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¿Cuáles son las deudas malas?

31May, 2019por Lery Laura Piña y Diana Quezada

En finanzas está muy extendido el uso de los términos deudas buenas y deudas malas. Quizás
convenga precisar que las deudas en sí mismas no son buenas ni malas, pero sí herramientas
que podemos utilizar bien o mal, dependiendo de nuestro manejo financiero. Sabido esto, nos
tomamos licencia de usar los términos como un comodín para referirnos a las circunstancias
en las que adquirimos un compromiso financiero y su efecto en la salud de nuestro bolsillo.

Para responder la interrogante con que titulamos este artículo, podemos emplear distintos
criterios: según el objetivo de la deuda, según las condiciones del préstamo y según las
condiciones económicas del deudor al momento de asumir el crédito.

Bajo el primer criterio consideraríamos que una deuda es buena o mala dependiendo del uso
del dinero prestado, y es sobre el aspecto que tenemos mayor control. Estaremos ante una
deuda sana siempre que sea para adquirir un bien que reporte mayores beneficios que costos.
Es decir, que nos permita aumentar considerablemente nuestra productividad-rentabilidad o
nos proporcione un nivel de bienestar que compense el de tener el compromiso con el banco o
el prestamista. Un ejemplo puede ser el taxista que decide tomar un préstamo para cambiar su
carro pequeño por un minibús, porque identifica en los viajes de grupo un nicho atractivo para
su negocio. En cambio, tendremos una deuda “nociva” cuando usemos el dinero prestado para
adquirir un bien que no reporte ningún beneficio o cuya utilidad sea muy limitada.

Si juzgamos según las condiciones del crédito propiamente, estaremos ante una deuda buena
cuando la tasa de interés sea relativamente baja o competitiva en el mercado. También si los
gastos de cierre del préstamo son reducidos o si el producto permite hacer abonos o saldo
anticipado sin imponernos penalidad, en entre otros términos que pudieran representar
ventajas para el deudor. Por el contrario, será una deuda malaaquella con tasa de interés por
encima del promedio del mercado, con tasa variable en un contexto en que este indicador
tienda al alza o con penalidades por saldo o abono anticipado.

El tercer criterio, y quizás el más importante, es la situación económica del deudor. Esto, más
que las condiciones del empréstito, determinará su solvencia o capacidad para lidiar con la
deuda. Una persona con un estrecho margen para nuevos compromisos económicos puede
sacrificar su estabilidad financiera al adquirir un préstamo, aún si las condiciones del producto
fueran buenas. Al verse en una situación de estrechez o limitación, tenderá a otorgarle una
connotación negativa a la deuda que contrajo.

Este escenario no siempre se ve venir. A fin de cuentas, una deuda buena puede convertirse en
una mala dependiendo de los cambios, con frecuencia imprevistos, que se presenten en
nuestro panorama.

Al considerar la opción de contraer préstamo los tres criterios son importantes y lo más
inteligente será analizarlos de manera integral, de modo que ninguno quede fuera de nuestras
consideraciones.

Fuente https://www.argentarium.com/educate/46772-cuales-son-las-deudas-malas/
¿Cuánto deber?

14Ene, 2016por Alejandro Fernández W.

¿Qué más se le puede agregar a la alegría de un hombre si tiene salud, está libre de deudas y
tiene una consciencia limpia? 

Adam Smith. Economista y filósofo (1723-1790)

Edwincito estaba estancado en su decisión. Frente a su oficial de crédito, en la sucursal del


banco, sentía, ansioso, el sudor en su frente y las manos temblorosas antes de firmar su “Debo
y pagaré” más grande.

Ya por más de una semana, noche tras noche, las mismas preguntas no le habían permitido
dormir tranquilo: “¿Cuánto puedo deber? ¿Cuánto es demasiada deuda? ¿La podré pagar?”

Son preguntas difíciles, pero muy necesarias. Edwin, un joven economista, decidió no firmar el
contrato aquella tarde. Con la prudencia que le caracteriza, se acercó a su amigo el escribidor
financiero a tomar un café, ya más tranquilo y sin el estrés de la tarde.

-¿Qué opinas, Escribidor? ¿Me meto en el lío? Ayúdame a responder esas preguntas que no
me dejan dormir.

No hay una respuesta única. En más de un sentido, la relación con la deuda llega a escapar lo
matemático o económico, y tiene matices sicológicos.

Muchos de esos prejuicios, a favor o en contra, son heredados por lo que, como niños o
jóvenes, pudimos apreciar de nuestros propios padres.

“Yo no debo ni un centavo, a nadie, nunca”, pues “el que debe es esclavo”, «hasta para vivir,
hay que deber” o “el rico siempre trabaja con dinero ajeno” son muestras del folklore
financiero popular que nos influye y hasta confunde.

