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BOTTOM’S UP/

HAY QUE TERMINAR LO QUE UNO EMPIEZA

Gael Policano Rossi


2013 - Buenos Aires

BOTTOM’S UP 1
The love of his life is about to come back to Buenos Aires and Adolfo is freaking out: he's sure sex is
going to be terrible, they never had it, they never talked about it and Adolfo is sure they are both
bottoms.

Adolfo is willing to do anything to fully satisfied the love of his life, even if this means going against his
nature.

BOTTOM'S UP: a story about personal growth, sexual roles and cruising in Buenos Aires

El amor de su vida vuelve a Buenos Aires y Adolfo se vuelve loco: está seguro que el sexo va a ser
terrible, nunca se acostaron, nunca hablaron sobre eso y Adolfo está convencido que ambos son
pasivos.

Adolfo está dispuesto a satisfacer al amor de su vida, incluso si esto va en contra de su propia
naturaleza

BOTTOM’S UP: una historia sobre crecimiento personal, roles sexuales y cruising en Buenos Aires.

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El amor de su vida viene a Buenos Aires en 30 días y esta llegada le instala una
inquietud en la cabeza: ‘Nunca tuvimos sexo y tengo la sensación de que los dos
somos pasivos’.

Técnicamente sí, Adolfo nunca fue activo, él exclusivamente oficia de pasivo. Al


menos ante eso se tenía que enfrentar cuando llenaba solicitudes en sitios de citas y
de sexo express. Otro ejemplo también son sus nicks de chat y de Grindr: PAS.
BOTTOM. Only oral, a veces. Adolfo estaba contento con su posición pero estaba
tan inseguro sobre la posición del amor de su vida.

El amor de su vida estaba por tomarse un avión y aterrizar en Buenos Aires y llegar
hasta a su casa y Adolfo estaba convencido de que el sexo iba a ser un desastre.

La espera parecía haber cargado a Adolfo de miedos y no de erotismo. Lo que lo


había enamorado lo estaba matando. Hasta ahora el amor a larga distancia venía
bien, pero cuando Adolfo vio ese pasaje se pudrió todo.

¿A quién no le enamora la espera? A algunos los enamora mucho; a otros, yo creo,


que les hace muy mal. Ésta, de todos modos, había sido una dulce espera, linda,
ideal por donde la mires, un skype boyfriend con toda las reglas: diálogo fluido,
ánimo jocoso, honestidad, curiosidad, expectativa por verse y expectativa por
tocarse, varios mails, varios chats y muchas llamadas de 45 a 135 minutos de
duración…; pero, ¿y si todos estos meses de platónico deseo en el fondo eran una
frialdad encubierta? ¿no había casos conocidos de embaucadores de internet que te
seducen por skype y después te matan y te violan? Adolfo no podía dormir.

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Se conocieron en la puerta de una sala de teatro, en la calle, en el Abasto, después


de ver una obra muy triste en la que todos los actores lloraban a mares y decían
diálogos intrascendentes como 'son tres pesos con cincuenta', o 'dos de uno veinte
por favor'. El elenco, entusiasmado con enseñar su afilada técnica actoral lloraba, y
lloraba tanto que al poco tiempo tenían la cara llena de baba y de moco. Para hablar
compartían un mismo micrófono de mano y ahí podían decir sus diálogos
intrascendentes, y se lo pasaban unos a los otros al micrófono, y caían mocos en el
micrófono y después lo agarraba otro y caían sus mocos en el micrófono y se iban
armando lianas de moco entre ellos mientras se pasaban el micrófono-moco durante
50 minutos.

La obra se llamaba ‘Entre lágrimas’ y fue un fracaso comercial sin igual. En la puerta
del teatro un conocido los presentó y hablaron, pero todavía no sabían que se iban a
enamorar: a los 20 minutos la sincronía era tal que dijeron al unísono el chiste 'Entre
mocos!" y se rieron malvadamente. Alguien del elenco que saludaba después de la
función y recibía elogios mentirosos los escuchó y se dio vuelta. Adolfo y el amor de
su vida se miraron y se ocultaron en la multitud, ahora reían cómplices y más bajito,
se enamoraron definitivamente.

Adolfo y el amor de su vida compartían muchas cosas y entre ellas también


compartían profesión, Adolfo estaba con amigos, el amor de su vida estaba de
intercambio cultural. Tenía acento, era sexy, hubo onda pero de repente se había
ido. A las pocas horas un inbox agradable lo saludaba, siguió una solicitud de
amistad y una ventana de chat. Adolfo lo contestaba todo desde el celular y
comenzó una charla que duró 9 horas. Así el segundo día y el tercero hasta que se
cruzaron por la calle. Estaban en una panadería, era de noche, había mucha gente,
se pusieron tensos, estaban incómodos y Adolfo se fue sin decir mucho más que
como andás. Adolfo no aguantó la situación, no era lo mismo en persona, no lo
aguantó, fue mucho y de imprevisto, la virtualidad era tan fuerte que la presencia
física estaba enrarecidísima.

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El amor de su vida le vuelve a escribir pero (como siempre en el amor suceden esas
casualidades y esos desencuentros) Adolfo no lo ve. Llega el día de la partida y no
quedan en despedirse; yendo para el trabajo desde un taxi Adolfo lo ve a él, al amor
de su vida, salir de un hostel y subir los bolsos a un remis, y por un segundo
cruzaron miradas. Se reconocen y con cara de tontos se saludan.

Adolfo llora en el taxi. Llega hasta su casa, se tira en la cama. Le escribe buen viaje,
le escribe que no lo puede creer, le escribe que lloró. El amor de su vida le dice: ‘lo
sé, yo también lloré’. Adolfo se queda mudo. El amor de su vida le dice: ‘ahora estoy
llorando’, y Adolfo se larga a llorar. Ahora entre ellos se había tejido una liana de
lágrimas y mocos pero a través de internet.

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Las semanas que siguieron fueron ciertamente conocidas como las semanas del
‘skype boyfriend’, se contabilizan 350 interacciones en Facebook, 4 tweets y 36
megas entre texto y links. El amor de su vida en la tercera llamada confiesa: ‘tengo
pasajes para Buenos Aires, te voy a buscar, no puedo más’, pero en la siguiente
decide ‘enfriar un poco las cosas’.

Adolfo vive la relación con intensidad y aceptación.

Adolfo nunca demuestra desinterés por su persona, ni posa, ni fuma en cámara


cuando hablan por skype, ni se queja de que algo anda mal en el audio de la video-
llamada. Llega un domingo que abren juntos un correo que le acaba de llegar al
amor de su vida: los resultados de su beca, y si la plata le alcanza tal vez tal vez tal
vez... Adolfo desde Buenos Aires asiste a un reality donde el protagonista es el amor
de su vida.

-Abrilo ¡ya!
-Momento, momento -dice el amor de su vida.
-¿Por qué no te lo mandan por mail? -pregunta ansioso Adolfo.
-Mi universidad te envía el cheque por correo, en mi estado es así -contesta paciente
el amor- escuchame, si abro el sobre y no tiene un cheque voy a ir igual. - Adolfo se
tapa la boca.- ¿Lo abrimos juntos? -dice sosteniendo el sobre marrón en alto y
exhibiéndolo a la cámara.- A la cuenta de tres…
-Te amo -dice Adolfo.
-Uno, yo tambien… dos… ...

¡Sí! Un cheque y un boleto de avión directo a Buenos Aires para dentro de 30 días.
30 días nada más para una investigación universitaria y 30 días para Adolfo y la
pasión de su vida: el amor.

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El pronto regreso del amor de su vida a Buenos Aires perturbó a Adolfo en varios
sentidos: se erotizó de repente con la idea de comprar nuevas sábanas, se cortó el
pelo, le cortó las uñas al gato, y se estacionó frente al monitor muchas noches
seguidas. Se fue encorvando de a poco.

En cada charla con el amor de su vida era solamente mirarse a los ojos por la
webcam y añorar verse cuanto antes…; pero... Cierto brillo en la mirada pixelada de
una pantalla de skype, cierto tono en la voz, cierta gramática a la hora de escribir
activaban el olfato más primitivo de Adolfo: no se sentía frente a un hombre activo.

No sentir el hombre activo que tenés que sentir cuando hablás con en el amor de tu
vida es un sentimiento terrible.

Puede ser que en COLOMBIA todos sean versátiles. Adolfo lo pensó, lo meditó, y
hasta lo discutió con sus amigos.
-Puede ser boluda, -dijo Fede- de una boluda
-Igual que te importa boluda -saltó la Chancle, desde más atrás.
-Igual no cogiste boluda.

Adolfo se sintió como cuando sus amigos lo miran reprobatoriamente porque está
‘haciendo un tema’. Es más, desde el asiento de la ventanilla del 132, Adolfo veía a
Fede y a la Chancle mirándolo reprobatoriamente y él no quería ‘hacer un tema’.
Volvió al celu y siguió meditando qué hacer cuando llegue el amor de su vida y con
qué rol la vida iba a tener que enfrentarlo.

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Habían pasado suficientes días para sentir que finalmente esta espera era una
cuenta regresiva. Una cuenta regresiva para una cama caliente y exigente donde tal
vez era condición obligatoria la obligación de enseñar un talento que Adolfo no
poseía.

Era cosa seria estar a la altura de las circunstancias y quién quede por debajo de
esa altura no pasaba y no pasaba. Y en otro caso era posible pero en éste estaba en
juego el amor de su vida, y con eso Adolfo no estaba dispuesto a jugar: el amor es
cosa seria.

Era más que una alerta inminente, era una urgencia, era un concurso de talento, aún
peor, mucho más difícil: era el casting de ingreso a American Idol pero el jurado iba a
estar en cuatro patas y Adolfo tenía que cantar sin saberse el tema ni en qué nota
había que entrar. El pánico escénico invadía el corazón de Adolfo. Es más, ya sentía
el pánico de tener pánico escénico en ese momento inminente ¿y qué? ¿como iba a
hacer para cantar? ¿Iba a ser posible? ¿Era posible? ¿Que tan Idol y que tan
Americano tenía ser Adolfo frente a esta prueba tan difícil?

Era necesario responder con urgencia y de cosas urgentes solamente había una
persona que podía ayudarlo. Adolfo caza el celu y llama a Martín: su único amigo
activo con el que jamás cogió.

-Morton
-Dolfi que hacés
-Morton, ¿tenés veinte minutos te quiero hacer unas preguntas...?
-Tengo cinco, ¿te alcanza? -responde Martín del otro lado. Por el teléfono se cuela la
marcha peronista y ruido de autos.
-¿Estás cortando la calle?
-Sindicales. Todos putos pero ninguno entrega -contesta mientras suenan a unos
golpes de lo que parecería ser un bombo.
-¿Estamos hablando de sexo?
-Siempre. Y de política.

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-Necesito hablarte de una cosa re importante, bah que es medio importante
-De un medio importante...? -la comunicación se entrecortaba.
-De una cosa privada -Adolfo estaba nervioso.
-¿De una empresa privada? Justo estoy con borreguito de tribunales, un putito de
derecho laboral que-, -el audio se pierde.
-No, de otra cosa, otra cosa, una cosa privada
-....---La carta documento te la mandan gratis y lo haces en un toque, en 48, 72
horas, un toque -replica, el bombo suena más fuerte, la señal parece perderse,
alguien grita "Néstor" y un coro de miles de voces contesta "¡Presente!".

Adolfo insiste.
-Martin... Martín.... Dios, Dios, ¡Dios! -el celular no responde y ya no tiene remedio.

La comunicación se corta definitivamente al igual que Diagonal norte. Son las tres de
la tarde y 45 coches entre taxis y colectivos quedan agolpados frente al Ministerio de
Trabajo. La ciudad colapsa y Adolfo también.

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Ahora faltan 29 días y ahora faltan 28. Solamente 27 días para que llegue el amor de
su vida a Buenos Aires. 26 días nada más y ya va a estar acá. 25. No puede más,
algo tengo que hacer, piensa. 24 días para que llegue y ya no puede ser y ya no
puede más.

Resuelto Adolfo se levanta del inodoro y frente al espejo se saca la camiseta. Se


mira los hombros, pronunciadamente esculpidos forman con su clavícula un
triángulo descendente. El pectoral izquierdo, prominente, salta como un conejito y el
derecho a destiempo se respinga también. Pringosas las tetillas se ponen duras con
el frío del baño y un cosquilleo le recorre el pecho hasta el ombligo. Con la palma de
las manos se recorre la pancita hasta la v de huesos que se arman donde empieza
el calzoncito, por la cintura, con ambas palmas, de una agachada y sin vueltas se
baja el slip. En el espejo puede ver una matita de pelo ralo y rubión, en el vértice de
su pubis, cuelga carnosa y descansada la protuberancia, el órgano, la verga de
Adolfo, durmiente. Le vino el reflejo de sobarse la cola, es una costumbre, pasarse la
mano por la base de la cola y rozarse un cachete por el costado. Es lo que
generalmente hace cuando ve una pija.

Listo para su nuevo papel y pensando en actuar Adolfo le exige a la pelvis que se
recline hacia afuera, que se ponga en pose de guerra, la verga de Adolfo quiere
reaccionar y tímidamente contesta. Adolfo flexiona el músculo de su pelvis, un
músculo interior, el que hinca la uretra y activa un cosquilleo en el tronco como
cuando tratamos de frenar el pis. Hinca, hinca frenando pis y la cosquilla es
deliciosa. Lo hace de vuelta frente al espejo pero esta vez con tres dedos en
contacto con el prepucio: hinca, hinca, frenando pis y el miembro contesta con una
gotita de agua.

El frío del piso del baño desconcentra las plantas de los pies de Adolfo. Se le enfría
la colita y los cachetes se le ponen con piel de gallina. Sube la cosquilla hasta la
nuca y la verga se retrae como un acordeón.

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¿Todos los activos se erotizan con sus pijas cuando se miran al espejo? ¿Es una
cosa inmediata? ¿Un switch, un Power ON? ¿A todos los activos se les pone re dura
de sólo pensar en ponerla? ¿O se les pone dura de pensar en el hoyo? ¿Es la cola
la que los activa? ¿Que activa a los activos?

Adolfo hincó, hincó pero la chota no responde, no es un joystick, no está estimulada


ni parece ir calentándose. ¿Siempre que me cogieron era porque los puse al re palo
yo? ¿El mérito es todo mío? piensa; o sea, las pijas ya vienen entrenadas para ir al
ataque y salir a la guerra y montar la que venga ¿o venían de aguantar mucha leche
y muchos días sin coger y por eso estaban listas para hacer lo suyo?

Un enigma, una inquietud que nadie en el baño parece saber responder. Para poder
rendir, Adolfo decide no masturbarse esa noche, conservarse, para guardar la
fuerza, para guardar la leche, hasta que llegue, por lo menos, el amor de su vida.

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Adolfo estaba buscando un poco más que contención, un poco más que un consejo
y un poco más que una orientación. Era importante encontrar la seguridad que se
necesitaba para cumplir con lo que había que cumplir. El amor de su vida estaba a
pocos días de llegar a Buenos Aires, todos lo sabían, se había cansado de repetirlo
y la alegría y la expectativa no se hacían presentes.

Vencido y pesado Adolfo se tiró en el sillón y empezó a comer galletitas de miel


mientras Morton cebaba mate. Morton hablaba de su nuevo proyecto editorial junto a
su socia Lorenza, y también mencionó que iba a pintar su casa y que estaba por
comprarse un sillón más lindo, más grande, más cómodo y más caro que ese que
tenía en el living; mientras se metía de a dos galletitas en la boca y servía mate,
corto, amargo y bien caliente.

A la hora y media de ponerse al día llegó Pablo a la casa. Dejó el portafolio en la


puerta, se sacó la corbata y se saludaron con un piquito.

-Este es Adolfo mi compañero de la facu -dijo Morton.


-Me dijo que sos trilingüe -comentó Pablo sacándose el saco. Un tatuaje de un tigre
sobresalía por la manga derecha de la camisa, traslúcida por la transpiración del
microcentro.
-No, ese es Pedro.
-Ah
-Un amigo nuestro. Que se murió.
-Cierto. Pensé que vos también eras trilingüe -dijo Morton levantándose de la silla.

Colgó el saco de Pablo y con unas risas le sacó el cinturón. En el camino a la


cocina, con una mano amistosa y cómplice, le metió una palmada en la nalga a
través de la tela tropical mecanico que resonó en la cabeza de Adolfo como un
estruendo.

En ese instante quedó muy claro quién hacía del hombre y quién hacía de la mujer
en esa relación.

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-Vas a quedarte a comer Dolfi? -preguntó Morton sacándose la chomba y quedando
en cuero
-Estás chivado -disimulando, por lo bajo, dijo Pablo.
-... con una duchita... -desde la cocina no se escuchaba bien lo que decían.

Un solo pensamiento caliente inundó completamente la casa ¿cuando se va a ir


Adolfo para poder coger tranquilos? Hasta Adolfo se le cruzó por la cabeza, era más
que un indirecta, se había quedado en el living solo con el elefante blanco de la
habitación.

