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DERECHO A LA IGUALDAD Y A LA NO

DISCRIMINACIÓN
Nyari, Yamila M.
Publicado en: RDF: 2017-IV , 34 
Sumario: I. Introducción.— II. Plataforma fáctica y respuesta judicial.— III.
Argumentos del tribunal de alzada.— IV. Análisis del decisorio.— V. Palabras finales.
Cita Online: AR/DOC/3808/2017
(*)
I. Introducción
A lo largo de estas páginas efectuaremos el análisis de un reciente pronunciamiento de
la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala H, en los autos "P., D. N. v.
General Paz Hotel SA s/ daños y perjuicios", de fecha 16/12/2016, mediante el cual el
tribunal hace lugar a la demanda instaurada por el actor, a través de la cual se persigue
la obtención de una indemnización por los daños y perjuicios que le ocasionó la
conducta discriminatoria de la demandada al impedirle ingresar con su pareja del mismo
sexo a un establecimiento de hospedaje transitorio, aplicándose asimismo un
resarcimiento en concepto de daño punitivo.
II. Plataforma fáctica y respuesta judicial
Los hechos del caso, brevemente, son los que se detallan a continuación. P., D. N.
contrata un servicio de alojamiento transitorio en la suite superior del hotel, a fin de
agasajar a su pareja en el día de su cumpleaños, abonando la totalidad de la tarifa. Al
presentarse ambos hombres al establecimiento hotelero, el gerente les prohíbe el ingreso
por tratarse de una pareja constituida por personas del mismo sexo. P., D. N. denuncia el
hecho ante el INADI e inicia demanda por daños y perjuicios al General Paz Hotel SA,
por considerar un acto discriminatorio el impedimento de ingreso al hotel.
El magistrado de primera instancia hizo lugar a la demanda instaurada y condenó a la
demandada al pago de una indemnización por los daños y perjuicios que su conducta
ilícita le ocasionó al actor, aplicándose, asimismo, una sanción por daño punitivo.
Frente a esta sentencia, ambos actores expresaron agravios. P., D. N. lo hace en relación
al monto de los daños punitivos por considerarlo insuficiente, y asimismo respecto de la
prestación ordenada por el a quo a cargo de la demandada, reclamando que ella se
efectivice en la mejor habitación del hotel, ya que era el servicio que había contratado y
abonado previamente. La demandada, por su parte, fundamenta la apelación en los
siguientes motivos: 1) Su conducta obedece al texto de la ordenanza general 96/1970,
que expresamente prohíbe el acceso a hoteles de personas del mismo sexo (1). Así,
concluye que no se cometió ningún acto discriminatorio. 2) Se opone al resarcimiento
por daño moral, pues, a su entender, no existe conducta antijurídica de su parte. 3)
Cuestiona la aplicación del daño punitivo aplicado por el a quo, alegando que dicho
instituto sólo opera en casos de particular gravedad y que en el supuesto analizado no se
configura menosprecio alguno al actor. 4) Se opone a la obligación de dar cumplimiento
con la prestación, ya que la referida ordenanza se lo impide. 5) Se agravia por los
intereses aplicados y por la imposición de costas. Cabe señalar que la demandada
admitió el hecho de negarle el ingreso al establecimiento al actor y su pareja ante el
INADI y judicialmente, en oportunidad de contestar la demanda y presentar memorial.
En estas condiciones es que la causa llega a la sala H de la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil, la que decidió, por mayoría de votos, confirmar lo resuelto por
el tribunal de primera instancia, con la disidencia parcial de la Dra. Abreut de Bergher,
sólo respecto de la aplicabilidad de la sanción por daño punitivo.
A través de las consideraciones vertidas en su pronunciamiento, el tribunal expresa una
serie de ideas con notable claridad, que merecen ser detalladas y profundizadas en un
apartado, para posibilitar una comprensión más acabada del tema.
