duda de que nadie más que tú sabe cómo usar ese don.

De alguna forma me sentí más tranquila, pero ansiosa al mismo


tiempo; quería poner a prueba todo lo que podía hacer, vivir todo lo que
estaba preparado para mí.

Al otro día recibí la llamada del corredor.

—Lo siento —me dijo—, tenemos otro arrendatario que envió los papeles
antes y le arrendaremos a él.

No quería creer lo que estaba escuchando, si todo hasta ese


momento parecía fluir. Pero algo en mi interior me decía que todo saldría

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EL MUNDO DE CONNIE

bien, no podía sacar de mis pensamientos que ese departamento era el que
nos correspondía.

Mi madre una vez me dijo: “si te caes te levantas, si quieres algo lo


consigues, tu voluntad es más grande que cualquier cosa”.

Mientras tanto, en el departamento, el tiempo pasaba volando,


literalmente, era un regalo de abril. Y así, un día viajando por “Narnia”,
conversamos de la numerología. A Robert le tocó el número 3, Flyde se
adueñó del 5 y para mí fue el 11. Nos sorprendimos al leer la descripción de
cada uno, solo faltaba nuestra foto al final de cada una de ellas. Desde ese
día nos ocupamos de compartir esa información; queríamos que todos se
enteraran de esos misterios.

—Quiero decirte algo, amigo —le dije a Robert, mientras esperábamos el


ascensor para subir al departamento—. Sé que ya nos dijeron que no sobre
el departamento 2407, pero siento que nos corresponde, no he podido dejar
de pensar en eso, incluso imaginé que me llamaba el corredor para decirme
que la otra persona no iba a poder arrendar, que le habían ofrecido un
trabajo mejor fuera de Santiago y que estaba todo listo para que fuera
nuestro hogar.

Recuerdo que Robert me miró y rio.

—Esperemos que sea así —me dijo—; si lo sientes, así debe ser.

Cuando desperté al día siguiente, tenía un mensaje del corredor en


mi teléfono. Se deben imaginar qué fue lo que me escribió.

“¿Ya arrendaste algo, Connie?”.


“¿Por qué, me tienes una buena noticia?”, escribí de vuelta.
“La persona que iba a arrendar no lo va a poder hacer”.

Nos reunimos en el nuevo departamento para concretar detalles.

—Te mostraré el estacionamiento y la bodega —me dijo.

Cuando llegamos al piso -1, casi no podía creer lo que estaba


viendo, el estacionamiento era el 35 y bodega la nº11. Sentí como si el
Universo hubiese querido dejar su firma, ¿cómo dudar ante lo evidente?,
¿coincidencia?.

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EL MUNDO DE CONNIE

Ya estaba convencida, tenía una línea directa con Dios y la soberbia


se apoderó de mí. Sentía que tenía en mis manos la llave y que era
invencible. Fue justo ahí donde todo se desmoronó.

—¿Qué crees que falló? —me preguntó Robert.

—Los planetas estaban alineados, no entiendo qué hice mal —respondí.

—Pienso que no ser humilde y la soberbia —me dijo.

Yo solo agaché la cabeza. A veces se gana, a veces se aprende, esta


vez tocó aprender.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Un regalo que encandila”


Bayahibe, Republica Dominicana
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 5

LA HISTORIA DE CONNIE & FLYDE

Corría el mes de mayo del año 2016 y me encontraba terminando


un largo día en la consulta, donde me desempeñaba como médico. Habían
pasado un par de semanas desde que había tomado la decisión de dejar el
departamento en donde vivía con mi esposo.

Después de casi seis años en pareja y dos viviendo juntos, la


historia de amor que había empezado como un cuento de hadas, había
llegado a su fin. Él fue mi primer y gran amor, pero el destino que un día
nos unió, había decidido que se acabara. Ambos esperábamos del otro a
alguien que no estábamos dispuestos a ser, nos amábamos, pero yo no quise
seguir estirando un elástico que se rompería tarde o temprano.

La vida es demasiado corta para hacer otra cosa que no sea ser
feliz.

Y así fue, como un día, tomé mis maletas y me fui. En ese


momento me sentía a la deriva; de lo único que estaba segura era que no
quería seguir ahí, pero ¿a dónde ir?.

Estaba sola frente al mundo, había salido de mi zona de confort,


pero no dejé que el miedo y la ansiedad me invadieran, tenía que seguir
viviendo. En ese momento tomé mi celular y abrí Tinder. Entre varias caras
desconocidas una llamó mi atención, un superlike azul rodeaba la foto de él,
Flyde. Conversamos y acordamos juntarnos; tenía claro que no quería nada
serio. Nerviosa me subí a mi auto, prendí mi pipa y volando llegué a su casa.

—Hola, soy Connie —le dije—. ¿Quieres fumar?

Y su sonrisa al decirme que sí, hicieron revolotear las mariposas en


mi estómago. Conversamos y conversamos, nos mostramos tal cual éramos,
reales; creo que por eso nos gustamos, nos buscamos y nos volvimos a
encontrar, una vez tras otra.

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EL MUNDO DE CONNIE

Nos sorprendimos al darnos cuenta que estábamos compartiendo


el mismo techo y lo mucho que nos complementábamos. Por más raro que
suene, yo respondía lo que él pensaba y él me escuchaba sin tener que
hablar. Fue así como disfrutamos uno y mil momentos juntos: Santa Cruz,
Puerto Montt, Lago Rupanco, pescar, karaoke, disparar, hamburguesas, el
cine, acampar, regalonear, películas, los Anunnaki, mi amigo Miguela, su
amigo Robert, Pudahuel sur, Viña del Mar, el casino, ceviche, huevo a la
copa, y podría seguir por páginas y páginas.

Nos entendimos en nuestra locura, desafiamos lo convencional,


caminamos uno al lado del otro en la dirección que quisimos, estábamos en
pareja pero no amarrados, una relación abierta que nadie entendía, solo
nosotros. Éramos muy felices juntos, pero un día, lo de relación abierta
comenzó a pasar la cuenta.

—Si la vas a hacer, que sea piola—me decía.

Y yo no podía estar más en desacuerdo. Creo que de la mano de los


sentimientos llegaron también los celos y no desde mi parte, no soy celosa,
nunca lo he sido, pero era inevitable pensar que él quería la ley del embudo.

Fue así como esa conexión tan intensa después de dos años hizo
cortocircuito.

—Yo solo quiero tu amistad —un día me dijo.

—Yo te amo —respondí—. Nunca voy a poder ser tu amiga.

Lo intentamos, créanme que sí, pero la confianza es algo tan difícil


de ganar y tan fácil de perder y para qué hablar de querer recuperarla.

Y un día apareció “Principito” en mi vida, con una mirada inocente


y ganas de conquistarme. Cuando Flyde se enteró, cerró la puerta por fuera
y botó la llave.

—¿Qué esperabas? —le pregunté—. Tú te alejaste, y quisiste solo mi


amistad.

Él no dijo nada, solo se fue.

Una relación intensa, una historia llena de aventuras, una historia


que nunca olvidaré y que ese día murió, al igual que la historia de Bonnie &
Clyde.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Conexión”
Connie & Flyde
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 6

DIBUJAR MI CAMINO

No me acuerdo cuándo partí escribiendo, pero la primera vez que


participé en un concurso de poesía tenía 10 años. Estaba segura que iba a
ganar, pero el premio se lo llevó la hija del presidente del centro de padres.

A mis 32 años me he dado cuenta de cuánto disfruto escribir y,


además, lo hago con el alma, siento que el papel recibe el primer golpe de
sentimientos y se llena de esa emoción que pongo en cada letra; es mi forma
de desahogarme, es cuando mi “cabeza me habla”.

En este momento me observo desde fuera y veo el camino que he


recorrido, las personas que me han acompañado, las que aún están y las que
se quedaron atrás, los obstáculos o paredes que atravesé y hasta yo me
sorprendo de mi capacidad de sobreponerme a la adversidad. Soy tan fuerte y
débil al mismo tiempo, me siento rara o distinta a la mayoría de las personas,
soy como el otro lado de una moneda, es como si la lógica no participara de
mi ecuación, es mi instinto el que lucha por ocupar ese lugar.

Cosas que para la mayoría de las personas son obvias, para mí no y


actúo al contrario. Sí, soy muy porfiada y terca, pero haciendo las cosas a mi
manera muy feliz.

Soy dócil e ingenua en ocaciones, entrego mi 100% siempre.


Confío en la gente y les doy la oportunidad de mostrarse tal cual son y al
mismo tiempo yo también soy muy real.
Me han dañado muchas veces, pero es mi forma y la verdad es que ese daño
depende de cuánta estima tenía. Tengo heridas, algunas más profundas que
otras, pero una rápida y buena cicatrización.

Soy simple y no leo indirectas.

Creo que todos tenemos derecho a equivocarnos, pero actuar con


maldad es algo muy diferente.

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EL MUNDO DE CONNIE

Y para que me conozcan un poco más, cuando decido algo, no


existe el “no puedo” en mi mente, sobre todo si lo veo como un desafío.
Fue así como terminé mi carrera de médico-cirujano. Seis meses antes de
titularme (después de nueve años en la universidad), me diagnosticaron
enfermedad de Parkinson. Recibí el golpe, me limpié las lágrimas, nunca
abandoné mi propósito y me gradué junto a mis compañeros y amigas.

Es verdad, los golpes y las caídas duelen, pero no vine a


lamentarme y a llorar, pierdo tiempo, pierdo energía y no me gusta perder, a
excepción de los kilos de más y eso confirma la regla.

Hoy me paro erguida en el camino y le grito a la vida que mi


voluntad y mi fe son mi estandarte, que no hay desafío que no esté
dispuesta a hacer frente, que estoy aquí y dejaré mi huella, porque soy yo la
dueña del lápiz para dibujar mi camino.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Tan fuerte y tan debil”


Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 7

MUCHAS PREGUNTAS, UNA RESPUESTA

Mientras escribo me pregunto cuántos capítulos serán al final.

—33 —me responde mi cabeza.

Y sí, me parece un buen número. No se asusten, tengo claro que


estoy loca (+++) y que no tengo ni uno, ni dos, ni tres, sino diez enanos
que se me arrancan al bosque. Pero esta no es la primera vez que siento que
mi cabeza me “habla”; sin ir más lejos cada vez que escribo y las palabras
fluyen, es porque siento que llega a mí la “iluminación divina”, como suelo
llamarle, y escribo y sigo escribiendo. Guardando las proporciones, por
supuesto, he visto entrevistas a gente famosa, cantantes, escritores, etcétera,
que hablan de una sensación similar.

“¿Será que mucha gente leerá todo esto?”. Me encantaría que así fuera.

Otra pregunta que me hago a veces, es que si tendré enfermedad de


Parkinson toda mi vida o aprenderé a usar mi mente para sanarme. Hay
ocasiones en las que no hay nada que calme el temblor; es tan incómodo,
muchas veces rompo en llanto de impotencia y frustración. Pero cuando se
apodera de mí ese lado raro, me relajo, me concentro y como si fuera maga
el temblor desaparece. He pensado que si soy capaz de vivir en un estado
“zen” no tendría síntomas y no creo que sea imposible.

Lo bueno, veo cuál podría ser la solución, ahora solo debo confiar
en que el Universo me mandará lo que necesito. Y el capítulo final tendrá
de título “No existe nada imposible” y les contaré que estoy sana, que me
puedo mover “normal”, a pesar de que eso nunca ha sido así. Toda la vida
he tenido dos manos izquierdas y dos pies derechos: la torpeza es parte de
mí.
Pienso que confiar es la clave. Hace algunos meses le comenté a
Robert que quería tatuarme.

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EL MUNDO DE CONNIE

—¿Qué quieres hacerte? —me preguntó.

—La palabra Bushido en letras chinas —le respondí—. Representa el


camino del guerrero y simboliza características que considero muy valiosas
en una persona.

—Yo te lo regalo —me dijo Robert.

Agendamos la hora y ambos fuimos por nuestros tatuajes, digo


ambos porque Robert se grabó en la piel el nombre de sus dos hijos, Rafael
y Benjamín.

Yo tengo tres tatuajes, este sería el cuarto, mucha gente pregunta


“¿te dolió?”. Bueno, es una aguja que inyecta tinta en la piel; sí duele, en
algunos lados demasiado, en otros casi nada y en otros apenas se siente.
Pero en los lugares donde los huesitos están a flor de piel, como la cabeza o
las costillas, duele y mucho. Bushido lo había imaginado en mis costillas y
estaba dispuesta aguantar cualquier dolor.
Me acosté en la camilla y en el mismo instante en el que la aguja tocó mi
piel, pensé en arrepentirme y abortar la misión, pero no quería que fuera el
dolor el que lo dejara sin terminar. En ese momento, puse a prueba el poder
de mi mente.

—¿Puedes parar un poco? —le dije al tatuador—. No aguanto el dolor,


necesito relajarme, ¿me darías un minuto? –le pregunté.

Cerré los ojos y me conecté con la Energía Universal.

La aguja continuó su trabajo, mientras yo solo sentía una cosquilla


discreta que me hacía reír. Fueron un par de minutos de tregua y el dolor
volvió.

—Por favor, vuelve a poner la aguja donde estaba, me duele mucho y recién
no la sentía.

—Connie, la aguja está en el mismo lugar, no la he cambiado —me


respondió.

Muchas preguntas, solo una respuesta: confiar.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Nada es imposible”
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 8

LAS COSAS COMO SON

Cuando conocí a Principito, sentí que su interior pedía ayuda a


gritos, mientras él insistía en taparle la boca a su alma; mi ser ya lo había
oído y cuando alguien requiere una ayuda sincera y sin el afán de
aprovecharse, es cuando más les sirve el granito de arena que entrego.

Créanme no quería involucrarme sentimentalmente. Flyde era el


dueño de ese espacio en mi mente y en mi corazón; mis sentimientos hacia
él estaban presentes todos los días y lo digo literalmente. Cuando se piensa
en algo con el corazón y con el alma al mismo tiempo, es cuando el
Universo escucha y la energía se mueve.

“Te extraño con el alma, sé que me estás escuchando”, un día


pensé.
Algo en mi interior me dijo mensaje recibido, pero quedó en los “vistos”.
Al menos eso creo, nunca sabré a ciencia cierta si me escuchó.

Mientras tanto, Principito hacía todo y más por ganarse un espacio


en mi corazón.

—Quiero que te desencantes —le decía.

—Me encantas —respondía él.

Yo sabía el final de la historia desde el primer día, solo quería


ayudarlo a creer en él mismo, a confiar, y que ese caos Principito, el
agresivo y lleno de rabia, se calmara. Le expliqué que los sentimientos
negativos atraen cosas negativas y los sentimientos de amor y felicidad son
más fuertes y atraen solo cosas buenas.

—Connie, yo no creo en esas cosas, abre los ojos, la vida no es color de


rosa —me decía día tras día.