Con un sádico impulso Adolfo se puso de pie, sin poner un gesto en la cara, y se
dirigió a la cocina. En cuero y en jogging Morton cambiaba la yerba del mate
mientras Pablo ponía sus medias y zapatos en el lavadero del patiecito, al lado del
horno.

-¿Van a hacer algo vegetariano?


-íbamos a hacer una hamburguesa de quinoa y partirla a la mitad.
-Ah
-Hice pan casero
-Me lo comí -aclaró Morton culposo.
-Bueno. Tenemos semillas -sonriéndole Pablo le ofreció una bolsa de lo que parecía
ser alpiste y Adolfo humildemente la aceptó.

Las miradas, clavadas mutuamente, una en la otra se abismaron por un segundo.


Martín estaba poniendo soja en remojo y se perdió la oportunidad de ponerse
celoso. Pablo y Adolfo se morían por conocerse un poco más.

Con más sadismo todavía, Adolfo involucró su cuerpo entre los cuerpos de la pareja
que operaban entre sartenes y lavaderos y se arrimó hasta el tacho de basura,
pasando por la espalda de Martín y tocándole con el antebrazo la pantorrilla de
Pablo. Una inclinación poco práctica para tirar el paquete vacío de galletitas de miel.
Poco práctica pero muy efectiva: los tres, hilados en el cuerpo de Adolfo, sintieron
una descarga eléctrica que no se animaron a reconocer.

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En el sumum del sadismo, hecho ya el contacto, Adolfo reconoció un compromiso
que había olvidado y con su mejor sonrisa pidió que le bajen a abrir. La pareja se
miró por un segundo. Si a alguno se le había cruzado la idea de bajar sólo podía ser
a Morton ¿o Pablo quería ir y tener un segundo a solas con Adolfo en el ascensor?

-No bajes en cuero -dijo Pablo mientras Morton cerraba la puerta.

En el ascensor Morti se chequeó en el espejo, se acomodó la pija, le dijo 'lo tengo


cortito a este'.

-Sabe cocinar esas recetas de ayurveda


-Yo le enseñé. Lo tengo recorto -sonrió Morti.
-Me alegro -reconoció Adolfo.
-Y qué hace?
-Es escritor pero no escribe más. Ahora ejerce
-¿Qué cosa? -Adolfo desatento pregunta.
-Lo que estudió. -inexpresivo Morti lo mira.

Le abre la puerta del ascensor. Salen de ahí. Ya en la puerta dice:

-Acordate que mandan gratis las cartadocumento, son todos practicantes de derecho
laboral.
-Si, me voy a acordar -Adolfo, algo inquieto- me gusta la onda que tiene.
-Si -seco, responde Martin- chau.-dice cerrando la puerta tras de sí.

Es que sí, no era posible tocar mucho el tema: Martín habla poco, no habla de lo
suyo. Adolfo cruzaba la avenida para tomarse un taxi cuando la erección lo agarró
desprevenido. Estaba viendo en su cabeza claramente la calentura exorbitada con la
que Morti le estaba dando pija a Pablo.

Estoy seguro que entró al palo y lo puso de rodillas en el pasillo. Pablo no se hizo el
asqueroso y la mamó hasta el fondo re sacado, chupándola con la lengua y con los
labios. ¿Le gustará la leche en la cara? Adolfo se iba inquieto aunque victorioso en
un sentido: sentía y tenía la seguridad suficiente para encontrar lo que buscaba.

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Así es como el hombre que tiene que ser tu hombre tiene que tratarte, pensó. Como
a un chico. Como a un hijo. Como te trata un padre.

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Empezó por ampliar su rango de búsqueda: “hombres buscando mujeres” y “ACT


buscando PAS” había sido el único search query de redes sociales de levante en
muchos años. Los perfiles de activos con barba, heterosexuales sin foto de cara y
casados de trampa ya no le interesaban a Adolfo.

Solo con poner “hombres pasivos buscando hombres activos” se abrió un catálogo
inaudito, el lado B de la cultura, la otra cara del país. Adolfo no sabía lo que hacían
los chicos pasivos en redes, siempre los tuvo filtrados, jamás los veía: las fotos son
espeluznantes.

Bajo el riesgo de descomponerse siguió pasando las páginas. En la página 10 se


asustó del todo. Algunas cosas eran asquerosas, otras eran denigrantes y Adolfo no
estaba listo para tolerarlo, sintió una hermandad imposible: por su género, por la
especie humana en su totalidad, por los chicos con novia y con fotos en cuatro
patas, sintió amor por la humanidad en estado de calentura, compartió el dolor del
fisting y el ardor del bareback. Apostolado y crucificado, más piadoso que nunca,
Adolfo decidió lo que era mejor: limitar un poco más el rango de búsqueda “hasta 29
años”. Para los demás no había tiempo ni deseo.

Adolfo envió 3 guiños y mensajes. Nunca fueron leídos o contestados. Su perfil no


recibió ninguna visita. A los 30 minutos llegó un mensaje a su inbox. Madurito54 le
preguntaba si se vestía de nena. Pensó en contestar pero prefirió dar uso a su block
disponible del día. No había tiempo para la lencería. Entró a su perfil personal:

Información Física. Sexo: Hombre. Edad: 25 Años. Estatura: 184 Centímetros.


Contextura: Delgado. Cabello: Castaño oscuro. Piel: Blanca. Ojos: Marrones

Hábitos. Fumo: Ocasionalmente. Bebo: No contestó. Drogas: No contestó. Ejercicio:


No contestó. Estudios: No contestó. Ocupación: No contestó. Orientación Sexual: No
contestó. Rol Sexual: Pasivo/a. Estado Civil: No contestó. Hijos: No contestó.
Idiomas: Español, Inglés. Signo: Piscis

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No hay posibilidad en el mundo que vaya a funcionar. Ninguna. No figura en las
búsquedas de los chicos que él quiere alcanzar, le hacen zapping, a primera vista.
No tenía sentido, estoy perdiendo mi tiempo pensó Adolfo: Pasivo/a.

¿Qué era esa /a? ¿No había ya confirmado su género? ¿Qué esconde esa barra
transversal de castración separando el sufijo de género? Para nada correcta esta
prótesis social, no me representa en el mercado al que apunto, pensó Adolfo.

Era inminente un cambio de estrategia de marketing. Nuevo mail. Nueva cuenta.


Entrar en una ‘Nueva ventana de incógnito…’.

Nombre de barrio, edad, rol: No podía fallar. Las fotos de su facebook no iban a
servir, trató de pensar que le gustaría ver a él. Un perfil sin foto era demasiado
jugado, sin poesía, los perfiles sin foto sólo les contestás cuando estás muy caliente,
muy jugado. Buscando para ahora, sin vueltas, para ya. Adolfo no estaba listo para
jugar en esas ligas.

Una foto tomada con el celular, en el baño, contra el espejo, típica selfie, rostro
tapado, mostrando el cuerpo, tocándose el bulto. Para eso sí estaba preparado. Fue
hasta el baño, prendió las luces, probó. Pasó un tiempo hasta quedar conforme con
el encuadre, el foco, el ángulo. Falaba riesgo, algo más. Se puso un buzo de
jogging, se puso un shorcito de licra, se puso unos largos de fútbol, unas zapatillas
deportivas, medias blancas. Se sacó las medias. Mejor. ¿Con una gorrita? La puesta
en escena estaba lista, tenía material suficiente para trabajar.

Al poco tiempo las fotos estaban subidas, aprobadas y circulando. ACT24ALMAGRO


recibió su primera solicitud de chat.

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-Que vició ese pedazo -le mandó OCTUBREPAS_25.

El perfil no estaba mal. Contestó: “me lo vas a comer todo?”. Siguiente mensaje:

-Son las 2 y 20, estoy ganas de pija desde las 10 de la noche. Con tu pija voy hacer
mi mejor esfuerzo, tengo una camita espectacular de dos plazas para vos -decía
ABASTOPASIVOCLUG.

¿Que me importa la camita de dos plazas? pensó Adolfo. Ni siquiera se molestó en


entrar a mirar. Siguiente mensaje:

-M INVITARON A AMERIK PERO CERO ONDA! VOS DONDE?... -tras una breve
pausa,CONDORVERS, envía- TODO BIEN TE AVISO EN UN RATO SI VOY 21 22
NO C.

Ininteligible. Entra al perfil. Camiseta de futbol. Fotos en un boliche, en otro. Adolfo


se pregunta si las fotos son actuales. Siguiente mensaje.

-Abrime la cola con tu lengua, mientras yo me la voy tragando toda. Pero solamente
si me vas a cojer bien cojido -leyó. Era SAM1986.

¿SAM? Ese nombre le gustaba. Leyó nuevamente “Abrime la cola con tu lengua,
mientras yo me la voy tragando toda. Pero solamente si me vas a…”. La redacción
era adecuada, la estructura sintáctica compleja. Este mensaje venía como con
voluntad narrativa. Adolfo sentía que este mensaje quería contarle algo. Más que un
saludo en una red social era como un relato chancho. Adolfo sintió que estaba
frente a un escritor. Eso le interesó. Le contestó:

-Para dejarte bien cojido dspues


-A mi me gusta mucho bancarme la pija -replicó. Empezó con un clásico de la
narración: ”presentación de personajes”, pensó Adolfo.
-bien -dijo Adolfo.

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-Y a vos las colitas... ¿te gustan cerradura? Hace un tiempo que no tengo acción, va
a estar cerradura, cerradita, te aviso.

Wow. ”descripción de hechos antecedentes” y hasta “introducción del conflicto”


pensó Adolfo. ¡Acá sí que hay acción!

Cuando se podía sentir que se acercaba el punto de giro Adolfo instala coordenadas:
su barrio, su lugar, su disponibilidad. Todo en minúsculas para parecer un verdadero
activo que no tiene ni tiempo de apretar shift. Intercambian números y cantan truco.

-Yo entre re caliente y esas fotos de pija tuyas son lo que vine a buscar -dice
SAM1986.
-Todo bien -responde Adolfo y decide quedarse en el molde. Cierra la ventana de
chat y no le contesta más.

Hay tiempo, el vértigo es mucho.

Un tal PASIVOABASTO21 le pone guarangadas insistentemente. En mayúsculas y


con errores de ortografía. Los chicos son agresivos, pensó Adolfo. Hay que tener
poco filtro para calentarse con esa agresividad, se dijo así mismo.

Le entra un guiño de LINDACOLA. Un perfil narcisista de un pasivo atractivo. De un


cuerpo en lindo estado y muchas, muchas, muchas fotos de su cola, sus boxers, su
cuarto, su cola de nuevo, y fiestas. Sí. Fotos de fiestas. Un fotolog enterito de fotos
de él comiendo muchas pijas. Machos sin cara, de a uno o de a varios.

Si cogerte tuviera precio no valdrías un carajo, pensó Adolfo para sus adentros.
Meditó un momento y lo tipeó.

-Si cogerte tuviera precio no valdrías un carajo


-Nada papu. Una puta regalada. -contestó rápido LINDACOLA. Bastante rápido me
responde, pensó sorprendido Adolfo. LINDACOLA estaba disponible y atento. Más
bien ya lo tenía en el bolsillo. En el bolsillo y del lado de adentro del pantalón, el que
roza el dorso de la pija. Así de adentro lo tenía.

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-No valés ni el forro que voy a usar, esos que te dan gratis cualquier lado. Así de
puta sos. -insistió ACT24ALMAGRO.
-Sin forro igual me la banco -le retrucó: LINDACOLA estaba re jugado.

Un súbito calorcito subió desde la base de sus huevos hasta la punta de su chota.
Agua caliente, vapor, calorcito le subía por los cuerpos cavernosos. Adolfo
empezaba a sentir lo que los chicos sienten cuando una linda cola los provoca.

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Faltaban 20 días para que llegue el amor de su vida. Adolfo no dormía. Morti le pasó
el queso rallado. Comían pastas en una plaza, italiana. Morti hablaba de nutrición,
de partes del cuerpo, de cambios en el sistema circulatorio y de avances solventes
en el área de economías regionales del país.

Adolfo tenía ganas de contarle de todos los chicos nuevos que había conocido, de
quién era su nueva identidad cibernética, pero la verdad que no se imaginaba dos
activos charlando de eso. ¿Es una cosa importante hablar de eso? Tipo hablar de
minas. Adolfo se abrumó, se sintió muy poco calificado para estar a la altura de la
conversación, se sintió imaginando gente heterosexual hablando de trabajo,
alquileres, deportes, todo se mezcló de forma abrupta.

-Todo bien Dolfi?


-Más o menos
-¿Qué tenés?
-Estoy ansioso. Estoy muy ansioso boludo.
-Tranqui, Dolfi -le dijo Morti.

Cuando terminaron de comer salieron de ahí. Morti no sabía qué hacer, Adolfo
estaba pálido y nervioso, no podía encarar. Adolfo se desmaya en la calle. Se suben
a un taxi. Doblan por Scalabrini Ortíz. Llegan hasta la casa de Morti. Paga. Se bajan.
Apenas gateando Adolfo entra al edificio, al ascensor y al departamento.

Adolfo cae rendido sobre el sillón de Martín y se queda dormido. Está pálido,
chivado, sucio, muerto de miedo, con un pico de stress. Morti le trae agua, da
vueltas por la casa, Adolfo no reacciona. Llega Pablo del trabajo. Morti y Pablo miran
a Adolfo en el sillón muy preocupados. Llaman a los amigos, alguien que sepa como
ayudar, que hacer. Nadie atiende. Hablan con una amiga. Le dicen que venga. Pasa
un rato, Adolfo sigue inconsciente. Tocan el timbre, llegó. Es la Chancle. Vino cuando
supo. Trae rivotril.

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La Chancle le enchufa un rivo sublingual a Adolfo, lo sienta, lo despierta con sales y
le da un té. Adolfo lo toma, empieza a marearse, se levanta y vomita en el baño.
Morti resuelve bañarlo. Se saca las zapatillas y el cinto. Se saca la camiseta sudada
del día y entra en la bañadera. Levanta de las axilas a Adolfo y se lo echa sobre la
espalda. Prende el agua caliente, después un poco la fría. Sostiene sobre su hombro
derecho a Adolfo, indefenso, en shorts, con una camiseta muy sucia y unas
zapatillas deportivas. La Chancle se va. Pablo le baja a abrir.

Cae el agua arriba de la ropa mugrosa de Adolfo, con la otra mano Morti agarra un
tubo de jabón en gel y se lo echa arriba de la ropa. Empieza a fregarle el pecho a
Adolfo con el jabón y la camiseta de basquet empieza a largar la tierra y el chivo. Se
hacen burbujas y espuma en el pecho y en la ropa de Adolfo. La lluvia en la cara de
los hombres cae fuerte, Adolfo reacciona, se saca la camiseta de basquet. Se baja el
pantalón deportivo. Se queda en slip. Morti se baja los pantalones. Se saca las
zapatillas. Le enjabona la espalda y está por bajar por las nalgas cuando reacciona.
Le lava bien las piernas sin tocar ahí. Aleja su pelvis de la pelvis de Adolfo, se
prepara para salir de la ducha. Agarra una toalla. Corta el agua. Recoge a Adolfo con
la toalla, lo seca, le seca el pelo y la cara. Se lo lleva a la cama. Se secan juntos en
el cuarto. Se acuestan abrazados. Martín más tranquilo se duerme. Adolfo queda
planchado por el rivotril. Pablo ve todo. Pablo se va.

BOTTOM’S UP 22
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Parece que en Lomas hay mucha joda. La pinta de tumbero, cierta mirada
relativamente criminal, el ambiente con un dejo de guetto, todo eso erotiza de alguna
forma a Adolfo. Se vuelve exótico en el momento. Ya cuando Gastoncito le había
preguntado si podía alquilarle un cuarto de la casa para ver a sus clientes empezó a
ponerse fea la cosa.

Adolfo estaba relajado. Faltaban 19 días para que llegue el amor de su vida. La casa
estaba hecha un nidito de amor. Adolfo tenía el cuerpo depilado, la barba crecida, y
se sentía refrescado de la ducha de ayer, del segundo rivo de hoy a la mañana y de
tener tiempo para invitar a LINDACOLA a su casa.

LINDACOLA no era una exageración, era linda, sí, pero también era peluda y eso no
se lo esperaba. Linda cola tenía mal rasuradas algunas partes del pubis, aritos
baratos en otras partes más exóticas y algún tipo de problema en la piel. Lo que sí
se podía saber es que estos chicos tan agresivos rápidamente saben cómo llegarte
a la entrepierna. Mientras Gastoncito le mamaba el trozo en la silla de la compu
Adolfo pensaba ‘qué ricos son los petes, qué bello que es vivir, qué linda es esa
cola’.

La pija, reaccionaba lento. Estaba gomosa, como dormida, como atrasada.


