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INVESTIGACION SOCIAL

ARTE Y CIUDADANIA

MARIANELA IZQUIERDA ACEVEDO

JHON EDISON GARZON ALZATE

CESAR MAURICIO RIVAS MENA

JUAN SEBATIÁN SUÁREZ GÓMEZ

UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANAS

TRABAJO SOCIAL

MEDELÍN

2019
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.

Para realizar la investigación, es fundamental tener un soporte teórico con el cual


podamos guiarnos y afianzar el conocimiento que tengamos acerca del tema a investigar.
Por ello, se considera importante tener en cuenta siguiente fuente bibliográfica:

Se puede referir al concepto arte, como la existencia del edificio, del libro,
de la pintura o de la estatua, siendo independiente de la experiencia humana que
subyace en ella. (Dewey, 1934, pág. 3). También, se entiende por arte, el conjunto
de reglas para hacer algo bien; hablando en un sentido general, el arte es toda
actividad humana que, basándose en ciertos conocimientos, el artista aplica para
alcanzar algo bello. (Lozano, 2014, citado en Construcción de ciudadanía a través
del arte y la multiculturalidad, 2016)

También se aborda la definición del concepto de ciudadanía, que expresa el


reconocimiento que se hace una persona como parte de un grupo bien establecido en
cierto lugar y que este se maneja bajo ciertas reglas determinadas o inherentes en el
lugar. Aun así, el concepto de ciudadanía se puede ver desde “ámbitos jurídicos,
éticos y políticos, siendo así que nace con los sujetos y crece con ellos, y se va
modificando al mismo tiempo que se desarrolla la autonomía, la participación en la
vida social y las diversas capacidades”. (UNICEF, 2008, citado en Construcción de
ciudadanía a través del arte y la multiculturalidad, 2016)

Creemos que la importancia de las fuentes bibliográficas en una investigación es


uno de los pasos más fundamentales, porque esto es lo que nos permite hacer una
contextualización ardua en el momento de su problematización para tener un acercamiento
con lo que se desea estudiar, para tener una claridad al momento de poner en marcha todo
el contenido de esta, por eso para la investigación que nosotros deseamos realizar nos
parece que las siguientes fuentes bibliográficas son muy importantes:

Para Georg W. Bertram, el arte es una práctica transformadora, sugiriendo que la


ontología del arte como ontología de tal práctica, es una práctica incierta que reta a las
personas en el conocimiento propio de tal manera que los impulsa a seguir desenvolviendo
ese conocimiento de sí mismo.
El punto de partida de una ontología del arte parece ser la idea de que las
obras de arte son objetos con características especiales. Me refiero aquí brevemente
a una ontología del arte orientada a objetos. Esta ontología puede basarse en la
conclusión de que las obras de arte realizan constelaciones específicas. Colocan
elementos diferentes como colores, palabras y armonías, respectivamente en una
configuración propia. Tal configuración no es compartida por otros objetos ni en el
mundo ni en el arte. Es la que define la obra de arte concreta. Si cada obra de arte
realiza en este sentido una configuración peculiar, parece que la respuesta a qué es
arte debería basarse en el estudio de qué es lo que constituye tal configuración. Esta
idea sugiere que la ontología del arte debería enfocarse como una ontología de la
obra de arte.

Sin embargo, esta hipótesis, que a menudo se comparte implícita o


explícitamente, resulta problemática. Quisiera ofrecer dos razones para este
diagnóstico. En primer lugar, la especificidad de las obras de arte no se define
suficientemente afirmando que estas realizan configuraciones específicas. La
definición no se pronuncia en cuanto al sentido de tales configuraciones específicas.
Esto vale, en principio, para cualquier explicación que se limite al análisis de lo que
constituye la composición de una obra de arte. A través de las explicaciones
correspondientes no se capta el significado de las obras de arte. Sin embargo, es
necesario comprenderlo para aclarar lo que es arte. Pensemos en la definición de
una mesa: puedo darla diciendo que es una tabla estabilizada por tres o más patas.
Pero eso no aclara lo que es una mesa. Podría tratarse también de una cama (con un
diseño extraño) o de un altar en un hogar o de algo diferente. Para definir una mesa
podría decir, por ejemplo, que es un mueble en el que puedo comer y escribir. Tan
solo esta información ofrece una primera aproximación a lo que es una mesa.
Ahora, no intento sugerir que las obras de arte sean objetos de uso cotidiano como
las mesas. La analogía solo pretende aclarar que para la definición de las obras de
arte vale lo que para la definición de las mesas: su especificidad se puede aclarar
únicamente enunciando el significado que tienen.
En segundo lugar, lo que he afirmado hasta ahora para las obras de arte es
aplicable también y especialmente para el arte. Quien afirme que el arte consiste en
obras de arte, aún no ha dicho nada sobre lo que es arte, pues debería responder a la
pregunta de por qué nos ocupamos de obras de arte (así como la definición de una
mesa debe responder a la pregunta de para qué sirve una mesa). Pero no
encontramos tal respuesta si el arte solo se define mediante referencia a obras de
arte. La ontología del arte solo se puede plantear como una ontología de las obras de
arte si esta última ya contiene una definición del valor del arte. Pero eso significa
que también podemos preguntar directamente por el valor del arte. Esta cuestión se
muestra fundamental para la ontología del arte. (Bertram, 2018, P. 265-266)