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EL MUNDO DE CONNIE

—Para mí, es del color que yo decida —le respondía.

Compartir nuestro día a día, lo hizo vivir en primera persona que


El Mundo de Connie es real y que solo hace falta confiar y ser feliz.
Fue así como un día llegó a acompañarnos nuestro perro “gato”, trajo
alegría, paz y ganas de molestar o jugar que es más o menos lo mismo.

—Gracias, Connie, por ser como eres —me dijo—. No te voy a negar que
me cuesta creer en todo esto, pero lo he visto y lo he vivido junto a ti; hoy
me siento una mejor persona, aprendí y tengo ganas de hacer las cosas bien.

Escucharlo decir todo eso me llenó el alma. Misión cumplida,


pensé, ahora debe volar solo.

—Quiero que seamos amigos —le dije.

Pero fue como si le sacara el piso y volvió a aparecer caos


Principito. Debo reconocer que debería haber dejado las cosas claras desde
el principio, no haber dejado lugar a la duda.
Pero me equivoqué, dejé la puerta abierta, cuando sabía que debería haberla
dejado cerrada.

—Yo no quiero hacerte sufrir, pero si insistes en entrar eso es lo que va a


pasar —le dije.

Él no me escuchó.

Mi vasito se llenó y se rebalsó, es verdad, podría haber hecho algo


para que la historia del Principito y la rosa tuviera un final menos amargo.
Siempre fuimos honestos, pero nunca le hablé sobre mis sentimientos hacia
Flyde. Hice crecer en él un amor unilateral, me equivoqué, mezclé mis ganas
de ayudarlo con una historia de amor que solo dibujó él. Y por eso pido
perdón.

Cada uno es responsable de sus decisiones y sus consecuencias y yo


no soy la excepción a la regla. #LasCosasComoSon.

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EL MUNDO DE CONNIE

El perro “Gato”
Autora Connie.

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 9

MI AMIGO MIGUELA

Si existen amistades especiales es la que tenemos con mi amigo


Miguela. Tengo claro que cuando sepa que le puse ese nombre para los
efectos de este libro, me odiará, pero solo por un par de segundos.

Nos conocemos desde hace unos cinco años. Fue en esa época
cuando me ofrecieron trabajar en las afueras de Santiago, una urgencia
pública, con pocos recursos, como todo lo relacionado con la salud en
Chile. Siempre he amado lo que hago, ser médico me apasiona, ayudar a
otros, es a lo que vine; por ese motivo, no le di muchas vueltas y acepté el
desafío. Estuve ahí por casi tres años; al poco andar fui jefa (s) de la
urgencia, imagínense, en mi primer trabajo como médico y con poco o nada
de experiencia laboral. Pero siempre me ha gustado liderar equipos,
optimizar los tiempos, procesos, etcétera; cuando se me plantea un
problema, las ideas en mi cabeza giran a 1000 km por hora.

—¡Doctora! —una voz seria y cortante me hizo voltear.

Lo miré de pies a cabeza, venía impecablemente vestido, detrás de él, algo


así como una comitiva de supervisión.

—¿Sí? —respondí, levantando una ceja.

—No puede venir con las uñas pintadas a trabajar —me dijo con voz seria.

—Ok —respondí.

Me di media vuelta y continué trabajando.


“Este “cola” está celoso porque no puede venir él con las uñas
pintadas”, pensé.

Al día siguiente, llegué a trabajar con las uñas azules fosforecentes.


Sabía que iría a fiscalizarme.

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EL MUNDO DE CONNIE

—Te apuesto que ese enfermero cola va a venir a decirme que me saque la
pintura de las uñas —le comenté a mi colega—. Está celoso, porque él no
puede venir así, ¿o acaso él ve en las uñas si hago bien o mal mi trabajo?.

—¡Doctora! —escuché a mis espaldas.


Sabía que era él, y como me había caído mal desde un principio, giré casi
con las manos en la cara para que viera mi nuevo esmalte.

—Tome —me dijo—, no puede venir con las uñas pintadas a trabajar.

Me pasó un quitaesmalte a prueba de Connie. Era el enfermero jefe


de Calidad del Hospital, así que no me quedó otra que acatar.
Debo reconocer que no toleraba su “superioridad”; en lo personal, tengo
un problema con la autoridad (ya les contaré detalles en un próximo
capítulo).

Y un día, tuvimos que trabajar codo a codo; nos sorprendimos lo


mucho que nos complementamos trabajando.

—Doctora Connie, ¿le parece que vayamos a comer algo y conversar? —me
preguntó al terminar el turno.

—Qué buena idea —respondí.

Reímos, lloramos, conversamos y conversamos y no pude evitar


comentarle lo que pensé cuando lo conocí.

—Las grandes amistades comienzan así—me dijo—; tú eres mi versión en


mujer y yo tu versión en hombre.

Y qué buena analogía.

Él es hoy mi otra mitad, lo amo con la vida, podemos pasar meses


sin hablarnos, pero cuando alguno de los dos necesita del otro, estamos
solo a un mensaje de distancia.

—Te mandaré el emoji de la donnuts cuando te necesite —me dijo un día.

—Bueno, amigo, y que sea la bañada en arcoíris y no en chocolate —

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EL MUNDO DE CONNIE

respondí riendo.

Él acompaña mi camino, me mira siempre guardando distancia, me


conoce, me entiende y ha visto en primera fila las locuras de El Mundo de
Connie. Solo me queda decir: te adoro con el corazón y con el alma, amigo
Miguel…a.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Analogía”
Cavernas de sal, San Pedro de Atacama. Chile
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 10

LA HISTORIA DEBE CONTINUAR

Hoy mis amaneceres son desde el piso 11, de un departamento que


comparto con Robert, su “amiga, luego esposa de Colombia que conoció
por Facebook y vivieron juntos felices por siempre”, con la mamá de Flyde
(si leyeron bien), la “Sra. G” y su pareja, el “Sr. G”. Qué pasó acá se
preguntarán, bueno, básicamente el destino.

Ya han pasado varios meses desde la última vez que vi a Flyde, seis
para ser exacta. Lo único que sé de él es que no quiere saber nada de mí,
menos verme. Yo aún lo busco en redes sociales. Sé que debo dar vuelta la
página, que la historia debe y tiene que continuar, pero se me hace tan
difícil. Él marcó un antes y un después en mi mundo, gracias a él partí este
libro.

—Deberías escribir, lo haces bien, podría ser un libro de tu vida —me dijo
un día.

“Podría ser, siempre me han pasado cosas raras y junto a él todas esas
historias son más entretenidas”, pensé.

Como anécdota, les contaré que cuando inicié escribiendo este


libro se llamaba “La historia de Connie & Flyde”.

—¡Me gané un premio! —le dije un día, casi gritando de la emoción,


cuando volví del trabajo.

—¿¡En serio!?, qué te ganaste –me preguntó emocionado.

Me puse un poco roja y como un niño que hace una maldad, le respondí:

—Es que todavía no es el concurso, es en dos semanas más, el premio es


una cena para dos por el día de los enamorados, ¿a dónde te gustaría ir? —
le pregunté.

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EL MUNDO DE CONNIE

Recuerdo su cara a punto de explotar de la risa.

—¡Pero, Connie!, reía mientras intentaba hablar. Si de verdad te lo ganas te


voy a creer. Y ¿cómo sabes que te lo ganaste, entonces? —Me preguntó

—No lo sé —respondí entre dientes—, solo sé que me lo gané, lo siento así


y estoy segura.

Y así llegó el día de los inocentes, perdón, el día de los enamorados,


quise decir. Salimos juntos en la Eva a hacer trámites, no éramos de celebrar
mucho, fechas me refiero, nuestras celebraciones eran todos los días, menos
esos.

—Pasemos por mi trabajo —le dije—, tengo que ir a dejar unos papeles.

Apenas había puesto un pie en la urgencia cuando recibí una lluvia


de abrazos apretados.

—¡Felicitaciones, doctora!, ¡ganó!, ¡vaya a buscar su premio! –me dijeron al


unísono.

Una mezcla de emociones se apoderó de mí, una sonrisa apareció


en mis labios y, por supuesto, la energía en mi piel. Salí aún dudando si lo
había soñado o no.
Afuera me esperaba Flyde, no tenía idea qué había pasado, solo me veía
caminar hacia él con una sonrisa de oreja a oreja.

—Ahora no te queda otra más que creer –le dije—. Hoy nos espera una
cena romántica, abrázame, tenemos que celebrar.

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 11

CORAZÓN Y ALMA

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, ya me encuentro en 1/3 del


libro. Cada vez que lo leo me gusta más como está quedando.
Robert me dio la idea de poner una foto al final de cada capítulo y
me pareció una excelente idea, sobre todo porque soy el ojo detrás de la
cámara, eso le da un sello aun más personal.

Este es un capítulo especial, el 11 es mi número. Se dice en


metafísica que es un número maestro al igual que el 22 y el 33 y son dados a
almas antiguas, las que están hoy para ayudar, que son perceptivos y muy
intuitivos, que imponen su verdad, y se caracterizan por la dualidad, entre
varias cosas más. Con todas ellas me siento muy identificada.

Mi padre es suboficial jubilado del ejército. Para él yo siempre fui la


rebelde y la oveja negra; crecí en un ambiente familiar de maltrato físico y
psicológico. Él me hacía sentir abandonada, sentía que no me quería,
incluso llegué a pensar que no era capaz de sentir amor. Mientras yo ro-
gaba por una gotita de cariño y preocupación, él me la negaba. Se preocupó
y ocupó durante muchos años hacerme la vida de “puntitos”.

Un día, a mis 13 años más o menos, le pedí a Dios, con el corazón


y con el alma, enfermarme de algo grave, para que mi papá me tuviera que
ver casi por obligación. No le tomé jamás el peso a mis pensamientos y
palabras. Incluso hoy, me cuesta.

Qué difícil es confiar… en lo que no se ve.

Cuando estaba en primer año de medicina, tuve anatomía general.


El profesor de ese curso, el “Dr. Holístico”, se especializó en medicina
complementaria; al menos hasta ese momento, yo era bastante escéptica
sobre el tema. Pero un día acudí a él, agobiada y angustiada por los
momentos que estaba viviendo en mi casa.

—Necesito su ayuda —le dije.

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EL MUNDO DE CONNIE

Recuerdo el día en que fui a su consulta. Después de contarle el por


qué estaba ahí, me acosté en la camilla y me puso encima algo así como
unas monedas con cintas de colores; creo que era para alinear mis chakras,
no pregunté, solo confié.

—Puede que sientas algo raro y puede que no —me dijo al terminar la
sesión.

Yo me senté y se me hace imposible describir lo que sentí.

Desde ese día han pasado trece años. Hace un par de semanas volví
a ver al Dr. Holístico. Me llegó una invitación para participar de un curso de
Reiki que él y su señora estaban impartiendo. Siento que, una vez más, el
Universo me está entregando las herramientas que necesito para usar mi
lado “zen”.

Hoy estoy “fuera del sistema”, me pensioné por invalidez total hace
casi un año, ha sido dificil de aceptar, me he sentido perdida y abrumada.
Pero creo que de a poco estoy despertando.

Y que no les quede duda, todo lo que está escrito acá es 100% real,
es mi historia, mi vida, parte de mi mundo. Espero lo sigan disfrutando, yo
seguiré escribiendo, con el corazón y con el alma.

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 12

LAS PIEZAS DEL PUZLE ESTÁN ENCAJANDO

Cada uno de los días que han pasado, han hecho de mi energía algo
parecido al gráfico de una ecuación logaritmica exponencial. Y sí, me puse
ñoña, pero no encontré una mejor forma para describir cómo me siento
hoy.

Últimamente he vivido una serie de “coincidencias”, que han


encajado perfecto en el puzle de mi vida. Creo, además, que gran parte de
él, tiene escrito con mi puño y letra cómo sanarme.

—Y recién se da cuenta —escucho decir a mi cabeza—. Si está tan grande


—agrega con una sonrisa.

Como les contaba en el capítulo anterior, hace algunas semanas


participé en un curso de reiki. De ese día hay dos momentos en los que
pienso mucho. El primero fue cuando la “Sra. Holística” puso sus manos
sobre las mías al inicio del curso para “abrir el canal”. Sentí un golpe de
energía, diferente al escalofrío de siempre, era calor, muy potente, nunca
antes había sentido con esa intensidad. El segundo pensamiento que se
repite son las palabras del Dr. Holístico: “no se asusten si les empiezan a

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EL MUNDO DE CONNIE

pasar cosas raras”.

Y con esas cosas raras se va armando el puzle. Hace un par de días,


la Sra. G me llamó por teléfono.

—Connie, ¿estás muy ocupada? —me preguntó.

—No –respondí—. ¿Por qué, necesita algo?

—Me gustaría que vinieras a la oficina —me dijo—. Hay alguien que quiero
presentarte, creo que te puede ayudar.

No lo dudé, y fui.

—Qué rico que te animaste a venir, pensé que no ibas a querer— me dijo la
Sra. G—. Te presento a “MJ”.

—Mucho gusto, Connie —me dijo MJ—. ¿Te he visto en alguna parte? –—

—No lo sé, pero tu cara también me es familiar —le respondí—, quizás nos
conocimos en otra vida.

MJ tiene una conexión especial con la energía; ese día conversamos


creo que dos horas. Y después de un rato, me dijo su teoría (no médica, por
supuesto) del origen de mi enfermedad. Y me sugirió que conversara con
mi mamá, ya que ella sentía que guardaba un secreto, que tenía relación con
una muerte y con mi abuelo; me habló del síndrome del yacente, el que me
hizo mucho sentido; eran muchas las coincidencias.

—Mi mamá tuvo un aborto —le dije—antes de que yo naciera.

Eso era algo que no sé por qué la sabía.

—Habla con ella —me dijo—. La causa de tu enfermedad no es solo


porque tú la hayas atraído, hoy cargas con otra alma.

Al día siguiente llamé a mi mamá por teléfono. Le pregunté sobre


el aborto. Solo la escuchaba sollozar al otro lado del teléfono, así pasaron
un par de minutos.

—Necesito hablar contigo en persona —me dijo— Eso es algo que nadie
sabe o sabía.

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EL MUNDO DE CONNIE

Dato al margen, mi madre también tiene enfermedad de Parkinson


desde hace trece años, hoy está postrada, al igual que mi abuelo (papá de
ella), y el hermano de él, también.

Nos sentamos a conversar, retrocedimos en el tiempo, treinta y seis


años atrás. Me contó los cómo y los por qué de su decisión; además, me
pidió que no la juzgara.

—Nunca lo haría, mamá —le dije—. Yo no estaba en tus zapatos.

—Me arrepiento tanto, no sé por qué lo hice. Creo que fue porque no
quería decepcionar a tu tata –me dijo–. Hoy cargo con una pena enorme
que no se pasa, no se olvida y no se perdona. Mientras, sus ojos no paraban
de llorar.

El papá de esa guagüita que no nació, fue el amor de su vida.