Gastoncito paciencia era algo que no tenía. En el esfuerzo maxilar de abrir y cerrar
la boca con una pija arriba de la lengua, Gastoncito como que la mastica. Esto causa
un doloroso sentimiento en el miembro masticado de Adolfo. Trata de disimularlo. El
masticado miembro sigue igual de gomoso; Gastoncito, más impaciente.

Empezaron a tratar de frotarse pero Adolfo seguía con una semi-erección incómoda.
No deseaba mamarle el orto pero lo hizo. No deseaba poner la lengua pero lo hizo
igual. Antes de empezar a comerse un malviaje Adolfo trató de conectar con el sexo,
entender el cuerpo que se le presentaba enfrente, erotizarse, como en yoga: las
costillas salidas, el cuerpo anoréxico, ‘ese’ problemita en la piel no parecían
atractivos, no era nada atractivo, para nada.

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Con la pija un poco caliente (y no mucho más) Adolfo se sacó de encima a
Gastoncito y le dijo que se ponga boca abajo. Gastoncito hizo caso. Adolfo agarró un
forro y trató de ponerselo pero la erección gomosa se ablanda del todo, como con
miedo al condón. El pene se aflojaba, el condón no entraba, la parte que entró
estaba llena de aire, la pija era una goma. Adolfo gimió de dificultad, el pene le ardía
después de haber frotado tanto plástico y hacer tanta fuerza. La parte mordida que
le dolía le volvió a doler. El orto de Gastoncito ya estaba seco. No tenía el forro
puesto. Se la metió igual.

Entró al principio gomosa pero al sentir el ardor de la cola caliente de Gastoncito se


engomosó de vuelta. La pija entró. La erección era de un 65%. Gastoncito se dejó
penetrar y seguía esperando más. La fricción fue tosca, torpe. Entró la primera
trompa del glande, después el resto del cuerpo. El ortito no estaba lubricado,
empezó a dolerle, pero se le bancaba. La pija de Adolfo estaba a mil de caliente,
humedeciéndole el hoyito a Gastoncito. Caliente pero no parada. Adolfo no pensaba.
En nadie pensaba, ni este, ni en el otro, ni en el amor de su vida, ni en la pija, ni en
el orto ni en el forro.

Al tiempo movieron torpemente las pelvis primero uno, después el otro. Todo era
torpeza, Adolfo sentía que se acababa encima como si fuera diarrea y Gastoncito
algo sintió, ‘ah!’, pero hasta por ahí no más. Un 75% de erección, no se llegó a más
en toda la frustrante sesión de torpezas.

No. La pija no estaba dura, no, seguía gomosa, creían que estaba dura, querían
creer que estaba dura pero no estaba dura: estaba gomosa. Era una de esas pijas
gomosas que se mojan rápido y que no les entra ni el forro y que acaban mucho y
muy rápido.

Adolfo acabó. Chorreó de leche la cola de Gastoncito, las bolas y su pija, que aún
flácida no había llegado a pararse en lo que iban del acto.

BOTTOM’S UP 24
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Adolfo se despertó con la pija ardiendo, con el glande levemente lastimado en uno
de sus costados, incómodo aunque relajado. Limpió de leche la cama, cambió las
sábanas, trató de reconectarse a su rutina. Algo no iba bien. El amor de su vida le
había escrito y él había respondido frío, como no disponible. Adolfo empezó a evitar
cualquier posibilidad de entusiasmo afectivo en los chats con el amor de su vida.

Esa distancia agregó un riesgo nuevo en el juego de skype boyfriends: ignorarse.


Faltaban 18 días para que llegue a la ciudad y había dejado de hablar todos los días.
Si el amor de su vida no podía llamarlo y no tiempo para verlo era un problema suyo.
Se limitaron a tolerarse por internet y a no cruzarse en los horarios de siempre.
Actitud nueva, nunca vista antes. Tal vez hasta un día pensaron en llamarse y se
detuvieron para no molestar, porque seguro no le importaría, porque no era nada,
porque no quedar como un cualquier cosa. Giro total en el modus vivendi on-line que
tenían.

Estallan de mensajes los inbox de ACT24ALMAGRO en las 2 redes sociales de


levante que usa. La punta de la chota le quema pero lo lleva como una antorcha.
Entra a un canal XXX y busca películas ‘gonzo’ desde el punto de vista del pene, el
punto de vista del activo, una cámara que registre como se pone el pasivo,
entregado. Trata de recordar la tarde con Gastoncito y más o menos es agradable.
No logra asociar sentimientos agradables a la sensación que vivió ayer pero trata de
seguir estando satisfecho con su perforación, digamos, su performance.

Se encuentra con Morti. Le agradece varias cosas, la primera que agradece es la


asistencia médica. La segunda la paciencia todo este tiempo y la tercera es la
ducha. Le agradece la ducha en tercer lugar porque de ese modo quede servido
como tema a conversar, que sea inevitable hablar de ellos, de lo que pasó. Si fuera
por Adolfo sería lo único que le agradecería porque fue lo único importante que le
pasó en este tiempo, pero sería evidenciarlo todo demasiado, sería insoportable.

BOTTOM’S UP 25
Morti lo mira a la cara, se abrazan, caminan, se ríen. Morti le ofrece verse todos los
jueves, salir en bici juntos a tal lado, Adolfo como que acepta, quedan en eso,
victoriosos, como amigos que logran verse todos los días.

Adolfo celebra eso y vuelven juntos en colectivo, van por la avenida, Morti comenta
que Pablo lo espera. Hablan de él, muy por arriba, Morti se baja primero, se
despiden. Adolfo hubiera querido hablar más pero Morti no habría contestado de
todos modos. Adolfo es un desubicado, pero eso nadie se lo dice.

Vuelve a la casa y duerme, como un vago más de 12 horas.

Adolfo no lo sabe pero tiene la energía baja, bajísima. Adolfo va a estar


manifestando un bajo astral gravísimo si no logra revertir la ansiedad. Su médico
alguna vez le explicó que los ataques de pánico son totalmente frecuentes. Tal vez
es momento de asumir que tiene uno de esos cuadros psiquiátricos fronterizos. Sus
amigos lo amenazan, sus nuevos estados de ánimo se le vuelven indescriptibles,
son estados de absoluta confusión, incalculables ¿por qué está tan caliente?
¿porqué siente como fiebre? Piensa en su psiquiatra. Se tira en la cama pensando
qué es lo primero que le va a preguntar a la psiquiatra cuando tenga la entrevista:
“¿existe la malade d’amour, doctora…?” o algo así. Drama de stress psicológico. Un
cuadro rarísimo de histeria con accesos de hiperventilación, algo bien detonado.

¡Ay, Adolfo! ¡Quién pudiera rescatar esta piedra que se hunde y se hunde hacia el
fondo del mar!

Trasnochado pero dormido, loco de la cabeza y con el cuerpo cansado cruza las
calles del microcentro. La oficina de los practicantes de derecho laboral estaba en
una calle en bajada, cuando microcentro se empieza a transformar en avenidas y los
edificios cada vez son más altos.

Le toca un número cualquiera. Espera un momento. Lo llaman por su nombre.

-La denuncia es por despido


-Voy a tener que preguntarte si ya contás con los servicios abogados de otro estudio,
digamos, tener de exclusividad de la causa, una vez que se te numere el expediente

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somos los únicos posibles actores de cobro… somos los únicos beneficiarios del
cobro frente al Ministerio--
-Si, sí -dijo Adolfo molesto.-Sí, lo cobran ustedes. No hablé con nadie más.
-Acá tenemos un modelo, leelo, se envía ahora la primera notificación, después
declarás, por una cuestión de tiempo, las declaraciones las redacta el estudio, vos
no tenés que ni hablar.
-Pablo vino hoy…?
-¿Quién? -preguntó la mina.
-Pablo.
-El contable…? ¿Pablito? o ¿Pablo Quiroga Uriarte?

Pasando por los boxes y chismoseando Pablo y Adolfo cruzan miradas. Adolfo se
levanta y lo encara. Pablo se sorprende. La última vez que lo vio estaba desmayado.
Ahora tiene mejor pinta, aunque con toques de tumbero, piensa Pablo para sus
adentros. Hablan largo y tendido de la causa, del despido, le agradece, consigue su
número de celular.

Desde la cama y antes de irse a dormir Adolfo le manda dos o tres whatsapps, que
Pablo contesta. No duermen juntos con Martín, se da cuenta Adolfo por algo que
comenta Pablo al pasar. Adolfo se sonríe y se duermen.

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Es sabido que algunos maduritos ponen la marcha peronista para que se les pare la
pija, para poder coger con fuerza, como verdaderos peronchos, negros nacionales y
populares.

Impotencia en Google no lleva a ningún lado. Personas que la padecen con mayor
frecuencia tienen más de 40 años, nadie de su edad. Entre los 40 y los 70 años, se
ha comprobado que 30 de cada 100 hombres sufren algún tipo de impotencia, que
puede ser más o menos severa. En su aparición influyen también una serie de
factores: ser fumador. Ser diabético. Tener la tensión alta o una enfermedad
cardíacas, tener alterados los niveles de colesterol. Sufrir depresiones también
figura. Tomar medicamentos psiquiátricos probablemente también.

En lugar de caer en el desánimo, la persona a la que se le diagnostique impotencia o


disfunción eréctil debe tomar medidas de carácter personal para contribuir a superar
con éxito dicha condición: prepararse psicológicamente y mentalizarse de que a
partir de aquel momento dejará de ser impotente, dialogar con su pareja sobre los
problemas emocionales, mantenerse en buenas condiciones físicas y en un peso
normal. Hasta acá ya parece muy difícil. ¿Quién puede? piensa Adolfo. La lista
sigue: no ingerir alcohol ni consumir tabaco, menos pastillas para dormir, menos
tranquilizantes y nada de calmantes.

La parte más triste del tratamiento empieza cuando todos asumimos que ese pene
está muerto. Que el subconsciente grita no. Empieza la gimnasia educativa de la
genitalidad, empieza el fascismo, el perro de Pavlov: intentar el coito aunque el pene
no esté erecto, el coito es el estimulante sexual más poderoso.

¿Coito? si le siguen diciendo así más en la vida se te vuelve a parar, pensó Adolfo.

Las instrucciones continúan, comienza la reprogramación de respuestas y


neurotransmisores: hacer una prueba con algún dispositivo mecánico estimulante
(¿será juguetes? piensa Adolfo, ¿será el fáskinus romano del siglo I a.C entrando
simbólicamente a la cama?).

BOTTOM’S UP 28
Consultar siempre con especialistas, entrar en la halopatía, comenzar la vía médica,
todo indica hacia ahí, convertirse en objeto y problema de la salud previsional, ser
número en lista de las estadísticas del mercado farmacéutico. Adolfo desorientado
ya es un mal paciente de antemano, sin ver doctor se está auto-diagnósticando
como un hipocondríaco.

El papel de la mujer también aparece detallado. Es humillante y ofensivo. Su lugar


es accesorio: la mujer cuya pareja sufra una disfunción eréctil también 'debe'
colaborar en el proceso de superación y ‘asegurar’ el funcionamiento de la erección,
ella 'debe' calificar positivamente el comportamiento sexual del hombre si logra la
penetración, aunque sea breve, para aumentar su autoestima. Es vital.

Otro consejo es descansar mucho y tomarse tiempo para relajarse. Hacer ejercicio y
comer de modo saludable para mantener una buena circulación de la sangre. Todos
recomiendan hablar con la pareja, todos recomiendan asesoría y contención. ¿Hay
un foro para solteros? y especialmente, ¿alguno para gays?

A los hombres que tienen problemas para hablar de sus sentimientos les puede
resultar difícil compartir su ansiedad sobre su desempeño sexual. Esta falacia es
una de las más frecuentes que se leen, ofende, pensó Adolfo.

Más que síntomas parecen factores que los tiene todo el mundo, cada día la gente
más joven también. Demasiado duro cuando la cosa está blanda. Un operativo
simbólico entra en acción alrededor del pene caído muy perverso. Reducir el
consumo de tabaco, alcohol y drogas psicoactivas no es posible. ¿Todos los
consumidores diarios de eso sufren de esto? La hipocresía es apabullante. Esto es
mucho más difícil de lo que creía, piensa atemorizado Adolfo.

El tratamiento puede depender de la causa del problema. Hay que convencer a un


médico y a una obra social y algo es posible, pero hay que tener tiempo para cosas
así. Nada promete la solución y hay que tener paciencia.

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Las opciones terapéuticas que existen incluyen: Inyecciones dentro del pene;
medicamentos introducidos dentro de la uretra; medicamentos por vía oral; cirugía;
dispositivos de vacío, y una lista de fármacos.

El Sildenafil (Viagra), vardenafil (Levitra) y tadalafil (Cialis) son los FDE5: sólo
funcionan cuando se está sexualmente excitado y, por lo general, comienzan a hacer
efecto en 15 a 45 minutos. Estos medicamentos pueden tener efectos secundarios,
los cuales pueden ir desde dolor muscular y enrojecimiento del rostro y la piel, otra
opción es el ataque cardíaco. El límite es fino. Algunos hombres han muerto
después de tomar estos medicamentos con nitroglicerina. El accidente
cerebrovascular también es una opción.

Si las pastillas no dan resultados, hay otras opciones disponibles como las
siguientes: reposición de testosterona usando parches cutáneos, gel tópico o
inyecciones intramusculares. O por ejemplo un medicamento llamado alprostadil,
que se inyecta en el pene o se introduce dentro de la uretra, mejora el flujo
sanguíneo a dicho órgano, las contraindicaciones son terroríficas. Se abre la era de
los penes mutantes. Las bombas de vacío previamente mencionadas, y hasta un
novedoso cabestrillo peneano: una banda de caucho especial para mantener la
erección durante la relación sexual. Ortopedia para penes. Monstruoso.

Muchas hierbas y suplementos dietarios se comercializan para ayudar con el


desempeño o el deseo sexual, sin embargo, no se ha demostrado que alguno de
estos suplementos sea efectivo para tratar la disfunción eréctil y no siempre son
seguros. Heidelbaugh JJ. Management of erectile dysfunction, 2010; Qaseem A,
Snow V, Denberg TD, et al., 2009. Las fuentes son recientes. ¿No hay más materia
en el tema?

Adolfo llega a un foro de esos que usan las personas que no saben usar foros: “la
diabetes causa impotencia ayudadme”, dice ella:

“Desde hace más de un años ya no tenemos relaciones sexuales bien porque no


quiere o bien porque no puede ya nada es como antes desque que le diagnosticaron
la diabetes a vosotras os pasa igual o es una cosa que me que me pasa solo a mi
me gustaria hablar con más gente de esto mi nombre es A... y soy de Madrid a ver si

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puedo encontrar a alguien de Madrid para hablarlo personalmente yo estoy
desesperada necesito ayuda y ademas estoy preocupadisima ayudadme”.

Adolfo pensó que tener una enfermedad crónica le daría muchas ganas de coger,
que sentirse cerca de la muerte generalmente se asocia a la idea ‘a coger que se
acaba el mundo’. Pero no, estar cerca de la muerte te la baja totalmente.

Es falso todo eso, fantasía, ilusión: el gordo hipertenso de colesterol alto no va a


estar cogiendo en la orgía del apocalipsis.

El fin del mundo es tan angustiante que ni siquiera va a haber pijas paradas.

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Sabrina le pidió que la acompañe. La esperó afuera de la radio. Salieron de compras


cuando terminó el programa. En los shoppings subterráneos del microcentro miraron
muebles, cosas importadas, compraron servilletas. Pasearon. Fumaron porro y en
una plaza pública miraron el cielo.

-Estamos en Europa
-Alguien tendría que ponerse a leer un poema a la luna -dijo Alfonso
-Lindo -le dijo Sabrina. Lo besó. Siguieron mirando la luna.

Adolfo llevó del brazo a Sabrina. Hablaron.

-Los tipos impotentes son imposibles


-Nunca tuve -mintió Sabrina.- Nunca me pasó.

Existe la idea de que la impotencia puede ser culpa de la mujer y Sabrina pensaba
declararse ignorante en la materia antes de contar las veces que le pasó. Adolfo no
iba a pensar eso de ella, pero le siguió el juego.

-Los precoces igual


-Esos son unos pobres infelices -eso sí se animaba a confesar Sabrina.
-Unos enchastre
-Un asco. Tiemblan como chanchitos, las bolitas se les achicharran como dos
pasitas viejas, un asco. El Gringo mío era así. El yankee que hacía tango.
-No parecía -comentó Adolfo. Y no, esas cosas no se aparentan, pensó para sus
adentros.

Hay muchas cosas que no parecen, Adolfo quería hablar de Morti pero Sabrina no
estaba actualizada con los detalles. Quería contarle de su búsqueda nueva, del
amor de su vida. Sabrina no estaba tan preocupada ni tan atenta en realidad.
¿Quién está atento hoy en día? ¿Quién presta atención?

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-Esas zapas son nuevas -señaló. Lo miró a Adolfo- estás más tumbero que nunca
Dolfi.