Adicionalmente consideramos importante abordar el concepto de


participación teniendo en cuenta que el ser humano se encuentra en constante
interacción social y es una acción fundamental para su construcción.

Para esta interpretación es importante contar con la siguiente referencia


bibliográfica:

¿De qué forma el arte adquiere un papel y un sentido en esta escena que se
está construyendo? Vincular las prácticas del arte en términos de participación y
cómo todo ello se construye en el espacio público es un debate ya planteado a
finales de los 80 en Nueva York por Group Material. Concretamente en uno de los
debates organizados por este colectivo en el Dia Art Foundation en 1988 se
planteaba bajo el título de Participación Cultural, cómo los artistas pueden
involucrar a ciudadanos o construir espacios participativos, cuyas prácticas
trasciendan a un ámbito público de interés compartido. En este ámbito, David
Avalos planteaba la necesidad de entender el espacio público no como un lugar de
paso, sino como un lugar para congregarse, para crear espacios de discusión, de
socialización y de visibilidad. “Debemos insistir en crear espacios en la sociedad
para la discusión, para las ideas en que estamos interesados, y en este sentido
trabajar para la posibilidad de una sociedad democrática” (4). Se insistía en la
necesidad de utilizar los medios de comunicación de masas como un espacio
público potente que a su vez constituye una alternativa a los canales propios del
arte. Habiendo transcurrido algunos años desde este debate, es evidente que han
aparecido en escena nuevos formatos mediáticos que son utilizados por prácticas
artísticas, y que estas siguen interesadas en investigar en nuevos territorios del
ámbito de lo público. Todo ello no tiene sentido si no se abordan cuestiones como
¿Cuál es el papel que adquiere el arte en un contexto social complejo? ¿Cómo éste
se inserta en prácticas colaborativas y participativas? o ¿Cuál es el sentido que
adquieren estas prácticas en aspectos de interés colectivo? Estas cuestiones han sido
tratadas en el programa Idensitat 2001-2002. Este programa ha promovido el
desarrollo de proyectos en Calaf, investigando la posibilidad de llevar a la práctica
aspectos que relacionen el arte con estrategias participativas. Estas cuestiones
fueron ampliadas, en el marco del mismo programa, a través de un conjunto de
debates realizados en Barcelona (Centro de Cultura Contemporánea) el pasado
octubre del 2002. Con el título Participación cultural / Representación urbana, se
pretendió abordar estrategias de representación urbana basadas en posicionamientos
y acciones culturales promovidos desde el ámbito del arte y la intervención en el
espacio público. Desde una perspectiva invertida, a través del concepto
Participación Urbana.

La ciudadanía se puede entender como algo que abarca a todas las personas de una
sociedad donde se tejen relaciones sociales, pautas de comportamiento y formas de
comprender la vida cotidiana. En este contexto, la comunicación entre las personas y su
participación en el espacio público son fundamentales para la conformación de identidades
colectivas, las cuales aglutinan simbólica y afectivamente a conjuntos de personas
diferentes en torno a ciertos elementos comunes.

La participación es la acción política central que permite articular las dimensiones


individual y colectiva en el proceso de construcción de ciudadanía, y la expresión simbólica
de dicho proceso activo es el de las identidades colectivas. Para Maritza Montero:

La participación comunitaria puede ser definida de la siguiente manera: un


proceso organizado, colectivo, libre, incluyente, en el cual hay una variedad de
actores, de actividades y de grados de compromiso, que está orientado por valores y
objetivos compartidos, en cuya consecución se producen transformaciones
comunitarias e individuales (2004, p. 109).