III. Argumentos del tribunal de alzada
Tal como adelantamos en el punto anterior, la Cámara resuelve confirmar la decisión
del tribunal de primera instancia, por considerar acreditado el hecho discriminatorio
denunciado por la actora, sin encontrar justificación para la conducta antijurídica de la
demandada. Para alcanzar tal conclusión, el fallo del tribunal de alzada esgrime las
argumentaciones que serán brevemente esbozadas a continuación:
1) Realiza, en principio, un análisis sobre el criterio sentado por esa sala en la
resolución de diversos precedentes similares, en los que ha debido evaluar sobre actos
de discriminación emanados por particulares. En tal sentido, hace especial hincapié en
la línea de pensamiento surgida a partir del pronunciamiento de la Suprema Corte de
Estados Unidos en 1938, en el famoso caso "Carolene Products" (2), a partir del cual los
jueces estadounidenses comenzaron a graduar el examen que debían efectuar al analizar
la constitucionalidad de una medida que se cuestionaba como discriminatoria. Así, se
manifiesta sobre la importancia de llevar adelante un examen judicial más profundo
cuando estén en juego derechos explícitamente reconocidos por la Constitución
Nacional, al igual que incrementar la sensibilidad judicial cuando se trate de leyes que
discriminen o signifiquen prejuicios dirigidos a ciertos grupos sociales o minorías, tal
como sucede en el caso bajo análisis.
2) La libertad de contratación garantizada por la Constitución Nacional no es un
derecho absoluto sino que está sometida a las leyes que reglamenten su ejercicio, siendo
la prohibición de discriminar un claro límite a dicha libertad. Dicho principio
constitucional de no discriminación obliga a utilizar un criterio neutro aplicable
igualmente a parejas heterosexuales como homosexuales, en el caso de las
discriminaciones directas, así como a rechazar aquellos otros criterios que, aun cuando
sean formalmente neutros, produzcan un resultado adverso para los integrantes de uno y
otro sexo, en el supuesto de las discriminaciones indirectas.
3) El acto discriminatorio resulta violatorio del derecho a la igualdad y afecta
principalmente a la dignidad de la persona humana, derecho fundamental que constituye
"la fuente de todos los derechos, de ella dimanan derechos inviolables que le son
inherentes, lo que la eleva a la categoría de fundamento del orden político y de la paz
social".
4) Con buen criterio, respecto de la carga probatoria del hecho discriminatorio, el
tribunal sostiene que, debido a la dificultad probatoria que revisten los actos de
discriminación y teniendo presente que la "no discriminación" es un principio de
raigambre constitucional, corresponde la inversión del onus probandi y que sea el
demandado el encargado de demostrar que su conducta no ha sido discriminatoria,
brindando razones objetivas y razonables, ajenas a toda discriminación, para sostenerla.
5) La Ley de Defensa del Consumidor (LDC) 24.240, en su art. 8 bis, prohíbe el trato
discriminatorio respecto de los consumidores y usuarios de servicios, asegura el derecho
de igualdad que rige tanto frente al Estado como entre particulares y otorga mayor
fortalecimiento a la parte más débil de la relación de consumo.
6) El tribunal hace referencia al principio de inviolabilidad de la persona humana y al
derecho a reclamar la reparación de los daños sufridos cuando ocurran afectaciones a la
dignidad personal, contenidos en los arts. 51 y 52 del Código Civil y Comercial de la
Nación, aun cuando, considerando la fecha de los hechos denunciados, no era de
aplicación dicho cuerpo normativo.
7) Hace referencia a la Ley Antidiscriminatoria (23.592), que expresamente prevé una
tutela inhibitoria y resarcitoria para los supuestos de actos que impidan, restrinjan o
menoscaben el ejercicio de derechos y garantías reconocidos por nuestra Constitución
Nacional.
8) Con relación a la defensa esgrimida por la demandada en el sentido de que su
conducta simplemente se había limitado a dar cumplimiento con lo prescripto en la
ordenanza 96/1970, sostiene la sala que tal postura no encuentra justificación alguna,
pues desde el año 1970, fecha de origen de la normativa en cuestión, hasta la actualidad
ha habido una "fuerte evolución cultural y jurídica en contra de la discriminación y de
los prejuicios", manifestando asimismo que "una ordenanza está claramente por debajo
de la Constitución Nacional, de tratados internacionales, de leyes nacionales, y una
jurisprudencia que se orienta hacia la igualdad de derechos".
9) En cuanto a la reparación del daño ocasionado por la conducta discriminatoria de la
demandada, entiende el tribunal que, al existir un derecho fundamental de no
discriminación que ha sido afectado por un acto ilícito, la víctima tiene derecho a
reclamar la reparación del daño material y moral y obtener así una indemnización,
teniéndose por probado in re ipsa el perjuicio extrapatrimonial.