Cuando me contó cuál sería el nombre que iba a tener el bebé (“XY”), yo
empecé a llorar en forma desconsolada.

—Lo conozco —le dije entre lágrimas.

Mi madre no entendía ni creía las palabras que habían salido de mi


boca y yo tampoco.

—Ese nombre me es muy familiar —–le volví a repetir–—. Lo conocí


cuando estaba en el Colegio Inmaculada Concepción.

—Pero, hija, ¿cómo me dices eso?, eso no puede ser —me respondió.

Ninguna de las dos paraba de llorar, ni entendía lo que estaba


pasando. El momento lo interrumpió mi teléfono, era mi hermano menor,
o mi “pequeño gigante”. Tiene recién 23 primaveras, mide casi 1.90 cm y su
mente funciona como si tuviera 100 años. En numerología él es 33.
—¿Me puedes venir a buscar, porfa? —–me dijo con voz de ultratumba.

—Bueno, voy para allá —le respondí.

Me puse de pie y caminé hacia la entrada de la casa. De repente mis


ojos miraron hacia la mesa que estaba a mi lado; sobre ella una foto mía
cuando era chica.

—¿Y esta foto, mamá?, ¿Por qué está acá?, como de esta edad recuerdo
haber conocido a “XY”, fue un dia en la sala de teatro del colegio

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EL MUNDO DE CONNIE

Inmaculada Concepción—Le dije mientras mis ojos se volvían a inundar de


lágrimas.

—La encontré ayer mientras revisaba unas cosas; ahí tenías 6 o 7 años —
me respondió.

Regresé al departamento, llena de emoción; no sabía qué pensar. Al


entrar me encontré con Robert. Le hice un resumen de lo que me había
pasado. Y le mostré la foto.

—Amigo, siento que esta foto tiene algo escrito —le dije.

—Saquémosla del marco —me respondió emocionado.

La sacamos y rápidamente la di vuelta. No encontré nada. Se la


entregué a la “amiga, luego esposa de Colombia que conoció por Facebook
y vivieron juntos felices por siempre”, quien recién se integraba a la
conversación.

—Inmaculada Concepción —la escuché decir.

Se me pusieron todos los pelos de punta y la miré con ojos de


huevo frito.

—¿Cómo sabes eso? —le pregunté con un nudo en la garganta.

—Lo dice aquí, en el polerón, en la insignia —me respondió.

Cuando la foto estaba en el marco, solo se veían los hombros de


color rosado; al sacarla de ahí, apareció la insignia del Colegio Inmaculada
Concepción, el mismo colegio donde “conocí” a “XY”.

Y hoy no solo siento, también veo cómo las piezas del puzle están
encajando.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Connie, 6 o 7 años”
(Foto original, sin el marco)

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 13

MI PEQUEÑO GIGANTE

Me remontaré al 16 de noviembre de 1995, día en que nació mi


hermano chico, mi pequeño gigante, yo de 9 años, me llené de emoción
cuando lo vi por primera vez. Mi hermana del medio llegó a este mundo un
3 de enero de 1990; a ella no la conocí de guagua, no tengo recuerdos de
ella así de chica.

Desde el primer día me llamó la atención lo grande de su cabeza;


después aprendí que todos los niños en sus primeros años tienen una
proporción similar y con el crecimiento posterior del cuerpo se “equilibra”.
Pero los años pasaron y su cabeza seguía igual de grande; incluso recuerdo
que le dijimos cabezón muchas veces durante su niñez. Hoy creo que con
todo lo que sabe de la vida era imposible que fuera más pequeña.

Era una de tantas celebraciones de un 18 de septiembre, en la que


junto a mi hermanos y mi papá, fuimos a una fonda.

–¿Quieres una chupalla?– le preguntó mi papá a mi pequeño gigante.

–No sé –respondió levantando los hombros. Nunca ha sido muy expresivo.

Nos acercamos donde las vendían y mi papá se probó una que le


quedara bien a él; sabía que mi hermano tenía una cabeza XL. Cuando
intentó poner el sombrero en la cabeza de mi hermano, mi hermana y yo
explotamos de la risa.

–¿Tiene uno más grande? –preguntó mi papá.

Por supuesto que mi pequeño gigante se enojó.

—No quiero nada –balbuceó caminando hacia ninguna parte.

Siempre quise demostrarle y entregarle amor, pero como yo era la


mala de la familia, tenía prohibido hablar con él, para evitar “meterle cosas
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EL MUNDO DE CONNIE

en la cabeza”.

Cuando mi hermano tenía 15 años, mi padre en un ataque de furia


lo golpeó hasta dejarlo hospitalizado; yo no me encontraba ahí ese día.
Estaba estudiando para un examen de medicina, en Buin, en la casa de mi
amiga “Anita”, cuando recibí una llamada de auxilio. Era mi hermano.

—Por favor, ven a buscarme –me dijo entre lágrimas.

—¿Qué pasó?, ¿estás bien?, ¿dónde estás? —le pregunté con una angustia
inexplicable en el corazón. –Juntémonos en la estación del Metrotrén –le
dije–. Voy para allá.

Recuerdo a mi amiga y a su familia sentir la misma angustia que yo


sentía en ese momento. Me pasaron plata para llegar lo antes posible, di las
gracias y salí.
Creo que nada me había preparado para ver a mi hermano de la
forma en que lo encontré. No quiero entrar en detalles, pero lo tomé y lo
llevé al hospital.

—No voy a permitir que nos siga haciendo esto —le dije a mi mamá por
teléfono–. Si hay que demandarlo y que la familia se “desarme” es lo que va
a pasar.

Mi hermano caminaba a mi lado, cojeaba en silencio.

Como resultado de ese día, mi papá se fue de la casa, y ganamos la


demanda por violencia intrafamiliar recurrente.

Fue en esa época cuando me casé y me fui de la casa, cuando me


diagnosticaron Parkinson, y cuando me titulé como médico-cirujano… con
distinción.

Y fue en esa misma época, cuando dejé de ver a mi pequeño


gigante por unos dos años aproximadamente.
Él a los 20 años se fue de la casa donde vivía con mi mamá y mi
hermana. Como el chavo del 8 literalmente, tomó su mochila y se fue a
enfrentar la vida, a sobrevivir. Me hubiera encantado haber estado más
presente, pero tampoco hice nada para cambiar la situación.

Siento que siempre hemos estado unidos por un hilo invisible, que
desde hace poco tiempo se ha hecho mucho más fuerte; a él, al igual que a
mí, le pasan cosas “raras”. Hoy tiene 23, pero lo siento muchísimo más

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EL MUNDO DE CONNIE

maduro y grande que eso. Estoy muy orgullosa del hombre en el que se ha
convertido, de la persona que es. Hoy confiamos el uno en el otro y espero
sigamos haciendo crecer ese lazo que siempre estuvo ahí y que la vida nos
tenía mirando desde fuera. Por mi parte, como le he dicho en más de una
ocasión: “Hermano mío, SIEMPRE estaré para ti, te amo con el corazón y
con el alma, gracias por existir, mi pequeño gigante”.

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EL MUNDO DE CONNIE

”Pequeño gigante”,
Volcan Osorno, Chile.
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 14

ENTRE LO RACIONAL Y LO INEXPLICABLE

Como les venía diciendo, creo que la clave está en confiar. Siento
que los planetas en mi mundo se están alineando, y pienso que necesito
enfocar mi vida. Los días que han pasado me han traído solo cosas buenas,
todo fluye, los problemas vienen con la solución bajo el brazo, si es que hay
alguno. Me siento “contenta - tranquila” y, por lo mismo, mis síntomas
disminuyen.

GRACIAS.

No sé si será eso, pero desde que conversé con mi mamá del tema
“prohibido”, me he sentido considerablemente mejor. Sin ir más lejos, yo
tomo una pastilla cada tres horas, y una segunda cada ocho horas, y hace un
par de días solo necesité una pastilla para todo el día, lo que se repitió al día
siguiente.

Hay situaciones que no las explica la lógica ni la ciencia.

—¿Sabes lo que me gustaría? —le dije a Robert un día.

—¿Qué se te ocurrió ya, Connie? —me preguntó riendo.

—Quiero atender gratis, una vez a la semana, a unos ocho pacientes —le
dije, mientras una sonrisa iluminaba mi rostro.

—¡Qué buena idea!, podríamos habilitar un lugar acá en el departamento o


en otro lado, hacer un box y partir lo antes posible, cuenta con mi ayuda —
me respondió.

—¡Sí, eso quiero!, gracias —le dije emocionada.

Cuando trabajaba en el sistema público, me di cuenta que la gente


reclama (y con justa razón) sobre la falta de recursos en salud, pero sentí y
vi que esos reclamos estaban mal dirigidos. Por eso, un día decidí escribir

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EL MUNDO DE CONNIE

un desahogo, hacia el sistema, hacia los pacientes, hacia la salud, que quiero
compartir con ustedes.

“Estimados pacientes:
Durante varios meses he escuchado y leído con mucha pena y decepción sus
comentarios acerca de la mala atención de los hospitales y de los servicios de urgencia
públicos del país; comentarios hacia los médicos tales como : “son flojos, no tienen
vocación, solo vienen a ganar plata, no les importa que la gente se muera esperando”.
Lo que escribiré a continuación es porque siempre he creído que lo que hace falta es la
comunicación, hablar con la verdad y no bajo la duda, supuestos o ignorancia.

Soy médico y trabajo en un servicio de urgencia pública hace algunos años. Ahí
me ha tocado atender a muchos pacientes, calculo más de dos mil en el último año. Por
esta razón, creo que tengo la facultad y el deber moral de poner en evidencia lo que leerán
a continuación, que por lo demás siento que represento a varios de mis colegas.

Primero que todo, y un poco para ponerlos en contexto les contaré algo acerca de
mi historia… desde que recuerdo, siempre quise estudiar medicina, me llamaba mucho la
atención todo lo que veía cuando me tocaba ir a un hospital. Mientras crecía y gracias al
apoyo y esfuerzo de mi familia logré entrar a la universidad. Para aquellos que
desconocen, medicina es una carrera muy exigente desde todo punto de vista; en lo
económico (en promedio medio millón de pesos mensuales), en tiempo, siete años y en
ocaciones mas. Está demás decir que estudié con crédito y que aún me quedan más de
diez años para terminar de pagar. Siete años de estudio, hacer turnos eternos para al otro
día tener tres pruebas, dos interrogaciones y clases hasta las 21:00 hrs. De reprobar
algún ramo ya no eran siete años, podían ser ocho o incluso nueve. Donde si tenías suerte
dormías un par de horas sabiendo que te esperaban libros y más libros por estudiar.
Podría haberme retirado, créanme, lo pensé, muchos lo hicieron, creo que solo nos
graduamos aquellos que amábamos lo que hacíamos, vocación lo llaman algunos. Los que
entraron a estudiar porque después querían ganar plata, no duraron un mes… para eso
hay muchas otras formas menos traumáticas y mucho menos agotadoras.
Así salí de la universidad, con una deuda millonaria, un cansancio indescriptible sobre
los hombros y con la ilusión de trabajar en lo que había querido ser toda mi vida.

Cuando miré las alternativas que tenía, eran muchas, me di cuenta de que se
necesitaban médicos en todas partes, por lo que cualquier hospital, clínica o consulta
sonaba bien para mí. Al principio trabajé en varios lados, consultas particulares, Sapu,
etcétera. Y un día me ofrecieron trabajar en una urgencia pública en la periferia de
Santiago; recuerdo haber pensado lo lejos que quedaba de mi casa, que tendría que viajar
al menos dos horas todos los días, pagar peaje, y con el cansancio de haber trabajado 12
horas, 24 e incluso 36 horas seguidas en ocasiones. Me pregunté en ese momento cómo
había médicos trabajando ahí… si lo que cualquiera erigiría sería trabajar cerca de la

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EL MUNDO DE CONNIE

casa y con un sueldo acorde al “mercado”, a fin de mes los créditos, dividendos, cuentas
varias hay que pagarlas igual, no me quejo, alcanza para vivir bien, pero en el sistema
público no nos hacemos millonarios, como ustedes erróneamente suelen decir en sus
comentarios.
Todavía me pregunto por qué le di un par de vueltas a esa “oferta”, creo que
fue porque me di cuenta de que es ahí donde se necesitan médicos, en los hospitales
públicos, esos que muchas veces por falta recursos tienen menos de lo que se necesita y aún
así gracias al esfuerzo de todo un equipo de trabajo se logra igualmente salvar una vida,
sacrificando muchas veces la de uno mismo. Es tan grande la satisfacción que se siente
cuando puedes ayudar a otro que necesita de ti, que muchas o todas las veces vale la pena
ese esfuerzo.
Me encantaría poder ayudar más, disminuir los tiempos de espera, que la
atención fuera más expedita, que hubieran más médicos; malestar que ustedes manifiestan
día tras día. Veo y siento la angustia de cada paciente esperando ser llamado a atención,
sus dolores y molestias también son las de nosotros, pero lamentablemente la falta de
recursos no es algo que dependa de nosotros como médicos. Todos los días, en la mayor
parte de las urgencias públicas, amanecen muchos pacientes hospitalizados, cuando
deberían estar en las salas de hospitalizados como corresponde, y la respuesta que se repite
incansablemente: “no hay camas para recibirlos”. Y mientras tanto las urgencias
colapsan y tenemos que hacer milagros para poder darles una atención de calidad a todos
los que están y a los que llegan. Muchas veces estamos solos para todo eso.
Y sin ni siquiera tener un box para atenderlos. Entenderán que desvestir a alguien en un
pasillo, hacer preguntas personales y examinarlo no es digno para nadie. Debemos velar
por la integridad física y moral de cada uno de ustedes.
Y aún quedan algunos que nos llaman flojos. Si nos sentamos, comemos, vamos al baño
o tomamos nuestro celular para avisar a nuestras familias que estamos bien a la hora 30
de un turno es porque también somos personas con necesidades al igual que ustedes, un
delantal blanco no nos hace invencibles, el hambre, sueño y cansancio también nos afecta.
Pero a pesar de todo eso somos los que estamos ahí y muchas veces tenemos que poner la
cara, recibir su enojo y molestia frente a un problema que va más allá, un problema de
fondo, mucha demanda, poca oferta, lo que traduce la falta de recursos para la salud
pública.

La respuesta al porqué de los pocos recursos para los hospitales y urgencias


públicas, no la tenemos los médicos, que no somos más que la cara visible de un sistema
mal conformado desde su base.

Y creo que un buen nombre para que las personas me recuerden es


“Dra. Desahogos”. Hoy creo, siento y pienso que camino entre lo racional y
lo inexplicable.

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EL MUNDO DE CONNIE

“Entre lo racional y lo inexplicable”.