En Medellín, una de las formas más importantes que ha adquirido la participación


ciudadana es aquella que pasa por expresiones artísticas como forma de expresión de
significaciones subjetivas y grupales, las cuales se articulan a las narrativas del espacio
público que sirven como eje articulador de las identidades colectivas.

La capacidad de expresión y sensibilización que se explora a través del arte logra la


creación de sujetos con mayor capacidad de transmitir, tolerar y transformar sociedad
haciendo grandes aportes a la construcción de convivencia y cultura ciudadana.

A través del arte es posible transformar contextos y cambiar realidades, mostrando


otras opciones por medio de diferentes disciplinas artísticas como la danza, la música, el
teatro etc. que permiten que el ser humano se construya como un ser sensible, capaz de
replicar su proceso de transformación social primando la formación desde el ser antes que
el mismo proceso de formación artístico.

Ser artista es tener la capacidad de construir espacios de integración e interacción


social creando más que un escenario artístico, un escenario participativo donde cada
individuo se relaciona, se construye y se forma integralmente para afianzar competencias
tanto artísticas como sociales y ser un sujeto que pueda aportar a la transformación social.

Según Erickson, la identidad es “un sentimiento propio y de continuidad que


experimenta un individuo en cuanto tal lo que se traduce en la percepción que tiene el
individuo de sí mismo y que surge cuando se pregunta ¿quién soy?”. De igual manera es
una actividad de autorreflexión, en la cual el individuo intenta realizar un equilibrio de sus
capacidades y potencialidades, y logra descubrir su sentido y su conciencia de lo que es
como persona. La identidad se construye dentro de procesos de socialización y es ahí donde
se ve que no está solo, sino que en su diario vivir se relaciona con la diferencia de todos los
seres humanos de su entorno, lo que implica reconocerse como miembro de un grupo.
(Hernández, 2010)
La identidad colectiva se genera a través de un proceso social en el cual el
individuo se define a sí mismo, a través de su inclusión en una categoría, lo que
implica al mismo tiempo su exclusión de otras, y dependiendo de la forma en que se
incluya al grupo, la identidad es adscriptiva o por conciencia. Además, como el
individuo no está solo, su pertenencia al grupo va más allá de lo que piensa acerca
de sí mismo, requiere del reconocimiento de los otros individuos con los que se
relaciona. (2010, P. 234)

Se distinguen dos fases de integración de la identidad: la simbólica en la que la


homogeneidad del grupo hace factible el predominio de la identidad colectiva sobre la
individual. Aquí los individuos se encuentran unidos por valores, imágenes, mitos que
constituyen el marco normativo del grupo y, con ello, el elemento coherencia.

La segunda fase es la integración comunicativa, que corresponde a las sociedades


modernas, donde la marcada especialización trae consigo una universalidad de espacios
sociales y culturales y un rompimiento de creencias; la identidad colectiva se presenta en
forma cada vez más abstracta y universal, de tal manera que las normas, imágenes y valores
ya no pueden ser adquiridas por medio de la tradición, sino por medio de la correlación
comunicativa. Por esto es necesario que el individuo tenga un papel activo, ya que de esto
depende que se identifiquen como grupo.

La identidad colectiva en la sociedad moderna ya no resulta de una imposición, sino


de una elección por parte de los sujetos; por eso es fundamental analizar cómo se da el
proceso de elección, qué hace que los sujetos se identifiquen más con un grupo que con
otro. (Habermas, 1987, citado en Hernández, Maldonado, 2010).

Es por ello que surge como interés central de la investigación explorar los ámbitos
de significación identitaria en relación con la ciudadanía que constituye la iniciativa El
Balcón de los Artistas, identificada como corporación enfocada en el desarrollo de la
sensibilidad artística de jóvenes de la Comuna 3 (Barrio Manrique) de3 Medellín. En
palabras de dicha organización:

“La Corporación Artística se enfoca en los procesos de formación dirigidos en el


ser, preocupándose por crear mejores personas con el poder transformador del arte,
alejando a los niños y jóvenes de Manrique Oriental y barrios aledaños de la drogadicción y
la delincuencia.”

SOBRE EL BALCÓN DE LOS ARTISTAS: ARTE, CIUDADANÍA E IDENTIDAD

Contar con escenarios de participación ciudadana es tener espacios que permiten la


construcción social donde se fortalece la identidad colectiva a través de la socialización de
los diferentes actores y al contar con la oportunidad de construir relaciones y lazos que se
convierten en capacidades para comprender la vida y tener una visión diferenciadora de la
misma.