10) Respecto de la procedencia de los daños punitivos, sostiene la sala en su mayoría
que el acto discriminatorio es un acto doloso, de particular gravedad, en tanto afecta la
dignidad de la persona y que, por lo tanto, en el caso se encontrarían acreditados los
extremos requeridos por la normativa para su procedencia. Asimismo, cita los arts. 8º
bis y 52 bis de la LDC, que prevén su aplicación, y sostiene en tal sentido que se trata
de una sanción independiente de las otras indemnizaciones fijadas en el caso, pues se
trata de "una herramienta para erradicar prácticas que ofenden la dignidad del
consumidor o usuario", debiendo ser severas, ya que están dirigidas a evitar la
repetición de este tipo de hechos gravosos.
IV. Análisis del decisorio
Si bien el caso en análisis, a nuestro entender, desde el aspecto fáctico y tal como fue
expresado por la sala en el fallo comentado, no presentaba demasiados conflictos para
ser resuelto, pues bastaba meramente recurrir a la aplicación de los principios generales
de nuestro ordenamiento, lo cierto es que el tribunal interviniente realiza una extensa y
enriquecedora labor didáctica, recorriendo íntegramente nuestro ordenamiento jurídico a
través del análisis de toda la normativa involucrada en el caso.
Por discriminación se entiende toda diferenciación, eliminación, restricción o
preferencia en el trato basada meramente en razones de religión, sexo, idioma,
nacionalidad, color, orientación sexual, opinión política, clase social, posición
económica o cualquier otro motivo o condición que conlleve como consecuencia la
restricción, exclusión, el trato preferencial o menoscabo en el ejercicio real o goce, en
condiciones de igualdad, de los derechos humanos y garantías fundamentales
reconocidos por la Constitución Nacional y los tratados internacionales, en el plano
social, cultural, político y económico, o en cualquier otro ámbito.
El principio de no discriminación es un derecho dinámico, pues su contenido se amplía
y construye continuamente con aportes consuetudinarios y convencionales, permitiendo
la identificación e incorporación al sistema protectorio de grupos vulnerables (3).
No existen dudas acerca de que el principio de igualdad ante la ley y, como corolario, el
de no discriminación, constituyen verdaderos derechos fundamentales del hombre,
sobre los que reposa el ejercicio efectivo de otros derechos humanos. En efecto, la
noción misma de derechos humanos comporta las nociones de igualdad y no
discriminación, destacándose, a su vez, una estrecha conexión y fundamento en el
derecho a la dignidad y el valor de la persona humana, frente a la cual resulta
incompatible toda situación que, por considerar superior a un determinado grupo social,
conduzca a tratarlo con privilegio y preferencia, o que, a la inversa, por estimarlo
inferior, sea tratado con hostilidad, maltrato o de cualquier modo lo discrimine en el
goce de derechos y libertades que son reconocidos a quienes no integran este grupo
excluido.
Asimismo, el concepto de dignidad implica el respeto y la protección por parte del
Estado como también de los particulares de la vida privada de las personas. La vida
privada es una noción amplia que "engloba aspectos de la identidad física y social,
incluyendo el derecho a la autonomía personal, desarrollo personal y el derecho a
establecer y desarrollar relaciones con otros seres humanos y con el mundo exterior", e
incluye la forma en que el individuo se ve a sí mismo y cómo decide proyectarse hacia
los demás" (4). El respecto por este ámbito privado es una condición indispensable para
que el ser humano pueda desarrollar libremente su personalidad.
Como bien ha expresado la Corte Suprema: "el hombre es eje y centro de todo el
sistema jurídico y en tanto fin en sí mismo, más allá de su naturaleza trascendente, su
persona es inviolable y constituye valor fundamental con respecto al cual los restantes
valores tienen siempre carácter instrumental" (5).