La capacidad de pago

Edwin pensó que lo único importante era su historial de pago. Había tenido préstamos y
tarjetas en el pasado. Siempre pagó puntualmente y entendía que con ese excelente “score”
bastaba.

-Si he pagado bien en el pasado, seguiré pagando como corresponde este nuevo préstamo…
¿Verdad, escribidor?

-Bájale algo, Edwin. El historial es importante, definitivamente. Pero tenemos que evaluar tu
capacidad de pago.

-Explícame.
-¿Cuántos son tus ingresos mensuales? En la actualidad, de ese monto…. ¿Cuánto tienes
comprometido en la forma de pagos de cuotas? Con este nuevo préstamo que pretendes
tomar, ¿cuánto más tendrás comprometido?”

-Entendido. Pero, amigo, ¿hay algún principio general que pueda aplicar?”

-Claro que sí -le respondí-. Mientras menos debas, mejor. Y si no debes absolutamente nada,
estemos claro, tanto mejor para las finanzas de tu hogar.

-¿Puedes ser más específico? De que voy a deber, deberé. ¿Pero cuánto es mucho?

-Como buena regla, proponte no comprometer más de 25% a 35% de tus ingresos netos.
Puede variar, pero ojalá que, como extremo, tu límite máximo sea 40%. Si tienes más de eso
comprometido, ya estás en el oscuro mundo de mis enliados.

-Escribidor, ¿y por qué no puedo deber más? ¿Algo me lo imposibilita?

-Un buen banquero te lo impedirá. O debería hacerlo, pienso yo. La razón es sencilla:
si asumimos que tus gastos fijos son el 50% de tus ingresos netos, junto a un 40% de carga fija
de pago de cuotas, estarás en un sitio muy poco envidiable.

-¿En cuál, Escribidor?

-En el lugar de los que no ahorran o de los que, si sufren imprevistos o una pérdida del 10% de
sus ingresos (algo bastante posible), tendrán que dejar de pagar sus préstamos o compromisos
básicos.

¿Algún otro consejo o idea?

-Sí, Edwincito. Hay deudas y hay deudas. Si debes el 40% de tus ingresos, espero que tus
cuotas para pagar tarjetas de crédito o préstamos de consumo con altas tasas de interés no
superen el 10% o 15%.

-¿Alguna razón en específico?

-Claro, para que tu meta sea quedarte sólo con deudas ‘buenas’. En mi opinión, eso significa
un préstamo hipotecario y, quizás, uno de vehículo, cuyas cuotas sean, juntas, el 25% o 30% de
tus ingresos.

-¿Y por qué son ‘buenas’?

-Por varias razones. Entre ellas porque las asumiste con un destino en específico. Para un
activo, no para gastos que luego ni recuerdas cuáles fueron o para qué.

-También porque son préstamos garantizados y, por tanto, de tasas de interés más bajas.
Finalmente, porque amortizan en el tiempo y, en un plazo determinado, a diferencia de las
líneas o tarjetas de crédito, los habrás saldado en su totalidad.

-Paga las ‘malas’ mientras más rápido puedas, de tal forma que el 10% o 15% de tus ingresos
que antes destinabas a pagar esos créditos costosos ahora los utilices para pagarte a ti mismo
y engordar, con la misma puntualidad, tus ahorros.
-Querido amigo -me despedí a la salida del café-, recuerda que estas son ideas generales. A
más de 60 amigos les hice las mismas preguntas que tú me hiciste a mí y, como ves en las
gráficas, sus respuestas varían bastante, de caso a caso.
-No olvides, finalmente, que tus ingresos pueden variar, ¡hasta desaparecer! Por eso, el
consejo más importante que puedo darte es que tengas un ‘clavito’, equivalente a tres meses
de las cuotas de tus préstamos, para que puedas deber, pagar y dormir con tranquilidad.
¡Suerte!

Fuente https://www.argentarium.com/argentarium/13816-cuanto-deber/
Guía para consolidar tus deudas (1/3)

09Nov, 2017por Alejandro Fernández W.

La consolidación de deudas es una de las herramientas más populares para encarar los “líos”
que se acumulan por el uso (y abuso) del dinero plástico y otros créditos revolventes de fácil
acceso para el usuario.

“Consolidar” no es más que unificar dos o más deudas en una sola. Como las tasas de interés
de las deudas a consolidar típicamente son altas, como 60% del dinero plástico o 240% del
usurero, hay un ahorro financiero importante que bien podría beneficiar al deudor.

Imaginemos que Ana tiene dos tarjetas con saldos de RD$50 mil cada una y que solo le pague
el “mínimo”. Tiene además un compromiso al “módico 20%” de RD$100 mil, al que le paga
solo interés.