Machuppichu, Cuzco. Perú.
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 15

NO HAY VUELTA ATRÁS

Ya no hay vuelta atrás, hoy siento que me subí al carro correcto,


que despegué, y voy cada día más rápido. Mientras más confío, más puertas
y ventanas se abren. Quizás se van a sorprender con lo que les voy a contar
a continuación, pero es una parte de lo que estoy viviendo hoy, ¿están
sentados?, imagino que sí. Acompáñenme, entonces, que necesito
desahogarme.
Tener fe, qué palabra más pequeña, pero con tanto significado al
mismo tiempo. Como les decía, siento que ya inicié el camino de mi
sanación, y lo digo súper en serio, me he sentido tan bien que hasta he
bajado la dosis de los remedios, cosa que hasta hace un par de semanas era
imposible. Desde hace tres años, más o menos, a causa de que mi pie
derecho tiritaba mucho, me adapté para manejar a la Eva con el pie
izquierdo. Hace una semana volví a manejar normal.

Volví a ver a “MJ”, conversamos harto nuevamente, y me dijo que


tengo que escribir una carta a “XY”, el bebé de mi mamá que me
acompaña, y lo mismo debe hacer mi mamá. Agregó que a la semana me
sentiría rara, y que el proceso dura en total seis meses.
Coincidentemente, en seis meses más es mi cumpleaños nº33 y hay algo
sobre ese día que siento desde que soy muy chica. Siempre he pensado que
ese día mi cuerpo y mi alma dejarán de ser uno. Y todo parece encajar
perfecto, porque si eso es así, para el día de mi cumpleaños, “XY” se habría
ido.
Para seguir con las coincidencias, algo que me incomodaba era
recibir una pensión vitalicia por una enfermedad que no tengo (o no tendré
en realidad). Recuerden que les contaba que atenderé a pacientes gratis,
bueno todo calzó perfecto cuando crucé los datos (pacientes atendidos
gratis / pensión vitalicia).

Gracias, le dije al Universo.

Además, voy a volver a trabajar en lo que me apasiona, que es


ayudar a través de la medicina. Esta semana me llamaron a dos entrevistas.

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EL MUNDO DE CONNIE

Hoy existe una ley sobre inclusión laboral para personas con discapacidad.
En resumen, me siento ayudando en lo “terrenal”, con las consultas gratis, y
en lo “espiritual”, aportando a creer a través de lo que he escrito. Y en
ambos ejemplos mi Parkinson es el gatillante. Ayudar y al mismo tiempo
ayudarme.

GRACIAS.

Y por último, pero no menos importante, Flyde.

“No quiero saber nada más de ella, tampoco quiero verla”. Lo


único que sabía de él, era eso. Por mi parte, sentía que no había cerrado el
ciclo, no quería aceptar que todo lo que algún día tuvimos, terminara con
esas palabras. No sé cómo explicarlo, pero siento que nuestras vibraciones
juntas son muy potentes y complemento una de la otra.

—Tengo muchas ganas de verlo —le dije a mi amigo Miguela.

—Anda a verlo —me respondió—. ¿Qué más puedes perder?

—Tienes razón —le dije—. Voy a ir este fin de semana.

Era viernes por la mañana, había estado compartiendo mucho rato


con mi amigo Miguela, ambos necesitábamos la palabra y el consejo del
otro, y nos dijimos lo justo y necesario para sumar. Fui al living y me
encontré con mi amigo Robert.

—¡Amigo!, acabo de tomar una decisión —le dije emocionada.

—¿Qué decisión, amiga? —me preguntó.

—Voy a ir a ver a Flyde —le dije—. Ya no tengo nada que perder, yo no he


dado vuelta la página y es lo que necesito, para bien o para mal, no sé. Pero
necesito verlo.

—Amiga, si eso es lo que sientes, es lo que debes hacer —me dijo Robert.

Durante la tarde recibí un mensaje de Robert en mi teléfono:


“Amiga, voy con Flyde para el departamento”.
Yo quedé de una pieza. Quizás Robert se confundió o quizás lo
dijo en broma, fueron los pensamientos que invadieron mi cabeza. Su
“amiga luego esposa de Colombia que conoció por facebook y vivieron
juntos felices por siempre”, confirmó el mensaje.

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EL MUNDO DE CONNIE

Yo aún me encontraba con mi amigo Miguela en el departamento.


Le conté lo que estaba pasando, mientras él me miraba con cara de “¿no
será mucha emoción?” , levantando una ceja.
Sí, sabía que lo era, pero era Flyde, y venía en camino. No sé qué
cambió en su mente que decidió volver al departamento que juró nunca
más pisaría.

De repente escuché desde mi pieza:

—¡Llegamos! —dijeron al unísono Robert y su “amiga luego esposa de


Colombia que conoció por facebook y vivieron juntos felices por siempre”.

Yo sentí mi corazón latir tan fuerte, que casi se me sale por la boca.
Respiré hondo y caminé hacia el living, me dolía la guata, estaba tan
nerviosa y emocionada al mismo tiempo, pero no quería que se me notara,
así que actué lo más normal que pude.
Cuando lo vi, las mariposas volvieron a chocar unas con otras, y
sentí cómo la energía me recorrió entera desde las piernas hasta llegar a mi
cabeza. Intenté ocultar mi sonrisa de oreja a oreja y el temblor, por
supuesto.

—Hola, ¿cómo estás? —le dije.

—Bien, ¿y tú? —respondió.

Fue un reencuentro un poco tenso al principio, sentía que no me


quería ni mirar, y no estar a menos de un metro de mí, como si estar más
cerca activara el campo de atracción del cual no iba a poder salir. Pasaron
las horas y el hielo de a poco se rompió, volvimos a conversar, estuvimos
despiertos hasta el otro día, nos reímos, porque sí, porque no y por si acaso,
pero siempre guardando distancia y al menos yo, recordé lo bien que lo
pasábamos juntos. Le conté de la vez que le había mandado el mensaje “te
extraño, y sé que me estás escuchando”; quería saber si le había llegado.

—Me llegaron muchos mensajes como ese, más de una vez apareciste en mi
cabeza, piensas muy fuerte—me dijo

Se quedó en el departamento no solo el viernes, también el sábado,


domingo y lunes. Se preguntarán si pasó algo más, la respuesta es no. Me
dijo que si ambos dábamos vuelta la página podríamos ser amigos.

—Sí, eso quiero —respondí.

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EL MUNDO DE CONNIE

Ahora, que esto quede entre ustedes y yo. Creo, siento y pienso,
que lo que nos une va más allá de una simple amistad, es vibración, es
energía, es atracción. Pero la historia deja huellas, y hoy vamos avanzando,
ya no hay vuelta atrás.

“Entre lo terrenal y lo espiritual”


Cerca de la casa de Flyde.
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 16

UN LUGAR PARA CADA COSA Y CADA COSA EN


SU LUGAR

Hermano, Angelito, “XY”

Sé que mientras escribo, estás junto a mí, sé que cada una de estas palabras
están llegando directo a tu corazón. Siento que te conozco tanto, y cómo no hacerlo si has
estado junto a mí casi treinta y tres años, imagínate, me encantaría haber conocido tu
rostro, o quizás haber recibido un abrazo o un consejo de un hermano mayor. Pero créeme
que indirectamente lo has hecho igual. Sé que hay cosas que no entiendes, tú me has
ayudado y me has cuidado, hoy es mi turno de ayudarte a ti.
Creo que muchas veces uno toma decisiones en la vida, de las que luego se
arrepiente, ya sea porque no evaluó bien las consecuencias o simplemente por inmadurez;
creo que en esa etapa estaba nuestra madre cuando tú llegaste a su vida, te pido por favor
que no la juzgues, ni le tengas rabia, todos alguna vez nos equivocamos, sobre todo
cuando tenemos miedo. Sé que perdonar con el corazón y con el alma es difícil, pero
créeme que si lo haces, dejarás de sentirte angustiado, y empezarás un nuevo camino libre
y al fin podrás ser tú.
Créeme que me da mucha pena despedirme de ti, pero ambos lo necesitamos.
Quiero darte las gracias por cuidarme; créeme que aprendí muchas cosas de ti; siento que
ese toque de “testosterona” en mi vida me ayudó más de lo que crees. Pero hoy quiero y
necesito volar sola, estoy lista, mis alas están abiertas y el cielo me espera. Llegó el
momento en el que nuestros caminos se separarán, yo emprenderé mi vuelo, tú emprende el
tuyo, y no tengas miedo, tienes un largo camino por delante, solo confía en ti, la luz será
tu guía.
Te amo, hermano mío, sé que algún día nos volveremos a encontrar.

Tu hermana, Connie.

Existe un lugar para todo, y de a poco todo y todos vamos


encontrando nuestro lugar.

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 17

LO ACEPTO, NO ME GUSTA ESTAR SOLA

—¿Cómo te llamas? —me preguntó, mientras yo buscaba mi nombre en la


lista del séptimo básico A— Yo soy Angie, ¡mira!, estamos en el mismo
curso, sentémonos juntas.

Corría en ese momento el mes de marzo del año 1999.

Ese era mi primer día de clases del colegio “AA”, el mismo que me
vio pasar de niña a mujer, donde viví mis primeros amores, donde creé
lazos de amistad que duran hasta hoy y desde donde egresé de cuarto medio
para entrar a la universidad.

Tengo sentimientos encontrados con respecto a mi paso por el


colegio. Lo bueno (+++), mis dos grandes amigas, Angie y Sotito, a las dos
las adoro, las quiero demasiado, sé que el tiempo no suma amor, pero son
veinte años en donde hemos sumado consejos, risas, penas, experiencias,
alegrías, opiniones, donde sí hemos sumado amor y una que otra copa de
vino.

Lo malo, principalmente el bulling de mis compañeros. Los pondré


en contexo para que rían junto a mí. Las tres éramos las más altas del curso
(yo mido 175 cms), el grupo de las “nerds”; me vestía como hombrecito,
mi corte de pelo era el que mi papá elegía, habitualmente ganaba el que
estaba de “moda”, tipo melena cortita, usaba frenillos, y lentes casi “poto de
botella”. Y plana como una tabla por delante más un trasero XL, el que
cubría con un polerón por vergüenza. Pasé de niña a mujer a los 15 años,
momento en el que aparecieron las curvas junto con las espinillas y qué
mala combinación la mía. O en realidad, la combinación perfecta para ser
blanco de palabras, que a esa edad dejan heridas que duelen.

En el colegio “arrancaba” de los malos tratos de mi papá, pero ¿a


dónde podía ir para arrancar de las burlas de mis compañeros?

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EL MUNDO DE CONNIE

Mis amigas fueron un soporte importante, pero la “Vero” fue mi


pilar, mi mamá, mi amiga, mi hombro, mi ángel.

María Verónica Riquelme Montecinos, la Vero, “mi wachita”, llegó


a trabajar a mi casa cuando yo tenía unos 5 años, me vio crecer, estuvo
junto a mí en esos primeros momentos de la vida, que al menos yo recibía
con un poco de vergüenza e inocencia. Mi primera “regla”, mi primer beso,
mi primer amor, mi primer cigarro; era ella la que me recibía cuando llegaba
del colegio, con la comida servida, mi pieza ordenada y una sonrisa en el
rostro, lista para escuchar sobre mi día y aconsejarme. Me contó una y mil
historias donde ella era la protagonista principal, que a mis amigas y a mí
nos dejaban siempre una enseñanza. Junto a ella aprendí de la vida, aprendí
a ser persona y se lo agradezco con el alma.
Ella era mamá y papá de Camila y Noelia; para mí fue eso y mucho
más. No encuentro las palabras para explicarles lo importante que fue ella
en mi vida.

—Tengo este lunar que me pica tanto —nos dijo un día.

—Tienes que ir al médico a verte eso —le decía mi mamá.

—¿Y si me dicen que es cáncer?, prefiero no saber —respondía ella.

Un día ya no solo picaba, también sangraba. Cuando no aguantó el


dolor, ya era tarde. El diagnóstico: melanoma maligno. El cáncer se la llevó
el año 2006, el mismo año en el que entré a estudiar medicina; ¡qué
contradicción la vida!
Qué rabia que sentí con Dios, se había llevado a la persona más
importante para mí, me había dejado ¡SOLA!, ¡por qué!, ¡TE ODIO!, le
grité al cielo, no era suficiente todo lo que me había hecho sufrir. Por ella y
gracias a ella pude aguantar lo mal que me trataba mi papá y la falta de
preocupación de mi mamá.

Se había ido, Dios me la había quitado y de un momento a otro


estaba sola.

Sola.

Ese año me invitaron a participar de EJE (Encuentro de Jóvenes


en el Espíritu). Dije que no a varias de esas invitaciones y un día de junio
decidí darle una oportunidad a ese “tienes que vivirlo”.
Al llegar me encontré con un montón de adolescentes, unos

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EL MUNDO DE CONNIE

parecían organizar todo corriendo de un lado a otro y como yo, estábamos


los que cargábamos mochilas, cajas, cojines, ropa, fósforos pintados,
chalecos y trajes de baño. Y no solo eso nos caracterizaba, también los ojos
a medio cerrar, a lo que se le agregaba un bostezo poco sutil y una mirada
diciendo “¿qué hago aquí con todo esto?”.

Entre todos los que corrían, llamó mi atención alguien en especial,


pensé que era lindo, mirando su cara y su “alma”. Yo tenía recién 21 años
en ese momento. Me tocó compartir con él más que con otros del equipo
por “coincidencia”.

Una de las actividades de los jóvenes de EJE, era la caminata a


Santa Teresa de los Andes, básicamente caminar entre cerros y bajo el sol
27 km. La noche anterior a ese día, me dirigí a Dios entre lágrimas.

—Sé que me estás escuchando, sé que estás ahí. Me dejaste ¡sola!, me siento
sola, y lo acepto, no me gusta sentirme así, quiero conocer al amor de mi
vida, al hombre que transforme mi mundo, con el que me casaré y conoceré
la vejez. Quiero y necesito a alguien que me quiera y que me ame de verdad,
que se preocupe por mí, “quiero conocer a mi otra mitad”. Si eso es así y
sucede de aquí al próximo año, volveré a ir a la caminata de los Andes,
nunca he ido, no sé si voy a querer o poder volver a participar. Pero si lo
conozco ahí estaré. Gracias, porque sé que me escuchaste —le dije.

Me dormí con lágrimas en los ojos y con una emoción que me


llenaba el corazón y el alma.

Al dia siguiente desperté temprano y salí para tomar el bus que nos
dejaría donde comienzas a caminar. Iba preparada, llevaba mi pendrive con
las últimas canciones para motivarme, ropa cómoda y una que otra cosa
para comer. Me subí al bus y solo quedaban dos asientos libres, tomé el mío
al lado de la ventana; a mi lado se sentó “él”, a quien había encontrado
lindo desde el primer día que lo vi.

“Me escuchaste rápido”, pensé con una sonrisa en la cara.

