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Personalmente pienso que cada persona busca lo que quiere en cualquier lugar que

se encuentre, con respecto a lo que dice el autor que al Ecuador se lo ha asociado

falsamente con las buenas costumbres y un alto sentido de la moral, yo discrepo ya que

siempre se ha tenido el estereotipo o la sensación de que el Ecuador es una sociedad

bastante sana, al menos es lo que tu familia te trata de infundir desde que naces.

Depende mucho el entorno en el cual te desenvuelvas, el rodearte con personas que

tengan valores y comportamientos aceptables. En Quito se puede decir que siempre ha

existido ese ambiente de armonía y de paz por la fuerte presencia de la religión católica, ya

que antiguamente en la época que vivía Bolívar, Quito era apodado como “el convento” por

Francisco de Paula y Santander, porque solo se escuchaba el campanario de las iglesias y

era descrita como una ciudad tranquila, pacífica por varias personas que la visitaban.

Lo que Quito siempre ha tenido problema es la Xenofobia que impusieron los

españoles hacia los indígenas, quienes eran discriminados y tenían menos derechos que los

demás al igual que los negros. Con respecto a lo que dice que los padres de quienes

nacieron entre los años 1950 y para atrás, eran concebidos como casi santos, pues

totalmente falso, es una exageración sin sentido, ya que en todas las sociedades desde la

antigüedad siempre ha existido gente buena y mala, todos han pecado en algo por lo menos

alguna vez en sus vidas, y en una capital más todavía.

Ahora con la opinión de: Francisco José de Caldas, Boussingault, Julián Mellet y

Francis Hall. Pues me parece interesante que hayan explorado a fondo la otra parte de la

personalidad de la ciudad y el país, no eran conformistas con lo que les decían, siempre

querían saber la verdad. Nos muestran cosas que sucedían en la clandestinidad, como que

los curas eran padres, su exceso de relajación; estas fiestas de exceso de alcohol, comida y
sexo llamadas “puros”, critican la actitud de los jóvenes como muy galanes a temprana

edad, a personas de clase alta como Catalina Valdiviezo amante del libertinaje, etcétera.

Actitudes que más tarde serían controladas por la ola católico-integrista que barrió el país

desplegando una campaña para reprimirla y dejarla fuera de juego.

En conclusión, yo creo que siempre existirá una minoría de la sociedad que tenga

estos hábitos de libertinaje y aunque los controlen siempre seguirán sucediendo en la

clandestinidad, es preferible alejarse de estos excesos. Lo que realmente cuenta es que seas

una persona quien aporte con algo a la sociedad, a desarrollarla en el ámbito profesional,

cultural, académico, etcétera, en aportar brindando lo mejor de uno mi.