Hablaron de música nueva y de series con ninjas. Quedaron en verse más seguido.
Quedaron en trabajar juntos el año que viene. Se elogiaron mutuamente sus nuevas
fotos de perfil.

Dieron una vuelta más, seguían del brazo, se frotaban su cuerpos cada vez que
daban la vuelta manzana. Llegaron hasta la casa de Sabrina y Adolfo la despidió en
la puerta de su edificio, al borde del bajo, casi Retiro. Le dio un beso y le agradeció
las servilletas. Sabrina, después del programa de radio, se internaba hasta entrada
la noche en un abuso indiscriminado de marihuana, atracones y televisión chatarra.
Así todas las noches desde que estaba soltera. Algunas mañanas un hombre antes
de ir a trabajar le trabajaba un poco el colchón, pero nada importante.

Si Adolfo supiera manejar su talento tendría que partirle la boca en la puerta,


agarrarle fuerte las tetas y llevársela para adentro. Comerle la boca en el ascensor.
Entrar a la casa, desnudarla, besarle todo el cuerpo, hacerla sentir que nada es más
importante que ella, sus tetas y su concha. Nunca por la cola. Siempre por adelante
y ella de prima donna.

Pero Adolfo no manejaba su herramienta. Confiado en dejar esa buena impresión le


dio un beso largo en la frente. Ambos lo sintieron y lo lamentaron, gays y mujeres,
‘qué va ser’, se despidieron, un poco mojados y confundidos.

BOTTOM’S UP 33
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Faltan 15 días para que llegue el amor de su vida a Buenos Aires y en el centro de la
tormenta hay silencio. Las manos las siente cansadas. No parece que ayer pasó lo
que pasó, ni ningún día. Adolfo está desorientado. No percibe algunas cosas: sigue
sin cambiarse la ropa, está algo más tosco, más huraño. No atiende el teléfono y
mira colas todos el día en las redes sociales de levante.

El único momento de lucidez que hubo entre el amor de su vida y Adolfo fue intento
de honestidad raro. Estaban chateando a la tarde, horario raro. Empezaron una fría
videoconferencia, como una puesta en tema de ciertos asuntos en común, pero
Adolfo seguía distante.

El amor de su vida se sacó la remera aludiendo que allá hacía calor. Adolfo lo imitó y
quitó su camiseta. Se miraron las tetillas, se sonrieron. Adolfo estaba dispuesto a
renunciar a todo su proyecto con un breve momento de honestidad sexual.
Empiezan a hablar del gimnasio. Hablan de partes del cuerpo. Se acercan a las
webcams. Se empiezan a mirar a los ojos a través de espejo reflejo del VGA.

Hubo un segundo de inconsciencia, ceguera, calentura, nadie sabe. ¿El amor de su


vida era apetecible? Imposible identificar exactamente que había en la fisonomía,
dónde estaba la desconfianza, ¿volverá la gomosa a entrar en acción? ¿el amor de
su vida era el amor de su vida?

Una falla técnica detuvo la llamada. Empezó como un delay y después se convirtió
en una falla de video y finalmente se cortó tras 30 segundos de inacción. ¿Cuando le
voy a preguntar lo que le gusta?, pensó Adolfo, ¿cuando voy a saber si me calienta?

Adolfo vio al amor de su vida como un hombre debilucho, pendiente, necesitado,


vacío, con ganas de ser llenado. Él no podía, la herramienta no le respondía como él
quisiera.

Internet si andaba para otras cosas: 1002 visitas en su perfil de redes sociales de
levante, y subiendo. Muchos mensajes sin leer, generalmente gente que trabaja en

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Capital pero vive en Provincia y sólo puede por la tarde. No todos son dignos de ser
respondidos, por foto, ortografía o propuesta. Muchos muy poco interesantes.

Algunos activos le escriben, eso le sorprende. Dicen no tener mucha experiencia,


estar probando, tener la cola virgen y lista para entregarla. Heterosexuales también,
muchos. Compañeros de pajas y llamadas calientes son el 45% de las propuestas.
Nada parece interesante, desafiante, accesible.

Pensó en sincerarse, abrir otra cuenta con un nick claro "QUIEROAPRENDER",


relatar toda su búsqueda, hacer un blog en una isla de perfiles de levante, y por ahí,
tal vez, no sé, no se sabe, algun pasivo, entienda, exista algún tipo de empatía
trascendental, vivir la experiencia sin stress, acompañado. Una pelotudez total: una
pérdida de tiempo.

Adolfo reaccioná, se decía a sí mismo. Recibe un guiño en ese mismo instante. Ya


es de noche y Adolfo no salió de su casa en todo el día. LOMITONACHO quiere
acción.

ALMAGRO24ACT preguntó “donde estas?”. Era lunes, 01:43 de la madrugada.


LOMITONACHO dijo “cerca”. Después dijo “mmmmm. estoy trabajando si queres
paso cuando salgo”.

-¿A que hora salis?


-A las 7 para darme la lechita de la mañana, ¿como querés que te vaya?
-Bien putita -contestó ALMAGRO24ACT.- bien lubricada la cola
-¿No me la lubricas vos papito? -preguntó LOMITONACHO.
-Lampiña…?
-Re lampiña -dijo, 01:49
-Te la re lubrico con mi lengua
-Mirá si me querés puta me tenés porque ya estoy re caliente, quiero macho papu.
Lo que más disfruto es: mamarla a pleno, la cabeza, los huevos, bueno mamarla
bien mamada, y lo otro es el orto, cojeme como a mina, gozo a pleno
-¿Querés venir? -preguntó Adolfo. Después dio su dirección y teléfono. Empezó a
esperar.

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LOMITONACHO le dijo: “Que te gusta a vos? que te gusta hacer o como te gustan
los pendejos?

Adolfo le dijo: “a mi me encanta chupar colas lampiñas y q me chupen la verga q la


disfruten bien q se vea las ganas y cabalgar cola también”

LOMITONACHO le preguntó: ¿morbos tenés?

Adolfo contestó lo que siempre le dicen los tipos, la zona standard que se visita en la
mayoría de las redes sociales de levante que los tipos activos llevan a los chicos
pasivos, la zona-cross: “me gustan los hombres cuando se visten de nena y se
ponen bien puta”.

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16

Con el amor de su vida todo era imposible pero con LOMITONACHO nada que ver.
El pibe tenía 26 años y era del interior. Tenía la piel café con leche, era flaco, fibroso
y un lunar arriba del labio le coronaba la cara. La nariz era bonita, los dientes eran
muy blancos, le gustaba mucho el gimnasio y el trabajo nocturno lo dejaba caliente.
Adolfo no quería saber mucho, le gustaba que esté dispuesto a hacer todo el trabajo
el pasivo. Los activos en general entran pidiendo permiso y a escuchar y recibir la
hospitalidad del pasivo.

Quedaron en la casa del pasivo. Adolfo llegó un poco tarde. No era lejos. Un edificio
común y corriente en una avenida. Nada despampanante. La casa era la casa de un
estudiante, LOMITONACHO dijo que se llamaba Marcos. Adolfo no remarcó la
contradicción. Entró y le dio un beso. Los activos en general no besan, en general no
hacen eso, sintió Marcos. Le clavó la trompa otra vez y Marcos se entregó, loco.
Pasaron al cuarto a los tumbos.

Adolfo sintió la urgencia de llevar la iniciativa así que antes de que Marcos reaccione
con las dos manos le bajó los pantalones: reluciente, negra, ajustadísima la tanga
prometida, apretaba la cola y trucaba la verga. Adolfo lo agarró de los pelos de la
nuca y lo miró fijo a los ojos. Adolfo imaginó un animal en la selva. Eso le alcanzó,
un código interior, un guía chamánico, puede tener varias interpretaciones.

Lo puso en cuatro. La lamió. Lo miró. Le escupió el hoyo. Lo ubicó quietito en cuatro


en la cama y entró a darle chirlos, intercalaba chirlos con besitos. Primero Marcos
estaba tenso pero al rato entendió el código, se relajó, la verdad que le estaba
gustando mucho. De a poco la calentura fue tanta que no hacía falta hablar: el orto
estaba mojadísimo.

Chupó esa cola mucho, estaba carnosa, ardida de ganas, rica y fresca como un
helado de menta granizada. En un acto elástico sorprendente, Marcos empezó a dar
como media vuelta carnero, y su cabeza quedó exactamente sobre la verga de
Adolfo, mientras éste le comía la cola. Inclinándose un poco sobre sus rodillas Adolfo

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logra comerle el hoyito mientras Marcos, en posición perpendicular podía meterse la
pija en la boca.

Esta posición duró mucho tiempo, era realmente placentera, hasta que Adolfo se
recostó sobre su espalda, y, en posición de cabalgar, Marcos terminó a upa. El
verdadero acto de valentía de Adolfo fue atinar a agarrar el forro de su campera, es
más, lo tenía en la mano, pero antes de que pueda existir cualquier ansiedad de
acción Marcos se subió encima de Adolfo y lo miró a los ojos. Se besaron un poco
más, pecho con pecho, nivelaron su respiraciones, entraron en confianza los
campos energéticos, plexo con plexo, es de mucha intensidad el intercambio de
energía calórica que había en juego. Marcos imaginó un animal en la selva, otro
código interno que no podemos interpretar.

Marcos tomó el condón, lo abrió, lo colocó con cuidado sobre la erección, la goma
en la base del pene de Adolfo no era para nada molesta, había encontrado su marca
de condón a la que iba a consumir fielmente a partir de ese día hasta el día que se
muera.

Primero Marcos se subió solo sin ayuda de los dedos y con hondas respiraciones
entró la verga completa sin apuro, el ano estaba muy relajado y receptivo. Una
indicación rápida "subí las rodillas", dijo Marcos. Adolfo hizo caso. Mucho mejor.

Comenzó un trabajo pélvico de mucho poder, con discretos giros y un masajeo


ascendente y descendente muy delicado. Se miraban a la cara, se guiaban con los
brazos, se sobaban, Adolfo estaba sl 100%, entrando y saliendo de un hoyito loco y
caliente.

Empezó a correr un río de sudor que bajaba desde Marcos hasta el pubis de Adolfo.
Empezaron a agarrarse de las cabezas, y Adolfo incrementó la rítmica pélvica en
forma opuesta: cada vez que ascendía y descendía la cola de Marcos, Adolfo la
acompañaba con fuerza. Una fricción insistente empezó a mordisquearle la cabeza
de la pija, esa cola era un melocotón, Adolfo estaba loco de caliente, Marcos estaba
sedado y lleno de pija.

-Porfa la leche -gritó Marcos.

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-Aguantame más -le dijo Adolfo-, quiero más

Marcos lo miró agitado y excitado, le dijo hijo de puta, se dieron vuelta como en una
toma de judo, Adolfo se le subió encima del culo, se agarraron de las caras, Adolfo
tenía mucho más ángulo de acción. La pija se siente mejor, está entrando toda. La
calentura de la cola le bajó por el pecho y le subió a la cabeza a Marcos, asfixiado y
agitado le preguntó "¿te gusta?" y Adolfo le gritó "me encanta". La sinceridad los
calentó más.

Un chorro de leche explotó contra la realidad. Marcos sintió esa leche como un
bautismo mágico y caliente y Adolfo se quedó ciego por un segundo, fue la presión.
Una película de sudor los cubría, niebla en el cuarto, la cama no daba más. Se
quedaron abrazados uno adentro del otro como si acabaran de sobrevivir a un
accidente de autos y se salvaron de milagro. No se podían bajar de la montaña rusa,
el corazón latía a mil.

En ese momento existen dos caminos posibles: el asco inevitable o la convergencia


siamesa. Hay un movimiento de los hombres una vez consumado el acto que es
decisivo para el comportamiento: pueden odiar aquello que se acaba de coger o se
pueden apropiar aquello que se acaba de coger.

Esto puede verse en la gente que se queda en tu casa más del tiempo que la invitás
o se baja tu heladera (siempre con tu permiso), o por ejemplo en las personas que
desesperadamente necesitan irse del lugar (con excusas, sin excusas, etc). El asco
o los siameses: dos bifurcaciones post coito.

En el plano del asco el repudio es inmediato, espeluznante e inevitable, casi violento


(que en un analisis de microexpresiones en más del 90% de los casos se percibe
elevación del labio superior y la nariz levemente arrugada) exactamente una vez
finalizado el coito. Indica que se quiere ir.

En el plano de los siameses el diálogo es más complejo: algunas personalidades


psicopáticas trabajan la simpatía como forma de manipulación, mientras que los más
indefensos simplemente operan con el lenguaje corporal más básico (aquél que se

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comparte con los animales, bañarse juntos, comer juntos, etc). Indica que se hace y
se hará lo que él pida.

Huyendo o encima tuyo marcar el territorio no se puede evitar. La reacción sucede


tan rápido (la chispa que indica cortocircuito o el intercambio de cadenas proteicas)
que son las tripas las que responden. Adolfo, vistiéndose, le dijo gracias y le pidió
que le baje abrir.

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Casi sin poder levantar la cabeza Adolfo pedías disculpas por teléfono, una lista de
cosas sin hacer lo acosaba persistentemente. La Chancle le cebaba unos mates
mientras le pedía que vaya al médico.

Adolfo empezó a cambiarse la ropa más seguido, pero todavía apestaba. Alguien le
describió los síntomas de la depresión. En 8 de 10 se sintió identificado. Dejó de
hablar con esa persona para siempre y la borró del facebook.

No abrió skype en todo el día: mejor evitar cruzarse al amor su vida, al menos por
hoy.

Duele muchísimo, el peor dolor que alguna vez sintió, espalda, pelvis, cabeza de la
pija, mareos generales, tipo los de una mala noche de alcohol que se estira. Adolfo
empezó a comer menos. En términos de redes sociales los chicos seguían
escribiendo pero no había tiempo para todos.

Se dignó a levantarse de la cama y entró al chat. Puso la cam y mostró los


pectorales. Pasaron 3 horas. Habló con mucha gente, la onda era hacer sentir
pelotudos a los que buscaban para ya y elogiar las rutinas de gimnasio de los lomos
trabajados. Pasaron 2 horas más.

Adolfo hizo su rutina y desayunó. No fumó en todo el día ni un solo cigarrillo. Siguió
hablando con los muchachos y se pajeó en la cam. Algunos se volvieron locos y le
escribían sin parar. La onda era que te hable uno de los que no te dan bola, no los
putitos regalados.

Se hizo la tarde. Se compró dos cervezas en el chino. Se reía de los chistes de los
muchachos mientras miraba las noticias en youtube. Se terminó la segunda birra,
bajó la luz del atardecer, oscureció. Era la hora de cena y Adolfo seguía conectado.
Se le terminaron los mensajes disponibles, los blocks y las disponibles a perfiles del
día. Eso lo aburrió un poco. Volvió al chat.

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Entró uno al chat que se llamaba “MI_SEGUNDA_VEZ_GCATAN”.

-¿Nos vas a contar cada vez? -comentó Adolfo en el general del salón de chat.
Estallaron en risas
-Claramente confirma que después de la primera vez se vuelve!! -comentó uno,
jocoso.
-¡La segunda vez es más bonita que la primera! -se reía otro. Adolfo puso “jaja”.
-Un nene que se baja de la montaña rusa y pide “de vuelta de vuelta” -puso otro, se
reían entre entre todos.

Se hizo de noche. Un pibe le comentaba que la onda es salir del laburo y tipo 4 ó 5 y
hacer el after office en los cojederos más turbios de la ciudad: tomarse una birra ahí
con los pibes bien de microcentro, porque a la hora que va la negrada justamente es
cuando no hay que ir. Un tipo le sacó una buena charla en la que definieron la
fidelidad de formas muy graciosas, siempre con cinismo (y Adolfo siendo cuidadoso
con la efusividad y no sonar ‘pasivo’ cuando redactaba). Se hizo las 12 de la noche.
La noche terminó con una reflexión pasajera rescatable: dime a cual estereotipo le
temes y te diré como eres.

Después de hacer muchas caritas a la cam y sin acabar, Adolfo se fue a dormir.

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Arriba de la cama estaba su camiseta de basquet, los largos de fúbtol y el buzo de


jogging. Cuando se pone su equipo no usa boxers ni medias. Adolfo miró un rato
largo las prendas: tienen manchitas amarillentas, olor a chivo, tierra pegada en las
axilas, están negras de mugre.

Adolfo va a al baño y abre las canillas. Usa shampú para lavarlas y las friega en la
bañadera. Se baña él también. Se enjuaga el pelo cortito, cepillito, se rasca las
costras y se seca con la toalla haciendo mucha fricción. Saca la maquinita y se
rasura prolijamente las patillas, la nuca, se emprolija las terminaciones hasta
dejarlas rectas a cero.

La ropa, limpia, gotea sobre la bañera. Se seca colgando del barral de la ducha.
Sentado en el inodoro Adolfo se rasura hasta el último pelo del cuerpo. Se reconoce
en el espejo, pero por momentos ve una mancha negra.