Nuestra Constitución Nacional y los derechos humanos se basan en el derecho de
igualdad de los seres humanos ante la ley y en el principio de no discriminación. En
efecto, ambos derechos han sido ampliamente reconocidos y plasmados en el texto de
numerosas declaraciones, tratados, convenios, pactos que, a partir de la ratificación por
parte del Estado argentino de los instrumentos de derechos humanos, han adquirido
jerarquía constitucional (Constitución Nacional, art. 75, inc. 22): Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (art. II), Declaración Universal de
Derechos Humanos (arts. 2 y 7), Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
(arts. 2.1 y 26), Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
(PIDESC, arts. 2 y 3) y Convención Americana sobre Derechos Humanos (arts. 1.1 y
24), además de los destinados a la materia en campos específicos: Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (arts. 2, 3 y 5 a 16)
y Convención sobre los Derechos del Niño (art. 2). Se agregan, en el plano supralegal,
la Convención relativa a la Lucha contra la Discriminación en la Esfera de la Enseñanza
(UNESCO, 1960); el Protocolo en Materia de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Protocolo
de San Salvador, art. 3); la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del
Crimen de Apartheid (1973); la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará, art. 6) y la
Convención Interamericana para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
contra las Personas con Discapacidad.
Asimismo, en lo que respecta al ámbito del derecho internacional de los derechos
humanos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ha considerado al
principio de igualdad y no discriminación como una norma que "ha ingresado en el
dominio del ius cogens" (6), lo que significa que su carácter imperativo se predica
respecto de toda la comunidad internacional, sin necesidad de suscribir instrumento
alguno. Se trata de un principio sobre el que descansa todo el andamiaje del llamado
"orden público internacional" y que permea a todo el ordenamiento jurídico interno (7).
Así, en consonancia con este enriquecedor plexo normativo protectorio, a nivel interno
surge la ley 23.592 (Ley Antidiscriminatoria) con la finalidad de erradicar aquellos
actos antijurídicos que tiendan a menoscabar el pleno ejercicio de los derechos y
garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional y en los tratados
internacionales, imponiendo al autor del proceder discriminatorio la obligación de
"dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización" y reparar el daño
moral y material que su conducta haya ocasionado a la víctima (art. 1), pues, y sobre
ello cabe poner el acento, "el acto discriminatorio ofende nada menos que el
fundamento definitivo de los derechos humanos: la dignidad de la persona, al renegar de
uno de los caracteres ínsitos de ésta: la igualdad en dignidad de todos y cada uno de los
seres humanos, de la cual deriva, precisamente, el principio de igualdad y prohibición
de toda discriminación.
En el caso bajo análisis, es indudable que efectivamente la orientación sexual de la
víctima ha sido el motivo por el cual la demandada ha efectuado la diferencia en el
trato, obstruyéndole arbitrariamente el ejercicio libre de su derecho de gozar del servicio
que había contratado previamente y por el que ya había abonado la tarifa
correspondiente, pues distinta hubiera sido su actitud si se hubiera referido a una pareja
integrada por personas de distinto sexo.
Ahora bien, la demandada esgrime como justificación de su proceder discriminatorio el
haberse ajustado a lo prescripto por una normativa vigente, la ordenanza 96/1970, que
establece que este tipo de servicio de alojamiento está destinado a parejas de diferentes
sexos, y que el gerente del establecimiento, quien impidió al actor y a su pareja la
entrada al hotel, no tiene la capacidad ni la obligación de realizar un razonamiento
jurídico dinámico e integrador de la normativa vigente.
En tal sentido, hay que concordar con el tribunal en que es inadmisible la razón
esgrimida por la accionada, pues, teniendo en cuenta el año de la ordenanza citada y los
enormes cambios culturales y sociales ocurridos desde esa época, el demandado debería
haber armonizado la obsoleta norma con las leyes que fueron dictándose
posteriormente, entre ellas la ley 26.618. Tan absurdo resulta el planteo de la
demandada que en el supuesto de aplicarse su criterio interpretativo ocurrirían
situaciones insólitas e incoherentes, como el de que una pareja homosexual pueda
contraer matrimonio pero no le sea posible, en cambio, concurrir a un albergue
transitorio. Asimismo, tal como continúa manifestando el órgano jurisdiccional
interviniente, "el derecho se presume conocido por todos y el error jurídico no es
excusable", de lo contrario estaríamos convalidando todas las violaciones a la ley.
Al respecto, la Corte Suprema de Justicia de la Nación tiene dicho que la igualdad
comprende "...la obligación de tratar legalmente de un modo igual a los iguales en
iguales circunstancias..." (8), lo que no proscribe por sí mismo toda distinción de trato.
En efecto, las leyes pueden establecer diferencias, siempre que éstas no obedezcan a
criterios arbitrarios, ni a propósitos hostiles o persecutorios contra determinado grupo, o
a concesiones y privilegios indebidos (9).