Mi pendrive no funcionó, el de él tampoco, así que nos tocó


conversar todo el camino. Cuando mis pies habían recorrido dos
kilómetros, empecé a sentir el peor dolor de mi vida en la cadera derecha;
con cada paso que daba se hacía cada vez más fuerte y como nunca es
suficiente, en el kilómetro tres empezó lo mismo en la cadera izquierda. No
sé cómo llegué al final, solo recuerdo mi llanto inconsolable a causa del
dolor. Ni siquiera podía pensar en volver al año siguiente.

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EL MUNDO DE CONNIE

A los cuatro meses de ese día, “él” me pidió ser su polola, y un día
estando en su casa decidí contarle lo que le había pedido a Dios. Tenía dos
opciones: que saliera corriendo o me dijera loca de remate o ambas.
Ninguna de esas fue su respuesta.

—No tengas miedo, yo pedí lo mismo —me dijo.

Estuvimos nueve años juntos, nos casamos, pero como les conté
en algún momento, el destino que un día nos unió decidió que se acabara,
mi vasito se llenó, el de él se vació, ambos esperábamos del otro a alguien
que no queríamos ser. Hoy mi estado civil es divorciada.
Yo arranco cuando alguien quiere o decide manejar mi vida, y él se
sobrepreocupó de mí.

¿Dónde está el equilibrio?, porque lo acepto, tampoco me gusta


estar sola.

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 18

DRA. DESAHOGOS

Quiero aprovechar esta instancia para pedir disculpas a todos los


que por mi insistencia leyeron este libro mientras todavía lo escribía. Creo
que una de las cosas en las que tengo que trabajar y definitivamente
mejorar, es dejar de ser tan autorreferente. Cuando me doy cuenta que lo
estoy siendo, me molesta mucho. Y últimamente he tenido esa sensación
muy seguido.

Siento que esta historia de vida que escribo no es diferente; creo


que muchos de ustedes han pasado por situaciones como las que me han
tocado vivir. Y si llegaron a este capítulo, les doy las gracias por leer y de
alguna manera confiar indirectamente en mí y en lo que tengo para contar.

—Mira, mamá, escribí un poema —le dije a mi madre un día.

—Deberías pensar en un seudónimo —me dijo—. Todos los escritores


famosos usan uno y tu poema está muy lindo.

La verdad es que, como les dije antes, no recuerdo cuándo partí


escribiendo, pero cuando mi mamá me dijo eso, yo decidí firmar mis
escritos con el nombre “Alecram”. Y no es nada más ni nada menos que mi
nombre escrito al revés.

En este nuevo día


que me concedes, ¡oh Señor!,
dame mi parte de alegría y
haz que consiga ser mejor.

Dame Tú el don de la salud,


la fe, el ardor, la intrepidez,
séquito de la juventud;
y la cosecha de verdad,

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EL MUNDO DE CONNIE

la reflexión, la sensatez,
séquito de la ancianidad.

Dichoso yo si, al fin del día,


un odio menos llevo en mí;
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.

Y si por la rudeza mía


nadie sus lágrimas vertió,
y si alguien tuvo la alegría
que mi ternura le ofreció.

Que cada tumbo en el sendero


me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.
Y más potente me incorpore,
sin protestar, sin blasfemar.
Y mi ilusión la senda dore,
y mi ilusión me la haga amar.

Que dé la suma de bondad,


de actividades y de amor
que a cada ser se manda dar:
suma de esencias a la flor y
de albas nubes a la mar.

Y que, por fin, mi siglo engreído


en su grandeza material,
no me deslumbre hasta el olvido
de que soy barro y soy mortal.

Ame a los seres este día;


a todo trance halle a luz.
Ame mi gozo y mi agonía:
¡ame la prueba de mi cruz!

Himno Cotidiano. Gabriela Mistral

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EL MUNDO DE CONNIE

El poema que acaban de leer, lo aprendí de memoria a los 11 años


aproximadamente; creo que hasta hoy que por “coincidencia” lo volví a
recordar, nunca le había tomado el peso a las palabras que contiene. Hoy lo
vuelvo a leer y le da un gran sentido a mi vida.

El puzle aparece en mi cabeza y sin darme cuenta otra pieza


encuentra su lugar.
Hoy ya no soy “Alecram”, soy la “Dra. Desahogos”, y tengo una
consulta, que en verdad es un espacio que adaptamos entre Miguela, Robert
y su “amiga, luego esposa que conoció por Facebook…” en el
departamento que compartimos, para poder dar curso a la consulta médica
gratis a cambio de donaciones para familias de escasos recursos y personas
en situación de calle. Por esta causa, he recibido un montón de ayuda
desinteresada de muchas personas que me siguen por redes sociales. La
iniciativa lleva el nombre “Hoy por ti, mañana por otros”. Estoy completa y
absolutamente feliz.

¡GRACIAS!, porque sé que me escuchaste.

Entra un sutil pensamiento,


en corazones y mentes abiertas;
solo aquellas predispuestas,
a dar tiempo al tiempo.

Y un reloj que no da tregua,


a muchos deja en espera.
Pero siendo un alma buena,
entrega en el momento justo.

Paciencia. Dra. Desahogos

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EL MUNDO DE CONNIE

Dra. Desahogos.
Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 19

GRACIAS A MI MADRE

Sentimientos buenos y malos, vibraciones altas y bajas, como es


arriba es abajo. ¿Podríamos ser completamente felices si no conocemos la
tristeza?. Como reflexión personal opino que no, tampoco pienso que
conformarse con lo que me llegue, “porque Dios eso quiere para mí”, sea la
forma correcta.

Creo que todos tenemos nuestra forma de sobreponernos a los


malos momentos y la mejor es la que a cada uno le resulte más cómoda. Por
mi parte, intento siempre agradecer los momentos felices y para los
momentos tristes, adaptarse y aprender a navegar.

Volviendo a lo que nos convoca, los invito a seguir desde el


principio.

Llegué a poblar este planeta un día 5 de septiembre del año 1986,


ahí donde la Tierra termina, y el viento frío es el protagonista principal.
Hablo de la ciudad de Punta Arenas. Nací un par de semanas antes de lo
normal y pesé un par de kg menos que lo normal. En resumen, anormal
desde el primer día.

—Su bebé tendrá retraso mental, problemas de nutrición y crecimiento —le


dijo el médico a mi madre ese día— Y eso si es que sobrevive.

Cuando decidí salir de la guata de mi mamá, solo llevaba veintiocho


semanas formándome, algo así como 7 meses y pesé 1100 grs. Estuve en
incubadora no sé cuánto tiempo y sobreviví. Créanme que el pronóstico del
doctor era lo más probable que sucediera, tomando en cuenta, que era
Punta Arenas hace más de 30 años.

Pero, en fin, de retardo mental, solo cuando me quedo pegada


mirando una pared después de la activación de mi sistema
endocannabinoide y sobre la talla baja y desnutrición, creo que hablan por sí
solos los 175 cm que tengo desde la cabeza a los pies.

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EL MUNDO DE CONNIE

Mi madre estuvo ahí día y noche, alimentándome y siguiendo al pie


de la letra las indicaciones del doctor. Le doy las gracias; sin ella esta historia
no sería posible. Aprovecho y me saco el sombrero por todas esas mujeres
que son madres y dan la vida por sus hijos. Mis respetos.

En lo personal, no quiero ser madre.

Sé que mi mamá nos ama, me refiero a mis hermanos y a mí, pero


muchas veces sentí que lo demostraba “a su manera”.

—Aló, mamá —le dije un día entre lágrimas.

—¿Hija, qué te pasó? —respondió al otro lado del teléfono.

—Me asaltaron, me robaron la cadena de plata que me regalaste —


respondí sollozando.

Creo que cuando uno espera algo de alguien se equivoca, yo


esperaba una palabra de apoyo, o un no llores, todo va a estar bien.

—Ya y para qué lloras, si ya pasó. El tiempo no vuelve atrás —me dijo con
voz cortante—. Mira hacia delante, lo material va y viene, ahora tienes que
entrar a clases. Debes aprender a levantarte sola, yo no voy a estar siempre a
tu lado para ayudarte.

Lo que me dijo ese día, me quedó grabado a fuego en la sien. Yo


miraba a mi madre con recelo, veía cómo eran las otras mamás y quizás un
toque de ternura no hubiera estado de más.

Pero si mi madre no me hubiera criado de esa manera, hoy no


tendría las herramientas para estar de pie.

Ella es Educadora de Párvulos y desde pequeña me incentivó a ser


la mejor en lo que hacía, a dar siempre lo mejor de mí. Durante muchos
años la vi como una mujer empoderada, segura de sí misma, una líder en su
trabajo. Llegó a tener su propio Jardín Infantil, después de una carrera
como directora de varios otros. Recuerdo haber visto a muchos papás llorar
con los discursos de fin de año de la “Tía Mané”, siempre con un toque
personal y una emotividad que la caracterizaba.

Y de tal palo, tal astilla, yo amo escribir, jamás estudié literatura ni


nada por el estilo; de hecho, las materias que odiaba y que peor me iba en el
colegio era el lado humanista. Pero de mi mamá obtuve esto de escribir y le

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EL MUNDO DE CONNIE

aprovecho de dar las gracias.

Hoy mi madre ya no trabaja, también su cruz es el mal de


Parkinson, para ella hace unos catorce años. Hoy está postrada y vive junto
a mi hermana y su marido. Yanina es quien la cuida; es un angelito que
junto a su hijo Dante le han dado sentido al camino que mi mamá hoy
recorre. Mi madre es luz y brilla.

Gracias, madre mía, TE AMO con el corazón y con el alma.

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EL MUNDO DE CONNIE

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 20

HACER LAS COSAS BIEN

¿Qué es hacer las cosas bien?, me lo pregunto porque sé cuando


algo está mal, pero ¿bien?. Nos obligan a vivir bajo normas sociales, un
sistema capitalista, promulgan leyes al respecto y nos dejan funcionando
como robots creyendo lo que sale en la tv y con miedo a hacer las cosas
diferente y a pensar de otra manera. ¿Eso está bien?

El tatuaje que les contaba que tengo en las costillas representa


“bien” para mí. Bushido es un término traducido como “el camino del
guerrero”, un código de ética estricto al que los samurái se entregaban hasta
la muerte.

• Honor
• Honestidad
• Justicia
• Coraje
• Compasión
• Respeto
• Lealtad

Y habiendo dicho eso, quiero ser samurái cuando sea grande.

Ahora volviendo a la “realidad”, siento que estoy parada en la


puerta de algo grande, pero las cosas que estoy haciendo mal no me han
dejado entrar. Lo primero es empezar a preocuparme de mi cuerpo y dejar
de dañarlo. “Médicamente” hablando, nos adaptamos a nuestro entorno,
creamos anticuerpos para las infecciones, incluso podemos crear arterias
nuevas cuando alguna está por “taparse” para que la sangre no deje de llegar
a su destino. Estamos hechos para sobrevivir. Pero si fuéramos así de
perfectos, seríamos inmortales. El problema es que no solo depende del
cuerpo, también del ambiente al que estamos expuestos y, como si fuera
poco, el agresor cumple un rol muy importante también. Para enfermar
tienen que “alinearse” esas tres situaciones: huésped, agresor y ambiente.

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EL MUNDO DE CONNIE

Entonces, la fórmula para vivir acorde al Universo sería:

Vivir = Log confiar + ((Sonreír3 x Comer sano) + (ayudar al prójimo)) x amor


(estrés +egoísmo)

Y la verdad es que no sé si esa fórmula tiene o tendrá algún


sentido, pero es una de las muchas veces en la que siento que mi cabeza me
“habla”.

El otro día le comenté a Flyde que me sentía plena.

—¿En serio? —me preguntó con una voz de duda e incredulidad que me
encantaría la hubieran escuchado—. ¿Tienes claro lo que significa sentirse
plena, cierto? —agregó.

—Lo tengo claro –respondí–, pero busquémoslo para estar ambos seguros
de que estamos hablando el mismo idioma.

Después de no sé cuánto rato discutiendo y leyendo mil


definiciones, nuestra conclusión fue la misma que creíamos desde el
principio. Yo me seguí sintiendo plena, y para Flyde, yo no entendía ni le
tomaba el peso a tal definición.
Y justamente momentos como ese son los que extrañaba… mucho.

Ha sido extraño volver a verlo; desde el reencuentro nos hemos


juntado todas las semanas, y han pasado casi dos meses desde entonces.
Seguimos siendo solo amigos, pero el otro día me sentía como un niño
sentado frente a un plato de papas fritas que tenía prohibido comer.
De verdad, quiero hacer las cosas bien; creo que las veces que omití
o le mentí (que a diferencia de lo que él cree, fueron las menos, las más
fueron malos entendidos por no conversar a tiempo), lo hice para evitar
momentos desagradables, y qué mala decisión, simplemente fue peor, y he
asumido las consecuencias. Ahora solo dejar que todo fluya, e ir siempre
con la verdad.

Con respecto a la iniciativa “hoy por ti, mañana por otros”, todo
está saliendo bien, no se abren solo puertas, también ventanas y pasadizos
secretos. Quiero hacer de esto una fundación y que se sumen todos los que
quieran ayudar de forma desinteresada. Estoy pensando en un nombre,

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EL MUNDO DE CONNIE

quizás se llame Fundación ConFe. Solo una idea, puede mejorar.

Las cosas buenas atraen cosas buenas y yo solo deseo hacer las
cosas bien.

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Capítulo 21

CER

—Imagino el momento en que todo esto despegue, llegue a mucha gente y


se sumen todos los que quieran ayudar en forma desinteresada —le dije a
Robert mientras caminábamos de vuelta al departamento.

—Eso va a pasar, amiga —me respondió—. Lo que estás haciendo es tan


difícil de encontrar y tan bueno a la vez, que mucha gente se va a querer
unir, no te vas a dar cuenta cuando sea una fundación grande y quizás hasta
en otro país.

Mientras caminaba escuchaba a mi amigo Robert decir todas esas


cosas e iba imaginando que era directora de una clínica donde todos los
profesionales que ahí atendían, lo hacían gratis con el afán solo de ayudar a
otros. Y sonreí.

—Me gustaría también que empresarios y gente con plata me donaran


exámenes para los pacientes, porque no sirve mucho la atención que les doy
y que no tengan dinero para hacerse los exámenes o que tengan que esperar
un año para que les den una hora.

—Ten paciencia, amiga, además tienes que pensar en cómo hacer para que
la gente no falte a la atención, muchos piden hora y no llegan —me dijo
Robert.

—Sí sé, amigo, yo creo que es porque es gratis— respondí—. Se me ocurre


preguntar directamente a las personas que faltan el porqué o qué podríamos
hacer diferente para que no faltaran.

—Eso es una buena idea —respondió Robert.

— Pero, amigo, te digo una cosa, no vamos a necesitar hacer eso, creo que
mañana van a venir todos y va a ser un día bacán —le dije.

Esa conversación sucedió un día martes de abril del año 2019. Para
el día siguiente tenía agendado cinco pacientes.

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Todos asistieron a la consulta.