En importante resaltar que en la actualidad se ha perdido el interés y el


protagonismo de la participación ciudadana que a su vez deteriora la construcción de
ciudadanía y posteriormente la identidad colectiva de una sociedad que requiere constante
evolución social.

La identidad colectiva permite que el ser humano cuente con gran capacidad de
incidencia en diferentes escenarios permitiéndole tener una mirada globalizada,
potenciando y liderando espacios de integración.

Los conceptos de ciudadanía e interculturalidad están intensamente


interrelacionados, ya que se trata de relacionar ciudadanos activos que se encuentran con
personas de distintas culturas que aportan el enriquecimiento intercultural para vivir en
sociedades multiculturales. Puede resultar difícil definir interculturalidad sin incluir que se
debe tener un grupo de personas en un constante ejercicio de comunicación, hay que tener
claro lo que es ciudadanía como una persona construida y acoplada a un grupo social como
ciudad.

La interculturalidad no se refiere tan solo a la interacción que ocurre a nivel


geográfico sino en cada una de las situaciones en las que se presentan diferencias. Hay que
tener en cuenta que la interculturalidad depende de múltiples factores, como las distintas
concepciones de cultura, los obstáculos comunicativos, la carencia de políticas, las
jerarquías sociales y las diferencias económicas. Los fenómenos de exclusión e injusticia
social que aquejan, tanto a los grupos étnicos y culturales distintos, como a la población en
situación de vulnerabilidad socioeconómica, exclusión e invisibilización política y cultural
son evidentes.

El propósito del Balcón de los Artistas es llevar a cabo un proceso de interacción


entre personas con una identidad construida en el conflicto que presenta el barrio Manrique
de Medellín y es algo que sucede en muchos otros enfrentándose todo el tiempo a la
violencia y desarrollando un nivel de indiferencia ante esa situación hasta el punto de ser
parte de esta, o por el contrario, terminar siendo víctima de esta. Los integrantes de la
corporación llegan por primera vez con sus costumbres específicas y se les propone dejar
de lado este problema y continuar su vida desde este proyecto que es bailar, son muchas
personas que pasan por El Balcón de los Artistas y se adaptan al estar en un espacio de
personas homologadas, vistas por igual y donde no se tilda a ninguna de ser diferente, no se
permite, por lo que finalmente terminando teniendo un gran cambio en sus vidas. La
construcción de esta nueva manera de entender, agenciar y significar la ciudadanía implica
máximos procesos de autorregulación que nos lleven a superar prejuicios y estereotipos de
etnia, sexo, género, generación y clase

CIUDADANÍA, ARTE E IDENTIDAD…UNA CONSTANTE CONSTRUCCIÓN


DESDE EL BALCÓN DE LOS ARTISTAS.

La Compañía de danza el Balcón de los Artistas desde su quehacer misional busca


enfocarse en construir personas aportantes para la sociedad desde el ámbito cultural y
artístico, para la Señora Martha Elena Álvarez fundadora de la Corporación el balcón de
los Artistas es una ventana de oportunidades para niños y jóvenes vulnerables a la
violencia, la drogadicción y a la cantidad de problemáticas que se presentan constantemente
en la comuna 3 Manrique de la ciudad de Medellín.

Conocerse a sí mismo es un mensaje que se transmite día a día a los alumnos que
conforman los diferentes elencos de formación artística con el propósito de promover el
autocuidado, potenciar sus capacidades y habilidades para formar campeones.

Experiencias como las de Juan David García y Luis Cadavid, niños con situaciones
económicas bastante complejas que vivían en contextos de drogadicción y violencia, la
Corporación El Balcón de los Artistas los acogió y transformó sus vidas transportándolos
por un proceso artístico y social que los sacó de las calles de Manrique y los llevó a
grandes escenarios en diferentes países del mundo como EEUU, Francia, Turquía y China
dándoles un giro de 360 grados convirtiéndolos en campeones mundiales.

Construir personas de bien y ciudadanos que protejan la vida es también el foco


directo de la corporación donde además de recibir capacitación artística se realizan talleres
de salud sexual y reproductiva, liderazgo y resolución de conflictos logrando en cada uno
de estos espacios la creación de conciencia de cada uno de sus integrantes.