Adolfo se sopla los mocos con agua, se pasa la toalla, está desnudo, no va a
vestirse con otra ropa. El traje de ALMAGRO24ACT ya está seco. Se viste.
Chequea sus mails, anota 5 o 6 direcciones de su lista de cosas por hacer y agarra
las llaves. Antes de salir pasa por el baño y se saca una foto. Sonriendo, sacando la
lengua para un costado y con la remera levantada enseñando el ombligo.

Adolfo sube la foto y se va. La foto de Adolfo con su equipo de gimnasia, su remera
de basquet y su pelo rapadito estalla de likes en el Facebook.

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En microcentro todo es tan sórdido como natural. Los cuerpos son el deseo, la pijas
duras son los habitantes, el paso apurado en realidad es debido a la cantidad de
leche loca que hay en esas bolas, con cada paso apurado chocan y van de un lado
al otro, re calientes. Los pibes salen de las consultoras de traje, zapatos, portafolios.
Cada calle, una más angosta que la otra, tiene ciclistas sudando, tipos grandes
yendo a buscar sus autos, gente fumando en la puerta del edificio, y mucha gente
volviendo a casa. Tipo 6 mucha gente sale del trabajo con la máquina a mil. Quiere
llegar a su casa pero sigue manija del trabajo. Los cuerpos están ardiendo. La oferta
de prostitución es alta, al igual que la oferta de comida, la oferta de dólares, la oferta
es constante.

Adolfo cruza las peatonales como pasarelas entre transeúntes casuales, extranjeros
bajando de hoteles, camisetas ajustadas, conejitos lindos, musculosas, buenos
culos. Los tipos grandes,esos de uno noventa, con kilos de más pero que lejos de
verse flácidos se los ve fuertes, giran la cabeza cuando Adolfo pasa. Los maduros
bigotudos siempre le miran el orto. Hoy Adolfo mira otra cosa de todos modos.

¿Pablo andará por acá? Por más que la oficina quede por acá deben trabajar en
horario de tribunales. Un publicitario con cuentas de pauta oficial sale de un edificio
corporativo con un traje pegado al cuerpo y con el borde de su pelo bien delimitado
por la maquinita de rasurar. Prolijísimo, lindo cuello, buen cuerpo, con un traje
ajustado, hecho a la medida, 29 años. El torso es cortito, las patitas bien trabajadas,
la colita salta con cada paso. El portafolio es cómodo, los zapatos de cuero. Tiene
cara de nene bueno. Adolfo cruza la calle hasta seguirle el paso y rápidamente se
miran. Se sonríen. Le presta atención ni bien se colocan uno al lado del otro.
Caminan 10 pasos hasta la esquina. El gesto más claro es cuando Adolfo abre sus
dos manos mostrándole que no le quiere robar. Doblan juntos la esquina. Llegan
hasta Tucumán. Cruzan juntos y aminoran la marcha. La densidad de transeúntes
disminuye. Llegan al shopping. Antes de subir las escaleras de las galerías, muy
pacíficas por la tardecita, se dicen los nombres. Suben un piso. Otro piso. Chequean
celulares. Caminan despacio por una galería de arte bien iluminada. Se miran bien
las caras, todo muy aceptable. Cruzan otro pasillo. Llegan hasta otra galería, y al

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fondo de esa galería, una bifurcación, y estratégicamente oculta detrás de esa
bifurcación: la puerta de los baños. Camino sin salida hacia una tetera.

Le pone la mano a Adolfo no más se para en el mingitorio. Se pone cerca. Los ojos
parecen salirse de las órbitas cuando Adolfo se baja el shortcito.

- Buen rabo -dice, es español.


-¿te gusta?
-Me encanta
-¿La querés?
-Sígueme -me dice.- solamente con condón, bonito

Adentro de los cubículos le mete la boca entre las piernas, entra toda hasta la
garganta. Chito la boca el gallego. Se siente el ahogo calentito y la saliva mojándole
el chorizo. Se pone loco, abre la boca como un animal. Está sonriendo. Adolfo le
tantea los pantalones. El gallego se los baja. Está re caliente. Le baja los calzones
violentamente. Lo da vuelta. Le mete la boca en el orto. Los cachetes están firmes y
gorditos. Calentitos. De a poco le empieza a entrar el jugo en el ojo del orto. Está
bien calentito, carnoso. Le van agarrando la mano.

Se retuerce con la lengua, un gemido lo hace estallar. Empieza a menear la cadera


para que la lengua le contornee toda la colita, la lengua entra y sale. Entra y sale. El
culo está muy rico. Muy rico, no espera más, quiere clavarla. Abre el forro de un tirón
y cubre la banana de un un golpe, de un golpe se lo clava. Lo ensarta muy bruto.

El gallego se relaja. La salivada dejó mojada esa colita. La pija se siente firme
adentro, la goma del forro en el orto es una locura, las dos gambas se le relajan, el
pasivo está receptivo.

Adolfo tiene ganas de meterle el puño en la boca para que deje de gemir, para que
deje de repetir “Adolfo, Adolfo, Adolfo” en cada gimoteo. Entra entera la verga, hasta
los huevos. Se ahogan los huevos contra el orto. Mete-Sale. Sale-Mete. Se
acostumbra el ortito, aloja toda la pija. Empuja la cola para afuera, casi Sale del todo
y Adolfo Mete, en un golpe, y hace un Mete-Mete durísimo: fricción en la cola del
gallego, cola en llamas. Los huevos del gallego saltan y golpean los huevos de

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Adolfo, le está dando pija como un toro, no quiere parar. Empieza a darle a un lateral
de la colita, el gallego lanza un grito y Adolfo le mete el puño en la boca. Esta vez no
se lo reprime. Este gallego no sabe que está jugando con fuego. El culo parece estar
chupando, el gallego es un cuerpito caliente y Adolfo le está haciendo un arrorró, lo
está hamacando. Pija con culo.

-Me corro…

El gallego no da más y Adolfo se prende de las tetillas del putito y entra adarle con
todo. La pija está hecha un mástil, la cola una babita, hay que ponerle la lechita
ahora y Adolfo empieza por relajar los talones, después la pantorrilla, después los
muslos, después los huevos, y como si de un pis se tratara, deja salir de las pelotas
a toda su leche.

Se saca el forro y salta toda en la espalda del gallego. El gallego la quiere adentro,
se nota, la quiere adentro y con los dedos se la mete, la leche entre las nalgas rueda
cuesta abajo y él con los dedos la empuja, se la mete para adentro. Estos putos son
un asco.

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Después de haber tenido una colita entre las piernas Adolfo se sentía otra persona.
En microcentro tipo 7 los cafés están vacíos. Son lugares distinguidos en general,
puerta de vidrio, relativamente chicos y a esta hora muy vacíos. Adolfo entra, como
un cliente en un balneario en temporada baja, todos se dan vuelta a mirarlo, se
sienta.

El mozo de la barra habla con la camarera sobre la tele. La camarera le toma orden,
un café con leche con una factura. Adolfo levanta la oreja. El timbre final en la voz
del mozo de la barra tenía ese pequeño cantito, levemente afeminando al final de
cada oración. El mozo tiene 30 años, es un poco más juvenil de lo que aparenta,
con un torso perfectamente trabajado, linda piel. El pelo rapado, prolijo, la espalda
en buen estado. Muy intenso cuando cruzan miradas, hay vergüenza, sorpresa, la
atracción parece inmediata.

Adolfo se acomoda la pija, toma el café, se come la factura y un poco tentado


sostiene seguir mirando hacia la barra, sin vergüenza, clavándole la vista en la nuca
al mozo que mira la tele.

Estas cosas en general se sienten. Especialmente después de haber trabajado


tantos años en un bar. Más en uno de microcentro. El mozo la estaba sintiendo.

Se habilita una zona nueva de miradas entre Adolfo y el mozo de la barra. Él tiene
ojos azules, como dos faroles relucientes y lechosos con pupilas bien oscuras, un
centro negro, profundo y mojado. Como ese ortito.

El maxilar lo tiene bien formado, lindos tubos que pellizcan la remera negra de
trabajo a punto de explotar. Se habilita una nueva zona porque el mozo pasa del otro
lado de la barra y se sienta en un taburete. De gambas viene flojo. Tiene sentido: si
siempre es el mozo de la barra lo que más le miran es de la cintura para arriba. Esos
tubitos bien marcados tipo conejitos son de trabajar la parte superior no más. Falta
cinta, pensó Adolfo.

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Entra un tipo al bar. Cruza la barra, 40 años, gay también, trabajado también. “Luis”
le dice el mozo de la barra. Acento de correntinos. Luis le sigue la mirada. La
maniobra sutil no fue. El tipo le sigue la mirada y lo mira a Adolfo. Adolfo se sonríe,
sorprendido. Ellos se sonríen. Comentan dos palabras por lo bajo. Le hacen una
seña para que se acerque. Viven a la vuelta. Salen 8 y diez.

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El mozo de la barra se levantó algo tenso, quería concretar, coger, ya estaba al palo.
Estaban en el living. No entraban los tres en la cama.

-Mucha ropa -dijo, rompiendo el hielo.

La pregunta cayó en el aire y aquí quedó. Estaba todo bien, no era para tanto, Luis y
su novio querían, Adolfo estaba muy cómodo. El mozo de la barra quería subir la
temperatura y empezó a sobarse la pancita, a levantarse de a poco la remera. El
culo hermoso, respingado y redondísimo estaba como entrando en acción. Luis le
sacó la mirada y la clavó fijo en Adolfo. El cuerpo estaba provocándolos ¿qué vas a
hacer? parecía que decía, ¿le entrás?, con la mandíbula dura, servíte decía con la
quijada tensa, con una nubecita de vapor en la mirada.

Adolfo miró a el mozo de la barra y le dijo que se agache. ¿Estás al palo? preguntó
el mozo de la barra, los miraba a uno y al otro. Sí, dijo Luis, quieto desde la silla.
Adolfo se puso de pie y con una mano gentil ayudó a el mozo de la barra a
arrodillarse. En ese pequeño acto educativo, de paciencia y silencio, el mozo de la
barra se acopló a la mímica y el ritmo de esta indicación. Si algo sabía era ser
sumiso.

Por arriba del shorcito de nylon el mozo de la barra empezó a besarle el bulto a Luis.
Adolfo se cruzó de brazos y de pie miraba la silla. Luis no le sacaba la mirada fija,
ahora la respiración era un poco más sonora. Giraba el ventilador y Luis inhalaba. El
mozo de la barra besaba el nylon caliente, respiraba con la nariz contra la tela y el
bulto se calentaba.

Luis mandó una mano a la entrepierna para pelar la pija y la otra a la cabeza de el
mozo de la barra. Empezó a batirle la cabeza de arriba para abajo. Los dientes no le
molestaban. Era el glande bien recto y duro, la pija carnosa y llena de venas en la
boca, una fricción bien dura, que raspaba, la lengua y los dientes contra las huevos,
la baba, caliente, el aire, caliente, que salía de la nariz. Le batía la cabeza contra la
punta de la pija y le clavaba los ojos a Adolfo.

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Una larga chupada final, que absorbía cada sorbo de baba, cada sorbo de
presemen, desde la base hasta la punta de la pija de Luis terminó el pete. La mano
firme de Luis en la nuca de el mozo de la barra confirmaba que se venía la leche.
Luis se pone de pie y el shortcito de nylon se desliza hasta los tobillos. Un chorro de
chivo baja por la musculosa sin mangas de color fluo. Adolfo se acerca y le soba la
frente, secándole el sudor y mirándolo a los ojos. Con los dos bultos en la cara el
mozo de la barra contestó con el instinto de bajarle el cierre a Adolfo. Una pija muy
venosa, con venas coloradas y una cabeza roja y jugosa lo esperaba. El mozo de la
barra la fondió. La fondeó sin asco porque no hay cosa más rica y salada que un
vergazo en la boca.

Con las dos manos Luis levantó a el mozo de la barra desde la pelvis, y volviendo a
sentarse en la silla buscó como meterle la pija. Parado Adolfo, haciéndose comer el
pedazo, y el mozo de la barra en la falda de Luis. El mozo empezaba a abrirse de
piernas, quería estar bien listo, que los músculos y las nalgas queden bien abiertas.
Cuando Luis le encontró el hoyito mandó un salivazo con el meñique, empezó a
darle estocaditas hasta poder entrarle. El hoyo del mozo de la barra estaba
recaliente, ya enjuagado, ya recontra jugoso, se dilataba y recibía el meñique de
Luis con mucha disposición.

Agarrando la pija por la base Luis se la estrelló contra el hoyito y después de pelear
un poco, el ojete la dejó entrar. Agarrando la pija por la base era muy fácil, la tiraba
para abajo y con la otra mano sostenía la pelvis de el mozo de la barra. El hoyito iba
cediendo y cedía hasta que alineadas, verga con culo, estaba lista para hacer fuerza
para adelante y mandarla hasta el fondo. Hasta el fondo tenía la verga de Adolfo en
la boca, que empezaba a bailotearle adentro de la boca, el mozo de la barra con la
lengua sentía los huevos de Adolfo y entre las piernas sentía un fuego que le subía
por la columna.

Esa pija era una pija de oro. Había entrado de un saque, de una, de un tiro y ahora
seguía. Cuando crees que está toda adentro pero en realidad hay que relajarse un
poco más y entra más hondo todavía. Luis puso las dos palmas de las manos en la
base de la cintura de el mozo de la barra y lo meneaba como un balón, para arriba y

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para abajo, y el recorrido de la pija por adentro de ese culo era una gloria, un vaivén
adentro de la carne, mejor que una montaña rusa.

Adolfo sintió la leche que se asomaba y avisó. El mozo de la barra muy agitado la
pidió adentro, adentro, adentro de la boca, en todos lados. Adolfo no lo miraba, la
mirada en la mirada de Luis. Luis con con un gesto cortito, con los cuatro dedos de
la palma le hizo ‘vení’. Adolfo dio medio paso con una pija llena de sangre lista para
acabar. Luis abrió la boca y tomándolo de los huevos le acercó el pubis a su boca.
Su boca estaba fría, mentolada, su baba era fresca, sus labios suaves besaron
como una flor la punta de la verga de Adolfo y de un tarascón se la metió hasta la
mitad, toda no entraba.

La leche salió volando desde adentro como un vapor del fondo de la tierra, como
muchas ganas de tirarse a la pileta, fresca, caliente leche por los labios de Luis. El
orto de el mozo de la barra no aguantaba más, ya sonaban succiones de lo abierto y
mojado que estaba cabalgando esa chota. Luis lo tomó de la nuca y dándolo vuelta
le metió la cara de vuelta entre las piernas. Una mezcla de barro y leche le llenó la
cara a el mozo de la barra, el codo a Luis, la mano de Adolfo, el hombro de Luis, el
pecho de Adolfo contra el pecho de Luis también se llenaron de leche, estaban
sudados, calientes, pegados. Un beso de leche, un lengüetazo por la cara, el uno
sobre el otro. El mozo de la barra, desde el piso, en cuatro patas, parecía el perro.

Luis le bajó abrir y el mozo de la barra se fue a acostar. Adolfo no podía dormir. Luis
y el mozo de la barra tomaron jugo de naranja en la cama, charlaron un poco y se
fueron a dormir. Cada uno en un cuarto diferente.

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Las lista de cosas pendientes que le quedaban por hacer estaba casi lista, su trabajo
era un desastre, sus jefas lesbianas querían oprimirlo constantemente, no hay forma
que en un ambiente laboral femenino llegue un hombre a trabajar tranquilo. El
cheque se cobraba en 30 días y las minas ya lo tenían podrido, las voy a dejar en
banda, pensó Adolfo en la cola del banco.

En el banco hay muchos putitos de traje pero no es el mejor lugar de levante.


Cuando lo llamaron por el apellido el cajero era un rubio, hermoso, con la piel blanca
como la leche y el pelo amarillo como el trigo. Tenía lentes, no parecía tener lindo
cuerpo, los dientes eran medio feos: mejor, presa fácil.

Adolfo se hizo el lindo y hasta en un momento le rozó la mano por la ventanilla


cuando le pasaba el cheque. Le hizo un chiste “estás nervioso che”. El cajero se ríe,
nervioso, colorado, mirando para abajo, “nada que ver” le contestó. “Como te
llamas?”. Lucas, 35 años. Nada mal.

-Mirá, te lo endoso con mi celu y ya sabés -le dijo, directo.


-No podés endosar con un celular. Te doy el mío y escribime vos -le dijo Lucas con la
voz tomada por la vergüenza del momento.

Anotó rápido el número en un pedazo de papel y se lo pasó por la ventanilla. Adolfo


agarró el número, lo miró, y le dio un beso. El gesto fue muy grasa, pero tuvo una
contundencia terriblemente efectiva en Lucas: un chonguito lamiendo su teléfono.
Muy impactante.