Ese miércoles fue especial: los pacientes se fueron felices y muy


agradecidos; incluso me mandaron mensajes de agradecimiento por redes
sociales por la excelente atención. Además, tuve la oportunidad de hacer
reiki a dos de ellos.
Pero el último paciente del día me marcó. Su diagnóstico:
esclerodermia (de mal pronóstico), una enfermedad donde el cuerpo se
ataca a sí mismo, dejando la piel y algunos órganos como “secos y tiesos”.
Cuando “Don Esclero” entró a la consulta, apenas caminaba, se podía notar
el dolor en sus piernas y manos principalmente, aparte de la evidente
dificultad para respirar. Estuvimos conversando más de una hora, y al
finalizar la consulta le pregunté si quería que le hiciera unos minutos de
reiki. Incrédulo sobre el tema respondió que sí.

Yo sentía la energía a flor de piel, puse mis manos sobre las de él, a
unos cinco cm de distancia, el calor que sentía era intenso, de verdad muy
fuerte. Después de un par de minutos, abrí los ojos y vi su cara de
tranquilidad y alegría, me miró sin entender lo que estaba pasando mientras
abría y cerraba su mano izquierda, cosa que casi no podía hacer antes.

—No sé qué pasó acá, pero gracias, doctora —me dijo con cara de felicidad
y sorpresa al mismo tiempo, mientras tomaba entre sus dedos la piel de su
dedo índice.

Lo acompañé a la puerta y caminaba mucho mejor que cuando entró.

—Doctora, no me duelen las rodillas —me dijo, aún sin entender—. No sé


qué hizo, pero gracias.

Me acosté agotada, de cuerpo y alma, pero con una sensación tan


especial, tan feliz, que no sé cómo describirla, pero era una emoción de esas
que llenan.
Al día siguiente, por esas coincidencias de la vida, llegó a atenderse
un personaje del mundo de la radio; según yo y sus 20 mil seguidores en
instagram, algo famoso, según él solo lo conoce su mamá. Le presté
atención médica, realizó su donación, conversamos algo sobre la ayuda
desinteresada que estoy haciendo y lo compartió en sus redes sociales.

En este mismo instante, estoy viendo cómo a mi teléfono llegan y


llegan notificaciones de seguidores, algunos con la necesidad de atenderse,
otros ofreciendo su ayuda.

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Y creo que un buen nombre para la Fundación es CER (Confiar,


Entregar, Recibir).

Siento cómo mis pies se despegan del piso.


Sé cómo esto parte, no sé hasta dónde va a llegar.

Solo sé que debo CER.

GRACIAS, MUCHAS GRACIAS.

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Capítulo 22

UN CICLO SIN FIN

No esperaba en tan poco tiempo sentirme como lo hago justo


ahora, las letras se vuelven borrosas, pero mis manos, como si estuvieran
tocando una melodía en piano, conocen las teclas que deben presionar y es
simplemente así como parte este capítulo, con un montón de lágrimas que
no paran de salir de mis ojos, a pesar de haber mandado una y mil veces la
orden a mi cerebro, es como si se mandara solo. Le dije también que parara
el temblor de mi pierna, pero insiste en hacer oídos sordos.

“¿O seré yo la que no quiere escuchar?”.

Al parecer, aceptar duele, cuando lo que debemos aceptar no nos


gusta; primero nos negamos a esa posibilidad, luego intentamos cambiar la
situación o negociar a nuestro favor, pero ya cuando no hay nada más que
hacer, toca inevitablemente aceptar. Qué fácil suena en el papel, pero qué
decisión más difícil, y necesaria al mismo tiempo, ya que quedarnos
estancados en un eterno pensamiento, persona, momento, etcétera, se
traduce única y exclusivamente en coartarnos a nosotos mismos de las
sorpresas que nos tiene preparada la vida.

Salir de nuestra zona de confort es arriesgarse, es confiar en que el


Universo, Dios, Zeus, etcétera, no nos abandonará nunca, el camino duele,
sí lo sé, pero es abrir un nuevo libro en blanco, es tener la oportunidad de
escribir una página nueva, desde cero y con la ventaja de saber que se puede
hacer mejor esta vez; es dejarse sorprender por el destino y estar consciente
al mismo tiempo que son solo ciclos y que mientras más se aprenda, más se
arriesgue o se cambie, más ciclos vendrán, hasta que estemos listos y
miremos al cielo, con el alma plena y una sonrisa en el corazón, porque
sabremos que aprendimos y sumamos.

¿Y cómo sabremos cuando llegue ese momento?

Creo que solo lo podremos conocer en retrospectiva, por lo que


siempre debiéramos actuar en pro de avanzar, arriesgándonos y confiando

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al mismo tiempo en que todo sucederá en el momento y de la manera


perfecta, cuando estemos en armonía con el Universo.

Por mi parte, necesito dejar ir a Flyde, es lo que debo aceptar. Ya


mi dignidad no puede caer más abajo y eso es porque ya llegó al piso menos
-1; si hubiera -2 probablemente estaría ahí.

Como les decía, ya van varias semanas desde que nos vemos casi
todos los días, me gusta mucho compartir mi tiempo con él, ver películas,
documentales, conversaciones eternas, escuchar música o simplemente estar
en silencio. Todo eso encaja perfecto en su solicitud de amistad; por mi
parte, aunque suene banal o superficial, no puedo dejar de desearlo, es
querer sentir su piel junto a la mía, acariciarlo, besarlo, etcétera, etcétera,
etcétera. Pero de rodillas recojo lo que me queda de dignidad al recibir, no
solo uno, ni dos, ni tres, sino diez veces su negativa. Entiendo sus palabras,
pero siento que son diferentes a lo que piensa y siente. Deseo que él
encuentre su camino y su felicidad; por mi parte, intentaré hacer lo mismo,
las cosas no van a cambiar, la que debe escribir un libro nuevo soy yo o este
inevitablemente será un ciclo sin fin.

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Capítulo 23

PENSAR, DECIR, ACTUAR

Era temprano por la tarde, uno de los tanto días en que Flyde se
quedó conmigo, cuando desperté por culpa de mis tripas, que parecían
participar en un concurso de baile; imagino algo parecido a salsa o samba.
Fueron esos pasos de baile sexy sensuales los que hicieron que el bello
durmiente despegara un ojo.

— Soy la mujer casi, casi perfecta —le dije bromeando a Flyde.

— Si fueras casi casi perfecta —respondió–, habrías hecho aparecer un


cuarto de libra con queso—reía sin poder abrir los dos ojos.

Y yo no pude evitar una risa traviesa, ya que justo en ese momento


tocaron el timbre del departamento. Me levanté de la cama poniendo cara
de “¿quién será?, yo no estoy esperando a nadie” y saltando fui a abrir la
puerta. Regresé a la pieza con el pedido del McDonald que había hecho una
media hora antes en estado zombie - adivino.

—¿Dijiste cuarto de libra con queso?, viste soy casi, casi perfecta —le dije
riendo a Flyde.

—Parece que sí, eres casi, casi, casi perfecta –respondió.

Tengo más que claro que estoy a años luz de ser perfecta y, por lo
demás, no me interesa llegar a serlo; algo perfecto es algo o alguien que no
tiene errores ni fallas y ya no puede ser mejorado. Creo, por una parte, que
desear ser perfecto solo pone en evidencia que somos humanos, hechos
para cometer errores y, además, me pregunto qué podríamos aprender de la
vida si somos perfectos; para aprender hay primero que carecer de
conocimiento y, desde ahí, ya dejamos de ser tal.

El otro extremo es ser tan consciente de lo anterior y adoptar una


postura conformista, como la que escuché durante mucho tiempo mientras
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EL MUNDO DE CONNIE

trabajaba en el sistema público, “para qué hacerlo mejor si así funciona”.


Esta demás decir que tal postura la entiendo, pero no la comparto.

Solo creo que debemos conocernos y ser la mejor versión de


nosotros mismos, desde ahí aceptarnos. Logrado eso o no, ser capaz de
escuchar a otro en su verdad, que muchas o todas las veces puede ser
diferente y eso es lo que suma, no juzgar a otro por pensar, decir o hacer.
Todos tenemos formas diferentes de ver la vida y pintarla con los colores
que tengamos o queramos ponerle, sabiendo de antemano que si elijo para
mi pieza rojo, por ejemplo, no puedo esperar que se vea verde, porque el
rojo no me gusta.

Hoy en la mañana, antes de irnos a dormir, Flyde me dijo: “Estarás


más cerca de la felicidad cuando tus pensamientos, palabras y actos recorran
el mismo camino”. Y sonreí.

Pensé que este capítulo lo había terminado en el párrafo anterior.


De hecho, había dejado anotado “capítulo 24”; sin embargo, sentía que algo
le faltaba al 23. Hoy vino mi pequeño gigante a verme, tomé mi
computador y le leí estos últimos capítulos que he escrito y me dijo lo
emocionado que se sintió con la historia de “Don Esclero”.

—Las veces que le he hecho reiki a los pacientes —le dije—, siento la
energía tan intensa como cuando Goku se transforma en Súper Sayayin —
reí.

—Es porque estás ayudando —me respondió.

En ese momento miré la pantalla, donde antes terminaba este


capítulo, y le dije: “Siempre he pensado que quiero ayudar, de mi boca ha
salido esa promesa y el ciclo se cierra con el acto de ayudar y entregar amor
en forma desinteresada; lo mismo que hace el reiki entregando energía para
sanar”.

Pensar, decir, actuar. Y volví a sonreír.

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Capítulo 24

CON LOS OJOS ABIERTOS

Quiero partir este capítulo dando gracias; de verdad, encuentro que


todo lo que me ha pasado últimamente ha sido una explosión de
sentimientos, de energía, de al fin poder abrir los ojos.

Si existen momentos y conversaciones que suman, son las que


tengo con mi amigo Robert; siempre encuentra las palabras exactas y, al
mismo tiempo, creo que yo también dejo un granito de arena en su vida.
Desde que lo conocí han pasado casi tres años, no recuerdo si les conté,
pero él es el mejor amigo de Flyde. Y por esas cosas locas del destino, hoy
compartimos un departamento. Él, junto con su “amiga luego esposa de
Colombia que conoció por facebook y vivieron juntos por siempre”, son
mis compañeros de piso, además del Sr. G y la Sra. G, que casi no los veo.

Hace un par de días nos encontrábamos compartiendo una copa de


vino Robert y yo, cuando pusimos unos “beats” de rap para improvisar, él
es nivel experto; sin ir más lejos, la primera vez que lo escuché, pensé que
era la letra de una canción, cuando de repente caí en cuenta que hablaba de
lo que estaba pasando en ese momento. Después de un tiempo, y de dejar el
miedo y la vergüenza atrás, me atreví a decir cualquier cosa y de a poco hoy
me he ido soltando, incluso escribí una canción, tipo desahogo hacia la
salud.

Fue así como, entre letras y música, ese día conversamos, me habló
sobre la vida, sobre el hoy, el mañana, los ciclos, hicimos salud una y mil
veces y dimos gracias por haber tenido la oportunidad de conocernos.

—Amiga, te acuerdas cuando te decía que tú estabas aquí para algo grande,
yo no sabía ni entendía cuándo ni cómo, hoy te veo y me lleno de emoción
al saber que encontraste el camino correcto, que hoy la Dra. Desahogos
tiene sentido, en tu vida y en la de los demás, estás dejando una huella y una
tan bonita que créeme no se olvidará. Yo no entendía cuál era mi misión,
solo escuchaba a mi cabeza decir muchas veces “háblale, guíala”, lo hice y
hoy lo entiendo. Te amo, amiga mía, estaré siempre en tu camino; cada vez
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EL MUNDO DE CONNIE

que me necesites, no importa si vivimos lejos, yo estaré siempre para ti —


me dijo Robert.

Mis ojos no paraban de llorar. La emoción que me invadía era


enorme; fue abrir los ojos y mirar en retrospectiva, lo que he vivido para
llegar hasta acá y lo mejor de todo es que está en este libro todo el camino
plasmado.

Cuando partí escribiendo, no estaba ni siquiera cerca de imaginar


que existiría una Dra. Desahogos; de hecho, la historia comienza cuando
Robert llegó a vivir con Flyde y conmigo, después de tomar la decisión de
separarse, y eso fue hace un año y medio, aproximadamente.

—¿Amigo, tú eres feliz? —le pregunté un día a Robert antes de que tomara
esa decisión.

—A veces sí y a veces no —me respondió.

—¿Hay algo que puedas hacer diferente para que fuera siempre un sí? —
pregunté.

—Es difícil, la vida tiene altos y bajos, la vida no es perfecta —me dijo.

—Lo sé, pero nosotros somos dueños de nuestras decisiones y podemos


dejar a un lado lo que sabemos que no nos hace felices, eso inevitablemente
traerá sonrisas. ¿Qué te gustaría hacer diferente para estar más cerca de ese
camino? —pregunté.

—Quiero hacer música —me respondió.

A los pocos días de esa conversación, nos preguntó a Flyde y a mí


si le podíamos arrendar una pieza en el departamento, y así comenzó esta
historia.

He escrito dejándome llevar, ¿a dónde?, nunca lo supe, hasta ahora.


Pensé en un momento que quería escribir 33 capítulos y publicar este libro
para el día de mi cumpleaños número 33, eso es el 5 de septiembre del
2019. Hoy faltan cuatro meses para que llegue ese día.
Siento que estoy cerrando un ciclo y me pregunto con qué me
sorprenderá el destino esta vez. Estoy lista, tengo los ojos abiertos y el alma
también.

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EL MUNDO DE CONNIE

Recuerdo desde niña me gustó la medicina


Jugar con mis amigos a tomar vitaminas,
pero la realidad es solo inequidad
Un balde de agua fría llena de desigualdad.

No es la medicina lo que a mí me decepciona


Son los que se conforman sin buscar una mejora
Repiten día a día “para qué si así funciona”
Así no se puede ayudar a las personas.

Yo puedo aportar con mi conocimiento,


pero no es suficiente si no hay medicamentos
escucho muchas quejas y su descontento
la verdad es otra y eso lo lamento.

Coro:
Esto no puede seguir así tiene que cambiar yo ya partí
lo hago por ustedes no por mí, no voy a parar ya lo advertí.
Oídos sordos, bocas mudas, ropa cara, piel desnuda
cuna de oro, vida dura, pero sin dinero diferencia no hay ninguna.

Y vuelven a decir “para qué si así funciona”


yo solo veo cómo mueren las personas
dando una advertencia se me agota la paciencia
puros manda más, manejando sin licencia.

La olla destapar, para evidenciar


quién es responsable de lo irregular
si no lo sabían es la autoridad
actúan invisibles y con impunidad.

Les sorprende ver a una doctora rapear.


No voy a callar, me quiero desahogar.
Pensé que como médico iba a sanar.
Y solo injusticia he tenido que mirar.

Tienen que entender, dejar de suponer


que solo con hablar, lo van a resolver.
Nos cansamos de esperar, lo tienen que saber.
Nos haremos escuhar, si no nos quieren ver.