A su vez, las distinciones de trato en el derecho internacional de los derechos humanos
deben proveer siempre una justificación "objetiva y razonable" para evitar caer en el
terreno de las discriminaciones y desigualdades arbitrarias. A esos efectos es que en los
casos debe aplicarse un test de control, el cual está destinado a abordar la legitimidad, o
no, de los fines de la distinción efectuada y la relación de proporción existente entre los
objetivos que persigue y el medio que emplea para conseguirlos. En tal sentido, la Corte
IDH sostiene que "para comprobar que una diferenciación de trato ha sido utilizada en
una decisión particular, no es necesario que la totalidad de dicha decisión esté basada
'fundamental y únicamente' en la orientación sexual de la persona, pues basta con
constatar que de manera explícita o implícita se tuvo en cuenta hasta cierto grado la
orientación sexual de la persona para adoptar una determinada decisión" (10).
Resulta indudable que tales extremos exigidos por la normativa no parecen ocurrir en el
caso analizado, pues queda claro que el criterio de distinción utilizado no debe ser
arbitrario o responder a un propósito de hostilidad dirigido a personas o grupos sociales
determinados (en el caso, la limitación sólo estaba dirigida a parejas homosexuales), o
tratar desigualmente a personas que están en circunstancias de hecho esencialmente
equivalentes. El actor y su pareja merecían y debían ser considerados y tratados por
parte de la demandada de una manera idéntica y uniforme al igual que una pareja
integrada por miembros de diferentes sexos.
Ninguna norma, decisión o práctica de derecho interno, sea por parte del Estado o por
particulares, puede obstruir, eliminar o restringir, de modo alguno, los derechos de una
persona a partir de su orientación sexual, como ha sucedido en el fallo bajo
análisis (11).
Cabe señalar, asimismo, que por su parte la ley 24.240, en su art. 8 bis, dispone que
constituye una obligación de los proveedores de servicios "garantizar condiciones de
atención y trato digno y equitativo a los consumidores y usuarios", debiéndose abstener
de "desplegar conductas que coloquen a los consumidores en situaciones vergonzantes,
vejatorias o intimidatorias".
En tal sentido, respecto de la relación de consumo y el derecho a recibir un trato digno
por parte de los proveedores de servicios, establece el art. 42 de nuestra Constitución
Nacional que "Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho en la
relación de consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos, a
una información adecuada y veraz, a la libertad de elección, y a condiciones de trato
equitativo y digno".
En conclusión, el comportamiento de los denunciados constituye, sin lugar a dudas, un
acto de discriminación arbitrario e injustificado, por haber dado un trato diferencial a
dos personas sólo por su orientación sexual, correspondiéndole a la demandada, por lo
tanto, la reparación de los daños materiales y morales que dicha conducta antijurídica ha
generado en la víctima. El argumento con el que intentaron justificar su actuar a lo largo
del litigio no puede prosperar, pues, tal como explicamos anteriormente, una ordenanza
no puede contrariar a la Constitución Nacional, a los tratados internacionales y las leyes
nacionales.
En tal sentido, acordamos con el tribunal en lo que respecta a la prueba y entidad del
daño moral generado, pues, al tratarse de un acto discriminatorio que lesiona el derecho
a la dignidad del actor, el daño extrapatrimonial debe de tenerse por probado in re ipsa,
sin ser necesario en el caso aportar la prueba directa de éste.
Asimismo, al tratarse de una relación de consumo, hay que tener presente que las
conductas que vulneren la dignidad del consumidor o usuario de un servicio, además de
las sanciones previstas en la Ley de Defensa de Consumidor, podrán ser pasibles de la
multa civil establecida en el art. 52 bis de la dicha norma. Es decir, el legislador previó
el instituto específicamente para el tipo de casos que hoy nos convoca.
En efecto, en el caso el daño se ha consolidado a partir del acto que da lugar a la
discriminación, a partir de la negativa de la demandada a posibilitar el ingreso del actor
y su pareja al hotel previamente contratado y por el cual ya se había abonado la
totalidad de la tarifa del servicio, sostenido tal impedimento por un excesivo apego al
texto incluido en una ordenanza del año 1970, pero que, en rigor a la verdad, no haya
justificación legítima alguna.