Cuando Adolfo llegó a su casa tenía 1 solicitud de chat de LOMITONACHO y 2


mensajes. Para mal de peores, ‘Marcos Aguilar’ le acaba de mandar una solicitud de
amistad en facebook. Bastante groso, pensó, me encontró en el face, se sorprendió
Adolfo.

Se sorprendió para mal: Adolfo no tenía problema pero era demasiado. Decidió
dejarlo un poco en remojo porque no quería que se confundan las cosas.

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Abrió skype. El amor de su vida estaba desconectado. No le generó ningún tipo de
sentimiento. Se quedó mirando la pantalla un rato, buscando que hacer. Pensó en
nada, puso música, no le quería contestar a LOMITONACHO. Estaba preocupado, el
amor de su vida estaba offline, no había tiempo para distraerse.

A las dos horas el amor de su vida se conectó ¡aleluya! Se saludaron buena onda,
faltaba muy poco, había nervios en la redacción, excitación, fue sólo nombrar
ensayos y horarios de sus rutinas, para que recordaron la noche que se conocieron
en la puerta de aquél teatro. Pequeña trampa de la memoria en un vínculo tan frágil.

Adolfo estaba nervioso, empezó a padecer un enfriamiento de la cara, los muslos.

-Hola, hola -dijo el amor de su vida cuando comenzó la videollamada.- Estoy con
ganas de verte desnudo otra vez -risas.
-Hola sarpadito
-Eh…?
-Sarpadito
-¿Qué es eso? -dijo, extrañado.
-La gente que dice cosas hots… en la cam, digo.
-Ah

Pausa incómoda. Está bien, traspié con el giro de lenguaje porteño, breve
interrupción de la fluidez. La llamada siguió con naturalidad. Adolfo no recogió la
indirecta, Adolfo no se sacó la remera. En cambio hizo otra cosa, empezó a
acercarse de a poco a la cámara, cada vez más cerca de la pantalla. Casi un primer
plano cerrado entre sus ojos y su boca, y ya después, un plano detalle de su nariz y
de su boca. Su voz empezó a ir cada vez más grave, a hablar más despacio, las
respiraciones muy marcadas. La charla empezó a girar en torno a que hizo en el día,
como se levantó, que tenía ganas de hacer cuando venga, si estaba contento. El
amor de su vida a todo contestaba que sí, pero de un modo tibio, de a poco,
definitivamente intimidado, empezó a hipnotizarse por el modo que Adolfo le
hablaba.

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No le preguntó la pregunta de rigor, en general de todos modos, ni el viejo ni el
nuevo, ni el pasivo ni el chongo habrían hecho ‘esa’ pregunta. “¿Sos activo o sos
pasivo?” es un derrape total, el final del respeto por el otro, la muerte de la lírica. El
día que se hace esa pregunta es el día que se muere la diplomacia. A nadie, jamás,
se le hace esa pregunta grasa y desastrosa. Se habló justamente de todo menos de
eso.

Adolfo. ahora, veía las cosas entre sueños, mitad dormido, mitad despierto, estaba
sensible a todo, todo tenía una sensorialidad nueva, incluso la pantalla y la imagen
pixelada del amor de su vida.

Un rasgo lo cautivó terriblemente: mirando de cerca la pantalla veía en la expresión


de ese rostro relajado, unas pequeñas sombras, tipo ojeras que se concentraban en
pequeñas bolsitas, de mal descanso, mal sueño. En su experiencia, y con el olfato
muy afilado, Adolfo sabía que eran las típicas ojeras de que ayer le habían hecho el
culo. Son como una bolsitas que te salen en la cara (probablemente por haber hecho
fuerza o aguantar un poco de dolor), moradas, inflamaciones entorno a los músculos
extrínsecos del ojo, sobre el oblicuo inferior y antes de que empiece el pómulo.

Cortaron amorosamente, promesas y planes, todo como antes, solo que Adolfo
estaba completamente animalizado, había dado abruptos y exagerados pasos,
torcido su actuación, derivado y devenido en otra cosa, paranoico y afiebrado, no
veía ya lo que veía, veía cualquier cosa, en constante transformación, todo por
ahogarse al enfrentarse ante un calendario.

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Adolfo cayó de una en la oficina de Pablo. Era la hora de comer. Tenía un sobre de
una notificación y la usó tipo escudo para que nadie le diga dónde ponerse. Adolfo
se paseó por la oficina como si trabajara ahí, si alguien se le acercaba a preguntarle
qué quería y él enseñaba su sobre, esquivaba la mirada para que no le hablen y
pasaba de largo.

Así fue pasando al segundo piso, entre boxes y pequeños cubículos, fisgoneando
todo. Ahí trabajaba la juventud doctorada. Adolfo los veía cansados, llevando causas
gratis y cruzándose con sindicales, no era el lugar que se merecía un abogado
recién recibido, pero eran honestos al menos. Algunos peores pobre infelices
lamentablemente corren mesas de dinero o trafican cuentas y especulaciones
financieras en oficinas todavía más pequeñas. Ellos tenían un rol más noble, claro:
apilaban. Eran pilas de biblioratos en bolsas que contenían la jurisprudencia laboral
de las tercerizaciones irregulares de la ciudad. Ellos eran el residual y en estado de
limbo, el purgatorio depositario de los desempleados de su época y sus querellas
corporativas.

- Qué? -era Pablo hablando por teléfono. Adolfo se pegó al cubículo y algo
escuchaba.
-Iba a … Decirte una cosa pero me olvidé cuando te llamé.-Era Morty, al teléfono. Se
escuchaba algo.-Sabés que te amo, ¿no?
-Sí, sé
-Bien.
-Yo igual te amo
-Ya sé, me di cuenta hace mucho -dijo dulcemente Morti.
-Yo me muero de miedo… a veces... estaba re mal -Adolfo esa parte no la entiende
mucho.
-Contá conmigo. Ya está -le dicen al teléfono.
-Listo.

Adolfo se fue al primer piso de vuelta. No entendía la charla, ya había escuchado


bastante, esperaba cruzárselo en otro contexto o en otro momento. La mina que lo

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atendió la otra vez lo reconoce. Se saludan. Se va del lugar. Se toma un café en un
bar para estrellas. Se mete al baño. Se yira al seguridad. No agarra viaje. Se va de
ahí.

Pablo se tendría que imaginar a esta altura como viene la mano, piensa Adolfo.
Eufórico. No sabe ni lo que hace en la calle. Le escribe un whatsapp que dice “hoy
salís tarde también?”. Pablo no lo contesta. Adolfo sigue viendo su última hora de
conexión en whatsapp como método de autodestrucción. Nadie contesta ni se hace
cargo. ¿Por qué tanta intensidad?

Pablo contesta: “pasate a las 8. beso”. Más confundido que nunca Adolfo no puede
reaccionar. Está inquieto, nervioso, tipo las gallinas que se alborotan horas antes de
que caiga la lluvia. Adolfo cruza las avenidas, empieza a llover.

A las 19:10 recibe un llamado de Pablo.

-Estoy en la oficina y salgo a las 8


-Sí, me dijiste
-Igual, te llamo por otro tema, de todos modos, mirá, más que nada avisarte que yo
te vi dos veces en mi vida a vos, no hablamos nunca, casi, yo mucho no te conozco,
no sé nada porque Martín a mí no me cuenta.
-Bueno tranqui, te voy a ver ahora en un rato, tomamos una birra
-Sí, pero yo estoy muy incómodo no sé si no vas a llamar a Martín, que vas a hacer
-Eh, eh -dijo Adolfo riéndose.- vos tranquilo, chabón, estás re asustado. Manejate
Pablo. Pablito. -se ríen al unísono y se alivian todas las tensiones.

Algunos hombres tienen miedo, son reflejos que hay en el cuerpo cuando el cuerpo
recibió violencia. Es muy fácil de deducir, piensa Adolfo. Eso le gustaba.

Pablo quedó en silencio un rato, Adolfo igual. Al tiempo se rieron. Se notaba que
Pablo estaba agitado, probablemente agarrándose la frente, gesto que indicaba una
mezcla de vergüenza y de presión. Adolfo por alguna razón sabía que se estaba
poniendo colorado.

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-Así que sos muy gato vos con el teléfono, así -le dijo Adolfo, tipo 8, en la puerta de
la oficina. Pablo se había sacado el saco y arremangado la camisa, relucía el tatuaje
de su tigre dorado.
-Vos pensás que soy gato? -se sonrió.
-Por ahí -Adolfo le acercó más.
-A qué viniste?
-El besito de las buenas noches

Adolfo lo besa.

-Vos sos gato -contesta Pablo.

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24

Adolfo y Pablo se van a la cama. Es la cama de un telo cualquiera del centro. El


clima es de penumbra. Se fuman un cigarrillo antes de empezar, hace mucho que no
fumaban, confiesan mutuamente.

Pablo se le tira encima y empieza a besarlo. La boca es carnosa, la lengua está


mojada, fría. Adolfo disfruta el beso. Pablo muerde más de la cuenta. Pablo es muy
caliente. Adolfo se pone al 100%. Termina definitivamente un trato que sostenían a
modo juego, y trasladaron el lenguaje de sus cuerpos a algo muy divertido. El sexo
no es un juego, el sexo es otro idioma.

Querían coger ya sin parar. Una y otra vez, una y otra vez, sin parar. Pablo está
sentado encima mientras lo besa y soba con su cola el bulto de Adolfo, primero
rápido, luego más despacio, cambiando el ritmo. Pablo se agacha y la busca: la
encuentra re parada adentro de sus bóxers. Se la pone la boca. Primero entera y
segundo la punta. Sabe cómo me gusta y cómo tiene que hacerlo para mí, sueña
despierto Adolfo, en éxtasis.

Con una mano agarra las pelotas. Su lengua se pierde en el prepucio buscando
algún escondite secreto. Juega bien con el frenillo. Más tarde recorre las venitas,
ahora duras y tensas. Pablo alegre disfruta los huevos afeitados, les dedica una
atención especial. Su lengua es el arma más poderosa del mundo.

La forma de lamerle los huevos traslada a Adolfo al cielo. Chupa todo, se traga la
baba de la pija con placer. Su mano sube y baja, mojada, caliente. Con cada bajada
el glande queda al descubierto y cada vez que esto ocurre lo lame. Adolfo está por
acabar y él lo sabe, por eso abre su boca y, poniéndola bien cerca, le indica lo que
quiere que ocurra a continuación.

La leche sigue su curso, Pablo se toma cada gota. Nunca le saca la vista de la cara.
Empieza a masturbarse violentamente. Adolfo empieza a chuparle la pija. Se echan
a la cama. Pablo le saca hasta la última gota de leche mientras Adolfo se come a
tarascones la pija de Pablo. Sigue a los huevos y después a su colita bien peluda.

BOTTOM’S UP 58
Se la come como si fuera una ensalada de sushi. Pablo gime, le soba la pija recién
acabada con su lengua, suavemente, con paciencia, sabiendo que en solo minutos
se vuelve a poner dura. Saben que siguen. Otra vez. Que hay más leche.

Adolfo piensa que bien me vendría una pastillita en este momento. A los pocos
segundos se da cuenta que no hace falta, su verga está reaccionando de tanto
mamar cola. Se entusiasma. Pablo la siente engomosarse en la boca, de a poco. Se
entusiasma. Comienzan un montón de besos, de baba, de leches, de girar sobre su
propia baba y a lo largo de la cama que es un canto a la vida. Se besan, se limpian
el sudor. Sin saberlo conforman la posición de la forma de loto del Kamasutra
clásico. La fusión es completa cuando lo único que se quiere ir a fondo. Es el
esquema de entregarlo todo en la primera mano, kamikaze y todo eso.

No hay excusas para no ponerse ese forro, que aunque aprieta demasiado, no
importa un carajo. A Adolfo se le escapa un cachetazo de repente, chirlo y
cachetazo, Pablo se deja, Adolfo lo pone en cuatro y de un salivazo clava el pico.
Primero grita. Adolfo se apoya en su pelvis y entra directamente, hasta los huevos,
en el ojete de Pablo con maestría.

Adolfo con fuerza y con lucha y hace un Mete-Saca perfecto, el timing los agita,
Pablo está detonado, la cabeza, estallada, la verga adentro, entre los muslos,
subiendo y bajando por la cola, mojada y caliente.

La penetración es rítmica, agitada, consecuente, Adolfo hace todo lo que puede, hay
un poco de torpeza pero ya están re jugados, re entregados. Pablo, durante la
penetración, se evade, como naturalmente los pasivos hacen una vez penetrados.
La mente se ocupa de ir a una zona exiliada, ausente, la mente sale del cuerpo.
Adolfo eso bien lo sabe y aunque quiere saber no puede, no hay modo ni acceso a
la mente de Pablo. Además, saber, no le corresponde.

Adolfo se imagina cualquier cosa y Pablo encara el resto del acting (Pablo ya se
había desconectado, quería la leche y ya irse de ahí) y lo avanza. Apenas Adolfo
percibe esa energía le mete un cachetazo. Le mete otro. Pablo se asusta, con la
cara golpeada, le duele, se baja de la pija, se cubre con el antebrazo, se echa hacia
atrás. Adolfo, violento, sigue en guardia. No entendió lo que hizo.

BOTTOM’S UP 59
Pablo se baja de la cama. Se va al baño. Se mira el espejo. Tiene amoratada,
inflamada la mejilla y la nariz. Empieza a sangrar un poco el tajo, Adolfo tiene los
nudillos enrojecidos, cortados, con la pielcita pelada.

Pasan 10 minutos de silencio. Hay hielo en la heladera. Pablo se lo pone cubierto


con una bolsa de plástico. Está incómodo. Siguen desnudos, no se miran. Adolfo se
para y se acerca. Pablo se aleja, lo esquiva. Se viste. Rápido. Está por llorar. No
puede mirarlo. Adolfo siente mucha vergüenza. Pablo se va.

BOTTOM’S UP 60
25

Falta menos de una semana para que llegue el amor de mi vida, piensa Adolfo.
Tirado en el balcón de la Chancle, en camiseta, con mucha acidez, cansado del
mate, asqueado del porro, cansado de tomar cerveza, Adolfo está harto.

La Chancle le trae un vaso de agua. Eso sí puede tomar. A la Chancle le contaron


una historia bien funesta de un grupo de mostras que se odiaban entre sí, pero
resulta que eran tan siniestras que terminaron todas en la lona. La peor parte era
que una mostra se hacía pasar por amiga de la otra que era igual de mala dado el
excesivo consumo de cocaína. La historia era horrible.

Adolfo le preguntó a la Chancle si le parecía bien que haya lesbiana 'activas' y


lesbianas 'pasivas'. La Chancle no es experta en el tema pero tiene un appeal con
las lesbianas muy poderoso.

-Yo me doy cuenta que las que más se me tiran son las activas. Pero también hay
pasivas muy lanzadas.
-¿Las activas son las bigotudas?
-Si, esas son las activas.

Reflexionaron un poco más sobre lesbianas bigotudas.

-No te parece que justamente las mujeres tendrían que estar más allá de la lógica
binaria activo-pasivo.
-Están más allá -dijo la Chancle.-La mayoría son precursoras en identidad de
género.
-Cierto.
-Los putos son los de la lógica binaria.
-Es cierto.
-Los putos quieren la normalización.
-No todos.
-Los travas ya están normalizados.
-Es verdad.

BOTTOM’S UP 61
-Las trans, perdón.
-Sí. Los putos son re binarios.

Adolfo llevó su mente al infinito y se imaginó que en algún lugar del mundo, alguien
por amor se hace dar por el orto hasta encontrarlo placentero. O alguien
convirtiéndose a una religión por amor, algo análogo digamos. El universo no dio
respuesta pero él sabía que en el algún lado ese karma gemelo existía o había
sucedido.

-¿Vas a ir al próximo encuentro de mujeres?


-No, ni sé dónde se hace.

Adolfo especuló con pasar el resto del día ahí, refugiado en lo de la Chancle, sin
mucha excusa aparente, atrincherado. La lista de cosas por hacer todavía seguía
ahí, pendiente, un poquito más podía esperar. No podía volver al estudio de Pablo
porque no daba, no por ahora. Pensó un rato volver a su casa a dormir, pero sueño
tenía.

Adolfo se levantó de la reposera y se fue de la casa de la Chancle. Se tomó un taxi.


Pagó y se bajó en la casa de Martín. Tocó el portero.

-Morti
-Dolfi
-Estás solo...?

Martín bajó. Tenía mala cara. Abrió la puerta, cruzaron el pasillo. Martín parecía algo
perturbado. En ese silencio Adolfo se ahogaba, se abismaba, era urgente no
volverse loco ¿que onda?

Entraron al departamento. Silencio de tumba. Nada. Martin con mala cara se refugió
en la cocina. Volvió con dos tés tibios.

-Le robaron a Pablo -contó mientras hablaban. Martín estaba engripándose y eso no
le gustaba, él come muy sano. Eso a él no tendría que pasarle, siguió contando su
amigo.