Actualmente la corporación El Balcón de los Artistas cuenta con dos sedes


(Manrique y Laureles) debido a que en comunas con un mejor estrato socioeconómico
también se presentan diversas problemáticas que desde el arte se pueden intervenir, un
elenco sin límites con 20 niños con síndrome de Down, un proceso de escuela formativa
con 700 niños y jóvenes entre los 2 y 17 años que se proyectan, desean mejorar su calidad
de vida y llevar el nombre de Colombia en alto en los diferentes escenarios y países donde
nos representan.

La ciudad de Medellín cuenta con un gran balcón de oportunidades… ¡El Balcón de


Los Artistas!

CONCEPTO DE CIUDADANÍA DESDE EL TEXTO “SOBRE LA


REVOLUCIÓN”

AUTORA: HANNAH ARENDT


Con la representación de la máscara el autor busca definir o plantear el concepto de
persona y ciudadanía mostrándonos como a través de ella el ser natural puede adoptar
diferentes posiciones, expresar y representar diferentes emociones, personalidades y
sentimientos.

De este modo la palabra persona pasó de ser una metáfora a la terminología legal,
Según los romanos hay una distinción entre el individuo y el ciudadano, donde este
segundo se consideraba persona teniendo la capacidad de pronunciarse con derechos y
deberes, manifestándose ante la ley.
Sin su condición de persona no sería más que un individuo sin derechos y sin
deberes es decir un sujeto invisible ante la sociedad y ante la ley, lo que realmente importa
en esta metáfora es el destape de la persona permitiendo ver al verdadero ser humano.

La relación con la ciudadanía se expresa en que los derechos fundamentales fueron


creados después de la segunda guerra mundial, sin importar el estatus social o el poder;
estos derechos son para todos, creando adicionalmente un mecanismo de control social
hacia los hombres de poder político.

Las personas empezaron a reconocer que tenían una serie de derechos políticos y
sociales que les permitían intervenir en lo público.

En la revolución francesa no se tenía ninguna concepción alguna de personas y no


había ningún respeto por la personalidad de cada individuo que debía ser atribuida y
garantizada por el poder político, cada persona tenía su máscara para proteger su
personalidad legal a partir de allí se inicia la caza de hipócritas y la pasión por
desenmascarar la sociedad como símbolo de liberación e igualdad verdadera despojándolos
de sus máscaras protectoras.

El debate clásico sobre la ciudadanía suele situarse en un escenario cerrado y su


diferenciación interna, los tipos de ciudadanas que se exaltan debido a su forma de actuar,
la máscara que usan para tener un peso o cierto significado en la sociedad. No se pone en
duda ese escenario, de tal manera que la ciudadanía se considera un bien particular de un
estado a repartir igualitariamente entre sus miembros. Lo importante de esta distinción es
hacer el desenmascaramiento de la persona, dejar descubierto a ser humano como tal.

Desde los supuestos filosóficos del nihilismo Nietzsche emprende un obstinado


proceso de desenmascaramiento. Desenmascaramiento de toda existencia juzgada por él
como inauténtica: la que se agota en el aspecto, en el papel de personalidad que el hombre
-con la carga de su propio pasado- mantiene frente al mundo. Pero Nietzsche «no nos
enseña el camino, ni nos enseña una creencia, ni nos coloca en un terreno sólido. Más bien
no nos deja lugar a reposo, nos atormenta incansablemente, nos expulsa de todos los
albergues donde buscamos refugio, rasga todo disfraz»
Este también suele plantearse en el escenario del ideal político, el título de
ciudadanía, lo que describe o propone, alude a los privilegios que adornan y deben adornar
la vida digna de un hombre, y esos privilegios, tienden a reducirse a un repertorio de
derechos. En sí, de esta manera la ciudadanía está construida en un entorno de hipocresía
para incluirse siendo “alguien” más que una persona natural debido a la falta de respeto
hacia la “personalidad legal”.

Referencias
Bertram, G. W. (2018). ¿QUÉ ES EL ARTE? ESBOZO DE UNA ONTOLOGÍA DEL
ARTE . Estudios Filosóficos LXVII , 263-281.

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Palabra como Espacio Simbólico de Reivindicación Social Contemporáneo. .
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través del arte y la multiculturalidad. Obtenido de
https://repository.ucatolica.edu.co/bitstream/10983/13964/4/DOCUMENTOFINALSTG-
FI1.ARCO%20IRIS.doc%20%20corregido.pdf

Arendt, H. (1963). Sobre la revolución.

Cruz Cruz, J. (20 de Noviembre de 2017). Obtenido de


http://www.leynatural.es/2017/11/20/nietzsche-detras-las-mascaras/