De este modo, en su valoración respecto de la procedencia de los daños punitivos,
acertadamente el tribunal los considera aplicables al presente caso, ya que sostiene que
el trato discriminatorio al que fue sometido el actor como consecuencia de su
orientación sexual es un hecho de tal gravedad que afecta la dignidad de la persona
humana y que por lo tanto es merecedor de una sanción pecuniaria, además de la
indemnización aplicada por los otros daños generados.
En efecto, la importancia en la aplicación de los daños punitivos en supuestos como el
de marras radica en que constituyen una verdadera herramienta para evitar tales
prácticas ofensivas, y disuadir, al comitente y tal vez a terceros, de incurrir en conductas
similares en el futuro. De este modo, explica el tribunal que las multas deberán ser
suficientemente severas, pues, de lo contrario, al que desarrolla la conducta
antidiscriminatoria le podría convenir pagar y continuar con su actitud.
V. Palabras finales
Las manifestaciones de intolerancia lamentablemente se encuentran presentes en los
más variados aspectos de nuestra vida cotidiana. Tales expresiones afectan no sólo a la
persona o grupo de personas a las cuales están dirigidas sino a todos los que integramos
la sociedad en su conjunto y pretendemos convivir en pluralismo y democracia. Durante
mucho tiempo, las parejas homosexuales han estado fuera del derecho, invisibles ante
él, viéndose arbitrariamente privadas del goce y ejercicio de derechos fundamentales.
En un contexto legislativo que pretende garantizar el principio de igualdad y de no
discriminación, podemos afirmar que ésta no implica únicamente el reconocimiento de
derechos ni autonomía en el ámbito privado, sino también, y fundamentalmente, en la
libertad y dignidad para desplegar el plan de vida elegido en la sociedad, sin ser
discriminados en la esfera pública.
Entendemos que el pronunciamiento comentado ha dado una respuesta satisfactoria a la
contienda planteada, pues ha respetado los preceptos, principios y valores consagrados y
garantizados por la Constitución Nacional y por los diversos tratados e instrumentos de
derechos humanos sobre la materia. Constituye deber de los operadores de la justicia y
de toda la sociedad en su conjunto arbitrar los medios para que los principios
fundamentales involucrados tengan efectivo cumplimiento, evitando de este modo
perpetrar la vulneración de los derechos de determinados sectores de la sociedad.
Se trata, en definitiva, de proteger el derecho a vivir en una sociedad pluralista, en la
cual se respete y garantice, en virtud del principio de igualdad jurídica y no
discriminación, el acceso real a las mismas condiciones, oportunidades y libertades a
todos los ciudadanos.
(A) Abogada (UBA). Maestranda en Derecho de Familia, Infancia y Adolescencia
(UBA).
(1) Ordenanza general 96/1970, art. 1: "La presente ordenanza general será de
aplicación para los 'Albergues por Hora', 'Alojamientos por Hora', 'Hoteles
Alojamientos', 'Hoteles habilitados', y todo otro Establecimiento cualquiera fuese su
denominación que esté destinado a alojar parejas de distintos sexos, provistos o no de
equipaje, por lapsos inferiores a veinticuatro horas, y que se hallen exentos de cumplir
la obligación de registrar documentos de identidad en el Libro de Registros de
Pasajeros".
(2) "United States v. Carolene Products Co.", 304 US 144, 152 n. 4 (1938).
(3) Para mayor abundamiento, ver Pinto, Mónica, Temas de derechos humanos, 2ª ed.,
Editores del Puerto, Buenos Aires, 2011.
(4) C. Nac. Civ., sala H, 16/12/2016, "P., D. N. v. General Paz Hotel SA s/daños y
perjuicios".
(5) Corte Sup., 6/04/1993, "Bahamondez, Marcelo s/ medida cautelar".
(6) Corte Interamericana de Derechos Humanos, "Condición jurídica y derechos de los
migrantes indocumentados", opinión consultiva 18/2003, 17/09/2003, p. 110.
(7) Corte Interamericana de Derechos Humanos, "Condición jurídica", cit., ps. 100/101.
(8) Corte Sup., "Valdez Cora, Ramón", Fallos 182:355.
(9) Corte Sup., "Roque Guillermo Carranza y otros s/actividades subversivas y
terroristas", 22/07/1954, Fallos 229:428.
(10) Corte IDH, "Caso Atala Riffo y Niñas v. Chile", sentencia del 24/02/2012, p. 94.
(11) Ídem, p. 91.

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