BOTTOM’S UP 62
Adolfo respiró aliviado. Casi casi, se podría decir, se sentía bendecido. El miedo se
fue volando. Cualquier tensión, nervio, stress, dolencia física inmediatamente
aliviada. Cualquier idea alocada que revoloteara por su cabeza disipada por
completo. Paz. Dios bendiga la mentira que permite que dos amigos se puedan
seguir sentando juntos a la mesa.

Calculando con mucha perversidad el horario, Adolfo se despidió 25 minutos antes


de la llegada de Pablo a lo Morti. Adolfo dio una vuelta manzana y buscando un
lugar privilegiado espió y esperó unas cuantas horas. Pablo nunca llegó a la casa de
Martín. Adolfo le escribe un whatsapp que dice "Perdoname, hablemos porfa". Al
tiempo Pablo le contesta "Está bien. Hablemos mañana. Un beso".

BOTTOM’S UP 63
26

-Sabés qué colarota, no jodás, rajá -gritó Adolfo.

Marcos, LOMITONACHO, lo llamaba insistentemente. Adolfo no pensaba contestar


pero estaba harto. Tanta pija quiere, pensaba Adolfo. Fastidiado salió a hacer su
rutina. No se podía calmar.

Volvió a casa, se bañó, se puso su equipo de básquet. Tenía un poco largo el pelo,
se lo recortó en el baño. Se limpió los mocos con agua. Volvió a la compu. Se puso
en bolas. En las dos redes sociales de levante tenía mensajes de LOMITONACHO,
varios. Los huevos al plato tenía. Harto. Lo bloqueó.

Se arrepintió. Los desbloqueó. “¿Dónde estás?” le mandó. LOMITONACHO contestó


rápido. Están por quedar a verse y Marcos se pone tenso. Ya te veo venir, pensó a
Adolfo, a estos putos los conozco.

La situación es de esas que son inevitables, medio jaque mate, movete para dónde
te muevas tenés que hacerle frente. Adolfo tenía lista su actitud: no le importaba.
Porque así es: no importa lo que es inevitable. Cuando algo no es deliberado pero
tampoco es un accidente, hay algo en el medio ahí, que se trata de lo inevitable. A
esa zona hay que tirarse de pechito, como a la pile.

Marcos llegó a la casa de Adolfo. Le brillaban los ojos.

-Sabías que hoy empezaron las explosiones solares. No te sentiste… medio raro?
-No. Me sentí cansado -Adolfo esquivo, miraba la pared.- ¿Qué son?
-Unas explosiones del sol. No sé.
-Y… ¿qué onda?
-No sé.
-Sacate la ropa.

Explosión solar. Marcos se quitó la remera. Cruzando la vía láctea. En la mirada,


mojada, había una mezcla de miedo y admiración. Intergaláctico. A un metro y medio

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de Adolfo, Marcos, en cuero, de rodillas. Millones de protones como lenguas
nucleares golpeando nuestro campo magnético. Una primero, la otra después.
Explosiones solares. Arrodillado, en estupor, temblando y atemorizado.

-¿Que te pasa? -le susurra Adolfo de cerca.


-Nada. -Marcos le corre la cara, con los ojos llorosos.

Adolfo veía como un libro abierto la película que Marcos se estaba comiendo.
Marcos apoya las palmas en el piso y en cuatro patas se ofrece. En ese pequeño
acto de entrega Adolfo siente que puede amar a Marcos y que lo que ama de ese
hombre es su niño interior.

Adolfo lo coge con dedicación y con lástima. En cada gemido Marcos pide más y en
cada embestida Adolfo le dice adiós. No lo saben mutuamente porque el sexo es un
idioma sin comunicación.

Adolfo con tierno cuidado lo da vuelta, le mama la verga. Clava su pelvis contra la
pelvis y activa un poderoso patita al hombro. Adolfo no puede calcular la cantidad de
pijas que hubo adentro de Marcos esta semana. Deben ser un montón. Igual sabe
que la única que pedía y siempre quiso es ésta, Adolfo eso lo sabe y lo sabe bien.

Marcos se quiere ir bien cogido a su casa. No quiere que termine, se agarra con
uñas y dientes a Adolfo mientras tiene la pija adentro, quiere que el tipo se le quede
pegado, no lo puede soltar.

-Hace rato tenías ganas de dármela -dice Marcos.


-Si bebé -respondió Adolfo sin pensar.
-Vos querés darme la leche…?
-Si mi vida

En esa breve ceremonia de violencia cada uno cumplió con su rol. Marcos no puede
hablar. Chorrea de leche todo el cuerpo. Adolfo ya tiene sueño, qué va a decir. No
tiene ganas de charlar. Seguro que todo es un desastre y para qué abrirse un poco y
armar un bardo en la cabeza del pobre pibe. Ya tiene con lo suyo. Además no va a

BOTTOM’S UP 65
escuchar: va a entender cualquier cosa. No está en estado de escuchar, piensa
Adolfo.

Marcos no se puede mover. En posición fetal, sigue en la cama. Adolfo lo abraza por
atrás y lo besa.

-No te asustes -susurra.


-Esta es una de esas comedias románticas donde él no se queda con el chico -la
frase terminaba con un leve dejo de pregunta, pero era una afirmación.
-No sé lo que pasó y no sé lo que viene -susurró más bajito todavía.
-Las historias se sabe como empiezan y no como terminan...
-Qué tiene de positivo llegar a una conclusión ahora al respecto -la frase terminaba
con un leve dejo de pregunta, nuevamente, pero era una afirmación, otra vez.

Pasó la tarde. Adolfo dormido. Marcos temblando, entre un sentimiento real y la


vocación de autoboicot. Gran dilema, señales incomprensibles, Marcos no puede
más: no temblaba de frío, temblaba de miedo.

El sexo no es un juego, piensa Marcos cuando se va de la casa de Adolfo, ardido,


adolorido, ahogado, cogido y enamorado.

BOTTOM’S UP 66
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Adolfo sobre el pecho de Morti. Morti con la otra mano le baja los pantalones. Adolfo
se queda en slip. Morti lo enjabona. Adolfo y Martín en la cama. Martín lo seca. Se
duermen. Pablo en el telo. En cuatro. Encima. Sobre el pecho. Los nudillos pelados.
Pablo se va. Adolfo se despierta.

Adolfo piensa en llamar al amor de su vida, sostener una larguísima videollamada


cargada de palabras afectuosas y especula con llorar en la cámara, hacer un terrible
papelón, algo muy sensible. Falta muy poco para que llegue el amor de su vida.
Morti lo llama por teléfono y Adolfo no atiende.

Dos de la tarde, el banco está lleno de gente que entra y sale. Faltan 33 números
todavía y, aburrido, Adolfo tiene los auriculares en el celu y mira un video: 16 tipos en
un sex shop le dan pija a una morocha. Las vergas paradas chocan contra la carne
caliente, cuarteada por una lencería de once pesos. Adolfo sube el volumen del
celular y estallan en los auriculares los gemidos y los chasquidos de los frenillos
subiendo y bajando.

El tipo de al lado lo mira por sobre su hombro y Adolfo lo siente. Adolfo inclinado
abre un poco las piernas y se tantea el bulto. El tipo de al lado se inclina también.

-Ta bueno -dice bajito. La respiración del tipo tan cerca le engomosa la pija. El tipo
ya la tiene dura.
-Si ta bueno
-Te gustan las fiestitas?

Adolfo no contesta. Le dirige la mirada, inexpresivo. Los zapatos de cuero colorado y


las medias blancas hablan de un hombre prolijo. Suben unas piernas relativamente
trabajadas hasta un abdomen sin grasa. El traje gris topo es finísimo, los gemelos
también, la corbata de algodón roja es hermosa. La camisa, algo arrugada en el
cuello tiene una terminación exquisita: un cuello ancho y perfectamente afeitado. El
mentón, puntiagudo, la sonrisa, normal, en lindo estado. 40 años, entrecano y
prolijísimo. Un bruma de sudor lo recubre. En el banco empezó a hacer calor.

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-Si más vale
-A tu novia la enfiestás con tus amigos? -hay un dejo de ansiedad en la voz del tipo
de al lado, un poco de vergüenza.

Adolfo se ríe y no contesta. Vuelve al video. La morocha está sentada y cuatro pares
de manos le soban la espalda, el pecho, una mano suave le soba los pechos,
circularmente. Un rubio de rodillas le mama las tetas con pasión. Otro también se
prende. Está chocha, tan chocha que se agacha y se come dos vergas a la vez.
Apenas le entran en la boca.

-Mi novia la chupa mejor -dice Adolfo bajito al oído del tipo de al lado. Se miran fijo.
No están hablando de mujeres. El tipo de al lado respira por la boca, le tiembla la
barbilla.
-Ah sí?
-Si. Tu jermu?

En la cara del tipo de al lado se pudieron ver muchas expresiones, miedo, nervio,
enojo. Un culo gordo y de macho depilado aparece en primer plano en el video, con
un mazo grande y amoratado se clava adentro de la mina. Todos lo festejan menos
ella pero es mujer y disimula. 15 tipos más la buscan por otras partes. Se come dos
pijas y prueba con otras. Las vergas están todas depiladas a la perfección. Un
pelilargo salido de una banda de cumbia se corre los bucles y acerca su chorizo,
pero la mina no lo quiere. El culo gordo se baja de arriba de la mina y ahora entra
otro, un morocho tostado que sin mucha técnica le entra a la mina.

-Como te la chupa tu novia?


-Con ganas, obvio
-Le va la fiesta a tu novia?

Los hombres en el video se ponen en ronda en estado festivo. Ella demanda la


leche, abre la boca y los dientes son espantosos. Los hombres se masturban y tras
varios cortes y saltos de edición vienen las primeras acabadas.

-si pero no está mi novia acá

BOTTOM’S UP 68
-Vamos para tu casa y la esperamos
-y que hacemo?
-No sé
-eh?
-Los dos por ahí
-ah sí?
-Nos divertimos entre los dos hasta que venga
-ah sí?
-¿Te va?

Adolfo usa la remera de basquet para secarse un poco el sudor de la cara.


Inexpresivo lo mira fijo al tipo de al lado: está temblando, ansioso y con los ojos bien
abiertos. Adolfo pispea los números. Faltan 2 para que le toque. Piensa que el tipo
de al lado está muy bien conservado y seguro es peludito: los heterosexuales no se
depilan a menos que sean muy morbosos, una esposa detectaría algo raro si su
marido de un día para el otro se rasura las bolas.

A esta altura de las cosas no hacen falta muchas palabras para explicar las cosas.
Adolfo desarrolló un filtro un poquito más estrictos con las cosas en este tiempo.
Algunas cosas le llegan visualmente, olfativamente, pero hay un costado sordo,
Adolfo se siente con un sentido menos, la realidad le llega distinta que hace un
tiempo. Es más fácil saber como contestar, es más fácil saber que hacer ahora, no lo
puede explicar.

Adolfo olió al tipo, la colonia, el calor, la temperatura y se abstrajo para pensar como
es en la cama: un tipo que va al dentista muy seguido, que trabaja en oficinas sin luz
y come asados los fines de semana, un flaco ansioso, hipertenso con una esposa
que lo atiende como a un hijo. A Adolfo no le daban ganas ni de tocarlo.

-Mirá, a mi me gusta la roña -arremetió el tipo de al lado, se frotaba las manos, tenía
la mirada esquiva pero estaba re jugado, había que lanzarse.- estoy con ganas de
hacer cositas chanchas.

Adolfo se murió de lástima por el tipo de al lado. La brecha generacional, lingüística


y social que los separaba impactaba directamente sobre la líbido. La piel o la

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química como se la conoce normalmente, no son más que appeals y gestus sociales
que activan la líbido. Acá no pasaba nada. Ese pobre tipo que tenía al lado le estaba
pidiendo ‘cogeme’ a los gritos. Un heterosexual que se te da vuelta en la cama, un
hombre activo, un tipo bien masc, con el orto roto, con la colita con fiebre, en este
momento, eran una absoluta pérdida de tiempo.

Adolfo se levantó cuando llamaron su número y pasó por la caja tres. Le tocó de
vuelta el empleado rubio, y se puso contento cuando vio que el chico estaba
sonrojado y risueño. Charlaron un poco, se acordaban, se sonrieron y quedaron en
verse más tarde. Gracias a ese trato especial Adolfo apuró dos trámites y dio por
concluida su lista de cosas pendientes por hacer.

BOTTOM’S UP 70
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Adolfo no estaba listo para la guerra, en los meses de 'skype boyfriend' había
desarrollado una relación tan saludable con la interfaz de internet: recibir 5
menciones, favs, chats incontables, mensajes de texto y mensajes privados era
demasiado. Polución visual, no es el modo de vincularse por internet, sostenía
Adolfo.

Algunos eran links a cosas, fotos, ¿saludos?, varios "¿estás?". No era posible que
Marcos tenga tanto tiempo libre, pensaba Adolfo. Lo que debe volverlo loco es el
tiempo libre y el tiempo en la compu, pensaba Adolfo. Alguien tiene que decirle que
en realidad es un pobre imbécil soltero que no tiene mucho que hacer.

El último DM de Marcos era de hoy a la mañana y decía: "no tenés código, te amo".
A partir de ese momento Adolfo va a borrar toda la correspondencia cibernética que
llegue de Marcos y a bloquear todas las interfaces conocidas para no recibir ningún
tipo de mensaje.

Por ejemplo, Adolfo bloquea de twitter @MarquitosRey sin siquiera leer su último
tweet "desde un móvil" que decía (cito) "existe callar sin otorgar?".

Luego Adolfo entra como 'desconectado' a MSN y lo bloquea (él figuraba 'Ocupado'),
después elimina la dirección de su cuenta sin ver ni leer el subnick: ":'( -Besame
fuerte antes de que te vayas, angustia veraniega, yo solo quiero que vos sepas, que
nene, sos el mejor".

Adolfo borra una parva de mensajes incomprensibles que se habían acumulado


desde el día que lo contactó y bloquea su perfil de las redes de levante. También
piensa en cerrarse su cuenta de lo hinchado los huevos que está. Borra sin leer un
mensaje que decía: "tu vida y tu entorno son una mierda" y terminaba "todavía ni
somos novios y ya te soy fiel".

Es importante saber si la otra persona te está mitificando como vos a él. El espejo en
el que Narciso se ahoga es una metáfora válida y posible, hay que aprender de esas

BOTTOM’S UP 71
cosas, dan sentido común. Más tarde Marcos hablará con sus amigos y comentará
irónicamente "Le dije 'Hola' y se desconectó. Creo que le dió un infarto de la
emoción". Ese, y muchos otros chistes Adolfo jamás los va a escuchar, y algún día
olvidará por completo nombre y rostro.

Apaciguada la violencia textual recibe en su muro un post de un desconocido. El


mensaje parece ser una cadena pero exclusivamente Adolfo es el único destinatario:

“Conecto todo mi ser a la energía de sabiduría universal del planeta Neptuno. Ese
que me guía y me lleva a tomar el sendero de mi felicidad absoluta. Estoy abierto y
receptivo a conectar con la parte más profunda de mi espíritu; con ese lugar dentro
de mí, donde se sabe quién soy yo y por qué estoy aquí. Declaro que así es ahora y
siempre.”

Adolfo borra el mensaje por improcedente. No entendió una mierda y no le gusta la


gente que rompe las bolas en lso muros. Con la vista nublada va a buscar una
cerveza a la heladera. No hay. Hay Gin. Lo agarra igual. Mezcla el Gin con la coca
light y mete un hielo. No sabe lo que está haciendo. Suena su celular. Número
desconocido y aterradora voz contesta del otro lado.

-¡De los creadores de "le funciona mal el 3G!" y "No me escribe debe estar
ocupado", llegó ahora en 3D "¡No le importás!" -con una modulación perfecta y un
acelerado modo de hablar es Marcos-, porque es una saga
-Hola Marquitos, estás re loquito
-Iria y rompería todo, forro. Lastima que soy tan débil -Marcos grita.- ...hacerme mala
sangre acá más fácil. Como detesto a todo ser humano que se dedica a triunfar
como un pelotudo hijo de puta...-gritaba.
-Marcos tranquilo -decía con la voz queda Adolfo.

No iba a cortar. Reclinado en su silla escuchaba, cada frase era un golpe de martillo
que le calentaba la oreja. Esperó con paciencia, escuchando variaciones temáticas
muy plurales, inconexas.

-...Y yo acá enamorándome un poco más, ya doy asco, a cada rato -un llanto
atragantado en la voz de Marcos hartó a Adolfo.

BOTTOM’S UP 72
-Sí bueno, pero yo no quiero un noviazgo

La pausa no fue tan larga, pronto arremetió.

-Bueno yo tampoco, no sé lo que quiero, que se yo, estar, hacer las cosas, que sé yo

Adolfo iba a seguir explicando la diferencia de las cosas pero no era una discusión.
Lo dejó hablar un poco más, tratando de motivarlo a entender que se había
terminado la interacción, que ya no había interacción posible. Tipo los nenes
golpeando con el puño la mesa y sus rodillas porque quieren más Marcos insistía.