En su primer año, Ana pagará RD$300 mil en intereses… Es decir, pagará RD$25 mil al mes… ¡Y
seguirá debiendo los mismitos RD$200 mil que los generaron!

Alternativamente, la deudora podría acceder a un préstamo al 18% anual para consolidar las
tres deudas, combinándolas en un solo pagaré de RD$200 mil.

En vez de pagar RD$25 mil mensual, encarará una cuota, ahora de principal e interés, de
RD$18 mil. Si las honra a tiempo, en 12 meses habrá amortizado toda la deuda y en vez de
pagar RD$300 mil en intereses, erogará solo RD$20 mil. ¡En total! Un ahorro, en otras
palabras, de RD$280 mil en solo un año.

Algunos preguntarán: Tanta belleza… ¿Es posible? Sí, lo es. La consolidación es un producto
comúnmente ofertado por las instituciones financieras del país.

La belleza también puede terminar en una obra de terror, si antes no respondemos una serie
de necesarias preguntas, modificamos algunos comportamientos financieros y mejoramos, en
general, nuestra relación con las deudas.

Compartiremos en esta guía doce aspectos claves a considerar antes, durante y después de
consolidar tus deudas.

Las ventajas de consolidar

Aparte del evidente ahorro en intereses a pagar, transformar una deuda revolvente (que solo
abona interés) a una “a plazo”, que amortiza también capital, permite visualizar una fecha
máxima en la que se terminará de saldar el pagaré.

La unificación también puede ayudar a organizar al deudor. Ana, en vez de tener tres
acreedores con tres fechas de pago potencialmente distintas, ahora simplificará su vida con un
solo compromiso.
Cabe decir que el proceso de consolidación, obviamente que dependiendo de la situación del
deudor y sus finanzas, es relativamente rápido y sencillo.

Costos y riesgos al unificar deudas

Si el deudor no se prepara como recomendaremos en esta guía, podría estar arriesgando su


propia salud financiera y patrimonial, más allá del daño ya hecho.

Como mínimo, al momento de consolidar, un banco exigirá la firma de un contrato con pagaré
notarial contrato, seguro que con un aval o garantía específica.

Los beneficios de la consolidación bien podrían justificar formalizar las deudas de esta forma.
¡Siempre y cuando se paguen y honren cabalmente!

En otras palabras, el deudor debe saber que si incumple, ahora está arriesgando no solamente
su historial de crédito, sino también las propiedades dadas en garantía y otras, como sus
cuentas bancarias.

Atención: El mayor riesgo no es dejar de pagar los compromisos consolidados. Más bien
preocupa que se sigan asumiendo nuevos compromisos, quizás porque se mantenga un patrón
de consumo desordenado, engendrando una monstruosa “bola de nieve” de deudas.

Ojalá que quien vaya a consolidar sus compromisos no subestime el riesgo de dejarse llevar
por la espiral de más consumos y por ende nuevas deudas. Si lo hace, más cara saldrá la sal
que el chivo.

¿Existen alternativas a consolidar?

Volvamos a Ana y sus saldos “tarjeteros” de RD$100,000. Si opta por consolidar, al 18% pero a
cinco años, pagará una cuota mensual de RD$3 mil y alrededor de RD$53 mil en intereses
totales.

Cabe preguntarse si Ana sería capaz de imponerse, por su propia cuenta, durante un año, un
plan de austeridad que le permita enfocarse para realizar pagos mensuales de RD$11 mil,
obvio que sin hacer nuevos consumos en sus plásticos.

De lograrlo, en vez de asumir una deuda por sesenta meses y comprometer todos sus activos,
pagaría solo RD$35 mil en intereses (un ahorro de RD$15 mil comparada con la consolidación).

Claro, no cualquier persona tiene la disciplina y autocontrol que le requerimos a Ana en el


ejemplo, pero es válido hacer el análisis. Quizás no para todas las deudas, pero sí para algunas
de ellas.

El deudor también podría solicitarle al banco emisor de la tarjeta de crédito que la cancele y
ponga la misma en liquidación o bajo un plan de pago.

Aunque bien podría lograrse una reducción significativa en el costo del financiamiento y es,
obviamente, preferible a la mora o dejar de pagar, ojalá se evite esta última alternativa. ¿Por
qué?
Además de que potencialmente se tendrían que manejar varios planes de pago, dicho cambio
implica, en lenguaje bancario, una “reestructuración en las condiciones originalmente
pactadas”.

A diferencia de una consolidación programada de deudas, un acuerdo de pago se reflejará


negativamente durante un tiempo en el historial del deudor, incluso en su puntaje o “score”
de crédito.

Así que mejor una consolidación a un acuerdo de pago, aunque este siempre (¡siempre!) será
mejor a una mora.

Fuente https://www.argentarium.com/argentarium/34323-guia-consolidar-tus-deudas-1-3/

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