Coro:

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Esto no puede seguir así tiene que cambiar yo ya partí


lo hago por ustedes no por mí, no voy a parar ya lo advertí.
Oídos sordos, bocas mudas, ropa cara, piel desnuda
cuna de oro, vida dura, pero sin dinero diferencia no hay ninguna.

Que sigan alegando, protestando y reclamando.


Hoy me pondré adelante no somos ignorantes
porque los que mienten son ellos no el pueblo.
¿Sería todo igual si cambiáramos de puesto?

Canción tipo rap que escribí como “Desahogo”.


Autora Connie

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 25

SALUD Y ENFERMEDAD

Cuando salí del colegio era el año 2004. Recuerdo las fotos de ese
último día de clases. Las lágrimas de mis compañeros y también las mías,
quedaron retratadas en esas fotos de adolescentes soñadores. Ese día nunca
imaginé lo que tenía por delante, solo sentía ganas de vivir, de convertirme
en doctora; había llegado el momento en que esos juegos de infancia se
empezaban a materializar.
Y así di el primer paso, la PSU. Fue en ese mismo instante que la
realidad puso una piedra justo en la línea de partida y tropecé con 620
puntos, que ponían un letrero de “siga participando” en la puerta de mis
ganas de estudiar medicina.

—¿Y si entras a odontología? —me preguntó mi mamá.

—Es que no me gustaría revisar la boca de la gente toda mi vida —respondí


poniendo cara de desaprobación.

—Pero, hija, dale una oportunìdad, ambas son carreras del área de la salud;
si definitivamente no te gusta, te preparas de nuevo y entras a medicina el
próximo año—me dijo.

El 2005 fue una transición. Para mí fue como abrir la caja en la que
me encontraba escondida y mirar con algo de temor y ansias la nueva etapa
a la que me enfrentaba. Ese año aprendí muchas cosas de la vida. Pero
siempre supe que odontología no era la profesión que me llenaba el alma.
Al terminar ese año volví a dar la PSU y con la motivación en mil
revoluciones el 2006 entré a la carrera de medicina.
Fui abducida durante ocho largos años, podrían haber sido siete,
pero le tomé tanto cariño a anatomía general que hice ese ramo dos veces
seguidas.

Fue un camino difícil, un desafío que había aceptado y que no iba a


abandonar, sin importar los obstáculos que tuviera que atravesar. Sabía que
no iba a ser fácil, pero el Universo es sabio y junto a cinco futuras doctoras,

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EL MUNDO DE CONNIE

para caminar juntas: Dra. Gracie, Dra. Poly Poquet, Dra. Anita, Dra.
Katuisca Belen y Dra. Desahogos, nos apoyamos, en todo sentido de la
palabra; hicimos crecer confianza, amistad y amor. Gracias, amigas mías,
por haber estado ahí, por estar hasta hoy.

Cuando faltaba un par de meses para egresar, siete para ser exacta,
un diagnóstico inesperado cayó sobre mí como un balde de agua fría, o
congelada en verdad.

—Siento rara mi mano derecha —les dije a mis amigas un día del internado.

—Deberías hablar con el Dr. Neurólogo —me respondieron.

“Tengo enfermedad de Parkinson”, pensé mientras sentía cómo el


piso dejaba de estar ahí.

Creo que nadie está preparado para recibir un diagnóstico como


ese, una enfermedad crónica, neurodegenerativa, que tarde o temporano
terminaría por dejarme postrada, como lo estaba mi madre a causa de esta.
Qué ironía de la vida, a pocos meses de convertirme en doctora, no poder
hacer nada para sanarme.
Me caí, lloré y me levanté, y en diciembre de ese año, cinco
doctoras dijeron frente al estrado:

“Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y
diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga
poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a
mis padres; él participará de mi mandamiento y si lo desea participará de mis bienes.
Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles
nada, si ellos desean aprenderlo.

Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del
que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipuación, de acuerdo con
la ley médica, y no a otras personas. Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con
mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el
terror. A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con
este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer supositorios destructores;
mantendré mi vida y mi arte alejado de la culpa.

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No operaré a nadie por cálculos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. A
cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error
voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.

Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la
vida de los hombres que no deba ser público, manteniendo estas cosas de manera que no
se pueda hablar de ellas. Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los
frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que
lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro.”

Juramento Hipocrático

No fue fácil, ni el principio, ni el camino, menos el final, donde viví


en primera fila el dolor de perder la salud y aceptar la enfermedad. Pero
aquí estoy, con una sonrisa en el rostro y en el alma. Agradezco a la vida, al
Universo y a mis amigas, en especial a Anita y a su familia por haber estado
ahí; no necesito dar más detalles, solo gracias.

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 26

ES LO MISMO, PERO NO ES IGUAL

Hace varias semanas que no escribía, creo que esperando a que


todos los planetas estén alineados como condicionante para continuar este
libro. Es que no me he arriesgado a transmitir lo que creo, siento y pienso.

Cuando no estoy conectada con mi yo interior, las ideas se


estancan, nada fluye y termino tirando la cadena a todo el “avance”.
Aunque reconozco que muchas veces aparece una frase escondida y tímida
entre lo absurdo y banal, que termina perdida y olvidada cuando mi
inseguridad es dominada por el miedo y el ego, pierdo la batalla, pero nunca
la guerra, ya que al final termino escribiendo lo mismo, pero nunca igual.

Hace un par de días volví a visitar a MJ, la terapeuta y médium que


me presentó la Sra. G.

—Me siento mal, estoy perdida, angustiada, abrumada —le dije.

—Así te veo, con miedo y dominada por el ego. Tu energía en un pequeño


espacio sobre tu cabeza, está inestable y turbulenta, ¿qué te atormenta? —
me preguntó.

—Es Flyde —le respondí antes de que terminara su pregunta.

Mis ganas de compartir con él no son más que la pura expresión de


mi ego y miedo a estar sola. Me gusta mucho compartir mis momentos
junto a él, lo considero alguien muy inteligente, es una buena persona, he
aprendido mucho de su forma de ver la vida, defender lo que es justo; me
ha ayudado a abrir los ojos y mirar más allá. No les había contado, pero
cuando le mencioné que quería atender pacientes gratis, fue él quien me dio
la idea de pedir donaciones a cambio y del lema “Hoy por ti, mañana por
otros”. Pero como les decía, siento mis ganas de estar con él como pareja,
son la pura expresión de mi ego y miedo a estar sola.

—Has vivido muchas experiencias que han dejado un vacío en tu vida, en

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EL MUNDO DE CONNIE

donde has puesto a Flyde como la pieza perfecta, “idolatrándolo”,


condicionando de alguna manera tu felicidad a su presencia en tu vida —me
dijo MJ.

—Es verdad, está conmigo sin estar realmente —respondí con vergüenza.

—Debes abrir los ojos y confiar en ti misma, te mereces lo mejor que la


vida y el Universo te pueden entregar, está ahí, para ti, debes reclamar lo
que te corresponde por derecho, el mejor trabajo, los mejores amigos, la
mejor pareja, etcétera, etcétera, etcétera. Y eso no nace desde el ego. No
tengas lástima de ti misma, tienes todo y más para ser feliz. Estamos en una
sociedad donde el miedo nos domina; aquellos que conocen la verdad como
tú, deben ayudar a otros a sonreír y a confiar. Estamos en un período de
cambio energético, hay inestabilidad, pero no te dejes abatir, solo debes
confiar y sonreír —me dijo.

Creo que el Universo es tan sabio que pone en nuestro camino a


quienes necesitamos en el momento y de la manera perfecta; sin embargo,
muchas veces por no confiar en nuestro yo interior es que seguimos
funcionando como robots con miedo, a no tener dinero, perder nuestro
trabajo, quedarnos sin salud, educación, etcétera. Y vivimos reclamando al
gobierno y a la sociedad por lo injusta que es la vida.

Qué fácil para mí decirlo, podrán pensar, soy médico, no tendría


por qué quejarme. Créanme que mi camino no ha sido fácil, ya se habrán
dado cuenta si llegaron leyendo hasta acá.
A todos nos toca diferente la vida, todos tenemos nuestros propios
fantasmas y batallas que luchar, algunas más difíciles que otras. Pero creo,
siento y pienso que si nos vemos como iguales y dejamos de batallar entre
nosotros, ganaremos la guerra. El miedo y el ego son nuestros peores
enemigos.

Hoy seguimos compartiendo momentos juntos. Flyde siempre


ocupará un lugar muy importante en mi corazón.

Hoy es lo mismo, pero no es igual.

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 27

VOLVER AL PRINCIPIO

Una de las cosas que tenía en mi lista de pendientes desde hace


mucho tiempo, era volver a mi ciudad natal. Cuando me preguntaban
dónde había nacido, orgullosa respondía en Punta Arenas, pero la verdad es
que viví allí solo hasta los 3 años, por lo que los recuerdos casi no existen
en mi mente.

Creo que todo sucede en el momento y de la manera perfecta. Fue


así como un día frente a mi computador, algo impulsivamente, compré los
pasajes.

—Voy a ir a Punta Arenas —le dije emocionada a mi pequeño gigante.

—¿A qué vas? —me preguntó con voz de ultratumba.

—Quiero volver donde todo empezó, ¿me acompañas? —pregunté.

—No tengo plata —me respondió.

—No te preocupes, yo te invito —le respondí emocionada.

Nací en el último rincón del mundo y no creo en el azar. Mis alas


se abrieron y me llevaron hasta allá, el viento fue mi cómplice y mi pequeño
gigante, mi mejor compañero. Una aventura de tres días en la que volví
donde todo empezó, hace casi treinta y tres años.

Últimamente le he puesto mucha más atención a mis pensamientos


e intuición y he llegado a muchas conclusiones como, por ejemplo, que
existe una batalla constante entre el ego y mi cabeza o mi personalidad y mi
alma que es básicamente lo mismo. Con el reconocer al ego como parte del
problema, hizo que este tomara su puesto en la micro y no se creyera el
chofer.

Todos llegamos a la Tierra un día a una hora y en un lugar exacto y

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EL MUNDO DE CONNIE

preciso. Es nuestra alma la que para cumplir su misión y lograr evolucionar,


define a nuestros padres, nuestro ADN, el lugar y el momento exacto en el
que nuestro corazón da su primer latido, una perfecta ecuación. El alma
conecta a nuestro espíritu con el yo. Pero muchas veces el ego no deja que
escuchemos al alma. Sin embargo, no puede existir uno sin el otro, pero
cuando nos dejamos dominar por el yo, es cuando esa ecuación perfecta se
desequilibra y no funciona.

Estamos en un mundo, en una sociedad, donde parece ser más


importante tener dinero, una casa grande, una familia que poco o nada
vemos, al simple hecho de amar al prójimo, solo y simplemente porque
nuestras almas están unidas por algo que va más allá, somos parte de un
mismo espíritu, parte de una energía mayor, que está en todo y en todos.
Algunos lo llaman Dios, otros Fuente, Energía, Padre, Jehová, Zeus, Sol,
etcétera, nombres hay muchos, lo importante es creer. Pero no es un Dios
que nos ordene seguir reglas y que nos castigue con su rayo divino si no
obedecemos.

Cuando nos abrimos a escuchar y a confiar en nosotros mismos,


sin la necesidad de ver, cuando encontramos el equilibrio para que nuestra
personalidad esté a disposición de nuestra alma, tendremos la oportunidad
de ver y de verdad vivir en armonía y en paz.

¿Para qué buscar ser mejor que el otro, o lamentarse por lo malo
que nos toca vivir?

Hemos dejado de sonreír, nos han manejado a través del miedo, y


nos han hecho dependientes de un sistema donde nos manipulan.

Si esto fuera como una pirámide, donde quienes están arriba, en el


poder me refiero, aquellos que tienen un ego tan grande que no ven o no
sienten lo que les acabo de contar, y todos los que están “abajo”
pudiéramos abrir los ojos, no con el afán de ganar el “poder”, el poder lo
hacemos todos unidos; si nos empezamos a dar la mano y a no tener
vergüenza ni miedo de arriesgarnos a confiar sin ver, podremos al fin ver y
vivir felices y en libertad.

Cuando nuestra alma elige nuestro cuerpo y nace, se produce el


equilibrio perfecto y armónico. Este viaje me ha hecho entender lo que
acaban de leer. No sabía qué era lo que buscaba, pero escuché a mi alma y
volví al principio.

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EL MUNDO DE CONNIE

Capítulo 28

AMANECER

Y así amaneció nuevamente en el departamento 112, yo sin querer


despertar, no pude hacer caso omiso a las señales “sutiles” que me enviaba
el Universo. Mi cabeza había despertado, pero mis ojos intentando hacer
oídos sordos se vieron obligados a escuchar la melodía incomparable de la
construcción que se llevaba a cabo justo al lado de mi ventana.
Me escondí entre las sábanas, intentando tapar con ellas el ruido
que parecía escabullirse junto conmigo, y en ese momento un abrazo cálido
dibujó en mi rostro una sonrisa y en mi piel hizo aparecer un escalofrío que
recorrió cada centímetro de mi cuerpo.

La historia de Connie & Flyde se sigue escribiendo, pero hoy como


amigos. Ambos hemos aprendido y, por mi parte, no deseo cometer los
mismos errores; hoy valoro mucho el pensar, decir y actuar y dentro de eso
“tratar al prójimo como a ti mismo” o en lenguaje “actual”, no hacerle a
otro lo que no deseas que te hagan a ti. Es amarse para poder amar.
Es amar a la Connie que soy, desear lo mejor para mí misma y con
eso no me refiero a lo superficial y menos con el afán de compararse con
otros; por el contrario, compartir ese sentimiento, ya que cuando se logra,
somos capaces de amar a otros y querer para ellos lo mejor que la vida les
pueda entregar.

Todos tenemos un camino que recorrer, y si predomina en


nosotros el egoísmo y la envidia nos estancamos. Si estás leyendo este libro,
te invito a descubrir tu camino: corre, salta, vuela, arriésgate, improvisa,
¡vive! Nunca vas a saber “qué pasaría” si no te das la oportunidad de hacer
lo que te hace feliz; el esperar al mañana solo te retrasa en el camino de la
vida: canta, dibuja, crea, sigue tu instinto y no olvides nunca sonreír.

Hoy soy la Dra. Desahogos. Me llena ayudar “medicinísticamente”


a quienes buscan de mí.
Escribir este libro es parte de hacer las cosas que amo, así como la
fotografía, mirar al cielo, las estrellas, incluso cuestionarme las verdades que
nos han impuesto como, por ejemplo, ¿es la Tierra redonda?, ¿creemos

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solo por fotos y videos?, ¿pueden esos estar manipulados?, ¿quiénes fueron
los sumerios?, ¿existió una cultura llamada tartaria?, ¿los Anunnaki son
ovnis?, ¿por qué el calendario empieza arbitrariamente el 01 de enero si las
culturas antiguas marcaban el inicio del calendario con los cambios de
estación?, ¿son las pirámides “estacionamientos” de los ovnis?, ¿por qué la
historia de Jesús se repite igual en tantas culturas diferentes?, ¿por qué la
ONU usa el logo de la Tierra plana?, ¿por qué en plena guerra fría EE.UU.
y Rusia firmaron un acuerdo de reclamación territorial para la Antártida?,
entre tantas otras preguntas.