-¿Para tanto querés insistir? -le dijo ya cansado Adolfo con la oreja adolorida.- No te
voy a bardear ni te voy a decir cosas feas, Marcos, vos quédate tranqui che.
-No sé mirá por que yo -Marcos balbucea.
-No, quédate tranqui vos. Te sentís con mucho derecho vos pero no puede ser así,
quédate tranqui, porfa Marquitos.

La discusión telefónica duró muy poco más. La despedida no fue tierna ni mucho
menos, fue un acordado 'adiós' definitivo a la hora de cortar la llamada. Adolfo,
intimidante, le había expuesto con paciencia a Marcos que solamente tenía que
avergonzarse y olvidarse y listo. Si una instrucción tan clara y concreta no podía ser
seguida Adolfo iba a llegar a su límite.

Cortaron.

Adolfo entró al chat. Se puso en cuero y con un nick anónimo pispeó lo que había
por el barrio. No era tan tarde, seguro alguno lindo había y si había ganas que se
pase por acá. Un pete mal no le venía. El Gin empezó a sobarle el hígado y al toque
un calorazo le calentó la cabeza.

RUBINSTEIN: chupo pies ahora, soy afeminada chupo pies ahora, soy afeminada
chupo pies ahora, soy afeminada
george21: hola Rubinstein

Que caliente esa chupada de pies, pensó Adolfo.

BOTTOM’S UP 73
GEORGE21: no hay fotos ...?
EDUCURIOSO: ACÁ PIES DE 25 X 14

Adolfo se sorprendió de eso. Volvió a leer. Eran las medidas de un pie, es verdad. Es
lógico que si tenés un fetiche con los pies tenés que saber las medidas que mejor
sirven. Lo mismo para el que le gusten que se los chupen, medirse su herramienta.
Tiene mucho sentido.

EDUCURIOSO: Aguantadores!

Los hay de muchos tipos, más y menos cuidados, anchos, los tipos de uñas y los
tipos de dedos también. Adolfo pensó en medirse los suyos, son grandes seguro.

Prendió la cam. Le llegaron unos chats. PASSINVUELTAS le habló inmediatamente:

PASSINVUELTAS: Aaaaaaaaah bueeeeee!!!!

Era Marcos. Por supuesto que era Marcos. Adolfo cerró la ventana y cazó el
teléfono. Marcos no atendió. Más borracho que antes volvió a llamar. Apoyado en el
marco de la puerta esperó y Marcos atendió.

-Papito vos me dejás de romper los huevos porque tengo un límite ta papito?

Marcos no contestó. Balbuceaba disculpas. En un momento se río, irónico,


haciéndose el inteligente, medio diablo.

-No te hagás el gato y la cortás, colarota. Beso.

Furioso Adolfo cortó el teléfono. El mal momento es para los dos y que sirva, pensó
Adolfo, mejor dejar las cosas claras. La única posibilidad de tener claras las medidas
de las cosas en esta vida, es con un poco de violencia y marcando tu territorio. Es la
única forma, pensó Adolfo.

BOTTOM’S UP 74
No pensó en pegarle. Marcos en cambio sí, pensó en que Adolfo podría hacer una
cosa así. Nada que ver, si había una forma de frenarlo era con una carta documento.
Pero no lo iba a amenazar con eso, no cuenta como amenaza, mejor mandársela
directo y chito la boca. Total en el estudio de Pablo seguro se la hacían gratis.

BOTTOM’S UP 75
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Martín llega a su casa, cansado, sudado y muerto de hambre. Hizo calor todo el día
y mañana parece que llueve. Cierra la puerta del ascensor escucha voces en su
departamento. Adolfo y Pablo están hablando. Martín se acerca por el pasillo y de
repente sobreviene un silencio abrupto. Un silencio de alerta. Morti, asustado de que
algo malo está pasando vuelve sus pasos hacia atrás y se arrincona nuevamente en
el ascensor.

Escucha que alguien abre la puerta de su departamento, silencio. Martín siente que
asoman la cabeza, que cuchichean y él se atrinchera sin hacer ruido. Pasa un
tiempo. Cierran la puerta. En punta de pies Martín cruza el pasillo.

-Que cagazo -risas. Es Adolfo. Pablo y Adolfo están en su departamento.


-Vestite -dice Pablo. Están desnudos.

Martín se acerca a la puerta, pega el oído y escucha la conversación,


cuidadosamente.

-sos una putita


-de quien?
-de Adolfo ahora
-mañana de quién
-mañana de Martín
-y pasado?
-no sé
-y de Adolfo cuando de vuelta?
-vemos
-ah sí?
-sí
-vemos?
-sí, vemos
-dale puta
-ah ah ah ah Ah

BOTTOM’S UP 76
-dale puta
-si
-queres leche?
-dale que es tarde
-vení. aroddillate. arrodillate. poné la cara vos, mirá para arriba. Más abajo. Más
abajo. pedimelá
-damela Adolfo toda
-pedimelá, pedimelá
-dame lechita
-para quién?
-eh
-esta leche para quién es?
-para Martín, se la dedico
-como para Martín?
-si, jaja
-por qué?
-jajaj
-por qué?
-por que sí
-mm?
-Porque Martin es muy celoso
-y vos de quien sos?
-de todos
-de todos qué?
-que me quieran
-que?
-coger
-de todas las pijas?
-de todas las pijas
-ahi va la leche
-me la trago
-ahi va
-mm
-argh!
-mmm

BOTTOM’S UP 77
-Argh!!

Martín cruza el pasillo y se sube al ascensor. Está sorprendido pero no sabe lo que
siente. Llega a planta baja, sale por la puerta. El sol es terrible, raja la tierra. Cruza la
esquina, cruza la avenida, camina un poco más. No tiene sentido, no hay lugar a
donde ir en esta ciudad. En algún lado te comés una película como la gente, piensa
Martín.

Busca el teléfono. Se sienta en la vereda. Hay ruido y le tiemblan las manos, no lo


puede sostener, está tipo ciego porque apenas puede leer la pantalla. Llama a
Pablo. Suena. Se le sale el corazón por la boca. Suena. No atiende. Corta, Siente
ganas de levantarse pero físicamente no puede. Se marea y la cabeza se le va para
atrás. Se acuerda de Adolfo y siente un fuego que lo mata.

Da una vuelta manzana y toma aire. Mira el reloj. No pasó tanto tiempo, no sabe que
hacer. Se cachetea, trata de volver en sí y encara el camino de regreso. Entra a su
casa, se mete en el ascensor y vuelve a cruzar el pasillo. Llega a su puerta, abre con
su llave. Pablo y Adolfo en el living tomando mate. Se saludan, se abrazan. Hablan
del día. Le mete un beso fuerte en la trompa a Pablo, casi se le escapan unas
lágrimas y se mete en su cuarto. Toma aire. Cierra la puerta tras de sí. Empieza a
oler las sábanas.

La cara, desencajada, roja y con los ojos desorbitados huele la cama, huele las
sábanas, y las almohadas. Siente un olor asqueroso en las almohadas, las ve
negras, como mugrosas. Mira el cuarto todo. Da una vuelta a la cama y después otra
vuelta más. Mira la ventana. Hay medias. Son de Adolfo. No. No usa medias. Martín
estalla con un puñetazo en la pared. Pablo abre la puerta, se miran. Martín lo mira a
los ojos. Pablo ve un tigre en la mirada de Martín, no lo puede explicar. Da un paso
para atrás. Martín toma aire. Se saca la camiseta y las zapatillas. Pasa por el living,
charlan un poco más con Adolfo.

-Que vamos a comer? ¿Sushi te gusta, Dolfi?


-Si, que se yo
-Hay uno acá nomás ¿no?
Sí -dice Pablo- podemos, está barato ahí

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-Pidan que me baño un toque.

Martín entra al baño. Se mira en el espejo y ve una mancha negra. Descorre la


cortina, se desnuda y prende el agua. Se sienta en el inodoro y se abstrae del ruido
del agua y trata de escuchar el living. No hablan. Se queda un rato así, le baja un
poco el fuego del estómago, sigue sin poder ver bien, un chorro de desodorante en
los ojos es, todo nublado.

Da vueltas en el baño y decide meterse. El agua no lo calma, las palpitaciones son


terribles, sofocantes, el corazón le sube por la boca. Se enjuaga y se ríe, empieza a
reírse sin poder parar porque sí. Es que, sí, piensa Martín, claro. Una ficha medio
crazy le baja, no es posible describirla, tal vez solamente es una activación de
autodefensa psicológica que instala una risa en medio de un mar de stress para
aliviar la interpretación.

Un hoyito de trauma en la cabeza fue grabado, sistémicamente hablando.

Después del hoyito de trauma golpean la puerta del baño. Entra despacio Pablo.

-Ya pedimos

Pablo se quita la camiseta. No tiene cinto y está descalzo. "Yo igual me quiero
bañar" dice bajito. Morti se sonríe y le hace lugar. Pablo se baja los pantalones y se
mete. Pecho contra pecho se conforma un río hecho de las dos afluentes de sus
hombros, del agua que cae por sus cabezas, rueda por sus barbas y se junta con el
agua que baja por tu cara y tus pectorales, un río que da de lleno sobre nuestras
vergas, engomoseandose.

Morti le pasa la mano por la cola discretamente, siempre la tuvo mojadita, como
labios de salmón. Pero no está fría. Le da un beso y lo abraza. Pablo no sabe ir
despacio, piensa Martín.

Pablo rápidamente empieza a sobarle la espalda y a agacharse para mamarla. Pero


Martín no quiere eso. Pablo se la pone en la boca, bajo el chorro de la ducha, parece
que se ahoga. La cara que hace es ridícula, Martín no quiere. Para no parecer muy

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rudo empieza a agacharse el también y se reclina sobre la bañera. Pablo no sigue
bajando, porque físicamente no es posible para dos personas. Atina a bajar la ducha
que los golpea por salpicadura. Martín estira sus brazos y Pablo, abrazándolo, se le
echa encima en posición fetal.

El agua tibia cae arriba de ellos. Pablo está duro y raro. Martín le corre su pelo
mojado, y lo mira a los ojos. Se aclara la gargante y se relaja reclinando su cabeza
contra el borde de la bañadera.

-Estás bien?
-Pone la bañadera esa.

Pablo cambia el curso del agua y pone el tapón en la bañadera. Lentamente el agua
tibia empieza a llenar la bañera. Pablo vuelve a abrazarlo. Se le escapan chuchos de
frío. Sube el nivel de agua tibia despacio.

-Me fumaría un porrito ahora -le dice Morti.


-¿Te peleaste con alguien?

Martín no quiere contestar. Está aturdido de escuchar. En realidad es un pobre


imbécil soltero que no tiene mucho que hacer, piensa Martín.

-¿Adolfo? -pregunta Martín.


-Vino por lo de la carta a documento y..
-No, que hace?
-Está ahí.
-¡¿Pediste?! -grita Martín desde el baño.
-¡Sí! -desde lejos grita Adolfo.

Pablo se acurruca un poco más sobre el pecho de Martín. Le planta algunos besitos.

-Me dieron ganas de escribir, voy a terminar el libro -le susurra Pablo.
-Está bien, hay que terminar lo que uno empieza.

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Para no aburrirse hay que enamorarse. Habían acordado todas las coordenadas de
formas muy amables. Por ahí lo más lógico era no ir. Por ahí podía calcular cuando
salga del embarque y llamarlo por teléfono. Decirle más o menos por dónde tiene
que agarrar y que venga para acá directo. Pensó en llamarlo y decirle que haga eso
pero después se le ocurrió que entre el avión y roaming después bajar de un avión
iba a ser todo un malentidido.

No quería malentendidos entonces se preparó para salir. El día estaba lindo. El


cuarto de huéspedes de su casa estaba hecho un quilombo. No sé como hará si
piensa dormir acá, unas sábanas habrá pero no mucho más, pensó Adolfo. Más le
vale que tenga donde quedarse, me mato si quiere ranchearse acá. Adolfo se río.

En la calle Adolfo se subió a su remise. Tenía un mensaje de Morti pero no lo abrió.


Chateó con Sabrina, que se acordaba del amor su vida vagamente y que ya llegaba.
Todo bien le decía, estoy yendo para ahí. Sabrina se reía y le decía 'su marido'.
Adolfo no siguió los chistes, estaba podrido. Le preguntó por la dieta y le deseó
suerte con un chongo nuevo. Las minas no se aburren nunca, pensó Adolfo mientras
el remise subía por la autopista.

Le voy a pagar el remise y la comida, pensó Adolfo, y hasta la valija le llevo si quiere,
se reía para sus adentros. El amor de su vida en un rato iba a estar en Buenos Aires
y Adolfo estaba muerto. Ni ganas de coger tenía, ni un poco. Si quiere algo
hacemos, seguro me saca bueno, pero todo el día no, todo el día pegado a la
mamadera este Colombiano, me mato, pensaba y se reía. Un poco contento.

El remise cruzaba el campito de provincia en dirección al aeropuerto internacional.


Adolfo se sentía en la mañana antes de rendir un final, yendo a lejanas sedes de
amplio entramado universitario, muerto de miedo, llegando tarde. Luchando en
colectivo contra el tráfico de la primera mañana.

Aunque ahora se podía decir estaba cómodo, el remisero puso el aire y estaban
llegando en tiempo. No era el típico final que estudiás trasnochado: estaba bastante

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bien a decir verdad. Para este final se sabía la lección, si era una prueba estaba
orgulloso del examen que estaba por dar. Vengo preparado, pensó Adolfo.

De Pablo no le iba a contar. Era demasiado rápido y nadie sabe si estos extranjeros
vienen medio turistas, a juntarse con otros extranjeros a cargosear por ahí y
autosegregarse. Adolfo no estaba de excursionista ni de guía de museo en su propia
ciudad, pronto iba a haber más listas de cosas por hacer, que el amor de su vida se
adapte, es lo más lógico, pensaba Adolfo. De Pablo tampoco le iba a contar porque
ni él sabe en qué puede deparar eso, mejor discreto, es un 'amigo'. Por ahí los
presento y todo, pensó Adolfo.

El remise llegó al aeropuerto, Adolfo pagó y se bajó en arribos. Cruzó la sala grande,
miro los horarios en las pantallas y la compañía del vuelo del amor de su vida.
Esperó un rato, venía con demora. Se fumó un cigarrillo en la puerta y miró trabajar
a los muchachos. Los movimientos de la primera mañana son tranquilos pero se la
puede ver operar a la mafia de los tacheros con discretos movimientos estratégicos.
Terminó su cigarrillo, entró. Buscó un café, compró uno negro, corto, caliente, miró la
clientela. Nadie. Ni minas había. El mozo, flacucho y alto estaba lindo. Ni en pedo
agarra viaje.

Adolfo se acercó a las puertas de arribos, se escuchaban murmullos y gente que de


a poco salía. Seguro este colombiano trae bocha de valijas y está en la cinta
esperando como un boludo, pensó Adolfo. Adolfo esperó como un boludo en
consecuencia.

Entre la gente y esas cabecitas que se cruzaban, lo vio, en la multitud logró divisarlo.
El corazón se le agitó por un segundo, tipo el momento previo a que salga la
cantante al escenario, no más empieza el recital, después de la intro; pero después
se calmó, le bajó naturalmente la euforia y miró el reloj. Tomó aire. Estaba tranqui.

El amor de su vida arrastraba esos carritos que siempre funcionan mal con dos
valijas deportivas, una caja embalada y un bolso de mano colgando del antebrazo.
Tenía una pulsera de plata, un meneo en la cadera y un gestito de bebote en la
boca. Tenía un gorrito blanco, lentes negros, un polo crema mangas cortas, un

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shorcito amarillo de gabardina que le quedaba apretadito en los muslos, y unas
náuticas azules de cordones blancos.

-Me dijeron que iba a hacer calor -fue lo primero que dijo.
-Hace -le dijo Adolfo, y con ambos brazos tomándolo de la cintura le plantó un beso
hermoso en la boca.

Sus cuerpos se torcieron 45 grados y quedaron en un abrazo cruzado, pecho con


pecho, boca con boca.

Se rieron después de besarse, y Adolfo fuerte le agarró la mano izquierda. En ese


mismo instante el cerebro de Adolfo registró en un nivel subconsciente una
asociación de sentimientos agradables cada vez que la mano derecha de Adolfo
tomaba por el antebrazo la mano del amor de su vida.

Se formó ahí una huella psicológica compulsiva difícil de quitar, toda la líbido fue a
parar a esa acción. Es decir, Adolfo iba a agarrarle la mano de ese modo varias
veces a partir de aquél día, en diversas oportunidades y disímiles contextos, siempre
tratando de recobrar aquella primera agarrada.

Con Adolfo tratamos muchas veces de registrar que fue lo que pensó en ese
momento pero la huella mnémica es demasiado profunda y aún no logramos
destrabarlo en sesión.

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