Cuando somos niños, nos preguntamos por qué el cielo es azul.


¿Por qué de adultos olvidamos cuestionarnos lo “obvio”? Quizás esa
inocencia sea necesaria.

Esa es mi verdad, no tiene por qué ser la tuya, escribe tu propio


libro, crea tu propia verdad y cuando el sol mañana te despierte disfrutarás
de un nuevo amanecer.

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“Amanecer”
Estrecho de Magallanes, Punta Arenas. Chile.
Autora Connie

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Capítulo 29

HUELLAS

Yo soy la mayor de tres hermanos. Polillita es mi hermana del


medio, tenemos un poco más de tres años de diferencia. Ella nació un día 3
de enero de 1990, mientras yo vivía con mis abuelos. Para mi madre fue
toda una experiencia, primero porque soñaba constantemente que a mi
hermana le dolía el dedo pulgar derecho, el mismo que venía torcido y que
tuvieron que operar cuando nació. Y, por otra parte, la consideraba una
guagua enorme, que se podía hasta criar sola, eso porque su punto de
comparación era mi 1,1 kg con 32 cm.

Creo que siempre hemos sido algo diferentes. Mientras ella jugaba
con muñecas, yo prefería los tazos y las pelotas, y la ropa que a mí ya no me
quedaba, no era “heredable”, porque básicamente eran pantalones y buzos,
cuando ella adoraba los vestidos. Pero si teníamos que unir fuerzas para
hacer alguna travesura, siempre nos dábamos la mano.

—¿Viste los tatujes que salen en las papas fritas? —le pregunté como a mis
11 años.

—Sí, me gustan, pero sabes que no nos dejan ponernos esas cosas, el papá
dice que tienen droga —me dijo.

—Ya sé, pero no le creo, pongámonos uno cada una y vemos qué pasa —le
dije.

Recuerdo que nuestros brazos fueron nuestro paño para esos tatuajes de 2
cm; cuando estuvo hecho, fuimos a la pieza donde estaba mi mamá,
intentando cubrir nuestros brazos la una con la otra y preguntar cómo se
borraban sin que se diera cuenta que los teníamos puestos. La risa de mi
mamá es la misma que tengo hoy al recordar esa imagen.

Durante el paso por el colegio, ella muchas veces tenía dificultad


para sacar una buena nota, pero era luz en los ojos de mi padre. Ella hoy es
abogada, se casó con “polillito” y pronto será madre; además, de éxito

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profesional, una casa grande, viajar y que no le falte el dinero.


Compartimos muchas diferencias, y también compartimos mucho
amor. No la juzgo, no tengo por qué hacerlo; cada uno es dueño de pintar
su mundo con sus colores.

Nuestra verdad y formas de hacer las cosas son solo nuestras, pero
opinamos sobre otros y sus decisiones, cuestionándolas y juzgando, pero
¿cuántas veces nos hemos puesto literalmente en los zapatos del otro?,
¿cuántas veces se mira a través de los ojos de los hijos, hermanos o amigos?
Si el objetivo es entender el punto de vista de otro, tomar un par de
minutos para mirar la realidad desde otra perspectiva, al menos para mí, es
una forma sana de empatizar y comprender.

Creo, que tener claro el objetivo de lo que se quiere lograr, en todo


aspecto de la vida, es fundamental. Imaginar lo que se desea conseguir,
tener claro para qué y por qué lo quiero, con detalles y luego desde ahí
desenredar y analizar los caminos, hasta llegar al punto inicial donde se está
en el minuto uno, dejará el camino despejado para avanzar siguiendo las
huellas de nuestra propia imaginación.

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Polillita y Polillito
Autora la mamá de Connie

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Capítulo 30

LA LLAVE Y LA CERRADURA

Cuando inicié este libro, sentía que el Universo me había dado un


regalo que brillaba tanto que hasta me encandilaba y no sabía qué hacer con
él. Todos tenemos un regalo del Universo, pero no solo debemos encontrar
la llave, el desafío va más allá.

Yo en un momento sentí que la había encontrado y fui soberbia,


vanagloriándome de mis capacidades, no escuché a mi cabeza decir:
“cuídalo, guárdalo”; créanme que en ese momento esas palabras se repetían
todos los días en mi cabeza, pero no las entendía.
Tampoco lo hice cuando todo lo que había conseguido “alineando
los planetas” se desmoronó.

Hoy después de un largo proceso, que ha durado todo este libro,


no solo lo pienso, también lo entiendo y actúo en consecuencia.

Mi llave es mi instinto, es confiar, la cerradura hacerlo por amor y


no por beneficio propio únicamente, el regalo… vivir feliz con el corazón y
con el alma.

No claudiques en momentos adversos, tú también eres poseedor de


un regalo, encuéntralo y confía en que Dios, en el momento y de la manera
perfecta, cuando estés en armonía, te mostrará la llave y también la
cerradura.

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Capítulo 31

EN EL MOMENTO Y DE LA MANERA
PERFECTA

Temblor, rigidez y lentitud en los movimientos, entre otros, son la


consecuencia de vivir hace seis años con “Don” enfermedad de Parkinson,
síntomas que han ido avanzando lenta y progresivamente. Desde el primer
día sentí que era injusto, que Dios me estaba castigando y no sabía por qué.
No me consideraba una persona mala, era algo que no me merecía, casi
como una sentencia de muerte que me acompañaría hasta el último de mis
días apagando de a poco mi llamita.

No les voy a mentir, ha sido difícil, he adaptado mi vida a mi


discapacidad, aprendí a firmar con la mano izquierda (soy diestra), a
manejar acelerando y frenando con mi pie izquierdo, me compré un cepillo
de dientes eléctrico, entre varias otras cosas más.

Durante mi paso por la universidad, descubrí que me gustaba


anestesiología; además, tenía una facilidad innata para muchos de los
procedimientos que esa especialidad requería, talento que fue reconocido
por mis profesoras en su momento, lo que me motivó aun más a
especializarme en esa área.

Pero como les había contado, antes de terminar la carrera, todas


mis ganas se derrumbaron. Como futura médico conocía el final de la
historia, sabía que mis síntomas no me permitirían ejercer de la forma en la
que yo quería.

La traumatología fue uno de los ramos que menos me gustó y para


el que menos me preparé estando en el internado; cuando llegó el día del
examen final, solo sabía que nada sabía, mientras manejaba angustiada a
Melipilla donde me esperaba mi sentencia reprobatoria. La carretera fue mi
testigo en el momento en que usé la llave para abrir la cerradura. Me relajé y
confié en Dios.

—No sé por qué estoy angustiada, no tendría por qué estarlo, siempre has

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estado para mí cuando confío, esta vez necesito de tu ayuda para pasar este
examen, así seré médico y deseo usar ese conocimiento para ayudar a otros
que lo necesitan. Sé que todo lo que sucederá hoy, será de la manera
perfecta. Gracias, porque sé que me escuchaste —le dije.

En ese momento, un escalofrío recorrió toda mi piel y supe que


todo saldría bien; incluso imaginé que el doctor encargado del examen no
iba a estar y que podría volver otro día a rendir el examen mejor preparada.
Prendí la radio del auto, sonreí, canté y confié.

Grande fue mi sopresa, cuando al llegar, el doctor encargado no


estaba y no iba a llegar. Aprobé con un 7.0.

Di las gracias y volví a sonreír.

Cuando egresé de la universidad, puse mi conocimiento a


disposición de quienes me necesitaban. Me di cuenta de que médicos
faltaban en todas partes, pero un día me ofrecieron trabajar en una urgencia
pública a las afueras de Santiago. Estuve ahí durante tres años, donde
incluso tuve la oportunidad se ser jefa (s) y aportar un granito de arena para
hacer las cosas mejor.

Luego de eso, las coincidencias de la vida me hicieron volver a


aprender traumatología, ya que mi nuevo trabajo lo exigía. Y después de dos
años, mi enfermedad me dijo: “llegó el momento”, pisé el freno y me di
cuenta que no podía seguir. El sistema me obligaba a escribir, rapidez y
destreza en la atención de los pacientes, todas cosas que día tras día se
hacían más y más difíciles.

Eso fue hace un año y medio atrás, le cerré la puerta al sistema y


me pensioné por invalidez total. Fue una decisión difícil, sentir que todo
por lo que había luchado se iba a la basura, ya no podía trabajar, sentí como
todo se volvía oscuro. Bajé unos 20 kg de peso, me encerré en mi mundo,
pero como el ave fénix, renací.

La tapa de mi cabeza se abrió y se arrancaron enanos, marcianos,


canciones, luz, metafísica, 33, CER, la Dra. Desahogos, vida y El Mundo de
Connie.

Me siento profundamente agradecida, porque entendí que todo


sucede en el momento y de la manera perfecta.

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El Mundo de Connie.
Autor Flyde

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Capítulo 32

EN ARMONÍA CON EL UNIVERSO

Me gustaría que por un minuto cerraran los ojos e imaginaran que


son dueños de la lámpara mágica de Aladino, que incrédulos decidan
frotarla y así de ella un genio grande y azul haga su aparición ansioso por
cumplir sus tres deseos. ¿Qué le pedirían?.

Salud, dinero y amor son las tres palabras que invaden mi mente en
este momento, casi como un discurso previamente aprendido que viene
integrado con mi conciencia. Creo que para la mayoría, son más o menos
los mismos en distinto orden. Pero iré un poco más allá y pensaré en algo
que desee desde lo más profundo de mi alma, yo deseo…

Suena el despertador a las 6 a.m. y empieza la rutina de todos los


días: levantarse, viajar al trabajo, horas llenas de obligaciones que debemos
cumplir, para volver a la casa agotados a dormir lo que alcancemos,
esperando que el despertador se atrase porque al tiempo se le olvidó que
tenía que avanzar. Dormir rápido, vivir igual, comer apurados y trabajar por
necesidad. El dinero se ha convertido en aire, fundamental para vivir y, a
diferencia de este, necesitamos cada vez más.

Vivimos en un mundo en donde nos venden la felicidad con cara


de viajes, televisores 4k full hd, ropa con hilos de oro, autos, etcétera,
etcétera, donde además han transformado en mercancía derechos
fundamentales como salud y educación, siendo estos parte del bien común
y no un bien de consumo que, además, pone en evidencia la desigualdad.

Como solución nos ofrecen créditos, como si esa fuera la salida a


un mundo feliz y tranquilo. Soluciones que compramos por necesidad, que
solo funcionan para que no tengamos tiempo de detenernos a pensar si
realmente seremos felices al final.

Cerramos los ojos a lo que realmente importa.

En mi camino como médico, he atendido a muchas personas que

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han necesitado ayuda, indicando remedios para tratar dolores de cabeza,


espalda, estómago, articulaciones, musculares, etcétera.
Evitemos la posibilidad de enfermar. Lo primero y más importante
es desde la alimentación, qué es lo malo y lo que debemos evitar, todo lo
que nos venden, embutidos, frituras, masas, bebidas, comida procesada,
etcétera. Lo bueno, el agua, frutas y verduras (el planeta aún tiene muchos
recursos para obtenerlos). Por otra parte, el estado de ánimo, evitar el
enojo, la envidia, el odio, el estrés crónico hace que nuestro cuerpo esté en
alerta constante, esto aumenta la presión arterial, con ello más riesgo de
infartos y derrames cerebrales, disminuye el movimiento normal del
intestino, lo que produce constipación, deja a los músculos tensos, lo que es
igual a contracturas musculares, lumbagos, dolores de cabeza, etcétera. Lo
bueno: SONREÍR.

¿Qué necesitamos para lograr eso?, ¿dinero? Disfrutemos los


momentos con las personas que amamos, la naturaleza, el aire libre, la
música, caminar de la mano, el silencio. De esta manera estaremos cada vez
más cerca de vivir en armonía con el Universo.

¿Se han preguntado alguna vez qué nos mantiene vivos? La


respuesta parece simple: el latir de nuestro corazón es el responsable de
bombear la sangre con oxígeno a todas nuestras células para que se
mantengan vivas y realicen sus diferentes funciones.

¿Y qué hace latir el corazón?: la electricidad.

La energía está en todo y en todos, existe la energía solar, la


hidráulica, eólica, cinética y en nosotros hay energía eléctrica que fluye a
través de nuestro cuerpo con cada latido del corazón. Estamos en constante
movimiento, lo que se traduce en vibraciones. Es básicamente una
frecuencia electromagnética.

La luz o los colores que somos capaces de ver y los sonidos que
oímos son representación de una pequeña parte del espectro
electromagnético que compone el Universo. Todo en nuestro cuerpo y lo
que nos rodea vibra y esta medición se realiza en Hz (Hertz). Nuestra piel
tiene fibras nerviosas capaces de percibir y adaptarse a las diferentes
vibraciones, las que se transmiten al cerebro y así percibimos nuestro
entorno.

El Universo vibra a 432 hz. La música en esa vibración lleva a


nuestro ser al equilibrio.

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Está en nosotros decidir el camino que recorreremos. El Universo,


Dios, es parte de todo y de todos y nos ha entregado lo más grande e
importante: LIBRE ALBEDRÍO.

Entonces yo deseo… que tú seas libre y vivas muy feliz en Armonía


con el Universo.

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Capítulo 33

NADA ES IMPOSIBLE

No quiero que lean esto como una despedida, aunque eso parezca.
Siento en lo más profundo de mi ser, que llegó el momento en que mi alma
y mi cuerpo dejarán de ser uno, no sé si estaré equivocada, pero necesito
despedirme, no quiero sentir que dejo algo pendiente, he escuchado que
cuando eso pasa el alma queda en el limbo y no logra ascender.

No veo la muerte como algo malo, nunca le he tenido miedo,


simplemente creo que es parte de la vida y necesaria, además, para
evolucionar. Me siento completa y totalmente agradecida de la vida, porque
puedo decir que ¡VIVÍ! Fui hija, hermana, amiga, compañera, amante y, lo
más importante, fui persona. Me arriesgué y me caí mil veces y de todas me
levanté, incluso aquellas veces que parecía imposible.

Como muchos, yo también creo que estamos en la Tierra con una


misión y siento que la mía está cumplida. No sé si me habré sacado una
buena nota o no, solo espero que el habernos conocido, no haya sido en
vano.

Adiós, me voy feliz, tranquila y en paz. Mi cuerpo, el envase, se


quedará acá, no lo necesito donde voy. Mi espíritu, mi alma, ahora tiene un
nuevo hogar y estoy segura de que nos volveremos a encontrar.

Recuerda… nada es imposible.

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FIN

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